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martes, 8 de septiembre de 2026

El batacazo educativo

 Joaquín Mª Aguirre


Incendios, broncas políticas, invasiones fronterizas, desastres meteorológicos, mundiales de fútbol... Tras un verano español de noticias que nos llenan de inquietudes y de alguna alegría, leo hoy algo muy preocupante, algo que pasará desapercibido para muchos y quedará oculto y olvidado tras la Champions y los resultados de La Liga y otros deportes. El artículo lo firma Elena Omedes en 20minutos y su titular "España consolida su declive en PISA en ciencia, lectura y matemáticas y supera la media en uso de la IA para los deberes"* No sé si "consolidar" es el verbo más adecuado para dar cuenta de lo que supone lo que se nos dice, pero es el usado en este caso.

Muchos españoles desconocen lo que es el "Informe PISA", del que se nos dan los datos últimos:

España consolida su declive educativo en los resultados del informe PISA 2025 de la OCDE, que en la última edición evidencia una caída en el rendimiento de los alumnos de 3º y 4º de la ESO, tanto en ciencias como en lectura y matemáticas. En las tres competencias los estudiantes registran un descenso significativo respecto a la última edición, de 2022, y mantienen el retroceso académico que se viene observando en la última década. Un descenso generalizado que, además, sitúa a los alumnos españoles por debajo de la media europea y de la OCDE, a una distancia incluso mayor que la que se registró en años anteriores. Asimismo, el informe de este año incluye datos sobre el uso de las tecnologías y evidencia que los estudiantes de España recurren a la inteligencia artificial (IA) para sus tareas escolares por encima de la media del resto de países analizados. 

En esta novena edición, la investigación se ha centrado de forma prioritaria en las competencias científicas, un área en la que España muestra "una evolución irregular" y "un descenso global más acusado que el del promedio de la OCDE", hasta situarse "significativamente" por debajo. Concretamente, los alumnos de 15 y 16 años —el 77% de los 30.000 examinados eran de 4º de la ESO— obtuvieron una puntuación media de 477, ocho menos que en 2022 y siete por debajo de la media de los países de la OCDE (y cuatro menos que la UE). 

Se ha producido, además, una pérdida de la excelencia en los últimos años: entre 2015 y 2025, el porcentaje de alumnado situado en los niveles más altos de rendimiento (5 y 6) ha caído aproximadamente 0,75 puntos, hasta situarse en torno al 20%. Por el contrario, más de la mitad del alumnado español se concentra en los niveles de rendimiento más bajos, aunque el porcentaje de estudiantes que no alcanza el nivel mínimo de competencia científica es inferior a la media de la OCDE y de la UE.* 

¿Somos conscientes de lo que esto significa, lo que implica para nuestro futuro como sociedad? Supongo que eso le importa a muy pocos. Hace unos días comentábamos aquí sobre el premio concedido a Isabel Coixet por el gremio de editores de Madrid. La felicitábamos y agradecíamos su labor promotora de la lectura. Coixet iba más allá de las ventas de libros y expresaba su amor por la lectura, que no es "perder el tiempo" como algunos llevaban décadas pregonando o simplemente con la indiferencia.

Lo que estamos pagando es un problema de desprecio hacia la educación y el apoyo a un supuesto pragmatismo centrado en esas frases populares, como la de lo que puede dar "Salamanca" y no da "Natura", lo de que "el que vale, vale..." y otras similares.

No hay cultura del esfuerzo ni sentido de la formación personal, ni mucho menos de una cultura social creciente y esto se ha ido manifestando cada vez con más claridad y los informas PISA lo dejan en evidencia,

Cualquiera cuyo trabajo se haya desarrollado en las aulas lo percibe sin necesidad de que PISA se lo diga. Año tras año, la situación se ha ido agravando. El uso creciente de la IA en los colegios confirma los peligros: dejamos de cuidar nuestros conocimientos y vamos a lo fácil, a la ley del mínimo esfuerzo entremezclada con nuestra tradicional picaresca. No hay sentido alguno de lo que sea progresar educativamente. Se trata de hacer lo menos posible, lo más fácil.

Cadena SER

Son cuatro los elementos que intervienen: 1) los alumnos, víctimas de todo esto; 2) el sistema educativo, que es incapaz de reaccionar ante el problema; 3) la familia y 4) el entorno social.

Los alumnos son víctimas de todo esto. No son conscientes de lo que significa esto. Aprender no motiva; saber es algo que no se valore y hasta se critica. Muchas veces, el que sabe tiene que ocultarlo por temor a las reacciones de los que saben menos, que son siempre mayoría. El "empollón" es siempre una figura mirada con desprecio, alguien que desperdicia su vida entre libros, haciendo deberes; se le retrata como alguien incompleto que trata de tapar sus fallas sociales.

El sistema educativo español hace aguas en todos sus niveles, de la guardería al doctorado. Depende de las personas con que te encuentras en cada momento. Tienes suerte si se produce ese encuentro entre unos alumnos y un profesor o profesora que logra despertar el placer de aprender, el estudio como forma de crecimiento personal. Hoy el saber está en las redes sociales, lo que evita tener que aprender y desperdiciar el tiempo dedicado al entretenimiento.

El Mundo

Con motivo del comienzo de los colegios, los periodistas han ido ayer a sus puertas a preguntar a los niños y niñas si tenía muchas ganas de empezar. La mayoritaria respuesta de los niños era "no"; ni siquiera la ilusión de ver a los amigos en el patio. El "no" era contundente pese a la intención y sonrisas de sus padres. "No", con claridad.

No deberíamos esperar a que PISA nos deje en evidencia. El sistema debería plantearse los problemas y diseñar estrategias a corto, medio y largo plazo. Si evitamos enfrentarnos al problema, pasamos a ser parte del problema. La asistencia a clase, por ejemplo, es un problema en las universidades. Estas se contentan con tener más matriculados y no entran en el por qué.

La tercera pieza del problema es esencial, la familia. Es lo que llamo "problema de la segunda generación". Hay determinados hábitos que solo se adquieren en un entorno adecuado, en especial la lectura. En la casa donde hay biblioteca, libros, se lee y se crea un hábito de lectura. Esta es la segunda generación que apenas lee. Ni hay libros en las casas, mucho menos bibliotecas personales. El dinero y el tiempo se van en otras cosas, del videojuego a los bares más tarde. Es en la familia donde se aprende el valor de la lectura; se aprende viéndolos leer, comentando los libros entre los miembros, regalando libros. La familia crea lectores, espectadores, etc. manifestando su interés y compartiendo. Es lo que te cuentan los buenos lectores y buenas lectoras. La experiencia se repite.

El Español

Finalmente, el entorno social. España sufre la tiranía de su propio modelo productivo y cultural, el del turismo y el ocio. La obsesión del viaje, del salir aunque sea a la esquina es ya una lacra. Nuestras cadenas televisivas, especialmente las locales, son una incitación constante a salir, a probar platos especiales, a recorrer caminos y degustar sus ofertas. Estar en casa leyendo se percibe como una especie de condena. No se analiza esta obsesión española con el "viaje", la motivación para ir a los concursos televisivos y ganar dinero.

