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domingo, 27 de abril de 2025

El divo azul

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¡Lo ha conseguido de nuevo! ¡Trump ha vuelto a llamar la atención! Esta vez lo hacho con su traje azul en medio del funeral por el Papa Francisco. Melania lo entendió; él no. Se trataba de algo sencillo y fácilmente comprensible. El luto es una señal de respeto y de dolor común, iguala a todos. Pero eso es demasiado pedir para el ego de Donald Trump.

Algunos pensarán que no es importante, pero lo es por lo que significa, por lo que nos dice de lo que vemos y de lo que se puede esperar de él. Trump —aunque no lo entienda— estaba allí en representación del pueblo norteamericano. Biden, por ejemplo, estaba allí a título particular, para mostrar su respeto y cariño al papa fallecido. Trump, en cambio, no. Era el presidente norteamericano, no el representante del dolor de los estadounidenses, al menos de su respeto. Pero es demasiado pedir al que se ve como un destino, como alguien por el que los norteamericanos son bendecidos por Dios. Es él quien prestigia el acto con su presencia.

Pero Trump no es más que el poder y la presunción; no es hijo de la divinidad, sino un mero "divo", el divo azul, aquel que necesita llamar la atención, el más débil de todos, pues necesita de las miradas que otros le dediquen.

Para Donald Trump confundirse entre la multitud es, sencillamente, insoportable, algo inconcebible. Necesita saber que es visto. El improvisado diálogo con Zelenski es el elemento que le sustrae a lo común. No está allí para despedir a un Papa que le dijo "más puentes y menos muros"; está allí para ser visto, para ser enfocado por los medios y convertirse en el objeto de la mirada de los millones que no pueden dejar de mirar.

Donald es el "divo azul". Si todos hubieran ido de azul, el habría ido de negro.

En RTVE.es podemos leer:

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha convertido este sábado en uno de los grandes protagonistas, tanto por sus interlocuciones con el resto de mandatarios, como por su vestimenta. Acompañado por la primera dama, Melania Trump, ha lucido un traje de chaqueta y una corbata azules que, si bien en el interior de la basílica de San Pedro parecían más oscuros, ante el potente sol de la mañana en Roma le han hecho destacar entre el resto de jefes de Estado.

Sentado en primera fila, la vestimenta de Trump contrastaba con la de presidente de Francia, Emmanuel Macron, o del rey Felipe VI, que, ubicados a escasos metros, han optado por el tradicional negro siguiendo las indicaciones trasladadas por la organización del funeral. Según fuentes del Vaticano, en la invitación no se exigía el uso de frac, pero se especificaba el uso de trajes oscuros. Asimismo, se indicaba que el Cuerpo Diplomático podía llevar condecoraciones debido a la singularidad del acto.*


¿Han "optado"? ¿La han elegido ellos? ¿Se han levantado pensando en qué se iban a poner? Para los asistentes, el luto es una señal de respeto, una forma de seguir un protocolo que está por encima de sus "decisiones", no porque no puedan, sino porque no es opcional. Es una forma común de mostrar respeto, algo que no va con Trump.

El calificativo como "no protocolo" de la vestimenta azul de Trump es engañoso y, sobre todo, descuida la consideración de lo que supone. Esto tiene sentido porque nada hace más felices a los medios que esas actitudes divergentes, maleducadas, de Trump, algo de lo que él es perfectamente consciente y usa para atraer a los medios sobre su figura, palabras y acciones.


Trump es el vivo ejemplo de lo que Ignacio Ramonet llamó la victoria de la comunicación sobre la información en su obra La tiranía de la comunicación (1986). Supone que el sujeto se transforma en el objeto de la comunicación, que es él quien busca ser el centro, que puede convertir lo trivial en contenido de lo que los demás repetirán hasta la saciedad transformándolo en una "verdad" comunicativa.

Trump ha convertido el protocolo, lo que debe ser seguido, en algo opcional, cuando es precisamente su función la contraria. Así Trump no solo ha llamado la atención, sino que ha convertido el luto en una "opción". Los demás decidieron seguir el protocolo; él no.

