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miércoles, 3 de octubre de 2018

El hombre alternativo o la fake new era él

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando dentro de unas décadas se analice este periodo de la historia norteamericana, los historiadores profesionales tendrán muchas dificultades. Tratarán de comprender en qué momento de la Historia la gente se abona al mito antes que a la realidad, al sueño que acaba en pesadilla. Descubrirán que una época eligió la pendiente vertiginosa de la estupidez antes que el equilibrio ponderado. Tendrán dificultades para entender cómo una democracia consolidada eligió a un fullero narcisista como presidente.
Me gusta recordar el momento en el que The New York Times mostraba sus escrúpulos ante sus lectores preguntándose cómo iba a ser capaz de tratar con el respeto debido al nuevo inquilino de la Casa Blanca. Sus dudas surgían de la comprensión profunda de lo que suponía hablar con respeto de la presidencia de los Estados Unidos y de la falta de consideración que les provocaba un personaje como Donald Trump. El periódico suponía que el primero en comprender la importancia del cargo que ocupaba sería Donald Trump, pero nadie estaba preparado para lo que habría de llegar. Nadie estaba preparado para ver pisotear la dignidad de un cargo; nadie estaba preparado para ver cómo la Asamblea de Naciones Unidas en pleno se carcajeaba hace apenas unas horas de las palabras del presidente de los Estados Unidos, un momento convertido en una sitcom en directo, con chistes que no tenían intención de serlo pero funcionaban.


El diario El Mundo recogía este incidente cómico alternativo en un artículo sobre su popularidad. Señala el diario:

Donald Trump suele decir que, desde que él es presidente de Estados Unidos, "nuestro país es respetado de nuevo". La última vez que lo dijo fue el 21 de septiembre, en un mitin en el estado de Missouri. Exactamente cuatro días después, la Asamblea General de Naciones Unidas pareció cuestionar esa afirmación al recibir con carcajadas las afirmaciones del jefe del Estado y del Gobierno de EEUU en su intervención ante el pleno de la organización.*


Puede que hayan intentado mantener la seriedad, son personas entrenadas para ello. Pero es difícil resistirse a alguien cuyo sentido de la realidad es nulo, su conocimiento escaso  y tiene una visión de sí mismo que se aleja en demasía de lo que los demás ven en él.
Los periódicos del mundo, siguiendo a The New York Times, titulan es sus páginas principales, en sus lugares destacados, la salida a la luz de la verdadera historia económica de Donald Trump, el hombre que se hizo a sí mismo con una ayudita familiar.
El País titula "Trump amasó parte de su fortuna a base de fraude fiscal, según asegura ‘The New York Times’"; El Mundo "Trump, millonario tras desviar cientos de millones de dólares de sus padres"; el ABC "Trump evadió impuestos por 413 millones heredados"; La Vanguardia "Una investigación atribuye parte de la fortuna de Trump a fraude fiscal"... Es un bonito repertorio para alguien que quiere pasar a la Historia como el mejor presidente de los Estados Unidos y le gustaría verse esculpido en el Monte Rushmore y, ¿por qué no? en los billetes y monedas. In Trump we trust.


Hace tiempo dijimos aquí que los dos peores enemigos de Donald Trump eran él mismo y sus negocios. Era cuestión de tiempo que estos salieran a la luz. Él lo hizo hace tiempo, Y ahora la investigación sobre sus finanzas, realizada por The New York Times, le ha conseguido otra buena ración de titulares. Puede que no sean los que más le gustan, pero son titulares.
El editorial de The New York Times es tan insólito como lo es todo lo que procede del presidente. Y no puede ser de otra manera cuando se trata de una persona que se considera tangencial con la realidad, que trata de convencer al universo y atraerlo hacia su lado alternativo. Esta "alternatividad" es la que los historiadores tendrán más dificultades en explicar para encajar el texto con el contexto. Con Trump no decae solo en realismo, se hunde la realidad en favor de un mito. De ese mito habla The New York Times en uno de sus párrafos editoriales:

Veterans of New York news media still laugh to recall how Mr. Trump would call them up, pretending to be a publicist named John Barron, or sometimes John Miller, in order to regale them with tales of Mr. Trump’s glamorous personal life — how many models he was dating, which actresses were pursuing him, which celebrities he was hanging out with. As gross and tacky and bizarre as this all seemed, it was aimed squarely at fostering the image of Donald Trump as a master of the universe who, as the cliché goes, women wanted and men wanted to be.
This mythos was burnished and expanded by Mr. Trump’s years on “The Apprentice,” where he played the role of an all-powerful, all-knowing business god who could make or break the fortunes of those who clamored for his favor. Occasionally he could be harsh or even insulting, but it was always in the context of delivering the tough love that the contestants so needed to hear. And who was more qualified to deliver those lessons than Donald Trump? As with all reality TV, it was total bunk. But it promoted precisely the golden image that Mr. Trump — with a multimillion-dollar assist from his father — had carefully cultivated for his entire life.**


Nada de lo dicho en esos dos párrafos es nuevo. El problema es querer escucharlo primero y aceptarlo después. Probablemente se puedan contar anécdotas así de mucha gente, pero poco llegan tan alto y pocos se distancian tanto de la pobre realidad. 
Hace unos días, un compañero de la Facultad me contaba que había visto la estupenda película de Elia Kazan, "Un rostro en la multitud" (A face in the crowd, 1957) e inmediatamente me decía "¡Es Trump!". Sí, es una de sus formas alternativas, una de las múltiples variables del guión de una presidencia anunciada, anticipada por una parte de la sociedad, que la ha hecho suya. Los orígenes humildes del demagogo manipulador del film de Kazan, el maestro televisivo, hace que nuestra memoria cultural haga saltar los ecos. Es el proceso de reconocimiento de patrones en el que comprendemos sus raíces. El arte explica la vida y, en ocasiones, le da forma. A Trump no lo explica la política, que no le importa. Lo explica ese narcisismo que hace desaparecer la realidad hasta convertirla es un espejo. "Power! He love it!", dice el cartel de la película de Kazan.

