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jueves, 16 de marzo de 2017

Una primera batalla ganada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El resultado holandés es bueno para Europa, pero no arregla los problemas. Solo nos da un importante respiro. Lo más importante ha sido la movilización ciudadana holandesa. Las elecciones europeas en el continente siempre han tenido una participación más baja. Es bueno, por tanto, saber que la cuestión europea ha entrado en las elecciones nacionales como un factor decisivo. Ya va siendo hora de que se tome a Europa como un  aspecto esencial de la propia política nacional.
El otro factor importante es que se ha apostado por una imagen de Europa específica al rechazar en las urnas el populismo ultra y xenófobo de Geert Wilders. Eso es también un factor. Lo que las urnas nos dicen es que los holandeses no quieren en su gobierno a Wilders, pero que tampoco les gusta "su visión" de Europa. En este sentido, lo electores han votado simultáneamente como "holandeses" y como "europeos". Probablemente nunca haya habido unas dosis mayores de conciencia de lo que la Unión se jugaba que en estas elecciones.
Los holandeses no solo han dicho "no" a Wilders sino que los han hecho también a todo lo que estaba detrás de él: el apoyo de Donald Trump, de Rusia, de Brexit y de los que usan la crisis migratoria para debilitar a Europa. Puede que muchos electores holandeses no hayan tenido muchas de estas cosas en la cabeza, pero muchos otros sí, alguna o todas.
Creo que cada vez es más obvio el papel molesto que Europa cumple o puede cumplir frente a situaciones o intereses de otros países. Su conversión en objetivo es un indicador de hasta qué punto se interpone en los planes de terceros.
Europa es en estos momentos, pese a las crisis económicas padecidas —cuyo origen, además fue la crisis financiera norteamericana— un espacio de referencia en diversos sentidos. No ha habido otro caso como el europeo. La formación de uniones con estando nacientes sí se ha producido, pero no que toda una serie de países cuya convivencia no había sido precisamente fácil en el pasado —con guerras de religión, territoriales, dinásticas, etc.— haya conseguido crear un espacio común, con su propia moneda, leyes comunes, parlamento e instituciones, etc.


La interferencia en la idea de Europa por parte de terceros países busca su debilitamiento en diferentes sentidos, del económico al defensivo. El desafío a Europa es mayor ahora que nunca. La crisis pasada ha tenido un carácter mixto, pero ha tenido un efecto: el despertar de unos nacionalismos xenófobos. Este fenómeno se suele dar en las crisis económicas. Se dan no por alguna ley histórica, sino porque es el argumento más fácil para llegara al poder. En los momentos de crisis, el más fácil redirigir los miedos hacia aquellos a los que nos interesa estigmatizar.
El populismo actual es hijo de los miedos que nos rodean. En vez de tratar de encontrar soluciones factibles desde dentro, se ofrece la solución de encierro y la huida. No son soluciones, sino una forma de utilizar el miedo para alcanzar los objetivos, en este caso, el fraccionamiento de Europa y su disolución como Unión. ¿A quién beneficia? Evidentemente no a los europeos, que han podido disfrutar en mayor o menor medida de logros comunes, de un espacio y una colaboración insólita en la historia del continente.
¿Problemas? Todos los que queramos poner sobre la mesa, pero ni uno más de los debidos. Los que plantean que "Europa es el problema" no tienen ningún interés en que la Unión funcione sino, por el contrario, que se colapse, entre otras cosas, gracias a sus intervenciones.
Aquí no se trata de un "patriotismo", sino de un nacionalismo cuyos fundamentos se basan más en la exclusión de los otros que en la definición propia. Es un nacionalismo "agresivo" y "agredido". Es "agresivo" porque va contra Europa, a la que opone su idea imposible de nación que encontrará la felicidad en el aislamiento o en un romanticismo trasnochado. La agresividad proviene de considerar enemigos, parásitos, etc. a todos los que están dentro o fuera. Escuchar a los partidarios del Brexit (y repetir exactamente lo mismo a Trump o a Geert Wilders en sus debates estos días) llorar por la soberanía perdida no deja de tener cierta comicidad patética.


Como país aislado durante mucho tiempo, los españoles sabemos que el segundo gran salto tras el desarrollo y la democracia lo dimos con el ingreso en Europa. ¿Ha sido perfecto? Evidentemente no, pero la mejora fue enorme y muy rápida. Esto le debe ser recordado a las generaciones más jóvenes, las que han nacido en la Unión. El pasado debe servir de ejemplo para evitar la profunda demagogia de la que hacen gala muchos. Las cifras están ahí, junto a los hechos. Afortunadamente, España es consciente de esto y los planteamiento europeístas se mantienen.
El potencial de Europa es su diversidad: el desafío, su armonización, la reducción de las diferencias, que solo puede ser un acto doble de generosidad y solidaridad. El mayor reto estará siempre dentro. Y se producirá por intereses igualmente interiores y exteriores. El caso del Brexit mostrará si es posible estar en Europa y no estar en la Unión. El argumento de la pérdida de soberanía se podrá aplicar a Reino Unido que ha argumentado sentirse parasitado. Ahora probará la nueva situación de estar frente a una Unión Europea y podrá comprobar si le beneficia más estar dentro que fuera. Será un experimento caro y no podrá pedir que ese precio lo pague Europa —en la línea de Trump— porque Europa ya no deberá velar por los intereses británicos sino por los suyos frente a ellos. Los que jueguen la estrategia de debilitar Europa para poder negociar desde la superioridad tendrán que planear muy bien sus estrategias, que hasta el momento es el apoyo, la promoción y la financiación de los antieuropeístas para ver si aumentan su peso dentro de los diferentes países.
En este sentido, la presencia de Donald Trump y la visión de su política altanera y prepotente, está siendo contraproducente para el antieuropeísmo. Al igual que ha movilizado de forma intensa el rechazo a sus políticas y actitudes, Trump está movilizando el voto anti-Trump, ya que sus admiradores declarados y orgullosos compañeros de selfie, se ven afectados por la visión negativa que el mundo tiene del magnate metido a presidente. Como a Trump no le importa tanto su imagen exterior, como la interior, está perjudicando a aquellos que esperan obtener beneficios de él tras su elección. La vigilancia estrecha sobre los intereses de Trump y los casos que salen constantemente se vuelven contra sus admiradores, quienes repiten sus discursos, pero no pueden acercarse excesivamente por los riesgos de verse arrastrados en cualquier momento. Lo ocurrido con Theresa May en el Reino Unido tras invitar a Trump a una visita es bastante elocuente. Cuando quieran atacar a May, les bastará mostrarla de la mano de Donald Trump. El presidente le sacó provecho a la foto; ella, no. Como señaló con ironía el británico The Independent en su titular: "It is unclear who initiated the contact".


