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miércoles, 20 de mayo de 2026

Ni un día sin titulares

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Como te distraigas unos segundos, te lo pierdes. Va a por la cena y cuando regresas te encuentras otra batalla mediática montada, legal o real o una mezcla de todas ellas en un crescendo que en apenas segundos nos lleva a la cúspide. La noticia de ayer fue la de otro culebrón con la corrupción. Te das la vuelta y ¡zas! Los titulares han cambiado, los rostros han vuelto, lo que creías de una manera es de otra y se inicia un debate nacional que, con la Liga ya resuelta, mantiene nuestra orquesta en marcha.

Sí, José Luis Rodríguez Zapatero, el expresidente, el que ha sobrevivido a Venezuela, el que acompaña a los poderosos actuales en las fotos, "Zapatero" para los medios y audiencias en un recorte de tres cuartas partes de su nombre, estaba ahora en titulares y se iniciaba otra campaña nacional de debates, otro desfile de alfombra roja en juzgados.

Hay por medio "hijas", "empresas de hijas", "compañía aérea recatada con dinero público", "registro de despachos", "descargas de teléfonos", etc. todo lo que un buen guion de corrupciones debe tener para poner en marcha a las audiencias, por las que pasa todo.

El ejemplo de su puesta en marcha nos lo recogen en RTVE.es con la entrevista de David Broncano a Mercedes Milá, que iba por allí a hablar de su programa y consideró que la mejor forma de calentar era meterse en el "jardín" de Rodríguez Zapatero. Nos cuentan:

Mercedes Milá vuelve a RTVE, donde dio sus primeros pasos, a sus 75 años y con un programa nuevo, Me meto en un jardín. Y en su visita a La Revuelta fue fiel al título de su nuevo proyecto, defendiendo firmemente la inocencia del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, posicionándose sobre el problema del acceso a la vivienda y confesando con qué actor le gustaría tener “un empotramiento”.*

Experta en dar la nota, especialista en rebeldía programada, Milá decidió que ·el medio es el mensaje" y que hablar del ex presidente en boca de todos bien merecía la suya ante las audiencia en un perfecto "gazpacho" informativo: política, sexo y vivienda. Un poco más adelante se nos dice:

Fan del programa y de todo el equipo, Mercedes Milá quiso preguntar a David Broncano si existía censura por parte de RTVE en La Revuelta. Tras explicarle el presentador que “RTVE siempre nos ha dejado hacer lo que queramos”, la invitada aprovechó para pedirle que se mojase sobre “el montaje de Zapatero”. Una imputación sobre la que Mercedes Milá ha “leído todo, y no me creo ni una línea. Conozco a Zapatero y es un tipo de primera categoría”, aseguraba la invitada, que considera la acusación “retorcida” y manifestó que “la justicia en España es un desastre”. En su opinión, “José Luis Rodríguez Zapatero, para mí, es completamente inocente. Se verá con el paso de los días”, subrayaba. Además, expresó que, si tuviera “un programa en directo, habría salido a defender a mi presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Lo van a masacrar, no pararán hasta que lo saquen de donde está”.*

Algunos dirán que Milá estaba en su papel de estrella respondona, que aprovechó la disputa del día, como era su obligación mediática, y no les falta razón. Milá hizo de Milá, una de las múltiples madres de la situación mediática actual. En su aparición ya ha criticado a la Justicia, ha exonerado a Rodríguez Zapatero convirtiéndolo en víctima de oscuras maquinaciones. Ha estado en su papel.

Pues sí, toca "Zapatero" para rato. De nuevo el país se divide; se divide la Justicia —desastre para Milá, conspiración—, se dividen los medios, se dividen las audiencias y los votantes. Aquí no espera nadie. Ya tienen todos veredictos, ya han puesto el pulgar en la posición adecuada. No hay que esperar al siguiente escándalo, a la siguiente campaña no sea que nos despistemos y se nos pase información sobre el caso, que promete. Tiene de todo: familia, rescates, pandemias... ¿quién da más?

Cuando Milá empiece su show ya habrá calentado motores y todos estarán pendientes de lo que diga y haga. De eso se trataba. Promete batallas cruentas en cada sesión, convertirse en protectora de la verdad y, por supuesto, de "su presidente del gobierno, al que van a masacrar".

Ya se ha manifestado contra la "censura", que es una promesa de sinceridad plena en su nuevo programa, marcando las distancias con otros. Todos los medios se han hecho eco de Milá y, en segundo término, de Rodríguez Zapatero. De eso se trataba. 

 

* Carlos Villanueva (La Revuelta) "Mercedes Milá se "mete en un jardín" con la imputación de Zapatero: "No me creo nada, para mí es inocente" | La Revuelta" RTVE.es 19/05/2026 https://www.rtve.es/play/noticias/20260519/revuelta-broncano-mercedes-mila-invitada-directo-programa-completo-19-mayo/17075869.shtml

viernes, 13 de enero de 2023

Explotar las redes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

"Explotar las redes". Esa es la expresión que se repite en los medios. No, no es ningún descubrimiento importante, como signos de vida extraterrestre, algo relacionado con nuestro "eslabón perdido" o algo sobre qué había antes del Big Bang; tampoco es sobre nuevas curas de enfermedades imposibles o, peor, que en España los políticos han dejado de pelearse. No. Se trata de que Shakira ha sacado una canción —en un telediario de ayer el presentador nos insistía en que escucháramos la letra con atención— en la que lanza "dardos" a su ex, un futbolista que se acaba de retirar y sobre el que existen algunas dudas económicas y organizativas, según nos han ido contando en estos últimos tiempos. Sí, todo esto, nos dicen los titulares, ha hecho "explotar las redes".