Para cubrir un poco la situación se han mirado otros casos, como el del príncipe Andrés o la ropa de guerra de Zelenski, pero creo que otra la intención y sobre todo el deseo de protagonismo.

Calificar como "no protocolo", como se hace en el titular de RTVE.es, es evitar llamar a las cosas por su nombre: un acto de falta de respeto en una ceremonia protocolaria. Lo mismo que su reunión con Zelenski, que puede ser considerada igualmente una falta de respeto a las circunstancias, al motivo por el que se estaba realmente allí. Pero Trump sabe cómo convertirse en el centro. Simplemente un traje azul. Sencillo.

Daily Mail

* "El 'no protocolo de Trump': ignora las directrices del Vaticano al no llevar traje oscuro en el funeral del papa" RTVE.es 26/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250426/trump-ignora-protocolo-vaticano-traje-oscuro-funeral-papa/16555842.shtml 

jueves, 4 de mayo de 2023

Fotos y votos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La imagen es implacable. Hoy la política se decide con golpes de efecto en los escenarios a los que los políticos actores suben cada día. Ya no hay generales ni estrategias victoriosos, sino un toma y daca entre jefes de protocolo por quién sale en la foto, el asunto crucial.

Todo está en los medios. Sin ellos, todo es como unas cuerdas de guitarra sin la caja de resonancia. Y los medios se prestan, valoran esa participación porque les permite participar, ser parte del proceso de acceso al poder. Una entrevista, una rueda de prensa, un festejo... pueden decidir unas elecciones. Los jefes de comunicación hacen el resto. Si trabajan intensamente durante toda la legislatura, los meses antes de las elecciones suponen un crescendo frenético, de infarto, a la espera del fallo del contrario, que es explotado hasta el aburrimiento. Se trata de no cometer errores, pero la suerte, un imprevisto, una mala idea... pueden echar al traste el trabajo de años.

Se trata del arte de colar lo intrascendente, de eliminar imperfecciones y meteduras, de retocar la realidad del político hasta dejarlo limpio como una patena, bonito como un San Luis, que desees tener un hijo con él o ella, que sean el hijo o la hija que quisiste tener y no el zángano que te ha tocado.

El incidente protocolario del 2 de mayo en Madrid es digno de una película sobre novela cutre de John LeCarré adaptada por Pedro Almodóvar. Los medios lo convierten en algo épico al pie de una escalerilla, una lucha de titanes del protocolo, más duro que San Pedro pidiendo cuentas en las puertas del ese cielo electoral que es una plataforma visible. Es un duelo a muerte en OK Corral pero sin música a lo Morricone ni primeros planos de los ojos a lo Leone. Hay que imaginárselo, claro, porque sin imaginación épica de cine de barrio, todo queda en landismo electoral, la especialidad política española.

El diario El Mundo disfruta contándonos el quién es quién en el incidente del 2 de Mayo, fecha histórica en la que el episodio con los franceses queda reconvertido en lucha política nacional por la foto:

Han tenido que pasar cinco años para que en la celebración del Dos de Mayo -día de la Comunidad de Madrid- se haya registrado un momento de tensión política superior a la de 2018. En aquella ocasión, sólo un mes antes de la moción de censura contra Mariano Rajoy y con Cristina Cifuentes recién dimitida de la Presidencia regional en plena polémica por su máster y tras la difusión del vídeo antiguo robando cremas en un supermercado, las protagonistas fueron Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal y la famosa silla vacía que quedó entre ambas compañeras entonces de Consejo de Ministros, que ni se miraron a la cara.


