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viernes, 2 de septiembre de 2022

La ira o los atentados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La suerte o como lo queramos llamar ha salvado la vida de la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández. Algo hizo que el arma, con cinco balas, no disparara ninguna cuando fue apuntada a escasos centímetros de la mandataria. Su agresor, según los primeros datos, es un brasileño de 35 años. No hay más por ahora. Solo las reacciones de rechazo de políticos argentinos y de todo el mundo ante el intento de asesinato.

Las noticias sobre la violencia en la política se multiplican en muchos lugares. El asesinato de Shinzo Abe, apuñalado en plena calle durante un mitin en Japón, ha sido el más reciente, pero lo cierto es que la violencia se extiende en estos tiempos y apunta hacia la clase política, cada vez más arriba y selectiva. Una oscura historia con una secta religiosa ha sido la explicación del asesinato de Abe.


Podemos analizar el fenómeno desde diferentes puntos, tanto por la crispación política, la polémica como base de la comunicación o la interacción, de la que hablábamos precisamente ayer, que sería considerar que la violencia verbal acaba degenerando en física y que los ataques de unos políticos a otros acaban tomando forma física, o considerarla como una efervescencia que sube desde la calle y busca los objetivos más altos con los que saciar su creciente ira.

Otros preferirán una tercera vía, que es la de la salud mental. Me llamó la atención que el primero mensaje que me llegó al teléfono sobre lo sucedido con Cristina Fernández, fuera de la Asociación Argentina de Salud Mental. Fueron los primeros en lamentarlo o, al menos, el primero que me llegó.

Como en todo fenómeno de gran complejidad, las explicaciones no tienen por qué ser iguales en cada caso y la aparición de noticias, aunque el factor imitativo, puede ser también un desencadenante, un ofrecer alternativas que la mente del "perturbado" aprovecha para adquirir notoriedad.

Sea por los motivos que se lo cierto es que hay un enorme estado de crispación política por todo el mundo. Diciendo "crispación" intentamos recoger, aunque sea de manera general, un estado alterado que tiene su objetivo fijado en los políticos, a los que hace responsables de los males que les aquejan.

No sé si a las sociedades "felices" se les ocurren estas cosas, pero sí parece claro que las profundas crisis que nos aquejan —del clima a la economía pasando por las guerras— nos pasan factura creando grandes tensiones que se liberan de muchas formas, pero que se redirigen ahora a ese "otro" al que se responsabiliza y que puede tener múltiples caras: individual (como los casos comentados de Abe y Fernández) o colectiva (los otros dentro del espectro político, los otros de la xenofobia, los otros de otras creencias, etc.)

No sabemos mucho de por qué un brasileño de 35 años intenta matar a Cristina Fernández o por qué alguien, como hace unos días, cose a puñaladas a Abe. Sí sabemos algo más, aunque no mucho, del otro apuñalamiento, el de Salman Rushdie, no hace muchos días. Rushdie no es un político, pero sí un objetivo político, pues no puede entenderse su caso como realmente una lucha religiosa, sino más bien como de una transformación de lo religioso en político mediante una fatwa.

Las crisis producen exasperación, angustia, enfrentamientos, inseguridades y, especialmente, ver a los demás como enemigos si la situación se prolonga mucho y, además, es manipulada para dirigir la ira contra personas. Por eso, creo que estos incidentes son una mezcla de todos ellos con diversas variantes que matizan cada caso.

Vivimos en tensión y eso afecta a nuestra toma de decisiones. Vivimos cercados por dificultades reales y amplificaciones mediáticas y políticas que cada día nos bombardean y estimulan con los conflictos reales, impactándonos se produzcan donde se produzcan, que al final es en nuestras propias mentes. Somos la salida final de la cloaca de violencia e ira que se va acumulando y que se rompe por los eslabones sociales más débiles. Hay que reducir la "violencia"

No se trata solo de los políticos. Donde la violencia estalla, lo hace de forma virulenta, irracional muchas veces, con motivos absurdos. Pero nadie quiere hablar; prefieren estallar en el patio de un colegio, en las calles en fiestas nocturnas, etc. Hay mucha ira contenida buscando un destinatario en quien desahogarse. Quizá primero empieza creciendo la ira y después se busca en quién desahogarla, un objetivo asequible.

