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domingo, 10 de noviembre de 2024

Responsables y generosos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Creo que ha quedado claro que el sistema político y administrativo está pensado para repartir "poder" antes que para ser "eficaz". No se trata ya de que los nombramientos sean o no los adecuados, sino de las estructuras y contactos en las que se acumulan problemas en situaciones de emergencia brutal como el generado por la DANA.

Unos dicen que nos "les llamaron", otros que "tardaron en contestarles al teléfono", incluso que "no sabían que había un sistema de alertar telefónicas". ¡Vaya un panorama!

La necesidad de un sistema bien engrasado para situaciones que requieren de decisiones inmediateces, de un sistema que funcione es palmaria. Esto no es sencillo si se trata de instituciones que no se hablan o se ponen la zancadilla en cuanto que tienen ocasión.

Ayer se manifestaron en Valencia más de 100.000 personas para pedir la dimisión de Presidente de la Generalidad valenciana, Carlos Mazón. Se le exige dimitir como responsable del caos, de la tardanza en la ayudas, de la inexistencia de un plan organizado de respuesta, etc.

En RTVE.es se nos cuenta su respuesta:

Este sábado, Mazón ha defendido su actuación y ha asegurado que las responsabilidades políticas por la DANA "tocarán en su momento". Afirma, asimismo, que "ahora se trata de reconstruir" y "seguir limpiando calles, ayudando a la gente y atendiendo los riesgos sanitarios".

Así lo ha expresado, a su llegada al Centro de Coordinación Operativa Integrado (CECOPI), en el Centro de Emergencias de la Generalitat, en l'Eliana, Valencia, tras conocerse que estuvo comiendo con la periodista Maribel Vilaplana las horas previas a la tragedia y las polémicas declaraciones de la consellera de Justicia, Salomé Pradas, al afirmar que fue un técnico el que les informó, la tarde del 29 de octubre, de la existencia del sistema de aviso a la población Es-Alert.

En cuanto a la decisión de activar el sistema de aviso masivo a móviles el 29 de octubre pasadas las 20:00 horas, manifiesta que "no fue una decisión política" sino "técnica" y "en función de las informaciones que van llegando" al 112 y que "venían de fuera, fundamentalmente de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y la Confederación Hidrográfica del Júcar" (CHJ).* 

Los miembros del gobierno, por su parte, coinciden en la estrategia de decir que "no es el momento de pedir responsabilidades", una forma sibilina de mantener sobre Mazón la sombra de la acusación y jugar a "poli bueno" dejando que sea la calle la que exija su dimisión. De esta forma también eluden su responsabilidad en lo que les afecta, que tampoco es poco.

De esta manera, el protagonismo central exigido por Mazón y el tratar de que los ministros se pusieran bajo su mando, no ha funcionado. Era demasiado visible la maniobra.

Por su parte, el PP apunta hacia Teresa Ribera para mantener un equilibrio de responsables y ofrecer otro objetivo a la ira.

Estamos ya en la fase en la que la ira se dirige contra alguien, cuando se empieza a buscar cabezas que cortar. Y Mazón parece que tiene el máximo de papeletas en este sorteo, que le va a tocar dar la cara en un momento u otro. Por eso hay que amortiguar la caída dando demostraciones de eficacia, de buena gestión, de entrega. Nunca es tarde.

Políticamente, este desastre inacabable se va a dividir entre los "responsables" y los "generosos". Nadie quiere ser de los primeros y sí de los segundos. Atrás quedan los años de imprevisión, de violaciones para no contrariar a los pueblos que ahora se quejan, años de construir donde no se debe y de recortar o incumplir las normas de seguridad en unos espacios donde había que construir para atraer al turismo.

Va a costa recuperar el turismo; va a costar mucho volver a construir en los mismos sitios después de ver que los peligros no eran fantasías agoreras. La tentación ahora es comprar barato en el desastre y volver a presionar con la excusa de que es necesario hacerlo, que hay que reconstruir para recuperar la riqueza perdida. Muchos apostaron a lo que nunca ocurriría y sin embargo ocurrió.

Que Mazón tuviera una larga entrevista sobre el futuro de la Televisión valenciana mientras media Valencia era arrastrada, tiene algo de simbólico, algo de amarga ironía. Que la persona responsable de la seguridad no supiese más que en mitad del desastre que existía un sistema de alarmas para avisar telefónicamente a la población también lo es.

Todo en su conjunto nos muestra un mundo poco preocupado por la seguridad y deseoso de que nada enturbie ese "paraíso" turístico en el que solo hay sol y diversión. En ese "paraíso" los males son problemas de imagen. Nuestros políticos creen que todo es cuestión de imagen, que todo se arregla —más bien se cubre— con comunicación, con contactos mediáticos y amigos.

Hasta que llega el "gran desastre" que no hay forma de tapar y deja en evidencia las carencias de unos y otros. Este era un desastre anunciado, pero que nadie —nadie— quiso escuchar y tomar las medidas impopulares que había que tomar. 

 

* "Mazón asegura que las responsabilidades políticas "tocarán en su momento" y defiende su gestión en la DANA" RTVE.es/EFE 9/11/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241109/mazon-asegura-responsabilidades-politicas-dana-tocaran-su-momento/16323472.shtml

 


 

sábado, 27 de julio de 2024

El plomo y la ultraderecha

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La ultraderecha española carece de ideas y está sobrada de referencias. Las referencias, claro está, le vienen de fuera, especialmente del trumpismo norteamericano, cuyos pensadores en la sombra hablan por boca de Trump. La ultraderecha son unas cuantas ideas y un montón de intereses.

Hemos tenido en España ya unas cuantas manifestaciones de trumpismo a la española a cargo de los "jóvenes leones" de la ultraderecha que han accedido al poder en ayuntamientos y otras instituciones. La última de ellas es la petición de "plomo" en las fronteras para los inmigrantes en un pueblo de Valencia: 

València. El pleno municipal del Ayuntamiento de Paiporta que se ha celebrado este jueves por la tarde, ha aprobado reprobar al edil de Vox, Daniel Furió y retirarle el sueldo por defender en redes la necesidad de "aplicar plomo contra la inmigración ilegal. Además, se ha anunciado que el consistorio acudiría a la Fiscalía por delito de odio. También han pedido su dimisión y que Vox le expulsara pero eso no está previsto que lo haga ni uno ni otro.

