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martes, 9 de junio de 2026

No soy un robot

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Probablemente dedique una parte cada vez mayor a demostrar que no es un robot. Le exigen decir cuántas escaleras, cuántas motos, cuantos camiones, etc. ve usted en la pantalla. Otras le piden que marque la casilla declarando que no es un robot, lo que no significa que le crean, porque, como decía la zarzuela, "los tiempos adelantan que es una barbaridad".

Los que estamos en Internet desde su origen en España a mediados de los años 90 no acabamos de entender esta evolución. Me tuvieron recorriendo parte del país enseñando las ventajas de Internet, la libertad que suponía dejar atrás lo material y la posibilidad de crear un nuevo mundo virtual ajeno a la tiranía de la materia. ¡Madre mía, lo que hemos creado! Lo que iba a ser un mundo alternativo, un filtro de las desigualdades se ha convertido en un mercado controlado, un lugar de estafas múltiples, de acoso virtual, etc. con efectos negativos en la educación, en la autoestima, con psicólogos recomendando mantener a los niños alejados, con formas de acoso sexual y un sinfín de problemas que surgen del uso descontrolado. Se ha convertido en un espacio incontrolado de radicalismo y desinformación, que gobiernos y grupos —de partidos políticos a extrañas sectas— han usado para aumentar su presencia y poder. Ha dado lugar a un imperialismo tecnológico que actúa con censuras políticas mundiales al servicio de empresas con mentalidad totalitaria y es lo primero que controlan las dictaduras plenas para evitar la entrada o salida de críticas y usan para la propaganda masiva.

Por supuesto, hay también ventajas importantes, sino habríamos tenido que cerrarlo hace tiempo. Hay que saber navegar y encontrar elementos culturales valiosos, grupos afines, etc. Pero las fuerzas negativas se han acabado por imponer al deformar a sus propias audiencias y quedarse con el control de la atención, que ha desarrollado una economía propia.

Pero algo está cambiando en el sistema. Leo en el 20bits de 20minutos la siguiente información:

Por primera vez en la historia de internet, el tráfico generado por bots ha superado al de usuarios humanos. Según datos compartidos por Cloudflare, las solicitudes automatizadas representan cerca del 57% del tráfico global, mientras que las realizadas por personas se sitúan en torno al 43%.

Este cambio de tendencia refleja el creciente protagonismo de los sistemas automatizados en la actividad diaria de la red, debido a que gran parte de este crecimiento está relacionado con el auge de la inteligencia artificial. Anteriormente, mientras que los bots tradicionales se limitaban a tareas como indexar páginas para motores de búsqueda o rastrear contenidos, ahora, los nuevos agentes de IA son capaces de navegar de forma autónoma, recopilar información, comparar productos, analizar documentos o ejecutar acciones en nombre de los usuarios. Por lo tanto, esta evolución ha multiplicado el número de interacciones automáticas que se producen cada día en internet.

Sin duda, este cambio ha reavivado el debate sobre la denominada 'teoría del internet muerto', siendo una hipótesis que sostiene que una parte cada vez mayor de la actividad online está generada por bots en lugar de personas. Y aunque muchos expertos consideran que esta teoría es exagerada, los datos recientes muestran que la presencia de sistemas automatizados en la red está aumentando de forma acelerada.* 

Traducido a lo cotidiano: ya son más los bots que navegan por la red frente al descenso proporcional de humanos, lo que tiene enormes consecuencias dada su conversión en mercado. Significa que, en muchos casos, ya no hay "un humano" al inicio de la comunicación y probablemente tampoco uno al final. Eso desbarata las forma tradicionales de manipulación, influencia o como lo queramos llamar.

Imagínese que ya no coge su teléfono y que este contesta solo y filtra sus llamadas, informándole al final del día de lo que pueda serle útil conforme a criterios que puede haber seleccionado y programado o, más allá, haya decidido depositar su confianza absoluta en el teléfono y no volver a contestar usted. Ha clonado su voz con el bot de IA y le deja que se comunique con unas cuantas instrucciones o que este las deduce de su comportamiento virtual y los documentos que guarda en su ordenador.

Entonces es cuando empieza lo de demostrar que uno no es un robot. Mi propia universidad me hace pasar por esta tortura diaria de tener que demostrarle que yo soy yo, no una máquina, lo que quita las ganas de seguir conectado, aunque todo se hace con el presupuesto de que debo estar conectado para todo. Te empujan y luego te frenan.

El aumento de la automatización de muchas áreas las deshumaniza, se convierten en pasto de filtros que debo superar simplemente para acceder a mi correo. Si decido actuar como un humano, es decir, ir a alguna dependencia o servicio, te miran mal o te mandan a tu ordenador a esperar la respuesta. Ellos no están allí para atenderte a ti, ¡qué te has creído!

Parece ser que esto estaba ya anticipado, es decir, la creación de un sistema en el que ya no son los humanos los que lo usan, sino que se ha automatizado y son bots los que se preguntan y se contestan, se informan unos a otros. ¿Saben que el otro es un bot? Probablemente, no. Por eso te piden que confirmes que eres humano, un humano que sabe de escaleras, de motocicletas, de autobuses, etc. Es absurdo porque no debe ser difícil programar bots para que vean escaleras, motos y demás signos burdos de confirmación de humanidad.

A las redes le sumamos el problema de la IA. Todos son problemas que generamos nosotros mismos, los humanos. Sustituimos la "sociedad" por las "redes sociales" y producimos los mayores problemas de "soledad", de "crisis identitarias", elevamos la tasa de suicidio, de acoso sexual, violencia, etc. Sustituimos la "inteligencia" por la Inteligencia Artificial" y tenemos que estar demostrando que no somos robots. Producimos la llamada "Sociedad de la Información" y generamos desinformación masiva. 

Nos desarrollamos a tal velocidad que somos incapaces de ver los problemas que generamos. Cuando nos damos cuenta ya son imparables y nos llevan al caos. El nuevo problema genera nuevos problemas no soluciones.

¡Vaya panorama! 


* Ana Higuera "La IA cambia las reglas de internet: los bots superan por primera vez a las personas en tráfico web" 20minutos/20bits   https://www.20minutos.es/tecnologia/inteligencia-artificial/ia-cambia-reglas-internet-bots-superan-por-primera-vez-personas-trafico-web_6980620_0.html

martes, 30 de diciembre de 2025

¡Que lo diga la IA!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme el uso de la Inteligencia Artificial se va expandiendo se está produciendo un extraño fenómeno, el de sus declaraciones. Convertida en oráculo infalible, la IA es preguntada sobre cosas que son presuntamente de su incumbencia, suponiendo que esto exista realmente.

Los medios han encontrado un interlocutor barato, asequible y capaz de opinar sobre cualquier cosa, lo que en tiempos de recortes y ahorro hace a la AI especialmente atractiva. ¿Llegarán estos programas a ser indispensables en el mundo informativo? ¿Podrán predecir altas y bajas, guerras y paces, premios y derrotas?

