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sábado, 10 de agosto de 2024

Lo de Puigdemont

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé cómo llamar a "lo de Puigdemont". No me refiero a lo ocurrido —sea lo que sea— en estas últimas horas. Me refiero al conjunto, a sus límites porosos, indefinidos, a la zona oscura del esperpento, un género muy "español", incluyendo a todos aquellos que, por no sentirse españoles, lo son más que nadie por aquello de los extremos que se tocan.

Intente explicarle a un extranjero "lo de Puigdemont". Pronto se dará cuenta de que si habla otro idioma le faltan palabras. Si es realmente bilingüe descubrirá otro fenómeno que los neurocientíficos abordan en sus experimentos: que la mitad de su cerebro que piensa en español o en catalán responde de una manera distinta a la otra. Es un fenómeno extraño, pero real. Lo que a usted le parecía más o menos claro en una lengua, ya no le parece tanto cuando usa la otra parte de su cerebro habitada por la otra lengua. 

Incluso le puede pasar que pensando en la misma lengua, unas horas de distancia le hagan pensar de una forma distinta sin que apenas se haya dado cuenta de ello. Lo de Puigdemont es raro, inexplicable y cambiante.

Ahora es cuando necesitamos del arte para comprender. Todos esos destellos que componen "lo de Puigdemont" alcanzarían una forma "comprensible", una totalidad, bajo la forma de una película, de una novela, de una obra sobre un escenario, incluso bajo la forma de una novela gráfica.

La maravilla del arte es que usted no necesitara entenderlo, solo darle la forma adecuada. ¿Cuál es esta? ¡Vaya usted a saber!  Ese un proceso que marca el misterio del arte. El artista no necesita comprender, sino que la compresión nos llega después al público que de repente "entiende". Es cierto que cada uno a su manera, pero entiende. No siempre entenderán lo mismo, pero discutirán sobre ello. ¿Se acercarán a algún tipo de "verdad"? Eso era antes. Pero lo veremos a través de nuevos cristales. Así, "lo de Puigdemont" entrará en una nueva dimensión, la estética.

Me han dado mucha pena los "Mossos" y sus explicaciones. En este estado "pre estético" no han llegado a ser los "malos de la película", sino simplemente los "tontos de la película". Creo en su "inocencia", en los dos sentidos de la palabra, el de "inocente vs culpable", y el de "¡inocente, inocente!", que es el de la "inocentada". Necesitaba alguien a quien engañar y alguien a quien responsabilizar, vamos, un "falso culpable" en términos de thriller.

A los mossos, trufados de traidores, de jefes inocentones, de responsables irresponsables... los mandaron entre todos a la silla de los acusados, bajo el recién lavado dedo acusador. La explicación más coherente, desde su inocencia, es que no esperaban que un "señor" que ha ocupado la presidencia de la Generalitat tuviera ese comportamiento. ¡Tal cual! Esa quizá es la clave del asunto, que ellos valoran el cargo y esperan honorabilidad mientras que los políticos hacen justo lo contrario. Que un tipo como Puigdemont haya llegado hasta lo que ha llegado (sea esto lo que sea) ya nos dice lo erróneo de la forma de pensar de los mossos.

Como policías se centran en los hechos. Sin embargo, esos hechos son solo los oficiales, que son equívocos y tendenciosos. "Lo de Puigdemont" no es lo anticipado, sino lo inesperado, lo no dicho, una mentira detrás de otra. ¡Pobres mossos!

Cuando "lo de Puigdemont" dé el salto estético, cuando alguien sin prejuicios se encargue de darle forma narrativa (¡se imaginan un musical!), se dará cuenta que tiene que recurrir a múltiples de puntos de vista, a una especie de "Rashomon", de Kurosawa, o de "Atraco perfecto", de Kubrick. No puede ir a buscar la "verdad", sino el juego de mentiras. De esta manera "lo de Puigdemont" permitirá algún tipo de conocimiento, aunque sea epifánico, como un destello surgido del conjunto incomprensible. Será una labor delicada, de relojero suizo antes de los relojes digitales.  Uniendo las piezas acabará saliendo una "forma"; pero ¿quién sabe si están todas?

Habrá que ver todo aquello que pretenden alejar de las miradas para que nos centremos en las verdaderas víctimas, los mossos que se fiaban de un ex presidente fugado, de un presidente de vacaciones y de un presidente catalán negociando. Habrá que ver cómo "lo de Puigdemont" no se explica ni desde la investidura de Sánchez ni de la de Illa, sino solo por la especial obcecación con los hechos de los mossos, marcados de por vida con este sambenito.


miércoles, 7 de febrero de 2024

Tirando del hilo ruso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En 20minutos se nos trae la actualidad de un viejo tema, la participación rusa en los separatismos nacionalistas europeos, con especial referencia al independentismo catalán. Con el titular "Bruselas denuncia los posibles vínculos entre Putin y el 'procés' y pide investigar a "quien juega al juego de Moscú"", Emilio Ordaz nos cuenta desde Bruselas lo que se está debatiendo allí: 

"Debemos llegar hasta el final. No podemos permitir que la injerencia de Putin siga intentando destruir nuestra democracia". Esta frase de Adrián Vázquez (Cs) es extensible a la práctica totalidad del Parlamento Europeo, y la preocupación es alta a solo cuatro meses de las elecciones. Por eso se debatió el tema este martes en el pleno del Estrasburgo, con dos vías de fijación y de acción: por un lado, la eurodiputada Tatjana Zdanoka, acusada de trabajar para el Kremlin y cuyo caso se está ya investigando; por otro, los posibles vínculos de Moscú con el procés independentista. En ese marco se ha movido una resolución sobre el tema, que se vota este jueves. *

La novedad es la actualidad en el Parlamento, porque la cuestión en sí viene de lejos y va mucho más allá del caso catalán. Tras la invasión de Ucrania, en algunos países determinados grupos políticos han preferido mantener las relaciones en la oscuridad y cortar los frecuentes viajes a Moscú, cuyas fotos durante un tiempo exhibieron como garantía de su fuerza por el apoyo ruso.