Trump queda expuesto a la desmitificación del hombre de éxito, del triunfador que se hizo rico con su inteligencia para los negocios. Pero el gran éxito de Trump ha sido convencer al mundo de que era un "hombre de éxito". Esa era su gran victoria y lo que señala The New York Times por encima de los datos sobre el dinero que ha estado recibiendo de su padre no por sus méritos, sino para evadir impuestos. El secreto mejor guardado, aquello de lo que Trump nunca habla, son sus impuestos, su declaración fiscal que sigue eludiendo las miradas.
La personalidad de Trump es como su declaración, la verdad se esconde esquiva en beneficio de lo "alternativo". La fake new era él, de principio a fin. Les ha costado algún tiempo entender a este ser, mutante informacional, hombre de papel y rayos catódicos, sombra platónica cavernícola producida por neones y autobombo.
Se dice que la sociedad norteamericana ha vivido décadas traumáticas a causa de  la guerra de Vietnam o del escándalo Watergate. Cuando, al contar tres, despierte de su sueño hipnótico, el trauma al que se va a enfrentar va a ser centenario.


* "Donald Trump tiene el mismo respaldo popular en España que en Estados Unidos" El Mundo 2/10/2018 http://www.elmundo.es/internacional/2018/10/02/5bb3a9a446163f80978b4672.html
** The Editorial Board "Donald Trump and the Self-Made Sham" The New York Times 2/10/2018 https://www.nytimes.com/2018/10/02/opinion/donald-trump-tax-fraud-fred.html




miércoles, 4 de enero de 2017

Periodismo frente a activismo informativo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las páginas digitales de The New York Times llevan dos frases sin un énfasis especial, en un recuadro: "Journalism that matters. More essential tan ever". Tras las frases, una invitación a la suscripción al diario. Más allá de la publicidad, lo expresado pasa a ser casi un lema periodístico, una declaración de intenciones.
Las frases —las tres— sitúan en gran medida el problema del periodismo y el problema de los medios, dos cuestiones teóricamente distintas, pero que se unen en la práctica, es decir, en la respuesta del público y en la supervivencia de las empresas periodísticas.
Desde que comenzó la prensa digital a mediados de los años 90, son muchas las profecías que se han cumplido, pero no por ello el camino recorrido ha dejado de ser sorprendente para quien haya tenido por ocupación la observación de la evolución del espacio mediático. De forma general, la globalización de los medios afectó a las competencias locales poniendo al alcance de los lectores más y mejor información al permitir poder acceder a las ediciones de los mejores periódicos de cualquier parte del mundo. Eso supuso para ellos un reto, pues muchos pusieron en marcha ediciones internacionales destinadas a los lectores globales. Fue un gran esfuerzo que, sin embargo, no arregló la cuestión de la financiación de la prensa conforme las ediciones impresas competían con sus propias ediciones digitales. La competencia ya no era los otros medios, sino los otros soportes que iban ganando espacio de lectura.
Los medios se dieron cuenta pronto de este efecto de cambio en los hábitos de consumo de la información, algo que se vio radicalizado por el proceso de la convergencia digital al aumentar la velocidad de las redes. Las separaciones tradicionales entre los medios impresos y los audiovisuales se disolvían merced a la digitalización que hacía que los medios pudieran incorporar en una misma interfaz lo que antes eran radio (los podcast), televisión (piezas y canales de vídeo digital) y la prensa escrita. Las barreras entre los medios, los lenguajes diferenciados, etc. saltaban por los aires. Los "periódicos" empezaron a perder "identidad" además de "lectores". Hoy muchos columnistas graban pequeños clips de vídeo para evitar que el público tenga que leer en sus pequeñas pantallas.


Como "periódicos" muchos conservan los títulos de sus cabeceras. Sus "páginas" virtuales aquellas que comenzaron siendo facsímiles de las impresas en las primeras ediciones digitales, difícilmente se parecen a los periódicos veinte años después.
Cuando los medios pensaban que ya estaba estabilizado el cambio y podían empezar a tomar decisiones estratégicas a largo plazo, comenzaron las revoluciones de la "redes sociales" y los llamados micromedios. 
El señor Trump se comunica cada día con sus seguidores y detractores a través de tuits, que son reproducidos por el propio The New York Times como documentos. El tuit vacía de significado las posibles ruedas de prensa y altera la forma de enfocar la comunicación política descolocando a sus rivales. El que tuitea primero, tuitea dos veces.
Pero el mensaje de The New York Times tiene otro sentido más allá de la supervivencia económica de los medios o de su transformación digital. Lo que el diario trata de resaltar es lo que importa realmente del Periodismo: la calidad de la información y el compromiso profesional e institucional tras ella.


Lo ocurrido durante el último año en los Estados Unidos es preocupante en muchos sentidos, pero ha servido para revelar la importancia de la información en los sistemas democráticos. Lo que importa del Periodismo es realmente la sociedad misma y su capacidad para sobrevivir a un tiempo, llamado de la Información, en el que la comunicación ha pasado a ser un elemento esencial.
Las viejas dictaduras imponían el silencio o solo se permitía una voz autorizada, la del poder. Las demás estaban silenciadas. Los progresos en libertades siempre han venido de la capacidad de aumentar la información y, con ello, el diálogo social. La democracia se basa en el diálogo y solo se puede dialogar partiendo de un aceptable conocimiento del mundo, que es lo que los medios fueron ofreciendo. Por ello no es solo una cuestión de cantidades, sino de "calidad" de la información. El salto de los periodistas del siglo XIX a las universidades, con el principio en la de Columbia, en 1912, preconizado por Pulitzer, no era solo una cuestión de prestigio profesional sino de conciencia de la necesidad de formar mejor a los periodistas para que cumplieran mejor su función social. La universidad se entendía como una garantía que se pondrían al servicio de los lectores y ciudadanos.


Cuando The New York Times señala que el periodismo de calidad es más importante que nunca es precisamente porque nos encontramos en un umbral cuyo paso conlleva peligros para el propio sistema democrático, más allá de la cuestión informativa.
Ha tenido que suscitarse un agrio debate a lo largo de un año para que muchos profesionales sean conscientes, en medio de la impotencia, de que el sistema se puede subvertir usando los mismos medios.
Nos enfrentamos a un constante proceso de interpretación de nuestro entorno, al que solo tenemos acceso directo en una pequeña parte, siendo todo lo demás mediado. Esto significa que conocemos el mundo a través de otros o, si se prefiere, que nuestro mundo son los textos que nos hablan del mundo.
La llegada de los nuevos medios ha traído la proliferación de las voces de esa semiosfera, de la que Lotman hablaba, y la ha ampliado hasta límites insospechados. Hoy nuestro mundo es un gigantesco medio de publicación, un inmenso mural virtual en el que se reflejan las opiniones, las historias, los hechos que cada cual quiere contar o mostrar al mundo.


