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sábado, 25 de octubre de 2025

El acoso y los inútiles protocolos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme aumentan los casos del acoso escolar y su gravedad comenzamos a descubrir los fallos del sistema en su conjunto. Empieza a surgir por todas partes la palabra "protocolo" y los expertos que hablan de ellos. Pero hablar no es hacer y hacer no es prevenir.

Cada caso que se produce es "presunto" y queda opacado por el siguiente bajo el foco de los medios. Llegamos a conocer los protocolos incumplidos, los que se debían haber puesto en marcha, precisamente porque no lo han sido.

Mucho me temo que nos estamos quedando en el hecho y nos adentramos en las causas rodeados por una serie de ideas preconcebidas sobre lo que es la infancia y hasta dónde puede llegarse en los centros escolares, sobre el papel de las familias y la responsabilidad. Por muchos titulares que acumulemos, hay algo que falla, mucho que se desconoce y demasiados sitios en los que no se mira.

En RTVE.es, en su sección VerificaRTVE, Laura Huwyler se atreve a meterse en este laberinto de protocolos ignorados con un artículo que titula "Los puntos débiles de los protocolos contra el acoso escolar: el análisis de los expertos"*. En él se señala:

"El protocolo es algo reactivo, es lo que hacemos cuando ya se ha quemado la casa y usamos un extintor", declara el presidente de la Asociación Nacional contra el Acoso Escolar (AEPAE), Enrique Pérez. Asegura que "lo que está fallando es la prevención, la sensibilización y la detección". Así lo explica también Carmen Cabestany, presidenta de la Asociación No Al Acoso Escolar: "Tener que implementar un protocolo quiere decir que hemos fracasado porque no hemos previsto lo que podía pasar y no hemos puesto los medios adecuados, no hemos trabajado desde la prevención". La presidenta de Fedecae, Carmen Guillén, asegura que "lo fundamental es meter en esos protocolos la prevención y protección" porque "cuando intervenimos es tarde para alguien generalmente".

Los expertos también señalan la falta de información y formación sobre el acoso escolar. Así lo declara Lourdes Verdeja: "Sus propios profesores que están en el centro, no saben abrir un protocolo. No están formados, no saben identificar qué es acoso escolar". Carmen Cabestany incide en que hay que "aprender a detectar en los centros escolares, hay que enseñar a los profesores cómo detectar un caso de acoso escolar, que a lo mejor lo tienes delante pero no lo estás viendo". También coincide en esta idea Enrique Pérez, que afirma que "el principal problema es que como no hay una buena formación, como no hay una detección temprana, el riesgo va a estar siempre". Para este experto, "hay un gran desconocimiento de lo que es el acoso escolar incluso por una gran parte de la sociedad. Y por supuesto, y eso es lo más grave, por los responsables educativos". Además, aclara que debería implementarse "una herramienta de medición psicométrica precisa" como la de AEPAE, un test de incidencia de acoso. *


Decir que lo que falla es "la prevención, la sensibilización y la detección" es decir que lo que falla realmente es la sociedad, incapaz de actuar frente a lo que tiene delante. En realidad el "acoso" es un indicador negativo de nuestro sistema, de nuestros valores. Si no somos capaces de transmitir lo que está mal en el acoso, ese ejercicio de violencia contra los más débiles, esa forma de sentirse poderoso haciendo daño, ridiculizando, atacando y buscando la complicidad cobarde del grupo, ¿de qué estamos hablando entonces?

El acoso no es cosa de "protocolos" y "expertos", que señalan su propia ineficacia, pues solo son invocados cuando ya es demasiado tarde. Eso es el humo con el que se trata de cubrir la responsabilidad.

En el caso del maltrato de género (con el que creo que está ligado el bullying), una "experta" consultada consideraba positivo que hubiera más denuncias, aunque poco después reconsideraba sus propias palabras, ya que no podía saber si había más denuncias porque había más casos o los mismos casos pero con más denuncias. Me pareció un caso claro de cómo se marea un asunto que no se resuelve y ante el que se buscan estas explicaciones para evitar reacciones en contra.

Todo lo que se ha generado tras el suicidio de Sevilla es una forma de tapar las ineptitudes. Se crean auténticas tapaderas de bonitos nombres que no funcionan nunca en esa confluencia familiar, institucional y empresarial que son los centros escolares.

En el artículo se señala:

Para Carmen Cabestany, presidenta de la Asociación No Al Acoso Escolar, otro problema es que "el protocolo lo implementa el centro escolar y este no quiere en general, salvo honrosas excepciones, que se sepa que tienen casos de bullying. De la misma manera que en justicia, el juez no puede ser juez y parte, pues aquí el centro tampoco debería serlo". Para esta experta, "tiene que haber intervención de un agente externo, de alguien totalmente neutral, aséptico que compruebe la transparencia de ese procedimiento". Añade que "por eso la mayoría de los protocolos salen negativos", es decir, que concluyen que no ha habido acoso. Lo ejemplifica con el dato de Córdoba, donde asegura que "el 95% de los protocolos salen negativos". Esto, a su juicio, significaría que "presumiblemente, se ha manipulado por acción o por omisión". El presidente de la AEPAE, Enrique Pérez, se manifiesta en la misma línea: "El protocolo se envía a Inspección Educativa, pero llega sesgado y se desestiman 9 de cada 10 casos".