Europa ha preferido ignorar que Rusia quiso volver a la Guerra Fría hace bastante tiempo, hasta llegar a la "guerra caliente", como vemos en la actualidad. La carencia de referencias democráticas es una realidad que no puede ser ignorada. Pero más allá de la "experiencia" los hábitos de Rusia han sido totalitarios, sin periodos de transición, como prueba la misma adscripción de Putin a los servicios del KGB, dominando unas formas que le lleva al poder, le permiten deshacerse de sus adversarios u opositores con todo tipos de argucias características de las peores dictaduras. En ningún sitio tienen los opositores tanta práctica saltando desde edificios altos como en Rusia. En ningún otro país, la gente se contamina tanto con polonio como en Rusia.

Para entender el modelo es necesario comprender la astucia de Putin y su ausencia absoluta de principios políticos y menos de principios democráticos. La política es la guerra, tan sangrienta como cualquier otra.

Mientras Europa se creía en paz, Putin la veía como una pieza de caza en la que ir introduciendo sus cuñas debilitadoras en un ejercicio combinado de compra de voluntades y financiación de desastres.

Las injerencias rusas en la mayor crisis europea, la del "Brexit" británico, sirvió para que Europa se debilitara. Los que propugnaban el Brexit no tenían reparo en fotografiarse en Moscú. Pero no solo ha sido la separación de Reino Unido, cuyas motivaciones eran oscuras y cuyos beneficios se han mostrado inexistentes. Putin está detrás de todo lo que pueda debilitar a la Unión (también en otras esferas internacionales). Por el Kremlin han pasado políticos de todos los pelajes. Francia no se ha librado tampoco, como Italia o Alemania. La Rusia de Putin ha financiado aquello que pudiera crear discordias en la Unión, tanto locales como comunitarias.


El incremento de los populismos nacionalistas por toda Europa debe mucho al apoyo ruso. Si llegan al poder, como ocurre en algunos estados miembros, desde allí se organizan las interferencias en la política común.

Putin no tiene ningún interés especial en Cataluña. Solo le interesa en cuanto es motivo de fricción, de creación de conflictos interiores. Igualmente lo ha hecho en otras zonas. La unidad europea es su objetivo, destruirla creando núcleos de separatismo antieuropeísta. Esas cuñas prorrusas en los distintos países le garantizan apoyos a las acciones que realiza o simplemente disparidad a la hora de responder.


Las sospechas sobre ex dirigentes europeos que puedan estar bajo el manto de Putin, moviendo relaciones y contactos, creando corrientes de opinión, etc. es frecuente y ahora muchos se preguntan si no llegaron al poder por alguna ayuda extra llegada desde Moscú o alguno de sus aliados. Me refiero a las ayudas iraníes que han sido detectadas en caso de grupos y políticos españoles y otros países.

La incapacidad de los países europeos para enfrentarse a todas estas operaciones, que los países dictatoriales son capaces de hacer de forma "natural" para aumentar su influencia, se muestra evidente y se hacen necesarios avisos como el dado en el Parlamento Europeo.

Hay que redefinir el concepto de "conflicto" porque Rusia lo utiliza de una forma gradual y amplia, sin renunciar a cualquier tipo de acción. El hecho de que sea la mafia que se ha hecho fuerte alrededor del Kremlin la que controle gran parte de su economía y los negocios con Europa, explica ciertos tipos de procedimientos. En este sentido, Europa debe tener cuidado porque Rusia no renuncia a ninguna posibilidad.

El peligro que se ve ahora en el horizonte son las elecciones europeas. Se señala en el artículo de 20minutos:

"Ahora conocemos los informes sobre los contactos estrechos, incluidas visitas organizadas, entre funcionarios rusos y representantes del secesionismo catalán en España entre 2017 y 2020", expuso el comisario, antes de añadir que se trata de cuestiones "muy preocupantes" para la seguridad de la UE, sobre todo con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina. De hecho, desde hace ya muchos meses la Eurocámara trabaja de forma intensa en la lucha contra la interferencia rusa como uno de los pilares de 'protección' no solo ante las citas con las urnas, sino también respecto al pleno funcionamiento de la institución.* 

Sabemos de las intervenciones rusas en casi todos los procesos electorales europeos y americanos, incluido el caso de "Cambridge Analytica", uno de los mayores escándalos.



Lo que está saliendo al tirar del hilo ruso es mucho: desde el compromiso de convertir Cataluña en un "paraíso" para las criptomonedas hasta el apoyo militar ruso en caso de independencia, pasando por los reconocimientos diplomáticos. Hay apoyo en el pasado, en el presente y muchas promesas para el futuro. Putin les ha dado lo que esperaban y le ha dicho lo que querían escuchar. Cumplir o no es ya otra cosa. Lo único relevante son los intereses de Rusia. El principal es debilitar Europa. 

 En estas preguntas que las páginas de Google se hacen a cuenta de las consultas, una de ellas se planteaba "¿Es Rusia de derechas o de izquierda?" Es una buena pregunta, pero es una pregunta del siglo XX y hoy no nos resuelve nada. El pragmatismo del poder de Putin no tiene ideología, solo un móvil: eres más poderoso cuando los demás son más débiles que tú. Con eso le vale.

Hay todo un largo historial de casos de intervenciones electorales, de manipulación informativa, de dirigentes comprados e incorporados a empresas rusas, etc. como para creer que es circunstancial. No, es un modo de trabajo, una forma de ver el mundo, la política y las relaciones entre países. Rusia compra y contamina. Los casos en el Parlamento Europeo, ante la justicia en varios países, etc. son los avisos y confirmaciones.


* Emilio Ordiz "Bruselas denuncia los posibles vínculos entre Putin y el 'procés' y pide investigar a "quien juega al juego de Moscú"" 6/02/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5215806/0/debate-parlamento-europeo-injerencia-rusa-putin-elecciones-europeas-puigdemont-proces/




domingo, 9 de abril de 2023

Bromas aparte

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Por algún extraño motivo ha crecido el número de personas que se creen graciosas. Quizá la falta de seriedad en un mundo trivial se compense con ese aumento de los chistosos, graciosos, etc., máxime ahora que se puede vivir de ello.

