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domingo, 5 de diciembre de 2021

La familia Cuomo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La CNN nos notifica el despido del periodista de su cadena, Chris Cuomo, acusado de violar los estándares informativos de la cadena y mantener una relación oculta de apoyo a su hermano, Andrew Cuomo, el dimitido gobernador de Nueva York por acusaciones de acoso sexual.

Chris Cuomo es acusado de apoyar a su hermano, de asesorarle más de lo debido y de no haber sabido separarse de su puesto en la CNN.  En el "caso Cuomo", lo que hizo Chris por Andrew puede ser entendido y se resuelve con un despido. Con ello, la cadena busca proteger su propio sentido de la neutralidad. No ha debido ser fácil para un hermano prescindir del otro hermano, especialmente si tu trabajo es el comentario y análisis de lo político. Mucha gente lo entenderá y entenderá que lo hecho tiene un grado de excepcionalidad precisamente por el vínculo familiar. Es un cúmulo de circunstancias lo que le llevó a asesorar a su hermano. No era fácil ser neutral.

Recordemos que el gobernador Andrew Cuomo se convirtió en la figura más popular al inicio de la pandemia en los Estados Unidos. Su política informativa eran las antípodas de las desarrolladas por Donald Trump. Las conferencias de prensa diarias de Cuomo se convirtieron en una referencia ante los disparates de Trump. No es difícil pensar que ya estaba tras él su hermano periodista. No era grave; era por una buena causa. Pero todo se tuerce con ese aspecto que derriba a grandes y pequeños, las acusaciones de "acoso sexual", que se fueron volviendo más serias.


Con ello, el problema de la neutralidad informativa se convirtió en cuestión importante para la cadena para no ser acusada de hacer la vista gorda ante personajes demócratas cuando estaban atacado claramente a Trump, sus políticas y a sus allegados. La neutralidad informativa era importante. Y llegó la renuncia de Cuomo.

On the day his brother resigned, back in August, Chris Cuomo told viewers that "this situation is unlike anything I could have imagined."

He pointed out that he never reported on the sexual harassment scandal or tried to interfere in CNN's coverage. And he acknowledged that he "tried to be there for my brother" when the scandal erupted.

"I'm not an adviser. I'm a brother. I wasn't in control of anything. I was there to listen and offer my take," he said.

CNN management showed support for Cuomo, and "Cuomo Prime Time," often the network's highest-rated show, stayed on the air throughout the controversy.

But as "Reliable Sources" reported at the time, some CNN staffers were angry at Cuomo and his violations of journalistic norms.

The dissent only intensified after James' office released the text messages, sworn testimony and other raw materials from her investigation into the ex-governor.

When the documents were released on Monday, CNN management said the "thousands of pages of additional transcripts and exhibits" would be reviewed "over the next several days."

Then on Tuesday evening, CNN indicated that the contents were serious enough to merit a suspension.

"When Chris admitted to us that he had offered advice to his brother's staff, he broke our rules and we acknowledged that publicly," the network said in a statement. "But we also appreciated the unique position he was in and understood his need to put family first and job second."

"However," the network said, "these documents point to a greater level of involvement in his brother's efforts than we previously knew. As a result, we have suspended Chris indefinitely, pending further evaluation."*

 


Evidentemente, el problema de Chris Cuomo no es haber ayudado a su hermano, sino haberlo ocultado y haber contravenido las normas de ética periodística de la CNN. Pese a que él se vea como "hermano" y no como "asesor", lo cierto es que no es posible diferenciar una situación de otra por más que se intente. De ahí la respuesta contundente de la CNN, que no deja de sentirse engañada al haber creído a una de sus estrellas mediáticas en el tipo de relación que mantenía con el caso. Chris Cuomo puede cambiar de empresa o de trabajo, pero no puede cambiar a su hermano en otra cosa. Siempre será su hermano.

No nos extraña la relación entre los hermanos Cuomo, pese a que el gobernador renunciara por las acusaciones de abuso sexual. Chris Cuomo ayudaba a su hermano, pero también al gobernador de Nueva York y a un gobernador acusado de abusos para librarse de los efectos. No lo consiguió y perdió su trabajo y parte de su credibilidad. Puede que se haya ganado fama de "buen hermano".

Lo que surge de las relaciones de grupo en la familia no siempre es beneficioso. La relación de los hermanos Cuomo se basa en una idea de apoyo incondicional, pero ha acabado mal con los dos.


Chris ha hecho lo que su sentido familiar le pedía; Andrew, por el contrario, se ha dejado llevar por el poder y el machismo y ha llegado a los abusos sexuales que su hermano pensaba que debía ayudar a tapar. Hay que distinguir a uno del otro; es el gobernador el que ha arrastrado con su conducta a su hermano. Pero sigue quedando la cuestión de si Chris no consideraba las acusaciones contra su hermano lo suficientemente graves como para decidir ayudarle. Todo es oscuro.

No es fácil meterse en la mente de quienes viven estos dilemas entre lazos familiares, políticos y éticos. Tampoco es fácil escribir sobre ello en la propia cadena, escribir sobre un compañero. El artículo de Brian Stelter que hemos citado aquí se titula lacónicamente "CNN fires Chris Cuomo", lo que nos dice algo. La cadena es también una suerte de familia. Otros medios no han sido tan discretos.

 


* Brian Stelter "CNN fires Chris Cuomo" CNN 5/12/2021 https://edition.cnn.com/2021/12/04/media/cnn-fires-chris-cuomo/index.html

 

BBC

viernes, 5 de febrero de 2021

La Tierra es redonda (aunque Trump dijera lo contrario)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El terremoto electoral en Estados Unidos sigue teniendo réplicas de intensidad variable. El silencio de Trump tras su salida de la Casa Blanca ha quedado matizado por las diferentes voces altisonantes de los secundarios del reparto en dos líneas, la atacante, como las que sacuden al Partido Republicano, cada vez más condenado al desgarro del radicalismo, por un lado, y la defensiva, que es la derivada de las consecuencias de sus maldades y despropósitos acumulados. Ambas líneas se muestran oscuras para los trumpistas que no solo han perdido las elecciones sino también el sentido de la realidad, algo que se puede mantener desde el poder, pero que es muy difícil ignorar desde la oposición.