Preocupa la violencia irracional, la que se desahoga a las primeras de cambio, un día tras otro y a la que parece que nos acostumbramos. Nos fijamos en la ira contra gente notoria, pero quizá es más peligrosa la que estalla simplemente una noche en mitad de unas fiestas, sin más explicaciones. Quizá estamos más enfermos de lo que pensamos y seguimos lanzando leña al fuego.


martes, 3 de febrero de 2015

El día de la conspiración

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer vimos en nuestro cinefórum la película El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate, John Frankenheimer 1962), basada en una novela de Richard Condon, un ejemplo de la paranoia de la Guerra Fría. Los aliados —la Unión Soviética y China— que habían luchado contra la Alemania nazi y Japón, se volvían peligrosos enemigos dispuestos a todo tipo de tramas conspiratorias para colocar a alguien en la Casa Blanca. La película se anticipaba a la "gran conspiración", el asesinato del presidente John F. Kennedy y pasaba a la sombra. El hecho de que alguien que había hecho visitas a Moscú cogiera un rifle y asesinara al presidente marcaría la década con teorías la conspiración. Los asesinatos de otro Kennedy, Robert, camino de la Casa Blanca y de Martin Luther King en la misma década no ayudarían a bajar el nivel de sospecha conspiratoria. En los setenta no hizo falta hacer películas conspiratorias (aunque la década está llena de ellas). El caso Watergate demostró que no había conspiraciones para llegar a la Casa Blanca, sino que se organizaban desde el Despacho Oval. Nixon salió dejando sus teorías conspiratorias y haciendo que Garganta Profunda, el confidente oculto, una sombra en un garaje, superara en popularidad a la propia Linda Lovelace, ¡paradojas de la vida!

La prensa de hoy creo que llega a la cumbre en lo que parece ser el Día de la Conspiración. Leo las noticias saltando de conspiración en conspiración. La conspiración se ha convertido en una "no explicación" que cada vez se permiten más personas, instituciones y países enteros. La llamo "no explicación" porque la mayoría de las veces es una suposición y muy pocas se aclaran. ¿Para qué, si se vive muy bien entre ellas? La conspiración, además, es el punto de confluencia perfecto entre los medios y los agentes sociales, pues permite especular a ambos. En el caso de los medios, ofrece titulares sugerentes, atractivos, chocantes e insinuadores, una auténtica bicoca informativa. Las interrogaciones y los "presunto" dan una libertad envidiable a la hora de insinuar y hay quien le saca extraordinario provecho.
Las del diario ABC superan hoy a todas los demás. Me encuentro con la primera casi inmediatamente: "El chavismo sitúa a ABC como promotor de una «invasión extranjera» en Venezuela"*. Es un maravilloso ejemplo de convergencia conspiratoria recíproca entre medios y políticos en la que el periódico da cuenta de una conspiración paranoica de la que es considerado su promotor. Informar de la paranoia conspiratoria provocada (presuntamente) por el propio medio debe ser el sueño de muchos y no está al alcance de cualquiera. Es concederle un gran poder a los medios; una vez aplastados los de dentro, ahora toca a los de fuera.


Las primeras imágenes que vi esta mañana son las de Jorge Capitanich, Jefe de Gabinete de la Casa Rosada, rompiendo públicamente ejemplares del diario Clarín en su conferencia de prensa (término que adquiere así una nueva dimensión), al que acusa de conspirar contra el gobierno. Como las acusaciones del diario Clarín contra el gobierno argentino son por la conspiración que llevó al fiscal Nisman a la muerte (¿crimen, suicidio, suicidio inducido?), que a su vez acusaba al gobierno de conspirar para la ocultación de la conspiración para el atentado contra el centro judío todo se convierte en una asfixiante espiral conspiratoria. ¿Lograrán salir de este laberinto? ¿Tienen algún interés en hacerlo? No se vive mal en las conspiraciones si todos tienen el derecho a construir sus propias conspiraciones. Esto no ocurre en todas partes. Hay lugares en los que se dan las teorías conspiratorios de forma unilateral y solo algunos tienen derecho a formularlas. Es totalitarismo conspiratorio.
La noticia de ABC en su conspiración contra Venezuela no tiene desperdicio:

