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miércoles, 13 de septiembre de 2023

Las paradojas del niqab y la abaya

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Resulta curioso ver la coincidencia en este comienzo de curso de una noticia que se da en dos escenarios distintos con formas similares. Me refiero a la noticia de la prohibición del niqab o velo integral, el que cubre el rostro en Egipto y en Francia de la abaya en las escuelas al considerarlo una prenda religiosa y definir las escuelas como un espacio de laicidad en el que no se debe identificar la religión, ya que se considera "proselitismo".

Que esto se torne problemático en estos dos países nos puede ayudar a entender cómo un mismo hecho, sin embargo, se percibe de forma diferente aunque con las mismas consecuencias.

No hace muchos días recibíamos la noticia de la prohibición en las escuelas francesas, algo que había causado cierta controversia y rechazo en la comunidad musulmana en Francia, que se estima en un 10% de la población. En el diario El Mundo se recoge una noticia con el siguiente titular: "Francia prohíbe la abaya islámica en las escuelas: "No es el lugar para hacer proselitismo religioso"". Allí se explica:

Francia arranca el curso escolar con polémica. El Gobierno va a prohibir las abayas (túnicas amplias que cubren el cuerpo de las mujeres propias de los países musulmanes) en las escuelas públicas. El Gobierno considera que estas prendas que ocultan el cuerpo de la mujer de la cabeza a los pies son, como el burka o el velo islámico, un vestido de identificación religioso y por eso no las permitirá en los centros escolares, al considerar que violan el principio de laicidad del Estado galo. 

Es una de las primeras medidas anunciadas por el nuevo ministro de Educación, Gabriel Attal, que asumió el cargo en julio tras la remodelación del Gobierno que hizo el presidente, Emmanuel Macron. En el último año ha crecido el uso de este tipo de prenda, que el Consejo Musulmán de Francia no considera como religiosa. 

Francia se rige por el principio de la laicidad, pero un país con una gran diversidad religiosa. Según cifras del Insee, el instituto de estadística galo, el 10% de la población es musulmana. El uso de prendas religiosas por parte de los alumnos en los centros educativos siempre ha sido muy polémico.*

 

La ONU condenó en 2018 la prohibición francesa del uso de velos que cubrieran la cara en espacios públicos. Consideró que se atentaba contra la libertad de religión. Los franceses consideran el "laicismo" como un valor propio y cualquier tipo de vestimenta que identifique la pertenencia a un grupo religioso se considera una forma de propaganda religiosa que atenta contra ese valor. La ocultación del rostro se consideraba precisamente una forma religiosa, además del problema de la identificación pública de las personas.

En la propia web de Naciones Unidas se recogía esta recriminación a Francia por, se decía, no estar clara esa identificación que se daba por supuesta entre vestimenta y religión. Allí se señalaba lo siguiente: 

El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha determinado este martes en dos resoluciones  que Francia violó las garantías fundamentales de dos mujeres al multarlas por llevar el niqab, el velo islámico que cubre el cuerpo entero y sólo deja al descubierto los ojos. 

En 2012 dos mujeres francesas fueron procesadas y condenadas por vestir “prendas destinadas a ocultar sus rostros en público” en virtud de una ley adoptada en el país en 2010.

Según un comunicado emitido por la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, la ley francesa señala que "nadie puede usar” una prenda de vestir destinada a ocultar la cara en un espacio público.

La norma busca prohibir el uso público del velo islámico completo, que cubre toda la cara, dejando sólo una abertura estrecha para los ojos.  

El Comité considera que la prohibición de llevar el niqab en público “menoscababa desproporcionadamente el derecho de los peticionarios a manifestar sus creencias religiosas”, y que Francia no ha explicado adecuadamente por qué es necesario prohibir esa vestimenta.

En concreto, al Comité no le convence la aseveración francesa de que” la prohibición de cubrirse la cara es necesaria y proporcionada desde el punto de vista de la seguridad, o con el objetivo de "vivir juntos en sociedad”.

Sin embargo, los expertos del Comité reconocen que los Estados pueden exigir que las personas muestren sus rostros en circunstancias específicas con fines de identificación. Lo que ocurre es que una prohibición general del niqab era demasiado amplia para este fin.

Asimismo, concluyen que la prohibición podría tener el efecto contrario: confinar a las mujeres en sus hogares, impedirles el acceso a los servicios públicos y marginarlas, en lugar de protegerlas.**

 

La diferencia entre la identificación y la ocultación del rostro es evidente por más que nos lleven ambas a una fórmula religiosa. El argumento de que la prohibición de que la mujer tape su rostro en público puede tener como consecuencia su encierro evitando que salga a la calle descubierta no es desdeñable, pero sí problemático. Se prohíbe que la mujer oculte su rostro, pero no se ve la forma de prohibir que sean encerradas y no puedan salir a la calle. ¿No es paradójico esto? ¿Prohibiendo el rostro cubierto se responsabiliza a la mujer por ello, pero parece que esta especie de secuestro que la condena a no salir tiene menos gravedad, algo que evidentemente no es cierto.

Esta vez no se trata del rostro cubierto sino del mero hecho de ir con una prenda que el gobierno francés considera "religiosa", mientras que la comunidad musulmana lo considera como "no religiosa". La cuestión es compleja, como ya se vio con algo más evidente como es el velo integral.

Ya sea por ocultar el rostro o sea por mostrar la vestimenta musulmana o árabe, por distinguir lo religioso de lo social, en algo que las fuerzas islámicas se empeñan en hacer indistinguible. Como hemos visto en otras ocasiones, el empeño es señalar la "naturalidad" de lo religioso buscando que en unas ocasiones se considere "cultural" y en otras "religioso" porque no existe distinción real desde el momento en que se fuerza lo religioso y se identifica con una cultura obligada.

Por eso es interesante que sea ahora Egipto el que prohíba los velos integrales, el niqab, en los espacios públicos, cuando precisamente las Naciones Unidas condenaron a Francia en 2018 por lo mismo, como hemos visto.

La noticia la leemos hoy mismo (12 de septiembre) en Egyptian Streets, con el titular "Egyptian Ministry of Education Bans Niqabs in Schools": 

Students will no longer be allowed to wear the niqab at school in Egypt, according to a new prohibition put in place by the Egyptian Ministry of Education on 11 September.

Head coverings in schools will also become optional. While they may be worn at the discretion of the student, their choice of covering may not obscure their face.

Regardless of their choice, the students’ guardian must be aware of and consent to the hair covering.

As such, students wearing the niqab or any other article of clothing that violates the new prohibitions will not be allowed to enter the school.

Egypt has a decades-long history with regard to allowing the niqab in educational institutions, especially in universities. While it has been a topic of controversy in the past, the recent prohibition has not caused as much uproar at this time.

These decisions regarding the niqab and hair coverings were reported by several local media publications as part of a list of prohibitions for the coming school year, scheduled to begin on 30 September. The rules apply to both public and private schools in the country.

