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miércoles, 7 de abril de 2021

Heridas abiertas o la tortura mediática

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Antena3 acaba de abrir su noticiario de la mañana con una noticia destacada: la maniobra de hacer expulsar un trozo de bocadillo a una mujer atragantada por parte de unos miembros de la Guardia Civil que estaban en el mismo local del suceso. Tuvo suerte la mujer de que allí hubiera personas con formación en primeros auxilios, pero ¿es noticia? Lo es porque había imágenes para reproducir. La noticia no es lo que ocurre, sino lo que es captado en un universo ávido de imágenes impactantes, en donde se entremezclan las cámaras de seguridad de los bares, las callejeras o las captadas por los miles de millones de teléfonos móviles. Alguien sube esas imágenes a alguna red social e inmediatamente se produce el fenómeno de la redistribución infinita si esas imágenes atraen. El objetivo no es informar sobre lo que ocurre en el mundo e informar a los espectadores. El objetivo es mantener durante un tiempo especificado a quienes están al otro lado de la pantalla hasta que la responsabilidad pasa al siguiente programa.



Esta perspectiva atencionista, por distinguirla de la tradicionalmente informativa, se va haciendo con las audiencias y va perfilando los criterios de los profesionales, cuya eficacia se mide en términos de audiencias, de número de personas que han estado sujetos a sus butacas.

La imagen impactante pasa a ser la reina de la programación. Se le dedica más tiempo a los traspiés de un presidente al subir una escalera que a sus discursos. En el acto de la toma de posesión presidencial, el protagonismo se lo roban las manoplas escandalosas del senador Bernie Sanders. Y así funciona el mundo audiovisual prolongado al mundo de las redes sociales, competidoras en imágenes impactantes con los informativos, que encuentran en ellas su modelo en tensión constante.



La morbosidad de las imágenes ha sustituido a su carácter informativo, que pasa a un segundo lugar. Los periodistas trataban de "dar seriedad" a la "noticia de la mujer atragantada". Se le aplican los protocolos informativos: se da el lugar, la edad de la mujer, datos sobre la formación de los guardias civiles... Pero todo ello es solo la forma de evitar convertirse en un fragmento de YouTube. Otro día será otra cosa, un coche que se salta un semáforo, un patinete que atropella a una señora... Siempre hay un objetivo que capta, una voluntad que lo sube a la red, otros que lo hacen circular... y así pasa a ese mundo paralelo del que puede ser rescatado por cualquier circunstancia, en cualquier momento. La vida se acaba; las imágenes duran... y vuelven. Lo hacen en función de su carácter morboso, como ilustración de nuevos sucesos con los que se establecen conexiones o como simple recuerdo atencional, despertando nuestra memoria impactada por lo que vimos.

No siempre es así. Las imágenes de los ataques racistas contra asiático norteamericanos tomadas por cámaras de seguridad trascienden el morbo del ataque en sí y muestran algo más. Son pruebas de algo que ocurre y tiene trascendencia social. No es un atragantamiento por un trozo de bocadillo. Las imágenes grabadas desde distintos ángulos del ahogamiento policial de George Floyd han sido decisivas y se están manejando en el juicio, que ha alcanzado unas dimensiones planetarias. Han sido esenciales, pero no siempre es así.

La Vanguardia nos trae hoy, de la pluma de Domingo Marchena, un artículo titulado "Clamor contra el uso impúdico de la imagen del niño asesinado en Almería". Y nos habla del eterno retorno de los temas por su carácter morboso.


El mal, la capacidad de hacer daño, no tiene límites. A veces, de forma inconsciente o no, nos convertimos en cómplices, en aliados de los verdugos. Así lo ha denunciado en un escrito que corta la respiración Patricia Ramírez, la madre del pequeño Gabriel Cruz, el Pescaíto , el niño de ocho años asesinado por Ana Julia Quezada el 27 de febrero del 2018 en Las Hortichuelas, Almería.

El aniversario de los atentados de la Rambla de Barcelona sirve en bandeja la excusa para exhumar imágenes de cuerpos inertes. El del accidente de Angrois, en Santiago de Compostela, permite repetir mil veces la grabación del tren, descarrilando a toda velocidad. La tragedia de Germanwings resucita imágenes de hierros retorcidos. El cantante Àlex Casademunt fallece en un accidente y la familia se entera por Twitter…

Los ejemplos son infinitos. Pero lo del Pescaíto, así llamado porque siempre dibujaba pececitos, supera todo lo imaginable. Su madre, que recoge firmas para proteger la memoria de las víctimas de crímenes mediáticos, lo ha descubierto horrorizada. La imagen del niño sigue siendo utilizada hoy en día con los fines más impúdicos, incluso para remitir a páginas web de contenido gore o de una violencia atroz.*

 


La paradoja del escrito es que no puede escapar a su propia morbosidad. Denunciarlo es enunciarlo. El artículo se abre con una fotografía: la asesina abrazando al padre de la víctima. A lo largo del texto, hasta dos más nos muestran a la asesina detenida en una y durante el juicio la otra.

Si la madre se queja por el uso de la imagen de su hijo, las de su asesina no serán menos dolorosas y reavivarán los hechos y sentimientos. El derecho al "olvido" no parece existir en una sociedad que muchas veces es insensible al dolor de los que tiene delante pero hipersensible ante aquel que le muestran debidamente enmarcado.



Los que sufren por el dolor mediatizado aspiran al silencio, que es un primer paso hacia el olvido o, al menos, a intentarlo; aspiran también a la justicia, algo que no es fácil separar del ruido mediático. Las denuncias de la madre han conmovido, sí. La vimos hace unos días en una tensa intervención:

 

Antes del juicio, las filtraciones de un sumario en teoría secreto se sucedían sin fin. Aunque no es lo mismo leer un informe forense en un legajo judicial que en un periódico, Patricia Ramírez dio una lección y pidió que la morbosidad no ganara espacio a las buenas acciones y al “mar de sonrisas” que su hijo se merecía.

Pero ya no puede más. “La imagen de Gabriel se ha utilizado en exceso y a veces como reclamo para fines particulares (…) No hemos dejado de luchar por el abuso indiscriminado e inapropiado de su figura”. La herida nunca cicatrizará. Pero ¿hacía falta echarle sal? ¿Hacían falta “miles de titulares y cientos de programas de televisión y vídeos, muchos carentes de sensibilidad”*

 

Vivimos en una sociedad cada vez más extraña o, si se prefiere, una sociedad en la que los criterios morales y los valores se apartan en nombre de esas prioridades atencionales. Nosotros mismos no empaquetamos y nos ofrecemos para ser consumidos. Se pierde la percepción del alcance de nuestras acciones en algo que está al otro lado de los nuevos medios que han acabado arrastrando a los medios profesionales hacia el mismo agujero. Los profesionales de la información tienen un cierto sentido de lo que es su labor; los que simplemente juegan con lo disponible no tienen otro aliciente más que la expansión del ego, acumular relaciones, evitar la soledad entre millones. Otros aspiran a la capitalización de esa atracción morbosa, como se nos dice en la denuncia.

La madre, durante su aparición en los medios, muestra imágenes de la prensa y las redes sociales. Muestra páginas con comentarios donde la gente se libera de formas, de maneras y sentimientos, y dicen lo que le parece, sin más. ¿Es que no puedo decir lo que pienso?, dirán algunos. Probablemente sí, pero tú mismo te calificas con lo que dices. Pero tras un pseudónimo, un nombre en clave, todos se creen con derecho a la ocultación, algo que las víctimas, sobreexpuestas, no pueden hacer. Hay una injusticia en esa desproporción. Son demasiadas piedras lanzadas y manos escondidas.