La canciller aseguró que desde el mes de enero se ha desarrollado una campaña mediática que busca afectar a las instituciones del Estado y a sus funcionarios para «convertir a Venezuela en un Estado fallido que propicie la invasión extranjera».
Según Rodríguez esta es una campaña mediática internacional que se ha desarrollado a través de «dos grandes áreas específicamente: Venezuela como un estado violador de los derechos humanos, y el narcoestado».
«Por eso las graves acusaciones que un medio de comunicación, (...) digamos cónsono con centros de poder económico y políticos imperiales, desata contra autoridades de nuestro país», dijo la funcionaria venezolana.
Según Rodríguez, "todas las guerras imperiales han estado precedidas por una campaña mediática similar a esta (...) sembradas de falsos positivos, campañas mediáticas sembradas de mentira que buscan presentar al mundo la justificación de una intervención".
Los señalamientos de la canciller venezolana responden a la información publicada hace una semana en este periódico, que asegura que el presidente del Parlamento de Venezuela, el oficialista Diosdado Cabello, mantiene lazos con un cartel del narcotráfico.*


Al lado de todo esto, The Manchurian Candidate, que vi ayer me parece casi La casa de la pradera. La insistencia en que Venezuela va a ser invadida no solo es de Venezuela. Hay gobiernos de medio mundo que advierten que alguien les va a invadir o les van a ocupar para dividirlos, etc. No sé si últimamente hay lista de espera para ser invadido, pero debería haberla si todas las conspiraciones se confirmaran.


Otra teoría conspiratoria de la que se hacen eco todos los medios, aparece lógicamente en ABC. El juicio por proxenetismo contra Dominique Strauss-Kahn vuelve a sacar al aire la teoría conspiratoria para apartarle del Palacio del Elíseo. Todo habría sido una conspiración digna de LeCarré para eliminar al socialista libidinoso que sería sustituido por otro mujeriego socialista, François Hollande. Aquí las conspiraciones pueden ser generosas porque permiten pensar que el conspirador fue Nicolas Sarkozy, su rival externo, o François Hollande, su rival interno en el partido, que finalmente fue el favorecido. ABC nos recuerda:

El juicio que acaba de comenzar en Lille, sobre su presunta participación en una red de prostitución, ha vuelto a traer a primera línea los escándalos sexuales que han salpicado la vida de Strauss-Kahn en los últimos años.
El caso de ahora comenzó a investigarse en 2011, a través de una denuncia anónima, y coincidió con la acusación de una presunta violación de una empleada del Sofitel de Nueva York. Acusación que le obligó a dimitir de su cargo como director del FMI y a su candidatura a la primaria socialista de 2011 para las Elecciones presidenciales de Francia de 2012. Hay quienes quisieron ver en estas acusaciones una conspiración para apartarlo de la carrera presidencial francesa, en la que podía estar detrás Sarkozy.**


El detalle de la "denuncia anónima" es crucial para una buena conspiración y debe encabezar un párrafo para que lo que se lea después sea entendido de forma conspiratoria. Ese "coincidió" ya no es lo mismo. Por lo mismo, ese "hay quienes quisieron ver" es inducción a la conspiración, el final lógico del párrafo. ¿Y quién no iba a ver una conspiración con denunciantes anónimos, coincidencias y obligaciones de dimisión?

