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jueves, 11 de febrero de 2016

Europa y las crisis propias y ajenas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Tras la reunión de los seis socios fundadores de lo que hoy llamamos Unión Europa, el ministro italiano ha hecho el repaso de las amenazas señalando la crisis de los refugiados como la principal actualmente. Sin embargo, antes de que Europa se sintiera amenazada por los que vienen de fuera, lo estaba por los que están dentro. Quizá el signo de Europa sea estar amenazada, algo que no es bueno porque acaba generando un sentimiento poco sano para el desarrollo. Demasiada amenaza causa estrés.
Formarse a base de crisis impide un crecimiento consciente, dirigido, y nos sumerge en un crecimiento ante obstáculos que tiene un carácter negativo, problemático. Si nos formamos a través de crisis, de reacciones a lo que nos llega desde fuera o desde dentro como una "amenaza", será el miedo el argumento que se use con más frecuencia. De hecho, ya ocurre. Es muy fácil para nuestros políticos europeos (y nacionales) usar el argumento de las catástrofes cada vez que quieren conseguir o evitar algo. La advertencia siempre es sobre lo que ocurrirá si se produce aquello que actúa como motivación negativa, como un refuerzo para la acción.


Europa ha tenido que sortear a los antieuropeos y a los euroescépticos, que consiguieron una amplia representación en el parlamento en el que no creían —o, mejor, que querían dinamitar— para enfrentarse ahora a las nuevas crisis que nos amenazan.
Es indudable que estamos ante una crisis humanitaria, pero ¿es una crisis europea? No a menos que se quiera que así sea. Se percibe una crisis europea porque ante cualquier crisis Europa se resiente. Y los motivos son los mismos que la crisis de los euroescépticos: la falta de una idea consolidada, fuerte, sentida, de Europa. Al igual que en las crisis anteriores, algunos quieren hacer creer que es la idea europea la que ofrece debilidad ante las nuevas situaciones.
En su obra El espíritu de la Ilustración (2014), Tzvetan Todorov cita unas palabras de Jean-Jacques Rousseau, pertenecientes a su Consideraciones sobre el gobierno de Polonia (1771): «Digan lo que digan, hoy en día ya no hay franceses, alemanes, españoles, ni siquiera ingleses. Solo hay europeos» (119). Las palabras de Rousseau son anteriores a la exaltación nacionalista que verá el siglo XIX, con la Historia y la Filología como apuntalamientos. Pero la idea de Rousseau tenía su consistencia y no era una simple ilusión. Era más bien un deseo de europeidad, que no surge espontáneamente sino como manifestación de la voluntad de quienes lo fomentan y propagan.


Mientras que los nacionalismos vendieron el carácter natural de la naciones —otra de las construcciones románticas— para fundamentar sus límites o sus aspiraciones imperiales, el espíritu europeísta estaba más del lado del cosmopolitismo de las repúblicas letradas, es decir, que lo que se oponía a la sangre y a la geografía era la "cultura", que no llega de la naturaleza espontáneamente sino que es el resultado de poner los ladrillos mediante los que se construye la casa común.
La definición de las naciones alcanzó el máximo de mitificación en el siglo XIX, que se prolonga hasta hoy cuando se invocan los mismos mitos fundacionales. Y fue en detrimento de la idea ilustrada que preconizaba un universalismo de lo humano y el deseo de unirse a quienes compartieran esa visión. 

Evidentemente el "universalismo" tiene su propia mitificación pero tiene la ventaja de necesitar ser construido racionalmente, con esfuerzo, argumentado, frente a la aparente naturalidad de lo nacional, que se da por hecho. Por nacer, ya eres de una nación; la cultura, en cambio, es labor de una vida de esfuerzo. El nacionalismo es una forma de creacionismo político. Estima que las naciones fueron creadas en unos tiempos originarios que se tratan de fundamentar en raíces (otra metáfora natural) cada vez más profundas, es decir, remotas en la Historia. Por eso, como decía el joven Werther, Ossian había sustituido a Homero en su corazón, frase reveladora de ese cambio de orientación de un pasado mitificado centrado en la cultura (el mundo grecolatino y el clasicismo consiguiente) a un pasado mitificado, romántico, que establece diferencias, el nacional, donde el bardo Ossian sustituye a Homero, padre y raíz poético intelectual al margen de cualquier país. Grecia era de todos; las naciones, de cada uno. Las naciones nacen; Europa se hace.
A la definición de la identidad religiosa medieval le sigue la identidad cultural grecolatina surgida del Renacimiento, que acaba fragmentándose en las identidades nacionales. De ahí esa expresión "europeos" que Rousseau utiliza y que, siendo la misma palabra, encierra un sentido distinto al de una europeidad que está en construcción frente aquella que se enfrentaba a su disolución.
Lo peor que le puede ocurrir a la Historia es ser interpretada de forma maniquea. La Historia es la expresión ordenada de los errores, calamidades y aciertos de aquellas unidades (culturas, pueblos, naciones, etc.) a las que queremos dar identidad. Lo que es tiene su historia; lo que no es, no la tiene. Y viceversa: sin historia no se es. Hoy podemos comprenderlo perfectamente en muchos dramas identitarios teñidos de sangre.
Pensar que el drama de los refugiados sirios, huidos de una horrenda pseudo guerra civil de cinco años, es el causante de los problemas de Europa es un error. Puede ser una muestra de la falta de decisión, organización, eficacia, etc. de sus instituciones. Pero esto no debería afectar a la europeidad en sí, sino ayudar a conseguir alcanzar los niveles de eficacia, organización, etc. adecuados para resolver los desafíos. El problema no son los refugiados sino nuestra interpretación de los problemas.
El problema de los refugiados no es "problema" de la identidad de Europa. La identidad europea no se debe poner en cuestión por la forma en que se pueda resolver un problema que no es el nuestra identidad, sino el de la supervivencia de millones de personas huyendo de una guerra terrible. De ahí que sean los enemigos internos y externos de la europeidad y de Europa los que sacan más provecho de los problemas que nos afectan.
Los problemas se deben distinguir con claridad para resolver aquellos que se pueden resolver y exigir, presionar, etc. para que se resuelvan los que no estén directamente en nuestra mano. Este problema comienza por el deseo de permanecer en el poder a cualquier precio del presidente sirio, que se siente respaldado por una serie de países que temen perder su influencia en la zona o que otros la ganen. Mientras ese problema no se resuelva, cada día miles de personas llegarán a Europa, cuya identidad nada tiene que ver con esto sino con la forma en que esta segunda, los refugiados, parte se gestiona. Los refugiados sirios no solo vienen a Europa; están repartidos por los países vecinos al conflicto en condiciones lamentables.

