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lunes, 27 de noviembre de 2017

Zapatos vacíos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Egipto sigue sacudido por el horror de la matanza perpetrada por los terroristas, previsiblemente por "Península del Sinaí", grupo afiliado al Estado Islámico. 
Sorprendentemente, la información que ofrecen los medios es bastante precaria. El golpe ha sido demasiado fuerte como para que los medios abunden en la herida.
Recordemos las palabras del presidente al-Sisi en otras ocasiones: informar lo justo; más allá es excederse. Algunos medios han logrado franquear las barreras para tener acceso a los testigos de lo ocurrido, pero no es fácil, según señalan todos. Como en otras ocasiones, se impone un cierto silencio.
En Mada Masr nos cuentan cómo lograron entrevistar a uno de los heridos. Lo han hecho con un titular en primera persona precisamente para resaltar ese carácter testimonial exclusivo: "‘I was in Rawda’". Quien habla desde el hospital, Magdy Rizk, es un profesor de matemáticas que estaba en el rezo con sus tres hijos, de los que ha perdido uno. Señalan en el medio egipcio:

It was very difficult for Mada Masr to speak to Rizk, as security actively prevented journalists from reaching out to the injured. Plainclothes police officers were stationed in the hospital corridors and at the doors of injured residents’ rooms. They asked all visitors who they were and the reason for their presence in the hospital. When journalists managed to enter a patient’s room, a police officer would follow and ask them to leave.
Khaled Megahed, the Health Ministry spokesperson, said that the ministry had issued a directive to prevent media from speaking with the injured. However, he did not explaining the reason for the restriction.*


Como ocurrió con las matanzas de los cristianos coptos, esta era una acción avisada. El cerco informativo tiene un motivo evidente: evitar trasmitir el descontento por algo que quizá podría haberse desarrollado de otra manera. La táctica de los terroristas es primero lanzar la amenaza y si no se cumplen sus órdenes, la matanza llega sin piedad. No es tanto un golpe ciego, sino una imposición de orden, de control.
Ante esto, como ocurrió con los coptos, la sensación de impotencia es grande. Los que recorren aquellas tierras se consideran sus amos, los jueces de las conductas y los que imponen su ley a sangre y fuego.
En el artículo de Mada Masr hay otras voces que resultan de interés:

A man who asked to be called Abu Salma and was coming to visit an injured relative in the hospital spoke to Mada Masr about the mosque’s relation to the Jaririya Sufi order, despite attempts by security to prevent journalists from speaking to Rawda residents. “These people think that they are fighting the Sufi order, but not everyone at the mosque followed the order. Seventy percent of the mosque doesn’t follow it, and 70 percent of those injured are people displaced from Sheikh Zuwayed and Rafah,” he says, referring to the internal displacement within Sinai in the wake of a heightened conflict between Islamist militants and military forces.
“These people,” Rizk says of those displaced from the Sinai cities, “ran away from death, were displaced, only to come and find death.”
Islamic State-affiliated Province of Sinai militants instructed Rawda villagers last week to stop performing Sufi rituals near the mosque, according to a source in the village who spoke to Mada Masr on condition of anonymity. No group has claimed responsibility for Friday’s attack.*

La declaración es interesante porque muestra la existencia de cierto distanciamiento. No hay el sentimiento de que sea algo suyo, sino algo sobrevenido, parte de un enfrentamiento que a ellos les ha pillado en medio. La explicación de que solo una parte de los que estaban en la mezquita pertenecían a la orden sufí y que muchos de los heridos y muertos no lo son, tiene algo de queja. 
Iban buscando claramente a los sufís, por lo que la idea de que son un nuevo objetivo se confirma. Para los miembros del Estado Islámico, los sufís son herejes y se merecen la muerte, como los cristianos coptos. Están limpiando las tierras de los que consideran que contaminan sus territorios.
Cuanta más evidencia haya de que el ataque estaba avisado, peor para el gobierno, ya que se considera que no ha sabido protegerlos. En ese sentido, Egyptian Streets se hace eco de la información anterior y recoge otras advertencias: "[...] according to Al-Arabiya, the Islamic State (IS) published a warning, last year, via AlNabaa newspaper threatening the residents of a possible attack targeting al-Rawda mosque."**