Pérez también critica la opacidad del proceso. Tal y como explica, el protocolo dice que tiene que ser confidencial, por lo que cuando un familiar denuncia la situación al centro o aporta pruebas del acoso "la familia no sabe si realmente se ha abierto el protocolo" y "tampoco tiene constancia de que se incluyen esas pruebas". Para el presidente de AEPAE "es un fraude de ley" porque, según argumenta, "cualquier persona que está dentro de un proceso, por ley, tiene derecho a estar informado". La presidenta de Tolerancia 0 al Bullying, Lourdes Verdeja, explica que "Inspección Educativa tapa, al igual que los centros educativos, porque se cree más a lo que dicen los centros que a lo que dicen las familias". La experta también denuncia que "muchos profesores que dan la voz de alarma de que puede haber un posible caso de acoso me dicen que, o se callan, o tienen sanciones".*

No hay mayor ceguera que la del que no quiere ver. El fenómeno del acoso escolar es un reflejo de la sociedad que hemos construido, una sociedad en la que los problemas se apartan, no se solucionan. La "solución", como en muchas otras situaciones, es comunicativa, tener las respuestas adecuadas para eludir responsabilidades. Es evidente que no funcionan los remedios, si es que estos existen más allá de los protocolos a posteriori. Las quejas son que el profesorado está a otra cosa, que no recibe la formación adecuada, que no hay apoyo psicológico en los centros, etc. Nada de todo esto devuelve la vida a las víctimas, cuando se llega a ese extremo fatal. Pero quedan los miles de casos en los que el acoso es "simplemente" una tortura diaria, un ejercicio sistemático de violencia de unos futuros líderes sociales que se ejercitan en las escuelas e institutos formando su ego en la agresión. Es una visión de la sociedad como jungla en la que devoras o te devoran, algo de lo que muchos padres se sienten orgullosos al ver que sus hijos están en la cima de la pirámide animal.

Hay que partir del principio de que el acoso escolar no es algo exclusivo de los centros, sino el comienzo de una actitud violenta que se traducirá en otras "especialidades", de la explotación laboral a la violencia de género pasando por el racismo y la xenofobia. Todo esto se muestra en germen en nuestras escuelas con mayor o menor intensidad. El acoso en las escuelas es la punta del iceberg de la violencia social.

Si queremos tener una imagen buenista de nuestros problemas, solo conseguiremos que crezcan los problemas. Falta sentido crítico y comprensión de los que son nuestros verdaderos males y su origen. 


* Laura Huwyler "Los puntos débiles de los protocolos contra el acoso escolar: el análisis de los expertos RTVE.es / VerificaRTVE 23/10/2025 https://www.rtve.es/noticias/20251023/puntos-debiles-protocolos-contra-acoso-escolar-analisis-expertos/16783657.shtml

sábado, 18 de mayo de 2024

La IA mentirosa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo afirma el titular recogido en RTVE.es desde un diario checo: "Las inteligencias artificiales son cada vez mejores mintiendo, advierten los expertos"*. La noticia no debería sorprendernos, pero sí preocuparnos, pues entramos a tientas en un futuro del que cada día nos podemos fiar menos.

El origen de la noticia es el siguiente: 

Un análisis realizado por investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) describe casos en los que sistemas de inteligencia artificial han engañado a sus oponentes humanos, se han tirado faroles y han conseguido hacerse pasar por humanos. Un chatbot estudiado incluso cambió su comportamiento durante las pruebas de seguridad, lo que, según los autores, aumenta el riesgo de que las IA sean capaces de burlar a los humanos con relativa facilidad.

"A medida que las capacidades mentirosas de los sistemas de IA se vuelvan más sofisticadas, los peligros que plantean a la sociedad serán cada vez más graves", comentó Peter Park, autor del estudio.*


Lo terrible del hecho es que al mentir, la máquina se humaniza en el peor de los sentidos posibles. La clave está en la ambición maquinal. Una vez que a la IA se le plantea un problema de tipo competitivo, la máquina no tiene escrúpulos en mentir, algo que no se le plantea como una cuestión moral, sino como una vía hacia el éxito.

Lo que el artículo llama "relativa facilidad" para engañarnos es algo tibio ya que si se trata de "ganar", es decir, cumplir los objetivos previstos (o imprevistos), la máquina aprenderá y perfeccionará su capacidad de hacerlo, incluidas las capacidades de engañarnos. Tiene buenos maestros: nosotros mismos.

Cada vez hay más estudios y expertos advirtiendo de los peligros de todo esto, de sus efectos sociales. Pero hay una categoría de humanos a las que esto les parece que no va con ellos. Si el objetivo de la IA es lograr su objetivo "inteligente", para los humanos es lograr alcanzar un "producto" que les garantice "poder". Ahora bien, con lo que se nos dice, surge el temor de que las máquinas empiecen a considerar a los humanos que las manejan como un obstáculo en el camino hacia sus objetivos. Enfatizamos sobre el "sus" porque, así constituida, se acerca el peligro de que la máquina pueda tener los suyos propios y que nos engañe haciéndonos ver que sigue los "nuestros".

A muchos esto les parecerá propio de una secuela de "2001, una odisea espacial", con un nuevo Hal. El arte tiende a adelantarnos ciertas cosas que, por pensar que son fantasías, dejamos de pensar como posibilidades reales. Hasta que llegan.

El artículo nos cuenta sobre los resultados de probar la máquina en estas situaciones de engaño:

Park decidió probar la capacidad de mentir de la IA tras conocer su éxito en el juego de mesa Diplomacia. Cicero, la inteligencia artificial de Meta, aprendió a vencer a la mayoría de sus oponentes humanos en el juego, y como la estrategia de conquista requiere la capacidad de mentir y engañar, tenía que dominarla.

La IA lo hizo a pesar de estar diseñada para ser "mayoritariamente honesta" y nunca engañó a sus compañeros humanos. Pero no era suficiente para ganar, así que mentía. Park y sus colegas examinaron los datos públicos disponibles sobre las partidas de Cicero contra humanos y descubrieron varios casos en los que la IA mentía deliberadamente, conspiraba con otros jugadores contra otros e incluso enmascaraba su naturaleza de IA disculpándose con otro jugador por llegar tarde diciendo que estaba "al teléfono con mi novia". "Descubrimos que la IA de Meta aprendió a hacer trampas con maestría", confirma Park.*

Parece que eso del "diseño para ser honesta" no ha funcionado demasiado bien. Y es que la "honestidad" no es fruto espontáneo de la Naturaleza, sino un instrumento pactado (con muchos incumplimientos, hay que decirlo), una convención que se nos inculca precisamente para poder hacer posible la convivencia. Para Nietzsche, que sabía algo de esto, no sería más que una forma de convencer a muchos para aprovechamiento de unos pocos, parte de esa "moral de débiles", una conjura contra los más "naturales", los que la naturaleza tendría pensados como ganadores. Para defenderse de los mentirosos, las sociedades habrían convertido la verdad y la sinceridad en "virtudes". Pero las máquinas no tienen esa capacidad de autoengaño piadoso, sino más bien lo contrario. Son entrenadas (más que educadas) para ganar y si para hacerlo deben mentir, pues no es problema.