En Cloudfare se nos describe así el fenómeno de la llamada "IA predictiva": «La inteligencia artificial (IA) predictiva es la capacidad de un programa informático de utilizar el análisis estadístico para identificar pautas, anticipar comportamientos y prever los acontecimientos futuros.» *

Y se nos da el siguiente ejemplo ilustrativo:

Imagina que Joey es un pescador que necesita saber cómo estará el clima antes de salir en su barco. En los últimos meses, cada vez que Joey ve el cielo rojo por la mañana, ha experimentado una tormenta. Joey empieza a llegar a la conclusión de que cada vez que vea un cielo rojo, debe tomarlo como una advertencia de que se avecina una tormenta. La IA predictiva llega a conclusiones similares, pero al analizar miles de factores (en lugar de solo el color del cielo) y datos de décadas (en lugar de solo de varios meses).

La IA predictiva es solo una de las muchas capacidades que ofrece la IA, que se refiere a un conjunto de habilidades que pueden tener los ordenadores y que imitan la cognición humana.*

Evidentemente hay mucha distancia entre las necesidades sobre el estado del clima de Joey y algunos de los usos que se le están dando a la IA en munchos terrenos. En tiempos tecnológicos hemos vuelto a consultar a los "dioses", en este caso, informáticos. Los medios contribuyen en gran medida a este fenómeno, como ya hemos señalado. La IA no tiene "asesores" que la moderen; ella se lo guisa y se lo come. Llega a predicciones sin algo que no tiene, el sentido común, algo humano y falible, pero que puede ser útil en ocasiones.

En el diario El Mundo podemos leer el siguiente y espectacular titular  "La profecía más controvertida de la IA: en 2027 China le va a robar un secreto clave a EEUU y una superinteligencia detonará una bomba para aniquilarnos"**.

A continuación se nos explica sobre el origen de la predicción: 

Al Futures es una organización sin ánimo de lucro que difunde previsiones de expertos sobre el posible impacto de la IA. Uno de sus augurios plantea para dentro de dos años un escenario aterrador que puede provocar la extinción humana.**

 

Cuando uno se encuentra ante "previsiones" de esta tenor, las posibilidades son creerlas o no. Si las crees, actúas, lo cual es un riesgo de efecto Edipo, de auto cumplimiento, es decir, lo que haces para evitarlo trae la tragedia.

¿Lograremos algún día una IA que conteste a ciertas preguntas "ni lo sé, ni me importa" que sería lo sensato ante este tipo de predicciones? No lo sé, pero hoy por hoy estas predicciones venden, como se puede apreciar en la espectacular presentación del diario de la aterradora "noticia".

¿Tendremos que distinguir no solo entre "hechos" y "opiniones", como se hace habitualmente, sino añadir "predicciones"? Una "predicción" no es un "hecho", pero tampoco una "opinión".

Nuestros medios han encontrado un terreno fácil para incluir estas predicciones, que se presentan cada vez más como un "adelanto" del futuro y una base estable para tomar decisiones. Esto ocurre ya en muchos campos, como por ejemplo el de la elección de estudios. La IA nos advierte de qué estudios podemos escoger y sobre aquellos otros que no tienen futuro.

Hace pocos días leía sobre la inutilidad decretada sobre la Humanidades, el Periodismo y algunas otras carreras más. Los argumentos eran que la IA se ocupa ya de traducir los textos y de redactarlos. Los campos con menos futuro son, ¡no faltaba más! lo que ocupará la IA.

Otra noticia nos habla del uso en el campo del Derecho para predecir las sentencias. Los bufetes meterán los datos y verán tu futuro legal, si ganan o pierden, cuántos años te caen o la cuantía de la multa. Justicia estadística. También anuncian que los abogados y jueces tienen poco futuro. Todo muy simple y ordenado.

De los efectos de la IA sobre las relaciones personales ya se ha hablado, al igual que sus diagnósticos sobre nuestro estado y lo que nos conviene ya sea en la salud o en las relaciones personales. La IA se ha convertido en el "mejor amigo", siempre a tu lado aunque a veces sus consejos dejen mucho que desear y te puedan recomendar el suicidio. Las mentiras piadosas, base de las relaciones humanas en detrimento de la cruda verdad, no entran en los planes de la IA.

Los medios dibujan un mundo deshumanizado alterado por predicciones llamativas. Las que no lo son no cuentan para unos medios que se debaten entre las noticias, las pseudo noticias y el entretenimiento. Pero ese mundo vende inquietud, temor ante el futuro. ¿Estará mi profesión en la lista negra de la IA?

Esto es la última fase (¿quizás la penúltima?) de un mundo tecnológico y pragmático en el que solo somos piezas para garantizar el beneficio de unos pocos. ¿Sobrarán los súper ricos con la IA?

Leo otra noticia n la que se dice que los ciberdelincuentes usan ChatGPT para preparar mejor sus atracos. Como la Policía la usará para tratar de detenerlos, empate técnico. La IA puede asumir la personalidad de nuestro familiar desaparecido y que charlemos con ella como si no hubiera pasado nada.

Son innumerables los campos de aplicación y, por ello, de desaparición de lo humano. Las carreras que nos recomiendan como de éxito seguro son todas ingenierías informáticas, datos, etc., es decir, todo lo relacionado con el sector. Sobra casi todo lo relacionado con la otra inteligencia, la nuestra; sobra todo los relacionado con la cultura (¿a quién le hace falta?) y así todo. Las IA pintan, escriben, actúan, componen...

En 20minutos se nos aportan soluciones. Lo hacen mediante otra historia ejemplar:

Cuando Pablo Gracia tenía veinte años, su pasión por lo audiovisual lo llevó a desvelar los secretos tras las lentes de las cámaras. Había algo exclusivo y seguro en saber trastear con semejante aparato, en un tiempo en que las imágenes se estaban apropiando de la cotidianidad general. ¿Quién hubiera imaginado que, una década después de que Gracia comenzara a ganarse el jornal con la videocámara al hombro como un saco de cemento, los smartphones integrarían la misma tecnología?

El futuro pintaba negro para quien, por entonces, era solo un treintañero con mucha carrera por delante. Fue entonces cuando, iluminado, como poseído por una llamada, Gracia decidió dar un viraje y dedicarse al periodismo escrito: "¿Cómo va una máquina a escribir texto y hacer tareas de comunicación como un humano?, pensé". Hoy, de nuevo, diez años más tarde y tras una buena racha como freelance, Pablo Gracia ha vuelto a dar un nuevo volantazo a su vida. La Inteligencia Artificial ha deshecho su vieja premonición laboral. Y un nuevo e inesperado destino lo aguarda entre tuberías y bajo fregaderos.