Moviéndonos de un lado a otro gastamos, consumimos. Leer se entiende como algo sedentario e improductivo. Los estímulos para emplear nuestro tiempo en otras cosas son constantes. Por eso es importante promover, como en el caso de Isabel Coixet, el gusto por la lectura, promoverla, hablar de los libros que nos gustan. Regalarlos.

Si el entorno social no valora la cultura personal, a la persona estudiosa, leída, nos vemos abocados a una sociedad pobre, manipulable, acrítica, etc. que a muchos les viene bien.

Es raro el año en que no aparecen artículos criticando la sobrecualificación, es decir, que la gente estudie más de "lo que necesita", que es algo que define su futuro empleador, que no querrá tener a un camarero con un doctorado entre sus filas laborales.

La forma de enfocar la sobrecualificación ha sido clara desde que se planteo: ¿para qué estudias tanto si te van a contratar de camarero? El estudio se percibe como un "exceso", mientras que la oferta de trabajo no se considera ínfima según nuestras necesidades.  La sensación que se transmite es esa: el estudio sobra. Tener aspiraciones para un trabajo mejor se muestra como causante de frustración y de malas relaciones laborales. El estudio no te lleva a ninguna parte; da igual ser buen o mal estudiante. Por eso muchos estudiantes acaban emigrando a otros países que sí valoran su formación y serán mejor pagados. Aquí tratamos de neutralizar esa fuga con la inmigración, que acepta sin remedio lo que no queremos y cono mensajes de tipo de que en ningún sitio se vive tan bien como en España.

COPE

La consecuencia de esto es preferir una España empresarial a otra social. Uno no estudia para crecer personalmente, para vivir una vocación de trabajo, sino para satisfacer las demandas laborales del sistema, sus necesidades. Por supuesto, el beneficio no va al trabajador, sino al que ha creado la oportunidad del empleo, sea este el que sea. Invertir en educación es negativo para el sistema económico (que son los empresarios, los emprendedores).

No hablemos de esa influencer que critica a los que leen porque, dice, se sienten superiores.

El País 3/sept/2025

Basta con ir en transporte público para comprobar la desaparición masiva de libros y sus lectores, sustituidos por teléfonos y juegos. Siempre dije que el transporte público era la mejor biblioteca, te permitía leer en tus trayectos de ida y vuelta, un tiempo valioso aprovechado.

Carentes de unas líneas socio culturales eficaces, todo pasa a regirse por la lógica del mercado y se reduce a una cuestión de consumo y beneficio. No son de extrañar las caídas que establece PISA en los ámbitos señalados de la "lectura" (con la comprensión lectora") para los alumnos. Trabajamos con la ilusión de que son un grupo separado, distintos a nosotros, que no somos más que los que salimos antes de las aulas. Los alumnos de hoy son el "nosotros" adulto del mañana, un país que no lee, que no sabe, que no piensa.

Un país sin rumbo educativo es un desierto de consumo, de capitalismo con idiotas de fondo. Sin rumbo, moviendo la cola ante lo que se nos ofrece y nos convierte en meros agentes de gasto. 

El informe PISA lleva tiempo dejándonos en evidencia, mostrando nuestra mala gestión educativa, la falta de metas en la educación en lo personal y la valoración social. No hacemos nada para remediarlo.

Un país mal educado es un país débil, un chiringuito con himno y bandera. Debemos aspirar a más. Mejores estudiantes, mejores profesionales y no a esto. 

 

* Elena Omedes "España consolida su declive en PISA en ciencia, lectura y matemáticas y supera la media en uso de la IA para los deberes" 20minutos 8/09/2026 https://www.20minutos.es/internacional/espana-consolida-su-declive-pisa-ciencia-lectura-matematicas-supera-media-uso-ia-para-los-deberes_7033823_0.html

domingo, 9 de febrero de 2025

La ignorancia es el muro más alto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada cierto tiempo, alguien en los medios se ocupa de llamado "problema de las Humanidades", que resumido, es el de la desaparición de la cultura "clásica", especialmente el de las lenguas, el latín y el griego, junto con todo lo que deriva de ellas. Vaya por delante algo: no se puede hablar de lenguas separándolas de la cultura en la que se asientan. En el caso del latín y el griego clásicos, todavía más pues son lenguas que carecen de un sentido conversacional. Son el pegamento que da unidad al resto de la cultura construida con ellas.

Desde hace años existen debates, quejas de incomprensión por parte de los responsables educativos y, en última instancia, de la sociedad misma, que ignora su valor y se dirige hacia otros derroteros, mucho más pragmáticos y utilitaristas.

No se debe tratar solo como un problema en el sector educativo, sino como un problema socio-cultural de gran alcance que marca al conjunto. Basta ver cómo llegan los estudiantes a las universidades para comprender la ligereza de la carga, los profundos desconocimientos del mundo en el que habitan que acaba siendo una burbuja de la que no es fácil salir. El que logren romper esa burbuja negativa de ignorancia es muchas veces fruto del azar, de un encuentro con materias, con docentes, con familiares, amigos, etc. que logren despertar en ellos eses sentido de que hay algo más allá de lo que se les ofrece, de aquello hacia lo que se les dirige.

Esta idea de "sociedad dirigida", de la existencia de una cultura prefabricada, destinada al consumo y a la trivialidad es esencial para comprender a qué nos enfrentamos, En el texto de RTVE.es, con motivo del Día de la Lengua Griega, se señala:

En esta batalla, los docentes se enfrentan a una cultura centrada en la productividad y en lo que se considera útil. El director de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, Eugenio Ramón Luján, considera esencial reflexionar sobre este último tema. "¿Consideramos útil lo relacionado directamente con la producción económica o, por el contrario, un conocimiento más amplio que nos ayuda a reflexionar sobre cómo debe ser la sociedad, cómo debemos vivir las personas y qué elementos son esenciales para nuestra convivencia?".

Luján asegura que la formación impartida actualmente parece haberse reducido a "una adquisición exclusiva de conocimientos técnicos necesarios para ejercer una determinada profesión". Lo mismo opina Raúl Agüera Ayala, docente en Cantabria, que achaca la desvalorización de la materia como consecuencia del "capitalismo brutal en el que vivimos". "Los alumnos dicen mucho que algo no renta o que algo no cotiza. El sistema nos relega y la percepción social de nuestro trabajo es mejorable".