Con cierta tensión se ha vivido ese pleno por el que se retirará la asignación parcial de 1.300 euros que recibía hasta ahora, sobre la que concejal, tiempo atrás, aseguró dijo, en Pleno, que le pagaban por no hacer nada. Furió, pedía disculpas, al principio de su intervención, de una manera muy extraña tanto que ha llamado psicópatas a la izquierda.*

También Trump pidió "plomo" en las fronteras, aunque para evitar "excesos" pidió que disparen a las piernas. Algunos hicieron caso a lo del "plomo", pero menos a lo de las piernas. Aburridos y dogmáticos, bajaron a la frontera del sur para "ayudar" en la vigilancia de los límites. Lo de las "disculpas extrañas" es una forma de referirse a sus explicaciones. Según él, la izquierda "psicópata" (que es toda) le ha entendido "mal". Siempre les entienden mal, quizá porque se expresan con demasiada claridad. Los juegos verbales de Trump, los que emplea para no ser acusado ante los tribunales, no se dan en nuestra ultraderecha, que tiene su aula magna en el gimnasio, que les quita tiempo para el estudio,

El crecimiento de la ultraderecha sale de esa expansión en la juventud, que busca su claridad plana, su ausencia de matices. Pronto dan el salto a la política en esos puestos que les permiten sentirse importantes y rotundos... hasta que superan el listón de lo prudente, como en el caso valenciano.

Por mucho que diga que los psicópatas le malinterpretan, ceo que no hay mucho lugar a dudas:

El pedir "plomo" está en una línea similar a la de pedir que sea la Armada la que vigile las fronteras marítimas y actúe "en consecuencia". La ultraderecha vive de las amenazas, necesita que se perciba el mundo de forma hostil, que estamos rodeados de peligros. Pedir la intervención militar a través de la vigilancia marítima es elevar el tono y traspasar la raya, hacer sentir que España es atacada, que se vive en un estado bélico.

Aquellos a los que convenza de ello se sentirán alarmados e indefensos y viceversa Será Vox quien les defienda, como les defiende también de todos los peligros modernos: la igualdad, los avances de las mujeres, los libros peligrosos en las bibliotecas permisivas de las escuelas, etc.

El problema es que este modelo se corresponde con otro modelo mental creciente, lo que permite hablar de ese aumento de la ultraderecha que tantas veces escuchamos pero no nos acaban de explicar bien.

La estructura "peligro-solución" es el modelo que se usa tomando un imaginario pasado como futuro al que llegar. Ese pasado es un momento imaginario en el que las cosas no eran así y al que hay que volver. Ellos serán la resistencia.

Las declaraciones del ultraderechista valenciano son graves y nuestras etiquetas las colocan como "delito de odio", pero hay mucho más que eso. La extensión del término "psicópatas" a los que consideran grave lo que ha dicho ya nos explica algo de su percepción psico maniquea del mundo que le rodea.

La forma de combatir esto no es hacer lo mismo, sino aportar soluciones a los problemas reales y principios que los valoren. La gran pregunta es ¿por qué se da ese aumento de la radicalidad entre los jóvenes, porque hay ese retroceso generacional de los principios democráticos, de la dignidad de las personas? Son las preguntas que debemos hacernos antes de que no tengan sentido.

 Hay que condenar esta forma de estar en las instituciones y en la sociedad. No es admisible que se hable así. Ideas y soluciones, valores y auto crítica.  


* "El concejal de Vox que pidió 'aplicar plomo' a los migrantes, reprobado, denunciado y sin asignación: el Ayuntamiento de Paiporta pide su marcha" Cadena Ser 26/07/2024 

https://cadenaser.com/comunitat-valenciana/2024/07/25/el-concejal-de-vox-en-paiporta-hizo-explotar-una-libreta-de-estelles-esta-porqueria-tiene-que-salir-por-los-aires-radio-valencia/

sábado, 5 de septiembre de 2020

De niños y ancianos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No es fácil encontrar el punto entre la responsabilidad y el miedo, entre la seguridad posible y el miedo a lo probable. La información que se nos suministra cada día desde medios y ministerios, consejerías y expertos, etc. son muchas veces contradictorias, no tanto en los datos como en sus valoraciones. La interpretación de todos esos datos, junto a las opiniones de expertos y de personas que pasaban por allí (un vicio barato de nuestros programa informativos), con opiniones distintas, valoraciones diferentes y paranoias personales, acaban creando un clima que suele provocar angustias en quienes lo escuchan, optando muchos por el autoaislamiento informativo para evitar sumirse en unas tensiones muchas veces insoportables, un sufrimiento sobre lo que espera cuando llegue el momento inevitable de incorporarse al trabajo, escuela, acudir a un estadio deportivo, al cine, teatro, etc.

Sigue sorprendiéndome que, pensando en funerales, bodas, bautizos, cumpleaños, chiringuitos, hoteles, aviones, etc., nadie hablara de las escuelas ni de los clubes de alterne (y variaciones diversas) hasta pasado el 15 de agosto. Curiosamente, no fue hasta que se dio por cerrada la temporada turística que se cambió el tono y las preocupaciones por la vuelta a las escuelas saltaron a la primera página de los medios. No deja uno de sorprenderse.

Lo de los clubes de alternes nos ha servido para comprender que lo que está discretamente en la sombra, tiene también su sombra particular. La única mención que se había hecho de clubes de este tipo fue el caso de rebrotes en Corea del Sur, donde un cliente animoso visitó tres clubes en una noche y creo él solito un caso espectacular. No se planteó más. Había que rastrear a todo el mundo menos a la clientela de estos lugares. Como todo el mundo sabe, los clubes y prostíbulos son lugares donde se mantiene la distancia social y se evita el contacto, donde se practica una higiene y todos, clientes y profesionales suelen llevar mascarillas. Les fue bien hasta que saltó la liebre comparativa, es decir, hasta que los locales de ocio nocturno empezaron a quejarse del desigual trato, algo en lo que no les faltaba razón. Por supuesto, una vez se planteó el cierre, salieron muchos expertos opinando y preocupándose por la situación laboral de las/los profesionales del ramo. No se entiende muy bien (mejor no indagar), pero es lo que hay.

El caso de la escuela se sitúa en el silencio hasta que estalla con toda su intensidad. Es cierto que previamente había tenido una presencia importante, pero era más por el cierre de las escuelas y sus consecuencias (conciliación, psicológicas, ambiente en casa, molestias a los que teletrabajaban, desigualdad de las tareas con los niños, etc.). Pero eso afectaba al cierre, no a la cuestión actual, la apertura.

De nuevo intervienen los agentes implicados y los efectos colaterales. Esta vez la cuestión es la incorporación y sus condiciones, además de otro específico: la resistencia a la incorporación a las escuelas por parte de familias. Esto ha creado nuevos tópicos, como la sanción si no se escolarizan, las condiciones específicas de las aulas y comedores, de la situación de los maestros, la responsabilidad del profesorado en la gestión de los contagiados, la transmisión en la infancia, los métodos de enseñanza, la falta de previsión, etc.