La proliferación de pantallas de todo tipo y la escasez de empleo ha fomentado el deseo de vivir del ingenio, un mundo muy competitivo y exigente, con fecha de entrega de las gracias a los que las esperan con impaciencia.

Nuestras cadenas nacionales necesitan de chistosos. No están dispuestos a pagar mucho, pero si alguno funciona, le ponen un canal y hasta dos. Parece que la gente no le pierde el gusto y se aficionan a ellos, que se repiten hasta el aburrimiento. Imitan otros formatos de fuera, pero eso ya da igual. Todos somos ya un poquito de fuera y pongan ustedes las fronteras donde quieran, en Europa, América o el planeta. Decimos que el humor no tiene fronteras, pero no es cierto. Nada tiene tantas fronteras como el humor. Y no siempre son geográfico-culturales.

Una de las claves de la proliferación de estos programas es la económica; los programas de bromas son baratos y cada vez más carismáticos, lo que traducido quiere decir que se centran en el chistoso o pareja de chistosos. Este se acaba moviendo con soltura y desparpajo, como Pedro por su casa chistosa. Ellos son el centro. Mayoritariamente son "ellos", pero ahora parece haber cierta disposición a superar la brecha de género y que se amplié a ellas. Hay mucho que explorar, aunque por ahora no se encuentre mucho y haya cierto mimetismo pasado por filtro. Démosle tiempo al tiempo.

Hay un género que parece tener éxito o ser muy barato. Lo practican nuestras televisiones con profusión. Se trata básicamente de recuperar imágenes de hace veinte, treinta o cuarenta años y reírte de los que salen. Yo apuesto a que es muy barato, porque no consigo verle la gracia. A lo mejor los más jóvenes se la encuentra, pero yo no. Será porque eso forma parte de mi vida pasada y me hago mayor. Este tipo de programa, además de barato, es muy didáctico. Tiene un principio general sobre el que todo gira: las generaciones anteriores eran idiotas

Te ríes de cómo bailaban, de cómo vestían, de cómo cantaban, de cómo llevaba el pelo... en fin, de todo. Pones unas imágenes y te dedicas a hacer comentarios chistosos. El pasado, por supuesto, es casi inagotable en términos de memoria. Supongo que dentro de veinte, treinta o cuarenta años ser reirán de lo que hacemos hoy con las mismas ganas. Es cuestión de tiempo. Justo castigo.

Los medios de hoy nos traen el momento de gloria del que ha conseguido hacer reír a unos e indignarse a otros. Para muchos esa es la cumbre. Que te odien, desprecien, insulten... da cierta categoría o, al menos, eso nos gusta pensar. Son dos por uno, te ríes y te odian. En España, ambos dan prestigio, cierto caché.

Como está en casi todos los medios —no lo he visto hoy en La Vanguardia—, no tardo mucho en describirlo: una parodia (¿es una parodia o solo una burla?) en la que un señor se disfraza de la Virgen del Rocío y suelta barbaridades. Lo hace en plena Semana Santa para tener un público más receptivo, vamos a decir así. La provocación religiosa lleva tiempo bien vista, especialmente si se aplica a otros espacios. Eso quiere decir que se hace en la televisión catalana, pero pensando en la andaluza.

Nuestro sentido religioso es regional; no es la Virgen, sino la Virgen de mi pueblo. Como todos tienen su imagen son fácilmente parodiables y a algunos les hace mucha gracia, siempre que no les toquen lo suyo.

El hecho es que, por ahora, ya han intervenido la autoridades andaluzas exigiendo una disculpa, algo que ya han dicho no piensan hacer. Eso sería reconocer un error o que se han pasado y antes cortarse una mano que dar un paso atrás. Así se calienta la cosa y se hace que dure. Los chistosos se frotan las manos. Con un sketch han conseguido irritar, enfadar, hacer protestar, etc. ¡Qué rentable les ha salido!

Las autoridades andaluzas han apelado a los millones de andaluces e hijos de andaluces que hay en Cataluña y que se habrán sentido ofendidos por el numerito de marras. Pero eso no parece motivarles mucho. Ahora las autoridades catalanas están, como todas, a lo suyo, preocupadas por votos y procesamientos, por alianzas y compromisos. Si ven que eso del voto interno peligra, harán los cálculos de lo que se gana y se pierde y decidirán.

Pero los autores —a los que no pienso mencionar— se han salido con la suya. Están ya casi a la altura de Ana Obregón, en todas las portadas, aunque esto previsiblemente no llegará a tanto. ¡A ver si hay suerte y se enfadan algunos más!

La Vanguardia, en cambio, nos cuenta un caso en Estados Unidos de una broma llevada al extremo:

El youtuber Tanner Cook fue tiroteado el pasado domingo durante una broma en el centro comercial Dulles Town Center de Sterling, en el estado de Virginia. El incidente ha suscitado un gran revuelo, y su familia ha recibido acoso y amenazas.

Cook, que gestiona el canal Classified Goons en YouTube, es conocido por publicar arriesgadas bromas pesadas a desconocidos a los que pilla desprevenidos. El joven estaba gastando una broma relacionada con Google Translate cuando Alan Colie, que en ese momento trabajaba para DoorDash, le disparó.

 Según la detective Katie Mitchell, de la oficina del sheriff del condado de Loudoun, Colie había dicho repetidamente a Cook que le dejara en paz antes de disparar. Sin embargo, el youtuber no cejó en su empeño de gastar la broma. Posteriormente, fue trasladado al hospital para ser operado, llegando a extirparle la vesícula biliar. Desde allí, pese a todo, aseguró que seguiría en la misma línea y que no iba a dejar de gastar bromas. 

¡Ay, el peligro de las armas! ¡Las bromas las carga el diablo!