La batalla contra la realidad ha sido una constante de la era Trump,  cuyo sentido del poder era claro: el poder define e impone lo que es la realidad. Lo hace a través de diferentes fórmulas y con el apoyo mediático que siembra las dudas sobre lo que ocurre e incorpora afirmaciones sin fundamento pero con el convencimiento suficiente como para arrastrar a millones. No de otra cosa se trata cuando se habla de posverdad, realidad alternativa y demás conceptos que la era Trump ha usado y que son necesarios para su comprensión. Pero ahora es otro el partido en juego. Una vez perdido el poder, la cuestión se vuelve problemática y lo que se defendió con tanta vehemencia queda ahora en el peligroso mar de las resacas.




En la CNN Oliver Darcy nos describe una pieza de este proceso en el artículo titulado "Voting technology company Smartmatic files $2.7 billion lawsuit against Fox News, Rudy Giuliani and Sidney Powell over 'disinformation campaign'"*. Al convertir el discurso político en un montón de falsedades, los republicanos trumpistas tuvieron que cuestionarlo todo. No ha habido rincón sin explorar ni aspecto al que no se le diera la vuelta para negarlo o para cambiar su sentido. Como lo que se jugaban era mucho, apostaron mucho. Y perdieron.

La batalla se da ahora en un terreno que nos les es favorable, el de las difamaciones. La mentira tiene mucho de adictiva y algunos no saben parar a tiempo. La mentira política necesita complicidad y participación acumulativa. Se basa en un sistema de apoyos en el que unos sostienen y repiten la falsedad para darle consistencia social y apariencia de verdad. ¡Cómo no vas a creer lo que se repite como un hecho verdadero hasta el aburrimiento! Hasta el último instante, hasta pocas horas antes de salir de la Casa Blanca, Trump y los suyos seguían presionando para que se dudara de los hechos, para que se alteraran, para que se siguiera mintiendo, pero cuando los primeros empezaron a decir ¡basta!, cuando se resistieron y se mantuvieron firmes diciendo "no, señor presidente, aquí todo ha sido correcto", la mentira comenzó a tambalearse dejando en evidencia a sus propagadores.

Una de las mentiras propagadas con más intensidad en sus afirmaciones sobre fraude implicaba a las compañías que se dedicaban a sostener la maquinaria electoral. Cuando no se encontraban evidencias de ningún tipo, el dedo conspirador de los trumpistas y los que se sumaron comenzó a tener que poner nombre propio a sus acusaciones traspasando el difuso límite de lo genérico político. Una cosa son las insinuaciones de Trump, lo que deja caer para que los demás hicieran sus suposiciones —el arte de la maledicencia— y otra cosa tener que salir en una pantalla de televisión acusando a alguien de fraude. La querella multimillonaria es ahora contra la Fox News, el principal apoyo de Trump, y contra los abogados del ex presidente, Giuliani y Powell, que salieron es esas mismas pantallas y en otros muchos foros mintiendo dando densidad discursiva a las mentiras.

La demanda que se ha presentado ahora contra ellos está llena del arma más eficaz: las palabras de los mentirosos y las apabullantes pruebas de la inexistencia del fraude. Lo hacen además desde la perspectiva de su reputación empresarial, lo que abre una vía nueva contra el trumpismo mediático. La Fox News ya había tenido que recular no hace muchos días en previsión de lo que ahora llega. 

 

"We have no choice," Antonio Mugica, the chief executive and founder of Smartmatic, told CNN Business in an interview about the company's decision to file the lawsuit. "The disinformation campaign that was launched against us is an obliterating one. For us, this is existential, and we have to take action."

The lawsuit, filed in New York state court, accused Fox, Giuliani, Powell and hosts Lou Dobbs, Maria Bartiromo, and Jeanine Pirro of intentionally lying about Smartmatic in an effort to mislead the public into the false belief that the 2020 presidential election was stolen from former President Donald Trump.*

 


La cuestión es clara: si no demandan, se hunden ellos mismos. La reputación es un valor esencial en una empresa que se dedica a la participación en el recuento de los votos. O demandan defendiéndola o quedaría la duda de por qué no lo hacen. Como bien señala su director, "no tenemos otra opción". Si no lo hacen, han firmado su sentencia en un universo competitivo en el que las garantías de transparencia y honestidad lo son todo.

Pero la demanda va mucho más allá de lo esperado y entra en un aspecto mucho más complejo, el de las causas de esa campaña, en su estrategia dentro de un esquema de mentiras políticas que necesita de una narrativa específica para funcionar en el sentido que el trumpismo le da a la política.

No es casual que el discurso de la toma de posesión del presidente Biden girará sobre los conceptos de "realidad" y sobre todo "verdad". Recuperar la realidad es poder hablar de los problemas reales, no de las ficciones interesadas, de las negaciones de lo que se tiene delante; defender la verdad es sentar las posibilidades de una política constructiva, de algo más allá del mero mantenimiento del poder.



La política trumpista asumió la radicalización y a los radicales, portadores de esquemas simplistas que se imponen como explicaciones de la realidad, un mundo maniqueo poblado de demonios acechantes que empujan, desde el miedo, en la dirección adecuada.

En la demanda, tal como se recoge en el artículo de Darcy, se señala:

 

"They needed a villain," the lawsuit said. "They needed someone to blame. They needed someone whom they could get others to hate. A story of good versus evil, the type that would incite an angry mob, only works if the storyteller provides the audience with someone who personifies evil."

"Without any true villain, defendants invented one," the lawsuit added. "Defendants decided to make Smartmatic the villain in their story."

 

El funcionamiento del mecanismo queda explicado con claridad. El "villano" eran ellos cuando no les quedaron otros. El trumpismo ha ido señalando con el dedo a los "responsables" de su fracaso. No eran sus errores o los aciertos de los demás; a ellos les "robaban" siempre.

