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lunes, 20 de marzo de 2023

La gran familia se amplía

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada uno tenemos nuestra familia, pero hay una que compartimos todos, la gran familia mediática. Más allá de hermanos, padres abuelos, tíos, primos, etc. con los que tenemos lazos, todos tenemos es gran familia mediática construida expresamente para nosotros, para todos.

Es una familia muy selecta, aunque esté llena de impresentables. Lo importante no es eso, sino precisamente lo contrario: nos son presentados de continuo hasta llegar a formar con ellos esos lazos de sangre artificial necesarios para que no les quitemos la vista de encima.

Ellos viven por, para y de nosotros. Lo que hacen es pensando en nosotros, en nuestra mirada y sentimientos provocados para hacernos sentir, que tiembles las manos al teclear en el teléfono móvil sus nombres, al pulsar los enlaces que nos llevan directamente a sus vicisitudes, a sus penas, aparentemente reales, ficticias la mayor parte de las ocasiones.

La gran familia mediática es un selecto grupo de personas al que muchos tratan de incorporarse, pero al que solo algunos lo logran. Que quede claro: solo algunos lo logran. Han de tener los suficientes méritos empáticos como para que muchos millones de personas puedan sufrir por ellos, por su suerte, por su triste o alegre destino. Después deben tener lazos con otros miembros acreditados, que actúan como introductores. Los lazos empiezan con los hijos, que tendrán novios y novias; con ex que introducirán a sus nuevas parejas, con las que todos establecerán comparaciones.

Antes de ocupaban de estas cosas las revistas del corazón; ahora somos todo corazón. Pueden ocupar minutos en nuestros noticiarios tras una invasión o la cura contra una grave enfermedad, tras unas elecciones nacionales o junto a una final de copa. Su rango atencional ha subido como la espuma y, como decía aquella canción, no podemos apartar los ojos de ellos. Hasta sus mascotas son objeto de nuestra atención.

La gran familia son el efecto de vivir en esta sociedad del aburrimiento sostenible, una sociedad tan civilizada que arroja los libros a los contendores de papel en su afán reciclador. Todavía me estoy recuperando de la visión del "Ubu Rey", de Alfred Jarry, sobre el contenedor de papel, hace unos días. ¿Algún republicano mal informado? ¡Quién sabe! Es esa mezcla de civilizado reciclado e ignorancia supina lo que hace temer por el futuro; se empieza tirando un libro al contenedor y se acaba arrojando a los que los escriben por el mismo camino. ¿Un nuevo contendor?

La falta de papel cuché (como se decía antes) para salvar los bosques (una excusa para la ignorancia) ha hecho que cierren los quioscos y que toda nuestra vida se concentre en pantallas, ya sean de televisores, ordenadores y teléfonos. Veo cómo se deslizan por el transporte público pendientes de los teléfonos, podrías quemarte a lo bonzo ante ellos y te pasarían por encima. Lo raro es un libro, pero ¿para qué? ¿Qué tienen que decirnos esos raros objetos cuyo destino en las dictaduras es la hoguera y el contendor en las democracias?

La vida de nuestra gran familia mediática rellena ese hueco, de hecho, rellena todos los huecos menos el mental, que se agranda hasta dimensiones cósmicas. Son los "famosos", una categoría distante y próxima; realista y teatral, falsa y verdadera por el valor que les otorgamos. ¿Qué haríamos sin ellos? ¿Pensar?

Las relaciones en esta gran familias pueden llegar a la cutrez más absoluta, como nos promete este titular de 20 minutos: "Secuestran a la abuela del novio de Gloria Camila y le obligan a sacar 5.000 euros"* La retórica no logra llegar a la épica y no consigo empatizar con esa abuela del novio de una persona que desconozco absolutamente.

Esta es otra: unos meses de inactividad, una noticia que te pierdas, un simple despiste pueden dar al traste con tu vida familiar. Puede que pierdas el hilo, que haya una separación, un conflicto, algo inesperado y... ¡quedas fuera, desorientado, con sentimiento de pérdida!

Pero la curiosidad me puede y me adentro en el territorio de lo desconocido. Sorprendido me encuentro con esto:

"Debo contaros una cosa. Estoy indignada con la vida, con la sociedad, con las malas personas, y llena de impotencia", comenzó, muy seria, la hija de Ortega Cano. "Me hallo en el hospital y viene a consecuencia de una historia muy heavy que creo que debo contarla y hacerla viral. No es nada mío, pero sí de alguien de los míos", relató. 