Las distinciones que demarcaban los medios se han difuminado. Los medios audiovisuales y los periódicos comenzaron a prestar más atención a los discursos sociales que a producir sus propios discursos. Es más barato y se sigue haciendo. Con ello, los medios perdieron su propio papel y autoridad informativa convirtiéndose en un espejo o eco de los medios sociales. De esta forma se transformaban en un nodo más dentro de la red.
La falta de seguridad de los medios en el futuro empresarial de la información ha hecho que se oriente más hacia las audiencias que hacia la calidad de la información, perdiendo lo que era su gran ventaja, la profesionalidad y el compromiso informativo. Las divisiones entre los profesionales de la información y los profesionales de los medios eran constantes. Para los primeros, la información es la base; para los segundos, el medio debe seguir los gustos sociales en busca de rentabilidad, transformándose para encontrar el favor del público, cuyo gusto informativos es cada vez más distorsionado por las avalanchas de información.
Lo ocurrido este año no es el triunfo de la "mentira" sobre la "verdad", sino algo mucho más complejo: el triunfo de un  nuevo tipo de comunicadores, expertos en las audiencias que se crean en las redes sociales. Para ello aceptan una verdad incuestionable: las redes forman ya parte de la vida de las personas. No se trata ya de sentarse a ver la televisión o a leer un periódico. Se vive en la red. Por medio de las interacciones constantes, las personas van definiendo sus propios espacios informativos en un sentido diferente al de los lectores de antaño.


No en vano, el estudio de las "redes" y de sus fenómenos está siendo una especialidad que los comunicadores tradicionales no acaban de entender al centrarse en la elaboración de las informaciones y de los mensajes. Es el funcionamiento de las redes lo que interesa. La noticia es como un barco de papel arrastrado por las corrientes.
Vivir en un espacio mediado significa aceptar un mundo que se va configurando desde las interacciones de los propios usuarios, que configuran sus redes de contactos, seleccionan sus fuentes y aceptan las recomendaciones de unos frente al rechazo de otros. Da igual que nuestra información sea "verdad", lo importante es que solo nos llegarán a través de la red en la que vivimos, nuestro ecosistema informativo.
Y surgen los activistas informativos. Sus movimientos en la red son constantes, agregando destinatarios de las informaciones que quieren hacer llegar a los suyos manteniendo un refuerzo continuo que mantiene la red unida y cada vez más aislada de otras redes, que son como universos paralelos. Mientras unos usuarios valoran la diversidad de fuentes; otros, en cambio, valoran el refuerzo constante de sus opiniones. Estos últimos son los más radicales.


Trump ha sabido aprovechar a los activistas informativos de los grupos alternativos. Han unido muchas pequeñas redes dirigiéndose a los grupos periféricos y convirtiéndolos en retuiteadores de sus mensajes. Los grupos alternativos que ha logrado poner a su servicio llevan años creando y reforzando sus propias redes. Ya no se trataba de hacer campaña en los medios, sino de aprovechar las redes creadas para difundir un mensaje determinado.
Por extraño que parezca, el aumento de informaciones no hace que se contraste más, sino que se busque la exposición a aquello que se quiere creer. The New York Times nos trae un ejemplo del propio Donald Trump y del uso de sus tuits. Sabe que a sus electores y simpatizantes les gusta creer que es China la causante de sus males laborales y económicos. Esto le lleva a convertirla en el tópico central de sus mensajes, los que son retuiteados millones de veces. Con el titular "Enough of the Tweets, China’s State Media Tells Trump",  The New York Times recoge la reacción china a los constantes tuits de Trump sobre ellos:

BEIJING — It’s become easy to imagine an aide to China’s president, Xi Jinping, knocking on his bedroom door in the middle of the night to report the latest from Trump Tower: “He’s tweeted about us again.”
China’s leaders thought they had a solution to the torrent of snark, jibes and condemnation on Twitter. They banned access to it in China. But, paradoxically, China has become the country that President-elect Donald J. Trump seems to most enjoy trolling on his open-all-hours Twitter feed.
In bursts of 140 characters or less, he has jabbed at Beijing over Taiwan, trade, the South China Sea and, most recently, North Korea. “China has been taking out massive amounts of money & wealth from the U.S. in totally one-sided trade, but won’t help with North Korea. Nice!” Mr. Trump said on Twitter on Monday.
How and when Mr. Xi reads about these broadsides remains a mystery to outsiders. Translating Mr. Trump’s sarcasm — “Nice!” — could be tricky. But Chinese officials and the state news media want Mr. Trump to know that their leaders prefer doing diplomacy the old-fashioned way, behind closed doors and muffled in platitudes.*


¿Diplomacia a la antigua usanza? Con mensajes como estos —basta con un "Nice!"—, Trump consigue hacer llegar sus ideas a sus seguidores y que la respuesta sea como la recogida por el periódico. The New York Times puede criticar el tuit, pero solo después de que este haya causado su efecto. Las quejas de los chinos convencen a Trump de que está en el buen y molesto camino. La diplomacia a la antigua usanza no quedará más que como un resto protocolario ante los mensajes de las redes, medio preferido. Los medios convencionales se los deja al enemigo.
Los medios critican a Trump, pero este lucha con los medios, matiz importante que implica unas reglas del juego distintas en cada caso. Los medios profesionales tienen por objeto informar; Trump y los suyos, por el contrario, solo ganar las elecciones, deteriorando a sus contrarios con los actos necesarios, del vergonzoso Pizzagate a los tuits sobre vacunas o China y el cambio climático. Los medios han sido parte en estas elecciones porque Trump estaba contra ellos. Era parte de su estrategia lanzar a sus seguidores contra los medios sabedor de que le seguirían acogiendo entre sus páginas dando cuenta de sus barbaridades. Con el siguiente tuit confirmaba a los seguidores la existencia de la conspiración mediática contra él.
De la misma forma, China Daily se ve obligada a contestar a los tuits de Trump amplificando los efectos:

Analysts said China, which plays a key role in stabilizing the Korean Peninsula, should not be bypassed in resolving the Democratic People's Republic of Korea nuclear issue.
"China's efforts are widely recognized, and we hope all sides will avoid remarks and actions to escalate the situation," Foreign Ministry spokesman Geng Shuang told a regular news conference.
His comment was in response to a tweet in which Trump criticized China on Monday, saying it was not being helpful in addressing the DPRK nuclear issue.**


