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viernes, 10 de marzo de 2023

Tiroteo en la aldea global

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En una sociedad mediática cualquier acontecimiento se transforma en algún tipo de "información". La masacre ocurrida anoche en Hamburgo no iba a ser menos. Las siete personas muertas, entre las que se encuentra el autor de los asesinatos, son un suceso trágico, pero también un tipo de acontecimiento textualizado, se convierte en un mensaje formalizado que se multiplica y expande con consecuencias posibles diversas.

La información que nos da RTVE.es / Agencias nos permite ver el funcionamiento de algo que no se puede ignorar, los efectos sociales por las comunicaciones que se establezcan a partir del hecho en sí. La misma definición del "hecho" es la que se nos ofrece desde los propios medios, contactos personales, etc., una especie de lucha fundacional por darle forma, por evitar que adquiera sentidos indeseados que pudieran producir equívocos o nuevos sucesos asociados (debida o indebidamente) con el hecho inicial.

En la guerra informativa, sabemos hoy que el silencio o la discreción no funcionan socialmente, que el que da una primera concreción del hecho, una delimitación de su sentido y alcance, marca o condiciona las posibles interpretaciones. Y esto es esencial en un mundo instantáneo e irascible, lleno de fake news y de manipulaciones que pueden crear corrientes de opinión que incluso se enfrenten entre ellas. Es necesario, pues, esa rápida primera versión antes de que empiecen a florecer rumores con mayor o menor fundamento.

Esto supone un reto en función de la información disponible, mayor o menor. En el texto mencionado leemos:

Siete personas han muerto y ocho han resultado heridas en un tiroteo en una iglesia de Testigos de Jehová en la localidad alemana de Hamburgo, según informa el diario Bild, y, por el momento, se desconoce qué ha motivado el ataque. 

La policía de la ciudad alemana de Hamburgo (norte) ha confirmado que una de las siete personas muertas es el autor de los disparos. "En el actual estado de la situación asumimos que fue uno el autor. Las medidas policiales en la zona se levantarán progresivamente. Las investigaciones continúan", ha informado la policía este viernes en Twitter.*

La información básica está ahí. Es necesario precisar el número de víctimas (alguien puede jugar con las cantidades). Igualmente se identifica el lugar y su función, un templo religioso de los Testigos de Jehová. Es importante también señalar que el asesino está muerto, pues cierra una serie de especulaciones sobre quién, cuántos, etc.

Pese a señalarse la provisionalidad mediante las expresiones sobre el "estado actual" y que las "investigaciones continúan, es importante lanzar esa información que establezca ciertos límites o fronteras a la especulación posible. Cuanta menos información se tiene, mayor es la incertidumbre y con ella aumente el grado de especulación. En este mundo mediático y "alternativo", lo que no se niega puede considerarse aceptable, una posibilidad. El hecho de que la Policía afirme que el autor está entre los muertos, cierra algunas especulaciones, pero —por ejemplo— permite que circulen informaciones sobre si lo hizo solo a estaba acompañado, con cómplices detrás, etc.

Los siguientes datos que se nos ofrecen orientan con más precisión y eliminan por ello otras especulaciones:

El sospechoso, según el diario Spiegel, es un exmiembro de la comunidad de Testigos de Jehová de entre 30 y 40 años al que las autoridades no tenían catalogado como extremista.*

Al tratarse de un espacio y comunidad religiosos, se despiertan los posibles casos en los que pudiera tratarse de un atentado por parte de miembros de otras religiones, pero al señalarse que el autor es un "exmiembro" de la misma comunidad esa línea especulativa se cierra. Esa información que podría haber aparecido en un proceso más avanzado de la investigación, lo hace en el mismo inicio precisamente para evitar especulaciones que pudieran provocar incidentes interreligiosos.

Esa preocupación es esencial en este tipo de incidentes en donde las categorías (por ejemplo, referirse como "atentado" o "terrorismo" o, conjuntamente, "atentado terrorista") pueden disparar especulaciones o, incluso, represalias contra otros grupos religiosos. La Policía de Hamburgo ha dado esa información para que el "hecho" quede delimitado lo antes posible y así evitar los efectos negativos que se puedan producir al ser manipulado todo aquello que pueda serlo, algo que debe ser siempre tenido en cuenta. La existencia de grupos, de origen muy distinto, dedicados a promover inestabilidad, descontento y enfrentamientos es algo que las Policías de todos los países deben tener en cuenta en primer lugar. No es especulación, sino un hecho; ya no se trata de una posibilidad, sino de una seguridad.

Pero en este mundo mediático, se ha producido una inversión del eje. La existencia de información social es un aspecto relevante en un mundo plagado de cámaras de los teléfonos, en el que el primer gesto es el de ponerlo en marcha. La cámara es ya una mirada paralela a la propia mirada. No se mira solo, se registra y difunde de forma casi instantánea cuando no es ya en directo, mientras ocurre. Eso convierte todo hecho el poliédrico y multidimensional. La celeridad con la que la Policía trata de acotarlo, como hemos señalado, obedece en gran medida precisamente a ese flujo incontrolado que surge de los alrededores del hecho, de esas miradas fotográficas que se convierten en esenciales.

Todavía no hay indicios sobre las causas del ataque, según la policía, que ha habilitado una página web en la que se pueden subir fotos y vídeos de lo que ocurrió "sobre los acontecimientos relevantes" relacionados con el suceso para ayudar en la investigación.*

Recolectar esas imágenes, testimonios se hace imprescindible para poder conocerlo mejor en sus diferentes perspectivas. Pero es también importante conocer lo que se conoce, es decir, tener control sobre lo que se puede extender de forma incontrolada o pudiera ser objeto de manipulación.

El "hecho" pasa a ser entonces la suma de las capas que se le añaden a través de los testimonios. Eso ha sido así siempre, pero el tipo de testimonio era de otra naturaleza (la verbalización de lo observado), mientras que ahora se trata de un testimonio registrado por una serie de cámaras, de los teléfonos a las cámaras de seguridad o de tráfico, lo miles de posibilidades abiertas según el lugar y la presencia de sujetos observadores.

Fotos y vídeos son, como vemos, reclamados por las autoridades. La colaboración ciudadana pasa a ser esencial tanto por lo que aporta como por lo que evita, es decir, la proliferación de versiones falsas, modificadas, manipuladas, etc.

La necesidad de construir un discurso sobre el hecho es verbal y visual, mediática en una sociedad en la que la información ya no tiene horario y circula de forma instantánea.

