Mostrando entradas con la etiqueta 11 de septiembre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 11 de septiembre. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de septiembre de 2021

Un 11 de septiembre distinto

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Si hace 20 años cambió el rumbo del mundo con el atentado a las Torres Gemelas, hoy el rumbo ha cambiado de nuevo con la pandemia que asola el planeta. Los atentados tienen fecha, lo que permite el recordatorio, con las manifestaciones de dolor y los actos en memoria de los muertos de entonces. El COVID-19, por el contrario, tiene una irrupción incierta por su propia naturaleza, pese a los intentos de algunos —infructuosos pasado el tiempo— de ponerle fecha y lugar de surgimiento. No por ello, la pandemia es menos importante, tanto por los millones de muertos repartidos por todo el mundo como por lo que ha sacudido todas sus instancias repercutiendo en la vida de todos los seres humanos del planeta. ya sea por la salud, por la economía, por el transporte o cualquier otra dimensión.

Si el 11-S es un acontecimiento localizado en el tiempo y en el espacio, perfectamente localizados sus orígenes e intenciones, la pandemia muestra los rasgos contrarios. Es un fenómeno de la naturaleza favorecido por el propio movimiento humano que lo ha esparcido por todo el planeta. El 11-S tiene la planificación meticulosa mientras que el coronavirus se dispersa conforme a lo imprevisto de nuestras interacciones en las que se difunde.




Al comienzo de la pandemia comentamos aquí un intento de convertir en terrorismo el contagio: un radical egipcio, asentado en los Estados Unidos, consideraba el coronavirus como un arma de los pobres y recomendaba a todo el que quisiera escucharle a través de internet que si se estaba contagiado corrieran a abrazar y besar a policías, jueces, políticos, etc. para acabar con ellos. Otros fundamentalistas islámicos lo interpretaron como una bendición para que las mujeres llevaran mascarillas y ocultaran sus rostros. Hay antivacunas dogmático-religiosos que lo ven como una prueba de su fe y con ellas les basta; mueren igual que los demás que están si vacunar.



La fecha unificada del 11-S une a los familiares y amigos, a la gente en un dolor que pide celebración para exorcizar los recuerdos. Antena3 y ABC, entre otros, nos proponen el ejercicio de saber si recordamos dónde nos encontrábamos en el momento de los atentados. Yo sí, en un aeropuerto canario, a punto de embarcar. Recuerdo las palabras de alguien frente al monitor de la sala de espera: "Uno es un accidente; dos, un atentado". Lo dijo casi temiendo compartir sus pensamientos con los demás pasajeros. Llegamos a casa y encendimos los televisores.



El 11-S y la pandemia forman un paréntesis, de colores distintos, pero que nos envuelven en su centro. No hay compartimentos en la vida, por más que los libros tengan capítulos, que el lenguaje etiquete las cosas como distintas. Nuestra mirada interpreta y saca consecuencias, clasifica, etc., pero lo cierto es que en la olla del día a día se cuecen todo tipo de ingredientes.

Lo que hoy vivimos es una consecuencia del 11-S, algo que ha determinado nuestras relaciones estos años, tanto internas como exteriores. Se ha vivido, como querían los terroristas, bajo presión; ha causado discusiones internacionales con multitud de agentes implicados. Era la estrategia del caos.

El 11-S dividió el mundo en dos, los que lo veían como terrorismo y los que lo aplaudieron oficial o extraoficialmente. Supuso el ver un enemigo no solo en Estados Unidos, sin en un "difuso Occidente" que pasó a ser objetivo de nuevos grupos terroristas o de lobos solitarios al hilo de la admiración por Al-Qaeda y que surgieron por todo el mundo árabe-musulmán sembrando de muerte sus propios países en muchas ocasiones.

ABC comenta que los talibanes han elegido el día de hoy, 11 de septiembre, para conmemorar su "victoria" sobre Estados Unidos. Las efemérides las carga el diablo y juegan con fuego en esa "victoria" que solo ha consistido en estar ahí y esperar a que se fueran los otros. Celebrar el terrorismo te convierte en terrorista. Es cuestión de tiempo.



La pandemia, por el contrario, nos ha dividido de múltiples maneras; como ricos y pobres, con acceso o sin acceso a la vacunación, vacunados y sin vacunar, pro vacunas y anti vacunas, grupos de poco riesgo y grupos de bajo riesgo, enfermos graves y personas asintomáticas. Hasta las variantes que van surgiendo nos dividen entre afectados por unas y otras.

Sin embargo, esta circunstancia atomizada, dinámica, extensa, cambiante... no debe hacernos perder el carácter unificador como seres humanos capaces de contagiarnos y morir. Las cifras de la pandemia se han convertido en millonarias pero, como se preguntaban el otro día en los medios, ¿nos estamos insensibilizando ante las muertes diarias? ¿Nos contentamos ya solo con no morir? ¿Solo nos afectan ya las muertes que nos llegan directamente, las de las personas que conocemos, las de familiares y amigos, las de personas célebres?