No sé si La Vanguardia ha decidido no irritar a nadie con el caso de TV3 y en cambio ha decidido mostrar a sus lectores los peligros de pasarse de chistoso, aunque sea en otro lugar del mundo. Tengo mis dudas.

Sé que la tiranía de las audiencias es muy cruel, muchas veces hasta sangrienta, pero creo que los tiempos no están para bromas, al menos para este tipo de bromas. Pero, claro, habrán pensado los autores, sino hay sentimiento religioso que ofender no tiene gracia porque no hay reacción. Esperemos que este hecho no despierte un fervor religioso a la contra, es decir, le dé a alguien por empezar a gastar bromas con la Virgen de Montserrat y la liemos.

En estos tiempos triviales y de trabajos a tiempo parcial, de contratos raros con los que se supone que trabajas pero estás en casa esperando bastantes meses al año, la gente tiene tiempo para estas cosas, para las bromas, para meter el dedo en el ojo. Hay gente que gasta ciertas bromas porque sabe que hay mal ambiente y reírse es un acto contra alguien. Religión, bromas sobre los desfavorecidos, otros pueblos o costumbres, etc. son formas de encubrir una especie de superioridad que a algunos hace bien. Por eso los verdaderos humoristas son los que son capaces de dejar al desnudo a los suyos y no a los demás, que es lo fácil. Pero cada uno da de sí lo que puede.

¿Populismo bromista? ¿Bromas populistas? ¿Simples ganas de molestar? Puede ser. Pero no es buen camino, ni para echarse unas risas. 

* Héctor Valdés "Disparan a un youtuber por hacer una broma pesada" La Vanguardia 9/04/2023 https://www.lavanguardia.com/cribeo/20230409/8884867/disparan-a-un-youtuber-por-hacer-una-broma-pesada-pmv.html

domingo, 16 de octubre de 2022

Low cost somos todos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En La Vanguardia de hoy insisten en la lucha contra el turismo "low cost" mediante el artículo situado en lugar preferente, con el titular " Cambio en la industria turística / El alza de precios de hoteles y vuelos golpea al turismo 'low cost'", al que se añade "El turismo barato tiene los días contados; vuelos y hoteles consolidan su encarecimiento", y un segundo texto, el firmado por el director, Jordi, con el titular "No lloremos por el 'low cost'". La subida de los precios se considera como algo inevitable y se apuesta por el turismo "caro" frente al término eufemístico "low cost", que indica dos cosas "barato", pero el inglés nos lo presenta como algo llegado de fuera y que podemos controlar. De esta forma se nos da a entender que no es algo que nos afecte a nosotros sino a los que llegan del exterior. Se extiende así la metáfora del "invitado", del visitante al que controlo gracias a los precios: subo los precios y así selecciono el tipo de turismo que quiero recibir.

Sin embargo, el panorama que se nos presenta, lo que tenemos enfrente es que nuestros dos principales abastecedores de turismo desde el exterior, Reino Unido y Alemania, pasan por crisis que hacen más que dudoso que el turismo sea su prioridad. Reino Unido está pasando la mayor crisis en muchos años, con la libra hundida, mientras que en Alemania se habla de recesión. Nosotros dependemos de ellos para que nos salgan las cuentas.

Lo cierto es que el verdadero "low cost", sin eufemismos esta vez, es lo que se practica con nosotros, españoles de a pie, en todos los sectores. Agobiados por la precariedad, por los sueltos "low cost", se nos pide y alienta a que dejemos lo poco que ganamos en el sector del ocio, la hostelería y del turismo, que son nuestra alternativa a la industria.

Mientras Barcelona vive una serie insólita de ataques, robos, etc. sobre los turistas que van a la ciudad, el problema parece estar en que los turistas tienen que gastar más. El titular en el diario El Mundo es rotundo, "Barcelona, la ciudad de los 400 delitos al día: "No puedes llevar un bolso, parece el Bronx"".

En España solo se ha hablado de las quejas y las presiones de estos sectores durante la pandemia, ignorando al resto. Había que vender "normalidad" para que el turismo fluyera, para que los bares permanecieran abiertos, tal como ahora que, debido a la crisis energética, todo parece depender de que las terrazas permanezcan abiertas e iluminadas más tiempo que los demás. Visto el resultado electoral que le dio a Isabel Díaz Ayuso —apodada "La Reina de los Bares"—, los poderes locales dudan sobre qué hacer. Los bares y demás son el segundo espacio de vida español y del turismo, que será el chantaje que se utilice para evitar los controles energéticos. Los controles de temperatura, por ejemplo, también han sido contestados porque hacen "menos competitivos" los locales, tanto para el invierno (más calefacción) como para el verano (más refrigeración). Estos sectores se han acostumbrado a cierto grado de inhibición ante las medidas que sí deben cumplir los demás, de las escuelas a los grandes almacenes, pasando por las empresas y fábricas. Pero el ocio, el turismo, etc. tienen patente de corso en todo esto.

El encarecimiento de los precios es una forma de recuperar ingresos. Lo del "low cost" no es más que una operación de imagen que lo justifica. Tras el término "low cost" se ha ido creando una idea del "turismo mochilero" que es una excusa para elevar los precios a los demás. Parece que subir los precios tiene un factor disuasorio, pero quien acaba pagando la subida es el que sí va, entre ellos los españoles, que no se salvan porque se diga en inglés. Todos somos turismo "low cost", con la salvedad del que se puede permitir todo. Solo unos pocos privilegiados buscan los precios más elevados como forma de afirmar su elitismo y evitar tener que codearse con la plebe.

El problema es que la plebe se ha ido incrementando gracias a las condiciones de precariedad, bajos sueldos, etc. que llevamos padeciendo ya más de una década y que afecta a toda nuestra vida, del envejecimiento de la población, que no puede tener hijos, al vaciado de media España, en la que no se invierte lo que se debería; de la crisis de la vivienda al descenso de los sueldos. Pero, eso sí, todos debemos de ir a llorar nuestras penas al local de ocio más cercano.

