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miércoles, 6 de abril de 2022

La resistencia ucraniana

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo ocurrido en Bucha y lo que esperan encontrarse es la consecuencia de una forma de entender la guerra. Está claro que Rusia no esperaba esa resistencia calle a calle, casa a casa. ¿Quién se equivocó en el cálculo? No lo sabemos y nos llueven las interpretaciones de las relaciones entre Putin y el ejército ruso, sobre la mentalidad de los soldados sobre el terreno, etc.

Salvo en muy contadas ocasiones, no es fácil ponerse medallas cuando aparecen cadáveres con las manos atadas, con tiros en la nuca. Y es lo que está saliendo a la luz, nada heroico; solo torturas y asesinatos viles, a sangre fría. Son gente caída en los bordes de las carreteras, gente disparada mientras iba en bicicleta, restaurantes y mercados ametrallados; son personas, familias, arrojadas a un pozo tras torturarles.

La resistencia ucraniana ha ido más allá del papel de los ejércitos y los rusos los están masacrando. Es una forma de intimidación, de sembrar el terror en la población. No es nada nuevo. Lo hemos señalado en varias ocasiones, lo que vemos en Ucrania no es un caos, sino una forma premeditada de intentar anular la resistencia, algo que los ucranianos en masa anticiparon que iban a hacer, defender sus casas y ciudades palmo a palo. Acompañaron a mujeres y niños, a los ancianos, hasta las fronteras o lugares seguros y regresaron a defender lo suyo, sus tierras y su identidad. Lo que se juega en este combate es algo más que la tierra; sí, es el poder seguir siendo ucranianos en un país con una parte que lo niega, lugares donde la siembra rusa ya recoge cosecha.

En titulares, el diario El País afirma que Putin está aplicando en Ucrania las mismas tácticas arrasadoras que ya se aplicaron en la guerra de Chechenia. Ahora, el diario ABC nos habla de los chechenos en la guerra, a los que califica como una Gestapo cuya función es eliminar a los propios rusos que se resisten a combatir por diversos motivos. Es la forma en la que el dictador checheno devuelve los favores a Rusia y, a la vez, mantiene a sus huestes entrenadas en sangre.

Hay una cierta paradoja en la forma en que Rusia se maneja. Sabedora de que las grandes potencias militares o la alianza de la OTAN evitan el choque para no llegar a una devastadora confrontación mundial, se dedica a arrasar pueblos, deponer gobiernos y poner dictadores títeres que los gobiernen. Pasado cierto tiempo, esos gobiernos son los que han silenciado y eliminado la oposición que pudiera quedar. Comienza entonces el periodo de la propaganda absoluta, de inculcar el amor a Rusia por su "acción liberadora". Es lo que se hizo con el avance por la Europa del este en la II Guerra Mundial, llevando esta táctica hasta el corazón de Berlín; se tragó media Europa. Salvo algún periodo muy corto de intento de relacionarse de manera "normal", como se relacionan los estados en paz, esta ha sido la forma habitual de comportarse de Rusia. Lo mismo ha ocurrido con sus "aliados" distantes, de Cuba a Siria. Son gobiernos represivos y apoyados por las fuerzas rusas, son sus protegidos internacionales.

Los opositores muertos, ya sea por venenos, caídas de puentes, disparos o simplemente desaparecidos, son —desgraciadamente— noticias "normalizadas" por frecuentes en Rusia y en los países que se apoyan en ella. Esto vale para un grupo de música como las Pussy Riot o para un opositor encarcelado como Navalni. No, Rusia no ha modificado sus tácticas bélicas ni represivas; están en su ADN gobernante, de carácter siempre autoritario y propagandístico.

La insistencia con la que niegan todo lo que el mundo ve es una de sus marcas de identificación. Mientras periodistas de todas partes se despliegan por Ucrania para dar cuenta de las atrocidades cometidas, las autoridades de Rusia se dedican a negarlo todo y han limitado el acceso de los rusos a los medios internacionales. Es Ucrania, según repiten, la que se dedica a autodestruirse para así negar la acción "liberadora" rusa sobre los ucranianos. Rusia ha pensado que todo iba a ser como Crimea y se equivocó. La resistencia ha sido total, esta vez sabedores de lo que implicaba dejarles pasar. Y eso es lo que Rusia no esperaba. La resistencia es feroz y cada día que pasa se vuelve contra la desinformación y la propaganda rusas.