Hoy conmemoramos los atentados de Nueva York, los que hicieron que todos nos convirtiéramos en habitantes de la Gran Manzana. Fue esa solidaridad la que hizo transcender el acontecimiento más allá del terrorismo y cumplir una función de resistencia.

La pandemia, con sus idas y venidas en función de nuestra vida diaria, es un tipo de situación (no acontecimiento) que se nos escapa porque no acabamos de asimilarla más que como excepcionalidad, como algo que nos puede suceder y que en algún momento desaparecerá. Los tiempos de la pandemia son tiempos de espera, como el que sabe que tras la tempestad llegará la calma. Sin embargo, no está claro que esto vaya a ser así y que no se haya producido un salto a una dimensión nueva en todo el planeta.



Si el 11-S, más allá del hecho, del momento, nos ha hecho vivir con la amenaza del terrorismo y con la necesidad de prevención por todo el mundo, la pandemia debería despertar un tipo de conciencia de este tipo. Sin embargo, hasta el momento, no ha sido así. Se sigue pensando en ella como en el chaparrón que pasa después de descargar el agua.

Hoy es 11-S extraño, una rara confluencia de estados. Por un lado el atentado en sí, por otro la salida de Afganistán y la fuerte represión talibán que se está padeciendo allí. Todos sabemos que esto, además de desastre local, tendrá una consecuencia de radicalización en otros lugares. Hay que cambiar la visión actual de la Historia fundada en "qué le puede pasar a Estados Unidos" y desarrollar nuevas perspectivas de las relaciones internacionales asumiendo responsabilidades frente a situaciones que habrá que enfrentar porque son próximas y nos afectarán.

Todo ello se da en un clima en el que la colaboración es más necesaria que nunca para vencer a la pandemia y reparar los estragos que está causando por todo el mundo en todos los niveles. Las cifras de desplazados suben por todo el planeta. No es solo Afganistán; es Centro América, son los millones que huyen de Venezuela, de un África caótica, de muchos otros escenarios en los que la intransigencia, el dogmatismo, la ignorancia, la pobreza escalan puestos destruyendo vidas y cambiando destinos.

No hay cooperación y sí muchos intereses particulares, mucha transigencia interesada con los dictadores. Los gobiernos se enzarzan en discusiones estúpidas incapaces de solucionar los problemas reales ante la indignación de los ciudadanos.

Hay muchas cosas sobre las que pensar hoy, un sábado, 11 de septiembre, veinte años después. No basta con mirar hacia atrás; hay que hacerlo alrededor. El 11-S no es pasado, en el sentido de distante; está presente no solo como recuerdo, sino como parte del presente que llevamos en nuestra mochila histórica y personal. Pesa como recuerdo, como condicionante, como efecto. Dicen que fue cuando realmente comenzó el siglo, que el mundo cambio, etc. Es nuestra forma de expresar la relevancia del acontecimiento sobre el estado actual en donde confluyen muchas otras cosas. Quizá, más allá de los 20 años, este aniversario debe estar cargado de muchas reflexiones, además de recordar el hecho. 

Pasados 20 años, este extraño mundo en el que vivimos hoy me hace verlo como distinto, más intenso y sombrío. Hay una sombra de pesimismo que nos afecta a todos los que tienen conciencia del tiempo y de lo poco que se ha ganado.





sábado, 16 de julio de 2016

La dos cárceles o en el castillo kafkiano

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay días en los que tomar la decisión sobre qué escribir no resulta fácil. Nunca hay días en blanco pero hay días tan oscuros que es difícil decidirse por unos temas u otros. ¿Escribir sobre la paliza dada a la diputada egipcia Zeinab Salem en una comisaría de Nasr City cuando fue a interesarse por la detención de un sobrino? Nos llevaría a la abuso constante de la Policía egipcia en la impunidad y cómo el desconocimiento de a quién estaban golpeando e insultando —una diputada de "Por amor a Egipto", el movimiento de apoyo a El-Sisi— ha hecho salir a la luz el caso, del que dan cuenta Ahram Online y Egypt Independent.
¿Escribir del golpe de estado militar en Turquía? ¿Especular sobre el origen en el desmantelamiento que Erdogan está haciendo del estado laico en beneficio de la islamización progresiva? Una vez purgada la Policía y los jueces, ahora le toca al Ejército. La duda es saber si se trata de un golpe o solo de un globo sonda para marcar la resistencia dentro de la propia estructura militar. Lo sabremos en unas semanas que se esperan llenas de noticias. Erdogan acelerará sus purgas en todos los niveles. Sabe que de esta tiene que salir fortalecido o corre el riesgo de no salir.


