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miércoles, 2 de abril de 2025

Avisos polacos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El grado de preocupación por el destino de Europa ante una amenaza rusa depende mucho de la experiencia de cada país. La proximidad, mayor o menor, ha creado experiencias históricas y políticas muy diversas, por lo que la respuesta es también diferente en cada caso.

En esto difieren las élites, que se tienen que ver en Europa, con las bases de cada país, que observan con distinto grado de preocupación y conocimiento lo que ocurre lejos. Hay países que no pueden evitar ser interrogados o interrogar sobre los futuros posibles. Otros —como el nuestro— siguen viviendo como si no hubiera riesgo alguno y jugando con las palabras, especialmente en las cuestiones de defensa. Los juegos de diferencias entre "defensa" y "rearme", por ejemplo, están  a la orden del día reflejando la lucha política constante en vez de entender que la "seguridad" es una cuestión común, algo que nos afecta a todos, un objetivo común.

En RTVE.es se nos ofrece una entrevista con el ministro polaco de Asuntos Exteriores, Radoslaw Sikorski, al que se le pregunta sobre los conflictos y las relaciones con Rusia: 

PREGUNTA: Polonia es país con una larga tradición de desencuentros con Rusia, unos políticos y otros militares. ¿Perciben ustedes realmente a Rusia como una amenaza en estos momentos?

RESPUESTA: Rusia nos ha invadido muchas veces durante los últimos 400 años, así que, cuando nos amenazan, tenemos que tomarlo en serio. Fuimos una colonia rusa durante el siglo XIX. Y este país está intentando reconstruir su imperio y dominar otras naciones.

P: ¿No tiene usted la impresión de que en esta parte de Europa no nos acabamos de creer esa amenaza?

R: Sí. A ustedes nunca les ha ocupado Rusia y probablemente nunca será así, pero también les llega la desinformación rusa. Rusia también está intentando manipular la situación interna y fomentar diferentes divisiones en España. Sabemos que está intentando llevar a cabo una guerra hibrida en Europa.* 

Son muchas las cuestiones que se abren en estas breves respuestas. La primera de ellas es la tradición imperialista rusa. No hace falta imaginarla, está ahí, en la historia y en la experiencia. Nos olvidamos, por ejemplo, que hubo que comprarles Alaska a los rusos, que podían haber "bajado" por América hasta no se sabe dónde. La experiencia europea la tenemos más clara. Rusia se tragó media Europa llegando hasta la mitad de Alemania, quedándose todo lo que había en medio. Si la hubieran dejado habría llegado a la costa francesa. Los países que quedaban bajo su yugo eran invadidos inmediatamente si osaban intentar distanciarse o rebelarse contra el poder soviético, la máscara política que Rusia adoptó tras su revolución. Rusia abrazó el comunismo porque era lo más cercano a su propia visión totalitaria. Se deshizo de los zares, pero no del imperialismo ni de su mesianismo visionario. Rusia seguía siendo "santa", pero de otra manera. Su misión transformar el mundo, que en sus términos era hacerlo "ruso".

Todo eso no se lo tienen que contar al ministro polaco porque lo han vivido en sus carnes. Tampoco muchos de los países que fueron ocupados en diversas ocasiones y sobre los que Putin ha fijado su mirada codiciosa.

El presidente ruso comparte muchas cosas con los Estados Unidos de Trump. Uno de los más preocupantes es su fijación con Europa, contemplarla como un obstáculo en sus planes de expansión y dominio. Una Europa fuerte y unida es una pieza molesta para ambos, que juegan en ella —y con ella— como si fuera un tablero ajedrecístico.

La ilusión de una Europa próspera y en paz se aleja cada vez más si el entorno se va convirtiendo, como lo ha hecho, en zona de guerra. Que Europa no lo desee no significa que no tenga que enfrentarse a ello, tratar de garantizar su seguridad mediante el fortalecimiento de su defensa.

No se trata, como pretenden algunos, de volvernos belicistas, sino de lo contrario, que vean que no somos una pieza fácil, entregada, que se puede invadir con una "guerra relámpago" en su momento con la Alemania de Hitler.

Pero es el segundo aspecto, el que afecta a España, el que debe ser considerado y traerse a primer plano para que sepamos a qué nos estamos arriesgando. La mención a la desunión española y el ejercicio de una "guerra híbrida" no es nuevo y está bien que el experimentado ministro polaco nos lo recuerde.

La idea de "guerra híbrida" supone que podemos estar inmersos en ella sin saberlo si quiera. Hay zonas, como Ucrania, en que la guerra es tradicional, un choque armado, mientras que en otras se maneja otro tipo de recursos, como son la información, la economía, etc.

El ministro polaco cita algo conocido: la financiación y apoyo a la ultraderecha, al separatismo y demás grupos. No es casual, como vimos ayer, que Putin, Trump, Viktor Orbán, nuestro Abascal, etc. se duelan de la condena de la francesa ultraderechista Marine Le Pen. No es casual porque la ultraderecha europea ha pasado por Moscú a recoger apoyos, consejos y fondos. Tampoco es casual que Nigel Farage, el padre del Brexit, que sacó a Reino Unido de la Unión Europea, contará con las bendiciones de Putin y Trump. En España se ha hablado de la financiación de varios separatismos desde Moscú.

Lo que gana Rusia, como bien señala el ministro polaco es debilitar a Europa, hacerla enfrentarse en calles y parlamentos. Frente a esto, en Rusia, los opositores caen por puentes y ventanas, mueren encarcelados. Pero nadie le hace ascos a las financiaciones y al poder que permiten.

Por nuestra parte no se trata solo de militarismo. Fortalecer las defensas es fundamental, pero no lo es todo. Es más importante dar una sensación real de unidad, que es lo que transmite fortaleza. El problema es que estamos más desunidos que nunca, lo que favorece esa debilidad ante los problemas reales. Y Rusia es un problema real. 

* Óscar Mijallo "Entrevista en directo con Sikorski, ministro de Exteriores de Polonia: "Rusia intenta fomentar la división en España, es una guerra híbrida"" RTVE.es 1/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250401/radoslaw-sikorski-ministro-exteriores-polonia-no-se-pueden-cambiar-fronteras-fuerza/16516835.shtml

miércoles, 16 de noviembre de 2022

El vicio ruso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las ilusiones ucranianas sobre la retirada de las tropas rusas es otra forma de ilusión. Rusia no puede perder esta guerra ni ganarla, algo que hemos señalado en diversas ocasiones. No es que la retirada sea una trampa, como se temían los ucranianos; es otra forma de hacer la guerra dentro de una nueva forma de plantear la situación. Una vez anexionadas las zonas del este, técnicamente para Rusia es Ucrania quien está invadiendo Rusia, lo que desde esa peculiar perspectiva permite otro tipo de guerra.

