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sábado, 21 de febrero de 2015

El enemigo rentable

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La primera vez que visité El Cairo los compañeros de la Universidad nos llevaron a ver su impresionante salón de actos. Señalando el escenario nos decían: "¡Allí fue donde Barack Obama hizo su discurso!" En aquel momento, antes de las revoluciones, el discurso del presidente de los Estados Unidos en aquel lugar había quedado como un hito del que todos estaban satisfechos. El hombre más poderoso del mundo, como señala el tópico, había estado allí, sobre aquel escenario, había elegido aquel punto para dirigirse al mundo árabe islámico y sentar las bases de "un nuevo comienzo". Tras cantar las excelencias del lugar en el que se encontraba, Obama les dijo:

He venido aquí a buscar un nuevo comienzo para Estados Unidos y musulmanes alrededor del mundo, que se base en intereses mutuos y el respeto mutuo; y que se base en el hecho de que Estados Unidos y el Islam no se excluyen mutuamente y no es necesario que compitan. Por el contrario: coinciden en parte y tienen principios comunes, principios de justicia, progreso, tolerancia y el respeto por la dignidad de todos los seres humanos.
Lo hago sabiendo que el cambio no puede suceder de la noche a la mañana. Ningún discurso por su cuenta puede acabar con años de desconfianza, ni puedo en el tiempo que tengo contestar todas las preguntas complejas que nos han traído a este momento. Pero estoy convencido que para progresar, debemos decir abiertamente lo que pensamos, y demasiadas veces, eso se dice solamente detrás de puertas cerradas. Debe haber un esfuerzo sostenido de escucharnos unos a los otros, de aprender unos de otros; de respetarnos unos a los otros, y de buscar terreno común. Como nos dice el Sagrado Corán, “Tengan conciencia de Dios y digan siempre la verdad”. Eso es lo que trataré de hacer: decir la verdad de la manera más clara posible, reconociendo humildemente la tarea que nos queda por delante, con la firme convicción de que los intereses que compartimos como seres humanos son mucho más poderosos que las fuerzas que nos dividen.
Parte de esta convicción está arraigada en mi propia experiencia. Soy cristiano, pero mi padre pertenecía a una familia en Kenia que incluye a varias generaciones de musulmanes. De niño, pasé varios años en Indonesia y escuché el llamado del Azán al amanecer y atardecer. De joven, trabajé en comunidades de Chicago donde muchos encontraban dignidad y paz en su religión musulmana.*


Las expectativas sembradas por la presencia y palabras del presidente en El Cairo contrastan con el estado de las relaciones actuales de los países árabes con los Estados Unidos. Creo que nunca han sido peores.
A día de hoy, la mayor parte de la opinión pública de los países árabes musulmanes, da igual la tendencia, responsabilizan del desastre de la zona, de un estado de terror que se extiende desde Marruecos hasta Turquía, a los Estados Unidos y sus políticas.

La lectura del discurso de Obama, plagado de buenas intenciones, produce hoy una fuerte melancolía. Ni su promesa de cerrar Guantánamo ha sido posible cumplir. Su reconocimiento de múltiples fórmulas políticas aceptables siempre que los pueblos las quisieran para gobernarse, su proclama de no desear imponer modelos o estándares, su apoyo al desarrollo de la mujer por la educación (y su respeto al velo), etc., se leen hoy con un sentimiento amargo porque no hay por qué dudar de su buena voluntad cuando las planteó. Somos hijos de nuestras acciones, que dan lugar a la Historia, mientras que nuestras palabras solo tienen valor cuando se cumplen. Y el discurso de Obama suena hoy casi a ciencia-ficción, a fantasías de la Tierra Media.

Hoy podemos leer los periódicos del mundo árabe de casi cualquier tendencia y encontrar en ellos una constante: el antiamericanismo. Esto se ha recrudecido en los últimos meses. Como toda tendencia tiene sus causas, pero en este caso se trata de una corriente muy rentable para distintos enemigos, lo que hace que el efecto sea amplificado.
Al hilo de esta tendencia, los medios se están alimentando de nuevos informadores que se dedican a hacer crecer el sentimiento antiamericano y, por asociación, el antioccidental. Lo hacen con artículos que llegan desde los propios Estados Unidos —señalando la islamofobia y cómo son perseguidos los musulmanes— o desde lugares tan significativos como Irán, por ejemplo, país del que no es frecuente que se publiquen textos en los medios árabes.
Un ejemplo de intervención iraní lo tenemos en el artículo titulado "No democracy without security", escrito por el periodista iraní Akbar Ganji, y publicado en Ahram Weekly:
The most important external factor contributing to the present state of affairs in Iraq has been the United States and its policies toward the country. Naturally, the US pursues what it considers to be its national interests, but when it comes to pursuing such interests vis-à-vis Iraq and, more broadly, the Middle East, the US has committed fundamental errors.
From goading Iraq to invade Iran in 1980 and Kuwait in 1990, to the crippling economic sanctions imposed on Iraq in the 1990s and up until 2003, when the US invaded and occupied Iraq illegally, US policy towards Iraq has been one disaster after another and has produced a long list of catastrophes, destruction and bloodshed.
At least half a million Iraqi children and young people died as a result of the economic sanctions of the 1990s and hundreds of thousands more have died since 2003. The Pentagon even drew up plans in 2002 to use nuclear weapons against seven countries, including Iraq, “in case of an emergency.”
Why has the US committed such crimes? The answer is that it has always wanted to frighten the Arab states into submission. As former CIA director James Woolsey put it two months after the US-led invasion of Afghanistan in the fall of 2001, “Only fear will re-establish [Arab] respect for the United States,” and the invasion of Iraq was a prime means for creating such fear. In the world of warmongers such as Woolsey, “respect” means submission.
But the most important consequence of the invasion of Iraq in 2003 was the destruction of its political order, which gave rise to Sunni terrorism through the emergence of Al-Qaeda in Iraq (AQI), now IS, and effectively partitioned the nation along ethnic and religious lines.**


