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sábado, 20 de noviembre de 2021

Frutas y peces

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El modelo de desarrollo español tiene una serie de conflictos manifiestos. Es un modelo en el que se compite por los espacios y su destino, muchas veces entrando en lucha directa. Turismo y agricultura chocan en muchas ocasiones allí donde alcanzan un poder fuerte.

En una España dividida en Autonomías y con los ayuntamientos controlando los espacios, hay muchas zonas en las que la lucha entre ellos se manifiesta de forma clara. El ejemplo más claro de estos tiempos lo tenemos en lo ocurrido con el Mar Menor hace unos meses. El choque de ambos sectores, agrícola y turístico ha sido frontal, pagándola la vida en ese espacio, donde murieron toneladas de peces fruto de los vertidos tanto de unos como de otros.

Con dos sectores de enorme importancia económica en conflicto, salieron a la luz las debilidades políticas, con autoridades incapaces de enfrentarse realmente a los más poderosos. Finalmente estalla la situación y tienen que tomar medidas o decir que las toman, algo que está por ver.


Pero los efectos no siempre se pueden controlar llegados a un punto. Esto ocurre así especialmente cuando las imágenes de los peces muertos en las playas y las noticias de que hay toda una serie de vertidos ilegales realizados durante años sin que nadie intervenga salen de nuestras fronteras.

En La Opinión de Murcia, firmado por Alberto Sánchez, leemos el titular "El supermercado alemán Aldi 'pone en cuarentena' a sus proveedores del Campo de Cartagena", una noticia de la que han dado cuenta también medios nacionales: 

El sector agrícola del Campo de Cartagena ha vivido durante los últimos días un suceso que ha intentado esquivar en los últimos meses tras la última crisis del Mar Menor. La degradación del ecosistema y la implicación de la actividad agrícola ha obligado a la cadena de supermercados alemana Aldi a mandar un comunicado a sus proveedores en la comarca ante "las graves violaciones medioambientales" que se han dado a conocer en Alemania tras un reportaje de la cadena de televisión pública Westdeutscher Rundfunk, en el cual se pedían explicaciones a compañías de venta de alimentación como Aldi o Lidl por sus relaciones comerciales con empresas agrarias que podían estar contaminando el Mar Menor.

En particular, reza el comunicado, Aldi señala a las 80 empresas productoras de frutas y hortalizas que están acusadas de "operar pozos y plantas desalinizadoras ilegales entre 2017 y 2021, así como descargar aguas residuales que contienen nitratos y fosfatos y salmuera de la desalinización" en el Mar Menor "sin ningún" tratamiento previo. Estas empresas, que están señaladas en el caso Topillo por su implicación en la contaminación del ecosistema, ha puesto en alerta a la empresa alemana Aldi Süd y Aldi Nord, ya que recibieron la lista de acusados por parte de la cadena de televisión.

Otro punto importante del comunicado, adelantado por Cadena Ser, señala que la defensa que ha venido haciendo el sector agrícola de la zona, en referencia a que el alto nivel freático del acuífero "supuestamente es responsable del vertido incontrolado" de aguas residuales en el Mar Menor, es "poco creíble" para Aldi, sobre todo "por la situación hidrológica y las condiciones climáticas" en la Región de Murcia.

La cadena alemana dio de plazo hasta el pasado 12 de noviembre para que las empresas que comercializan con ellos aclaren si tienen responsabilidad en la catástrofe medioambiental. Este tipo de actuaciones preventivas de los supermercados o mayoristas europeos no es la primera vez que ocurre y es que varios días después de la anoxia el sector agrícola denunció otros casos similares, como que los compradores pedían no etiquetar las hortalizas con el origen marcado en Murcia.

"Las condiciones descritas anteriormente no son de ninguna manera compatibles con nuestros principios de sostenibilidad medioambiental. Por lo tanto, queremos investigar exhaustivamente las acusaciones para poder derivar los pasos necesarios. Como socio comercial directo de los productores, su apoyo es indispensable en este momento", señala la empresa alemana.*

 


No deja de ser una enorme ironía que sea un reportaje en la radiotelevisión alemana la que ponga en marcha esta especie de juicio paralelo que pone contra las cuerdas a las empresas que han estado realizando esa explotación destructiva de las huertas.

