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lunes, 6 de enero de 2025

El regreso de Sarkozy ante los tribunales

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada vez que surge un escándalo por la actuación de las personas que hemos contribuido en llevar hasta el poder deberíamos preguntarnos sobre cómo los hemos llevado allí, cuales son los fallos del sistema y los nuestros para hacerse con el poder.

Dado el número creciente de casos y de su relevancia deberíamos tomarnos en serio los fallos que cometemos. Que los dictadores gobiernen mal va incluido en su forma de llegar al poder. Solo les queda el arma de la propaganda, pero en muchos casos no podrán decir que han podido hacer lo que han hecho con nuestro voto o apoyo. El problema se plantea en los que son elegidos democráticamente, los que han conseguido convencernos de ser la mejor opción para el país por su sinceridad, honestidad, etc. Es ahí que surgen las dudas, unas dudas que están ahí desde los orígenes mismos del pensamiento político: ¿qué ocurre cuando nos equivocamos, cuando elegimos a personas que nos engañan, que no actúan como esperamos?

Desgraciadamente, esto es cada vez más frecuente, pervirtiendo el fundamento mismo de la democracia y destruyendo la credibilidad del sistema, nuestra confianza en él. Los casos ya no ocurren solo en las dictaduras, sino en países con democracias avanzadas, como ocurre en España o Francia. Es en este último caso, el francés, en el que se centran hoy los medios. Es el caso de Nicolas Sarkozy, también conocido como el "caso libio", En Euronews nos hablan de su vuelta a los tribunales: 

Sarkozy, who was France’s president from 2007 to 2012, retired from public life in 2017.

Former French President Nicolas Sarkozy will stand trial on Monday over claims that his 2007 presidential campaign was illegally funded by the government of the late Libyan leader Muammar Gaddafi.

Sarkozy, 69, is facing charges of passive corruption, illegal campaign financing, concealing embezzlement, and criminal association, which could lead to up to 10 years in prison. He denies all charges.

The so-called “Libyan case,” the biggest and possibly most shocking of several scandals involving the former president, is scheduled to run until 10 April, with a verdict expected at a later date.

The case emerged in March 2011 when a Libyan news agency claimed Gaddafi's government had financed Sarkozy’s 2007 campaign.

In an interview, Gaddafi himself said, “It’s thanks to us that he reached the presidency. We provided him with the funds that allowed him to win,” without providing any amount or other details.

Sarkozy, who had welcomed Gaddafi to Paris with great honours in 2007, became one of the first Western leaders to push for military intervention in Libya in March 2011, when Arab Spring pro-democracy protests swept the Arab world.

Gaddafi was killed by opposition fighters in October that same year, ending his four-decade rule of the North African country.*


¿Qué supone para un país democrático como Francia que su presidente haya sido "pagado" con dinero procedente de una dictadura? Evidentemente, lo que a Gadafi le preocupaba no era la "fortaleza" democrática de Francia sino más bien su "debilidad". De la misma forma evidente, lo que le preocupaba a Sarkozy no era la democracia francesa, a la que comprometía, sino su acceso al poder. Lo que tuviera que hacer posteriormente para devolver el "favor" no le preocupaba tanto.

El escándalo deja tocada la política francesa. La pregunta que no nos hacemos demasiadas veces es cómo han llegado hasta allí los que realizan estas corrupciones graves. ¿Qué les importa "realmente"? Está claro que la democracia francesa no.

Nicolas Sarkozy fue, además, uno de los primeros a los que se le aplicó el término de "pipolización" (de people) dada su presencia en los medios por asuntos más triviales, gracias a su matrimonio con Carla Bruni, formando una pareja de atención permanente. Con Sarkozy y Bruni la política se transformaba en "espectáculo", en portada de revistas, en reportaje trivial.

La democracia es cada vez más sensible a todos estos mecanismos de acceso y promoción en los que las inversiones son necesarias, generando alrededor un gigantesco negocio, el que permite el acceso al poder. Cada vez es menor el peso de las ideas y cada vez mayor el de la "imagen", representando en ese término todo lo que es la fachada exterior, la que incorpora los mecanismos de seducción.

Es este giro de la idea a la seducción lo que está marcando el cambio que lleva cada vez más al poder. La esencia de la democracia, la voluntad popular, se ve como algo manipulable en una dirección determinada, la que lleva al acceso al gobierno, desde el que las posibilidades se amplían.

Cada vez tenemos más ejemplos de corrupción política. La llegada al poder no es vista como un servicio a la propia democracia, sino como la permanencia en unos cargos que permiten apropiarse y repartir para tener una buena perspectiva de futuro. Pero a veces ese futuro se tuerce.

En unos días se verá uno de los juicios contra Donald Trump, poco antes de ser de nuevo investido. El llamado caso "Stormy Daniels" es otro buen ejemplo de esa importancia de la "imagen", pues es eso lo que llevó al soborno e incluirlo como gastos de la campaña electoral.

Es necesario volver a los filtros fuertes para quien aspire al poder. Debería haber mecanismos de control independiente para evitar el espectáculo bochornoso y dañino de presidentes, sus familias y amigos, llegando a los tribunales. Son la prueba de que se equivocan los partidos, que son quienes les proponen, y que nos equivocamos nosotros, seducidos y engañados. Pero los partidos, nos dicen, son ya otra cosa, una maquinaria para conseguir el poder. Lejos les queda la democracia, según parece.

Una democracia fuerte debe ser honesta y ser honesta para ser fuerte. 

* "Former French President Sarkozy faces trial over alleged campaign funding from Gaddafi" Euronews / AP 06/01/2025 https://www.euronews.com/2025/01/06/former-french-president-sarkozy-faces-trial-over-alleged-campaign-funding-from-gaddafi

jueves, 16 de enero de 2020

El hermano mayor egipcio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El papel que el Ejército egipcio juega en la vida del país es enorme desde su fundación moderna. No solo lo controla políticamente, sino que se transmite constantemente la imagen de que es el alter ego del pueblo. La retórica militar es constante sobre ese punto de la identificación, de tal manera que se llegó a considerar delito la idea insólita de tratar de "separar al pueblo y al Ejército", como aprendieron en carnes propias algunos de los candidatos que pretendían mover de la presidencia a Abdel Fattah al-Sisi, cuyo concepto de la democracia se parece bastante al de un cuartel disciplinado.
Toda la maquinaria de propaganda trabaja para que el pueblo egipcio viva en la creencia de que si el Ejército deja de controlar el país en sus mínimos detalles —de la seguridad a la fabricación de leche maternizada— el país se hundirá en el caos arrastrando a la humanidad tras ellos.
La alarmante situación de la zona está sirviendo para dejar más claras las conexiones e intereses internacionales del Ejército egipcio. Dos noticias en su prensa nos ofrecen información al respecto.
La primera de ellas aparece en Egypt Independent y lleva como titular "We may call on the Egyptian army to intervene in Libya: Libyan Parliament Speaker". La aprobación del parlamento turco del envío de tropas a Libia recibe esta peligrosa respuesta, la posibilidad que su parlamento "pida" a un país vecino que mande a su Ejército en su defensa. En el diario se explica:

The Speaker of the Libyan Parliament, Aguila Saleh, said on Sunday that his country may find itself forced to call on the Egyptian Armed Forces to intervene if foreign intervention occurs in Libya.
Saleh’s statement was met with standing applause by members of the Egyptian Parliament.
On Sunday, Saleh attended a plenary session for the Egyptian parliament held to support the Libyan people.
Saleh said that his country faced a hideous conspiracy plotted by Turkey. Turkey claims that Libya is an “Ottoman province”, he explained, and it has the right to return to it as “rulers and colonialists” – at a time when people all over the world believe the reign of colonization has ended.
He stressed that “the Turkish invasion will not be stopped by condemnation, denunciation and expressions of anxiety and rejection, but by solid fraternal positions and public support for the right of the Libyans to defend their lands.”.
“I call on you, gentlemen, to take a courageous stance, otherwise we may find ourselves forced to invite the Egyptian armed forces to intervene if foreign intervention takes place in our country,” he said.
For his part, Egypt’s Speaker of the House of Representatives Ali Abdel-Aal stressed that Libya’s national security is closely related to Egyptian national security.
He stressed on Egypt’s position regarding the Libyan crisis, foremost of which is respect for the Libyan people’s will and the need to reach a political solution that paves the way for the return of security and stability, and preserves Libya’s unity and sovereignty.*



Suele ocurrir que el Ejército egipcio persiga a los terroristas que atentan hasta territorio libio o que simplemente vaya a bombardear sus campamentos como represalia por los actos cometidos. Han sido varias ocasiones en las que esto se ha producido. La división del país favorece las incursiones egipcias pues Egipto se ha situado junto a uno de los bandos, el que le permite rechazar, al otro, que representa los intereses de los islamistas y los de Turquía, siempre favorable a la Hermandad Musulmana.
La posibilidad de un enfrentamiento militar de egipcios y turcos sobre suelo libio abre unas posibilidades con posibles repercusiones espeluznantes. Turquía pertenece a la OTAN, pero cada vez tiene posiciones más complicadas por sus acercamientos a Rusia y sus conflictos con Trump.
Desde el derrocamiento de Mohamed Morsi, el presidente egipcio de la Hermandad Musulmana, se produjo un fuerte enfrentamiento entre Turquía, criticando el "no-coup" producido y Egipto que acusó a los de Erdogan de acoger y potenciar a los islamistas, algo evidente y sin ocultación. Aquí estaríamos hablando de un conflicto abierto y militar de enormes consecuencias en la zona. La idea expresada por el presidente de la cámara egipcia, Ali Abdel-Aal, de la "proximidad de la defensa" de libios y egipcios en contra de la pretensión turca de que son "provincias" del "imperio otomano" (Erdogan siempre tan sutil) implica que Egipto estaría por la labor de protección, centrada en esa hermandad que permite que el Ejército se sume a la facción libia que Egipto reconoce frente a la que pide ayuda a Turquía. Eso sitúa al Ejército egipcio en una peligrosa situación en un entorno complicado.


Esta idea protectora refuerza el prestigio del Ejército egipcio que parece convertirse en una especie de hermano mayor al que se puede recurrir cuando los gamberros te molestan.
La segunda de las noticias parece reforzar esta idea sobre el Ejército. Esta ha aparecido en Egypt Today y lleva como titular "Abu Dhabi crown prince says Egyptian army protect all Arabs". El texto nos indica la visión exterior del Ejército egipcio:

Abu Dhabi Crown Prince Sheikh Mohamed bin Zayed on Wednesday hailed the opening of Berenice military base in Egypt’s Red Sea governorate, which he attended, saying that the Egyptian armed forces is a defensive wall for all Arabs.
“The Egyptian armed forces are not only a shield for sisterly Egypt, but rather a force for the entire Arab world, because the power of Egypt is power for all Arabs.
Mohamed bin Zayed in earlier tweets praised the opening of the base, saying “We share our Egyptian brothers' pride in their national, developmental and cultural achievements.”
“I arrived in the Red Sea Governorate to attend the opening of the Berenice military base at the invitation of Egyptian President Abdel Fattah El-Sisi.”
“I was happy to accompany the Egyptian President during the opening of the Berenice military base and civilian airport. Such achievements reflect Egypt's vision of all-round development and enhance its role in regional stability. We wish it more progress and prosperity.”**



Convertir al Ejército de Egipto en el de todos en nombre de la vecindad o de ser árabes tiene implicaciones de diverso orden, dentro y fuera del país. La primera es que si lo que todos valoran es el valor militar de Egipto, el país seguirá construyéndose sobre el pilar del Ejército, que seguirá teniendo un papel central. Dado que el papel del Ejército tiene unas consecuencias sobre la totalidad del país, significa más de lo mismo, la imposibilidad de construir un "estado civil" y seguir siendo un estado militarizado. Por supuesto, los países que quieran tener la seguridad del apoyo del Hermano Militar favorecerán que Egipto siga teniendo presidentes militares, que serán aplaudidos en el exterior. Lo que llaman "regional stability" es mantener el orden actual, que consagra los poderes establecidos.


La conversión del Ejército egipcio en el "guardián de la zona" refleja sobre todo el temor a las actuaciones de Irán y de Turquía, que se ha lanzado al ruedo con consecuencias realmente peligrosas para todos. También refuerza exteriormente la fuerza del presidente al-Sisi, que juega con el prestigio (peligroso) a los ojos del pueblo. La crisis de imagen reciente se lava con estas llamadas al poder militar egipcio, que tanto gustan.
Antes se usaba la idea de "polvorín", que ahora se hace más real cada día. La complicación ha ido creciendo al introducir más agentes en el conflicto. ¿Es solo una amenaza o intervendría el Ejército egipcio en todos los escenarios en los que los "árabes" se sientan amenazados o lo sean realmente?