Gracia insiste, sin embargo, en matizar el diagnóstico. No le gusta decir que la Inteligencia Artificial le ha quitado el trabajo. "No sería completamente real", afirma. Lo que sí empezó a percibir con claridad fue una reducción progresiva del mercado, algo que se hizo evidente cuando algunos clientes comenzaron a enviarle las notas de prensa ya redactadas con herramientas de IA. "El mercado se está reduciendo drásticamente, tal y como lo estoy viendo", explica. "Así que decidí ir justo al otro extremo y meterme en un sector donde la IA, de momento, lo tiene difícil para entrar. Me apunté a un FP superior de Mantenimiento de Instalaciones Térmicas y de Fluidos, básicamente fontanería y refrigeración".***


¡Historia profundamente ejemplar, casi una fábula moderna, con moraleja y todo! Los avances tecnológicos se comen los logros, que duran poco. ¡Profesión hoy, hobby mañana! ¿Llegará la IA hasta la fontanería? Será cuestión de ponerse.

La máquina se impone e impone su ley. Los peores temores de la Ciencia-Ficción se han superado y solo, por ahora, nos queda la fontanería. Habrá que ir buscando alternativas, algo en lo que seamos insustituibles. ¿Existe algo así?

Los medios comienzan a verle las orejas al lobo. Tanto interés por la IA, no puede ser bueno si contribuye a su expansión y se los lleva por delante. Historias como las de Pablo dejan en evidencia historias como las de Joey el pescador.

Está bien hablar de predicciones de crisis y despidos, hasta que te toca. Cuanto más se predice el futuro, menos futuro nos queda. Cuantas más decisiones se toman por las predicciones de la IA, más se nos escapa un futuro que ya casi no es nuestro, sino cosa de la IA. Lo malo es asimilarlo, creer que el mundo debe ser así porque es más barato y cómodo para algunos. No se trata de estar en contra del progreso, pero hay que tener cuidado con lo que se llama "progreso" y va dejando fuera a la gente.

Hoy los medios nos presentan todo tipo de augurios. Están los que hace la IA y los que nosotros hacemos sobre la propia IA y sus efectos. Casi nunca son buenos. ¿Se crearán movimientos "luditas", anti tecnológicos, como los que se crearon contra las máquinas con la llegada de la Revolución Industrial? Esto va más allá.

 Entre el apocalipsis y la fontanería se encuentra el futuro de la Humanidad. 

 

* "¿Qué es la IA predictiva?" Cloudfare https://www.cloudflare.com/es-es/learning/ai/what-is-predictive-ai/

** "La profecía más controvertida de la IA: en 2027 China le va a robar un secreto clave a EEUU y una superinteligencia detonará una bomba para aniquilarnos" El Mundo 18/07/2025 https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/07/18/687126d2fdddff06258b45a4.html

*** Galo Abrain "La IA te hará millonario si te dedicas a la fontanería: "No tenía experiencia y llevo un año que no paro"" 20minutos  25/12/2025 https://www.20minutos.es/nacional/ia-te-hara-millonario-si-te-dedicas-fontaneria-no-tenia-experiencia-llevo-un-ano-que-no-paro_6912940_0.html

lunes, 15 de mayo de 2023

Los efectos de la IA

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El problema de la aplicación y consecuencias de la Inteligencia Artificial se hace cada vez más presente en los medios. Probablemente tenga que ver con la preocupación de los propios medios y de sus profesionales por la aplicación en su propio campo. ¿Cómo quedará configurado un campo en el que la producción de noticias (contenidos) es posible en manos de la IA, capaz de seleccionar y redactar, de dar forma a las noticias, que es capaz de configurar "noticias a la carta" para cada lector? Muchos ya ven la situación complicada, solo con dos puntos claros: el que recoge la noticia inicial y el lector al que llega mediante procesos que pueden ser configurados de múltiples maneras con una gradual y variable tendencia a la automatización de los procesos.

Es obvio que alguien tiene que establecer el inicio, el punto de partida. Esto no quiere decir que ese punto primero quede en manos de los periodistas. Su tarea ha ido siendo sustituida por los productores de información, las entidades que disponen ya de una fuente propia con la que dar salida a los comunicados.

No necesariamente el comienzo está en los medios. Pero las consecuencias de esto sí son previsibles: un aumento de la información sesgada y de la desinformación. Es obvio que quien pone información sobre el tablero lo hace buscando un beneficio, que puede ser la propia promoción o la puesta en marcha de desinformación que perjudique a terceros beneficiándole a ellos.

Los ejemplos más claros los estamos viendo ya. Una parte de la información que los medios nos ofrecen ya en sus páginas está elaborada por bancos, empresas, etc. que tratan de ponderar la importancia de la IA en sus campos. Las propias empresas de IA son las primeras interesadas en hacerlo, como es lógico. En estos tiempos en que muchas voces lo hacen críticamente, el propio sector pone en circulación informaciones sobre sus beneficios. Casi siempre se apela a los efectos sobre la salud, un campo en el que siempre se investiga con "generosidad" por el bien de todos. Otras veces se nos cuenta sobre la creación de nuevos puestos de trabajo en el sector, sin contarnos, claro, los que puedan ser destruidos.

En la BBC, Kate Morgan firma el artículo titulado "The jobs AI won't take yet". En su comienzo se señala: «Amid the talk of artificial intelligence replacing workers, experts say there are some jobs computers aren’t taking – at least for a while.»* No son muchas las esperanzas dadas con ese "yet", que viene a indicar que no falta mucho para ese desembarco final que se espera en los diferentes sectores.

Hay diversos campos en los que se señala que hay "resistencia" por su propia naturaleza. Consultados los "expertos" —los oráculos de hoy—, concretamente a Martin Ford, autor de libros Rule of the Robots: How Artificial Intelligence Will Transform Everything, este identifica estos tres; 

“I think there are generally three categories that are going to be relatively insulated in the foreseeable future,” says Ford. “The first would be jobs that are genuinely creative: you’re not doing formulaic work or just rearranging things, but you're genuinely coming up with new ideas and building something new.”

[...]

The second insulated category, he continues, is jobs that require sophisticated interpersonal relationships. He points to nurses, business consultants and investigative journalists. These are jobs, he says, “where you need a very deep understanding of people. I think it’ll be a long time before AI has the ability to interact in the kinds of ways that really build relationships”.

The third safe zone, says Ford, “are jobs that really require lots of mobility and dexterity and problem-solving ability in unpredictable environments”. Many trade jobs – think electricians, plumbers, welders and the like – fall under this umbrella. “These are the kinds of jobs where you're dealing with a new situation all the time,” he adds. “They are probably the hardest of anything to automate. In order to automate jobs like this, you would need a science fiction robot. You’d need Star Wars’s C-3PO.”* 

En resumen: a) lo genuinamente creativo; b) aquello que requiera de interacción humana sofisticada; y c) la resolución de problemas muy específicos in situ. Las preguntas son: a) hasta dónde llegará la necesidad de creatividad (el que quiera que la pague); b) si se hará una unidad especial de trato humano (el que lo quiera que lo pague); y c) cuánto tiempo puede esperar mi problema. De estos tres casos, el más resistente es el tercero. ¿Se va a desplazar la IA a mi casa a resolver un problema de un grifo, de una gotera, etc.?

Lo de la creatividad es relativo; no hablemos ya de la interacción humana. Le darán a elegir entre ser atendido por una máquina humanizada o por un humano artificiosamente amable. Pagará la diferencia, por supuesto.