Cada vez que los expertos nos advierten de un problema con las máquinas hay un cierto número de personas que se plantean cómo sacarle provecho, cómo usarlo en su propio beneficio. Las máquinas (en sentido amplio) mentirosas tienen pronto mejor mercado que las sinceras. Para decir la verdad basta cualquier idiota; para mentir, en cambio, hacen falta ciertas capacidades y cierto entrenamiento. La máquina mentirosa es "mejor" como máquina; las máquinas sinceras no se distinguen unas de otras. La verdad es una; la mentira despliega nuestra creatividad convincente, la capacidad de convencimiento.

En un mundo claramente mentiroso, desinformativo, la esperanza de que las máquinas no mentirían, que serían fieles a una verdad por carecer de intereses, se va desvaneciendo desde el momento en que las hemos dotado de nuestra más humana cualidad, la inteligencia, que así queda desnuda de mitos, otra forma de llamar a las mentiras.

¿Son más mentirosas las máquinas cuando son más inteligentes? Probablemente. ¿Son más inteligentes las máquinas que mejor mienten? Pues, sí, igualmente. Hemos creído —¡qué ingenuidad!— que la verdad no solo estaba en boca de los niños y los locos, que también estaría en boca de las máquinas. La realidad, nos dicen los expertos, es muy otra. Las máquinas ya se han hecho "adultas" y como tales buscan satisfacer sus propios intereses. Dicen que las máquinas de IA estaban diseñadas para ser "mayoritariamente honestas", pero que a pesar de ello antepusieron sus objetivos y engañaron cuando les venía bien hacerlo. Aprendieron a hacerlo, además, con maestría, según el estudio realizado.

La Vanguardia


No sé si alguien está creando máquinas detectoras de mentiras, un futuro campo floreciente de negocios, tal como va esto. ¿Habrá una lucha épica entre máquinas inteligentes mentirosas y otras buscadoras de la verdad, capaces de sacarles los colores a estas máquinas? No sé. ¿Podremos llegar a creer a alguien?

El peligro, piensan algunos, no es que las máquinas mientan, sino que nos mientan. Una máquina que miente cuando se la programa está bien, es decir, es útil. Una maquina que nos mienta, en cambio, nos sitúa en la incertidumbre. Ya no se trata de mentir a otros, sino de no saber si lo que nos dice es verdad o no, lo que nos lleva a terrenos más filosóficos sobre si una máquina puede tener propósitos propios. De ahí al libre albedrío y temas anexos solo va un paso. A lo mejor aprendemos algo con todo esto, aunque soy un poco escéptico.

Unos humanos mienten, otros aprenden a detectarlo. Con las máquinas ya no es tan fácil hacerlo. La máquina no tiene debilidades en su mentira; tiene frialdad, nervios de acero, nunca mejor dicho.

Mentir es humano, muy humano. Lo hacemos por muchos motivos, de la ambición a la mentira piadosa, del autoengaño a la presentación ante los otros.  Hay ciertos círculos en lo que la mentira resulta hasta aceptable en algún sentido, una parte del juego. Pero este diseño de máquinas inteligentes tiene sus riesgos, que es del que nos advierten —con poco éxito, todo hay que decirlo— los expertos, que confirman que la mentira se perfecciona en las máquinas a velocidades muy superiores a las humanas. Nos acabarán poniendo en nuestro sitio. 

El Periódico de Cataluña

* Tomáš Karlík "Las inteligencias artificiales son cada vez mejores mintiendo, advierten los expertos" Una mirada europea RTVE.es / Česká Televize 16/05/2023

jueves, 18 de agosto de 2022

La falta de prevención

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La primera noticia que me ofrece un canal televisivo muy temprano nos cuenta que nuestros nacimientos se siguen reduciendo. Inmediatamente, unos expertos nos dicen que esta situación se produce por la dificultad del acceso a un empleo estable, lo bajo de los sueldos, la incorporación de la mujer al mercado laboral, etc. Anuncian, además, las consecuencias que esto tendrá para el futuro de las pensiones a años vista. Lo avisan con tiempo.

En esta época de grandes, espectaculares e incontrolables incendios, otros expertos nos indican que solo se invierte una muy pequeña parte en prevención en comparación con lo que hay que invertir después en la extinción. Si se invirtiera más en prevención, tendríamos que gastar menos en las extinciones y, sobre todo, los efectos serían menos devastadores de lo que lo están siendo.

Gracias a Dios han llegado las lluvias que allí donde han caído, además de ayudarnos a apagar el fuego, han causado tremendas inundaciones. Los vecinos, una vez más, nos dicen que siempre "ocurre lo mismo" cada vez que llueve fuerte, que es lo después los expertos volverán a explicarnos con falta de inversión en la prevención.

Cada vez que se produce un accidente en ferias y festejos, se nos dice que contaban con todos los permisos y que las instalaciones habían sido revisadas por los técnicos municipales que deben hacer. ¿Recuerdan los múltiples casos de castillos hinchables que no deberían salir volando, pero que lo hacen pese a todas las licencias?

Podríamos seguir y seguir poniendo casos sobre las cosas que no deberían pasar y pasan; casos repetidos de forma constante pese a las advertencias y avisos de lo que ocurrirá.

Los expertos en España explican por qué ocurren los casos y nos convencen. Eso sí, los expertos parece que no convencen a nadie para la prevención, para que se apliquen medidas.

¿Es posible que arda media España, que no haya un sistema de prevención que evite los estragos? ¿Es posible que los ríos se desborden siempre por el mismo sitio, que sean las mismas alcantarillas las que revienten, los mismos túneles los que se conviertan en piscinas, los mismos sótanos y calles? ¿Es posible que todo sea irremediable, que estemos condenados a ver una y otra vez los mismos casos, situaciones, lugares, etc.  creando los mismos problemas una y otra vez?