Other reported preparations taken in advance of the 2023/2024 academic year include: banning smoking in schools, prohibiting kindergarteners from being assigned homework, and banning camera phones for students and teachers.*** 

Es evidente que el mismo hecho tienen unas connotaciones distintas en Francia y en Egipto, que su función es diferente, aunque el hecho sea similar, la prohibición del niqab o de la abaya. Lo que es búsqueda de la laicidad en Francia, en Egipto tiene un sentido diferente. El régimen de Al-Sisi no busca una forma más laica y probablemente sean motivos de seguridad o de frenar le probablemente crecimiento en las escuelas del movimiento islamista en cualquiera de sus vertiente. De esta forma, la mujer pasa a estar en el centro del conflicto entre unos y otros. Esta guerra es de gestos, como lo ha sido en muchas otras ocasiones. Quizá la difícil situación económica está impulsando de nuevo el crecimiento islamista, algo que al gobierno de al-Sisi no le gusta nada.

En cualquier caso, la situación, desde un punto de vista comparado, es interesante y sería bueno vigilar su evolución por lo que pueda significar en cada uno de los escenarios. Francia apunta hacia la imposición del uniforme, que sería la forma de igualar a todos y evitar la manifestación de lo religioso en el aula. Todo empieza en el aula; allí se siembran las semillas en diversos sentidos. Lo cierto es que hay una guerra que continúa en lo simbólico... o quizá empieza.

* Raquel Villaécija (París) "Francia prohíbe la abaya islámica en las escuelas: "No es el lugar para hacer proselitismo religioso"" El Mundo 28/08/2023 https://www.elmundo.es/internacional/2023/08/28/64ec4d74e9cf4ac3758b4581.html

** "La prohibición de vestir el velo integral en Francia viola la libertad de religión" Naciones Unidas - Noticias ONU 23/10/2018 https://news.un.org/es/story/2018/10/1444152

*** Heidi Aref "Egyptian Ministry of Education Bans Niqabs in Schools" Egyptian Streets 12/09/2023  https://egyptianstreets.com/2023/09/12/egyptian-ministry-of-education-bans-niqabs-in-schools/

viernes, 31 de enero de 2020

Leer en el aire o hablar entre culturas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La BBC publica un artículo titulado "How 'reading the air' keeps Japan running", firmado por Bryan Lufkin. El texto lleva la siguiente entradilla «In "high-context" countries where communication is indirect and messages are inferred - like Japan - situational awareness is king» lo que no sitúa de lleno en la cuestión de la conciencia situacional, algo que se considera esencial en Japón y otros país, pero que brilla por su ausencia en países como el nuestro, que presumimos de ser muy directos.
La idea de "conciencia situacional" (situational awaraness) es un concepto esencial en estos tiempos globalizados en los que vivimos en contacto personas de diferentes culturas que tienen estilos comunicativos muy diferentes y que pueden crear conflictos.
La idea de la conciencia situacional, desde el punto de vista comunicativo, implica que nuestra comunicación está dirigida no tanto por lo que escuchamos directamente (lo que se nos dice), sino que debemos leer las señales que se nos envían de forma indirecta para hacernos llegar el verdadero "mensaje", que es al que debemos responder.
Al contrario de lo que se nos suele decir cuando se aprende otro idioma, muchas veces lo que nos dicen debe ser reinterpretado por una serie de elementos que conforman la "situación comunicativa". La expresión que se utiliza es "leer en el aire", lo que implica conocer algo más que el idioma, pues son esas reglas las que determinan la corrección comunicativa.

Knowing the unspoken rules governing social life requires comprehensive understanding of your environment, whatever the setting. It’s a skill that’s valuable anywhere in the world – but in Japan, where communication tends to be indirect, it is elevated to another level. Reading the air – kuuki o yomu in Japanese – is a constant exercise, and misreading the air can blow business deals or ruin relationships.
In Japan, kuuki o yomu is grappled with in everything from facial recognition technology to video games, showing how ingrained it is in daily life.*


Hablar es hacer algo más que nos entiendan. Es entender a los otros. La asimetría en este sentido dice mucho de la forma de ser y de la importancia que se le concede a los otros. Las personas egocéntricas están más interesadas en ser entendidas que en entender a los demás. Son sus reglas. Las de los demás importan poco.
Desde hace unas décadas, los estudios de la lengua se extienden más allá de la gramática y de la semántica hacia la tercera zona, la pragmática, en la que se estudia el acto comunicativo como un "momento" en el que se crea una relación entre personas. No es algo abstracto, sino concreto en el que se estudian las variables reales, sociales, personales del momento y la situación. Dentro de estos estudios se ha ido produciendo los de la llamada "cortesía verbal", que suponen las reglas que rigen la situación. No hablan igual, por ejemplo, un padre con su hijo que un hijo con su padre, un jefe con un subordinado que un subordinado con su jefe. La pragmática estudia el acto comunicativo real y da cuenta de las diferencias; los elementos de cortesía son reglas que rigen en ese momento y cuya transgresión implica problemas de distinto orden.
En el acto comunicativo, las palabras son solo una parte. Están acompañadas por expresiones, gestos, tonalidades, posiciones, movimientos, silencios, etc.


Japón es el paraíso del estudio de la comunicación, como descubrió el semiólogo Roland Barthes. ¡Todo estaba codificado! Las normas son esenciales para poder expresarse y que le entiendan y, de igual forma, se debe aprender a leer en el aire, es decir, a interpretar todos los elementos, más allá de las palabras, que integran la comunicación.
Hay determinadas culturas que son más indirectas, es decir, que no expresan directamente las cosas porque lo consideran de mala educación, una falta de tacto. Esperan que tú, si eres de fuera, lo comprendas como lo comprenden los propios nativos, los inmersos en esas normas. Incluso para la mayoría de los países asiáticos, Japón resulta en muchas cosas excesivo.
La llegada a España de ciudadanos orientales de distintos países, fundamentalmente ciudadanos chinos, supone en ocasiones un reto comunicativo. Los malentendidos son frecuentes. Los españoles somos demasiado directos, lo que nos hace parecer maleducados. Pretendemos ser más amables siendo directos y confianzudos, más coloquiales, lo que no fomenta la comunicación, sino que abruma al otro. Nos resulta difícil comprender esa distancia y esas revueltas que es necesario dar para captar lo que se nos quiere decir. En ocasiones interpretamos mal sus silencios porque esperamos expresividad. Pensamos que no han entendido y lo han hecho perfectamente.

Recuerdo que hace unos años una brillante alumna china dirigió el discurso en nombre de los alumnos en el acto de clausura del curso. Explicó con claridad que muchas veces el profesor esperaba que los alumnos chinos se comportaran como si fueran españoles, participando mucho en clase, levantando la mano y preguntando. Su costumbre no era esa; consideraban de mala educación interrumpir la clase de todos por una duda propia, que reservaban para las tutorías. Es solo un ejemplo entre muchos otros que muestran la necesidad de comprender que la comunicación es un acto complejo y asimétrico.
Los españoles somos cada vez más directos, lo que tampoco es bueno, porque muchas veces implica que nos importa poco el otro, al que usamos para sacar información o para que la reciba, perdiendo los más elementales juegos de cortesía.
Si Japón está en un extremo, creo que nosotros nos estamos colocando entre uno de los países más maleducados. El espectáculo que percibimos en la comunicación pública así lo muestra. Es el peor ejemplo que podemos tener. Hemos confundido (viene de décadas) la mala educación con el igualitarismo, que es otra cosa. Reivindicamos el derecho a ser maleducados antes que otros más importantes. Y esto va creciendo ante el espectáculo audiovisual y las redes sociales que se han convertido en la escuela de la grosería y del insulto, del egocentrismo narcisista, que a algunos tanto les divierte.