Que las víctimas se tengan que proteger de los medios y sus comentaristas supone que son víctimas dobles. Padecen la violencia criminal primero y a esta se añade la violencia mediática, la de medios y micromedios, que con variables perspectivas viven de la atención.

La madre ha dado una rueda de prensa para pedir ese respeto que se le niega al manipular la imagen de su hijo. También ella necesita llamar la atención; lo hace con una camisa estampada con pescados y exhibiendo dibujos. El diario El País recogía entre las declaraciones en su comparecencia ante los medios:

 

[...] también pidió a los medios de comunicación que se centraran “en las cosas bonitas”. Sin embargo, ha roto su silencio y su intento de encontrar tranquilidad para anunciar que ha interpuesto ya dos denuncias ante la Policía Nacional y el juzgado de guardia para solicitar la retirada de las imágenes que, además, van acompañadas de una serie de comentarios de internautas.

“Siempre he intentado hacerlo desde la intimidad: solo solicito que las víctimas no tengamos que pasar por este tipo de abusos crueles e inhumanos”, ha insistido Ramírez, a punto de romper a llorar y que en los 20 minutos que ha durado su comparecencia pública se ha mostrado muy dura. “Desgraciadamente, tenemos un sistema de medios de comunicación y de redes sociales en el que son capaces de utilizar la crueldad extrema para ganar publicidad, likes y audiencia”, ha señalado.

Igualmente, la madre de Gabriel ha criticado el uso que diferentes partidos políticos y sus militantes han realizado de la imagen de su hijo “con fines partidistas”: “Una diputada de Vox compara el pequeño Gabriel con un feto abortado”. Es uno de los titulares que Ramírez ha leído con rabia para luego mencionar el uso que realizó el coordinador de Vox en el municipio almeriense de Las Salinas para criticar las protestas contra la muerte de George Floyd, algo que más tarde acabó con su expulsión del partido después de que la mujer hablara con Santiago Abascal. “Jamás me meteré con que la imagen de mi hijo represente a la buena gente de este país y a las buenas acciones. En lo que no tenga que ver con eso, esta madre va a seguir dando la lata hasta que quede aliento”, ha recalcado.**

 


No es difícil comprender su indignación. Los usos y abusos de la imagen de su hijo pueden llegar a ser infames. Cualquier dato o imagen puede ser reproducido en cualquier momento o convertido en parte de discursos extraños para despertar sentimientos manipulados en la gente.

La violencia mediática es más controlable que la micromediática, aunque se realimentan la una con la otra. Los medios tienen estructuras y criterios, aunque sean contradictorios. Pueden llegar a acuerdos internos sobre cómo actuar. En los micromedios, por el contrario, cabe todo; son decisiones personales y ahí entran desde las personas de interés genuino  y respetuoso hasta las peor intencionadas. Sin embargo, el comportamiento de los medios se parece cada vez más al de los micromedios, perdiendo en sentido de la responsabilidad y de los criterios de relevancia en favor de los atencionales.



La sociedad de la información es caótica y se rige por unos pocos principios generales y una pérdida manifiesta de ética y pudor. Puede jugar con todo y estar por encima de todo. Cabe la movilización democrática y la imposición autoritaria de lo propio a los demás. El viejo principio de "quien no quiera verlo, que no mire" es su primer mandamiento. El siguiente dice que todo lo que pueda exprimirse debe hacerse hasta la última gota, ya sea el dolor o la alegría, el orgullo o la vergüenza. Todo debe ser visto cuando quiere se mirado.

Hace dos días hablábamos de la extrañeza general sobre la desestimación de una causa por la grabación y difusión de las imágenes de mujeres orinando en un callejón durante unas fiestas de pueblo. Se nos hablaba de que algunas de las mujeres identificadas han tenido que recibir atención psicológica por lo que es claramente un ataque intencionado, una voluntad de hacer daño. Pero la trivialidad del mal es creciente. Sencillamente: importan poco lo que puedan sentir otras personas porque no se piensa en ellas, en lo que puedan sentir. Eso es un problema suyo. Las imágenes están ahí y son utilizadas una y otra vez.

“Basta ya de remover heridas y de seguir haciendo daño”*, ha señalado la madre en palabras recogidas por el texto de La Vanguardia. Pero una vez que algo entra en la red ya es incontrolable. Cualquier día, en cualquier lugar, el dolor puede reaparecer en forma de fotografía, de imágenes de vídeo. 

Dudamos que esto se pueda frenar, pero sí que es importante denunciar este uso morboso de las imágenes, esa crueldad infinita de los comentarios.

Hay hechos intrascendentes convertidos en noticias que recorren toda la prensa y pasan a las redes. Hay imágenes de las redes que pasan a ser transcendentes en los medios. Pero hay casos de uso morboso de las noticias, su prolongación infinita, su manipulación, su conversión en tópico deshumanizado que causan mucho dolor. La misma creación del concepto "crímenes mediáticos" implica una valoración desde la perspectiva atencional. Pero en todo crimen hay una víctima y una personas próximas que ven impotentes este uso perverso y rentable de aquello que les duele, siempre a disposición de quien quiera retomarlo por cualquier motivo.

  

 

* Domingo Marchena "Clamor contra el uso impúdico de la imagen del niño asesinado en Almería"  La Vanguardia 7/04/2021 https://www.lavanguardia.com/vida/20210407/6631578/clamor-impudico-imagen-nino-asesinado-almeria.html

** Nacho Sánchez "La madre del niño Gabriel denuncia el uso “cruel” de la imagen de su hijo en redes sociales" El País 22/03/2021 https://elpais.com/sociedad/2021-03-22/la-madre-del-nino-gabriel-denuncia-el-uso-cruel-de-la-imagen-de-su-hijo-en-redes-sociales.html

martes, 5 de noviembre de 2019

Desinformación y democracia, un desafío

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La sociedad actual parece haber tomado haber tomado un rumbo orwelliano de inversión en el que la mayor cantidad de información crea más desinformación. Las luchas que vemos hoy sobre el papel están pasando ya a las mentes de los ciudadanos y será difícil sobrevivir sin consecuencias en un mundo en el que los hechos son solo ecos de mentiras diseñadas en laboratorios de comunicación. Así, podemos ver titulares como los del diario El País de ayer mismo: "Una nueva guerra de desinformación amenaza la campaña presidencial de Estados Unidos".*
La nueva religión es la de la manipulación informativa eficaz, la mentira de laboratorio bien diseñada como cualquier acción de invasión o de asalto a las mentes de los receptores. A su servicio tienen los centros de investigación del comportamiento, la recopilación masiva de datos (Big Data), los micro objetivos comunicativos y la posibilidad de los perfiles, entre otras tecnologías.
El nuevo campo de batalla está creado sobre un espacio informativo muy diferente al de los medios clásicos, donde la ética profesional y los límites legales eran capaces de definir los estándares y sancionar la ruptura de sus límites. Ya no se necesita a los viejos medios como antes. Hoy las ruedas de prensa son una molestia parea quienes, como Donald Trump, mueven al país a golpe de tuit, mienten, manipulan, insinúan.