Desde nuestra perspectiva de europeos, estas situaciones trágicas deberían servirnos, como hay muchos casos por todo nuestro continente, para ver los valores solidarios que emergen. El que los medios se centren en el aumento de la violencia y la xenofobia no quiere decir que sea lo único que haya, que sea la respuesta europea. Esa respuesta es la de quienes aprovechan cualquier otra situación —como la crisis económica anterior— para atacar a la idea de Europa y de unos valores comunes dentro de un espacio en el que se equilibren las identidades nacionales con el ideal comunitario. Me quedo con los miles de personas que se manifiestan en el apoyo a la idea de universalidad, que es también la humanitaria, es característica de esa Europa que hay que reforzar frente a los que buscan levantar barreras contra los demás europeos y los que llegan de fuera. La xenofobia de algunos ya la han ejercido, antes que con sirios e iraquíes, con muchos ciudadanos comunitarios de países a los que desprecian (en realidad de todos los que no son ellos mismos).
El terrible drama de los refugiados es un reto, pero no un reto a nuestra identidad, sino a nuestra humanidad. Lo que debemos demostrarnos precisamente es que somos capaces de sobreponernos a estas circunstancias. No seremos más o menos europeos, sino más o menos humanos según nuestras acciones.
Al final, lo que queda es la conciencia y la moralidad, el saber que se ha hecho lo que estaba en nuestra mano, lo que hemos podido, con mayor o menor eficacia pero con el firme deseo de aliviar el sufrimiento ajeno. Egoísmos ya tenemos bastantes para necesitar desarrollar otros nuevos.
La ventaja de la construcción de la identidad europea es que no es diferencial, donde solo nos preocupamos de ser distintos. De eso se ocupó el nacionalismo. Debe ser una identidad especular, es decir, la que surja del espejo de nuestros defectos y nuestra capacidad de ir limitándolos para hacer una Europa mejor, más humana e inclusiva. Hay luchas que se ganan contra el mundo, pero las más importantes son aquellas en las que nos vencemos a nosotros mismos.



* TODOROV, T. (2014). El espíritu de la Ilustración. Galaxia Gutenberg, Barcelona.

  

jueves, 8 de octubre de 2015

Europas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las noticias de hoy nos traen las dos caras de la moneda europea. Mientras David Cameron hace su juego frente a sus acólitos conservadores, Angela Merkel y François Hollande intentan mantener una imagen de unidad y responsabilidad ante el parlamento europeo.
Es difícil encontrar dos visiones tan diferentes en una misma sentada. Cameron vuelve a la estrategia del desafío y desprecio a Europa, política y como idea. Representa el modelo que tantas veces hemos criticado aquí de la "política contra Europa", definiendo perfectamente su visión ante sus correligionarios. A Cameron le importa mantenerse en el poder y si ha de hacerse contra Europa, lo hará. Euronews cita sus palabras ante el congreso conservador:

“Ya sabemos qué está mal en la Unión: demasiado grande, mandona y entrometida. Creedme, no tengo ninguna atadura romántica con la Unión Europea y sus instituciones. Solo estoy interesado en dos cosas: la prosperidad de Reino Unido y la influencia de Reino Unido. Y por eso voy a luchar en la renegociación para tener un mejor acuerdo y lo mejor de los dos mundos”, ha dicho.
Tiene previsto convocar la consulta a finales de 2017.*


Es difícil construir Europa con una mentalidad isleña como la de Cameron. La definición de sus "intereses" no puede ser más clara: solo le interesa su prosperidad y su influencia. Sus ideas son las de un falso liderazgo que nadie le ha pedido. A Cameron no le importa lo que ocurra en Europa, aunque esto no sea cierto. Pero es lo que cuenta para que le vaya bien. "Demasiado grande, mandona y entrometida" es su descripción de Europa; es una ajustada descripción de lo que fue el Imperio Británico.
Lo peligroso es que ya se define —y pide a los británicos que lo hagan— contra EuropaEsta idea implica que, para congraciarse con sus adoctrinados votantes, Cameron tiene que traer cada día ante ellos la piel del oso europeo. 
Su versión del Rule Britannia! es ahora contra Europa: When Britain first, at heaven's command, / Arose from out the azure main, / This was the charter of the land, / And Guardian Angels sang this strain: / Rule, Britannia! Britannia, rule the waves! / Britons never, never, never shall be slaves. Cameron lo debe cantar todas las mañanas. Hay dirigentes que piensan que la grandeza de sus países consiste en tener sus propios intereses bien diferenciados. Un  gran error. Eso le está costando a los Estados Unidos el liderazgo mundial y la animadversión de zonas enteras del planeta. Hay que saber ser poderoso. Y Cameron está copiando los errores sin ninguno de los beneficios.
Francia y Alemania son países grandes y son capaces de dar una imagen conjunta ante un problema europeo. Cameron no es capaz. Es solo un líder local. Podemos identificarnos o no con Merkel u Hollande, pero nunca con Cameron, porque el no se dirige a nadie más que a sus votantes. No tiene mensaje europeo. Y eso al final se transforma en mensaje contra Europa, aunque lo haga a través de eufemismos.