* "We may call on the Egyptian army to intervene in Libya: Libyan Parliament Speaker" Egypt Independent 13/01/2020
** "Abu Dhabi crown prince says Egyptian army protect all Arabs" Egypt Today 15/01/2020 https://www.egyptindependent.com/we-may-call-on-the-egyptian-army-to-intervene-in-libya-libyan-parliament-speaker/https://www.egypttoday.com/Article/1/79675/Abu-Dhabi-crown-prince-says-Egyptian-army-protect-all-Arabs




miércoles, 12 de septiembre de 2012

Una carta, muchas preguntas y algunas respuestas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hoy he tenido un día "global". Por mi despacho han pasado estudiantes españoles, chinos y egipcios. Concretamos los temas de sus futuras tesis doctorales sobre comunicación intercultural, sobre cómo eliminar barreras, evitar malentendidos, deshacer tópicos;  completamos los papeles administrativos en la rutina de las cartas de aceptación, y nos mostramos ilusionados con la perspectiva de contribuir a que el mundo se conozca un poco mejor. Con un poco nos conformamos.
Una estudiante egipcia me decía divertida que algunos españoles con los que se ha encontrado este tiempo han llegado a preguntarle si tomaba baños de leche de burra, como Cleopatra. Nos hemos reído y le he propuesto que mejor les cuente que todas las noches se venda como las momias antes de acostarse. Otros pensaban, me dijo, que debía llevar velo allí y que se lo quitaba aquí. Lo mismo ocurre con los estudiantes chinos cuando salen las discusiones en clase sobre la distorsionada imagen que se pueda tener de ellos, su cultura y desarrollo. No nos conocemos y no sé si nos interesa.

Todas estos estudiantes, gente que ha apostado por vivir como puente entre dos culturas, que tienen conocimientos de las lenguas y de la realidad de cada país, se desesperan cuando ven reproducidos en los medios o en boca de las personas los tópicos más necios o infames, la ignorancia limitada al absurdo. Les digo a todos que es su tarea despejar el camino de basura y adentrarse en ese conocimiento recíproco que alivie los malentendidos y las crisis.
Cuando en la tarde llego a casa, me encuentro, en el correo de Facebook, con un texto que me envían desde Egipto al hilo de la crisis abierta por los asaltos a las embajadas de Libia y Egipto con motivo de la proyección de un desconocido hasta el momento documental sobre la vida de Mahoma, con el despreciable Terry Jones de animador y con el 11-S como fecha conmemorativa. 
El texto está compuesto por una serie de preguntas, una auténtica ráfaga tormentosa de cuestiones sobre la situación que se vive por una persona que está situada en el ojo del huracán, que contempla las manipulaciones, la maniobras para destruir la convivencia. Y le surgen decenas de preguntas, suposiciones, sospechas.
Tras leerlo esta es mi carta de contestación, el texto que le he hecho llegar por la misma vía que me envió el suyo. En la medida que pueda servir a otros —a mí mismo—, lo reproduzco aquí con alguna ampliación:

Hola, M...! Son muchas preguntas las que te haces :) Podrían ser muchas más. Yo no tengo respuestas a muchas de ellas y trataré quizá de contestar a algunas en estos próximos días. No es fácil responder porque vivimos en un mundo de malentendidos donde hay demasiados intereses en que unas cosas salgan bien y otras salgan mal. Pero la cordura es un elemento que nos pertenece a cada uno y el que quema el Corán o el que quema una embajada es responsable de lo que hace, lo haga en nombre de quien lo haga. El problema es a cuántos consideramos responsables de ello y a quién castigamos y si somos más injustos cuando queremos ser "justos". El mundo es muy complicado. Y ahora pequeño.
Te mando algunas respuestas parciales a lo que me preguntas con cosas que escribí antes, cuando lo de Terry Jones [ver entrada], por ejemplo, o sobre el acoso del Eid [ver entrada] o anteriores, porque no es solo a las cristianas a las que se les acosa. El que crea eso es tonto o está manipulado. Es un tema que me preocupa y del que he querido enterarme porque lo he visto con mis propios ojos sobre mis amigas paseando por El Cairo.
El mundo es muy complejo y no hay respuestas sencillas para casi nada. Una respuesta sencilla es quemar libros o fotos o quemar personas. Lo suelen hacer las mentes más simples, que tienen el mundo muy claro. Me encanta que te hagas preguntas porque es señal de que te importa realmente lo que te rodea. Es más importante tener preguntas que matar gente, bombardear casas o incendiar iglesias o mezquitas. A veces la vida es como un castillo de naipes que hay que ir reconstruyendo cada pocos niveles. Se nos cae con un soplo de viento o un movimiento de la mesa. Es triste, pero es así.
Es desesperante, en efecto, ver lo que cuesta avanzar y que por cada paso que se avanza hay dos de retroceso. Es triste ver que en el mismo escenario en el que se daban las gracias a los Estados Unidos por evitar los bombardeos de Gadafi sobre la población, se asalte hoy, unos meses después, su embajada y se asesine al embajador, alguien que fue expulsado por el dictador por su apoyo a los rebeldes libios, además de a otros miembros del personal diplomático. Muertes absolutamente injusta e inútiles. Ellos no son los "Estados Unidos"; son seres humanos.
Son muchas personas las que discuten en el mundo cada día intentando cambiar la imagen de los países árabes e islámicos, tratando de hace ver a sus compatriotas que es posible el diálogo y la colaboración, pero al igual que tú piensas que se desmorona lo que se consigue, también lo piensan muchos otros, que ven que cada vez es más difícil explicar muchas cosas, como por qué quienes deberían ir hacia adelante, van realmente hacia atrás.
Me duele leer cada día la opinión de personas que dicen que es una pena que se libraran de los dictadores. Sé el daño que os han hecho. Sé que es tan injusto confundir al reverendo Terry Jones con los "Estados Unido" como confundir a los "libios" y los "egipcios" con los que han asesinado al embajador o asaltado las sedes diplomáticas. Lo sé y cada vez que leo noticias así, recuerdo las caras de todos las personas valiosas y sensatas que conozco en esos países, como tú misma, y trato de evitar cometer el error injusto de la generalización. Creo que hace tiempo que aprendí a no caer en esa tentación por personas como vosotros que me hicieron ver que las generalizaciones —"Occidente", los "árabes", los "egipcios", los "españoles", los "cristianos"...— no son más que mentiras fáciles en las que lo peor se toma como norma.
Creo que lo mejor es que las escriba más allá del correo porque no son solo tus preguntas sino las mías, las que me hago cuando veo los titulares o leo los comentarios que suscitan. Y creo que las de muchos más que ven con desesperación que los muros de la irracionalidad, de la intransigencia y de la intolerancia siguen creciendo, elevándose cada vez más altos, justificándose la intransigencia de unos en la de otros.
Te preguntas sobre las conspiraciones y sobre a quién beneficia o perjudica esto. No sé si todo ocurre intencionadamente o no. Sé, por ejemplo, que esto complica la visita de Mohammed Morsi a USA y sé que complica la política internacional de Barack Obama de cara a su reelección. Sé que beneficia a los republicanos; sé que beneficia a los partidos integristas, para los que es importantes mantener aislado al pueblo; sé que beneficia a los partidarios de los dictadores, que justifican así la necesidad de orden y autoridad; sé que beneficia, en fin, a todos los que no creen que pueda existir paz en esas tierras sometidas a demasiadas carcomas.
¿Perjudica a alguien? Sí. A todos vosotros; a los que creen que es posible un futuro para unos pueblos pisoteados por dictadores, visionarios y colonos, que necesitan salir del fondo cavernoso en que han vivido y muchos pretenden que sigan viviendo porque les resulta rentable. ¿Los enemigos están fuera, son conspiraciones como querían Mubarak, Gadafi, Al-Assad...? No. Los principales enemigos están dentro y se llaman intransigencia, manipulación e incultura, tres condiciones con las que es fácil convencer a aquellos que no quieren ni necesitan saber más de nada para que griten, asalten o maten. Ese es el verdadero enemigo; el más difícil de combatir. Esa es vuestra verdadera guerra.
No hace falta un genio para hundir el mundo; basta un imbécil.
Los países son adultos cuando asumen su propia responsabilidad en los bienes y en los males que les ocurren. Solo así pueden remediarlos. Son los niños los que echan las culpas a otros de lo que les ocurre. Tahar Ben Jelloun escribió al hilo de las revoluciones:

En las grandes manifestaciones no se ha escuchado ningún eslogan contra los otros, los extranjeros, los europeos o los israelíes. Esta vez los árabes han tomado su destino entre sus manos y han decidido subirse al tren de la modernidad sin alegar coartada alguna, sin culpar al resto del mundo. Lo que hagan con esa dignidad recuperada depende de ellos. (14)*

Creo firmemente en lo que dice Ben Jelloun, el escritor e intelectual marroquí, premio Goncourt, con todas sus consecuencias. Desde que el pueblo se levantó para recuperar su dignidad y libertad es responsabilidad de todos y cada uno. Son los que agitan las banderas contra otros los que se muestran incapaces de construir su destino más que como miedo o ira, fuerzas autodestructivas de la libertad. Los pueblos son libres porque creen que su destino está en sus manos. Hay que creerlo y practicarlo. Si no, las fuerzas negativas lo arrastran hasta el fondo del pozo de la historia.
Son muchas preguntas sin respuestas. Cada día más. Preguntarse es necesario; también avanzar, no dejarse llevar por los vientos ciegos que arrastran a la irracionalidad, el peor caldo de cultivo y del que nada puede salir.
Seguiré apostando —como lo hizo el embajador Christopher Stevens, un enamorado de Oriente Medio— por las personas, separando el trigo de la paja de la generalización; creyendo que es posible construir algo con buenas personas. Lo intento cada vez que nos sentamos a pensar una tesis o un proyecto de investigación, un curso que impartir. Cualquier cosa que me ayude a comprender mejor a los que son distintos en muchas cosas, pero semejantes en muchas otras. No sé si sirve de algo, pero lo intento. Sé que muchos otros, desde allí lo hacen también.

* Tahar Ben Jelloun (2011): La primavera árabe. Alianza, Madrid.







viernes, 21 de octubre de 2011

Celebraciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La última comensal que faltaba por sumarse a nuestra mesa trae la noticia: Gadafi ha muerto. Mientras nos llegan los múltiples y variados  platos egipcios, comentamos su final. Los egipcios no le dan más importancia; es un final buscado a pulso. Un loco menos en el mundo. Solo Chávez, según parece, lamenta la desaparición de su héroe. Él sabrá. Esperemos que la fijación que tiene con el que califica como “mártir” pase de ahí. También a Chávez, como a Gadafi, le gusta que todos le amen. Hay amores que matan, decimos.
Los egipcios discuten sobre lo suyo. Siguen preocupados por las relaciones con los militares y el futuro de su democracia. Los militares les siguen diciendo que ellos no piensan quedarse ahí, en el poder, que se retirarán. No se fían, pero es lo suyo, no fiarse. Hacen bien, porque una larga tradición de engaños así lo aconseja. El papel del ejército los divide: los que no los quieren, los que no se fían, los que los aman. Luego están los que los quieren, pero quieren que se vayan, y los que los quieren y desean que estén ahí, liderando.

Por la mañana, entre clases, me pidieron que acudiera a un caso de urgencia: un mubarakista recalcitrante del que han perdido ya toda esperanza. Entiendo que acudo en calidad de exorcista político, a ver si logro liberar su alma de los diablos dictatoriales que la poseen y torturan. Los terribles espíritus le hacen cantar bondades de las dictaduras y lanzar improperios terribles sobre la incapacidad del pueblo egipcio para gobernarse; necesitan líderes fuertes, porque los pueblos son débiles. Le digo, mientras lanzo gotas de té con hierbabuena sobre él, que son los hombres fuertes los que hacen a los pueblos débiles para poder seguir vendiendo su fortaleza. Él se agita convulso, pero me sigue sonriendo desde su seguridad de habitado por inquilinos diabólicos.
Comienzo el ritual con una larga ristra de argumentos sobre las ventajas de la democracia que dudo que eviten las seguras recaídas. El exorcismo concluye con la frase ritual que se suele repetir como cierre de estas ceremonias: “¡Pobre de la que caiga en tus manos!”. Dado que mis poderes no me autorizan a lanzar augurios sobre su futuro matrimonial (eso son asuntos internos), salgo a mi nuevo encuentro con los que son el futuro, los alumnos, por otro tipo de espíritus mucho más saludables.
Cuando salimos de restaurante, en el recorrido por el caos que son las calles de El Cairo, vemos celebraciones de libios que agitan sus banderas por las calles. Las nuevas banderas de Libia se agitan por la alegría que les produce la desaparición del dictador, cazado en su pueblo natal. Según me entero posteriormente, fue herido en una mano y la balas acabaron en su cabeza. Las versiones oficiales nos piden cada vez más imaginación. A Gadafi le pilló el fuego cruzado, probablemente, al intentar poner paz entre ambos bandos. Todos conocemos sus deseos de paz y de que el conflicto acabase pronto.