La protección no está funcionando. Los han probado los coptos, quienes sufrieron tres grandes atentados con bombas en las iglesias en Navidad y Pascua y cuya queja apenas pudo ser reprimida con la reconstrucción rápida de las iglesias destruidas. Eso era una parte, ya que han tenido que abandonar muchos pueblos ante la presión del Estado Islámico y los grupos islamistas locales. Muchas iglesias han sido cerradas y a los coptos solo les ha quedado la solución de la marcha. El gobierno se enfada cuando se cuestiona la seguridad o la eficacia de las medidas, como ha ocurrido con un artículo en The Guardian cuestionando la eficacia de la "respuesta bruta" tras el atentado.

Pero algo falla. El caso más flagrante ha sido la encerrona realizada contra los miembros de las fuerzas de seguridad que causó un alto número de bajas y una nueva discrepancia con los medios extranjeros, que informaron de más de 50 muertos frente a los 16 que el gobierno reconoce.
Una vez más, el prestigio. Es el juego que trata de erosionar la autoridad del Ejército y el gobierno haciéndoles perder la confianza popular. Los discursos y las palabras patrióticas no sirven de chaleco contra los disparos, no son parapetos que permitan a las víctimas protegerse.
Los 305 muertos y los más de 100 heridos son una enorme herida en la historia moderna de Egipto. Como veíamos hace dos días, para algunos expertos era el equivalente al "11-S" egipcio. El sadismo de la masacre, realizada con la más absoluta impunidad, recreándose en cada muerte, deja en evidencia los protocolos de seguridad. 
Unas imágenes aéreas de objetivos alcanzados por la aviación no son mucha compensación para los vivos y ninguna para los muertos. Militares y policías, cristianos y ahora las órdenes sufís. El General Tawhed Tawfik, cabeza de la delegación egipcia en la Coalición Islámica Anti Terrorista, que se encuentra reunida en Arabia Saudí,  ha señalado: "Terrorist organisations have moved on from having political, social or economic goals to seeking the elimination of any trace of the nation state"***, según recoge Ahram Online.


Ese es su objetivo, sin duda. Se trata de destruir lo existente para levantar el nuevo espacio de la "perfección", un espacio en el que haya desaparecido, por las buenas o las malas, toda resistencia. El camino a ese momento pasa por el deterioro de la confianza y la imposición del miedo. 
Hay una información de interés en la entrevista de Mada Masr con el herido en el atentado:

One of the frustrating things for Rizk is how Sinai is covered in the media and how the children of Sinai are casually accused of collaborating with militants. He speaks of the belief that Bedouin people are inherently traitors. “I have lived here since 1991 and always felt safe. It is easy to talk about betrayal, but it is a harmful word for many people here.” He also argues that such widespread accusations deter people from aligning themselves with the state in its fight against militants.*

Las viejas heridas, los abandonos, acaban pasando factura. Sale ahora el conflicto del desprecio a los habitantes de la zona, las acusaciones responsabilizándolos. Los beduinos se han sentido maltratados por medios y aparato del estado. No son los únicos en Egipto que se sienten al margen, despreciados.
Pero quizá el cálculo les haya salido mal a los terroristas y hayan traspasado una línea roja en su masacre. Egyptian Streets nos trae una nueva información que marca un cambio de tendencia:

The Union of Sinai Tribes has released a statement condemning Friday’s deadly attack on a mosque in North Sinai while reaffirming they will take ‘revenge’ in the fight against terrorism.
They called on those who wish to combat terrorism to join the tribal fighters in the village of al-Borth, North Sinai, the statement read.
“For all who want revenge and punishment of this black terror and take revenge on ISIS and those who committed the crime of today and yesterday, we, again, welcome everyone to join the tribal fighters in the village of al-Borth to stand against the fascist terrorism,” the statement added.
Also, the Union of Sinai Tribes has announced plans for a ‘major operation’ in coordination with the Egyptian army to combat terrorist attacks.
The declaration comes in response to what the Union described as a ‘massacre’ at Al-Rawda mosque, located in the Bir al-Abd village, to the west of North Sinai’s al-Arish.
The attack, marking the weekly Friday prayers, killed 305 people and injured another 128 in what is considered the most deadly terrorist attack in Egypt’s modern history.****


Veremos en qué se concreta esa colaboración entre las tribus beduinas y el Ejército. La matanza de la mezquita sufí de Rawda. Una fotografía reproducida en Egyptian Streets nos muestra cientos de zapatos amontonados. Son los que habían quedado a la entrada de la mezquita para entrar al rezo. Más de trescientos pares de los muertos y más de cien de los heridos. Quizá alguien vaya a recogerlos o queden allí abandonados. Son un triste recordatorio.
¡Cuánto dolor! ¡Cuánta crueldad!  