En RTVE.es ya nos dan cuenta de las consecuencias de este cambio de perspectiva, Rusia queda liberada de "defenderse" contra los atacantes, contra los invasores. Así, la guerra que nunca existió, la "operación especial", tras considerarse "rusa" por la decisión de sus habitantes (los "prorrusos").

Rusia ha vuelto este martes a bombardear Kiev y otras ciudades ucranianas con misiles de crucero, tan solo horas después de que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, planteara una serie de condiciones para la paz en un mensaje dirigido al G20. La guerra en Ucrania cumple este martes 265 días.

Desde las 14:45 hora local rige la alerta antiaérea para toda Ucrania por posibles ataques con misiles. En total, las Fuerzas Aéreas ucranianas han contabilizado unos 100 lanzamientos. Según el canal ucraniano Ukrinform, se trata de misiles Kh-101 disparados desde bombarderos. Los Kh-101 son misiles de crucero. Las fuerzas aéreas han sido capaces de derribar 70 de estos proyectiles.

En medio de los bombardeos, Zelenski se ha dirigido al pueblo ucraniano en un vídeo difundido por redes sociales en el que pide tener prudencia y permanecer a cubierto. "Sobreviviremos", ha dicho el presidente ucraniano, que ha alertado que esperan el lanzamiento de otros 20 misiles rusos. * 

Parece que Rusia trata de demostrar su fuerza haciendo inhabitable el territorio dejado atrás. De ahí la evacuación de los civiles estos días pasados; se trata de tener las manos libres y un desgate político menor en donde se está desarrollando otra gran batalla, la de la opinión pública rusa que ha reaccionado de forma clara a los reclutamientos forzosos de la población joven y todo lo que han podido recoger para mandar al frente.

Pero no existe la misma motivación en los que defienden su tierra y los que son enviados sin preguntarles a ocupar una tierra que no es la suya y en la que no tienen ningún interés en morir. Por eso la retirada da un margen de tranquilidad y permite emplear la acción a distancia, los bombardeos, los misiles enviados desde fuera, que hacen más daño y minan la resistencia. Al menos esa es la teoría.

¿Cuánto tiempo puede aguantar Rusia una situación así? Mejor modifiquemos la pregunta: ¿cuánto tiempo puede sostener Vladimir Putin esta situación? ¿Cuánta represión puede manejar sin que se vuelva contra él de forma clara?

Los soldados pueden morir por su patria, pero ¿por qué están luchando los rusos? El temor a una muerte ridícula, por una causa ridícula, debe pasar por la mente de muchos mientras escuchan las arengas de sus superiores y las balas sobre sus cabezas. En este tiempo pasado, esos 265 días de guerra que llevan contados en RTVE.es, da tiempo a pensar mucho.

Los titulares de la prensa de ayer nos daban una nueva fase de escalada: los misiles rusos caídos en Polonia. En el diario El Mundo leemos:

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, ha convocado urgentemente al Comité del Consejo de Ministros para Asuntos de Seguridad Nacional y Defensa tras la explosión de un camión ocurrida en el pueblo de Przewodów, justo en la frontera con Ucrania y que habría causado dos muertos. La radio local polaca ZET atribuye a misiles rusos perdidos.

El portavoz del Gobierno, Piotr Muller no ha confirmado ese extremo y ha pedido no entrar en especulaciones hasta tener la información veraz de lo ocurrido. Muller se dirigirá a la prensa una vez concluya esa reunión. Algunos medios locales apuntan a que el tema de la reunión podría ser también el ataque masivo ruso a Kiev.**


No es fácil controlar todo en una guerra. Es sencillo disparar misiles, pero el espacio europeo está muy ajustado y con esta guerra a distancia es fácil que se produzcan incidentes. ¿Qué hará Rusia si, efectivamente, son sus misiles los que vuelan hasta caer en terceros países, ampliando los efectos de la guerra? ¿Y qué harán los demás?

Joe Biden se ha apresurado a poner "calma", a evitar precipitaciones que puedan elevar la tensión y arrastrar a más países por "errores de cálculo" rusos. Pide calma y tiempo. Pero lo que Biden ve "poco probable" no deja de ser un peligro que llega de algún lado como consecuencia de una guerra no declarada.

Rusia ha implantado la visión "imperial" que ha guiado su historia, una política territorial que le ha permitido ser el país más grande del mundo. ¡Menos mal que le compraron Alaska! Lo ha hecho porque siempre ha avanzado más allá donde había una frontera propia. La mejor defensa es un buen ataque, se suele decir. Rusia lo ha hecho siempre, una vida sin pisar el freno. En la II Guerra Mundial se tragó media Europa y habría podido seguir avanzando. Rusia siempre está "insegura". Pero los tiempos son otros. Europa se ha reconstruido y lo ha hecho dejando de ser provincias rusas o con gobiernos títeres, como fueron los de los países del Este, que pedían ayuda a los tanques rusos para que entraran en Polonia, Checoeslovaquia, Hungría... todos países anexado, como ahora se hace con parte de Ucrania, con visión de seguir comiéndose territorio en el futuro. En 2014 fue Crimea; ahora otra parte del territorio ucraniano. Es el vicio ruso, el de una potencia insaciable y violenta, que considera que la expansión es su forma de demostrar su fuerza y fe.

Rusia nunca ha sido democrática; nunca ha tenido que escuchar a su pueblo. Solo lo ha romantizado mientras lo machacaba. Los eslavófilos no son un invento actual, pero los sueños de la "santa Rusia", de la "madre Rusia", etc. han seguido planeando por varios siglos, apoyados por una iglesia colonial ortodoxa que ya servía para aplacar al pueblo en los tiempos de los zares y hoy lo hace con Putin justificando la invasión porque los ucranianos son un lobby gay, como ha proclamado.

Lo cierto es que en esta guerra imposible, pero real, la parte que debe saltar es la del propio Putin y eso ocurrirá tarde o temprano. Sigue su marcha hacia un frente inacabable impulsado por no se sabe bien qué fuerzas, una veces las del miedo a ser agredidos, otras las de una inexistente causa histórica auto justificativa, pero absurda.

Ninguna guerra acaba bien, pero algunas acaban peor que otras. La guerra de Putin solo tiene un fin: hacer desaparecer a Ucrania del mapa. Y eso no lo va a lograr. Ese es el drama del absurdo.   



