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domingo, 8 de febrero de 2026

De los despidos en The Washington Post a los medios egipcios

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es nos dan amplia información sobre una crisis periodística, la de The Washington Post, toda una institución dentro del periodismo norteamericano y también mundial. Recordemos que el caso "Watergate", que acabó derribando la presidencia de Richard Nixon en el periodo 1972-1974, se gestó desde las investigaciones de los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein, pertenecientes a la plantilla de The Washington Post.

Pero mucho ha cambiado el papel y la forma de verse a sí misma de la Prensa. El triunfo final de las tesis instrumentalistas, por llamarlas así, aleja a los medios de la otra posibilidad: estar al servicio de la ciudadanía, una labor de vigilancia y explicación que asegure que los ciudadanos tienen una información objetiva y capaz de orientar sus decisiones.



Pero en un mundo que lleva a la presidencia al rey de las "fake news", que considera "antiamericanas" las críticas, etc., es difícil sobrevivir, por lo que se invierten los resultados y los medios son más poderosos en la medida en que se acercan al poder y concebidos como empresas cuya única obligación es conseguir beneficios. Lo que tengan que hacer para conseguirlos comienza a importar poco.

El artículo analiza los entramados de motivos por los que The Washington Post se deshace de una parte importante de su plantilla. Aunque es la dimisión de su director ejecutivo lo que llega a los titulares, el centro está en otro lugar:


El director financiero del periódico, Jeff D’Onofrio, será el editor y director ejecutivo interino. Se incorporó al Post en junio tras pasar por Google, Yahoo y otras empresas. En un mensaje al personal, señaló que los datos de los lectores guiarán las decisiones estratégicas del diario.

Los sindicatos del Post celebraron la salida de Lewis, afirmando que era necesaria y acusándole de haber intentado destruir una institución periodística histórica. Exigieron a Jeff Bezos, propietario del periódico desde 2013, que revierta los despidos o venda el diario a alguien dispuesto a invertir en su futuro. Bezos calificó el relevo en la dirección como una oportunidad extraordinaria para el periódico.

La marcha de Lewis se produce pocos días después de que el Post recortara aproximadamente un tercio de su plantilla, afectando a todos los departamentos. Fue criticado por no estar presente durante los despidos, que el exdirector ejecutivo Marty Baron describió como uno de los días más oscuros en la historia del periódico.*



Ya hay dos mensajes claros en el primer párrafo citado. Uno es la experiencia del recién incorporado a la dirección, Google y Yahoo, es decir las grandes empresas tecnológicas, las redes sociales, algo que no es precisamente el perfil para un periódico salvo que se valore su experiencia en ellas como lo que necesita un periódico. La otra es la idea perversa de que serán los lectores los que marquen la "dirección". Esta perversión informativa es la que permite manipular la información con la excusa del gusto o atracción. Por definición, el lector debe ser informado de lo que no sabe y es de su incumbencia. Las redes sociales parten del principio contrario: dan al lector o usuario lo que desea. Entendemos entonces que es la manipulación del deseo lo que prima. Te dan lo que quieres y las técnicas de manipulación te acercan o alejan, según los casos, de aquello que interesa a los nuevos medios con un enfoque basado en burbujas informativas y en atracciones triviales. Lo podemos ver con claridad en muchos medios nacionales e internacionales, que son capaces de inundarnos con informaciones intranscendentes, con personajillos elevado a la fama por las más increíbles trivialidades; son medios en los que los pasatiempos ascienden en la jerarquía informativa de la página, donde se crean crecientes secciones de mascotas mientras decrecen otras trascendentales para nuestra vida ciudadana.

El respaldo de las grandes tecnológicas al trumpismo es por la coincidencia estratégica que margina de las páginas todo aquello que se aleje de los intereses de los grandes grupos del llamado "capitalismo informativo".

En el mismo texto se nos explican los resultados de los despidos (llamados con el término eufemístico de "ajustes"):

 

La repercusión más crítica de este ajuste se ha centrado en los corresponsales que cubren conflictos bélicos y crisis internacionales. La periodista Lizzie Johnson, quien se encontraba en Ucrania de corresponsal, hizo público su despido a través de la plataforma de X: "Me acaban de despedir del Washington Post en plena guerra. No tengo palabras. Estoy devastada".

Según otros testimonios publicados en esta red social, el cese de Johnson no es un caso aislado. La jefa de la sede de El Cairo, Claire Parker, aseguró que había sido despedida junto con toda la plantilla de corresponsales en Oriente Medio por razones que no comprende: "Es difícil entender la lógica". También el corresponsal en Siria, Kareem Fahim, sentenció su salida tras años de cobertura de riesgo: "Un último viaje a Siria para el Washington Post que terminó con un despido".* 

Quizá no sea tan difícil comprender esa "lógica" en los despidos. Se trata de dejar fuera a los norteamericanos de dos centros informativos esenciales y en los que el trumpismo tiene especial interés en ejercer el control.

No es necesario siquiera que se realicen acciones informativas específicas, basta con hacer desaparecer los conflictos. El silencio, la invisibilidad, siempre han sido los mejores aliados de aquellos que tienen el poder y la voluntad de hacerse con el control de la sociedad. Los norteamericanos tienen desde ahora lo que supone ese recorte de corresponsales en zonas calientes, zonas en las que se ven envueltos directamente.

50 aniversario de Watergate en TWP

Esto no es la primera vez que ocurre. Este blog comenzó con la Primavera Árabe, especialmente en Egipto, donde tenía amigos y compañeros y existía una amplia prensa independiente en ingles. A través de ella se podía uno informar de lo que estaba ocurriendo críticamente; podías acceder a la situación y pensar sobre ello. La dictadura de Abdel Fattah al-Sisi lo cambio todo. No solo se dejó de ejercer la crítica (que pasó a considerarse como "anti egipcia", por lo que denunciar situaciones te podía llevar a la cárcel. Pronto los periódicos críticos fueron adquiridos por los empresarios poderosos y ofrecidos como "regalo", limpios de críticas, al presidente. Los efectos no se hicieron esperar: los medios solo ponderaban los "éxitos" de Egipto y salía hacia el extranjero ofreciendo una imagen limpia, centrada sobre todo en la atracción del turismo. Como resultado es muy difícil saber qué pasa realmente en Egipto tras esa cortina de felicidad aparente.

Sin información solo es posible el distanciamiento. A veces son informaciones que hay que leer entre líneas o recurrir a fuentes directas de otros medios extranjeros, sí como esos corresponsales despedidos de Egipto y Oriente Medio. Despidiendo a sus corresponsales en la zona The Washington Post contribuye al silencio y manipula nuestra percepción de la zona.