Ese es el sentido de Trump desde antes de las elecciones. Él nunca pierde; otros le roban. La necedad del presidente, su narcisismo galopante, le impedían aceptar una derrota en cualquier terreno. Él siempre era el mejor, el imbatible, el insuperable. Maestro en el arte de la insinuación, en dejar caer veladas acusaciones contra terceros que otros formulaban a sus instancias (eso es lo que le falló en Ucrania, cuando intentó que el presidente del país hiciese declaraciones diciendo que se investigaba al hijo de Biden). Pero la acusación contra las empresas de gestión de los votos no tenía margen de ambigüedad, no tenía puerta trasera por la que escapar, por lo que se dedicaron a apoyar las mentiras de Trump se ven ahora señalados judicialmente. Ser las caras de la mentira les va a salir muy caro.

Son tantas las pruebas y testimonios que se han tenido que aportar para superar las mentiras de Trump y sacar adelante la victoria de Biden, que cualquier corte que no quisiera darles la razón se tendría que enfrentar a todo el aparato institucional de los Estados Unidos, del Tribunal Supremo para abajo.



La demanda es multimillonaria. Trump está orientando su defensa hacia la "libertad de expresión", que para él supone la posibilidad de mentir sin responsabilidad. Es difícil de sostener, desde luego, sobre todo si eres el Presidente de los Estados Unidos y has lanzado a una hueste radical a asaltar el capitolio mientras están votando la victoria de tu rival.

El juicio que se abre es importante para todo el sistema electoral, cuestionado por el trumpismo. Pero va más allá. Es otra pieza de la recuperación de la verdad, un aspecto central de la vida política democrática, que es lo que este tipo de radicalismo cuestiona. Cualquier cosa es válida para alcanzar el poder. El avance del autoritarismo en todo el mundo a manos de populismos de todo orden hace muy necesario que la verdad y los hechos queden establecidos y sean protegidos de los mecanismos mentirosos para conseguir el poder. En un universo mediático como nunca ha conocido el mundo, la necesidad de amparar a la frágil verdad es imperiosa. Si no se corrigen estas tendencias hacia la mentira estamos condenados a vivir y tomar decisiones bajo constante manipulación.

Me quedo finalmente con una reivindicación de un mundo real:

 

"The Earth is round. Two plus two equals four. Joe Biden and Kamala Harris won the 2020 election for President and Vice President of the United States," the lawsuit said. "The election was not stolen, rigged, or fixed. These are facts. They are demonstrable and irrefutable."

 

A veces hay que regresar a lo más básico, volver al punto de partida. Es la única forma de volver a encontrar el camino. Todo lo que sea reflexionar sobre este universo que hemos construido, donde la tecnología y lo posible sustituyen a lo moral y lo real nos beneficia. Lo peor de todo, como muestra lo ocurrido, es aceptar cualquier mentira si nos beneficia. El gran escándalo no es que Trump mintiera y los medios afines propagaran mentiras. El gran escándalo es que sabiéndolo pudieran arrastrar a más de 70 millones de votantes, muchos de los cuales siguen sin aceptar que el gran fraude esta en ellos, convertido en terminales de la maquinaria de la mentira.

Sí, la Tierra es redonda. Pese a las evidencias, tenemos repartidos por el planeta los que creen que está hueco o los que siguen sosteniendo que es plano.

No me resisto a poner una especie de epílogo a este texto, derivado de la publicación en La Vanguardia de una noticia, la salida de Donald Trump del sindicato del espectáculo que estaba tramitando su expulsión:

 

El sindicato de actores de Hollywood tiene un miembro menos. Antes de que le echen, Donald Trump se ha dado de baja. “Les escribo en relación a la audiencia del llamado comité disciplinario convocado para revocar mi pertenencia al sindicato ¡A quién le importa!”, responde en una expresiva carta el expresidente de Estados Unidos a la notificación de la apertura de un expediente que, en efecto, podía haber acabado con su expulsión de la poderosa organización, SAG-AFTRA, que representa a actores, presentadores, periodistas, técnicos y otros miembros de la industria del entretenimiento.

Trump, sin embargo, parece dolido y en la misiva, dirigida a la actriz y presidenta del sindicato Gabrielle Carteris (Melissa, en Sensación de vivir) no puede por menos que reivindicar su carrera en el mundo del cine y la pequeña pantalla. “Estoy muy orgulloso de mi trabajo en películas como Solo en casa 2, Zoolander y Wall Street: El dinero nunca duerme, además de shows de televisión como El príncipe de Bel Air, Saturday Night Live y, por supuesto, ¡el programa de mayor éxito de la historia de la televisión, El aprendiz, por solo nombrar unos pocos!”. Trump defiende que ha contribuido a crear numerosos puestos de trabajo en el sector, incluida su detestada CNN, y se proclama salvador de la industria de la televisión: “Se decía que estaba muriendo hasta que yo me metí en política”, sostiene.

Hace unas semanas, la junta del poderoso sindicato decidió abrir un expediente disciplinario a Trump por "atacar los valores" del sindicato e “incitar el ataque al Capitolio de EE.UU.”, el mismo cargo por el que fue reprobado y el Senado lo juzgará la próxima semana, además de por su “temeraria campaña de desinformación dirigida a desacreditar y amenazar la seguridad de los periodistas”. “Hay una línea directa entre su falta de respeto por la verdad y los ataques perpetrados por sus seguidores" contra la prensa, defendió Carteris.**

 


Sus fantasías narcisistas ya no convencen a nadie, pero son pequeños detalles que nos muestran al rey desnudo al que ya nadie teme, una vez caído, señalarle sus vergüenzas. El poder hace mucho, pero no dura siempre. Trump lo está experimentando, por más que no lo esté procesando. Pero llegará el momento en que, le guste o no, sus fantasías choquen con un muro que se imposible ignorar. Es cuestión de tiempo. 

Si la demanda prospera, el golpe para Trump, el trumpismo y los medios que les han apoyado será muy fuerte. Insistirán en las conspiraciones, por supuesto, pero habrán aprendido una lección, especialmente los medios, que están en un punto intermedio entre los políticos mentirosos y los votantes deseosos de ser engañados.

