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martes, 9 de junio de 2026

No soy un robot

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Probablemente dedique una parte cada vez mayor a demostrar que no es un robot. Le exigen decir cuántas escaleras, cuántas motos, cuantos camiones, etc. ve usted en la pantalla. Otras le piden que marque la casilla declarando que no es un robot, lo que no significa que le crean, porque, como decía la zarzuela, "los tiempos adelantan que es una barbaridad".

Los que estamos en Internet desde su origen en España a mediados de los años 90 no acabamos de entender esta evolución. Me tuvieron recorriendo parte del país enseñando las ventajas de Internet, la libertad que suponía dejar atrás lo material y la posibilidad de crear un nuevo mundo virtual ajeno a la tiranía de la materia. ¡Madre mía, lo que hemos creado! Lo que iba a ser un mundo alternativo, un filtro de las desigualdades se ha convertido en un mercado controlado, un lugar de estafas múltiples, de acoso virtual, etc. con efectos negativos en la educación, en la autoestima, con psicólogos recomendando mantener a los niños alejados, con formas de acoso sexual y un sinfín de problemas que surgen del uso descontrolado. Se ha convertido en un espacio incontrolado de radicalismo y desinformación, que gobiernos y grupos —de partidos políticos a extrañas sectas— han usado para aumentar su presencia y poder. Ha dado lugar a un imperialismo tecnológico que actúa con censuras políticas mundiales al servicio de empresas con mentalidad totalitaria y es lo primero que controlan las dictaduras plenas para evitar la entrada o salida de críticas y usan para la propaganda masiva.

Por supuesto, hay también ventajas importantes, sino habríamos tenido que cerrarlo hace tiempo. Hay que saber navegar y encontrar elementos culturales valiosos, grupos afines, etc. Pero las fuerzas negativas se han acabado por imponer al deformar a sus propias audiencias y quedarse con el control de la atención, que ha desarrollado una economía propia.

Pero algo está cambiando en el sistema. Leo en el 20bits de 20minutos la siguiente información:

Por primera vez en la historia de internet, el tráfico generado por bots ha superado al de usuarios humanos. Según datos compartidos por Cloudflare, las solicitudes automatizadas representan cerca del 57% del tráfico global, mientras que las realizadas por personas se sitúan en torno al 43%.

Este cambio de tendencia refleja el creciente protagonismo de los sistemas automatizados en la actividad diaria de la red, debido a que gran parte de este crecimiento está relacionado con el auge de la inteligencia artificial. Anteriormente, mientras que los bots tradicionales se limitaban a tareas como indexar páginas para motores de búsqueda o rastrear contenidos, ahora, los nuevos agentes de IA son capaces de navegar de forma autónoma, recopilar información, comparar productos, analizar documentos o ejecutar acciones en nombre de los usuarios. Por lo tanto, esta evolución ha multiplicado el número de interacciones automáticas que se producen cada día en internet.

Sin duda, este cambio ha reavivado el debate sobre la denominada 'teoría del internet muerto', siendo una hipótesis que sostiene que una parte cada vez mayor de la actividad online está generada por bots en lugar de personas. Y aunque muchos expertos consideran que esta teoría es exagerada, los datos recientes muestran que la presencia de sistemas automatizados en la red está aumentando de forma acelerada.* 

Traducido a lo cotidiano: ya son más los bots que navegan por la red frente al descenso proporcional de humanos, lo que tiene enormes consecuencias dada su conversión en mercado. Significa que, en muchos casos, ya no hay "un humano" al inicio de la comunicación y probablemente tampoco uno al final. Eso desbarata las forma tradicionales de manipulación, influencia o como lo queramos llamar.

Imagínese que ya no coge su teléfono y que este contesta solo y filtra sus llamadas, informándole al final del día de lo que pueda serle útil conforme a criterios que puede haber seleccionado y programado o, más allá, haya decidido depositar su confianza absoluta en el teléfono y no volver a contestar usted. Ha clonado su voz con el bot de IA y le deja que se comunique con unas cuantas instrucciones o que este las deduce de su comportamiento virtual y los documentos que guarda en su ordenador.

Entonces es cuando empieza lo de demostrar que uno no es un robot. Mi propia universidad me hace pasar por esta tortura diaria de tener que demostrarle que yo soy yo, no una máquina, lo que quita las ganas de seguir conectado, aunque todo se hace con el presupuesto de que debo estar conectado para todo. Te empujan y luego te frenan.

El aumento de la automatización de muchas áreas las deshumaniza, se convierten en pasto de filtros que debo superar simplemente para acceder a mi correo. Si decido actuar como un humano, es decir, ir a alguna dependencia o servicio, te miran mal o te mandan a tu ordenador a esperar la respuesta. Ellos no están allí para atenderte a ti, ¡qué te has creído!

Parece ser que esto estaba ya anticipado, es decir, la creación de un sistema en el que ya no son los humanos los que lo usan, sino que se ha automatizado y son bots los que se preguntan y se contestan, se informan unos a otros. ¿Saben que el otro es un bot? Probablemente, no. Por eso te piden que confirmes que eres humano, un humano que sabe de escaleras, de motocicletas, de autobuses, etc. Es absurdo porque no debe ser difícil programar bots para que vean escaleras, motos y demás signos burdos de confirmación de humanidad.

A las redes le sumamos el problema de la IA. Todos son problemas que generamos nosotros mismos, los humanos. Sustituimos la "sociedad" por las "redes sociales" y producimos los mayores problemas de "soledad", de "crisis identitarias", elevamos la tasa de suicidio, de acoso sexual, violencia, etc. Sustituimos la "inteligencia" por la Inteligencia Artificial" y tenemos que estar demostrando que no somos robots. Producimos la llamada "Sociedad de la Información" y generamos desinformación masiva. 

Nos desarrollamos a tal velocidad que somos incapaces de ver los problemas que generamos. Cuando nos damos cuenta ya son imparables y nos llevan al caos. El nuevo problema genera nuevos problemas no soluciones.

¡Vaya panorama! 