Escribir críticamente sobre Egipto, algo que inicialmente mis amigos egipcios valoraban positivamente, pronto se convirtió en un "problema" para ellos que veían complicaciones en nuestra amistad. Dejaron de luchar por un Egipto más justo y se adaptaron al Egipto de castas y dinero, empezaron a mirar para otro lado.

Amnistía Internacional  3/05/2020

The Washington Post mira también hacia otro lado con el despido de sus corresponsales de esas dos zonas. ¿Qué sentido tiene abandonarlas? Por mucho que se nos hable de ajustes, viabilidad, etc. la realidad es que los medios sobreviven por su calidad informativa entendida como una conexión con los problemas reales. Lo demás es negocio y claudicación.

El ejemplo de Egipto no tiene más intención que avisar sobre un desastre político que ya conocemos: el aumento de un populismo mezcla de fanatismo y trivialidad. Esto es lo que teorizan unos y practican otros para hacerse con el control político, económico y social.

Tenemos cada vez más unas sociedades bombardeadas por los medios y redes, pero con un desconocimiento creciente de lo que pasa a nuestra alrededor; es la perfección de la manipulación. Más información, menos conocimiento.

Muchas redacciones se sublevan ante estas perspectivas. La respuesta son los despidos renombrados como "ajustes" necesarios y una forma de poner el medio al "servicio" de los ciudadanos. Nada más falso. 

 

* "Dimite el director ejecutivo del Washington Post tras centenares de despidos" RTVE.es(Agencias 8/02/2025 https://www.rtve.es/noticias/20260208/dimite-director-ejecutivo-del-washington-post-tras-centenares-despidos/16928480.shtml

sábado, 28 de agosto de 2021

Caer del cielo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Las víctimas mortales del doble atentado de Kabul ascienden ya a 160 muertos más los heridos. Los terroristas suicidas deben haber sido recibido con gran alegría en el otro mundo; lograron su objetivo.

La mayoría de las veces los muertos no tienen historia; se esconde tras la frialdad numérica de la cifras, que se van actualizando como si fueran índices de precios o cualquier otro dato.

De las imágenes que hemos visto, las más impactantes inicialmente fueron las de los cuerpos cayendo desde el cielo al soltarse de los trenes de aterrizaje a los que algunos se habían aferrado para no se sabe muy bien qué hacer, aunque su intención era clara: salir de allí, huir de los talibanes. La acción era irreflexiva, quizá guiada por la primera euforia de haber conseguido entrar y agarrarse a los trenes de aterrizaje. Sabemos de cadáveres congelados encontrados dentro de la carcasa de los trenes de aterrizaje en gente que huye de sus países para intentar entrar en otros de la forma que sea.

The Washington Post le ha puesto rostro e historia a una de esas pequeñas figuras, apenas unas manchas en el cielo, captadas en su caída por los teléfonos móviles de los que, a falta de libertad, recogían el testimonio del desastre que se producía ante sus ojos. Hay muchas imágenes de caos y desesperación en el Kabul tomado por los talibanes en una de las peores operaciones que se han visto en décadas.



La historia es la de Fada Mohammad, de cómo salió de su casa sin que supieran dónde iba y cómo cayó sobre una casa a varios kilómetros de Kabul. The Washington Post ha titulado el artículo "The story of an Afghan man who fell from the sky" y los firman Gerry Shih, Niha Masih y Dan Lamothe:

 

As the Taliban encircled Kabul on Aug. 15, Fada Mohammad told his family about what he’d seen on Facebook: Canada and the United States were airlifting anyone who wanted to leave out of the Kabul airport.

But if Fada wanted to go himself, recalled his father, Payanda Mohammad, he didn’t mention it.

The young dentist never reached either country. The next day, he didn’t make it beyond a rooftop four miles from Kabul airport, where his body was found after he plunged from a U.S. military plane as it took off — one of the most tragic and indelible images in the final chapter of the U.S. campaign in Afghanistan.

In the 10 days since then, many details of the chaotic events at Hamid Karzai International Airport remain unknown. Fragments of videos taken by bystanders, which quickly went viral on social media, showed glimpses of an extraordinary scene as hundreds of Afghan civilians swarmed the Air Force cargo transport on the tarmac in a desperate attempt to get on board.

In one video, at least a dozen people were on top of landing gear hatches as the aircraft accelerated down the runway. In another, two bodies fell from the plane as it climbed skyward.

Yet another smartphone clip showed the aftermath: at least four motionless bodies on the airport tarmac, randomly spaced along the length of the runway. A promising teenage soccer player was among those who died. So was Fada.

The Air Force said a C-17 crew decided to “depart the airfield as quickly as possible” that day because of the deteriorating security situation. U.S. officials later found crushed human remains inside the wheel well. The Air Force has pledged a thorough investigation to “prevent a situation like this from happening again.”

In Kabul, residents are grappling with questions of their own.

Wali Salek, who has lived 20 years in Kabul’s Panjsad Family neighborhood, wonders how misfortune could strike from the sky, sending two bodies, including Fada’s, crashing onto his cracked roof like “an explosion” going off.

 

Es imposible ponerse en la situación de alguien que vuela esas millas desde el aeropuerto hasta caer sobre el tejado de una casa, ver el mundo desde esa altura que el avión llevaba. Y caer.

Pero sí podemos ponernos en la posición de espectadores, ya sea horrorizados o indiferentes. Las cadenas nos advierten que van a mostrarse imágenes molestas, que pueden herir nuestra sensibilidad, como suele decirse. Nos advierten para no mirar, para no ver las consecuencias reales de lo que ocurre en una realidad demasiado dura para hacérsenos real. Pero el hecho de no mirar, como avestruces, no evita que las cosas ocurran y que ocurran como ocurren. Los que tuvieron que retirar los restos de las personas que quedaron atrapadas en el tren de aterrizaje del avión saben que no siempre se tiene ese recurso de dejar de mirar, reservado a privilegiados

Hay un detalle al inicio de la historia. Fada ha oído que todos los que lleguen al aeropuerto podrán salir hacia Estados Unidos y Canadá. Creo que es relevante porque Fada fue a su muerte engañado. ¿Se trataba de crear un caos en el aeropuerto? Sin duda. Los talibanes sabían lo que ocurriría y su "inteligencia" puedo perfectamente colapsar la retirada mediante el recurso de asegurar que cualquiera que llegara podría subirse al avión de salida. Serían así las fuerzas en retirada las que tendrían que rechazar a los afganos desesperados que no estaban en lista alguna. La estrategia del caos es la más barata, bastan unos cuantos twits, un par de mensajes en las redes sociales para crear el caos en una situación de desesperación.