No me interesa tanto lo que dice, como el que se diga, es decir, su papel en la creación de la opinión y su contribución al crecimiento constante del antiamericanismo y antioccidentalismo. Esto se publica en Egipto, un país cuyo ejército es el que ha recibido más dinero después del de Israel.
Es evidente que los Estados Unidos han elegido mal y que eso ha causado una serie de problemas añadidos. No todo es responsabilidad suya, por mucho que se diga. Pero se ha convertido en el receptor universal de acusaciones, en el causante de todos los males, en aquel hacia el que se dirigen las iras rentables. Estados Unidos ha conseguido no solo irritar a sus aliados circunstanciales volviéndolos contra él, sino que ha conseguido volver contra él a sus mejores aliados históricos, crisis superadas por la paciencia y buena voluntad de los demás (¡qué remedio!).


En Oriente Medio, ahora mismo resulta rentable manejar constantemente la idea de la conspiración americana, la da por evidente el papa copto Tawadros II o un islamista furibundo del Estado Islámico. Creen en ella desde el pastor de cabras hasta el profesor universitario. Lo hacen porque se les estimula a hacerlo, evidentemente. El cambio de orientación hacia países como Rusia —un agente que maneja bien estas cosas— va descolocando las viejas alianzas y lleva hacia otras nuevas. En las luchas internas, nadie quiere ser acusado de estar "vendido" a los Estados Unidos o a Occidente, mientras que a Vladimir Putin se le recibe multitudinariamente como un nuevo profeta de la concordia. ¿Quién dice que no estamos en la Guerra Fría?
En Ahram Weekly encontramos otro artículo, esta vez del periodista Galal Nassar en la misma línea antiamericana. Parte del famoso artículo, publicado tras el 11-S, del periodista norteamericano Fareed Zakaria que fue portada de Newsweek: "Why they hate us?". Así comienza su artículo Galal Nassar:

After 9/11 Fareed Zakaria, the then editor of Newsweek International, posed the question: “Why do they hate us?”
Ignoring the long history of disastrous US policies in the Middle East - it gave rise, among other things, to Al-Qaeda, a group born out of the US campaign to fight the Soviets in Afghanistan by enlisting the help of takfiris, ultra radical Islamists bent on bringing down all forms of government apart from their own - Zakaria recast the dilemma as if the fault of any animosity lay with Arabs and Muslims and not with Washington’s foreign policy.
The mischief is not ended, and nor is Washington’s support of takfiris. All that has happened is that the US shifted its support to the Muslim Brotherhood (MB), the group whose ideologue, Sayed Qotb, wrote the definitive book on terror.
Millions in Egypt went out on 30 June 2013 to demand an end to Brotherhood rule. The army then stepped in to remove Mohamed Morsi, a man who months earlier had passed a constitutional declaration that gave him absolute power. Since then the Americans have given every possible support to the Brotherhood, backing its demand to return to power in a country which rejected their rule and narrowly escaped civil war in doing so.
It is now our turn to ask the Americans and those in the West who refuse to see our point: “Why don’t you understand us?”***



Quizá la pregunta tiene trampa y da por descontado que ese "us", ese "nos", es unitario y que incluso se comprende a sí mismo. La existencia de un enemigo común, en este caso, los Estados Unidos, sobre quien hacer recaer el peso de la responsabilidad histórica de todo lo que ocurre no exime del análisis realista que se está soslayando.  Y ese es el papel real, involuntario, de los Estados Unidos en estos momentos. Hay muchas cuestiones por aclarar para poder avanzar hacia soluciones. Hay demasiados conflictos internos que quedan en la sombra y que son sin embargo decisivos para el futuro de la zona y las personas que viven allí, para su progreso y desarrollo. Con los Estados Unidos no se explica todo.
Las Primaveras árabes han servido para dejar en evidencia esta disparidad profunda que existe en las mentalidades, conflictos radicales. Allí mal conviven distintas formas de pensar, en muchos casos incompatibles entre sí y algunas además con el resto del mundo, de imposible vecindad. El mundo árabe musulmán es el escenario de profundos desgarros, de vivencias extremas. Un país, una cultura puede soportar diferentes grados de disidencia, pero ningunas tan extremas como las que hoy se viven allí.
Por eso decíamos que la reconversión de la pregunta de Fareed Zakaria "¿Por qué nos odian?, que Galal Nassar transforma en "¿por qué no nos entienden?", debería dar lugar a una nueva pregunta: "¿por qué no nos entendemos?". Es la pregunta que se evita.


Y esta pregunta lleva más allá de los Estados Unidos porque el historial de los conflictos y desgarros se remonta al origen. El mundo árabe ha exiliado sus alternativas durante siglos, con lo que ha limitado su propio desarrollo, sus alternativas posibles, las soluciones a problemas reales. Lo que hoy se dilucida allí es en qué sentido debe avanzar el reloj de la historia, a sabiendas de que hay soluciones que son huidas hacia adelante y que llevan al desastre, como se ha manifestado con el Estado Islámico. Políticos, filósofos, artistas, académicos, etc.  que han osado analizar la deriva autoritaria se han visto exiliados, encarcelados, atacados, estigmatizados. Nadie ha querido escucharlos y sus ideas y libros han sido censurados, borrados del mapa.
Hoy, bajo la excusa de la guerra al terrorismo no se están produciendo convergencias, sino persecuciones encubiertas para aprovechar y eliminar posibles rivales, ideas divergentes, formas diferentes de pensar, que son siempre vistas como enemigas. Se aprovecha para eliminar problemas futuros, pero solo se están sembrando nuevos desastres, prolongando el problema por décadas.
La eliminación de los matices y la incompatibilidad de las divergencias han hecho que siempre triunfe una forma de monolitismo y no de convivencia o diálogo. Y eso históricamente se paga y se debería aprender de ello. No hay país que se libre de ese estigma del autoritarismo por muy disfrazado que esté de buenas intenciones e ideales. Las Primaveras eran una oportunidad y sin embargo se ha perdido llevando a otra generación al exilio o a la apática melancolía, a la tristeza del que siente que nada cambia, que las luchas son las mismas impidiendo la modernización, la subida a un tren de la Historia que lleve a un futuro posible y no que obligue a bajarse en un apeadero espectral.