Reconectar con nuestro pasado para entender mejor nuestro presente y futuro es lo que defienden tanto Claudia [González Margüelles] como Román [Romanov], que ven en este tipo de materias la base de todo conocimiento actual. "Me sigo encontrando gente que critica que haya elegido estudiar 'lenguas muertas'. Lo consideran una pérdida de tiempo, ya que no ven un resultado tan inmediato", relata el joven. Claudia, aunque ha vivido situaciones similares, planea estudiar Filología Clásica en dos años. "Quiero divulgar todo lo que aprenda y sepa sobre ambos idiomas y culturas para que entiendan la importancia y el peso que conllevan en nuestra sociedad".* 

El hecho de que fragmentemos el conocimiento en "asignaturas" ya contribuye a la disociación y a la competencia por la posición en los programas. La cultura, en cambio, es un sistema de integración, de conexiones, en el que la desaparición de las piezas hace resentirse al conjunto. La misma división entre el "mundo clásico" y el "actual" no favorece entender lo que de aquel pervive en este, la continuidad existente.

En el fondo, de lo que carecemos es de una visión social y cultural integrada frente al mundo fragmentado que nos fragmenta a nosotros mismos, algo que el sistema no le importa demasiado mientras cubra sus propios objetivos de eficiencia. Pero no hay que confundir esa eficiencia productiva dentro del sistema con la persona, que es el concepto que se ha destruido. Se nos construye y se nos deforma para un objetivo ajeno a nuestro propio desarrollo. Es la palabra "éxito" la que ha sustituido a los desarrollos personales, a nuestro crecimiento como seres humanos. Y a muchos les parece bien.

BBC 27/07/2019

Los docentes (algunos) se enfrentan al problema de cómo transmitir los conocimientos necesarios para la comprensión de lo que debemos conocer, que es algo muy distinto de "exponer en un examen" o similar, a lo que queda muchas veces reducido el aprendizaje.

El sistema educativo es una forma de transmitir lo valioso para volvernos a nosotros mismos valiosos ante nuestros ojos, para pensar y pensarnos, algo sustituido por conceptos meramente utilitaristas. Pero a quién le importa nuestro valor, cómo se traduce eso en productividad y consumo, que son las dos caras del ser humano en esta sociedad de pantallas en la que vivimos y somos cada vez más manipulables. Las personas mejor formadas tienden a pensar por sí mismas, a ser más exigentes y eso no gusta a todos, especialmente a los que buscan la sumisión, la menor resistencia posible a sus deseos e instrucciones.

La cuestión no es solo conocer el latín o el griego. Es mucho más profunda. Basta con ver los medios y su sobrecarga de trivialidad (quién se casa con quién, quién se divorcia de quién, lo último de...) para entender parte del problema y la construcción de este presente sin raíces en el que se vive. Sin sentido de la cultura, de lo mejor que hemos ido creando a lo largo de una Historia más amplia que la de nuestro corto nacionalismo, poco podemos entender. Quizá se trate de eso.

No hay que leer a los clásicos por clásicos, sino por actuales, porque son capaces de decirnos algo sobre nosotros mismos, sobre el mundo en el que vivimos. Pero hoy nos movemos por otros senderos, como el de ofrecer lo peor, lo más "cutre" para reírnos en vez de para pensar. Hoy el "clásico" es un partido de fútbol.

Cuando pienso en aquellos alumnos míos de Literatura Universal Contemporánea que leían sin rechazo, curso tras curso, el Hiperión, de Friedrich Hölderlin, una auténtica inmersión en el mundo clásico para entender el mundo romántico, creo que hemos perdido perspectiva y profundidad en muchos aspectos. "Estamos todo el día hablando de Literatura", me dijo un día uno de ellos, alumno de tercero de carrera. 

Y hablar de Literatura no es hablar solo de los libros sino de todo lo que hay detrás. Pero desde entonces todo ha ido contra aquella posibilidad: reducción de las carreras, reducción de las asignaturas anuales a cuatrimestrales, desaparición de materias humanísticas...

Si tienes problemas para entender porqué Albert Camus tituló una de sus obras "El mito de Sísifo", con ignorar quién era Camus es suficiente. 

La ignorancia es el muro más alto.

* Eva Cezón "Día Mundial de la Lengua Griega La lengua griega clásica en la educación española: "Sobre el papel sobrevive, pero en la realidad está agonizando"" RTVE.es 09/02/2025 bhttps://www.rtve.es/noticias/20250209/papel-lengua-griega-educacion-espanola-sobreviven-pero-agonizando/16437008.shtml

miércoles, 11 de octubre de 2023

El Día de la salud mental y el sistema educativo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hemos construido una extraña sociedad en la que se necesita certificar todo por nos consideramos ignorantes e indocumentados. Ayer, día 10 de octubre se celebraba el Día de la Salud Mental, un ejemplo más de cómo la sociedad gestiona sus grandes y pequeños problemas. En un día como ese, leemos el siguiente titular de RTVE.es "El profesorado pide más formación en salud mental: "No tenemos pautas, más allá del sentido común"". El texto está firmado por Andrea Voinescu y refleja, una vez más, nuestras propias limitaciones al "tecnificarnos", es decir, al convertir todo y cada uno de nuestros problemas en una "especialidad": 

Los niños y adolescentes pasan gran parte de su día a día en sus centros educativos. En ellos aprenden, crecen y se desarrollan de la mano de sus profesores. Sin embargo, el aumento de los trastornos de salud mental en los menores sobrevenido tras la pandemia, ha revelado la sobrecarga y la falta de herramientas de los docentes a la hora de enfrentarse a una situación de este tipo. "Cuando llega un alumno con un problema no tenemos unas pautas establecidas. Al final, un profesor es alguien que aprueba una oposición y es especialista en un ámbito, pero no sabemos cómo actuar más allá de lo que el sentido común te dice". Así explica Raúl Fernández, profesor de economía de un instituto de Celanova (Ourense) a RTVE.es lo "indefenso" que se siente cuando llega un momento así.

La depresión, la ansiedad o los trastornos por déficit de atención e hiperactividad se cuadruplicaron tras el confinamiento y los comportamientos suicidas subieron hasta el 59%, según datos de la sociedad psiquiatría infantil. El ascenso de autolesiones también se ha visto incrementado. Según un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos publicado en 2022, un 28% de los menores en España ha llevado a cabo esta práctica.

"La adolescencia son años muy complicados" relata Raúl, que denuncia que "no estamos ni formados ni informados" para poder ayudar a los jóvenes. "Estoy seguro de que todos los profesores y profesoras tomarían una formación en salud mental con los brazos abiertos", explica. "Además -añade- sería más fácil si tuviéramos unas directrices a seguir o un especialista en el instituto que sí tratara estos temas".*


Esta especie de orfandad del conocimiento da por hecho la incapacidad para enfrentarse a situaciones tal como las reflejadas, pero ignora varias cosas: la primera es que da por descontadas las causas, como cuando se indica la pandemia (el origen de todos los males) e ignora, por lo que leemos, hasta qué punto son los propios centro educativos generadores de trastornos como los señalados.