Me decido por un tema intermedio que me parece relevante para la constante reescritura de la Historia: la publicación del documento clasificado confirmando la implicación de Arabia Saudí en los atentados del 11-S. El documento lleva fecha de 2002 y sale a la luz, todavía con algunas tachaduras, hoy.* 


Hace algún tiempo que la actitud respecto a Arabia Saudí ha cambiado en los Estados Unidos. Los artículos críticos hacia el Reino han aumentado en frecuencia e intensidad. Ayer mismo citábamos párrafos del extenso reflejo de la vida saudí que nos hacía The Washington Post y las críticas a su inmovilismo y, sobre todo, cinismo, algo que se expresaba desde la negación de que existiera algo así como el wahabismo o la misma consideración de que ellos son musulmanes moderados.
La implicación de dinero saudí en los atentados del 11-S creo que era una verdad aceptada y circulante. El documento de 2002, un año después, daba por cierta la implicación de diplomáticos (incluido el embajador) saudíes y de la Casa Real en el atentado.
La pregunta que surge ahora es cómo se ha mantenido desde entonces la relación con Arabia Saudí, cuál ha sido el nivel de apoyo y confianza que ha tenido por parte de una administración norteamericana responsable de la seguridad de su territorio y también del establecimiento de alianzas y estrategias internacionales para frenar el terrorismo que golpea una y otra vez en casi todo el mundo. La pregunta no es baladí.


La salida a la luz del documento plantea una serie de interrogantes amplios y ramificados sobre el origen ideológico del terrorismo, su financiación y su amparo. La prensa norteamericana, como señalamos, ha estado cuestionando el papel de Arabia Saudí y tenía motivos fundados para hacerlo. Veremos ahora hasta dónde pueden llegar unas investigaciones cuyo resultado debe ser un cambio en las relaciones internacionales que, sin duda, ya ha comenzado a producirse.
El movimiento hacia Irán, el gran rival de Arabia Saudí, ¿puede entenderse como una primera reacción? ¿O se trata de un juego político en el que la amenaza de un Irán nuclear debería hacer rectificar a los saudíes en su propio juego? No sabemos. De todo esto solo hay una realidad: el documento dando por cierto el apoyo oficial saudí en el peor atentado ocurrido en los Estados Unidos y Occidente, con 2.000 muertos, y un giro en la política y en la economía mundiales.
Todo este mundo que vemos está marcado por el giro que supuso el 11-S. Lo que ocurre en Turquía, lo que ocurre en Egipto, en Siria, en Líbano... en Niza... está marcado por aquel día en las Torres Gemelas.


Ayer veía una película en la que un paseo por Nueva York dejaba ver la silueta de las dos Torres, un signo de que ese mundo que veía era distinto, que forma parte del pasado-pasado y no del pasado reciente. Todavía, 15 años después, se produce un escalofrío al ver las Torres, una reacción que nos trae a la imaginación las escenas de pánico, de la gente corriendo entre nubes de polvo.
Lo ocurrido en Niza forma parte de esa nube de polvo que no se acaba de disolver. Forma parte de la temporada terrorista en la que los atentados presentan una unidad a los ojos de quien lo provoca y de quien lo padece. Lo que Bin Laden y demás ideólogos querían conseguir lo consiguieron, lo más difícil: la creación de un referente simbólico universal. El 11-S se abrió una fase del mundo.
Como veíamos ayer y repetimos con frecuencia, este terrorismo no es "político" en el sentido occidental de "política". No son el IRA ni la ETA. Ya se está analizando la personalidad del terrorista que sembró Niza de muerte y dolor: encuentran desajustes personales, pequeños delitos, pero no hay conexión con grupos terroristas, la obsesión constante. Nos dicen que no había llamado la atención de la Seguridad del Estado. ¿Por qué iba a hacerlo, solo tenía problemas personales: un divorcio, deudas...? El gran éxito del Estado Islámico y de los grupos islamistas es dar un sentido reivindicativo, purgativo, a la existencia infeliz mediante la muerte de infieles, de esos "cruzados franceses", que celebraban sus seguidores y admiradores en las redes sociales. Tú vida es una mierda, pero Dios te espera sonriente si le pones fin como mártir llevándote por delante hombres, mujeres y niños; el paraíso es tuyo.


Es la misma historia de frustraciones, de purgas que estamos viendo en esta modalidad del terrorista de "usar y tirar". Y este no se forma en los campos de entrenamiento en Siria, como era el gran temor hace apenas unos meses. Se forma en las noticias, en las emisoras, en las páginas web piadosas que existen en todos los idiomas y que le prometen el Paraíso si acaba con las vidas de los que se oponen a los designios de Dios. Dios lo quiere es el argumento. El acto terrorista comienza como revelación, por asumir el mandato de Dios, su obediencia ciega como acto redentor. Está escrito. Tu vida ya tiene sentido.
Lo que hizo el 11-S fue abrir un campo simbólico, un mapa ampliado de objetivos redirigiendo la muerte hacia los infieles y dándole un sentido religioso más que político. La presión religiosa ha sustituido a cualquier otra ideología. ¿Por qué tratar de adoctrinar a los que ya están adoctrinados? ¿Por qué abrir nuevos caminos cuando solo hay que profundizar en ellos? No hacen falta nuevas teorías, solo teología clásica.