Si la conferencia para la Paz en España hubiera dedicado sus esfuerzos a solucionar los de Libia, ¡cuántos problemas se habrían acabado! ¡Eso es eficacia y convencimiento! Pero, ¡qué se le va a hacer!, nosotros los llamamos primero. Gerry se ha felicitado a sí mismo al comprobar asombrado su eficacia. No sabe Gadafi –yo me entero al llegar de madrugada al hotel- que ETA ha decidido abandonar la luchar armada. ¡Mala suerte la de Muamar! ¡Qué triste saber que la banda de encapuchados le ha robado, al menos en España, lo único que valoraba: las primeras páginas y las entradas de los noticiarios! ¡Qué humillación! ¡El gran final arruinado por las toses del espectador acatarrado de la primera fila! Pero el mundo de las dictaduras y el choubisnes son así de duros y de injustos. Te montas un gran final y te lo arruinan unos advenedizos. El Bad Boy nº 1 ninguneado por tres encapuchados.
La escenografía de los etarras sigue su vieja representación, su kabuki ridículo de máscaras anónimas. El momento ha sido elegido con cierta precisión, el momento electoral para tratar de aprovechar sus efectos. Con eso han conseguido que todos traten de robarse el protagonismo. Como no han disuelto el negocio, sino que lo han cerrado por reformas, algunos recelan, pero lo cierto es que, salvo escisiones de radicales dentro de la radicalidad, el anuncio no debería tener marcha atrás. La prudencia siempre debe mantenerse, pero si la banda hace alguna de las suyas, caería en un ridículo autoinducido del que les sería difícil salir. Mucha sangre, mucho dolor, mucha angustia… son sus méritos para participar en el futuro que los demás les acepten. Pienso en sus propios correligionarios o simpatizantes, que tanto los jalearon y que, ahora, pueden tener recelos de con quién han de hacerse las fotos. La capucha nunca ha sido fotogénica.

En el hotel, ya en la noche, contemplo en el canal 24 horas de RTVE los dos clips del día, el patrocinado por los servicios audiovisuales de ETA y el documental de la muerte de Gadafi. Sigo con mi costumbre de no alegrarme de la muerte de nadie, aunque sí de sus consecuencias. De nuevo, me repugna la humillación. Me causa un profunda repulsa ver a los milicianos haciéndose fotos con el móvil acercando su cara a la del dictador caído y arrastrado. Ya he escrito algo sobre esto. Hasta el asesinato, como pedía Thomas de Quincey, debía respetar cierta estética para ocultar la brutalidad del sentimiento primario que esconde. Puede que no podamos reprimir la crueldad de la venganza o el exceso de la justicia, que siempre son de aplicación local, pero para el espectador global solo queda la alternativa de sumarse al espectáculo, arrastrado por las pasiones, o desear que lleguen pronto los anuncios. La misma repulsa me produce leer la portada de The Sun: “That’s for Lockerbie”. Las formas, decían siempre los británicos, son lo más importantes, pero en la época del sensacionalismo, las portadas son el espejo del alma.
Que Gadafi, como Osama Bin Laden, haya desaparecido de la faz de la tierra es una buena noticia, especialmente para los pueblos que decían defender. Ahora tienen toda la responsabilidad de sus manos. El futuro no es bueno ni malo; se trata de que sea tuyo, que aciertes o te equivoques tú.
Me viene al recuerdo el título de un libro teológico que reposaba tumbado en los viejos anaqueles del departamento de español y que repasé mientras esperaba: “Dios no quiere, permite”.


jueves, 8 de septiembre de 2011

Dos preguntas sobre el futuro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La rebelión de los países árabes ha seguido un proceso propio en cada uno de ellos. Túnez fue diferente a Egipto y ambos han sido diferentes a Libia. Siria y Yemen, rebeliones en marcha, también presentan sus propias variantes en la forma de los conflictos. Libia ha vivido un proceso de extraña guerra civil rápida con intervención de apoyo de fuerzas internacionales gracias a los amplios acuerdos conseguidos en un bando y la presencia de mercenarios en el otro. Siria, en cambio, nos muestra un proceso de represión masivo a cargo de un régimen cruel y sanguinario enfrentado a un pueblo absolutamente determinado al sacrificio y a seguir la senda de los mártires. Yemen, un caso distinto, está abocado a recrudecimiento que puede acabar en guerra civil si regresa su chamuscado y tramposo presidente, un auténtico obstáculo, para un pueblo que también ha mostrado su determinación de seguir adelante.
Queda el caso de Bahréin que, sencillamente, ha desaparecido del mapa informativo desde que entraron en el pequeño reino las tropas de los países del Golfo. Algún día la Perla que presidía aquella plaza arrasada volverá a ocuparse de nuevo. Las ganas de libertad no desaparecen.


Con costes diferentes, parece indudable que los procesos iniciados, acabarán triunfando, por una vía u otra, más pronto o más tarde. Cada muerto en estos países, que han dado un ejemplo de coraje, ha sido un aliciente para avanzar reforzados en sus deseos de libertad. Los han convertido en los mártires a cuya memoria dedican sus esfuerzos.
Una de las consecuencias más importantes y emotivas en esta lucha es el resurgimiento de un orgullo genuino, especialmente en los jóvenes, que han pasado de la ausencia de expectativas de un futuro inexistente en un país desdibujado  a creer en que lo que hacen tiene algún sentido y merece la pena luchar por ello.

Me viene al recuerdo una pregunta realizada, con cierta tristeza, por una amiga egipcia hace ya algún tiempo y que se me quedó grabada: «¿quiénes somos los egipcios?». Pasada la fase primera de la revolución, muchos egipcios han cambiado esa pregunta por la que me hacía otra persona hace unos días con un ánimo bien distinto: «estoy orgullosa de mi país, ¿qué puedo hacer por él?»
Las dos preguntas identifican a generaciones distintas. La pregunta sobre el quiénes somos, sin dejar de ser importante, quizá no sea el camino inmediato y convenga reformularla en términos de futuro: «¿quiénes queremos ser y qué tenemos que hacer para conseguirlo?» Los pueblos demasiado obsesionados por quiénes son olvidan que esa es una pregunta que, como el movimiento, se demuestra andando. Por eso creo que es más productiva la pregunta sobre el qué puedo hacer que la del qué soy.

Las preguntas por el qué somos nos hacen construir demasiadas diferencias, levantar demasiadas barreras, nos vuelven estáticos y demasiado prisioneros de nuestras definiciones. La pregunta por el qué puedo hacer, en cambio, nos permite actuar con los otros, buscar empresas comunes, llegar a acuerdos y avanzar. La identidad surge precisamente de la unidad de los que son capaces de hacerse conjuntamente la misma pregunta.
Los países no son; se van construyendo por su deseo de ser. Como decían los viejos maestros existencialistas, la existencia precede a la esencia. El ser es algo que está al final y no al principio. Somos hasta donde llegamos; somos lo que hemos sido capaces de ser cada día.


La fe que ha sostenido a estos pueblos, la que les ha guiado en su lucha contra los gigantes de sus propios miedos históricos encarnados en sus respectivos dictadores, es la fe del querer ser. Por eso la pregunta que me hacían hace unos días no tiene más que una respuesta: ponte a soñar en el país del que quieres formar parte, el país en el que te gustaría vivir y convivir. Y luego despierta y ponte a trabajar sin descanso junto a los que tienen el mismo sueño hasta conseguirlo. Túnez, Egipto, Libia… tienen que reinventarse para poder avanzar ligeros hacia su nuevo futuro.