* "‘I was in Rawda’" Mada Masr 26/11/2017 https://www.madamasr.com/en/2017/11/26/feature/politics/i-was-in-rawda/
** "Residents of Bir al-Abd Village Received Threats Prior to Mosque Attack" Egyptian Streets 26/11/2017 https://egyptianstreets.com/2017/11/26/the-residents-of-bir-al-abd-village-received-threats-prior-to-mosque-attack/
*** "Egypt affirms determination to fight terrorism during first meeting of Islamic Military Coalition in Riyadh" Ahram Online 26/11/2017 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/282250/Egypt/Politics-/Egypt-affirms-determination-to-fight-terrorism-dur.aspx

**** "Union of Sinai Tribes Calls for ‘Revenge’ to Combat Terrorism: Statement"Egyptian Streets 26/11/2017 https://egyptianstreets.com/2017/11/26/union-of-sinai-tribes-calls-for-revenge-to-combat-terrorism-statement/




sábado, 25 de noviembre de 2017

El atentado de la mezquita sufí de Al-Rawdah

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El terrible atentado ocurrido ayer viernes en Egipto muestra muchas cosas además de la barbarie. Es un auténtico retrato de los asesinos, de su forma de ver la religión, la vida y el futuro. En esas 305 personas asesinadas (cifra hasta el momento) se refleja una visión del mundo sobre la que es necesario preguntarse.
A la reciente emboscada sangrienta contra fuerzas de seguridad, se añade ahora esta contra fieles musulmanes, pertenecientes a una cofradía sufí, que celebraban la oración del viernes. Los detalles de la matanza muestran que de nuevo se ha operado con toda frialdad, encerrando a las víctimas en una trampa y matando y rematando a continuación. Les esperaban a la salida para ametrallarlos.
En uno de los atentados ocurridos entre nosotros, una de las cosas que más recalcamos era el mensaje amenazador de uno de los terroristas señalando que sus objetivos eran "Occidente" y "aquellos que se desviaban de la religión verdadera". Es obvio que para ellos, la religión "verdadera" es su propia versión. No admiten otra y se consideran, por ello, facultados para ejercer de jueces y verdugos en el nombre de Dios.
Por muchos intentos que se haga de desligar la violencia de la religión, lo cierto es que está en el centro. Todo es religión, por ello nada escapa a ella. Son las personas las que le dan un sentido de guerra o de paz, de intransigencia o de convivencia. El sentido que algunos le dan es evidente. Las víctimas lo son también por su religión, lo coptos, o por ser considerados heréticos, como ahora los sufíes. Los hay que viven en paz y otro, en cambio,  hacen de la guerra y la muerte, del asesinato su camino al Paraíso.



Bajo el mandato del presidente al-Sisi, que surge de un golpe de estado tras la repulsa popular contra el gobierno islamista-salafista, se están produciendo los mayores ataques de los fundamentalistas contra las minorías cristianas, los coptos, y también contra los grupos, como los asesinados fieles sufíes de la mezquita de ayer, que se alejan de su visión cerrada, retrógrada y criminal de la religión. 
Los apoyos liberales del gobierno se fueron cayendo por el camino y quedó la idea de siempre en Egipto: un líder carismático, militar, al que la gente sigue mientras tenga éxito y una represión brutal cuando fallan. Ningún presidente ha salido bien del poder: Nasser vencido, Sadat asesinado, Mubarak y Morsi depuestos.
Sin apoyos más que a su persona, sin ideas políticas, lo único que ha quedado es el patriotismo militar de siempre, el nacionalismo balsámico, los megaproyectos para los que sí hay dinero para asombro de todos, y un parlamento títere del que se expulsa al que critica más de la cuenta y muchas de cuyas propuestas causan sonrojo a los propios egipcios, que lo consideran la institución menos valorada.
El vacío de ideas ha llevado a un espectacular aumento de la represión social. Se trata del espectro amplio de los derechos humanos: represión contra homosexuales, ateos, restricciones a las mujeres, censura periodística y artística, etc. De esta forma, el régimen intenta representar una especie de "virtud" tratando de evitar las críticas de los sectores más conservadores. Otras simplemente se defiende de los escándalos de corrupción que vienen de viejo.