Lo que ha hecho es decirle a sus seguidores que los británicos nunca serán esclavos... de Europa. Con ello prepara a sus votantes diciéndoles lo que muchos quieren escuchar y, especialmente, lanza una advertencia a Europa de que o se hace lo que él dice (en el fondo ceder a los intereses que ha dicho tener: la prosperidad británica y aumentar su influencia) o Gran Bretaña saldrá de Europa.
Que las naciones o los estados se consideren creadas por mandato divino o de cualquier otra instancia mítica no deja de ser un auténtico incordio para los demás, que siempre ser verán como pálidas caricaturas de pueblos y estados. De esa concepción fundadora surge el rechazo, escepticismo o cualquier otra variante que hace a los británicos considerar con distancia a Europa. Por supuesto, esto no es más que retórica, pero retórica que hace daño e impide que la idea europea se desarrolle.


Frente al nacimiento divino de algunas naciones o estados, Europa es una idea. No depende de la voluntad de los dioses o cualquier otra instancia sobrenatural su existencia. Europa es, por el contrario, una idea que desarrollar desde la voluntad y los principios. Y esa voluntad surge del hecho de considerarse "europeos". Por eso es tan importante darle un sentido pleno más que, como hace David Cameron, imponerle un sentido de "otredad": Europa son los otros; nosotros, británicos, estamos porque nos interesa.
La intervención de Merkel y Hollande está marcada por unas consideraciones muy distintas. Así nos lo cuenta también Euronews:

Angela Merkel ha pedido solidaridad y respecto para recibir a estas personas: “Solamente juntos vamos a conseguir gestionar la enorme tarea de integración que nos espera. Podemos esperar que estas personas se integren en nuestra sociedad. Pero a cambio tenemos que tratar a estos refugiados que vienen huyendo de la pobreza y de las dificultades con respeto y no como si fuera una masa anónima, independientemente de si van a quedarse o no”.
Merkel ha señalado también que el procedimiento de Dublín está obsoleto y se ha pronunciado a favor de un nuevo sistema de distribución porque “Europa es una unión de valores, de derecho y de responsabilidad” ha dicho.**


No está mal lo que Merkel ha dicho en el plano general. La actitud es la opuesta a lo que David Cameron dice en el Reino Unido: para Merkel lo países deben ceder en beneficio del conjunto, es decir, de una idea de Europa más allá de un agregado; para Cameron,  en cambio, Europa se debe debilitar para que se fortalezca Gran Bretaña. La intervención de euroescéptico británico Nigel Farage a la intervención de los presidentes Merkel y Hollande: “Esta es una Europa de división, de falta de armonía, una Europa que es una fórmula para el resentimiento y ante a todo este fracaso los dos dicen lo mismo hoy, usted dice que Europa no funciona, así que necesitamos más Europa. Más del mismo fracaso”***


¿Hay diferencia entre lo que dice Cameron y lo que dice el euroescéptico Farage? No. Compiten por el mismo electorado y sus discursos se acaban confundiendo; el uno extrema el del otro. Cuando quede poco tiempo para el referéndum, Cameron propondrá unas medidas para pedir el "sí" británico a la estancia en la Unión a sabiendas de que no serán aceptadas muchas, pero que puede que le acepten lo suficiente para que no se vayan. Pero el discurso de Cameron va en progresión según le disputen el voto interior. Estas últimas declaraciones son difíciles de superar porque es él mismo el que dice que está en Europa para debilitarla, el mismo mensaje que los Le Pen y compañía.


Creo que Angela Merkel y Hollande han asumido un discurso responsable, de liderazgo europeo. Y eso es lo que molesta mucho dentro y fuera. The Washington Post recoge el escándalo que se ha formado en Alemania por el uso en la televisión pública de unas imágenes trucadas con un parlamento tras el que asoman minaretes y medias lunas y sobre el que acaba apareciendo la imagen de Angela Merkel con un niqab. El periódico recuerda que es la misma dirigente que "puso de rodillas a Grecia" en el verano y que ahora, en cambio, se enfrenta al desgaste de la "crisis de los refugiados". Y recogen estas palabras de Merkel:

In the face of domestic criticism, she has remained unbowed: “If we have to apologize for showing a friendly face in emergency situations, then this is not my country,” Merkel recently said.****



