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jueves, 3 de julio de 2025

Sobre el arte de echar la culpa a otros

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Al arte de no ser culpable de nada, personal ("no me reconozco") o institucional ("nadie nos puede dar lecciones de contundencia"), hay que añadir uno más en el que España muestra maestría: echar la culpa a los demás. Aquí pasa de todo, pero no llegamos a saber qué ha ocurrido o, lo que es peor, asistimos al ejercicio gimnástico de pasarse la pelota de unos a otros.

El caos de ayer en Barajas con miles de pasajeros perdiendo sus vuelos mientras esperan a que les revisen sus pasaportes ha sido otro bonito ejercicio de este arte. En un sentido, todos son culpables, pero en otro nadie lo es. Cada uno le echa las culpas al otro, nadie asume el problema como suyo y mira hacia el siguiente. Las compañías echan la culpa a la Policía; la Policía dice que tenía suficientes efectivos y le echa la culpa a un "problema informático". La cosa queda entre las compañías, AENA y la Policía.  Algunos cuentan ante las cámaras cómo su avión salía con sus maletas dentro mientras que ellos hacían cola. ¿Quién tiene la culpa? La cuestión es crucial, pues las reclamaciones tendrán que atenderlas los que resulten responsables de ese caos que ha hecho perder miles de vuelos.

Si pasamos al tren, otro caos que llega hasta el punto de lo inexplicable y asistimos al mismo peloteo de responsabilidad. Unos echan la culpa a la antigüedad de los trenes franceses y sus problemas con las catenarias; otros echan la culpa al "estado" de la línea, cuyos responsables dicen haber invertido setecientos millones de euros y buscan otros culpables ante "lo inexplicable". En este caso, se insinúa con la boca chica, ante lo raro, un posible sabotaje. Otros días el caos se produce por un "robo de cobre", que deja la línea inutilizada.

Los pasajeros de Barajas estaban al menos a cubierto. Los usuarios del tren, en cambio, quedaran tirados en mitad del recorrido, en plena ola de calor, sin alimentos, sin energía, unas catorce horas, tiempo en el que se puede ir y volver a París, por ejemplo. La excusa para dejarlos allí tirados es lo variado de su situación, nos dicen, unos con maletas y otros con poca movilidad. Por esta buena causa, los pasajeros no solo se quedaron  tirados sino que se sintieron abandonados.

Ante esta situación de fallos continuados, el arte de echarle la culpa a otros se vuelve esencial, no solo por la cuestión económica de las indemnizaciones que tendrán lugar, sino por la cuestión reputacional. El mundo se puede hundir, pero tú lo niegas todo.

El arte de encontrar excusas y echarle la culpa a otros se está convirtiendo ya en un perfil profesional en comunicación de empresas, partidos e instituciones, Esto es lo que RTVE.es recoge sobre lo que ha pasado en Barajas:

Cientos de pasajeros se han agolpado en la terminal 4 de Barajas para pasar el control de seguridad a lo largo de la mañana, una situación complicada como consecuencia de la falta de efectivos policiales que realicen esta tarea. La mitad de los puestos de control están vacíos, lo que ha originado 60 minutos de media de espera para pasar el control.

Según Interior, es una situación temporal que se ha debido a la acumulación de vuelos en un espacio de tiempo muy breve y a la coincidencia con un problema informático puntual en el acceso a las aplicaciones que utiliza la Policía Nacional que ha sido subsanado entorno a las 15.00 horas.

Fuentes del Ministerio de Transportes han informado de que el incidente no tiene nada que ver con el Ministerio ni con AENA. Han explicado que no hay ningún caos en la gestión del aeropuerto. Han comentado que la situación corresponde únicamente a un problema de falta de personal policial en la gestión de llegadas de viajeros en el control de pasaportes. Este ámbito corresponde al Ministerio del Interior.

