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domingo, 3 de octubre de 2021

La didáctica del desastre

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hay desgracias, incidentes, catástrofes, etc. que nos suceden un día y tienen unos cuantos de protagonismo mediático. Sin embargo estamos asistiendo a los efectos de fenómenos de larga duración, con efectos terribles prolongados en el tiempo. Son fenómenos, además, que escapan a nuestra comprensión, que no acabamos de entender bien, ya sea por su origen o por su alcance,

Cuando estos fenómenos ocurren, se moviliza todo un ejército de especialistas en ese campo, gente capaz de explicarnos lo que ha sucedido y, si es posible, lo que puede ocurrir.

Los dos casos más recientes son la pandemia del COVID-19 y, en estas dos últimas semanas, la explosión del volcán de la isla de La Palma. En ambos caso, son dos fenómenos de la naturaleza, que nos muestra un lado desconocido o semi desconocido del que necesitamos saber más para poder entenderlo.

¡Cuánto hemos aprendido sobre los virus con la epidemia! Lo que no sabíamos sobre el mundo de los virus nos ha llegado a través de fuentes diversas, especialistas sobre todo, que han tratado de ayudarnos a comprender el funcionamiento de la vida en sus registros más básicos. Hemos aprendido mucho, aunque no siempre bien o lo suficiente. Como elemento que está en parte en nuestras manos, en la información se ha mezclado la realidad y el deseo, por citar al poeta. Lo que ocurre y lo que deseamos que no ocurriera. Hemos visto que esta extensa situación tiene, como era de esperar, múltiples focos de intereses y conflictos. Hemos visto su incidencia no solo en la salud, sino en la economía, en los sectores sensibles de cada país. Hemos comprendido el carácter sistémico, que todo está relacionado, que todo afecta a todo. Otra cosa es que sigamos con nuestro punto de vista particular analizando las situaciones. Pero el esfuerzo de comprensión y explicación, la misma autocrítica de algunos medios, ha hecho que podamos comprender parte de lo que se nos dice por parte de los expertos.


El caso del volcán en La Palma es muy distinto. Lo es desde su propia escenografía. Donde tenemos lo intuitivo del coronavirus, su representación a través de los efectos en terceros, de camas de UCI, de hombros pinchados, de cementerios, de abrazos interrumpidos, etc., en el caso del volcán la situación varía mucho.

El volcán es visible, se escucha y se sienten sus vibraciones en cada explosión, en cada terremoto y sus réplicas. Cuando comenzó, primaron sus aspectos de espectáculo natural, incluso alguna ministra se permitió el lujo de decir que sería beneficioso para el turismo, una frivolidad que le fue reprochada desde todas partes. El dolor y la destrucción no debe ser espectáculo.

Sin embargo, el volcán se ha convertido en centro informativo destacado, día a día, minuto a minuto. Donde el coronavirus ya solo nos ofrece cifras y estadísticas de los casos, el volcán nos permite sentir la naturaleza, su poder destructivo, su indiferencia, en primer término.


La tecnología hace mucho, en especial, las posibilidades que nos ofrecen los drones para la filmación desde el centro mismo. Un volcán ya no es una columna de humos, sino una apertura al interior de la tierra. Estamos pudiendo comprender su fuerza desatada, comprobando cómo se lleva por delante las realidades y los sueños de miles de personas.

La corrección del dramatismo melodramático a la información cercana a los focos, a los efectos, a los que llevan el día a día de la situación tiene una enorme capacidad de transmisión y movilización, que es parte del resultado.

Si hemos aprendido economía con las crisis económicas, biología con las pandemias, ahora estamos aprendiendo en directo, gracias al papel de muchos científicos que se han desplazado allí, sobre cómo funciona este mundo de la tierra y sobre qué estamos asentados, sobre lo pequeños que somos en comparación con el poder destructor y, a la vez, creador de la Tierra.


Hemos asistido, junto al dolor de muchos, a la explicación detallada de qué está ocurriendo. Algunas cadenas conectan en sus telediarios, pero otras —como Antena3— están haciendo un auténtico despliegue informativo, situándose en sitios estratégicos y haciendo del volcán su centro.

De esta manera comprendemos los dos lados, el humano y el natural, que se da sobre ese estrecho espacio isleño, lugar dramático por el choque no lo que no podemos controlar, como es la fuerza de la tierra.



Aprendemos, además, sobre algo que no aprendemos bien: a la modestia de la Ciencia, a su carácter limitado frente a los cambios, a lo dinámico de la evolución de estos fenómenos. Comprendemos el papel de la reunión de datos para frenar la incertidumbre que supone un fenómeno del que apenas sabemos nada, pero del que aprendemos cada día un poco más.