 


* Oliver Darcy "Voting technology company Smartmatic files $2.7 billion lawsuit against Fox News, Rudy Giuliani and Sidney Powell over 'disinformation campaign'" CNN 4/02/2021

** Beatriz Navarro "Trump abandona el sindicato de actores de Hollywood antes de que le echen" La Vanguardia 5/02/2021 https://www.lavanguardia.com/internacional/20210205/6224512/trump-abandona-sindicato-actores-hollywood-le-echen.html

viernes, 27 de noviembre de 2020

Siguiente pregunta

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


"No me hable así, soy el presidente de los Estados Unidos... Siguiente pregunta" es la respuesta que Donald Trump da a la prensa cuando estos le acorralan en su incongruencia, por su falta de razones o hechos en sus acusaciones de fraude. Lo vemos en un vídeo que nos lo muestra mientras las voces en off de los periodistas lanzan las preguntas cada vez más comprometidas y difíciles de esquivar.

 A Trump no le funcionan ya ni el argumento de autoridad (soy el presidente), que se convierte en una forma de huida, ni las afirmaciones del "fraude masivo", del "robo" de votos. No tiene más remedio que aceptar que saldrá si el colegio electoral lo decide, pero "sería un gran error porque ha sido un fraude". No puede ir más allá porque no hay nada más allá de sus intentos de deslegitimar lo inevitable, la llegada a la presidencia de Joe Biden, cuyos planes y nombramientos se van haciendo públicos. Trump va quedando solo con su monólogo de club en donde el cómico dice "¿saben aquel del tipo que se cree el presidente de los Estados Unidos?". Todo llegará.

La CNN reproduce la tensión con las preguntas, cada vez más agresivas, de la prensa. Pero Trump no se puede pasar la vida diciendo "siguiente pregunta", hay un límite; cuando dejen de hacerle preguntas, cuando no sea él quien rechace las cuestiones sino que se las hagan a Biden. La estupidez se mezcla con la patología, el narcisismo con la ceguera, Trump camina con firmeza y seguridad hacia el ridículo universal. Y nadie parece que pueda impedirlo.

En la CNN, Paul LeBlanc da cuenta de cómo Trump trata de enredar señalando que él es legal, pero los otros no:

Washington (CNN) President Donald Trump said for the first time Thursday he will leave office if the Electoral College votes for President-elect Joe Biden but made clear he's not prepared to concede.

"Certainly I will, and you know that," Trump said when asked by a reporter about leaving the White House if Biden is declared the winner on December 14. "I will and, you know that."

"It's going to be a very hard thing to concede because we know there was massive fraud," Trump said without evidence.

"As to whether or not we can get this apparatus moving quickly -- because time isn't on our side, everything else is on our side, facts are on our side, this was a massive fraud."

The President falsely added that if Biden is declared the winner, the Electoral College, "made a mistake, cause this election was a fraud." Pressed on his comments, Trump snapped at the reporter. "Don't talk to me that way. I'm the President of the United States. Don't ever talk to the president that way," he said.*

Trump parece no entender que una vez decreten su salida mediante los mecanismos institucionales dejará de ser el presidente de los Estados Unidos. En su mente hay una caja fuerte en la que se encierra y resiste, pero pronto dejará de escuchar esas voces a su alrededor a las que poder mandar callar. Pronto serán voces fantasmales, ecos del pasado o, peor, alucinaciones a las que mandará callar. Y Trump, como hemos señalado, las necesita para mantener viva su ficción, para poder seguir reinando en la irrealidad. El drama del narcisista es que necesita que le miren para mantener su realidad y a Trump pronto solo le quedará el espejo.

O no.

Trump es algo más que el "presidente" es el motor de un gigantesco negocio con una base mediática, sí, pero también un capital personal de fanáticos que consumen noticias y consigna sobre él, que creen en él y en lo que dice. Eso nos muestran los sondeos realizados sobre los votantes republicanos, que muchos han adoptado la teoría conspirativa del fraude en todo tipo de paquetes, desde las conspiraciones venezolano chavistas hasta las rusas, chinas y demócratas. Lo bueno de las mentiras es que tienen un amplio repertorio y se hacen a medida. Frente a ellas, los pasos firmes de la justicia y las instituciones que no han logrado encontrar una sola señal de fraude en los 80 millones de votos recibidos por Joe Biden.

Trump es un presidente que ha trabajado siempre para sí mismo. Eso es lo que ha hecho con sus tuits y sus incontables mítines a lo largo de su mandato. Cada fin de semana estrechando contactos por todo el país. Eso no se lo puede negar nadie. La pregunta ahora es ¿qué hará con ellos?

En la misma CNN, Brian Stelter realizaba hace un par de semanas un análisis sobre las posibilidades de sus relaciones con los medios:

New York (CNN Business) The leaders of Fox News will never say this out loud, but they believe that their media empire is bigger than President Trump.

And they have billions of reasons to think so: Billions of dollars in revenue along with millions of loyal viewers.

Fox employees are confident that the Biden years will be prosperous for the network, and they're not losing sleep over the prospect of "Trump TV," according to numerous sources at the company.

But some observers think they should be concerned. It is possible that the outgoing President could damage the Fox brand and peel away disillusioned viewers if he launches a media company of his own. It is possible that the right-wing media map, long controlled by Fox, is about to become balkanized.

In the days since Fox and the other major networks called the election for President-elect Joe Biden, Trump has been stoking anger at Fox and promoting the much smaller and often more conspiratorial right-wing networks Newsmax and One America News.

Then again, he has also been watching Fox, tweeting quotes from favorable commentators, and seeking counsel from Fox's 9 p.m. host, Sean Hannity.

Here's the best way to interpret what's going on: Trump and Fox patriarch Rupert Murdoch have had a corporate marriage of convenience for five years. Trump is threatening to break up, but Fox has been through plenty of these rough patches before.

The question now is what Trump might do after he leaves office. A Trump-branded streaming service appears more likely than a "Trump TV" cable channel. But almost anything is possible: A radio show hosted by Trump, an expansion of the Trump campaign's current webcasts, or a licensing deal with a company like Newsmax.

What about a "Donald Trump Tonight" talk show on Fox? Is that out of the question?