Ayer consultaba una Web —en inglés, español, portugués...— destinada al proselitismo musulmán. Su nombre es The Web of Islam y pertenece a la Cooperative Office for Dawah in Rawdah y es saudí, con diseño en Dubai. El título del artículo principal es, obviamente, "Cómo convertirte al islam y hacerte musulmán o musulmana". Esta es su explicación inicial:

El Islam no es una religión nueva, ya que la “sumisión a la voluntad de Dios”, es decir, el Islam, siempre ha sido la única religión aceptable ante los ojos de Dios. Por esta razón, el Islam es la “religión natural” y es el mismo mensaje eterno revelado a lo largo del tiempo a todos los profetas y mensajeros de Dios. El mensaje principal de todos los profetas siempre ha sido que solo hay Un Único Dios Verdadero y solo Él debe ser adorado. Estos profetas comienzan con Adán e incluyen a Noé, Abraham, Moisés, David, Salomón, Juan el Bautista y Jesús, que la paz sea con todos ellos. Dios dice en el Sagrado Corán:
“No envié en el pasado a ningún Mensajero sin que recibiera la misma revelación que tú: ‘Nada ni nadie merece ser adorado excepto Yo, ¡adórenme solo a Mí!’” (Corán 21:25)
Sin embargo, el verdadero mensaje de estos profetas se perdió o fue corrompido con el tiempo. Incluso los libros revelados más recientes, la Tora y el Evangelio, fueron adulterados, y por ello han perdido su credibilidad para guiar a la gente hacia el camino correcto. Es por esto que, 600 años después de Jesús, Dios revivió el mensaje perdido de los profetas anteriores, enviando al Profeta Muhammad con Su revelación final, el Sagrado Corán, para toda la humanidad. Ya que el Profeta Muhammad fue el último profeta, Dios Mismo ha prometido preservar Sus últimas palabras reveladas, de modo que sean fuente de orientación y guía para toda la humanidad hasta el Día Final. Es imperativo ahora para toda persona creer y seguir este mensaje final de Dios. Dios Todopoderoso dice en el Corán:
“No te envié [¡oh, Muhammad!] sino como anunciador de buenas nuevas y amonestador para todos los seres humanos. Pero la mayoría de la gente lo ignora” (Corán 34:28).
“Quien profese una religión diferente al Islam no le será aceptada, y en la otra vida se contará entre los perdedores” (Corán 3:85).
La palabra “musulmán” significa “aquel que se somete a la voluntad de Dios”, independientemente de su etnia, nacionalidad o cultura. De allí que todo aquel que esté listo para someterse a la voluntad de Dios puede convertirse en musulmán.**


No hay ninguna novedad: solo la descalificación e insulto habituales de todas las demás religiones monoteístas (las demás son paganismo y brujería) acusándolas de ser pervertidoras del mensaje divino y de desobedecer el mandato que obliga a todos los humanos. Todos los seres humanos son naturalmente musulmanes si se les deja escuchar el mensaje y no se les engaña. Es "imperativo" para todos. La discrepancia entre moderados y radicales es si hay que convencerles o eliminar a los resistentes. Cualquier intento de diálogo es traición a Dios, cualquier sentimiento de igualdad con otros es insultar a Dios, etc. Si se pusiera algo así en la web vaticana, sería un escándalo. Aquí es normal; es lo que se dice cada día: el islam es superior y es cuestión de tiempo.
Cuando se dan instrucciones sobre cómo hacerse musulmán, todo son facilidades pues basta con renunciar a todo lo demás, a lo que sobra. Basta con recitar con fe suficiente la Shahada, reconocer que solo hay un Dios y que Mahoma es su profeta. Para ello la Fundación saudí da la siguiente ayuda:

¡Es así de fácil! Para escuchar la Shahada (testimonio), haz clic aquí o en “Ayuda en Vivo” para recibir asistencia inmediata vía chat.
También puedes hacer tu conversión en solitario, por cuenta propia, pero es mucho mejor hacerlo con la ayuda de uno de nuestros consejeros a través del chat en línea, de modo que podamos ayudarte a pronunciarlo correctamente y proporcionarte información importante y consejos preparados especialmente para los nuevos conversos, destinados a ayudarte a comenzar con tu nueva fe.
O bien, podemos llamarte por teléfono para ayudarte con el proceso de conversión. En tal caso, danos por favor tu número telefónico y la hora apropiada para llamarte, a través del formulario Contáctenos.**

Nadie ha hecho mejor uso de las nuevas tecnologías que los grupos radicales, que los fanáticos religiosos de todos los colores, de los bíblicos a los salafistas y wahabíes. Desde el principio han reconvertido las prácticas de captación buscando entre personas sobre todo descontentas, con frustraciones personales. Se trata de convencerles de que lo que les ocurre es culpa del sistema en el que viven (intrínsecamente perverso) y de la vida que llevan en él. Según el uso que se les quiera dar, se les lleva a un punto u otro, pero siempre a una sumisión al intérprete. El contacto, como se aprecia por lo anterior, se busca, el control de la persona que deba buscar apoyo, asesoría, que se le refuerce constantemente en lo que es bueno para su vida. Lo que está al otro lado del teléfono, del chat del cuestionario es la maquinaria wahabí a pleno rendimiento.
La web saudí, por supuesto, recoge testimonios de personas que aceptaron y descubrieron la nueva felicidad en su mundo tormentoso. Entre otros testimonios, es importante difundir los de aquellos que se sientan próximos al modelo o que sencillamente se horroricen ante la situación que viven las personas no musulmanas en el mundo, una situación que difícilmente puede ser considerada "humana". Allí se recoge el testimonio de "Ángel", una chica norteamericana que se ha hecho musulmana. Ella, por supuesto —así se comienza—, siempre creyó en Dios, pero el mundo que le rodeaba la alejaba de Él. Reproduzco el texto de la web:

Al crecer, mi familia era la familia común Americana.  Todos los que yo conocía habían tenido los mismos problemas a lo largo de su crecimiento.  Mi padre era un arduo trabajador alcohólico.  El tiempo pasaba y el iba empeorando, y también su perversión.  Abuso sexual, físico, y el miedo marcaron mi niñez, tanto, que reflejó al resto de la familia.  El murió cuando yo estaba en sexto grado.  Mis padres estaban divorciados en ese entonces.  Era la menor de ocho niños.  Mi madre tenía que trabajar para mantenernos, y yo me quedaba en casa sola por mucho tiempo.
Allí estaba, uno de esos niños alejados de la sociedad, que asustan a las personas cuando entran a algún lugar.  Comencé a utilizar ropa negra y maquillaje negro.  Escuchaba música gótica y fantaseaba acerca de la muerte.  La muerte parecía ser menos peligrosa y más una solución que este problema.  Me sentía sola todo el tiempo, incluso entre amigos.  Traté de llenar el espacio con cigarrillos, alcohol, sexo, drogas y luego cualquier cosa que me alejara de mis propios pensamientos.  Trate de suicidarme al menos quince veces.  Sin importar cuantas veces lo intentara este plan dentro de mí nunca subsistía.
Estaba en la Universidad cuando me embaracé de mi hijo, temía por la salud de mi hijo y no podía imaginarme entregarlo a otra persona.  Trabajé sin descanso para mantenerlo.  Guardando todo el dolor y la angustia en mi Corazón, cambió un poco mi vida.  Pero esta vez, no confiaba en nadie.  Tres años más tarde, me puse de novia nuevamente.  Me comprometí.  Realmente quería algo más.  Como con todas mis experiencias anteriores, mi mundo se vino abajo.  Tenía 25 años y estaba embarazada de mi hija y terminé la relación con mi prometido después de que me engañara repetidamente y abusara físicamente de mí.  No tenía idea que vendría luego.
Durante este tiempo trabajaba para un pakistaní que era musulmán.  Nunca miraba las noticias o me interesaba acera de lo que sucedía.  Ser musulmán para mi no era diferente de las demás religiones.  El tiempo pasó y me hice amiga de muchos hombres musulmanes.  Comencé a notar algo dramáticamente diferente.  Tenían estas morales incuestionables.  Una devoción hacia Dios en una manera tal que le rezaban cinco veces al día.  Dejando de lado el hecho de que no bebían alcohol ni consumían drogas.  Para mi generación, estas eran morales antiguas, que quizás los abuelos las seguían.
Cuando nació mi hija, no se pueden imaginar mi sorpresa cuando uno de estos hombres vino y me trajo regalos.  Estaba shoqueada, él la sostenía en brazos y le hablaba.  Nunca había visto a un hombre comportarse de esta manera con un bebe.  La bondad solo creció con el tiempo en los siguientes cuatro meses.  No puedo expresar el amor que nos tuvieron.  Lentamente creció mi interés en la religión.  Sentía curiosidad acerca de que tipo de religión podía incitar este tipo de bondades y valores en las personas.
Compartía un hogar con siete personas cuando una noche decidí pedir prestada una computadora.  Sentía miedo de ofender a mis amigos preguntándoles, por lo tanto recurrí a Internet.  El primer sitio que abrí fue http://www.islam-brief-guide.org.  Me quedé muda.  Fue como si una ropa negra hubiese caído de mi cuerpo, y juro que nunca me sentí tan cercana a Dios.  En veinticuatro horas tomé mi decisión de pronunciar mi testimonio islámico de fe.**


Este es el "amigo saudí" haciendo una descripción de una "familia común norteamericana". Con amigos así, no hace falta tener enemigos. El caso es tan ridículo que mueve a la risa, pero su función es hacer ver que personas peor que tú han encontrado salida. Pero así funciona la captación. Te muestra que, por difícil que haya sido tu vida, hay alguien que vela por ti. En el chat te lo confirmarán. Te repetirán una y otra vez que te estaban esperando, que cada día se reciben casos como el tuyo y que ahora son felices.
Algunos abren otras webs y acaban como la pareja terrorista perfecta de San Bernardino. Otros descubrirán en otra que Dios les perdona sus desviados deseos matando gais en Orlando o atropellando infieles en Niza. Seguro que la diputada golpeada ayer en la comisaría de Nasr City no encontró gente tan amable; tampoco las niñas acribilladas en Pakistán por asistir a las escuelas, como ocurrió con Malala, o las secuestradas en Nigeria por Boko Haram. 