Según lo expresado, los centros son lugares en los que el docente se enfrenta a esos estados de depresión, ansiedad, déficit de tención e hiperactividad. Estas cuestiones las llevamos tratando aquí desde hace mucho. Evidentemente eso se detecta en los centros. Pero basta esperar un poco más para que se detecten en los centros de trabajo. Hace apenas unos días hablábamos aquí también del "bossing", expresión acuñada para los jefes tóxicos. Al "bossing" se le añade el "bullyng", el "cyberbulling " y toda una serie de etiquetas que hacen las delicias de los medios al dedicar su tiempo y espacio a explicarlas.

La cuestión que se plantea entonces es peliaguda: si se da de la guardería hasta la jubilación (también los mayores tienen sus propios trastornos específicos), ¿no seremos una sociedad enferma? ¿No seremos la víctima y el criminal o, como diría el poeta Baudelaire, el puñal y la  herida?

Si sumamos las quejas, nos damos cuenta de que no es solo un problema del sistema educativo, sino de la totalidad de la sociedad, algo que nos cuesta admitir, pero que no podemos dejar de hacerlo.

Por algún motivo que nos resistimos a encajar, nos encontramos mal, nuestras cifras de descontento y malestar en todos los niveles revelan lo mismo: nuestra debilidad. Por qué lo somos es algo que se nos escapa, probablemente porque sea parte de nuestra propia enfermedad no comprenderlo. Somos una sociedad de la queja, una sociedad que dice no comprender, pero que básicamente no reconoce. Esa queja continua es precisamente la que se manifiesta en el sistema educativo: no nos forman para comprender al enfermo cuando esa enfermedad somos nosotros mismos, en crisis permanente. La queja permanente solo refleja nuestra incapacidad de aceptarnos como causa, como origen del problema.


Podemos dirigir toda nuestra artillería retórica hacia el alumnado, pero ¿qué decir del estrés que sufre el propio profesorado, sometido a incontables procesos en los que se juega con su estabilidad, no solo profesional  sino emocional y mental?

Desgraciadamente, los suicidios de profesores que viven bajo tensión constante por su destino laboral, por su ambiente competitivo muchas veces realmente agresivos, con interminables procesos burocráticos y las tensiones por las respuestas esperadas, por las evaluaciones, etc. etc. están ahí. El sistema consideró que tenernos a todos bajo presión era una forma de asegurarse una mal entendida "calidad". Y esto se importó de fuera, de otros sectores, y se aplica a todos. Es un sistema estresante porque busca el límite. No nos extrañemos que esa tensión acabe pasando a los alumnos mismos que padecen el estrés del profesorado.

Si todos aceptáramos que somos el problema, sería más fácil encontrar la solución. Hasta ahora, con la mejor voluntad, solo pensamos que los otros no nos dan la solución. Pero esa solución solo es el cambio social, algo que solo puede surgir si somos capaces de ver nuestro problema.

Cuando día tras día, sector tras sector, nos encontramos con el mismo problema, eso que llamamos "salud mental", ante lo que nos encontramos impotentes, es que el problema está más extendido de lo que pensamos. Ya forma parte de nuestra normalidad.

Una sociedad que necesita de muchos dedos acusadores para apuntar en todas direcciones menos hacia nosotros mismos es ya un problema en sí misma. Si nos comprendemos como parte del problema, mejoraremos bastante porque trataremos de descubrir qué parte debe mejorar en nosotros mismos para causar menos presión sobre los más dañados.

Necesitamos más "humanidad", ver el mundo de otra manera. Necesitamos otro tipo de relaciones y no esta tensión continua, esa inestabilidad que quita el sueño, esa precariedad que nos angustia cada mañana. Un mundo más amable y comprensivo no es un mal futuro. Seguro que se reducen muchos males si recuperamos ilusión. 

Esta mañana alguien me preguntó "si el mundo se iba a acabar".  

 

* Andrea Voinescu "El profesorado pide más formación en salud mental: "No tenemos pautas, más allá del sentido común"" 10/10/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231010/formacion-salud-mental-asignatura-pendiente-del-profesorado-no-tenemos-pautas-mas-alla-del-sentido-comun/2457469.shtml

domingo, 3 de septiembre de 2023

Educación y atención

 Joaquín Mª Aguirre (ABC)

Se desahoga bien el filósofo Gregorio Luri en su entrevista en el diario ABC, si bien titula de una forma un tanto segada, dejando en los profesores la responsabilidad por la pérdida de comprensión lectora, que sigue descendiendo. Es cierto que es la tarea de la escuela enseñar, pero cuando se dan también otras circunstancias de impacto deben señalarse. ABC elude la crítica que el propio Luri realiza a otras instituciones, pero lógicamente la responsabilidad es escolar, pues es allí donde se exigen los resultados. El problema es de la escuela y de los maestros y profesores; son los que deben lidiar institucionalmente con él.

En estos días de comienzo del curso escolar se acumulan titulares. Hace unos días, una catedrática de Universidad se quejaba de que alumnos que llegan con buenísimas notas, descubre nada más llegar que están mal preparados para la universidad. Parece existir una especie de división de dos mundos entre lo que se aprende en las escuelas e institutos y lo que se desarrolla posteriormente en la universidad.

Este año pasado ha sido especialmente duro en esto. Era raro (creo que lo comenté aquí) ver a dos docentes hablando sin que estuvieran comentando el panorama que se habían encontrado en el curso, el bajón espectacular respecto al gradual que se va percibiendo año tras año. Casi todos responsabilizaban a los efectos culturales de la pandemia, ese par de años en el que se ha producido un cambio notable.

En realidad, Luri explica que el problema va más allá de la escuela, pero que es en la escuela donde se deberían corregir y que, sin embargo, no se hace. Aquí se critica a políticos de grandes palabras y pocas soluciones.

Hay sin embargo, una cuestión que no vemos abordarse en la entrevista. No solo se educa en la escuela. La "educación" es parte del efecto del entorno socio-cultural. No solo aprendemos lo que se nos ofrece empaquetado, sino que absorbemos mucho de nuestro entorno. Ya sea como contenido o como motivación, lo que nos rodea nos afecta.

La escuela es un "medio de comunicación"; hace lo mismo que los otros medios, pero de una forma diferente. Mientras unos transmiten la "actualidad", otros trasmiten el legado cultural o los conceptos necesarios para entender la realidad que nos rodea de una forma u otra. Es difícil enseñar y aprender (son los dos lados de la moneda) en un entorno hostil, que reclama toda nuestra atención hacia objetos triviales. Eso es lo que vivimos en lo que algunos teorizaron como "Economía de la Atención".


Frente a otras etapas de la sociedad, ésta en la que vivimos es de acoso mediático. No somos nosotros los que buscamos la información, los que la seleccionamos, sino que por contra es ella la que nos busca a nosotros gracias a dos cosas; 1) su capacidad envolvente de presión y 2) su capacidad selectiva.