En el diario El mundo tenemos varios artículos: "Llega la 'ciborgdocencia' o robots capaces de enseñar a leer y escribir a los alumnos con inteligencia artificial", que se introduce señalando "Profesores explican cómo usan la inteligencia artificial en sus clases y piden regulación para evitar el mal uso". En otro reportaje (esta vez pagado) se nos habla de un sistema de monitoreo con GPS para el ganado. El ganadero o pastor puede controlar desde la distancia las constantes y movimientos de las reses. Una buena aplicación.

Es indudable que todos los sectores se van a ver afectados por las automatizaciones y los controles de la IA, de la docencia a la ganadería pasando por todo tipo de actividades. La cuestión es: ¿justifica el abaratamiento todo? Indudablemente, desde una perspectiva de la empresa, se contestará que sí. Pero esto es algo más, es un cambio de modelo de sociedad con consecuencias imprevisibles (o quizá lo contrario).

En un país de camareros donde los jóvenes ya no quieren serlo por la explotación y la ausencia de promoción que supone, habría que empezar a pensar en las consecuencias. Pero las consecuencias no suelen tener mucho espacio mediático, mientras que sí hay abundante apoyo económico para promocionar la automatización creciente de los sectores.

Desarrollar una sociedad a enorme velocidad sin tener en cuenta los efectos sociales de las transformaciones es, en el mejor de los casos, irresponsable. ¿Pero quién define la responsabilidad social? Este ritmo de limitar el empleo y redirigirlo en una pequeña parte al sector innovador y una mayoría a sectores como la fontanería y ocupaciones similares, a la hostelería y poco más es un serio reto. Digo "reto" porque mantengo la esperanza en que alguien, en alguna parte, esté pensando en cómo se puede realizar el cambio afectando al menor número posible de personas, algo difícil y que requiere personas del caso primero, la creatividad. Y va a hacer falta mucha creatividad para frenar lo que viene.

Hablamos de la IA, pero parece que renunciamos a nuestra inteligencia histórica, por llamarla así, y no calculamos los efectos de los cambios que provocamos con la esperanza de que no nos afecten. Pero nos afectan. Cuanto antes nos demos cuenta, mejor.

La Inteligencia Artificial es uno de los grandes logros humanos. El problema, como en cualquier otro sector, es cómo afecta a nuestro entorno, actividades y relaciones. En un momento crítico, debido a las crisis energéticas y al cambio climático, la entrada de un elemento tan poderoso y a tal velocidad de desarrollo, puede provocar efectos masivos que sea difícil detener o evitar sus consecuencias.

* Kate Morgan "The jobs AI won't take yet" BBC 8/05/2023 https://www.bbc.com/worklife/article/20230507-the-jobs-ai-wont-take-yet

jueves, 22 de noviembre de 2018

El algoritmo despedidor o detrás de la cortina

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La entrevista con la doctora en Matemáticas por la Universidad de Harvard y autora del libro "Armas de destrucción matemática", Cathy O'Neil, pone en evidencia varios aspectos, entre ellos que los informadores todavía tienen que distinguir entre el dedo y la luna. La eficacia de los mensajes queda atenuada si no se determinan con claridad por parte de los mediadores cuál es su sentido. Entre el absurdo “Las matemáticas agravan muchos de los problemas del mundo” que se luce en la página principal del diario digital y el que nos encontramos en el interior, “Los privilegiados son analizados por personas; las masas, por máquinas” es enorme, pues el primero ha salido de la chistera mágica de la incomprensión, mientras que el segundo directamente de las palabras de la entrevistada, que sabe de lo que habla. Pese a ello, a las palabras de O'Neil se les crea un contexto interpretativo al ir seguida de un segundo intento de responsabilizar a los procesos y no a las personas: "La doctora en Matemáticas por la Universidad de Harvard lucha para concienciar sobre cómo el 'big data' "aumenta" la desigualdad". En realidad, lo que hace O'Neil es responsabilizar a aquellos que crean unas condiciones selectivas en un sentido u otro. Por usar un símil, sería como encerrar en las cárceles a las pistolas y no a quienes las disparan.


El problema se repite cuando se trata de procesos nuevos o al menos "nuevos" para quien tiene que contarlos a los demás. Es ese conocimiento el que permite dirigir las preguntas adecuadas a las personas que pueden responderlas y de seguir el hilo de la argumentación que lleve a otras nuevas; es el que permite aclarar a los lectores, haciendo que queden bien informados, los aspectos más complejos de lo desarrollado.
No son en sí las matemáticas las responsables, como señala O'Neil, sino los "algoritmos", pero entendidos como una concreción que refleja un punto de vista humano, un interés, que es el cuestionable y el que busca ampararse en el disfraz de la precisión matemática. La Matemática se convierte así en un "ficción" que aparenta ser una "verdad indiscutible", algo incuestionable, cuando resulta ser "humana, demasiado humana". Hemos pasado de convertir los discursos dogmáticos en "verdades" que mandan a la gente a la hoguera o al paredón a usar los discursos matemáticos como formas de mandar al paro. Si los primeros se amparaban en la autoridad divina o imperial, los actuales tratan de fundamentarse en la "autoridad" de las Matemáticas, pero siempre está el ser humano escondido detrás de la cortina, como el Mago de Oz. Por eso Cathy O'Neil distingue entre las Matemáticas y los algoritmos, que son los "usos" para determinados "fines" de la matemáticas.


A lo largo de la entrevista se resalta, sobre todo, el uso de los algoritmos como excusa para tapar lo que son decisiones humanas ya sean consciente o el reflejo de prejuicios inconscientes que se acaban trasladando a los procedimientos que los algoritmos realizan. Un algoritmo es una secuencia ordenada de decisiones que se van tomando conforme a unas entradas determinadas de datos. Qué se tome en cuenta lo decide alguien. Si decido que se tenga en cuenta el color de la piel, será "racista". La cuestión es que el "color de la piel", a su vez se puede reflejar a través de muchos datos que indirectamente nos lleven al mismo resultado selectivo, por lo que el algoritmo parecerá "objetivo". Hemos hablado de estas cuestiones cuando comentamos el caso del algoritmo de selección de personal desarrollado para Amazon, que resultó "sexista" porque los datos de los que había "aprendido" partían ya de una realidad sexista que era lo que se trataba de evitar. Amazon dio de baja su algoritmo. Pensaban que automatizando el proceso de selección de personal este quedaría libre de prejuicios y lo ocurrido fue precisamente lo contrario, lo reflejaba.


