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miércoles, 11 de mayo de 2022

El diccionario político y el CNI

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En vez de sobre la Constitución o la Biblia, los políticos deberían jurar sus cargos sobre el Diccionario de la Real Academia, incluso los republicanos de corazón. Sin un diccionario sencillo, básico, no hay política posible porque si donde "donde dije digo, digo Diego", la política se vuelve imposible. Desconectarse del diccionario es desconectarse de los demás, del mundo, del demonio y de la carne.

Y los políticos españoles (allá ellos los de otros universos paralelos) están cada vez más desconectados del resto de los mortales. Hablan (se insultan), dialogan (se insultan), proclaman (se insultan) entre ellos; se traicionan (como con Pablo Casado) en cuanto que tienen ocasión, para a renglón seguido convencernos de que todo se hace por puro sacrificio y entrega. La legislatura de Sánchez se nos hace eterna entre tantos incidentes en la realidad y tanta negación de la misma. De Filomena (a nuestro pesar) a la sonrisa tras las mascarillas, a Sánchez le ha pasado de todo: tiene socios de gobiernos que le apuñalan, tiene socios de investidura que le dejan en cueros vivos en cuanto que tienen ocasión y tiene una oposición que tiene que apoyarle en lo que sus socios no lo hacen.

La ridiculez del cese de la directora del CNI no es por el cese en sí, sino por la trayectoria grotesca del inicio al precipitado final. El Gobierno ha convertido  Pegasus, un software que vale dos millones de dólares, en Spectra, una malévola entidad dedicada a chuparle los gigas al presidente y a nuestros ministros. Al final se ha tratado de una discusión sobre quién tiene más culpa, si los señores del CNI o los de La Moncloa. Lo ha pagado la parte más débil, la menos política, el CNI.

Lo que ha hecho la ministra Margarita Robles cuando le han preguntado por la destitución de la directora del CNI, colma el vaso de la paciencia del que ve y escucha. El acto se ha convertido en grotesco cuando la ministra ha querido convertir en gloriosa la destitución, concepto que chocaba con lo que ella esperaba de sí misma. Si alguien le hubiera preguntando a Margarita Robles sobre si era capaz de hacer lo que ha hecho, se hubiera indignado. En RTVE.es nos lo explican así:

El Gobierno ha destituido de su puesto a la hasta ahora directora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Paz Esteban, a raíz del escándalo del espionaje mediante el sistema Pegasus al independentismo y al Gobierno. Su lugar será ocupado por la actual secretaria de Estado de Defensa, Esperanza Casteleiro Llamazares.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha anunciado en la rueda posterior al Consejo de Ministros la "sustitución" de Esteban, de quien ha destacado que "tiene todos los valores de los funcionarios del CNI, el de la responsabilidad", y que "lleva casi 40 años dedicados a su vida profesional, con muchísimas renuncias" tanto en lo "personal, profesional y familiar" para garantizar la seguridad.

La ministra, que ha insistido en que no se trata de un cese sino de una “sustitución”, ha agradecido a la directora saliente su “trabajo callado”, propio a cualquier miembro del CNI y a los funcionarios y servidores públicos. También ha dicho sentirse muy "cómoda" con el nuevo nombramiento de su número dos, y persona "de confianza", al frente del CNI. Y es que Casteleiro cuenta, al igual que Esteban, con casi 40 años de experiencia en el centro de Inteligencia.* 

Las palabras de la ministra Robles son dignas de decirse al borde de la tumba mientras derrama una lagrimita y echa una rosa a la fosa antes de que empiecen a palear la tierra. La ministra abandona rápidamente el Cementerio de los Cargos Sacrificados para dirigirse hacia el próximo Consejo de Ministros.

Robles, que era alabada por su firmeza en la defensa de las personas que dependen de su Ministerio, se ha tirado ella sola al abismo. Hace unos días se reivindicaba como silenciosa y contenida servidora del Estado, al margen de los politiqueos. Apenas unas horas después, vemos cómo le da patadas al diccionario, que es el síntoma de la inmersión en las aguas fangosas de la política. Patadas al diccionario y al CNI, claro. Robles ha pasado de orgullosa indignada a sumisa ministra de un gobierno del que considera un regalo (literalmente) pertenecer gracias al Presidente Sánchez, todopoderoso en su debilidad.

Una vez más, Sánchez sacrifica la parte propia antes que enfrentarse con la ajena. Sánchez, experto en fugas, como diría una conocida mía, "deja el dinero y corre" ante sus insaciables socios y allegados, independentistas y grupos a su izquierda, que se crecen con cada concesión y explicación absurda del presidente. Incluso electoralmente, lo que hacen Sánchez y sus ministros, que son sustituidos cuando ya no dan más de sí, no es muy comprensible. Quizá sea por esa doble desconexión de la realidad y del diccionario.

La gravedad del espionaje "con" Pegasus, donde "Pegasus" solo es la herramienta, es grande y seguimos sin saber quiénes y con qué intención les sacan los gigas. Pero Sánchez elude la mayor y se centra en los detalles. Algunos han llamado a Paz Esteban la "cabeza de turco" del caso. Eso parece claro, lo que no lo está tanto es el caso mismo.

