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sábado, 21 de marzo de 2020

Ingenio y organización

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las cosas más sorprendentes a lo largo de esta crisis ha sido la falta de iniciativas para cubrir las carencias de ciertos elementos, de la que muchos se quejaban pero pocos ponían los medios. Estamos escuchando diariamente las quejas de los médicos, sanitarios, policías, repartidores, empleados de supermercados, etc. ante la imposibilidad de realizar su trabajo con los medios disponibles. Hemos visto a personal sanitario con gafas de bucear o fabricándose "ropa" aislante con bolsas grande de basura, como si estuvieran de Halloween. Nos enteramos, por ejemplo, que solo había una fábrica de mascarillas en España y que estaban trabajando las 24 horas y otras noticias que demuestran la precariedad industrial en la que vivimos.
Se entiende que no es fácil tener un sistema sanitario para dimensiones como las que se requieren en la actualidad porque esta situación es excepcional. Pero no se acaba de entender la pasividad, vamos a llamarla así, de nuestro sistema de producción, lo que llevaría a la adaptación de lo disponible para satisfacer lo necesario.


Ayer empezaron a salir noticias diversas sobre las iniciativas diversas que trata de paliar estas carencias absolutamente vergonzosas en un país que pertenece a lo antes se decía "industrializados", pero en el que los servicios nos han convertido en dependientes de importaciones y, al pararse la actividad fuera, la posibilidad de adquirir lo necesario se reduce. Se paga así la pérdida de tejido industrial, que puede llegar a ser crítica
Con información de Europa Press, La Vanguardia habla de las iniciativas que están surgiendo para paliar esta falta de medios y de iniciativas al respecto:

Un grupo de ingenieros españoles de la comunidad maker, de usuarios de impresoras 3D, se ha unido en una iniciativa para fabricar respiradores de bajo coste para proporcionar suministros a los hospitales durante la pandemia del coronavirus.
Unidos a través de un grupo de Telegram denominado inicialmente Coronavirus Makers, los miembros han ideado un modelo tridimensional de respirador capaz de fabricarse en masa gracias a impresoras 3D y con un coste de producción muy bajo.
El Grupo Aspasia, entidad del sector formativo a nivel nacional, está colaborando con ellos proveyéndoles de una impresora 3D y cualquier otro tipo de material que necesiten para poder desarrollar la iniciativa.*



Ayer Televisión Española en sus noticiarios daba una información similar de otros grupos ("Inventores durante a cuarentena" (20/03) que usan las impresoras 3D para producir elementos necesarios. Nos mostraba también a grupos de ingenieros diseñando nuevos modelos a partir de otros materiales y aparatos que pueden ser reutilizados.
Las impresoras 3D son una solución para ciertas cosas, pero lo ideal sería cambiar las cadenas de producción para ajustarlas a las nuevas necesidades allí donde sea posible. De esta forma se podrían cubrir muchas necesidades o al menos reducir los problemas del desabastecimiento de elementos básicos de tipo sanitario como los señalados anteriormente.


La preocupación han sido los stocks que llegaban desde China al parar esta prácticamente su producción. Pero no se contemplaba que nosotros tuviéramos que parar como lo hemos tenido que hacer en muchos sectores. La crisis se enfocaba todavía en febrero como un problema de China que nos afectaba a nosotros y se trataba de aguantar hasta que se arreglara allí. Nadie pareció pensar que el problema lo llegaríamos a tener por el cierre de empresas y comercios, por la cuarentena del país al completo.
Esa percepción ha tenido que cambiar porque la situación a día de hoy es muy distinta en España, en Europa y evidentemente en China. Las tornas se han cambiado y ya no solo tenemos un problema de recepción sino que nuestro problema es la parálisis propia por el frenazo de la cuarentena en todos los órdenes, producción y consumo en muchos sectores.