Frente a la cortesía verbal y al modo indirecto, los españoles elaboramos la teoría de que quien no quiera escuchar que se vaya y seguimos con este tipo de prácticas. Las personas que tienen algún poder sobre otros se sienten libres de la cortesía, para eso son los jefes; lejos queda el nobleza obliga, aunque sea en versión laboral.
No es solo una cuestión de respetarnos unos a otros. Desde el plano social, el juego de la cortesía implica muchas habilidades personales, más allá de las verbales. Leer en el aire es sobre todo un ejercicio de percepción afinada. Ser capaces de entender no solo lo que se nos dice sino lo que se quiere decir es de enorme importancia social y personal. Ver personas, con sus características y diversidad, implica que yo debería poseer un repertorio rico de formas de comunicarme, que es algo más que ver el mundo desde mi centro, sino tratar de ponerse en el lugar del otro y verlo de forma integral.

La cultura japonesa es de códigos, la nuestra de ruptura. Sin embargo, la convivencia no puede ser una multiplicidad de individualidades en mera competición de ingenio, lanzado al otro los huesos de nuestros mensajes. Comunicarse es un arte complejo del que la lengua es una parte importante, un instrumento que puede ser tocado, como un instrumento, para sacarle muchas tonalidades y efectos. Los que hablan a todos de la misma manera es que carecen de esta habilidad. No es "personalidad" fuerte, sino incompetencia comunicativa. De esto hay mucho.
En estos tiempos de intercambios viajeros, de estancias fuera de casa y de recepción de personas de culturas muy diferentes, es bueno comprender que no todos funcionamos culturalmente de la misma manera. Es bueno comprender que los otros no son "raros" sino que tiene formas distintas de comunicarse. La comunicación, en estos casos, busca un punto de equilibrio entre ambas formas, un espacio en el que comprenderse que es lo que se busca finalmente. No es fácil de logra, pero sí se puede hacer si hay buena voluntad, deseo real de comprenderse y no solo de hacerte oír a cualquier precio.
El reportaje de la BBC termina con algunas consideraciones y recomendaciones de expertos para aquellos que viven en situaciones de intercambio cultural, especialmente el mundo de los negocios (que parece ser que es el único en el que interesa no cometer "errores"):

Kopp says it’s hard to train people on, but she simply “urges them to keep their antennae out”, pay attention to those non-verbal signals and proactively ask questions about what will be expected in a certain situation.
Having even a little cultural knowledge can help you figure out what to do next, adds Matsumoto, whether you're looking at someone's face or reading the room. “It comes down to some really basic things, like being respectful of the other culture, and be interested. If you’re interested, that will help you listen better and be an active listener, and also active observer,” he says.
“[Kuuki o yomu] definitely forces you to pay attention, and to think about what signals the people around you are putting out,” says Kopp. “That is indeed a good habit for any businessperson to have, no matter what the situation.”

Mi experiencia personal es que las personas a las que he visto interesarse por sus alumnos extranjeros, eran personas con características muy participantes, las mismas que tenían para el diálogo, personas naturalmente "traductoras", cuidadosas de no ofender. Son las mismas personas que, efectivamente, tras el contacto con los que llegan de fuera se interesan por su cultura casi inmediatamente. Es algo que surge en ellas de forma natural. Les interesan las personas y comprenden que saber más de ellas es un signo cortés pero también el trabajo de una habilidad necesaria. Los que llegan a ellas comprenden rápidamente ese esfuerzo y cooperan para mejorarlo. Es la forma de acelerar las mejoras comunicativas.


Por eso es esencial que, si el mundo se ha abierto, elijamos el modelo de comunicación que queramos tener con los otros. Abrirse hacia los demás es algo positivo porque aumenta nuestro conocimiento y nuestra capacidad de expresarnos, nuestro repertorio comunicativo. No se trata de aprender idiomas, como ingenuamente se cree; es comprender la comunicación como un elemento integral, un atender a aspectos que no son solo referidos al qué sino al cómo, muchas veces tanto o más importante.
Mucho me temo que estos deficientes usos de la "conciencia situacional"—más allá de la comunicación con miembros de otras culturas, plagada de estereotipos y deficiencias— esté condicionando nuestra capacidad de comunicarnos con nuestro propio entorno, en el que nos empeñamos en hacernos ciudadanos de una república personal, intransferible e incomunicable. No estamos solos, pero muchas veces actuamos como si lo estuviéramos. Necesitamos ampliar nuestra forma de aprender a comunicarnos, interesarnos más por los otros en vez de imponernos a los demás o hacer ver que no nos importan. 
Quizá al interesarnos por otras culturas, por otros distintos a nosotros, aprendamos también a comprender a los más próximos. Habremos ampliado nuestra capacidad de atender, de leer en el aire.

Post Data: Al terminar de escribir me llega una imagen vívida, la representación en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, de Madrid, a mediados de los años ochenta, de una obra de Federico García Lorca, representada por alumnos japoneses que había viajado desde su país para representarlo en Granada, el sueño que tenían desde que algún maestro le enseñó a disfrutarlo.  Camino de regreso, dieron una representación en japonés de García Lorca. Aunque no entendiéramos japonés, la emoción era enorme al ver la de aquellos jóvenes enamorados de Lorca.
Me llega otro recuerdo, ver ensayar flamenco en la terraza enfrente de mi casa a un guitarrista y una bailaora japoneses. Era a finales de los sesenta y Japón se había enamorado del flamenco, como se había enamorado del Jazz décadas antes.
Me da mucha pena ver que personas que llega a España con una enorme cantidad de amor no son tratados como deben. Más allá de esa conciencia situacional, está la buena voluntad. Sin ella, todo falla.





* Bryan Lufkin "How 'reading the air' keeps Japan running" 30/01/2020 https://www.bbc.com/worklife/article/20200129-what-is-reading-the-air-in-japan

viernes, 10 de mayo de 2019

Un abrazo, besitos, cuídate o los correos y la comunicación intercultural

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El mundo es cada vez más pequeño gracias a nuestras comunicaciones y viajes. Nuestros espacios, además, son fecundamente diversos y nuestras amistades se reparten por todo el planeta. Mis clases y seminarios son más cada día espacios de diversidad enriquecedora. En grados, posgrados y doctorados
Ayer una compañera, que no había estado muy convencida al principio, me confesaba que estaba encantada dirigiendo la tesis de una alumna extranjera porque en vez de pensar en términos de oscuridad lo estaba haciendo en términos de su propia claridad. Estaba ampliando su conocimiento, por un lado, y ampliando su propia experiencia personal. Y con ambas estaba encantada. había pasado el ecuador de la extrañeza.
Me alegré mucho porque esa es y ha sido siempre mi experiencia. Allí donde otros ven "peligros" he visto durante toda mi vida la posibilidad de aprender y de descubrir cosas que nuestro paletismo, soberbia y eurocentrismo nos impide ver. Parece que a algunos ya traspasar las líneas del barrio le suponen algún tipo de angustia vital. Me recuerdan aquellas salidas del pueblo para hacer la mili.  Todavía en los 70 había gente que salía entonces por primera vez de su pueblo. Hoy esto ha cambiado.