The answer is no, at least not entirely. There are almost always pieces that could be moved. For example: Hannity's been at Fox for almost 25 years now. Maybe he could retire and let Trump take his place.** 

La única realidad por el momento es que Trump no permanecerá callado o al margen. Dejaría de ser Trump si así lo hiciera. Los intentos del presidente electo Biden por reunificar al país normalizando las relaciones chocarán con los beneficios de la división radical que tanto han favorecido a Trump, a los republicanos en general y a la extrema derecha en particular. La cuestión es si Trump será el buque estrella en la remontada para dentro de cuatro años o si se mantendrá en un segundo plano. Hay otras cuestiones: si se le deja al margen, ¿lo aceptará? Es poco probable a menos que la sucesión se estableciera como algo "natural", es decir y tal como él ha insinuado, saliera de la familia, en donde el protagonismo dado a su hija hallaría fundamento. Pero eso, hoy por hoy, no es lo que está sobre la mesa, aunque estén saliendo familiares dispuestos a la carrera política.

No creo que Trump se auto silencie. Tampoco es difícil imaginarse el discurso que vendrá si lo pone en marcha.  La cuestión, una vez más, está en el partido Republicano, en sí se sentirá amenazado desde alguien incontrolable cuando estaba en el poder y más incontrolable si decide convertirse en ruidosa oposición cuyos resultados podrían ser catastróficos al dividir el voto. Han sido más de 70 millones de votantes los que han respaldado a Trump. Aunque haya perdido, no se puede ignorar. Y es poco probable que lo consienta.

Las preguntas son muchas, tantas como las posibilidades. Puede ser más difícil sacar a Trump de las pantallas que haberlo hecho de la Casa Blanca. A los republicanos les puede interesar tener una crítica salvaje contra los demócratas y Biden, pero dejará de interesarles si perciben, como señalaba Brian Stelter, una "balcanización" del espectro republicano. Pero, ¿puede jugar a la unidad alguien cuya especialidad es la división?

Parece que Trump no va a renunciar al protagonismo. Pero eso puede cambiar drásticamente si, como señalan algunos analistas, comienzan a salir escándalos o denuncias, como algunos ya prevén, escándalos futuros de diferentes órdenes que den con el expresidente en los tribunales. Allí, cuando le pregunten no podrá saltarse la pregunta y pedir la siguiente. 

* Paul LeBlanc "Trump says for first time he'll leave office if Electoral College votes for Biden" CNN 27/11/2020 https://edition.cnn.com/2020/11/26/politics/trump-leave-office-electoral-college/index.html 

** Brian Stelter "The Trump-Fox News relationship is coming to a head. Here's what might be coming next" 14/11/2020 https://edition.cnn.com/2020/11/12/media/fox-news-trump-future/index.html

viernes, 6 de noviembre de 2020

El mentiroso

 Joaquín Mª Aguirre UCM)


Conforme Joe Biden mantiene su distancia y se acerca victorias en los estados en disputa, Trump se revuelve como fiera herida. Era lo previsible. Un documental esta misma madrugada comparando la trayectoria de ambos contendientes nos explica el origen de los comportamientos de Trump, esa negativa a reconocer una derrota y la estrategia constante de la destrucción y el enfrentamiento. Así aprendió de su padre y de los personajes que actuaron como mentores, "conseguidores", durante su crecimiento y aprendizaje en la Nueva York de los 70, una ciudad en crisis, en manos de criminales y especuladores. La verdad es que da miedo ver la trayectoria familiar y profesional de Trump, un personaje al que nunca se tomó demasiado en serio, pero que él si se tomó a sí mismo.

La explicación que encuentro es que los tiempos llegaron al punto en que Trump dejó de ser percibido como un payaso porque el mundo se transformó en un circo. No fue Trump el que se adaptó a los tiempos, sino los tiempos los que se adaptaron a él. Ya no desentona. Tuvo que extenderse mucho la ignorancia y encogerse la ética; tuvo que transformarse la política en espectáculo, para que Trump no solo no engañara a nadie sobre su naturaleza mentirosa, pretenciosa y petulante, osada y despectiva, para que Trump encontrara finalmente su sitio y la gente encontrara un líder que no les exigía la virtud, sino la fuerza, que nos les pedía un diálogo que no sentían, sino el odio con cada discurso. Sí, los tiempos llegaron a Trump. Tuvo que imponerse el mundo de la mentira para que el gran mentiroso fuera el rey.


En su artículo en la CNN, titulado "Fact Check: Trump delivers the most dishonest speech of his presidency as Biden closes in on victory", el periodista Daniel Dale escribe: 

President Donald Trump delivered the most dishonest speech of his presidency on Thursday evening.

I've watched or read the transcript of every Trump speech since late 2016. I've cataloged thousands and thousands of his false claims.

I have never seen him lie more thoroughly and more egregiously than he did on Thursday evening at the White House.

On the verge of what appeared to be a likely defeat by former Vice President Joe Biden, Trump emerged in the press briefing room and took a blowtorch to the presidential tradition of defending the legitimacy of the democratic process.

Aside from some valid criticism of errors by pollsters, some legitimate boasting about his performance with various demographic groups and some legitimate boasting about Republicans' down-ballot performance, almost everything Trump said was not true.* 

Un aspecto sorprendente de la trayectoria de Donald Trump en la Casa Blanca es que han tenido más respeto a la presidencia los periodistas que él mismo. Uno de los problemas que Trump ha planteado desde su llegada —lo hemos comentado en ocasiones en estos años de su mandato— era el respeto le les merecía la Presidencia y la falta de respeto que les provocaba el presidente, Donald Trump.

Algunos, como los humoristas, las series de animación, etc. lo plantearon como una prolongación "natural" de la propia personalidad de Trump: si el presidente es un payaso, reíamos no de él. Solo así es posible entender las parodias de SNL con Alex Baldwin, o la serie "Animado Presidente".