El rasgado de vestiduras de los independentistas no es más que una jeremiada victimista que busca vender la imagen de que están perseguidos. Esto lo dicen quienes tienen que ser condenados por los Tribunales a impartir el 25% de las clases en español en la escuelas y los que acaban de ser igualmente condenados por las discriminación de los policías nacionales y los guardias civiles a la hora de vacunarlos contra el COVID.

De no ser el apoyo de este gobierno —la cuestión central, triste destino confiar tu futuro a los que quieren tu hundimiento, eso sí, sacándote lo que puedan—, otra sería la situación.

Los apoyos de Margarita Robles al CNI, ese lugar donde no se "destituye" sino que se "sustituye", han durado lo que un bocadillo en la puerta de un colegio. Lo que se dijo en su favor, la fortaleza que se le suponía, etc. han volado al primer soplido del lobo. Todos los principios esgrimidos inicialmente se han perdido y han tratado de ser reinterpretados a golpe de diccionario.


La destitución de Paz Esteban no ha sido elegante en muchos sentidos, lo describa Robles como quiera, que ha quedado en evidencia y no ha solucionado nada al no contentar a los que quieren su cabeza. Esteban no era un "político" que siempre tiene en mente estas cosas. Es una profesional con una trayectoria de muchos años en el CNI. No es elegante ni justo. Si se quieren responsabilidades políticas que las paguen los políticos. Decir, como ha dicho Robles, que "también los funcionarios cometen errores"* es una vileza viniendo de un político, que no lo reconocerá nunca. La fortaleza de Robles en Defensa se ha diluido, creando algo peor que una imagen de debilidad.

La verdad, todo esto debería importarnos menos. Quien quiera hacer estas cosas, allá él. Lo que nos interesa es quién tiene los gigas robados, si ha habido alguna utilización —algo que va del chantaje personal al uso privilegiado de información en negociaciones internacionales o nacionales—, todo eso que se nos elude en medio de esta gresca teatral. Pegasus, lo hemos dicho, es solo la herramienta. La novela que se ha montado tiene como fin escamotearnos lo que importa. Todos los indicios apuntan a un punto, que es el que se escamotea porque "saberlo" puede costar muchas más cabezas en todos los niveles. Por eso, el ruido viene bien; es útil, aunque peligroso.

Los medios se nos han llenado estos días de consejos sobre cómo no ser espiados, cómo evitar que te jaqueen el teléfono, como revisar si te han puesto micrófonos en la oficina, en casa, en el baño. Ayer, expertos en estas cosas, anunciaban la necesidad de revisarlo todo por nuestro bien. Esto del espionaje, decían, ha llegado para quedarse.

El espionaje se queda, los políticos se van... o son sustituidos. Pero no hay problema, la senda está abierta. Esto del espionaje le ha complicado ya la vida al PP, al gobierno, al CNI, a las instituciones autonómicas. ¿Y si empezarán a salir micrófonos, cámaras y todo tipo de dispositivos a nuestro alrededor? ¿Y si esto fuera incontenible? ¿Y si causara una caída de la venta de teléfonos? ¿Y si la gente no hablara más que en persona y, como hacen ahora los políticos, tapándose la boca para que no les lean los labios? ¿Y si la ventriloquía fuera el futuro? ¿O es ya el presente?

* Rocío Gil Grande "El Gobierno destituye a Paz Esteban como directora del CNI tras el escándalo por el espionaje de Pegasus" RTVE.es 10/05/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220510/gobierno-destituye-paz-esteban-como-directora-del-cni-tras-escandalo-espionaje-pegasus/2347308.shtml

martes, 2 de agosto de 2011

Los niños infiltrados (y más conspiraciones)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No acabo de entender muy bien dos cosas: el sentido del informe elaborado por el Centro Nacional de Inteligencia y el hecho de que El País lo difunda de la manera en que lo hace*. No sé si son efectos del verano o del sobrecalentamiento mental de alguien o de la maldad específica de alguno.
En primer lugar, la presentación del diario como “Informes secretos del CNI y de Interior y Justicia” tiene algo de despropósito estival, de Wikileaks de andar por casa para llamar la atención. Algo con este encabezamiento, forzosamente tiene que revelar algo muy importante. ¿Qué se revela con tanto bombo bajo el titular escandaloso “Rabat intenta controlar a los hijos de sus emigrantes en 100 colegios públicos”?
Lo que viene a decir el escrito periodístico citando las fuentes del informe del CNI es que existe una gigantesca conspiración en suelo español por la que el gobierno de Rabat controla (o intenta controlar) a los cerca de un millón de emigrantes marroquíes a través de las clases de religión que se da a sus hijos en cien colegios nacionales:

Rabat “tiene como objetivos prioritarios el control de su colonia [unas 760.000 personas, a las que hay que añadir otras 70.000 que adquirieron la nacionalidad] para detectar movimientos opositores al régimen y evitar la aparición de corrientes islamistas ajenas a la dominante” en Marruecos, señalan en otro informe confidencial elaborado conjuntamente en 2009.