El famoso concepto del "cuarto poder" ha quedado destruido precisamente por el desequilibrio que supone hoy la información. Los tres poderes tradicionales han quedado sometidos al escrutinio constante de lo que algunos llaman una "democracia de opinión", en la que el foco se ha desplazado de donde estaba.
El 2 de julio de 2018, el catedrático de Filosofía Política de la Universidad del País Vasco, Daniel Innerarity, escribía un artículo titulado "Una política que se entienda", en el que señalaba:

Nuestras instituciones políticas han sido pensadas para hacer frente a la escasez de información y hemos atendido muy poco a la posibilidad de que lo que estuviera dificultando el juicio político fuera, por el contrario, el exceso de información. Lo que hoy tenemos es más bien una proliferación de datos e informaciones, spam político, publicidad omnipresente, solicitaciones de atención, opiniones múltiples y contradictorias, comunicación en todas las direcciones. El ciudadano corriente vive hoy la política como un exceso de ruido que no le orienta, pero sirve para irritarle; tenemos una especie de calentamiento global de la ciudadanía que dificulta hacerse una opinión de lo que pasa e imprimir a la sociedad la dirección deseable.**


Son diversos los avisos en este sentido. Lo son en intención y claridad de objetivos. El foco parece dirigirse hacia la creación de un estado de permanente efervescencia política en el que el fraccionamiento de las campañas electorales se ha transformado en un estado continuo, sometido a constantes estímulos en el que cada instante forma parte de una lucha por el control. La forma de actuar sobre ese continuo es la información, los mensajes cuya función es mantener la irritación del sistema receptivo, la opinión pública, que es la manejada a través de los medios a su alcance.
La lucha por la conquista y control de ese estado de opinión hace que sean imposibles los diálogos políticos horizontales, pues el objetivo es solo uno, la consecución del poder, es decir, del control de los recursos del sistema formal, que es lo que la opinión pública pone en tus manos cuando llega el momento electoral.
El ejemplo político más destacado lo tenemos en los Estados Unidos en donde la presidencia de Donald Trump lo ha cambiado todo. Lo que ocurra con el proceso de "impeachment" tiene una trascendencia planetaria pues mostrará, como ya lo ha hecho, el camino a muchos. El resultado es esencial pues se tratad de decidir entre las reglas del sistema viejo y las osadías destructivas del sistema nuevo, en el que todo vale y contra el que no habrá defensas, pues el problema del sistema es que lleva a la muerte de la propia democracia tal como la conocemos: ¿qué ocurre con un sistema en el que se elige a un mentiroso y manipulador? ¿En qué estado queda un pueblo que elige en estas condiciones?
Escucho los reproches: ¿es que es la democracia tradicional perfecta, con sus propio demagogos? La respuesta es claramente "no", pero existe una enorme diferencia entre ser engañados por políticos corruptos y corromper nosotros mismos la democracia eligiendo un mentiroso. Nadie está libre del engaño, pero es distinto ser tonto a ser elegido a sabiendas de la maldad.


Por eso, en Estados Unidos se está produciendo una batalla trascendente, la que comenzó el día en que Donald Trump declaró a los medios como los "enemigos del pueblo". Ese día comenzó oficialmente la lucha por el papel de la opinión y el cambio del valor sustancial de la instituciones. Trump y sus tuits diarios y sus mítines semanales no son anécdota, sino un cambio profundo del modelo. Y ese modelo no solo será norteamericano, sino un (mal) ejemplo para muchos países que ya están produciendo sus versiones locales y, lo que es peor, están siendo visitados por los mismos que desarrollaron estas estrategias, recibidos como gurús de la comunicación política.
En esta nueva forma de comunicarse, la novedad es la potencia de actuación sobre el cuerpo social hasta convertirlo en medio reactivo, sensible a esas variaciones que se le aplican. Han pasado a enorme velocidad los tiempos en los que se decía del primer mandato de Barack Obama que había sido el candidato que mejor había usado los nuevos medios, simplemente porque los había usado. El salto en estos años ha sido grande, como podemos aprender cada día.
Unos optarán por protegerse mientras que otros han conectado con esta forma "excitante" de vivir la política. El diario ABC titula "Profesores para combatir la desinformación en la era de las «fake news»" y nos da cuenta de las iniciativas de los que pretenden prevenir las situaciones futuras en las que la desinformación sea nuestro entorno constante:

Los alumnos de la escuela de secundaria de Algonquin Regional High School, situada a una hora de la ciudad de Boston en el estado de Massachusetts (Estados Unidos), se han acostumbrado a cuestionarse la veracidad de la información. Desde este curso, todos los estudiantes de 14 años tienen que matricularse de forma obligatoria en una asignatura que les enseña –a través de una plataforma llamada Checkology- a contrastar los mensajes que les llegan desde todos los frentes, con especial atención a las redes de internet. Los alumnos más mayores, en un instituto que cubre de los 14 a los 18 años, participaron hace años en el proyecto piloto.***



Muchos medios han tratado de extender los estándares de la información mediante "certificaciones" de que se adhieren a determinados principios para no difundir falsedades. En esto es mejor prevenir y acostumbrar a las audiencias a separar la información de lo que ese ruido constante que busca crear una situación de dependencia de determinados sectores.
La pasividad que se deja arrastrar por lo que le llega no es casual, pues están perfectamente diseñados los mensajes para obtener el descrédito de unos y la ganancia de otros. Los medios norteamericanos se han hartado de denunciar, como hace The Washington Post, las falsedades de la presidencia contabilizándolas y dejándolas en evidencia. La erosión que esto produce es mucho menor de la obvia. La democracia de opinión no es virtuosa, no busca ser ejemplar; solo desea ser "eficaz", un concepto que se define desde la consecución del fin último, la conservación del poder. No se trata de decir la verdad, sino de saber qué quiere el otro escuchar. Una vez descubierto en los laboratorios, el segundo paso es darle forma comunicativa y lanzarlo.


La iniciativa sobre la defensa ante la información manipuladora es necesaria, siempre lo ha sido. Pero siempre se ha mantenido en una segunda línea, a la sombra. Hoy es un negocio floreciente, con sus asesores pagados o con gobiernos detrás influyendo sobre los destinos de terceros países.
El titular de la CNN nos podría sorprender "Republican presidential candidate Joe Walsh says Fox News and conservative radio are lying to Americans"****, pero a estas alturas es difícil (aunque no imposible) que pueda sorprendernos algo. En la entrevista realizada a Walsh, este señala: «"This is an absolute shame and I think you've got to call it out for what it is," Walsh told CNN's Brian Stelter on "Reliable Sources" Sunday. "The Americans who listen to Fox News and conservative talk radio are being lied to and manipulated every day when it comes to impeachment."»****


Pero la cuestión va más allá del papel de Fox News y otros medios de apoyo a Trump. Hay una arquitectura de apoyo, pero es sobre todo un modelo. Este se fundamente en los principios de agitación mencionados anteriormente y en su necesidad de traducirse en una serie de acciones que concuerden. Los ataques a la inmigración, la exaltación nacionalista, la conversión del mundo en enemigo, la polarización interior, etc. afectan a la efectividad de los mensajes y deben ser traducidos a hechos para satisfacer el modelo.
La decisión del patrón de Facebook de no entrar en la polémica de la falsedad que pudieran contener los anuncios políticos pagados es una enorme decepción, pero también nos habla de la aceptación del modelo que llega. Aceptar las mentiras como parte del sistema no solo tiene implicaciones políticas claras sino morales., ya que implica una subversión de los fines y del papel de las instituciones. Es fácil quejarse del sistema y someterlo a crítica. Pero no habrá esa posibilidad cuando el nuevo sistema reemplace al antiguo. Las nuevas posibilidades son nuevas tentaciones y se acaban usando.
En España nos avisan de los peligros del "aburrimiento político". Una democracia joven se pierde en el hartazgo de un espectáculo continuo, despertando todos los elementos que nos nos llevan a ningún sitio pero que permiten ganar titulares. No hay diálogo político constructivo, solo un agujero en el que se compite por ver quién se entierra antes.
Si no somos conscientes de los peligros que este modelo político y mediático produce en las democracias, corremos el riesgo de pronto ser incapaces de salir de él.  Educar en un modelo en el que decir la verdad o buscarla es mucho menos productivo y rentable que usar las mentiras y la desinformación no será fácil, pero cuanto antes empecemos mejor. Si es lo que realmente queremos.