* "Rusia lanza una oleada de más de cien misiles contra Kiev y otras regiones ucranianas" RTVE.es 15/11/2022 https://www.rtve.es/noticias/20221115/guerra-ucrania-rusia-bombardeos-kiev/2409094.shtml

** Carmen Valero "El primer ministro polaco convoca una reunión de emergencia para investigar la posible caída de misiles rusos" El Mundo 15/2022 https://www.elmundo.es/internacional/2022/11/15/6373d83ae4d4d8fb738b45aa.html

sábado, 16 de abril de 2022

Más amenazas rusas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Desde que comenzó la invasión de Ucrania, Rusia se ha dedicado a lanzar amenazas a todos, en una agresividad sin precedentes. En estos momentos, un titular de RTVE.es señala "Rusia advierte a EE.UU. de que si no deja de proveer armamento a Ucrania habrá "consecuencias imprevisibles". En el diario El Mundo, el titular es en el mismo sentido "Moscú exige a EEUU que deje de asistir a Kiev, so pena de enfrenarse a "consecuencias impredecibles"". Los diarios recogen estas y otras amenazas con las que trata de frenar la solidaridad y ayuda a Ucrania, que se le resiste. Esto ha hecho dispararse el número y objeto de las amenazas rusas.

En Antena 3 se recogía ayer la respuesta polaca a más amenazas de Putin:

A finales de marzo, el Kremlin hizo una advertencia a Polonia tras la expulsión de 45 diplomáticos rusos: "Varsovia se ha embarcado en una peligrosa escalada en la región, que no procede de intereses nacionales, sino que es en el marco de la directrices de la OTAN".

Al respecto, las autoridades rusas también aseguraron que "toda la responsabilidad de las posibles consecuencias" recaía por completo en Varsovia". "Rusia no dejará este ataque hostil sin una respuesta que haga pensar a los provocadores polacos", indicaron entonces.

Sin embargo, el país polaco ha avisado que no se quedará quieto si Moscú decide cruzar ciertas líneas rojas como ataques dentro de su territorito o en el de cualquier miembro de la OTAN. En este sentido, los polacos han tachado de provocaciones los bombardeos de Rusia a pocos kilómetros de su frontera como en la base aérea de Yavoriv o en Leópolis.

Por esta razón está reforzando hasta los 300.000 efectivos y modernizando su armamento con la reciente adquisición de tanques Abrams y sistemas británicos antiaéreos. *



Que Rusia considere "provocadores" a todos aquellos que no se pliegan a sus deseos, a aquellos que se resisten, no deja de ser una ironía que nos muestra que estamos ante una patología peligrosa.

La mayor parte de los analistas coinciden en que es el fracaso ruso en sus objetivos y la inesperada duración de la guerra lo que está aumentando la agresividad rusa y el nivel de sus amenazas, además evidentemente de los efectos de las sanciones internacionales, que le complican la vida en el interior. Un pueblo no se alimenta solo de propaganda, al menos no durante mucho tiempo y Rusia se revuelve contra todos aquellos que están contribuyendo a que su presa se resista más de la cuenta, ya sea con ayudas humanitarias o militares. Cada aprobación de envío de armas es un aumento de la capacidad de resistencia ucraniana y un dolor de cabeza para Putin que lo ve traducido en pérdidas propias, tanto de fuerzas como de prestigio. La larga duración de la guerra —hoy algunos auguran que podría durar hasta finales de año— se vuelve contra Putin y le complica la vida con sus socios más forzados, que pueden no estar tan gustosos de asumir sanciones en un tiempo más largo del pensado.

La respuesta polaca no es la única y son varios países, como sucede con Suecia, que han manifestado sin tapujos que solicitarán en el momento adecuado la entrada en la OTAN. Esta es una cuestión que afecta al conjunto de Europa, que sigue sin tener un ejército propio. Al no tenerlo, los países europeos tienen que establecer una alianza con la OTAN, lo que le sirve de excusa a Putin para sus invasiones y amenazas. Si la entrada en la Unión Europea supusiera también la pertenencia a un sistema de defensa europeo Putin lo tendría probablemente más complicado.

Pero cualquier tipo de especulación sobre el futuro tiene que partir de la realidad del presente y esta es solo una: Rusia se ha mostrado como un país agresor y amenazante, como una potencia que cree tener el derecho de controlar la vida y decisiones  de un continente, Europa. El porqué Rusia cree que tiene ese derecho no tiene más realidad que la fuerza ni más idea que "su seguridad", algo que en ningún momento se ha visto en riesgo por parte de país europeo alguno. Es más, Europa está padeciendo ahora el establecimiento de lazos comerciales con Rusia, ya que esta los utiliza como otro elemento de fuerza, de chantaje y amenaza. Parece claro que Rusia ha elegido ser un modelo preciso de potencia agresiva y mala vecina para con aquellos que se desvían se su visión de cómo se debe mover el mundo. Si pretende un mundo poblado de lukashenkos, de dictadores bajo sus alas protectoras, se está equivocando totalmente.



Lo que ha conseguido Rusia es lo contrario de lo que quería o pensaba poder conseguir. Toda Europa está aumentando sus presupuestos de defensa "gracias" al efecto ruso y a sus amenazas constantes. Lo que Rusia le está haciendo a Ucrania, destruyéndola, literalmente, es lo que todos los países europeos tratarán de evitar y la única forma es aumentar su armamento y reforzar sus alianzas. No hay otra.

La esperanza de que la guerra fuera corta ha estado en el pensamiento de muchos, pero pasado ese ecuador mental y bélico, la resistencia de Ucrania es la resistencia de todos. La actitud rusa lo que cambiado todo. No solo es haber llevado la guerra al centro de Europa, junto con la amenaza constante a todos haciendo ver que Ucrania es "su presa", esgrimiendo un pseudo derecho a desgarrarla y destruirla.

El tipo de respuesta dado por Occidente es eficaz, pero se responde con nuevas amenazas bélicas traducidas en ambiguas expresiones como "consecuencias imprevisibles", apelaciones a la guerra nuclear y demás amenazas que cada día vierte.

Desde el punto de vista de los objetivos previstos por Putin, la guerra está siendo un fracaso, algo que se agrava cada día por los reveses diversos, como el hundimiento del Moksva que era titular ayer en los medios de todo el mundo. Si lo que pretendía era mostrar al mundo su fuerza y que este temblara, no lo está consiguiendo por su propia ineptitud. La capacidad de resistencia de los ucranianos ha hecho mella en los rusos, que van cayendo. Los ucranianos sacan la motivación de su sentido patrio, de estar defendido vida y tierra. Los rusos, en cambio, han sido mandados a otro país, algo que ni les va ni les viene. Las noches se hacen muy largas en las guerras y le da a uno por pensar. Y se ponen a pensar las familias en la retaguardia, que sufren por si sus hijos regresarán o vendrán en un féretro. Cada día que pasa esto se intensifica.



