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jueves, 13 de julio de 2017

Solo era un payaso, pero hizo su trabajo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En este espacio hemos seguido en el tiempo el caso —por llamarlo así— "Bassem Youssef", el satírico egipcio que surgió al hilo de la revolución, aclamado por el pueblo a través de un programa distribuido por YouTube que pasó por su éxito a las cadenas comerciales. Youssef se convirtió en la mirada que dejaba al descubierto al poder. Superó los ataques iniciales y se enfrentó en una segunda etapa al poder islamista que rápidamente se revolvió contra él, que no se amedrentó manteniendo sus críticas punzantes. Y el público lo fue celebrando y enalteciendo. Bassem criticaba al poder. Pero cuando llegó el "no-coup" y el poder volvió a las manos de los militares, Bassem trató de seguir haciendo su trabajo, la sátira. Y está vez, los mismos que habían jaleado sus irreverencias, le llamaron traidor y arremetieron contra él. Quedaba así al descubierto el drama egipcio y un sin fin de preguntas en el aire que nadie se atrevía a contestar.
De repente, el poder se había vuelto intocable. Lo que antes era criticable ahora era sagrado. Los halagos interesados sucedían a las críticas; la ceguera ante los problemas se volvía enfermedad crónica. Las promesas se volvían sueños y los sueños alucinaciones gozosas. El poder era perfecto y el mundo conspiración. Los que habían dado su vida por la revolución, los llamados "mártires" cuyos retratos había engalanado las calles pasaban a ser "traidores", agentes extranjeros cuya intención era destruir la patria. Los que le aplaudían antes comenzaron a pedir que se le callara, que se le encerrara o que se le expatriara, que se le retirara la nacionalidad, el bien más preciado que te pueden dar al llegar al mundo. Y Youssef se fue.


En varias ocasiones hemos calificado el caso Youssef como un "test" para la sociedad egipcia, como una prueba profunda de una forma de ser y observar el mundo. El paso del aplauso a la lapidación rabiosa es algo que no es fácil de entender. El examen de conciencia no es fácil en una situación como la actual, en la que la crisis económica aprieta allí en donde no es sencillo elaborar fantasías.
La afirmación del presidente al-Sisi sobre haber sobrevivido años solo con agua en el refrigerador está siendo puesta a prueba por algunos. El presidente lo dijo para que la gente dejara de protestar. Una afirmación como esta hubiera sido el centro de más de un programa de Bassem Youssef, que habría dejado claro su profunda desvergüenza. Cuando tienes suelto un satírico como Youssef, tienes que cuidar tus palabras, tus promesas, tus acciones, porque volverán a ti en forma contundente, envueltas en una sonrisa.
Esta vez las palabras llegan envueltas en melancolía en el artículo —una cierta forma de examen de conciencia— de Mohamed Gamal, publicado en Mada Masr con el título "On the giant that Bassem Youssef did not tickle", que hace referencia a un documental realizado en los Estados Unidos, lugar en el que Youssef acabó acogido y donde ha podido desarrollar su arte satírico sin trabas o amenazas. La sociedad norteamericana tolera las críticas. Mientras Bassem ha criticado a Trump en campaña y ya en la presidencia, los egipcios se han lanzado en brazos de Donald Trump, considerándolo una bendición complementaria al "fantastic guy", el nuevo general que la divinidad les ha asignado para su grandeza. Los frigoríficos se van pareciendo cada vez más al que describió el presidente, con el riesgo del paso siguiente, que será el corte del suministro eléctrico por la subida de las tarifas.


Esta situación —esta relación de la sociedad con el poder— es motivo de reflexión dolorosa para los que han vivido 2011 con la ilusión del cambio y viven un 2017 en el que se glorifica un "no cup", se cierran más de cien medios de información, las cárceles están llenas y se manifiesta la máxima distancia entre la realidad y los discursos oficiales.
Tras contar las vicisitudes Bassem Youssef y su programa, cómo sus colaboradores se han apuntado a programas televisivos de éxito en el que el poder es intocable, toca el momento de reflexionar sobre lo que fue y lo que es, sobre lo que pudo haber sido. Escribe Mohamed Gamal:

The stark contrast between our courage, confidence and hope during the glorious 18 days in 2011 and the vulnerability, desperation and depression we reached following the return of military rule had begun to leave us wondering: What exactly is our generation’s problem? At one moment we were ready to sacrifice our souls, eyes, limbs and futures for this country, and the next we abandoned the dream to each tread onward on our own path. Are we heroes or almost-heroes? Why did we rally, and why did we then disperse, either physically or metaphorically?*


La constatación del fracaso es dura. Las preguntas que surgen se hunden como puñales en la conciencia de una generación que se ha visto incapaz de un cambio real. El documental sobre Youssef que motiva las reflexiones del artículo, se nos dice, no estará visible en Egipto. A aquellos que el autor les pregunta dicen no haberlo visto. La soledad del que escribe es la soledad del que ve la realidad de otra menare porque le quedan preguntas.
Cuando surgió la revolución de 2011 —esos 18 días de dolor y gloria mencionados— dijimos que era una revolución de los hijos frente a una figura paterna, Mubarak. Pero ni Sigmund Freud estaba preparado para el regreso brutal de los padres sucesivos. La soledad de los hijos se transformo en indiferencia y en intentos del padre al-Sisi de congraciarse con ellos periódicamente en medio de reuniones propagandísticas, de monólogos con consejos de los que saben a los ignorantes.
El artículo dice mucho de la mentalidad de muchos. Hay un cierto tono amargo tras la vista del documental de Youssef. El autor esperaba una figura heroica y Youssef se muestra cotidiano, no quería ser un "héroe", solo era un "payaso". Él, le parece al articulista, no quería derribar gobiernos, como los revolucionarios. A Mohamed Gamal le hubiera gustado un documental crítico del poder. Pero el poder hizo lo que se esperaba de él. Lo que no esperaba nadie —ni el propio Bassem Youssef— es que fuera el mismo pueblo el que entregara sus libertades entre aplausos y vítores.