Las mentiras, por más que nieguen todo, tienen una vida corta más allá de sus controlados medios de comunicación. No es fácil controlar un planeta mediático como en el que vivimos, donde la telefonía móvil permite convertir simultáneamente a los poseedores de un teléfono móvil en testigos, informadores, agentes e historiadores. En Libertad Digital nos contaba sobre esto: 

La invasión rusa de Ucrania es el primer conflicto bélico moderno que está siendo retrasmitido de forma parcial a través de teléfonos móviles. La alta penetración de tecnología en territorio ucraniano —hasta en las más remotas localidades hay usuarios de móviles con internet y se está manteniendo la conexión de forma más o menos estable—está permitiendo al mundo seguir los acontecimientos con una cercanía inaudita hasta ahora.

Los ciudadanos ucranianos suben a sus redes sociales –Tik Tok está siendo la gran triunfadora, aunque Facebook, Instagram o Twitter le siguen de cerca– los vídeos que hacen con sus teléfonos e, incluso, lo que graban de forma mucho más discreta desde el interior de sus casas con webcam o vigilabebés. También los contendientes en el conflicto están participando de esta grabación masiva de contenido bélico.

Está siendo habitual ver vídeos y fotografías captadas por los militares ucranianos tanto de los combates como de lo que queda en el escenario de esos combates después de la batalla. Es a través de estos vídeos como se están comprobando las pérdidas materiales de cada ejército o los problemas de suministro rusos que hace que abandonen vehículos por falta de combustible o vayan a supermercados o saqueen tiendas para aprovisionarse de comida y agua.

A los soldados rusos se les quitaron sus teléfonos móviles antes de invadir Ucrania para evitar que pudieran contar a sus familias lo que estaban haciendo, pero esa limitación no la tienen las fuerzas chechenas que se han incorporado con la invasión ya iniciada. Sus efectivos se graban vídeos y son subidos a las redes sociales, con el objetivo de presumir y atemorizar a los ucranianos, por el mismísimo líder de esta fuerza militar, Ramzán Kadýrov.

Esas imágenes y la complicidad ciudadana han permitido a los defensores ucranianos asestar golpes importantes a las tropas de Rusia. De forma local, los ciudadanos estaban remitiendo a sus militares o milicias urbanas la posición de las unidades enemigas, con el objetivo de que se le pudieran hacer emboscadas y causarles el mayor daño posible minimizando de la mayor manera posible el riesgo que corrían los suyos.* 


Los teléfonos y cámaras disponibles permiten, además de documentar, localizar la distribución de los invasores y estar preparados esperándolos. Nos contaban en los noticiarios televisivos ayer sobre la requisa y destrucción por parte del ejército ruso de los teléfonos móviles que encontraban en su invasión. Pero es difícil encontrar teléfonos si sus usuarios deciden esconderlos. Estos pasan a ser esenciales en la anticipación planificada para frenar los avances.

Durante la Primavera Árabe, hace diez años, el gobierno de Túnez no pudo controlar el uso de las redes: poco después el gobierno egipcio sí supo provocar un apagón digital y telefónico para evitar la comunicación entre los rebeldes. Lo hizo durante varios días y llevó a que la gente se concentrara para no verse desconectada o manipulada. Aquí es otra la situación. Los rusos destruyen los medios, las torres de comunicaciones, pero no han conseguido su objetivo de envolver en un cerco de silencio y desinformación al país entero.

Lo que se nos cuenta de los teléfonos de los chechenos es también reflejo de una mentalidad. No solo hay que cometer crímenes, sino que hay que ilustrarlos para el cultivo de su propia imagen terrorífica. Es una táctica con miles de años, crear y proyectar el monstruo que aterrorice y haga huir al enemigo, que se paraliza ante tanta atrocidad. Pero, por lo que nos dicen, la vanidad chechena tiene su castigo con esas localizaciones que permiten saber dónde están realizando sus criminales andanzas.