Las oleadas nacionalistas se vuelven de un folclórico acartonado porque se empeñan en que como la tierra de uno no hay nada, una de las afirmaciones más tontas que se puede uno echar a la cara. Es la ignorancia orgullosa la que hace decir estas cosas.
Vivimos en una sociedad diversa o, si se prefiere, podemos encontrar en nuestra sociedad una enorme riqueza a nuestro alcance en el trato con las personas que tienen un equipaje cultural diferente. Podemos viajar igualmente por gran parte del mundo.
Cada vez nos comunicamos más entre personas de lugares muy diferentes y con costumbres distintas. Es bueno, pero necesita de ciertos aceites para que no se produzcan malentendidos. Muchas veces los malentendidos ascienden a conflictos sencillamente porque no entendemos y nos empeñamos en que sean los demás los que se deben ajustar a las normas. "When in Rome...", suele decirse, o nuestra versión equivalente "donde fueres...". Pero hace falta mucho más, por eso está adquiriendo especial importancia el estudiar no ya solo las costumbres (las diferencias o similitudes culturales) sino la forma de comunicación.
Ya no se trata del campo de las relaciones internacionales, que afecta a las instituciones y los países, que acabaron creando un grupo y un lenguaje, el diplomático, para evitar que un error de contacto arruinara negocios o desencadenara un conflicto. Tampoco de las lenguas francas o de las versiones estandarizadas de lenguas.

El estudio de las relaciones interculturales es esencialmente el estudio de la forma de relacionarse en diferentes estratos. Su centro debe ser la comunicación en un sentido muy amplio y su objetivo doble, la eliminación de obstáculos y la detección de malentendidos. Para mejorar la comunicación es esencial conocer la cultura del otro, la maquinaria del sentido, y que el otro conozca la nuestra, que haya simetría. W. Somerset Maugham, que pasó dos años en China recorriendo el Río Yanzí, cuenta en su precioso libro (En un biombo chino) la anécdota del británico que llevaba 30 años allí y presumía de no hablar chino. La actitud lo es todo. Hay muchas personas así por el mundo.
La BBC nos trae un artículo interesante para comprender las diferencias que implica la forma de relacionarnos a través de la comunicación. Se refiere a algo aparentemente tan sencillo como la forma de cerrar los correos electrónicos y las diferencias entre países y culturas. 
Lo que en uno puede ser una forma de expresar interés o cariño, en otro puede ser considerado excesivo o incluso ofensivo. Christine Ro, la autora, comienza señalando que ya está acostumbrada a "ofender" con su inglés a los británicos. Muestra lo que son aceptables en algunos países mientras que en otros lo son menos porque pueden parecer muy confianzudos o impertinentes. 
Los saludos y despedidas están cargados de elementos propios de la cultura y no todas las culturas ven lo mismo en ellos. En ocasiones, las palabras son sustitutas de actos y contactos ("Besos", "un abrazo", etc.) con lo que se puede tomar de forma diferente por parte de quien lo envía y de quien lo recibe.


Dice la autora: «The few words at the end of an email can provide insight not just into social status, gender, relationship dynamics and workplace culture, but also the broader culture.» Este tipo de análisis es de gran interés porque uno es el lenguaje de los diccionarios y otro del que da forma a las acciones y afectos.
Estamos en contacto y nos comunicamos, pero dependemos de nuestra buena voluntad, de la del interlocutor y de nuestra capacidad de observación.  No se trata ya de estas cuestiones de protocolo o si Mariano Rajoy le dio la mano, en un arrebato latino, al divino emperador de Japón, ahora retirado en beneficio de su hijo, al que probablemente advirtió sobre los españoles.

Parece que la idea de que los nuestro es correcto y superior sigue siendo lo que determina nuestra comunicación. No vamos más allá de la curiosidad, lo raros que son los otros, en vez de pensar que el mundo es diverso y que eso supone una enorme riqueza personal para todos.
Estudiar nuestras comunicaciones es comprender que su sentido depende de muchos factores. Está la lengua, pero esa lengua vive, más allá del diccionario, en la vida práctica, que es la del contacto, la de la interacción. Es la cultura la que da coherencia y se refleja en la lengua. Muchos dicen que quieren aprender la "lengua", pero que no les interesa la cultura. Difícil tarea ya que cada palabra, cada expresión está marcada. Solo que lo hemos automatizado y ya no pensamos en ello.
Interesarse por los otros es el primer gesto, comprender y ser comprendido. Explicar cómo somos y comprender cómo son los otros es también un buen ejercicio de auto reflexión, algo necesario para no quedarse aislado. Hay que empezar a sentirse más ciudadanos del mundo, lo que no significa perder la identidad, sino abrirla a nuevas experiencias.
Desgraciadamente, nuestra educación no nos saca muy lejos de nosotros mismos. Por eso me siento afortunado por tener cerca cada día personas que vienen de lejos y de las que aprendo cada día algo nuevo. Muchos vienen a aprender y tienen mucho que enseñar. Está en nuestra actitud sacar provecho de estos encuentros.



* Christine Ro "The beautiful ways different cultures sign emails" BBC 10/05/2019 http://www.bbc.com/capital/story/20190508-why-the-way-you-close-your-emails-is-causing-confusion

miércoles, 23 de enero de 2019

La mala representación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Coinciden en la CNN dos reportajes sobre dos problemas de comunicación intercultural y algo más. El primero de ellos, fechado hoy, se titula "Chinese model: Dolce & Gabbana ad campaign 'almost ruined my career'""; el otro es del día 18 de enero y lleva por título "Vogue mixed her up with a different Muslim woman. She's devastated". Los dos son un ejemplo de algo que va más allá de la "comunicación intercultural" y tiene que ver con la "actitud" intercultural que es el condicionamiento previo que se nutre de los prejuicios que crean los estereotipos, verdadero problema en un mundo cada vez más próximo.
Existe una dinámica de interacción entre públicos y medios. Los unos retroalimentan a los otros. Una vez perdido el sentido ilustrado y didáctico de los medios, es decir, haber renunciando en su mayoría a que la información aumente y mejore el conocimiento sobre la realidad y se centren mayoritariamente en la atención y el entretenimiento, es mucho más fácil recurrir a los estereotipos que a intentar cambiarlos, entendiendo que estos son negativos para las relaciones.
En los siglos XVIII y XIX, la comunicación no salía del ámbito local. Todavía en el XX hay dificultades, hasta que con la llegada de la denominada Sociedad de la Información se produce la mundialización informativa. Las noticias recorren el mundo en un instante y, tan importante, cualquiera puede crear sus flujos de información a través de un mundo-red. Tras conseguir este estado comunicativo, se produce un reflujo intentando, precisamente, paliar sus efectos sobre los regímenes cuya subsistencia se basa en el control de la información. Los gobiernos de estos países comienzan a construir barreras reguladoras para evitar los conflictos internos.
Pero lo que nos interesa aquí es el efecto que este movimiento de información tiene en un mundo en el que existe una profunda asimetría informativa y una producción estereotípica, que forman parte de la "tradición supremacista" de la cultura occidental respecto al resto. El siglo XIX, con su expansión colonial sigue marcando la percepción de ambas partes del mundo. Esto abre constantes conflictos, porque es evidente que nuestro mundo no es el del siglo XIX, que el papel actual de Asia es muy diferente al de la época de las Guerras del Opio, que ya no se puede atacar un país y obligarlo a que acepte que se queden con sus puertos comerciales, como se hizo, con Hong-Kong, por ejemplo.