De nuevo, se les exige a los demás lo que nadie está dispuesto a dar.

I don’t know, and I’m not judging him. He can chart his own career path. But I worry that more opportunities born amid unusual circumstances will be lost as we hesitate and allow them to pass us by, without taking advantage of them. I only hope that we — myself, Youssef and the generation that lived through the revolution — can reflect on our learning curve from time to time and ask ourselves: Are we fast learners? Did we learn from our mistakes? Did we readjust our path? Are we certain that we are investing in the best cause?*

Muchas preguntas y una sola respuesta, la que todos saben, la que se niegan a admitir. Cuando tuvieron que elegir entre el poder y la crítica del poder, eligieron —sin dudarlo— el poder. El drama no es que uno desconfíe del poder; el drama auténtico es no poder fiarte del pueblo, de aquel en cuyo nombre muchos salieron a la calle y dieron su vida. Y la dieron frente a los que siempre han estado en el mismo sitio, a los que siempre apretaron el gatillo, torturaron e hicieron desaparecer. Porque no son distintos, sino la otra cara.
Es fácil hacerse a las dictaduras; las democracias son mucho más complejas. No se trata de obedecer para que te vaya bien, sino de elegir, de arriesgarse para tratar de mejorar. Es demasiado trabajo frente a la simplicidad orwelliana del poder absoluto.
Escribe Gamal:

In a recent article, journalist Abdel Azim Hamad wrote that generations of police officers since the 1952 revolution have “sterilized” the public sphere, as opposed to eroding it in the sense of the late journalist Mohamed Hassanein Heikal — sterilization meaning suppressing any real space to think and express. As such, consecutive regimes dissolved any effective social organization inside syndicates, universities, mosques and churches, even reaching civil society organizations and the boards of private residential compounds.
For me, this explains everything: it explains why Youssef has failed, and why we have failed, at least for now. Our premature revolution was born from a sterile womb, and from that same womb Al-Bernameg was born unripe.
Sterilization necessitates a process of refertilization, in the mental, artistic, cultural, political, social and religious sense, and a restoration of the public sphere. This might take years and countless futile attempts, but ultimately a new generation of giants will be born. By then, I hope they will know who they are facing and which direction they are headed, because it’s then that they will accept to pay any price in return for freedom. And the rest will not leave them alone, but follow them to the finish line.*

Son los párrafos finales y se percibe el mismo mal de siempre. Bassem Youssef no falló. Él hizo su trabajo, pero no podía hacer el que no podía. Él era el "payaso" que deja al descubierto la verdad que a nadie le interesa saber. Los que intentaron hacer desde sus puestos fueron atacados y criticados por los mismos que jalean al poder. En el fondo, les da igual quien mande porque su habilidad es vivir con ellos, con poderosos ante los que medrar, a los que aplaudir porque luego serán generosos con los dóciles. Nadie así verá afectada su posición, la lograda por la aceptación de lo establecido.


Bassem Youssef forma parte de esos recuerdos incómodos que nadie quiere compartir. Como persona inteligente que es, ha dejado de hacerse las preguntas que se hacen muchos otros egipcios. Él ha comprendido que hacerse esas preguntas sobre oportunidades perdidas forma parte del carácter egipcio.
La refertilización propuesta solo es posible con gente como Youssef, gente que muestre los problemas, no que hagan decorativos colgantes con ellos. El vientre, efectivamente, no es fértil y habrá que esperar mucho tiempo a que una nueva generación se olvide del fracaso para poder cometer la ingenuidad de reclamar libertades ante las amadas autoridades.
Se puede reclamar pan, se puede reclamar agua para el refrigerador y electricidad más barata para mantenerlo en funcionamiento, pero eso no significa reclamar libertades. Muchos se conforman con una prisión barata. Pensar en libertades sigue siendo una actividad solitaria.
Sí, Bassem solo era un payaso. Escribe Mohamed Gamal: "If we were waiting for a Guevara or Gandhi or Mandela, I thought, Youssef was never like them and he never claimed to be."* Pero el payaso hizo su trabajo, cumplió donde otros no lo hicieron. Asustados por las perspectivas que se le abrían, les dio miedo y volvieron a la seguridad de la celda. A Bassen no le echó el poder; le echó el pueblo. No querían críticas a sus nuevos ídolos.


* "On the giant that Bassem Youssef did not tickle" Mada Masr 12/07/2017 https://www.madamasr.com/en/2017/07/12/feature/culture/on-the-giant-that-bassem-youssef-did-not-tickle/

domingo, 12 de marzo de 2017

Ese Sisi

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Este mundo se ha hecho muy pequeño y eso deja pocas posibilidades a poder distanciarse por muy lejos que te vayas. La queja viene de Bassem Youssef, el humorista azote de los gobiernos egipcios. En estos tiempos de propaganda, se lleva mal el humor y Youssef ha sido perseguido e incordiado desde que saltó a la fama en la época de la Revolución del 25 de enero.
Su éxito fue enorme criticando al poder. Y ocurrió algo muy egipcio. Bassem Youssef había criticado a los militares y después criticó a los islamistas de Morsi, que le pusieron en su punto de mira. Youssef se convirtió entonces en el ídolo del humor en Egipto, todo eran buenas palabras.
Tras producirse el "no-coup" que supuso la caída de los islamistas, Youssef se puso tan contento como casi todos y volvió a retomar sus show crítico con el poder. La sisimanía pronto le pareció terreno abonado para el humor y la sátira política, que es su especialidad. Y entonces ocurrió. El que había sido el héroe del humor, el que había sido perseguido por todos los anteriores, que se veían vapuleados con las parodias acertadas que Youssef realizaba, empezaron a considerarlo como un "enemigo del pueblo". Pronto, el idolatrado humorista al que todos habían admirado y con el que todos habían reído empezaron a insultarle, a considerarle un agente extranjero, un traidor, etc., es decir, todo aquello que los egipcios dicen cuando su mito particular se ve tocado por el humor.
El pueblo que presume de tener un enorme sentido del humor, empezó a perseguirle hasta conseguir que su programa fuera cancelado y tener que irse de su país. Conocido como el "Jon Stewart egipcio", Bassem Youssef se fue a hacer las Américas acogido por el país que no entendía que todos los que llegaban al poder se enfrentaran a él y lo vieran como enemigo.