Es de lo que se queja Cathy O'Neil, no de las matemáticas. Hay un momento en el que la mesurada O'Neil pierde algo de su paciencia ante una pregunta:

P. ¿Cree que falta más formación en matemáticas para ser conscientes de esa manipulación?
R. Eso es ridículo. La gente tiene que entender que es un problema de control político. Hay que ignorar la parte matemática y exigir derechos. No necesitas formación matemática para comprender qué es injusto. Un algoritmo es el resultado de un proceso de toma de decisiones. Si te despiden porque así lo ha determinado un algoritmo, tienes que exigir una explicación. Eso es lo que tiene que cambiar.*


No puede estar más claro. Pero parece que no es fácil que la gente entienda que las matemáticas son un lenguaje, una herramienta y que la culpa no es de la gramática cuando alguien te insulta, por ejemplo. Es precisamente la creencia en que son las Matemáticas las que deciden, lo que sirve como ocultación. No se trata del algoritmo —que haya que entender de matemáticas— sino de lo que se busca con ellos, de la injusticia que se esconde detrás. Y eso, como señala, lo entiende todo el mundo. Si te despiden injustamente, da igual que lo haga un empleado o una máquina.

Cuando cuestionas muchas decisiones que consideras equivocadas, la contestación que recibes es que es "el protocolo". Este, como el algoritmo, crea una barrera defensiva a la crítica y esconde que tanto uno como otro son el resultado de decisiones humanas y que, por lo tanto, no son inmunes al error o a la injusticia. 
"Algoritmo", "protocolo" son formas de eludir responsabilidades y justificar la aplicación y los resultados. No hace falta saber Matemáticas para entender, por su resultado, que es injusto. Y si lo es, alguien debe dar explicaciones no matemáticas sino del orden que sea, éticas, legales, etc. El algoritmo de Amazon antes citado funcionaba perfectamente desde las Matemáticas, pero era profundamente injusto en sus resultados.
La crítica de Cathy O'Neil es perfectamente razonable y anima a no dejarse amilanar ante la palabra "algoritmo", "matemáticas", "eficiencia" o demás términos que sirven para camuflar las decisiones automatizadas diluyendo la responsabilidad en la abstracción o en el tecnicismo accesible solo al experto.
Cathy O'Neil pone el acento en un punto importante, la incapacidad del algoritmo que juzga de incluir todos los aspectos, limitándose a lo que puede ser "procesado". Nos lleva de nuevo al problema de la "datificación", es decir, de aquello que puede ser convertido en "dato" y tratado por el algoritmo. Esto divide el mundo en dos grandes apartados, la "tratable" y el resto, que al no poderse convertir en dato es ignorada. Los autores tratan de encontrar los datos suficientes como para poder obtener los resultados que esperan, lo que no significa que la decisión sea la más justa, sino que es aquella que se puede obtener por el procedimiento diseñado.
En una de las preguntas se deja clara esta situación:

P. El uso de algoritmos para la contratación se está extendiendo. ¿Cuáles son los perjuicios?
R. La automatización de los procesos de selección está creciendo entre el 10% y el 15% al año. En Estados Unidos, ya se utilizan con el 60% de los trabajadores potenciales. El 72% de los currículums no son analizados por personas. Los algoritmos suelen castigar a los pobres, mientras los ricos reciben un trato más personal. Por ejemplo, un bufete de abogados de renombre o un exclusivo instituto privado se basarán más en recomendaciones y entrevistas personales durante los procesos de selección que una cadena de comida rápida. Los privilegiados son analizados por personas, mientras que las masas, por máquinas.
Si quieres trabajar en un call center o de cajero, tienes que pasar un test de personalidad. Para un puesto en Goldman Sachs tienes una entrevista. Tu humanidad se tiene en cuenta para un buen trabajo. Para un empleo de sueldo bajo, eres simplemente analizado y categorizado. Una máquina te pone etiquetas.*


Y en esas "etiquetas" es donde se concentran los prejuicios que se pueden acabar recreando en la selección.
Esta limitación de la decisión humana en favor de las decisiones automatizadas, las plasmadas en los algoritmos para su aplicación, invaden cada vez más aspectos de la vida pues tiene dos aspectos relevantes: son "baratas" y parecen "objetivas". Esta combinación es irresistible en un mundo con personas cada vez menos responsables. Esto tiene como efecto la sobrevaloración de la decisión y como consecuencia la ampliación de la brecha salarial, ya que la decisión arriesgada se deja en muy pocas manos. Las decisiones automatizadas, en cambio, son baratas ya que los datos lo son cada vez más.
La reciente sentencia de un juzgado español ante una demanda contra una universidad porque un profesor había sido evaluado mediante los "datos" de las publicaciones y no mediante la lectura de las obras que había producido es un caso similar. Por un lado, se realiza una evaluación de su producción sin tener que leerla, basándose en "indicadores" indirectos. Los tribunales dijeron que si se evalúa el trabajo de una persona no valen estos indicadores que evitan tener que tomar la decisión sobre lo que es más difícil de argumentar, la mayor o menor calidad de su trabajo. Se evalúan en su lugar los indicadores medibles, pero no la calidad, que es sustituida por ello. Esto que es ya frecuente en las universidades está deformando la propia constitución del profesorado en la medida en que es ya el resultado de los procesos de selección, mientras que se eliminan a aquellos que no aparecen en esos indicadores. Como los que están dentro del sistema son el resultado del proceso de selección del propio sistema, el problema se agudiza pues el procedimiento se vuelve incuestionable, ya que es el que ha llevado a la cima a aquellos que lo manejan, que pasan a ser los primeros interesados en que se mantengan.


O'Neil cuenta el siguiente caso:

P. En su libro menciona un caso de una profesora en Estados Unidos a la que echaron por decisión de un algoritmo. ¿Cree que se puede medir la calidad humana con un sistema informático?
R. El distrito escolar de Washington empezó a usar el sistema de puntuación Mathematica para identificar a los profesores menos productivos. Se despidió a 205 docentes después de que ese modelo les considerara malos profesores. Ahora mismo no podemos saber si un trabajador es eficiente con datos. El dilema si es o no un buen profesor no se puede resolver con tecnología, es un problema humano. Muchos de esos profesores no pudieron reclamar porque el secretismo sobre cómo funciona el algoritmo les quita ese derecho.  Al esconder los detalles del funcionamiento, resulta más difícil cuestionar la puntuación o protestar.*

Esto es una realidad ya que las únicas reclamaciones que se pueden aceptar son las de los errores de puntuación, es decir, los producidos al elaborar los datos, pero no se cuestiona el sistema mismo, el algoritmo que funciona. De hecho, la creación de sistemas de "acreditación" aseguran que solo podrán acceder a las plazas aquellos que han cumplido y, por tanto, aceptado el sistema. La única salida es quedarse fuera o que te echen, como les pasó a esos 205 profesores que no sabemos si eran "malos" o simplemente seguían otros criterios —puede que hasta mejores— para realizar su trabajo. Sencillamente no hay dónde poner lo que ella hace, que es el primer factor de discriminación o reducción de un algoritmo, que siempre es por definición, finito y concreto, a diferencia de la decisión humana, que puede estar abierta a lo nuevo o lo diferente y valorarlo. La máquina no sabe qué hacer con lo "nuevo", que para ella es inexistente pues no está definido en su proceso; no existe para ella.