* Discurso de Obama en El Cairo: "Un nuevo comienzo" ABC 04/06/2009 http://www.abc.es/20090604/internacional-africa/discurso-obama-cairo-nuevo-200906041436.html
* "No democracy without security" Ahram Weekly 19/02/2015 http://weekly.ahram.org.eg/News/10458/21/No-democracy-without-security.aspx

** "Why don’t they understand us?" Ahram Weekly 19/02/2015 http://weekly.ahram.org.eg/News/10498/17/Why-don%E2%80%99t-they-understand-us-.aspx






miércoles, 19 de marzo de 2014

La ira de los decentes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La noticia ha llegado a la primera página del diario digital Ahram Online y lo recogen casi todos los medios egipcios. Hasta el diario El Mundo da cuenta de él. Anoche me llegaban ya comentarios indignados sobre lo que había ocurrido en la Universidad de El Cairo, palabras desesperadas que ven la distancia entre lo que se dice y los hechos de cada día. Lo grave aquí es que las palabras ya no se camuflan, sino que comienza a respaldar a los hechos dejando en evidencia lo retórico de las proclamas e intenciones.
El acoso sexual en las calles de Egipto es siempre noticia. No porque sea un caso raro, sino por lo contrario, por su constancia y aumento. Hay muchas cosas cuya repetición hace que dejen de ser noticia. En el caso de la violencia de género, en el acoso sexual, la noticia es por el contrario su frecuencia, la constante repetición de lo que se debería luchar por erradicar.

Pero esta vez el caso ha tenido una gran trascendencia por los agentes implicados. La estudiante que va a la Facultad de Derecho y los estudiantes que la acosan, que intentan desnudarla porque se han constituido en tribunal sumarísimo, en jurado popular para decidir cómo ha de ir vestida su compañera. La acosan y persiguen, la soban y tratan de arrancarle la ropa. La joven, en un estado de angustia, se esconde en unos servicios. Solo pasado un tiempo llegarán los miembros del servicio de seguridad para acompañarla al exterior del recinto. El cortejo que la acompaña sigue con sus burlas e insultos. Apuntan hacia ellas sus teléfonos para retransmitir al mundo su machada, para que caigan sobre ella las iras del universo bien pensante, la ira de los decentes. Ella camina con dignidad hasta la salida. La procesión va por dentro. El escándalo está fuera.
Las reacciones del Rector de la Universidad de El Cairo, Gaber Nassar, han desatado las iras de muchas personas, especialmente las de aquellos que están comprometidas contra esa infamia generalizada que se da en la sociedad egipcia con el respaldo, como ha ocurrido en este caso, de aquellos que representan las instituciones. Indignación y peticiones de dimisión han causado las palabras del rector diciendo que la joven burló la seguridad de la entrada con un vestido negro que posteriormente se quitó para dejar al descubierto sus pantalones negros y su jersey rosa. El rector justificó lo sucedido: la joven había engañado a la seguridad cuya función es velar porque se entre vestido de forma "decente" en el recinto de la Universidad.

La indignación de mucha gente es por la justificación de la agresión en lo que el rector ha llamado el "error" de la estudiante. Egypt Independent recoge su frase: “The mistake of the female student does not justify what happened from the other students”*. Pero inicialmente si lo hizo y habló, en un gesto de injusto Salomón, de juzgar a la estudiante por su provocación y a los acosadores por la agresión.
En abril de 2013, antes de la caída de Mohamed Mursi, estudiantes de la Universidad de El Cairo boicotearon una conferencia del Ministro de Información acusándolo de "acosador". Se hacían eco de las acusaciones vertidas contra él. No quería, decían los estudiantes, tener un acosador como conferenciante. La actitud de sus propios compañeros y las palabras del rector les abre una nueva perspectiva al respecto. El problema esta dentro.
Así es como recoge el diario Ahram Online lo dicho por el rector de la Universidad:

The criticism was heightened when Gaber Nassar, the university dean, implied the woman had provoked the attack by wearing "inappropriate clothes."
Speaking to private satellite channel ONTV on Monday, Nassar said the woman had been wearing a long garment over her clothes when she entered the campus gates, but had later removed it, "which led to the incident occurring."
He later retracted his comments, saying he did not mean to justify the attack.
“I apologise for the misunderstanding,” he wrote on Twitter late on Monday. He had earlier said both the male harassers and the woman would be punished and possibly expelled for breaking university rules, but later denied the victim would be punished.
“The [victim] has not been referred for investigation and anyone who witnessed the incident should inform the university. We will not relent in the punishment of these harassers,” he wrote in another tweet. “The case will be referred to the prosecution,” he added.**


La trascendencia del caso es grande y deja en evidencia la hipocresía de un comportamiento social que ha ido en aumento: la represión de la mujer y su enjuiciamiento constante por parte de una sociedad de doble moral. Los datos que nos ofrece la propia prensa egipcia, siguiendo el informe de la ONU del año pasado no dejan margen a la duda:

According to a UN report issued last year an overwhelming majority of Egyptian women (99.3%) have experienced some sort of sexual harassment, and 96.5% of women had been sexually assaulted in some way.*

Que frente a esos datos el Rector o cualquiera de las instancias que han justificado, relativizado o ignorado el incidente sigan pensando que la función de la seguridad del campus es comprobar la decencia de la vestimenta y, como él mismo ha señalado, hacer volver a casa a cambiarse de ropa a todos aquellas estudiantes que consideren que pueden provocar las iras de los justos, piadosos y honestos estudiantes, transeúntes o vecinos, convertidos en jueces de los demás, suena a gigantesca hipocresía.