Por su capacidad de envolvernos, los diferentes medios están frente a nosotros —visibles o invisibles— las 24 horas del día. Entran por nuestros dispositivos móviles, por lo que nos acompañan en todo momento. Siéntese en un banco del parque o avenida y lo percibirá claramente: gente paseando absortos en sus teléfonos. Veo cada día a padres y madres que sujetan con una mano el carrito de los bebés mientras que con la otra sostienen el teléfono. Pronto el bebé tendrá su propio teléfono.

El segundo elemento es que la capacidad selectiva hace que la información que nos llegue sea más seductora. El aumento de la potencia de procesamiento y el perfeccionamiento de los algoritmos hace que todos nuestros movimientos sean procesados y convertidos en ofertas que llegan hasta nosotros. Hace una semana compré unas cajas en un hipermercado. Como siempre pague con mi tarjeta. Desde entonces no hago sino recibir dos tipos de publicidades, una que me ofrece mudanzas y otra que me ofrece trasteros. En ningún momento he planteado la posibilidad de una mudanza, pero el algoritmo que ha procesado mis compras ha establecido que si compro cajas es porque me voy a mudar y me ofrece lo que cree que necesito. Para esos sirven la mayor parte de la cookies que se descargan en nuestro ordenador y cuyos datos son procesados.


En un entorno de este tipo, absorbente, al que no le hemos puesto límites, es fácil crecer en esta especie de hipnosis que nos convierte los demás procesos culturales en algo lento, complicado y dificultosos. Estamos recogiendo lo que sembramos culturalmente hablando.

Queremos que crezca gente capaz, inteligente y competente, culta, en un entorno que no ofrece más que lo contrario, basura mediática. Nos pasos el día dirigidos hacia distracciones sin importancia o a las que se da una importancia desmesurada simplemente para tener enganchada a la gente.

Quizá fuera preferible estar leyendo a Dostoievski en vez de estar colgado todo el día con el destino de Rubiales o de un descuartizador en Tailandia, pendientes de lo que ocurre con Mbappé (algo transcendental), elegimos algo rosa para ver ir Barbie (una película que las niñas no entienden), etc.

¿Y luego queremos que la gente hablé bien, piense mejor y sea más leída? En varias ocasiones hemos señalado que estamos ya en la segunda generación, algo que se elude. Esos niños que hoy se expresan mal, que no leen ni se interesan más que por lo que les ofrecen, son ya padres y madres de familia. Viven en casas en las que no hay un solo libros, solo una gran pantalla, usada para ver el deporte y programas basura en donde personas sin gracia presumen de ello ante las carcajadas del auditorio.

En algunas partes del mundo se han dado cuenta de ello. Pero en la España turística y del chiringuito, lo importante es qué pasa con el ocio nocturno y dónde son las fiestas más cercanas para mantener en pie la economía.

Si no se comienza un movimiento de rearme cultural que vaya directo al problema o esto seguirá así, perdiendo palabras, perdiendo ideas, en cada encuesta, cada día más pobres culturalmente. No hemos sabido aprovechar el enorme potencial cultural que hemos desarrollado tecnológicamente. Ahora el efecto es claro.


* Josefina G. Stegmann "Gregorio Luri: «Me sulfura la mediocridad satisfecha de los docentes»" ABC 3/09/2023 https://www.abc.es/sociedad/gregorio-luri-sulfura-mediocridad-satisfecha-docentes-20230827203925-nt.html

sábado, 15 de julio de 2023

Cine, cultura y educación

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La apertura de un canal "Clásico" en Moviestar ha sido una buena noticia para los aficionados españoles y para los que tienen interés en serlo. El añadido es importante porque el futuro de cualquier arte está en su capacidad para llegar a las nuevas generaciones.

Cualquier proyecto "clásico" choca con un primer problema: la pérdida de sentido del pasado y, por ello, de la historia y de lo que en ella se ha dado. El gran pecado actual es el "presentismo", la incapacidad de acceder a nada que no te ofrezcan hoy. Esta incapacidad va siendo cada vez más pronunciada conforme aumenta el aislamiento. Sencillamente no se entiende los que se tiene en frente, se nos va haciendo más y más opaco en su significado. Las ediciones clásicas de la literatura acaban siendo anotadas, es decir, aumenta cada generación el número de notas necesario para comprenderlas. Cuando Gustave Flaubert nos dice que Emma Bovary no colocó sus guantes en la copa de la bebida somos incapaces de entenderlo a menos que el propio Flaubert no lo explique o que un crítico nos coloque una nota explicándolo.

Las películas carecen de este sistema. Eso que es inmediata accesible a su tiempo, se aleja de nosotros cada vez más. Necesitamos saber muchas cosas para comprender una película. Las películas nunca han sido universales, requieren de un conocimiento profundo para convertirse en accesibles. Y lo son tanto para el mundo de la ficción que nos presentan, como para el mundo real que las produjo aplicando su mirada, ya distinta de la nuestra. Necesitamos ampliar nuestra competencia tanto al momento representado como al momento en que se produjo la representación. En una película de aventuras medievales, por ejemplo, podemos rastrear ecos de la II Guerra Mundial. Nuestras competencias deben ser dobles o triples. Para comprender Un día en Nueva York (Gene Kelly & Stanley Donen 1949), debemos entender la situación de 1941, cuando Leonard Bernstein compuso el musical. Debemos saber muchas cosas para comprender la reacción de uno de los protagonistas cuando ve que la persona que conduce el taxi es una mujer; necesitamos entender qué es esa extrañeza que lleva al personaje a exclamar ¡Una mujer! Si la guerra ha terminado". Debemos saber quién es Dinah Shore para entender porque uno de los protagonistas va contento al museo de Ciencias naturales pensando que la va a encontrar allí y no los "dinosaurios" ("dinosaurs") que finalmente encuentra.

Sí, el cine necesita de mucha enseñanza para ser comprendido por las generaciones. No es solo un arte del momento, sino un arte que ha ido generando su propio lenguaje y su propia historia, su vínculo con el presente y lugar de creación. Es un arte que acumula las necesidades comprensivas de la novela, de la pintura, la música, etc. trabajando juntas para ofrecernos un significado con el que tenemos que lidiar en cada sesión para llegar a una comprensión mediana. Muchas veces hay una película distinta a la que vemos, llena de elementos que han de ella un gratificante ejercicio de descubrimiento, de conexión cultural, de ampliación de nuestro universo propio, como es característico del arte. Pero hace falta llegar a poder tener ese fondo interpretativo que requiere poder conectar todas las piezas o, al menos, las suficientes.