Me siento solidario con ese malestar con la Humanidad al completo debido, claro está, a ese secuestro exprés de la abuela del novio y el robo de los 5.000 euros. Son cosas que no deberían pasar (coincido con ella), pero pasan.

Tras contar el incidente, señala: 

"Entiendo que haya necesidades, que la vida esté jodida, pero no entiendo que no haya humanidad ni sensibilidad, que no haya una capacidad de entender lo que está bien o está mal", continuó relatando en sus stories la influencer. 

Las conexiones familiares nos ligan a todos y Gloria Camila (no es fácil llegar  a prescindir de los apellidos en este mundo familiar y que sepan quién eres, tu árbol genealógico) extiende su indignación convirtiéndola en "viral", tal como manifiesta. Esperemos que sirva de algo, por el bien de todos.

Frente a lo que ocurre en Irak, en Irán, en Perú, en Venezuela, en México, en fronteras y mares, con muertos, desparecidos, etc. todo esto nos podría parecer irrelevante. Pero da igual lo que nos parezca, lo importante es que los medios hacen sus huecos para todo esto gracias a la elasticidad de lo digital. Cuando había que sacar unas cosas para meter otras, no todo era tan fácil. Así, la gran familia mediática es familia numerosa por desbordamiento, por absorción de las relaciones posibles, porque no quede fuera nadie que atraiga la curiosidad de un solo lector. La red se extiende más allá de los seis grados famosos, hasta el infinito.

Los medios ya no dan noticias; las crean, que inexplicablemente, sale más barato. La reducción de corresponsalías, por ejemplo, nos muestra esta forma más barata. Para compensarlo, la introducción de material de redes sociales y cosas que la gente sube a YouTube o similares. Es el ciclo del reciclado eterno; toda va y vuelve. Así, podemos abrir un noticiario del mediodía con unas imágenes de un coche caído por un barranco en Perú o un traspiés al recoger un premio. Todo el trabajo de un año de cine, por ejemplo, eclipsado por una bofetada.

Las noticias ya no son lo que pasa y tiene transcendencia; ahora es aquello de lo que disponemos de imágenes en un mundo lleno de dispositivos de captación, de cámaras y móviles con cámara.


No hemos evaluado todavía cómo nos ha cambiado el mundo el hecho de que los teléfonos lleven una cámara y que se puedan "subir" sus imágenes para compartirlas. Es esa posibilidad de compartir la que nos lleva a la necesidad de crear marcos, como los familiares, que ordenen la experiencia visual, en los que vemos el día a día de personas cuya única trascendencia es la amplificación interesada que sufren sus historias. Son seleccionados para satisfacer nuestra curiosidad, para que nos metamos en sus vidas sin ser acusados de nada, sin sentirnos culpables. Ellos la ofrecen para nuestras morbosa curiosidad, la queman en el suculento altar de la trivialidad, para el que solo se necesita ser mirado, estar conectado con alguien, aunque sea al final de una red que dé la vuelta al mundo.

En este mundo de la falsa horizontalidad (no te engañes, la han diseñado los de arriba, los de siempre), huimos de lo que nos rodea para adentrarnos en lo que nos envuelve, un ligero matiz que afecta a lo diseñado para seducirnos y a lo que se nos viene encima sin preguntar. Fuera de él está la soledad, dentro el vacío compartido.

Alguien se pregunta cómo no hay un "ministerio del amor". Una buena pregunta en este mundo familiar en la que los grados llegan hasta el infinito, donde nos emocionamos con las cosas que ocurren a los que están ahí para emocionarnos.