2013

Egyptian Streets se hace eco de un artículo publicado en The New Yorker. Lo hace con el título "Bassem Youssef Accuses Egyptian Government of Paying Hecklers in the US". En él se señala:

Bassem Youssef, once the most watched television personality in Egypt, has accused the Egyptian government of paying “conservative Egyptians” to heckle his performances in the United States.
In a Facebook Post, the doctor-turned-comedian shared an article by The New Yorker that covers an incident in which he was heckled.
“Funny that when I finally made it to be in a story in the New Yorker it would be about that time when hired hecklers by the regime tried to sabotage my show in New York. The New Yorker was there to witness the whole thing,” said Youssef, also known as the Jon Stewart of Egypt, on Facebook.
In the article, Youssef and his manager, Maha Nagy, discuss how there are often several ticket holders at his performances who are there to disrupt his performances.
“These people are paid hecklers,” explains Youssef, describing the hecklers as “older than the rest of the crowd” and “wearing baggy suits and not laughing.”
Nagy adds to this, adding that it happens at every show.*


La persecución a Youssef revela dos cosas. La primera es  el odio a Bassem Youssef, el ídolo caído. En la mentalidad actual, Youssef es un traidor, alguien que se dedica a difamar a Egipto en el exterior. En realidad es un testimonio de la intransigencia, uno de los peores males sociales que explican lo que ocurre en el país, la incapacidad de unos y otros de establecer un sistema de convivencia armonioso. En segundo lugar, es el recordatorio del fracaso en la convivencia.
Bassem Youssef les recordaba cada día que el sistema que aceptaban como "salvación" era el mismo del que huían y por el que se habían levantado. Pero la ceguera es tan grande que prefirieron renegar de la revolución acusando a los revolucionarios de agentes extranjeros pagados para destruir Egipto antes de reconocer el fracaso en la construcción de un sistema político democrático.

2014

Difícilmente alguien podrá acusar  a Bassem Youssef de "islamista" o de "terrorista". Es único egipcio que siempre ha dicho y hecho lo mismo. Incluso cuando le atacaron. El artículo, firmado por Andrew Marantz en The New Yorker, explica a sus lectores quién es Youssef y cuáles son las tribulaciones que le persiguen esté quien esté en el poder:

“Religious fundamentalists and military fundamentalists are basically the same,” he said. “They both want to ignore the truth and replace it with propaganda.” When Morsi was in power, Youssef was arrested for insulting the President, insulting Islam, and disturbing the peace. After six hours of questioning, he was let go with a warning. When Sisi took office, Youssef was forced to cancel his show, and decided to leave the country. He now lives in Los Angeles, with his wife and daughter. Last year, he hosted a show on Fusion, a Tocqueville-meets-“Borat” road trip across the U.S.; his memoir, “Revolution for Dummies,” and a documentary about him, “Tickling Giants,” come out this month. “In theory, I can go back to Egypt anytime,” he said. “The only question is whether they would let me leave.”**

La estancia de Youssef en los Estados Unidos es incómoda para el régimen de al-Sisi, que necesita una mejora de imagen. En sus términos, esto quiere decir el control de toda fuente de desprestigio o crítica. La guerra mediática del régimen implica doblegase a las directrices oficiales, abandonando la crítica, por un lado, y en segundo lugar convencer a todos de que su lucha es contra el terrorismo. En estos dos campos, el control mediático es importante, pero hay un obstáculo: la opinión pública mundial no considera que Egipto sea una democracia sino un régimen surgido de un golpe militar. Bassem Youssef es un recordatorio de que se persigue a los que hablan desde un escenario, a los que realizan el humor y la sátira.


El viejo régimen de Mubarak ha ido regresando poco a poco, instalándose de nuevo en el poder y hasta en el parlamento se le pide un homenaje, una vez que los tribunales le van sacando las espinas de los juicios anteriores. No creo que ningún país haya reconocido tantos "errores judiciales" en la misma persona. Y lo que se dice de Mubarak se dice también de los ministros de la época o de los hombres de negocios encarcelados por corrupción y enriquecimiento ilícito. De nuevo en la calle, dispuestos a seguir sacrificándose por el país.
Los shows de Bassem Youssef son molestos para el poder actual, incluso para la sociedad actual. Recuerdan que existe una versión diferente de la realidad a la que los egipcios han pactado entre ellos para evitar reconocer el fracaso de la convivencia, el fracaso de la revolución. Muchas revoluciones fracasan, pero pocas lo han hecho con el aplauso de los mismos que se levantaron en ella. La terrible verdad solo resuena ya en la boca de Youssef: “Religious fundamentalists and military fundamentalists are basically the same”. Los egipcios se limitan a elegir el tipo de dictadura que mejor les conviene.
Youssef cuenta al reportero de The New Yorker que asiste a su show que en cada puesta en escena, siempre aparecen los enviados pagados a reventarlo. Graban los incidentes con sus teléfonos móviles y luego los trucan para que parezca que el show levanta las iras de todos los asistentes.