Pero es en esa hipocresía en la que se vive. Un imagen santurrona que esconde las escandalosas cifras del acoso sexual en todo el país. Los egipcios se escandalizaron cuando resultó su país resultó el "peor para vivir las mujeres", según el estudio realizado por expertos. El único argumento en contra del estudio de Thompson Reuters fue que las mujeres de Arabia Saudí estaban peor que en Egipto, una espinita que los egipcios tienen con el Reino. Quedar por detrás de las mujeres saudíes les parecía "injusto". Pero el estudio resultó lo que resultó. 
Pero la cuestión no ha sido solo la respuesta del rector de la Universidad sino el alcance del debate social, como ya ha ocurrido otras veces. Esta vez el escándalo vino del conocida presentador de televisión Tamer Amin que se sumó a las voces de condena de la estudiante a la que llamó "puta" y comparó con un "bailarina del vientre", atacó a su familia. Tamer Amin se subió a su minarete mediático para dar muestras de su profunda honestidad, decoro y sentido de la responsabilidad social para lanzar sus soflamas:

On Tuesday, TV presenter Tamer Amin went even further in his justification of the assault. His program “Min al-Akher” on the Rotana Egypt satellite channel came under fire following comments he made.
The renowned TV presenter criticized Cairo University’s statement regarding “the personal freedom of attire.”
Amin said, “Clothing is not a personal freedom unless it is worn at home or in private; not in places like public universities or schools. An employee cannot go to work dressed in their shorts, for example.”
The TV presenter went on to blame the victim even further by claiming that the female student in question was “dressed like a belly dancer.” Amin asked, “How was it that university guards allowed her to enter campus in such garb, which exposed more than it covered?”
Amin further justified the mob’s sexual assault by claiming that the “student was dressed like a slut,” and thus it was her attire which aroused, encouraged and instigated the assault against her.***


Sorprende cada vez más escuchar estas reflexiones por parte de todos estos pisoteadores de las libertades individuales amparados en una especie de "moral colectiva" que justifica el pisoteo de las personas. Ni las palabras del rector de la Universidad, ni las de la presentadora son nuevas. Han resonado antes desde atalayas parlamentarias, mediáticas o en simples reuniones mientras se toman un té. Son un eco social que enfrenta a las dos auténticas partes de Egipto: la que vive en un mundo de negación individual y la que trata de sobrevivir en él buscando su identidad como personas.

Más allá de las distinciones políticas, ese fondo de opresión social resuena en islamistas y laicos, es el fondo totalitario que une a unos y otros bajo la misma bandera de la intransigencia. Los hay disfrazados de progresistas o liberales. Pero mantienen en muchos aspectos, los relacionados con los derechos individuales, especialmente con los de la mujer una misa actitud retrógrada y totalitaria que disfrazan de moralidad. Una moralidad que es siempre doble moral. Solo así es posible entender que con esas cifras de acoso y de mutilaciones sexuales, se sigan defendiendo la moralidad social y las virtudes. Todo esto es el fondo sobre el que se pretende erigir una imagen de modernidad y avance social. Pero muy poco se puede avanzar así, con esas mentalidades erosionando cualquier intento.
Los que defienden una transformación de la sociedad egipcia tienen un gran valor y mérito. Corren el riesgo permanente de ser tachados de agentes extranjeros, de pervertidos, ateos, inmorales, etc., según les apetezca a todos estos poseedores de la verdad institucional, como el rector, o mediática, como el presentador. No nos engañemos: no son solo ellos. No son más que los portavoces de un fondo que no cambia. Se han hecho eco de las mismas voces que acusaron a la "mujer del sujetador azul", la brutalmente apaleada por la Policía en la época de la SCAF; son las voces de las parlamentarias islamistas defendiendo la moralidad y justificando que las que provoquen a los hombres tienen lo que se merecen. En el fondo, lo que justifican es su ineptitud, su incapacidad de sacar a la sociedad de sus propios vicios.


La periodista Rana Allam escribió un duro artículo, titulado "A Constitution not worth it's ink", tras la aprobación de la constitución enmendada recientemente. Comenzaba así su escrito:

Since the new constitution passed, I have been flooded with emails and meetings from foreign journalists, lawyers, rights advocates and what have you, asking the same question: Isn’t the newly passed constitution better in preserving human rights and freedoms, compared to the previous one(s)? And shouldn’t this be enough for Egyptians?****

La periodista hacía un repaso de seis puntos —libertad de religión, de prensa, de pensamiento y expresión, derechos de los detenidos, derechos de la infancia, y a la vida privada— que quedaban recogidos en la nueva constitución y cómo se quedan reflejados en la realidad social del momento, la gran distancia entre lo escrito y aprobado y lo que se podía observar cada día.