Para un observador exterior, lo que ocurre no tiene sentido: ¿por qué se quitan de encima a los islamistas y sin embargo comienzan una carrera ultraconservadora que persigue cualquier atisbo de cambio hacia una modernidad reclamada por muchos? ¿Por qué responsabilizar a la petición de libertades del 25 de enero de 2011 de lo ocurrido después cerrando cualquier camino de renovación?
Otra vez se ha vuelto a la estrategia de las denuncias ante los jueces cada vez que alguien hace o dice algo que no gusta al gobierno a los islamistas o simplemente a los ultraconservadores que pueblan una parte importante de la sociedad egipcia. De nuevo, cantantes, periodistas, presentadoras de televisión, escritores, etc. son llevados ante los jueces y condenados por "ofensas" a la religión, a la sagrada moral pública o al río Nilo, como con la cantante Sherine. De nuevo cuelgan pancartas pidiendo a los padres que "vigilen" a sus hijas y un abogado sale en televisión diciendo que es un deber patriótico violar a las mujeres que salen a la calle con pantalones rasgados. De nuevo las razias policiales contra librerías en las que se encuentran libros sin el ISBN, como ocurrió el otro día, contra la librería de Merit Publishing, uno de los puntales culturales modernos.
El atentado de ayer es monstruoso, pero de nuevo está destinado a contentar a un sector que no lo lamenta, dado el fraccionamiento social existente. Al igual que los ataques contra militares o coptos, los ataques contra la mezquita sufí buscan debilitar la imagen del gobierno y en especial del presidente que se enfrenta a la reelección, como le piden en campañas de recogida de firmas.


El ministro de Educación egipcio declaraba no hace mucho que había una vía militar-policial contra el terrorismo, pero que no había que olvidar la vía educativa para evitar la radicalización. Lo sorprendente es que para este empeño, el gobierno de al-Sisi prescinde del mayor apoyo que podría tener, los activistas seculares, a los que se silencia o encierra. El problema es que no respaldan sus políticas represivas.
Tras el terrible atentado contra la mezquita sufí, cabe preguntarse sobre las estrategias seguidas y especialmente sobre el futuro. ¿Servirá algo de lo hecho (sea lo que sea) para frenar el radicalismo?


La emboscada realizada a las fuerzas egipcias hace unas semanas fue un duro golpe al ejército en un mundo en el que el prestigio se mantiene en la victoria y se pierde cuando llegan los problemas y fracasos. Esta nueva masacre es algo más que un atentado; marca un antes y un después en la vida egipcia y el régimen. Es esencialmente un desafío.
En Al-Arabiya se nos dice:

The attack on Al Rawdah mosque in Bir al-Abed, near al-Arish city, is a “unique phenomenon” in Egypt, a Cairo-based analyst told Al Arabiya English.
“While Egypt’s Sinai peninsula had witnessed several deadly attacks in previous years, including assaults on security forces and of course the downing of the Russian plane in 2015, this mosque attack is unique in so many ways,” Said Sadek, a political sociology professor said.
Previous attacks on religious institutions mainly targeted churches and security points, but here the target was civilians praying inside a mosque, Sadek explained.
“This is the 9/11 of Egypt,” he said, adding that the state should reconsider its strategy to fight terrorism after this "political disaster."*


La respuesta del estado egipcio ha sido el bombardeo inmediato tras la promesa del presidente de uso de "fuerza brutal". Eso dejará satisfecho a algunos, pero la misión del estado es proteger a sus ciudadanos y no "vengarse" después de una masacre. Es la vida de las personas lo que hay que salvaguardar. Los fracasos en la protección de las iglesias coptas, las emboscadas a las fuerzas de seguridad, tras la que hubo una reforma de la cúpula de seguridad, y ahora los sufís dejan al estado bajo mínimos de confianza. Y ese es el objetivo de los terroristas y de los que están tras ellos: la erosión del poder, la pérdida de confianza que reste legitimidad.