* "Una nueva guerra de desinformación amenaza la campaña presidencial de Estados Unidos" El País 4/11/2019 https://elpais.com/internacional/2019/11/03/actualidad/1572812258_302179.html
** Daniel Innerarity  "Una política que se entienda"
El País 2/07/2018 https://elpais.com/elpais/2018/05/31/opinion/1527782271_932604.html
*** "Profesores para combatir la desinformación en la era de las «fake news»" ABC 4/11/2019 https://www.abc.es/sociedad/abci-profesores-para-combatir-desinformacion-fake-news-201911040212_noticia.html
**** "Republican presidential candidate Joe Walsh says Fox News and conservative radio are lying to Americans" CNN 3/11/2019 https://edition.cnn.com/2019/11/03/media/joe-walsh-fox-news-reliable-sources/index.html





viernes, 3 de agosto de 2018

Todo es medio


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Con el titular "UN experts condemn President Trump's media criticism" la BBC recoge un episodio más de la guerra de Trump y los medios. David Kaye y Edison Lanza, miembros de la Comisión Inter-Americana de Derechos Humanos advierten del peligro de las palabras de Donald Trump sobre los medios. La BBC reproduce un tuit de Jim Acosta, el corresponsal de la CNN en la Casa Blanca, en el que se recoge un vídeo con los insultos y amenazas que recibe el reportero de la cadena en su asistencia a un mitin del presidente norteamericano.
Tras recoger que Ivanka Trump se ha distanciado de su padre al considerar que son las "falsas noticias" y no los medios los "enemigos", la BBC recoge otro testimonio: «And on Sunday, the publisher of the New York Times urged the president to stop using the phrase "enemies of the people" after he launched a Twitter tirade against the media.»*
El lenguaje está lleno de sutilezas y su retórica tiene múltiples recursos para moverse entre la afirmación y la insinuación velada. Pero, más allá de las palabras, está el efecto que se busca con ellas y las consecuencias, deseadas o no, que puedan acarrear.
No es la primera vez que desde Naciones Unidas y diferentes instituciones internacionales se critican los ataques de Donald Trump a los medios. Es más, en ocasiones se le ha responsabilizado de los ataques contra los medios en distintos países. En concreto, se ha señalado que su doble movimiento, conspiración de los medios y falsas noticias —o causa y efecto— están permitiendo a regímenes autoritarios de todo el mundo minar el papel esencial de la prensa.


No deja de ser interesante que el presidente de los Estados Unidos considerado más mentiroso de la Historia sea quien más se queja de las mentiras de los medios. Trump representa una forma nueva de entender la comunicación política porque se ha cambiado radicalmente el ecosistema de los medios en todo el mundo. A diferencia de los autócratas que siembran la verdad, Trump siembra la duda. Se mueve más en el reino de la insinuación, lo que le permite toda una serie de recursos retóricos en sus discursos, que le sirven para hacer caer a sus seguidores en un mar confuso, lleno de negaciones, cambios, reinterpretaciones, desmentidos y autoelogios.
Lo esencial es que Trump ha formado un circuito retroalimentado al no necesitar a los medios convencionales, ya que alimenta al sistema mediante su propia generación de noticias. Trump no necesita a los medios para que transmitan sus ideas, sino que establece un diálogo beligerante con ellos. Los medios se ven obligados a contestar a sus afirmaciones. Como el mensaje general es que los medios mienten y que él es la víctima, lo que los propios medios hacen para responderle se convierte, a los ojos de sus seguidores, en la confirmación de lo expresado. La ambigüedad constante de muchos de sus mensajes, junto a las mentiras, completan el circuito comunicativo. Sus seguidores huyen de los medios señalados como "mentirosos", mientras que confían en lo que les repiten desde el sector de los micromedios que tienden a tener una audiencia pequeña pero muy fiel, como suele ocurrir con los medios radicales.
No podemos decir si Donald Trump está creando escuela ha aprendido de ella. No son cuestiones fáciles de establecer. Lo importante son las interacciones que provoca. Son muchos los regímenes autoritarios que ven en Trump una justificación de sus ataques y limitaciones a la prensa. Un ejemplo que vemos a menudo es el de Egipto. El régimen egipcio ha iniciado —lo hemos tratado en muchas ocasiones, al hilo de cada caso— una guerra con los medios interiores, a los que ha ido controlando o silenciando, y una batalla hacia el exterior que hace unos días se concretaba en la presión sobre los corresponsales extranjeros, a los que se dificulta el trabajo y la estancia bajo la acusación de que no informan "profesionalmente", de que expanden "falsas noticias", etc. Evidentemente, el sistema norteamericano tiene unas formas de defensa —jurídicas, profesionales, etc.— muy superiores a las que el tradicionalmente autoritario régimen egipcio aplica con pocas posibilidades de réplica. Pero la actitud de los "medios mientes", de "solo escúcheme a mí", la "conspiración mediática", etc. es muy similar. Erdogan hace lo mismo en Turquía, por no hablar de Rusia o China, que tienen control férreo de los medios.


A la pérdida de audiencia de los medios convencionales por el aumento de fuentes de información en el conjunto del sistema de comunicaciones se suma la potencia de los micromedios para constituir redes y redistribuir las informaciones. Mientras los medios tradicionales se preocupan por no ser "copiados" estableciendo mecanismos de control del acceso (lo que hace reducir la audiencia), los micromedios se ocupan de lo contrario, de ser clonados, repetidos, enlazados, etc. Su vitalidad está en el enlace, en la creación de redes, lo que favorece la creación de densas y fieles concentraciones de adeptos a un tipo de mensaje o a sus contenidos, políticos, en este caso.
Mientras los medios tradicionales dan la batalla del sustento económico, los micromedios dan la de la influencia global y el refuerzo de las actitudes. Unos menguan mientras otros crecen. La información es cara de producir y barata de distribuir. Los que fabrican noticias falsas han ganado esa batalla a través de la propia configuración del sistema. Donald Trump , por ejemplo, ya les facilita los tuits por lo que la información no tiene por qué ser elaborada. La posibilidad añadida de disponer de medios globales e instantáneos a través de la red, como los programas de radio, los blogs, Facebook, etc., permite que la amplificación sea máxima. Un poco es mucho con los micromedios.
Trump ofrece a los micromedios lo que necesitan, materiales con los que seguir existiendo. La información es lo que determina su existencia al contacto con los demandantes de ese tipo de noticias que reafirman sus posiciones.
Lo que se ha producido es una segmentación en función del tipo de medios y, sobre esta, según los contenidos. Trump era el material perfecto para este tipo de sistemas, un charlatán. Frente a los discursos meditados, Trump ofrece su primera respuesta, transmite en directo, sin mediadores. Son los medios los que recogen y redistribuyen sus propios materiales.