La resistencia ucraniana ha servido para compensar las diferencias enormes de fuerzas. La motivación invasora es difícilmente resistente a su propio desgaste, mientras que la motivación para resistir y tratar de salvar el país para tus compatriotas, tu familia, etc. es muy importante. Resistir genera su propia fuerza. 

¡Solidaridad con Ucrania y el pueblo ucraniano!


* J. Arias Borque "La guerra de los teléfonos móviles: Ucrania pide a sus ciudadanos que geoposicionen tropas rusas" Libertad Digital 5/03/2022 https://www.libertaddigital.com/internacional/europa/2022-03-05/la-guerra-de-los-telefonos-moviles-ucrania-pide-a-sus-ciudadanos-que-geoposicionen-tropas-rusas-6872932/


viernes, 1 de noviembre de 2019

La fábula de las águilas viajeras y los investigadores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando comenzamos el curso y llegan los primeros estudiantes que van a comenzar sus doctorados, la primer palabra que les enseñas es "límites". Deben delimitar perfectamente lo que van a hacer. Los límites son los de su objeto de investigación, aquello que quieren estudiar. Pero hay otros límites de los que les hablas: de los temporales (el tiempo de que disponen para realizar su trabajo, que no es ilimitado) o los recursos, que tampoco lo son. Su investigación será finalmente aquello que pueden investigar en un tiempo determinado con unos recursos. Investigar, como tantas otras cosas, es hacer lo que se puede con lo que se tiene. Sueños tenemos todos, pero no nos piden sueños cuando hay que rendir cuenta de los resultados. ¡Felices los poetas, que pueden soñar sin límite! Ni siquiera todos las artes tienen la misma suerte.


Esto me ha venido a la mente tras leer la información del diario El País titulada " Unas águilas localizadas por SMS arruinan a los investigadores por el ‘roaming’", firmada por María R. Sahuquillo, corresponsal en Moscú. La historia que nos cuenta es muy interesante, tiene mucho de fábula y desde ahora la incluiré en mi repertorio de historias sobre los que no hay que hacer cuando se dedica uno a la investigación o a casi cualquier otra cosa. ¡Si los científicos no piensan en los detalles! La historia es la siguiente:

Cuando un grupo de científicos siberianos inició un programa especial de rastreo de águilas en peligro de extinción, no pensaban que el seguimiento a través de GPS iba a llevar su proyecto casi a la bancarrota. Pero el roaming les jugó una mala pasada y unas cuantas de esas aves --que llevan transmisores de su localización por SMS— gastaron en su ruta hacia las zonas cálidas del sur el equivalente a más de 3.300 euros en mensajes. Sobre todo Min, un águila esteparia hembra que estuvo semanas en Irán.
Las 13 águilas esteparias, que forman parte del proyecto del Centro para la Recuperación de la Vida Silvestre, pasaron el verano en Kazajistán. Pero la mayor parte del tiempo en zonas sin cobertura. Cuando se fue el calor, volaron hacia el sur, a India, Pakistán, otras zonas de Asia, África u Oriente próximo. “Durante su ruta, abandonaron la zona rusa o kazaja, donde los SMS son baratos, y cuatro de ellas entraron a fondo en la zona cara”, explica la investigadora Elena Shnayder, una de las responsables del programa. Así que, al paso de las águilas por Afganistán, Turkmenistán o Irán, los SMS acumulados durante el tiempo sin red con la información de las ubicaciones atrasadas empezaron a enviarse con un coste mucho mayor de lo esperado.
Una auténtica avalancha de mensajes que dejó atónitos a los investigadores. La deuda ha puesto en peligro el proyecto para la conservación de estas aves, declaradas en peligro de extinción en 2015. Así que la red inició una campaña de crowfunding para recaudar fondos y cubrir la factura. Con el lema Recarga el móvil del águila, han logrado reunir más de 1.000 euros.*