La pregunta es si lo que está haciendo el gobierno egipcio realmente, a medio o largo plazo (a corto es evidente que no) pueden transformar este sentido enfermo, totalitario y fanático de la religión que ha anidado en la sociedad egipcia, que no puede ser ignorado y cuyas causas se siguen obviando. Podrán inventarse todo tipo de explicaciones conspiratorias para evitar hacer explícito algo que todos saben: por mucho que se responsabilice a otros, el problema está allí. Ha estado durante décadas y seguirá si no se produce una apertura que permita que sea la sociedad civil la que intente enfrentarse a la ideologías regresivas. Podrán hacer centros culturales, como señalaba el ministro de Educación, pero ocurrirá como con la mezquita, se les ametrallará a la salida o se harán saltar por los aires.
Mis condolencias a los familiares de las víctimas y a todos los egipcios que quieren la paz, un país mejor y más libre, un país que muchos egipcios se merecen.



* "‘Egypt’s 9/11:’ Mosque attack deemed deadliest in country’s modern history" Al-Arabiya 25/11/2017 https://english.alarabiya.net/en/features/2017/11/25/-Egypt-s-9-11-Mosque-attack-deemed-deadliest-in-country-s-modern-history.html





domingo, 21 de octubre de 2012

Identitario (Oui, c'est moi)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La ocupación en la ciudad francesa de Poitiers de una mezquita en construcción por parte de un grupo de sesenta personas pertenecientes a la denominada "Generation identitaire"* ha despertado de nuevo recelos, apoyos y condenas. El concepto de "identidad", se lo atribuya quien se lo atribuya, en cualquier escenario, tiene los límites precisos de la autodefinición y el peligro de incluir a los demás en tu propia definición.
La cuestión de la "identidad" implica muchas veces meter a los otros en el paquete asumiendo posiciones negativas, reductoras y caricaturescas. La identidad se refuerza en escenarios conflictivos. La identidad exige la definición de un contrario frente a quien se refuerza y expresa. El "yo soy" de la identidad es también un "no soy" y un "ellos son", todo en el mismo paquete. Esto afecta a todos.
La identidad no es solo una descripción o una definición, sino un programa de acción y una forma de juicio. La identidad nos dice qué debemos hacer —establece el sentido de la acción y la reacción— y nos señala cómo debemos enjuiciar lo que nos rodea, ya sean personas, grupos o acciones. Es un patrón de conducta.


La "generación identitaria" comete el error de creer que no "pensar" o "ser" como ellos es carecer de "identidad". Y nada más absurdo. Por eso los que han criticado su ocupación de la mezquitas les han acusado de ir contra la "identidad francesa", la "identidad republicana", que garantiza un estado laico y la libertad de culto de los ciudadanos. Por eso se apropian de la "identidad" acusando a los demás de carecer de ella. Tremendo error que convierte a los que no piensan como ellos en débiles y a la deriva. Uno de sus atractivos precisamente es su radicalismo que palidece ante las formas más moderadas de actuación. Se confunde la estridencia con la firmeza de los principios, la exhibición con la moderación expresiva.

Vamos aceleradamente hacia una forma de estridente de estar en el mundo. En parte porque —como la acción de Poitiers— el mundo se ha convertido en escenario o plató de televisión. Muchas acciones se realizan para lograr llamar la atención. Se busca el mayor impacto, la mayor resonancia. El problema es que cuando los demás gritan, nos vemos obligados a hablar más alto y se acaba en una gigantesca cacofonía.
La política española es desde hace tiempo una jaula de grillos cuyos gritos cada vez más radicalizados se han extendido a una parte de la sociedad, que ya no busca dialogar porque se pierden valores de convivencia al despreciar al otro, como los asaltantes del colegio en días pasados. El colegio religioso era su mezquita. También ellos son "generación identitaria" a su manera, es decir, les sobran del mundo los que no son o piensan como ellos.
La convivencia no es un valor débil; por el contrario, requiere de la firmeza y claridad necesarias para saber distinguir a los que la perturban porque no desean convivir. La convivencia debe saber distinguir perfectamente entre las minorías que deben ser amparadas y de las que hay que protegerse porque tiene claro que existe diversidad y diversidad dentro de la diversidad. El mayor error de la intransigencia es su incapacidad para ver diferencias y su consiguiente uso del tópico reduccionista y simplificado, de la aplicación al todo de los defectos de la parte.


