Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
No
recordaba el ministro Wert que en Cataluña decidieron hace tiempo que no
querían toros y, una vez más, elige las metáforas menos adecuadas, los símiles
más pendencieros. Y creo que es que le salen así, como los pases, naturales.
¡Qué pena que a uno le salgan espontáneas las meteduras de pata!
Gracias
a estas cositas suyas, ha conseguido poner de acuerdo a toda la oposición
catalana y darles razón de ser. Hasta Artur Mas se ha crecido y ha vuelto por
sus fueros. Nada hay que dé más gusto que encontrar un buen enemigo después de
un varapalo electoral. Y el señor Wert tiene esa rara habilidad de convertirse
en el enemigo unánime. Más que un toro, es un dragón de cuento al que todos
pretenden clavar espadas en la escamosa barriga.
Una de
las primeras cosas que se aprende en la política es el equipaje que hay que
llevar a las batallas. Muchas de las grandes pifias de este país han ocurrido
con las mayorías absolutas. Y habría que preguntarse por qué. Evidentemente la
respuesta es de una gran obviedad. Cuando tienes mayoría, no negocias ni la
hora del desayuno. Pero hay que aprender —y este país y algunos otros no lo han
hecho— que hay cosas que hay que hacer con tacto y no "como un toro",
porque, diga lo que diga el señor Wert, los toros, por mucho que se crezcan,
casi siempre acaban mal. Solo lo indulta —muy de tarde en tarde— el
"respetable" y, la verdad sea dicha, el respetable está bastante
enfadado y poco por la labor.
Lo que
está ocurriendo con la Justicia, la Educación y, en otro orden y escala, la
Sanidad, no es de recibo porque manifiesta una más que discutible forma de
actuar. Las mayorías no dan sentido común ni acierto, solo el apoyo necesario
para aprobar cosas inteligentes o auténticas barbaridades. En las democracias
parlamentarias, la base no son solo los votos sino el diálogo; se elige a la
gente para que debata y entre todos encuentren la mejor solución a los
problemas comunes. Miren, si no, lo que está ocurriendo en Egipto donde el
señor Morsi, que es de la escuela taurina, pretende hacer una constitución solo
con "sus" votos. Ha llevado a Egipto al desastre por la falta absoluta de diálogo.
Hemos
perdido democracia al dejar de usar la negociación y el diálogo como
herramienta de perfectibilidad. La democracia no puede ser un diálogo de sordos
y lo es. El fracaso en Educación dentro de la democracia española es un fracaso
conjunto, de todos los partidos, que la han usado como campo de batalla con
menosprecio absoluto de la ciudadanía y sus intereses reales. No es problema ni
de la "excelencia" ni del "monseñor"; es el problema de
pretender sacar adelante de forma definitiva algo que por su propia naturaleza es
cambiante debido a la propia alternancia en el poder. Solo dura lo que está consensuado. Y
con "consensuado" no me refiero a "mercadeado". Me refiero
a algo más que el intercambio de "acuerdos" por "favores". Ha
habido "fotos" de los presupuestos que nos han salido muy caras a
todos. De eso se olvidan algunos.
La
educación es problemática en España porque "España" misma se ha
vuelto problemática y esa es la base del problema. La sensibilidad de la
educación es de sismógrafo; recoge las vibraciones negativas del entorno y las refleja. No se
puede hacer un sistema educativo en un país bajo mínimos gracias al
desencuentro permanente sobre su propia identidad, cuestionada y repartida en
modelos personalizados. Y el punto clave es el de las lenguas, que no es del conocimiento
en sí, sino de la herramienta para acceder a él. En el fondo, les importa un
bledo la formación y el conocimiento; es solo la excusa para el problema obvio,
la identidad nacional, en la que se retrocede a pasos agigantados para alegría
de unos y desesperación de otros. Mientras no se avance en ese sentido, todo lo
demás será remar a la contra. Y esto afecta a todos, al ministro y a la
cuadrilla, de todos los colores, que se ha puesto la montera en este drama taurino en que nos hemos convertido. Porque si el ministro se crece, según
confesión suya, en estos lances, no disfruta menos la oposición, que por fin
pueden ponerse de acuerdo y al frente de una nueva pancarta. Siempre se habló de la "erótica del poder", pero también existe la "erótica de la protesta".
Que un
ministro presuma de que todos están en su contra es casi pueril. Lo es,
igualmente, que el ministro de Justicia considere el hecho de que estén todos
en contra de sus medidas como algo "corporativo" y señal inequívoca
del acierto de sus decisiones.
Y así nos va, ciertamente.
ResponderEliminarY me pregunto, creo que como la mayoría de los ciudadanos que creemos en que el ser humano es capaz de ayudar a otros a cambiar las cosas mucho más de lo que demuestra la voluntad política:
¿No surgirá nunca un político o equipo de ellos que termine de hacer las cosas como Dios manda? ¿No habrá posibilidad de quitarnos de encima el lastre de los estériles políticos que arrastran los lastres de los favores y el mercadeo?
¿No podremos copiar aunque sea por una vez los buenos patrones de otros países para poder ser efectivos con las leyes y la gobernación del estado (como muestra, el botón de Islandia)?
Y por último, ¿ni siquiera podemos esperar el advenimiento de un héroe político, que ya es mucho decir héroe, al no existir ninguno desde hace eones..., un Beowulf que tenga la voluntad y la autoridad verdaderas de ir a matar al Dragón para que su pueblo pueda vivir en armonía, paz (interior, que hace mucha falta) y prosperidad?
Ni los clásicos de las mitologías debieron dar en la universidad estos políticos actuales para tener ciertas nociones de encauzar nuestro presente en pos de una historia digna de alabanza legendaria.
Acuérdate que el Beowulf de Zemekis era un poco timador, que se tomó algunas licencias con el clásico; uno de los temas era precisamente cierto fraude del poder que hay que mantener al margen para que la leyenda perviva. También olvidamos que Islandia, a la que ponderamos tanto como un nuevo héroe legendario, incurrió primero en todos los males posibles y que su mérito es haber sido capaz de rectificar de cierta manera, pero que se equivocó mucho previamente. Somos capaces de pensar una cosa y hacer otra, de quejarnos y luego repetir, porque somos así de imperfectos. El problema es que cada vez elegimos gente más "imperfecta" y con pocas ganas de mejorar, con cierto regodeo en los vicios del sistema, algo que hace hundirse no solo una democracia sino la ilusión que debería producir. Gracias por leerlo, Isaac
EliminarJoaquín, todavía me acuerdo de los cuadernillos que venían con los libros de texto del tipo "Flora y Fauna de Castilla y León" y así en todas las asignaturas en el colegio e instituto. Y yo me preguntaba: "¿en qué se diferenciarán los bichos que vivan en Segovia y los que vivan en Madrid o los de La Rioja y los de Soria...?" Es un sinsentido!
ResponderEliminarPuede que algunos se diferencien en algo (poco), pero hay mucha gente viviendo de esa diferencia, por ejemplo los que escriben y hacen los cuadernos. Es más rentable para algunos convencernos de que somos diferentes y para otros, incluso, de que somos irreconciliables, que ahondar en lo que nos parecemos. Gracias por leerlo. Un saludo, JMA
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