No todas tienen la suerte de "Ángel", de encontrar varones tan amables, simpáticos y comprensivos ni webs tan solícitas en ayudarla. Los propios saudíes se empiezan a preocupar porque los pakistaníes sean tan amables. La prensa egipcia (fuente Reuters) recoge hoy la connivencia de las autoridades pakistaníes con los talibanes ("Former Afghan spy chief says letters show Pakistan supports militants" Egypt Independent), otro caso parecido al de los amigos saudíes con Al Qaeda. ¡Qué casualidad!


Estos son los amigos de Occidente: Turquía, Arabia Saudí y Pakistán.
Todos los pensadores, especialmente musulmanes (que son los importantes realmente), que ha  proclamado la necesidad de reformar el islam y de dar entrada al laicismo como forma de libertad de conciencia, son sistemáticamente perseguidos y eliminados. Y lo son por las instituciones oficiales o por los piadosos fieles que no pueden consentir que se insulte a Dios y exterminan a sus opositores. 
También son ignorados por los gobiernos occidentales, que ven en ellos críticos de su actitud porque apoyan a gente como los que hacen el doble juego en Arabia Saudí, Pakistán, etc. Han conseguido neutralizarlos dentro y fuera.
El documento que certifica la participación de Arabia Saudí en los atentados del 11 de septiembre de 2001, quince años después, debería hacernos reflexionar sobre objetivos y alianzas, sobre apoyos y contratos. El mundo del islam sigue sin "reformarse", concepto que desde dentro les parece absurdo e insultante, dada la "perfección" del mensaje divino que recibieron junto con la confirmación del error de los demás.


Citábamos el otro día uno de esos libros que van contracorriente, el Islam y violencia, la conversación entre el poeta sirio Adonis y su traductora al francés, la profesora Houria Abdelouahed. Volvemos hoy a hacerlo:

A: La verdad del mundo no está en el mundo, sino en el Texto llamado universal. Y el individuo debe obedecer al Texto y a la comunidad que no acepta ninguna distancia con el texto. A ello añado que el hombre árabe vive en «dos cárceles», según la expresión de Abul Ala al-Maarri: la de la interpretación salafista del texto religioso y la de la disolución de su yo en la Umma, la comunidad.
H: La libertad parece lejana. ¿Cómo acceder a ella? Tengo la impresión de que nos encontramos ante El Castillo de Kafka. (65-66)***

Esta conversación se da entre muros, rodeada de silencio, o de violencia cuando sale a la luz, y proclama la necesidad del cambio. En cambio, son los apóstatas como estos, los que deben ser eliminados, retirada su nacionalidad, avergonzados sus familiares. Los islamistas jalean y animan contra todos aquellos que cuestionen su poder sobre la gente.
Las dos cárceles son las que excluyen cualquier revisión del texto, con cláusula de muerte para quien lo intente: la otra asegura la unidad en la disolución a través de la obediencia. Las dos amenazas tiene la muerte como final. Quien discrepa o se aleja, lo paga con creces con la vida, la soledad o el silencio.
La misma tristeza, la misma desolación, la misma desesperación, la misma frustración que viven Adonis y su interlocutora, las viven cientos de miles de personas cuyo sentido de la vida y la convivencia es otro y ven cerradas las posibilidades de cambio dentro del castillo kafkiano en el que viven, rodeados de los muros de la intolerancia y el dogmatismo, útiles herramientas para el control social.



* The New York Times https://assets.documentcloud.org/documents/2994059/Sept-11-28-Pages.pdf
** "Cómo convertirte al isla y hacerte musulmán o musulmana" The Web of Islam 2014 http://www.islamreligion.com/es/articles/204/como-convertirte-al-islam-y-hacerte-musulman-o-musulmana/

*** "Angel, ex cristiana USA" The Web of Islam 2008 http://www.islamreligion.com/es/articles/53/angel-ex-cristiana-usa/
**** Adonis (conversación con Houria Abdelouahed) (2016): "Violencia e Islam". Ariel, Barcelona.







lunes, 16 de abril de 2012

Alicia nunca estuvo allí

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La Vanguardia recupera una de las historias más fascinantes derivadas del 11-S, la de Alicia Esteve Head*. La terrible fecha dio ejemplos de valor y de sufrimiento, de abnegación y heroísmo. Pero también permitió fabricar una de las más deleznables mentiras de las últimas décadas. Alicia nunca estuvo allí.
Alicia Esteve Head, hija de una conocida familia empresarial barcelonesa, siempre vivió al borde de la fabulación. Se construyó una personalidad ajustada al hilo de sus necesidades psíquicas. Este tipo de personalidades son teatrales, su mundo es un escenario en el que representan el papel de su vida. Cuando la vida que llevan no está a su altura, sencillamente, la elevan transformando cada circunstancia. Alicia trabajó como secretaria, posición que no satisfacía su ego, por lo que tuvo inventarse una vida paralela que transmitía como información a los que estaban junto a ella. Ocultan su vida real y sienten la necesidad constante de taparla con mentiras, por lo que son personas locuaces.