[...] however one can write a full book citing almost every article in that constitution and how it contradicts the reality on the ground. What good is the constitution if none of its articles is enforced? That is the question we need to ask ourselves and our leaders. As far as I am concerned, it is not worth the ink it is written with!****

La respuesta que reclama Allam de los líderes —universitarios, mediáticos...— es la que han dado al caso de la joven acosada. La amiga que me mandó anoche un mensaje indignada sobre este asunto puso el dedo en la llaga: los que acosaron a la mujer, los que la sobaron, gritaron, insultaron, vejaron... son estudiantes de Derecho, su facultad, los futuros jueces, fiscales, abogados... con los que Egipto contará para que las leyes se cumplan. Son ellos, armados con sus teléfonos móviles, con sus insultos, con su manos sucias, los que deberán juzgar casos como este en el futuro. Un triste panorama.
La idea de Rana Allam de que la constitución aprobada no es más que papel mojado, que no vale la tinta con la que está escrita, no es más que la constatación de que hay cosas que las leyes no pueden cambiar, una mentalidades imperturbables que siguen dominado y ejerciendo su tiránica voluntad, educando en ella, haciendo ver que ellos son capaces de escandalizarse, síntoma evidente de su responsabilidad. Ellos son los justos, los honestos, los decentes, los que poseen la verdad y el derecho de imponerla. Ellos son los jueces y verdugos. De ellos la temible ira de los decentes.
Nuestro apoyo y solidaridad para todos los que luchan por defender sus derechos, contra el acoso. Es en ellos en donde se encuentra un futuro posible. Son miles de jóvenes voluntarios que intentan proteger y protegerse de esa negación de las libertades y derechos de la persona que se disfraza de decencia y que no hace sino esconder una profunda gangrena moral, una perversión oculta. Los acosadores y los que los justifican o defienden no son más que parte de un pasado persistente, doloroso que se resiste a cambiar.

* "“Out of the ordinary attire” will not be allowed on campus: Cairo University president" Egypt Independet 18/03/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/03/18/ordinary-attire-will-allowed-campus-cairo-university-president/
** "Activists condemn victim blaming after Cairo University mob sexual assault" Ahram Online 19/03/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/97016/Egypt/Politics-/Activists-condemn-victim-blaming-after-Cairo-Unive.aspx
*** "Victim blamed after sexual assault at Cairo University" Mada Masr 18/03/2014  http://madamasr.com/content/victim-blamed-after-sexual-assault-cairo-university
**** "A constitution not worth its ink" Egypt Independent 18/02/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/02/19/constitution-worth-ink/








domingo, 15 de septiembre de 2013

Silencio, en cuerpo y alma

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En Egipto se acaba de prohibir hablar de política en dos sitios: en las mezquitas y en los hospitales. Parece que hablar de política es tan malo para el alma como para el cuerpo. No sé yo si esto es lo más adecuado en estos momento, pero son noticias que nos llegan desde allí, juntas las dos, en sendos artículos del Egypt Independent. Los periódicos tienen un poder extraño para juntar las cosas separadas y mostrarlas como sin querer. Cada cosa ocurre por su lado, pero luego se leen juntas produciendo un efecto extraño y revelador.
La noticia de la prohibición de hablar de política en los hospitales parece que proviene de las quejas de los pacientes, que no aguantaban más tanta discusión entre médicos y demás personal sanitario. Se supone que los pacientes, ya sea heridos en manifestación o por enfermedad natural, son poco dados a este tipo de discusiones en su entorno que seguro que retrasan su restablecimiento y les bajan las defensas.
El hospital en cuestión, el que ha trascendido, es el Hospital Universitario de El Cairo y el periódico lo relata de forma tan escueta que es casi un tuit:

Dr. Alaa Maher, general manager of Cairo University Hospitals, issued a decree banning doctors, nurses and workers of the university hospitals from discussing politics.
 “We received many complaints from patients about staff bickering aloud,” he said. “These things should not happen in hospitals.”*


Parece como si tratará la noticia tratara de predicar con el ejemplo y reflejar las pocas ganas de molestar en entornos hospitalarios. El espectáculo del personal médico discutiendo delante de los pacientes le parece poco ejemplar a la doctora Maher y tiene razón, especialmente si los pacientes han ingresado por vivir un poco de paz en los hospitales y aislarse de la discusión general.
Lo de las mezquitas es un poco más complicado. De la misma manera que uno va a los hospitales a reponerse de algo, parece que algunos van a las mezquitas a cargar las pilas y lo consiguen gracias a las inflamadas soflamas que reciben allí por parte de clérigos poco satisfechos con la caída de los islamistas.

El ministerio de dotaciones religiosas, cuyo titular es Mohamed Mokhtar Gomaa y de quien dependen las mezquitas, ha tomado varias decisiones que veremos qué efectos tienen. La primera es el control de los sermones a través de la anulación de la licencias de predicación, dejando solo las que están supervisadas por la Universidad islámica de Al-Azhar, una institución esencial en el mundo islámico y que ha manifestado su apoyo al nuevo proceso abierto en Egipto con la salida del poder de los Hermanos Musulmanes. La Universidad está jugando un papel esencial en todo esto, lo que le valieron los ataques de las autoridades turcas. El gobierno de Erdogan mantenía una relación intensa —son de la misma línea ideológica— con la Hermandad y ha sido el país que más rechazo ha tenido. Los desprecios que se le dirigieron a los miembros principales de Al-Azhar fueron tomados como un insulto a Egipto y se contestaron oficialmente.
La segunda de las medidas es suprimir la autorización de la oración de los viernes en los locales inferiores a los ochenta metros cuadrados, con lo que se elimina la posibilidad de arengar a las gentes desde cualquier lugar, algo que los clérigos islamistas de diverso pelaje han aprovechado para llegar a todos los rincones con sus mensajes, antes y después de las revueltas. En esos locales solo se podrá celebrar la oración del viernes si existe una autorización o licencia expresa.
Hay una tercera medida muy significativa y de mayor alcance en estos momentos:

Gomaa added that the ministry has banned charity money from being paid to mosque funds in an effort to prevent funds from being redirected to “recipients who do not fear God.” He added that donations should instead be made to official bodies that are formally registered.**