Hay reconsiderar el papel de los medios, su modo de informar sobre otras culturas. Esto no elude la crítica de la política internacional o de situaciones de injusticia. Todas las culturas tienen elementos negativos en sus desarrollos, frenos construidos por los propios sistemas de poder, que se refuerzan precisamente por las críticas que reciben camuflando el poder como rasgos de identidad propia. Es una forma de engaño para seguir manteniéndose en el poder, evidentemente.
Me refiero a otro tipo de acciones, como las señaladas por la CNN provocadas por la falta de rigor mediático o los enfoques de burla hacia cosas que no solo no se entienden sino que son dibujadas como ridículas, de forma estereotipada y que hacen que las personas a las que se les aplica no se reconozcan y se sientan ridiculizadas o maltratadas.
Hace unos días, tras una matanza terrorista en un país africano, se realizaban fuertes críticas a los medios norteamericanos por no haber aplicado a las víctimas los mismos criterios éticos que se plantearon tras el 11 de septiembre. Eso implica evitar las escenas de cadáveres para proteger a las familias. En este caso, como en muchos otros, los principios que se exigen por parte de nuestras sociedades, no parecen tener que aplicarse en otras, que carecen sobre todo de defensas.
Las guerras comerciales con Asia se están convirtiendo en un recrudecimiento de los estereotipos contra las personas. En los años 70 el blanco de esto fue Japón, acusado de "copiar" o "imitar" todo. Hoy Japón, por su esfuerzo, es una potencia mundial en muchos sectores. El papel que le tocó padecer a Japón, le toca hoy a China, la segunda economía mundial, con los mismos repetitivos estereotipos.
La primera de las noticias de la CNN nos habla de la irritación causada en China por un anuncio de Dolce & Gabanna con una modelo china:

The Chinese model who starred in a series of controversial Dolce & Gabbana videos has said the controversy surrounding the campaign almost ruined her career.
Speaking out for the first time since November, when the fashion house was forced to apologize over accusations of racism, model Zuo Ye claimed that she received threats, online attacks and harassment following the outcry.
The controversy began when D&G published three promotional videos showing Zuo struggling to eat Italian food with chopsticks. The 40-second spots, which were posted on D&G's Instagram, Facebook and Twitter, were created to promote "The Great Show," which was billed by the fashion house as a "tribute to China."
Zuo was pictured attempting to pick up pizza, spaghetti and cannoli to the sound of stereotypical Chinese music. A narrator is heard offering seemingly patronizing advice such as "don't attempt to use the chopsticks as knives" and "just use your chopsticks like pliers."
A social media storm followed when a number of offensive private Instagram messages -- allegedly sent by the brand's co-founder Stefano Gabbana in response to criticism of the videos -- went viral.
The Italian designer denied writing the messages, which included derogatory remarks directed toward China and Chinese people, and claimed that his account had been hacked.
In a statement posted to Zuo's Weibo account Monday, the model apologized for her role in the controversy. She also offered her account of the incident, claiming that she knew very little about the videos' content beforehand, other than being told it would be "fun."
"I never and would never bear anything disrespectful to my home country," she said. "I'm deeply in love with my country and proud to be a Chinese to send on international runways."*


El reportaje muestra cómo las tiendas de Dolce & Gabbana en Pekín y Shanghái tienen vigilancia por temor a reacciones más allá del boicot a las compras. Es ahí donde duele y donde surgen los arrepentimientos. Los ejemplos de este tipo se suceden en la historia de los últimos años. Aquí hemos dado cuenta de algunas de ellas, como la que afectó a las muñecas barbies, tras la controversia con Mattel, que llevó al boicot de los compradores chinos a los productos de una marca que les responsabilizaba a ellos de lo que era un error de diseño, como se pudo probar después. La brillante y sofisticada House of Barbie en Shanghái tuvo que cerrar tras dos años en picado en 2011.
Pero es muy fácil echar la culpa a China, es ahí donde funcionan los estereotipos que se mantienen a través de los medios. El anuncio de Dolce & Gabbana incurre en el principal error de este tipo de situaciones, la visión de superioridad, la ridiculización. Está tan asumido en Occidente que pasa desapercibido. ¿Dónde está el problema?, dicen, cuando se les advierte de esta mala práctica.


Hay que desarrollar una sensibilidad específica porque estos mensajes están tan metidos en nuestros medios que solo los detectamos cuando nos los aplican a nosotros. Entonces, sí, nos damos cuenta, pero ¿somos capaces de pensar que esta gigantesca maquinaria mediática puede estar ofendiendo a los demás o practicamos como normalidad la "ley del embudo"? Dolce & Gabbana desarrolló un anuncio para un mundo en el que se escucha a Donald Trump decir que todos los problemas del mundo vienen de China, que China se ha inventado el cambio climático, que los productos chinos son de "mala calidad"... ese discurso mediático sirve a los intereses comerciales y se prolonga para mantener el consumo restringido.
¿Vamos hacia guerras de boicots? Probablemente. Los movimientos populistas, antiglobalización, han centrado su discurso en que son los otros los que han creado la situación de crisis, cuando es más bien los contrario. Los responsables de que sus productos se fabrique en China o en cualquier otro lado son los que buscan ampliar su beneficio deslocalizando sus fábricas. Es más fácil y productivo. Con esto, es fácil hacer un discurso xenófobo, en este caso contra China, Corea y Japón. Europa tampoco se escapa a ello (el Brexit ha vivido de lo mismo).


Desde que China ha ido creando una producción propia de calidad, los ataques se recrudecen y cualquier bulo es dado por bueno, como ocurre con los teléfonos Huawei. Me sentí muy mal hace unos días cuando una de mis alumnas chinas se me echo a llorar al decirme cómo, esperando el autobús, se dedicaron delante de ella a hacer pintadas en un anuncio de Huawei, al que han querido convertir en el Gran Hermano los mismos que se tuvieron que disculpar por espiar el móvil de Angela Merkel y otros dirigentes de países aliados. Las grandes fugas de información vienen de las compañías (Facebook, Google...) que son las que controla el sector y las que nos "espían" cada día. No hace falta dar detalles.


Deberíamos ser conscientes que estas informaciones, cuya base son las guerras comerciales, están creando un muy mal ambiente hacia personas que no cometen más pecado que venir a nuestros países a estudiar. Pero eso también está bajo sospecha, según algunos. Vienen a "robar nuestros secretos" a la aulas, nos dicen. Ridículo. Durante décadas hemos recibido gustosamente en nuestros campus alumnos de todas las procedencias. Es ahora cuando parece que nos sentimos atacados. Está creciendo el populismo racista y eso es un enorme retroceso y muy peligroso. ¿Recordamos los ataques contra los turistas en Barcelona el pasado verano, las demostración de "no nos gustas" por los nacionalistas autoerigidos en voz popular? Son síntomas de lo mismo.
He visto muchos tipos de racismo, pero ninguno como el que se está creando en el país que está haciendo del racismo bandera interna y exterior, los Estados Unidos. Eso es lo que está logrando la administración de Donald Trump. Disfraza los choques comerciales con sus dosis de supremacismo blanco y de desprecio hacia lo exterior, ya sean hispanos, afroamericanos o chinos. Los Estados Unidos de Trump están en lucha contra el mundo y los medios no ayudan mucho, sino que se suman a este racismo estereotípico creciente. Afortunadamente ha hecho despertar a la mitad que no le apoya, que no se siente identificado con sus mensajes. Pero, cuidado, las guerras comerciales son cada vez más sucias.