 

* "Secuestran a la abuela del novio de Gloria Camila y le obligan a sacar 5.000 euros" 20 minutos 19/03/2023  https://www.20minutos.es/noticia/5111116/0/secuestran-a-la-abuela-del-novio-de-gloria-camila-y-le-obligan-a-sacar-5-000-euros-del-banco/

jueves, 12 de marzo de 2015

Un libro: El futuro del alma, de Eva Illouz

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Para los conocedores de las obras anteriores de la profesora Eva Illouz, el librito El futuro del alma, seguido de La creación de estándares emocionales, supondrá una forma sintetizada de volver a su siempre reconfortante pensamiento. La primera parte del texto recoge una conferencia dada por la autora en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). La segunda parte es una síntesis de su trabajo anterior sobre el papel de los diferentes tipos de expertos sociales en la regulación e interpretación de los sentimientos. Los dos textos, en su conjunto, son una magnífica introducción al pensamiento de la autora, una ocasión de conocer de forma resumida las ideas que se mueven por su obra.
Eva Illouz tiene una variada trayectoria académica hasta su trabajo actual en la Universidad de Jerusalén, en su Departamento de Sociología y Antropología. Los trabajos fascinantes de la profesora Illouz son un recorrido riguroso para tratar de explicar la configuración de la "mente" moderna, especialmente desde el manejo de nuestra faceta emocional.


En el primer texto, Illouz nos da la entrada en lo que es la clave de su punto de partida: «El alma, tal y como la conocemos, tiene probablemente poco futuro. La razón es que actualmente ya no tenemos alma, sino psiques en su lugar.» (9)
Esta operación refleja un cambio en la gestión social y en el diagnóstico a que estamos sometidos. La relación de la persona con su alma no es la misma de la del individuo con su psique. Este cambio es el que permite el desarrollo de toda una serie de mecanismos sociales, institucionales y personales, en la gestión de la psique.
Por lo pronto la relación tradicional entre alma y cuerpo, tal como fue desarrollada a través del cristianismo en Occidente, cambia radicalmente. El cuerpo había sido visto como cárcel del alma y obstáculo imperfecto hacia la vida espiritual. La concepción de una psique, en cambio, establece una relación diferente con lo corporal. Donde antes se establecían consideraciones morales, ahora se consideran cuestiones psíquicas, médicas, etc. Señala Illouz que donde antes se buscaba la "verdad" ahora se busca la "salud". La relación explicativa, por ejemplo, con el sufrimiento cambia radicalmente. De igual forma muchos otros parámetros surgen o son modificados por esa consideración.


Los expertos que gestionaban el "alma" cambian con el paso al cuerpo. Lo que era antes territorio de  teólogos y sacerdotes, pasa a ser ahora campo de batalla para médicos, psicólogos, sociólogos, pedagogos, etc., los expertos en mantener en sintonía nuestros cuerpos con nuestra psiques. La felicidad solo es posible mediante una relación equilibrada con el cuerpo; lo que antes era moral y virtud, ahora es salud.

Las almas pueden salvarse mediante la revelación, la confesión, la mortificación o la penitencia, técnicas todas ellas de salvación del alma. Las psiques, sin embargo, solo pueden mejorarse, transformarse, mediante técnicas de discurso (lo que llamamos comunicación) y autoobservación. El cambio de uno mismo no está al servicio de ningún proyecto trascendental: solo se aspira a concretar un ideal de autorrealización y de autenticidad. (17)

En la faceta social, este cambio del alma a la psique crea y moviliza toda una serie de lenguaje, instituciones y expertos encargados de gestionarnos desde la perspectiva de las disciplinas que se forman con la nueva orientación hacia uno mismo y la relación con los otros.
Los ingenieros sociales, en todas sus vertientes (pedagogos, sociólogos, psicólogos, etc.), serán ahora los encargados de la gestión de las relaciones entre nuestro cuerpo y la psique. De lo virtuoso se pasa a lo saludable. El ideal es, como señala Illouz, la autorrealización: el desarrollo que dé salida a nuestra potencialidad. Más que una meta, se trata de abrir todos los caminos posibles.

En la segunda parte, Illouz da cuenta de uno de sus temas de trabajo: la estandarización de las emociones. Tras la constitución de la psique, se hace necesario que el individuo se perciba en su movimiento emocional, sienta y se categorice como sujeto sentimental, un centro de emociones.
La parte más interesante del trabajo de Eva Illouz es cómo esa psique y los elementos sentimentales que la mueven pasan a ser objeto de las atenciones del mercado, creándose lo que podríamos llamar la gran industria sentimental. Illouz vincula el desarrollo emocional  y su desplazamiento al centro de la vida social a la aparición de una forma de capitalismo que hace de ellas, de las emociones, su industria y mercado.
Si la psique había creado un mercado, su personalización abre todo un flujo de emociones que producen un gigantesco negocio. Illouz estudió con detalle, por ejemplo, cómo el "amor" (las emociones amorosas) se convierten en el centro de un inmenso negocio que va de las grabaciones de canciones sentimentales, los "viajes de novios", las "salidas románticas" o la cosmética ante el temor a perder a la pareja. Basta para pensar en el "día de san Valentín" para entenderlo. De la misma forma, surge el negocio de la explotación del sentimiento vinculado con la maternidad o la paternidad.