Las advertencias sobre lo que pueda hacer Rusia no se deben subestimar, pero tampoco aceptar, en cuyo caso le estaríamos poniendo en bandeja una estrategia para ahora, pero también para el futuro. No le están saliendo las cosas y necesita algo para poner sobre la mesa y negociar su "victoria"; el problema es que ese momento puede ya haber pasado y que salga con las manos vacías o quedándose con más tierra, algo que no le soluciona ningún problema de seguridad y, por el contrario, pone a todos a la defensiva y a pensar en la disuasión.

Sigue siendo un misterio el porqué Putin se ha lanzado a esta aventura. En otras potencias, en distintos momento de la historia, se han encontrado explicaciones a la creación de conflictos bélicos, pero esto no tiene explicación clara, aunque sí avisos. Putin ha roto un orden europeo basado en la confianza y el comercio sustituyéndolo por otro basado en la fuerza bruta. ¿El siguiente paso es obligar a Europa a comprarle el gas? ¿Lo hará bajo amenaza nuclear?

Las amenazas rusas son una forma de complicarse su propia existencia, algo que existirá más allá del fin de la guerra. ¿Pretende dividir el mundo en prorrusos y antirrusos? La batalla europea la tiene perdida por lo antes señalado: ha conseguido que todos se armen. ¿Responderá —como ya lo hace— con más agitación y división, financiando desinformación y partidos amigos?

En la medida en que le está complicando la vida a los que antes la tenían sencilla, Putin se estará creando enemigos silenciosos, pero enemigos, en el interior; son todos esos oligarcas beneficiados por su régimen y que ven cómo se les cierran las puertas del disfrute exterior, de los negocios, cómo se congelan sus cuentas o se embargan su mansiones al sol mediterráneo.  Con ellos no funciona la propaganda; las cuentas corrientes les dicen otra cosa.

Polonia, Suecia, Lituania, Estados Unidos... Son ya muchos los amenazados por Rusia con diversos tipos de apocalipsis. Cuantas más amenazas, se le complica la vida al propio Putin. Debería saber que un paso más hacia la acción produciría una respuesta más contundente y no sé si estará en condiciones de afrontar las consecuencias reales de todo tipo.



* "Polonia eleva el tono y advierte que responderá si Rusia cruza ciertas líneas rojas" Antena 3 Noticias https://www.antena3.com/noticias/mundo/polonia-advierte-que-respondera-cualquier-ataque-rusia_202204156259915fd593ed00019f874c.html


jueves, 17 de febrero de 2022

Europa, Castilla y León y el efecto mariposa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las sanciones a Hungría y Polonia por incumplimientos en materia de Justicia, Igualdad y Libertad de Información avisan un serio problema para la Unión Europea y, más allá, para el concepto de Europa. He escrito los tres conceptos anteriores con mayúsculas para mostrar su sentido "capital" para la idea de Europa.

Europa es, ante todo, un concepto voluntario, es decir, un deseo abierto convertido en una realidad de espacios y relaciones. "Europa" es un constructo que toma forma armónica en la ·Unión". Es mucho más que lo que algunos piensan, un simple agregado que busca un equilibrio constante entre lo individual y lo colectivo. Los hay que consideran además que ese agregado es parasitario y lesivo, algo que dinamitar desde dentro.

Esta idea es de gran complejidad ya que condena a la Unión a depender constantemente de y de forma problemática de los cambios de gobierno en las relaciones con la Unión. Cuando determinados partidos llegan al poder pueden plantearse la Unión como una pérdida de sus propia soberanía y lanzar a la opinión pública contra las instituciones europeas, concepto que ellos transmiten como si se tratara de una anónima burocracia orwelliana, algo distante y represivo, una vigilancia carcelaria.

Hemos comentado muchas veces en estos años los peligrosos de que los gobiernos nacionales se dediquen a echar las culpas hacia arriba de sus fracasos. Este sistema es responsabilizar a "Europa" presentándola como una fría institución que pareciera no tener otra función que la de castración del desarrollo propio. Eso va creando un sentimiento antieuropeo que se acaba canalizando por parte de aquellos grupos, partidos, etc. que buscan su debilitamiento. El caso de los populistas, de derechas e izquierdas, es claro en este sentido. Las organizaciones de la ultraderecha unidas para destruir la Unión han sido una constante, que se ha manifestado sin tapujos por boca de los que realizaron el Brexit, con Nigel Farage al frente, un visitante cotidiano de la Trump Tower y la Casa Blanca y del Moscú de Putin, como lo han sido Marine LePen y otros habituales de la ultraderecha.

El apoyo explícito de Santiago Abascal y Vox a Polonia y Hungría se ha manifestado en varias ocasiones. Lo que nos conecta en este mundo turbio, de interacciones oscuras, a personajes que oscilan entre Castilla y León y espacios más lejanos, pero conectados por esos hilos de araña de la misma red.

La idea de Europa es el objetivo de destrucción de muchos. Las formas que Europa tiene de defenderse son muchas. La primera es "funcionar" bien. Para los que hemos vivido lo suficiente para verlo, el salto dado por nuestro país con su entrada en Europa ha sido decisivo. Pero el funcionamiento, mejor o peor, de Europa dependen de nosotros mismos, de nuestro deseo europeísta de integración para un mejor desarrollo del conjunto.

En un mundo cortoplacista, la idea de Europa es un diseño inacabado que aspira a funcionar en el presente dirigiéndose hacia un futuro. Por son muchos los obstáculos que encuentra en el camino, unos internos y otros externos. La aspiración europea de contar en el mundo tiene la contrapartida de los intentos de reducción de su papel por parte de las superpotencias que la desean más sumisa y dependiente, como hemos tenido ocasión de ver durante el mandato de Trump con toda claridad. Aquí hemos recordado en muchas ocasiones su expresión "¡Llamadme Mr. Brexit!", que definía a la perfección el papel que deseaba jugar y que Biden repite con su alianza anglosajona con Reino Unido, Australia, Canadá y algún que otro resto del ex imperio británico.


Igualmente, como apreciamos actualmente, la renacida Rusia de Putin tiene aspiraciones frente a Europa, porque la ve —como apreciamos en el caso ucraniano actual— como el refugio de los países díscolos y que considera como peligrosos para su seguridad, en la medida en que dependen más de la Unión que de ella.