En el artículo, se da paso a la palabra del padre de Fada. Era el mayor de sus diez hijos el que había muerto. Toda la vida fue, como primogénito, en el que se invirtió: se le pagó una universidad para que se hiciera dentista, se pidieron préstamos para que pudiera montar una clínica con un socio al terminar, más préstamos para organizar su boda. Y ahora Fada había sido encontrado sobre el tejado de una casa a más de diez kilómetros de Kabul. La vida es absurda:

 

In the city’s outskirts, Fada’s father wonders why his eldest son went to the airport that morning without telling him. He asks why the pilot lacked “humanity” and decided to take off even as people hung on.

“If somebody is clinging onto the plane, does the pilot have the right to fly? Is this lawful?” Payanda said Tuesday. “It was like killing a mosquito that you do not even consider human.”*

 

Su pregunta sobre la "licitud" del despegue no deja de ser un intento de dar sentido al absurdo responsabilizando al piloto. Pero el piloto no tiene mucho que ver con lo ocurrido. Ya tiene bastante en la vida con ver las imágenes de la gente cayendo desde el avión que pilotaba, estampados contra el suelo de la pista. La historia de Fada, si llega hasta él, pondrá cara e historia a su imaginado dolor.

El artículo se mueve por las opiniones de pilotos expertos tratando de explicar que los que pilotaban en ese momento no podían ver a los que estaban enganchados al tren de aterrizaje y que si se hubieran detenido el caos habría sido mayor y los efectos peores. Pero eso siempre es especulación.

Nos dicen que Fada había crecido en un Afganistán y que sus deseos de mejora le hacían soñar con salir del país. Formarse, como en tantos otros países de miseria, es la puerta de salida, el camino a un empleo mejor que lo que tu propio país te puede dar. No es solamente en Afganistán donde esto ocurre. Lo explica su primo, con el que compartía los sueños de huida que no compartía con su padre y hermanos, que lo veían como una inversión, como una forma de mejora del grupo familiar.



Hay en todo este desastre un sentimiento —lo veíamos aquí ayer— de conexión con el 11 de septiembre, con Vietnam, con los destres  que han marcado la vida norteamericana desde el comienzo del siglo y que les llevó a Afganistán en 2001. Las asociaciones son inevitables para muchos:

 

The final days “may create more panic, uncertainty and more tragic images at Kabul airport,” said Gohel, who compared the airport videos to the photos of people falling to their deaths after jumping from the burning World Trade Center towers on Sept. 11, 2001 — the terrorist attacks that triggered the U.S. war in Afghanistan.

Each of the people touched by Fada’s death remains deeply shaken.

Salek says he understood anxieties were running high in Kabul. Many shops in Mandawi market were closed. Women had largely disappeared from the streets.

“Of course people need to flee,” he said. “But as a doctor, someone educated, [Fada] should have some logic, to know better than cling onto a plane.”

Mohammad has a different view. His son must have known the danger, he says, but believed the aircraft would never take off in that situation and that he would then have had a chance to negotiate a passage to the United States.

“We all have a sense of humanity, so [the pilots] knew better than to take off,” he said angrily. Instead, they “created an image that dehumanized the Afghan people.”

Fada’s cousin is still struggling to explain his loss.

“His time was over,” Basir has decided. “It was written in his destiny.”*

 

Entre el odio a los pilotos, que pronto crecerá hacia los occidentales y el destino escrito hay poco margen. Fada tiene nueve hermanos que crecerán en un Afganistán distinto, indudablemente con menos probabilidades que las que el joven caído tuvo. La pobreza y el odio son mala combinación allí donde se dan. Los islamistas son especialista en la manipulación del odio y del resentimiento. Es la forma en que manipulan para crear sus brazos ejecutores. Pronto alguien irá cada día a recordar al padre de Fada cómo murió su hijo, a manos de quién lo hizo y de la falta de "humanidad" de los occidentales, para quienes su falta de religión les impide actuar como deben. ¿Qué se puede esperare de ellos?

Da igual que se cumpla en su familia, lo harán en las de otros. Como ocurrió en zonas de Oriente medio abandonadas a sus suerte, la seducción se irá imponiendo para poder salir de la vida pobre, sin sentido y darle uno precisamente a través del sacrifico, de la inmolación. No es casual que los mecanismos de captación se dieran en personas sin demasiado futuro. La familia de Fada ha perdido sus esperanzas y ahora solo le queda el odio y recibir las condolencias. El primo Basir, en cambio, es fatalista. "Se le había terminado su tiempo", señala. Fue su destino; estaba escrito. Nada de lo que ocurre no lo está.

Pero ahora, al margen del destino, la historia de Fada Mohammad está también escrita, esta vez en las páginas reales y virtuales de The Washington Post. Sus lectores las verán como destino, como crueldad, como inoperancia, como caos, como desesperación. Cada uno sacará sus consecuencias sobre ese joven que cayó del cielo huyendo del infierno. Vivió, como el país, en una ilusión que la realidad ha puesto trágicamente en su sitio. Se le había terminado el tiempo.

 


*  Gerry Shih, Niha Masih y Dan Lamothe  "The story of an Afghan man who fell from the sky" The Washington Post 27/08/2021 https://www.washingtonpost.com/world/2021/08/26/story-an-afghan-man-who-fell-sky/

domingo, 24 de mayo de 2020

El maestrillo egipcio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Leer la prensa egipcia es un ejercicio muchas veces complicado. Un país de cien millones de habitantes construido sobre una idea monolítica del estado salvador, pero con un estado que es más retórico que eficaz. Al convertir en "verdad oficial" su propia narrativa, la exaltación se vuelve una pasmosa circularidad en donde solo cabe felicitarse por los éxitos no alcanzados, pero pregonados.
En el momento de estallido de la pandemia del COVID-16 Egipto estaba en una crisis doble, por un lado la económica, con la depreciación de la libra, que redujo a menos de la mitad los ahorros en un país en el que una mayoría vive al día; la segunda crisis no proclamada pero real es la de la seguridad, una amenaza constante y cuya negación no anula. La fe en el "amigo americano", prácticamente el financiador del Ejército egipcio, se ha complicado cuando al-Sisi empezó a jugar a triple banda, con la Rusia de Putin y China, que es quien le está haciendo la nueva capital y financiando para mantener la ruta sur del proyecto chino de rehacer una economía euroasiática incorporando parte de África. De poco le sirve a al-Sisi presumir de ser el primero que felicitó a Trump por su elección cuando Estados Unidos ven que ellos ponen el dinero y el resultado se lo llevan otros. Tampoco, es cierto, la política de Trump para Oriente Medio y el llamado "acuerdo del siglo", que no ha llegado más que a enunciarse, o el apoyo al cambio de la capitalidad en Israel a Jerusalén ha ayudado mucho, la verdad sea dicha.