De esta manera Donald Trump pasa a ser el "trol" mundial de mayor escala hasta el momento. Con un tuit obliga a ponerse a la defensiva a China o a desplegar los artículos de los periodistas de The New York Times o cualquier otro medio. Está donde quiere estar. No se trata de que sea verdad lo que dice, sino que de los cientos de millones de personas que lo escuchan, muchos están de acuerdo con lo que dice, sea verdad o no. Es lo que ha hecho Trump a lo largo de la campaña presidencial. No se moderó nunca, sino que. por el contrario. sabía que sus excesos le daban titulares, como bien se estudió y contabilizó en dólares, aunque nos sus efectos negativos para la candidata demócrata.
En este contexto, ¿en qué medida debemos interpretar el "Journalism that matters. More essential tan ever" con el que el periódico trata de atraer a nuevos lectores y suscriptores? En uno esencia: el mantenimiento de una sociedad que realmente pueda vivir en un entorno comprensible.


Lo que ocurre con los Estados Unidos es lo que ha ocurrido en Oriente Medio durante estos años: la incapacidad de diferenciar lo verdadero de lo falso, lo real de las "teorías de la conspiración". Los efectos son terribles porque no hay ya forma de establecer diferencias. Solo queda agarrarse a lo que se quiere creer y radicalizarse aislándose del resto.
La campa contra los medios emprendida por el nuevo inquilino de la Casa Blanca —el otro Donald— no es una casualidad, sino la otra cara de la suplantación de la información periodística profesional por el activismo informativo. El deseo de Trump es poner contra las cuerdas a los medios que le critican. 
Lo que pide The New York Times es que se valore su trabajo, sobre todo en lo que tiene de batalla en nombre de los que valoran la libertad, la diversidad y la honestidad informativa, junto a la existencia de unos estándares éticos.


No debe confundirse lo dicho hasta el momento con la capacidad social de producir su propia información. De lo que aquí hablamos es de los movimientos organizados para la lucha política que usan la información como un arma más despreciando la pluralidad y ética profesional. Hay una diferencia enorme entre opinar de forma distinta e inventar todo tipo de noticias, insinuaciones, etc. que se repartan a través de las redes en nombre de la libertad de información. Todavía estamos esperando una prueba del fraude de millones de votos que Trump escribió en uno de sus tuits.
¿Estamos condenados a la confusión y la manipulación? Depende mucho de las actitudes de apoyo al periodismo honesto frente a los ataques que sufrirá aquel que tenga el valor de enfrentarse a un poder que juega a otra cosa. Dependerá también de la propia capacidad de supervivencia de los medios: la independencia informativa es cara, como lo es el periodismo de calidad. Los rumores, las noticias falsas, en cambio, son un material barato, fácil de producir, basta con la imaginación. La rentabilidad es enorme. 
La proliferación de espacios dedicados a difundir noticias falsas, rumores, etc. en estos cinco o seis años pasados ha culminado con la llegada de un mentiroso a la Casa Blanca. Los medios prometieron intentar distinguir entre la persona y la institución, que debería ser respetada. Pero ha sido imposible: él mismo ha subvertido la institución llevándola al extremo, no respetándola.
Dudo que la petición de China a Trump de que deje de mandar tuits sobre ellos se haga realidad. Es su línea y su estrategia. Le ha funcionado. El mundo se debe empezar a acostumbrar —solo en un sentido— a estos cambios.
El futuro del Periodismo forma parte esencial del futuro de la sociedad democrática. Un periodismo de baja calidad es una merma de las posibilidades de decidir con fundamento sobre lo que queremos. La confusión, la manipulación, etc. son estrategias de acceso al poder y de acoso a los que interfieren en sus planes. La finalidad del periodismo no es el poder, sino su crítica. En este sentido, se acercan tiempos intensamente periodísticos, que exigirán altura de miras, honestidad y muchas veces sacrificios y riegos. El Periodismo importa porque importan otras muchas cosas.


  
* "Enough of the Tweets, China’s State Media Tells Trump" The New York Times 4//01/2017 http://www.nytimes.com/2017/01/04/world/asia/china-xinhua-donald-trump-twitter.html

** "Beijing's DPRK efforts 'widely recognized'" China Daily  4/01/2016http://www.chinadaily.com.cn/china/2017-01/04/content_27853310.htm



domingo, 27 de marzo de 2016

Ni estable ni fiable o el editorial de The New York Times sobre Egipto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Egipto está tirando demasiado de la cuerda. El día 25 se publicó en The New York Times un durísimo editorial sobre la situación egipcia. Egipto puede seguir negando todo y su gobierno insistir en que se trata de una conspiración mundial contra ellos. Ya sea en Washington, Tel-Aviv, Qatar, Roma o la Alcarria, en algún punto del globo están reunidos unos sabios que, tras encomendarse al diablo, están dispuestos a tomar decisiones para hacer que se seque el Nilo o la gente se suba a las pirámides a hacerse selfies.
El editorial de The New York Times se limita a repetir lo que le están diciendo al gobierno egipcio en todas partes pero con un aspecto importante: Estados Unidos ha financiado y financia al Ejército egipcio. Es el segundo país, después de Israel, en recibir financiación militar. Egipto, tan pudoroso para clausurar ONG si reciben dinero de fuera, no tiene reparo en que su orgulloso Ejército haya estado financiado desde los Estados Unidos.


El editorial es una seria advertencia —o quizá ya ni eso— sobre las condiciones del régimen actual y su deriva constante. Decimos que puede no ser una advertencia porque no llama tanto a El Cairo para que cambie su actitud o modere sus actos de represión, sino que da por hecho que esto no va a ocurrir y plantea directamente a la administración Obama (y a sus sucesores) la necesidad de "repensar" las relaciones entre los dos países.
Desde el comienzo del editorial —titulado "Time to Rethink U.S. Relationship With Egypt" — se insiste en la idea de que al régimen egipcio se le han dado todas las oportunidades posibles y las ha desaprovechado:

Since the Egyptian military took power in a coup in the summer of 2013, the Obama administration’s policy toward Egypt has been moored in a series of faulty assumptions. The time has come to challenge them and to reassess whether an alliance that has long been considered a cornerstone of American national security policy is doing more harm than good.
When President Mohamed Morsi was overthrown, senior American officials dithered on whether there was any point in calling a coup a coup and expressed hope that this would be merely a bump on Cairo’s road toward becoming a democracy.
Later that year when Egypt’s human rights abuses became even harder to overlook, the White House suspended delivery of military hardware, signaling that it was willing to attach conditions to the $1.3 billion military aid package Egypt has treated as an entitlement for decades.*