El otro caso del que nos da cuenta la CNN es de diferente naturaleza, pero refleja también un problema en la percepción de los otros:

Noor Tagouri shrieks in delight as she opens the latest issue of Vogue magazine to find a dazzling portrait of herself in head-to-toe Givenchy.
"So cool," she exclaims. "Oh my god, I'm freaking out!"
But the video, which was posted to the journalist and activist's Instagram account Thursday, then takes an unexpected turn. The camera zooms in on a photo caption misidentifying her as the Pakistani actress Noor Bukhari.
"Are you kidding?" she sighs.
In a caption accompanying the video, Tagouri expressed her dismay at the error.
"I have been misrepresented and misidentified MULTIPLE times in media publications -- to the point of putting my life in danger," she wrote. "I never, EVER expected this from a publication I respect SO much and have read since I was a child."
"Misrepresentation and misidentification is a constant problem if you are Muslim in America," she continued. "And as much as I work to fight this, there are moments like this where I feel defeated."
Tagouri later told CNN she wasn't surprised by the mistake and that it happens "more often than not."**


La cuestión va más allá del error, tanto por su frecuencia como por su sentido. Nos dice que ha sido mal identificada y mal representada, es decir, en ocasiones a la foto correcta (caso de el número de Vogue) se le pone un nombre incorrecto; pero también otro, a la foto de otra persona se le pone el nombre suyo, lo que puede resultar muy peligroso en determinadas circunstancias.
Los errores múltiples en el etiquetado de las personas revelan uno de los efectos del estereotipo: no deja ver las diferencias. Una mujer con velo son todas las mujeres con velos, da igual un nombre que otro, una cara que otra. Todo tiende a verse igual. El propio uso de estereotipos es lo que fomenta, la falta de matiz. Los que no son como nosotros son todos iguales.
La periodista ha expresado el abatimiento que le produce esta situación de confusión una y otra vez a través de un tuit:

noor
I’m SO heartbroken and devastated. Like my heart actually hurts. I’ve been waiting to make this announcement for MONTHS. One of my DREAMS of being featured in American @VogueMagazine came true!! We finally found the issue in JFK airport. I hadn’t seen the photo or the text. Adam wanted to film my reaction to seeing this for the first time. But, as you can see in the video, I was misidentified as a Pakistani actress named Noor Bukhari. My name is Noor Tagouri, I’m a journalist, activist, and speaker. I have been misrepresented and misidentified MULTIPLE times in media publications - to the point of putting my life in danger. I never, EVER expected this from a publication I respect SO much and have read since I was a child. **



El problema del etiquetado de las personas es que no percibimos diferencias. Las caras nos parece iguales y los nombres nos suenan igual. Solo un contacto más próximo y, sobre todo, una actitud de menos prejuicios nos permiten identificar a la persona por su nombre correcto. Si todo nos parece lo mismo, es difícil que podamos entender diferencias, matices, contrastes..., es decir, lo que tenemos realmente delante.
El prejuicio y el estereotipo no nos dejan percibir la realidad que tenemos delante. Esta es reconducida hacia nuestra visión previa, de la que no podemos salir. Es como una venda perceptiva, un filtro deformante.
El problema actual es que la información no está sirviendo para establecer matices, sino —por el contrario— para reforzar los estereotipos e incluso crear otros nuevos. Hablaba hace unos días con otra alumna de nacionalidad extranjera. Es periodista. Lleva media vida en España, cuya legua habla mejor que muchos nativos. Su desesperación es que no ven en ella más que una extranjera y se debe ocupar de lo que ellos entienden que se debe ocupar una "extranjera". Por mucho que haga y demuestre (lo hace porque es una buena profesional) siempre será la "extranjera" y no debe entrar en lo que los nacionales entran. Es profundamente injusto y, lo que es peor, no cambiará. Nadie ve en ella lo que es, sino lo que quieren (y les interesa) ver.
Todo esto se está reforzando por los mensajes múltiples desde los nacionalismos populistas, una de cuyas piezas argumentales es la xenofobia. La CNN ha dado la noticia del error, pero lo ha hecho en la sección "Style", con lo que queda reducida a un problema de una revista de moda que se equivocó y no al problema central que la propia periodista señala: es una periodista musulmana norteamericana. Y eso no cuadra en la mente de sus estereotipados colegas, a los que les da igual un nombre que otro, un país musulmán que otro.


Desde hace décadas tengo muchos alumnos extranjeros, de las procedencias más diferentes. A todos ellos, de Méjico a Egipto y de China al Sahara, les agradezco la oportunidad que me ofrecieron de salir de mí mismo, de los condicionamientos culturales tan enormes en los que vivimos sin apenas ser conscientes de ellos. Hoy trabajamos en nuestros seminarios doctorales, en muchas de nuestras tesis, en la comunicación intercultural, lo que implica entrar muchas veces dolorosamente en las condiciones de racismo, de xenofobia, de construcción de estereotipos, en nuestros propios prejuicios. Es algo que nunca reconocemos porque nos parecen naturales, pero cuando te fijas un poco ves cómo va aumentando el nivel de peligro de la convivencia. No trabajamos suficientemente en este problema, que va a más.
Los medios deberían ser conscientes del papel que juegan en la reproducción de los estereotipos y tratar de aprender a informar de otra manera, no fomentando los conflictos interculturales, sino aprendiendo a ver las diferencias existentes entre las culturas, los países, los gobiernos y las personas. No es justo que lo que hacen los gobiernos o empresas lo pague un turista o un estudiante o un trabajador o un inmigrante. Si cuando vamos fuera nos hicieran pagar los errores de nuestros gobernantes y de nuestros antepasados, mejor no salir fuera.
El problema es que hoy la xenofobia y el racismo venden. Lo hacen política y económicamente. Son muchos los interesados en crear conflictos ya sea atacando a las empresas que quieres hundir de otros países. La xenofobia se vende a través de los titulares de los medios, de las noticias que inciden en lo estereotípico. No es información, sino redundancia, vuelta a lo mismo con diferentes caras o la misma, pues tampoco las distinguimos en nuestra cerrada actitud.
La práctica no es exclusivamente occidental. También esta guerra se practica en otras culturas hacia occidente. Pero si sigue esta escalada, los problemas seguirán creándose y aumentando. La violencia se manifestará en unos casos, en otro el boicot. Habrá personas a las que se trate mal, como el caso de los hispanos en Estados Unidos. Gracias al presidente, todos pueden ser etiquetados como delincuentes y una amenaza a la "seguridad nacional" de los estados Unidos. Se seguirá deteniendo a la gente por "perfiles", un eufemismo técnico para camuflar el racismo y sus estereotipos.