La pandemia ha herido a Egipto en los tres aspectos básicos de su economía: 1) ha hundido el turismo; 2) ha hundido el precio del petróleo; y 3) ha reducido dramáticamente el tráfico mundial de mercancías, reduciendo los ingresos del Canal de Suez. Son sus tres principales activos, en los que además se habían volcado ingresos y expectativas.
La pérdida de credibilidad del régimen egipcio —ganada a golpe de silencios, cierres masivos de medios y encarcelamientos de periodistas independientes— hace que las informaciones que surgen sean tomadas con pinzas ya que muchas son mera propaganda o versiones adaptadas a los intereses gubernamentales.
Todo esto es comúnmente aceptado. El episodio de ataques al epidemiólogo canadiense —aquí lo tratamos— que se atrevió a publicar un artículo (como se publicaron cientos) sobre las estimaciones de cómo podía evolucionar el número de contagiados en Egipto partiendo de los datos existentes es un episodio de cómo, dentro y fuera, el gobierno egipcio vive de la "reputación". Las cartas firmadas en pocas horas contra el académico, dirigidas a sus jefes en la Universidad, denunciando y exigiendo medidas disciplinarias contra él por "difamar a Egipto" muestran las malas maneras gubernamentales, la necesidad de mantener una imagen de firmeza ante los egipcios y... la inutilidad de todo ello. El episodio recuerda los ataques a la cantante Sherine cuando gastó la broma en un concierto de que "no bebería el agua del Nilo" (alusión a una canción patriótica), lo que le llevó a sanciones por parte del Sindicato de Artistas y ataques por parte de muchos ciudadanos que se rasgaron las vestiduras ante tamaño insulto a la patria. ¡El agua se bebe, aunque sea metafóricamente, por muchos parásitos que pueda tener! El ejemplo es muy representativo de lo que es la propaganda y cómo sanciona a los que van en su contra, máxime con el control prácticamente absoluto de los medios, muchos de los cuales no pueden verse dentro de Egipto.


Estos episodios de intentos de control de su imagen exterior siguen ofreciendo ejemplos que dejan en ridículo al gobierno esencialmente. Los intentos de controlar exteriormente la imagen son brindis al sol, especialmente destinados a hacer creer a los egipcios que el gobierno es la verdad y que el mundo está equivocado. En efecto, este es el principio básico de la excepcionalidad del poder egipcio, no se equivoca nunca. Por algo en Egipto se inventó el "monoteísmo", con el faraón como intermediario.
En el diario Egypt Today encontramos de nuevo las mismas pretensiones de decir a la gente cómo debe escribir, pensar y de qué debe informar. Con ello, el régimen egipcio vuelve a quedar en evidencia. Esta vez el caso va contra The Washington Post, cuyas informaciones  no gustan. La primera carta está dirigida al responsable de la corresponsalía en El Cairo:

CAIRO – 24 May 2020: The chairman of State Information Service (SIS) Dia Rashwan met Saturday with the Cairo Bureau Chief for “The Washington Post” newspaper, Sudarsan Raghavan, to brief the latter on professional misconduct and misinformation carried out by the newspaper’s latest reports on Egypt.
Rashwan criticized the newspaper’s dependency on anonymous sources for information without resorting to direct and transparent sources, adding that the newspaper gave biased reports that neglect balance and transparency.
Rashwan handed Raghavan two letters, one sent the Washington Post’s editor in chief, Martin Baron, which includes all the professional violations carried out by the newspaper’s Cairo’s team.
Rashwan’s letter to Raghvan read as the following:

“May 23, 2020
Dear Mr. Sudarsan Raghavan,
Cairo Bureau Chief for “The Washington Post” newspaper

Kindly find attached a copy of the letter from the Chairman of the State Information Service to the Editor-in-Chief of the Washington Post, refuting the disinformation and misinformation contained in your report published on 10 May 2020 titled “As coronavirus spreads in Egypt, Sissi sees an opportunity to tighten his grip”.
SIS Chairman’s letter also includes a warning to you to abide by the professional rules of journalism that you have overstepped in numerous reports and media materials that you have sent from Cairo and were published by The Washington Post.
Kindly be advised that in case of continuation of such approach violating all established journalistic rules and standards that The Washington Post declares tobe compliant with, measures permitted by the laws and regulations in force in Egypt and all countries of the world will be taken in such cases.

Sincerely,
Diaa Rashwan
Chairman, State Information Service”*



El tono de la carta rezuma pretenciosidad y el constante autoritarismo por parte de un habitual en estos casos, Diaa Rashwan, al que se puede considerar el comisario de Información del régimen y al que le toca dar estas lecciones de Periodismo al mundo, en este caso a The Washington Post. 
El "kindly" que precede a las amenazas es un ejercicio más de cinismo de un régimen que apoyo abiertamente el asesinato de estado cometido contra el periodista saudí Jamal Khashoggi, una vergüenza de la que no han tenido que dar explicaciones de Periodismo. Supongo que ordenar la muerte del periodista crítico está más cerca del concepto del régimen sobre cómo debe ser el Periodismo para ajustarse a sus estándares.
Evidentemente, el manejo de fuentes anónimas no es más que una medida de protección de las mismas. En un país en el que puede ir a la cárcel (y no salir sin llegar a juicio) por hacer un chiste o un meme sobre el presidente al-Sisi, es obvio que publicar los nombres es poner en peligro a los que se atrevan a hablar, que no son muchos.


Los periodistas independientes se callan o se van. Irse puede conllevar riesgos para sus familias, que serán visitadas con alguna frecuencia. Eso ya se advirtió en una rueda de prensa celebrada en Alemania hace unos años, los críticos "ya tendrán que volver"; o no hace mucho por el gesto de la ministra en su visita a los egipcios fieles en el extranjero, los que gustan de denunciar a los críticos y piden que se les castigue por "difamar" el nombre de Egipto y el de su presidente, un regalo divino.
Un régimen que encierra en prisión a todos los candidatos a las elecciones presidenciales, rivales de al-Sisi, no puede dar lecciones de lo que está bien o mal dicho. Es quedar en ridículo y en evidencia mundial, como de hecho ocurre. Las condenas de las instituciones, de la Asamblea de Derechos Humanos al Parlamento Europeo se acumulan, por lo que acoso y amenazas contra The Washington Post solo debilitan al gobierno.