Pero en el caso DSK (¿suena más conspiratorio así?), el diario El País le gana al ABC. Su titular "La sombra de la conspiración política sobrevuela el juicio a DSK"*** es todo lo conspiratorio que se puede esperar de un titular. El caso tiene todos los ingredientes para una conspiración tópica a la francesa, con mucha cama e infidelidades, con brutalidad camera incluida: 50 sombras de Dominique. Los reporteros avisaban ayer que saldrían a la luz confidencias de los excesos del político francés reducido a porno duro. Tenemos más conspiraciones que llevarnos a la vista mientras dure el juicio, con la defensa denunciando maquinaciones, pero mientras fuera el señor Strauss-Kahn quien bajara voluntariamente la cremallera de su bragueta, lo demás son especulaciones. "¿Por qué los escándalos sexuales persiguen a Dominique Strauss-Kahn?", se pregunta el titular del ABC. Pues ¡vaya usted a saber!, pero para enterarnos del sinfín de posibilidades, reales o conspiradoras, devoramos los periódicos.
Otra noticia de ABC nos resulta llamativa. Lo hace con el titular "Cristina de Kirchner, la «conspiranóica»"****, que ya es rizar el rizo. El periódico ha recogido la opinión de expertos para llegar a la siguiente conclusión: "La presidenta argentina denuncia dos conspiraciones contra ella cada año; lleva cerca de veinte en su mandato". Y las matemáticas no mienten, que se suele decir. Cojan la calculadora y comprueben. Si son ciertas confirmarían que la conspiración es ya un estilo de gobierno. No eres nadie si no conspiran contra ti. Los electores aman a las personas contra las que se conspira. ¿Hay mejor síntoma que el hecho de que se muevan en la sombra —a veces no tanto— contra ti?
ABC señala:

Inicialmente había intentado zanjar el problema con un par de cartas en Facebook (la última con link a su blog). En ambas, aunque el muerto era el fiscal, adoptaba el papel de víctima, defendía la teoría de la conspiración en su contra, hablaba de desestabilización, denunciaba la connivencia de espías, jueces, medios de comunicación y empresarios, y despreciaba al fiscal que permanecía en la morgue. Hasta se atrevió a identificar a Diego Lagomarsino, el técnico en informática que trabajaba con Nisman y le prestó la pistola, como un agente, posible asesino y amante («relación íntima») de su jefe. Se comportó como «una Agatha Christie de las Pampas», resumió José Vales, autor de «Ricardo Cavallo, genocidio y corrupción en América Latina».
«La presidenta denuncia una conspiración al menos dos veces al año. En lo que va de gobierno debe llevar cerca de veinte», estiman los analistas locales. Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Nueva Mayoría, añade: «No se puede actuar de comentarista frente a una situación de tal gravedad». Dicho esto, considera que la reacción de la presidenta —que finalmente anunció la disolución de los servicios de inteligencia por otros renovados— es fiel a su estilo: «Redoblar la apuesta y hacer del problema una forma de retomar la iniciativa política».****


Bueno, es una forma de expresarlo. Lo de «una Agatha Christie de las Pampas», viniendo de un experto, tiene que molestar. Que la vida de los estados y los gobiernos haya quedado en este uso y abuso de la conspiración, donde todos son confidentes, sombras, sospechas, intereses, etc. no deja de ser triste, aunque la tristeza sea un sentimiento que nos acompaña en la Historia. El espectáculo de los gobernantes rompiendo periódicos, ya sea porque no les gusten o porque no crean lo que la prensa cuenta, no deja de ser triste por lo que suponen de deterioro de la vida pública. Correa lo empezó y ahora otros imitan el gesto.