En La Vanguardia, Salvador Enguix publica un artículo (etiquetado como "análisis") con el directo título "Espolear el pánico en las aulas valencianas", en cuyo inicio se señala:

No son pocos los líderes políticos, principalmente de la derecha, que, ante el inicio del próximo curso escolar, en el actual contexto de expansión del Covid-19, han iniciado una dura campaña de incitación al miedo que, inevitablemente, está generando un lógico pánico entre las familias; esta campaña forma parte de lo que los expertos están llamando “populismo epidemiológico”, un discurso que no apela a la razón y la ciencia, sino a las emociones, sobre todo las negativas. En ocasiones, realizando afirmaciones alejadas totalmente de los criterios científicos y abogando por fórmulas estables de educación online que, en la estructura actual del sistema educativo, no solo no podrá sustituir nunca a la educación presencial, sino que además solo está al alcance de una parte de la sociedad. Por ejemplo, los hay que, desde el (quiero pensar) absoluto desconocimiento, y de una cierta limitación reflexiva, son incapaces de valorar las graves consecuencias de la no presencialidad, para las niñas y niños, para sus padres, y para la calidad de la enseñanza. No lo olvidemos, nuestros hijos e hijas ya estuvieron confinados durante meses al final del pasado curso.

La pandemia nos ha estado llevando siempre la delantera. Todas las decisiones políticas que se han ido adoptando para acotar su expansión, previo asesoramiento de los expertos, no han impedido que a día de hoy el Covid-19 siga contagiando a decenas de miles de personas. La única medida contundente del confinamiento es en lógica la que menos se desea, puesto que además de tener un efecto demoledor sobre la economía genera enormes problemas sociales, afectivos, e incluso psicológicos en los ciudadanos. En este escenario, las administraciones, no siempre con acierto y dependiendo de cada autonomía, intentan conjugar un complejo equilibrio: evitar que el crecimiento del coronavirus se descontrole y, en paralelo, actuar de manera quirúrgica ante la aparición de brotes, en lugar de adoptar la parálisis general de la movilidad. Siempre apelando a la responsabilidad individual, que ha fallado de manera descomunal en muchos ambientes, como se ha visto este verano.*

 


Concuerdo con lo dicho por Enguix, que sitúa el problema, como se puede apreciar, en un punto entre los diferentes planos, del institucional al personal, de los conflictos de intereses entre salud y economía (salud forma parte también de la economía, no se olvide, y la economía de la salud), entre aciertos y errores, entre responsabilidad e irresponsabilidad (demasiada) y entre males mayores y menores (y conflictos de intereses relacionados con estas decisiones).

Es indudable que se han cometido muchos errores. Unos son previsibles ante el desconocimiento que produce lo nuevo; otros son errores interesados camuflados de decisiones inevitables. Había y hay intereses. Que la sociedad española en su conjunto anteponga la salud a otros factores no quiere decir que no existan, que no lo intenten y que no lo logren. Esto se ha complicado desde el momento en que se ha pasado la iniciativa y la decisión a las Comunidades Autónomas, donde las presiones de los sectores son más directas y eficaces. Lo de los clubes de alterne es un mensaje y no trivial precisamente. Lo ocurrido en el restaurante El Pirata de Formentera también lo es.

Se escucha mucho más a los que ponen pegas que a los que ofrecen soluciones o han resuelto su problema de forma adecuada a la necesidad de los tiempos. Hay sectores que incomprensiblemente siguen moribundos demandando ayudas desde hace años. Ahora aprovechan para pedir un poco más, en vez de haberse sometido a las necesarias reconversiones como tuvieron que hacer otros forzosamente. Pero algunos prefirieron exhibir sus yagas mendicantes extendiendo la mano. Todos tendremos algunos en mente.

El problema educativo es grave. Lo es porque no se ha abordado la necesaria adaptación de escuelas, universidades y el profesorado de ambas a los tiempos que ya comenzaron hace mucho tiempo. La política de modernizar poco, lo justo, porque es caro; lo suficiente como para la foto, es una práctica demasiado habitual. Tras una facha colorista se ocultan demasiadas incompetencias. La enseñanza no ha cambiado, incluso puede que haya empeorado por el abandono de mucho tiempo, de miserias que han hecho creer a muchos que con la supervivencia personal en un mundo de goteo de plazas era suficiente, sin fijarse en muchas otras carencias del conjunto.

Lo que se señala en el artículo va más allá. Lo que se llama "populismo epidemiológico" es una realidad. Cuando el autor apunta que "quiere pensar" que se debe al "desconocimiento" nos dice algo pero nos apunta en dirección contraria, hacia sospechas de que la ignorancia no sea realmente ignorancia sino un conjunto de intereses camuflados que inciden en las batallas de las escuelas, otras de las que no llegamos a cerrar porque en este país no hay guerra que se cierre definitivamente aunque pasen siglos, porque no hay herida que no sangre cuando conviene ni interés que se aparque. Lo hemos visto en otros sectores, ¿por qué no en la enseñanza, donde las batallas son constantes?

Es indudable que la enseñanza requiere de unas condiciones adecuadas, que la presencia en las aulas es mejor que la ausencia. También es lógico que las familias se preocupen por la seguridad de sus hijos. En la Universidad, el panorama es distinto, como hemos tenido ocasión de tratar hace unos días, lo que no quiere decir que no haya problemas (hay muchísimos), sino que son otros o con otras variantes.

Lo que sí llama la atención es que muchas veces sean casi los mismos los que ponen obstáculos a unas cosas y a otras, por ejemplo, no quieren llevar a los niños a las escuelas pero luego se manifiestan contra las mascarillas con los niños de la mano o sobre sus hombros. Hay gente para todo.

Es importante entender que las escuelas son tan seguras como las personas que están dentro, es decir, que se depende no solo de lo que hagan dentro, controlados por determinados protocolos, sino por lo que hagan fuera, antes y después. Esto afecta además no solo a los niños o a las familias, sino también al profesorado o demás miembros de los centros educativos.


El ejemplo paralelo lo tenemos con lo que ocurre en las residencias de mayores, lugares en principio con los residente vigilados y con baja movilidad. Pero allí entran y salen cada día, desde el personal hasta las visitas familiares. Si los ancianos estaban dentro, los contagios les llegan de fuera, es decir, de personal y de visitas. Por eso se han limitado estas últimas al ver de nuevo cómo aumentaba el número de casos y de fallecidos. Los parientes y personal son los transmisores. El hecho de que uno no se vigile y vigile a los demás lo acaban pagando otros.

Por eso no se puede desligar lo que va a pasar (inevitablemente) en los centros educativos de lo que ha ocurrido este verano, del aumento de los casos de forma abrumadora. No se puede pasar un verano disparado, sin precauciones y después frenar en seco al llegar el momento de la escuela.