Al igual que Trump, al-Sisi necesita de enemigos a los que echarle las culpas y redirige hacia ellos sus problemas. Si el turismo no va a Egipto (como tampoco va a ningún sitio), la culpa es de la prensa, que solo debe servir para transmitir las visiones y logros del gobierno disciplinadamente.
La segunda de las cartas que Egypt Today reproduce está dirigida al editor jefe del mismo diario dentro de esa tendencia egipcia a llegar a las instancias más altas, como hicieron con los ataques al epidemiólogo canadiense que osó aventurar las cifras que hoy son oficiales.
La carta, fechada el 23 de mayo, es una larga relación de agravios hechos a Egipto por la "falta de profesionalidad" de los periodistas en El Cairo a los que acusa y señala como responsables. 
La carta es larga y no contiene casi nada nuevo que no hayan tenido las anteriores. Por su extensión la incluimos al final del texto para la lectura detallada.


No es fácil digerir la carta, una más que actúa contra el régimen egipcio, que tira de nuevo piedras a su tejado internacional, demostrando con su tono y palabras lo que pretende negar, que es un gobierno autoritario, algo en lo que están de acuerdo prácticamente todas las instituciones sobre la libertad de expresión, los derechos humanos en su conjunto o muchos países que condenan al régimen a través de sus foros e instituciones internacionales, como se ha señalado antes.
Hay una novedad en el cinismo, el párrafo en el que se señala los motivos para las prohibiciones de las visitas a los presos:

[...] your correspondent in the aforementioned report accused officials in Egypt of exploiting amendments to the emergency law to grant the country's security institutions additional powers. It is a false accusation as the amendments to the emergency law were necessitated by the country's need to take extraordinary measures to counter the spread of the "Coronavirus". These are appropriate measures, considerably mitigated than those that all the nations of the world, including the United States itself, have had to take.*

Es difícil leer esto sin recordar la detención de la periodista Lina Attalah, editora jefe de Mada Masr, bloqueada en Egipto desde hace tiempo, hace apenas unos días, la incautación de su material, teléfonos, etc. cuando trató de interesarse por la suerte de uno de los activistas presos que más tiempo lleva en las cárceles egipcias. También es difícil aceptarlo después de la muerte —también dimos cuenta de ello— hace también unos pocos días del director de cine encarcelado por haber realizado un vídeo satírico sobre al-Sisi. Falleció por la ingesta de alcohol desinfectante, algo que no debe faltar en una cárcel siniestra.


En la carta se desacredita al periodista por llamar "coup" al oficialmente "no-coup", una de las cosas que más irrita al régimen, que sigue diciendo que las muertes se produjeron por petición popular, fue el pueblo quien autorizó al que fuera ministro de Defensa de Mohamed Morsi (también muerto en la cárcel, como tantos) al baño de sangre. La falsedad de la "democracia" del régimen se la han resaltado hasta los Comités de las cámaras norteamericanas al señalar los incumplimientos graves de los derechos humanos y cuestionar las ayudas a Egipto por su uso represivo contra su pueblo. La lista sería grande, pero el principio es el mismo: la pretensión del régimen de imponer dentro y fuera una visión beatífica de un régimen autoritario.
No se pueden dar lecciones de Periodismo cuando se ha creado una estructura represiva tripartita para controlar a los profesionales que ha convertido los medios egipcios en cuna de alabanzas y olvido de hechos.
El aparato mediático egipcio, tanto el estatal como el privado puesto al servicio del poder, trata de mantener una visión única de la realidad, de la que está bastante alejado.


Es una opinión casi unánime (a Trump, le encanta), la condena del régimen egipcio por sus violaciones de los derechos humanos, una larga lista de personas desparecidas, demasiadas muertes en las cárceles, demasiada gente esperando juicio durante años, demasiados medios cerrados, demasiados periodistas exiliados... Es el régimen del asesinato en plena calle de la poeta y "mártir de las flores" Shaimaa Al-Sabbagh (acusando inicialmente a sus compañeros del crimen); del secuestro, tortura y asesinato de Giulio Regeni, un estudiante italiano de doctorado, del que la familia e Italia al completo esperan una explicación más allá de burlarse de todos con esa peculiar sorna que se gastan los que están acostumbrados a salirse siempre con la suya desde el poder de la fuerza y la arbitrariedad. No, no se pueden dar muchas lecciones. 


Dice el refrán español que "cada maestrillo tiene su librillo". El problema del régimen egipcio es que pretende convertir su librillo en manual universal. Es un problema que no tiene solución porque al autoritarismo de sus regímenes se añade la soberbia de la verdad absoluta tratando de convencer así a los que escuchan que Egipto da lecciones al mundo. Eso halaga el ego popular y convence que el futuro no es más autoritarismo como ha ejemplificado la historia.


Con un lenguaje de soberbia, el régimen queda en evidencia ante los medios mundiales, pese a que siga negando inútilmente una valoración general: que es mucho más represivo que el de Hosni Mubarak. 
La reproducción de los datos del epidemiólogo canadiense antes citado ya le costó la salida de Egipto a la corresponsal de The Guardian, uno más de los periodistas que tienen que abandonar ese paraíso de la libertad de expresión y de los derechos humanos. Son muchos los silenciados que han tenido que irse. Muchos más los que se han tenido que autocensurar y muchos medios bloqueados. 
La verdad oficial del librillo siempre tiene valor único, no se discute. El régimen no solo se tira piedras a su tejado, como hemos dicho. Ha establecido una peligrosa didáctica de la información a manos de Diaa Rashwan, el maestrillo encargado enseñar a todos cómo deben leer y escribir, dentro y fuera de Egipto. 