Llenar el mundo de conspiraciones es la forma de no entender nada, aunque parezca que se explica todo. Todo queda en el aire. Es malo que los políticos se instauren en un mundo conspiratorio para defender sus malas gestiones, sus errores o sus delitos cuando son denunciados. Tampoco es bueno que los medios vivan de conspiraciones no probadas porque erosiona su credibilidad. El buen periodismo aclara, no insinúa. Es mejor explicar claramente que construir confusas y complejas interpretaciones llenas de "presuntos" y "supuestamente".
Lo peligroso es si nos acostumbramos a que todo haya que presentarlo como conspiración porque si no nos "aburre" o no tiene garra. Parece que la realidad ya no es interesante y que todo debe envolverse en misteriosEl último misterio que ABC plantea son las obras de la cafetería de nuestra facultad y que titula "Misterioso hundimiento de la cafetería de Ciencias de la Información". No hay ningún "misterio", es la segunda vez que ocurre porque pasa un arroyo por debajo de la universidad, justo por nuestro edificio. El artículo lo explica con detalle pues ha ido a las fuentes adecuadas a preguntar y le han contestado, pero ¿a quién le importa que el suelo de una zona de un edificio se hunda unos centímetros si se sabe por qué ocurre? Es mejor comenzar con un "misterioso" que nos asegura que los buscadores de emociones seguirán leyendo aunque al final el misterio se desvanezca porque no hay tal. Pero es una muy mala práctica periodística. Espero que el "misterio" no degenere en "conspiración" y no tengamos que acusar a nadie de este problema.
El exceso de teorías sobre conspiraciones perjudica a la política, a los medios y a los ciudadanos, que se acostumbran a un mundo espectáculo en el que nada es lo que parece y para todo hay que descender varios círculos infernales para entenderlo.



* "El chavismo sitúa a ABC como promotor de una «invasión extranjera» en Venezuela" ABC  3/02/2015 http://www.abc.es/internacional/20150202/abci-invasion-venezuela-201502022239.html
** "Por qué los escándalos sexuales persiguen a Dominique Strauss-Kahn?" ABC 03/02/2014 http://www.abc.es/internacional/20150203/abci-escandalos-sexuales-persiguen-strauss-201502021138.html
*** "La sombra de la conspiración política sobrevuela el juicio a DSK"
El País 02/02/2015 http://internacional.elpais.com/internacional/2015/02/02/actualidad/1422897033_180430.html

**** "Cristina de Kirchner, la «conspiranóica»" ABC 3/02/2015 http://www.abc.es/internacional/20150203/abci-argentina-cristina-fernandez-kirchner-conspiranoica-caso-nisman-201501311917.html



martes, 15 de mayo de 2012

Figuras y figurantes o la cuadratura de la rueda (de prensa)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si ayer nos llamaba la atención cómo la canciller Angela Merkel se había reunido a puerta cerrada con los medios en una especie de conferencia de prensa confidencial —es decir, para contar cosas que no se pueden contar—, nos llama hoy la atención la actitud de la presidenta argentina, Cristina Fernández, que se apunta directamente al discurso sin preguntas, que es como convertir a la prensa en figurante mientras que ellos, los políticos en el poder, se convierten en figuras que se dirigen a las cámaras y no a las personas que las llevan. Convertidos en figurantes, en ocupantes de un decorado aparentemente democrático en el que se representa una obra absolutista, los periodistas se limitan a ser carne de plano, el justificante gráfico de que Cristina Fernández —o cualquier otro que practique el anticonceptivo de ideas— estuvo allí.
El problema no es exclusivo de Argentina y en España ha habido ya varios plantes en todo tipo de ruedas de prensa en las que políticos o cualquiera que se siente frente a un micrófono desarrolla su vocación comunicativa en detrimento de los periodistas y, evidentemente, de sus públicos. El problema empieza a ser grave y así lo han denunciado las asociaciones de la prensa. En 2011, la Asamblea anual de la Federación Europea de Periodistas (FEP) aprobó por unanimidad una moción presentada por la FAPE española contra las ruedas de prensa sin preguntas, dando lugar a al manifiesto #sinpreguntasnocobertura. [VER ANEXO]