Esta vez el choque ha sido entre La Moncloa y el Gobierno de la Puerta del Sol, algo que a priori podría resultar menos chocante por tratarse de dos instituciones con dirigentes de distinto signo al frente, pero que ha dejado una imagen de crispación sin precedentes en esta acto de corte institucional: una jefa de protocolo impidiendo físicamente al ministro de la Presidencia, Relación con las Cortes y Memoria Democrática, Félix Bolaños, acceder a la tribuna de las autoridades de máximo nivel para presenciar el desfile cívico-militar de la ceremonia a la que no había sido invitado.*


Los marionetistas jefes —los responsables de protocolo de unos y otros— enzarzados en una bronca, tirando de su señorito uno y defensa numantina de otra impidiendo que a su seño se le cuelen en la fiesta, como en una canción de Mecano.

Es difícil convertir en momento épico algo tan cutre como un ministro intentando saltarse una barrera con la jefa de protocolo diciendo que allí está reservado el derecho de admisión y que nadie sale en la foto que no esté invitado. El ministro Bolaños, con cara de pasmado, se queda fuera ante el terrorífico argumento de que un ministro no tiene posados sin invitación. ¿Qué pasaría si vinieran todos al acto?, se preguntaban en la discusión.

El gesto electoralista de Bolaños, presentarse sin ser invitado, coinciden los comentaristas, le ha salido mal y "ha dado votos a Díaz Ayuso", señalan muchos. Los analistas de estas cosas van más lejos. En el ABC resaltan el problema que Bolaños ha creado a los promocionables, es decir, los candidatos de las próximas elecciones por Madrid:

El choque de trenes dejó atónitos a reconocidos socialistas, algunos de los cuales presenciaron in situ la situación. Más allá de la polémica de fondo, el momento del ministro Félix Bolaños saltándose el cordón de seguridad para incorporarse de rondón a la comitiva oficial que subía hacia la tribuna sorprendió incluso a los propios. No hay más que repasar las imágenes para ver la cara estupefacta de la candidata a la Alcaldía, Reyes Maroto, o la tremenda seriedad en el gesto de Juan Lobato, cabeza de lista para presidir la Comunidad de Madrid. La incomodidad de ambos era evidente.

Pero lo peor fue que el incidente desdibujó del todo su presencia en la celebración del Dos de Mayo. Sus declaraciones previas se perdieron entre la vorágine del incidente protocolario, y ellos literalmente se volvieron invisibles para los medios, algo que no se puede permitir ningún candidato a 25 días de las elecciones. Y lo peor es que no fue por un error propio, sino ajeno.

Francisco Martín critica que impidieran al ministro de Presidencia acceder a la tribuna: «Lo que se vivió en Sol no representa lo que es Madrid»

En el PSOE madrileño no disimulaban su malestar por estos hechos. Insistían en que los protagonistas, en una campaña electoral, tienen que ser los cabezas de lista: «Ni los consejeros áulicos ni los spin doctors» (asesores en comunicación política).**

 

Esta, según parece, la macro oposición por un lado y la micro competencia, por otro. Esta última es la que se establece dentro del propio grupo para salir en la foto. Nos dicen que los más molestos son los candidatos madrileños del PSOE, que ven cómo el protagonismo de Bolaño les puede restar votos al restarles fotos.

Con los problemas que tenemos los españoles tenemos encima, estas cosas siguen pareciendo chiquilladas, pero son finalmente estas las que acaban decidiendo. La teoría de un sector de la prensa es que esto le da votos a Díaz Ayuso porque muchos están deseando ver cómo se les "para los pies" al gobierno de Pedro Sánchez. Es una forma de verlo. Por encima de todas las interpretaciones, que son libres, lo que sí parece evidente a casi todos, es que si funciona el barullo, la beneficiada ha sido la presidenta madrileña.

Esto de la política y la decisión del voto está cada día más raro, más mediático. Nos mueven a decidir quién tiene razón, pero el tercer bando, el de los abochornados, aumenta.