En torno a la medianoche, los agentes pidieron a la población por redes sociales que se abstuviera de difundir "discusiones sobre los autores o el suceso" y precisó que no existían "informaciones seguras" sobre el motivo del tiroteo.*

La acción de la Policía es, claramente, la de evitar el efecto explosivo de la información sobre el acontecimiento. Es necesario mitigar lo que es imposible evitar, la explosión informacional, la proliferación de mensajes relacionados con los hechos, cuya deriva puede ser creciente, es decir, se pueden alejar de la matriz creada para categorizar el "hecho". Es una batalla contra las desviaciones que se producen por la emisión y reemisión de los acontecimientos, que van acumulando inexactitudes y manipulaciones con efectos intencionados. La labor ahora ya no es solo "informar", sino "desmentir", tratar de evitar esas desviaciones, que en un caso de esta naturaleza —un tiroteo— puede tener consecuencias funestas.

Hay otro efecto, finalmente, que es el desbordamiento de los canales, especialmente las redes telefónicas. En el artículo se nos indica que desde la Policía «...instaron a buscar refugio inmediatamente y a solo hacer llamadas telefónicas "en caso de extrema emergencia para que las líneas no se colapsen".»* La limitación de las comunicaciones evita el colapso, especialmente porque aquellos que han conseguido captar imágenes están deseosos de compartirlas subiéndola a sus redes e iniciando el movimiento informativo. La petición es doble en su intención: evitar colapsos (cuantitativa), pero también evitar la diseminación y sus efecto colaterales (cualitativa).

Hoy no podemos ignorar que lo que acontece no es solo un hecho "físico", una acción, algo que alguien realiza o padece en un lugar concreto, en el tiempo y espacio. Es además un momento que toma forma discursiva, se convierte en texto y se difunde. Le afecta todo aquello que es propio de un texto, es decir, lectura, interpretación, género discursivo, enunciación, etc. Todo ello ocurre a una velocidad muy superior a lo que se producía anteriormente, en ausencia de medios o con medios muy lentos. El sentido de la palabra "testigo" se ha modificado con esa posibilidad que anteriormente quedaba muy reducid (contarlo a la Policía, en un círculo pequeño familiar, etc.) y que hoy se produce en una sociedad que convierte todo en espectáculo, que es en sí mismo no ya "el gran teatro del mundo", sino el "inmenso plató social", con decenas, cientos o miles de cámaras enfocando y distribuyéndolo instantáneamente a todo el planeta, con posibilidades infinitas de manipulación, pues cada receptor puede convertirse en reemisor marcando el mensaje conforme a sus propios filtros.

La matanza de Hamburgo nos permite comprender cómo la Policía tiene que tratar hoy los hechos en estos tiempos mediáticos, tecnológicos, en los tiempos de la "aldea global" interactiva, como anticipó Marshall McLuhan. La especialización policial en comunicación y sus efectos y posibilidades es cada vez más  necesaria. Todo hecho tiene hoy una doble naturaleza, la factual y la mediática en sentido amplio, tanto de los medios tradicionales, como los multimedia y los medios sociales. Cada uno tiene sus efectos y comportamientos que es necesario comprender.

 

* "Siete muertos y varios heridos tras un tiroteo en una iglesia de Testigos de Jehová en Hamburgo" RTVE.es / Agencias 10/03/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230310/muertos-heridos-tras-tiroteo-hamburgo/2431012.shtml

viernes, 13 de enero de 2023

Explotar las redes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

"Explotar las redes". Esa es la expresión que se repite en los medios. No, no es ningún descubrimiento importante, como signos de vida extraterrestre, algo relacionado con nuestro "eslabón perdido" o algo sobre qué había antes del Big Bang; tampoco es sobre nuevas curas de enfermedades imposibles o, peor, que en España los políticos han dejado de pelearse. No. Se trata de que Shakira ha sacado una canción —en un telediario de ayer el presentador nos insistía en que escucháramos la letra con atención— en la que lanza "dardos" a su ex, un futbolista que se acaba de retirar y sobre el que existen algunas dudas económicas y organizativas, según nos han ido contando en estos últimos tiempos. Sí, todo esto, nos dicen los titulares, ha hecho "explotar las redes".

La expresión es una metáfora de algo que se me acaba de escapar por la ambigüedad que toda metáfora tiene al salirse de la enunciación directa. Pero, como ya nos advirtió, Nietzsche, fabricamos metáforas y se nos olvida que lo son. En realidad es lo que ocurre, las redes explotan y son explotadas. Son el negocio del siglo XXI. Cada vez que "explota una red", la red es explotada y alguien se beneficia de ello. En este caso, por ejemplo, la canción se convierte en beneficioso espectáculo de la condenada por evasión de impuestos. Esperemos que al menos Hacienda —que somos todos los españoles— se beneficie de este escandaloso —hay un perfume que se llama Scandal!— drama privado para multitudes al que se le ha puesto letra y música. Afortunadamente, esperemos, que al ex no le dé por cantar y que solo se le den bien los negocios y las patadas a los balones, terrenos en los que cometía alguna que otra falta.

Explotan las redes, sí, y a algunos la cabeza, pues te vas impacientando viendo noticia tras noticia del evento incendiario, que no llega la información sobre lo que ocurre en Brasil, la corrupción en el Parlamento Europeo e incluso el caso "¿qué pasa con Harry?", que combina ambos terrenos, una vez muerta la reina que, afortunadamente, no llegó a leer el otro caso que hace explotar las redes con pingües beneficios. No sé cómo hemos podido vivir sin saber que a Harry le pegaba su hermano mayor, algo que pasa en todas las familias, pero no con el mismo sentido, claro.

Confieso que la primera vez que me colaron la letra de Shakira en un telediario no entendía nada de esa letra mientras trataba de encontrar el mando y largarme a la programación infantil, que es la única que solo tiene personajes reales y no como nuestros informativos, llenos de muñecos y ficciones.

Copiándose unos a otros en su sangrienta competición por las audiencias y las redes, que son dos caras en distintas monedas, los informativos se degradan. Dejan cada vez más sitio a todos estas ficciones parlantes cuya trascendencia es nula con la excepción de sus cuentas bancarias. Pero da igual. Mientras haya "explosiones" hay "vida informativa", late el corazón de las pantallas, las de los televisores, los ordenadores y teléfonos. Y late con ritmo, con letras tontas, con indirectas directísimas que se lanzan moviendo frenéticamente las caderas.

Los medios hacen caso a las redes (están que echan chispas, que explotan, que arden, nos dicen en socorridas metáforas incendiarias) y las redes hacen caso a los medios difundiendo sus clips, retuiteando sus palabras, cargándolos de "likes" hasta rebosar.

Hemos creado una fauna específica para ser consumida a través de las redes. Los medios tradicionales (la TV, la prensa, la radio...) se han fusionado en un espacio multimediático, uno donde cabe todo, donde es más barato reproducir que producir, donde el éxito no es lo original sino la repetición inagotable, recurrente.

A nadie le preocupa los efectos mentales de todo esto... mientras dé beneficios. Tenemos parejas que se pelean y se reconcilian en dudosas historias con mediocres guionistas. ¿Es verdadera —se preguntan— su ruptura? Pero la "verdad" y lo "verdadero" ya no es lo que era antes. Aquello tan solemne de las películas de "levante la mano derecha: jura usted..." hoy no se hace sobre una Biblia, sino sobre un teléfono que lo retransmite.