Lo que podamos hacer todos, cada uno en su parcela, por corregir los errores debemos hacerlo. No se puede juzgar a las personas por los estereotipos ni por los titulares simples y alarmistas de los medios. Los dos ejemplos vistos nos muestran caras del problema. Las hay de muy distinta factura, pero reflejan el fondo de los problemas. Una campaña publicitaria que se usa para ofender a un país y a una cultura, revela dos cosas, la ignorancia de la riqueza esa cultura
La mejor experiencia de mi vida me la proporcionan las personas de diferentes culturas con las que convivo y trabajo, codo con codo, cada día. Aprendemos unos de otros, sin la prepotencia que caracteriza a algunos desde su supremacismo. El mundo puede ser mejor de lo que es o, al menos, no empeorar.
Me pongo triste cuando mis alumnos me cuentas sus experiencias discriminadoras o racistas. Me siento profundamente frustrado porque no conseguimos desde las aulas cambiar lo que debería ser nuestro objetivo, abrir las mentes a la convivencia y al entendimiento. Hoy parece que se utilizan para lo contrario. Es más fácil ganar simpatía sumándose a los vicios que intentando hacer prevalecer las virtudes. 
Una advertencia: primero te parece malo el que está lejos; luego te vas acercando hasta llegar a tu vecino. Es un problema de actitud, más que de objeto. Una vez que te conviertes en el centro del mundo, todos los demás son bárbaros.


* "Chinese model: Dolce & Gabbana ad campaign 'almost ruined my career'"" CNN 23/01/2019 https://edition.cnn.com/style/article/dolce-and-gabbana-model-zuo-ye/index.html 
** "Vogue mixed her up with a different Muslim woman. She's devastated" CNN 18/01/2019 https://edition.cnn.com/style/article/vogue-noor-tagouri/index.html

miércoles, 17 de agosto de 2016

Burkinis, hijabs y otras vestimentas o lo importante es participar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando llega el verano las noticias típicas son las prevenciones frente a las quemaduras, las gafas de sol para proteger los ojos, los consejos sobre la observación de las horas de digestión, etc. Hay todo un repertorio de tópicos. Pero este verano tenemos uno relativamente nuevo: la cuestión del llamado burkini.
Los atentados en distintos países ha elevado el nivel de suspicacia y de discusión de esta cuestión. El burkini —que ha sido prohibido en las playas de Cannes y multado su uso— es solo parte de una discusión más amplia sobre la cuestión de la vestimenta islámica femenina. En este punto se concretan una serie de aspectos que muchas veces se simplifican en exceso y que sitúan a la mujer en el centro de la cuestión.


Hace unos días hablábamos aquí de la ejemplaridad que se daba al hecho de que una mujer norteamericana, de religión musulmana, hubiera sido medallista con su equipo nacional de sable luciendo un hijab, un velo. La imagen de las cuatro mujeres con sus medallas mostraba un repertorio colorista: rubia, morena, pelo azul y... velo. Ibtihaj Muhammad no tenía ningún problema en lucir el velo y ser una orgullosa norteamericana junto a sus compañeras, una más.
Los juegos olímpicos están sirviendo también para que estas cuestiones se "normalicen" de alguna manera al mostrar que el velo no significa más que lo que quienes lo llevan quieren que signifique. No significa ser radical más que en quien se lo pone con esa intención.
Muchos países islámicos han visto movimientos pendulares en la cuestión del velo. Las élites nunca lo vieron demasiado bien porque no era signo de modernidad durante unas décadas. Las mujeres se vestían a la occidental, como bien nos muestra el cine. La cuestión cambió con la llamada "reislamización", cuyo pistoletazo de salida tiene varios focos, entre ellos la revolución iraní y los viajes a los países del Golfo de muchos musulmanes a trabajar con la explosión del petróleo.
Los extremistas comienzan a sembrar su semilla y lo hacen en dos sentidos: el movimiento religioso y el movimiento antioccidental. Los dos forman parte de una misma estrategia: en unos casos se trata de mostrarse piadosamente islámica frente a la "liberación femenina" producida en los 60-70; en el otro, se trataba de reafirmar la identidad nacional frente a las modas del vestir occidentales. A cada uno le entraban por su lado débil, religión o nacionalismo. El efecto visual era el mismo: las mujeres se transformaron y empezaron a vestir el velo. Pronto se hizo socialmente significativo el no llevarlo, igualmente que antes lo era hacerlo. También los hombres asumieron barbas y algunos vestidos con los que les parecía que transmitían una imagen más piadosa y tradicional.


Es esencial comprender este último apunte porque todo sistema que se basa en signos externos acaba siendo objeto de los dictados sociales, ya sea como modas o como juicio público. Me contaban con su peculiar sentido del humor unas amigas egipcias cómo algunos hombres rivalizaban en tener más oscura la marca de la frente —la llamaban con sorna la "uva pasa"— que sale por tener la frente pegada al suelo durante el rezo. Las oscuridad mayor o menor era usada para significar más tiempo rezando, el ser más piadosos. Las barbas, por su parte, tienen toda una clasificación por sus formas. Nada pone en el Corán sobre ello, solo que Mahoma la llevaba. Lo demás corre a cargo de los que quieren mostrarse más piadosos a los ojos de los demás. Y eso incluye a sus esposas, hijas, hermanas... Es aquí donde entra el elemento patriarcal en la que el hombre marca las reglas para mantener a "sus" mujeres bajo control y con el aspecto adecuado a la imagen que quiere proyectar.


En estos días en que han sido liberadas poblaciones sirias que llevaban dos años bajo el yugo del Estado Islámico, lo primero que han hecho los hombres ha sido afeitarse públicamente; después bailar, algo que también les tenían prohibido, como la música misma. Las mujeres han quemado públicamente los ropajes que les obligaban a llevar: niqabs, burkas y demás formas de ocultación y encierro portátil.


En algún viaje a Egipto, lo primero que me preguntaban es si veía más barbas y menos velos. La verdad es que no me dedicaba a contarlos entonces. Ahora sí lo hago, no tanto las barbas como los velos. Nunca le he preguntado a ninguna amiga porqué lo ha hecho. Es más, he procurado no comentarlo y hacer como si no hubiera ocurrido nada. Para mí era la misma persona. Si quería comentarlo, muy bien; pero nada más.Conozvo parejas de maravillosas amigas, una con velo y la otra sin él.
Muchas mujeres han decidido, ante el aumento e instrumentalización de la religión por parte de los grupos fundamentalistas, dejar el velo. Algunas lo vestían por presiones sociales o familiares; otras por inercia y otras porque así lo deseaban. No son menos religiosas por hacerlo; ese era el argumento patriarcal para que se vistieran como los hombres han dictado.
Lo malo no es el velo. Lo malo es cuando convencen a quien lo lleva que es mejor que las que no lo llevan. Es una forma de chantaje moral que los islamistas han utilizado, hacer creer que quien no lo llevaba era una "mujer fácil", inmoral.
Forma parte también de su estrategia antioccidental. Las feministas occidentales, argumentan, pervierten a las mujeres musulmanas y les hacen destruir sus familias; son mujeres promiscuas que han perdido los valores, etc. etc. Se les ha dicho, por ejemplo, que el velo les previene del acoso porque muestran así que son mujeres honestas frente a las que no lo llevan. Eso no funciona demasiado porque la mayoría, cono velo o sin él, sufren acoso masivo. Pero lo intentan. El propio feminismo árabe comenzó con el acto público de desvelar el rostro.