Lo que han recuperado es el derecho a soñar y también la obligación de llevar a cabo lo soñado. Por eso su futuro está en la juventud, no de forma retórica, sino real. Los mayores lo han comprendido. Son esos jóvenes los que han llevado adelante sus revoluciones y los demás les han seguido. Son una generación que ha recuperado el derecho a soñarse como pueblo y el deber de construirlo.
En una entrevista televisiva un ciudadano libio de a pie comentaba: «La economía es un desastre; el medio ambiente está destrozado…, pero somos libres.» Y lo decía con la sonrisa del que sale del sufrimiento y se dirige al esfuerzo que supone la reconstrucción moral y material de un país medio en ruinas. Hemos visto heridos que levantaban sus manos con dolor y esfuerzo para realizar el signo de la victoria ante una cámara y testimoniar que lo que han hecho, su sacrificio, vale el esfuerzo.
Y pueden estar orgullosos. Lo que han conseguido es mucho. Pero, con todo, no es más que haber limpiado el camino de obstáculos para dirigirse hacia el futuro. Está todo por hacer, un trabajo abrumador y un esfuerzo terrible. Pero esta vez deciden ellos dónde van.



miércoles, 24 de agosto de 2011

Bad boy nº 1

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Gadafi no aparece. La huida de su palacio no es más que un “repliegue estratégico”, según ha señalado.  Dice que ha estado paseando por la ciudad y que no ha sacado la impresión, así por encima, de que pase nada especial. Se ha ido porque ha querido y no porque le hayan echado. Gadafi no se cae; Gadafi se tira. Algo así parece desprenderse de las declaraciones realizadas por su voz desde algún lugar del universo que él se empeña en señalar como alguna céntrica calle de Trípoli, por donde dice pasearse de incógnito para escarnio de sus perseguidores.
Hay una anécdota sobre Gadafi que ha circulado de nuevo, una historia relacionada con una entrevista para The New York Times. Acababa Saddam Hussein de invadir Kuwait y se le preguntó a Muamar el Gadafi si el dictador iraquí había pasado a ser el “bad boy nº 1”. Gadafi se indignó:

"Saddam No. 1 Bad Boy?" he asked incredulously, seated outside his tent in his Tripoli command compound. "No! No! Gadhafi is No. 1. Only Gadhafi!"*

Saddam Hussein y Gadafi
La historia es muy reveladora de la personalidad de Gadafi como es revelador también el hecho de que se invoque en estos momentos. Uno de los temores que desde el principio se planteó Occidente ante su intervención de apoyo en Libia fue la conversión del escenario en un nuevo Irak. La posibilidad de entrar en un conflicto largo, sangriento y de desgaste frente a un enemigo camuflado, infiltrado, que aparece y reaparece, un ejército de suicidas que utiliza a mujeres y niños cargados de bombas para mandar al paraíso a los transeúntes de mercados, a los paseantes de calles y plazas o a los que se pille, espantaba a todos.
Como siempre se prometen guerras rápidas, pero el concepto de lo que es una “guerra” ha cambiado mucho y no se decide sobre una mesa de negociaciones, sino que lo impone el más depravado.
Muamar el Gadafi estuvo en ese puesto de “chico malo nº 1” durante mucho tiempo por sus acciones terroristas directas y de apoyo a otros terroristas del mundo. Solo Hugo Chávez lo considera un “héroe”, lo cual ya es bastante significativo.
Pero lo peor de Gadafi es ese deseo malsano, teatral, egocéntrico y narcisista, de ser el centro del universo. Lo peor que puede ocurrir en que en su reinvención personal, Gadafi decida asumir el personaje de chico malo que ha quedado libre no hace mucho: Osama Bin Laden. Si algo se aprende de todos estos dictadores es la facilidad con la que se transforman en sus amores y la persistencia de sus odios jerarquizados. Los más descreídos y perseguidores de los islamistas pueden convertirse en devotos proclamadores de guerras santas y reconquistas si es necesario. Para la personalidad teatral de Gadafi no es más que añadir un nuevo papel a su repertorio para la gira.
Creo que es igual de preocupante para todos la existencia de un escenario “a la iraquí” que un escenario “a lo Bin Laden”. La consolidación libia tiene que ser clara porque se corre el riesgo de crear un nuevo foco de sangre e inestabilidad. El historial terrorista de Gadafi no es el mejor aval para pensar que pueda tener escrúpulos en mantener un conflicto. La sangre no es un impedimento para el coronel.
Hay muchos interesados en que Libia no se estabilice. Los primeros, los dictadores cuestionados en otros espacios del mundo árabe. Mientras Libia no esté cerrada saben que no se abrirán nuevos frentes contra ellos, que los recursos son finitos y los acuerdos costosos. Un Gadafi burlón, apareciendo y desapareciendo, es más edificante que un Mubarak enfermo tumbado en una camilla dentro de una jaula en El Cairo.



Los dictadores no son fáciles de sacar de sus poltronas sangrientas. Siempre tienen amigos. China acaba de hacer un tímido gesto, a toro pasado, hacia el pueblo libio tras tratar de evitar condenas anteriores.  La condena reciente en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas al régimen sirio de Bashar Al Asad ha tenido el voto en contra de Rusia, Cuba, China y el Ecuador del presidente Correa, que ya ha decidió a qué mundo quiere pertenecer y con qué amigos convivir. China está penetrando en toda Latinoamérica a través de sus inversiones en economías que ven su salvación en la exportación a Asia. Es el secreto de que la crisis económica no haya sido en la zona tan grave. China importa de países en los que puede tener un control más efectivo. El voto de Ecuador al lado de China es un primer ejemplo de este efecto de política de “buena clientela”, ya que no de buena vecindad.
Si Gadafi no aparece pronto, se corre el riesgo de tener que estar rastreando medio universo, como ocurrió con Osama Bin Laden, durante años. Esto es un riesgo que se desplazaría del escenario libio a cualquier otro punto del globo. Podemos prepararnos a ver sus próximos vídeos o mensajes telefónicos si no lo localizan pronto. El coronel no va a renunciar a los micrófonos. No es su estilo.