* Ana Higuera "La IA cambia las reglas de internet: los bots superan por primera vez a las personas en tráfico web" 20minutos/20bits   https://www.20minutos.es/tecnologia/inteligencia-artificial/ia-cambia-reglas-internet-bots-superan-por-primera-vez-personas-trafico-web_6980620_0.html

viernes, 24 de octubre de 2025

Redes, de la independencia a la dependencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Para los que llevamos (y quedamos) en Internet desde sus inicios, allá por la primera mitad de los años 90, no dejamos de hacernos preguntas sobre cómo ha sido esta evolución del idealismo de una sociedad virtual alternativa a la degradación del mundo comercial e interesado, manipulador y cruel, a lo que ahora tenemos delante cada vez que entramos en un ordenador, un teléfono o cualquier otro dispositivo digital que lo permita.

Hemos pasado de concebirlo como un mundo autónomo que permitía ser creativos y libres y del que había que mantener alejados a todos los males que se achacaban al mundo material a... esto.

Me ha venido como un flash a la memoria el nombre del documento que mejor sintetizaba ese deseo de un mundo digital nuevo, libre, puro... Era el Manifiesto por la Independencia del Ciberespacio, firmado por John Perry Barlow en 1996 y cuyo comienzo era este:

Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos.

No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquélla con la que la libertad siempre habla. Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que estáis buscando imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.

Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los que son gobernados. No habéis pedido ni recibido el nuestro. No os hemos invitado. No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuera un proyecto público de construcción. No podéis. Es un acto natural que crece de nuestras acciones colectivas.

No os habéis unido a nuestra gran conversación colectiva, ni creasteis la riqueza de nuestros mercados. No conocéis nuestra cultura, nuestra ética, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad más orden que el que podría obtenerse por cualquiera de vuestras imposiciones.

 

Y más adelante se señalaba:

Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.

Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.

Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia. Aquí no hay materia.

Nuestras identidades no tienen cuerpo, así que, a diferencia de vosotros, no podemos obtener orden por coacción física. Creemos que nuestra autoridad emanará de la moral, de un progresista interés propio, y del bien común. Nuestras identidades pueden distribuirse a través de muchas jurisdicciones. La única ley que todas nuestras culturas reconocerían es la Regla Dorada. Esperamos poder construir nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no podemos aceptar las soluciones que estáis tratando de imponer. (...)

Davos, Suiza. 8 de febrero de 1996

El manifiesto recogía la voluntad de crear un mundo virtual nuevo en el que se trazaba una clara frontera entre el salvaje mundo material, lleno de intereses, dominación e injusticia y el nuevo mundo, desmaterializado, un mundo en el que cada uno podía ser quien quisiera sin límite más allá de la imaginación y el deseo.

Hoy vemos con ironía todo esto. Fue muy poco el tiempo transcurrido para que todos esos monstruos del mundo material entraran a saco y se hicieran con el nuevo mundo convirtiéndolo en una prolongación.

La libertad de estar se convirtió en la obligación de ser a través de la manipulación. Bancos, partidos políticos, administraciones públicas, empresas con todo tipo de intereses lo colonizaron rápidamente y establecieron nuevas formas sorprendentes de manipulación, de construcción de las identidades tanto individuales como colectivas. La generación que ha crecido con acceso desde la cuna es ya otra. Las generaciones anteriores se fueron incorporando cambiando sus hábitos y costumbres de forma gradual.

Un ejemplo de hoy mismo nos lo ofrecen en El Mundo: el llanto. Un magnífico reportaje de Rebeca Yanke, titulado "Por qué los jóvenes exhiben sus llantos en redes sociales: "Llorar ha pasado de ser algo vergonzoso a percibirse como auténtico""**. La posibilidad de llorar en "público virtual" crea una serie de condiciones nuevas respecto a lo que era "llorar en público" a secas. Las emociones privadas se convierte en espectáculo. Se ha transformado la comunicación, el sentimiento y la forma de expresarlo. Escribe Rebeca Yanke: 

Llorar es también una forma de conexión social que en las redes sociales de 2025 se ve así: lágrimas (aunque sean pocas), una canción conmovedora (normalmente de fondo), dos o tres líneas desoladas y el rostro de alguien sufriendo. Llorando con congoja o hiperventilando, con ataque de ansiedad o de pánico, con el corazón roto o con sensación de fracaso. Y la cámara grabando el espectáculo.

La pregunta ahora es si este fenómeno del llanto público conseguirá no sólo trasladar el cambio a otras generaciones más distantes de la expresión emocional, como la X o la boomer, sino también una evolución del paradigma cultural de la tristeza, el dolor y la lágrima, que podría dejar de ser algo circunscrito a esferas más privadas e incluso íntimas.**

Sin duda lo hará, pero cuando el cambio se produzca, la nueva generación que llegue creará otras normas de expresión. Las cosas son eficaces menos tiempo y hacer algo nuevo significa eliminar una posibilidad y buscar otras para que sea efectiva. Esa es la nueva ley intergeneracional: todo cambia, nada dura; lo estable deja de significar.

Con esto aumenta la distancia generacional, pues dejan de compartir elementos comunicativos. La misma nomenclatura de las generaciones —Boomer, Z, X...— nos indica ese efecto burbuja creado por los que controlan los medios y redes. Necesitan, a la vez, segmentar y normalizar dentro del segmento, una técnica comercial que se ha convertido en social. Somos consumidores y producto a la vez.

Pero esto despierta un sentido crítico particular, sobre modas concretas y cambiantes (la palabra moda es esencial) y del plano general, es decir, del escenario de todo este movimiento, el ciberespacio, la nueva "realidad", un mundo para el que se vive y en el que nos relacionamos. Rodrigo Terrasa y Carmen Casado nos dan esta evaluación de este mundo virtual:

Enshittification: dícese del empeoramiento de una plataforma digital o red social debido a la reducción de la calidad de su servicio hasta convertirse en... en... en una auténtica mierda.

El 5 de enero del año pasado, cerca de 300 expertos en lingüística se reunieron en el Hotel Sheraton de Times Square, en Nueva York, a apenas 800 metros de la Trump Tower de la Quinta Avenida, para comer canapés y deliberar sobre cuál debía ser la palabra del año para la American Dialect Society, una institución con 135 años de historia. Allí había lingüistas, lexicógrafos, etimólogos, expertos en gramática, historiadores, investigadores, escritores, editores, estudiantes y académicos independientes. Cuentan que ésta es la votación más larga de las muchas votaciones de palabras del año que se realizan alrededor del mundo. Esa noche, la American Name Society eligió Gaza y Barbie como nombres propios del año y la Sociedad del Dialecto escogió como mejor palabra enshittification.