Hemos tenido que crear en los propios medios formas de verificación de las noticias por la abundancia de falsas noticias, las famosas "fakes". ¿Pero qué pasa con esas otras "no noticias" multitudinarias, las que hacen "explotar las redes"? Todavía no se ha encontrado un antídoto. Tampoco se ha buscado.

La vida puede ser un buen guion o un mal guion. Decía Edgar Morin, en ese libro de memorias que ha sacado a sus cien años, que la vida es imprevisible, que está llena de azar de la cuna a la tumba. Es la confirmación de que lo que aparece cada vez más en los medios no es la "vida", sino un simulacro, como señalaba Edgar Morin. 

Hemos dejado de preguntarnos por la esencia y solo nos importa la apariencia, lo que puede ser deglutido y vomitado como en una bien organizada orgía romana. Sí, el mundo de la información está siendo consumido por el del espectáculo formando un híbrido de difícil frontera, sin posible muro trumpista que lo detenga (¡y que lo paguen ellos!), sin test ni PCR, donde saltan la valla cada día todos estos personajes y personajillos cuya esencia determina el público que explota y es explotado. ¿Qué hay más allá de las apariencias? La nada, la oscuridad, es decir, el anonimato, la plebe que mira un teléfono en el metro, en el autobús; mientras pasea a los niños, que baja las escaleras mecánicas con su smartphone, que se pasa de estación en un despiste; en parejas que ya no se miran a los ojos sino que miran sus pantallas, seres de pulgares degastados y ojos irritados.

El problema es que todo esto educa y mal educa. Se ha convertido en una generación crecida en un agujero que se traga todo y lo devuelve convertido en colorines, dramas y pitorreo. Son tonterías elevadas a la máxima categoría, la de un titular al inicio de un telediario en la hora de máxima audiencia. 

Pero la celebridad estelar es dura y requiere un intenso trabajo, ya que puedes ser desplazado por alguien con letras de canciones con doble sentido, una nariz nueva o un embarazo inesperado seguido de un parto feliz. Estos seres viven y sufren delante de la pantalla, que no es el espejo del alma, sino aquello que da sentido a su guion y a su cuenta corriente, si hay suerte. Es el mundo que prefiere el "mundanal ruido", que escribía el poeta; un mundo al que el silencio agobia, deprime y destruye. ¡Vade retro!

Entre todo esto, asfixiados por el olor —que afortunadamente las cámaras todavía no captan— quedan algunos buenos periodistas que ven cómo se recorta su tiempo, el de su reportajes, el de su análisis, para poder meter más canción que haga explotar las redes. Mi admiración y condolencias para ellos. Sé lo que sufren.

Ya no se da la información que necesitan, sino la que quieren, un cambio que afecta en forma de descenso hacia la trivialidad. Antes los buenos profesionales, los medios con profesionalidad, era capaces de seleccionar qué era lo básico que un lector o un espectador debía saber para estar eso que se llamaba "bien informado". Hoy eso se ha perdido y la información importante se esconde detrás de cosas triviales, sin trascendencia alguna o, peor, de cosas triviales que se han vuelto transcendentales para millones de personas.

Veo con intensa emoción como Tamara F. se va a casar en el mismo castillo que sirve de escenario a una serie de televisión que se estrena y se presume exitosa. Es la búsqueda del refuerzo, el escándalo o la gloria de unos sirve de alimento a los otros y viceversa. ¡Qué mayor fusión de fantasía y pseudo realidad que compartir en tu mente recalentada los episodios de la serie mientras derramas lagrimitas sentidas por la boda! ¡Qué mayor emoción que acordarte de la boda cuando veas la serie!

A la intensa emoción de la canción polémica cuya letra no nos podemos perder, se le suma ahora la polémica si es un plagio o no. ¡Plagio en esta época seriada, multiplicada, traducida! ¿Hay algo auténtico? ¿Estaba en el guion o no? Si es plagio, le han dado nueva vida al plagiado, pues seremos arrastrados para resolver si lo es no no? Así este esta nueva vida que explota en todas las dimensiones de la palabra, de explosiva a explotadora.


¡Cuánta razón tenía MacLuhan cuando nos percibía como pueblerinos en la "aldea global"! Paletos globales dispuestos a exclamar ¡cuánta agua! ante la vista del mar informativo. Robinson y Viernes chateando cada uno desde su rinconcito en la isla en mitad de la nada. ¡Y la nave va!

 

domingo, 21 de febrero de 2021

Periodismo y su incierto futuro

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El periodista de La Vanguardia —un periódico que está de aniversario y con unos buenos estándares— y profesor de Periodismo, Salvador Enguix Oliver, publicó el pasado día 8 algo muy necesario en estos tiempos de crisis generales, pero también de crisis parciales y sectoriales.

Tenemos lo que afecta a todos y lo que, además, afecta a unos sectores más que a otros; tenemos crisis temporales y fines de ciclo, es decir, sectores que estaban condenados antes y que la pandemia ha acabado de enterrar. Tenemos también crisis que la pandemia ha ayudado a superar intensificando canales y abriendo puertas, marcando direcciones. Hay de todo, lo que nos da cuenta de la enorme complejidad de nuestra sociedad instantánea, interconectada y global.

Es sorprendente —lo comentábamos hace unos días con otra cuestión— la persistencia en seguir analizando las cuestiones de forma estática y no dinámica, por un lado, y de forma aislada y no sistémica. La realidad, posteriormente, nos va colocando en su sitio.

Hay un cuarto elemento que se debe tener en cuenta: el carácter mediático de nuestra sociedad. Esa interconexión de la que hablaba no solo se establece por las conexiones físicas (carreteras, líneas aéreas, de ferrocarril, las concentraciones urbanas, la proliferación de asociaciones, grupos, etc.) sino que se produce mediante los intercambios de información que los medios facilitan y promueven.



La Sociedad de la Información es la de la conversión digital, la desmaterialización que convierte a un código binario todo aquello que puede absorber precisamente para poder difundirlo a través de los canales digitales haciendo posible la extensión y la instantaneidad de la situaciones.

Esta sociedad de convergencia digital es la que permite que pueda estar leyendo este texto en estos momentos, que abra una videoconferencia con sus familias o que acceda a una clase online. Hace unos días descubrí cómo eran los nuevos sellos para enviar un sobre por correo; tuve que descubrir dónde había un "estanco", localizar un buzón...