The New York Times, hoy

Pero para los periodistas políticos, el problema se planteaba de otra manera diferente. Su función no era hacer reír, sino tratar de mantener la idea de que la Presidencia de los Estados Unidos estaba en manos de un personaje como Trump, sin que cundiera el pánico y respetando la función presidencial. Para Trump, por ejemplo, no existe una separación entre él y la presidencia. Por eso ha podido pisotear sin rubor la propia institución que ha entendido como una parcela de poder personal y no como una forma de servicio a su comunidad. Lo han dicho muchas veces, a Trump solo le importa él mismo, y si hay que provocar una guerra civil, tampoco le importa mucho. Lo ha demostrado una y otra vez.

Que en estos momentos críticos —lo ha hecho anteriormente, como con su "¡liberad los Estados!"— se produzca el discurso con más mentiras de Trump, según entiende Daniel Dale, es solo revelador de un personaje que nunca se ha ocultado, pero al que unos no han querido ver y otros han disfrutado mirando.

Trump es como la "carta robada" del cuento de E.A. Poe es la aberración normalizada, un payaso entre los payasos del circo. Es un psicópata en un mundo de aberraciones exhibidas como medallas de buena conducta. Es el rey del bullying en una escuela donde todos acosan; un mentiroso en el reino del engaño. Por eso, el discurso del récord de mentiras es su "grand finale", la apoteosis de su reinado. Es el rey desnudo en una sociedad desnuda donde todos se imaginan ir elegantemente vestidos. The Guardian coincide en que se trata del discurso con más mentiras de Trump y le llama "The Liar-In-Chief", una fórmula adecuada, mezcla de ironía y realidad. The New York Times habla de "torrente de mentiras", la CNN, por boca de Anderson Cooper, califica el discurso de "BS", una mierda.

Lo malo de las mentiras de Trump es que son descendentes, es decir, obligan a mentir a muchos, como está ocurriendo con el Partido Republicano, cuya viejas y no tan viejas glorias se ven arrastradas a apoyar las mentiras de su jefe. Los que no tuvieron la valentía o la decencia de abandonar el barco, se hunden ahora con el Gran Mentiroso y entierran su vida política en el fango. ¡Mal retiro para unos, mal futuro para otros! ¡Mal presente para los que se dejan arrastrar a las calles por las mentiras que destruyen convivencia y sistema!

Todavía está en el aire la presidencia. Pero está en juego mucho más, salir de la pesadilla real en que la ha convertido. No sabemos todavía qué ocurrirá, pero si los ladridos de Trump son indicadores de su nerviosismo, lo está como nunca lo ha estado. Y eso es triste, pero no deja de ser una buena señal.

 


* Daniel Dale "Fact Check: Trump delivers the most dishonest speech of his presidency as Biden closes in on victory" CNN 6/11/2020 https://edition.cnn.com/2020/11/05/politics/fact-check-trump-speech-thursday-election-rigged-stolen/index.html



miércoles, 5 de agosto de 2020

El falso líder

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los intentos de Donald Trump de recuperarse a base de entrevistas e intervenciones, una vez desestimados los mítines por el temor a que tanto asiento vacío se vuelva contra él parece que no funcionan como tenía pensado.
La prensa norteamericana de hoy  le saca punta a la entrevista que le ha realizado Jonathan Swan para Axios/HBO. La sensación de que aumenta la pendiente que les precipita a las elecciones de noviembre hace que los detalles sean cada vez más importantes y, a la vez, muestran que, conforme se agota el tiempo, la presión sobre el presidente, con un pie fuera, aumenta. Lejos quedan las entrevistas con el control de Trump. Este se tiene que arriesgar con medios y periodistas menos afines y respetuosos.
The Washington Post se hace eco de la entrevista y de sus posteriores declaraciones sobre ella a otros medios:

During an appearance today on CNN, Swan said he “wasn’t trying to score a point or gotcha” in the interview. “What I was trying to get him to do was grapple with the question of why,” he said. “Why is it that America with its incredibly sophisticated and advanced science and medicine, the leader of the free world, is doing so much worse than so many other advanced countries on a death-as-a-proportion-of-population basis?” *



Aquí hemos señalado en muchas ocasiones que esa pregunta que ahora se hacen los norteamericanos se la han hecho ya en medio mundo. Es una pena que la tradicional mirada interior, por no decir su incomprensión general de cómo son percibidos desde el exterior, haga que esta pregunta llegue tan tarde.
La pregunta mundial es la segunda gran pregunta. La primera ha sido cómo una potencia mundial de estas características tiene por presidente a Donald Trump. Las demás preguntas están supeditadas a esa primera respuesta.
¿Está viviendo los Estados Unidos una gigantesca ficción? Es más que probable. Los países que no son capaces de autocrítica suelen tener dificultades de comunicación. No he escuchado nunca fuera de los Estados Unidos referirse al país como "the leader of the free world", un título auto conferido, nacido de la II Guerra Mundial y la posterior Guerra Fría, que es incompatible con lo que hace algunas décadas se está imponiendo, un unilateralismo orgullos que no lidera sino ordena o impone. Incluso la época de Obama ha tenido este problema de actitud ante el resto del mundo.


¿Es compatible es supuesto "liderazgo" con el "America First!", con las extorsiones de la OTAN o la política agresiva de los aranceles? ¿Es compatible con el abandono de las instituciones internacionales, de los tratados alcanzados para resolver crisis previas? ¿Es compatible con un presidente que dice que le llamen "Mr. Brexit"? ¿Es compatible con ese concepto misterioso y absoluto llamado "los intereses norteamericanos"? ¿Es compatible con los abrazos a dictadores, con ventas de armas a esas dictaduras que las emplea para su expansión y, muchas veces, para la represión?
Trump es el cierre de una actitud cada vez más autista al mundo, lo contrario del liderazgo, que no queda más que en retórica. La más mínima discrepancia lleva a la amenaza que no tiene por qué ser velada. No, Estados Unidos ya no lidera nada. Es una superpotencia a la que hay que seguir y obedecer bajo pena de sanciones.