Se aprende cine viendo cine, hablando de cine, sumando experiencias y conocimientos. Una de mis experiencias más gratificantes de estos últimos doce años ha sido la realización de nuestro cinefórum semanal con alumnos básicamente extranjeros y algunos españoles. Pero son precisamente los extranjeros, los que sienten más esa distancia cultural, los que comprenden la necesidad de superarla para poder acceder al placer del filme, al placer de poder comprender lo que se nos ofrece en múltiples capas y niveles, en diferentes lenguajes, de la música al gesto, de la planificación al acontecimiento mostrado de una forma específica. Después de estos años viendo buenas películas de todos los orígenes, del cine iraní al norteamericano, del mexicano al japonés o al coreano; del ruso al saudí, del egipcio al francés o el italiano... Unas charlas programadas apara dos horas, pero que a veces han llegado a las tres horas largas. El conocimiento y el disfrute aumentan con cada nueva película.

El sistema educativo español ignora el cine. Siempre lo ha hecho. No ha habido interés en dejarlo entrar por lo que suponía de competencia con otras artes asentadas, "clásicas", podríamos decir (Literatura, Pintura, Música...). Estas se "nacionalizaron" todo lo posible, de esta forma se favorecía un enfoque histórico y local. La "Literatura española", la "pintura española", básicamente. Eso gusta a los políticos y administradores de la cultura (y de sus recursos). Posteriormente, todo esto dio lugar a sus variantes locales, regionales y autonómicas. Digamos que es una forma de favorecer la "identidad" en su nivel correspondiente. Así logró en gran medida hacerse el sistema educativo, dando sentido a la identidad. Hoy sigue siendo igual, pero el cine es diferente en desarrollo y organización.

Si la creación de un canal "clásico" era una buena noticia para intentar paliar el desastre educativo inexistente, la noticia de lo contrario es un gran desastre. La noticia nos la trae desde Los Ángeles el diario El Mundo y se refiere a lo que está ocurriendo en TCM:

A finales del mes pasado Zaslav se deshizo de la cúpula directiva del canal de películas clásicas, incluidos los jefes de programación y marketing. Pola Changnon, directora general con más de 20 años de recorrido en la compañía, también perdió su trabajo. Y aunque Zaslav prometió a los televidentes que no habría cambios perceptibles en la programación, la lluvia de críticas por lo que significan los despidos no se hizo esperar.

The New York Times lo describía como una afrenta a los verdaderos amantes del séptimo arte. "Nuestros cines han sido invadidos por superhéroes. Nuestros estudios de cine han sido víctimas de la consolidación empresarial... ¿Y ahora están destruyendo TCM, nuestro último lugar feliz, donde Orson Welles sigue vivo y Cayo Largo (1948) cuenta como éxito de taquilla de verano?"

Steven Spielberg y Martin Scorsese se han convertido en adalides del salvamento de TCM. Junto a Paul Thomas Anderson, han expresado su indignación en un comunicado: "Turner Classic Movies siempre ha sido más que un canal", escriben, "es un recurso precioso abierto las 24 horas del día, los siete días de la semana. Y aunque nunca ha sido un gigante financiero, siempre ha sido rentable, desde el principio".* 

Durante décadas los canales televisivos han sido las filmotecas populares. Determinados programas permitían el acceso a las "viejas películas", conocerlas. En España, en la época de canales únicos funcionaban de esa manera, como una filmoteca, especialmente el segundo canal, que se entendía más cultural. Pero la llegada de las televisiones privadas, primero, y las plataformas de acceso online, de YouTube a las nuevas formas de acceso han creado nuevos problemas. Las películas pueden estar ahí, ser gratuitas incluso, pero no hay un público específico para ellas o este está disperso, carente de integración alguna.

Los planteamientos comerciales apuntan a la reducción de mucho material desperdigado o a su saboteo publicitario para forzar hacia otras películas ofrecidas o a canales completos con suscripción. La queja por lo que ocurre en TCM es precisamente esa, la falta de rentabilidad, pero es la consecuencia de los enfoques meramente comerciales. Tampoco a los que controlan el cine parece interesarles considerarse "cultura" y universalizarse. Lo que quieren es que se les cree un mercado más amplio, simplemente.

El hecho de que la cultura se haya convertido en digital tiene ventajas, pero también muchos inconvenientes, pues no se da la entrada en los centros escolares y demás educacionales. Lo único que buscan ejecutivos como el señalado en la información es obtener mayores ingresos al final del ejercicio y si hay pérdidas cerrar, recortar, hacer desaparecer...

El fenómeno de la desaparición de los objetos culturales, de sus soportes de almacenamiento (libros, dvd...), y su sustitución por el acceso online ha hecho desaparecer la posibilidad del coleccionismo, de la creación de nuevas filmotecas personales, preservando las desapariciones del mercado. Los grandes almacenes se desprenden de sus secciones de cine y liquidan los DVD que almacenan, que deben ser comprados online. Es un síntoma más de la imposición de un modelo de consumo y distribución.

De todas las prohibiciones y amenazas que se contienen en el inicio de las películas en DVD, Blu-Ray, etc. la más demoledora y clara es la que prohíbe su reproducción en centros educativos. Es la sentencia de muerte que impide convertir el cine en elemento integrado en la cultura. Demuestra que considerar el cine como arte por encima del beneficio ciego y suicida de quienes lo producen.

Esta ceguera está evitando la creación de futuros espectadores, por un lado, pero también el futuro de unos posibles estudiantes que se ocupen del cine, que investiguen, que escriban sobre el mundo de las películas, que, en fin, eviten que se olviden y desaparezcan.

Necesitamos nuevas ofertas culturales que acompañen al cine hasta los espectadores, no nuevas formas de negocio. Hay que dar a conocer un arte que se pierde, para desesperación de quienes tienen que impartir clases sobre él, quienes deben escribir sobre su historia, técnica, lenguaje.

El cine es una maravillosa vía de acceso a otras épocas, a otras culturas. La necesidad de incorporarlo al mundo de cultura y de la educación es obvia, pero la ceguera de unos y la codicia necia de otros crean un problema que se va agravando.

España era un país lleno de salas de cines; de cines de barrio con sesión doble hasta los cines de estreno o de reestreno. Podías ir todos los días un par de veces al cine y terminar viendo una película en la TV esa misma noche. La gama de películas que tenías a tu disposición era desde un clásico de Elia Kazan, con más de 20 o 30 años, al estreno en un cine de la Gran Vía en Madrid, donde se formaban atascos a las salidas de las diferentes sesiones. Eso se completaba con los ciclos televisivos que te permitían comprender un género o a un director, actor o escritor.

Cuando éramos niños, los huecos de programación se llenaban con "cine cómico", es decir, los cortos de Chaplin, Buster Keaton, Lloyd, Ben Turpin, los Keystone Cops, etc. Cuando escuchábamos la sintonía corríamos los hermanos a sentarnos delante del televisor. Las películas se repetían muchas veces, pero nos daba igual. Crecimos viendo a Laurel y Hardy, a los Hermanos Marx. Aprendimos a reírnos con un humor que ya no se entiende. Los niños mordisquen los teléfonos móviles con fundas de silicona.