La mejor forma de hacer fuerte a Europa es seguir profundizando en sus logros y valorando sus virtudes, que deben ser puestas en práctica.
Queda cada vez más claro, que Europa limita al Este con Turquía, cuya situación evoluciona cada día más lejos de los parámetros de la Unión. Turquía se ha hecho un hueco junto a Rusia y prefiere jugar otro tipo de liderazgo en la zona, algo que le permita usar políticas que Europa no le puede aceptar a Erdogan.
Un logro simbólico importante, más allá de lo anecdótico, es la reelección de Donald Tusk con el único voto en contra de Polonia, su propio país. Es una señal clara de que Tusk ha trascendido el hecho nacional partidista y ha sido capaz de trabajar para la totalidad de la Unión, incluida Polonia. Eso es lo que se le ha reconocido. Es Polonia quien debe cambiar su mentalidad.


¿Es el destino de la Unión Europea jugarse su futuro en cada elección nacional? No debería ser así, pero puede que ese sea su camino hacia el futuro. Solo se puede combatir con ideales, igualdad, justicia y eficacia. Mientras se haga, los europeos nos sentiremos más vinculados unos con otros y todos con la idea de Europa.
El resultado de Holanda es esperanzador, pero un aviso. Wilders ha subido respecto a las elecciones anteriores, si bien sus expectativas se han desplomado. Lo importante es combatir con eficacia los problemas para que los argumentos negativos pierdan consistencia.

Queden muchas pruebas por delante. Esto solo ha sido una batalla. Eso sí, ganada. Pero en cualquier momento se puede perder una guerra.


miércoles, 8 de marzo de 2017

El fin de la claridad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The New York Times se hace eco de un fenómeno preocupante del que Europa parece no darse cuenta o comprender su significado y alcance. Preocupados por nuestros problemas, Europa parece no darse cuenta de que en estos momentos es un objetivo desde distintos frentes, es decir, no darnos cuenta de que muchos de nuestros problemas no son casuales, sino que tienen un origen.
No acabamos de entender que somos "molestos", que la idea europea —la buena idea de una Europa Unida y funcionando— constituye un objetivo estratégico para algunos. Vivimos tiempos oscuros en la política, cuya definición es cada vez más compleja desde que los intereses comerciales se han ido entremezclando con muchos otros que muchas veces no llegamos a comprender.
La información de The New York Times se refiere a la intervención de la extrema derecha norteamericana en la financiación de sus afines en Holanda, un grupo que tienen entre sus objetivos políticos la desintegración de la Unión Europea:

The parochial world of Dutch elections is not often seen as a hotbed of foreign intrigue. But in recent months, an unexpected worry has emerged: the influence of American money.
The country’s fast-rising far-right leader, Geert Wilders, is getting help from American conservatives attracted to his anti-European Union and anti-Islam views. David Horowitz, an American right-wing activist, has contributed roughly $150,000 to Mr. Wilders’s Party for Freedom over two years — of which nearly $120,000 came in 2015, making it the largest individual contribution in the Dutch political system that year, according to recently released records.
By American standards, the amount is a pittance. But to some Dutch, who are already fearful of possible Russian meddling in the election, the American involvement is an assault on national sovereignty.
“It’s foreign interference in our democracy,” said Ronald van Raak, a senior member of Parliament in the opposition Socialist party, who has co-sponsored legislation to ban foreign donations. “We would not have thought that people from other countries would have been interested in our politics,” he said. “Maybe we underestimated ourselves.”
The Dutch parliamentary elections on March 15 are the kickoff for a pivotal political year in Europe. Other elections loom in France, Germany and possibly Italy. With the viability of the European Union at stake, anxieties are rising about foreign interference, with European intelligence agencies warning that Russia is working to help far-right parties through hacking and disinformation campaigns.*


La connivencia de los grupos de extrema derecha mundiales no es una novedad. Desde hace muchos años aparecen informaciones sobre las conexiones, reuniones, etc., pero —como señala el diario— nunca han tenido tan alcance de la mano cumplir sus objetivo. Solo la sensatez de una mayoría de franceses ha evitado en estos años una presidencia francesa ocupada por los Le Pen, que hubiera supuesto un desastre para Europa, con la salida anunciada del país. ¿Cómo quedaría Europa con Francia fuera? Han conseguido sacar al Reino Unido y amenazan las piezas del tablero, tanto las grandes como las pequeñas.
En estos momentos, Europa esta agrietándose mientras tiran de ella en dos direcciones, desde Rusia y desde los Estados Unidos. La insólita proclamación del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en septiembre pasado, pidiendo que le llamaran "Mr Brexit" es algo más que una fanfarronería de un fanfarrón. Es toda una de declaración de intenciones. Anteriormente, cuando se producía el referéndum británico, fue el presidente Obama quien se manifestó públicamente por la unidad europea. Pero son precisamente los que se han deshecho de Obama y su legado, los que están ahora apostando por la ruptura europea.