Más preocupados por sus tiradas, por la publicidad, por las audiencias, etc. los grandes medios tradicionales se mueven con enorme lentitud frente a las cadenas de micromedios que esparcen sus contenidos, que les son entregados directamente al ponerse en circulación. No necesitan ruedas de prensa, algo que Trump ha delegado y convertido en tortura para los medios tradicionales.
Cada mentira de Trump se puede montar en apenas unos segundos, en un tuit que llegue a millones. Desmontar cada una de ellas cuesta horas o días, esfuerzos de demostración, recolección de datos. Cuando finalmente se hace, la atención ya se ha fijado en otra cuestión, ya quedó olvidada. El tempo es desigual en cada caso. También lo es su naturaleza: la noticia fabricada es más "interesante" que su desmentido.

La noticia hace unos días de que Facebook ha desactivado diversas cuentas falsas destinadas a esparcir noticias falsas en las próximas elecciones norteamericanas del otoño, introduce el tercer factor: la presencia rusa como otro factor de ambigüedad y distorsión. La afirmación de Trump de que los rusos están trabajando para los demócratas es una de esas tonterías que en circunstancias normales no merecería la pena ni desmentir. Pero la "nueva normalidad" es muy distinta. La audiencia fiel lo cree, lo que significa que se irá implantando en las mentes de millones de personas que desean que eso sea cierto. No se acercarán a comprobar informaciones que  lo desmientan porque no lo desean. Es mejor pensar en la zona de preferencias, en la que se mueve el deseo.
La transformación del espacio de la información no ha sido entendida en toda su profundidad. El tipo de sociedad en la que estamos, con diferentes zonas de intensidad, es muy diferente a la existente hace poco más de una década. La información ya no es algo que nos llega desde los medios tradicionales, sino que todo es información porque todo se ha transformado en medio, del reloj de pulsera que informa de nuestra tensión arterial al teléfono que nos guía hasta una calle. En términos de la nueva sangre que fluye por el sistema, somos donantes y receptores universales. Recibimos, repetimos, emitimos.
Trump está sabiendo aprovechar el cambio de modelo, mientras que los que se le oponen siguen muchas veces con el viejo. No se trata de considerar lo nuevo mejor que lo viejo. La cuestión aquí es política: el modelo de Trump es más eficaz en sus resultados y tiene un coste: la erosión democrática. Los medios moldean la forma de percibir el mundo al procesarlo. McLuhan tenía razón.

"UN experts condemn President Trump's media criticism" BBC 3/08/2018 https://www.bbc.com/news/world-us-canada-45053406




sábado, 30 de diciembre de 2017

Twitter, la verdad oficial y el vídeo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
A las múltiples críticas que están surgiendo contra las redes sociales hay una que debe ser tenida en cuenta de forma inmediata: la de los activistas sociales que son bloqueados gracias a las maniobras de persecución y denuncia de los ejércitos montados para silenciarles por los regímenes autoritarios.
La cuestión no es nueva. Si algún lector presente tiene memoria y ha tenido paciencia suficiente recordará que dedicados dos largos post a explicar por qué abandonábamos la cuenta de Twitter, que lleva ya unos cuantos años silenciada. Fue como resultas de la explicación de la compañía de plegarles a las ·legalidades vigentes" en cada espacio, lo cual entra en un mundo global dentro el maquiavelismo comercial y político. Deseoso de entrar en países en los que los activistas democráticos son detenidos, decidió aceptar las condiciones de censura y denuncia de los países, lo que implicaba dejar totalmente expuestos a los que poseían este medio para poder expresarse. Recordemos los carteles que presidieron los levantamientos de la Primavera árabe, "We want Facebook" o "We want Twitter" o uno más genérico "We want Internet". Cualquiera de ellos expresaba el deseo de libertades de entonces y dónde ponían sus esperanzas. No todas se han cumplido; más bien pocas lo han hecho.
Mada Masr no trae estos días la noticia de la suspensión de la cuenta de Twitter de un conocido activista de derechos humanos:

On December 12, 2017, Twitter shut down the account of prominent Egyptian cyberactivist Wael Abbas (@waelabbas), along with subsequent accounts he set up. He received a message from Twitter notifying him of the action, saying, “Your account has been suspended and will not be restored, because it was found to be violating Twitter’s Terms of Service, specifically the Twitter Rules against hateful conduct.”
Abbas is well known for his work on exposing corruption, human rights violations and challenging social norms online. Just before his account was closed, he criticized Alaa Mubarak, ousted president Hosni Mubarak’s son, on Twitter, after Alaa accused the January 25 revolution of being an Israeli conspiracy.
The closing of Abbas’ account by Twitter is believed to be in response to a large wave of violation reports by accounts linked to supporters of Mubarak’s regime. Such mass reporting by electronic committees — individuals mobilized by a single entity or group — is easy to spot, due to the sharing of identical posts and violation reports by several Twitter users, some of whom had Mubarak’s photo as their cover image.*


La facilidad para cerrar cuentas sin saber lo que se cierra es fruto de la desidia de Twitter, cuyo mecanismo contable no tiene más lógica que la comercial. La respuesta a la facilidad con la que el Estado Islámico o los hackers de diversos países abren cuentas desde las que difunden propaganda contrasta con la facilidad para cerrar las cuentas de los activistas de los derechos humanos.
No vamos a incurrir en el error de pensar que esta actividad es consciente, sino que, por el contrario, es completamente irreflexiva y va en la misma línea de complacencia comercial que su decisión "política" de hace unos años. De no ser por las protestas y advertencias de su propio gobierno, Twitter no movería un solo dedo que fuera en detrimento de la política comercial, solo importa el número y no el contenido. Como una actitud así solo le traería problemas, Twitter se pliega de forma automática, es decir, establece unos protocolos de denuncia que son manipulados en los conflictos políticos. Basta con sincronizar las protestas contra un activista para que su cuenta sea eliminada y, por ende, su voz silenciada. Es esta política de la indiferencia la que pierde a Twitter, es su falta de compromiso real.


En el artículo —firmado por Sherif Azer— se reconoce que el lenguaje de Wael Abbas no es el más "correcto" en busca de la eficacia, pero también que es fácil de diferenciar del estrictamente "grosero". Por lo que parece esta circunstancia solo molesta a sus opositores políticos, Señala Azer en su artículo:

Abbas is a renowned blogger, known for his posts on Misr Digital exposing human rights violations committed by Egyptian security forces. He played a key role in spreading a video in 2007 showing two police officers assaulting microbus driver Emad al-Kabir. The officers in the video were eventually convicted and sentenced to three years in prison, partly due to the awareness created by Abbas and other bloggers. This was a landmark case that sparked a wave of cyberactivism, specifically against torture, and contributed to the establishing of an online solidarity and advocacy group “Egyptians Against Torture.”
Abbas documented his personal experiences and aspects of daily life in Tahrir Square during the 18-day uprising in 2011, in addition to details of the arrests and assault of protesters by security forces. He took a strong stance against the intervention of Sisi in 2013, warning early on about the return of the military to daily life. He is also known for engaging brazenly with sensitive issues in Egyptian society, such as the death penalty and homosexuality.
Twitter protocol has systems for the reporting of vulgar or offensive language, which were easily used against Abbas. When large numbers of users report such alleged abuse, Twitter is obliged to close the account, often before fully investigating the content.
Abbas often writes in the vernacular to reach a large audience, converting the language of human rights and politics into a discourse people can understand and relate to. It is essential that media platforms like Twitter are able to distinguish between such language, which is often highly opinionated, and intentionally abusive discourse.
This tactic of mass reporting was also used to suspend the Twitter account of Reuters journalist Amina Ismail on December 13, although it was reinstated a couple of days later.*