26/02
Pero teniendo en cuenta esto, ¿no es mejor readaptar lo que tenemos a lo que necesitamos? Es lo que están haciendo esos ingenieros y otros diseñando nuevos aparatos para las mismas funciones. Las pequeñas empresas son más fáciles de adaptar rápidamente que las grandes. El tamaño es un condicionante de la rigidez; lo pequeño puede ser más fácil de adaptar al cambio.
El sector industrial tiene que hacer el esfuerzo adaptativo, pese a la incertidumbre del tiempo que esto puede durar. Es la mejor solución ante las otras perspectivas, parar y mandar a la gente a casa a la espera de tiempos mejores. Debería haberse creado algún tipo de iniciativa o de organismo que analizara la capacidad de producción y estableciera planes combinados para producir aquello que se necesita con más urgencia. El mercado, está claro, no es bastante. Funcionan mejor los "clústeres" en donde se reúnen los ingenios y el conocimiento y ponen en contacto a los que podrían juntar esfuerzos para producir lo necesario. Hay muchas iniciativas de este tipo. El ingenio está bien, pero organizarse rápidamente ante la adversidad es una buena medida.


Nos hemos centrado demasiado en las pérdidas y menos en lo que podríamos hacer a pesar de todo. Organizarse con agilidad es el síntoma del dinamismo social. El tiempo de respuesta es lo que marca el ritmo vital de un país, su capacidad real en el mundo. Teorizamos muchos sobre ello, pero lo practicamos poco lo del dinamismo empresarial.
Está muy bien que hayan sido los ingenieros. Son los que presentan los proyectos ante los que puedan financiar o conseguir los recursos necesarios para atender las necesidades sanitarias.
Esta pandemia ha servido para que veamos a gran y a pequeña escala el sistema en el que nos movemos y sus debilidades. No son solo los gobiernos los que deben tener previsiones, sino también todos en nuestros niveles; de las empresas a los particulares debemos tener planes de prevención o de ayuda en caso de necesidad.


Está claro que no disponer de los recursos hace depender en exceso y que, aunque es imprevisible lo que se puede necesitar, si deberíamos ser capaces de cierta planificación alternativa a medio y largo plazo ante posibles catástrofes o situaciones límite que podrán llegar en el futuro.
Está claro que el mercado no funciona o no es su función resolver crisis, sino aprovecharse de ellas. Como se suele repetir, no se trata solo de ver "oportunidades", sino "desgracias" y "sufrimiento". Muchos lo han entendido y ha surgido el altruismo, que no es precisamente una función del mercado. Ante la necesidad, hay mucha solidaridad en marcha; también mucho empecinamiento egoísta, pero es afortunadamente menor.
Con la cantidad de gente que está parando en estos momentos su actividad, seguro que muchos podrían ser aprovechados para aquello que se necesite. Igual que se han reciclado hoteles para "medicalizarlos", seguro que hay muchas otras cosas necesarias que se pueden producir con una adaptación. Sería bueno para todos. Hace mucha falta ingenio creativo, pero t
Una cosa está clara: ha comenzado una nueva fase, un tiempo nuevo que no podemos ignorar. El mundo ha cambiado bajo nuestros pies; todo puede cambiar en apenas unos días en un mundo global e instantáneo.
Tenemos muchos analistas económicos, pero se limitan a señalar los efectos de los desastres, sus costes. Pero no he visto a uno solo de ellos dar una solución. Dirán que no es su trabajo y tienen razón. Pero está claro que alguien tendrá que hacerlo. 