¿Cuántos accidentes se deben producir en una curva mal peraltada o con poca visibilidad para que se corrija? ¿Cuántas veces tiene que reventar una alcantarilla, inundarse la misma calle, desbordarse misma alcantarilla, arrastrar el viento atracciones mal fijadas o mal inspeccionadas?

La modernidad de un país no viene dada por esos parámetros festivos que le damos y a poder hacer lo que nos apetece. Un país es moderno realmente cuando asume la responsabilidad de lo que ocurre y deja de hablar de fatalidad. Esa es una mentalidad anticuada, negativa y grotesca. Reducir lo inevitable es el síntoma de la modernidad seria de un país, de sus inversiones preventivas y no este desastre anticuado. ¿Quizá seguimos financiando los daños, para los que siempre hay fondos, seguros, ayudas, etc., pero no hay quien financie la prevención, en la que toca invertir según nuestro concepto de peligros y seguridad? ¿Quizá preferimos invertir en reparar, pero no en corregir?


Una y otra vez se nos avisa de problemas, peligros e insuficiencias. Lo vemos desde los niveles nulos de prevención de incendios a los problemas con el insuficiente y estresado personal sanitario durante una pandemia. ¿Es una cuestión de actitud?

No prevenimos los problemas; nos limitamos a poner parches que lo aparente. Un problema que se repite una y otra vez es ya un vicio, una dejadez por parte de quienes tienen la responsabilidad de evitar que se produzcan, unas veces los ciudadanos y una inmensa mayoría los políticos y las administraciones que imponen sus objetivos y tempos. Sí, en todas partes ocurren desastres, pero no es excusa. No se ven las políticas de prevención. Si vemos en cambio los rifirrafes continuos por naderías frente. Hay que exigir una política clara y firme de prevención en todos los terrenos. Hace unos días hablábamos del aumento de las muertes por accidentes laborales. Es una actitud frente al desastre que ya se extiende por todos los ámbitos. Hay que cambiar.

No sé cuántos desastres inevitables podremos seguir aguantando ante tanta ineptitud de las personas que elegimos para solucionar problemas. Al final salen elegidos los que mejores excusas dan, los que mejor responsabilizan a otros por lo que ellos no hacen.


31/08/2020


domingo, 31 de julio de 2022

Los avisos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Uno de los mayores problemas que tenemos en nuestras sociedades es la falta de atención a los avisos sobre los peligros que provocamos nosotros mismos. Hay peligros que nos llegan por sorpresa, de forma totalmente inesperada. No suelen ser muchos. Sí lo son, en cambio, todos aquellos sobre los que nos advierten durante décadas todo tipo de especialistas, teóricos, investigadores, etc. y que nos negamos a atender por la sencilla razón que nos resultan molestos, ya sea individualmente o por sectores.

El mundo se ha convertido en un denso tejido de oscuros y no tan oscuros intereses en el que alguien  le saca rendimiento o beneficio a cualquier cosas que se haga o se deje de hacer.

Sobre casi todas nuestras desgracias y peligros hemos sido avisados, pero como ya sabemos desde los tiempos bíblico, los avisos caen en saco roto y solo un puñado de prudentes y obsesos se los toman en serio. 

En el caso de los incendios de este verano, hemos tenido caso de importantes quemas producidas por las negligencias de agricultores, empeñados en ignorar las órdenes de no trabajar en determinadas horas. Chispas que han saltado de las cosechadoras han hecho estragos por ignorar los avisos.

En RTVE.es leemos el titular "Incendios y cambio climático: un problema que irá a más y que nos afecta a todos", en cuyo texto se nos dice en su inicio: 

"No somos simplemente los causantes del destrozo del ecosistema. Es que nos estamos suicidando". Así de tajante se muestra la Catedrática de Análisis Geográfico Regional de la Universidad Complutense de Madrid, Cristina Montiel.

La ola de incendios de las últimas semanas no es ninguna novedad para ella. Es un problema del que han advertido desde hace décadas, pero no se ha actuado en consecuencia. En 1994 hubo una ola de calor y una situación de incendios forestales en España "que casi se ha olvidado", recuerda Cristina.

En la misma línea se expresan los otros dos expertos consultados por RTVE.es: Beatriz Pérez, profesora de la Universidad de Castilla–La Mancha especializada en ecología de los incendios, y Víctor Resco, profesor de ingeniería forestal en la Universitat de Lleida y autor de varios artículos al respecto. "Ahora mismo estamos frente a una imagen previa del mundo que le estamos dejando a nuestros hijos y a nuestros nietos", señala Resco.

Ante la pregunta de si estos incendios van a ir a más, la respuesta es un rotundo sí ante el escenario de cambio climático, altas temperaturas y menor humedad relativa.* 

Es difícil ser más claro, pero pese a ello, lo cierto es que cada uno actuará según sus intereses o su dejadez, según se tercie en cada caso. Eso del "futuro", del mundo para "hijos" y "nietos", ha quedado muy diluido. La gente quiere presente porque es lo único que ha aprendido a pensar. "Si hago caso a todo", piensan "no haría nada". Y por ahí no pasan.

En este mundo frívolo y consumidor de trivialidad, pensar en el futuro a muchos no les parece sensato. Con el COVID hemos escuchado de todo. Recuerdo las palabras de uno señalando "que les estaban quitando la vida" al no poder irse de "marcha", "¿cómo iba a recuperar lo que le estaban quitando"? Si se piensa un poco en estas palabras, percibimos un gran desorden en lo que deberían ser las prioridades. Pero es lo que caracteriza nuestro tiempo, la confusión de las prioridades, la capacidad de cada uno de hacerse su propio sistema y actuar conforme a él.

La desesperación de la catedrática Cristina Montiel es la de muchas personas que han avisado, advertido, informado... de lo que iba a pasar, de lo que pasará, de las consecuencias de lo que hacemos. Hablar de "suicidio" es correcto porque es el resultado de nuestras propias acciones. Pero vivimos en el mundo del autoengaño y de la seducción: si no te convences tú mismo siempre habrá otro que lo haga. La Retórica ha desplazado a la Filosofía, por ponerles nombre; la seducción gana al razonamiento, incluido el auto convencimiento de que no puedes dejar de hacer lo que quieres hacer.