"Low cost", sí, somos todos. Hay que financiar desde el estado la "cultura" (bonos juveniles de 400 euros) o las ayudas a la vivienda de los menores de 30 años. Dada la fragmentación generacional que se produce en el electorado, no es de extrañar que los grupos a la izquierda del PSOE pidan que se baje la edad de voto hasta los 16 años.

Somos un país "low cost". Lo somos porque no podemos ya sobrevivir de otra manera que bloqueando los precios, bajando o quitando impuestos, mientras el estado sigue recibiendo de las alzas de precios. Lo que entra por un lado sale por otro. No puedo frenar las alzas, pero puedo inventarme ayudas que mejoran siempre la imagen. Como se deja claro, son "ayudas del gobierno".  Este sistema no arregla nada y se vuelve clientelar. 

La CEOE ya dicho que no aceptan las subidas salariales con el IPC, que sigue disparado. ¡Un país de pobres... con turistas ricos, qué más se puede pedir! Mano de obra barata y clientes dispuestos a gastar. No es precisamente el ideal para el futuro del país. Y, sin embargo, es el que se mantiene como motor.

El turismo se tiene que resentir en esta crisis brutal que padece Europa. La idea de que van a venir a gastarse lo que les quede en España, una España de precios al alza, es bastante peregrina. Ya no nos vienen los oligarcas rusos, cuyos yates han quedado abandonados en nuestros puertos y sus villas ya no contratan limpiadoras y jardineros españoles. ¡Qué pena! Ahora les puede tocar a unos tocados británicos, alemanes y demás europeos, más cerca de Rusia que nosotros, que lo vemos todo desde la otra punta de Eurasia. Si la idea es que vengan a dejarse aquí lo que les queda, no está muy claro.

El "low cost" somos nosotros, sometidos a una brutal crisis económica, cada vez más encerrados en el reductivo modelo turístico, aceptado por ayuntamientos, comunidades autónomas y sectores del ocio y la hostelería. Si ellos no llegan de fuera, se recurrirá, una vez más, a nosotros, los españoles de a pie, al "low cost" nacional para que a algunos les salgan las cuentas. Pero la maldita inflación se nos come las reservas, los ahorros, y tendremos que elegir en qué gastamos lo poco que resta si es que resta algo.

Veremos los titulares de La Vanguardia dentro de algún tiempo. Veremos si hay que llorar o no y por qué. 


lunes, 6 de septiembre de 2021

Rusia, más que un club

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Si Galileo pedía tan solo un punto de apoyo para mover el mundo, a Vladimir Putin le bastan con unos cuantos hackers para revolucionarlo. Le va tan bien con ello, que ya exporta sus servicios de "apoyo revolucionario 2.0" y admite peticiones del oyente para diseñarte las "manis" a medida. Me imagino que tiene su media-lab, su workshop, etc., todo de lo más moderno, al servicio de la revuelta, la indignación y cualquier otra posibilidad de complicarle la vida a los demás.

A lo largo de estos años no habido revuelta tras la que no se le acusara de estar, no ha habido líder populista y descontento que no fuera a hacer este "turismo de servicios" a Moscú donde, tras un encuentro con sus funcionarios, no salieras satisfecho con instrucciones y promesas de agitar la botella de gaseosa para dar el campanazo.

En los últimos años, han pasado por Moscú desde Marine LePen a los líderes del Brexit, como Farage, o hasta los amigos de Donald Trump con sus listas de deseos para deshacerse de los enemigos de todo tipo.

Ya había salido anteriormente el tema relacionado con España. Se le ha acusado varias veces de estar conectado con el independentismo catalán y esta vez la cuestión ha estallado con un informe en The New York Times que viene a incidir en el tema con más detalle. Lo recoge la página web de Antena 3 Noticias:

 

El jefe de la oficina del expresident Carles Puigdemont, Josep Lluís Alay, ha admitido que viajó a Rusia y habló de "asuntos que interesan a la creación de un Estado independiente en un futuro", algo que, según ha recalcado, "no es ningún delito".

Así lo ha afirmado en declaraciones al canal de televisión 3/24, después de que el diario The New York Times haya publicado una investigación que dice que Alay buscó el apoyo de Rusia al proceso independentista catalán.

El periódico cita como fuentes un informe europeo de inteligencia corroborado por funcionarios españoles, expedientes de dos investigaciones realizadas por jueces en Barcelona y Madrid, entrevistas a políticos y activistas independentistas en Cataluña, y funcionarios de seguridad en España y el extranjero.*

 


Hay que reconocer la desfachatez, consistente en, este caso, en vender la piel del oso antes de cazarlo. Creo que el enviado o autónomo ido a Moscú se ha adelantado un "poco" a los acontecimientos.

El asunto, según parece, consiste precisamente en ofrecerse como futuro cliente para después pedir la ayuda, es decir: tú me ayudas a independizarme y luego yo te garantizo las compras. Hay que reconocer desparpajo. Puede entenderse que vaya a pedir ayuda para el reconocimiento (o algo más), pero establecer estas líneas de futuro hipotecado es exagerar por lo dicho anteriormente, no tienen "estado" y ya estás adquiriendo "compromisos".

De esta forma, por ejemplo, yo puedo ir esta semana a decirle a Putin que tengo interés en que mi pueblo se independice y que, si nos apoya, le compraremos a ellos lo que tengan a buen precio.

Eso es lo que ha hecho el señor Josep Lluís Alay:

 

The New York Times señala que Alay se reunió en Moscú con funcionarios rusos, exagentes de inteligencia y el nieto de un espía de la KGB con el objetivo de "garantizar la ayuda rusa".

El reportaje no aclara qué tipo de ayuda dio el Kremlin al independentismo ni si le brindó algún apoyo, pero apunta que tras los viajes de Alay a Moscú, que tuvieron lugar en 2019, surgió la plataforma de protesta Tsunami Democràtic.