La pregunta que muchos se harán es ¿por qué, qué interés tienen en que los pacíficos europeos dejen de estar unidos? Una cuestión interesante que probablemente haya que sentarse, con tiempo, a considerar. Pero Europa está muy preocupada con otras muchas cosas, probablemente muy importantes, como para considerar algo a lo que ya es complicado poner nombre, etiquetar.
La cuestión podría parecer paranoica de no ser porque esa paranoia es la que tiene en vilo a un país como los Estados Unidos, donde el sistema se tambalea ante la intervención de los rusos en sus elecciones presidenciales y la evidencia constante y preocupante de que existen lazos de distinto orden entre sus políticos y empresarios y Rusia.
Pero el caso europeo es más complejo por la extraña coincidencia entre la extrema derecha de los americanos y los extremistas de izquierda, de tipo pro ruso. El mismo The New York Times nos contaba:

THE HAGUE — Harry van Bommel, a left-wing member of the Dutch Parliament, had persuasive allies in convincing voters that they should reject a trade pact with Ukraine — his special “Ukrainian team,” a gleefully contrarian group of émigrés whose sympathies lay with Russia.
They attended public meetings, appeared on television and used social media to denounce Ukraine’s pro-Western government as a bloodthirsty kleptocracy, unworthy of Dutch support. As Mr. Van Bommel recalled, it “was very handy to show that not all Ukrainians were in favor.”
Handy but also misleading: The most active members of the Ukrainian team were actually from Russia, or from breakaway Russian-speaking regions of Ukraine, and parroted the Kremlin line.
The Dutch referendum, held last April, became a battering ram aimed at the European Union. With turnout low, Dutch voters rejected the trade agreement between the European Union and Ukraine, delighting Moscow, emboldening pro-Russia populists around Europe and leaving political elites aghast.
It is unclear whether the Ukrainian team was directed by Russia or if it was acting out of shared sympathies, and Mr. Van Bommel said he never checked their identities. But Europe’s political establishment, already rattled by Britain’s vote to leave the European Union and the election of President Trump in the United States, is worried that the Netherlands referendum could foreshadow what is to come.
With elections slated for France, Germany and possibly Italy this year, officials across Europe are warning that the Russians are actively interfering, echoing the Central Intelligence Agency’s assertions that Moscow meddled in the United States presidential election.**


Las noticias no son nuevas, pero puestas en relación nos muestran un constante acoso a Europa por parte de los extremismos de derechas e izquierdas con una convergencia de la extrema derecha norteamericana con Rusia, que unos días es la ex Unión Soviética añorada por los izquierdistas irredentos y otros la Santa Rusia, reserva espiritual de Oriente y Occidente, azote de ateos, liberales y gente de sexualidad irisada.
En las últimas fechas llueven la advertencia de la financiación de los "molestos". Esta es una categoría pragmática en la que, por encima de las ideologías, se financia al enemigo de tus enemigos. Por un modesto precio, como señala el diario, pueden ayudar a colocar mejor al antieuropeo Geert Wilders. Unos cuantos dólares en cada canasta europea pueden debilitar a la Unión o tenerla mareada en momentos clave.
Las sanciones europeas a Rusia son un hecho decisivo y Putin lo quiere cambiar promoviendo gobiernos proclives a levantarlas. Ya se escuchan voces en algunos países del Este favorables. Hungtía acaba de firmar un acuerdo para establecer una central nuclear con tecnología rusa que aumentará nuestra dependencia energética, ya elevadísima, dándole una puerta a la influencia. Hay intereses dentro de los Estados Unidos para tener una Europa más débil también.


Hoy ha cambiado la estrategia. Los límites de los tableros de juego se han modificado y no sabes de dónde sale la mano que está moviendo los peones. En otras ocasiones, por el contrario, ves la mano pero no sabes quiénes son los peones, a los que vas descubriendo poco a poco, como ocurre en los Estados Unidos. Financiar partidos, crear grupos, etc. es realmente barato. Cuando a Marine Le Pen no le dan créditos en Francia, se los dan en Rusia. Y así funciona el mundo ahora, a través de eso que llaman "lazos".
Son tiempos confusos. Lo que se acabó fue la claridad, el maniqueísmo del "ellos" y del "nosotros". Ya nos sabemos quiénes son unos y otros, como en la Guerra Fría. Puede que no sepamos quiénes son nuestros atacantes, pero es importante no ignorar que somos las víctimas de todos.



* "Before Elections, Dutch Fear Russian Meddling, but Also U.S. Cash" The New York Times 7/03/2017 https://www.nytimes.com/2017/03/07/world/europe/before-elections-dutch-fear-russian-meddling-but-also-us-cash.html

** "Fake News, Fake Ukrainians: How a Group of Russians Tilted a Dutch Vote" The New York Times 16/02/2017 https://www.nytimes.com/2017/02/16/world/europe/russia-ukraine-fake-news-dutch-vote.html




lunes, 11 de abril de 2016

Eurocomodidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ver a un tipo como Wilders proclamando el fin de Europa tras el referéndum en Holanda es un motivo más para trabajar por ella. Los resultados del referéndum holandés son una satisfacción para quienes lo convocaron con la intención clara —ellos mismos lo dicen— de acabar con Europa más que el rechazo a Ucrania, que es el medio de hacerlo.
El País señala: «Con el escrutinio finalizado, el no logra el 61,1% de papeletas frente al 38,1% de síes, pero la participación (32,2%) apenas rebasa el límite necesario para validar la consulta.»* Con estos datos, el canto de Geert Wilders parece excesivo, pero ha conseguido lo que quería, los focos en el euroescepticismo.
Wilders y los suyos están en un combate permanente cuya objetivo es boicotear cualquier propuesta que salga de la Unión Europea y que pudiera dar la impresión de un funcionamiento satisfactorio.
Lo que se deduce de los hechos es que Europa necesita de mayor compromiso y empuje para su consolidación. ¿Por parte de quién? Evidentemente de los ciudadanos. El "euroescepticismo" tiene su fundamento más claro en el "eurodesconocimiento". Y es de esa situación de donde consiguen su fuerza los euroescépticos y antieuropeos. Apoyos, desde luego, no les faltan.