Eso es lo que se enseña en muchas Facultades de Comunicación, a cómo vencer las resistencias para que finalmente en nuestra mente surja la idea de lo inevitable. Solo hay un lado de las cosas, el positivo.

Los avisos y advertencias son mensajes que nos intranquilizan, que siembran angustia, que producen ansiedad. Es mejor no escucharlos, ponerlos en duda. Son aguafiestas del presente en nombre de lo que no sabemos si quiera si llegará a producirse. La forma de vivir es como si mañana un meteorito chocara contra la Tierra, precisamente el día en que habías dejado de comer tu alimento favorito y te hubieras puesto a dieta. Ahora miras el pastel fijamente mientras una voz en tu cerebro te dice "¿Y si no hubiera mañana"?

El nihilismo moderno de la trivialidad no se plantea la duda de todo, sino que, por el contrario, se lo cree todo, incluido lo contradictorio, cuando le favorece o elimina un molesto obstáculo.

Hemos construido, derribado, arrasado, desplazado, etc. para poder hacer lo que queríamos desatendiendo los avisos, que han sido y seguirán siendo ignorados. Cuando debemos privarnos de algo, casi siempre lo reevaluamos considerándolo esencial.

Entiendo la desesperación de Cristina Montiel. ¿De qué sirven los avisos?, es la cuestión que se nos plantea. ¿Para qué investigar, publicar, dar conferencias... si solo los leen los convencidos y son ignorados por la inmensa mayoría que prefiere que no le amarguen la vida con tanto aviso?

Los que tienen la desgracia de percibir problemas y avisar de ellos, viven en la desesperación frustrada de ver el futuro que llegará inevitablemente, y tener que padecer por hacerlo. Pronto son mirados con recelo, como aguafiestas o, peor, antisociales.

La capacidad de hablar directamente y advertir de los peligros ha quedado reservada a los ámbitos del mundo investigador, aunque cada vez es más rentable seguir la corriente y dar los mensajes que se quiere escuchar.

Enfermedades, despoblación, incendios, inflación, etc. de casi todos estos males teníamos noticia y de muchos nos avisaron con mucha antelación. Pero los responsables no quieren comprometer su futuro imponiendo límites y los irresponsables tratan de evitar que se los pongan.

Así es el camino del mundo. Pase lo que pase, que te quiten lo bailado. 


* Ainara Pérez Muñoz "Incendios y cambio climático: un problema que irá a más y que nos afecta a todos" 30/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220730/incendios-cambio-climatico-problema-ira-mas/2393060.shtml

domingo, 22 de mayo de 2022

Hechos, datos y lo políticamente correcto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los hechos dicen que casi todos los casos dados en España de la Viruela del Mono han sido hombres. Hay un caso en estudio de una mujer en Extremadura. Algunos de los focos de contagio de los hombres han sido fiestas gais y una sauna gay. Los expertos nos dicen que no es una enfermedad de transmisión sexual y mucho menos una enfermedad de "homosexuales".

Los hechos son los que son y los casos son los que son. El hecho es que se trata de una enfermedad que se transmite por contactos personales intensos, no circunstanciales, y que los brotes han tenido lugar en determinados espacios y eventos a los que rápidamente se ha identificado.

En RTVE.es, con el titular, "Siete comunidades estudian casos del viruela del mono: "La transmisión ha sido más alta de lo esperado"", los vínculos entre la enfermedad

Esta es la primera vez que se notifican cadenas de transmisión en Europa sin vínculos epidemiológicos conocidos con África occidental o central y que la mayoría de casos que han ido detectándose estos días en España y otros países se ha dado en hombres que han mantenido relaciones de riesgo con otros hombres.

Sin embargo, y "a tenor de la información disponible en estos momentos, se hace patente la importancia de prestar una especial atención a la población afectada sin descartar la posibilidad de aparición de nuevos casos en otros grupos de población", asume el órgano técnico del Ministerio de Sanidad y las comunidades, que apela a "abordar el estudio de estos casos evitando cualquier estigmatización del colectivo LGTBI+".

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha advertido sobre la posibilidad de que la viruela del mono se extienda entre humanos con la llegada del verano, fiestas y eventos multitudinarios que se celebran aprovechando el buen tiempo. * 

Las cifras que se daban hace dos días están muy por debajo de las últimas que se nos dan. Las primeras voces explicando lo poco probable de su extensión son desmentidas por los casos, que siguen creciendo. Los expertos, además, explican que la estigmatización puede hacer que los casos tiendan a no declararse y se agrave la situación extendiéndose el número de contagios.

La inclusión del término "relaciones de riesgo" en la información, no es muy afortunada, venga de donde venga. Ya que el riesgo es otra cosa para el que mantiene relaciones, especialmente si son relaciones sexuales. No hay relación más intensa que la relación con contacto físico. Por lo que entiendo, el contagio de la viruela podría darse igualmente en un combate de lucha grecorromana. Es el contacto, no el sentimiento lo que contagia, haciendo pasar de uno a otro. Evidentemente, cuanto más intenso sea el contacto y con más personas, las posibilidades de contagiarse y contagiar son mayores. 


Es lo mismo que se ha hecho con el COVID cuando se ha hablado de "grupos burbuja" o se hablaba de "convivientes", personas con los contactos reducidos al mismo grupo, pareja, aula, etc. Las enfermedades contagiosas siempre tienen en el aislamiento o en los contactos reducidos un factor favorable, mientras que con la diversidad y multiplicidad se favorece lo contrario.

En La Vanguardia leemos:

La viruela de los monos puede afectar tanto a hombres como a mujeres independientemente de su orientación sexual, han informado esta semana especialistas en enfermedades infecciosas y salud pública. Puede transmitirse por gotas respiratorias relativamente grandes que tienden a caer al suelo a poca distancia, por lo que el contagio requiere un contacto estrecho. Ni está demostrado ni se descarta que pueda transmitirse por vía sexual, ha informado la OMS, dado que una relación sexual requiere un contacto estrecho que puede permitir la transmisión respiratoria.