Lo malo es que Twitter no distingue, solo aplica. El caso de que exista una fuerza que obligue a rectificar, lo hace para evitarse males mayores, como es el caso de la periodista de Reuters señalado, ocurrido hace dos semanas.
Las críticas a Twitter por lo que no hacía se han convertido en críticas por lo que hace. Quizá esté condenado a ello, pero la única solución es que deje de automatizar los procesos de anulación de cuentas y dedique algo de tiempo a pensar en lo que hace.
En Egipto se está produciendo un movimiento de silenciamiento mediático que está condenando a la "verdad oficial". Con medios cerrados o bloqueados y otros comprados para ponerse al servicio del poder, la voz de los activistas o de los simples ciudadanos es cada vez más importante.
Podemos comprobarlo en el caso de ayer en el atentado contra la iglesia copta en Helwan. Las primeras noticias oficiales hablaban de tres policías muertos. Finalmente fue uno, junto a 9 cristianos y un musulmán, según iban pasando las horas.


Como ya ha pasado en otras ocasiones, la emergencia de un vídeo subido a la redes, en este caso, YouTube, permite tener una versión diferente a la oficial. Alguien, desde su balcón situado frente a la iglesia atacada, grabó los acontecimientos permitiéndonos ver diferencias con la versión oficial.
Egypt Independent, que reproduce el vídeo, titula "Video: Civilians fire back against Helwan church attacker"**. Hay otros más que desde las ventanas muestran toda la secuencia final y cómo, tras ser derribado, son cientos de personas las que le rodean y patean. En el interminable tiempo anterior, coches y personas han pasado junto a él mostrando la inexistencia de cualquier cosa parecida a un cordón policial. Disparan contra él ciudadanos que se han hecho con el arma del policía de plantón junto a la iglesia atacada. No pudo entrar, como decía uno de los sacerdotes que hablaban para Euronews porque la puerta estaba cerrada. Solo así se evitó la masacre dentro del templo.


Son varios los vídeos en YouTube, incluso algún reportaje, que en estos momentos muestran lo ocurrido. Solo hubo un muerto entre la Policía porque solo había un agente. Pese a tener claras imágenes de lo ocurrido, los medios siguen dependiendo de lo dicho por los ministerios, por los únicos que pueden informar sin ser acusados de expandir "falsas noticias". Es curioso como el texto que acompaña al vídeo en Egypt Independent muestra algo distinto de lo que se puede ver, incluso el titular lo es. Es prevención. Mantienen la versión oficial, pero dicen lo que el vídeo muestra: civiles disparando al terrorista.
Gracias a la existencia y circulación de estos vídeos se puede acceder a los hechos sin los filtros e interpretaciones habituales. Lo ocurrido con el atentado contra la iglesia cristiana muestra una vez más, que la vigilancia no era la suficiente y la tardanza de la Policía.


El asesino terrorista acumuló dos víctimas más entrando en la tienda de un cristiano copto y matando a dos de los hijos presentes. Después siguió en busca de su objetivo hacia la iglesia. Indudablemente, los coptos eran su objetivo. Pudo pasearse por las calles con total tranquilidad sin que nadie más que las personas que tuvieron el valor de recoger el arma del guardia muerto le hiciera frente. No se escucha una sirena en todo el tiempo ni se ve la llegada de efectivos policiales. Solo la gente que sale por decenas a patearle en el suelo. Todavía estaba vivo cuando le esposaron, como se encarga otro vídeo de mostrar.
El papel de los ciudadanos en la información es creciente y se muestra cada día. Hay un lado negativo es el acoso, en la trivialidad. El otro es el que permite que cada dispositivo de transmisión pueda sea capaz de recoger la realidad y mostrarla sin filtros ni tapujos.
El activista cuya cuenta ha sido cerrada por Twitter pudo dejar en evidencia la brutalidad y la represión. Los vídeos subidos a YouTube permiten ver lo que ocurrió ayer. Hoy uno de ellos acumula más de medio millón de vistas. Los que quieren silenciarlos y que solo quede la verdad oficial lo tienen demasiado fácil. 
Los responsables de las redes deberían ser bastante más sensibles al papel importante que desempeñan en determinadas situaciones. Puede que no sea lo que buscaron, pero forma parte de la filosofía de la red —para bien o para mal— que son los usuarios los que determinan el "uso". Las dictaduras y demás formas autoritarias están buscando siempre la forma de cerrar, obstruir... las redes para silenciar a los activistas y opositores. El control de los medios ya no asegura el control social. Los micromedios son eficaces ofreciendo alternativas. Unos han optado por usarlos difundiendo contrainformación e información falsa; otros apuestan por la censura y el silenciamiento. Estas herramientas mediáticas han desbordado su origen inocente y se han convertido en parte de la vida política. Trump es un ejemplo.


Es difícil que Twitter o Facebook puedan seguir ignorándolo. Por eso es necesario que dejen de jugar a una imposible neutralidad que solo favorece a los que quieren controlar las sociedades. Este año que acaba se presentaron en Egipto iniciativas para tener que sacar licencias para poder acceder a Facebook. Otros países se han cerrado para evitar que se abran las sociedades y se pierda el monopolio de la verdad.
Los vídeos que muestran el ataque a la iglesia ponen lo ocurrido en manos de cualquiera que quiera verlo. Eso es importante y difícil de parar. Decenas vídeos, desde puntos diferentes, acompañan el largo paseo terrorista mostrando su impunidad hasta que finalmente cayó.
Probablemente no haya un atentado tan documentado como este.





* "Twitter suspends more accounts of Egyptian activists" Mada Masr 28/12/2018 https://www.madamasr.com/en/2017/12/28/opinion/u/twitter-suspends-more-accounts-of-egyptian-activists/
** "Video: Civilians fire back against Helwan church attacker" Egypt Independent 29/12/2017 http://www.egyptindependent.com/video-civilians-fire-back-against-helwan-church-attacker/


jueves, 4 de febrero de 2016

Romper sin construir o Wael Ghonim cinco años después

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es como si, subidos por primera vez sobre una tabla de surf, intentáramos deducir los principios sobre los que se funda nuestro inestable deslizar. Algo así ocurre con nuestra experiencia sobre la tabla de la Historia, acelerada esta vez por el fenómeno de las Nuevas Tecnologías globales de la Comunicación. Pasan muchas cosas, pasan muy deprisa y la experiencia que extraemos cada vez sirve menos para enfrentarse a un futuro inmediato. Todo cambia con demasiada rapidez como para hacernos sabios. Nuestra eficacia especulativa decrece con la velocidad e intensidad de los cambios. De ahí la proliferación de futurólogos y gurús en el campo de la evolución social. ¿Dónde vamos y de qué nos sirve la experiencia acumulada?, pasan a ser las dos preguntas claves.
Thomas L. Friedman, el columnista de The New York Times, recupera la figura de Wael Ghonim, el ejecutivo egipcio de Google que desencadenó con su página de Faceebook la revolución en 2011 en Egipto. Los hace a través de un interesante artículo, "Social Media: Destroyer or Creator?", en el que se pregunta sobre los efectos de la ola sobre la que cabalgamos ya por la Historia:

Over the last few years we’ve been treated to a number of “Facebook revolutions,” from the Arab Spring to Occupy Wall Street to the squares of Istanbul, Kiev and Hong Kong, all fueled by social media. But once the smoke cleared, most of these revolutions failed to build any sustainable new political order, in part because as so many voices got amplified, consensus-building became impossible.
Question: Does it turn out that social media is better at breaking things than at making things?*


Creo que nos hemos hecho esa pregunta muchas veces estos años al hilo precisamente del caso egipcio, que ha tenido aquí atención preferente. Las conclusiones a las que llegan Friedman y Ghonim son muy parecidas a las que hemos señalado y también a las que muchos otros han llegado. Con la perspectiva que va dando el paso del tiempo, las ideas se van asentando. La cuestión es si es útil para el futuro o son estas ideas las que lo condicionan de forma inevitable.