De nuevo el contraste con Cameron, alguien que no es capaz de dar el salto de líder local a líder europeo. Europa necesita líderes europeos, no políticos que utilicen Europa para ganar votos en sus países, unas veces presumiendo de sacar mejor tajada que los demás y otras presumiendo de lo contrario.
Puede cuestionarse el papel de Alemania y Merkel en muchas ocasiones, pero esta crisis actual requiere otro tipo de planteamientos y actitudes, incluso de principios, en donde se vea realmente qué tipo de Europa es posible construir. Europa no es un continente aislado, ni geográfica ni política ni culturalmente. Europa se ha ideado como alternativa a los errores del nacionalismo, de la doctrina de las influencias, de las luchas religiosas y políticas, del imperialismo, etc. Europa quiere ser lo contrario de lo que ha sido; dejar de ser un campo de batalla y ser un campo de concordia. Su estado es imperfecto, pero su ánimo debe ser claro para saber cuál es el camino que le lleva al futuro deseado y no de vuelta al pasado del que huye para evitar que se repitan los siglos de guerras y conflictos.
Europa se puede equivocar, como todos los países en la historia. Pero Europa no debe negarse. Debe proponerse como ideal de futuro y no crear sus cimientos con mezquindades. Es en los retos donde se muestran las actitudes. Los que han nacido por mandato divino, lo tienen sencillo. Los que se construyen día a día, con errores y aciertos, dependen de su voluntad de ser. Hay que querer ser Europa, una Europa en la que se quiere vivir con principios comunes y no solo con intereses particulares que se imponen a los otros. Es en estos ejercicios históricos, en estas crisis, donde se forja la voluntad.



* "Cameron carga contra la UE y Corbyn en la conferencia anual de su partido" Euronews 7/10/2015 http://es.euronews.com/2015/10/07/cameron-carga-contra-la-ue-y-corbyn-en-la-conferencia-anual-de-su-partido/
** "Mensaje de unidad de Merkel y Hollande en el Parlamento Europeo" Euronews 7/10/2015 http://es.euronews.com/2015/10/07/mensaje-de-unidad-de-merkel-y-hollande-en-el-parlamento-europeo/
*** "Reacciones de los eurodiputados tras el discurso de Merkel y Hollande" Euronews 7/10/2015 http://es.euronews.com/2015/10/07/reacciones-de-los-eurodiputados-tras-el-discurso-de-merkel-y-hollande/
**** "Image of Merkel in Muslim veil sparks wider refugee debate in Germany" The Washington Post 7/10/2015 https://www.washingtonpost.com/world/europe/image-of-merkel-in-muslim-veil-sparks-wider-refugee-debate-in-germany/2015/10/07/d545d8e6-6d03-11e5-91eb-27ad15c2b723_story.html




domingo, 5 de julio de 2015

El voto griego y la erosión de la idea de Europa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es difícil construir una Europa conjunta y resistente si se utiliza como chivo expiatorio de los males locales. No me refiero exclusivamente al caso griego que lleva hoy a sus ciudadanos a decidir si siguen o no vinculados con una Europa contra la que se dirigen los ataques de sus líderes actuales desde antes de haber llegado al gobierno. La llegada de Tsipras al poder fue con la promesa de "domar" a Europa como, por otro lado, lo había hecho François Hollande relevando al europeísta Sarkozy, pareja junto de Merkel en la cabeza de la Unión. Hoy Hollande trata de recuperar alguna décimas de popularidad intentando jugar al balance entre una Europa que cree que los dirigentes griegos les toman el pelo y que Tsipras se lo tome a él directamente.
Cuando los líderes hacen las campañas contra Europa, después se encuentran en la desagradable tesitura de tener que recoger velas en la mayoría de los casos. Es más fácil hacer demagogia en casa que política en Bruselas. La idea de que solo los países son democráticos mientras que el conjunto menos uno mismo es un fascismo imperialista tiene que acabarse, pero ¡es tan rentable!


La reducción maniquea, con repartos de maldad y bondad, no lleva a ninguna parte. O peor: lleva al fraccionamiento de una Europa que a muchos no interesa que exista, dentro y fuera de la Unión.
Independiente del fraccionamiento que ha producido ya en la sociedad griega —que tendrá consecuencias durante mucho tiempo—, se está erosionando una Europa que muchos quieren ver reducida a una especie de casero malhumorado que se desentiende del estado de los pisos y solo quiere cobrar lo que le deben. Pero esta historia no es nueva y llega después de muchos incumplimientos y desafíos.
Las recomendaciones educadas a Alexis Tsipras de que no mintiera sobre lo debatido a su regreso de Bruselas era algo más que una recomendación; era llamarle miembro desleal. Refleja el rechazo al estilo de Tsipras y sus ministros que han ido con unas actitudes y gestos alentados por sus propias promesas de doblegar Europa. Que lo primero que hiciera Tsipras al llegar al gobierno fuese ir a ver a Putin —aquí lo comentamos— era un gesto de mala voluntad hacia Europa y sobre todo un insulto a la Ucrania invadida y desmembrada por el cinismo ruso. Después ha continuado en la misma línea. Entre gestos de desprecio y de osadía desafiante.


Tsipras no ha intentado resolver nada. Ha seguido jugando con Europa hasta que se ha roto la cuerda de los vencimientos. Solo hay una cuestión: a nadie le interesa la bancarrota de Grecia. Al menos en Europa. Sí hay muchos intereses, en cambio, en colapsar Europa. No hay que descubrir complots. Lo han dicho ellos mismos: euroescépticos, ultranacionalistas y demás fauna que ha proliferado en los últimos años. Para ellos, el caso de Grecia es una herramienta futura en sus luchas locales por romper la Unión.