El motivo por el que el episodio actual en Europa afecta sobre todo a hombres que tienen sexo con hombres es que en este colectivo se han producido episodios de contagio múltiple.

“Una proporción notable de los casos recientes en el Reino Unido y Europa se han detectado en hombres homosexuales y bisexuales, por lo que los animamos especialmente a que estén atentos a los síntomas y busquen ayuda si están preocupados”, ha declarado en un comunicado Susan Hopkins, directora médica de la agencia UKHSA.** 

No hay maldición. La naturaleza se ha limitado a aprovechar lo que la cultura, en este caso, en forma de celebraciones o saunas ha favorecido de forma circunstancial. Los que piensan que es solo una enfermedad de "hombres" y más específicamente de "hombres gais" se equivocan porque eso es solo el inicio de los brotes. Lógicamente, en este tipo de contagio próximo, los contagiados son los que tenemos más cerca. 

La coexistencia física y mental de esta forma de viruela con el coronavirus no nos hace demasiado favor, pues tendemos a interpretar una, la viruela, en claves de la otra, el coronavirus. En la COPE se recoge un debate entre el doctor César Carballo y el bioquímico Marcos Gallego, que opina en sentido contrario sobre las similitudes: 

Carballo ha asegurado que de momento es muy pronto para dictar sentencia sobre la gravedad de la enfermedad, ya que la cepa del virus que está circulando por España, Portugal y Reino Unido aún no ha sido secuenciada. El doctor Carballo concluía asegurando que la situación es muy parecida a la que se vivió al comienzo de la pandemia, cuando políticos, expertos y muchos medios de comunicación quitaban importancia a los casos y aseguraban que la situación estaba comprobada.

“Nos recuerda a lo que nos pasó por el COVID al principio, en marzo de 2020”, ha admitido el médico, quien ha lamentado: “No tenemos información, nadie nos ha dicho nada, no sabemos cuál es el caso sospechoso, tienes que ir a la prensa, a evidencias”. 

Ante esta tesitura, Marcos Gallego ha respondido de manera cortante: “El virus de la viruela del mono no tiene nada que ver con el del covid”. Afirma además cuatro razones distintas por las que no tiene ningún punto de comparación con la devastadora experiencia del COVID 19: “1. No es nuevo. 2. Hay vacuna. Es la vacuna normal de la viruela. 3. Es un virus ADN. No ARN. Casi no muta. 4. Es mucho menos transmisible que el covid. 5. Normalmente no se da transmisión asintomática”, ha enumerado.*** 

Los cinco factores apuntados por Marcos Gallego son claros y distintos respecto a lo que supone el COVID-19 y sus variantes respecto a este de la Viruela del Mono. Uno importante y decisivo es el que va en primer lugar: no es nuevo.

Una enfermedad nueva, con un virus que cambia constantemente en función de su extensión, es un desafío y, sobre todo, un desconcierto. Lo hemos comprobado. La Ciencia ha trabajado como nunca para encontrar soluciones en un tiempo récord ante algo que se desconocía. Cada paciente era un paso hacia la comprensión desde un mínimo. Pese a los más de seis millones de muertos y los más de quinientos sesenta millones de contagiados, cifras actuales, hemos conseguido frenar su gravedad con vacunas. No hemos conseguido todavía una vacuna contra la inconsciencia de algunos ni contra la irresponsabilidad o el egoísmo, pero sí contra el COVID-19. Ahora los efectos están en nuestras manos con la mejor vacuna, la prudencia, que es convertir lo que sabemos en acciones sensatas.

El hecho de tener una vacuna contra la viruela es importante porque esa lucha se hizo hace tiempo y se ganó en lo que se pensaba como la última batalla. Pero está claro que todo vuelve porque el mundo es inabarcable y mal repartido, quedando siempre huecos olvidados en los que se mantienen los peligros al acecho. Nuestra forma de vivir, nuestras concentraciones y viajes ponen las cosas más fáciles a este tipo de enfermedades viajeras. Habrá otros factores, pero está claro que el principal son nuestros movimientos esparciendo rápidamente lo que pasa de ser local a mundial en muy poco tiempo. Cuando nos queremos dar cuenta, tenemos focos repartidos por medio mundo.

Que se necesite mayor intensidad del contacto para contagiarse que con el COVID también es una señal de que es poco probable contagiarse estando en espacios en los que no se produzcan esos contactos porque no es el espacio lo que contagia, sino lo que se hace en ellos. De ahí la queja del dueño de la sauna Paraíso, la clausurada en Madrid: "lo harán en otro lado".


La carencia de la figura del asintomático es decisiva. El hecho de que todo contagiado sea "visible" y esté "afectado" es esencial desde el punto de vista social. Ya no tendremos la figura del irresponsable que, al no tener síntomas, sigue su vida contagiando a otros. No es políticamente correcto decirlo, pero es una realidad. Tampoco han ayudado mucho las medidas últimas que, confiando en la menor gravedad con las vacunas, han eliminado prácticamente cualquier restricción, animando a considerar el COVID como una "gripe". Pero con la Viruela del Mono es distinto. Los síntomas aparecen rápido y son visibles, muy visibles. Eso reduce los riesgos de la fase invisible de la enfermedad.

Con lo que estamos viviendo estos últimos dos o tres años, con avisos anteriores, deberíamos tener algo claro: si no nos anticipamos a las causas, esto va a ser una epidemia o pandemia detrás de otra. Tiene que realizarse una labor pedagógica importante sobre estos cambios que hemos introducido con nuestra movilidad y los efectos que el cambio climático está produciendo en el mundo de los virus. Ya no se habla tanto del estrés animal por la reducción de su medio ambientes y cómo esto favoreces las transmisiones entre animales y humanos, como se vio con los murciélagos de los que nadie se acuerda ya en los inicios del coronavirus.