Es indudable que existe un islamismo integrista, intransigente y totalitario. También es indudable que los primeros que lo padecen son los millones de musulmanes que no son así. Ignorar que existen y padecen los excesos de las personas y grupos que les obligan bajo coacciones sociales, familiares, educativas, intelectuales o físicamente violentas, es no querer ver cómo funciona el mundo. Convertir a todo árabe en musulmán y a todo musulmán en integrista es un error, como lo es convertir a todo cristiano en un Anders Breivik o un Terry Jones. Pero los tópicos funcionan bien allí y aquí.
Los primeros y más interesados en librarse de los integristas religiosos son los que desean poder vivir en sus propios países sin la presión y vigilancia constante de los que quieren hacerles creer que solo existe una forma de vivir su vida y su fe.


Cuando esas personas salen de sus países y se acercan a otros, viven en el riesgo permanente de ser confundidos y asimilados con aquellos de los que huyen. Quedan encerrados entre el dogmatismo del que huyen y el tópico de quien les recibe.

La cuestión es qué rasgo de identidad es el que preferimos resaltar, si el de la tolerancia consciente o el de la intransigencia irracional. Escribió Amín Maalouf:

Para cualquier sociedad, y para el conjunto de la humanidad, el trato a las minorías no es un asunto entre otros muchos; es, junto con el trato a las mujeres, uno de los datos más reveladores de progreso ético o de retroceso. Un mundo en el que se respete cada día algo más la diversidad humana, en donde todas las personas puedan expresarse en la lengua que prefieran, profesar en paz sus credos y asumir tranquilamente sus orígenes sin exponerse a la hostilidad y al desprestigio ni de las autoridades ni de la población, ése es un mundo que progresa, que remonta el vuelo. A la inversa, cuando prevalecen las situaciones crispadas en lo referente a las identidades, como sucede en la actualidad en la gran mayoría de los países, tanto en el norte del planeta como en el sur, cuando nos resulta un poco más difícil cada día poder ser tranquilamente quienes somos y usar nuestra lengua o practicar nuestra fe en libertad, ¿cómo no hablar de retroceso? (72)


No es sencillo, porque el mundo se ha llenado de púlpitos y tribunas y no hay mejor forma de manipulación y control humano que la exaltación identitaria en todos los niveles: religiosos, políticos, nacionalistas... Se acabó la era de los discursos racionales; regresamos a la de los discursos emocionales, radicales, viscerales... a la casquería ideológica. La mesura no vende y hay que gritar.
Corremos el riesgo real de que estos movimientos intransigentes vayan calando en todos los niveles de la sociedad y que Europa, en la que muchos quieren ver la tolerancia y la convivencia como valores que ha costado dos siglos incorporar a su identidad, se vea sacudida de nuevo por los enemigos de estos valores y amigos de los contrarios, el ultranacionalismo, la intolerancia y el radicalismo. Corremos el riego de llenar el mundo de talibanes de todos los colores, penosa posibilidad, si no se hace algo por remediarlo mediante la reafirmación de valores de convivencia y sentido común.

Los discursos incendiarios, los llamamientos a la intransigencia, se refuerzan a través de unos medios que recorren el planeta instantáneamente. Es fácil intoxicar a través de redes sociales, micromedios, televisiones, periódicos, etc. que se alejan de cualquier control y que pueden esparcir veneno irresponsable o estupidez contagiosa. Es nuestro mundo y tenemos que aprender a vivir en el escenario que hemos creado. Hay que aprender a difundir valores tolerantes y sentido común. Venden menos, pero son cada día más necesarios para poder sobrevivir en un mundo habitable.

* "Des identitaires occupent une mosquée de Poitiers" Le Figaro 20/10/2012 http://www.lefigaro.fr/actualite-france/2012/10/20/01016-20121020ARTFIG00354-des-identitaires-occupent-une-mosquee-de-poitiers.php
** Amín Maalouf (2009): El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan. Alianza, Madrid.