El País recoge el vídeo del programa del periodista argentino Jorge Lanata.* Hartos de que Cristina Fernández no conteste preguntas, desprecie a la prensa y les humille ante las cámaras —un claro abuso de poder, además de un mal gusto y estilo—, Lanata se ha dirigido a los presentes en el plató de su programa y a los telespectadores en sus casas para denunciar la situación informativa que implica que no se puedan hacer preguntas. Nos cuenta las únicas cinco ruedas de prensa de la presidenta y nos muestra sus palabras y actitudes en ellas.
“Siento que a nosotros nos interrogan; y siento que a los opositores los escuchan. Tengo esa sensación siempre”, decía Cristina Fernández en una de las conferencias de prensa que aparecen en el programa. En esas comparecencias, la presidenta argentina ha aprovechado para recriminar públicamente a los periodistas que le dirigían las odiadas preguntas. “Usted hace el artículo y yo pongo algo en el medio”, le dice al periodista del diario  La Nación (febrero de 2010). En otras ocasiones aprovecha la presencia del periodista en la rueda para descalificar al medio, al que acusa de tener un “plan”.
Transcurridos siete minutos de su intervención, el plató se llena de un grito: “¡Queremos preguntar!”. Los que gritan son decenas de periodistas situados tras la cortina del decorado que se retira para mostrarlos en su reivindicación, pancartas en mano.


Lanata explica que hay periodistas de todos los medios, menos los oficialistas que han declinado su invitación. Y cerrando la larga abstinencia en las preguntas, hacen la rueda de prensa imaginaria que les hubiera gustado tener con su presidenta, la de todos los argentinos con derecho a saber. Una tras otra van cayendo las preguntas comprometidas sobre sus actuaciones, aquello sobre lo que está prohibido preguntar, las cuestiones que quedan en el aire cuando el conferenciante abandona la sala ante la desesperación de los periodistas asistentes.

Una rueda de prensa sin preguntas no es una “rueda”; es la cuadratura del círculo. Podremos llamarlo como queramos, pero no lo es. A medida que la democracia ha ido desarrollándose en las sociedades mediáticas, la política ha ido tomando caminos perversos en su deseo de control de la opinión. Si los economistas solo piensan en términos de “mercados”, los políticos solo lo hacen ya en términos de “audiencias”. La batalla política se da a través de los medios y los propios partidos se han convertido ya en medios especializados cuya función es la promoción del líder —el cuidado de su imagen personal, la creación de marca, su agenda temática, etc.— y la justificación de las acciones ante la opinión pública. La prensa es una herramienta, en su mentalidad, favorable o no.

La fobia y desprecio a las preguntas tiene su explicación. El discurso oficial es siempre el de la inevitabilidad: hacen lo que hacen porque no tienen otro remedio ni hay más opciones. Ese es el discurso que todos los gobiernos del mundo han convertido en su tema principal. La simple aparición de una pregunta que transmita a la opinión pública la necesidad de que se justifique lo inevitable es un acto subversivo que descoloca el orden natural: los gobiernos gestionan el destino. La pregunta cuestiona lo inevitable del destino.

La distinción que hace Cristina Fernández señalando que parece que les interrogan mientas que a los opositores se les escucha, es absolutamente cierta y natural. El gobierno actúa, la oposición habla. Lo que no se puede hacer es actuar como gobierno y hablar como oposición. Y viceversa. La responsabilidad e irresponsabilidad de la oposición es de un orden diferente a la de los gobiernos. La alternativa de un sistema democrático no debe oscilar entre la demagogia de los irresponsables y el silencio de los responsables. El desprecio a la prensa que pregunta es el aprecio de la prensa sumisa, la que no hace preguntas y recibe gustosa lo que de antemano ya sabe. Favores podrá recibir siempre.
La rueda de prensa de un gobierno no sustituye a las sesiones de control parlamentario, que muchas veces adolecen de los mismos males. Las preguntas de los afines no son verdaderas preguntas y ante las cuestiones de la oposición no se dan verdaderas respuestas. Las preguntas propias se aprovechan para decir lo bien que se hace y las ajenas para el rifirrafe. A la mayor parte de las preguntas no se le da una respuesta coherente, solo reproches.