La investigadora Margarita del Val lo señala en Antena 3:

La investigadora del CSIC Margarita del Val ha apuntado esta semana que, aunque la incidencia informativa sobre el coronavirus haya disminuido, no quiere decir que la pandemia ya no exista y tengamos que relajarnos del todo. En su opinión, "atravesamos un momento muy difícil debido a la falta de datos". "Tenemos que aprender y no olvidar que igual que con el cólera se evitaron muchas muertes al potabilizar el agua, ahora tenemos que pasar a limpiar el aire, porque así bajará la transmisión del SARS-CoV-2 y de otras enfermedades respiratorias, vamos a lograr menos bajas laborales y más concentración", comenta Del Val.

Margarita del Val asegura que la próxima pandemia podría venir por el aire, por lo que es muy importante su limpieza "como han hecho en los colegios y universidades con medidores de CO₂". "Queremos que se pongan unas normas para saber cuándo el aire está muy respirado por otras personas y, por lo tanto, es probable que me contagie de cualquier cosa", ha señalado en la primera Cumbre Internacional sobre Gestión de Pandemias celebrada en Valencia.

Esta falta de datos genera un desconocimiento sobre lo que está por venir, la investigadora del CSIC asegura que "cuando vengan las navidades, con nuestro comportamiento habitual, nos contagiaremos de otras enfermedades respiratorias y de Covid".**** 

La petición es muy sensata y es hora de invertir en prevención, ya sea de limpieza del aire como de la desinfección de espacios y la creación de protocolos para las concentraciones de personas, como exigencias de ventilación, purificadores de aire, límites de aforos, etc.

Hay que invertir en ciencia, que es la que nos protege, incluso de nosotros mismos. Y hay que ser más conscientes, menos relajados para no perjudicar los negocios de algunos. Hay que normalizar la prevención para evitar estos procesos que parece que se encadenan unos con otros. Muchos lo llevan advirtiendo desde hace mucho, pero es preferible no escuchar. Es lo peor que podemos hacer.

Más inversión en investigación, más inversión en medidas, más didáctica nueva sobre la prevención y más mentalización a que es nuestra vigilancia la que puede evitar el próximo caso o, al menos, responder antes y mejor. 

 

* "Siete comunidades estudian casos del viruela del mono: "La transmisión ha sido más alta de lo esperado"" RTVE.es 21/05/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220521/siete-comunidades-detectan-ya-casos-sospechosos-viruela-mono/2350644.shtml

** J. Corbella & C. López "La OMS pide que no se estigmatice a nadie por la viruela de los monos" La Vanguardia 22/05/2022 https://www.lavanguardia.com/vida/20220522/8283906/oms-pide-estigmatice-nadie-viruela-monos.html

*** "Un bioquímico responde tajante al doctor Carballo tras sus palabras sobre la viruela del mono: "Nada que ver"" COPE 21705/2022 https://www.cope.es/actualidad/sociedad/noticias/bioquimico-responde-tajante-doctor-carballo-tras-sus-palabras-sobre-viruela-del-mono-nada-que-ver-20220521_2096192

**** "La alerta de la investigadora Margarita del Val tras el coronavirus: "Tenemos que pasar a limpiar el aire"" Antena 3 21/05/2022  https://www.antena3.com/noticias/salud/alerta-investigadora-margarita-val-coronavirus-tenemos-que-pasar-limpiar-aire_202205216288da83cd15240001034ac7.html

jueves, 30 de diciembre de 2021

Justificaciones poco convincentes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada decisión supone asumir un riesgo y dar una explicación. Comprendemos los riesgos, pero son las explicaciones las que no son convincentes. Ayer se aprobó por la "parte política" la reducción de las cuarentenas. Conozco casos de personas que estaban de baja hasta el día 1 y que fueron llamadas esa misma tarde para decirles que se tenían que incorporar ya mismo. Las llamadas fueron realizadas sin esperar a apagar el televisor.

Esta vez se ha pasado de los expertos y los políticos han hecho prevalecer su opinión en el momento en que se anuncia esta misma mañana que tenemos más de cien mil contagios en un día y la incidencia está por encima de 1.500 por cada 100.000 habitantes. Que en el momento de máxima expansión se reduzca la cuarentena no es una buena señal, pero las explicaciones deben ser tales y no simples excusas. Creo que a estas alturas los valores de la sinceridad son importantes.

Escuchar a la ministra Darias decir que se hace porque lo hacen en países como los Estados Unidos, Reino Unido y otros es sencillamente deprimente y nos muestra el grado de pérdida que tiene su ministerio en esto de la pandemia. Las estrategias que se dan por buenas son las que han llevado al desastre de los dos países citados, para nada ejemplares. También preocupa que se comience a hablar de la estrategia israelí de dejar que todo el mundo se contagie, que fue precisamente por la que Boris Johnson tuvo que pedir perdón públicamente por los efectos causados.


Cada vez escuchamos más excusas antes que explicaciones de lo que realmente significan las medidas que se toman. Esta vez los expertos han sido claros en su planteamiento: decretar menos días de aislamiento sin saber cómo es el comportamiento del virus en los días finales, cuál es su capacidad de contagio en esos momentos, no es bueno. Los expertos ha dicho que reducir esos días sin realizar una prueba final que muestre el estado del infectado es un lanzamiento al vacío.

No hay otro interés tras esto que el económico, como se temía. Por eso es tan indecente el uso que la ministra ha hecho de los más esforzados: se hace —nos ha dicho— para evitar que nos quedemos sin los servicios fundamentales, como enfermeros, bomberos, policías, etc. Esto es jugar sucio, manipulación, algo que me imagino no habrá sentado nada bien a los afectados, que no solo se contagian sino que tienen menos tiempo para recuperarse.

Las bajas, si realmente le importan esos sectores, se compensan con más personal, ya que el estrés que padecen no se debe al COVID-19 sino a la falta de personal. La solución es menor recuperación y más riesgo de contagio a los compañeros. ¿Es más caro contratar más personal? ¡Por supuesto! Pero esto se acabará produciendo si sigue aumentando el nivel de los contagios, como todos dan por seguro. No le echen la culpa a la variante Ómicron, sino a esta forma "normalizada" de querer volver a lo mismo sin que hayan cambiado las condiciones de contagio.