* Marta Belver y Pablo R. Roces "Quién es quién en el asalto a la tribuna del 2-M: de la llamada de 'Chevi' Monleón al placaje de Alejandra Blázquez" El Mundo 4/05/2023 https://www.elmundo.es/espana/2023/05/04/6452a9a0fc6c8353108b4596.html

** "Malestar en el PSOE porque la treta de Bolaños invisibilizó a sus candidatos" ABC 4/05/2023 https://www.abc.es/espana/madrid/malestar-psoe-tras-rifirafe-bolanos-invisibilizo-candidatos-20230504191336-nt.html


jueves, 3 de octubre de 2013

Rajoy, Japón y la pura significatividad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Después de haber asistido el viernes a una preciosa representación de teatro de marionetas japonesas, de Bunraku —los que hayan visto la película de Takeshi Kitano, Dolls, lo recordarán— y enterarme que estamos en algo que llaman el "año dual" —que a mí me suena a cosa de los discos antiguos—  me quedé muy contento. ¡Hace cuatro siglos que tuvimos el primer contacto con Japón y ellos con nosotros!
Pero, cuando pensaba que la emoción común iba a ser verdaderamente común, me encuentro con que Mariano Rajoy va a Japón y lo chafa. Los titulares de los periódicos poseen una extraña concordancia: no se inclinó lo suficiente. ¡Vaya por Dios!
Parece ser que el presidente es inflexible hasta en Japón, país que ha hecho de la flexibilidad un rasgo nacional. Para ser exactos: en España nuestros dirigentes son inflexibles con la flexibilidad, es decir, no perdonan un despido ni un recorte. Eso explica en cierta forma la interpretación que el diario El Mundo hace del apretón de manos —impropio para las delicadas manos imperiales— y de su estiramiento. Dice el diario:

Eso de que Rajoy haya dado la mano al emperador nipón como si estuviera saludando al portero, está no sólo fuera de lugar, sino que puede llevar a los japoneses a considerarlo como una falta absoluta de respeto hacia su jefe de Estado.
Akhito recibe cada año a decenas de mandatarios extranjeros. Y si Rajoy ha llevado los recortes hasta el departamento de Protocolo de Moncloa, le hubiera bastado con mirar en Google las fotos de presidentes y primeros ministros del mundo entero que le han precedido de visita oficial en Japón, para saber cómo tenía que saludar al emperador.*


Hay que reconocer que esto más que una explicación. Como imagen surrealista, en cambio, funciona bien porque nos hace imaginarnos a Mariano Rajoy buscando en Google. Y creo que sí, efectivamente, que el presidente le ha estado dando al buscador porque ¿de qué hablas con un emperador japonés cuando no hablas japonés? Explica el diario tras señalar que el emperador de Japón es la cabeza visible de la dinastía más antigua del mundo que Rajoy "le ha saludado más tieso que el palo de una escoba". De nuevo el juego del contrapunto: la escoba y el emperador. Es el feo más feo desde que Rodríguez Zapatero, que sí se inclinó lo justo ante el emperador —según demuestra la foto recordatoria que El Mundo adjunta— no se levantó ante el paso de la bandera norteamericana. Aquel era un feo ideológico y esto no se sabe si es un lumbago. Aprovecha el diario para hacer un recorrido gráfico para mostrar el grado de inclinación de los distintos mandatarios que han visitado al emperador, en algo que parece un homenaje, más que al emperador, a la Torre de Pisa. ¿El que más se inclina? Pues Barack Obama, el más atlético, el más en forma.


El Mundo insiste en el surrealismo de la situación al titular la noticia "Rajoy no se inclina, se columpia ante el emperador Akihito de Japón", con lo que logra dotar de un sentido juvenil y retozón a la imagen del presidente. Más que un reencuentro de cuatro siglos parece querer reflejar el de unos compañeros de guardería para recordar viejos tiempos.
En cambio, el titular de El País nos desplaza a un nuevo escenario y reza así: "Rajoy presume ante inversores japoneses de las bajadas de sueldos en España".