¡Fascinante historia de las relaciones entre la Naturaleza, la Cultura y los sistemas de tarifación, culturales pero ciertamente salvajes!
Una de las primeras cosas que se aprenden en este caso es precisamente que cuando estudias algo es porque no lo conoces. Y si no lo conoces, tienes que tener cuidado porque se puede pagar caro si no se va con cuidado. Si los investigadores querían conocer los caminos de las águilas esteparias (aquí el lenguaje nos hace confiarnos en que no se van a mover muchos de allí). Además de ser "esteparias", según se comprueba a golpe de factura, las águilas tienen algunos deseos viajeros que les pueden llevar muy lejos y sin saber muy bien dónde acabaría. Unas se fueron a Irán y otras acabaron en Afganistán, la India, Arabia Saudí, etc. Pero eso son "nombres" para nosotros, no para las águilas, libres de esas cosas que nos preocupan a nosotros. Lo suyo es sobrevivir, esquivar tendidos eléctricos y encontrar comida. Su mundo es el que sobrevuelan.


Nuestro mundo, en cambio, han aprendido los investigadores ruso siberianos, ya no es solo el que nos muestran los mapas, sino que está dividido en zonas de tarifas de telefonía y si le colocas un emisor de mensajes, antes que tu estudio llegue a las conclusiones te llegará un documento que es la factura de las llamadas y sms. Poner límites a las águilas es como ponerle puertas al campo, pero tu presupuesto si lo tiene y debes tener en cuenta estas cosas.
Los sistemas diseñados pueden ser buenos, pero siempre hay algo:

Para registrar su ubicación y realizar un seguimiento de sus rutas migratorias, colocaron a 13 de ellas un transmisor equipado con una tarjeta SIM que envía sus coordenadas a través de SMS. Con esa información y fotos satelitales, los investigadores detectan si han llegado a zonas seguras. Los SMS son por ahora, la manera más fiable de rastrearlas, aseguran los científicos del programa. Ese año, en vez de un paquete de mensajes a precio fijo independientemente del país de envío, se encontraron con una desagradable e inesperada sorpresa: cuatro de las águilas -Min, Sin, Aman y Jakas- pasaron directamente de la zona sin cobertura a las regiones más caras, sorteando las antenas que habrían abaratado la factura.*

La "desagradable sorpresa", como se dice en el texto, forma parte precisamente del mecanismo del descubrimiento. Si supiéramos dónde van las águilas no haría falta ponerles el artilugio de envíos de SMS. Tampoco podemos pensar que todas las águilas van al mismo sitio porque ya lo sabríamos, igual que las especies que van en bandadas. Las preguntas surgen precisamente de los vacíos con los que nos encontramos, como "¿qué diablos hizo la despilfarradora Min tanto tiempo en Irán?". Pero también otra: "¿cuánto nos va a costar saberlo?". Es una pregunta humilde, pero necesaria si no quieres que todo se vaya al traste.


La historia tiene ese punto de fábula que nos lleva a la imagen del sabio que por mirar las estrellas acaba en un agujero. Mucho de lo que tenemos delante se nos vuelve tan transparente que incluso el sentido común deja de verlo, como ha ocurrido con esta gente que de estar tanto tiempo en la naturaleza se ha olvidado que existen distintas tarifas y el roaming entre las zonas, que arruina a cualquiera. Aquello que cualquier turista primerizo sabe —dónde puede y no puede usar su teléfono, las diferentes tarifas en cada país, etc.—, los expertos en la naturaleza no lo acaban de ver en su ceguera: ya no queda espacio natural, solo con o sin "cobertura". Las aguilas no son "siberianas", solo son águilas y se mueven por donde quieren. Existen las águilas antes de que a alguien se le ocurriera llamar Siberia a Siberia. Ellas se mueven y ese espacio es el suyo, sin banderas, himnos o roaming. Nosotros, en cambio, vivimos en un mundo artificial, el de la cultura, lleno de lenguas, fronteras o tarifas; es el de los investigadores y no el de su objeto.
Nadie está libre de estas cosas, pero alguna vez debe pasar para darse cuenta que podemos estudiar el mundo sin acabar de estar en él. La historia de los investigadores y las águilas tiene un fondo didáctico muy útil para mostrar que por muy listos que nos creamos, nunca pensamos en todo. No está mal que alguien que no esté tan metido en el problema lo vea para darnos una visión que pueda ayudarnos a no cometer errores.