«Es un término lamentablemente adecuado para describir cómo se han degradado gradualmente nuestras vidas online», aseguró Ben Zimmer, presidente del Comité de Nuevas Palabras de la institución y columnista de idiomas de The Wall Street Journal.

El palabro en cuestión podríamos traducirlo aquí de forma muy gráfica como mierdificación (shit es mierda en inglés) y básicamente resume lo que ustedes ya habrán percibido en los últimos tiempos: que las redes sociales se han convertido en un insoportable lodazal que todo lo acaba infestando.

Y, sin embargo, ahí seguimos. Enshitificados hasta el cuello. *** 

Lo expuesto no requiere excesiva explicación. La percepción sobre las redes ha pasado del idealismo de los 90 a la "mierdificación" de los momentos actuales. Son muchos los factores implicados es estos cambios, especialmente la ruptura generacional que se produce con la llegada de los "nuevos" a los que no se entiende y de forma clara la sobre exposición que padecemos. En algún punto se rompió el equilibrio y hoy se nos obliga a depender de las redes. Eso afecta a las relaciones con la administración, con los bancos que ya apenas nos atiende, al teletrabajo, las videoconferencias, etc. Lo que era "libertad" ha pasado a ser esclavitud por la obligación. El malestar es grande entre las generaciones mayores (que comienza a ser mayoritarias) en sociedades envejecidas y a las que se deja de atender en persona. Todo esto genera un sentimiento de soledad en una sociedad hiperconectada. Padecemos agresividad basada en el anonimato a través de las redes, algo que se convierte en el bullying, el ciberacoso, las difamaciones y ataques, etc.

Indudablemente, la sociedad virtual tiene aspectos beneficiosos, pero es cierto que estos pueden no ser los que más resalten, sino que lo sean los de saturación, distanciamiento, soledad, imitación, etc. La sociedad de la información nos hace más débiles porque necesita vencer las resistencias para intensificar las dependencias. Eso hace que seamos más sensibles a los cambios y, a la vez, situaciones normalizadas. Esto se traduce en la actual preocupación por la salud mental y por la agresividad creciente, de la infancia a los adultos.

Hace falta equilibrar la situación, no dejarse arrastrar, resistir. Hay que crear una burbuja personal dentro de la burbuja en la que nos meten. La gente llega ya tocada a la etapa adulta después de la constante manipulación a la que se ve sometida desde la infancia. Quedamos moldeados por el sistema y no todos tienen la capacidad crítica de resistir a los aspectos más nocivos. Pero los que manejan todo esto son muy poderosos en muchos niveles y no es fácil intervenir para remediar esta situación.


* John Perry Barlow (1996) "Manifiesto por la Independencia del Ciberespacio". Recogido en Universidad de Huelva https://www.uhu.es/ramon.correa/nn_tt_edusocial/documentos/docs/declaracion_independencia.pdf

** Rebeca Yanke "Por qué los jóvenes exhiben sus llantos en redes sociales: "Llorar ha pasado de ser algo vergonzoso a percibirse como auténtico"" El Mundo /Papel 23/10/2025  https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/10/23/68fa2c68fc6c831a268b4582.html

*** Rodrigo Terrasa y Carmen Casado "Atrapados en la 'mierdificación' de internet: cómo las redes sociales cambiaron a tus amigos por basura" 22/10/2025 https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/10/22/68f2399afc6c8306598b4579.html

martes, 6 de febrero de 2024

Cuestión de cables, la nueva amenaza hutí

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hay cosas que se construyen en tiempos de paz que cambian en tiempos de guerra. Hay guerras que se sitúan en el punto clave y reconfiguran la situación. Hay cosas que se pueden cambiar y adaptar, pero otras es más complicado.

El valor que Yemen ha obtenido al pasar por allí una parte importante del tráfico marítimo internacional hacia Europa es un ejemplo del diseño que algunos eligen cambiar usando otra ruta más costosa, pero que en la que otros asumen el riesgo de ser atacados y hundidos o secuestrados. Esta situación ha hecho que la guerra civil que vive Yemen se convierta en ese punto en el que se centra el conflicto con la presencia de los jugadores de primera fila, los hutíes, y las fuerzas iraníes y sus aliados en la sombra.

En 20minutos nos alertan de un nuevo factor determinado por la posición geoestratégica de Yemen como entrada al Mar Rojo y vía de paso al Canal de Suez como salida hacia el Mediterráneo. Esta vez se trata de de otro aspecto valioso, los cables submarinos de comunicaciones:

[...] las empresas de telecomunicaciones vinculadas al gobierno yemení temen que los rebeldes hutíes estén planeando sabotear la red de cables submarinos del mar Rojo. Ha sido el Foro Internacional del Golfo el que ha publicado un informe donde se advierte de ese riesgo.

El documento destaca que esa red  de cables podría ser un blanco fácil para futuros ataques de los hutíes. Se sugiere también que esas acciones podrían evolucionar de los ataques a la superficie de los buques a los ataques en alta mar, considerando los cables submarinos como un nuevo objetivo.

El documento ilustraba mediante imágenes y mapas la distribución y conectividad de las redes internacionales de cables en el mar Mediterráneo, el mar Rojo, el mar Arábigo y el golfo Arábigo, según detalla el medio jordano Roya News. Esa red es fundamental para el funcionamiento de Internet y la transmisión de datos financieros.

 

Pese a que en la información se relativiza esta posibilidad por la carencia de tecnología de los hutíes, esto es cuestión de tiempo, pues estos son solo la cabeza visible de esas fuerzas tras ellos que pueden dotarlos de la capacidad en relativo poco tiempo. Se señala que la posibilidad de que sean atacadas las vías de datos internacionales es baja y que es un medio pro israelí el que ha puesto este problema sobre la mesa, lo que serviría para recabar más ayudas por parte de Israel.

Pero sea cual sea la situación en la superficie, lo cierto es que el ataque a ese cableado marítimo sería un enorme golpe no solo a Israel sino a una de globalización. Esta se pensó en términos de un mundo en paz, algo que parece que ha terminado porque una de las partes prefiere un mundo en guerra, con zonas controladas y países satélites formando una alianza intercontinental que hunda el proyecto, controlado desde los Estados Unidos, algo que se ve claramente en el proyecto tecnológico. La posibilidad de que se corten esos cables dejando huérfanos de datos a media humanidad durante un tiempo debería llevar a la necesidad de estudiar la posible ampliación de los flujos y canales de datos para proteger lo esencial.