“They are conservative Egyptians who live here, but they are hired by the Sisi regime to heckle,” Nagy said. “It happens at every show.”
“I can always spot them,” Youssef said. “They’re older than the rest of the crowd, and they all sit in one row wearing baggy suits and not laughing—”
“And then at some point one of them heckles, his friend films it with a cell phone, and they edit the video to make it seem that audiences are rejecting Bassem’s message,” Nagy said.
“Wow,” the manager said. “This is not the kind of thing we usually deal with.”**


Pues no. Esta es la especificidad egipcia para estas cosas. La presencia de reventadores muestra el peculiar sentido del deber que muchos tienen. Puede que no estén ni pagados, que sean voluntarios para hacer ver que son buenos egipcios y que se diferencias de los malos egipcios, de los traidores como Bassem Youssef. Ya se cobrarán el favor en otro momento.
Conozco la experiencia. Hace unos años, con motivo de la presentación de un número una revista de la que soy editor dedicado a la creación de las mujeres en la Primavera árabe, también tuvimos un par de egipcios sentados. "¡A ver qué vais a decir!", le dijeron en árabe a las editoras egipcias. Pues lo que había que decir, simplemente. No creo que les enviara nadie y es probable que aquella noche se sintieran especialmente bien habiendo cumplido con su deber intransigente.
Nos cuentan en The New Yorker:

Twenty minutes in, a chant went up: “Sisi! Sisi!” It came from a few people sitting in the same row. The women wore hijabs and the men wore baggy suits. “Guys, be quiet and pretend to enjoy the fucking show,” Youssef said, and the audience applauded.
One of the hecklers stood up, pointed a shaking finger at Youssef, and shouted, “Why don’t you show some respect!”
“There will be a Q. and A. at the end,” Youssef said. “Can you wait and curse at me then?”
The heckler kept shouting. A man next to her filmed the scene with his phone.
“O.K., we’ll do it now,” Youssef said. He grabbed a chair and sat down, looking exasperated. “Welcome to my life!” he said.
More interruptions followed. Two and a half hours later, Youssef received a standing ovation, left the stage, and collapsed on a couch in the greenroom. Mason stood nearby, eying the crowd as they filed out. “I don’t know who this Sisi is, but, man, those people were heated,” he said. “I deal with hecklers, too, as a comedian, but never anything like that.”**


El momento decisivo es cuando se preguntan por "ese Sisi", al que dicen desconocer, un auténtico bofetón para quienes lo han convertido en el centro, en el "salvador" alabado. La pregunta se la hacen muchas otras personas, millones, por todo el mundo ante el asombro de los egipcios a los que han convencido de que son el centro y todo es conspiración contra ellos. ¿Quién es ese Sisi? Para muchos egipcios, la envidia del mundo, el presidente al que no había que dejar salir al extranjero porque querrían quedarse con él. Nadie llega al poder en Egipto sin el visto bueno de Dios. Eso hace mucho. Pero para los egipcios, el hecho de que los titulares positivos se los lleve Bassem y no el presidente es una muestra más de la conspiración mundial contra ellos.


Una vez más, el efecto causado es negativo. Bassem Youssef sigue siendo el termómetro de las libertades egipcias y, especialmente, del principio de transigencia, que es la capacidad de asumir las críticas e ideas con las que no se está de acuerdo. Ir a reventar los espectáculos de una persona que ya ha tenido que dejar su país es una forma de obcecación muy ilustrativa. Muestra que la sintonía es grande entre la represión y aquellos que la aplauden.


Bassem es el enemigo del pueblo, aquel que les recuerda que no son capaces de escuchar sin rasgarse las vestiduras, sin gritar con voz impostada "¡vergüenza!". Nada gusta más que esta dignidad hipócrita en la que se experimenta el placer de ser juez de otros. Por supuesto, somos jueces porque Dios así lo quiere; no podemos renunciar. Con cada interrupción del show, hemos impedido que el mal se extienda por la faz de la tierra.
En realidad, lo que han confirmado es la falta de libertades, la intolerancia del régimen y la hipocresía que lo sustenta. Da igual que estén pagados o lo hagan gratis. No es más que un tecnicismo. Con cada interrupción le dan la razón a Bassem Youssef.



* "Bassem Youssef Accuses Egyptian Government of Paying Hecklers in the US" Egyptian Streets
11/03/2017 https://egyptianstreets.com/2017/03/11/bassem-youssef-accuses-egyptian-government-of-paying-hecklers-in-the-us/

** Andrew Marantz "HECKLING THE JON STEWART OF EGYPT" The New Yorker 13/03/2017 http://www.newyorker.com/magazine/2017/03/13/heckling-the-jon-stewart-of-egypt






jueves, 26 de noviembre de 2015

La risa lejana

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Por lo que he visto, en Egipto, solo Egyptian Streets y la revista Identity recogen un acontecimiento que debería ser importante en la vida cultural egipcia: la inclusión del humorista y presentador de televisión Bassem Youssef en la gala de los premios Emmy.  El primer árabe, el primer egipcio en ser presentador de los premios. Eso fastidiará a muchos y alegrará a sus fieles.  Youssef es el hombre invisible, el lapsus freudiano, el recordatorio incómodo para la conciencia egipcia.
Hace mucho tiempo que seguimos su historia. Bassem saltó a la fama durante el periodo de la revolución con sus sátiras políticas. Como persona honesta, Bassem entendió que su labor no se centra en personas sino en situaciones, que función era ser una piedra en el zapato de cualquiera que estuviera en el poder y lo ejerciera indebidamente o de forma ridícula. Así, con la llegada de los islamistas con Morsi al frente, Bassem se río de sus pretensiones. Y el pueblo, de nuevo le aclamó, convirtiéndolo en el ídolo de la sociedad. Bassem realizaba la caricatura de un poder pretencioso, como la había hecho anteriormente. Su show tenía millones de seguidores fieles. Las prohibiciones, las amenazas, las denuncias... Youssef lo aguantó todo.


Con la caída de Morsi y el ascenso de al-Sisi todo cambió. Los egipcios que le habían idolatrado en sus críticas al poder esperaban con ansía su regreso a la nueva situación. Y se levantó el telón televisivo. Siguiendo la tendencia habitual, se esperaba que Bassem incurriera en la misma babosería servil que los medios de comunicación y los políticos, que se rindiera ante el presidente enviado desde el otro mundo para salvar a Egipto de sí mismo, el presidente que no debía salir al extranjero porque las naciones le envidiaban, el hombre que fue reclutado en sueños por el presidente Sadat desde el otro mundo... Pero, ¿qué mejor para un humorista que todo esto? ¿Qué mejor que todo este ejercicio de autoengaño, de hipocresía servil?