El problema se agrava cuando estos procesos se van extendiendo a muchos campos de la vida y el trabajo. Nos cercan con este tipo de limitaciones oscuras que, como señala O'Neil, se convierten en incuestionables porque no las entienden ni los mismos que las manejan, por lo que se tiende a sacralizar sus procesos considerándolos inevitables o infalibles. Nada más lejos de la realidad.
El poseer más datos sobre el comportamiento general está modificando, además, las propias condiciones del trabajo, haciendo retroceder los derechos de las personas. Un derecho solo vale en la medida en que es reconocido por los demás. Si pierdes derechos tu vida cambia y se transforma por los nuevos límites o posibilidades. Esto es esencialmente cierto en una sociedades que llevamos casi tres siglos haciendo girar sobre la producción y el trabajo.
La entrevista se cierra con esta cuestión laboral:

P. ¿En qué otros aspectos están perjudicando los algoritmos los derechos laborales?
R. Hay un fenómeno que se conoce como clopenning (en español, cerrar y abrir al mismo tiempo). Son horarios irregulares que, cada vez, afectan a más empleados con salarios bajos. Esos calendarios son el resultado de la economía de los datos, son algoritmos diseñados para generar eficiencia, que tratan a los trabajadores como meros engranajes. Según datos del Gobierno de Estados Unidos, a dos tercios de los trabajadores del sector servicios y a más del 50% de los dependientes se les informa de su horario laboral con una semana o menos de antelación.
Esta es una de las situaciones extremas que provoca el uso de algoritmos en el ámbito laboral. Hay una ley que estipula que si trabajas al menos 35 horas a la semana, se te deben dar beneficios. Pues hay un algoritmo que se asegura de que ningún empleado haga más de 34 horas. Como no hay ninguna ley que determine que debes trabajar el mismo horario todos los días, el algoritmo no se preocupa de tu vida, y te asigna las horas de trabajo en función de las necesidades de la empresa. Si se prevé un día de lluvia, aumentan las ventas, y cambian los turnos. Hasta el último minuto no deciden. Esas personas no conocen su horario con antelación, no pueden organizar su tiempo libre, estudiar o cuidar de sus hijos. Su calidad de vida se deteriora, y los ordenadores son ciegos a eso. La regulación gubernamental es la única solución.

De nuevo, la culpa no es de las matemáticas o de los algoritmos. Hay que tener cuidado con las operaciones retóricas porque nos alejan del problema y del responsable último. Por eso, la solución no es matemática a este problema, sino la regulación gubernamental, es decir, el hacer explícito el derecho de las personas a tener una vida y no tener esta dependencia absoluta de quienes les emplean. Los ordenadores son ciegos a esto porque no son humanos, pero los humanos responsables se escudan tras los dictámenes del ordenador.


Los que no deben estar ciegos (esto es más un deseo) son los gobiernos, responsables de la vida y calidad de vida de sus ciudadanos. En este sentido, por ejemplo, se ha establecido  recientemente que el hecho de que tengas un teléfono móvil o un correo electrónico accesible desde tu casa no implica que trabajes los fines de semana o que tengas la obligación de estar "disponible" en cualquier momento. La culpa no es del teléfono o del correo electrónico sino de las normas de la propia empresa, que trata de rentabilizar al máximo el sueldo de las personas deshaciendo la idea de "jornada laboral" (que se prolonga) o del "lugar de trabajo" (que se deslocaliza).
Aquí, como bien se señala, entra la calidad del empleo. Solo las personas con empleos más precarios y peor remunerados las que se ven sometidas a peores condiciones de trabajo ante el miedo a perder el empleo. Alguien sacará los resultados de su falta de eficiencia laboral desde algún algoritmo y dirá que es prescindible, sustituyéndolo por alguien más disponible.
La crisis económica ha tenido muchos efectos. Como en toda situación de miedo, hace que se rebaje la defensa de los derechos. También los gobiernos quedan en manos de las empresas cuyas acciones son encaminadas a la reducción de costes y al aumento de la rentabilidad. Los cargos superiores se blindan en sus condiciones económicas y laborales mientras que se desmantelan los derechos laborales de los más débiles, que pasan a ser prescindibles en cualquier momento.
En esto no tienen nada que ver la Matemáticas, solo que han dotado de una herramienta poderosa para poder ejecutar estas y otras prácticas, que no dejan de ser antisociales o injustas. El problema radica en la intención al usar estos automatismos.  Y es ahí donde se producen los "desafíos" a la democracia, a nuestra propia calidad de vida, etc.


El uso que hacemos de las cosas define nuestra intención. Hoy por hoy, existe un poder tecnológico que puede ser usado para mejorar nuestras vidas o para devaluarlas. El problema, una vez más, es la tensión entre los intereses que reducen los derechos de la gente o su aspiración de vivir mejor. La tecnología de datos afecta directamente al control social, permite la ingeniería, el diseño de las reglas para dirigir en un sentido u otro. Todavía las administraciones no han tomado conciencia de lo que esto supone para la vida de las personas, para sus derechos y para el orden social, que pasa a ser conflictivo y tóxico. Si no se ponen límites, el retroceso social se seguirá produciendo. El problema es que esta mentalidad no es ya una cuestión de la empresas frente a los gobiernos, sino que los gobiernos y administraciones han hecho suya aceptando estos criterios surgidos de la datificación y del procesado de la información resultante para la toma de decisiones. Es una herramienta, sí, pero puede ser profundamente injusta y discriminadora, como se ha visto. Corremos el riesgo de un nuevo dogmatismo que nos ate y que justifique cualquier acción amparándose en los datos y en los algoritmos que los procesan.
Ya ocurre en muchos ámbitos y sigue aumentando. Antes tu jefe te despedía a gritos; después le enseñaron a hacerlo entre sonrisas y te decía que "no era personal". Ahora te muestra un informe lleno de números y te dicen, "lo siento, es el algoritmo. Dice que sobras". 




* Entrevista Cathy O'Neil “Los privilegiados son analizados por personas; las masas, por máquinas” El país 21/11/2018 https://elpais.com/elpais/2018/11/12/ciencia/1542018368_035000.html




jueves, 25 de octubre de 2018

La decisión automática y la norma número 9

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los seres humanos tenemos una carga que a veces nos resulta muy pesada: elegir, decidir, tomar decisiones. Referirnos a esta capacidad como una "carga" no implica una valoración negativa; sobre ella se basa nuestra libertad de elegir y nuestra responsabilidad por las decisiones que tomamos en el ejercicio de esa libertad. Cuando no tenemos la posibilidad de elegir, nuestra responsabilidad desaparece diluida en la fatalidad.
Nuevos problemas aparecen cuando transferimos nuestra responsabilidad de decidir a otros, que serán quienes tomen las decisiones. La implantación de mecanismos automatizados para la toma de decisiones transfiere la responsabilidad a las máquinas, que serán las que decidan por nosotros. Pero no excluye nuestra responsabilidad ya que las máquinas aprenden de nosotros lo que deben hacer.
Hace unos días hablábamos aquí del problema del algoritmo diseñado por la empresa Amazon para evitara favoritismos en la selección de personal. Al analizar los resultados, se dieron cuenta que lo que la máquina había aprendido realmente en su proceso de absorción de información eran los "prejuicios" sexistas y que sus elecciones eran "humanas" en el peor sentido de la palabra. El algoritmo fue jubilado porque solo era una automatización del prejuicio.