Con el trabajo pasa algo similar. Lo ocurrido con el despido fulminante de la colaboradora de Mediaset es solo un caso sonado, pero a muchos los estarán esperando los lunes a las 9 para ver si el alegre fin de semana lo van a pagar los compañeros de trabajo.

Seguimos parcelando mentalmente los sectores, pero es un todo por el que transitamos, sin distinción de familia o espacios. Un visión de totalidades nos muestra que lo que pillamos en un momento y lugar lo arrastramos luego allí donde vamos y hasta que nos frenemos. Los test están dando una confianza absurda no porque no sean eficaces en la detección sino porque no garantiza que dos horas después no nos hayamos contagiado celebrando que estábamos bien. Pues ahora ya no lo estamos.


Conozco casos de familias que han tenido todas las prevenciones, pero cometieron el error de no vigilar a algún contacto próximo que hizo que todos cayeran bajo el coronavirus. Confías y...

Va empezar (si no lo ha hecho ya) una nueva forma de rastreo, la de las fotos en redes sociales para ver qué vida llevas. Es lo que ha mandado al paro a la colaboradora de Mediaset. Su estilo de vida, decían, era incompatible con la protección del entorno laboral seguro para sus demás compañeros y el funcionamiento de la propia empresa. Pronto vigilaremos a la persona con la que tenemos que vernos para saber si es más o menos "segura". Si antes ya se exploraban las redes sociales para saber a quién contratabas, ahora es más importante. ¿Serán recurribles estos despidos por lo que haces fuera de tu entorno laboral? Veremos. Eso de contar los lunes por la mañana lo bien que te lo has pasado el fin de semana puede pasar a la historia.

De nada sirve exigir una escuela "segura" si no aseguramos los demás entornos por los que nos movemos. Será duro de dejar de celebrar los cumpleaños de los compañeros de la clase, pero habrá que plantearse otras cosas antes. Pensemos en el ejemplo de los médicos del hospital que cayeron (ellos) por irse a celebrar, en plena pandemia, una despedida de soltero del jefe. ¿Médicos inconscientes? Un poco, al menos bajaron la guardia un momento y lo pagaron todos, el resto del hospital incluido. Y eso es lo que no se puede hacer, bajar la guardia. Todo lo que has invertido en seguridad se va por el desagüe en un instante de confianza, por no decir un "no" a tiempo, por un compromiso ineludible, por no parecer paranoico ante los conocidos, etc.

La tensión y angustia que provoca esta vigilancia constante nos va a pasar factura a todos. Hay que irse mentalizando y tratar de liberar la tensión con lo que sea, del yoga a un San Cristóbal.


Mandar a los niños a la escuela debe ser un ejercicio vigilante. Pero el énfasis no se puede poner hipócritamente en que la escuela es segura. Es seguro lo que hacemos seguro, empezando por nosotros mismos y asegurándonos de con quién nos relacionamos. No es lo que se ve en la calle la mayoría de las veces. No sé lo que ocurre tras las cuatro paredes, pero sí es lo mismo que en las fiestas privadas, los niños lo acabarán cogiendo por una vía u otra.

La Vanguardia da cuenta del caso de una residencia de mayores, también en Valencia, donde todos los ancianos están contagiados, al igual que el personal. Allí leemos:

 

Desde la patronal de residencias AERTE, a la que pertenece este centro, su presidente, José María Toro, ha indicado que la situación es “estable” y no presenta una evolución negativa, al tiempo que ha defendido que se han aplicado todos los protocolos. “Que un centro tenga casos, no quiere decir que se haya hecho algo mal”, ha indicado, ya que ha hecho hincapié en que “no se puede blindar” a un posible contagio.

Así, ha apuntado que se han aplicado los protocolos y el centro se encuentra bajo vigilancia activa de la Conselleria de Sanidad, y “con control absoluto”. Toro, que no ha concretado la cifra de residentes y afectados porque es información que maneja Sanidad, ha resaltado que todos los centros han pasado revisiones y presentado su plan de contingencia, validado por la administración sanitaria.

En esta línea, ha incidido en el hecho de que haya casos en un centro “no quiere decir que se haya hecho algo mal”, ya que hay empresas que tienen varias residencias, y puede haber contagios en algún centro y en otros no.

 


La insistencia en que tener todos los miembros de una residencia no quiere decir que se "haya hecho algo mal" tiene su punto de de descaro y demagogia. ¿Quiere decir que se ha hecho algo bien? No se contagian todos en una residencia si se ha hecho algo bien o las medidas no sirven para nada. La excusa que se siguen las indicaciones de sanidad. Lo que añade otro punto de desvergüenza al caso.

Que no pase lo mismo con las escuelas, que no lleguemos a tener escuelas enteras contagiadas ya sea porque lo hagamos bien o mal, pues parece que estamos en plena confusión moral. Esto no se garantiza con sumarse a protocolos, sino vigilándose cada uno. Con la sensatez de entender que, efectivamente, podemos ser contagiados, pero después está la responsabilidad. Uno se puede contagiar ayudando a levantarse a una persona que se ha caído o bailando un tango con un clavel en la boca. Nosotros elegimos por qué nos arriesgamos.

La escuela será "segura" cuando el concepto de "seguridad" de las personas involucradas en ese espacio sea razonablemente vigilante de la seguridad. La seguridad no la dan protocolos que no se cumplen (con uno solo es suficiente para arrastrar a los demás). Las normas son sencillas y lo que hay que evitar es casos como el de la residencia de mayores: todo lo hicieron "bien", pero todos están contagiados. Habrá que revisar su sentido común antes que nada.

 


  * Salvador Enguix "Espolear el pánico en las aulas valencianas" 3/09/2020 https://www.lavanguardia.com/local/valencia/20200903/483283411693/espolear-el-panico-en-las-aulas-salvador-enguix.html

** "La Generalitat Valenciana investigará a una residencia de mayores con todos los usuarios contagiados" La Vanguardia / EP 3/09/2020 https://www.lavanguardia.com/local/valencia/20200903/483283417652/residencia-mayores-lope-rueda-torrent-todos-contagiados-investigacion.html

lunes, 16 de diciembre de 2013

Tomorrowland

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se preguntan en el diario El País "¿Y ahora qué?". El "qué" se refiere esta vez, por supuesto, a la retirada de Sheldon Adelson de la Comunidad de Madrid, en donde iba a construir una parcela más de sus casinos para Europa. Va a tantear Asía, nos dicen, aunque —como todos sabemos— la tiene ya más que tanteada con sus casinos chinos. La banca siempre gana, aunque para ello se tenga que ir a otro lado. Parece que con la excepción de Alcorcón, que deseaba tener sobre su suelo el megaproyecto del juego, las demás administraciones no estaban dispuestas a acceder a las escandalosas condiciones de este señor, el rey de facto de la Comunidad, que lo del humo en las salas no era más que la punta de sus peticiones.
Más vale salvar la honra que caer en una distorsión del espacio y el tiempo como la que iban a producir esas instalaciones dedicadas al negocio menos limpio de los que están legalizados. La perspectiva de tener ludópatas que fueran a Alcorcón y al Museo del Prado; a Alcorcón y al Museo de Cera, a Alcorcón y al Palacio de Oriente, etc., etc., siempre pasando por Alcorcón a echarse unas manitas, no era la más brillante para una capital europea del calibre de Madrid. Ahora Barcelona queda sola en su carrera por hacerse con ludópatas y tahúres. ¡Suerte!