* María R. Sahuquillo "Unas águilas localizadas por SMS arruinan a los investigadores por el ‘roaming’" El País 31/10/2019 https://elpais.com/elpais/2019/10/28/ciencia/1572275992_790372.html

miércoles, 30 de octubre de 2019

Monitorizados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La noticia está en casi todos los medios españoles. En el País se nos dice que "El INE seguirá la pista de los móviles de toda España durante ocho días" desde los titulares. Los teléfonos móviles son una fuente muy interesante de datos y nos ofrecerán mucha información sobre nuestra forma de vida y hábitos cotidianos. Seguirnos a todos (los que no tengan teléfono móvil son tirando a raros y probablemente irrelevantes a los efectos de lo que se quiere saber) a través del nuestro teléfono es una operación retórica en la que se toma al dispositivo por el usuario. Siguiendo al teléfono, se obtiene información de ese ser pegado a él. En realidad, nos siguen a nosotros, que somos los que les interesamos.
¿Qué se puede saber de los teléfonos móviles? Pues muchas cosas y muchas otras que se pueden deducir de ellas. Lo que se habrá creado es un gigantesco corpus de datos que podrá ser interrogado por todo aquel que sepa plantearle sus dudas.
El diario El País nos cuenta qué harán para conocernos mejor:

El Instituto Nacional de Estadística (INE) conocerá cómo se mueven los españoles gracias a sus teléfonos móviles. Durante cuatro días laborables de noviembre, un domingo y tres días de vacaciones seguirá los movimientos de los terminales, según confirman fuentes del organismo. Eso sí, los datos serán completamente anónimos: merced a un acuerdo pionero en Europa con las tres principales operadoras, el instituto estadístico recibirá las posiciones agregadas de los números, pero no los titulares de las líneas. La información es relevante para averiguar cuáles son los desplazamientos habituales de la población y, por tanto, dónde se deben prestar los servicios públicos y reforzar las infraestructuras. También se sabrá adónde van los españoles de vacaciones dentro del territorio nacional. La operación empezará en tres semanas.*



Con cuatro días laborales, un domingo y tres festivos tendrán datos suficientes como para conocer un montón de cosas sobre nosotros. Y no nos dejemos engañar: aunque no se nos identifique nominalmente, lo sabrán casi todo de nosotros. La cuestión está en que nuestro ego nos hace preocuparnos por la identificación. Eso hoy son preocupaciones de paleto digital. Nosotros, como individualidades,  no importamos en realidad. Ser es hacer a los efectos del consumo, que es la otra cara de la producción.
El artículo nos plantea un problema de fondo: la obtención de datos de los usuarios es cada vez más complicada... y cara. Los usuarios son reacios a suministrar informaciones a las instituciones y, sin embargo, se dejan comprar por unas aplicaciones instaladas "gratuitamente" en sus teléfonos que también son fuentes de datos sobre el comportamiento.


El INE lo va a hacer de una forma más elegante. En vez de preguntarnos si deseamos ser rastreados, va a hacer que sean las compañías de telefonía las que se presten al experimento pasándoles los datos de una serie de días en los que se darán previsiblemente variaciones significativas para mejorar el retrato. La proporción es clara: de los ocho días cuatro son laborales y cuatro festivos. Con los días laborables se verán los patrones de los hábitos de desplazamiento laboral. La jornada laboral es repetitiva y se confirma con esos cuatro días de muestra con nuestras rutas y repeticiones. Los festivos y vacaciones son otra cosa. Ahí tenemos diferencias. Trabajo y ocio, esa es nuestra vida... o lo que interesa de ella.
No dicen en el diario que:

Una tercera pata del estudio será la de los movimientos estacionales. El INE rastreará los desplazamientos en dos días del verano —20 de julio y 15 de agosto—, el 25 de diciembre y un domingo de noviembre, el 24.
De esta manera, se podría apreciar el reagrupamiento familiar con motivo de la Navidad, las excursiones o traslados de fin de semana o cuáles son los destinos de veraneo por barrios en las grandes ciudades. Hasta se tendrá noticia de cuántos residentes de Madrid se dirigen por vacaciones a Benidorm o cuántos de Barcelona a Sitges.*

¿Qué se hace con todo esto? Muchas cosas, dicen. Pero serán muchas más las que no dice, aquellas que se podrá ir extrayendo según se les vaya ocurriendo. Como es natural, al principio se nos cuentan los fines nobles; luego habrá una serie de datos que podrán ser reutilizados, siempre con la indicación por delante de que no se dan nuestros nombres ni los datos que permitan identificarnos. Pero en realidad no necesitan para nada nuestros nombres. Basta con los patrones de las repeticiones.