La expresión es una metáfora de algo que se me acaba de escapar por la ambigüedad que toda metáfora tiene al salirse de la enunciación directa. Pero, como ya nos advirtió, Nietzsche, fabricamos metáforas y se nos olvida que lo son. En realidad es lo que ocurre, las redes explotan y son explotadas. Son el negocio del siglo XXI. Cada vez que "explota una red", la red es explotada y alguien se beneficia de ello. En este caso, por ejemplo, la canción se convierte en beneficioso espectáculo de la condenada por evasión de impuestos. Esperemos que al menos Hacienda —que somos todos los españoles— se beneficie de este escandaloso —hay un perfume que se llama Scandal!— drama privado para multitudes al que se le ha puesto letra y música. Afortunadamente, esperemos, que al ex no le dé por cantar y que solo se le den bien los negocios y las patadas a los balones, terrenos en los que cometía alguna que otra falta.

Explotan las redes, sí, y a algunos la cabeza, pues te vas impacientando viendo noticia tras noticia del evento incendiario, que no llega la información sobre lo que ocurre en Brasil, la corrupción en el Parlamento Europeo e incluso el caso "¿qué pasa con Harry?", que combina ambos terrenos, una vez muerta la reina que, afortunadamente, no llegó a leer el otro caso que hace explotar las redes con pingües beneficios. No sé cómo hemos podido vivir sin saber que a Harry le pegaba su hermano mayor, algo que pasa en todas las familias, pero no con el mismo sentido, claro.

Confieso que la primera vez que me colaron la letra de Shakira en un telediario no entendía nada de esa letra mientras trataba de encontrar el mando y largarme a la programación infantil, que es la única que solo tiene personajes reales y no como nuestros informativos, llenos de muñecos y ficciones.

Copiándose unos a otros en su sangrienta competición por las audiencias y las redes, que son dos caras en distintas monedas, los informativos se degradan. Dejan cada vez más sitio a todos estas ficciones parlantes cuya trascendencia es nula con la excepción de sus cuentas bancarias. Pero da igual. Mientras haya "explosiones" hay "vida informativa", late el corazón de las pantallas, las de los televisores, los ordenadores y teléfonos. Y late con ritmo, con letras tontas, con indirectas directísimas que se lanzan moviendo frenéticamente las caderas.

Los medios hacen caso a las redes (están que echan chispas, que explotan, que arden, nos dicen en socorridas metáforas incendiarias) y las redes hacen caso a los medios difundiendo sus clips, retuiteando sus palabras, cargándolos de "likes" hasta rebosar.

Hemos creado una fauna específica para ser consumida a través de las redes. Los medios tradicionales (la TV, la prensa, la radio...) se han fusionado en un espacio multimediático, uno donde cabe todo, donde es más barato reproducir que producir, donde el éxito no es lo original sino la repetición inagotable, recurrente.

A nadie le preocupa los efectos mentales de todo esto... mientras dé beneficios. Tenemos parejas que se pelean y se reconcilian en dudosas historias con mediocres guionistas. ¿Es verdadera —se preguntan— su ruptura? Pero la "verdad" y lo "verdadero" ya no es lo que era antes. Aquello tan solemne de las películas de "levante la mano derecha: jura usted..." hoy no se hace sobre una Biblia, sino sobre un teléfono que lo retransmite.

Hemos tenido que crear en los propios medios formas de verificación de las noticias por la abundancia de falsas noticias, las famosas "fakes". ¿Pero qué pasa con esas otras "no noticias" multitudinarias, las que hacen "explotar las redes"? Todavía no se ha encontrado un antídoto. Tampoco se ha buscado.

La vida puede ser un buen guion o un mal guion. Decía Edgar Morin, en ese libro de memorias que ha sacado a sus cien años, que la vida es imprevisible, que está llena de azar de la cuna a la tumba. Es la confirmación de que lo que aparece cada vez más en los medios no es la "vida", sino un simulacro, como señalaba Edgar Morin. 

Hemos dejado de preguntarnos por la esencia y solo nos importa la apariencia, lo que puede ser deglutido y vomitado como en una bien organizada orgía romana. Sí, el mundo de la información está siendo consumido por el del espectáculo formando un híbrido de difícil frontera, sin posible muro trumpista que lo detenga (¡y que lo paguen ellos!), sin test ni PCR, donde saltan la valla cada día todos estos personajes y personajillos cuya esencia determina el público que explota y es explotado. ¿Qué hay más allá de las apariencias? La nada, la oscuridad, es decir, el anonimato, la plebe que mira un teléfono en el metro, en el autobús; mientras pasea a los niños, que baja las escaleras mecánicas con su smartphone, que se pasa de estación en un despiste; en parejas que ya no se miran a los ojos sino que miran sus pantallas, seres de pulgares degastados y ojos irritados.

El problema es que todo esto educa y mal educa. Se ha convertido en una generación crecida en un agujero que se traga todo y lo devuelve convertido en colorines, dramas y pitorreo. Son tonterías elevadas a la máxima categoría, la de un titular al inicio de un telediario en la hora de máxima audiencia. 