La prensa es el primer medio moderno. Surge a mediados del siglo XVIII y tiene su periodo dorado a lo largo del XIX y parte del XX. Sufre una primera crisis con la aparición de la Radio y una mayor con la aparición de la TV. Ambas, Radio y Televisión, se nutrieron de los periodistas, una profesión que, a su vez, era una mediación entre unos sectores sociales y una nueva agrupación a la que daba forma: el público, la audiencia, las personas que se agrupan a su alrededor y pasan a tener algo en común, los  que reciben finalmente la información (que sigue circulando por medios personales, como la charla, las reuniones de casino, cafetería o encuentros casuales en la calle...). Todo ello da lugar a la "opinión pública", algo que hoy llamaríamos una especie de "foro" de intercambio que debate y se expresa a través de medios diversos, de la carta al director al artículo publicado.

La Prensa se fue diversificando y buscando públicos en unos tiempos en los que la alfabetización no estaba extendida, algo que se fue desarrollando según el grado de progreso y de compromiso con la educación pública, que sacó la Prensa de las elites.

Prensa y periódicos no son lo mismo. La Prensa realiza una función informativa que mantiene un determinado estado de atención, opinión y debate en la sociedad con sustanciales diferencias entre los grupos de intereses diversos. El periódico es el soporte material con el que se distribuye la información, sujeto a condicionamientos de extensión,  precio, velocidad de distribución, almacenamiento, etc. Confundir medios y funciones no suele ser bueno en los análisis. La función informativa del Periodismo se puede ejercer a través de diferentes medios y soportes.



El soporte, previamente, era determinante. Hoy ya no lo es tanto precisamente por la otra convergencia, la mediática, que se suma a la digitalización. Hoy vivimos en la época de los medios convergentes, multimedia. Un "periódico" (significa que sale con periodicidad, es decir, con una frecuencia determinada, al igual que el término "diario": periodicidad diaria), puede hacernos llegar su información a través de medios y formatos distintos. La página web de un "diario" informa a través de podcast, vídeos, gráficos dinámicos e interactivos. Podemos ver y escuchar a su nuevos "columnistas" (la columna es una metáfora de la escritura en la página) a través de vídeos, podemos interactuar con ellos a través de los comentarios. El "periódico" ya no es "periódico", puesto que no hay "cierre", está generando durante las 24 horas noticias y el periodista puede actualizar su artículo, como vemos con frecuencia, algo que anteriormente no era posible. Lo escrito quedaba; hoy lo digital es cambiante y muchas veces desaparece. En otras ocasiones, puede reaparecer gracias a los automatismos que hacen que si un texto es muy consultado sea "llevado" a lugares de mayor visibilidad aumentando su vida independientemente de los otros artículos. Ya unidad —lo dijimos hace muchos años— ya no es el "periódico", que ante unía todo los artículos por el soporte; la unidad es el texto, al que se enlaza directamente para desesperación de los responsables, que llegaron a boicotear los "enlaces directos", los deep links, para que todo el mundo tuviera que pasar por su página principal, algo esencial a efectos publicitarios, pues el viejo modelo jerarquizaba las páginas para la tarifación publicitaria. Tuvieron que dejarlo pasado un tiempo.



Hoy volvemos a la polémica sobre los enlaces a las páginas y sobre quién se beneficia de ello. Cada cierto tiempo, con cada crisis, los responsables de cada sector intentan demostrar que su crisis es debida al parasitismo de algunos. Los que elaboran contenidos quieren cobrar a los que viven de promocionar contenidos, a los agregadores, lugares de concentración que los usuarios prefieren por comodidad. Unos responden que les deberían pagar por redirigir a los usuarios a los lugares de información; otros sostienen que les deberían pagar a ellos por elaborar informaciones que dan vida a los que se limitan a crear nuevas puertas de entrada a las noticias.

Demasiada complejidad y una tendencia histórica: unos agentes tienden al monopolio (sistemas operativos, buscadores, suites, correos...) mientras que otros se atomizan por la fragmentación constante, ya sea por la aparición de nuevos agentes en competencia o por la debilidad de muchos, incapaces de mantener los esfuerzos para lograr el producto final, la información.

La información es cara de producir. Me refiero a la verdadera información. Hoy estamos llenos de pseudo información: hemos creado personajes que la producen para nosotros (los Quicos, las Belenes...), la tomamos de las "redes sociales", reproduciendo vídeos caseros y fotos subidas por los usuarios, que han acabado gestionando su propio negocio promocional, los influencers, robando protagonismo e ingresos a los medios que antes ejercían ese papel.  Tenemos que los agentes sociales e institucionales gestionan su propia información produciéndola muchas veces para los medios, que la reproducen a veces in retocarlas...



Con todo ello, la información en los medios, frente al coste de la verdadera información, se ha vuelto artificial, trivial y repetitiva. Podemos observar en ciertos canales importantes de TV cómo son líneas aéreas y cadenas de hoteles las que patrocinan información sobre viajes y turismo, algo que hace dudar de la imparcialidad y nos impide distinguir lo promocional de lo informativo. Los anuncios se nos cuelan en los informativos y los países con dictaduras invierten en el accionariado de los medios asegurándose que serán borrados de la actualidad informativa de la zona. En las últimas semanas se han producido campañas de denuncia sobre el lavado de imagen de algunas dictaduras petrolíferas a las que sonreímos demasiado.

Tenemos el sorprendente caso de la cadena televisiva que denuncia el aumento de racismo contra los asiáticos en Estados Unidos en la misma página que publica diversas informaciones que fomentan esa xenofobia por motivos vinculados con las competencias entre economías.

La información está en crisis, como lo están los propios medios por muchos y variados motivos.

El artículo en La Vanguardia no precisa los motivos de la crisis, pero sí apunta a las soluciones. Entiendo que el artículo, que no recurre a fuente alguna, por lo que entiendo que es un diagnóstico y un deseo de marcar el futuro señala:

 

La calidad será condición fundamental para generar complicidad con los lectores, cada vez más en un ecosistema saturado de información. Por calidad entendemos las bases fundamentales que han apuntalado el periodismo clásico: contraste de fuentes, rigor y búsqueda de la verdad, e independencia, en contenidos propios y originales.

Esa es ya la gran apuesta de las grandes cabeceras del mundo, que además ampliarán los servicios más allá de la actualidad informativa: debates, tutoriales, recomendaciones, consejos, gestión de servicios, venta de entradas e incluso formación.

El lector buscará cada vez más rigor y veracidad en los contenidos

La segmentación de audiencias apunta a un objetivo clave: ofrecer a los lectores aquello que piden, que exigen y merecen. Los algoritmos lo permiten, y las plataformas digitales también. El lector debe alcanzar la máxima satisfacción sobre aquello que le interesa, y la obligación de los medios es dársela.

Esto implica generar canales, secciones especiales, adaptarse a los dispositivos electrónicos e incluso empaquetar los contenidos de acuerdo con los intereses individuales. Serán los medios quienes busquen a los lectores.