Las esperanzas en mejoras hacia un sistema democrático se han esfumado. Lo que hemos llamado aquí la "post-hoja de ruta" necesariamente lleva a la represión una vez que la propia hoja terminó su proceso y se ha constatado que la situación actual es incluso peor que en la época de Mubarak para muchos expertos. La dictadura volvió a la casilla de salida con un golpe vergonzante, es decir, un golpe que renegaba de su nombre pero no de las acciones necesarias para llevarlo a cabo. Uno tras otros todos los agentes sociales que se sumaron inicialmente y creyeron que los militares —como prometieron— no tomarían el poder más que circunstancialmente, con un ministro de defensa que decía no tener aspiraciones políticas ni deseos de ser presidente si quedaron en palabras. El-Sisi recibió su "llamada" divina en sueños y todos creyeron (quisieron creerlo) que el salvador había llegado.


El nuevo Nasser había llegado. Lo malo es que era también un Sadat y un Mubarak, una fórmula explosiva en la que no se renunciaba a nada para mantener un régimen militar que lleva desde los años cincuenta con una absurda visión de sí mismo.
El editorial de The New York Times deja claro que la decisión de considerar un intento de restituir una democracia que los islamistas de Morsi, en su estupidez política, habían manipulado volviéndola sectaria y discriminadora, es ya solo una ilusión gratificante, una justificación que ya es imposible mantener. Por más que el gobierno egipcio niegue las acciones más obvias, denunciadas por los propios egipcios, que se ven encarcelados por "difamar al país", los hechos están ahí. La paciencia ante las explicaciones absurdas y los rasgados de vestiduras han llegado al límite con la muerte del italiano Giulio Regeni.


La condena del Parlamento Europeo a la represión en Egipto y la exigencia de que se aclaren los hechos solo ha tenido como respuesta la acusación de conspiraciones y la elaboración de un guión absurdo para tratar de responsabilizar a una banda de criminales a los que se ha ejecutado de forma sumaria en un tiroteo callejero para intentar cerrar el caso. Pero el gobierno egipcio es incompetente hasta para eso. Las carcajadas de los egipcios ante el "invento" se escuchan desde aquí y la repuesta de Italia no se ha hecho esperar: no nos lo creemos. El agravante es que una vez que han aparecido los documentos de identidad de Giulio Regeni y algunas de sus posesiones personales, ya no se puede decir que no se ha tenido parte. En cierta forma, el intento de colar esta historia es ya una confesión.
Escriben en The New York Times:

Administration officials who have cautioned against a break with Egypt say its military and intelligence cooperation is indispensable. It’s time to challenge that premise. Egypt’s scorched-earth approach to fighting militants in the Sinai and its stifling repression may be creating more radicals than the government is neutralizing.
“We are long overdue for a strategic rethink on who are strong American partners and anchors of stability in the Middle East,” Tamara Cofman Wittes, a fellow at the Brookings Institution and a former senior State Department official, said in an interview. “Egypt is neither an anchor of stability nor a reliable partner.”
Mr. Obama and his advisers may conclude that there is little the United States can do to ease Egypt’s despotism during the remaining months of his presidency. That’s not the case. Mr. Obama should personally express to Mr. Sisi his concern about Egypt’s abuses and the country’s counterproductive approach to counterterrorism.
Mr. Obama has been willing to challenge longstanding assumptions and conventions about Washington’s relations with Middle East nations like Iran and Saudi Arabia. But he has been insufficiently critical of Egypt. Over the next few months, the president should start planning for the possibility of a break in the alliance with Egypt. That scenario appears increasingly necessary, barring a dramatic change of course by Mr. Sisi.*

El editorial es un duro aviso a la responsabilidad del "traidor" Barack Obama en el caso de Egipto. La idea del "mal menor" ha dejado de funcionar y lo que se afirma ahora es que Egipto no es ni "an anchor estability nor a reliable partner", en las palabras citadas de Tamara Cofman Wittes. Ambas afirmaciones son duras en términos de las relaciones que desde Sadat se establecieron y se continuaron con Mubarak, la alianza con los Estados Unidos y la estabilidad en la zona para proteger a Israel de otra guerra. Hoy, se nos dice, ninguno de los dos elementos que se valoraban y hacían mirar hacia otro lado se dan.


Lo que el editorial le está diciendo a Obama es que hay que ser firme ante lo que está ocurriendo en Egipto porque ha pasado a ser contraproducente: ni estabilidad ni fiabilidad. "Estabilidad" no hay porque en ninguno de los apartados, incluida la seguridad, se ha conseguido avanzar. Más bien se ha retrocedido y el Egipto de hoy es mucho más inestable que lo era el de Mubarak. "Fiabilidad" porque la ocurrencia del régimen de El-Sisi para intentar presionar a los Estados Unidos cuando este se pone serio es arrojarse a los brazos de Vladimir Putin, un error estratégico de alto calibre, uno más del régimen egipcio. Que las manifestaciones en El Cairo muestren los rostros de un "Obama-Osama", barbudo y terrorista, mientras que se engalanaban las avenidas con banderas rusas y retratos de un Putin sonriente es más de lo que los amigos pueden aceptar. Y es, sin duda, una muestra de la falta de cálculo y de sentido común del régimen actual que se cree sus propias fantasías.
En estos momentos Egipto acaba de cambiar sus ministros. Las voces que surgen desde la prensa advierten al Presidente que el crédito se está acabando y que debe elegir entre las personas que pueden sacar al país adelante y no entre los fieles y aduladores. En este sentido se manifiesta en un artículo de opinión titulado "Cabinet reshuffle: What's next?", del conocido periodista Abdel Latif al-Menawy, nada sospechoso de animadversión al régimen:

Success in resolving those problems depends upon many things, most importantly the ability to face up to them by making use of the available talent, rather than excluding people on the basis of their position on a different part of the political spectrum. I hope that political considerations can be set aside when it comes to selecting people of the right caliber, and that help is sought from experts in different fields who are able to deal with Egypt’s problems.
There are two keys to success for this government. The first is to urgently determine the priorities for the Egyptian people, and that must be done using a proper scientific approach, rather than relying on the personal assessments of officials and observers. Second is to use the right rhetoric in communicating with the masses.
At this point, a question needs to be asked: Does the government, at all levels, apply scientific, study-based methods to determine its priorities? Does the government learn from the experiences of those who have faced similar problems? Also, does the government apply well-researched methods in setting its strategy for communication with the public?
I can independently answer these questions by saying that it does not happen in this way, and if it does, it procedes in a disorganized, unsustainable manner.
So, creating a state of harmony among various ministries, and following a proper scientific approach in setting priorities are, indeed, the right paths to success.**


Independientemente de lo que pueda parecernos el texto, es más importante por lo que dice implícitamente que por lo que expresa. Interesa más la queja por el sectarismo y la ineficiencia actual que la petición de un gobierno que actúe científicamente, según solicita el periodista.
Es un síntoma de impotencia el encerrarse en el interior de un grupo de fieles antes que abrirse hacia la sociedad, que es lo que se le demanda en el artículo: que elija a los mejores, que atienda las primeras necesidades del pueblo egipcio y que cambie la retórica comunicativa. Las tres peticiones, lógicamente, implican que no se están cubriendo estos objetivos: que no se elige a los mejores, sino a los más próximos, con posteriores sorpresas desagradables; que se están priorizando cosas que no son importantes para el pueblo egipcio; y, finalmente, que la comunicación no es la correcta. Desconocemos cuáles serían las propuestas, pero la petición desesperada de cambio está ahí. No es la única, como hemos recogido en varias ocasiones de fuentes y sectores muy distintos. La conclusión general es que la situación es mala y no satisface a nadie, ni al pueblo ni a los políticos. Tampoco a la comunidad internacional, algo que también se le ha recriminado.


Con esas perspectivas, el aislamiento de Egipto irá creciendo. Los rusos le han pedido poner su propio personal de seguridad en los aeropuertos, lo que el gobierno ha visto como una ofensa a su capacidad. Se quedará también sin el turismo ruso, que era una promesa de Putin, que no se la va a jugar por un socio en horas bajas, que le había prometido comprarle armas y trigo.
La crítica fuerte de The New York Times sigue a otras realizadas en los Estados Unidos desde otros medios. The Washington Post lo hizo en un editorial también muy duro en diciembre de 2015. En el mismo sentido, se le pide a Obama que deje de amparar la represión en Egipto con el silencio y las ayudas a los militares.

Se puede seguir pensando en una conspiración internacional o en que efectivamente el régimen reprime brutalmente y muchos están hartos de tener que callarlo. Podemos pensar que los ministros egipcios no saben realmente lo que ocurre en sus ministerios o que son capaces de mantener la cara ante las acusaciones generales.
La pregunta siempre es ¿qué alternativa hay?, algo que se ha preguntado también la prensa egipcia. Esa es la labor que corresponde al pueblo egipcio. Se ha pasado de temer que los países envidiosos quisieran quedarse con El-Sisi en sus viajes al extranjero (sí, sin pudor) a preguntarse qué puede haber tras una figura que no ha cumplido ninguna de las expectativas. Las alternativas que siempre se barajan son: el caos o más represión. Curiosamente no se baraja una salida democrática, dejando a Egipto en esos movimientos pendulares entre caos y represión.


Ni la democracia es el caos ni la represión en la estabilidad. Egipto tiene a sus mejores mentes silenciadas porque se deben ir fuera para poder tener un poco de libertad. Tiene a lo mejor de su juventud, la que se levantó contra Mubarak y estaba dispuesta a trabajar a fondo por el país modernizándolo, en la cárcel o en el extranjero. Pervirtió su deseo de cambio llamando "revolución" a un golpe de Estado, manchando de sangre y culpa a  los que tuvieron que defender las masacres como forma de patriotismo y llamando traidores a los que las denunciaron o simplemente se fueron.
Egypt Independient trae un artículo, firmado por Mohamed El-Sayed Saleh, con el título "A presidential apology to Mohamed ElBaradei" en el que se hace referencia al (pen)último incidente con la retirada de la mención de Mohamed El Baradei de los libros de texto:

Mohamed ElBaradei is no traitor, because a traitor, according to my perception and limited legal knowledge, is a spy at war with his homeland and people.
ElBaradei is none of that. Rather, he endured a lot to secure the victory of the 30 June revolution. I suspect that ElBaradei’s criticisms of the Muslim Brotherhood and Mohamed Morsi's government led the way for the vast majority of liberals.
Later, the man shifted his position, due to the bloodshed in Rabaa al-Adaweya and al-Nahda squares, just like many Egyptians. I am one of many people who felt that what happened in Rabaa was a crime, one that President Sisi should not have ignored, but rather tackled transparently, holding accountable those who shed the blood of Egyptians.***


La exigencia de una disculpa presidencial a El Baradei por su supresión vergonzosa de los libros de texto es algo más que un acto de justicia. Supone que ha dejado de ser "el traidor" del régimen, tal como se canalizó hacia él todo el odio de la sociedad egipcia. El Baradei era la apuesta preferida de muchos para hacerse con la presidencia del país y romper con la tradición militar, después del intento fallido de los islamistas de Morsi. El Baradei representaba el prestigio internacional de un Premio Nobel de la Paz y un cierto consenso social. Pero El Baradei no estaba dispuesto a ser comparsa de un régimen militar y ser considerado cómplice de las muertes y la represión. Si podía ayudar a su país, como tantos otros, lo haría, pero no sería un traidor a su propia conciencia y, a la larga, a su propio país dándole lo mismo de lo que pretendía salir.
Su reaparición, aunque haya sido de una forma circunstancial por su desaparición de los libros escolares, hará que muchos piensen de nuevo en él como "salvador". Se iniciará así de nuevo la campaña para promoverle y la campaña para hundirle, característica de la forma egipcia de abordar los problemas.


Los síntomas de que el régimen se encuentra en serios aprietos son muchos. La sisimanía se desmorona conforme aparecen todos los fantasmas económicos y políticos, que son más estridentes que los cantos de júbilo de los seguidores, que cada vez tienen menos argumentos para sostener este régimen. Siguiendo su tradición, los egipcios no se preguntan qué podemos hacer, sino quien puede salvarnos e iniciar otra "manía" hasta la siguiente desilusión.
Lo malo es que nunca se parte de cero en la Historia. No existe el borrón y cuenta nueva, sino que los errores de El-Sisi y su régimen los pagarán los egipcios, como están pagando los errores de Morsi. Las réplicas de los terremotos históricos tardan mucho en desaparecer.