La recogida de dinero de las limosnas queda prohibida si no es por los conductos oficiales. Se trata de evitar que ese dinero esté financiando acciones poco piadosas, por decirlo así. La expresión que el diario entrecomilla —“recipients who do not fear God”— es lo suficiente expresiva, incluso en su forma eufemística, como para revelar su deseo de que la caridad llegue donde debe o, al menos, no caiga en manos de quienes no debe.
Las tres medidas tratan de evitar uno de los focos articulados de los islamistas, la red de sus predicadores, tanto para transmitir mensajes como para recibir financiación. Los grupos islamistas dan especial importancia, como es lógico, a disponer de sus propios "predicadores", brazo espiritual, al igual que tienen otros brazos, incluidos los cuerpos paramilitares, como se pudo percibir. Los Hermanos Musulmanes tejen un complejo entramado en cada país donde logran asentarse, llegando con su organización y células a los rincones más escondidos país a través del control de mezquitas, de sindicatos y asociaciones profesionales, las aulas de escuelas y universidades, etc. teniendo algún delegado que lleve allí su mensaje. Son una red social antes de que se inventará Facebook. Es su forma de actuar reflejada en sus propios documentos y en la vida cotidiana cuando lo ponen en práctica. 
Al cortar la red de mezquitas como forma de comunicación y financiación, veremos cómo reaccionan. Su estrategia actual, dado la merma de los recursos, era la dispersión en vez de las grandes manifestaciones, por lo que el cierre de las mezquitas pequeñas les afectará directamente.


Si la primera medida trataba de evitar que se molestara a los pacientes con discusiones, algo anecdótico pero revelador del ambiente, las acciones destinadas a silenciar a los imanes contrarios al gobierno puede suscitar reacciones y situaciones más complicadas. Veremos cuando se pongan en marcha qué ocurre. Una vez puesta en marcha esta regulación, es de prever que se actuará con contundencia contra quienes la infrinjan, que es lo que ha estado ocurriendo.
El gobierno egipcio debe evitar excederse en ciertas actitudes y acciones contundentes si quiere mantener el crédito. Son preocupantes las detenciones por parte de los militares de varios periodistas acusados de difundir "falsedades" sobre acciones militares en el Sinaí o la situación del país, que son motivos aludidos en varias ocasiones. La publicación Mada Masr señala:

There has been an unprecedented crackdown on members of the media working in Egypt since former President Mohamed Morsi was ousted by military order on July 3. Dozens have been killed, injured, detained and deported while reporting on ongoing events. 


No se puede imponer el silencio en los medios de la misma forma que se manda callar en un Hospital, lugar en el que el respeto del silencio suele ser beneficioso para todos los que están allí. Egipto necesita de diálogo abierto y sensato más que de las estridencias de unos y el silencio impuesto de otros. Son preocupantes las noticias sobre detenciones o limitaciones de periodistas bajo distintas acusaciones.

Existe una guerra mediática, evidentemente. El caso de la cadena Al-Jazeera, que comenzó con la renuncia de todos los periodistas de la delegación egipcia ante las manipulaciones que se les obligaba a hacer desde la central en Qatar, es un ejemplo de ello. Pero los principios de libertad de información y expresión se deben respetar porque son bases sobre las que se construyen otras muchas cosas. Sin ellas, no queda mucho margen para el diálogo y para la construcción de las libertades, que es hacia lo que hay que avanzar.
No sé si servirá de mucho las medidas en hospitales y mezquitas, pero sí que las que se tomen contra los medios o periodistas se acaban volviendo contra quien las impone, que acaba perdiendo credibilidad y apoyos. Muchas voces en Egipto, que no son sospechosas en absoluto de simpatías islamistas, lo están diciendo cada día. La única forma de construir futuro es construir sobre libertades. 
Es lo que está en línea con el espíritu de la Revolución y los ciudadanos quieren. Los cimientos con los que se construye el edificio han de ser sólidos para evitar que se derrumbe. No se trata de cerrar medios, sino de abrir mentes; no hay que escuchar halagos, sino críticas inteligentes y las voces necesarias para un Egipto plural y diverso. 
La tortilla se acaba quemando de tanto darle la vuelta.

* "Cairo University Hospital staff banned from talking politics" Egypt Independent 14/09/2013 http://www.egyptindependent.com/news/cairo-university-hospital-staff-banned-talking-politics
** "Minister: Government mosques now exclusive for al-Azhar-appointed preachers" Egypt Independent 13/09/2013 http://www.egyptindependent.com/news/minister-government-mosques-now-exclusive-al-azhar-appointed-preachers
*** "Ahram Gate reporter arrested. Journalist charged with 'disturbing public opinion'" 12/09/2013 http://www.madamasr.com/content/ahram-gate-reporter-arrested






domingo, 1 de julio de 2012

Entre dos discursos: de Barack Obama a Mohamed Morsi

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La sala de la Universidad en donde ha tenido lugar el discurso del presidente Morsi es un espacio inmenso. Lo recuerdo de mi primera visita a la Universidad de El Cairo. “Aquí es donde dio Obama su discurso”, me dijeron. Fue el cuatro de junio de 2009 y entre ambos discursos ha habido todo un mundo. La secuencia de la histórica visita a El Cairo del presidente Obama (junio 2009), la revolución (enero 2011), la presidencia de Mohamed Morsi (junio 2012) comprenden un marco temporal que puede ser analizado con detalle, pero solo imperfectamente comprendido. La historia es una ola en la que estamos subidos, que  nos arrastra y en la que nuestra mayor preocupación es mantener el equilibrio. Lo que contemos después en la playa a la que nos haya llevado solo son nuestras explicaciones de por qué hemos llegado allí.
Merece la pena recuperar las palabras de Barack Obama ante su auditorio en la Universidad en 2009:

"I've come here to Cairo to seek a new beginning, one based on mutual interest and mutual respect and based on the truth that America and Islam are not exclusive and need not be in competittion," Obama told a crowd of hundreds at the Cairo University.
"Instead, they overlap, and share common principles, principles of justice and progress, tolerance and the dignity of all human beings."