Pero, como hemos insistido, son los peligros internos los más dañinos. Estos peligros surgen de la propia esencia democrática que lleva a que dentro de la Unión se exija unos niveles democráticos. El problema de la Democracia es siempre el ascenso de los grupos antidemocráticos aprovechando sus vías. Es un viejo problema que solo se resuelve dejando en evidencia estos procedimientos que consisten en la reducción de los niveles democráticos internos para asegurarse el control del poder.

Por eso lo que se le recrimina a estos dos países, Polonia y Hungría, es que sus movimientos intervienen en la libertad y seguridad jurídica, los ataques a la libertad de información y prensa y la estigmatización de las personas. Todo ello se considera de enorme gravedad y, especialmente, un elemento de rebaja de la calidad democrática en una parte de los ciudadanos de la Unión respecto al resto.

Europa es un espacio, pero la Unión Europea es un deseo de los habitantes de ese espacio. Ese deseo se refiere a una forma de vida y de percibir el mundo, que incluye los deseos de igualdad, de reducción de las diferencias, de una forma y calidad de vida asegurada para sus miembros. Una cosa es estar en Europa y otra el ser de Europa. Lo primero es geográfico e histórico; lo segundo es un deseo y un compromiso conjunto de todos los que están ahí.

La Unión está condenada por su propia configuración a los intentos de ruptura. Pero estos son preferibles a intentar sostener en su interior tensiones que amenazan su propio proyecto histórico, que es el de una Europa próspera y en paz, un espacio de derechos comunes y deseo de convivencia y armonía interior y exterior.

Europa fue el centro de exportación de conflictos por todo el mundo en la primera mitad del siglo XX. Lo fue anteriormente del colonialismo que le hizo repartirse continentes. Hoy el mundo es otro y el papel de Europa no puede ser el mismo ni en conflictos ni en relaciones. Las diferencias de poder de cada país que la integran deben ser sometidas a los intereses del conjunto, algo que no siempre se logra porque no es sencillo.

Lo ocurrido con Polonia y Hungría va más allá de las sanciones. Eso se ve claramente en esa alianza de los partidos populistas de ultraderecha que no esconden su antieuropeísmo y se traduce en exigencias, como ha sido el caso, de actuaciones sobre las legislaciones contra la violencia de género y lo que llaman "ideología feminista". Que las fotos los muestren juntos nos da idea de cómo nada es gratuito y que hay que ver cómo está todo conectado. Los mismos que están en Castilla y León son los que hacen lo mismo en Polonia y Hungría a los que, según sus propias declaraciones, apoyan firmemente.

La libertad de prensa, la independencia judicial y los derechos de las personas no son una tontería. Son aspectos esenciales de la vida democrática y su ataque revela un sentimiento autoritario y reductivo a corto y medio plazo de las libertades. Que existan dentro de Europa tendencias firmes en contra de esos tres pilares nos avisan de la importancia de no bajar la guardia y, sobre todo, de hacer una Europa sólida y que funcione para todos, que tenga claro cuáles son los pilares sobre los que se construye la libertad y el progreso, los derechos comunes y la paz.

Los que se manifiestan en contra de estos se reparten por toda la Unión en busca de parcelas de poder crecientes desde las que desestabilizar el modelo europeo que tenemos. La alternativa es bastante difusa en unos sentidos, pero terriblemente clara en otros. Lo que votas en un pueblecito de Castilla y León, como el efecto mariposa, acaba sacudiendo las instituciones europeas.


jueves, 25 de noviembre de 2021

El juego antieuropeo de Polonia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los espectáculos ofrecidos especialmente por Polonia y Hungría no deberían alertar sobre la "cuestión europea". Mientras se nos habla de una dolida Macedonia, en puertas muchos años de ser aceptada en la Unión Europea, otros países, como los señalados al inicio, hacen el juego contrario.

Me comentaba ayer una querida colega, con un té por medio, el prácticamente nulo conocimiento de Europa que las nuevas generaciones de alumnos en nuestras aulas tienen. Este desconocimiento de Europa y su papel en nuestro país obedece a esa pertinaz idea de que las cosas siempre han sido tal como las vemos cuando llegamos al mundo. El olvido de Europa es el olvido de la historia de España y de las consecuencias que ha tenido en nuestras últimas décadas. Esto es fruto de una malas políticas que hemos resaltada aquí en ocasiones, la pretensión de los políticos nacionales de ser el límite y de plantear siempre a Europa como el "otro lado", aquel al que hay que convencer, presionar, reclamar, etc. Pero la Historia no es el fuerte de nuestra educación, lanzada a un practicismo ciego, irreflexivo, como esa zanahoria que se nos pone falsamente por delante.

Pero lo que ocurre en países como Polonia y Hungría es mucho más grave ya que suponen un retroceso, declarando a Europa como enemiga y vendiendo ese enfrentamiento con el gran monstruo burocrático y desalmado como una política de salvaguarda de unos nacionalismos populistas, patrioteros que no hacen sino engañar a sus propios pueblos con victimismo sin fin.

Europa es, a sus ojos y en sus voces, la gran enemiga. Es lo que llevó al desastre del Brexit a Reino Unido, cuyo carácter le llevará a no reconocer nunca el inmenso error cometido a manos de políticos mentirosos e interesados en ganar fácilmente el favor electoral convirtiéndose en adalides de la historia nacional. Los británicos sufren en cadena los problemas creados por ellos mismos y su "cuento de la lechera" no ha dado mucho más de sí.

RTVE.es nos informa de otro golpe más al vínculo europeo en Polonia: 

El Tribunal Constitucional polaco ha dictaminado este miércoles que parte del Convenio Europeo de Derechos Humanos es incompatible con la constitución polaca, en un nuevo desafío a la justicia de la Unión Europea.

"Otro intento de injerencia externa e ilegal en el sistema polaco detenido por el Tribunal Constitucional", ha tuiteado el viceministro de Justicia polaco, Sebastian Kaleta, en referencia a una decisión del TEDH en la primavera sobre una controvertida reforma del sistema judicial polaco, acusado por Bruselas de socavar la independencia del poder judicial.

En otro mensaje posterior el viceministro ha celebrado que este miércoles sea "Un hermoso día para el estado de derecho y la soberanía polacos", gracias a la sentencia del Tribunal Constitucional.

El Ministerio de Justicia polaco había pedido a su Tribunal Constitucional que se pronunciara tras una sentencia del TEDH, en mayo, que cuestionaba la legalidad del nombramiento de los jueces de dicho Tribunal Constitucional.*


 

La noticia permite ver con claridad cómo la sintonía del Tribunal con "su" gobierno es absoluta, que eso es precisamente lo que se planteaba, la inexistencia de una justicia independiente.