La minusvalía de su brazo, la gran cicatriz que revelaba un accidente, se contaba como un accidente en un Ferrari a 200 kilómetros por hora. No podía ser ni otro coche ni otra velocidad. Según contaba, el brazo le fue seccionado por el impacto y después reimplantado. Por supuesto, ella no estaba sola; su novio era cirujano plástico en Estados Unidos, Y su buen inglés era por haber estudiado en las mejores universidades anglosajonas.
Alicia, transformada en Tania Head, apareció como una víctima. No como una víctima más, algo que no encaja en este tipo de personalidades, sino como una superviviente estrella. Apareció en la red, poco a poco, y fue creando unas expectativas. Alicia, ya Tania Head, salía de los escombros del dolor y encontraba una sociedad dispuesta a escucharla, apoyarla y sacarla de su sufrimiento. El camino estaba preparado:

[…] el 28 de enero del 2004 se hizo presente. Tania apareció físicamente en una de las reuniones fundacionales de la Red de Supervivientes del WTC. "Todos los ojos estaban puestos en ella. Ninguno la había visto, pero todos sabían quién era... Tania se había convertido en una leyenda, era la súper sobreviviente".
Así se explica en The woman who wasn't there o La mujer que no estaba allí (Simon & Schuster). Robin Gaby Fisher y Angelo J. Guglielmo desmenuzan cómo Tania Head alcanzó notoriedad y se encumbró hasta la presidencia de la asociación de supervivientes. Sin haber estado allí el día de la tragedia, mediante una biografía totalmente inventada.*

El libro y un documental tratan de explorar la fabulación de Alicia Esteve Head. Todos los datos recogidos por La Vanguardia, que fue quien desveló quién era realmente, tras destapar la impostura The New York Times, apuntan a que Alicia/Tania ya presentaba los síntomas de la persona que necesita crearse un mundo en el que ser el centro por lo escaso de sus recursos propios. Alicia maquillaba su vida para ajustarla a lo que estaba dispuesta a aceptar de ella. El hecho de que su padre y su hermano se vieran envueltos en un caso famoso de fraude a mediados de los noventa no apunta a componentes “genéticos”, sino a un entorno familiar que es necesario mantener con ficciones y engaños para poder ajustarlo a la propia imagen.
Podemos considerar sus mentiras como una voluntad de engaño o como una respuesta a su entorno desde sus propias necesidades específicas. Podemos pensar que lo hace porque quiere o que no puede dejar de quererlo, lo que nos resulte más satisfactorio como explicación. Quizá se den ambas circunstancias y se haya creado un bucle de retroalimentación del que, una vez puesto en marcha, se hace imposible salir. Y solo queda el descubrimiento, la fractura brutal del sueño y las mentiras.

Con los alcaldes Guliani y Bloomberg

Podemos preguntarnos por qué sintió cuando fue besada por los sucesivos  alcaldes de Nueva York, puesta como un ejemplo para todos; hacerlo por sobre qué sentía cuando explicaba a los demás cómo ocurrieron los hechos en los que nunca había estado; podemos también hacerlo sobre sus sentimientos cuando consolaba y era consolada por los que habían padecido las pérdidas familiares en los atentados. Ella era la superviviente de la zona de impacto, una de las pocas; ella había perdido en la torre sur a su “novio Dave”  cuando ya tenía el traje de novia listo para la ceremonia. Ella era el ejemplo, pero nunca estuvo allí. Todo se fue desmoronando cuando, una vez se comenzó a tirar del hilo, nada casaba. El libro sobre ella lleva en su portada "la verdadera historia de una gran decepción".

Las informaciones sobre quién era realmente en La Vanguardia, en 2007

Hay personas, familias, instituciones, países… que viven sus propias fabulaciones, que mienten por encima de sus posibilidades. Se creen heroicas, superiores a los demás, ricas y tratan de ajustar sus vidas a sus fantasías. El despilfarro es uno de sus síntomas. El realismo, el tratar de verse lo más próximo posible a lo que se es, no es fácil. El cerebro fabrica los delirios de grandeza como forma protectora. Pero los delirios son también trampas de las que no es fácil salir. La forma placentera de la mentira se acaba convirtiendo en dolor y angustia. La realidad es tozuda y acaba rasgando las ropas elegantes para dejar al descubierto el cuerpo de la miseria.
Alicia nunca vivió allí. Ahora es perseguida por el espectro de Tania, el ser fabulado que construyó y dentro del que habitó durante un tiempo. A Alicia le han embargado sus excesos, mentiras, fabulaciones y delirios. 
Alicia somos todos.