Me alegra profundamente que no haya salido este Eurovegas que pensaban ponernos aquí. Lo hemos dicho muchas veces: sería acabar de enterrarnos en vida, una larga agonía con la erradicación de un futuro para los del futuro. Ese empleo del que se hablaba era realmente una condena.

En Valencia, como una nueva epifanía, se han estado realizado estos días casting masivos para la aparición en una película de nombre revelador: Tomorrowland. Que la "tierra del mañana" nos acoja como extras es de un simbolismo que abruma y asusta. Que la Ciudad de la Artes y la Ciencias se convierta además en plató de ese mundo ficticio es demasiado para una sensibilidad entrenada en las alegorías baudelerianas, que ven al hombre moviéndose por entre los símbolos del bosque. Entrar en la "tierra del mañana" es como saltar nuestra propia valla melillense, huir del ninot castizo, y entrar en la tierra prometida en alguna campaña electoral de una vida anterior.
La España soñadora ha invertido la dirección de aquella famosa película de Woody Allen: ya no sale la gente de la pantalla para convivir con los seres reales, sino que por el contrario, los seres reales se apuntan y hacen cola para poder meterse en las pantallas y compartir destino comercial con George Clooney y Hugh Laurie, protagonistas del futuro filme. Esto no es escapismo; esto es "la gran evasión".


Las Vegas de Alcorcón —Eurovegas— y los casting valencianos para Tomorrowland no son más que los sueños de una España que se debate entre la realidad del juego y la fantasía cinematográfica, pues ¿qué otra cosa más que una fantasía cara son los palacios de Adelson, verdaderos burdeles genetianos, en los que se cumplen los sueños perversos?
Cuando leemos y nos muestran el entusiasmo de esos aspirantes a pasarse al otro lado, no podemos dejar de emocionarnos con el destino de esta Ciudad emblemática de Artes y Ciencias, ambos campos de capa caída en esta España plana en lo cultural y exportada en lo científico. Pero nos quedan, eso sí, los espacios que como ocurre en este caso han sido seleccionados «[...] por la "imagen futurista" que proyecta el recinto para grabar algunas de las localizaciones» de la Tierra del Mañana.


En Valencia están muy contentos con el provecho que le sacan a un escenario tan bello y futurista:

El complejo ha recordado que la imagen futurista que proyecta ya sirvió "de inspiración" para la serie 'V', donde los edificios representaban naves espaciales y también ha sido localización para números musicales de películas 'Bollywood'
'Tomorrowland' cuenta la historia de un adolescente inteligente y optimista lleno de curiosidad científica y un antiguo niño prodigio inventor hastiado por las desilusiones que se embarcan en una "peligrosa" misión para desenterrar los secretos de un enigmático lugar localizado en algún lugar del tiempo y el espacio conocido en la memoria colectiva con ese nombre.*


Me emociona y enorgullece servir de inspiración a alguien. Entre "V" —¡cuánto lagarto!— y "Bollywood"... Lo siento, pero todo me resulta demasiado alegórico, digno de leerse entre líneas; me produce incontinencia semiótica. Pienso que ese "adolescente inteligente y optimista" y ese otro "niño prodigio inventor", hastiados y desilusionados, son nuestras próximas generaciones frustradas y expulsadas de este extraño país innombrable y fagocitero.

¿Se embarcarán todos al espacio tras la decepción de "Eurovegas", tras el fiasco reiterado del imposible olimpismo madrileño? ¿Cuáles son los caminos que se nos abren hacia la "tierra del mañana"? ¿"Y ahora qué?", se seguirán preguntado los de El País? 
"Se buscan trescientos figurantes para hacer de extras", nos explica en maravillosa redundancia inútil el artículo de EuropaPress, anticipando que nuestro estado inicial es el mismo que el final y viceversa, que ya no sabemos si somos sombras o sombras de sombras. Felicidades a esos "trescientos" espartanos. ¡Enorme suerte la suya poder ver tan de cerca el mañana!
Ahora, huérfanos del juego y del juego olímpico ¿qué nos espera en la "tierra del mañana"? Pondremos un San Cristóbal en el salpicadero de la nave espacial, aunque sea de cartón piedra.


* "Centenares de personas en el casting de 'Tomorrowland' en Valencia" Europa Press 11/12/2013 http://www.europapress.es/cultura/cine-00128/noticia-centenares-personas-casting-tomorrowland-valencia-20131211123846.html





domingo, 2 de junio de 2013

Kriptonita política

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me sorprende el artículo que el diario El Mundo saca hoy mismo bajo el título "De profesión, superpolítico", cuyo comienzo es casi de película de Tarantino: «"Las ideologías están en entredicho". Tan sencillo de ver y tan difícil de afrontar, esta realidad se ha convertido en la base sobre la que trabajan tres jóvenes valencianos que, ante la desafección política actual, han visto como su trabajo de asesores políticos ha crecido exponencialmente.»* Después de estudiar las características que los profesionales asesores de políticos apuntan para ser un "superpolítico", llego a la conclusión que a los únicos que favorecen es a los políticos.
La teoría es muy sencilla. Primero decreto la muerte de las "ideologías", después convierto la "supervivencia política" en un fin en sí mismo, y finalmente considero a los votantes como el medio para conseguir el fin. La teoría es perfecta. Como bien señala el primer lector en hacer su comentario: "Es decir, un demagogo populista". Da gusto encontrarse con un lector que sabe leer.


Y todo tiene, claro, su lógica. Son los políticos los que contratan a estos expertos cuya función —como en el caso del "curso de liderazgo" de Alberto Fabra cuyo escándalo saltó hace unos días— es cobrarle a los políticos por decirles estas cosas en esos momentos en que les flaquean las fuerzas y apoyos. Supongo que no es casual que el artículo de El Mundo venga de Valencia, de Levante, la zona de mayor aventurerismo político, en donde proliferan este tipo de asesores, la zona preferida del Instituto Nóos y similares. En Levante y Baleares, parece que el tiempo acompaña para los eventos y hay buena predisposición para acoger iniciativas.