 


En cuanto al primer párrafo, nada que objetar a la definición de la "calidad". Sin embargo, los problemas empiezan, como habrán supuesto los hipotéticos lectores de este texto, desde el segundo. Todo lo que define servicios entra en colisión con el concepto de "calidad" anterior pues ya está ocurriendo. La suma de intereses va en detrimento de la propia independencia del periódico y lo aleja de sus objetivos. Habrá elementos que no afecten pero también estamos viendo cómo otros están afectando grandemente a los medios. Pensemos en las campañas orquestadas contra periodistas, causas, etc. por parte de grupos organizados y hasta gobiernos, como sabemos bien. Hoy vivimos una verdadera guerra de informaciones a través de los medios. Pensar en los medios de calidad como entes neutrales, impasibles ante las presiones exteriores, es ingenuo. La "venta de entradas", por ejemplo, ¿implicará "críticas positivas" en la sección de Cine-Cultura? Algunos recordarán el despido del periodista que valoró negativamente una novela publicada por el grupo editorial que estaba tras el medio. ¿Es "calidad o meterse en la boca del lobo? Desde que las cadenas televisivas compran los derechos de los deportes, los informativos se han convertido en formas promocionales, creadoras de ambiente propicio para atraer más espectadores y poder aumentar los ingresos por publicidad audiencia. ¿Independencia? Creo que precisamente la tendencia ha ido y va en sentido contrario. Eso sí, el medio puede pregonarlo a los cuatro vientos.

La fragmentación de las audiencias y la información a la carta, una propuesta muy generalizada, crea precisamente una dependencia, no independencia. Hace que muchos temas importantes desaparezcan del mapa, mientras que otros triviales son convertidos en constantes si atraen lectores. La función de los medios digitales no es la información como objetivo, sino la información como elemento que agrupa y sobre la que se ejercerá una presión de diverso tipo, mayormente publicitaria o de influencia de algún tipo, de la económica a la política.

Los estamos viendo todos los días en todos los medios. La radicalización social, en gran parte, es la traducción de la segmentación buscada con otros fines, pero que lleva a la creación de medios y fuentes específicas para mantener al grupo cohesionado. Los medios de hoy ya no solo compiten con otras cabeceras o con otros "medios" (pese a la convergencia).



El futuro no está en medios amplios, desgraciadamente, sino en burbujas en las que cada uno será alimentado —informativamente hablado— con aquello que refuerce sus creencias. El futuro, si nada lo impide, será sectario. Es lo que nos ha mostrado la América de Trump, el encierro y la negación de la verdad. Todo el esfuerzo de los mejores medios, los más poderosos del mundo, con los mejores profesionales, los mejores equipos de fact check, no han conseguido convencer a 75 millones de personas que le votaron. No han conseguido tampoco a millones de sus votantes que el presidente Biden no robó las elecciones presidenciales.

¿Independencia? ¿Calidad?... Creo que vamos en la dirección contraria. Muchos medios se han tenido que radicalizar para mantener sus ingresos, alimentando los odios, las mentiras y cualquier otro tipo de mecanismo que actúe como refuerzo y que se traduzca en un "fidelización" de sus seguidores, a los que debe mantener a todo trance y radicalizar para asegurarse que las fuerzas psíquicas y sociales funcionan en ese sentido. Por poner un ejemplo, toda ciudad con dos equipos de fútbol acabará generando dos periódicos y mostrará las bondades del propio y las debilidades del ajeno. Tradúzcanlo a lo político.



Los informes de las instituciones internacionales nos hablan de retrocesos en la libertad de expresión y la situación precaria de los propios profesionales. Aquí hemos comentando el hundimiento de la prensa independiente, la sumisión al poder y el fanatismo propagandístico de algún país árabe.

Creo que cualquier análisis del futuro de cualquier dimensión informativa pasa por muchos factores sociales. Uno de ellos, básico, es la educación. El futuro lector no es solo cuestión de los medios sino del tipo de entorno sociocultural que se genere. La Prensa —con papel o sin papel— será los que sus lectores exijan y si esas exigencias son triviales, consumistas, radicales, etc. dependerá de los factores que les modelan. La propia prensa es un elemento modalizante, pero cada vez menos influyente ante fuerzas de diverso orden, como hemos comentado.

Como hemos dicho, el mundo es pequeño, instantáneo y global. La información forma parte de esa suma en cada unos de los tres factores: todo está más cerca, más rápidamente. Los medios tradicionales y los electrónicos se han visto sacudidos por la llegada de la digitalización y de la explosión de medios y micromedios. Pero todo ello no significa mucho si a la gente ha dejado de importarle la "objetividad", "alguna forma de verdad" y se siente involucrada con un destino común más allá del grupo reducido que nos rodea. Y eso está ya pasando, provocado en gran medida por los propios medios que se han desviado de su función empujados por intereses o por la propia supervivencia.

Hacen falta más artículos dedicados a esto, reflexiones necesarias, como la del profesor Enguix Oliver, para tratar de ir describiendo el suelo que pisamos, que se desplaza con nosotros. Hay que introducir perspectivas y no ignorar el debate necesario. El riesgo es grande. Tenemos demasiados ejemplos delante como para ignorarlos.

La gran opción es la "ilustrada": ¿el periodismo debe aporta información para el debate público, para los grandes problemas, modelando y mejorando la opinión pública o, por el contrario, debe seguir los gustos y deseos, cada vez más a la baja, de unos públicos sometidos a los impactos y tirones constantes de fuerzas que tratan de modelarlo de otro modo? Creo que es ahí donde radica el debate, aunque probablemente no la solución.

 


* Salvador Enguix Oliver "Calidad y segmentación, las claves para la prensa del futuro" La Vanguardia 8/02/2021 https://www.lavanguardia.com/vida/20210208/6203680/140-aniversario-prensa-futuro-calidad-segmentacion.html

jueves, 2 de mayo de 2019

Los suicidios de adolescentes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País vuelve a traer la cuestión de las relaciones de la serie de televisión "Por trece razones" con el suicidio de adolescentes, tema central de la serie. La serie creó polémica desde su primera temporada y está ya en la tercera. Desde su titular, "Los suicidios adolescentes aumentaron en EE UU tras el estreno de ‘Por trece razones’", se establece una conexión entre el estreno y el aumento de las muertes de adolescentes por suicidio, esta vez apoyado en datos de un estudio realizado. No es fácil establecer esas conexiones por muchos datos que se barajen. Pero sí es importante tenerlos en cuenta:

Un reciente estudio alimenta los argumentos de los críticos: al mes siguiente de su estreno en Estados Unidos, el pasado 31 de marzo de 2017, los suicidios en la franja de edad de 10 a 17 años aumentaron un 28,9% en todo el país. Aunque los propios autores advierten de que no se puede establecer una relación causal, las expertas consultadas inciden en el peligro de que en los medios de comunicación se presente el suicidio en términos idealizados: es importante hablar del suicidio, sí, pero en términos de prevención y animando a quien piense en quitarse la vida a buscar ayuda.
Es la tasa más alta de cualquier mes de los cinco años estudiados. Después de este pico, se registran tasas significativamente más altas en junio y diciembre de 2017. La media antes del estreno de la serie era de 116,29 suicidios adolescentes al mes (0,35 por 100.000 personas), y la de los meses posteriores es de 149,56 casos al mes (0,45 por 100.000).
Los investigadores estiman que el estreno de Por trece razones, cuya tercera temporada está en fase de producción, se asocia con unos 195 suicidios adicionales en 2017 entre los 10 y los 17 años. No han encontrado un aumento en las demás franjas de edad, lo que, afirman, va en la línea de trabajos previos según los cuales “los más jóvenes pueden ser particularmente vulnerables al contagio del suicidio”.*



La polémica se reproduce sobre el efecto de los medios, en este caso, una serie televisiva, en el suicidio lo que abre la reflexión de la propia cadena que la ha producido, ya que implica una responsabilidad.
El suicidio es un problema de una enorme complejidad, pero este se simplifica si se toma como un "acto" y no como el final de un "proceso". Las causas por las que cada uno se suicida tienen que ver con la propia vida, con aquello que da forma al existente. No somos, nos hacemos, nos vamos construyendo hasta llegar a ser. Cada momento de nuestra vida es una interacción entre el entorno y lo vivido.
Hay muchas circunstancias como para que pensemos que es una serie de televisión el hecho que motiva el suicidio. Esto solo tiene sentido cuando ya se vive dentro de una corriente o tendencia patológica o circunstancial; el suicidio es una respuesta a una situación compleja.


Siempre que aparece esta polémica se suele hablar del "efecto Werther", concepto basado en los suicidios que se produjeron tras la lectura de la novela de Goethe por Europa creando un modelo de suicidio.
En 2017, una web de Psicología —La Mente es maravillosa— se publicaba un artículo sobre este "efecto Werther", término acuñado en 1974 por el sociólogo David Phillips para tratar de explicar la "muerte imitativa", un fenómeno que se producía después de suicidios de personas famosas (se mencionan Marilyn Monroe y Kurt Kobain). Según se apunta, tras las noticias se produce un aumento de suicidios.
En el texto se explica el efecto, pero también se recogen críticas:

Algunos expertos rechazan el efecto Werther en su totalidad, pero no sus matices. Opinan que sí es posible que personas con tendencias suicidas copien la forma de morir de personajes célebres, pero a su vez eximen a estos últimos de toda responsabilidad sobre las muertes ajenas.**


El proceso que nos lleva al suicidio no es fácil de establecer, aunque muchas veces se simplifica. La sociedad de la época de Werther no estaba preparada para una obra como aquella. Los efectos de las obras de arte eran mucho más intensos y la sensibilidad lo percibía de una manera dolorosa. Nos hablan, por ejemplo, de desmayos producidos en Los bandidos, la obra de Friedrich Schiller, estrenada en 1781, también con suicidios en el drama. En muchas otras obras famosas aparece la cuestión del suicidio. Según parece, solo Werther produjo este efecto imitador.
Aquí tratamos hace unos años otros dos tipos de suicidios: el de los soldados norteamericanos, cuyas tasas de suicidio son superiores a las de las bajas de combate; y el de ejecutivos en una gran empresa francesa, resultado de las presiones laborales. Ambos casos son muy diferentes a los estudiados tras la emisión de la serie.
Con todo, es fundamental aprender a tratar con las informaciones que se transmiten, Las ficciones son otra cuestión; las necesitamos pues son formas de experimentar situaciones de forma imaginativa. Pero las noticias sí que requieren una mayor vigilancia por mera responsabilidad. En el artículo se señala:

Es necesario tratar noticias de este tipo con una sensibilidad especial. No deben mostrarse fotos ni elementos identificativos, sobre todo en el caso de niños y adolescentes. Es importante que el suicidio no se idealice ni se idealice como una vía de escape.
[...] Una obra de ficción, sea de la forma que sea, no alienta el suicidio. Lo mismo ocurre con las noticias, lo que no quita para que la información debe gestionarse de una forma correcta y responsable. En la época en la que fue publicada «Las penas del joven Werther» no contábamos con la información y los medios de los que disponemos actualmente. Así, expresar correctamente nuestras emociones y pedir ayuda debe ser una salida mucho más fácil que la de quitarnos la vida y en que sea así podemos participar todos como sociedad.**

No están los tiempos para las noticias con "sensibilidad especial", según vemos cada día en esta época de sensacionalismo y brutalidad descarnada. Los problemas más serios de muertes de adolescentes se están produciendo por sitios web que lo fomentan y organizan como un juego nihilista. "Nihilismo" es una palabra que no se ve muy frecuentemente en nuestras páginas, pero fue la enfermedad del siglo XIX, la que se gestó del romanticismo en adelante. Los testimonios literarios y personales son abundantes sobre aquello que lo producía, del "Spleen" baudeleriano al "Weltsmerchz" de Jean Paul, de la "angustia existencial" de Kierkegaard al dolor de vivir del poeta italiano Leopardi.


Nuestros procesos actuales son menos estéticos o filosóficos, pero el suicidio de adolescentes se sigue produciendo y eso es lo preocupante. No es posible entrar en la vida del suicida, pero sí establecer —es por lo que se aboga— mecanismos de detección en la familia y la escuela, que son los ámbitos principales para la vigilancia. Sin embargo, por unos motivos u otros, los sistemas fallan en la detección. Si ya fallan en la detección de las matanzas en escuelas e institutos —matar a otros— no es fácil que se detecte al que se quiere matar por su mano. Muchas veces, de hecho, son tanto la situación familiar como la escolar las que lo motivan.
Los consejos de no romantizar el suicido son sensatos. Tampoco crear un foco de atracción en un mundo en el que se buscan segundos de gloria. Sería triste e irresponsable que se generara una atracción morbosa hacia la serie mencionada, en cuyo caso se produciría una retroalimentación que daría un aumento de suicidios. Ya no sería que tuviera efecto sobre ellos, sino que ellos mismos lo buscarían como forma de refuerzo en su decisión. No es la primera vez que se juega con el morbo en este sentido. El peligro, sigo pensando, no está necesariamente en los medios de comunicación, sino en la capacidad envolvente de las redes sociales, que pueden arrastrar a las personas hacia una nueva forma de dolor generado por el acoso, la soledad, etc.


El suicidio es una respuesta angustiada a unas carencias, a unas frustraciones, a un problema que no obtiene respuesta o es ignorado como si no existiera. Tiene que ver con lo que se ha vivido, pero mucho con lo que se espera vivir, por lo que las esperanzas de futuro son esenciales como antídoto. 
El suicidio se produce, ahora y siempre, por falta de esperanza, por no ver futuro o no querer participar en él. Por eso es importante que las personas vean más allá de lo que tienen. El mundo, mejor o peor, lo hacemos entre todos.
A veces una simples palabras son una ayuda y hacen ver que hay esperanza. Puede que hayamos ayudado a seguir con nosotros a personas sin que seamos conscientes de ello. La amabilidad, la preocupación por los demás son buenos antídotos.