Acto de la Asociación de la Prensa de Madrid reivindicando el papel del periodismo en la democracia

Los gobiernos que no tienen nada que ocultar, que no tienen cadáveres en los armarios, ni cuentas en las Caimán, ni parientes bien colocados, ni contradicciones argumentativas, ni camuflan las cifras, ni un enriquecimiento personal raro, etc., no tienen porqué temer las preguntas de una rueda de prensa. Cuanto más inseguro es un gobierno, menos preguntas; cuanto más ineficaz, menos preguntas. Los políticos se ganan el aprecio y respeto de los medios y de la ciudadanía siendo sinceros.
Las preguntas de la Prensa son las que deben conocer los ciudadanos para que un país no se convierta en monológico. El simple hecho de poder ser preguntado ya es un límite del poder. “Queremos preguntarle al poder las cosas que hace; es simplemente eso, preguntar”, dice Jorge Lanata como resumen de las preguntas de todo tipo que los periodistas llevan años sin poder hacer y que han ido realizando, una a una, ahora ante las cámaras.


El desprecio público que ciertos gobiernos manifiestan por la prensa, algo que ha ido creciendo especialmente en América Latina —Argentina, Venezuela, Ecuador…—, es un flaco servicio a la democracia porque el papel de la prensa es esencial. Por eso es importante también que la prensa dé muestras de responsabilidad y se aleje del juego de las dependencias políticas porque solo de esa manera será apoyada por los ciudadanos en su reivindicación de poder hacer preguntas al poder. La independencia es la mejor garantía. La ciudadanía desea poder confiar en los medios porque son ellos los que pueden realizar las preguntas que les gustaría poder realizar a las personas que eligieron.

Nadie elige a los periodistas, es cierto. Pero no por ello su papel deja de ser esencial. Sus armas no son los votos, sino la honestidad y el deseo de servicio a la sociedad. Convertir a los periodistas en convidados de piedra, en figurantes obligados en algo que no puede ser llamado rueda de prensa, no es una anécdota, sino un mal síntoma de salud democrática. Convertirlos en títeres de terceros tampoco es bueno para el sistema ni para la profesión. La prensa no está para llevarse mal o bien con el poder; está para informar de lo que hacen bien o mal. Y para eso es necesario preguntar.

* Francisco Peregil: "#QueremosPreguntá, presidenta". El Sur Blog El País 14/05/2012 http://blogs.elpais.com/el-sur/2012/05/queremospreguntar-hombre.html


ANEXO:
"Como consecuencia de la campaña de la profesión periodística contra la práctica de numerosos políticos y personalidades públicas de convocar ruedas de prensa en las que no se admiten preguntas, la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) proponen las siguientes medidas:

1.- No se puede llamar conferencia de prensa al acto informativo que no incluya turno de preguntas. No se puede convocar con el formato “rueda de prensa” lo que, en realidad, no lo es.
2.- Sin la posibilidad de preguntar, el formato es de “declaración”, y esta circunstancia debe advertirse previamente para que los periodistas valoren atenderlo o no.
3.- Ante este tipo de prácticas, los periodistas deben hacer constar en sus informaciones en lugar preferente el formato y las circunstancias de cada caso, y colocar en icono identificativo de #sinpreguntasnocobertura. También las preguntas que hubieran querido formular y no les fueron admitidas.
4.- El periodista puede advertir en su información, como dato relevante para el ciudadano, que el personaje de la información no suele admitir preguntas, cuando así sea, y colocar el icono identificativo de #sinpreguntasnocobertura.
5.- Los tiempos dedicados a preguntas deben ser suficientes, en ningún caso discriminatorios. La información mejora cuando existe posibilidad de repreguntar.
6.- El seguimiento del hábito de no admitir preguntas por parte de algunos personajes públicos puede permitir crear una lista pública de resistentes y enemigos de responder.
7.- Las notas de prensa y las imágenes facilitadas por la fuente de la información deben llegar a los ciudadanos con precisión de data, procedencia y contexto. No debe pasar como propio lo que sea material de la fuente."

Fuente: julio 2011 http://www.topcomunicacion.com/noticia/1190/ruedas-de-prensa-sin-preguntas-recomendaciones-para-periodistas