Padecemos la falta de líderes con una inteligencia comprometedora, capaz de expresar y explicar el proyecto europeo en el contexto de la Historia moderna, capaz de comprometer a los ciudadanos. Desde la percepción exterior, creada desde los espacios nacionales, el espacio europeo es una "otredad" no una "identidad". Esto tiene unas consecuencias, primero de categorización y después políticas, que condicionan las respuestas.
Muchos países han pasado de ver una Europa que ayuda a ver una Europa que perjudica o que ataca. En ambos casos no hay sentido de identidad. Europa es la otra. Este sentimiento ha sido manipulado por los políticos nacionales que lo han usado para convertirse en mediadores cuando les ha interesado y en defensores cuando las circunstancias lo han permitido. Esa actitud es suicida.
Lo que se ha transmitido es la idea de una Europa como un club de líderes nacionales al que se va a discutir y unas veces se gana y otras se pierde. De esta forma, el político usa Europa en su beneficio y la disputa local afecta a las posiciones sobre Europa provocando primero fricción y después distorsión.


Los grandes beneficiados —y el mejor ejemplo— son los personajes como Geert Wilders, Marie Le Pen, Nigel Farage, etc. a los que les basta con aprovechar este fondo de disputa para canalizar sus discursos contra Europa.
Antes del referéndum, el día 5, Euronews señalaba:

Los holandeses, traumatizados por el accidente del vuelo MH17 en julio de 2014, en principio nada tienen contra Ucrania, pues atribuyen la tragedia a las fuerzas prorrusas, por lo que se podría pensar que se inclinarían a decir “sí” al acuerdo entre Ucrania y la UE.
Pero eso, sin contar con una coalición ecléctica en la que está, por supuesto, la punta de lanza del populismo holandés, Geert Wilders, que ha recogido las 300.000 firmas necesarias para organizar un referéndum, incluso a posteriori.
El rechazo a Europa es el lema de la extrema derecha. Y Holanda ya lo hizo en otra ocasión. En 2005, bajo el impulso de eurófobos y euroescépticos, rechazaron por referéndum el proyecto de Constitución Europea, inmediatamente después de los franceses.
Once años después, el euroescepticismo vuelve a surgir alimentado por la crisis de los emigrantes, la drástica austeridad impuesta por el Gobierno, un crecimiento a la baja y la caída del poder adquisitivo.
Esta votación del miércoles trata de castigar a Europa, que podría salir debilitada por un nuevo golpe. Por no hablar de Ucrania…**


Nadie puede evitar que los grupos como los encabezados por Geert hagan lo que hacen. Lo peligroso es la evidencia de que nadie da la cara por Europa, por su idea, su unidad y sentido.
El referéndum no era "sobre" Europa, sino sobre el establecimiento de una acuerdo con Ucrania, algo que —recordemos— causó la intervención rusa cuando los ucranianos exigieron a su gobierno que lo firmara, como estaba comprometido. Pero Geert y los suyos tratan de dar esa interpretación porque en Gran Bretaña habrá pronto un referéndum que afectará a la unidad europea. Por ahora, además de Wilders, los más beneficiados son Putin y los prorrusos que pueden utilizar este resultado para hacer cundir el desánimo y aislar a Ucrania.
Las "causas" de los holandeses para votar "no" no parecen razonables ya que no tiene por objetivo, como bien nos dicen, afectar a Ucrania sino atacar a Europa. Si los holandeses que han votado "no" lo hubieran hecho como un bien, como una forma de protección a la Unión Europea, se podría entender. Pero las 300.000 firmas conseguidas por Wilders no tenían ese sentido y probablemente la mayoría de los votos emitidos tampoco.
Sencillamente, los que tenían que haberse movido no lo han hecho. Europa, además de luchar contra los eurófobos, contra los euroescépticos, debe hacerlo contra la eurocomodidad y el eurodesconocimiento.


¿Cómo transmitir a los europeos que lo son? ¿Cómo hacerles llegar que hay mucha gente interesada, dentro y fuera de Europa, en que dejen de serlo? Los debates sobre la moneda única llevaron a pensar que lo único que nos unía era la moneda. Y es cierto que ahí se paró la imaginación de nuestras autoridades nacionales. Pero Europa debe aspirar a ser algo más que una moneda única y una respuesta pactada para cada problema en el camino.
Europa carece de los recursos irracionales del nacionalismo, de la emocionalidad y de los mecanismos de diferenciación que caracterizan a las naciones. Por el contrario, Europa se debe construir cerebralmente, como "idea", y buscando mecanismos de integración, no de diferenciación. Los mecanismos de diferenciación son más fáciles de encontrar y usar porque es más sencillo acudir a los recelos y defensas que a la confianza y a la inteligencia. Sobre ellos se han construido todos los conflictos y guerras que nos han desangrado durante siglos.


Dejar la iniciativa a los euroescépticos es suicida. Dejarles las calles para hablar mal de Europa, para canalizar la frustración de los problemas del día a día contra Europa y sus instituciones es tremendamente peligroso. Hay que recuperar las calles y las instituciones para transmitir la idea de una Europa positiva, de cultura y solidaria. Hay que sobreponerse al pensamiento del mercado, el que caracteriza nuestro tiempo, y tratar de construir una identidad de la diferencia, un punto de equilibrio entre la idea nacional y la idea supranacional. No es fácil porque es desandar varios siglos de discursos de construcción del nacionalismo.
Esto no se hace solo. Los euroescépticos unen sus fuerzas porque saben lo que pueden ganar. Los europeos no lo hacen porque no saben lo que pueden perder.