Los millones de egipcios que le seguían se dividieron. Unos estaban a favor y le defendían; otros, en cambio, la acusaban de ser un agente extranjero, un traidor a la patria y pedían que se le retirara esa bendición divina que se llama pasaporte egipcio junto con la nacionalidad. Las presiones sobre los patrocinadores fueron brutales y tras un par de programas, Youssef salió del país, permaneciendo su rostro sonriente solo en los favoritos de Facebook de unos cuantos jóvenes que le siguen considerando una referencia crítica y de honestidad.
El pueblo, una vez más, eligió lo más fácil, esa imperdonable adoración al poderoso, al que poco después se va desgastando ante las promesas incumplidas, la represión constante y la grandilocuencia inmotivada que suele ejercer el gobierno de los egipcios. Pero —por los motivos que sean— eso les atrae a muchos. Frente a esta emotividad sin freno, Bassem representa la inteligencia crítica que muchos prefieren no entender cuando se ejerce sobre sus favoritos.
El reconocimiento internacional —otro elemento que permite a muchos egipcios confirmar que es un espía— de Bassem Youssef se produjo sobre todo en los Estados Unidos, que supieron valorar su show en la mejor tradición satírica norteamericana. Los profesionales se hicieron pronto eco de las sátiras que le convertían en peligroso, amplificando el ridículo de las autoridades hasta niveles planetarios.


Hoy, Egyptian Streets nos trae esa noticia, su participación en los Emmy:

Bassem Youssef, whose show was once the most watched television segment in Egypt, has become the first Arab and Egyptian to host the International Emmys.
During his opening speech, Bassem Youssef took a moment to acknowledge that the “world is still in a state of trauma” after the tragic events in Paris, Mali, Beirut, Nigeria, Kenya and the Sinai.
“It is brutal, it is horrible and it is unfair. But when people get together to celebrate art and creativity, and the best of what the human race can aspire to, we find our capacity to heal and to grow,” said Bassem Youssef.
“I like to think that me being here is a part of that healing. The Academy chose me, an Arab Muslim, to host this event months ago. When we laugh, they lose. When we laugh, and do what we do here tonight, those evil bastards lose.”
The host then went on to insult terrorists in Arabic, joking that censors would not beep out Arabic.*


A Bassem Youssef es al único egipcio al que le he escuchado decir públicamente que defendía los derechos de quienes le atacaban, porque los derechos son de todos. En una sociedad que constantemente está pidiendo que se prive de derechos a los demás, me ha parecido un ejercicio democrático real. Youssef es la demostración clara de la aplicación de la ley del embudo que él no quiso practicar.
La obligación del humorista es estar del otro lado del poder —por más simpatías que le tenga— para poder mantener la crítica correctiva de los excesos o la pérdida de realidad. Youssef era el contrapeso de la sisimanía.
En diciembre pasado, otro humorista, esta vez gráfico, Andeel hizo uno de los mejores chistes políticos que se han visto en muchos años:



Si la imagen convierte un discurso presidencial en un anuncio que se puede saltar uno, la leyenda de la viñeta es una vuelta de tuerca respecto al gráfico: "A cartoon that won't be understood by the main character in it".**
Creo que la sisimanía pasa por malos momentos. Ha quedado convertida en ese anuncio que se puede uno saltar, por repetitivo e irreal. Hoy los periódicos hablan de la caída de tráfico del canal y de otras realidades que demuestran que con palabras y mano dura solo no se gobierna. La elección de un parlamento cuya función es no crearle problemas al presidente y recortarse los poderes es algo insólito y convertirá la política egipcia —como muchos temen— en un soliloquio aburrido si no existen voces que no teman decir lo que piensan en la realidad.


La idea de Bassem Youssef de que "cuando nosotros nos reímos, ellos pierden" es una gran verdad, como ha padecido el presentador. También cuando dejamos de reírnos, ellos ganan. La intransigencia, el autoritarismo, la falta de deseo de convivencia..., todas estas formas, carecen de la risa capaz de servir de espejo. Se ríen de los otros, pero son incapaces de reírse de sí mismos, que es el ejercicio realmente sabio. Es la diferencia entre la risa del humor y la burla de la mala baba. El que es capaz de comprender la verdad tras la risa sabe que debe rectificar, que se ha vuelto "risible". Los que tratan de protegerse de la risa, en cambio, carecen de los mecanismos de aviso de su propia deriva.
Hay veces en que la risa es como un dedo en una herida. Pero duele porque la herida es real y se necesita de la cura. Prescindiendo de Bassem Youssef, condenándolo al exilio, el pueblo egipcio perdió la oportunidad de que alguien inteligente le realizara el diagnóstico de sus errores.


* "‘When We Laugh, Those Evil Bastards Lose’: Bassem Youssef Hosts International Emmys" Egyptian Streets 26/11/2015 http://egyptianstreets.com/2015/11/26/when-we-laugh-those-evil-bastards-lose-bassem-youssef-hosts-international-emmys/

** Andeel "A cartoon that won't be understood by the main character in it" Mada Masr 21/12/2014 http://www.madamasr.com/news/cartoon-wont-be-understood-main-character-it





viernes, 15 de agosto de 2014

Galería de traidores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario egipcio Ahram Online publica un artículo con el titular "Egyptian icon or traitor? ElBaradei’s legacy". En él se dedican, en el primer aniversario de la matanza de islamistas tras el derrocamiento de Mohamed Morsy —cerca de mil muertos—, a analizar la figura de Mohamed ElBaradei, Premio Nobel y vicepresidente del gobierno de unidad que se formó tras el derrocamiento y que abandonó su cargo tras la matanza, señalando que el estaba por las formas pacífica y que "la violencia traería más violencia".
El artículo recoge las distintas reacciones ante lo que fue su retirada de la política egipcia y supone una buena radiografía de las mentalidades sociales. En el texto se recogen algunas de las calumnias habituales que forman parte de la vida egipcia. En Egipto la discrepancia se paga con la negación en primer lugar de ser egipcio: pasas a ser un agente extranjero, vendido a cualquier potencia (preferiblemente Estados Unidos e Israel), un traidor indigno, un "enemigo del pueblo", en términos de Ibsen. En el artículo se señala:

His resignation letter spoke of his opposition to the forcible clearing of the sit-in, adding that there were other "acceptable peaceful alternatives to resolve our societal confrontation." His statement explained that he "could not be responsible before God for a single drop of blood" and warned that "violence begets violence."
While many politicians and activists criticised ElBaradei for his resignation, others resorted to outright insults and baseless accusations.
A smear campaign alleged that he was a traitor and coward while also accusing him of being a member of the Brotherhood and an agent for the United States. He also stood accused of a "breach of trust."*

Es doloroso para cualquier observador comprobar la incapacidad de asimilar la divergencia en un sistema que necesita estigmatizar permanentemente al otro, negándole el más mínimo derecho a la existencia. Es en esta visión absolutista en donde radican los males que hacen imposible la creación de unas condiciones que no se basen exclusivamente en la "seguridad", es decir, en la eliminación de los otros por la fuerza o su anulación por la calumnia.
El artículo de Ahram Online indaga sobre la figura de ElBaradei y pregunta a los miembros de los grupos de los que formó parte sobre su posible legado:

ElBaradei's track record in opposing authoritarianism is indeed consistent. The Nobel laureate has spoken out against the Mubarak regime's violations of human rights, withstood water cannons on the Friday of Rage in 2011, challenged the Supreme Council of the Armed Forces (SCAF) and formed the National Salvation Front to oppose the Brotherhood, among others.
Nonetheless, others say it is difficult to call ElBaradei's involvement in Egyptian politics a legacy.
"If he has left a legacy, it is a weak one," said Ahmed Bahaa, general coordinator of the ElBaradei-founded National Association for Change.
"To leave a legacy you have to hit the streets and connect with the general populace – I do not think Egyptians ever saw ElBaradei doing this," Bahaa added.*

La clave está en ese "connect", en ese vínculo que hace que un político y un pueblo se encuentren. Lo que la gente esperaba de ElBaradei era algo distinto de lo que él podía darles, la confirmación de sus deseos. ElBaradei no puede dejar legado porque su simple mención le convierte a uno en traidor. Esa mentalidad colectiva que necesita centrarse, fijarse en un solo objeto, el caudillo, está ya ocupada. ElBaradei no podía ser alternativa a un sistema exclusivista que canaliza todas las energías sociales en una sola figura. La posición principal en este sistema heliocéntrico está ya ocupada por el astro rey correspondiente.


Es triste lo ocurrido con ElBaradei y es triste que ocurra porque son síntomas. Mohamed ElBaradei ya fue acusado de traidor desde su regreso a Egipto; cualquiera que haya estado fuera ya es sospechoso. Y más si viene a disputar el poder a los de dentro. No sé si ElBaradei era el "enviado" que anhelaban, pero sí que no podía dar lo que esperaban, un salvador cuyas fotos besar enfervorecidos o cuya efigie reproducir en pasteles o ropa interior. Su mentalidad y sus formas son otras.
El hecho de que los mismos colaboradores y seguidores de ElBaradei duden sobre su legado nos muestra la diferente percepción de la política que tenían respecto a la de su propio líder.

Upon his return to Egypt from Vienna, where he spent 12 years as director general of the International Atomic Energy Agency, his rising popularity for criticising the Mubarak regime was met with a smear campaign.
ElBaradei was purported to be a foreigner who had spent too much time out of Egypt, drank alcohol and was an atheist.
Such accusations have continued until today, peaking after his resignation last year from the interim government.
Former interior minister Habib El-Adly – currently facing a retrial for killing protesters during the 2011 uprising – recently stated that ElBaradei incited violence during the revolt and was an emblem of a US-led conspiracy.*

Ahram Online sitúa estas acusaciones en el apartado calificado como "irracionales", pero da igual dónde se sitúen, lo importante es que son la moneda corriente social. Decir de alguien que "ha estado demasiado tiempo fuera de Egipto, bebe alcohol y es ateo" son "acusaciones" que reflejan a quien las hace y a quienes las escuchan. En más de una ocasión han salido de los medios de comunicación desde los cuales el servilismo busca siempre dar un paso más de los necesarios en su progresión babosa.
La última de las acusaciones reflejadas, la de ser parte de una conspiración de los Estados Unidos forma parte de la intoxicación general que en estos momentos vive Egipto por parte de la defensa de Mubarak y de miembros de su régimen, ahora sentados de nuevo en el banquillo. La defensa continúa en su estrategia de extender la idea de que la Revolución del 25 de enero fue una conspiración de los Estados Unidos para derribar al régimen. La idea es absurda y perversa y trata de canalizar el creciente antiamericanismo egipcio. La necesidad de tener siempre un enemigo exterior conspiratorio al que responsabilizar y contra el que dirigir las iras hace que estas fuerzas se canalicen hacia Estados Unidos. Los egipcios responsabilizan actualmente a los norteamericanos de todo. Cuando estaba la Hermandad Musulmana en el poder, los Estados Unidos eran los responsables. Eso se ha convertido en una verdad indiscutible. Ahora le toca a la Revolución, también fruto de una conspiración para derribar a Mubarak, que era —incomprensiblemente— su aliado principal.

Por eso, ElBaradei es acusado de apoyar a la Hermandad —que se había manifestado en su contra cuando llegó por pertnecer de la "elite" que se había formado fuera—, ser parte de una conspiración americana, no ser suficientemente egipcio, bebedor y ateo. ¿Irracional? Visto desde fuera, sí; desde dentro, perfectamente coherente para todo el que quiera escucharlo. Conozco casos en los que la estancia fuera de Egipto levanta los temores en los círculos familiares o profesionales de que fuera les cambien y regresen vendidos a otras ideas, que dejen de ser egipcios. La menor crítica a lo que ocurre tiene siempre la misma respuesta: te han manipulado, tú ya no eres egipcio.
El reciente informe de Human Rights Watchers sobre la matanza de islamistas en Rabaa, que causó la dimisión de ElBaradei  hace un año, ha sentado muy mal al gobierno, que la rechaza de plano, diciendo que no se les ha consultado ni tenido en cuenta su punto de vista, que no se recogen los asaltos a iglesias, atentados, etc. de los islamistas de la Hermandad y otros grupos. Nada de ello justifica aquellas muertes. Y eso fue lo que hizo dimitir a ElBaradei, no encontrar excusas suficientes como para tranquilizar su conciencia.