En estos tiempos la cuestión se debe enfrentar de otra manera. Intentar regular algo sin utilizar el sentido común es contraproducente. No es el velo o el burkini lo que convierte a la gente en radical y, por tanto, quitarlo no convierte en moderado automáticamente a nadie.

El argumento francés contra el burkini es el uso de símbolos religiosos en lugares público. Convertir en "religioso" el burkini es un auténtico disparate, por más que los jueces lo hayan avalado.
Hay otra cosa más: el término "burkini". La ingeniosa palabra lo liga con el burka, que es una forma extrema de ocultación, que en absoluto tiene nada que ver. 
Quien creó la palabra —un buen invento mediático— contaba con la asociación negativa que el burka suscita incluidas la gran mayoría de las mujeres musulmanas. "Burkini" une las dos distancias mayores: la del bikini y la del burka. La función del burka es evitar la forma y la identidad femeninas, reduciéndola a una mancha negra o azul. La función del burkini no es aislar sino permitir participar en el baño o en las competiciones deportivas; es un paso hacia adelante, salir del encierro, por decirlo así.


Pero ¿y qué ocurre con las barbas? También son un símbolo religioso. ¿Se deben prohibir en las playas y espacios públicos? Hoy las barbas están de moda en medio mundo y los hay que se la dejan de cualquier tipo —salafista o vikingo— sin importarles mucho el origen o significado. A nadie se le ocurriría exigir la entrada afeitado a la playa.
Entiendo el sentido de la prohibición de los burkinis es evitar posibles conflictos en una playa en la que pueda ser considerado una especie de provocación por parte de algunas personas. Esto es absurdo, pero el mundo está lleno de gente absurda.
Pero con esa medida se produce una discriminación bastante injusta. La mujer que decide ir a una playa y ponerse su burkini está intentando, además de darse un baño, hacerse visible en un espacio público reivindicando la normalidad con su aparición. El burkini no es signo de radicalismo porque supone el deseo de participar en la vida común a través del baño.


Hay una fotografía de estos juegos olímpicos que nos muestra a dos mujeres saltando a cada lado de la red. Por un lado una egipcia con su hijab y el cuerpo cubierto y al otro una alemana con su indumentaria habitual del vóley playa, un sucinto bikini. Lo importante no es cómo viste cada una, sino que las dos están en las mismas olimpiadas, en la misma arena saltando y compartiendo una misma actividad y que al final se saludaran afectuosamente. Eso es lo importante. 


La foto de las dos jugadoras, obviamente, ha sido censurada en sitios como Irán. La jugadora alemana se ha convertido en un borroso conjunto de píxeles para los ojos iraníes. Prohibir que se puedan bañar o puedan participar en las carreras y demás competiciones es no solucionar nada y sí crear muchos problemas. En primer lugar a las mujeres; en segundo, será aprovechado por los radicales para continuar gritando ¡islamofobia!, que se persigue a los piadosos, que Occidente odia a los musulmanes. Ya lo hacen; hasta Erdogan lo hace y le sirve para hacer retroceder a la sociedad turca, que se vuelve más nacionalista religiosa.
Una frase de una jugadora egipcia de vóley resume bastante bien la cuestión: "el hijab me ha permitido hacer lo que más me gusta, jugar al vóley". Sin él, los obstáculos hubieran sido muchos.
Creo que las mujeres están haciendo mucho por la normalización de la imagen musulmana. La medallista norteamericana hizo lo mismo que los padres del condecorado militar musulmán estadounidense muerto, que fueron ofendidos por Donald Trump. Lo que hizo la deportista fue salir y decir se puede ser musulmán y norteamericano, defender en una competición deportiva o en el campo de batalla a su país, un país no musulmán, como cualquier otra persona. La medallista egipcia de halterofilia ha sido feliz sin preocuparse de lo que llevaba en la cabeza, con normalidad absoluta. En otros deportes se ha podido ver que la diferencia cultural no implica directamente una guerra.


Ayer tratábamos precisamente en el que la guerra se lleva en las actitudes, sin necesidad de vestimentas diferenciadas con el judoka egipcio que se negó a dar la mano al su rival israelí. El judoka egipcio llevaba el radicalismo dentro sin necesidad de vestimenta especial.
La ocultación de los musulmanes dentro de la sociedad es un fenómeno que debe ser revisado y estudiarse los efectos beneficiosos para todos que tiene su visibilidad en muchos casos ejemplares. Es la mejor manera de acabar con los estereotipos, que son terriblemente perjudiciales para todos. Quizá compartir unos metros de playa junto a una mujer con burkini sea mejor que pensar que quienes los llevan son potenciales terroristas. Puede que la mujer que esté tomando el sol junto a usted está mañana también lo sea, que haya decidido que tomar el sol en bañador no la hace menos piadosa o peor persona.
El burkini está generando también una industria de la moda. Algunos verán un intento de que no se sobrepasen los límites, de controlar el fenómeno. Lo verán como una moda islámica dictada a las mujeres. Sea como sea, lo que resulta de sentido común es que no es el hábito el que hace al monje, que no implica radicalización. Si, en cambio, el compartir espacios me parece positivo.


No debemos contagiarnos de la locura de los signos exteriores. Mucho menos de cualquier sectarismo o estigmatización de las personas por ellos. El radicalismo no lo causa la vestimenta y, en el caso de las mujeres, puede ser más fruto de una presión, por lo que la sanción es doble: una porque se lo ponga y dos porque no se lo quita.
Las mujeres que han quemado públicamente burkas y niqabs en el pueblo liberado en Siria no se han pasado al bikini; se han quedado con sus ropas de siempre, curadas de espanto ante lo que han tenido que vivir durante mucho tiempo, demasiado, bajo el dogmatismo. La alegría por la derrota y huida de sus crueles invasores les ha permitido saber lo que es el radicalismo. Las vestimentas se les han hecho odiosas, no las han transformado en radicales. No convirtamos nosotros en radicalismo el burkini.


Un hecho: permitir competir con este tipo de indumentarias ha conseguido que más mujeres hayan podido participar en la Olimpiadas. Eso da una gran visibilidad a las mujeres en un mundo discriminatorio. Las mujeres ganan medallas y ganan protagonismo en sus propias sociedades. Eso es positivo, un paso para ir modificando la discriminación que hacía que solo deportistas varones participaran en la mayoría de las competiciones internacionales. Cambian la imagen de las mujeres dentro de sus sociedades y nos ayudan a combatir los estereotipos culturales.


Creo que condenar a muchas mujeres  musulmanas a no pisar playas, piscinas o espacios de competición deportiva con la excusa de la vestimenta es contraproducente. No impide el radicalismo político y religioso y sí puede alentarlo. Se sanciona a la mujer y se evita indirectamente que pueda participar en competiciones internacionales, con la frustración consiguiente. No hay que confundir efectos y causas.
Ya sea en la playa o compitiendo en Río o cualquier otro lugar, creo no debemos ser cómplices indirectos de la discriminación inicial haciendo que sea la mujer quien la pague. Las multas de Cannes no arreglan nada y confunden lo que hay dentro de la cabeza con lo que hay sobre el cuerpo.
La mejor propaganda, el mejor argumento es siempre la libertad y la convivencia.