Desde Aena evitan hablar de colapso y aseguran que están trabajando en colaboración con la Policía para restablecer el flujo habitual de pasajeros y evitar mayores problemas. Aconsejan a los viajeros acudir con al menos dos horas de antelación al aeropuerto para evitar contratiempos en este comienzo del verano y de las vacaciones para muchos. Además, han afirmado que la situación no afecta a los vuelos en España ni en el espacio Schengen.

Tal y como han publicado múltiples usuarios de redes sociales, las colas para pasar por este control son de horas, con cientos de turistas esperando para poder cruzar la frontera dentro del aeropuerto.*

 

Sorprende ese "únicamente" aplicado a la responsabilidad del otro. ¿No deberían programarse los vuelos en función de lo que se puede absorber o viceversa, no debería destinarse la Policía en función del mayor o menor número de vuelos? Parece que sería lo lógico, aunque sea la falta de lógica lo que produciéndose en el sistema.

Lo importante es que todos no te señalen como responsable. De ahí la importancia del fallo informático y ese sabio consejo: que los viajeros estén dos horas antes. Al final tendrán ellos las culpas por precipitarse o esperar al último momento.

¿Recuerdan el "gran apagón"? Es el mejor ejemplo de cómo nadie es responsable de algo tan desastroso. Después de tanto tiempo pasado, las excusas liberatorias de responsabilidades son múltiples y los informes de cada uno apuntan a los otros.

"Experto en Excusas" será un perfil profesional cada vez más demandado en una sociedad que no invierte en mantenimiento, que reduce el personal en beneficio de los inversores y que descubre cuando se producen los desastres lo malos que son los materiales baratos, las chapuzas de trabajar sin la formación adecuada y, especialmente, que la modernidad está en la anticipación, que es la que marca la respuesta. Innovar y renovar, mantener, cuidar... es el signo de una sociedad que funciona y avanza. Los pasajeros tirados en una vía, el colapso en estaciones y aeropuertos son realidad y también metáfora de  nuestra España.

Lo ocurrido en Barajas, lo que ha pasado con los trenes, es sencillamente una vergüenza que se pueden repartir los que lo niegan todo. 

 

* "Cientos de pasajeros se agolpan en el control de seguridad de la terminal 4 de Barajas por un fallo informático" RTVE.es 02/07/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250702/cientos-pasajeros-se-agolpan-control-seguridad-terminal-4-barajas/16648787.shtml

sábado, 23 de noviembre de 2019

La culpa como vocecita interior

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me llama la atención, entre tanto titular extraño, uno de ABC: "Cómo dejar de sentirse culpable por todo". No se trata solo de "cómo dejar de sentirse culpable", sino que está ampliado con un "por todo" que llama mi atención. ¿Realmente hay gente que se siente culpable "por todo"? En estos tiempos irresponsables, ¿puede que las culpas que unos no asumen sean recogidas por otros para que salga el cómputo final?
Es indudable que en esto de la "culpa", la indiferencia es una gran ventaja. Los que siguen para adelante sin sentir el más mínimo remordimiento tienen la enorme doble ventaja del descaro y la reincidencia, que se unen formando un poderoso tándem defensivo frente a la culpa.
La teoría general aceptada es que sentirse culpable está mal e interfiere en mi derecho a la felicidad. Pero ¿ante quién reclamo yo este derecho que todos me reconocen y me juran respetar, aunque nadie lo haga?


Pienso en personas que se deberían sentir culpables y que, sin embargo, no se sienten así y me pregunto si no estaría bien escribir para ellos un libro de auto ayuda para que se sintieran un poquito culpables por lo que nos hacen a los demás, que nos sentimos víctimas. Ser "víctima" es también un derecho universal, que también me reconocen, claro. Todos somos víctimas de algo y gracias a ellos avanzamos.
Leo en el artículo la explicación del fenómeno de la culpa:

«La culpa es de las emociones más tóxicas que existen». Así define la médico-psiquiatra Marian Rojas Estapé este sentimiento que irrumpe la tranquilidad mental en muchos momentos de nuestra vida. «Consiste en pensar que uno no ha actuado correctamente en algún momento de su vida o que no ha cumplido las expectativas que se habían generado decepcionando a otras personas o decepcionándose a sí mismo. El impacto puede ser igual de fuerte cuando se trata de decepciones a un cercano o a uno mismo», cuenta la psicóloga. Pero, ¿cuál es el origen de esta culpa? «Varía según las circunstancias: exigirse mucho, haber tenido una educación muy rigurosa o ser hipersensible a lo que sucede en tu entorno, entre otros. Pero también tiene que ver con la relación que se tiene con los compañeros, con los amigos, con la familia...», aclara Marian Rojas, autora de «Cómo hacer que te pasen cosas buenas», el libro que ha ayudado a más de 200.000 personas.*



Según esta definición, la única persona que reúne ese cuadro es Albert Rivera, al menos en España. La vuelvo a leer varias veces y no se me ocurre nadie más. Quizá el libro es demasiado bueno y esas 200.000 personas son el conjunto de los cargos políticos en España, se trata de su libro de cabecera.
Escucho con atención a algunos comentaristas políticos que las televisiones nos ofrecen y me sorprende ver hasta qué punto se han contagiado de los mecanismos exculpatorios de la clase política. Han entrado en fase numérica y se han dejado llevar por los puntos de vista. Han dejado de ser "mediadores" y han pasado a ser traductores de los enredos políticos incomprensibles.

A pesar de ser una emoción destructiva, hay que prestar especial atención a la culpa. ¿Por qué? Porque está vinculada con la actitud. «La culpa es una voz interior y hay que procurar que esa voz nos ayude a superarnos y no a hundirnos. Se debe tener cuidado con ese autoboicot del 'lo has hecho mal', 'no lo vas a conseguir'... Te hunde, no te permite avanzar y hace que te quedes enquistado en el pasado, además de llevarte o acercarte a estados depresivos muy severos», alerta Marian Rojas Estapé.*

Confieso que no entiendo la lógica del "a pesar". ¿No deberíamos prestar atención precisamente por eso? Reconozco que mi conocimiento de la autoayuda no es mucho y que tenga  sentido para los expertos en autoayuda y para los adictos a ser ayudados.


Lo de la voz interior sí me interesa porque la gente que solo escucha las voces interiores y no las exteriores tienen cierto peligro. Vuelvo a pensar en Rivera y en la culpa como coro interior frente a la "soledad sonora" de aquellos con más peligro y más votos que ha reinterpretado sin culpa el escenario que han creado.

A veces las voces interiores se llaman "responsabilidad", que no necesariamente coincide con la "culpa". A veces las voces que te hacen sentir culpable es porque eres culpable, algo que no sé bien cómo se resuelve en términos de "autoayuda".
Puestos a tener que elegir, me quedo antes con los que se sienten culpables que con los que hacen de todo sin sentir ni asomo de culpa. Desde el punto de vista de la sociedad, los peligrosos son estos últimos, que son capaces de llevarse todo por delante sin levantar una ceja o tener un ratito de insomnio.
Como todo, la culpa es una cuestión relativa y que tiene mucho de valoración propia. La sorpresa de los que estudiaron la ausencia de sentido de culpabilidad de los funcionarios nacis es un ejemplo; estaban muy contentos con la eficiencia de su trabajo.
Nuestro sistema político no se siente responsable y, menos todavía, culpable de la situación en que nos encontramos. No sé qué tipo de voces escuchan, pero seguro que van en otro sentido. Mucho me temo que sean cantos triunfales en cualquier circunstancia, llamadas al apocalipsis. Por eso ha parecido tan sorprendente lo que ha hecho Albert Rivera al dimitir e irse a su casa. No creo que sea culpable de nada, pero se ha sentido al menos responsable de algo. Y eso es mucho más de lo que tenemos, gente que no se siente ni culpable ni responsable de nada. 
Quizá la clase política haya leído el libro para no sentirse culpable, pero sospecho que se habría utilizado como promoción de la obra, lo que llevaría a un éxito de ventas seguro. 