El artículo de 20minutos se cierra con las posibilidades sobre la mesa:

Asegura Yemen Telecom que ha realizado esfuerzos diplomáticos y legales durante los últimos años para persuadir a las alianzas internacionales mundiales de telecomunicaciones de que no tuvieran ningún trato con los hutíes, ya que proporcionaría a un grupo terrorista conocimientos sobre el funcionamiento de los cables submarinos.

Los analistas de seguridad del Foro de Seguridad del Golfo afirmaron la semana pasada en un informe que "los cables se han mantenido a salvo más por el relativo subdesarrollo tecnológico de los hutíes que por falta de motivación". Afirman que "los hutíes han mantenido la capacidad de hostigar la navegación de superficie mediante misiles y naves de ataque rápido, pero carecen de los sumergibles necesarios para alcanzar los cables".*


No es un gran consuelo, como ya hemos señalado. Esa tecnología destructiva solo tiene que alcanzar un punto en el que los cables se corten, algo en lo que seguro que ya hay equipos en distintos países preparando.

Lo que sí parece evidente es considerar que el mundo que hemos construido ya no es el que era. Han variado las circunstancias y los conflictos se concentran en una zona específica, la del tráfico mundial de mercancías de Asia hacia Occidente y ahora sobre el mismo escenario, el del tráfico mundial de datos. Lo que más preocupa es que se ha construido un mapa de datos bancarios creando un mundo interconectado de finanzas globales.

No somos conscientes de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Si los retrasos o pérdidas en el tráfico marítimo suponen paros en las fábricas a la espera de que lleguen los contenedores con las piezas y eso tiene un efecto en cadena en todas las industrias, los cortes de datos puede tener un efecto similar o peor sobre los millones de transacciones que se realizan diariamente y que son posibles gracias a esos cables submarinos.

¿Cuánto tiempo resistirá un mundo globalizado si está enfrentado? Los sistemas se muestran inseguros; las construcciones más económicas, las que se buscaron, se nos muestran ahora objetivos militares en un mundo con creciente incremento de la violencia.

Ni Rusia ni Irán, una alianza frente a terceros, parecen dispuestos a aparcar sus objetivos político militares. Hacerlo es debilidad y los regímenes autoritarios saben que si muestran debilidad alentarán su caída. Hay que vigilar esas alianzas económicas que están realizando porque son el anticipo de las nuevas fuerzas del descontento que son atraídas hacia sus proyectos y fines.

No somos conscientes todavía de lo que supondría el corte de esos cables y la dificultad de su reparación en un entorno bélico como el que se ha generado. Esperemos no tener que descubrirlo. Pero la amenaza está ahí. 

* "Los hutíes ponen su mirilla en los cables de Internet bajo el Mar Rojo: qué implicaría su corte y cómo afectaría a la economía global" 20 minhttps://www.20minutos.es/noticia/5215537/0/una-caida-de-los-mercados-financieros-por-un-corte-en-mar-rojo-los-huties-amenazan-con-cortar-los-cables-de-internet/utos



miércoles, 15 de junio de 2022

El ser digital

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Desde hace décadas, nuestra vida se desarrolla a través de Internet. Tenemos una personalidad digital, una presencia que gestionamos a través de distintas plataformas en las que acumulamos datos, relaciones, etc. "Ser" es "ser digital". Todo ello, en apariencia, nos da una facilidad para construirnos o representarnos en pantallas bajo nuestros ojos o la mirada de otros.

Cada cierto tiempo recibimos noticias de que desaparecen sistemas operativos, programas, aplicaciones, dispositivos, etc. Son decisiones que se acortan en el tiempo y cada vez se producen con más frecuencia. La tendencia de los "usuarios" a mantener la estabilidad se enfrenta a la tendencia empresarial a la innovación, al cambio en los sistemas que nos permiten usar. Dichos cambios, además, se producen muchas veces por la tendencia a la competencia entre empresas que quieren controlar doblemente, por un lado respecto a sus rivales en un campo determinado, y por otro el deseo constante de controlar más nuestra propia vida haciéndose indispensables y dejando nuestra capacidad de decisión.

La Vanguardia titula "Microsoft jubila mañana Internet Explorer: aún lo usan 70 millones de personas (y el Congreso de los Diputados)" en un ejemplo de lo que decimos. "Jubilar" es un término demasiado humano, con demasiadas connotaciones humanas. Más real es la expresión, "dejará de dar servicio de apoyo". La actividad digital se basa en la compatibilidad de una serie de programas con un sistema operativo. Quien controla el sistema operativo controla la vida digital de los usuarios, que es hoy su vida personal y su vida social. Puedes usar lo que tu sistema operativo te permite instalar y esto durará mientras sea compatible.

La era digital es una sucesión de estados que se van perdiendo en gran medida por la obsolescencia. ¿Ha tratado de encontrar ciertos documentos, fotografías, grabaciones, etc. que se realizaron con otros dispositivos? El caso de los teléfonos es claro. ¿Cuánta información queda en ellos? ¿Cuántas personas ven su vida trastocada por desapariciones o sustituciones? Le dirán que lo clone o que mande a "la nube" la información, pero ¿lo hacemos?

Muchas veces veo a gente haciendo cola en el centro comercial. Se suele producir tras los periodos vacacionales. Las colas se forman en las máquinas que permiten pasar a papel las fotografías realizadas con cámaras digitales y teléfonos que cumplen la misma función. Mucha gente quiere seguir pudiendo abrir un álbum y contemplar sus fotos. Ya no es buscar entre miles de fotos acumuladas en memorias y dispositivos.

La gestión de la vida digital no es sencilla por la cantidad de información que acumulamos espoleados muchas veces por las propias compañías que nos animan a ello. El gesto del teléfono móvil —muchas menos cámaras— en cualquier incidente o detalle nos hace ver las cantidades ingentes de información que cada día se producen en el mundo. Cada cierto tiempo se produce algún tipo de desaparición que se lleva parte de nuestra memoria digital.

Soy editor de una revista digital pionera, Espéculo, creada en el año 1995, una época en que debía explicar a los colegas qué era internet y qué era una "revista digital". Son millones las visitas acumuladas y varios miles de artículos, pues rompimos las barreras del tamaño de los archivos y la cantidad de ellos por número.