La salida de Grecia del euro, si se produce finalmente, tendrá consecuencias previstas y otras quizá más extrañas. En estos días se ha enfocado el problema desde otra dimensión, la de la OTAN. Ha salido el dato de que Grecia tiene un presupuesto militar del 2%, casi el doble de lo que tiene España. La intervención del secretario de la Alianza Atlántica y la preocupación mostrada por el presidente Obama respecto a la situación en Grecia no es casual. Tampoco que se vuelva a resaltar la buena sintonía de Tsipras con Putin. Quizá haya que recordar las ofertas de Putin de aliviar la deuda de Grecia que se recibieron al principio de su mandato. Una Grecia fuera del Euro y de la Unión, con lazos demasiado unidos con Rusia —la excusa es que son ortodoxos, decía hace poco un medio— solo interesa a la propia Rusia, que debilitaría una zona de control del Mediterráneo y Oriente Medio, además de sembrar la discordia.


La cuestión está en que la percepción de "lo europeo" se va debilitando gracias a la erosión de la crisis económica general, los errores de cálculo y los ataques de los eurofobos y la dejadez de los "eurotibios". Lo que ocurra hoy con el referéndum en Grecia es importante para la historia de Europa y para su futuro. No tanto por el hecho en sí, sino por las consecuencias en la percepción de la Unión por parte de los miembros.
Las afirmaciones que se escuchan en boca de muchos políticos que juegan a la eurofobia son preocupantes. Las hay que afirman que se trata de un "golpe de estado", que se trata de "acabar con la democracia" en Grecia, que se trata "humillar" a los griegos, etc. Todo esto es de una irresponsabilidad absoluta y no hace más que ahondar en esta forma de política que todos acaban practicando, la emocional, que no nos llevará nunca por buen camino.


Tsipras se hizo con el poder a fuerza de esa emocionalidad y de acusar a los gobiernos anteriores de estar vendidos a Europa. Los convirtió en títeres de una Alemania a la que se representaba como si Hitler estuviera en el poder, reduciendo el mundo a una caricatura maniquea en donde él y su equipo eran una nueva versión triunfadora de "300". Con ganar sus elecciones ya estaba todo solucionado. Se ha visto que no es así. La demagogia hace ganar elecciones, pero no resolver problemas. Tsipras no ha resuelto ninguno. De hecho, ha creado algunos más. Y ha querido trasladarlos a Europa para satisfacción de muchos. Entre otros de su socio de gobierno ultranacionalista.
Es evidente que Europa en su conjunto se ha equivocado de muchas maneras. Pero también es evidente que los males de Grecia no vienen de Europa sino de su propia incapacidad de resolver los suyos. Creo que los deseos de los europeos en su conjunto están con que el pueblo griego —como cualquier otro— sufra lo menos posible una situación difícil como la que llevan tiempo pasando. Pero la solidaridad tiene muchos caminos y algunos límites.
Si en Grecia sale gana el "no", las posibilidades son varias que no dependerán solo del pueblo griego, sino de lo que diga el resto de Europa. Si sale el "sí", a Tsipras solo le queda dimitir y convocar nuevas elecciones. Hasta ahora solo el ministro de Economía ha mencionado la posibilidad. El referéndum no resuelve nada, solo supone elegir el tipo de problemas que Grecia intentará resolver.






domingo, 9 de junio de 2013

La letra pequeña del contrato social europeo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El editorial de The New York Times tiene una título expresivo: "Europe’s Social Contract, Lying in Pieces". La fotografía que lo acompaña es de una mujer griega, una "sin techo" dormitando sobre un banco de la calle, junto a un carrito de supermercado con sus pertenencias. Es una foto dura que por efecto de retórico se convierte en representación de una Europa muy diferente a la que se acostumbra a mostrar.
El editorial muestra su preocupación por lo que parece el fracaso del compromiso social, del contrato por el bienestar, sobre el que Europa había cimentado su crecimiento y, sobre todo, una imagen de sí misma que difiere de la que esa fotografía, convertida en emblemática representa.

What began as a debt and currency crisis in the European Union risks becoming a crisis of liberal democracy itself. Four years of grinding austerity across much of the Continent has caused millions of middle- and working-class voters to lose faith in the ability of mainstream political parties to protect their basic interests. It would be a sad paradox if the European movement, conceived in the ruins of fascism and two world wars, and for decades democracy’s best advertisement to the Communist East, undermined its democratic achievements in pursuit of a perverse economic dogma.*


El editorial plantea algunas reflexiones interesantes sobre una Europa vista desde fuera, pero también nos plantea a nosotros una reflexión sobre los Estados Unidos y cómo nos ven. La percepción de la crisis europea, tal como ellos lo hacen, puede ser también interesante. En primer lugar, lo es que ellos vean el bienestar de Europa como una especie de cinturón de seguridad. No es de extrañar que inmediatamente vengan a la memoria  las "dos Guerras Mundiales", las "ruinas del fascismo" y una especie de terapia democrática recetada a una Europa de Jeckyll y Hyde.
El origen de la crisis, para ellos, está en ese "perverso dogma económico" que es una forma de llamar a la "austeridad". Sin embargo, habría que ir un poco más atrás para que el análisis de esta crisis sea productivo. La crisis comenzó a comprenderse como una "crisis norteamericana" que afectaba a Europa y ahora, en cambio, es percibida como una crisis europea que afecta a todos, incluidos los Estados Unidos. La vida económica es compleja y no se trata de saber el origen último de todo proceso en una cadena de regresiones infinitas, pero sí de conocer los marcos en los que los problemas crecen.