Con Trump ya no hay "mundo libre", sino maniobras de mercado puro y duro. La prensa norteamericana ya no silencia este tipo de maniobras para favorecer los manejos de las empresas norteamericanas en el mundo, cuyo poder debe ser indiscutible. El caso de Huawei o ahora de Tiktok son muestras claras del nuevo sentido de la "competencia" que se ha desarrollado, consecuencia de la pérdida de influencia en el mundo. La política (y la salud) se ponen al servicio de los intereses económicos.
No, Trump no es líder de nada. Ha dejado de serlo de los propios Estados Unidos a los que ha dividido con una fractura que puede durar décadas. Ha fomentado el racismo, el machismo; ha debilitado la ciencia, la sanidad, la educación... Nada ha quedado fuera del alcance de su narcisismo destructor.
Las preguntas del periodista australiano de Axios llegan un poco tarde y dan por descontado un liderazgo que hoy es inexistente. ¿No recuerdan los corrillos con presidentes mundiales gastando bromas a su costa?
El patriotismo de Trump es de opereta, como lo es su sentido religioso; su ignorancia es de una osadía solo explicable del que nació rico y le enseñaron que eso significaba tener siempre razón. No da el tipo de "líder" de nada. Los que lo quieren como líder, para ellos.


Los norteamericanos le votaron, pero es también el resto del mundo, que deja empantanado, el que ha soportado sus obsesiones y meteduras de pata, desde el cambio climático hasta la creación de conflictos en determinadas zonas, maniobras que necesitaba para ganar algún "prestigio". Con Trump el mundo es mucho más inseguro que con cualquiera de los presidentes norteamericanos y el futuro más oscuro.
En realidad, lejos de liderar el "mundo libre", Trump ha mostrado la necesidad absoluta de depender menos de los Estados Unidos, como se ha decidido en Europa con los tanteos para la creación de un ejército que garantice la defensa de la Unión y no el chantaje permanente, como ocurre en estos días con la retirada de tropas norteamericanas en Alemania o como ya ocurrió en Siria, dejando al descubierto a los aliados kurdos, algo que avergonzó a las propias tropas norteamericanas. No sabemos cuál es el sentido de la "libertad" de un presidente que no ha hecho más que poner barreras y restricciones, lanzar amenazas contra enemigos y aliados sin que se note mucho la diferencia, que amenaza con hundir una economía con un tuit o acusa sin fundamento alguno a países, personas y empresas. Creo que la "libertad" es otra cosa y Trump, desde luego, no la encarna ni la defiende.
No, no hay liderazgo y eso probablemente sea bueno en cierto sentido, pues deberemos asumir más responsabilidades y reclamar otras posiciones. El problema es que en los Estados Unidos se siga creyendo que ese papel es real y esencial, un destino que los demás tendrán que aguantar. Ha dividido a los Estados Unidos y lo ha hecho con el mundo. Quizá por eso cada día el país esté más aislado y solo. Es la consecuencia clara de una política de aislamiento que empezó mucho antes del COVID19.



* "Axios’s Jonathan Swan is the latest interviewer to leave Trump grasping on TV" The Washington Post 5/08/2020  https://www.washingtonpost.com/media/2020/08/04/axios-jonathan-swan-president-trump-interview-hbo/?hpid=hp_lifestyle1-8-12_trump-veep554pm%3Ahomepage%2Fstory-ans

martes, 25 de diciembre de 2018

Cómo quitarse de encima un pésimo presidente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los ataques contra Donald Trump se suceden sin pausa. Es como si con el enfermo moribundo en su lecho, la gente se agolpara alrededor para discutir la forma de enterrarlo. Si ayer comentábamos el artículo que hablaba de la necesidad de sacarlo de la Casa Blanca sin pensar en las acciones de los militares, señalando que la función de los militares no era esa en la democracia americana, tras la salida del general James Mattis de la Secretaría de Defensa, hoy The New York Times le reservaba un día de Navidad poco navideño.
Esta vez el artículo del tres veces galardonado con el premio Pulitzer, el prestigioso Thomas L. Friedman, que manda un misil a la línea de flotación de Trump con el artículo titulado "Time for G.O.P. to Threaten to Fire Trump". Como puede observarse desde el mismo titular, la responsabilidad se le exige a los republicanos, que han sido quienes le ha puesto en la Casa Blanca. La tesis se está convirtiendo en corriente principal en la opinión: vosotros lo trajisteis, vosotros os lo lleváis. Se trata de dejarlo claro, no sea que los republicanos quieran que sean los demócratas quienes tengan que realizar el esfuerzo, responsabilizándolos después. No. Debe quedar claro que la salida de Trump no es una estrategia de partido, sino una cuestión de política nacional, de todos para evitar el desastre.


Al titular de ayer de Kori Shake, "The Generals Won’t Save Us", le sigue el de hoy, de Thomas L. Friedman, "Time for G.O.P. to Threaten to Fire Trump". Forman los dos parte de una frase dialógica, dos enunciados lanzados al espacio de la opinión. No les pidas a los militares lo que es obligación de los republicanos, los causantes del lío.
El artículo de Friedman no se anda por las ramas, Ya desde su mismo inicio expresa:

Up to now I have not favored removing President Trump from office. I felt strongly that it would be best for the country that he leave the way he came in, through the ballot box. But last week was a watershed moment for me, and I think for many Americans, including some Republicans.
It was the moment when you had to ask whether we really can survive two more years of Trump as president, whether this man and his demented behavior — which will get only worse as the Mueller investigation concludes — are going to destabilize our country, our markets, our key institutions and, by extension, the world. And therefore his removal from office now has to be on the table.
I believe that the only responsible choice for the Republican Party today is an intervention with the president that makes clear that if there is not a radical change in how he conducts himself — and I think that is unlikely — the party’s leadership will have no choice but to press for his resignation or join calls for his impeachment.
It has to start with Republicans, given both the numbers needed in the Senate and political reality. Removing this president has to be an act of national unity as much as possible — otherwise it will tear the country apart even more. I know that such an action is very difficult for today’s G.O.P., but the time is long past for it to rise to confront this crisis of American leadership.*


No se puede ser más claro.
¿Cómo se ha llegado a este extremo? ¿Cómo se ha llegado al punto en el que la democracia más poderosa del globo, la superpotencia mundial, etc. tenga que ponerse a discutir públicamente cómo deshacerse de su presidente, el presidente elegido en las urnas? No es sencillo, aunque explicaciones hay muchas y para todos los gustos.