 * "State Information Service criticizes Washington Post’s reporting on Egypt" Egypt Today 24/05/2020 https://www.egypttoday.com/Article/1/87993/State-Information-Service-criticizes-Washington-Post%E2%80%99s-reporting-on-Egypt

Anexo

“May 23, 2020

Dear Mr. Martin Baron
Editor-in-Chief, The Washington Post

The State Information Service (SIS) conveys its highest regards to you and your esteemed newspaper and wishes to notify you of the following:
Based on our appreciation of the Washington Post, and its known adherence to professional rules in journalism, we wish to inform you that the newspaper’s Cairo Bureau Chief Mr. Sudarsan Raghavan has often encroached on the rules of the press profession, which are recognized throughout the world and are endorsed by your esteemed newspaper. The latest example of such encroachment is the report by Mr. Raghavan titled “As coronavirus spreads in Egypt, Sissi sees an opportunity to tighten his grip”, which was published in The Washington Post on 10/5/2020 and contained numerous professional violations as follows:
The report attributed to what it calls “human rights activists”, an anonymous source, very serious accusations to the Egyptian government, describing it as a “military-backed government”. Such words are mere rhetoric and are at odds with the reality of Egypt’s established civil State with all its legitimate institutions, governed by a constitution approved by the people in a referendum. Officials of State institutions (the Presidency and Parliament) came into power through free elections monitored by hundreds of reporters from around the world, including the correspondent of your esteemed newspaper.
At the same time, your correspondent in the aforementioned report accused officials in Egypt of exploiting amendments to the emergency law to grant the country's security institutions additional powers. It is a false accusation as the amendments to the emergency law were necessitated by the country's need to take extraordinary measures to counter the spread of the "Coronavirus". These are appropriate measures, considerably mitigated than those that all the nations of the world, including the United States itself, have had to take.
The correspondent based his report on a highly politicized statement by Human Rights Watch, which was rejected by Egypt. Besides, what your reporter has said about giving the State's official authorities the powers to “ban or limit public and private gatherings, to shut down schools, and to restrict people from owning, transporting, selling, buying or exporting any goods or services, as well as control their prices” are necessary measures taken by all the countries of the world in the face of the pandemic.
Your correspondent, who resorted to mere platitude by what he labeled “activists” and a tendentious statement by HRW, lives in Cairo and could have followed the rules of journalistic work by resorting to the relevant sources and taking their views into account when publishing the report, as well as following up on the reality in the Egyptian street, where citizens roam in much greater freedom than other countries despite the spread of the pandemic; a matter reflecting that the intervention of all official authorities in the lives of individuals is at a lower level than any measures in other countries.
The correspondent claimed that “the government did not respond to a request for comment”. Unfortunately, the State Information Service has not received any communication from the correspondent in this regard. In fact, the correspondent consistently has not contacted SIS to communicate with stakeholders in Egypt for most of his reports abundant in allegations and fallacies.
Your correspondent made false claims that the Egyptian people's revolution in 2013 to get rid of religious fascism was a “military coup”, While ignoring the armed terrorism that our country has been subjected to so far by these terrorist groups invoking the Islamic religion, and claiming that terrorists who are being fairly tried in public for their crimes are political opponents.
Your correspondent ignored all the rules of the journalism profession when he turned to a researcher at the Washington-based Tahrir Institute for Middle East Policy, and an unknown researcher said to be from Amnesty International. It would have been prudent for him to witness firsthand the situation on the ground, rather than propagating their baseless claims and ignoring the views of the concerned parties on these allegations, thus violating press rules requiring that the views of all parties be taken on an equal footing.
In his report, your correspondent criticizes the temporary suspension of prison visits and sees it as a way to “silence political prisoners”, while it is a measure to protect the prisoners themselves from the pandemic. Prison visits have been replaced by other means of communication between prisoners and their relatives. Present-day realities confirm that this measure has so far helped to protect the lives of prisoners.
This biased, unprofessional and subjective report is a continuation of the excesses of your correspondent in Cairo, based in its entirety on raising the most serious accusations against the State institutions in Egypt, resorting to the same type of sources, either anonymous sources labelled as "activists", or researchers, harboring well-known negative stances against Egypt, who do not reside in it and even have not entered it for years.
The presence of the reporter in Cairo and granting him accreditation as a foreign correspondent means, under journalistic customs worldwide, that the correspondent has to apprise himself of the reality and to communicate with all parties, not to poll the opinions of everyone who has antagonism with the Egyptian State around the world. In light of all the above, we wish to inform you that the State Information Service has met with Mr. Sudarsan Raghavan and warned him of the need to adhere to the proper professional standards when practicing his journalistic work in Egypt, in accordance with his accreditation as a foreign correspondent. Otherwise, we will have to take measures, permitted by law in Egypt and the guidelines regulating the work of accredited foreign correspondents, and which are applied not only in Egypt but also globally.
In conclusion, we wish to express to you our sincere appreciation to the esteemed "The Washington Post" newspaper, which undoubtedly would not tolerate such professional violations by its Cairo bureau chief, which are inconsistent with the newspaper’s status and credibility.

Sincerely,

Diaa Rashwan
Chairman, State Information Service”




viernes, 2 de marzo de 2018

Mentiras contadas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Dice The Washington Post que Donald Trump ha dicho en 406 días en el poder 2.436 embustes o afirmaciones inexactas*. Es mucho. No sé si alguien había hecho un cálculo anteriormente de cuantas mentiras podría decir un presidente desde la Casa Blanca, pero es mucho. Hay días, por ejemplo, el 25 de julio pasado, en que dijo 52 afirmaciones falsas, equívocas, con chuleta o sin ella. Pero algo ocurrió, por ejemplo, el 11 de marzo en que solo dijo una, lo que me parece extraño. Tiene que haber alguna estabilidad incluso en Trump, alguna teoría del caos que lo explique. Así, a ojo sobre la gráfica de los 406 días, yo calculo que un día mentiroso normal de Trump está entre 8-12 mentiras, que no está mal para un país tan adelantado.
Hay que tener en cuenta que no es lo mismo mentir en los Estados Unidos, que está en todos los fregados del mundo y hace mucha política exterior, aunque Trump viaje poco, que hacerlo en los países pequeños a los que nadie lleva la cuenta de las mentiras porque importan poco a los demás. Los países pequeños, como los grupos parlamentarios mixtos, pueden tener voto, pero muchos no tienen "voz". Y sin voz, el arte de la mentira es difícil de practicar. A veces tienen otro país más grande que miente por ellos y les hace el favor.