Con motivo de la salida del número actual, dedicado a la memoria de la feminista y novelista egipcia Nawal El Saadawi, ya me advirtieron de que en algún momento habría que mover aquello, que si no se había hecho antes (como se hizo con otros) ha sido precisamente por su carácter histórico y millonario en accesos.

Un día que debían estar revisando el servidor donde se aloja la revista me dijeron al llegar a la Facultad que un profesor de una universidad andaluza había llamado desesperado ante el temor que le había causado no poder encontrar su artículo. Afortunadamente, aquello duró un par de horas, pero el terror estaba allí. Era el miedo a que todos los documentos que enlazaban con su artículo quedaran unidos al vacío, que no llevaran a su trabajo sino a la nada digital, un no retorno de información.

Probablemente haya muchos profesores, por seguir con nuestro ramo, que tengan pesadillas en las que sus artículos son eliminados de los servidores, que estos desaparecen y los vuelven ilocalizables. Una pesadilla académica. Aunque se guarden, quedarían inaccesibles al resto.

Una de las causas que más afectaron al desarrollo inicial de las publicaciones digitales fue precisamente su falta de estabilidad. Entre el océano de servicios de alojamiento inicial, muchos desaparecieron por causas económicas, por ser poco rentables, llevándose por delante todo lo publicado en ellos. Algunos pudieron trasladarse a otros espacios, pero no todos pudieron. Eso llevó a avanzar en dos líneas, la de la conservación (con instituciones haciendo copias en sus bibliotecas, como la del Congreso de los Estados Unidos) y otra en cuanto a la estabilidad institucional de los servidores oficiales (universidades, por ejemplo). Sin ello, apenas habríamos avanzado.

Hoy, todo se ha acelerado. ¿Nos hemos acostumbrado a vivir con el riesgo de perder el pasado con cada cambio de ordenador, teléfono o servidores? Quizá la respuesta sea unas generaciones con un sentido volátil de la memoria. 

sábado, 9 de octubre de 2021

Premio Nobel de la Paz para la Prensa en tiempos de desinformación

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Mientras el Premio Nobel de la Paz acaba de ser concedido a dos periodistas —a Maria Ressa (por hacer frente al régimen dictatorial de Rodrigo Duterte en Filipinas) y a Dmitry Muratov, por su crítica al poder en Rusia frente a los blanqueos informativo de Putin—, el mundo se debate frente a la idea destructiva de "desinformación". Lo que hasta hace poco parecía una verruga se ha ido convirtiendo en un auténtico cáncer en nuestra vida personal y social.

Ayer lo incluíamos en la crisis de la democracia. La distinción entre información y propaganda se ha ido decantando, más allá de la semántica, por la vía de los números hacía la segunda con su efecto manipulador sobre la opinión pública. La solución de la dictaduras ya no es el "silencio", sino la desinformación, el flujo constante que nos hace ver el mundo de una determinada manera ante la incapacidad de poder determinar por nosotros mismos la veracidad de lo que se nos cuenta.

Por eso han proliferado los "fact check", los grupos que desde los medios u otras instituciones tratan de indagar en todo aquellos que busca cambiar nuestra forma de pensar desde las mentiras. Si filósofos, teólogos y hasta artistas habían hablando de las aspiraciones del ser humano hacia la "verdad", la comprobación de los hechos de cada día nos muestran justo la aspiración contraria: la verdad es lo que queremos creer y, una vez descubierto, hay quienes nos lo ofrecen con enormes dosis de intensidad y realismo,

Hoy hay repartidas por todo el globo grupos y empresas dedicadas a estudiar nuestras debilidades y deseos para poder alimentarnos de forma eficaz con la desinformación. Es lo que se enseña en la mitad de las clases de la mitad de las facultades de comunicación en todo mundo. Lo llaman "comunicación eficiente", parte del neuromárketing o de otras maneras técnicas, pero la realidad tras el nombre es la misma.

Los mayores beneficiarios son empresas (que manipulan a sus posibles consumidores o usuarios) y los sistemas políticos que controlan así a sus seguidores mientras que atacan a sus detractores o rivales mediante bulos o difamaciones. No sé si causó mucha sorpresa, por ejemplo, que la anterior directiva del Barcelona dedicara, como aireó la prensa, un dinero para contratar a una empresa destinada a desprestigiar a una serie de jugadores de su plantilla, conocido periodísticamente como el "Barçagate". Ahora pensemos en qué forma de pensar se ha implantado en el mundo para que llegue a un escenario de este tipo; pensemos en las rivalidades entre grandes compañía o en la política tanto nacional (partidos enfrentados) como internacional (guerras como las comerciales contra Huawei, por ejemplo, por el control mundial de la telefonía, lo ocurrido con el coronavirus, etc.).


La desinformación es hoy una auténtica lacra. Dicen los medios que es el primer Nobel de la Paz que se concede a periodistas desde que en 1935 "(...) el alemán Carl von Ossietzky lo lograra por revelar el programa secreto de rearme de su país previo a la Segunda Guerra Mundial."* Parece que tienen que darse circunstancias muy graves para que se reconozca al verdadero Periodismo el papel que juega en el mundo al lado de la libertad de expresión y frente a la manipulación autoritaria de la información.


La desinformación es un fenómeno mundial porque la comunicación se ha hecho un fenómeno global. Con su expansión se han creado las condiciones perfectas para que la desinformación sea rentable. Es difícil de controlar porque en una sociedad de velocidad casi instantánea, solo te queda la opción de "desmentir" y pocas posibilidades de "prevenir". Es decir, cuando quieres actuar, el mal ya está hecho, la desinformación se ha expandido por todo el mundo. Los es porque tiene sus reductos y su financiación; muchas veces es una negocio, una empresa, que se ampara en sus privilegios.

En la CNN, Sheldon Himelfarb (CEO del PeaceTech Lab en US Institute of Peace y Philip N. Howard (director del Oxford University's Programme on Democracy and Technology) analizan el peso creciente de la desinformación y la mala información. El artículo va acompañado de una explicación de la cadena:

 

This is the first in an occasional series of CNN Opinion pieces illuminating the damage caused by misinformation and disinformation and exploring potential solutions.