El Daily News Egypt, el periodista político Jihad Abaza reflexiona sobre esta forma de exclusión absoluta del "traidor" o del "enemigo", de su falta de conexión con lo nacional, también a raíz del aniversario, pero trata de ir más allá del factor circunstancial y acercarse a su constancia. Abaza va haciendo un repaso de las múltiples matanzas que han tenido lugar desde enero de 2011:

In all cases, the state had a monopoly over how to define “Egyptian-ness”, it determined who would be the other, and who was seen as the enemy at each particular moment in time.  As it defines “Egyptian-ness,” the state also defines and determines who is to be hated and loved.
A little child once asked a friend of mine who was covering a protest whether he was “Egyptian or Ikhwan”, because by then, according to the standards set by the state, one could not be both.**


Creo que es importante la reflexión que hace sobre esa apropiación de lo "egipcio" que sataniza al otro condenando al sistema al conflicto social cíclico, al recurso a la violencia. Son muchos los muertos que lleva la sociedad egipcia desde que comenzó el levantamiento el 25 de enero de 2011. Y para todos hay justificación. Unos son "mártires" para unos. Otros son los "enemigos"; también "traidores", como ElBaradei, pero en un grado sumo y a los que hay que eliminar.

No creo que sea únicamente una sociedad manipulada, sino unos hábitos lapidadores bien asentados. También Sabahi fue acusado de agente extranjero vendido a la Hermandad por el simple hecho de presentarse a las elecciones frente a Abdel Fattah Al-Sisi. También Wael Ghonim, uno de los iconos de la revolución, fue acusado de traidor. Mientras eso no se corrija y se consiga aceptar las discrepancias y no reducir a traidor o terrorista, alcohólico o ateo, al que manifiesta otra opinión u otra visión del país, no podrán tener un sistema de convivencia estable. La pacificación por la fuerza dura lo que duran las fuerzas.
Mohamed ElBaradei dejó Egipto desengañado. No ha sido el único. Otros han elegido el silencio interior, sabedores de que ir más allá tiene su peligro. Ya hemos tratado varios casos aquí, como el del humorista Bassem Youssef. Quizá este silencio también sea confundido con "paz" y permita a algunos creer que viven ahora más tranquilos, que es lo que escuchas con más frecuencia. Pero muchos saben, en el fondo, que a la revolución la enterraron dos veces entre grandes vítores y aplausos.
En un artículo de otro de los acusados de "traidor", el cómico satírico Bassem Youssef, con el título "Egypt’s ready-made accusations against ‘foreign traitors’", escribió:

A newspaper once accused me of being a traitor, a spy and a CIA agent. The editor-in-chief provided solid evidence: “Bassem Youssef graduated in 1999. He attained an MA degree, a doctorate degree, the British College of Surgeons’ fellowship, and a license of occupation from the United States. All this happened in seven years. How did he do that if he was not supported by foreign powers?”
Have failure and lack of achievements become the only acceptable things in Egypt? We are living in an era of burning witches. If you doubt someone, dump her in a river. If she floats, she is a witch and must be burnt. If she drowns, we are wrong and we are sorry; may God help her. The creative, the intellectual and the writer is a traitor and a spy just because he thinks differently to you.***


Pocos parecen ser conscientes del drama histórico de perder a sus mejores gentes acusados por haber tenido que salir de su país a recibir fuera lo que no podían darles dentro. No parece importar que prescindir de los hombres de paz lleva a vivir en la violencia o que silenciar a los críticos inteligentes hace vivir en la mentira. Con enterrarles en vida, bajo la acusación de traidores, el país se entierra a sí mismo. La galería de traidores se va ampliando cada día.
En mayo, el diario Egytian Streets recogía una curiosa noticia con el titular "You can draw hearts and write ‘I love you’ on ballots in Egypt’s elections". En ella se señalaba que la Comisión electoral egipcia había decidido que expresar amor a los candidatos en las papeletas mediante frases cariñosas o dibujos de corazones, etc., no invalidaría los votos. No hay datos oficiales de cuantos lo hicieron.


* "Egyptian icon or traitor? ElBaradei’s legacy" Ahram Online 14/08/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/0/108387/Egypt/0/Egyptian-icon-or-traitor-ElBaradei%E2%80%99s-legacy.aspx
** "The ‘revolution’ continues: Massacres, violence and counting deaths" Daily News Egypt 14/08/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/08/14/revolution-continues-massacres-violence-counting-deaths/
*** Bassem Youssef "Egypt’s ready-made accusations against ‘foreign traitors’" Al-Arabiya 21/02/2014 http://english.alarabiya.net/en/views/news/middle-east/2014/02/21/Egypt-s-ready-made-accusations-against-foreign-traitors-.html
**** "You can draw hearts and write ‘I love you’ on ballots in Egypt’s elections" Egyptian Streets 26/05/2014 http://egyptianstreets.com/2014/05/26/you-can-draw-hearts-and-write-i-love-you-on-ballots-in-egypts-elections/





martes, 3 de junio de 2014

Amarga victoria

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hemos escrito en varias ocasiones sobre las vicisitudes del show de Bassem Youssef  en Egipto. Hemos vinculado su programa satírico con el pulso político del país, un termómetro. El humorista, finalmente, ha tirado la toalla. “I just want to do my work. And I can't.”*
Me imagino que no es el único que tira la toalla, cansado, frustrado, por tener que enfrentarse a gobiernos de signos distintos que ven en él al enemigo al que hay que destruir. Pero quizá si fuera una cuestión gubernamental, algo relacionado con el poder, sería más soportable. 
Dicen que lleva treinta denuncias acumuladas ante los tribunales por iniciativa de ejemplares ciudadanos que no pueden soportar que se burlen de Egipto y sus símbolos, vivos o no. Y eso se lleva peor. Ponerle cara al poder hace mucho; ver multitudes que se manifiestan delante de tu teatro buscando tu silencio afecta más. Hay cosas que provocan repulsa; otras, profunda melancolía.
Youssef se va en el momento en el que los humoristas son más necesarios. Es el momento en el que el candidato oficial consigue la presidencia con el 96'92% de los votos frente al 3'074 del opositor Sabahi, que ha hablado de "insulto a la inteligencia". Quizás no le falte razón en su retirada a Youssef, ¿quién puede superar este chiste?