En Egipto también se miente mucho, pero allí tiene la peculiaridad que le llaman "mentira" a lo que no les gusta escuchar. Así están todo el día acusando a la gente de decir mentiras y mandándolas entre rejas, como a la pobre cantante Sherine que dijo de broma que no bebería agua del Nilo porque había un parásito desde hace miles de años, de hecho se estudia en las momias que ya lo padecían cuando estaban sin envolver. Pues la llamaron mentirosa. Aquí la contabilidad que debería hacer The Washington Post no es tanto cuántas mentiras dice el poder (que también las dice, y gordas) sino a cuántos llama mentirosos o imprecisos en un día,
En Reino Unido también se pasaron con las mentiras durante el proceso de votación del Brexit, como todos reconocieron después. Nunca he entendido muy bien porque todo era mentira 48 horas después de las votaciones pero no lo dijeron 24 horas antes. ¿Quizás una forma extraña de fair play de los británicos que los demás no entendemos? Lo cierto es que hay muchos problemas por el Brexit y muchos de ellos están producidos por la falta de respeto a la verdad.


Lo complicado que resulta saber, por ejemplo, si Puigdemont declaró la república catalana, aunque fuera por unos instantes, o fue de mosqueo. Los que han pasado por los jueces unos días decían una cosa y otros decían otras, así que se lo han puesto difícil a los de hoy para saber qué era verdad y qué no lo era. Todavía recuerdo aquel día de la "proclamación" en el que la pareja de periodistas que retransmitían el extraño acto, casi una cosa cuántica, discutían sobre a qué habían asistido. Ese momento, hay que reconocerlo, estuvo a la altura de Trump.
El diario El País ha establecido un sensor de las mentiras que nos llegan desde el frío, es decir, desde Rusia. Rusia echa mentiras a la calle como otros echan sal en las aceras, a paletadas. Lo ha vuelto a comprobar con la activación de las redes para la desinformación, una palabra más técnica para no llamarse "mentirosos", que es más de patio de colegio. Muestra El País cómo les están calentado las elecciones a los italianos: "Algunos ejemplos de las informaciones publicadas por Sputnik son “En 2065 la cuota de inmigrantes en Italia podría superar el 40% de la población total” o “El caos de los inmigrantes es el inicio de una guerra social”."** Esto es más barato que el misil que Putin se ha sacado de la manga, el "misil infalible". Los norteamericanos no se lo acaban de creer. Putin ha hecho su presentación en sociedad a lo grande. Y da igual que sea una mentira o afirmación dudosa porque el problema no es que sea "infalible" (como el papa), sino lo que pase después.


A Vladimir Putin no hay que le cuente las mentiras, como hace The Washington Post con Trump. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Tiene tan controlados los medios que ha logrado convencer a los rusos que Stalin fue un santo y la gente lleva su imagen a las procesiones como un icono más. Y es que siempre pasa lo mismo, cuanta mayor es la ignorancia, más fácil es colar estas cosas.
Lo científico del caso de las mentiras es que se trata de acertar con el gusto de la gente. No vale cualquier cosa. Es ahí donde entra el componente científico, que detecta cuál es tu punto flojo, tu talón de Aquiles del embuste. Se trata de localizar lo que estás deseando escuchar y decírtelo. Unas veces te doran la píldora y otras te asustan, pero siempre tiene que ser con algo que tú quieras creer, como aquello de que Barack Obama era un musulmán infiltrado para destruir los Estados Unidos. En Oriente Medio, en cambio, Obama era un agente sionista cuyas acciones tenían como fin destruir países financiándoles el Ejército. Obama, además, hacía como que combatía al Estado Islámico que él mismo había creado para desprestigiar al islam.
No recuerdo cuándo fue la última vez que escuché una verdad, pero recuerdo que fue una sensación agradable, aunque durara poco.


* Fact Checker "In 406 days, President Trump has made 2,436 false or misleading claims" The Washington Post 1/03/2018 https://www.washingtonpost.com/graphics/politics/trump-claims-database/?utm_term=.f0df50da1e74

** "Las redes rusas se activaron para impulsar a la ultraderecha en Italia" El País 2/03/2018  https://elpais.com/internacional/2018/03/01/actualidad/1519910356_562686.html?rel=lom


lunes, 22 de enero de 2018

La señora Graham entierra sus fantasmas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La película de Steven Spielberg estrenada estos días, Los archivos del pentágono (The Post 2017), ha recibido buena crítica tanto por su contenido como por su oportunidad histórica. En tiempos de Donald Trump, las fakes news y la posverdad era necesario volver a realizar una precuela de "Todos los hombres del presidente", con cuyos genes enlaza. Y no podía ser de otra manera. Son aquellos dos momentos de la publicación de los documentos sobre Vietnam y el escándalo Watergate los que hicieron ganar el prestigio a la prensa y establecer una línea divisoria.
Un aspecto que no se resalta demasiado de la película es para mí, sin embargo, aquel en el que merece la pena ahondar: la separación de la clase política y los medios, creados alrededor de importantes familias. Políticos y dueños de periódicos configuraban una misma clase, como se atestigua en la película a través de las fiestas comunes.

Se clama por una prensa libre, sí, pero también se nos muestra una prensa prisionera de los lazos de amistades. Cuando alguien se pregunta cómo han estado mintiendo al pueblo norteamericano los políticos durante dos décadas, la respuesta está en gran medida en las fotografías de cenas y encuentros amigables entre los editores de los periódicos y los políticos que pueblan escritorios y estantes de sus despachos.
La lucha de la señora Kay Graham que es evaluada como una cuestión feminista es en realidad una lucha no solo contra los hombres que no la valoran, sino contra sus sentimientos por valorar a sus amistades, en especial a la responsable del informe, Robert McNamara (se denominaría "informe McNamara"). La señora Graham vive en un mundo masculino (y lo seguirá haciendo), pero tras su decisión de publicar habrá cortado los lazos con la aristocracia política con la que ha vivido y compartido tantos buenos momentos.
El privilegio de cenar en la Casa Blanca un par de veces a la semana es lo que se ha perdido en esta operación. No es casual que el guión comience con la sanción al Washington Post para no entrar a cubrir la boda de Patricia Nixon, algo que parece un gigantesco castigo por haber sido críticos anteriormente desde la sección de "Sociedad". En realidad, el Post deberá elegir entre cubrir bodas y vida social de la clase política norteamericana o pasar a ser lo que Steve Bannon en este "momento Trump" ha llamado el "partido de la oposición", es decir, la prensa crítica.