Según avanzamos en el camino histórico europeo vamos comprobando cómo la propia esencia de la democracia, consistente en la estabilidad de los principios y la variabilidad de las circunstancias, actúa contra un espacio común. Si la voluntad comunal es mantener unos principios para todos, existe también una fuerza disgregadora, destructiva que tiende a la marginalidad, al rechazo de lo común tratando de mantener distinciones que favorecen a los gobiernos según su tendencia. La europeidad deja de ser algo compartido y se convierte en frente de batalla en donde se extiende una mano para recibir mientras que la otra se agita con violencia.

Polonia y Hungría van hacia un nuevo tipo de situación sin precedentes. Puede haber disconformidades, pero esto es otra cosa, es un desafío claro a algo que afecta al estado de la democracia compartida. La pregunta (y hay muchas) es hasta dónde se llegará en un asunto de este orden.

¿Está condenada la Unión a sufrir estas tensiones internas por efectos de la diversidad de planteamientos cuando se supone que se ha ingresado en ella precisamente por lo que ahora se rechaza?

En muchos momentos de este blog hemos señalado los peligros políticos de convertir a Europa en el blanco de nuestros errores. Hemos advertido de las consecuencias de convertirla en "obstáculo" a los ojos de los electores para conseguir un rendimiento político y, sobre todo, para tapar las vergüenzas políticas. La política española está tan enzarzada en sus rencillas barriobajeras que difícilmente mira hacia Europa. Pero hay que mirar hacia Europa para que no sea objeto de indiferencia ni el blanco de todos los problemas cuando las cosas se tuercen. Nosotros somos Europa, cada uno de los ciudadanos que la habitan. Ser contra Europa es un sinsentido estando dentro de ella a menos que esa sea la intención.

Hay enemigos exteriores de Europa, los que buscan su debilitamiento y pérdida de capacidad referencial y de influencia. Pero hay muchos otros dentro, ya sea desde los populismos opositores de los gobiernos o de los propios gobiernos populistas que la toman como el enemigo al que hay que doblegar, como ocurre ahora con Polonia o Hungría. Si el antieuropeísmo les permite cobrar entidad e identidad electoral interna, un sentido a su vida política, lo seguirán utilizando. La cuestión es que esta forma de entender la política se cronifica. No te interesa dar el paso que dieron los británicos, sino mantenerte en la tensión conflictiva necesaria y suficiente para la situación. Los resultados del Brexit han sido aclaradores en este sentido. Es mejor una batalla eterna que una resolución drástica que te deje sin enemigo al que culpar y flotando en el vacío.


El uso del antieuropeísmo es peligroso. No estamos dando sentido a Europa, sino moviéndonos por ella. La generación que ha crecido dentro lo ve como una posibilidad de Erasmus y poco más. Hay que incidir en la Europa de la Cultura, del pensamiento, del arte, crear una identidad europea para explorar su inmensa riqueza y no repetir sus errores. Sin embargo, a pesar de lo que vemos, seguimos sin dar sentido a nuestras instituciones y herencia.

La "alegría" del dirigente polaco al ver declarar "ilegales" los principios europeos, los que todos compartimos es de una irresponsabilidad infinita, además de un desafío arrogante. Polonia tiene un inmenso vacío por delante. Eso lo sienten millones de polacos. Muchos salen a la calle, como en otros países, a defender su "europeidad" frente a los juego antieuropeos que sus gobiernos practican. Temen quedarse indefensos, sin protección alguna ante el autoritarismo creciente que vislumbran en sus países.

 


* "La Justicia polaca dice que parte de la Convención Europea de Derechos Humanos es incompatible con su constitución" RTVE.es/Agencias 24/11/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211124/polonia-inconstitucional-convencion-europea-derechos-humanos/2233886.shtml

jueves, 21 de octubre de 2021

El antieuropeísmo como forma de vida

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hacer un país antieuropeo en el seno de Europa es un despropósito absoluto. Lo coherente —aunque contraproducente, como estamos viendo— es irse, como Reino Unido. Nadie, es cierto, debe estar en Europa contra su voluntad mayoritaria. En resumen, lo que hacen Polonia y Hungría es absurdo, pero rentable. Es lo que hizo Reino Unido durante mucho tiempo, una estrategia de la zancadilla diaria, de los "pero" continuos y, sobre todo, ir creándose una imagen que les puede resultar beneficiosa interiormente.

La gota que ha colmado el vaso ha sido precisamente la que afecta a la esencia de la Unión. Decidir, como ha hecho el Tribunal Constitucional de Polonia, que las leyes polacas están por encima de las europeas es crearse un falso salvoconducto para hacer lo que se quiera en cualquier momento, pues bastará con acordar una ley contra lo que no guste y después hacer que su obediente Tribunal Constitucional decida que las leyes europeas no afectan a las polacas. De esta forma, el resultado es claro: una Polonia que ni es "unión" ni es "europea".

Pero es también algo más: una forma de desafío nacionalista a lo que ha sido precisamente creado para conseguir los nacionalismos que tanto daño han hecho a Europa y al mundo.

Polonia y Hungría son países "receptores", reciben más que dan. Eso explica porque no quieren actuar unidos, pero sí permanecer en la Unión de forma cada vez más desafiante, lo que forma parte de aquello que hizo que el Reino Unido, por suma de excepciones, se encontrar un día, al despertar, que los números de un referéndum los dejaban fuera del acuerdo europeo, en algo peor que en tierra de nadie, con una mayor dependencia de los Estados Unidos, que tenían a Trump al frente, y hoy metido en extrañas aventuras con australianos y canadienses para mantener un conflicto abierto y creciente con China.



Cada vez que se produce un conflicto interno en Europa, este se traduce en la visibilidad de los límites y del tirón de la Historia pasada en vez de la aspiración a la Historia futuro. Lo que nos ofrecen los casos de estos "insumisos", pero receptores de bienes europeos, es la doble tensión nacionalista. Ese fenómeno es el parón del desarrollo llegados a un punto crítico porque las fuerzas nacionales, en lucha interna entre ellas, trasladan su energía en oponerse a Europa, lo que les produce una rentabilidad interior en un círculo peligroso, un tira y afloja de consecuencias como las ocurridas en Reino Unido, donde la irresponsabilidad conservadora calculó mal y se encontró con que los radicales antieuropeos se salía, con la suya por medio de embustes que hoy han quedado aclarados, con oscuros apoyos que les llegaba de USA (como el mismo Trump) o desde la Rusia de Putin a la que acudía con frecuencia Nigel Farage.