No sé si habrá algún psicólogo capaz de abordar esta indudable patología política.  Quizá sea porque ahora, con la "nueva política", son tantos que la culpa se queda en "vocecita", apenas audible, de repartida que está.
Hemos pasado en nuestra cultura occidental del ejemplo de Edipo y su sentido de la culpabilidad a combatirlo con la autoayuda. Nuestra sociedad rechaza ser culpable y por eso el ejemplo negativo sirve de coartada: los culpables son los otros. La culpa no es sentido de la responsabilidad ante lo hecho, sino defecto, emoción tóxica, da igual que haya o no motivos para sentirse culpable. Las razones de la culpabilidad no importan; solo que es una molestia. Si Edipo hubiera tenido un libro de autoayuda...
Me adentro en la lectura que me describe qué hacer para que me ocurran cosas buenas y no dejarme llevar por el sentimiento de culpa de las malas. Interesante...


* "Cómo dejar de sentirse culpable por todo" ABC 21/11/2019 https://www.abc.es/bienestar/psicologia-sexo/psicologia/abci-como-dejar-sentirse-culpable-todo-201911210142_noticia.html

domingo, 23 de julio de 2017

El "deshonesto Don"

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Puede alguien perdonarse a uno mismo? Perdonarse uno mismo es un acto metafísicamente complicado. Solo la carencia de lecturas por parte de Donald Trump le puede llevar a un acto de este tipo. Dostoievski sería recomendable, pero no sé si será demasiado complejo para empezar.
Desde el punto de vista legal, perdonarse a uno mismo se llama "impunidad". Se suele decir que nadie está por encima de la ley. El presidente dispone de la capacidad de perdón, pero ¿por encima del presidente quién está? Que quien perdone sea la máxima autoridad es una forma de refuerzo de la autoridad. Pero la capacidad de perdonarse solo puede proporcionarse desde el exterior. Trump podría perdonar a sus allegados y familia, no sin matices, como ahora expondremos.
Desde el punto de vista psicológico, que se pueda perdonar a sí mismo plantea el problema de que Trump, en su propia psique, ha sido quien ha tomado las dos decisiones, la que requiere perdón y la de perdonarse. Una mente egocéntrica y narcisista como la suya no admite error. Más de una vez se le ha reprochado su creencia en estar por encima de todo y con poder absoluto. Pese a los que le corrigen, Trump sigue pensando que puede hacer lo que quiera porque se considera como un propietario de una empresa que se llama Estados Unidos.
Desde el punto de vista político, el perdonarse es asumir su falta sin asumir su culpa, algo demasiado descarado como para que le sea perdonado. Ni demócratas ni republicanos pueden aceptarlo porque sería el fin de la democracia. No habrían elegido a un presidente, sino a un emperador, Calígula.
The New York Times señala:

NORFOLK, Va — President Trump on Saturday asserted the “complete power to pardon” relatives, aides and possibly even himself in response to investigations into Russia’s meddling in last year’s election, as he came to the defense of Attorney General Jeff Sessions just days after expressing regret about appointing him.
Mr. Trump suggested in a series of early morning messages on Twitter that he had no need to use the pardon power at this point but left the option open. Presidents have the authority to pardon others for federal crimes, but legal scholars debate whether a president can pardon himself. Mr. Trump’s use of the word “complete” seemed to suggest he did not see a limit to that authority.
“While all agree the U.S. President has the complete power to pardon, why think of that when only crime so far is LEAKS against us,” he wrote on Twitter. “FAKE NEWS.”*