Cuando se termina de leer el artículo, queda uno efectivamente indignado por el mensaje que se nos transmite, desde la muerte de la ideologías hasta la demagogia que la sustituye. La única ideología posible es la "comunicación". "Comunicar" es una obsesión política que está por encima de cualquier otra cosa. Lo que se enseña en estos cursos no es más que a ser consciente de eso, de que la comunicación es "eficaz" cuando cumple tus objetivos de respuesta, es decir, cuando consigues con ella lo que quieres. En el caso de la política, el objetivo es obvio: permanecer en el cargo. La comunicación amplifica los logros y maquilla los fracasos.
Solo a un "comunicólogo" torpe se le ocurre decir lo de las ideologías. Lo que la gente recrimina hoy a los políticos es, precisamente, el abandono del compromiso que implican las ideas más allá de la vallas publicitarias. En beneficio de la comunicación se han reducido tanto los mensajes —que sean cortitos y claros— que ya solo contienen chascarrillos y ocurrencias. Por eso se pondera tanto en el artículo a los políticos "ocurrentes", los que saben atraer la atención de las cámaras y quitar protagonismo a los que tienen más medios, en los dos sentidos de la palabra, económicos y comunicativos, aunque ambos se fundan en muchas ocasiones. Ya saben, quitarse la camisa en los plenos, sacar una pancarta, etc. Podría darse la paradoja de que en pleno discurso del "estado de la nación" —creo es el único caso en que se habla de España como "nación" porque el "estado del Estado" quedaba un poco lioso—, el presidente del gobierno sacara una pancarta o se desabotonara la camisa exhibiendo un lema con, por ejemplo, "¡Váyase, señor Rubalcaba!" o "¡Austeridad, ya!". Pues a todo se llegará si es necesario, mire usted, ¿por qué no?


La política debería ser más eficaz y menos estridente. Pero eficaz en lo que debe serlo: en la escucha y en la acción. Hay demasiadas fotos en la política y, por lo tanto, demasiada demanda de fotogenia. Las ideologías deben existir lógicamente en la medida en que representan soluciones diferentes a los mismos problemas, los de todos. Ideología no debe significar nunca cerrazón. A veces las soluciones son parecidas y se agrandan a efectos de la comunicación. Criticas a los otros por hacer lo mismo que tú harías si estuvieras en su lugar; te esfuerzas en mantener posturas contrarias para encontrar tu hueco comunicativo en los medios. A nadie le interesas si estás de acuerdo.
Cuando no tienen más remedio, muy de tarde en tarde, se ponen de acuerdo. El diario El País, en su editorial de hoy titulado "Pacto indispensable", reclama esa unión de voces casi siempre discordantes:

El clamor por consolidar un clima de pactos políticos es grande, aunque solo sea por los discutibles resultados que ha dado la aplicación de políticas unilaterales. Los sondeos de opinión reflejan la cara factura que el PP paga por ello.**


Los pactos descolocan un poco a los políticos, que tienen que empezar a mover la cabeza en sentido vertical en su escaño, en vez de moverla en sentido horizontal, cuando hablan los otros. No es fácil. Sin embargo, es necesario.
Decía la inspirada redactora de la noticia de El Mundo refiriéndose al "entredicho" de las ideologías, que era algo "tan sencillo de ver y tan difícil de afrontar". Creo que se equivoca. Lo que está en entredicho es la actuación de los políticos actuales porque han hecho de las ideas eslóganes. Las ideas en la política y en los políticos son importantes. No son la causa del desastre que vemos, ni mucho menos. Es justo lo contrario. Ha sido la llegada de gente sin ideas, solo con intereses, egocéntricas y vanidosas, la que ha causado esto, esta desatención de lo principal, esta incapacidad de soluciones. Con un cursillito de fin de semana en algún lugar retirado ya se consideran dirigentes, líderes políticos. Como el que se saca el título de patrón de vela y se pone una gorrita con un ancla.


No necesitamos estos "superpolíticos", para nada. Hay que darles kriptonita. Nos sobran un montón de personas que no deberían estar donde están porque no tienen ni el conocimiento ni el compromiso necesario, porque no han entendido qué es la Administración Pública y porque piensan que los recursos públicos son de su libre disposición. Son estas personas llevabas a la política por la falsa idea de que la política es "mandar" y no "servir" los que se suben sueldos y despilfarran recursos, los que están obsesionados con la prensa, con que les saquen el lado bueno (si es que lo tienen), con que les escriban buenos discursos (muy bien pagados), o por rodearse de muchos asesores porque eso les hace sentirse importantes; son los que cambian muebles y cuadros cuando llegan a sus despachos porque tienen que marcar distancias con los anteriores inquilinos políticos.


Ahí es donde hay que aplicar la "austeridad" y hacerles pasar reválidas. El político que trabaja bien no tiene problemas de comunicación. No hacen falta superpolíticos; con buenos políticos es suficiente.

* "De profesión, 'superpolítico'" El Mundo 2/06/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/31/valencia/1370022449.html

** "Pacto indispensable" El País 2/06/2013 http://elpais.com/elpais/2013/06/01/opinion/1370102075_043922.html

 

viernes, 31 de mayo de 2013

Una terapia carismática peligrosa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Sinceramente, nos estamos ganando el cielo con la santa paciencia que hay que demostrar cada ante lo que se escucha, ve o lee. La historia de los 20.000 euros para pagar el "curso de liderazgo" a Alberto Fabra, con cargo a los presupuestos públicos es un ejemplo más.
En el diario El Mundo recogen la insistente defensa de la "legalidad" de la medida a cargo de la Generalitat, porque el pago no supera cierta cantidad y su capacidad de contratación. Nadie ha dudado sobre eso; son las normas. No es un problema de "legalidad" —también esto es discutible por los fines—, sino más bien de "moralidad" y, sobre todo, de la propia imagen de Alberto Fabra.
El primer mandato a un líder es que no vaya por ahí diciendo que va a asistir a un curso de formación de líderes. Es de cajón. Es como si vas en un barco y te enteras que el capitán está haciendo el curso de patrón de vela por correspondencia. Pues te bajas inmediatamente y que las prácticas las haga con otros. Eso lo sabía hasta Robert DeNiro en la película "Una terapia peligrosa": que no se enteren los colegas del hampa de que voy al psiquiatra porque como me vean inseguro me eliminan del mapa. 
Aunque finalmente no se pague con dinero de la Generalitat valenciana, han puesto en bandeja a la oposición un frente de ataque facilón: "¡Aprenda a liderar, señor Fabra, aprenda a liderar!", "¡Cómo se nota que no fue el curso de liderazgo, Presidente!" o "¡Lidere, lidere!", por ejemplo, cada vez que aparezca en la tribuna de oradores. Lo inteligente políticamente es que Alberto Fabra hubiera ido a darles una charla a un grupo de "futuros líderes" y no al contrario. ¡Qué ingenuidad!