El diario El País nos trae otro caso —ya lleva tiempo dando que hablar— de lo que ocurre cuando hacemos que las máquinas aprendan de nosotros. Se trata esta vez de la toma de decisiones sobre "a quién atropellar" por parte de los previsiblemente masivos coches de conducción automática. Conducir no es solo ir de un punto a otro y elegir el camino más corto, sino que en el camino te puedes encontrar —como en la vida— imprevistos que debes resolver en fracciones de segundo.

En el experimento de la máquina moral, como la han llamado, han participado ya más de dos millones de personas de 233 países y territorios (aún se puede jugar). Con sus casi 40 millones de dilemas resueltos, se ha convertido en una especie de tratado sobre lo que los humanos creen que es más o menos correcto.
"Vimos que hay tres elementos que las personas tienden a aprobar más", dice el investigador del Media Lab del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y principal autor del estudio, Edmond Awad. Primero, entre salvar a un humano o un animal, el coche siempre debería atropellar a la mascota. La norma, además, primaría salvar al mayor número de personas. Así que si el conductor va solo y va a atropellar a dos peatones, que se estampe contra el muro. La tercera decisión más universal es que la mayoría cree que si un vehículo autónomo tiene que decidir entre chocar contra un niño o contra un anciano, el viejo debe morir para que el joven tenga la oportunidad de envejecer.
Aparte de estas tres decisiones morales que son casi universales, la investigación, publicada en Nature, muestra una preferencia específica según el tipo de personaje: De los que cruzan el paso de cebra, los que merecen más la pena salvar son, por este orden, un bebé a bordo de un carrito, una niña, un niño y una mujer embarazada. En sentido contrario, y dejando a un lado las mascotas, los delincuentes, los ancianos y los sintecho son los humanos más sacrificables.*


Lo que el estudio detecta no es ni bueno ni malo, es lo que hay, el resultado de una consultas a unos cuantos millones de personas que han participado en ese videojuego y han tomado sus decisiones.
El problema se plantea cuando eso puede ser tomado como "programa" de una máquina y se traduce en unas instrucciones sobre cómo debe resolver las situaciones de atropello. La diversidad de las reacciones según los individuos no es la uniformidad de las máquinas. Es decir: lo que los investigadores han detectado son resultados diversos y han mostrado el reparto en la población. Por ejemplo, puede que un 25% de los encuestados considere que atropellar a los "sintecho", si se da el caso, es preferible a atropellar a una mujer embarazada. Eso permite que el "sintecho" pueda jugar con un 75% de posibilidades de no ser elegido para la colisión como forma preferente. Pero si transferimos a la máquina esa decisión para su evaluación estamos convirtiendo un 25/75 en un 100 absoluto. Además surgen preguntas combinadas: una embarazada sin techo es un "embarazada sin techo" o una "sintecho embarazada". La máquina no admite estas ambigüedades. 


¿Cómo detecta una máquina la categoría "sin techo", ha de evaluar ropas, higienes, olores...? Habría que introducir un "modelo" descriptivo de lo que es un "sintecho" que es más bien una evaluación estereotipada, que el jugador aplica desde sus preconcepciones o prejuicios morales (deben ser eliminados). ¿Ocurriría algo parecido a lo sucedido con los "perfiles" para detener inmigrantes en los Estados Unidos? ¿Ocurriría como con el adolescente muerto a tiros en Estados Unidos por ser negro y llevar capucha, que fue lo que le convirtió en víctima de un autoerigido en "vigilante" del barrio? Es el caso de Trayvon Martin, asesinado en Florida y que aquí recogimos, el caso que dio lugar al "movimiento de las capuchas", que fue un intento de luchar con estereotipos.
El peligro que se corre es el mismo de la inteligencia selectiva de personal de Amazon, que demos forma a nuestros estereotipos al convertirlos en "datos" para que la máquina decida a quién debe atropellar en caso de producirse un accidente. Esas decisiones se deben tomar mediante el análisis de los datos y los datos son evaluados conforme a los criterios que introducimos en las máquinas para que lo hagan.


Lo que los resultados del videojuego-encuesta han mostrado es que esas decisiones se toman desde prejuicios, es decir, desde ideas preconcebidas sobre los que significan las personas, su vestimenta, estado, edad, etc.
El estudio muestra algunas cuestiones muy interesantes en este sentido de las preconcepciones:

Gracias a la geolocalización, el estudio pudo determinar el origen de los participantes, detectando marcadas diferencias regionales. Así, aunque las ancianas son las menos salvadas de entre los humanos solo por detrás de los delincuentes, los asiáticos tienden a salvarlas más que los occidentales. En Europa y EE UU hay una predilección sutil pero significativa por las personas de complexión atlética sobre los obesos. En los países del sur, tienden a salvar más a las mujeres sobre los hombres. Y en las naciones más desiguales, un porcentaje mayor de los participantes prefirió salvar al peatón con aspecto de ejecutivo.*


¿Cómo transferir esto a la máquina? Si dejamos que "aprendan" ellas mismas de los resultados humanos, serán solo un compendio de nuestras evaluaciones, por prejuiciosas que estas sean. El valor que le concedemos a la imagen personal, cuerpo y vestimenta, por ejemplo, es revelador. Los occidentales valoramos mas la "juventud" y el buen estado físico, mientras que la tradición del respeto a los ancianos es mayor en Oriente. ¿Es caballerosidad salvar mujeres antes que a hombres? ¿Por qué se puede prescindir universalmente de las ancianas, porque ya no cumplen una función reproductiva o sexual y son desechables? El prejuicio se convierte en acción, el atropello. ¿Cómo se sabe que el que tenemos delante del coche es un "delincuente"? ¿Quién es un "delincuente" atropellable un violador, un estafador, un asesino, un defraudador, un usuario de tarjetas black, un plagiario de tesis? El "delincuente" del video juego lleva un antifaz y una bolsa con dinero en una mano. Es un delincuente de comic, un estereotipo que no vamos a encontrar en la vida cruzando un semáforo. Lo mismo ocurre con los "sintecho", con sus parches en el abrigo. La máquina refuerza nuestros estereotipos.