Pero la celebridad estelar es dura y requiere un intenso trabajo, ya que puedes ser desplazado por alguien con letras de canciones con doble sentido, una nariz nueva o un embarazo inesperado seguido de un parto feliz. Estos seres viven y sufren delante de la pantalla, que no es el espejo del alma, sino aquello que da sentido a su guion y a su cuenta corriente, si hay suerte. Es el mundo que prefiere el "mundanal ruido", que escribía el poeta; un mundo al que el silencio agobia, deprime y destruye. ¡Vade retro!

Entre todo esto, asfixiados por el olor —que afortunadamente las cámaras todavía no captan— quedan algunos buenos periodistas que ven cómo se recorta su tiempo, el de su reportajes, el de su análisis, para poder meter más canción que haga explotar las redes. Mi admiración y condolencias para ellos. Sé lo que sufren.

Ya no se da la información que necesitan, sino la que quieren, un cambio que afecta en forma de descenso hacia la trivialidad. Antes los buenos profesionales, los medios con profesionalidad, era capaces de seleccionar qué era lo básico que un lector o un espectador debía saber para estar eso que se llamaba "bien informado". Hoy eso se ha perdido y la información importante se esconde detrás de cosas triviales, sin trascendencia alguna o, peor, de cosas triviales que se han vuelto transcendentales para millones de personas.

Veo con intensa emoción como Tamara F. se va a casar en el mismo castillo que sirve de escenario a una serie de televisión que se estrena y se presume exitosa. Es la búsqueda del refuerzo, el escándalo o la gloria de unos sirve de alimento a los otros y viceversa. ¡Qué mayor fusión de fantasía y pseudo realidad que compartir en tu mente recalentada los episodios de la serie mientras derramas lagrimitas sentidas por la boda! ¡Qué mayor emoción que acordarte de la boda cuando veas la serie!

A la intensa emoción de la canción polémica cuya letra no nos podemos perder, se le suma ahora la polémica si es un plagio o no. ¡Plagio en esta época seriada, multiplicada, traducida! ¿Hay algo auténtico? ¿Estaba en el guion o no? Si es plagio, le han dado nueva vida al plagiado, pues seremos arrastrados para resolver si lo es no no? Así este esta nueva vida que explota en todas las dimensiones de la palabra, de explosiva a explotadora.


¡Cuánta razón tenía MacLuhan cuando nos percibía como pueblerinos en la "aldea global"! Paletos globales dispuestos a exclamar ¡cuánta agua! ante la vista del mar informativo. Robinson y Viernes chateando cada uno desde su rinconcito en la isla en mitad de la nada. ¡Y la nave va!

 

miércoles, 18 de mayo de 2022

Los papiros de Bárcenas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé si los políticos españoles tienen una perspectiva real de la propia política española. Quizá viven dentro de un universo cerrado al que los demás accedemos como el que va de visita a un acuario y se pasea por entre pirañas y tiburones.

Uno de los fenómenos de mayor distorsión es la duración de los "casos". Cualquier cosa negativa para un partido se estira en el tiempo, ya sea por la insistencia y fijación de los rivales o por la aparición en forma de goteo de "novedades".

Cualquier político recién llegado se encuentra con la herencia dejada por sus predecesores o con la aparición de novedades, como ocurre ahora con los nuevos "audios" que afectan al caso de los "papeles de Bárcenas" y que debería, por el paso del tiempo, llamarse "los papiros de Bárcenas", ya que la ironía es la única fórmula para sobrevivir a esta falta de jubilación en la política. Los políticos se van, pero regresan en forma de audios, vídeos o fotografía para solaz de los medios y los rivales.

A esto hay que añadir la lentitud de la Justicia española y la reapertura de casos cerrados, si se tercia, debido a la aparición de nuevos datos y documentos. Ayer consideraban en una tertulia televisiva que era "altamente improbable" que se reabriera la causa contra María Dolores de Cospedal por los nuevos diálogos sacados a la luz que muestran que sí tenía algo que ver donde antes se aseguraba que no tenía nada que ver.

¿Nos asombramos de lo de Pegasus? La política española, en todos los niveles, lleva utilizando esto de los "audios" sin rasgarse las vestiduras. Muy mala escuela esta del espionaje.

En el diario El País se han apuntado al culebrón del espía y llevan a su primera página digital lo siguiente:

Guía para no perderse en los audios de la corrupción

J. A. R.|Madrid

Quiénes eran, qué hicieron y dónde están ahora las personas grabadas por el comisario jubilado mientras le pedían favores.

No sé si es ironía o si han decidido con toda naturalidad apuntarse a este rollo de las escuchas convirtiéndose en pieza final de la salida de las cloacas de este personaje, ese señor que se oculta tras una cartera y se llama Villarejo. Pero todo por una buena filtración, una buena escucha que caliente el ya caliente y fétido panorama político español.

No seré yo el que diga que no se debe llegar al final de todo, pero esto es algo más: es una guerra programada paso a paso que está distorsionando nuestra vida política, necesitada de una amplia regeneración, sí, pero también de un cambio de estilo que vaya hacia algo que podamos llamar, con mejor fortuna, "nueva normalidad" política.

Cada promoción política deja a sus continuadores su legado de escándalos que se recicla sin saber muy bien cuál es su contenedor. Pero el hecho es que adquieren nueva vida aprovechándose casi al ciento por ciento. ¡Ni el vidrio!

Da igual que llegues inmaculado y lleno de buenas ideas. En tu primera rueda de prensa te preguntarás por personas que no conociste de las que acaba de salir un audio, un video o una foto comprometedora. Inmediatamente todos los opositores políticos pondrán en marcha a sus gabinetes y estrategas para estudiar cómo pueden rentabilizar en viejo escándalo.