Las manifestaciones europeístas en Polonia muestran claramente que muchos perciben que el riesgo de salida es alto, que el juego es peligroso y puede tener consecuencias catastróficas que los polacos u húngaros percibirán en cuanto que las fronteras se hagan de nuevo visibles, empiecen los aranceles y se restrinja la movilidad, cuando los estudiantes no puedan ir a los programas o se quede fuera de las instituciones, cuando Polonia y Hungría queden desconectados y vayan quedando en manos de los poderes más al este porque no tienen más opción. Es el destino ruso, con el que algunos han jugado y juegan irresponsablemente. Pero lo hace como forma de amenaza sin darse cuenta que el mayor peligro siempre les llega con sonrisas. ¡Qué pronto se olvida la Historia!

El antieuropeísmo parte de una incapacidad interior de los países, que lo utilizan para responsabilizar a Europa de sus problemas y de su incapacidad para salir de ellos. Pero quieren el dinero de la Unión porque han generado una estructuras clientelares que viven de ello.


La gran cuestión es si los países de la Unión Europea se darán cuenta de este problema que surge de la política interior y diseñan una forma de evitarlo. Como países democráticos, las elecciones de cada país determinan su orientación. Hoy la política tiende en todas partes al enfrentamiento rentable, no al diálogo superador de conflictos. España es un claro ejemplo de ello. Afortunadamente, incluso los nacionalistas separatistas aspiran a un reconocimiento exterior europeo de la condición a la que aspiran, futuros estados. Afortunadamente, Europa lo tiene claro. Pasa a ser significativo, en este contexto, el reciente escándalo del dirigente nacionalista catalán de viaje a Moscú para contarle las aspiraciones secesionistas. Viaje inútil, porque los manejos de Putin por allí no han dejado de estar presentes en los informes internacionales.

Europa parece haber llegado a un punto en el que se estanca porque los países no son capaces de avanzar en común, de ir más allá, por lo que se están produciendo estos fenómenos en países con un claro déficit democrático. Las contradicciones entre el poder interno y el reconocimiento de la autoridad europea pasan a la política en ambos niveles.

En RTVE.es leemos:

"Es la primera vez que un tribunal de un Estado miembro declara que los tratados de la UE son incompatibles con la Constitución nacional. Esto tiene graves consecuencias para el pueblo polaco" ha explicado Von der Leyen en su intervención, que ha abierto el debate.

"La sentencia tiene un impacto directo en la protección del poder judicial. Sin tribunales independientes, los ciudadanos tienen menos protección y, en consecuencia, sus derechos están en juego", ha subrayado la presidenta de la Comisión.

"No podemos arriesgar ni arriesgaremos nuestros valores comunes. La Comisión actuará", ha asegurado Von der Leyen.

La presidenta del Ejecutivo comunitario ha enumerado los mecanismos de los que dispone Bruselas: abrir un procedimiento de infracción; aplicar el Artículo 7, con la suspensión del derecho de voto para Polonia; o la congelación de fondos europeos de recuperación. Sin embargo, no ha precisado qué acciones emprenderá, ni un calendario.*

 


Reino Unido se fue. No parece que sea lo que desean polacos y húngaros, pero sus gobiernos quieren presionar y hacer lo que quieran, que es una forma de aislar a sus propios ciudadanos, que dejan de estar protegidos por las leyes comunes y quedan al arbitrio de las locales, manipuladas por poderes poco democráticos, como ocurre con los húngaros.

Lo importante ahora es rechazar los discursos polacos, destinados al consumo interior, y actuar en nombre de los ciudadanos que se ven privados por sus propios gobiernos de sus derechos como europeos. Es el argumento que se ha planteado en el Parlamento Europeo. Estos gobiernos controlan la vida de sus ciudadanos y les lanzan discursos antieuropeos. En vez de contribuir desde sus países a la mejora del conjunto, elevan filtros mediante los cuales solo dejan pasar aquello que les favorece directamente en el control, mientras trazan el diseño autoritario de sus cubículos nacionales. De esta forma mantienen todo el poder, entendido como la manera de no salir del poder. Han hecho del antieuropeísmo su forma de vida, su forma de eliminar las resistencias.

Si la vía polaco-húngara debilita a la Unión, empezarán a salir otros que viven internamente de este enfrentamiento. La prensa ya nos habla de otros continuadores, como del esloveno Janez Jansa. Los intereses en romper la Unión Europea son muchos y repartidos. Hace falta más europeísmo. Pero no será fácil.

 


* "El primer ministro polaco mantiene su pulso en el Europarlamento: "La UE no es un estado"" RTVE.es 19/10/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211019/parlamento-europeo-polonia-no-acepta-chantaje-politico-bruselas-von-der-leyen-advierte-actuara/2195041.shtml

martes, 17 de noviembre de 2020

El sentido de Europa, vaciar Europa de sentido

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


De nuevo, la Unión Europea tiene un reto ante sí. Europa, desde hace siglos, es una mezcla entre Descartes y Hamlet, formas complementarias de duda. Por su propio origen, la duda está instalada en nuestras raíces y producen estas constantes oscilaciones procedentes de la real diversidad y de la necesaria unidad. Europa se define en cada acto en dolorosas afirmaciones, crisis de crecimiento con dolores de huesos y fiebres intermitentes.

Esta vez es una crisis anunciada, causada por tener el enemigo de la racionalidad democrática en casa. En pequeña o en gran escala, las instituciones sufren de contradicciones cuando los caminos son demasiado divergentes. España es una muestra del lastre del exceso de divergencia, de polarización que devora la eficacia institucional y la convivencia social. Europa padece también los excesos divergentes, situaciones que no muestran ya riqueza, sino contradicción y anulación de los valores.

Los valores que unen a Europa, por encima de cualquier otro, deben ser los democráticos, la voluntad de libertades y derechos que garanticen la convivencia tendente a la armonía. Los ideales europeos provienen de sus contrarios, los tiempos de guerras, rivalidades y odios acumulados en un continente desgarrado, con la fuerza como argumento. La Unión Europea debe ser, por el contrario, "unión" y eso implica navegar juntos en lo esencial y producir sana diversidad. Pero los principios son los principios y sin ellos no se va a ninguna parte o, peor, se va a una destrucción calculada o espontánea, según los casos.

El chantaje realizado por Polonia y Hungría es inadmisible. Y lo es porque va contra el principio de las libertades. En una unión no es tolerable una situación que haga variar los derechos de unos ciudadanos frente a otros. Es el principio del estado de Derecho lo que nos hace europeos. Sin esta situación igualada en las libertades, la Unión deja de serlo, convirtiéndose en un mero agregado.