* http://www.allvoices.com/contributed-news/10099526-saddam-hussein-and-gaddafi

Saddam Hussein y Muamar el Gadafi


martes, 23 de agosto de 2011

Houdini Gadafi


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay que reconocer que todos los Gadafi han sacado el espíritu teatral de su padre, el dictador. Ese sentido del espectáculo solo se puede llevar en los genes y manifestarse como una vocación, como una forma de vida.
La reaparición de Saif al Islam tras su presunta (y a la vista anticipada noticia) detención solo puede ser calificada como espectáculo. A falta de otra cosa, los Gadafi viven y sobreviven a golpe de efecto. Han convertido Libia es un gigantesco escenario de variedades lleno de trampas, resortes y nubes de humo tras las que aparecen y reaparecen. Uno se puede imaginar a cualquier Gadafi introducido en una caja, rodearla de cadenas, atravesarla con espadas, sumergirla dos horas en agua helada y, tras unos pases mágicos, que reaparezca tan campante.
Siempre se habló (incluida España) que los dictadores tenían varios dobles a su servicio para estos casos. Su función era sobrevivir a los atentados, en el peor de los casos, o evitar el aburrimiento de la vida social, que para algunos dictadores es importante a falta de parlamentos. Incluso uno de los abogados personados contra Mubarak en la corte de El Cairo, sostiene la teoría de que Mubarak murió en 2004 y ha solicitado al tribunal una prueba de ADN. A los dictadores les encantan esas leyendas, que nunca se sepa a quién tiene delante sus aterrorizados súbditos. Les da cierto prestigio mágico. El que se la juega en un atentado contra el dictador, al menos, debe estar seguro de contra quién atenta.

Saif al Islam reaparecido anoche en Trípoli para desmentir su detención
Las gafas de Gadafi, sus atuendos llamativos, todos esos elementos teatrales, pueden ser artilugios psicológicos para sembrar esa duda sobre quién se tiene delante. Al final identificamos a Gadafi más por los atuendos que por la cara, por los uniformes de opereta que por sus rasgos ocultos tras gafas oscuras. 
Los llamamientos desde distintos lugares, las proclamas teatrales tras los bombardeos para hacer ver que no estaba donde los demás creían que estaba, etc., todo ellos son maniobras destinadas a sembrar confusión y crear leyenda. La metedura de pata del ministro de Asuntos Exteriores británico cuando dijo que ya estaba camino de Venezuela tiene todas las trazas de haber sido una intoxicación informativa. Y ese juego le encanta a Gadafi, que dentro de su histrionismo, refuerza la moral de sus seguidores haciendo ver lo tontos y crédulos que son los occidentales o los enemigos locales. Si por él fuera, huiría de Libia convertido en hombre-bala camino de Venezuela. Sería un final grandioso para un dictador teatral.

En 2005 David Smith cruzó la frontera con México enseñando su pasaporte mientras volaba
La reaparición de Saif al Islam es un golpe de efecto que demuestra que el caos sigue en las tropas rebeldes, que siguen careciendo de una coordinación efectiva, algo lógico en un “ejército” de estas características. Lo que habrá que ver a hora es qué efectos tiene sobre la moral y, sobre todo, cuántas  trampas y trampillas quedan sobre el escenario de Trípoli. Algunas pueden ser muy peligrosas.



lunes, 22 de agosto de 2011

La caída de Gadafi

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo que le parecía imposible al coronel, ha terminado ocurriendo. Hasta el mismo final, hasta la entrada de los rebeldes, los portavoces de Gadafi han seguido negando lo que tenían en las mismas puertas, bajo sus narices. 
No ha caído Trípoli; ha caído Muamar el Gadafi.
La noticia confirmada en estos momentos es la detención de Saif al Islam, el hijo sucesor, el que mejor hablaba en nombre de su padre, el que mejor amenazaba con perseguir por las habitaciones de Libia a todas las ratas que habían osado levantar la vista del suelo. Su dudoso doctorado en filosofía, su trabajo sobre el papel del ONG en el nuevo orden mundial, liderado por Libia probablemente, le habrá dado la madurez suficiente como para superar el malestar intelectual que le tuvo que producir tener que asumir el papel de matón familiar. Sus próximas declaraciones serán en un tono muy distinto. Seguro.
No hay todavía, a estas horas de la noche, noticias del padre, del líder, del profeta político capaz de encabezar un movimiento que sería prolongado por sus hijos y los hijos de sus hijos. Hay rumores de aviones dispuestos a salir de Trípoli hacia Angola o Zimbawe, pero el coronel tendrá que llegar hasta esos aviones y las carreteras y el aeropuerto están controlados por las fuerzas rebeldes. Habrá que buscarlo. Puede que siga convertido en una voz al extremo de un teléfono. Tendrá que reaparecer en las próximas horas en algún lugar, africano o americano.

La gente pisa los retratos de Gadafi en Trípoli
Mientras tanto, en Bengasi, la gente no puede controlar su júbilo en las calles y en la plaza en la que se reúnen para celebrar la victoria. La ciudad que estuvo a unas horas de la destrucción a manos del ejército gadafista y los mercenarios llegados de fuera, celebra alborozada la liberación definitiva, la que te permita dormir, descansar sabiendo que finalmente los sacrificios han servido para librarse del dictador histriónico. Misrata lo celebra también, como un sueño.

"I am very happy. We are now free", dice un eufórico ciudadano de trípoli
Llegan los recuerdos de muchas víctimas en estos meses, de mucha gente que se quedó sin ver este triunfo de un pueblo. De gente que se quedó allí cuando se ordenó a los periodistas extranjeros que debían abandonar el país ante los avances de las tropas oficiales y su práctica de hacer desaparecer testigos. Me llegan imágenes de la gente avanzando en camionetas, de retirándose del frente en taxis; la imagen de aquel soldado con muletas y su fusil cruzado; las imágenes de los errores en los bombardeos aliados al no comprender que los disparos al aire eran las celebraciones por haber avanzado durante el día; vuelven las imágenes de las camionetas tuneadas para poder llevar los cañones ligeros y las ametralladoras. Vuelven las imágenes de los evacuados del sitio de Misrata,  el pueblo martirizado que no se rindió y se mantuvo alejado de los centros rebeldes en su resistencia.

Y llegan al recuerdo las imágenes de las risas de los colaboradores de Gadafi. Llegan las imágenes del dedo amenazante de Saif al Islam, de sus ruedas de prensa didácticas sobre lo que le iba a pasar a las ratas rebeldes. Y llegan también los discursos del coronel, su golpecitos sobre las mesas, sus proclamas encendidas sobre lo que les iba a ocurrir a los rebeldes, sobre lo que le iba a ocurrir a todos los países que, incapaces de reconocer su papel de soporte de Occidente frente a lo que fuera necesario —terrorismo, inmigración…—, se habían lanzado a distribuir mentiras para quedarse con el petróleo, o para dividir Libia, su Libia.
La tarea que queda por delante es muy grande: controlar el caos formado; evitar que se tomen la justicia por su mano, como es característico de las guerras civiles; intentar mantener un orden respetado y respetable y tratar de llevar a los responsables ante los tribunales internacionales o nacionales.
Libia tiene una tarea muy grande por delante. Es el tercer dictador que cae en ocho meses. Lo hace, además, en un momento importante para los sirios levantados contra Bashar al Assad que, animados por la caída del dictador libio, verán aumentada su capacidad de sacrificio y resistencia en la misma medida que hará pensar al dictador sirio, que hoy mismo ha declarado a su televisión oficial no sentirse preocupado por la situación actual de su país. Se refiere probablemente a los más dos mil muertos y a los miles de desaparecidos. La procesión va por dentro.
Cada dictador que cae es una victoria para todos ellos, un paso hacia el futuro.