En otros países (aquí también se ha hecho) han tirado a la basura los viejos nombres y estructuras, creando nuevas formaciones y alianzas para tratar de borrar las responsabilidades anteriores, las pertenencias a grupos. Es como la estrategia del calamar emborronando a los que le siguen. Con los partidos pequeños es más fácil y pasan a tener un pasado sin imagen definida. Pero para los partidos con nombre estable, no es fácil desprenderse de caras y hechos escandalosos. Les persiguen como sabuesos.

Lo de la "Guía" del quién es quién lanzada por El País no deja de ser un eficaz golpe de efecto. Los medios tienen ya sus especialistas en estos culebrones políticos. Me imagino que, según la tendencia del medio, se van especializando en sus alcantarillas particulares, filtrando escuchas de unos y no de otros, segmentando el mercado y dando a su público lo que les piden.

Puede que todo esto venda algo, que se le saque algún provecho político. Lo malo es que vuelve a liberar a los políticos de detener ideas positivas para el gobierno. El 90% de los mensajes políticos se dedican a crucificar al rival. No hace falta para esto tener ideas o ser brillante. Basta con un poco de descaro e ingenio, con levantar una ceja o cualquier otro gesto. Después, lo que han hecho o hicieron uno o varios se lanza contra el ventilador y se extiende a todos. Todos son hijos del mismo escándalo y los pecados pasan de padres a hijos, de madres a hijas o como ustedes prefieran.

Esto de los escándalos dura demasiado, es monótono, repetitivo. No conseguimos levantar cabeza de los errores cometidos porque da igual que las personas se cambien. Los partidos son la esencia, lo que no cambia, en esta curiosa genética. ¡Investiguen, sí, pero acaben de una vez con las mismas historias una y otra vez, de los EREs a los "papeles"! ¡Cambien el disco! Pasemos página en tantas cosas atascadas que nos impiden las grandes y necesarias preguntas sobre el futuro, lo que queremos, lo que se puede ofrecer. 

El estudio del CIS que comentamos hace unos días daba unas cifras apabullantes sobre la necesidad de acuerdos y no esto. ¿Por qué se mantiene entonces? La explicación la daba un experto hace unos días, cuando llegan las elecciones saben tocar la fibra sensible, el corazoncito, el "¡Santiago y cierra España!" particular de cada uno. Entonces, un porcentaje vota para que otros no ganen, otros porque lo han hecho siempre. Pero, por mucha bandera que se agite, mucho canto que se entone..., queda un sabor agridulce cuando se pasan los efectos de la euforia programada.

viernes, 18 de febrero de 2022

Y ahora esto

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No nos habíamos recuperado de la votación de la Ley de Reforma Laboral y ahora esto. ¿Han perdido los políticos el sentido de la realidad? ¿Viven en un mundo paralelo en donde solo se ven ellos mismos e ignoran al resto? Puede ser. Algunos levantarán la mano y dirán que no son "los políticos", sino "unos políticos", un partido. Y, en efecto, así es. Pero para el ciudadano de a pie, esto es un peldaño más en la subida lamentable hacia los picos del hartazgo, del aburrimiento, de la indignación.

El Problema tras el problema no es quién va a caer, que nos puede ser indiferente, sino que le va a sacar provecho a esto. Puede que algunos se lamenten con la boca chica esperando poder conseguir rédito electoral. Pero no he visto poner el dedo en la herida futura: el máximo beneficiario de una ruptura dramática y polémica del Partido Popular es el populista Vox. Son estos partidos, como ha ocurrido en otras ocasiones, los que recogen los restos de las explosiones.

¿Recuerdan lo que decíamos ayer del efecto mariposa?

A menos de una semana que el PP se plantara ante Vox, con la curiosa excepción de la señora Díaz Ayuso, que decía que lo importante era pactar y mantener el poder, tras lo ocurrido en las elecciones de Castilla-León, ocurre esto. ¿Casualidad? Seguro que sí, pero las casualidades también se fabrican cuando el cántaro va demasiado a la fuente o llueve sobre mojado, por utilizar deliberadamente dos tópicos a mano.

Poco importa quien tenga razón a los efectos de futuro, porque más allá de las personas y su honorabilidad (que es también importante), el daño está hecho en el sentido en el que los partidos son sensibles. Nadie se atreve a comentar cuántos votos le va a costar esto al Partido Popular y cómo se van a repartir entre los que se abstengan hartos, los que se radicalicen o los que se centren dando un poco de oxígeno a Ciudadanos, que serían las tres respuestas más lógicas.

No deja de ser una ironía profunda que el mismo PP que marcó su distancia con Vox y que trató de hundir a Ciudadanos para ser, como los antibióticos, de "amplio espectro", se vea sangrado en algo que le recordarán los demás cada vez que tengan ocasión en el futuro próximo. Con elecciones de todo tipo y en todos los plazos en una especie de parchís político, cualquier candidato de lo que quede del PP tendrá que recibir algo más que entrenamiento antes y tratamiento después de cada elección.

El sistema político fragmentado hará que los más feroces sean los próximos. Lo harán no solo para distanciarse, como ya vemos ejemplos, sino para tratar de recoger las cuantiosas migajas que van a quedar tras este enfrentamiento explosivo y nuclear que se ha producido, pero que parece ser llevaba tiempo agitándose. Finalmente, el taponazo achampanado salió con fuerza y ruidoso, saltando el ojo de algunos.