El pasado es siempre una reconstrucción desde los filtros del presente. Sacar a colación lo que ocurrió con The Washington Post en aquellos años solo tiene sentido como un contraste con lo que ocurre en el presente. Aunque la situación sea muy diferente, lo cierto es que no es menos grave. La solidaridad final con la que los medios acaban respondiendo, el amparo de la ley a los medios frente a los ataques del poder es algo de otro tiempo.
Lo que tenemos hoy no es una separación entre poder y medios, como la que se nos muestra para la independencia, sino una legión de medios creados exprofeso para llevar a ciertos candidatos a la Casa Blanca. Se combate a los medios con otros medios, la verdad con las fake news, la información con la desinformación.
Lo que nos cuenta la película de Spielberg es cierto como principio teórico, pero se encuentra muy alejado de la realidad que vivimos hoy. Los periódicos como The Washington Post o The New York Times pueden tener en sus manos la verdad que se filtra, pero su posición está mucho más debilitada en lo segundo más importante: la recepción pública. No sirve de mucho decir la verdad cuando a los otros no les importa la verdad.


¿Nos ha dejado de importar la verdad? La gran preocupación moral de los periodistas de la película es "nos han mentido durante décadas". Hoy parece que muchos aceptan que la mentira es un buen medio para alcanzar los fines que se plantean. El presidente Trump tiene su propio contador de mentiras diario, que se mueve cada vez que dice una. Ya es el presidente más embustero de la historia de los Estados Unidos. Pese a ello tiene un público que considera que es su portavoz o su paladín. ¿Les importa a ellos la verdad? Probablemente no.
La distancia entre los años 70 y hoy es grande. Y lo es mucho más en el aspecto mediático en el que prácticamente todo ha cambiado con la revolución digital y la redes de comunicación. Mientras los lógicos, filósofos y lingüistas se preocupan por la "verdad", el mundo de la comunicación la simplifica en un mundo de "like", en el que no se mide la verdad en sí sino la aceptación y eficacia. En un mundo de expertos, la verdad se ha cambiado por la mentira más votada o aceptable. No se trata de encontrarla en búsquedas frenéticas, como nos muestra la película de Spielberg, sino de fabricarla acorde a los gustos y demandas. ¿Qué quieren creer? es la pregunta que resuena en muchos despachos y centros. Es el maquiavelismo de la comunicación en un mundo hípercomunicado.


Un ejército de profesionales de la seducción social ofrece sus servicios para convencernos de aquello que sea lucrativo o beneficioso para quienes les financian. Podemos vender como lugares paradisiacos países en los que el hambre hace estragos o como edenes turísticos dictaduras crueles. Que la realidad no te estropee un buen folleto. Podemos crear campañas para animar burbujas especulativas de cualquier orden. Solo hay que pedirlo.
Hoy, ejércitos de hackers, bots automáticos, tuiteros, etc. crean campañas de opinión y de desinformación. Pueden acosar a cualquiera que les lleve la contraria. Idealistas de cualquier causa no dudan en usar fotos falsificadas o de otras situaciones anteriores para promover sus causas jaleados por la retaguardia que les alienta desde otros países.
El mundo descrito por Spielberg en su película ya no existe. La Fox News no tiene reparos en hacer apología del presidente mentiroso convirtiéndose ella misma en un medio tóxico marcado para el resto. Prefieren conservar el target de los votantes acérrimos de Trump antes que dejar manifestarse algún tipo de cercanía a la verdad. Tendrían mucha dificultad en que su ganado público se lo permitiera.


El caso de Trump es solo uno de los malos ejemplos al mundo en cuento a la prensa (también otros muchos). En Egipto, el presidente Abdel Fattah al-Sisi también considera que la prensa es un enemigo que se ha de controlar. Los cierres y bloqueos de medios son constantes. Con el aparato mediático del estado a su servicio, los amigos empresarios le compran los periódicos y canales de televisión que son adversos. Igualmente se controlan los medios mediante el desembarco de los afines en el sindicato de la prensa y los legisladores crean leyes restrictivas para los medios y los profesionales. Un ejército de vigilantes le atiende lo que ocurre en las redes sociales, tanto manifestándose a favor como criticando a los opositores democráticos.
Otro tanto ocurre en Turquía, donde Erdogan ha cerrado medios con la excusa del intento de golpe de estado. No solo ha purgado administración, ejércitos, universidades, etc. sino muy especialmente los medios. Otros países, incluso alguno europeo, avanzan hacia el control mediático con leyes restrictivas. En el centro de las miradas en este espacio mediático global está Rusia, otro país cuyo régimen ha reducido a la prensa a mínimos.


La película de Steven Spielberg es valiosa por lo que significa su mensaje en el ámbito estadounidense, pero también es importante para un mundo en el que los medios ya no están en manos de antiguas familias que llevaban el periodismo en los genes y deseaban ser referencia social. Hace bien Spielberg en mostrar que son muchas las lacras que sacuden a una profesión cuya función es esencial en una vida democrática.
Para ello, lo primero es romper los lazos con el poder o con cualquier fuerza que nos haga contenernos en la administración de las verdades que son necesarias para poder mantener una vida pública sana.
El hecho de no mantener lazos amigables con el mundo de la política es ampliable a cualquier otro campo. Ya que se habla del feminismo de la película, podría decirse otro tanto de un silencio interesado que la prensa ha mantenido precisamente por conservar lazos con los poderosos de la industria. Me refiero, evidentemente, al silencio frente al acoso sexual en la industria del cine y el espectáculo, que podría ser un equivalente a lo ocurrido durante décadas de tapar los escándalos de Hollywood.


La gente tenía derecho a saber qué ocurría en Vietnam y los medios hicieron bien en dar la batalla frente a la Casa Blanca, institución que había mentido sobre lo que ocurría allí y sobre el resultado de la guerra. Spielberg nos muestra sobre todo las dudas de Kay Graham, la dueña del periódico, por perder las amistades, por no querer manchar la memoria de aquellos amigos con los que habían mantenido relaciones muy próximas. Otros, los hombres de su Consejo, lo harán por el dinero que arriesgan.
Spielberg traslada el centro de la película precisamente a la toma de esa decisión que involucra además la memoria de su marido y su propia familia, rompiendo una tradición de alianza con la Casa Blanca basada en la amistad. Su reacción es la reevaluación de su propio pasado: ¿cómo pudieron engañarles aquellos buenos amigos? La respuesta es sencilla: les necesitaban precisamente para transmitir que la guerra iba bien.

La señora Graham enterró sus fantasmas para que The Washington Post pudiera ser un periódico alejado del poder. Con ello se distanció de la Casa Blanca y del propio pasado del periódico. Se abrió un nuevo camino hasta llegar al punto en el que nos enfrentamos. Mientras unos hablan del valor de la verdad, otros hablan del poder de la mentira. 
De nuevo habrá que elegir, como hubo que hacerlo entonces.