Alay, en declaraciones al canal de información de la televisión pública catalana, ha dado a entender que en sus contactos habló sobre la independencia de Cataluña y ha reivindicado poder ir a Rusia para "hablar de qué necesidades energéticas puede tener Cataluña en un futuro". "A Rusia la tratamos como una gran potencia mundial, muy importante. Rusia es una potencia europea", ha recalcado.*

 

De todas las informaciones dadas, solo hay que realmente me desconcierta, ¿qué pinta allí el nieto de un espía de la KGB? ¿Se hereda, como los viejos negocios familiares? A Alguien le ha debido parecer relevante el detalle y está ha adquirido entidad, transmitiéndose de medido en medio pero descontextualizándose.



Pero lo importante es si los catalanes conseguirán gas ruso a buen precio, sino la capacidad de Rusia de mostrarse como un agente perturbador. Antes estas cosas se hacían en silencio y con discreción. Parece que ahora, en este loco mundo, se puede concertar cita como en el dentista para la subversión, desestabilización o el terrorismo. Todo ha quedado en que pides una cita previa, te reciben, atienden a tu descontento —una especie de terapia independentista— y te vas cargado de promesas y con alguna realidad en la maleta. Todo podría ser una perfecta fantasía terapéutica de no ser por esa coincidencia entre visitas y regreso con algún desorden.

Entonces hay que tratar de buscarle alguna utilidad para la propia Rusia. Y creo que la tiene. Con este sistema de citas al descontento, Putin adquiere una importante información sobre el estado real de Europa, que le importa poco, pero que necesita debilitar para poder aumentar su propio poder. Es decir, el simple hecho de que Putin y los suyos reciban gente es importante porque es gente que cree que realmente Putin puede intervenir en su apoyo. Eso es exactamente lo que reflejan las últimas frases de Alay citadas: "A Rusia la tratamos como una gran potencia mundial, muy importante. Rusia es una potencia europea". El poder del enemigo no es el que tiene, sino el que tú le concedes. Con cada visita, haga algo o no, el poder de Putin aumenta.


Cuando nuestra ministra Teresa Ribera decía aquello de que "habría que decirle a Putin que bombeara más gas" le estaba concediendo un poder que ahora —¡muy mal señor Ministra!— tiene como consecuencia la nueva peregrinación a Moscú a pedir que en el futuro, la hipotética república catalana tendrá buenos precios de gas, no como es país colindante llamado España, que se verá condenado sin remedio a facturas infinitas.

¿Tiene algo que ver Putin con la subida de la luz? No lo sé. Pero da igual, el señor Alay así lo cree y su convencimientos convierte en su visita a Moscú en "exitosa" por lo que cree que los catalanes deben independizarse antes que llegue la factura del mes que viene, a ser posible.



De momento, es más preocupante que desde Moscú se lance otra campaña de apoyo a la agitación. Podríamos ver en los próximos días manifestaciones con el lema, por ejemplo, "¡En España pagamos más luz!" o "¡Cataluña Led!" , por decirlo irónicamente. Lo importante es, como siempre, sembrar y recoger el descontento para canalizarlo hacia los fines buscados, los del independentismo. Si hay un tanto por ciento de catalanes que creen que es España la responsable de no hacer nada para frenar la luz y que la visita al nuevo Zar es el remedio, pues eso se ha ganado.

Si Putin puede jugar con el gas y manipular el precio de la energía, es evidente que no va poder hacer "descuentos" a esa arcadia republicana catalana que pretenden dibujar. Es más el deseo de proyectar la imagen de una presunta e influyente diplomacia catalana, por un lado, y por otro incrementar la imagen poderosa de Putin. Y un añadido: la cuestión ha saltado desde The New York Times, no por Cataluña, desde luego, sino por el deseo norteamericano de elevar a Putin a enemigo constante. Si Putin era una ayuda para que ganara Trump las elecciones, desestabilizando a sus oponentes, como intentó con el propio Biden en la cuestión ucraniana, ahora el nuevo presidente parece decidido a sacarle los trapos sucios.

 


* "El jefe de la oficina de Puigdemont se defiende y asegura que hablar con Rusia de independencia "no es delito"" Antena 3 Noticias 04/09/2021 https://www.antena3.com/noticias/espana/jefe-oficina-puigdemont-defiende-asegura-que-hablar-rusia-independencia-delito_202109046133181e2d97960001633ecc.html

viernes, 18 de junio de 2021

Normalidad compartida

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Las palabras son como las muñecas rusas, esas matrioshkas, una dentro de otra, resultando la última vacía. Las hay que tienen dos o tres y las hay que te llevan hasta el aburrimiento, una tras otra, de palabra en palabra, tratando de encontrar algo. Y ese algo es un sentido común, algo que nos permita decir "sí, a eso me refería". La insistencia en fijar el sentido de forma clara o al menos explicada es característica de la Ciencia, donde gran parte de su actividad consiste en evitar ambigüedades porque la claridad es necesaria para ponerse de acuerdo.

En el otro extremo, claro, está la política, el arte de encontrar las palabras que significan para cada uno algo distinto y así convencer al otro que está de acuerdo con él o que él está de acuerdo contigo. Todo esto se ha agravado en los últimos años, en los que los políticos se miran a la cara cuando discuten, pero en realidad están hablando apara sus propios públicos, en un diálogo de sordos permanente.

No es fácil que las palabras sean "precisas" cuando el propio mundo es "impreciso", una forma de expresar nuestras dudas responsabilizando a lo que es problema de nuestro propio sistema de creación del sentido. Como escribe Siri Hustvedt en su última obra aparecida entre nosotros, Los espejismos de la certeza (Seix Barral 2021) "la semántica rara vez es controlable" (52).

La diferencia entre los campos señalados de la Ciencia y la Política es que mientras unos luchan por lograr la precisión imposible, los otros aprovechan para la confusión interesada.