Hace mucho que los partidos políticos se han llenado de personas con un sentido perverso, retorcido de la política. Los partidos se han convertido en maquinarías con procesos selectivos perversos, en donde triunfan ciertos perfiles que suben por los laterales hasta llegar a la cumbre. Por el camino quedan muchas servidumbres, muchos enemigos, muchas puñaladas, muchas deudas de quienes nos ayudan a subir mediante alianzas. Elementos internos, pero también externos. Medios y empresas acuden a estas conexiones oscuras que promocionan, apoyan, financian... y después esperan recoger lo que han sembrado en forma de favores.

Durante un tiempo los escándalos se daban en los ayuntamientos, especialmente porque eran los que tenían en su poder el suelo, algo que creo escándalos inmobiliarios, recalificaciones de terrenos, etc. Una sentencia reciente obliga a derribar una urbanización de súper lujo edificada en terrenos protegidos, lo que supondrá un gasto millonario de indemnizaciones para la administración. ¿Quién autorizó aquello? Han sido años de lucha por parte de las organizaciones sociales que han tratado de defender lo que se supone que debían proteger las administraciones públicas.

La debilidad política y el oportunismo van de la mano. No dudo que haya gente que acude a la política con vocación de servicio, una vieja expresión que hoy cuesta, da cierto pudor, utilizar.

Lo ocurrido en Castilla-León con el auge de los partidos localistas y que comentamos ya el otro día es una consecuencia de este tipo de casos. Los ciudadanos, sencillamente, han dejado de confiar en los políticos. Siguen cayendo en sus redes, pero el tiempo del desengaño se produce cada vez de forma más precipitada.

Los partidos han dejado de hacer lo que antes hacían: dar voz a la militancia desde los comités de los barrios hasta los congresos nacionales, elaborando sus ponencias que se discutían públicamente. Todo el proceso en donde los representantes se iban eligiendo en cada parte del proceso, del barrio a los congresos nacionales, han desaparecido. Son ahora tropas que respaldan a una facción que lucha por hacerse con el poder, los autonómicos contra los municipales, los nacionales contra los autonómicos y viceversa.

Han sustituido esto con un control férreo y un sentido publicístico de sus declaraciones en busca de notoriedad. La aplicación de las teorías comunicativas especializadas quieren líderes mediáticos rodeados de equipos de comunicación que buscan, con más o menos depuradas técnicas y abundante presupuesto, asegurar el ascenso de sus jefes. Es así como empezó Díaz Ayuso y de ahí siguió escalando hasta llegar a la cima autonómica.

A los beneficiarios de este escándalo los hemos visto también en esas mismas elecciones autonómicas castellano-leonesas y en otros casos previos. Del desastre democrático se beneficia el populismo radical y antidemocrático. Pero no hay mayor perversión democrática que la indecencia, la falta de honestidad, el beneficio a costa de los ciudadanos. 

Solo son días buenos para los que esperan debilitar el sistema democrático y sus instituciones y así seguir subiendo. Para el resto, queda un ambiguo sentimiento entre vergüenza e indignación. No comentan el error de creer que esto es bueno para alguien más allá de los que recogerán los restos centrifugados por el escándalo.


martes, 1 de febrero de 2022

Más que travieso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A veces la Historia te da la oportunidad de decidir con qué pie entras en ella. En el caso de Boris Johnson, la Historia le ofrece elegir en su salida. Pero Johnson es reacio a usar cualquiera de ambas extremidades, más para mal que para bien. Imitando a su amigo Donald Trump, se resiste y se resiste a salir del 10 de Downing Street, lo que forzará a la Historia, trasformada en electorado, en usar sus propias piernas para propinar una exquisita patada en el trasero de Boris lanzándolo a la zona ridícula del recuerdo.

Sí, lo de Boris Johnson está cantado para todos menos para él. Todas las buenas formas que aprendió en su elegante infancia de niño rico, de poco le sirven cuando pide disculpas en el Parlamento a no se sabe quién.

Los titulares de la prensa británica que nos enseñan las televisiones hablan de históricas caídas de la popularidad. En términos políticos, "popularidad" se debe entender como "negativo", porque lo que ocurre es que está en boca de todos. Recordemos ese vídeo viral de la niña británica abriendo asombrada sus ojos diciendo que el primero ministro hizo fiestas durante el confinamiento" que puede representar el estado de la actual opinión pública. Lo malo de la situación de Boris Johnson es que la única defensa que le queda es la estupidez, es decir, usar como excusa principal que "no sabía" o "había entendido mal" sus propias normas. El todavía primer ministro alterna sus "logros" con el desconocimiento, en una especie de Jeckyll y Hyde en donde el primero habría hecho "cosas buenas", como el Brexit o la gestión de la pandemia, y solo una equivocación involuntaria, las decenas de fiestas, que él pensaba que eran de trabajo —y luego no lo eran— y cuya imposibilidad de realizarse desconocía —pese a ser su gobierno que dictaba las normas—.


La Vanguardia publica un irónico artículo firmado por Rafael Ramos desde Londres. En su comienzo señala: 

En ese lenguaje griego clásico que Boris Johnson aprendió en Eton y Oxford y utiliza para deslumbrar a los admiradores e intimidar a los enemigos, ayer, tras la publicación de una versión de bolsillo del informe de Sue Gray sobre las fiestas en Downing Street, hubo en Westminster mucho pathos (empleo de recursos para emocionar al espectador) y mucho hubris (ego desmesurado, omnipotencia) y nada de catarsis (purificación, transformación interior).