* "El ‘no’ al acuerdo de la UE con Ucrania triunfa en la consulta holandesa" El País 7/04/2016 http://internacional.elpais.com/internacional/2016/04/06/actualidad/1459963672_381245.html

** "El referéndum sobre Ucrania pone a prueba el europeísmo holandés" Euronews 5/4/2016  http://es.euronews.com/2016/04/05/el-referendum-sobre-ucrania-pone-a-prueba-el-europeismo-holandes/


viernes, 23 de mayo de 2014

El boomerang político

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Aunque no se sabrá oficialmente hasta que se den a conocer con el resto de la denostada Europa, las elecciones realizadas en Holanda parecen quitarle protagonismo a Geert Wilders, el ladrón de la estrella comunitaria. Algunos interpretan ya como un fracaso personal de Wilders la pérdida de votos respecto a las elecciones anteriores. Partía con un 23% de expectativa de voto y parece haberse quedado en un 13% ; pasa de los 5 diputados a 3, mientras mantiene esperanzas de conseguir el 4 en los recuentos finales, que veremos si lo consigue o no. Nigel Farage, el británico del UKIP, en cambio, parece obtener en los sondeos a pie de urna en torno al 26% de los votos, por delante de los otros grupos. Farage ya ha advertido que no formará parte del grupo europeo junto a Wilders, que es una forma de mantener las apariencias y el tono (no el fondo), distanciándose del protagonismo último de Wilders. Son dos personalidades diferentes y cuentan con recursos teatrales distintos, si bien los mensajes xenófobos, anti inmigratorios y antieuropeos los comparten.

La campaña española tiene otros tintes, con un punto de mira difuso. Nadie hace una campaña anti europea directamente. La crítica se diluye en fórmulas en las que se trata de establecer asociaciones entre elementos internos y externos, es decir, elementos nacionales propios con otros de Europa. El PSOE, que se encuentra en la oposición aquí,  que ha centrado su mensaje en un voto asociado contra "Rajoy-Merkel" y contra los "hombres de negro". Este tipo de fórmulas emocionales corren el riesgo de volverse en contra del que las usa y también de ser aprovechadas por los antieuropeos que las amplifican y redirigen contra las instituciones comunitarias, que son realmente su punto de mira. Hay que tener cuidado con lo que se lanza porque puede ser un boomerang político.
La fórmula "Rajoy-Merkel" se podría sustituir históricamente por la de "Zapatero-Merkel" sin que pasara nada o, como ha hecho Izquierda Unida, por la de "Zapatero-Rajoy-Merkel" que es la que está implícita en el "son iguales" que tratan de transmitir en su lucha contra el bipartidismo.


Me parece una práctica peligrosa construir las campañas de esta manera, basándolas en la dirección de sentimientos negativos hacia personas, instituciones o países porque al final supone un uso emocional muy cómodo y facilón de la política que acaba necesitando de la intensificación para conseguir lo que se quiere. En Alemania ahora mismo, no es Merkel, sino una "gran coalición" la que gobierna, por lo que es responsabilidad de ambos, socialistas y conservadores, la política alemana.
En el caso de Francia, Hollande hizo su campaña contra "Alemania", para doblegar a "Merkel". Esta vez el matrimonio que había que disolver era "Sarkozy-Merkel", que tanto juego dio en fotos y titulares. El resultado posterior de Hollande ya lo sabemos. Su hundimiento de popularidad y de votos, crecimiento del nacionalismo de Le Pen. Jugar con el antieuropeísmo, aunque se personalice en "Alemania" o en "Merkel" tiene un riesgo, que te crezca Le Pen, como ha ocurrido. Los parches retóricos de Manuel Valls diciendo que sus recortes no son los de "Rajoy" han hecho las delicias de los militantes socialistas, pero los "recortes son recortes" y fueron los propios diputados socialistas los que encabezaron un "revolución" contra Valls y sus propuesta. Luego la disciplina de partido lo hace todo más fácil. Pero los hechos están ahí. Veremos cómo tratan las urnas al PS después de Valls o si el mensaje de Le Pen de "son los mismos" y "el nacionalismo es la solución" también funciona.



Se hace un flaco servicio a la Unión con los procesos asociativos simples de hablar de "Europa" y de "Merkel" como si fueran lo mismo, porque al final algunos lo acaban creyendo. Eso supone poner piedras en el camino propio. Entiendo que es un método fácil para algunos para eludir responsabilidades y, especialmente, para la memoria de pez de la política, práctica consistente en olvidarse inmediatamente de lo hecho en cuanto que se abandona el gobierno y exigir a los demás lo que uno no hizo o criticar a los que ahora hacen lo mismo que se realizó anteriormente.
Mientras se recurra a estas formas, la política será un campo infantiloide —no entrará en las causas reales de los acontecimientos porque buscará la forma más emocional de abordarlo—, demagógico —no recurrirá a razonamientos sino a provocar reacciones sentimentales— y tenderá a un deterioro de la convivencia —se vive del enfrentamiento de unos y otros tratando de fijar emocionalmente la fidelidad de voto—.
Con estas fórmulas de trasladar a Europa los conflictos y maneras locales, lo que se hace es mover el objeto de odio hacia otros escenarios. Pero esto, en un contexto de desarrollo de los nacionalismos antieuropeos, es un peligro porque es lluvia que acaba calando a todos.


Las campañas que ligan los conflictos nacionales a los europeos para conseguir unos rendimientos internos acaban siempre volviéndose contra el objetivo general, que es la consolidación de una política europea.
La única forma de que la política crezca como capacidad responsable e inteligente de las personas es tratar los problemas que se plantean en su dimensión correcta, en sus propios términos, y no a través de retóricas emocionales que acaban derivando en sentimientos negativos hacia países o personas, algo mucho más fácil de manipular. Se trata de usar la máxima comunicativa de habla de lo concreto antes que de lo abstracto. Los resultados de esas acciones son en gran parte el aumento del nacionalismo y del sentimiento antieuropeo. ¿Cómo no serlo si se echa la culpa de todo a "Europa"? ¿Cómo no ser xenófobo si se echa la culpa a los PIIGS, por ejemplo, entre los que nos encontramos?