* "Ingenieros españoles se unen para fabricar respiradores de bajo coste con impresoras 3D" Europa Press La Vanguardia 20/03/2020
https://www.lavanguardia.com/economia/20200320/474276268606/coronavirus-ingenieros-espanoles-fabrican-respiradoes-bajo-coste-impresoras-3d.html



miércoles, 29 de mayo de 2013

Invitación a un futuro posible

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No creo que el primer telediario del día le haya dedicado más de treinta segundos a la noticia de la concesión del premio de "inventor europeo del año" al ingeniero español José Luis López Gómez. No creo que la redacción de la noticia tuviera más de dos frases y creo que ninguna de ellas tuviera una coma siquiera. Le han dedicado una cuarta parte del tiempo empleado en explicar lo que pasa con Neymar y la mitad de porqué Carlo Ancelotti no fichará por un equipo español este año. He tardado en encontrarlo igualmente en la prensa, hasta que al final me apareció en un pequeño recuadro cambiante en el diario ABC, que nos habla genéricamente de "un ingeniero español".
La falta de comprensión de la relevancia de este premio en estos momentos me parece penosa. En un momento en el que los ingenieros reclaman el protagonismo para que en España se pueda desarrollar una industria que nos haga salir del agujero (eso sí, de campo de golf), ignorar una noticia como esta o infravalorarla nos muestra que seguimos con una visión distorsionada de la realidad española y, lo que es peor, que carecemos de una visión adecuada de futuro. No solo está en crisis la economía española; lo está nuestra forma de pensarla.


La ingeniería española ha reclamado hace unos días los apoyos económicos e institucionales para poder salir a competir fuera de España, apoyo para lograr contratos para las empresas nacionales que los ingenieros han puesto en marcha para tratar de huir del "exitoso" cóctel hispánico del "ladrillo soleado" que nos ha desequilibrado el crecimiento y nos condena a un modelo de desarrollo como el que ahora padecemos, flojo de remos.

¿No es "marca España" el reconocimiento conseguido por José Luis López Gómez? ¿Por qué no se abren más sectores —los que ahora son silenciados— al reconocimiento? ¿Por qué se  sigue potenciando el mismo modelo? Puedo comprender que no se pueda dejar de hacer paellas en mucho tiempo, pero ¿por qué no ir creando el convencimiento —interior y exterior— de que somos un país potente en muchos otros sectores? ¿Por qué no convencernos de que se puede, que merece la pena invertir en sectores productivos que pueden ser rentables? Tenemos ingenieros buenos, muy buenos; ingenieros repartidos por todo el mundo en empresas que los valoran y les sacan provecho. Tenemos muy buenos científicos, igualmente, que se tienen que ir a lugares en donde existe la investigación en las que destacan.

El problema español es de desequilibrio miope, de incapacidad de valorar su propio potencial que se acaba atrofiando o emigrando por falta de desarrollo. Es responsabilidad política que un país aproveche su potencial. España ha realizado un gran esfuerzo de modernización reciente que se ha visto secuestrado por las inversiones en dos sectores interrelacionados como son la construcción y el turismo.
Se sigue haciendo política pensando en estos dos sectores. Podemos seguir celebrando a toda página los éxitos de nuestros cocineros, a los que hemos convertido en celebridades, pero debemos empezar a dar el reconocimiento debido a los que no están ni entre balones o raquetas, ni entre fogones y botellas. Y debemos hacerlo para que crean en un futuro posible, no en la "marca" sino en el país real. Debemos hacerlo para que el que estudie una ingeniería no piense desde primero de carrera que su destino es un país distinto del suyo, que aquí será ignorado, despreciado e infravalorado. También para que aquellos que demuestren interés por la investigación lo hagan, que se puedan imaginar trabajando para su país, creer en él. Y para eso es necesario que el país crea en ellos.
Ahora que se habla del desempleo juvenil y de ayudas a los "jóvenes emprendedores", ofrezcámosles la posibilidad de crearse un futuro más allá de un bar de copas o un mercadillo medieval. Es la oportunidad.


José Luis López Gómez es un ingeniero jubilado de Talgo. Representa el extremo contrario a la doctrina oficial que se nos cuenta todos los días desde los púlpitos de la inutilidad: se comprometió con Talgo, en la que trabajó desde 1967 hasta que se jubiló en 2004 y desde entonces ha seguido vinculado con la empresa como asesor técnico de la presidencia. No tuvo que irse a ningún sitio a demostrar que era bueno porque su propia empresa lo supo valorar. Su movilidad era mental: no dejó de pensar en mejoras para sus trenes.