* "Time to Rethink U.S. Relationship With Egypt" The New York Times 25/03/2016 http://www.nytimes.com/2016/03/26/opinion/time-to-rethink-us-relationship-with-egypt.html?mabReward=A1&moduleDetail=recommendations-0&action=click&contentCollection=Theater&region=Footer&module=WhatsNext&version=WhatsNext&contentID=WhatsNext&src=recg&pgtype=article
** "Cabinet reshuffle: What's next?" Egypt Independent 24/03/2016 http://www.egyptindependent.com//opinion/cabinet-reshuffle-what-s-next

*** "Cabinet reshuffle: What's next?" Egypt Independent 24/03/2016 http://www.egyptindependent.com//opinion/cabinet-reshuffle-what-s-next 


sábado, 18 de octubre de 2014

Las disculpas de Al-Ahram a The New York Times o quién le dice al pueblo que también está desnudo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No hay peor cosa que babear ante el poder. El diario egipcio Al Ahram* ha tenido que pedir disculpas públicamente al diario The New York Times tras publicar una información en la que se tergiversaban vergonzosamente la palabras de su corresponsal en El Cairo, David Kirkpatrick.
Las relaciones del diario Al Ahram con The New York Times son complejas desde el interior, donde no se admiten las disidencias en el tratamiento de la imagen de su presidente al-Sisi. Una parte de los medios egipcios siguen sosteniendo que el mundo se equivoca, algo a lo que tienen derecho, claro. Pero a lo que no lo tienen es a convencer al pueblo egipcio que la misma babosería aduladora que mantienen con el presidente Abdel Fattah al-Sisi es la que mantienen el resto de los mortales. El mundo no padece de Sisi-manía. Puede que el drama de Egipto sea tener que sobrevivir a su propia idolatría, pero no es el mal del que los demás están aquejados. Tampoco lo hacen por una conspiración universal contra Egipto desde el origen de los tiempos, no. Lo hacen de la misma manera que lo hacen con otros o aguantan que lo hagan con ellos.
Por eso la tergiversación realizada por Al-Ahram es demasiado obvia. Tan obvia que ellos mismos se han sentido manipulados por el que escribiera y los motivos para convertir en loas lo que eran críticas dándole la vuelta al texto de The New York Times. El diario se ha limitado a poner en dos columnas lo dicho por su corresponsal en El Cairo sobre la intervención en la ONU y en cómo lo reproducía Al-Ahram.


Los medios oficiales egipcios están empeñados en una guerra contra The New York Times. En lo que va de año, son frecuentes los ataques desde distintos medios y a cargo de diferentes periodistas. El 7 de septiembre de 2014 el periodista Khaled Mahmoud se preguntaba en Daily News Egypt "Is the New York Times always a credible source?"**. El 16 de octubre, Abdel-Moneim Said publicaba en Al-Ahram Weekly un artículo titulado "The NYT does it again"***, criticando un editorial de The New York Times sobre la intervención presidencial en la Asamblea de Naciones Unidas y las afirmaciones hechas allí. Las versiones oficiales hablan de un planeta seducido por el presidente Al-Sisi, algo que forma parte del delirio interno egipcio. De nuevo se vende que la guerra contra el terror está liderada por Estados Unidos y Egipto, algo que solo se ve así en Egipto, pues se incluyen los encarcelamientos y represión de personas que no tienen nada que ver con el terrorismo islamista, sino que se han limitado a manifestarse críticamente contra el gobierno y les han aplicado la represiva Ley de Protestas. Pero los medios propagandísticos oficiales siguen con la peregrina idea de que el mundo debe ver las cosas como ellos las interpretan.
La circulación de las informaciones que no controlan hacen que se vean obligados a estas campañas de desprestigio de periódicos como The New York Times para tratar de restarles credibilidad, como muestra el artículo del periodista Khaled Mahmoud, llevando la duda desde el título mismo. Con eso es suficiente para muchos. Ya pueden seguir sosteniendo que existe una conspiración contra ellos y que nadie les entiende ni reconoce sus sacrificios para salvar al mundo de los mayores peligros.
Lo cierto, en cambio, es que Egipto ha querido encubrir su propia represión como parte de la lucha global contra el Estado Islámico. La afirmación oficial de que no era necesario participar en coaliciones porque ya se estaba luchando ha sido un intento grosero de incluirse entre los participantes mientras se limpia la casa propia.

Pero todo —en lo que conocemos— había empezado ya el 2 de enero de 2014 con otro artículo de Abdel-Moneim Said con un título explícito: "Shame on The New York Times"****. El periodista arremetía contra el periódico norteamericano comenzando con una lección sobre lo que son los "hechos periodísticos". Iba contra los hechos considerar un "golpe de estado" lo que había sido un "levantamiento popular". The New York Times, una vez más, era culpable de faltar a la verdad.
Por esto, por toda esta campaña contra The New York Times, el hecho de que se hayan publicado en sus ediciones una disculpa creo que es relevante desde el punto de vista de la información y que tiene que haber llamado la atención de la opinión pública, sometida diariamente al bombardeo de las televisiones afines y lo escritos laudatorios.
Este es el texto de disculpas que publica Ahram Online en sus ediciones, árabe e inglesa, papel y digital:

Al-Ahram daily, Egypt’s oldest and biggest newspaper, has issued an apology and an explanation for having earlier misquoted, quoted out of context and selectively quoted a New York Times story on Egypt by its correspondent, David Kirkpatrick.
In its statement Al-Ahram regretted that such a grave error would occur at a time when the current editorial management of the newspaper and the organisation as a whole is bent on restoring its credibility and asserting the traditions of proper and ethical journalism based on the highest standards of the profession.
It also noted that these efforts are being made at a time when bad practice and low ethical and professional standards are rampant in Egyptian journalism as a whole, which makes reform an uphill battle.
In explanation, Al-Ahram pointed out that the published review of Mr. Kirkpatrick’s story was taken from Egypt’s foremost news agency, MENA. Other Egyptian dailies published the same review, distortions included.
This is no excuse, Al-Ahram said in the apology, adding that it should have checked MENA’s review against the original text of the NYT story. Whereupon, an editorial decision has been issued banning the use of any MENA story without rigorous fact-checking.
Sadly, apologies for mistakes have been lacking in Egyptian journalism for a great many years. In issuing this apology Al-Ahram not only corrects a mistake, but also hopes to set an example in restoring the traditions of editorial responsibility to Egyptian journalism in general. 
Al-Ahram daily newspaper*