Los resultados de la geolocalización ¿significan que los coches deberían tener distintas reglas de decisión en cada parte del mundo en función de esos resultados? La finalidad de estos estudios no es la mera curiosidad. Los primeros interesados son las compañías de seguros que quieren asegurarse las espaladas tras las primeros atropellos o accidentes producidos por estos coches que son automáticos pero no son perfectos. Creemos que las máquinas son "perfectas", pero evidentemente no todo depende de ellas. Por muy inteligente que sea el coche no lo es el mundo que le rodea, lleno de imprevistos.
Pero el concepto de imprevisto no significa nada, no existe, para la inteligencia artificial del coche y para su toma de decisiones. Y por muchas vueltas que le demos, siempre se quedarán cosas que no podremos introducir en el sistema. El mundo es complejo e inagotable y los datos son muchos, sí, pero finitos. El mundo no es tampoco uniforme, es culturalmente distinto y no vemos las situaciones de la misma forma; es el resultado de esas cosmovisiones que definen las culturas o paradigmas. Es lo que Edgar Morin llamó el fondo supralógico sobre el que se construye la lógica de nuestras decisiones, que nos parece natural, pero no lo es tanto.
El diario señala:

El único país que ha propuesto ya una guía moral para los vehículos autónomos es Alemania. En el verano de 2017 y a instancias del Ministerio de Transportes, un grupo de ingenieros, profesores de filosofía, expertos en derecho, representantes de los fabricantes, los consumidores y hasta las iglesias elaboraron un código ético con 20 normas. La mayoría no chocan con los resultados de este estudio. Pero sí lo hace su ambición de ser universalmente válidas. Pero hay un choque frontal con la norma ética 9, que dice lo siguiente: "En el caso de situaciones donde el accidente sea inevitable, está estrictamente prohibida cualquier distinción basada en rasgos personales (edad, género, o constitución física o mental).
Uno de los autores de este código es el profesor de Filosofía de la Universidad Técnica de Múnich Christoph Lütge. Para él, la igualdad debería mantenerse. "Tanto por razones legales como éticas, la programación no puede tratar de forma diferente a las personas con rasgos personales distintos. Sé que hay quienes dicen que hay experimentos que muestran que instintivamente favoreceríamos al niño. Pero eso no se puede convertir en una norma para una máquina. La ética no siempre puede seguir los instintos".*


La idea del profesor Lütge sale del país de Emmanuel Kant. La "norma número 9" viene a decir que no se debe decidir el destino de las personas por su forma o apariencia. Eso es una norma ética racional. Sin embargo, todo lo que la máquina puede medir y todo lo que se le ofrece al jugador son "apariencias", es decir, aquello que puede ser evaluado desde la percepción, desde lo sensible. Lo que la máquina aprenderá será a establecer diferencias (sexo, edad, educación, empleo, situación social...) basadas en lo que se percibe. Los sensores de la máquina es lo único que pueden detectar. La norma ética número 9 dice que todos los seres humanos somos valiosos por ser humanos. Los experimentos nos dice, por el contrario, que unos son más importantes que otros, que unos son prescindibles (las ancianas, por ejemplo) que otros. Es una máquina prejuicios porque "prejuicio" es una forma de hablar del "algoritmo" que tomará decisiones. La máquina no juzgará; solo establecerá el cumplimiento de requisitos en función de los datos disponibles y actuará.
La norma número 9 es racional. Lo que hace la máquina es la evaluación de nuestros prejuicios y establece una racionalidad instrumental, la ajusta a unos fines y actúa en función de ellos.


Creamos máquinas y procesos tras los que escondernos. Antes las máquinas nos ayudaban a completar nuestra trabajo y a reducir nuestros esfuerzos. Pero cuando lo que se pretende es sustituir nuestra imperfecta toma de decisiones, los problemas se multiplican, ya que nos damos cuenta de que son "nuestras" decisiones, que de ahí surge nuestra condición humana al aunarse nuestra libertad y responsabilidad. A la vez, comprendemos que esta no es solo personal, sino que se encuentra inmersa en un contexto comunitario, cultural. Somos responsables ante nuestra conciencia, pero también ante los otros que nos juzgan. A veces nos enfrentamos a los otros en nombre de nuestra conciencia, críticamente. Pero aquí de lo que se trata es de sustituirla mediante mecanismos automáticos. Y ni la vida ni la libertad ni la responsabilidad son automatismos, sino procesos profundos que no son fácilmente transferidos sin consecuencias. El filósofo Günther Anders ya trabajó sobre estas cuestiones de nuestras relaciones con las máquinas, sobre la libertad y los subterfugios que buscamos para escondernos tras ellas.
Si este experimento se hubiera realizado en la Alemania nazi de los años treinta, se habría introducido junto a las mujeres embarazadas, delincuentes, niños, sin techo, etc. la figura de otro peatón, el "judío", al que muchos habrían considerado perfectamente prescindible, incluso como una forma de ahorro para el gasto de los campos de concentración o de los gaseados posteriores. A muchos les habría resultado perfectamente natural y hasta un ejercicio de ciudadanía. Lo mismo podría decirse del aumento del racismo o la xenofobia que observamos en muchos países. ¿Atropellar a alguien con turbante o velo antes que a alguien sin ellos? ¿Por qué no? En la Guerra Fría, se introducen los "espías", los "desertores", los "comunistas", etc. El juego es infinito porque valoramos en función de diferencias creadas por prejuicios.
Enseñar a los coches a quién se debe atropellar preferentemente es un peligro, un riego y una cierta perversión moral, por mucho que se haya denominado al juego "la máquina moral". De hecho, la decisión de a quién aprovechar será nada racional y poco natural, ya que nadie nace con el odio o el desprecio. La única regla es la que enfrenta al salvarse uno mismo con el altruismo. Una situación que permite ponerse a pensar a quién es mejor atropellar, no es una situación real, en donde serán fracciones de segundo lo que se tenga para actuar. El mayor valor está en lo que el juego nos enseña de nosotros, de nuestros prejuicios, y lo que nos enseña de aquellos que pretenden empaquetarlos y suministrárselos a las máquinas como si fueran universales.

Cuando haya muchos coches circulando, como forma de precaución, las mujeres podrían salir a las calles con falsas barrigas de embarazadas o comprar muñecos para que parezcan bebés y tener más probabilidades de supervivencia en caso de accidente con coche automático por medio. Habrá que tener cuidado con los disfraces que se eligen para carnavales. ¿Tienen los ciudadanos derecho a saber cuáles son las prioridades de su coche en caso de accidente? ¿Conocerlas les hace corresponsables de lo que ocurra?
Los que no quieren tener la responsabilidad de tener un volante, no por ello dejan de tener oras responsabilidades. Quizá cuando se produzca un accidente, su sentimiento de responsabilidad sea mayor que los que trataron de evitarlo. El coche sin conductor es una aventura entre la seguridad y la libertad, que como bien supo ver Dostoievski, no nos libra de los peligros. Pero cada avance que nos quita responsabilidad no adentra en un camino peligroso. Hay muchos ejemplos de ello.
La portada de la obra "Driverless" no muestra a un despreocupado ser humano disfrutando cómodamente de la lectura de su libro mientras el coche se encarga de llevarle a su destino. Lo malo es que ese mismo coche se puede convertir en "destino" de aquellos a los que pase por encima en el camino según estudiados criterios selectivos. Para ir de un sitio a otro leyendo tranquilamente se inventó hace tiempo el transporte colectivo. Lo queremos todo.


* "¿A quién mataría (como mal menor) un coche autónomo?" El País  25/10/2018 https://elpais.com/elpais/2018/10/24/ciencia/1540367038_964708.html