El Diario de Burgos, el de su provincia, lo entrevistó hace un mes y les dijo: «Todo se puede mejorar, nunca podemos decir que aquí está el límite»*. Eso es una filosofía de vida que debería extender a la mentalidad de muchos. Es aplicable a trenes y países. José Luis López Gómez tenía en su mente de ingeniero el compromiso de que en sus coches se viajara cada día más cómodamente, con más seguridad. Pensar en las ruedas era también pensar en los viajeros, en su seguridad y comodidad. Un tren es también como un país, pensar en los que van dentro. Y hay que saber, sobre todo, adónde se va. Entre los trenes de alta velocidad y los trenecillos que pasean turistas por nuestra ciudades y playas, el futuro está en los primeros.
Nos cuenta el Diario de Burgos lo que el presidente de la OEP, Benoît Battistelli, dijo de él en su discurso: «Ha hecho los viajes en tren más rápidos, seguros y más eficientes enérgicamente, demuestra que el público valora mucho el progreso técnico que mejora de forma evidente la movilidad».*



Un ingeniero español que trabajó en una empresa española en la vanguardia europea y mundial. A muchos les parecerá casi una quimera, pero es por lo que hay que luchar. Como bien señalaba López Gómez, "nunca podemos decir que aquí está el límite". Me gustaría pensar en este premio, además de como el merecido reconocimiento al trabajo de una persona, como una invitación a un futuro posible.


* "El ingeniero de Talgo José Luis López Gómez, mejor inventor europeo 2013" Diario de Burgos 29/05/2013 http://www.diariodeburgos.es/noticia/Z41F7B993-0101-D55E-8A3BDF678E32B342/20130529/ingeniero/talgo/jose/luis/lopez/gomez/mejor/inventor/europeo/2013




jueves, 30 de agosto de 2012

Made in Spain

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario ABC presenta hoy dos textos complementarios en muchas cosas, la carta que los ingenieros españoles han enviado al ministro y la entrevista al presidente de los empresarios españoles, Juan Rossell. Creo que ambas manifestaciones tienen interés por lo que aportan en cada caso como percepción de las necesidades y también de las diferencias entre ellas en la valoración de causas y soluciones.
La visión de los ingenieros respecto a la de los empresarios es diferente porque son los segundos los que deberían dar cancha a los primeros. Cuando unos y otros emigran, lo hacen a distintos sitios y con cosas muy distintas en la maleta y en sus cabezas.
Los ingenieros critican sobre todo el modelo de desarrollo español, del que es en buena medida responsable el sector empresarial que ha apostado por un modelo diferente en estos años. Los políticos, por otro lado, han escuchado poco a los ingenieros y suelen reunirse con los empresarios, como ha hecho el Rey ayer para analizar la crisis económica y mandar una señal de que se está haciendo algo más que la gresca autonómica cantonal con la que nuestros políticos demuestran una vez más que les falta altura histórica y sensibilidad social para los problemas reales. Las chicharras cantan a la hora de más calor.


Los ingenieros son muy claros y rotundos. Comienzan con algo que nos hemos aburrido de repetir aquí, pero que es necesario hacer de nuevo:

España no puede seguir viviendo solo del turismo. «Un país necesita industria», recuerda Mario Armero vicepresidente de (Anfac) Asociación de automóviles de España), la principal bandera del sector industrial de nuestro país con un 10% del PIB en sus manos. Sin embargo, el Estado se ha resistido a aprenderse la moraleja durante los años de bonanza y ahora se la encuentra de frente: España necesita producir.*

"Trabajar" y "producir", aunque popularmente puedan parecer lo mismo no lo son. Existe un problema del "desempleo" y otro del "empleo". Los ingenieros ponen el dedo en la diferencia y reclaman un modelo productivo distinto que genere un empleo también distinto: «La industria es el principal soporte de nuestras exportaciones, y el empleo que genera es de mayor calidad que el de los otros sectores»*. La calidad del empleo no solo se debe medir por la cuantía de los sueldos y por su duración, sino por el resultado productivo en el conjunto de la economía nacional. Ese es el gran debate ausente:

Los ingenieros españoles temen que la compleja situación económica de nuestro país haya desplazado a un segundo término «el importante debate sobre el modelo productivo deseable para la sociedad española» y así se lo han hecho saber al ministerio de Industria en la carta que le han enviado.*

Ese, efectivamente, debería ser el tema puesto permanentemente encima de la mesa. Sin embargo, no aparece en ningún momento en el centro de la discusión, como bien temen los ingenieros. Más bien no hay discusión alguna, solo enfrentamiento. Cero en diálogo.


La ausencia de un modelo productivo —nacional, autonómico, local— significa abandonar a sus propias fuerzas el crecimiento, algo que en la teoría (neoliberal) es muy bonito, pero que en la realidad ha supuesto el desarrollo de un modelo mediocre de crecimiento, basado en el maridaje de ladrillo y turismo, con comercio alrededor, la creación artificial de demanda de construcción y bienes con el consiguiente endeudamiento familiar, y el estallido final de una burbuja que ha arrastrado todo nuestro sistema financiero. Ha sido un crecimiento endeudado y especulativo, un ilusionismo económico del que solo es posible recuperarse mediante el cambio de modelo productivo que cree un crecimiento estable y real.


La desesperación de los ingenieros es que sabiendo su potencial, su capacidad de trabajo, se ven, ante la ceguera institucional y empresarial, obligados a emigrar a lugares que se aprovechen de ello. El mal es doble porque no solo se da a otros la posibilidad barata (nosotros asumimos el gasto de formación) de competir con nosotros con nuestros propios ingenieros desde Alemania, Francia o China, sino que perdemos la capacidad de hacerlo algún día.
Y es aquí donde entran en conflicto con los empresarios, al menos con los que han creado el modelo actual basado en la construcción, el turismo, los viajes, el comercio de importación, etc., es decir, todos aquellos sectores en los que no hacen falta ingenieros porque no se produce. Los ingenieros distinguen —y hace bien— dentro del empresariado:

La carta hace especial hincapié en la necesidad de apostar por el I+D (en volumen de inversión, pero sobre todo en resultados), ya que «los sectores industriales más intensivos en tecnología están sensiblemente menos desarrollados que en otros países en niveles parecidos de renta». Un problema que no responde a su cantidad, sino a su calidad: «Nuestros empresarios de los sectores intensivos en tecnología son buenos, muy buenos: lo que ocurre es que son pocos». Por eso es necesario dar alas a los jóvenes que quieran emprender en el negocio de la ingeniería. Por ejemplo «hacen falta mecanismos para estimular los «spin offs» (centros empresariales en universidades o centros de investigación).*

Pocos y bastante abandonados. Y es esencial que estos sectores punteros se desarrollen para absorber nuestra desmoralizada y desperdiciada juventud, víctima principal de esta creación pobre de empleo, poco y de mala calidad, tanto en producción como en sueldo.
La ceguera política ha tenido como lazarillos a otro tipo de empresarios, a los que les ha interesado que les allanaran el camino a sus sectores especulativos. Lo que los ingenieros piden es necesario y urgente: crear un sector productivo puntero, competitivo, exportador. Potencial se tiene, pero no es precisamente el sector que se ha apoyado. Hay que conectar la investigación con la ingeniería, pero para eso hace falta tener buenos empresarios.
Cuando leemos la entrevista con Juan Rossell, el presidente de la CEOE, nos encontramos con coincidencias y divergencias. Rossell tiene una visión política que nos debería sonar por repetida:

-¿Cómo ha llegado España a esta situación?
-En este siglo España ha sido el país que más empleo ha creado en Europa, aunque desde el tercer trimestre de 2008 estemos en una catástrofe de PIB y destrucción de empleo y esa tendencia no sepamos pararla. No nos dimos cuenta de la enfermedad a tiempo y hemos sido los más lentos del mundo en tomar medidas contundentes. Entre 2007 y 2009 la diferencia entre gastos y [sic] ingresos respecto al PIB cayó 13 puntos y de superávit se pasó a déficit. Los que llevaban el mando no se pusieron en guardia; con crecimientos brutales de ingresos hubo mucho despilfarro local, estatal y autonómico. A ello se unió una burbuja crediticia, había dinero para todo y barato. El sector privado se endeudó muchísimo y la deuda pública evolucionará hasta el 80% del PIB a final de este año. Aunque, hay que decirlo, es aún inferior a la de Alemania.**


Este análisis resumido es la versión estándar de nuestra situación, la versión oficial de la "enfermedad". Se repite una y otra vez sin entrar en el problema ni explicar porqué se produce esa caída en picado ni porqué, como dice el propio Rossell, "no sabemos pararla". Sin embargo, la respuesta está implícita en sus palabras: ha sido el endeudamiento —el despilfarro— el que ha actuado como motor del crecimiento. Por eso el parón es absoluto cuando se cierran las puertas por las que salía el dinero, bancos y administración. Es una crisis paralela a la norteamericana —deuda pública más endeudamiento privado por la construcción y el consumo, pérdida de industria— solo que sin haber logrado desarrollar una capacidad productiva como la de los Estados Unidos. Copiamos los defectos, no las virtudes. USA tiene el dólar, que controla y con él a sus deudores, como China; nosotros tenemos el euro, que controla Alemania, y tenemos deudores a los que tampoco controlamos.

Por contra a lo que opine Rossell, ningún país que tenga una economía sólida se viene abajo de la forma que lo ha hecho la nuestra y eso solo es posible porque su "motor" está trucado y se ha fundido. Ese dato repetido de la creación de empleo no es más que un mecanismo propagandístico de un modelo obsoleto e impúdico que ha ido viciando todo nuestro sistema, por mucho que luciera su oropel.
No deja de ser curioso que la mayor parte de la opiniones de nuestros empresarios sobre cómo salir de la crisis se centren en la reforma de la administración y no en la reforma del empresariado, que es donde debrían aportar ideas que, sin embargo, brillan por su ausencia. Mucha crítica pero poca autocrítica. Tras entrar salomónicamente en la polémica política sobre quién es más despilfarrador, si las autonomías o la administración central, a Rossell la hacen la pregunta clave:

- ¿El secreto para España, como Alemania, está en exportar?
-Si Europa no exporta no tiene futuro, como España. Y aquí nuestro país sí tiene datos positivos, 120.000 empresas españolas exportan por todo el mundo. En mayo las exportaciones crecieron un 6,2%, un 2% entre enero y mayo. Con la ventaja de que está cayendo el euro respecto al dólar a nivel mundial. Exportar es la clave para salir de la crisis.**

Pues entonces, estimado señor Rossell, si usted, que es ingeniero, sabe que es la única receta posible y la única deseable —aunque a una parte de la CEOE y de los políticos le gusten más otras opciones— es la exportación de lo que se produce, reclamen al gobierno un modelo de crecimiento productivo acorde con las necesidades y posibilidades de la sociedad española, un país habitado y habitable, no solo un país "visitable" por los extranjeros y "abandonable" por los nacionales, un país que se conozca por nuestros productos industriales y agrícolas.
Menos "marca España" y más "made in Spain".

* "Los ingenieros al gobierno: España necesita producir" ABC 30/08/2012  http://www.abc.es/20120830/economia/abci-ingenieros-recuerdan-gobierno-industria-201208291630.html
** "Rosell: «La situación es agobiante, pero no una catástrofe»" ABC 30/08/2012 http://www.abc.es/20120730/economia/abci-rosell-ceoe-empresa-201207301042.html