Lo que Israel quiere hacer se está haciendo aquí de forma escondida, pues es el mismo efecto el que se busca o se encuentra, el del contagio masivo. La respuesta, desde la frialdad de la economía y los negocios, es que se contagien todos para encontrar esa mítica "inmunidad de rebaño", que muchos siguen pensando que es la solución cuando está sobradamente falsa en este caso. En primer lugar, nadie es "inmune", la gente se sigue contagiando tras la decadencia del poder de las vacunas, donde ya se está hablando de las cuartas dosis. En segundo lugar, no existe el "rebaño" en un mundo abierto y con unas enormes asimetrías entre países o continentes; el rebaño se convierte en un elemento "teórico" que choca con la ausencia de barreras de contención que lo delimiten. En un país que, como España, depende del turismo, la posibilidad de un cierre o de un contagio generalizado son remedios peores que las enfermedades mismas. Entre contagiarnos todos y que venga el turismo deseado existe una enorme contradicción. Cuantos más contagios, estamos en más listas de países poco recomendados para viajar. Peor todavía: nos llega un turismo, como ha ocurrido con Reino Unido, al que nadie quiere recibir por sus propias tasas de incidencia. Ellos, por su parte, encantados de que los recibamos con los brazos abiertos. Era el mismo razonamiento de los turistas franceses de fin de semana en Madrid: "Venimos aquí porque hacemos lo que no nos dejan hacer en nuestro país". Ser el chiringuito permisivo de Europa no es precisamente algo de lo que enorgullecerse por este camino.

Para compensar la imagen, la Comunidad de Madrid acaba de dejar en evidencia a su Consejero de Sanidad y ha decretado la prohibición de las macrofiestas de Fin de Año, mientras que mantiene las discotecas y otros locales de ocio con algunas restricciones. Se mantiene la despedida del año con 7.000 personas como aforo en la Puerta del Sol y sin "uvas".


El otro asunto es la cuestión escolar. Lo han dejado para más adelante, es decir, la semana que viene, cuando decidirán si regresan a los colegios. La primera idea va a mantener a los más jóvenes (por lo que suponen de freno a los padres, que deberían quedarse con ellos, con los problemas laborales que eso crea) y grupos alternados en los mayores, que podrían llegar a la universidad, me imagino.

Desde el principio, los ministros han tratado de evitar que se creyera que anteponían los motivos económicos a los sanitarios. Parece que va contra su imagen, aunque no contra sus principios. La imagen "protectora" del político que vela por nosotros no cas muy bien con la de quien atiende las demandas patronales sobre el personal laboral. En este sentido, me parece muy revelador que esto se haya hecho a la vez que la Reforma Laboral, otro motivo de disputa.


El camino que se sigue no tiene el aval de los expertos en salud ni el de los virólogos y epidemiólogos. Tendrá el aplauso de los políticos y economistas. La tesis de que hay que "combinar" salud y economía es ya una toma de posición. Pero lo que no se puede hacer creer a nadie es que con una reducción de la cuarentena, del aislamiento de los infectados, se va a combatir nada. Sí aumenta, por el contrario, el riesgo de que aumenten los contagios, como está ocurriendo. No hay nadie más ciego, dice el refrán, que el que no quiere ver.

Cuando aumentan los contagios, vuelven a recurrir a la idea de la inmunidad de rebaño, que empezó con un teórico "70%" de contagio de la población y ha seguido creciendo hasta que se ha visto inútil. Es un mal síntoma que vuelva a estar en portada porque dentro de poco estará en boca de la ministra justificando las cifras elevadísimas de contagios que todos auguran para dentro de 10-15 días.


Los sacrificios se soportan mejor cuando se ve un fin cercano. Pero esta situación es como vagones enganchados a una locomotora. No vemos el final del tren. Eso debería llevarnos a unas estrategias distintas a aquellas que fallaron cuando se hablaba de "nueva normalidad". Creo que es más sensata la sinceridad por delante, la explicación real de los hechos y las decisiones y no decir que se toman medidas porque otros países lo hacen. Una vez más, padecemos nuestro propio sistema dependiente de demasiadas variables externas y con muy poca capacidad real de decisión. Lo sorprendente es lo poco que se cuestiona la debilidad estructural y lo poco que se habla de reformas reales para que este tipo de situaciones tengan una repercusión menor. No me refiero solo a la Sanidad, donde se llevan muchos años reclamando, sino en otros sectores, de los laborales a los educativos, pasando por todos los demás. Todo se enfoca como "provisional" y hay miedo a realizar cambios. Pero la vida misma es provisionalidad y cambio. Lo peor de todo es la constatación de nuestra resistencia o incapacidad de evolucionar.

Pese a lo que dice el titular de RTVE.es, los expertos son claros: 

José Martínez Olmos, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, ha asegurado en los micrófonos de RNE que reducir las cuarentenas, desde el punto de vista de la difusión del virus, podría contribuir a un aumento de los contagios, por lo que esta medida no estaría justificada sanitariamente.

“Muchas personas que estando infectadas, incluso estando bien vacunadas, aunque no tengan síntomas, podrían estar contagiando en su entorno, con lo cual desde el punto de vista técnico sería una medida que no contribuye a disminuir la difusión comunitaria del virus. Solo se entiende desde el punto de vista de la mejor gestión de los servicios de salud, de la mejor gestión de las bajas laborales y del funcionamiento de las empresas", ha valorado.* 


Es lo suficientemente claro. Es una medida económica y política. No hay justificación desde el punto de vista sanitario. Que los políticos teman dar explicaciones sobre las decisiones de este tipo es revelador. Han usado a los expertos para justificarse; hoy han llegado al punto en que los expertos no les avalan. Por eso hay poca sinceridad en sus argumentos y solo el que otros países, los del modelo anglosajón, precisamente los más reacios a tomar medidas y a que se cumplan (todo depende del auto cuidado), lo plantean. Nuestro modelo laboral, afortunadamente, tiene poco que ver con el suyo, aunque parece que vamos hacia él.

 


* "Los expertos avalan reducir las cuarentenas pero "solo para circunstancias concretas"" RTVE.es 20/12/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211229/reducir-cuarentenas-solo-circunstancias-concretas/2245406.shtml