Una versión tan de bolsillo del informe, tan editada y censurada a instancias de Scotland Yard y para alivio de Johnson, que las quinientas páginas han quedado reducidas a doce, no aparece ningún nombre y las trescientas fotografías y centenares de correos electrónicos brillan por su ausencia, tachados en negro, como en los documentos top secret de los servicios de inteligencia para preservar la identidad de los informantes y agentes secretos.*

 El artículo describe la pésima situación de Johnson colocando en los párrafos siguientes diversos términos griegos que le sirven a su autor para mantener una crítica de fondo mostrando lo que Johnson ha sido, un niño rico educado para la gloria y la diversión, pensando en que las normas del pueblo no iban con él, miembro de esa clase superior británica, como son los que pasan por esas instituciones reservadas a los privilegiados.

La cuestión que se debate con Johnson es precisamente la de los interiores de la política, su autenticidad, y la relación que las autoridades mantienen con los ciudadanos. La revelación de estar en manos de un hipócrita, de un primer ministro que dirige un grupo de personas que se consideran por encima del bien y del mal, incumpliendo las normas que ellos dictan, es dura para un país. Le hubieran perdonado antes un desfalco.

Recordemos que el mandato de Johnson ha estado salpicado de este tipo de incidentes. Han sido casos en los que miembros del gobierno o de su equipo han incumplido las normas que exigían a los demás (desplazamientos, reuniones, etc.).

El retrato que sale de Johnson, tras estos casos, se debe buscar en esa educación planificada por parte iguales para el poder y para la superioridad. Rafael Ramos habla en su artículo de "niño consentido", algo que describe bien la percepción que se tiene de Johnson. Él había cultivado la imagen de travieso, pero las travesuras, esta vez, han excedido lo que se espera de un primer ministro. Y es ahí donde radica el problema, en la incapacidad del propio Johnson de asumir lo que es ser "primer ministro", no querer dejar de ser Boris.

Su "defensa" es inútil porque no era más que su obligación ante la ciudadanía hacerlo lo mejor posible, como cualquier otro dirigente. Precisamente por lo estúpido de lo realizado—en términos deportivos, un "error no forzado"—, el caso muestra que Johnson no estaba a la altura del cargo, no ha acabado de entenderlo.

Las encuestas dicen hoy que perdería por ocho puntos. Es cuestión de tiempo que los que todavía le apoyan dejen de hacerlo. 


* Rafael Ramos "El informe sobre las fiestas condena la falta de liderazgo y el juicio de Johnson" La Vanguardia 1/02/2022 https://www.lavanguardia.com/internacional/20220201/8025015/informe-sobre-fiestas-condena-falta-liderazgo-juicio-johnson.html

sábado, 15 de enero de 2022

El ciudadano Andrés y el juerguista Boris

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


¡La que está cayendo en el Reino Unido! Lo que pueda "caer" en un país como Reino Unido se puede dividir en dos tipos que se deben  diferenciar con claridad: lo que les cae a todos, como el Brexit, fruto de sus decisiones encadenadas y sus expectativas de futuro, sometida a riesgo; y, por otro lado, lo que se suelen llamar "tormentas políticas" cuyo rayos caen, en este caso, sobre el (¿ex?) príncipe Andrés por libertino y sobre Boris Johnson y su capillita por juerguistas incontrolables, poco dados a compartir el dolor de Su Majestad en momento difíciles.

Lo del ciudadano Andrés ha sido un mazazo para un año especialmente difícil de la Reina, que enviudó y vio como uno de sus nietos les hacía una despedida a la francesa renunciado al boato oficial, casándose con quien le dio la gana y marchándose a la ex colonia a vivir del presente, los libros, programas y exclusivas, todo un futuro por delante.

No deja de ser motivo de reflexión cómo las personas que lo tienen todo, como los miembros de la realeza inglesa, que podrían pasarse la vida posando para las portadas de las revistas y saludando con la mano desde coches, escaleras y ventanillas de avión y entradas y salidas de los acontecimientos, etc. se complican ellos mismos la vida. El gusto por lo prohibido, el placer de lo pecaminoso, etc. suele ser un poderoso atractivo para los que reciben el poder y no saben hacer con él nada constructivo. La Reina ha sido fulminante y no le ha temblado la mano al darse cuenta que el hecho de que Andrés quedar cubierto por "la póliza" no deja de hacerle culpable. Andrés se ha hundido él solo, primero cometiendo el delito y después reconociendo el hecho indirectamente sus abogados, que pueden salvarle de la cárcel con una indemnización, pero no salvarle de la ira de la Reina ni del desprecio de sus "súbditos".

A Andrés le han sido retirados los honores militares. Lo cierto es que esos "honores" eran por haber pilotado un helicóptero durante la "gloriosa guerra de las Malvinas", uno de esos acontecimientos que se saltarán en los programas de historia militar británica para avanzar en el programa. Lo cierto es que parece que en su vida, digna de ser descrita por autores como James o mejor Waugh, lo más interesante le debe haber pasado en la zona peligrosa e ilícita que finalmente le saltó a la cara.


En esta tesitura, Boris Johnson, el todavía primer ministro, ha pedido disculpas a la Reina. Lo ha tenido que hacer unas veces a la Reina y otras a los británicos en su conjunto. El 10  de Downing Street convertido en un Shangri-La, exclusivo y juerguista, se merece la atención de los comediantes británicos, incluidos los de tipo Spitting Image si es que todavía se hacen, dado que con políticos como Trump o Johnson es difícil establecer las diferencias entre la realidad y su parodia.