Misinformation, which refers generally to spreadable falsehoods, and its more craven counterpart, disinformation --misinformation circulated to serve a political goal -- have poisoned America's politics and its communities. They have empowered denial of the results of the 2020 elections along with the Covid-19 vaccine resistance -- a factor in the pandemic that has sickened millions and killed nearly 700,000 Americans -- and have been weaponized to obscure the pathways forward to address crucial problems, like the climate crisis.

America's social fabric is built on freedom, individualism and autonomy -- and each has been twisted to fuel the spread of falsehoods.**

 

Estas líneas introductorias al problema son muy "americanas", por un lado, y también "conceptuales", como en la distinción entre el objeto de las falsedades circulantes según sus objetivos. Pero en la realidad, toda mentira, falsedad, bulo, etc. forma parte de un aprendizaje sobre la credibilidad. Aprendemos a aceptar sin crítica o condiciones; clasificamos las "fuentes" de información desde el lado sentimental, por lo que aceptamos aquellas que se ajustan a nuestros gustos y preferencias, ya sean político, deportivos, alimenticos o de cualquier otro tipo. En lo profundo de nuestra mente está aquello que nos resulta gratificante y por ello lo aceptamos.

Las líneas finales son una demostración de cierta "ingenuidad", ya que se parte de la creencia inocente en la verdad como motor de los Estados Unidos, solo perturbada por ese desvío de la pureza presupuesta. Es el "regreso de la verdad" prometido por Biden y ya desmentido con los hechos. "Mentir" sería, en este sentido propuesto, "antiamericano" más que "antidemocrático"; la identidad que se establece entre "democracia" y "Estados Unidos" hace el resto. Pero el hecho cierto, como se ve en el propio artículo, es que las llamadas inicialmente por Al Gore, "Superautopistas de la Información" y que hoy llamamos "Internet", "Cyberespeacio" o "redes sociales" son esencialmente estadounidenses, controladas por sus empresas y sometidas a sus normas; gran parte de los problemas se producen por sus propias políticas y, especialmente, por los intereses comerciales de sus propias compañías. La facilidad para el espionaje por todo el mundo por parte de quien controla la base de las redes es un hecho y las compañías como Google, Facebook o Twitter se han plegado en diversas ocasiones ante las exigencias de dictaduras sobre la entrega de los datos de sus usuarios nacionales para no ver reducidos sus beneficios. Sería fácil nombrar casos en los que ha sido la política norteamericana la que ha creado su propia desinformación a través de su aparato propagandístico, más allá de Donald Trump, que se ha convertido en el referente de la desinformación y la manipulación informativa. El tuit era su arma favorita y las propias redes tuvieron que "censurar" al propio presidente de los Estados Unidos por faltar a la verdad y expandir el odio. Todo depende de cómo consideremos a Trump, si un producto típicamente norteamericano o lo contrario. Todo depende, dirán algunos, de quién gane las elecciones. Lo cierto es que tuvo más de ochenta millones de votantes "desinformados" y contentos de serlo.

El escándalo de las filtraciones por parte de una ejecutiva de la empresa sobre Facebook en estos días —ha confirmado los peores temores, dice la CNN en su titular— ha afectado a la visión de las propias redes y sus efectos sociales. También a la hipocresía mostrada cuando lo que está detrás es el beneficio económico de mirar para otro lado. 


Controlar lo que discurre por las redes no es sencillo, pero la raíz no solo es tecnológica, sino empresarial. Hemos convertido en nuestra segunda vida algo que está en manos de unas empresas creadas en un país determinado. En realidad, la vida digital se ha hecho tan intensa y extensa, que no pensamos que estamos usando unos servicios privados, sujetos a términos cada vez más restrictivos y abusivos precisamente por su omnipresencia. Utilizamos los foros de internet como si fueran ágoras reales, plazas de pueblo donde podemos ser manifestándonos de distintas formas y procuramos no pensar mucho en dónde estamos realmente y en lo que esto supone. han entrado por nuestro punto flojo: la sociabilidad, el temor a quedar aislados.

Las instituciones públicas y privadas, por otro lado, asumen cada vez más que la "vida virtual" es "vida oficial", que todo el mundo debe tener correos electrónicos o que tras los correos oficiales estén en realidad los de una empresa, como ocurre con mi propia universidad, una universidad pública. Hemos regalado a unas pocas empresas nuestras vidas, nuestras relaciones, nuestras manifestaciones. Como se suele decir, lo que no está en Internet no existe. Deberíamos reflexionar un poco sobre lo que implica.


Los estados han renunciado a la creación de espacio públicos realmente públicos, a la creación de un espacio general no manejado por las empresas. Pero la tendencia a la centralización (y al ahorro) ha hecho que estos permitan redes que cubran el planeta y que ellos, los estados, no controlan, con la excepción de uno: los Estados Unidos de América, donde todo se ha gestado, donde todo se ha creado y los que tienen la llave del apagado total.

Los autores del artículo en la CNN señalan:

 

Some experts, including the US surgeon general, look at misinformation as a problem that can be mitigated by making citizens more media literate. This approach requires betting that we on our own can overcome deliberate information operations on critical issues such as public health, climate change and complex humanitarian disasters.

Closer examination, however, reveals that to be a risky bet. Another popular policy option is to let big social media companies police their own platforms more extensively. Recently, we learned that Facebook has known about its negative effects on users, but has repeatedly failed to address them. Letting social media companies try to fix a problem they enable but cannot control seems imprudent at best.

Civic education and new technology initiatives may make a difference on single issues and in particular countries. But overall, misinformation is the global problem that prevents other global problems from being solved. It is an existential threat to our societies, causing immeasurable deaths and suffering, and addressing it requires a solution that acknowledges the sheer scope and interconnectedness of the fight.

We have considered the full range of solutions to this crisis that have been proposed, from antitrust action against the social media companies to redesigning the architecture of the internet itself -- and dozens of other ideas. But none of the solutions currently under discussion are as comprehensive as the proven model of the IPCC [Intergovernmental Panel for Climate Change] is -- a model that an IPIE [Intergovernmental Panel for the Information Environment] can follow.**

 

Los autores se centran en el "problema interno norteamericano". La democracia es un problema suyo y la desinformación en aquello que les afecta: las injerencias en sus elecciones. Es un poco la "ley del embudo", ya que estamos viendo cómo se expande también hacia el exterior (y no es una novedad) su propia desinformación para las guerras comerciales, cómo se practica el espionaje a través de las redes (el reciente escándalo danés es un episodio más) o cómo varía según quien esté en la Casa Blanca sobre temas como el cambio climático, por poner un ejemplo.