"Las emociones —escribe Illouz— se convertían en una parte intrínseca de los mercados emergentes. Pero en el ámbito de la producción, el lenguaje de la psicología no resultó menos poderoso." (48) Se refiere la autora al papel que psicólogos, sociólogos, pedagogos, etc. han desempeñado en la gestión del mercado laboral. Las racionalizaciones para alcanzar la eficiencia han potenciado las investigaciones para la selección del personal más adecuado, se han establecido "virtudes" laborales para conseguir los objetivos de producción deseados. Desde la elaboración de los test de selección de personal hasta los cursos de formación, psicólogos y demás ingenieros sociales han contribuido a hacer del mundo una empresa eficiente.
Tenemos esta paradoja de la modernidad, la tensión emoción-racionalidad, en la que vivimos permanentemente. Por un lado se nos maneja a través de la explotación de las emociones que forman parte del consumo, mientras que por otro se nos convierte en piezas de la maquinaria social, una maquinaria desarrollada para lograr la máxima eficiencia productiva.

La modernidad produce una forma de inmadurez que surge precisamente de la tensión de esas dos fuerzas de naturaleza distinta. En ella, como concluye Illouz, el "producto estrella es la persona" (59), un objeto creado y descrito por médicos, psicólogos, etc., que ponen nombre a los movimientos de sus psiques, a las dolencias de sus cuerpos, evalúan metódicamente sus rendimientos y los declaran idóneos o no para desempeñar puestos de trabajos para los que son establecidos perfiles adecuados.
Las ideas de Illouz son de gran interés en muchos campos y son fuente de reflexión sobre fenómenos cotidianos que nos afecta en esta extraña sociedad en la que no sabemos muy bien si lo que sentimos es nuestro o ha sido colocado en nuestro interior mediante cuidadas técnicas de manipulación de la "psique".


La mezcla extraña de Ilustración y Romanticismo cimentó esta doble vertiente de la modernidad y de su combinación surge nuestra cultura moderna con sus contradicciones. Puede que el alma no tenga "futuro", como señala Illouz, puede que solo tenga una historia contada desde un mundo que ya no la entiende y que si lo hiciera sería para comercializarla.

Veía ayer la grabación de una intervención del conocido neurólogo Oliver Sacks en la que trataba sobre las alucinaciones visuales, en concreto sobre el denominado "síndrome de Charles Bonnet", un fenómeno en el que tras la pérdida de la visión o un deterioro profundo, hace que se perciban extrañas visiones. Sacks explicaba ante un auditorio repleto, cómo en su trabajo se encuentra cada vez con más gente que padece este síndrome (un 10% estimaba) por los avances de la edad, que favorece la existencia de más personas con problemas de visión. Contaba el caso de una anciana de la que creían que padecía trastornos psíquicos pues tenía esas alucinaciones. Sacks dice que le habían descrito el cuadro de alucinaciones y el historial de la paciente, pero habían omitido lo más importante en este caso, que estaba ciega.
Cuando Sacks le señaló a la señora que no estaba "loca" sino que tenía el "síndrome de Charles Bonnet" —nombre que proviene del primero que lo describió en el siglo XVIII, un filósofo suizo cuyo abuelo padecía las alucinaciones tras padecer una cataratas y ver reducida su visión—, lo primero que le dijo fue que "se lo contara inmediatamente a las enfermeras". El auditorio, como era previsible, rompió a reír.