La austeridad no es el origen de la crisis; es un mal remedio. Es un remedio impuesto por aquellos que se podían ver más perjudicados por el agravamiento de una situación que se hace difícil de controlar en un sistema, el europeo, que no había experimentado una situación de este calibre con una moneda común pero con intereses dispares.
Los que señalan que hay que avanzar en políticas comunes tienen razón siempre y cuando se avance en una política de igualdad entre los países, de reducción de diferencias. El error político —local y global— ha sido el contrario: ahondar en la diferencias económicas dentro de cada país y entre países. Las diferencias sociales han aumentado en todos los países de la Unión y, a su vez, han aumentado las diferencias entre los países, empobreciéndose unos en detrimento de los otros. Es difícil usar un mismo nombre, "Europa", para realidades tan distintas. Por eso comenzaron a fraguarse los eufemismos: "Europa de dos velocidades", "núcleo fuerte del euro", etc.

Creo que la mejor forma de representarse esta crisis que padecemos es como una infección que nos llega con las defensas bajas, con una capacidad de reacción muy limitada. Nuestras economías estaban ya enfermas y lo que nos ha puesto como receta es una dieta rigurosa. Es en esa dieta que se llama "austeridad"  y donde se concentran los ataques The New York Times. Sin embargo, la enfermedad europea debe mucho a planteamientos que llegaron de los Estados Unidos en la "era Reagan-Thatcher" imponiendo un estándar global.
La crisis europea comienza, en realidad, con la desconfianza en el estado, un contagio neoliberal angloamericano, con las políticas que no solo desmantelaban lo público, sino que alzaban a las grandes corporaciones —bancos, empresas— a dirigir las políticas en función de sus intereses, a los que se debía supeditar la política. Las políticas neoliberales ahondan las diferencias sociales, como era característico de la sociedad americana, y eso entra en contradicción con los ideales europeos de una sociedad más igualitaria. Llegaron, además, en el peor momento: el de la definición y construcción de Europa.
Tiene razón The New York Times al decir que la crisis europea de confianza en los grandes partidos y en los gobiernos proviene del abandono de unos y otros de una parte de sus políticas tradicionales. Conservadores, liberales y socialistas europeos quedaron marcados por estas políticas:

With few exceptions, Europe’s mainstream center-left parties, which long positioned themselves as defenders of society’s most vulnerable, are taking it in the teeth politically. The Democrats in Italy, the Socialists in France and Spain, and the Greek socialist party known as Pasok, having committed to many more years of cuts in social spending, are increasingly out of touch with the desperate situation of young people without job prospects, homeowners unable to keep up with their bills, and older workers facing long-term unemployment, later retirement ages and pension cutbacks.
[...]
Europe’s conservative parties, like Republicans in the United States, have, for the most part, turned into shrill apostles of austerity at almost any social cost. The shock is that European socialist parties have largely shrugged and acquiesced, instead of fighting to protect their traditional constituents. For that, they are paying a stiff political price, though their ouster from power is scant consolation for the millions of Europeans facing the long-term prospect of poverty and despair. Given how the European Union is structured, German austerity policies might have prevailed anyway. But its victims would not have felt as politically abandoned as they do today, nor as tempted by anti-democratic fringe movements.*

Podríamos decir que ambas afirmaciones son aceptadas por mucha gente, pero la pregunta importante sigue siendo la misma: ¿qué fuerza hace cambiar las políticas tradicionales de los partidos, por un lado, pero también el conjunto de la política de la configuración europea? ¿Por qué, si todo es tan obvio, no se rectifica? Es en esos obstáculo en donde hay que ahondar. ¿Dónde están?
Alemania está cubriendo es papel de "villano" oficial de la historia, pero creo que esto va más allá de lo que un país (aunque sea Alemania) pueda decidir. Las cosas que ocurren han comenzado su andadura tiempo atrás. Alemania es una mala medicina, no la enfermedad. Si Europa hubiera avanzado con firmeza en un camino igualitario, el problema del desequilibrio con Alemania se hubiera reducido, no agrandado.
Los problemas europeos  tienen una visibilidad social, pero son la punta del iceberg, la consecuencia de los defectos subyacentes en sus políticas generales. The New York Times se preocupa por el ascenso de los grupos radicales, xenófobos, violentos y de la caída de los principales partidos políticos en diferentes países. Es fácil describir, como hace el periódico norteamericano, una desastrosa Europa de mendigos callejeros, de mujeres lanzadas a la prostitución y suicidios:

The victims are visible almost anywhere you go in Mediterranean Europe. You see shuttered groceries and clothing shops, abandoned restaurants, idled factories and half-built housing developments overgrown with weeds. Newspapers carry heartbreaking stories of families evicted from modest apartments, people losing their jobs and then their health benefits, young and not-so-young women turning to prostitution to make ends meet, even suicides by self-immolation.


Y no es fácil dejar de verlo, por más que sea casi apocalíptico. Pero todos esas situaciones son el resultado de unas políticas fallidas en su diseño y aplicación, porque una de las promesas para construir la Europa conjunta era que precisamente esto no debería verse nunca más en las calles del continente.

Las soluciones que se apuntan ahora a muchos problemas no son soluciones: son aceptación de una pesadilla, no de un sueño europeo. Parece como si todo estuviera ya escrito y los expertos no hicieran más que certificar la hora de la muerte. Sin embargo, no puede ser esta la forma de encarar los problemas. En el caso de España, tenemos que convencernos a nosotros mismos de que es posible retomar el control de nuestro desarrollo y que está en nuestras manos lo que sea el futuro. De otra manera, empezaremos a ver Europa como una piedra atada al cuello.
La austeridad, el "dogma perverso" como lo llama The New York Times, no es la única perversión. También lo es que cuando se crea riqueza se reparta mal y se desmantele el Estado empobreciendo al conjunto. Hay que descubrir el origen de las crisis en los años de bonanza, en los tiempos en que todo parecía fácil, natural y salían las cuentas. Esa riqueza se repartió mal y no fue donde debía. Hay que repasar el contrato que firmamos porque o ha sido incumplido o dejamos de leer la letra pequeña. 