Estabas rodeado de cine. Hoy vivimos rodeados de personas que solo miran una pantalla, la de su teléfono y que de vez en cuando van al cine convocados por algún superhéroe. Se tienen que volver a reponer las películas cuando son nominadas a los premios Oscar o Goya porque anteriormente han pasado totalmente desapercibidas. En esto tiene mucho que ver esa desgraciada crítica promocional que tenemos en los medios.

Hay que luchar por el cine, que es luchar por nuestra propia historia, por más que no la hayamos vivido. La pérdida de sentido de la Historia es solo una parte de los problemas. Muchos de los problemas del cine lo son de la propia sociedad y del sistema educativo que produce. Estamos intentando un imposible, ser seres del siglo XXI olvidando el XX, desconociéndolo. Seres sin raíces caminando entre dos oscuridades, manipulados por ser ignorantes, olvidadizos por no tener recuerdos, orgullosos por no ser conscientes de nuestra propia ignorancia.

Tras el paréntesis veraniego retomaremos nuestro cinefórum, volveremos a ver y hablar de cine. Lo haremos desde tres continentes, algo que nos permite el modo online. Volveremos a ver viejas películas, a hablar de ellas, a entrar en otros mundos que nos enriquecen como personas y nos divierten.

La última línea del artículo se confunde, al hablar de la película Río Bravo (1959), a "Howard Hawks", el director de la película, con "Howard Hughes", el estrafalario millonario cuya vida recreó Martin Scorsese en El aviador (2004). Me imagino que es el signo de los tiempos, final lógico y ejemplar de lo que supone el artículo. Total, ¿a quién le importa?

Río Bravo (Howard Hawks), Howard Hughes y El aviador (M. Scorsese 2004)


 
* Pablo Scarpellini "Spielberg y Scorsese, al rescate del canal de cine clásico TCM, amenazado por el hombre que llenó HBO de telebasura y hundió la CNN" El Mundo 13/07/2023 https://www.elmundo.es/television/2023/07/13/64a7cc01fdddff96598b457d.html


sábado, 8 de julio de 2023

Salud mental universitaria, un problema creciente

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El titular es claro: "Uno de cada cinco universitarios ha tenido ideas suicidas y, casi la mitad, síntomas depresión o ansiedad". La forma de etiquetar —"universitarios"—  nos distancia del problema, de la misma manera que cuando se centra en los "niños" o "jóvenes" o cualquier otra etiqueta que queramos crear. Dicho así, parece distante, pero es la realidad que tenemos en casa o en las aulas. No es más que una forma que tiene esta cultura técnica de fragmentar los problemas y redefinirlos.

Hace tiempo que estamos tratando aquí la cuestión de la "salud mental". Los datos, en diferentes sectores, siempre nos sitúan como observadores, no como partícipes de esta realidad cotidiana. Son titulares que hay que combinar con otros: los que nos hablan del desinterés creciente por la información, especialmente por la información "negativa", la que nos estresa, lo que nos angustia.

El artículo da cuenta de la aparición del enésimo estudio que nos advierte de lo que ocurre sin que hagamos demasiado caso. El estudio lleva por título "La salud mental en el estudiantado de las universidades españolas" y ha sido realizado entre noviembre y diciembre de 2022 -con 59.605 respuestas- y de abril a mayo de 2023 (24.148 respuestas), según se nos informa en el texto.

Allí se sintetizan los resultados:

En relación con la salud mental, explica la investigación, uno de cada dos estudiantes universitarios que contestaron la encuesta presentaba síntomas depresivos y de ansiedad moderada o grave en las últimas dos semanas.

En las dos fases del estudio, las mujeres presentaron de forma significativa un mayor porcentaje de síntomas depresivos, ansiedad e insomnio clínico o grave y un porcentaje menor de consumo de riesgo de alcohol, comparadas con sus compañeros varones.

Según el trabajo de investigación de Universidades en colaboración con el Ministerio de Sanidad, la prevalencia de síntomas depresivos es de aproximadamente uno de cada dos estudiantes (49,4% y 46,9%) que completaron la encuesta y los pensamientos suicidas se sitúa en uno de cada cinco (22,5% y 21,4%).

El insomnio clínico o grave afecta a uno de cada cinco; la ansiedad moderada o grave a uno de cada dos y la prevalencia de consumo de riesgo de alcohol es de uno de cada siete estudiantes (13,7% y 12,7%) que respondieron a la encuesta, realizada por el Centro de Investigación Biomédica en Red-Salud Mental (CIBERSAM).

En cuanto a los antecedentes de salud mental, destaca que el 17% de los jóvenes declaró que algún profesional médico le había prescrito tranquilizantes, ansiolíticos, antidepresivos o hipnóticos.* 

Aquí estamos tocando periódicamente los resultados de estos análisis sobre la salud en el ámbito universitario, en el escolar y de forma general. La cuestión no es trivial y mucho menos para bromas, como lo que ocurrió en el Congreso de los Diputados.

El sistema universitario se está convirtiendo en un generador de estrés, de angustia específica. Lo que debería ser un ambiente proclive al intercambio de experiencia, al aprendizaje, etc. se ha convertido en un sistema burocrático, rígido y que se maneja por criterios poco favorecedores del conocimiento o del aprendizaje. Esto afecta por igual al profesorado que se ve sometido a una carga de estrés sin límite por una seria confusión sobre lo que es la eficiencia, que ha renunciado a cualquier tipo de crítica a lo que no afecte a su currículum académico y a sus méritos. Y es este ambiente el que se ha trasladado a las aulas y los alumnos reproducen.

Los viejos planes de cinco años se redujeron y concentraron; los cursos anuales se dividieron, reduciendo la extensión de las asignaturas y aumentando el estrés por la cantidad de información sin asimilar que se iba amontonando. Todo esto no ha sido gratuito; tiene un fundamento y un fin. Se nos ha vendido una forma de hacer la universidad muy poco centrada en el aprendizaje real, en la formación de las personas y se le han dado todas las bendiciones desde las distintas esferas políticas, educativas y administrativas.

La pérdida del valor del aprendizaje es notoria. Frente a esta "nueva eficacia" tecnocrática hay poco que hacer. Se ha convertido en un flujo turbulento que nos arrastra y al que se sobrevive de mala manera. Todo esto es políticamente incorrecto. El profesor, como el burro, debe mirar al frente y no apartar la vista de su zanahoria curricular, cada vez más estrecha.

El negocio del "currículum" hace que se compren y vendan revistas, que se privaticen, aprovechando la necesidad del profesorado de publicar en determinadas publicaciones. Hoy sale muy cara la promoción. Dinero y tiempo es lo que se pide, sin olvidar las buenas relaciones, que dan acceso a los méritos.


Todo este estrés se traslada al alumno. Se hace por la propia angustia que muchos viven, pero también por el fomento de sistemas de evaluación que generen poco trabajo, que se ha dedicado a la creciente burocracia, que consume una parte importante de su tiempo. Debe satisfacerse a la creciente burocracia que exige una y otra vez requisitos que deben ser una y otra vez evaluados conforme a criterios indirectos y muchas veces absurdos, pero ¿quién lo dice?