Las reacciones a través de los comentarios en distintos periódicos tienden a ser negativas. Por mucho que lo expliquen, a la gente no le gusta esto de "ser monitorizados" y cuanto más se insiste en el anonimato más se recela.
Si se nos dice que la gente es reacia a contestar encuestas, es lógico que no desee que se le hagan este tipo de monitoreos. Las respuestas de algunos es incluso de boicotear la operación de rastreo. Como se dicen los días en que se va a hacer el seguimiento, nos dice, ese día se apaga y se deja en casa. Dudo que haya gente que se pase una semana con el teléfono móvil apagado solo por fastidiar, pero hay gente para todo. En general, los titulares tienden a la queja por ser algo pactado por el Instituto con las telefónicas prescindiendo de la opinión de los usuarios. Pero parece que no contamos más que como objeto de observación.
Uno debería poder fiarse de las buenas intenciones del Instituto Nacional de Estadística, sobre todo porque forma parte de nuestras instituciones y se supone que estas trabajan por nuestro bien e interés. En eso también nos hemos vuelto escépticos y suspicaces. ¡Qué se le va a hacer!



* "El INE seguirá la pista de los móviles de toda España durante ocho días" El País 29/10/2019 https://elpais.com/economia/2019/10/28/actualidad/1572295148_688318.html


miércoles, 3 de abril de 2013

La primera llamada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El cambio de los tiempos se hace visible hasta en los pequeños detalles. Nos ofrece el diario ABC información sobre quién fue la primera persona que realizó una llamada desde un teléfono móvil. Fue Martin Cooper, ingeniero de Motorola, hace cuarenta años. Lo hizo a un colega de la competencia para darle a entender que le habían ganado la partida. Todo un detalle, un "te fastidias" en toda regla. Uno se pone en el lugar de Cooper, con un invento revolucionario en las manos —un gran momento para la humanidad, que verá disminuido su dinero disponible para otras cosas por la aparición de nuevas facturas—, y se plantea a quién le habría hecho esa llamada. Algunos pensarán que fue una forma de hacerle un favor, que no se molestará y se dedicara a investigar otras cosas, pero creo que fueron las ganas de fastidiar las que prevalecieron en aquel momento histórico. Nos cuenta ABC:

Paseando por las calles de Manhattan llamó al teléfono fijo de Joel Engel, un colega de la empresa competidora, para hacerle saber que había conseguido lo que ambos ansiaban. «No le hizo mucha gracia», llegó a decir.*



¡Pues qué gracia le iba a hacer! ¿Qué esperaba Cooper? Así son las compañías en competencia, además de ganarte se mofan, como el que hace una peineta tras un adelantamiento en carretera. 
El contraste lo encontramos con el inventor del teléfono "inmóvil", que también nos recuerda el diario ABC. Antonio Meucci, el ignorado durante décadas inventor del teléfono, «había ideado un aparato que le permitía comunicarse con su mujer, afectada de reumatismo, mientras ella se encontraba un piso arriba de su domicilio.»* ¡Qué tiempos! La diferencia motivacional entre Cooper y Meucci nos marca una gran distancia. Meucci no tuvo que plantearse a quién le hacía la primera llamada porque evidentemente la hizo al piso de arriba, a su esposa enferma. Era un invento amoroso y en exclusiva, al menos en su prototipo. Él lo llamó "teletrófono". Meucci, un gran hombre, que había sido encarcelado varias veces en Italia por su apoyo a los movimientos de unificación, acabó en La Habana y de ahí en Nueva York, con una fábrica de velas. Inventó su "teletrófono" para hablar con su mujer pero no tenía dinero para patentarlo. Luego sigue una oscura historia de cómo los que sí tienen dinero —como siempre— se lo apuntan, como hizo Alexander Graham Bell. No fue hasta 2002 que los Estados Unidos reconocieron el pirateo de Bell —que de haber tenido competencia, también la hubiera llamado para fastidiar— y aceptaron reconocer a Meucci como el inventor del teléfono.