La cuestión está en que falta muy poquito para que las inmisericordes tropas parlamentarias conservadoras arrojen a Johnson por la ventana para evitar ser arrastrados por su aburrida impopularidad creciente. Johnson ya ha tenido su poquito de locura como primer ministro y es hora que deje que los británicos aspiren a un dirigente tremendamente aburrido, como lo fue Theresa May, a la que Johnson apuñaló por la espalda. Quizá hay que ir pensando en esta alternancia en el poder no como bipartidista sino chistoso-serio. Cuando la gente se acaba del chiste de unos se pueda tener un recambio serio que permita seguir la vida política hasta que aparezca el siguiente chistoso. La política cambia y los políticos con ella. ¿O son ellos los que cambian la política? Probablemente ambas cosas, a veces los bueyes se dedican a empujar el carro.

Los problemas de Reino Unido son grandes y, sin embargo, las primeras páginas están dedicadas a la realeza y al gobierno más que a los problemas reales de la gente, que necesitarían mayor atención y dedicación. ¿Crisis? Evidentemente, pero dos crisis causadas por la estupidez de ambos.


Dicen que lo de Johnson es debido a una "venganza" de alguno de sus antiguos colaboradores, que filtró informaciones. Eso no le quita nada y confirma que quienes llegan a la política tienen principios o cosas que se les parecen muy diversos.

Lo del ciudadano Andrés lo ha solucionado la Reina de un plumazo; lo de Boris tiene otro tipo de consecuencias. Puede que Boris caiga, pero la duda está en qué más arrastrará en su caída escandalosa. No ha sido él solo, es cierto, pero ha sido su equipo y en su casa, lo que le hace no solo responsable sino le presenta como un idiota cada vez que dice que no "sabía" o que había creído que era una "reunión de trabajo" a la que se le pedía a todo el mundo que "llevara su propia botella", algo que, aunque fuera por seguridad, suena fatal.

Lo que los británicos no necesitan ahora es una imagen de la clase política insolidaria, distante, privilegiada, que es lo que han mostrado con su comportamiento. Lo de Andrés ha quedado en manos de la Reina, como jefa de la casa real, y ha sido contundente. La Reina es reina antes que madre, que es lo que significa tener que borrar de un plumazo al hijo que hace daño a la familia. Johnson, por su parte, ha insultado a la Reina con su comportamiento, con sus juergas en periodo de confinamiento de duelo oficial en palacio y en la sociedad. Puede que Boris y los suyos no lo estuvieran, pero debían aparentarlo y respetarlo porque iba con su sueldo. La Reina lleva por dentro sus opiniones en este caso, pero los demás políticos y el pueblo mismo exhiben su indignación ante lo que consideran una falta de respeto a la corona y al pueblo.

Ahora nos alimentamos con eso que llaman "índices de popularidad", los de Johnson ya estaban por los suelos y ahora habrá que rastrearlos con satélites.

Más allá de lo anecdótico de estas historias está lo que señalábamos hace unos días: la idea de impunidad de los poderosos. Unos lo tienen por nacimiento, otros lo consiguen buscando el respaldo popular. Pero lo importante es lo que se hace con él, su uso más que su abuso. Si Boris tiene que dimitir, las líneas en los libros de historia están claras; lo de Andrés es más sencillo, pasara como un borrón que fue eliminado de la página.

Los británicos tienen la compensación de la fuerza de la Reina, que llevará la irritada procesión por dentro. Ha mandado un mensaje contundente —la prensa habla de "humillación"— para evitar el deterioro de la institución. Pero cuando la Reina falte... A Boris los suyos le han mandado también mensajes contundentes, "¡lideras o te vas!", que es un mensaje tardío para la situación actual.



jueves, 18 de abril de 2019

El disparo lejano, el sonido próximo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El suicidio de Alan García, con la Policía en la puerta de su casa, da titulares a una realidad mundial: la corrupción política. Algunos de esos titulares: "De Lula a Alan García: los tentáculos del escándalo Odebrecht" (El Mundo 18/04/2019), "El caso Odebrecht, un macroescándalo de corrupción que salpica a cuatro expresidentes peruanos" (20 Minutos 17/04/2019), "El Caso Odebrecht y su ruta de sangre" (El Comercio, Perú 17/04/2019)... Las informaciones recuerdan que en 2016, las instituciones que investigaban dieron un listado de 12 países, de América a Oriente Medio, en los que los manejos de la constructora y su entramado de empresas habían conseguido negocios mediante sobornos y otras prácticas.
La información televisiva hacía especial hincapié en el Perú, con cuatro expresidente encarcelados por corrupción, además de alguna figura opositora, como Keiko Fujimori, a la que también se llevó por delante. El caso de Perú es especialmente sangrante porque tiene a su cúpula de décadas, personajes que accedieron al poder con la bandera de luchar contra la corrupción y que ahora se ven entre rejas.


Odebrecht no es más que un punto en algo que se ha extendido como una enfermedad política y social por todo el mundo. Los mayores esfuerzos de muchos países se dedican a combatir la corrupción o, al menos eso se dice. Tenemos una corrupción como "hecho", como situación medible, y una corrupción como "excusa" discursiva que se introduce en el centro del mensaje político a sabiendas de que prende en unas sensibilizadas sociedades, hartas de aguantar escándalos. La corrupción es la "nueva normalidad" ya sea como hecho o como discurso.
El abanico de propuestas corruptas es infinito pues depende de la imaginación, siempre en marcha, de los corruptos y de los que desean ser corrompidos, que tampoco son pocos. Hacen falta dos para el tango y esto es ya más bien una flashmob universal.
No hay país que se libre de la corrupción, que normalmente tiende a ser embolsarse el dinero público o recibir el privado para que otros se hagan con el público. Los hay, perfeccionistas, que son capaces de acciones combinadas, en las que el fin es siempre enriquecerse o favorecer a unos que no se lo merecen. Los principios son muy básicos, la casuística infinita.