"Complete power" es una clara manifestación del carácter absolutista de Trump. Probablemente no se haya elegido nunca a un presidente tan carente de sentido de "lo político" y tan hundido en la idea de "poder". La diferencia es muy grande y debería servir de reflexión a muchos que han estado teorizando cínicamente sobre lo contrario. El mundo, gracias a estos teóricos, se nos ha llenado de personas para las que la política es algo retórico y el poder lo importante. No llegan ni siquiera a la consideración de déspotas ilustrados (hablar de ilustrado respecto a Trump es claramente excesivo).
Trump ha generado un caos entre sus propios allegados, ya sea porque han seguido sus instrucciones o por que no lo han hecho y han actuado por libre pensando que el amparo de la Casa Blanca era suficiente. La expresión justificativa que se ha escuchado estos días —"en el mundo de los negocios se actúa así"— muestra el completo dislate al que se enfrentan los norteamericanos desde que el presidente electo comenzó a tomar decisiones. Con la presidencia efectiva, tras su toma de posesión, el caos siguió ascendiendo. Hoy es imparable.
Resulta hasta cómico que el nuevo secretario de prensa que ha sustituido al desencajado Sean Spicer ("esperaba llegar al año y lo ha dejado a los seis meses y un día", comentaban en la prensa), Scaramucci hay borrado sus tuits anteriores de sus cuentas con la intención de no crear "malentendidos".
The Washington Post se ocupa también de la cuestión del autoperdón. El profesor de Derecho Jonathan Turley, de la U. George Washington, escribe en The Washington Post un artículo con el título "Yes, Trump can legally pardon himself or his family. No, he shouldn’t" y señala:

President Trump is reportedly looking into using his pardon power in response to an expanding special counsel investigation of Russian influence in the 2016 election. If he really did pardon his aides, his family or himself to head off Robert Mueller’s inquiry, the move probably would be constitutional but ultimately self-defeating for the president.
In using his power to pardon potential witnesses against him, Trump probably would convert a weak criminal investigation into a full-fledged impeachment effort. In 1833, Chief Justice John Marshall upheld a presidential pardon by Andrew Jackson by saying that a pardon is “an act of grace” by a president. A pardon in these circumstances would not be viewed as an act of grace, but a gratuity from an isolated president.**


Esto coincide con lo señalado anteriormente: se salva de una para entrar directamente en el proceso de "impeachment", que es la única salida que le quedaría. Trump no ha entendido que una cosa es salvar su cabeza y otra el sistema. Trump ha puesto en peligro el sistema de varias formas. La primera y más evidente es apoyar sus esfuerzos para conseguir en el poder en Rusia. No hace falta recurrir a la Teoría de Juegos nos permitiría comprobar fácilmente que Rusia gana siempre. La única duda es que oculte sus carcajadas o lo haga a la cara.
El aislamiento del presidente no es solo una cuestión moral. La gente se puede aburrir de tener que estar defendiendo a un presidente que cada día hunde más su presidencia. Para muchos, la política es supervivencia y con Trump no solo no está garantizada la supervivencia sino que puede aparecer en cualquier momento algo que haga desear haber estado con la boca callada. Borrar los tuits, como Scaramucci, puede no ser suficiente.


El profesor Turley establece los efectos de esta cuestión del autoperdón:

The issue of whether a president can pardon himself is one of the unanswered questions of the Constitution; it has never happened in the history of our republic. Even Nixon did not stoop to a self-pardon, although he did research it. Neither did Andrew Johnson or Bill Clinton, both of whom were impeached by the House but not removed from office by the Senate. Such an act would make the White House look like the Bada Bing Club. After a self-pardon, Trump could wipe out the Islamic State, trigger an economic golden age and solve global warming with a carbon-eating border wall — and no one would notice. He would simply go down in history as the man who not only pardoned his family members but himself.
Pardoning his associates at this stage would clearly have a tactical benefit, but the historical and political costs of that would be immense. The most obvious reason for issuing pardons now would not be to protect any of the key people from jail but to limit Mueller’s leverage over witnesses. Mueller has selected a team of prosecutorial heavies, some of whom are known for flipping witnesses and using pressure to secure their cooperation. A pardon removes that option and reinforces the ability of close associates to take a hard line with investigators.
Of course, the use of the pardon power to protect the president’s political allies and family members would be legitimately decried as an abuse. It would not, however, be unprecedented.**