* "Europe’s Social Contract, Lying in Pieces" The New York Times 08/06/2013 http://www.nytimes.com/2013/06/09/opinion/sunday/europes-social-contract-lying-in-pieces.html






viernes, 3 de mayo de 2013

Europa, política y economía

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Será capaz Europa de superar su propio sufrimiento? Hay países que se han crecido en la adversidad, pero Europa no es un "país" o una "nación". Señalaba Renan en su famosa conferencia, leída en la Sorbona en 1882, ¿Qué es una nación?: «[...] sí, el sufrimiento en común une más que el gozo. En lo tocante a los recuerdos nacionales, los duelos valen más que los triunfos; porque imponen deberes; piden el esfuerzo en común.» Pero ¿qué ocurre cuando el dolor se lo producen unos a otros? ¿Qué ocurre cuando el sufrimiento no es igualitario, sino que obedece a las diferencias crecientes? La cuestión se plantea, bajo diversas formulaciones, en múltiples escritos e intervenciones de personas muy distintas, que ven cómo se deteriora el marco común.
En varias ocasiones nos hemos referido a este problema aquí, a las distancias que están produciendo las ataduras europeas a los socios que las padecen ante las políticas impuestas por Alemania y los que se esconden a su sombra, beneficiándose de su liderazgo y ahorrándose su desgaste político. Quien lo pone hoy sobre la mesa es Joschka Fisher, el que fuera ministro de Asuntos Exteriores alemán, en un artículo publicado en el diario El País con el título explícito "Peligra la unidad europea". En el escrito, tras comentar los recientes errores políticos de la Unión respecto a países como Chipre, Fisher señala:


Europa tuvo en el pasado un orden político basado en la competencia, la desconfianza, el conflicto de poderes y, en última instancia, la guerra entre Estados soberanos. Ese orden se vino abajo el 8 de mayo de 1945 y en su lugar surgió otro sistema basado en la confianza mutua, la solidaridad, el imperio de la ley y la búsqueda de soluciones negociadas. Pero ahora que la crisis está socavando los cimientos de este orden, la confianza se convierte en desconfianza, la solidaridad sucumbe ante viejos prejuicios (e, incluso, ante nuevos odios entre el sur pobre y el norte rico) y las salidas negociadas ceden paso a la imposición externa. Y una vez más Alemania desempeña un papel fundamental en este proceso de desintegración.*

La pregunta que surge al hilo de lo expresado por Fisher es si la "lógica europeísta" puede contrarrestar la dinámica interna de la Unión, que parece ser el mantenimiento de esas diferencias entre lo que llama el "norte rico" y el "sur pobre" o, si se prefiere, el control constante del más poderoso sobre el condenado solo a "mejorar" dentro de un modelo que no perjudique al "norte", que es quien marca las políticas económicas y asigna papeles en el camino del desarrollo. El papel del "norte" en la crisis del "sur" sigue sin esclarecerse como debiera. ¿Somos meros "mercados" para los productos de los países industrializados? ¿Mano de obra barata? ¿Meros espacios para invertir, para especular y controlar su crecimientos?
Señala Fisher:

Para los países del sur de Europa golpeados por la crisis la fórmula que defiende Alemania, con su mezcla de austeridad y reformas estructurales, está resultando mortal porque les faltan otros dos componentes fundamentales: quita de deuda y crecimiento.
Tarde o temprano, alguno de los grandes países europeos en crisis elegirá líderes políticos que no acepten por más tiempo la imposición de medidas de austeridad desde afuera. Incluso ahora, en tiempo de elecciones, los Gobiernos nacionales prometen más o menos abiertamente proteger a sus ciudadanos de Europa porque Alemania se ha encargado de que los ingredientes principales de la receta para resolver la crisis sean: austeridad y reformas estructurales.*

Que los gobiernos nacionales hayan pasado de ser "europeístas" a utilizar el argumento de "proteger de Europa a sus ciudadanos" es un síntoma de la gravedad de la situación y, sobre todo, de la deriva que la idea europea está tomando. La idea política de Europa se ha visto erosionada por la idea económica de Europa: no han servido para "proteger" de los desequilibrios a los que entraban, sino que se han aprovechado a través de la moneda única.
Pocos días antes, Lucía Abellán, corresponsal en Bruselas del mismo diario, trataba la cuestión de las diferencias políticas en la UE:

Hasta hace 10 años, la distancia entre europeos se medía principalmente en términos económicos. Con algunas excepciones, la brecha en niveles de corrupción y derechos humanos era inferior a la actual. La ampliación comunitaria de 2004 —la mayor de la historia europea, con 100 millones de nuevos ciudadanos— abrió la próspera UE a nuevas realidades y minimizó los retos de integración asociados. La entrada, tres años después, de Rumanía y Bulgaria, fue la máxima expresión de esas disparidades. Pese a no cumplir las condiciones exigidas, los dos países accedieron al club comunitario a cambio de someterse a un proceso especial de vigilancia, que aún dura.
Pocos en las instituciones comunitarias lamentan esas decisiones. “La ampliación al Este fue una buena idea que daba cumplimiento a la promesa que nos hicimos en 1989 [con la caída del Muro de Berlín]: no abandonarnos los unos a los otros”, reflexiona Rui Tavares, eurodiputado de Los Verdes.**