Es una satisfacción ver cómo en este mundo de luchas informacionales, el Premio Nobel de la Paz va a quienes se juegan su vida por intentar corregir la desinformación. Los periodistas muertos en Rusia o en Filipinas son también los destinatarios, como lo son los que se encuentran encerrados o desaparecidos en cualquier rincón del mundo. El Premio es también para ellos. No alegramos también de que nos prosperara la candidatura de Trump, el presidente más mentiroso de la historia de los Estados Unidos (controlado día a día), para el mismo Premio, que algunos de buen corazón impulsaron. No sé si la institución Nobel habría sobrevivido a ello. Probablemente no. 



Por nuestra parte, la de todos, está que esas muertes y encierros no sean en balde. Lo más descorazonador es cómo la genta abraza las mentiras, cómo cree lo que desea creer. Hay mucha mal informada, capaz de corregir su opinión cuando se desvela la verdad. Hay que distinguirlos de los que voluntariamente se dejan arrastrar porque son sus deseos e intereses lo que quieren preservar. Los que siguen portando banderas y pancartas diciendo que Trump ganó las elecciones no dejarán de hacerlo. En cada país existe una versión de este problema, pues nos enfrentamos a un problema real e inagotable: no todo el mundo quiere vivir con los hechos y las verdades, por muy relativas y provisionales que puedan ser. La verdad puede ser relativa, pero la mentira es absoluta y absolutista.

Las redes sociales, las comunicaciones planetarias, pueden ser usadas para muchas cosas, buenas y malas. Pero en el fondo no es más que el traslado a otro campo de batalla de la misma guerra, potenciada por el enorme poder amplificado que suponen estas tecnologías de la comunicación. Lo que queda claro es la necesidad de contrarrestar el peso de la desinformación.

Felicidades a los premiados y a todos los periodistas que luchan en el mundo contra la desinformación y por la libertad de expresión para combatirla. Ellos también han sido premiados.

 

 

* "Los periodistas Maria Ressa y Dmitry Muratov, Nobel de la Paz 2021 por su defensa de la libertad de expresión" RTVE.es 8/10/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211008/premio-nobel-paz-maria-ressa-dmitry-muratov/2184620.shtml

** Sheldon Himelfarb and Philip Howard "CNN  What's stunning about the misinformation trend -- and how to fix it" CNN 7/10/2021 https://edition.cnn.com/2021/10/07/opinions/facebook-misinformation-and-how-to-fix-it-himelfarb-howard/index.html

jueves, 10 de junio de 2021

Internet, la democracia y la ingenuidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



En Las mañanas de Radio Nacional, que podemos encontrar en A la carta en RTVE.es, tenemos la grabación del diálogo mantenido entre el periodista Íñigo Alfonso y su invitado, Evgeny Morozov, con un titular provocador: "Fue un error pensar que Internet fomentaría la democracia". Lo que expresa, dentro de la rotundidad periodística, es una reflexión que cada vez asoma más ante los propios acontecimientos y el desarrollo mismo de las redes.

Diariamente encontramos problemas que se originan en las redes, el nuevo espacio público de convivencia, que debido a su propia esencia es muchas veces un territorio hostil e incontrolable, un espacio complejo donde las viejas utopías que los alumbraron en los años 80 y 90, antes de darse el gran salto social, el provocado por su conversión en mercado, algo que ocurre con la llegada desde 1991 de los navegadores hipertextuales, es decir, la creación de lo que hoy llamamos la "web" y que entonces se iniciaba frente a otros sistemas de navegación hoy apenas existentes o invisibles como protocolos bajo la web. Por decirlo así, el "http" (hipertext transfer protocol), se comió a todos los otros protocolos anteriores en las comunicaciones adaptándolos a sus necesidades.

Es con la llegada de los "navegadores" cuando socialmente todo se transforma. Podemos recordar el "Manifiesto por la Independencia del Ciberespacio" (1996),  de John Perry Barlow, un bello lamento melancólico por la independencia perdida con la llegada de los nuevos colonos comerciales. Lo que había sido una república igualitaria, donde cada uno creaba una identidad libre y el comercio estaba prohibido, regulado por reglas de etiqueta para asegurarse un comportamiento civilizado y respetuoso, se hundió ante su transformación interesada en un espacio comercial donde se trataba de vender. Y con las ventas llegaron los problemas. Las primeras luchas fueron para convertir las redes en meros supermercados donde las empresas eran las poseedoras de los "espacios" y los usuarios meros compradores. Esa fue una lucha que se resolvió con la socialización del espacio de la red.



El resultado de eso es lo que tenemos hoy, una cibersociedad global, transnacional, con dudas sobre su estatus jurídico (Facebook acaba de sancionar a Trump con dos años de suspensión), donde conviven la información y la desinformación, donde cualquiera puede tener una o varias identidades y hacer muchas cosas con ellas, donde puedes exponer tus derechos o ser atacado, acosado desde múltiples puntos del planeta.

Es en este contexto en el que el titular del diálogo adquiere sentido. No explican a modo de resumen de lo que se encuentra en el podcast:

  

Evgeny Morozov, experto en redes y el impacto social y político de la tecnología, autor de 'El desengaño de Internet' y 'La locura del solucionismo tecnológico', ha dicho en Las mañanas de RNE que es un error pensar inicialmente que Internet fomentará la democracia. "En EEUU, Europa, donde los estados no tienen tanta capacidad sobre Internet como Rusia o China, observamos tendencias similares. Es un error inicial, pensar que las plataformas digitales tienen un papel democrático de modo automático. No es automático, tenemos que construir las infraestructuras democráticas. No podemos esperar que Facebook, Google o Amazon vayan a promover la democracia", ha dicho.

También ha comentado la situación política de su país, Bielorrusia. Asegura que no ha cambiado en los últimos 20 años. "Lukashenko es un líder autoritario. Es la razón por la que mantiene el poder. En verano volverán las protestas y veremos las consecuencias, es posible que su poder se debilite un poco", ha dicho.