* "Un libro narra el engaño de una barcelonesa en el 11-S". La Vanguardia 16/04/2012 http://www.lavanguardia.com/libros/20120416/54284823455/libro-narra-engano-barcelonesa-11s.html

** "La 'impostora' del 11-S es barcelonesa". La Vanguardia 29/09/2007 http://www.lavanguardia.com/internacional/20070929/53397918438/la-impostora-del-11-s-es-barcelonesa.html



domingo, 11 de septiembre de 2011

11 de septiembre

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Para muchos el siglo XXI comenzó el 11 de septiembre de 2001. Pero quizá sea más adecuado pensar que terminó el siglo XX. No es exactamente lo mismo, aunque pudiera parecerlo. El siglo XX ha sido un siglo de grandes locuras porque el mundo se hizo pequeño de golpe, pequeño por el transporte aéreo, pequeño por las armas nucleares, pequeño por las telecomunicaciones, pequeño por el alcance de los medios como la radio y la televisión. Por primera vez, el hombre pudo contemplar la pequeñez y belleza de su mundo desde su satélite y lo vio pequeño.
El siglo XX ha sido el tiempo del encogimiento del mundo y de esa reducción del espacio físico y mental han surgido las grandes fricciones y desencuentros, las grandes agresiones —con armas capaces de destruir el mundo como fondo— y los conflictos de civilizaciones por las rupturas de los muros que habían separado hasta el momento los mundos parciales que habíamos construido en lo que pensábamos un planeta grande.
El siglo XX terminó con un acto en el que se concentraban todos los desajustes que había producido el mundo hasta la fecha: con un choque cultural traducido en la conversión de aviones en bombas humanas, destruyendo el centro financiero internacional, y retransmitido en directo a todo el mundo por la televisión. El 11-S fue el acto total del siglo XX, la performance de todas sus locuras y desajustes.

Diez años después, el mundo es otro y acabamos de asistir —incrédulos, todavía lo tenemos delante— al levantamiento de las poblaciones de muchos países árabes contra sus tiranos camino de una democracia que les haga encontrarse con la Historia. Y lo hacen en nombre de sus propias libertades y deseos de vivir. El camino no ha hecho más que empezar y tienen por delante el encuentro con sus propios fantasmas, con sus propios miedos. Tienen que resolver el cómo restaurar una identidad con la que han jugado sus propios dirigentes manipulándola hasta el extremo para llevarlos a la dependencia dirigiendo sus filias y fobias según los intereses del momento. Los países que iniciaron sus revoluciones descolonizadoras en el siglo XX vieron traicionadas sus expectativas por unos dirigentes que los han llevado, según convenía, del nacionalismo al internacionalismo islámico, de la prohibición de los partidos confesionales al estado teocrático.
A Osama Bin Laden le cupo el dudoso honor de echar el cierre al siglo XX en su forma más cruenta y negativa. La única ventaja es que abrió los ojos a los que no querían seguir por el camino de locura, dejando los extremismos en manos de los extremistas. Los retos son grandes porque la tentación de la violencia sigue prendiendo en muchos lugares. Es manera más fácil de manipular a los pueblos para seguir manteniéndolos en la miseria y a los dictadores en la riqueza.
Para que el siglo XX se cierre definitivamente, es necesario que el mundo deje de ser un inmenso lugar de injusticias. La mentalidad que ha regido nuestro planeta y lo ha contemplado como un gigantesco campo de batalla o como un gigantesco lugar de explotación económica, tiene que cambiar y enfocarse como un espacio de convivencia basado en el respeto y la responsabilidad de todos. Debemos asumir definitivamente que el mundo es pequeño.
En un mundo en el que es inútil construir muros por más que algunos se empeñen, la única solución es apostar por la convivencia y tratar de mantenerla a través de espacios de diálogo en el que se puede evolucionar conjuntamente.


La otra del fanatismo cara del 11-S está, diez años después, en el crimen de Noruega que ha sacudido de nuevo todas las conciencias. El ejemplo de la sociedad noruega, reafirmándose en sus convicciones y deseos de convivencia, debe hacernos reflexionar sobre el negro futuro de un mundo que se base en el odio y el enfrentamiento. Con esas actitudes lo único que se consigue es el desarrollo de identidades asesinas, tal como las calificó Amin Maalouf, deseosas de derramar sangre. Construirse en el odio es, en realidad, destruirse, convertirse en una máquina de matar sin identidad, incontrolada, que nos arrastra al desastre.
Las sociedades tienen la obligación de esmerarse en la construcción un mundo atento a las injusticias y en el que se respeten los derechos. Más allá de la vigilancia, está el deseo de acabar con situaciones que ya ni la historia ni los intereses pueden justificar. La injusticia, en un mundo global, nos compete y nos salpica a todos sin excepción, tanto a los que la ejercen como a los que la consienten. La defensa que las democracias han hecho de los pueblos, mediante apoyo directo o presiones internacionales, de su derecho a buscar la libertad ha sido un gran paso adelante. Muestran que el camino es otro y que el mundo puede ser, incluso en su pequeñez, habitable con buena voluntad. 
En nosotros está abrir las manos o cerrar los puños. El mejor homenaje a los muertos es dedicarles la paz.

El Memorial del vuelo 93 en el lugar donde se estrelló