* "Los suicidios adolescentes aumentaron en EE UU tras el estreno de ‘Por trece razones’" El País 2/05/2019 https://elpais.com/sociedad/2019/05/01/actualidad/1556737965_642265.html
** "Efecto Werther: la razón por la que se contagia el suicidio" La mente es maravillosa 4/09/2027 https://lamenteesmaravillosa.com/efecto-werther-la-razon-por-la-que-se-contagia-el-suicidio/

lunes, 4 de febrero de 2019

La crisis mediática y el algoritmo culpable

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País publica un reportaje firmado por Jaime Rubio Hancock con el titular "La nueva prensa digital se enfrenta a su primera gran crisis". El texto comienza de manera directa dándonos los efectos de la crisis anunciada en cuanto a la prensa digital dirigida a los jóvenes, con el cierre de Eslang y Buzzfeed España y "un ERE de Playground que afectará a casi la mitad de sus redactores en Madrid y Barcelona"*.
La palabra "crisis" tiene muchos niveles de aplicación y uno procura reservarla para las etapas finales en donde se tiene que expresar como "gran crisis", como ocurre con el titular. Esto se debe a que la "crisis" tiende a ser un estado permanente de supervivencia, mientras que la "gran crisis" muestra la agonía irreversible a la que se ha llegado.
La palabra crisis está presente en el mundo de la comunicación periodística desde mediados de los años 90. Es en esa época cuando los medios se abren a regañadientes al mundo digital con la publicación de los primeros periódicos online. Unos lo hicieron por querer ser modernos; otros porque no tenían más remedio. Pero desde entonces se ha tenido la sensación fundada de que todo estaba cambiando. Y cuando las cosas cambian se producen las crisis.
El problema ha dejado de ser la crisis en sí y se ha desplazado al enlace entre las crisis sucesivas. Aquí no hay una crisis de la "adolescencia" que se resuelve tras unos cuantos granos y gamberradas; aquí hay un estado de alteración hormonal continuo que no tiende a estabilizarse y que cuando parece que está controlado vuelve a emerger con virulencia. El mundo digital es el de la eterna juventud y eso no es tan bueno como suena.
El espacio de la información se modifica con la entrada de cada nuevo medio, que pasa a competir con los de su "especie" (un periódico con otros periódicos, por ejemplo) y con todas las demás especie (un tipo de medio con los demás tipos de medios). No empeñamos en clasificar los medios, cuando lo realmente importante son la necesidades, mayores o menores, de información que los receptores globales necesitan. Es como el que necesita vitamina C en su organismo. Da igual que lo obtenga de limones, naranjas o mandarinas o cualquier otro elemento que la contenga.


El problema surge además cuando es casi imposible diferenciar los medios gracias al proceso de convergencia digital, es decir, la disolución entre las diferencias entre ellos. Si entro en la página de cualquier "periódico" me doy cuenta de que la "etiqueta" periódico ya no relevante, sino que puede contener textos escritos, podcast, vídeos, etc. Es decir, el "periódico" es ahora televisión y radio, además de incorporar por ejemplo elementos interactivos en la información y participativos a través de los foros, chats, etc.
No hablemos ya de la globalización de los medios. Puedo acceder a los medios de cualquier país del mundo salvo que este quiera cerrarse y solo permitir el paso a sus abonados. Pero si lo hace, se tiene a su alcance todo tipo de alternativas abiertas que hacen que nos olvidemos pronto de la existencia del que ha decidido cerrarse.
Quizá recordemos que en España se firmaron dos alianzas. La primera era para tratar de que los medio se cerraran al público general y solo admitieran entradas de pago. Como era previsible, fue un fracaso. Las tarifas publicitarias se desplomaron al caer los visitantes que pronto tuvieron alternativas en español fuera y dentro de nuestras fronteras. La segunda decisión era contradictoria, pero no se supo ver. Intentar cobrarle a Google las visitas que ellos reenviaban a los medios. La decisión era tan disparatada que Google acepto encantado prescindir de los medios que no aceptaban que les llegaran visitas desde los buscadores. Para ellos, la eficacia aumentaba ya que aquellos que recibían visitas sin problemas eran más visitados. Si se aprende de los errores, deberíamos ser muy sabios. Pero no lo somos.
El problema de esta gran crisis ya no tiene una paternidad clara, pero sí algunos sospechosos, que no es muy costosa la sospecha. Dice Rubio Hancock en el reportaje:


El primer sospechoso de estos despidos es el algoritmo de Facebook, que a partir de enero del año pasado dio prioridad a los contenidos personales frente a las noticias. Las redes sociales proporcionaban el 22% del tráfico de los medios de comunicación estadounidenses, según recogía Forbes antes de este cambio. La cifra era más elevada para algunos medios digitales, como Vice (48%) y Buzzfeed (38%), y se quedaba en torno al 10% para medios tradicionales como The New York Times y The Washington Post.
La dependencia del algoritmo no es nueva. Hasta ahora, Facebook incluso daba directrices a los medios acerca de qué contenidos tendrían mejor resultado en su plataforma. Por eso durante un tiempo veíamos muchos vídeos y ahora aparecen mucho menos.
Julio Alonso, fundador y director de Weblogs SL, explica que algunos medios han dependido en exceso de Facebook “y de los ingresos de publicidad derivados del volumen de usuarios”. También recuerda que es un riesgo depender de Facebook (y Google), ya que estas empresas tienen sus propios intereses, que no tienen por qué coincidir con las de los medios.
Pero el cambio en el algoritmo no es el único factor que explica estos movimientos en las empresas. “Buzzfeed España no ha cerrado por Facebook -afirma Marcos Chamizo, codirector del medio durante su última etapa-. Teníamos el mismo tráfico que hace seis meses o un año, al estar en varias plataformas”. De hecho, cuenta que les funcionaba mejor Twitter que esta red social.