Barack Obama en la Universidad de El Cairo (2009)
Tres años después del discurso, Mohamed Morsi se enfrenta a este reto, al desafío de la construcción de un nuevo Estado para el que tiene como materia prima los anhelos de un pueblo frustrado por los fracasos políticos y económicos de los modelos anteriores. El sistema consiguió defraudar a la sociedad por abajo, manteniéndose impasible ante el deterioro y la progresiva miseria que pisoteaba la dignidad por la ausencia de justicia social, y por arriba, pisoteando los anhelos de las clases formadas, de todos aquellos que deseaban un Egipto moderno que recuperara su papel de liderazgo en el mundo árabe, que ofreciera la posibilidad de prosperar sin sentirse culpable o degradado por el sistema de corrupción instituido y controlado férreamente por una clase convertida en propietaria de los destinos de Egipto en lo económico, lo político y lo social.


El discurso del presidente Obama tenía una importancia grande porque se dirigía a un “régimen amigo”, cuya financiación del ejército egipcio ha servido indudablemente para frenar los deseos de represión cruenta de la revolución que a más de uno le habrán asaltado en muchos momentos. Obama ofrecía la posibilidad de un nuevo modelo de relaciones, algo que no interesaba evidentemente al régimen de Mubarak, que vivía muy cómodo con su papel de guardián. Pero todo cambió con la revolución de Túnez. La administración Obama y con ella la práctica totalidad de los gobiernos occidentales, saludaron las revoluciones de los países árabes. El viejo modelo de relaciones ya no servía y esa era la evidencia de la sinceridad del discurso de Obama en El Cairo. Con Bush, mucho hubieran dado por bueno el argumento de que tras las revoluciones se encontraba el terrorismo. Con la excepción inicial de los graves errores del gobierno de Sarkozy en Túnez y de la Italia de Berlusconi en Libia, se ha estado del lado de los pueblos, junto a todos aquellos que se rebelaban para defender su libertad y dignidad. Esta vez no se trataba de apoyar dictadores, sino de apoyar pueblos. Y así debe seguir.
Se rompía la inercia de la etapa Bush del recelo generalizado hacia los países árabes. Se iniciaba otra forma de relaciones para intentar salir de una situación que empezaba a resultar muy incómoda: las alianzas con gobiernos represores en nombre de una presunta vigilancia del terrorismo integrista. Los dictadores que han ido cayendo habían utilizado esta estrategia para poder aprovecharse en clave interna de lo que era una política occidental de seguridad. La represión se realizaba en nombre de una seguridad internacional que permitía seguir adelante recibiendo dinero en algunos casos u obteniendo patentes para realizar grandes negocios a los grupos afectos a los dictadores, como el caso de Libia.


El panorama hoy es muy diferente. Egipto ha recorrido, en esa ola de la historia, un camino inverosímil, con avances y retrocesos, con desplazamientos laterales y maniobras que desafiaban a la lógica y a la física.
Históricamente, las revoluciones suelen ser el resultado de maniobras conspiratorias de grupos organizados que van llevando su sentir a una parte de la población hasta que estalla. Nada más alejado de la realidad egipcia. La diferencia entre conspiración e indignación es importante y esencial para entender el carácter de la revuelta y su incidencia política posterior, cuya mayor dificultad ha sido el proceso de identificación del espíritu revolucionario con la fuerzas que debían canalizarla. Por decirlo de una forma sencilla: en Egipto la indignación y la conspiración iban por caminos separados. Los grupos políticos opositores estaban en un dique seco, controlados por el régimen y aislados de la población por su propia inercia ineficaz. De esto se beneficiaba, lógicamente, el régimen de Mubarak y salía perjudicado el pueblo. El segundo beneficiario era la pseudo oposición, la Hermandad Musulmana, que vivía y crecía de dos fuentes: no considerarse una opción política y cubrir la falta de sensibilidad de la administración hacia los problemas sociales. La Hermandad no era un “partido”, algo que despreciaban en su doctrina, sino el equivalente a una Seguridad Social que la mayoría necesitaba en un momento u otro por ausencia de una oficial.

Que hoy el presidente Morsi enarbole la bandera de la revolución puede entenderse en un sentido retórico o de forma sincera. La Hermandad Musulmana no ha estado jamás en el poder, carece absolutamente de experiencia política, incluso como partido, pues el partido de la Libertad y la Justicia se creó para no contaminar la marca de origen. La Hermandad carece de experiencia internacional, pues se limitaba a tener contactos de apoyo con aquellos países que deseaban tener controlados mediante la financiación a cualquier grupo egipcio para poner una piedra en el zapato de Mubarak y su régimen.
La transición egipcia no ha terminado ni se ve muy cercana la otra orilla. Morsi debe realizar un programa de integración nacional para acercar los deseos de la revolución, que no son solo un grupo de jóvenes, sino la reivindicación de modernización, libertad y justicia social frente a lo que representó el abandono absoluto del régimen.

Esa transición deberá contar, como han descubierto al final, con el apoyo de todos los "hijos de Egipto" porque las amenazas siguen presentes, enquistadas en un régimen que no se ha disuelto y cuyos intereses se encuentran repartidos por todos recovecos del estado, del mundo empresarial, etc. Son los restos importantes del apoyo de un régimen que hacía pasar por la corrupción para conseguir los fines. Están ahí y seguirán durante mucho tiempo, bajo cada piedra que se levante, como gusanos e insectos que corren bajo la nueva luz.
La Hermandad Musulmana tendrá que adecuarse también al nuevo modelo que reclaman los egipcios y no vivir de las carencias del estado sino transformar el estado para hacerlo eficaz en beneficio de todos. Para ello tendrá que irse alejando de sus funciones asistenciales y apoyar las públicas para que funcionen. Deberá crecer el partido y no ser solo una maquinaria electoral. Tendrán que ver cómo se traducen sus principios en acciones en un sistema real y no ideal, un sistema en el que convivirán con otros egipcios que piensen de forma diferente pero que serán tan buenos egipcios como ellos mientras todos quieran lo mejor para su país y su pueblo.
El discurso de Morsi ha sido conciliador. Ha dicho que el Ejército y la Policía son importantes, pero que deben recuperar su función de proteger a los egipcios y las fronteras del país. Ha dicho que Dios es importante, pero que el poder viene del pueblo. En el diario Al-Masry Al-Youm se contaba hace unos días:

Mohamed Qasim, one of the administrators of the We Are All Khaled Saeed Facebook page, famous for its mobilizing power before and during the revolution, says that there’s something interesting in the political lucidity displayed by people nowadays. “When I was praying at the mosque [in Matareya] a few days ago, the sheikh started promoting Morsy. People rose angrily and asked him to stop mixing religion with politics. I was pleasantly surprised. These are important details.”*


La anécdota no es única y revela esa lucidez política del pueblo egipcio, que sí es religioso, pero sabe diferenciar entre serlo e imponerlo. Esa gente es la que ha votado a Morsi no porque se lo digan en las mezquitas ni en las caravanas médicas, sino porque sabían que debían desprenderse de un régimen que usaba la religión de forma negativa también para hacer política. La prohibición de partidos religiosos, que mantenía el régimen de Mubarak, era una forma de introducir la religión, retorcida pero eficaz y que sirvió para fortalecer a la Hermandad y a Nour, los salafistas, que canalizaron el tradicional sentimiento religioso egipcio.
En la medida en que la democracia se asiente sobre una constitución plural, que es el gran reto al definir las reglas del juego, se tenderá a relativizar ese impulso de imponer a los demás la visión propia, de considerar como verdades esenciales e indiscutibles nuestros principios sobre los de los demás. Si Egipto logra una constitución que no busque consagrar principios para imponerlos, sino crear principios plurales con los que convivir, habrá dado un gran salto adelante y habrá conseguido aislar los temores y miedos que han sido aprovechados en detrimento del pueblo egipcio, enarbolados para su control permanente y su condena a la infancia política y civil.

Mohamed Morsi necesita mostrar a todos que sus palabras de apoyo a la revolución son reales y hacerlo con hechos en beneficio de su pueblo y eso quiere decir pan y educación, modernización del estado y limpieza institucional. Tiene que salir al mundo y aprovechar la mano tendida que supuso el viaje de Barack Obama en su momento y mostrar que la amistad es posible y beneficiosa para todos. Y debe mostrar a su pueblo que eso es bueno, olvidar el autismo político y sus temores. Ha hecho bien en señalar los deseos de paz y respeto de los tratados junto a su apoyo a los pueblos palestino y sirio. También en señalar sus deseos de independencia y de no influir en los demás, mensajes en clave para todo el espectro del mundo árabe.
La necesidad de restaurar la autoridad en Egipto señalada, por Morsi, se basa en el principio previo de que sea la propia autoridad la que se regenere y muestre que está del lado del pueblo, atendiendo sus necesidades. Los egipcios, que inventaron el estado, no son ácratas. Su indignación y desesperación proviene precisamente de las perversiones constantes de la autoridad, puesta al servicio de unos pocos en detrimento de muchos. En la medida en que la autoridad sea justa y trabaje para todos, la soberanía popular dejará de manifestarse en las plazas de todo Egipto y podrá salir, orgullosa, a manifestar su civismo en conmemoración de sus mártires, que habrán dado su vida por algo con sentido.


Ha hecho bien Mohamed Morsi en dedicar una parte amplia de la introducción de su discurso al escenario en que se encontraba, a la Universidad de El Cairo, a dar las gracias a los estudiantes, que han visto interrumpidas sus actividades y exámenes; también en reconocerse como un hijo de esa universidad, y padre de alumnos, algo importante en clave de la propia sociedad egipcia, ya que es el centro de la “ciencia” frente a la “otra ciencia”, como irónicamente la llamaba Taha Husein, en Los días. El progreso de Egipto, de su pueblo, debe salir del compromiso de los que tienen el conocimiento y la voluntad de ponerlo al servicio de su pueblo para sacarlo adelante. Pocos pueblos tienen esa voluntad tan marcada como los egipcios, y es lo que manifestaron los “jóvenes” ilusionados tras el estallido de su revolución, que era la de todos y que se reflejo en el lema “orgulloso de ser egipcio”, es lo que unió en un solo grito a los universitarios con los más desfavorecidos, que veían en ellos la única posibilidad frente a la indiferencia habida hasta el momento. Egipto debe aprovechar esa fuerza surgida de sus universidades, abandonar el derrotismo desesperanzado. Esa creatividad y generosidad debe ser canalizada. Si el nuevo presidente es capaz de hacerlo, habrá ganado mucho para el país, que surgirá de nuevo hasta ocupar el puesto internacional que le corresponde por historia y por valor.
Dios es grande y el poder viene del pueblo. Antes que a la Universidad del El Cairo, Morsi se dirigió a la plaza de Tahrir, a mostrar su compromiso con la revolución y sus ideales generales de transformación y enterramiento definitivo de un régimen corrupto e ineficaz. Fue un gesto, un gesto importante para mostrar a todos los apoyos con los que cuenta en el difícil camino que tiene por delante. No se trataba solo de mostrar que él apoya la revolución, sino de que la revolución le apoya a él para seguir adelante. De los “hijos de Egipto” provienen los imperativos de las necesidades y los anhelos de sus sueños; a sus dirigentes les exigirán el cumplimiento de un futuro que no se base en la providencia sino en la eficacia. Como ya escribimos, debería llegar un momento en que se dé gracias a Dios por la eficacia de los gobernantes que elegimos, más que porque nos permitan sobrevivir.

*  "Taking stock: What comes after the elections for activists?" Al-Masry Al-Youm 28/96/2012 http://www.egyptindependent.com/news/taking-stock-what-comes-after-elections-activists