Las últimas decisiones de Trump han cogido por sorpresa a todos, incluso a los afectados internacionales por ellas, como es el caso del anuncio unilateral de la retirada de tropas en Siria y Afganistán, caso especialmente grave.
En estos momentos, se ha producido lo que llaman el "cierre de la administración", es decir, muchos servicios quedan en el aire por la falta de presupuestos, un pulso que Trump, obsesionado con la construcción de un muro con México (¿su legado?) está dispuesto a mantener si no se realiza su voluntad. La bolsa se ha hundido tras sus críticas a la FED, considerándola, según sus palabras, el "único problema de la economía norteamericana". Es un alivio, porque hasta hace unos días, el gran mal de los Estados Unidos era la prensa. Ya tiene una nueva víctima de sus improperios.
La CIA le lleva la contraria en su defensa del príncipe Mohamed Bin Salman, al que apadrina y defiende sin pudor, pese a ser considerado el responsable del secuestro, asesinato y descuartizamiento de Jamal Khashoggi, el periodista saudí disidente secuestrado en el consulado turco.
Acaba de decir que hay países "ricos" que son protegidos por los Estados Unidos, ahorrándose el gasto en defensa. Es la vuelta a los viejos temas. Más de una vez se ha manifestado a favor de cobrar la "protección". Esto no sería tan grave si no fuera porque es él quien está garantizando con sus crisis la necesidad de defenderse de los países, como ha ocurrido con la crisis con Irán a cuenta del tratado nuclear o en la situación de Israel. Desde que Trump llegó al poder, el mundo es mucho más peligroso. No se ha solucionado nada y se han reabierto o creado nuevas crisis.
El artículo de Friedman no se priva de ningún tipo de crítica y habla directamente de la personalidad de Trump, de su ignorancia de la que derivan todas sus desastrosas acciones:

Trump’s behavior has become so erratic, his lying so persistent, his willingness to fulfill the basic functions of the presidency — like reading briefing books, consulting government experts before making major changes and appointing a competent staff — so absent, his readiness to accommodate Russia and spurn allies so disturbing and his obsession with himself and his ego over all other considerations so consistent, two more years of him in office could pose a real threat to our nation. Vice President Mike Pence could not possibly be worse.
The damage an out-of-control Trump can do goes well beyond our borders. America is the keystone of global stability. Our world is the way it is today — a place that, despite all its problems, still enjoys more peace and prosperity than at any time in history — because America is the way it is (or at least was). And that is a nation that at its best has always stood up for the universal values of freedom and human rights, has always paid extra to stabilize the global system from which we were the biggest beneficiary and has always nurtured and protected alliances with like-minded nations.*

Pero difícilmente se puede reconocer ese modelo americano en las acciones y actitudes de Donald Trump, empeñado desde el principio de su mandato en reunirse y abrazarse con los dictadores más cruentos del panorama mundial, mientras discutía con aquellos líderes de países democráticos (Macron, Trudeau, Merkel...) que trataban de hacerle ver lo que estaba provocando.


No se puede llegar a la cima de la política mundial y actuar como si se estuviera en una partida de Monopoly. Y es lo que ha hecho Trump, exhibir su ignorancia monumental como una especie de virtud frente a un mundo que no ha entendido jamás, desde sus atalayas de las torres Trump, los grills de sus campos de golf o las mesas con velas de sus restaurantes, hacia los que ha derivado sus negocios costando millones a los norteamericanos. Nada estaba bien; solo lo suyo.
En este panorama, el tono hacía su sustitución en la Casa Blanca (Mike Pence no puede ser peor, dice Friedman) crece y habrá que esperar la respuesta airada de Trump, que se resiste a entenderlo. Y es imposible que lo hagan.
Repetimos que el paso de Trump por la presidencia de los Estados Unidos ha de ser cuidadosamente analizado. Por complejo que sea, por doloroso que pueda resultar, es necesario comprender qué está ocurriendo en la política mundial para que este y otros fenómenos conectados se estén produciendo.
Eso que se ha dado en llamar el "populismo" forma parte del fenómeno. Hay que investigar las formas en que se está influyendo en la política de terceros mediante la financiación, infiltración de grupos, redes sociales, etc. Hay que tratar de reconducir la política hacia los ciudadanos y que estos no se sientan marginados o pisoteados por unas clases privilegiadas que controlan los resortes del poder y sometidas a intereses exteriores. Hay que acabar con el aventurerismo político que lleva a los partidos a personas sin más interés que el del poder, de hacer carrera en las administraciones.
Hay que recuperar el sentido de servicio de la política, actuar para la mayoría y fomentar la estabilidad social, algo esencial en un mundo interconectado. Es necesario dejar de lado la imagen y empezar a trabajar sobre los principios buscando la confianza perdida que arroja a las masas a manos de personas como Donald Trump. No es el único caso. Son peligrosos porque sus metas son muchas veces inconfesables.


No es fácil encontrar otro Trump, no. Pero es fácil encontrar personas capaces de hacerse con el poder desde los intereses y arrastrar a los pueblos con su demagogia. El conocimiento de la psicología, del funcionamiento social, etc. con el añadido de las tecnologías de las comunicaciones hacen mucho más fácil la demagogia. Y aumenta el peligro si el sistema da síntomas de debilidad y hace tiempo que los está dando. Con todo, el sistema democrático es más consistente que este aventurerismo populista que está arrastrando a los conflictos, disolviendo los acuerdos internacionales y proponiendo el uso de la fuerza como manera habitual de resolver los conflictos.
Recogen diversos medios norteamericanos la pregunta que Trump le ha hecho a un niño de siete años sobre si "todavía" cree en Santa Claus. Nos muestra el tipo de sentido común que Trump no tiene. Podría haberle preguntado si todavía creía en el presidente de los Estados Unidos. La respuesta del niño habría sido "no".


* Thomas L. Friedman "Time for G.O.P. to Threaten to Fire Trump" The New York Times 24/12/2018 https://www.nytimes.com/2018/12/24/opinion/impeach-fire-president-trump.html