De la misma que el PSOE apunta a "Merkel" o "Alemania", otros apuntan hacia "España" (les da igual "Rajoy" que "Zapatero" porque a ellos no les importan las diferencias; somos un peligro: si vamos bien seremos competidores y si vamos mal parásitos) y a los otros "PIIGS" (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia) responsabilizándonos del deterioro de sus economías, de sus sufrimientos diarios por la pérdida de su nivel de vida. Allí donde a nosotros hablamos de "hombres de negro", los que se ven "afectados por nosotros" hablan de "cerdos" que se devoran sus rentas, una carga pesada e injusta que se les ha impuesto desde "Europa".
Nada hay más fácil que canalizar el descontento, el problema es que acaba siendo incontrolable porque los que creen que pueden hacerlo no suelen tener en cuenta que a lo que ellos prenden otros echan bidones de gasolina. Por eso es importante darse cuenta de en qué términos se debe discutir y a quién hay que hacer responsable de las cosas.
La política necesita de claridad y distinción, más que de emoción y confusión. Este énfasis emocional no es más que la consecuencia de pensar la política como una forma exaltada de controlar el poder a través de las emociones. Es la base de la constitución de una clase cuya finalidad es mantener el control y buscar el refrendo emocional mediante una retórica del enfrentamiento que les refuerce. No se pide un ejercicio crítico sino la adhesión a un mundo maniqueo en el que el "otro" resulta ser culpable de todo. Eso vale para la creación del racismo porque, en realidad, es una forma "racial" de hacer política. Convertir al que no comparte nuestras ideas u opiniones en el absolutamente "otro" es una forma racial de hacer política.


Dicen los que analizan nuestras sociedades desde la perspectiva evolutiva que los mismos mecanismos que forman los grupos son los que construyen las diferencias con los que no forman parte del grupo. Reforzarnos es diferenciarnos. Esa es la base del racismo y de la xenofobia. Somos distintos y necesitamos defendernos de los otros. Esos otros pueden ser los que no votan como tú, no comen lo mismo que tú o no rezan al mismo dios que tú; los que tienen la piel de otro color o son sexualmente distintos. El "otros" refuerza al "nosotros".

La forma de hacer política en Europa es compleja por los mismos motivos que se complica en España en el plano autonómico, en el que se tiene esta vez como chivo expiatorio al Estado central, que juega el mismo papel en las quejas: no nos dan, nos quitan, nos impiden, etc.. ¿Se puede hacer política autonómica sin criticar al Estado, sin echarle la culpa de nuestros males, o sin decir algunos que los PIIGS nacionales son los "andaluces" o "extremeños"?  Habría que intentarlo. A menos que esa sea tu estrategia e intención.
Hace poco más de un mes, el diario ABC daba un titular sorprendente: PP y PSOE se acusan mutuamente de ser "los hombres de negro". La noticia comenzaba así:

PP y PSOE pusieron ayer cara a «los hombres de negro» que con la crisis se ha vuelto tan famosos, aunque nadie sepa exactamente quiénes son. Concretamente, para los socialistas los mencionados «hombres de negro» son los populares. Y al revés, ya que una vez hizo estas declaraciones el secretario de organización del PSOE en Castilla-La Mancha, Jesús Fernández Vaquero, sus colegas de bancada se apresuraron a contestarle por medio del portavoz del PP en las Cortes, Francisco Cañizares, quien utilizó el mismo argumento.*


El recurso es demasiado fácil como para no caer en él unos y otros. Lo malo es que con esa simplificación infantiloide de los "men in black", como la de los PIIGS, crean el caldo de cultivo del antieuropeísmo.
Hay que tener cuidado, como dijimos, con lo que se lanza.



* "PP y PSOE se acusan mutuamente de ser "los hombres de negro"" ABC 18/03/2014 http://www.abc.es/comunidad-castillalamancha/20140318/abcp-psoe-acusan-mutuamente-hombres-20140318.html


 



miércoles, 21 de mayo de 2014

El ladrón de la estrella y la pandilla de los euricidas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¡Se la llevó! Sin más, la recortó y se llevó una estrella de la bandera de Europa diciendo que era la de Holanda y que se la lleva a sus lares del alma. Mi pregunta es: ¿cómo sabe que es la suya? ¿Cómo sabe que no se ha llevado, por ejemplo, la nuestra y que no vamos a ponerle una denuncia que se va a enterar?
En Euronews nos cuentan así el robo descarado:

Delante del Parlamento Europeo ha recortado una estrella de la bandera europea: “No queremos a Bruselas, no queremos a la Unión Europea y esta estrella me la llevo a Holanda para devolvérsela a los ciudadanos holandeses para demostrar que no necesitamos esta bandera europea y que estamos orgullosos de nuestra propia bandera holandesa”, ha dicho Geert Wilders.*

Si yo fuera ciudadano holandés le estaría esperando al pie de la escalerilla (o por donde llegue) para que me devolviera la estrella de marras. Se empieza cogiendo la estrella diciendo que la va a devolver y luego acaba en E-bay para recaudar fondos anti Europa, que se le ve venir.


Si ayer hablábamos de Marine Le Pen —la otra parte de este Pimpinela que se tienen montado—, se ve que no íbamos demasiado desviados de la cuestión con estos mal llamados "euroescépticos", más bien "euricidas". El escepticismo es una sana postura ante la realidad; estos más bien son otra cosa y, desde luego, no viven en un mar de dudas —como le corresponde a un escéptico, "dudo, aunque exista"—, sino por el contrario en el mar vehemente de los fanáticos viscerales.
El robo de la estrella no tiene nada de poético y poco de simbólico. Es más bien un gesto entre la publicidad y la propaganda, ya que se enmarca en la campaña electoral. Lo que hace todos los días en Holanda, ha ido a hacerlo a Bruselas. El número de las tijeritas es un acto de soberbia institucional —no hay más que verle— en el que se atribuye la representación de los holandeses sin preguntar a nadie. No es más que una grosería, una impertinencia no a "Bruselas" o a las "instituciones", sino contra todos los que se sienten representados por esa bandera como europeos. Sépalo, señor maleducado. No sé si los símbolos europeos, la bandera, están protegidos como lo están los demás símbolos nacionales, entre ellos la bandera holandesa, contra actos vandálicos. Supongo que sí, ya que se colocan en nuestras estancias y balcones oficiales.