Sacks es un "experto" y tiene su sitio privilegiado y bien ganado dentro del gran mercado de las emociones y la salud. Trabaja con maestría la comunicación de un mundo que nos fascina porque puede ser el nuestro en cualquier momento. No solo trabaja por la salud de sus pacientes sino por la curiosidad de sus públicos. Lo leemos y nos adentramos en los misterios de nuestro propio interior necesitados de etiquetas que, como ocurrió con su paciente ciega, necesitan ser canalizados hacia discursos tranquilizadores. Cuando existe el diagnóstico y lo confuso tiene nombre, los expertos pueden manejarlo y nosotros comprenderlo. También consumirlo a través de la múltiples industrias que surgen a su alrededor.
Hoy somos dirigidos hacia el exterior, a desplazarnos por el mundo, pero también a movernos por nuestro interior. Esa interioridad ha sido etiquetada y descrita por todo un ejército de expertos que dan lugar a industrias millonarias cuya suma sería sorprendente. Los artistas nos han dado metáforas de los sentimientos y los expertos los etiquetan en otro tipo de discurso, esta vez técnico. 
Como bien señala Illouz, somos una sociedad en la que el producto estrella es la persona. Eso no significa que necesariamente una mejora en muchos campos, sino la existencia de una materia prima que se ha de trabajar para sacarle el mayor provecho.



* Eva Illouz El futuro del alma / La creación de estándares emocionales, Katz- CCCB, Barcelona 2014. ISBN: 978-84-15917-11-3





domingo, 24 de julio de 2011

Un libro: Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo, de Eva Illouz

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Eva Illouz
La profesora Eva Illouz, nacida en Marruecos, pertenece al departamento de Sociología de la Universidad de Tel-Aviv. Su campo de trabajo es la descripción de cómo se configuran y da sentido a las emociones en el mundo del capitalismo moderno. La cuestión es de interés en los últimos años y se ha convertido en un campo de estudio de lo que se ha denominado “capitalismo emocional”. El objetivo principal es comprenderé cómo se articulan las emociones en el seno del capitalismo moderno, cómo se entrelaza con otros discursos y prácticas para convertirse en mercancía.
En la obra con la que se dio a conocer, El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo. (Katz, 2009), ya planteaba cómo la publicidad y los medios de comunicación fueron modelando el discurso y las prácticas en las que se ritualiza el amor, cómo a través de los medios se ofrecen alternativas para qué la emoción amorosa se traduzca en acciones y situaciones (viajes, bailes, cenas románticas, regalos, etc.). La obra que traemos hoy, Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo*, ha sido publicada en nuestro país en 2007, pero es más reciente (2006 en su edición alemana) que la anteriormente señalada, y nos ha parecido más adecuada para dar a conocer a esta autora.

En esta ocasión, la profesora Illouz aborda otros importantes modeladores de las emociones: el discurso de la autoayuda, la terapia psicoanalítica, los “recursos humanos”, la selección de pareja por internet, etc. Todos estos elementos son analizados en la obra como instrumentos desarrollados para establecer una nueva cultura de las emociones dentro del sistema de producción capitalista desarrollado durante el siglo veinte. Son los que definen las emociones del mercado y el mercado de las emociones.
El avance en paralelo del discurso psicoanalítico freudiano y el discurso organizativo empresarial, basado en la buena gestión de la organización, con los “recursos humanos” incluidos, dio lugar a un modelo de individuo y de relaciones en el ámbito familiar y en el empresarial. El objetivo era lograr una mayor eficacia productiva mediante una mayor eficacia emocional. Para ello se busca una nueva estructura de gestión de las emociones. Señala la profesora Illouz:

Mientras la cultura emocional victoriana había dividió a hombres y mujeres según el eje de las esferas pública y privada, la cultura terapéutica del siglo XX lentamente desgastó y reordenó esos límites al dar a la vida emocional un papel central en el ámbito laboral. (43)

La incorporación de la mujer al trabajo a lo largo del siglo XX significó forzosamente una variación en el tipo de emociones puestas en práctica. La visión de la empresa como “una familia” permitió el uso analógico de la terapia psicoanalítica para definir sus patologías y armonías desde el punto de vista del discurso organizativo de la eficacia, esencialmente desarrollado por un terapeuta, Elton Mayo, como forma de superación del discurso anterior. De la misma forma que en la familia se debía hablar para hacer surgir los problemas de fondo, en el ámbito de la empresa se propone una forma de organización en la que se favorezca el diálogo, con la comunicación interna como eje, y con un modelo de directivo dialogante, etc., para conseguir un modelo empresarial de mayor eficacia. Illouz va dando cuenta de este tipo de discursos que van modelando las instituciones dentro del sistema capitalista empresarial. Las “narrativas de éxito” empresarial, por ejemplo, se constituyen en modelos para la imitación, desencadenando otro tipo de discursos de la “superación” mediante los que se enseña a los individuos a tener los recursos para superar sus propios fracasos dentro del sistema. En un sistema que se basa principalmente en la proposición del modelo del éxito, la gestión del fracaso y el sufrimiento que produce pasa a ser una necesidad que se cristaliza, por ejemplo, en esos discursos de autoayuda. La idea de la necesidad de la autorrealización del individuo se convierte en un imperativo personal y social. Las personas deben extraer lo mejor de sí mismo como una obligación; si no lo hacen la sociedad desarrolla una serie de categorías consideradas como patológicas en las que el individuo es clasificado. Nuestro discurso sobre la “excelencia” tiene este mismo origen. Los individuos están obligados a sacar de sí mismos el máximo posible so pena de caer en el sufrimiento del fracaso, tanto desde el punto de vista personal como el social.