Se tiene en ocasiones la idea de que la Unión Europea se mueve por diferentes motivaciones y con distintos efectos, que los objetivos que se buscan son diferentes en los mismos movimientos o, si se prefiere, que ciertas cosas se hacen por unos motivos mientras se justifican con otros. La sospecha de que sean los intereses de los países más industrializados los que buscan la ampliación para expandir sus mercados antes que el ideal de construir una Europa más solida, unida y con reducción de diferencias, comienza a calar.
La descripción de Joschka Fisher del estado europeo anterior —" un orden político basado en la competencia, la desconfianza, el conflicto de poderes y, en última instancia, la guerra entre Estados soberanos"— se parece cada vez más a lo existente ahora que a lo que se imaginó, con la excepción de los conflictos bélicos, que podrían producirse si la entrada en la Unión de los restos mal curados de los Balcanes vuelven a estallar. Señalaba Lucía Abellán en la últimas líneas de su artículo:

Croacia y la zona que representa, los Balcanes, encarnan el aspecto más ilusionante del proyecto europeo: la consolidación de la paz. Porque solo las perspectivas de integración ya propician la concordia, como acaba de ocurrir con el histórico acuerdo de Serbia y Kosovo. “Si no fuera por la aspiración a entrar en la UE, ¿cómo estarían esos países?”, reflexionan fuentes de la Comisión.**


Si el resultado de la integración en la UE de estos países no satisface las expectativas creadas, la vuelta a los conflictos, esta vez dentro de la Unión, habría dejado en evidencia lo frágil e interesado de los acuerdos de paz e integración. No se han resuelto los odios, solo se les ha dado unas expectativas de futuro. Es ingenuo pensar otra cosa.
Lo que parece evidente es que la Unión Europea tiene que trasladar sus "sanos" motivos políticos al orden económico, en donde los "perversos" principios siguen basándose en la prioridad de unos sobre otros. Igualdad política y desigualdad económica no parece una buena receta. Los criterios de entrada —políticos y económicos— son esenciales, pero es mucho más importante que solo sean el primer peldaño en el camino de la mejora común. Y esto cada vez se muestra más difícil.


La crisis está abierta y es mucho más profunda de lo que se piensa, va más allá de lo económico. La confianza en una Europa solidaria e igualitaria se ha venido abajo al interpretarse —con motivos fundados— que el más poderoso puede imponer sus criterios a los más débiles. Es el argumento de más peso para resistirse a la pérdida de soberanía que, muchos dicen, es la solución. 
Hace poco menos de un año, CNN-Expansión reproducía un artículo de  Cyrus Sanati en Fortune en el que se comentaban los beneficios de Alemania en la crisis:

Con un crecimiento económico positivo, un bajo desempleo y tasas de interés increíblemente bajas, Alemania simplemente no tiene prisa por implementar reformas que hayan sido propuestas por sus vecinos más débiles económicamente, ya que tendrían un impacto negativo en la capacidad de Alemania de obtener préstamos baratos e incrementar sus exportaciones.
La única manera de convencer al más grande de los miembros de la Unión Europea (UE) de asumir reformas, como emitir eurobonos, sería si se concedieran incentivos, tales como el control sobre la política fiscal de la eurozona.***


Si la solución es esa, sin la voluntad solidaria, Europa no será más que el resultado de un colonialismo de guante de seda. Gran parte del crecimiento de los países cuando entran en Europa se debe a su endeudamiento, del que el "norte rico" es el principal acreedor y beneficiario. Las instituciones económica europeas les protegen y son países receptores de los pánicos que provocan: «[...] la gran oleada de compras últimamente ha provenido de depositantes españoles y griegos que están retirando desesperadamente todos sus ahorros y colocándolos en bonos alemanes ante el temor de que sus respectivos gobiernos salgan de la zona euro y destruyan sus ahorros a través de la devaluación»***, señalaban en CNN-Expansión en junio de 2012. Con una financiación sin costes, Alemania puede crecer con más facilidad que sus "competidores", que corren con un saco a la espalda. El viejo orden se perpetúa.


El problema de los que corren es que ese saco va aumentando de peso cada día. Como dice Fisher, es cuestión de tiempo que llegue al poder de uno de los países fuertes alguien que dé el primer paso y pida salir ante la intransigencia y el deterioro. Puede que descubramos que Europa puede estar políticamente unida pero en conflicto económico permanente, que los efectos beneficiosos de la unión política se ven contrarrestados por las desigualdades económicas que, lejos de reducirse, irán sembrando la semilla de la disolución si no se remedia. El efecto colateral de la crisis económica es la aparición de fenómenos políticos indeseables, como el crecimiento del resentimiento entre países y la xenofobia, el racismo, los extremismos y los nacionalismos antieuropeístas. 
Ya sea "todo política" o "todo economía", lo cierto es que, cuando ni una ni otra funcionan, da igual.


* Joschka Fisher "Peligra la unidad europea" El País 3/05/2013 http://elpais.com/elpais/2013/05/02/opinion/1367513349_073014.html
** "Europa busca blindar la democracia" El País 1/05/2013 http://internacional.elpais.com/internacional/2013/05/01/actualidad/1367429803_556595.html
*** "Alemania ríe, mientras Europa llora" Fortune CNN-Expansion 12/06/2012 http://www.cnnexpansion.com/economia/2012/06/07/alemania-ganador-de-la-crisis-del-euro