Podemos ironizar o bromear sobre esta parte de la fauna europea, pero hay que tener mucho cuidado y no infravalorar lo que significan, porque son peligrosos. Hemos visto en que derivó el nacionalismo en Grecia, en violencia xenófoba y racista y contra el que no comulga con sus ideas. El ultranacionalismo es fascismo y pronto encuentra justificación para atacar a los enemigos de la "patria".
Esta tonta osadía publicitaria no es más que la punta del iceberg. Si a este señor y a otros como él se les deja llegar al poder y hacer lo que dicen, es cuando se habrá acabado con la posibilidad de una Europa de ideales humanistas frente a estos ultranacionalistas orgánicos trasnochados.


Volvemos a la idea de ayer. Estas setas nos crecen por la desidia política que teme enfrentarse a los mensajes del nacionalismo. El señor Geert Wilders es el que hace pocas semanas causaba gran revuelo en Holanda al declarar que "sobraban marroquíes" en el país. Los ciudadanos holandeses de origen marroquí se hicieron fotos para las redes sociales mostrando sus pasaportes que les acreditaba tan holandeses como el señor Wilder, pero con menos tinte.
Al igual que Marine Le Pen, Wilders ha encontrado su ídolo político estratégico en Vladimir Putin y ha sido crítico (es decir, insultante) con su propio gobierno por la condena a Rusia por su anexión de Crimea y los conflictos para la desestabilización del este de Ucrania. Putin es el modelo, el espejo de virtudes.
La publicación Business Insider señala:

Dutch Freedom Party leader Geert Wilders has echoed the Kremlin's line, saying Ukraine's pro-Western government is run by "National-Socialists, Jew-haters and other anti-democrats." In a speech last month to parliament, he blamed "shameless Europhiles with their dreams of empire" for prompting the crisis.
"We have always been told the EU stands for peace," Wilders said. "Now... we know better, the EU stands for war-mongering."
He condemned the Dutch government for supporting an EU financial package for the cash-strapped Ukrainian government, saying the money would be taken from Dutch nursing homes and sent to a "bottomless pit of corruption."**


Los números habituales de Wilders suelen ser grandes golpes de efecto para llamar la atención, demagogia a raudales e insultos a los que le toque, que suelen ser siempre los mismos. La astucia de Le Pen, su precisa manipulación de los símbolos y sentimientos nacionales, contrasta con las zafias declaraciones de Wilders, un provocador irresponsable. Carente de sutilezas, Wilders tiene que ir a Bruselas a robar una estrella. El personaje —Wilders es un "personaje", como lo es la "neojuana" de Le Pen—  tiene ese toque desmelenado a lo "pequeño príncipe" decolorado, de niño eterno en formol, armado de espada o tijeras, robando estrellas desde su otro planeta mental.


El modelo de los líderes del ultranacionalismo, la ultraderecha y el euroescepticismo es —como ayer con el Frente Nacional francés de Marine Le Pen— Rusia y Vladimir Putin. ¿Qué admiran de Rusia y su cabeza visible? Pues evidentemente esa capacidad resolutiva que solo el autoritarismo galopante puede ejercer; sus malos modos y su parafernalia patriótica. El "modelo Putin" incluye los elementos retrógrados de la política visceral que cada vez se extiende más por su eficacia por todo el mundo. Funciona, sirve para crear esos vínculos emocionales con el mundo simple. Primero se les aglutina como "pueblo" en vez de considerarles "ciudadanos", es decir, se les sube en el carro común de la Historia, pasada y futura, apeándoles de la individualidad racional de decidir su propio destino, que pasa a ser el colectivo, el de la unidad de destino, y después se inicia el proceso de portavocía en donde se convierten en su voz. Wilders arranca la estrella para devolvérsela a los verdaderos holandeses —no a los bastardos traidores, vendidos a Europa, que la entregaron— tal como Prometeo robó el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres.


La complejidad del mundo global, con el afianzamiento de las instituciones supranacionales ha dado argumentos a estos líderes personalistas que se presentan como ciudadanos "comunes", personas corrientes que sienten la necesidad de salvar las identidades de los que creen haberlas perdido. Nada es más fácil de decir que Francia ya no es Francia, que Holanda ya no es Holanda, que Reino Unido no es Reino Unido o que en Finlandia ya no hay finlandeses de verdad, solo un puñado de patriotas. No es que triunfe su inteligencia, es que avanza la estupidez. En un mundo complejo, ellos lo hacen todo sencillo, arropados por la psicología de las emociones, el marketing político y la manipulación de los símbolos comunes. Ellos son "naturales"; los opositores "artificiales", en un sentido schlegeliano, romántico y racial. Por eso calificamos a Vladimir Putin como "líder orgánico", al que hay que explicar más desde la biología rudimentaria que desde la ciencia política, más desde el papel del macho alfa que desde la racionalidad. En ellos se admira o teme el poder, el desafío, la osadía, su capacidad de doblegar antes que la de convencer. Lo de Crimea es una "machada"; tomo lo que es mío y es mío porque lo tomo. Así de sencillo.


¿Es una coincidencia la estrategia electoral de la pandilla de los "euricidas", la manifestación coral de su admiración por Putin? Business Insider va más allá de la "coincidencia":

Putin has a clear interest in encouraging such opinion as he seeks to counter pressure from European governments that have joined the United States in condemning his land grab in Crimea and military build up across the border from eastern Ukraine, where pro-Russia agitators this week seized government buildings in several cities.
"During the Cold War, the Soviet Union sponsored communist parties, far-left parties around Europe which basically did the bidding of Moscow and tried to spread certain types of propaganda," says Mitchell Orenstein, political science department chair at Boston's Northeastern University. "Russia today is using a lot of the old Soviet techniques, but this time is finding the far right a better partner than the far left."
Many on Europe's radical right admire Putin's strongman image. Nigel Farage, leader of the United Kingdom Independence Party, last week said Putin was the world leader he most admired. "Compared with the kids who run foreign policy in this country, I've more respect for him than our lot."
Russian media have widely reported his comment that the EU has "blood on its hands" by meddling in Ukraine.
Although Farage has sought to distance his party from some far-right counterparts in continental Europe, UKIP shares their views on rolling back European integration, halting immigration and opposing gay marriage.**