Los medios sociales han sido capaces de provocar grandes reacciones ante situaciones, tienen un enorme poder de convocatoria, son explosivas, pero su capacidad de construcción —una segunda fase— es inmensamente menor. Quizá este efecto tenga su explicación en su misma naturaleza y que tengamos que redefinir no solo los canales sino sus capacidades para poder usarlos con inteligencia. Sin embargo, el fenómeno de los medios sociales es más "emocional" que "inteligente" por su propio diseño. Por mucho que hablemos de "inteligencia emocional" y de "inteligencia colectiva", lo cierto es que siempre hay un "inteligente cero" (por analogía a la idea de "paciente cero" en las epidemias), es decir, un punto en el que algo comienza. En nuestro caso es evidente que esa "inteligencia cero" fue la de Wael Ghonim.
Así describe lo ocurrido entonces, contado por Thomas L. Friedman:

In the early 2000s, Arabs were flocking to the web, Ghonim explained: “Thirsty for knowledge, for opportunities, for connecting with the rest of the people around the globe, we escaped our frustrating political realities and lived a virtual, alternative life.”
And then in June 2010, he noted, the “Internet changed my life forever. While browsing Facebook, I saw a photo … of a tortured, dead body of a young Egyptian guy. His name was Khaled Said. Khaled was a 29-year-old Alexandrian who was killed by police. I saw myself in his picture. … I anonymously created a Facebook page and called it ‘We Are All Khaled Said.’ In just three days, the page had over 100,000 people, fellow Egyptians who shared the same concern.”
Soon Ghonim and his friends used Facebook to crowd-source ideas, and “the page became the most followed page in the Arab world. … Social media was crucial for this campaign. It helped a decentralized movement arise. It made people realize that they were not alone. And it made it impossible for the regime to stop it.”*


Los antiguos teóricos de los movimientos sociales solían trata de distinguir entre "revoluciones", "revueltas", "rebeliones", etc. por un lado y por otro entre "masas", "multitudes", etc. La cuestión no era baladí porque de alguna forma trataban de establecer una relación entre el tipo de "movimiento" en función de la "masa" (los términos proceden de una concepción determinista de "física social", como se pensaba al principio del pensamiento sociológico). Como ya hicieron los teóricos de "masas", "multitudes" o "muchedumbres", de Le Bon a Freud, partían del principio de que estas concentraciones poseían fuerza, pero no inteligencia.
En su trabajo seminal sobre las multitudes, el psicólogo social y físico aficionado Gustavo Le Bon ya consideraba que el fenómeno tiene un aspecto claro, lo efímero, lo inconstante de las poderosas manifestaciones explosivas de esas multitudes que cambian la Historia a golpe de ira. Señala en su prefacio:

Su conjunto constituye un alma colectiva, poderosa, pero momentánea.
Las masas han desempeñado siempre un papel importante en la historia, sin embargo nunca de forma tan considerable como ahora. La acción inconsciente de las masas, al sustituir a la actividad consciente de los individuos, representa una de las características de la época actual.

Cuando a los sociólogos ha dejado de gustarles la palabra "masa", adquiere sin embargo una curiosa manifestación a través de los fenómenos de los medios y redes sociales. Tienen un gran poder de convocatoria, un poder explosivo en sus reacciones, pero como señalaba Le Bon, este es momentáneo.
Siempre se ha considerado importante el papel de las redes sociales, tal como cuenta el propio Ghoneim, en el caso egipcio. Cuando se produjo la revolución egipcia, llamamos la atención sobre algo: el efecto que había tenido el corte de varios días de las comunicaciones, internet en su conjunto, la telefonía, impuesto por el gobierno de Mubarak. Se "cortaron" las comunicaciones. Los activistas tunecinos tenían medios alternativos para superar el corte de sus redes, pero no así los egipcios. El país quedó prácticamente aislado por el corte de internet. Señalamos entonces, cuando se produjo, que el efecto había sido hacer que la gente no se moviera de las calles, permaneciera unida físicamente. Trataban de compensar la pérdida de las comunicaciones. El efecto conseguido por el régimen con el corte fue el contrario.
Pero lo importante, tal como apunta Ghonim es que en un primer momento fueron los medios sociales los que aglutinaron las reacciones emocionales de la gente y guiaron sus actos a golpe de convocatoria. Pero todo eso no es poder de construcción. La convocatoria lleva a un punto y momento en el espacio. Puede producirse un choque, puede asaltarse un palacio o una comisaría, pero no es fácil ir más allá. Los medios sociales son un arma poderosa, permiten dirigir el foco hacia un punto, pero ¿es eso suficiente?
Señala Friedman:

Alas, the euphoria soon faded, said Ghonim, because “we failed to build consensus, and the political struggle led to intense polarization.” Social media, he noted, “only amplified” the polarization “by facilitating the spread of misinformation, rumors, echo chambers and hate speech. The environment was purely toxic. My online world became a battleground filled with trolls, lies, hate speech.”
Supporters of the army and the Islamists used social media to smear each other, while the democratic center, which Ghonim and so many others occupied, was marginalized. Their revolution was stolen by the Muslim Brotherhood and, when it failed, by the army, which then arrested many of the secular youths who first powered the revolution. The army has its own Facebook page to defend itself.
“It was a moment of defeat,” said Ghonim. “I stayed silent for more than two years, and I used the time to reflect on everything that happened.”


Lo que se encierra en estas líneas anteriores es de gran trascendencia porque resumen un fenómeno que se daba por primera vez: una batalla virtual, una guerra cuyas armas son el ruido y la furia. Es la historia de un ascenso y caída, del robo histórico de una revolución y de la inversión masiva de la emoción redirigiéndola contra aquellos que la iniciaron. Es un fenómeno histórico y trascendente del que han aprendido mucho las dictaduras y poco las democracias.
En esas líneas se encierra la frustración del que ve cómo le son sustraídas las armas y la iniciativa. Islamistas y militares consiguieron hacerse con el control sucesivo de la revolución iniciada porque poseían el valor más importante para las carreras a medio y largo plazo: la organización. Puede que las guerrillas ganen escaramuzas y batallas, pero solo los ejércitos gana guerras.
Ese carácter explosivo y momentáneo de la revolución se fue diluyendo hasta ser robado por el propio enemigo. El absurdo egipcio es que se canta la revolución mientras se acusa de agentes extranjeros a los revolucionarios, que la revolución se loa en la constitución mientras se encarcela o exilia a sus miembros, como al propio Ghonim al que se pretendía no hace mucho privar de su nacionalidad egipcia. Todo ello procede de esa incapacidad de consenso, de organización de esas fuerzas desatadas. La oportunidad perdida es la de la organización. Las fuerzas que se acaban llevando el gato al agua son las organizadas, el Ejército y los Hermanos Musulmanes, una organización con noventa años de vida y una férrea disciplina y control de sus miembros.