Y advierte de una forma de control de la opinión pública poco evidente. "En las últimas dos décadas no han aplicado una censura como en China por ejemplo. Tenemos libertad en la red, pero el régimen ha encontrado otros modos. Lo mismo en Rusia, donde el gobierno ha desarrollado un montón de métodos para controlar y dar forma a la opinión pública, no solo con la censura, sino también con una participación muy activa en el debate online. Es una táctica nueva que tenemos que observar y estudiar", concluye.*

 


Son muchas las variables y parece que aquí se refieren a las gubernamentales. Los gobiernos autoritarios lo son también en las redes. ¿Cabía esperar otra cosa? Es más, se bloquean las redes porque los que se comunican son ciudadanos  que son, en última instancia, quienes son vigilados y controlados, finalmente castigados o reprimidos. Pero eso es muy fácil. Los gobiernos autoritarios lo son también en la red.

Lo realmente complejo es comprobar cómo las personas autoritarias son muchas más de las que pensamos y aprovechan las propias redes para imponerse, atacar, vilipendiar, difamar, etc. Que la base de los gobiernos es la autoridad y el poder de control, está ya teorizado desde antes de que existiera Internet o cualquier tipo de escenario virtual. El autoritarismo del poder es un tema clásico que ya está en Platón y su explicación de la república.



Pero lo que no habíamos llegado a descubrir de forma tan clara es que en una estructura no jerárquica o menos jerárquica los humanos nos dedicamos a atacarnos con fiereza. Los que teorizaban sobre la maldad del poder y la bondad natural del ser humano se equivocan ante el uso violento en las redes a través de esos mecanismos que van del jaqueo al acoso.

Deberíamos mirar más allá de los gobiernos, los acusados sistemáticos, los malos de la película, para empezar a hacer repaso de la maldad en unidades que van del individuo al estado pasando por los grupos de todos los tamaños. Del malvado solitario al estado malvado, lo que se pone de manifiesto es la voluntad de poder, por citar a Nietzsche o a cualquier otro escéptico sobre la posibilidad de un paraíso en la Tierra.

El problema de la "maldad" o la "bondad" se ha desplazado al de la "libertad" cuando no hay ninguna garantía de que las personas libres no utilicen esa libertad para atacar a los demás. La cuestión es compleja como todo en lo que se entremezcla lo individual con las reglas de la tribu. No tengo dudas de la existencia de personas buenas, pero conozco muchas muy malas que se amparan en su "libertad" para acosar o intentar destruir a otras.

Los partidarios de las grandes palabras dirán que son los problemas de la libertad, claro. Yo no lo veo tan claro. Es también un viejo problema clásico el preguntarse porque los que pueden elegir eligen el mal en lugar del bien. Realmente las mismas preguntas vuelven una y otra vez porque no hemos solucionado nada. ¿Somos más libres que en otros momentos? Sí en la mayor parte del mundo, aunque hay procesos involutivos en muchos lugares. ¿La libertad es lo mismo que el bien? Pues claramente no. ¿Es la democracia lo mismo que la libertad? Pues tampoco, sobre todo cuando lo que se elige es cómo restringir las libertades de otros. Lo ocurrido en el periodo de Trump y los sentimientos provocados, casi ninguno bueno, nos ha dejado motivos para reflexionar.



¿Fue un "error"? No. Lo que ocurrió fue un exceso de ingenuidad como generalmente suele acompañar a cualquier pretensión de que el progreso tecnológico produce un progreso en la primitiva mente humana. Las esperanzas puestas en los libros, en la educación, en cualquier forma aparentemente positiva se disuelven finalmente con la escritura de Mein Kampf o la educación racista en el odio, etc. No son los dispositivos, los inventos los que van a reformar nuestra mente. hay muchas formas de extender el bien y funcionan, pero el mal está ahí, los conflictos benefician a muchos y no se iba a desperdiciar la ocasión de extenderlos en este nuevo espacio de convivencia (y lucha) que es el ciberespacio.

Quizá todo lo humano es imperfecto, incluyendo libertad y democracia, y no tengamos claro que es el "bien" y menos el "bien común". Para eso hace falta gente que piense y eso se hace cada vez menos. Quizá somos seres imperfectos con demasiadas pretensiones.

Lo que está claro es que los valores del respeto y de la convivencia están retrocediendo en el mundo a manos no solo de los gobiernos sino de aquellos que entienden que "su" libertad se puede utilizar para atacar la de los demás.

El éxito de las propias redes ha hecho que los grupos se organicen para convertirla en un espacio de lucha, de conflictos, de imposición y amenaza. Por supuesto, todo va por barrios. A unos les parece un remanso de paz y diversión, mientras que para otros es un calvario diario en el que se ven atacados por sus opiniones, su sexo, su nacionalidad o el color de su piel.



Es aquí donde comprobamos que la red no es ni buena ni mala, que somos los humos los incorregiblemente deseosos de pelea. Es más fácil que te sigan para quemar un castillo que para construir una biblioteca; es más fácil quemar los libros que escribirlos; y si los escribes es más fácil llenarlos de insultos que de ideas aceptables por todos. Lo han llamado la "cultura del conflicto", que va de la política y los medios hasta llegar a los ciudadanos que se contagian de ganas de discutir y de descargar sus iras sobre personas, instituciones o cualquier circunstancia.

Hay que apostar por las personas buenas, pero estas son consideradas "tontas" por muchos, que las desprestigian y se ríen de ellas. Pese a ello, usted resista. Transmita lo que pueda de bondad y desahogue su ira sacudiendo alfombras en vez de maldiciendo frente a un teclado.

Los sembradores de discordia prefieren una internet movidita, por decirlo finamente. Esto pueden ser por muchos motivos, políticos, religiosos, sociales, laborales... casi cualquier cosa o simplemente mal café. Demasiados siglos de pensamiento racional han evitado que pensemos que hay malas personas sueltas y que si a estas se les da el poder de llamar la atención, lo usan; que si se les da la facilidad del anonimato, lo usan; y que si se les da un botón con el que silenciar a todo un país, tienen el dedo listo para el apagón. Ya sea por agresividad o por aburrimiento, muchos prefieren vivir así.

Nuevos inventos; viejas, malas costumbres.



* "Fue un error pensar que Internet fomentaría la democracia" RTVE.es/A la carta/Radio Nacional  https://www.rtve.es/alacarta/audios/las-mananas-de-rne-con-inigo-alfonso/evgeny-morozov-fue-error-pensar-internet-fomentaria-democracia/5935112/"