En un reciente libro del profesor alemán Rainer Mausfeld (2022),  se incluye una entrevista que le realizaron sobre su ascenso inesperado al publicar una conferencia que dio en el clavo, teniendo una enorme respuesta. Cuando se refiere a lo que la "reforma de Bolonia", la que ahora vivimos, Mausfeld explica: 

[...] A raíz de la "revolución desde arriba" neoliberal, todo el sistema educativo también fue sometido a categorías económicas. La tarea de la universidad es ahora la producción de "capital humano" conforme al mercado. En este sentido, la tarea de los estudiantes consiste en optimizar su "competencia de utilización externa" para poder ser utilizados de forma flexible en el mercado laboral. La interiorización de dicha actitud y la sumisión a la misma se denominan entonces "autorrealización". Semejante perversión de la idea de desarrollar las propias inclinaciones y capacidades conduce de manera inevitable a la fragmentación intelectual y psicológica de los alumnos y también a grandes temores sobre el futuro. Por razones obvias, ambos perjudican la posibilidad y la voluntad de cuestionar las cosas y conducen a la despolitización, incluso al letargo político. (113). **

 

Los problemas de salud mental no son casuales, ni una moda. Las risas en el Congreso cuando se planteó dan la razón sobre la indiferencia del "establishment" (el término que utiliza Mausfeld). Lo consideran un "signo de debilidad".

Es necesario cambiar el sistema educativo por diferentes motivos. El primero y más evidente es que no funciona. No se centra en las personas, sino en la "fuerza de trabajo". Nos hemos acostumbrado a escuchar eso de que hay que formar para atender las necesidades de las empresas, cuando la única necesidad de la empresa es ganar dinero. Las personas solo son el medio para conseguirlo. Recordemos algunos post anteriores sobre la necesidad de "camareros" y la amenaza de "importarlos". Los mejores profesionales se nos van lejos, allí donde se valora su trabajo y se les paga justamente por ello.

La universidad no es un centro de valores, sino un centro de formación ajustado a esas necesidades. Hay que dar lo justo para cubrir esas necesidades. Se ha desmontado al profesorado, cuya única preocupación ha pasado a ser los obstáculos a su promoción. Este es el verdadero sentido auto reflexivo del trabajo. Hay otro aspecto importante: son la forma de captación de recursos y capital para las propias universidades. La finalidad de los proyectos no suele otra. A poca gente le importa qué ocurre con ellos cuando finalizan. Se trata de tener uno en marcha, da igual para qué sirva. Son ingresos.

Congresos y publicaciones se han convertido en una competencia por atraer dinero hacia nuevas empresas creadas para este fin. Quién esté detrás de ellas suele ser difícil (o muy fácil) de determinar. El profesorado necesita algo más que trabajo para construir su currículum, que le será valorado periódicamente por agencias creadas al respecto.

Todo esto es tensión... y dinero. Tiene razón Mausfeld. Es un modelo económico que le sale muy caro a muchos.

Pero la parte más importante es el alumnado, que es quien paga en un sentido mucho más allá del económico. Toda la tensión que se lanza sobre el profesorado acaba recayendo también sobre el alumnado, víctima de todas estas técnicas salidas de esos centros de diseño pedagógico tan eficientes. La presión sobre su futuro le dirige a esas carreras con las que se les presiona y se condena a muchos a vivir no una vida de vocación, sino de frustración. 

Estudios y artículos como este muestran los intereses reales detrás de empresas y medios que les secundan. ¿Para qué estudiar Arqueología? El banco te dirige sabiamente hacia tu futuro.

El resultado es una deficiente formación en sentido profundo, pero una enorme creación de tensión, agravada por calendarios imposibles que buscan reducir los huecos en "blanco". El traslado de lo que era el mes de septiembre y su función a los meses de junio-julio es un acumulador de estrés que no solo no redunda en una mejor enseñanza, sino que dispara el estrés por la falta de tiempo debida a la concentración.

No es de extrañar que haya aumentado el fraude (y los negocios fraudulentos), con la compra venta de todo tipo de documentos, ahora agravado por el uso de los chatbots, de inteligencia artificial, que acabarán haciendo lo que los propios alumnos no pueden o no quieren hacer. De todo ello dio cuenta hace unos días el diario ABC, mostrando el enorme negocio que se ha montado con la realización de TFG, TFM, tesis y hasta guiones de cine. Es el golpe de gracia de la codicia a un sistema que, en vez de mejorarse se ha tratado de hacer negocio con sus carencias y problemas. ¿Pero qué otra cosa se podía esperar?

Hay que recuperar la Universidad; tiene que dejar de ser un lugar de depresiones y presiones. El sistema agobia y estresa a todos. Los niveles educativos y humanos que produce no son precisamente los más satisfactorios. Muchas de estas cosas están en manos del profesorado, en su forma de construir el espacio de convivencia y crecimiento que es un aula. Pero no todos están dispuestos a hacerlo. Dedicar más tiempo a enseñar, a convivir, etc. va en contra de este sistema de producción absolutamente implacable. La palabrería institucional no logra esconder lo que nos dicen los estudios y la realidad misma que tenemos delante cada día.

No se trata de romantizar o idealizar la Universidad. Se trata de tomarse en serio la sociedad en que vivimos, de la que la Universidad es un pilar esencial y no un mero centro de formación. Convertirnos a una ideología individualista y egocéntrica es lo contrario de lo que debe ser el universitario y la Universidad. Si no lo hace el mundo académico, ¿quién lo va hacer? 

Hemos creado un sistema egoísta y nos han vuelto egoístas. La enseñanza es el trabajo más vocacional y generoso. Consiste en aprender para enseñar, para transmitir, no solo conocimientos sino experiencias, vocaciones, ilusiones. Y se hace en nombre de una sociedad mejor, buena para la mayor parte. No es lo que vemos. Desgraciadamente. 

Seguiremos tratando esta cuestión. No puede dejarse.

 

 Descargar el estudio: https://www.universidades.gob.es/wp-content/uploads/2023/07/Diseno-Estudio-junio-2023-v4.pdf

* "Uno de cada cinco universitarios ha tenido ideas suicidas y, casi la mitad, síntomas depresión o ansiedad" RTVE.es / Agencias 7/7/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230707/universitarios-ideas-suicidas-sintomas-depresion-ansiedad-estudio/2451520.shtml

** Mausfeld, Rainer (2022) ¿Por qué callan los corderos? Ed. Catarata, Madrid 

*** Enia Gómez "EL RINCÓN DEL VAGO 2.0: HASTA 1.000 EUROS POR TRABAJOS FALSOS QUE NO GARANTIZAN APROBAR" ABC 2/07/2023 https://www.abc.es/sociedad/nuevo-rincon-vago-bazar-persa-malos-estudiantes-20230702210621-nt.html