En Egipto, por ejemplo, encarcelaron al Auditor General porque le puso cifra a la corrupción. Era tan escandalosa la cifra de lo que costaba la rapiña al pueblo egipcio, que el régimen escogió la solución más rápida: encarcelar al denunciante para que no se asustara el pueblo. El asunto lo tratamos en su momento y todavía colea políticamente.
Lo enormemente preocupante es que estando de capa caída las ideologías, solo una parece llamar a la política: la promoción para llegar a un puesto que te permita el enriquecimiento. La falta de preparación de muchos nuevos políticos hace ver que es el ejercicio del poder de decisión dentro de las administraciones lo que realmente buscan.
¡Benditos los países en los que los políticos salen con las cuentas bancarias tal como entraron! Incluidas las cuentas nuevas en paraísos fiscales. ¡Hay que ver cuánto dan de sí los sueldos públicos!

Hubo un tiempo en que se decía que era mejor que fueran los ricos los que accedieran a la política porque así no tenían la tentación de enriquecerse. Pero Trump se ha cargado el argumento. Hoy los políticos ya no son como antes. Son la punta de conglomerados de intereses que apuestan por ellos y los llevan en volandas y a golpe de talonario hasta los puestos en que podrán devolver lo invertido mediante favores.
Como discurso, la corrupción es el más rentable. El ejemplo de España es muy elocuente. Los partidos políticos han sido incapaces de resolver el tema de la corrupción que ha ido invadiéndolos a todos, desde los ayuntamientos a los ministerios, con especial incidencia en los gobiernos autonómicos, mucho más asequibles para nuestras voraces criaturas en busca de dinero público. Las Autonomías son el blanco perfecto, el camino intermedio, que conecta arriba y abajo, macrocosmos y microcosmos, ministerios y ayuntamientos. Los políticos allí suelen ser discretos y saben montar sus tinglados. Todos se conocen y es más fácil saber los negocios de cada uno por la zona, incluidos los familiares.
El mapa político caótico que ahora tenemos y que Europa, nos dicen, teme tras las elecciones, es el resultado de no haber sabido para la corrupción, de haber sido incapaces de generar un discurso común y unas acciones decididas, claras. El aprovechamiento de la rentabilidad de los casos de corrupción ha hecho que algunos sospechen de su aparición en momentos clave. Desconozco si es cierto y mi limito a transmitir la queja, pero creo que no es más que una excusa para encubrir los fallos en la vigilancia de los propios partidos. Todo esto, aderezado con unos juicios eternos, casi con temporadas, como las series, convierte la corrupción en un arma para unos y otros, que en vez de poner los medios para que no se produzcan, rezan por que las haga el contrario.


La llamada "nueva política" nos ha traído nuevas malas maneras, por si no tuviéramos bastantes con las que había. Basta escuchar por todas las esquinas del espectro político para darse cuenta de ello.
Esto se venía advirtiendo, a todos les interesa agitar el árbol pero parece que a ninguno le interesa que caigan las nueces, aceitunas, dátiles o lo que toque según la zona. El resultado lo pagamos todos, por un lado, y el sistema, por otro. Padecen nuestros bolsillos, que se ven esquilmados, pero padecemos moralmente al vivir en un espacio nauseabundo en el que se hace difícil respirar y no sonrojarse.
¿Qué ocurre en todas partes? ¿Y qué? Eso no es más que una absurda e indecente excusa. El ejemplo de Perú es dramático. La muerte de Alan García el de las consecuencias trágicas para una persona, dos veces en la presidencia, una en la cárcel, refugiado en una embajada y ahora muerto por un tiro en la cabeza, con la Policía llamando a la puerta de su casa para llevarlo de nuevo ante los jueces.
Lo peor de todo es que esta imagen que se da de la política, de los políticos, de las administraciones, de los gobiernos, etc. tienen un efecto de alejamiento de las personas honradas, que no sienten la atracción de la política, donde son necesarias; y, como contrapartida, la atracción de los sinvergüenzas, que ve el campo abonado y se sientan a esperar a que les lleguen las ofertas por teléfono o en el despacho amueblado para recibir a estos corruptores.
De la corrupción no solo viven los corruptos, sino los agitadores, a lo que les interesa sembrar el descontento y la desconfianza, los dos grandes enemigos internos de la democracia. La democracia es ejemplar, debe serlo. Se basa en la confianza, en las promesas. Hoy mentir es un acto a la carta, resultado de investigaciones, y engañar casi un mérito en el currículo para ascender en los partidos, primeros responsables de no filtrar a los sinvergüenzas y, por el contrario, promocionarlos hasta la cima.. Hay más empeño en el vestuario que en los principios, o como señala el dicho chino, los que se preocupan más por el sombrero que por la cabeza.
El disparo de Alán García resuena en todos los países como un eco lejano, como el destello de un relámpago en el horizonte. Da igual que el gatillo se haya apretado lejos; el sonido lo hemos oído muy cercano. Ningún país se puede refugiar en la distancia. Está aquí.