Hay que distinguir dos líneas claramente en este asunto: el curso en sí y quién lo paga. El argumento esgrimido por el vicepresidente José Ciscar, que no se debe sentir bastante liderado, para justificar la asistencia al curso es que esto es "un bien para la sociedad". Pero eso no significa que sea la "sociedad" quien lo deba pagar. El argumento es peligroso si se exceden los límites, que es lo que suele ocurrir. Lo que es "bueno para el político" no tiene porqué ser bueno para la sociedad. Ejemplos tenemos todos los días.
Creo que la misma publicidad y sentido del curso deja más claro a quién beneficia. Según  cuenta el diario:

La Generalitat ha contratado los servicios del 'coach' Javier Marigorta, que anuncia en su página web (bajo el título 'El Secreto del Éxito Eres Tú Mismo') un programa que permite "desbloquear, descubrir y desarrollar las poderosas fuerzas que residen en ti, dejando atrás las limitaciones y llevándote a crear la calidad de vida que realmente deseas y mereces, renovando tu parte física, mental y espiritual".**


No sé. Puede que Fabra desee ser "desbloqueado", etc., y que alcance "la calidad de vida que realmente desea y merece", pero no acabo de verlo claro. Puede, eso sí, que él quede más relajado al descubrir que todo lo que necesitaba lo llevaba dentro, pero no se había dado cuenta. El problema somos los demás. El que Fabra descubra lo que es la "calidad de vida" y después inicie una gira para contarlo a los ciudadanos, gracias a las dotes comunicativas que habrá adquirido en el curso, puede no ser suficiente.

Creo que los males que aquejan a la política española es que los empresarios se dedican a hacer política y los políticos a querer ser empresarios. Toda esta jerga del "coach", del "éxito", del "tú mismo", provienen del mismo sitio. Todo es parte de la santificación de la idea de "empresa" para todo. Aquí los políticos han desarrollado la idea de que las instituciones son empresas y los ciudadanos son clientes. Los cursos de formación, como en las empresas, deben pagarlo ellas porque lo que aprenden sus empleados redunda en beneficio de las ventas. Según esta forma de enfocar la política, los políticos deben ser ejecutivos bien pagados, con incentivos y "visa oro". Algunos ya lo practican.
Todo el bochornoso espectáculo que vemos cada día con el cargo de los gastos, las dietas, los sobresueldos, etc., no es  más que la transformación de la idea del "servicio" en "sector servicios". La política se considera una actividad encuadrable en ese sector y ellos se ven como ejecutivos, como "CEO" (Chief Executive Officer) de sus respectivas empresas-instituciones. Y eso nos convierte a los demás en operarios y clientes, según se trate e interese: un día te sonríen y otro te engañan o te exprimen.
La empresas han desarrollado técnicas de confección de sus propias mitologías (el "storytelling"), con el papel que juegan los diversos actores en el interior de las organizaciones y cómo se deben aunar los esfuerzos en las figuras de los líderes. Nuestros políticos no gobiernan, "lideran" que es más moderno. Son titanes de los que se predica su esfuerzo y sacrificio:

Císcar ha asegurado que el presidente Fabra está en "formación permanente" y que "se exige lo máximo a sí mismo" y ha justificado el curso de liderazgo por su "esfuerzo de formación al servicio de los ciudadanos".**


Gracias a la implantación de este tipo de mentalidad, nos hemos llenado de gurús comunicativos, "coach", de gente a las que "les han robado el queso", de "monjes que vendieron su Ferrari" (a un político probablemente), de gente que dice que "las crisis son oportunidades", que repiten que "el éxito es de todos" pero le sacan más provecho ellos, y un sinfín de tonterías y obviedades con las que algunos se hacen ricos y otros compensan su inseguridad. Todo se resuelve en el "workshop", llamando al "Think Tank" o con un "coach" a tu lado.
El mundo se ha llenado de charlatanes. Es un efecto de los cambios acelerados, del miedo a no adaptarse a las nuevas situaciones, a no entenderlas. Crisis de ansiedad, como en Una terapia peligrosa. Por todas partes surgen voces melosas que nos convencen de que "si quieres, puedes", que en "tu interior" están las recetas que necesitas, que los demás te aceptarán y seguirán si les implicas de forma adecuada. Tú eres un líder nato. Todo te lo contarán en un curso intensivo o, si no puedes asistir, en el libro que lo resume. Algo que te haga sentir como Aristóteles y Alejando, pero que estará más cerca del maestro Yoda y Luke Skywalker.


Algunos se habrán escandalizado más por el gasto de los 20.000 euros del curso en tiempos de la austeridad del embudo. A mí me parece más preocupante lo que refleja, toda esta ideología moderno-empresarial hueca, que un día habla de "neuroeconomía" y otro de "economía zen", que todo lo resume en los cuatro, los cinco o los diez principios básicos del "líder", del éxito y cosas así.

* "La Generalitat no sufragará el curso de liderazgo de 20.000 euros para Alberto Fabra" El Mundo 30/05/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/30/valencia/1369923746.html

** "Fabra gasta 20.000 euros en un curso personal de liderazgo porque 'beneficia a la sociedad'" El Mundo 30/05/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/30/valencia/1369914000.html





miércoles, 20 de marzo de 2013

Iconoclastia del embudo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay cosas que es mejor no comprobar cómo pueden terminar. Es sensato ser sensato. El caso de la polémica falla valenciana que nos cuentan los diarios hoy nos avisa de que debemos ser más cuidadosos desde que el mundo se ha hecho más pequeño, más próximo, tanto que casi todo se puede tocar.
Puestos a elegir entre todos los motivos posibles, a algunos artistas falleros se les ocurrió hacer una falla con un divertido elefante rosa y unas cuantas figuras exóticas que daba la casualidad que eran representaciones de los dioses de la religión hindú, sus símbolos sagrados. El diario El País nos cuenta:

Esta falla, de la sección Primera B y cuyo lema era Vells contes de la Índia (Viejos relatos de la India), es obra del artista Sergi Fandos y está rematada con una gran figura de un elefante que representa al dios hindú Ganesha, una de las deidades del país asiático.
Los presidentes de la comisión Ceramista Ros, de la Junta Central Fallera y del templo Hindú, Swami Omkarananda, llegaron a un acuerdo y decidieron que “en prueba de buena fe y de cooperación”, se indultó anoche la figura que evocaba a la divinidad de Shiva Nataraja. La figura indultada se donará al Templo Hindú. También se quitaron del elefante que remataba la falla, los atributos sagrados.*