El presidente explicó al emperador que en España no hay ningún temor a la situación en Fukushima, como prueba que él vaya a ser el primer dirigente occidental que visite la ciudad. Rajoy, amante del fútbol, trasladó al emperador la anécdota de que un conocido árbitro de primera división, Japón Sevilla, lleva ese apellido como descendiente de la primera colonia de japoneses que se instaló en España en 1614 después del primer contacto diplomático entre ambos países, que precisamente se conmemora ahora.**


Esto echa un tufillo a Wikipedia que tira para atrás. Yo no me imagino a Tom Cruise —El último samurái— hablándole al emperador de Japón de un árbitro de fútbol, descendiente de algún enviado de sus ancestros. A mí, si me preguntan por "Japón Sevilla", digo que sería una línea de Iberia para la Expo, o algo así. Sabemos por qué su padre se llama "Japón", pero nos quedamos con las dudas de por qué se llama también "Sevilla". ¿Quién le iba a decir al árbitro que, además de las cosas que habrá tenido que aguantar por esos campos de Dios por el simple hecho de vestir de negro sobre un césped verde, el presidente Rajoy iba a soltarle su historia al emperador de Japón? Me imagino que gracia-gracia le habrá hecho poca.

Sin embargo, siguiendo la senda de Fraga en Palomares, el presidente resaltó nuestra tradicional falta de temor a las radiaciones. El emperador, que es un hombre sencillo nacido en un mundo complicado, habrá valorado que lo del protocolo no lo entiende todo el mundo, pero que lo de la radiación sí. Y habrá pensado que los españoles somos así, parcos con el protocolo pero generosos con la contaminación. Lo uno por lo otro. La verdad es que yo en las fotos veo a ambos relajados. A quien sí veo muy preocupado, en cambio, es al traductor, pero me imagino que estaba pensando en lo del árbitro "Japón Sevilla" y las consecuencia que ello tendría en su carrera como traductor imperial. Ahí estaba el centro de la noticia, el foco informativo, el documental de la BBC, el reportaje de Telemadrid, etc. Pero nadie se ocupa ya de la gente sencilla.
El titular sobre presumir de bajadas de sueldo que El País ha resaltado lleva añadido la reacción del líder de la oposición socialista quien, abandonado en suelo patrio, avisa del regreso: «Rubalcaba: "Que venga y cuente lo mismo"», ha dicho desafiante. Está fatal de eso de presumir de bajar el sueldo, especialmente por el extranjero. Pero sí no se ve inconveniente en hablar de fútbol con un emperador, los protocolos de los inversores —que son de otro tipo— impiden hablar de "buenos sueldos". De la delicadez imperial a la brutalidad económica, que no admite muchas florituras. Por el camino que llevamos, habrá que presumir de buen sol y sueldos bajos, que es lo que el mundo espera de nosotros. Triste pero cierto. Por eso los políticos han desarrollado muchos eufemismos —ajustes, recortes, techos...— para encubrir esta fea realidad de un mundo carroñero en donde despedir a media plantilla es "saludado" por los inversores y bajar los sueldos recibe homenajes y aplausos. Son los gestos protocolarios de la jungla, el ritual de los tiburones, el caníbal mirando las calorías.


El Economista —que debería entender estas cosas porque las practica todos los días—, sin embargo se suma al surrealismo informativo y va más lejos y, arremetiendo contra todas las normas periodísticas, comienza su texto con una definición del Diccionario de la Real Academia:

'Reverencia': 1. Respeto o veneración que tiene alguien a otra persona. // 2. Inclinación del cuerpo en señal de respeto o veneración. // 3. Tratamiento que se da a los religiosos condecorados o de cierta dignidad. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha olvidado que hoy era día de reverenciar y se ha saltado la norma que marca la necesidad de inclinarse ante el emperador Akihito de Japón.
Ha ocurrido durante la recepción en el Palacio Imperial de Tokio. Rajoy no se ha humillado ante Akihito como manda el protocolo y ha saludado al nipón con un 'occidental' apretón de manos.***


Como no entiendo japonés, no entro a ver las reacciones de los medios de allí por si hay noticias sobre la movilización del Ejército japonés, del despertar del nacionalismo belicista o una oleada de suicidios rituales frente al palacio imperial para lavar la ofensa. Pero, no, no me encuentro nada así. No hay señales de Mariano Rajoy. Nadie grita ¡banzái! ni cosas por el estilo. Repaso The Japan Times y no encuentro nada. Corrijo: hay un enlace que habla de la visita pero no lleva a ninguna parte. ¿Han borrado al presidente del mapa? Hay 22 noticias sobre Mariano Rajoy, pero antiguas, hablando de Bárcenas y sus papeles la última. Paso al Japan Today y, no, tampoco encuentro rastro de la visita.