La disculpa de Al-Ahram hace recaer el peso de la acusación sobre MENA, la Agencia de Noticias del Oriente Medio. La Agencia decía ayer sentirse "preocupada" por el debate entre Al-Ahram y The New York Times. No sé si "preocupada" es el término correcto para describirlo, pero es el que la Agencia ha decidido emplear cuando se dirige hacia ella el foco de atención. MENA es la agencia oficial tras la que se encuentra el gobierno egipcio. Fue creada en 1956 tras la revolución nasserista y sigue dependiendo del control oficial.
No es irrelevante por tanto que Al-Ahram haya pedido disculpas a The New York Times, que acuse a MENA de la "distorsión" provocada por las citas manipuladas y fuera de contexto. Y algo importante: la prohibición de publicar informaciones de MENA sin rigurosa comprobación. Esto es un duro golpe para la agencia y abre una serie de debates internos y externos entre los medios oficiales y el gobierno.


Pero no todo es tan sencillo. The World Post señala algo grave: las diferencias entres las disculpas ofrecidas en las ediciones en inglés y las que se han publicado en las ediciones árabes:

But the original Arabic statement, paraphrased in its English report, does not actually offer an apology, and takes a much different tone, accusing Kirkpatrick of being a terrorist sympathizer.
According to a HuffPost translation, the statement reads, "It is known that that The New York Times reporter refuses the political course in Egypt since June 30," in reference to the June 30 coup that deposed Egypt's first freely elected president. "And [Kirkpatrick] fervently defends the terrorist organization and always promotes the idea that there is oppression of freedoms in the country, and questions the public will that removed the [Muslim] Brotherhood from power."*****


De ser cierta esta manipulación tan grave, se confirmaría esa necesidad de mantener desinformados —pues de eso se trata— al pueblo egipcio llevándolo a un mundo irreal, a una burbuja de consumo interno. Al-Ahram dice ser consciente de los males que aquejan al periodismo egipcio y haber emprendido un camino hacia la independencia profesional. Si es así, quien saldrá ganando es la profesión y el pueblo egipcio que tendrá una mejor información, más fidedigna para el que quiera ir más allá de la fanfarria aduladora. Si efectivamente hay esa distorsión en las disculpas para consumo interno, significaría que los medios se dedican señalar con el dedo acusador al mensajero, como hacen con frecuencia. La mente totalitaria no entiende de otra forma de ver el mundo. Si Egipto quiere considerar terrorista a todo el que opina de otra manera, el camino no le llevará muy lejos.
Egipto tiene algunos periodistas excepcionales. Son profesionales comprometidos con la información y con su país. Entienden que su profesión les lleva a usar sus ojos y su conciencia y no ser reducidos a meros comparsas propagandísticos. Estos periodistas —muchas mujeres entre ellos— se arriesgan a ser despreciados, insultados, acusados de traidores por el simple hecho de decir lo que piensan y señalar que la realidad egipcia tiene muchos más problemas que los reconocidos en los discursos oficiales y las manifestaciones de apoyo. Son profesionales profundamente comprometidos con la información y con sus lectores, sí. Hacen el mejor y menos valorado servicio a su país; informar correctamente, opinar sobre lo que ocurre debatiendo sobre la realidad nacional. Muchos otros no hacen lo mismo.


El diario Mada Masr publica también la noticia de las disculpas de Al-Ahram y utiliza una fotografía célebre —ya hablamos de ella en alguna ocasión aquí—, la que manipulaba la figura del derrocado Hosni Mubarak haciéndolo parecer el líder mundial al que seguían los presidentes de Estados Unidos, el primer ministro israelí, el presidente de la Autoridad Palestina y el Rey de Jordania. En la foto original, un Hosni Mubarak cansino quedaba rezagado en el lateral derecho. Gracias al retoque, Mubarak pasaba a ser el personaje central. La foto fue publicada por Al-Ahram para mostrar, como se ha hecho ahora de nuevo, que su líder de entonces, Mubarak, hoy entre rejas en constante trasiego de juzgados y cárceles, guiaba al mundo. Los problemas reales no se arreglan con retoques fotográficos ni con manipulaciones informativas. El liderazgo y el respeto no se consigue así; solo se acumula desprestigio internacional.


La revolución de Nasser y sus compañeros acabó convirtiéndose en un sistema de adoración de los líderes que intentaban tapar su incompetencia con un aparato propagandístico que llegó a su culminación con Mubarak, pero que está siendo reeditado por los medios oficiales. Es probable que muchos de ellos sean los mismos, que recurran a las mismas prácticas aduladoras para asegurarse el beneplácito gubernamental.
Egipto vive en su propia fantasía y necesita aislarse para hacerla creíble. Sus gobernantes tienen que hacer creer a su pueblo que el mundo siente por ellos admiración y, lo que es peor, envidia. Necesitan hacerles creer que tiene una gran suerte, que han sido bendecidos con dirigentes mesiánicos que han visto en sueños su llegada al poder.
Se nos muestra muy claramente la necesidad de un buen periodismo que, hoy por hoy, queda reducido a esos locos comprometidos que han elegido el camino más difícil: el de decirle al emperador, a su corte y al pueblo que le aclama al paso de la carroza que van desnudos. Vaya para ellos nuestro respeto y apoyo. Su labor es ingrata, pero el tiempo les dará la razón.


* "Al-Ahram daily newspaper statement on New York Times misquotation" Ahram Online 17/10/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/1/113301/Egypt/AlAhram-daily-newspaper-statement-on-New-York-Time.aspx
** "Is the New York Times always a credible source?" Daily News Egypt 7/9/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/09/07/new-york-times-always-credible-source/
*** "The NYT does it again" Al-Ahram Weekly 16/10/2014 http://weekly.ahram.org.eg/News/7455/21/The-NYT-does-it-again.aspx

**** "Shame on The New York Times" Al-Ahram Weekly 2/01/2014 http://weekly.ahram.org.eg/News/5035/21/Shame-on-The-New-York-Times.aspx
***** "Egyptian Paper Reports 'Apology' To New York Times In English That Is Unapologetic In Arabic" The Word Post (The Huffington Post) 17/10/2014 http://www.huffingtonpost.com/2014/10/17/al-ahram-new-york-times_n_6004838.html