La democracia, podemos concluir, se convierte en tiranía. Todos los mecanismos y poderes que el pueblo le ha entregado con la consideración de que serán para el bien del propio pueblo, el presidente los usaría en beneficio de él y los suyos. Quedarían por encima de la ley; el sistema se quebraría. Solo quedaría el impeachment, es decir, deshacerse del que ha quebrado el sistema pervirtiéndolo.
La apelación a la Historia que hace Jonathan Turley no es trivial: da igual lo que Trump pudiera hacer después. Ante la Historia de los Estados Unidos, en las escuelas sería un paria, un tramposo, el "deshonesto Don", como existe el tópico del "honesto Abe", por Lincoln. Sería otro Richard "Tricky" Nixon, como el descrito en el obra de Phillip Roth, "La pandilla" (Our Gang). El ególatra Trump solo podría aspirar históricamente a ser una cagada de paloma en la bandera de las barras y estrellas. Es lo que le están diciendo. ¿Servirá de algo?
La idea del "completo poder" es perversa en una democracia y va contra su esencia misma,  hasta expresada como advertencia en un tuit del presidente. Pero, en la mentalidad de Trump, el poder no es poder si no puedes hacer, por lo que tiende a excederse; los límites son desafíos. No es casual que una de las anécdotas reveladoras de la campaña electoral fuera la invención de un inexistente artículo de la Constitución norteamericana.
Otro de los artículos de The Washington Post es el firmado por tres profesores de Derecho, Laurence H. Tribe, Richard Painter y Norman Eisen, con el título "No, Trump can’t pardon himself. The Constitution tells us so", afirman:

Can a president pardon himself? Four days before Richard Nixon resigned, his own Justice Department’s Office of Legal Counsel opined no, citing “the fundamental rule that no one may be a judge in his own case.” We agree.
The Justice Department was right that guidance could be found in the enduring principles that no one can be both the judge and the defendant in the same matter, and that no one is above the law.
The Constitution specifically bars the president from using the pardon power to prevent his own impeachment and removal. It adds that any official removed through impeachment remains fully subject to criminal prosecution. That provision would make no sense if the president could pardon himself.
The pardon provision of the Constitution is there to enable the president to act essentially in the role of a judge of another person’s criminal case, and to intervene on behalf of the defendant when the president determines that would be equitable.***


Ya sea porque los juristas afirman que no se puede o no se debe, no hay salida por este camino para Trump y su especial "pandilla". Si se repasa el historial de estos pocos más de seis meses se comprobará cómo todo ha sido un despropósito en todos los órdenes. Solo la obcecación puede hacer que este desastre se mantenga mucho tiempo, pero ¿cómo salir?
El descrédito de los Estados Unidos en todos los órdenes está en manos de una persona cuyo comportamiento es difícil de defender en aspectos que van de lo protocolario a la Defensa. Admirado y admirador de dictadores y retrógrados políticos en todos los órdenes, está en un puesto que le viene enorme. Sus acciones nos afectan a todos, como ocurre con su negacionismo del cambio climático o las cuestiones en los conflictos internacionales. Llegó, insultó y amenazó. 
Puede que Donald Trump se perdone a sí mismo; puede que sea el único que le perdone.


* "Trump Says He Has ‘Complete Power’ to Pardon" The New York Times 22/07/2017 https://www.nytimes.com/2017/07/22/us/politics/donald-trump-jeff-sessions.html
**  Jonathan Turley "Yes, Trump can legally pardon himself or his family. No, he shouldn’t" The Washington Post 21/07/2017 https://www.washingtonpost.com/outlook/yes-trump-can-legally-pardon-himself-or-his-family-no-he-shouldnt/2017/07/21/6134fb12-6e2d-11e7-b9e2-2056e768a7e5_story.html

*** Laurence H. Tribe, Richard Painter y Norman Eisen "No, Trump can’t pardon himself. The Constitution tells us so" The Washington Post 21/07/2017  https://www.washingtonpost.com/opinions/no-trump-cant-pardon-himself-the-constitution-tells-us-so/2017/07/21/f3445d74-6e49-11e7-b9e2-2056e768a7e5_story.html