El mecanismo es sencillo: la presión de la calle alemana, sensible ante la destrucción ecológica del Mar Menor mostrada por los medios alemanes, revierte sobre sus supermercados y estos deben pedir cuentas, si no quieren ser boicoteados o denunciados incluso por sus clientes, a las empresas agrícolas, que a su vez hacen responsables a las autoridades por no haber intervenido en una situación de años. Pero, ¡vaya usted a explicarle a los alemanes que las autoridades murcianas y nacionales miraban para otro lado para no tener que decidir entre dos "apoyos" en conflicto, los agrícolas y los turísticos! En el fondo, a nadie le importan los peces, sino la imagen que pueda deteriorarse de sus respectivos negocios. Pero lo que aquí reúne a los ecologistas de la zona, que llevan años denunciando la situación, en Alemania se ve desde otra perspectiva. Y lo que saquen en consecuencia puede afectar en gran medida al futuro comprador, ya sea en mercado o en los mayoristas.

Esto es el resultado de hacer "política" de esta manera, es decir, de no realizar lo que se debe para proteger a los ciudadanos y al patrimonio, sino ceder ante los intereses económicos, que acaban siendo políticos. Los poderes autonómicos están más ligados a lo local, lo que incluye los intereses sectoriales propios. Es en este nivel de la administración donde se manifiesta la mayor debilidad política. Los políticos ahora son muy sensibles a lo que pueda determinar su permanencia en el poder y saber que el tejido de intereses en un conglomerado económico y mediático que puede estar más o menos fraccionado según respondan a lo que se espera de ellos. Es el fenómeno de los "lobbies" que también hemos importado. La lucha hoy se da en estos niveles porque es donde se plasman con mayor claridad los intereses ligados al espacio, como ocurre con la agricultura y el turismo, que pueden entrar en conflicto entre ellos o simplemente aumentar su beneficio ignorando los principios de conservación medioambiental, como ocurre aquí. No te puedes llevar ni el campo ni el turismo, está ligado al suelo, por lo que controlar lo local pasa a ser una necesidad. Pero todo tiene un límite y unas consecuencias. Estas últimas han sido el destrozo del medioambiente en unos tiempos de especial sensibilidad hacia el cambio climático, la conservación de la naturaleza y de todo lo ecológico. Esto provoca la aparición de los límites, como ha ocurrido con las amenazas alemanas de rescindir los contratos millonarios.



Esto no sería más que una pequeña parte, pues, de producirse, otras muchas cadenas de alimentación se verían obligadas a sumarse al boicot a los productos del Campo de Cartagena, que serían puestos bajo la lupa. La Cadena Ser va al origen, la cadena de TV alemana y titula, titula «"¿Dejar morir a los peces a cambio de fruta y verdura barata?": el reportaje de la WDR sobre el Mar Menor». Allí se explica: 

"¿Dejar morir a los peces a cambio de fruta y verdura barata?": así arranca el reportaje de la televisión alemana WRD que está en el origen de las explicaciones que pide Aldi y que ha caído como un jarro de agua fría en el sector exportador agrario de la Región de Murcia. En su introducción, la presentadora plantea directamente esta disyuntiva: "Aquí se ve una inofensiva y completamente normal estantería de fruta y verdura en Renania del Norte-Westfalia. Para nosotros es saludable lo que se cultiva en España, pero es destructivo para el medio ambiente de allí".

Acto seguido se refiere al episodio de mortandad masiva de peces en el Mar Menor: "Nuestras frutas y verduras están de por medio en este escándalo medioambiental" y acto seguido se pregunta si los consumidores alemanes quieren ser exterminadores de peces.

"Toneladas de peces han sido recogidos en la playa. Todo por culpa de las frutas verduras de los supermercados alemanes", dice ya una voz en off después realizar un experimento en la calle con viandantes a los que les preguntan por la relación entre un cesto con productos vegetales y una pecera a la que vierten una líquido presuntamente tóxico.**

 


Todo muy claro y directo. ¿Hay otros intereses, por ejemplo los de los agricultores alemanes? Da igual. No es esa la cuestión a menos que consideremos ético ocultar nuestros delitos con tal de vender más, algo muy conforme a estos tiempos. Nadie habría dicho nada si no hubiera estallado el conflicto, aunque todos lo sabían.

Dentro de este conflicto internacional, los peces no tienen embajadores en ningún sitio, por lo que son los ecologistas los que toman la voz. La misma Cadena Ser explica: "Defensores del Mar Menor agradecen a ALDI que pida explicaciones a sus proveedores del Campo de Cartagena". Ya no se trata de los intereses económicos, sino de otra cosa. A Aldi le beneficiará, suponemos, aparecer de repente como defensora del Mar Menor y de las frutas y verduras que vende. Los manifestantes ecologistas se pasean por entre los estantes de fruta con carteles de agradecimiento. Hoy todo pasa por los medios y necesita su propia foto para hacer la guerra. Las fotos de miles de peces muertos en las orillas del Mar Menor dieron el pistoletazo de salida. Ahora seguimos viendo las consecuencias.