Todo esto viene a cuento del revuelo causado por la respuesta dada por el presidente de la CEOE cuando le han preguntado sobre los "indultos":

 

El presidente de la patronal Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Antonio Garamendi ha afirmado sobre los indultos a los líderes independentistas catalanes condenados por el 'procés' en una entrevista en Ràdio 4 de RNE que "si las cosas se normalizan" con los indultos, "bienvenidos sean". Después, matizando sus palabras, ha dicho que "normalización" significa "respeto al Estado de Derecho", que lo que quieren los empresarios es "estabilidad política" y que la CEOE defiende la unidad de España y la Constitución Española.

Entrevistado en el programa Cafè d'idees, que se emite simultáneamente en Ràdio 4 de RNE y La2 de TVE, Garamendi había afirmado que "hay opiniones diversas", pero "los indultos están dentro del estado de Derecho" y que es una facultad del Gobierno concederlos. 

La matización a estas palabras llegaba después, en declaraciones a la prensa en el Cercle d'Economía de Cataluña, donde los empresarios han defendido los indultos, Garamendi ha dicho que esa "normalización" de la que habla significa que se cumpla la Constitución, se trabaje dentro el Estado de Derecho respetando la ley y el Estatuto. Garamendi ha recordado que pertenece a una organización que defiende la unidad de España y la Constitución Española "que es el marco donde está la democracia y donde todos nos movemos".*

 


Como se habrá percibido, todo el lío gira no sobre los "indultos", que parecen ser un hecho sobre el que solo queda especular el día, sino sobre esa palabra tan socorrida, ambigua y demasiado utilizada, "normalización". No sé qué entienden muchos por "normalidad", es decir, cual debería ser el resultado final de la "normalización". Y mucho me temo que lo surge en el cerebro de cada uno cuando escucha la palabra "normalidad" es muy diferente.

Las explicaciones de Garamendi sobre lo que llama "normalidad" no dejan de ser una forma de huida del lío por su buena intención, pero su inmersión en un territorio pantanoso de profundidades por descubrir. De hecho, tiene que traducir sus palabras a un estado de la realidad, que deje de haber inseguridad empresarial, que también puede ser debatido, pero que al menos tiene el balance anual de resultados, las cifras de huidas de empresas de Cataluña y algún que otro dato "objetivo".

Para Garamendi "normalización" significa esencialmente "estabilidad" que traiga beneficios a las empresas y no que las hunda. Por eso le dan igual los indultos si traen pragmáticamente la "estabilidad", otra palabra confusa y diversamente interpretable.



En el fondo, "normalidad" y "normalización" tienen tantas interpretaciones como intérpretes. El pragmatismo de Garamendi viene a decir me da igual si las empresas funcionan, que es lo que él considera una "normalidad deseable". Podría haber dicho que cualquier cosa que permita la "normalidad", entendida como funcionamiento de las empresas, es "positiva" y en "cualquier cosa" va una inmensa cantidad de posibilidades, todo un mundo de discrepancias.

En el fondo ¿quién no quiere una vida normal? El problema es que para el gobierno catalán "normalidad" significa "república independiente", mientras que para otros significa la "unidad de España" en una monarquía parlamentaria, constitucional. Por eso, Garamendi ha tenido que hablar después para contentar a todos, al gobierno con lo de "bienvenidos los indultos si..." y con su "creencia en la unidad de España", algo incompatible que se puede mantener con el "corazón partido", pero difícilmente con la cabeza entera.



Hoy por hoy, la idea de "normalización" es tan ambigua que hace imposible cualquier diálogo que no tenga reservas mentales, lo que sería pan para hoy y hambre para mañana. Por eso pensar que los "indultos" van a arreglar el "problema" es algo más que una cuestión de semántica. Es algo que dicen los propios presuntos indultados, que están deseando salir a la calle para continuar con lo mismo. Es jugar demasiado con la elasticidad de la política plantearlo de otra forma.

La idea del presidente de los empresarios españoles es puramente pragmática. "Normalidad" es que los negocios vayan aceptablemente bien; "estabilidad" es ajustarse a las reglas claras del juego económico. Los políticos están para garantizar la "normalidad" que permita el desarrollo económico y el beneficio de las empresas. No le importa cómo se repartan esos beneficios, ni las condiciones de los trabajadores, que para eso están los sindicatos. Patronos y trabajadores, con intereses diferentes, se sientan en una mesa y se ponen a discutir un camino que puedan recorrer sacando lo más posible uno del otro, lo que dependerá de la coyuntura. Si no hay acuerdo, tercia el gobierno. Aquí no hay quien tercie, pese a los intentos de "internacionalizarlo".

Pero la "cuestión catalana" es otra. No está claro qué sea "normalidad", ni está claro qué se deba hacer para normalizar una situación de estas características. Es una ingenuidad pensar que los indultos van a normalizar algo. Otra cosa es que sea conveniente para ciertas estrategias, pero eso es lo que se esconde en el fondo de las palabras o quizá, como en las matrioshkas, en un vacío ilusorio.



Los indultos no son el final de nada y, probablemente, tampoco sean el principio de otra cosa. Como gesto, será interpretado como "debilidad" por unos, como "magnanimidad" por otros,  como "ingenuidad" por muchos. Esto es como un vegano y un carnívoro eligiendo restaurante y se lo juegan después a ver quién paga la cuenta. 

No hay que cargar demasiado contra Garamendi; se ha limitado a expresar un deseo, aunque lo haya en su cabeza tenga poco parecido con lo que haya en otras cabezas. Pero las palabras, una vez más, dicen poco. Importan más las voluntades y lo que hay detrás. Y, en eso, mucho me temo que no haya normalidad compartida. Todo su asombro ante lo dicho da muestra de esa ingenuidad con la que ha entrado en un terreno resbaladizo. Él está asombrado por las reacciones, algo que confirma la ingenuidad.

Ahora Garamendi sufre las iras de empresarios y políticos. Si quería "normalidad", mucho me temo que ha provocado lo contrario.