En La Vanguardia, Jaume Masdeu escribe desde Bruselas:

 

Es un secuestro en toda regla. Hungría y Polonia no tienen nada en contra ni de los presupuestos para los próximos años ni del fondo de recuperación; al contrario, salen muy beneficiados. Sin embargo, los han bloqueado. La razón es la condicionalidad que se establece entre la recepción de estos fondos y el respeto al Estado de derecho, una novedad en la Unión Europea que, como se temía, está resultando difícil de aplicar. 

Budapest y Varsovia han decidido jugar fuerte y bloquear un paquete económico que toda Europa, ellos incluidos, esperan como agua de mayo para salir de la crisis provocada por la pandemia. La verdad es que amenazaron desde el primer momento con dar este paso; lo que ocurre es que muchos creían que no se atreverían a darlo. Se vieron sus reticencias en la cumbre de julio cuando se aprobó el mecanismo, y tomaron cuerpo la semana pasada con cartas del gobierno húngaro y del polaco a las instituciones europeas y a la canciller alemana, Angela Merkel, avisando que no tenían intención de asumir esta condicionalidad.* 

¿Es asumible para Europa esta doble manifestación, la falta de condiciones para el estado de derecho y el veto a los presupuestos? ¿Es aceptable rechazar las críticas a los comportamientos antidemocráticos y, además, bloquear fondos en un momento de crisis? ¿Es la respuesta la confirmación del problema? Creo que sí. Ni Hungría ni Polonia rectifican, solo usan los mecanismos de las instituciones que desprecian para sus fines.

El europeísmo es un término que choca con estas diferencias de principios o, si se prefiere, con este ataque a los principios fundacionales. Para algunos, este europeísmo es un simple estar en Europa, un planteamiento mecánico y meramente economicista. Cada vez son más los problemas que se plantean precisamente por el autoritarismo de los gobiernos en Europa; cada vez se apela más a instancias superiores para dirimir los problemas inferiores. Esto es una muy mala señal porque indica que las instituciones nacionales están perdiendo en sentido de la convivencia próxima por las luchas políticas internas, cada vez más agresivas con los principios generales de la convivencia. Europa es, sobre todo, convivencia en torno a unos valores que deben actuar en todos los niveles, los del estado de derecho, que se deben garantizar y exigir.

Por eso el serio aviso europeo sobre el estado de derecho en Polonia y Hungría, donde el poder se encarga de destruir las condiciones para que pueda producirse una alternancia incidiendo sobre las instituciones, que son ocupadas destruyendo el equilibrio que garantiza su independencia.

Hungría y Polonia son países en regresión democrática, con gobiernos populistas, que siembran el autoritarismo y venden victimismo. Pertenecer a la Unión Europea implica algo más que una situación geográfica; supone un deseo democrático claro, unívoco y solidario. Las partes no pueden ir contra el todo; los húngaros y polacos no pueden estar sometidos a un juego localista de poder diferente al del resto de los europeos.

Los modelos de democracia están sufriendo unos ataques sin precedentes. Los mayores peligros vienen desde dentro, desde voluntades autoritarias que desmantelan los sistemas de equilibrio institucional. Y esto está ocurriendo por toda Europa y en muchos otros países, como los Estados Unidos o Brasil, donde se está imponiendo la falta de respeto a las instituciones y un populismo agresivo que enaltece la fuerza, carece de respeto hacia los demás y realiza políticas unilaterales.

Los Estados Unidos de Trump son un buen ejemplo de los males de este tipo de planteamientos. Lo que está ocurriendo en estos momentos en algunos países hispanos es claramente un modelo regresivo en donde el caos institucional arruina la convivencia y lanza a la calle a los ciudadanos en una especie de asamblea populista que se limita a corear consignas en apoyo de unos y otros. Cuando esto ocurre, las instituciones han dejado de funcionar o hay interés en que no funcionen.

Lo ocurrido con Hungría y Polonia es muy grave. Lo es desde hace tiempo y es lo que ha llevado a esta situación. Los condicionamientos para la recepción de fondos europeos son la respuesta institucional a la reducción democrática de estos dos países. La respuesta de ambos es el veto presupuestario, una respuesta autoritaria y que confirma el diagnóstico.

Tenemos que tener cuidado en Europa con este tipo de comportamientos porque son contagiosos. Los intentos de debilitar y desmembrar Europa son reales y tienen orígenes diversos. Unos lo son desde dentro, otros desde fuera, pero el objetivo es el mismo. El gran enemigo es el populismo antidemocrático que se extiende por el mundo bajo disfraces nacionalistas en cualquier nivel. Basta con crear un enemigo interno y externo que convence a muchos de los peligros. Los tiempos de crisis son favorables a estas situaciones, como sabemos por la historia. Las crisis de la I Guerra Mundial, la "guerra europea" provocó la llegada de los fascismos en el continente, convirtiendo el miedo en odio.

El artículo de La Vanguardia se cierra con unas palabras de Donald Tusk: “Quien está contra el principio del Estado de derecho está contra Europa. Espero una posición clara al respecto por parte de todos los partidos del PPE. Los que se oponen a nuestros valores fundamentales, no deben ser protegidos por nadie”, dijo Tusk. Actualmente, el Fidesz está suspendido en el PPE y con amenaza de expulsión.

Los gobiernos húngaro y polaco deberían plantearse si realmente es en Europa donde deben estar, si realmente no es solo una cuestión económica parasitaria y nada les une como ideales. El problema es serio y, como señala Tusk, nadie debe sentir la tentación de la disculpa porque estén en el mismo club ideológico.

Hay que aprender de lo que ocurre fuera y corregir lo que ocurre dentro. La tentación del populismo es fuerte y tiene en cada país sus aspirantes al gobierno. Los principios deben ser claros y tenidos en cuenta. Hay que tener cuidado con quién invitas a tu mesa porque te puedes llevar sorpresas. Ya sea en Europa o en tu país, los límites de los principios deben estar claros y por encima del poder circunstancial. La "tentación totalitaria", como tituló J-F Revel una de sus obras en los 70, define bien este camino destructivo y peligroso.

Los gobiernos de Polonía Hungría vacían de sentido la idea de Europa y del europeísmo al convertirse en parásitos sin convicción, sin voluntad democrática. Para ellos, Europa es solo un fondo económico frente al que no tienen compromiso ni responsabilidad. Sus ciudadanos son ciudadanos europeos, pero ellos los tratan como una propiedad diferenciada sobre la que van cerrando el cerco. Así no hay verdadera Europa, una creación mejorable, por lo que es esencial que camine en dirección clara y no hacia los caminos oscuros del populismo autoritario.

* Jaume Masdeu "Hungría y Polonia bloquean el fondo de recuperación" La Vanguardia 16/11/2020 https://www.lavanguardia.com/economia/20201116/49497333479/hungria-polonia-bloquean-fondo-recuperacion.html