La actitud de la gente ante el teléfono móvil es ambigua, muchas veces hipócrita. Mucha gente dice ser su esclavo, pero no lo sueltan. Hay signos claros de dependencia. Existen alucinaciones específicas provocadas por el deseo de ser llamado consistentes en que notas vibraciones aunque no te llamen o crees escuchar su sonido aunque esté en silencio. También depende de las edades, nos dicen. Pero pasados cuarenta años desde la primera llamada, ya tenemos adictos de todas las edades.
Antes se castigaba a los niños a no ver la televisión; ahora se les quita el móvil, un castigo casi sádico. Cuando viajas en el metro o tren, la mitad de la gente mira fijamente sus móviles; unos están chateando, otros hablando y otros reventando burbujitas o similares; algunos, los que tienen móviles con sensores de movimiento, realizan extrañas danzas.

Muchos colegios prohíben que los niños lleven móviles a clase. Los alumnos esconden una de sus manos bajo las mesas porque son incapaces de desconectar sus teléfonos en las aulas; les resulta complicado separarse de aquellos que no tienen nada que hacer —y son muchos— al otro lado de la pantalla. Acabaremos poniendo una cesta en la entrada del aula para que depositen sus teléfonos al entrar y los recojan al salir, como en las reuniones de la Mafia o en la sesiones del cónclave papal. Habrá que hacer como el juez que en enero le echó una bronca a Isabel Pantoja al comienzo de la sesión. «¿Yooooo?», dijo la tonadillera cruzando ambas manos sobre su pecho en gesto dramático. «Sí, usted, señora Pantoja», le dijo crudamente el juez del llamado "caso blanqueo" de la Operación Malaya, que no sé si es por Malasia o por "Malaya mi suerte", aquella de "Malaya suerte, maldito valor / álzame la frente y esconde mi dolor". Isabel Pantoja no alzó la frente, como recomendaba la canción, sino que ocultó su cara con gesto de "¡Señor, Señor!". Y es que el móvil, de alguna forma, nos infantiliza y nos tienen que regañar recordándonos continuamente dónde se puede o no hablar, dónde se debe tener apagado.


Recuerdo la primera vez que vi a alguien llamando en plena calle. Lo hacía de forma ostentosa desde la puerta de un gimnasio para ejecutivos. Tecnología costosa en cuerpo sano. Como eran tan grandes entonces, ¡como para no verlos! También recuerdo el que pudiera ser el primer accidente provocado por un móvil. Una persona que iba hablando por el móvil se cayó en una alcantarilla que estaba abierta. Me pareció una versión moderna y tecnológica de la caída de Tales de Mileto en un agujero por ir pensando demasiado concentrado y olvidarse del suelo que pisaba. La historia, contada por Platón, recuerda la risa de la esclava que vio al sabio en el fondo del pozo. Ella, con su vida sencilla, no se había caído. A Hans Blumenberg le sirvió para reflexionar sobre los "teóricos" en su La risa de la muchacha tracia.

Para bien y para mal, lo cierto es que los teléfonos móviles nos han cambiado la vida en todas las dimensiones posibles porque afectan a un aspecto esencial de la sociedades, las comunicaciones. Ya sea en el ámbito personal, familiar o profesional, el teléfono móvil está ahí. La primera llamada de Martin Cooper desde su Motorola abrió una era al cambiar muchas de las relaciones básicas, redefiniendo nuestros conceptos de intimidad, disponibilidad y autonomía. Inauguró hasta nuevas formas de mentiras, las de los que dicen que están en un sitio y están en otros, algo que el teléfono fijo imposibilitaba. Inauguró una nueva era con pregunta hasta el momento absurda y ahora necesaria: «¿Dónde estás?»

* "Hace 40 años Martin Cooper hizo la primera llamada desde un móvil" ABC 3/04/2013 http://www.abc.es/tecnologia/moviles-telefonia/20130403/abci-martin-cooper-primera-llamada-201304021356.html