 Además de otras competencias necesarias, el capitalismo emocional ha hecho pasar a primer término la gestión de las emociones. El análisis de Eva Illouz va acercándose hasta los momentos actuales para mostrar cómo ha ido modificando desde principios del siglo XX el discurso sobre las emociones.

La conducta emocional pasó a ser tan importante en el comportamiento económico que cuando el concepto de inteligencia emocional surgió, en la década de 1990, entró de lleno en la empresa estadounidense. Fue un periodista con formación psicológica clínica, Daniel Goleman, quien, con un libro titulado La inteligencia emocional, contribuyó a formalizar lo que se había estado gestando en el transcurso del siglo XX: la creación de instrumentos formales de clasificación de la conducta emocional y la elaboración del concepto de competencia emocional. (141-142)

La obra concluye con un último y muy interesante capítulo sobre la transformación cibernética de las emociones a través de las redes informáticas. Illouz analiza el papel de las empresas de selección de pareja, del estilo de match.com, en las que se clasifican las emociones para convertirlas en formularios de selección mediante los cuales se pueda llegar al encuentro compatible, de la misma manera que las empresas realizan formularios para tratar de seleccionar las personas idóneas para ocupar los puestos que es necesario cubrir. La “selección de pareja” se convierta así en un proceso mediante el cual el “yo” se autorrepresenta en categorías específicas (se describe a través de cuestionarios) y se selecciona al otro mediante un proceso de compatibilidad y adecuación optimizado mediante sistemas de protocolos. Las emociones finalmente han sido reducidas a un sistema descriptivo informatizado, cibernético, en el cual pueden ser evaluadas para establecer la compatibilidad buscada. Como en cualquier sistema que busca la toma de decisiones, se producen procesos de ordenamiento de las cualidades evaluadas conforme a un tipo de valor. Lo que antes era un proceso intuitivo del yo, ahora se convierte en un proceso externo, realizado mediante unos protocolos con mayor o menor eficacia, cuyo éxito es la obtención de la persona compatible.
Todos los elementos que Eva Illouz analiza a lo largo del siglo tienen como objetivo la “mercatilización del yo”, según  su expresión. Escribe en sus conclusiones:

La corriente psicológica, la literatura de autoayuda, la industria del consejo, el Estado, la industria farmacéutica, la tecnología de Internet, todas se entrelazan para formar el sustrato de la personalidad psicológica moderna porque todas tienen al yo como principal objetivo. Es ese progresivo entrelazamiento de los repertorios del mercado y los lenguajes del yo en el transcurso del siglo XX lo que llamé “capitalismo emocional”. En la cultura del capitalismo emocional, las emociones se convirtieron en entidades a ser evaluadas, examinadas, discutidas, negociadas, cuantificadas y mercantilizadas. (227)

Como ya es característico de sus trabajos, la autora maneja el análisis sociológico y la teoría que va construyendo con gran precisión conceptual. Una de las cosas más admirables de sus obras es la construcción interna, la arquitectura de ideas, que sostienen el conjunto del texto. El hecho de que esta obra sea el resultado de la invitación a impartir las Conferencias Adorno, en Frankfurt, hace que tenga una concentración y un dinamismo específico. Es una buena y recomendable forma de entrar en la perspectiva de análisis de Eva Illouz, en su visión de la construcción emocional de nuestro tiempo.

* Eva ILLOUZ (2007): Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo. Katz, Madrid Buenos Aires, 244 pp. ISBN: 978-84-96859-17-3