Los rebeldes circulan por la Plaza Verde en celebración de la victoria


sábado, 20 de agosto de 2011

Tres finales

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En días o semanas podemos asistir, con bastante probabilidad, a los actos finales de tres obras trágicas. Nos referimos al final de las revoluciones en Libia, Siria y Yemen. Intuimos ya la llegada de los finales, aunque no estén escritos al detalle todavía.
La crisis Libia se puede medir por el grado de ausencia del histriónico coronel Gadafi. Hemos pasado de sus baños de multitud en los balcones, a sus rápidos paseos por las avenidas, de sus reuniones con los clanes a la partida de ajedrez, de la retransmisión televisiva en color al sonido telefónico distante y defectuoso de su último comunicado. Hemos pasado del “danzad y sed felices” con el que animaba a las familias para que le sirvieran de escudos humanos en las inmediaciones de su residencia, a su último comunicado: “la sangre de los mártires es el combustible del campo de batalla”.
Puede que aquella aventurada e irreal afirmación del ministro británico de Asuntos Exteriores, al inicio del conflicto, asegurando que el dictador se encontraba camino de Venezuela, se acabe cumpliendo meses después sin que eso le reporte ningún mérito al adivino. De nuevo han vuelto a aparecer —esta vez solo como rumores— informaciones sobre su presunto destino en el país caribeño junto a su colega y amigo Chávez. La locura de Gadafi y su clan es la suficiente como para acabar convirtiendo el sitio de Trípoli en un baño de sangre. Cualquier cosas puede esperarse de él y de los que no tienen nada que perder, su clan. Los colaboradores más próximos se fugan de Trípoli y aparecen de pronto en Egipto o en otros países con sus familias y las tropas rebeldes se van acercando a la capital. ¿Habrá batalla final? La gente ya está huyendo. Gadafi sigue en algún búnker.


El otro acto final es el de Siria. No parece próximo, pero la tensión que el pueblo sirio está viviendo, la lenta sangría con más de dos mil muertos y miles de desaparecidos, no puede durar mucho. El involucrar hasta las cejas al Ejército sirio en la represión y depuración del país es una locura que quedará en la cuenta de Bashar Al-Assad durante generaciones. La única salida que deja para este último acto es el golpe de estado cuando una facción de Ejército asuma que no puede estar así eternamente y que el futuro, tras la represión, no es un verdadero futuro. El dictador sirio se ha beneficiado hasta el momento de los conflictos abiertos a su alrededor, de la imposibilidad de abrir más frentes desde Occidente, y de la estrategia de países como Rusia y China que necesitan estar en el extremo opuesto a lo que decida el resto del globo para afianzarse como potencias de no se sabe muy bien qué. Los gobernantes sirios han pensado que los conflictos de los demás garantizaban su impunidad. Pero pueden haber calculado mal.

La apertura actual de un nuevo conflicto diplomático entre Israel y Egipto parece un intento de terminar de revolver la zona en los momentos en que requiere más tranquilidad y unidad de acción. Si algo moviliza a Occidente es la posibilidad de que se recrudezca el conflicto con Israel, una baza que se ha estado jugando —por quien fuera en cada momento— desde el principio de la revoluciones árabes. Israel siempre ha servido de excusa en la zona para mantener dictadores, para provocar revueltas, y para distraer la atención según conviniera. E Israel siempre ha entrado al trapo. Es fácil provocarla cuando se sabe cómo suele reaccionar. Pero el Egipto de ahora no es el de Mubarak. No se van a arreglar las cosas con silencios. Egipto tiene ahora voz. Eso se lo están avisando a Israel todos. Pero Israel no suele escuchar.
El holocausto del pueblo sirio adquiere dimensiones de martirio colectivo cuando son masacrados —por tierra, mar y aire— impunemente por las fuerzas de su propio Ejército. Esta fractura, que no se ha producido ni en Túnez ni en Egipto, con la “neutralidad” (sería más correcto decir con la “no intervención” del Ejército) y su negativa a sostener a los dictadores directamente manchándose las manos de sangre, actividad que dejaron en manos de la Policía y demás secuaces organizados. El gobierno sirio tiene que caer y lo hará. Al Asad pagará entonces todos estos desmanes infames. El problema es saber quién quedará limpio para asumir la reconstrucción de una fractura de tal calibre. Su estrategia ha sido esa, comprometer a todos para que no puedan echarse atrás, convertirlos en cómplices de su actuación criminal represiva. Pero la contestación Siria sigue.

El tercer acto tiene visos de ser completamente inédito: el regreso de Alí Abdullah Saleh a Yemen tras su convalecencia. Saleh es el gobernante árabe que ha pasado más tiempo en el poder tras Gadafi. Puede que sus tristes e indignas marcas de ambos se cierren a la vez. Su regreso a Yemen tras el atentado sufrido parece que reabrirá el conflicto yemení, que no puede durar tampoco mucho más. El presidente que más veces incumplió su palabra de solucionar el problema de Yemen —él es el gran problema— no puede creer que le queden muchas opciones de regresar a negociar, una vez más, nada con su pueblo. El tramposo entre los tramposos espera que le reciban para seguir negociando, suponemos que hasta que no se tenga ya de pie. Nadie ha prometido tantas veces como Saleh que dejaría el poder. Y sigue en ello.
Estos tres finales se presentan sangrientos y de duración incierta. Lo importante es que los países a los que escuchen estos dictadores —si es que escuchan todavía a alguno— asuman su responsabilidad de convencerles que sus días han terminado, que sus cupos de sangre y crueldad hace tiempo que rebosan, y que lo único que han dejado a sus pueblos por herencia son enormes bolsas de pobreza y corrupción, y gigantescas fracturas sociales.
En su momento lo dijimos. El estallido casi simultáneo de las revueltas en tantos países benefició a los primeros. Los que quedaron a la zaga se han visto sometidos al temor de los dictadores a caer y seguir hacia callejones sin salida y del temor occidental a convertir medio continente en un polvorín incontrolable.
Cuanto antes baje el telón para ellos, para los dictadores, antes podrán estrenarse las nuevas obras, obras con mejores finales. Los protagonistas ahora deben ser los pueblos. Y no por sus muertes.