Los medios sociales pueden derribar dictadores al canalizar la ira y la frustración. Pero por su propia idiosincrasia esa difícil que sea posible construir algo con ellos. Requieren una organización que es difícil por su propia naturaleza. Es más fácil intoxicar con ellos que crear corrientes estables, que siempre tenderán a ser minoritarias allí donde no exista detrás de ellas otras organizaciones que den soporte y eviten del deterioro o la tendencia a la dispersión pasado un tiempo.
En un antiguo artículo sobre el papel de las redes en la vertebración social distinguía entre acción en las redes y acción a través de las redes. Las redes son más eficaces si esa tendencia a lo efímero se contrarresta con la solidez de las organizaciones exteriores a las redes. En la Primavera árabe, esas organizaciones eran los islamistas y el ejército. De ahí el interés político en evitar que la sociedad se vertebre más allá de esas dos grandes fuerzas conformadoras, perfectamente jerarquizadas para establecer los fines y llevarlos a cabo. Por el contrario, los revolucionarios solo contaban con la ira. Su acción fue intensa pero corta en el tiempo y con un solo objetivo a su alcance: a caída de Mubarak. Eso era un objetivo claro. La construcción de una democracia después requería de unas condiciones, organización y medios muy distintos. No se construye una democracia en las redes sociales, por más que algunos hablen de repúblicas virtuales o demás lindezas utópico-virtuales.
Friedman recoge las enseñanzas que tras dos años de silencio en las redes Wael Ghonim ha madurado. Son las siguientes:

Here is what he concluded about social media today: “First, we don’t know how to deal with rumors. Rumors that confirm people’s biases are now believed and spread among millions of people.” Second, “We tend to only communicate with people that we agree with, and thanks to social media, we can mute, un-follow and block everybody else. Third, online discussions quickly descend into angry mobs. … It’s as if we forget that the people behind screens are actually real people and not just avatars.
“And fourth, it became really hard to change our opinions. Because of the speed and brevity of social media, we are forced to jump to conclusions and write sharp opinions in 140 characters about complex world affairs. And once we do that, it lives forever on the Internet.”
Fifth, and most crucial, he said, “today, our social media experiences are designed in a way that favors broadcasting over engagements, posts over discussions, shallow comments over deep conversations. … It’s as if we agreed that we are here to talk at each other instead of talking with each other.”*


Algunas de estas ideas se han detectado ya en el análisis de los medios y redes sociales. Pero creo que son acordes con lo que hemos señalado antes, con distinto grado de concreción o detalles en ciertos aspectos. Por ejemplo, lo observado sobre la tendencia a los "rumores" ha sido padecido por el propio Ghonim cuando se le considera un agente extranjero. Las redes amplifican cualquier rumor y no tiene nadie forma de pararlo. The Washington Post de hoy incluye un vídeo informativo sobre la preocupación despertada por el papel de una app, "KIK", cuya función es asegurar el anonimato en la red. Cuando se inventó la imprenta, los primero que se hizo fue establecer lo que Foucault llamó la "función autor", es decir, el responsable del texto. Por el contrario, hoy buscamos herramientas que aseguren nuestro anonimato. Eso se hace para evitar ser rastreados, pero en el fondo es conceder una antifaz que puede ser usado para la alegría del carnaval o para asaltar bancos. 


Extender rumores, difamar a las personas, acosar, etc. son aspectos que las redes sociales han intensificado al permitir la amplificación primero y el anonimato después. La sensación de impunidad es siempre peligros. Habrá que dar la razón a los que consideran que nos somos demasiado buenos por naturaleza sino, en muchos caso, por temor a ser castigados por nuestras acciones negativas. La impunidad del anonimato es un elemento muy peligroso, de lo que tenemos ejemplos todos los días. Los ejemplos beneficiosos existen, por supuesto, pero no es cuestión de equilibrio, sino de lo que le toca a cada uno padecer.


El último punto señalado por Ghonim es determinante porque afecta realmente a lo que se pueda conseguir con los medios sociales que las redes posibilitan. ¿No da más de sí su naturaleza? Es una pregunta que requiere de contestación y, sobre todo, intentar saber qué se puede hacer para evitar esos efectos negativos, esa tendencia a la amplificación primero y a la dispersión después. ¿Cómo construir, dónde construir?
La reflexión política de Ghonim es la de la tristeza de la ocasión perdida, la del mirar hacia atrás y ver los resultados del esfuerzo, de las muertes de tantas personas:

Alas, the euphoria soon faded, said Ghonim, because “we failed to build consensus, and the political struggle led to intense polarization.” Social media, he noted, “only amplified” the polarization “by facilitating the spread of misinformation, rumors, echo chambers and hate speech. The environment was purely toxic. My online world became a battleground filled with trolls, lies, hate speech.”
Supporters of the army and the Islamists used social media to smear each other, while the democratic center, which Ghonim and so many others occupied, was marginalized. Their revolution was stolen by the Muslim Brotherhood and, when it failed, by the army, which then arrested many of the secular youths who first powered the revolution. The army has its own Facebook page to defend itself.*

Cuando veo los comentarios en algunos medios digitales egipcios (en muchos otros pasa igual), compruebo efectivamente los mecanismos mediante los que se desactivan las ideas, se silencia a las personas, mediante las agresiones, los insultos, las descalificaciones de profesionales del rumor y la difamación. Trolls, mentiras y palabras de odio, dice Ghonim. El Ejercito, nos señala, tiene su propia página de Facebook para defenderse y muchas otras camufladas para atacar, además de los francotiradores virtuales repartidos por foros y chats. No son los únicos. Ellos y los islamistas seguirán tratando de que no haya organización social —de ahí lo ataques a la financiación extranjera a las ONG, que es lo más cercano a un grupo organizado—, para poder conseguir sus fines y evitar que otros alcancen los suyos.


El párrafo final del texto de Friedman recoge las conclusiones, la enseñanza obtenida después de cinco años intensos de emociones, alegrías y frustraciones:

“Five years ago,” concluded Ghonim, “I said, ‘If you want to liberate society, all you need is the Internet.’ Today I believe if we want to liberate society, we first need to liberate the Internet.”*

Y eso abre otra serie de preguntas igualmente complicadas.
La pregunta sobre la validez de estos medios virtuales para conseguir ciertos fines sociales sigue abierta. Son poderosas herramientas para aglutinar gente, pero ¿permiten construir? ¿Tienen la estabilidad suficiente para mantener esos grupos en el tiempo cumpliendo sus objetivos? Eso es algo que no está tan claro a la vista de la experiencia que la Historia va acumulando. 
La enseñanza que tenemos es que unos mueven el árbol y otros recogen las nueces. Sin organización capaz de articular el flujo, es difícil avanzar. La segunda parte es que los que fueron tomados por sorpresa, ya no se dejan sorprender y dominan y controlan los nuevos mecanismos. Ya no es solo una lucha desde Facebook o Twitter. Es una lucha en Facebook, Twitter y en cualquier otra parte del universo virtual.



* Thomas L Friedman "Social Media: Destroyer or Creator?" The New York Times 3/02/2016 http://www.nytimes.com/2016/02/03/opinion/social-media-destroyer-or-creator.html