En 2018, otra cadena de TV alemana, la ARD, ya se hizo eco de lo que ocurría en el Mar menor y de sus consecuencias. La revista mercados hablaba de "una campaña alemana" y usaba el verbo "cargar". Ya entonces se avisaba de las empresas sospechosas y de las acusaciones desde la fiscalía. ¿Qué se ha hecho desde entonces? Nada, claro. Ha tenido que ser otra TV alemana la que volviera a recoger lo que ocurre aquí. Creo que es el único lenguaje que entendemos.

 

* Alberto Sánchez "El supermercado alemán Aldi 'pone en cuarentena' a sus proveedores del Campo de Cartagena " La Opinión de Murcia 17/11/2021 https://www.laopiniondemurcia.es/comunidad/2021/11/17/supermercado-aleman-aldi-pone-cuarentena-59645281.html

**"¿Dejar morir a los peces a cambio de fruta y verdura barata?": el reportaje de la WDR sobre el Mar Menorhttps://cadenaser.com/emisora/2021/11/18/radio_murcia/1637252264_505122.html

miércoles, 20 de agosto de 2014

A vueltas con la fruta o quemando las banderas equivocadas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No han tardado mucho algunos de nuestros agricultores en ponerse a quemar banderas europeas. Ayer ya lo hacían algunos. La protesta, claro, proviene del boicot ruso a las frutas y verduras españolas, como a las polacas o de otros sitios que Vladimir Putin ha elegido para devolver el golpe a la Unión Europea. Es la devolución del golpe que le han dado a él por el zarpazo que él había dado antes a Ucrania. Todo muy complicado. Pero es más sencillo quemar banderas europeas, que son las que se tienen más a mano, mientras que las rusas sones más difíciles de encontrar. ¿Dónde se pueden encontrar retratos de Putin para una emergencia? Me imagino que a más de uno le resultará difícil dar ese salto cualitativo y ponerse a quemar banderas rusas o retratos de sus dirigentes. Sin embargo, ponerle calaveras y huesos cruzados a la bandera europea está mucho más próximo a lo cotidiano.
Al fin y al cabo, Rusia es el cliente y el río habrá de volver a su cauce en algún momento. Los clientes son los clientes, ¿por qué cabrearlos? Como avisamos que esto ocurriría pronto, no nos pilla por sorpresa. La ministra ha sonreído y ha dicho que pedirían medidas a la Comisión Europea para ser compensados, que es lo más de sí que suele dar de sí un ministerio español.
Mientras Rusia se ha dedicado a buscarse la vida por todo el mundo comprando por los populismos latinoamericanos y el Egipto no alineado (o alineado a doble bando, que para algo tenemos dos manos), nosotros reclamamos a Bruselas, que puede dar dinero para compensar, pero que no puede compensarlo todo.


Entiendo las quejas, pero las quejas no pueden ser por "enfadar al cliente". Como ciudadano particular —es verdad— llevo varias semanas consumiendo plátanos, naranjas, kiwis, limones y hortalizas que la huerta española me ofrece. Es mi forma de "compensar" lo que como "europeo" asumo: las sanciones a Rusia por sus acciones contra un país que quieres ser parte de Europa e intenta recuperar su soberanía y su territorio, convertido en un cortijo ruso. Nos quejamos de que Europa no "actúa" y cuando lo hace, nos quejamos también. Europa es para quejarse.

Los polacos protestaron contra Rusia comiendo más manzanas; nosotros lo hacemos contra Europa y quemamos una bandera que es la nuestra. Digo "nuestra" aunque entiendo que algunos solo son de sus clientes y quien paga manda. Luego están los "prorrusos" locales, como esos dos muchachos que se han ido a luchar a Ucrania con Lenin y Stalin tatuados en los costados, nuestros peculiares "yihadistas".
Sé que las medidas de sanción a Rusia implican sacrificios. Lo que más me preocupa es la falta de pedagogía europea —y especialmente, la española— respecto al origen de esta situación y a las posibles consecuencias para todos. No sale nadie a explicar el sentido de las sanciones; los ministros parece que están a otra cosa.
La canciller Angela Merkel, en cambio, ha dejado clara la cuestión en su visita a Lituania, un país especialmente preocupado por lo que Rusia haga:

La jefa del gobierno alemán, Angela Merkel, dijo este lunes que las sanciones occidentales contra Rusia "deben continuar para mostrar nuestra seriedad" sobre la crisis en Ucrania.
"Si no hacemos nada y permitimos una escalada de la situación, no será una situación deseable", dijo la canciller alemana desde Riga, en una conferencia de prensa conjunta con la primera ministra letona, Laimdota Straujuma.
"Debemos encontrar una solución política a la actual crisis en Ucrania", insistió Merkel.*


Las sanciones a Rusia tratan de evitar males mayores. Pensar que si se deja pudrirse la situación vamos a seguir vendiendo limones a Rusia como si tal cosa es demostrar poca inteligencia y previsión, aunque lo segundo suele ser parte de lo primero. Por eso insistimos hace unos días en la importancia política de explicar lo que ocurre y establecer planes alternativos para escenarios posibles que reduzcan la dependencia de Rusia. Las sanciones rusas a Occidente son selectivas y atacan allí donde ven más dependencia y, por tanto, debilidad.
Tras las elecciones europeas, se produjeron —no entre los políticos— una serie de reflexiones sobre la necesidad de una reconstrucción de la imagen de Europa, profundizar en ella. Nada se ha hecho desde entonces. "Europa", según piensan algunos, sigue siendo un puñado de dirigentes que se reúnen cada cierto tiempo para fastidiar a sus ciudadanos.

Ha costado tomar sanciones contra Rusia porque había muchos intereses europeos en juego, más allá de limones, nectarinas o manzanas. Rusia es un importante mercado para Europa y en eso confiaba para sus manejos y posturas de fuerza. Finalmente, se han tomado medidas eficaces de presión a Rusia.
Como se trata de materiales perecederos y Rusia ha echado el cierre a las fronteras, el daño es rápido y amplio, que es lo que busca Putin. Todos son productos alimentarios —frutas, verduras, carnes...—, para los que es difícil encontrar nuevos compradores pero que es muy fácil comprar en otros mercados, reduciendo el impacto de boicot. Te dejan colgado con los camiones en la frontera, las cajas en los almacenes y los frutos en los árboles en unas pocas horas.
Europa se presiona sola y Rusia saca provecho. Y en esa presión se pierde la solidaridad entre los estados y —no menos importante— se siembra el recelo hacia Ucrania. ¿Será Ucrania un motivo de constante pérdida de "clientela" para Europa?, se preguntan algunos.
Nosotros queremos a los rusos queremos tostados aquí en nuestras playas y afrutados en sus tierras. En circunstancias normales, está muy bien. Pero ahora no son circunstancias precisamente normales. Lo de Ucrania es grave y no es distante, por más que iremos el mapa y nos parezca muy lejos. Lo que está en juego es nuestra capacidad de ser solidarios en Europa. No es un problema solo de España, pero mientras unos queman retratos de Putin, nosotros quemamos banderas de la UE.


La foto y el titular ya se la hemos dado "agricultores españoles queman banderas europeas". ¡Qué éxito para el Kremlin! RT ya lo ha llevado a sus titulares, jaleados por los comentarios sobre lo bien empleado que nos está a los "gallegos" estas cosas.
Yo por mi parte seguiré con mi plan de quemar calorías, tomar mucha fruta y seleccionar lo que compro y de dónde lo compro. Lo que necesitamos es información sobre los productos afectados, que el gobierno evite que los desaprensivos se aprovechen y trate de que los únicos perjudicados no sean los productores mientras otros hacen su agosto. La solidaridad se debe exigir a todos o, al menos, evitar que algunos se beneficien de los sacrificios de los demás.Hacer "política" con los efectos de las sanciones, tampoco es muy recomendable. Los gobiernos deben hacer ver a sus ciudadanos que la decisión de las sanciones es de "todos" los gobiernos europeos. Lo demás solo servirá para abrir brechas —buscadas astutamente por Putin— en la solidaridad de la Unión. Mientras Putin aprovecha el boicot para acrecentar el "nacionalismo" ruso, nosotros lo usamos para desintegrar la solidaridad e identidad que necesitamos desarrollar. Las sanciones a Rusia no son un capricho ni partidistas.
Nunca me ha gustado que se quemen las banderas de nadie, pero mucho menos que se quemen las banderas equivocadas. Hay que exigir medidas y acciones más ajustadas a los gobiernos, sí. Quemar banderas de Europa es tirar piedras a tu tejado.




* "Merkel: la política de sanciones contra Rusia por Ucrania debe continuar" Terra 18/08/2014 http://noticias.terra.com.ar/internacionales/merkel-la-politica-de-sanciones-contra-rusia-por-ucrania-debe-continuar,caa4d38f4a9e7410VgnCLD200000b2bf46d0RCRD.html