No puede "hacer su trabajo", nos dice Bassem Youssef. Y su trabajo es hacer reír a los solemnes, pero no quieren. Han decido que la seriedad es el estado natural y que no hay lugar para la sátira, porque la perfección no puede ser criticada. O, al menos, ellos no lo permitirán. La sátira siempre ha estado mal vista, especialmente cuando la realidad la sirve en bandeja, cuando apenas hay que hacer un par de retoques para subirla a un escenario o dibujarla en un viñeta.
Bassem Youssef les ha dado una respuesta paradójica:

"The environment that we live in is not suitable for the show and I am tired and we are at the end of our tether," Youssef said on Monday. "To those who are happy the show stopped: I tell them that the stopping of El-Bernameg is a victory for us."**


La decisión de acabar él con El-Bernameg, con su programa, le libera de los condicionamientos constantes de eso que llama eufemísticamente el "entorno", que efectivamente no es el más adecuado para esto ni para muchas otras cosas más. Prefiere que se acabe por su propia mano, antes que las de otros sigan incordiando, insultando, amenazando y denunciando. 30 denuncias desde noviembre son muchas denuncias, sobre todo si te proclamas como un país que camina decidido hacia la libertad. ¿Me habré pasado el cruce?
Creo que Youssef se habrá sentido liberado pero, como muchos otros egipcios, con un amargo sabor de boca ante el triunfo de la unanimidad incontestable que proclama la realidad egipcia cada día a través de las urnas o de cualquier otro medio por el que se manifieste la voluntad monolítica. La noria egipcia sigue girando, voluntariosamente.
Egipto no necesita a los humoristas profesionales. Se ha llenado de aficionados con buen nivel, que les hacen la competencia. ¿Cómo competir con ellos?

Egypt's interior minister insists that a new security system designed to monitor social media sites in Egypt is part of an effort to improve the ministry's technical capacities and will not interfere with liberties and freedom of expression.
On Sunday, local Arabic newspaper Al-Watan leaked a request for proposal (RFP) from the interior ministry outlining a programme to "detect social network security threats and identify persons representing a danger to society."***


Es difícil, sí, competir con ellos. Es también un chiste que, más de tres años después de la revolución, un político liberal como Mohammed Nosseir tenga que titular un artículo, publicado en Daily News Egypt, así: "Democracy and modernisation are universal values, not western products"****. Que haya que escribir sobre estas cosas nos indica el grado de pedagogía al que se ha llegado. Por supuesto, muchos verán a Nosseir como un ejemplo de entreguismo al Occidente que quiere pervertir los valores de la seriedad nacional que, como me dijeron una vez, no tiene nada que aprender de nadie. Quizás sea eso lo que ha entendido Youssef, que nadie quiere aprender nada, que piensan que no lo necesitan.
¿Cómo competir con la información —publicada por Egypt Independent— sobre las discrepancias en las cifras estimadas de participación en las elecciones de los dos días oficiales y los del día extra que la Comisión electoral añadió?:

The overall turnout of the Egyptian voters in the initial two days of presidential election 2014 reached only 7.5 percent of the total number of people listed in the electoral rolls, according to The Egyptian Center for Media and Public Opinion Studies, known as Takamol Masr.
The low turnout was especially evidenced by what some would consider a desperate move by the High Elections Commission, deciding on Tuesday to extend the presidential voting one more day.
Takamol Masr released a report disclosing that almost 4,004,000 Egyptians cast their votes during the first two days of the elections 26 and 27 May 2014.
The center estimated the number of participants in the presidential election in 2014 with the help of 53 researchers and 297 volunteers.
These numbers contrast with the statement from General Hani Abdul Latif, spokesperson for the Interior Ministry, who told the privately owned MBC Misr that the turnout indices have reached around 30 to 35 percent of the enrolled electoral rolls in the first couple of days.*****


El insólito caso de la prolongación de las elecciones para conseguir cifras presentables es otro ejemplo de lo que la desaparición del programa de Bassem Youssef va a suponer para la audiencia egipcia. Tendrán que quedarse con las versiones oficiales, aburridas. Dejarán de contar con una versión insuperable de los acontecimientos. Sí, es una mala noticia para Egipto.
La tendencia al canto monocorde necesita del contrapunto. Pero Youssef ha tirado la toalla. La paciencia, hasta de un humorista, tiene un límite. Para Bassem Youssef, la retirada pública de la risa es un victoria; amarga y solitaria, pero victoria personal. Para el resto, sin embargo, es una gloriosa derrota colectiva. No son capaces de tolerar su visión satírica de lo que les rodea. 



* "Satirist Bassem Youssef announces the end of Al-Bernameg" Mada Masr 02/06/2014 http://www.madamasr.com/content/satirist-bassem-youssef-announces-end-al-bernameg
** "Bassem Youssef's El-Bernameg gone for good" Ahram Online 02/06/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/102760/Egypt/Politics-/UPDATED-Bassem-Youssefs-ElBernameg-gone-for-good.aspx
*** "Egypt's interior minister says social media surveillance is no threat to liberty" Egypt Independent 02/06/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/102771/Egypt/Politics-/Egypts-interior-minister-says-social-media-surveil.aspx
**** "Democracy and modernisation are universal values, not western products" Daily News Egypt 02/06/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/06/02/democracy-modernisation-universal-values-western-products/

**** "Only 7.5% of Egyptians voted during initial two days: Takamol Masr center" Egypt Independet 28/02/2014 http://www.egyptindependent.com//news/only-75-egyptians-voted-during-initial-two-days-takamol-masr-center