¿Es posible? ¿Por qué no? Es lo que tenemos delante, lo más sencillo. ¿Por qué no iba a jugar Putin con Europa cuando lo hace claramente en otros escenarios internacionales? ¿Es su forma de devolver las sanciones? Volvemos a la argumentación de ayer: no interesa una Europa unida a todo el mundo. Y menos a Rusia. Si la Unión Europea sanciona a Rusia, ¿por qué no hacerlo él a su manera? ¿Por qué no practicar un poco de quintacolumnismo? Se ha hecho toda la vida y lo han practicado todas las potencias debilitando a sus rivales o enemigos estableciendo extrañas amistades.
Los países que han sido más duros con la intervención rusa en Ucrania y con los acontecimientos derivados han sido los que han padecido el dominio ruso soviético al otro lado del telón, los que saben lo que significa Rusia y lo que es tenerla como vecina. Los admiradores ultranacionalistas ven en Putin un enemigo de la Unión Europea y por eso le apoyan, algo que él aprovecha internamente, como los abrazos a Depardieu, y externamente, pues todas estas cosas tienen sus repercusiones política y económicas, generan desconfianza, debilidad e inestabilidad, como tendremos ocasión de ver si se cumplen los pronósticos de que alguno de estos partidos consiga quedar en primera posición en las elecciones europeas. Si a Europa le costó recuperarse del golpe del fracaso de la "constitución europea" en cuanto que dejaron de apoyarla, veremos cómo se utilizan ahora esas posibles victorias en la política interna —de Holanda, de Francia, de Reino Unido...— y externamente, en el propio Parlamento europeo.

Hay que concluir, como ayer, con lo mismo: hay que modificar la política europea de los estados para que los que juegan al euroescepticismo para hacer crecer el nacionalismo populista (con sus ingredientes en la receta de xenofobia,  racismo, homofobia, etc.) y hay que modificar la forma en que funciona y se presenta la Unión para evitar que se siga percibiendo distorsionada su imagen y su realidad.
Ser críticos con Europa es una acción necesaria para poder preservar lo valioso del proyecto. Como ayer, igualmente, advertir sobre la necesidad de más dosis de ilusión, porque necesita tener su propia energía comunicativa y simbólica. Ilusión, ilusión.
La materia prima europeísta es abundante y de calidad, pero necesita el correcto procesado para que haya esa ilusión del proyecto común. Europa tiene que ser solidaria para poder crecer, sentirse responsables unos de las mejoras de otros para evitar problemas futuros por los crecimientos desiguales. Necesita cooperar antes que rivalizar; aunar antes que competir. No nos unimos para vernos como amenazas mutuas sino justo para lo contrario, para ganar en seguridad y prosperidad. Europa necesita la nitidez de su ideal para poder hacerse realidad, marcarse un camino no a golpe de problema sino con fe en sí misma, en el camino elegido.
Hasta el momento, los estados han exigido el carácter gris de lo europeo, reducirlo a una serie de instituciones que han podido ser presentadas como una burocracia distante. Se ha utilizado la Unión Europea como una especie de gigante contra el que se iba a combatir o a mendigar. Hay que humanizar Europa, dotarla de una identidad cohesiva que se perciba como integradora. Todo eso falta por hacer y es lo que tratan de frenar los euroescépticos y ultranacionalistas. Los ciudadanos europeos tienen que percibir las claras ventajas de serlo. Pero estás se silencian en beneficio de los ladrones de estrellas que como Wilders se permiten estos gestos.


Espero que la estrella que ha robado, con gesto desafiante —uno más— el xenófobo holandés Wilders, a la bandera europea siga ahí mucho tiempo y que se quede donde está, junto a otras estrellas. Nos hemos olvidado del poema schilleriano al que Beethoven puso música, el "An die Freude", que nos sirve de himno común y nos habla de esa "alegría" (Freude) que produce ir unidos por el cielo estrellado: Alle Menschen werden Brüder / Wo dein sanfter Flügel weilt (Todos los hombres serán hermanos / bajo tus alas bienhechoras). Por algo se escogió el poema de Schiller, por eso tenemos estrellas sobre el azul de la bandera europea.
La "hermandad" y la "alegría" por descubrirla es el sentimiento inicial de Europa, precisamente lo contrario del nacionalismo distanciado cuyo modelo lo acabamos de ver en Crimea y que tanto admiran los deslumbrados por la fuerza. Nos hemos olvidado de nuestro propio himno porque lo consideramos música de fondo. Quizás habría que interpretarlo al inicio de cada sesión de las instituciones:

O Freunde, nicht diese Töne!
Sondern laßt uns angenehmere anstimmen,
und freudenvollere.
Freude! Freude!


Sí, ¡amigos, abandonad esos tonos! y entonemos otros más placenteros y llenos de alegría. ¡Alegría, Alegría! La Unión Europea tiene que construirse sobre esa alegría de la unión y del camino conjunto como posibilidad de mejora solidaria. Quizá el papel de todos estos movimientos negativos, antieuropeos, sea el de avisarnos que nada se hace sin esfuerzos ni sacrificios, que nada es automático y que del papel a la realidad hay un largo trecho. Europa solo puede crecer y progresar como Unión si lo hace solidariamente, guiada por esa fraternidad schilleriana. Lo demás es dejar crecer a sus enemigos.
¡Ah, Wilders, devuelve la estrella! ¡Listillo!




* "Wilders refuerza su mensaje antieuropeo en Bruselas" Euronews 20/05/2014 http://es.euronews.com/2014/05/20/wilders-refuerza-su-mensaje-antieuropeo-en-bruselas/
** "Europe's Far Right Is Embracing Putin" Business Insider 10/04/2014 http://www.businessinsider.com/paul-ames-europes-far-right-is-embracing-putin-2014-4