 


* "El presidente de la CEOE, sobre los indultos del 'procés': "Si las cosas se normalizan, bienvenidos sean"" RTVE.es 17/06/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210617/presidente-ceoe-sobre-indultos-del-proces-si-cosas-se-normalizan-bienvenidos-sean/2104902.shtml



jueves, 28 de enero de 2021

Los mítines milagrosos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La irritación causada por la decisión del gobierno catalán de permitir la celebración y acceso a los mítines de la campaña tiene toda la lógica y es quizá una de esas gotas que hacen rebosar el vaso de la paciencia. La respuesta popular es siempre la misma ante las diversas cámaras televisivas de los diferentes canales cuando les preguntan: "O sea ¿que no puedo salir a comprar, pero sí puedo ir a un mitin?" "O sea ¿que en casa no nos podemos reunir más de cuatro y en un mitin más de tres cientos sí?"... "O sea" es la forma que antecede a la percepción de este nuevo agravio que llueve sobre el mojado de los que se han vacunado cuando no les tocaba. El "o sea" se vuelve un poco más complicado cuando se combina: "o sea, ¿que ellos se vacunan y a nosotros, que estamos sin vacunar, nos piden que vayamos a los mítines?" Demasiadas preguntas. Cuando la gente se pone a atar cabos, comienza el peligro.

¿Qué les pasa a los políticos? ¿Realmente pierden cualquier atisbo de sentido común enmarañados en sus luchas? ¿Viven en su propia burbuja, pierden contacto con el mundo real y todo gira a su alrededor?

Si hay alguien que debería tener los pies en el suelo, ser empático con los que les rodean, comprensivo con los problemas sociales... son precisamente los políticos, cuya función moderna es resolver problemas. Pero la lucha continua por el poder, la distorsión del cálculo constante de cómo conseguirlo o el evitar perderlo, creo que les distancia de los demás, que muchos de ellos pierden el rumbo.



¿Cómo se le ocurre a alguien que se pueda asistir a los mítines, con la que está cayendo, con los indicadores de la pandemia disparados? Pues se le ha ocurrido al que, estando en el poder, tiene la mayor responsabilidad sobre todo. Acabarán de nuevo en los tribunales, que al final se convierten en árbitros a su pesar de la vida política.

Hay varios motivos para esta ocurrencia, desde luego. Está, por un lado, el narcisismo político, la necesidad de ser contemplados, escuchados, cargar las pilas con el aplauso devoto. Pero hay otro motivo del que no se habla: las campañas son un gran negocio. Parte de los apoyos clientelares que reciben los partidos procede de ese dinero que se mueve en campaña, que si se hace online, como aconsejan el sentido común y los expertos epidemiólogos, se pierde. Puede que alguno lo llame "mover la economía", pero la verdad es que los movimientos siempre van en la misma dirección. Solo en alquileres de locales para mítines, los pagos a los que mantienen el apoyo logístico, transporte, los materiales realizados para promoción, etc. ya suponen una importante cantidad que dejaría de "moverse". Las campañas tradicionales cuestan bastante dinero y dejar de gastarlo puede herir algunas "sensibilidades".

Lo que el ciudadano de a pie no entiende es que todo empiece a estar prohibido menos ir a los mítines. ¿Tiene la palabra política carácter milagroso y produce inmunidad? ¿Hay que ir a escuchar un primer mitin e ir a un segundo unos días después para que tenga efecto permanente la inmunidad al coronavirus?

Retomo una idea: hacemos demasiado caso a los políticos; tampoco es fácil esquivarlos. Somos como morosos del voto perseguidos por el cobrador del frac político. Los políticos se nos cuelan por todas las vías y por todos los canales. No puedes ni dejar abierta la ventana cuando toca un buen día porque tienes a las caravanas de los partidos pasando por debajo de tu ventana con el himno puesto y anunciándote el mitin de la tarde una y otra vez. Se nos cuelan en los buzones, llenándolo de propaganda. Hasta el correo electrónico te llega sin que lo pidas, en una batalla perdida porque son ellos quienes hacen las leyes que les regulan.



Como la idea de "campaña" se ha difuminado, dejando de ser el tiempo dedicado a la política alrededor de la fecha de las elecciones, estamos bombardeados todo el año, las veinticuatro horas del día. No hay escaparate mediático que no utilicen. Los partidos son ya medios que gestionan su propia emisión de información y se buscan los huecos en los otros medios, que se pliegan a su servicio o favor. La simbiosis entre partidos políticos y medios produce una fuerza de la que solo se puede escapar mediante la "desconexión". La fragmentación del espacio mediático lleva a la intensificación del mensaje, que se esparce a través de todo posible canal. Sabemos del interés en las tecnologías que detectan la eficacia mediática mediante la personalización. La compra de toda esta información que se nos saca a través de las cookies, una avalancha de la que se habla muy poco (¿qué significa ese "nosotros y nuestros socios"? que nos recibe en cualquier sitio), tendrá un destino claro en la política. Para ello se multiplican las empresas dedicadas al análisis de datos, con cuyos resultados se orientan y orientan sus campañas.



Hace mucho tiempo que los asistentes a los mítines solo son utilizados como fondo, como público para mostrar rostros entusiastas, reacciones cálidas, movimientos afirmativo de cabeza. Forman parte de la escena tradicional del género audiovisual del mitin, algo que se distribuirá posteriormente a través de diferentes canales televisivos, imágenes en los periódicos, discursos en la radio, tuit y demás. Demasiado cálculo comunicativo. ¿Por qué no hacer como en los estadios deportivos para tapar las gradas vacías? ¿Por qué no aplausos enlatados, público digitalizado, avatares de militantes...?

La maniobra del gobierno catalán ha suscitado la protesta de los propios partidos, que han denunciado este despropósito. La campaña tendrá que ser online, utilizar los múltiples canales disponibles. Autorizar la movilidad que se restringe para ir a los mítines es una temeridad y una irresponsabilidad por parte de quien lo hace, cuya obligación es velar por la salud general.

El caso de las elecciones catalanas deja demasiado en evidencia este egoísmo político. Es lógico que sean "egoístas" porque la mayoría no tienen otra cosa. Y en la oposición se reducen los gastos.