Los musulmanes y las comunidades musulmanas de España, Interior y Justicia se muestran, por su parte, muy críticos con las clases de lengua y cultura marroquí que, costeadas por la Fundación Hassan II, se imparten en más de un centenar de centros escolares públicos con fuerte proporción de alumnado inmigrante.

Lo más interesante es que estas clases están financiadas por la Fundación señalada ante la inhibición de la administración española que prefiere pasar del asunto y no gastar dinero en profesorado especial, según se dice en el mismo reportaje.

Pero esas clases llevan aparejada “la enseñanza religiosa musulmana”. Para Interior y Justicia, ese añadido es “difícil de aceptar desde el punto de vista de la configuración de la enseñanza de la religión en nuestro sistema educativo”.
Si Marruecos imparte subrepticiamente clases de islam es en parte debido a que ninguna de las comunidades autónomas que tienen la educación religiosa transferida cumplen con su deber, según el informe ministerial.

Resulta ridículo que esta gran conspiración para hacerse con el control de las mentes infantiles se dé gracias a la habitual desidia autonómica sobre quién debe correr con los gastos. España tiene acuerdos firmados desde 1992 y posteriormente desde 2005 sobre los compromisos para la enseñanza de otras religiones en el sistema escolar.

Esas clases obstaculizan, según el informe, la integración de los chavales inmigrantes en la sociedad española. “Es una herramienta para enseñar a los hijos de sus emigrantes a ser marroquíes” y no españoles, recalca.
“El carácter periférico de las clases (fuera del horario lectivo y con un alumnado compuesto solo por hijos de inmigrantes marroquíes), un profesorado exclusivamente marroquí y la utilización de materiales y pedagogías habituales en Marruecos, pero muy diferentes a las utilizadas en España, son elementos que contribuyen a que estos jóvenes interioricen profundamente la diferencia” con los españoles, constatan ambos ministerios.

¿Nos extrañamos que tengan que financiarse y, ya que lo hacen, elijan los textos más acordes con lo que les interesa? ¿Deberían los marroquíes financiar unos textos en los que en los que se enseñara a los niños marroquíes a ser españoles? Las instituciones que lo financian están seleccionando el material que les parece más adecuado. Si no nos gusta, lo mejor es que lo vayamos pagando, elaborando o normalizando para saber qué es correcto y qué no lo es enseñar en una escuela española respecto a las clases de religión musulmana.
Según se señala en el artículo, allí donde hay diez alumnos se debe aportar un profesor de la religión pertinente. Nos dice el diario, que no se hace y que solo se dan estos profesores en aquellos lugares en donde no hay transferencia. Esos profesores estatales están totalmente saturados, se apunta. La causa es cada vez más clara: la falta de voluntad y dinero, por el orden que quieran.
Uno se queda perplejo ante lo que lee:

[…] esas clases llevan aparejada “la enseñanza religiosa musulmana”. Para Interior y Justicia, ese añadido es “difícil de aceptar desde el punto de vista de la configuración de la enseñanza de la religión en nuestro sistema educativo”.

¿Por qué es lo que tienen que “aceptar”? ¡Pues claro que las clases de religión musulmana son para que sean musulmanes! ¡Es que lo son! No son las clases lo malo sino lo que se pueda dar en ellas, algo en lo que no entra el reportaje o el informe del CNI. Tan solo se alude a las diferencias entre el islam marroquí y el resto, comentando además su carácter moderado frente a otras creencias. Se habla de un “control” hipotético —algo más parecido al pueblo de los niños del “El pueblo de los malditos—” sobre esas cien escuelas españolas. ¿Saben cuántas escuelas hay en España, a cuántas asisten niños marroquíes, cuántos niños marroquíes asisten a otras clases, etc.?
La idea subyacente de una integración más parecida a la desintegración es cuestionable y es la que está tras el informe y sus reflexiones, más parecidas a las planteadas por Angela Merkel en su polémica con el premier Erdogan sobre la enseñanza en Alemania del turco como lengua materna. Sólo se acepta al que se decide a desprenderse de todo lo que le hace distinto. Y eso es un gran error como planteamiento general, porque en ese todo hay también mucha riqueza. Políticamente, además, no es nada sutil. Y es arriesgado.
Si se están utilizando las clases para otra cosa más allá de la formación religiosa o esa formación religiosa se utiliza como fuente de odio, lo que debe hacer el estado español es financiar las clases adecuadas y poner en la frontera a todos aquellos que se dediquen a complicar la vida a sus propios ciudadanos o a sembrar la intransigencia. Porque la amenaza real, la del control de los inmigrantes, no es una conspiración contra España o la cristiandad, sino, en todo caso, contra los exiliados o emigrantes díscolos con el régimen. Lo único que se saca en claro del artículo es la dejadez del gobierno español y su laberinto autonómico de competencias en el que las peleas sobre quién debe pagar las clases especiales es lo que está en el fondo de la “conspiración”. Una vez más, más de lo mismo.

* “Rabat intenta controlar a los hijos de sus emigrantes en 100 colegios públicos”. El País 2/08/ http://politica.elpais.com/politica/2011/08/01/actualidad/1312226437_150092.html