Sigo repasando la prensa internacional que despacha, como Reuters, la visita con una simple foto. Nadie dice nada del saludo, aquí cuestión nacional. A nadie le importa si Mariano Rajoy se inclina o hace el pino. ¿Es esto posible? Repaso y repaso y repaso... Lo más que encuentro es una noticia en Japan Today que habla de los malos modos de los que van a hacer jogging en la proximidades del Palacio imperial, que se llevan por delante a la gente mayor que pasea y no se disculpan... ¿Serán Rajoy y su séquito?, me pregunto ante tanto ignorar. Algunos dan la visita de Mariano Rajoy solo con la foto del Emperador, que es quien realmente preocupa a los japoneses.


¿Será posible —me vuelvo a preguntar perplejo— que a los japoneses les traiga el asunto al pairo y que seamos solo nosotros, los medios españoles —los del país del tuteo, del "¿qué pasa, tío?" y del "¡hola!, ¿qué tal?"—, los que vayamos con las normas de protocolo imperial por delante, que no pasemos una? ¿Son tan educaditos los japoneses como para mirar para otro lado y seguir con una sonrisa impertérrita un error de protocolo —hoy por ti, mañana por mí— elevado al rango de tsunami, frente a nuestro rasgado de vestiduras y que, con tanto republicano suelto, nos hayamos vuelto imperiales? ¿Por fin respetamos algo? Pues no lo tengo yo muy claro... ¿Hemos pasado de la iconoclastia maleducada al protocolo imperial, que ya es rizar el rizo?


Hay varias explicaciones. la más sencilla dice que se recurre a lo que sea para meter el dedo en el ojo. Es sencilla y funcional. ¡Presidente, te pillamos! Y mientras nosotros elevamos el incidente protocolario al rango de Pearl Harbour, los japoneses pasan olímpicamente, sobre todo ahora que tienen ya los Juegos en Tokyo. Es una especie de tú no te libras ni en Japón. 
El titular del diario El Mundo —"Rajoy no se inclina, se columpia ante el emperador Akihito de Japón"—, hay que reconocerlo, es muy extraño. ¡Extrañísimo! Y mucho me temo que hará pasar a nuestro presidente de forma muy negativa a la Historia de los visitantes del imperio. El Emperador habrá dejado instrucciones en su testamento para que no se celebren los próximos cuatro siglos "duales", y que si se hace algo se haga por videoconferencia y con retardo por si hay que cortar algo. Aquí unas muñeiras, allí algo de judo y ya está.