Todo esto, esta buena voluntad, es loable una vez detectado el problema. Porque es un problema. Es sobre todo un problema de nuestra forma de entender —o de no entender— cómo funciona el mundo más allá de los límites castizos de nuestro pequeño mundo, que funciona de forma independiente a nuestros deseos y apetencias. Me imagino que todos los valencianos —y una mayoría de seres humanos— se alegrarán porque las Fallas se sigan conociendo en el mundo como una actividad festiva y no de una manera trágica que podría haber entrado en el negro listado de provocaciones sangrientas que acaban pagando justos por pecadores en cualquier lugar del mundo.
De salida advirtamos que el caso fallero no tiene nada que ver con otros como la quema de coranes por ese tarado que se llama Terry Jones o la realización del vídeo sobre Mahoma. Pero esa distinción no sirve de nada en quien no la entiende y solo ve lo que necesita ver: la quema de sus símbolos sagrados, algo que —sin venir a cuento— alguien se dedica a hacer en una parte del mundo que hasta el momento desconocía dando saltos alrededor de una hoguera.

Una señora que sale en el vídeo de El País TV señala que aquí "se quema al rey Juan Carlos y no pasa nada". Y tiene razón en eso, pero no es lo mismo que lo quemen en la India; significa otra cosa. Si mañana en cualquier ciudad de la India se dedicaran a quemar imágenes de la Virgen del Pilar, de la Moreneta o de cualquier otra imagen reverenciada en nuestro solar patrio, seguro que algunos, molestos, protestarían. La misma devoción con la que los valencianos ofrecen las flores para cubrir el manto de su gigantesca figura de la Virgen en estas mismas fiestas es la que sienten personas de otras partes del mundo por sus símbolos. Nos muestran  llorando por la emoción a algunas jóvenes que han dejado sus ramos para cubrir el manto de la "Geperudeta", la Virgen de los Desamparados. Uno de los encuestados señala, con sentido común, que a él no le gustaría que se quemara a la "Geperudeta", que lo entiende. Otras opiniones recogidas sobre la cuestión en el vídeo de El País repiten mecánicamente que hay que quemarla porque "es la tradición". Tan iconoclastas para unas cosas y tan "tradicionales" para otras. Es la ley del embudo de la iconoclastia: lo mío, tradición; lo de los demás, superchería.

La gracia de las Fallas no está en quemar símbolos religiosos de otras culturas; la gracia esta en quemar figuras de nuestros políticos, deportistas, del rey, incluso. Una Rita Barberá hindú esta perfectamente justificada en la falla. Y como somos europeos, también la de Angela Merkel; y como estamos en la OTAN, las de Barack Obama o George Bush. Lo iconoclasta está en quemar lo nuestro, con lo que tenemos vínculos contexuales, y no lo ajeno y descontextualizado porque entonces surgen problemas como este al incluir las divinidades hindúes entremezcladas que arderán junto a los políticos locales, que se lo merecen. Deja de ser una ejercicio festivo de crítica y autocrítica y pasa a serlo de violencia y agresión simbólica gratuita contra los otros, sin más. Y vete a explicarles, antes de que la monten, a los millones de hindúes que quemar sus símbolos religiosos es una cosa muy divertida que hacen en España para celebrar el día de San José. ¿San José?, preguntarán entonces los hindúes muy interesados. «Sí, un santo por el que sienten mucha devoción en aquella ciudad y le dedican sus fiestas», explicaremos. «Entonces, ¿es algo religioso?» «Pues sí y no...», dudaremos. «¿Y podemos quemarlo nosotros?», preguntarán los hindúes muy interesados. «Pues, no sé...», diríamos.


Ayer estuvo a punto de quemarse un hombre frente a la Falla en cuestión. Podemos pensar que es un loco, un fanático, un simple creyente o lo que queramos pensar. Una persona, al fin y al cabo. Es un aviso. El asunto podía haber causado problemas graves en algo cuya función es divertirse y atraer a miles de turistas de todo el mundo.

La gracia de las Fallas está en ser irreverentes, como apuntaba la señora del vídeo. Pero debemos ser conscientes que no tenemos la exclusiva sobre qué es divertido y qué no lo es, sobre lo sagrado y lo profano. Que nosotros mostremos nuestro desapego por nuestros propios símbolos, ya sea por diversión o por agresión, no nos autoriza a hacer lo mismo con lo de los demás. Que hayamos llegado a una especie de "nirvana" de la iconoclastia en el que quemamos nuestras banderas, silbamos nuestros himnos, etc. no significa que los demás lo hagan y menos que lo entiendan. Y, por supuesto, menos todavía que lo hagamos con los de los demás. Nos cuentan en el diario El Mundo que «varios vecinos gritaban desde balcones cercanos lemas amenazantes como "esta falla, la vamos a quemar".»** Seguro que si se hubiera producido un asalto y prendido fuego a alguna legación española en alguna parte del mundo, también hubieran saltado manifestando su satisfacción. Hay gente para todo y el sentido común mal repartido, aunque salga la media.
El hindú que amenazó con quemarse si los símbolos que para él representan algo importante y respetable fue detenido a tiempo y se puedo evitar una tragedia que habría puesto en los periódicos de medio mundo el caso. A algunos, deseosos de notoriedad, hasta les habría parecido bien. Pero a los ojos del mundo, Valencia y sus fiestas ya no serían lo que han sido hasta ahora, sino que habrían mostrado un sesgo violento que a muchos no les gustaría. La Comisión fallera ha hecho bien en dialogar con la comunidad hindú para lograr un acuerdo. De todo se aprende y me imagino que se habrá sacado alguna consecuencia para el futuro.


El mundo, como decíamos al principio, se ha hecho más pequeño y con los tabiques más finos, de tal forma que se escucha todo. Que no respetemos lo nuestro es cosa nuestra; pero que no lo hagamos con lo de los demás tiene sus riesgos. Los hindúes tienen sus tradiciones y no se meten con nadie. Meterse con los demás no es una tradición, es un ejercicio arriesgado entre la osadía y la ignorancia. Aunque algunos lo piensen, no somos el centro del mundo.
Una fiesta que aspira a ser declarada Patrrimonio Inmaterial de la Humanidad tiene que ser generosa y respetuosa con esa humanidad variada para que pueda disfrutarla sin distinciones. Afortunadamente lo han hecho. La decisión está en el aire.




* "Un detenido por la polémica de la falla con símbolos hindúes" El País 19/03/2013 http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/03/19/valencia/1363691895_212875.html?autoplay=1
** "Un hindú intenta prenderse fuego ante la falla que se centraba en su religión" El Mundo 20/03/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/20/valencia/1363736180.html