A lo mejor estamos tan dentro del problema que no lo vemos. Desde hace tiempo, la palabra "algoritmo" es la principal sospechosa de los crímenes cometidos en el mundo digital. Es una cortina de humo; el problema real es la interacción de los medios y su jerarquización como parte de una red dentro del sistema. El algoritmo no es más que el programa que prioriza un tipo de información respecto a otros posibles.
La realidad es que los medios digitales tienen una segunda convergencia, un espacio de manifestación, que es la red de redes. No es lo mismo ir a un quiosco a comprar un periódico que entrar en ese periódico digital. La mayor parte de los "accesos" se realizan a través de terceros programas, que son los que redirigen y filtran la visibilidad. El problema del algoritmo es que si Facebook, como se señala, decide que solo se vean los medios que empiezan por la letra "A", el resto de los medios tendrán difícil ser vistos. El poder es el poder de hacer visible y de dar acceso o redirigir. Eso es lo que hacen Facebook y Google o cualquier otra gran concentración de usuarios y de los que controlan el paso.
Un pequeño cambio en el algoritmo de Facebook dando prioridad a unos contenidos sobre otros y ¡puff! se desmorona todo lo construido por unos y emergen nuevos beneficiados por el cambio. Como Facebook y Google experimentan de vez en cuando tratando de mejorar sus resultados —los que les benefician— la inestabilidad está asegurada para todos los que dependen de ellos. Y en el universo digital de la redes solo hay una verdad: tu dios juguetón es aquel que tiene tu destino en sus manos. Si se resfría y estornuda, lo pagas tú; si se pone a experimentar cosas nuevas, lo pagas tú; si no cambia las viejas, lo pagas tú. Es una dependencia jerárquica que implica siempre que entre tu público y tú hay una mano invisible que maneja los hilos. Esa mano son los macromedios que definen los campos de actuación concentrado el tráfico. En toda red, el objetivo es el tráfico, su concentración y dirección. El algoritmo redirige ese tráfico hacia unos y otros enviando unas noticias a las páginas de sus usuarios... o enviando otras. A veces es así de forma "neutral" (concepto absurdo) y otras es porque favorece a los que más pagan por ser beneficiados. Esa es la crítica que se le hizo a Google señalando que priorizaba los resultados del buscador en función de quienes pagaban. Se le obligó legalmente a que distinguiera los resultados y los resultados pagados.


El artículo abre un tema espinoso, la cuestión de los "lectores jóvenes", expresión que puede plantear ya ciertas dudas. Los que han crecido en el mundo digital, ya dos generaciones, salen con unos hábitos que no son los mismos que los que provenían de un mundo no digital. A lo mejor, lo que se está fomentando son hábitos que no hacen que el interés vaya hacia la información sino hacia otras fórmulas mucho más fáciles y atractivas cuyo efecto es el contrario. Se recoge lo que se siembra y lo que se está sembrando, desde luego, no son "lectores".
Aquí, de nuevo, se han confundido efectos y causas. Para tener lectores es necesario formar en la lectura, algo que no se hace, sino más bien lo contrario. Pretender que los que son formados con unos hábitos se transformen mágicamente al llegar a adolescentes o adultos es como pedir una combinación de milagros y "diseño inteligente". La recolección es una amalgama dispar y caótica de medios que surgen y desaparecen, de noticias intrascendentes elevadas a altar de la atención, de sensacionalismo, de creación de personajes fantasmales que nos piden que nos enganchemos a sus vidas, etc.
Nos decía Niklas Luhmann que la función de los medios era reducir la complejidad del mundo; el problema es que ellos mismos producen complejidad. Por eso quien reduce es el algoritmo, como hemos visto antes. El "problema" es lo que deja fuera. Problema, evidentemente, para los afectados; supervivencia para los favorecidos.
Los medios, nos dice el artículo, viven una situación hamletiana, dudando entre la "diversificación" y la "concentración" o. si es posible, ambas cosas. Explican:

Como apunta Nafria, “el problema es cómo transformar todo esto en un modelo de negocio que no dependa solo del número de usuarios y que los lectores consideren valioso, e incluso estén dispuestos a pagar por ello”, sin limitarse a replicar formatos y estrategias sin añadir ningún valor.
Una opción es la diversificación, que puede pasar por otras fuentes de ingresos como “el comercio electrónico, la afiliación, los eventos…”. De hecho, la periodista Luna Miguel también opina que en Playground se han dejado de lado otros modelos de negocio como el de la suscripción o la colaboración con otros medios.*

Lo dicho en el primer párrafo es volver a las preguntas exactas que se hacían en 1994-1995, cuando todo comenzó. Allí nacieron los gurús que señalaban, como la estatua de Colón, hacia un futuro incierto pero que ellos veían claramente desde lo alto de su columna.
En el segundo párrafo viene la otra tentación, la de convertir los medios de información en supermercados online que acaban atrayendo a la gente por todo menos por la información en sí. Esto es suicida. Hubo una ápoca en la que los medios en papel se dedicaron a regalar cosas los fines de semanas para que la gente comprara los periódicos. El efecto fue el contrario. La gente no se acostumbró a comprar el periódico los 7 días de la semana e iba los domingos con un carrito a comprar el periódico y llevarse los libros, vídeos, colecciones de sellos, etc. que reunía. Cuando se acababa la colección, dejaba de comprar el periódico. Tan sencillo como eso. Más de un periódico fue a la ruina por estas prácticas que eran caras por la distribución.


El problema de cómo rentabilizar lo digital es el de cómo lidiar con la gratuidad general y la súper oferta. La gratuidad invalida el camino de las suscripciones y la gran oferta existente lleva a la fragmentación excesiva que hace que nadie tenga suficiente como para sobrevivir.
El artículo termina con un horizonte de dudas abierto:

En todo caso, resulta muy difícil saber qué va a pasar: “Tenemos que reinventarnos y experimentar mucho para imaginar cómo será la esencia de los medios -apunta [Jeff] Jarvis-. Me gusta recordar a menudo que solo hace 25 años que se introdujo la web comercial. En términos de Gutenberg, eso nos coloca en el año 1474. El cambio solo está comenzando. Falta un largo camino para encontrar las respuestas”.*

Por lo que se ve, queremos subir más alto en la torre para ver ese futuro que se nos esconde. No hay "esencia", solo cambio. Parece que Jeff Jarvis no ha leído a Toffler y no piensa en términos de la aceleración, que los años de Gutenberg, los años de nuestros padres —de los míos— no son los mismos que los de mis hijos. Que lo que ocurre en unos meses, antes tardaba décadas en producirse aunque fueran cosas distintas.
No hay crisis; vivimos en crisis. Crisis significa cambio, transición. Y, por lo mismo, implica alteración, inestabilidad, desgaste, desorientación, pruebas con incertidumbre porque el mundo es cambiante y lo que vale hoy ya ha cambiado cuando lo aplicamos.
La única esperanza está en el cambio de aquellos que pueden valorar lo bueno y alejarse de lo trivial. Pero ¿es ese el camino que hemos elegido como sociedad? De poco sirve tener grandes chefs si la gente se ha acostumbrado al kétchup.
La solución sería decidirse por la comida rápida entonces, pero eso es lo que está al alcance de cualquiera. Con lo que volvemos al problema inicial. Lo bueno no se valora y lo malo abunda. Es lo que hay. El algoritmo solo es un aspecto del asunto. Mañana será otra cosa.



* Jaime Rubio Hancock "La nueva prensa digital se enfrenta a su primera gran crisis" El País 3/02/2019 https://verne.elpais.com/verne/2019/02/01/articulo/1549038378_127709.html