La otra explicación que he encontrado para estas extrañas formas de titular es que alguien, para animarle, le dijo a Mariano Rajoy: "¡Presidente, tú inflexible!" y, ante la duda de si se refería al saludo o a los recortes y bajadas de los sueldos, decidió tirar por la calle de en medio y quedarse tieso como un palo en la recepción y presumir después de minisueldos con los "inversores", incluso de "sueldos virtuales", que son las "nuevas tecnologías" de la remuneración. No tengo yo muy claro si la reunión ha sido para que los japoneses inviertan en España o para que las empresas españolas intente trabajar en Tokyo con lo que necesiten para esa Olimpiada que se nos escapó —otra hipótesis seriamente fundamentada, casi de rigor científico— por el inglés de nuestros representantes.
No digo esto último por simple anécdota o ironía. La traicionera barra de direcciones de mi navegador me revela que el titular de la noticia de El Economista originariamente fue este: "Rajoy-se-estrena-en-japones-Domo-arigato-gozaimachita-Muchas-gracias.html". Muy ilustrativo. Estamos haciendo un periodismo extraño, casi de crucifixión —unos días con unos, otros con otros— y chascarrillo —todos los días—. Alguien sensatamente lo cambió por un relativamente más comedido: "Rajoy, descortés ante el emperador de Japón al no saludarle con una reverencia". Si ser presidente del gobierno es duro en España, no lo es menos ser lector de periódicos.
Luego nos quejamos del "collar de Merkel" o del "bolso de Bruni". Con la que tienen allí con Fukushima y con la que tenemos aquí (escoja lo que más le interese o enfade), la cuestión de la inclinación protocolaria —o del tamaño de la flor en la solapa, que esa es otra— no deja de ser la cagadita de una efímera mariposa sobre la piedra más pequeña del monte Fuji en el día más corto del invierno. Sin embargo, aquí se ha convertido en un "efecto mariposa": un pequeño aleteo allí, una conmoción nacional en España, país protocolario por excelencia. El país de la quema de banderas, de las pitados al himno, el país de las mil banderas, de los insultos a ministros y zarandeos a diputados, del hoy me he levantado republicano, mira por dónde, se escandaliza por unos pocos grados de inclinación de la columna vertebral.
El emperador será bajito, pero es grande en otro sentido. Nosotros, en cambio, somos pequeños pero gritones. Aquí no le decimos al emperador —al del cuento— que va desnudo, sino que especulamos directamente sobre el tamaño de sus atributos.


Me gustaría terminar este ensayo perplejo en el que hemos pasado revista al protocolo de los emperadores, al diccionario de la Real Academia, a los árbitros de fútbol, a los corredores de los jardines del Palacio, a los titulares españoles y japoneses, etc. con las palabras de un señor que se enamoró de Japón, Roland Barthes, porque veía en él la concreción material de sus teorías semiológicas. Escribió un precioso librito que llamó El imperio de los signos, donde establecía que en Japón todo se convierte en ritual y que el ritual no es más que otra forma de escritura.

Contaba así su experiencia de sumergirse en un espacio del cual se desconoce absolutamente la lengua que te envuelve:

La masa susurrante de una lengua desconocida constituye una protección deliciosa, envuelve al extranjero (por poco que el país no les sea hostil) con una película sonora que detiene en sus oídos todas las alienaciones de la lengua materna; el origen, regional y social de quien la habla, su grado de cultura, de inteligencia, de gusto,, la imagen mediante la cual él se constituye como persona y pide reconocimiento. Por esto, ¡que descanso en el extranjero! Allí estoy protegido contra la estupidez, la vulgaridad, la vanidad, la mundanidad, la normalidad. la lengua desconocida, de la que no obstante aprehendo la respiración, la corriente aérea emotiva, en una palabra, la pura significatividad, conforma en torno mío, a medida que me desplazo, un ligero vértigo, me arrastra en su vacío artificial, que solo se cumple para mí: me mantengo en el intersticio, desembarazado de todo sentido pleno. (p. 17)

Bonita forma de expresar que no entender es un placer que nos priva de sufrir la estupidez de lo que comprendemos. Si te gusta un país, no aprendas su idioma, porque acabarás descubriendo que hay tantos tontos como en el tuyo. ¡Quién pudiera quedarse en el intersticio, en ese limbo en el que las palabras son solo sonido, música celestial!



* "Rajoy no se inclina, se columpia ante el emperador Akihito de Japón" El Mundo 02/10/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/10/02/espana/1380722878.html
** "Rajoy presume ante inversores japoneses de las bajadas de sueldos en España" El País 02/10/2013 http://politica.elpais.com/politica/2013/10/02/actualidad/1380735100_491428.html
*** "Rajoy, descortés ante el emperador de Japón al no saludarle con una reverencia" El Economista 02/10/2013 http://ecodiario.eleconomista.es/politica/noticias/5191689/10/13/Rajoy-se-estrena-en-japones-Domo-arigato-gozaimachita-Muchas-gracias.html

**** Barthes, Roland (1991). El imperio de los signos. Mondadori, Barcelona.