Las cadenas televisivas empezaron a poner películas sobre epidemias y contagios, en un intento de rentabilizar el interés. Lo mismo está ocurriendo con el volcán, que nos trae a la parrilla de las programaciones películas con volcanes que arrasan poblaciones enteras.


Pero la contemplación de la naturaleza en directo, hora a hora, la explicación de los que va ocurriendo hora a hora, la interpretación de los signos que nos ofrecen forma parte de una nueva forma de conocimiento en directo que es enormemente positiva cuando se hace bien.

Drones, realidad aumentada, etc. han logrado elevar a una nueva dimensión lo que es la presentación de este tipo de informaciones. Una mezcla de información directa y explicación didáctica que trata de llevar a los espectadores más allá de las meras emociones. Si esto se ha conseguido, será un gran logro mediático, una huida de la banalización, un riesgo constante.

Nada sabíamos antes de "fajanas", de volcanes estrombolianos o hawaianos, de los tipos de magmas, del nombre conforme a su tamaño de las rocas expulsadas... Muchas veces, los informativos, cuando cuentan con buenos profesionales, no solo nos dan cuenta de lo que ocurre sino que ofrecen algo que había desaparecido de la mayoría de las cadenas, la información científica.

martes, 21 de septiembre de 2021

El volcán atractivo de Reyes Maroto

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Pensaba que lo de la ministra de Sanidad diciendo que había llegado "el día de las sonrisas" con la retirada de las mascarillas era difícil de superar, pero siempre queda espacio para la sorpresa. Ha sido otra ministra, esta vez Reyes Maroto, la de Industria, Comercio y Turismo, la que ha dado la nota ridícula al desastre de La Palma con sus declaraciones ante el drama que se está viviendo allí. Es difícil entenderlo si no se viera en ello una tendencia, la resultante del perfil que se le pide hoy al político o, si se prefiere, el modelo sectorial de respuesta a lo que sucede.

Tengo un enorme cariño a la isla de La Palma pues pasé en ella varios veranos disfrutando de clima, belleza y personas, de la tranquilidad de amaneceres junto al mar con una caña de pescar o simplemente disfrutando de cada mirada en los paseos que permite. Mi solidaridad con aquellas personas que lo están perdiendo todo es la que surge del recuerdo y la visión trágica de ver todo aquello arrastrado, devorado por lava y llamas camino del mar.

En RTVE.es nos cuentan las palabras de la Ministra Maroto:

 

El PP, Ciudadanos y Coalición Canaria han cargado contra la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, por presentar como un "espectáculo maravilloso" y "reclamo" turístico la erupción del volcán de Cumbre Vieja, pese a la situación de emergencia para muchos de los habitantes de la isla de La Palma, lo que ha llevado a la ministra a tener que matizar sus palabras: "Hoy estamos con los afectados las víctimas, pensando cómo recuperar esa normalidad".

Preguntada sobre la situación del turismo en Canarias en una entrevista en Canal Sur Radio, la ministra ha dado un mensaje de "tranquilidad" a los turistas que se encuentren en la isla de La Palma o vayan a viajar en los próximos días, garantizando "toda la información". Pero también ha llamado a aprovechar "este espectáculo tan maravilloso de la naturaleza" para que se convierta en "reclamo". "Con prudencia, porque ahora mismo lo que nos preocupa es la seguridad de ciudadanos y turistas", ha apostillado.

"¿Alguien me puede confirmar que la ministra ha dicho esto mientras cientos de personas pierden todo lo que tienen?", ha preguntado, en un mensaje publicado en su cuenta de Twitter, el secretario general del PP, Teodoro García Egea. Su portavoz económico en el Congreso, Mario Garcés, ha ido más allá reclamando directamente el cese de Maroto.*

 


¿Cabe mayor insensibilidad? No sé qué sentido tiene Reyes Maroto de lo que cae dentro de su ministerio, el turismo, pero es difícil meter la pata más. Son jóvenes y tienen mucha vida por delante para decir barbaridades.

Más allá de la barbaridad, insisto, está este perfil de las respuestas que tras la remodelación del gobierno de Sánchez muestra una tendencia clara en la forma de respuesta. A falta de soluciones, las respuestas se convierten en promesas de un futuro feliz. Es el "arte" de dar la vuelta a las cosas lo que se nos vende en un acto permanente de mercadotecnia política. Se trata de desviar las mentes del pesimismo que una situación genera e intentar mostrarlo desde un lado "provechoso". Hoy eres víctima de la desgracia, pero yo te enseño un lado positivo. Pero la desgracia es la desgracia y al que se le está quemando la casa la perspectiva de un lado turístico del asunto no solo no le consuela sino que le indigna y hasta ofende.

Luego está el arte de la matización, en el que ya hay auténticos maestros. Este arte es escurridizo y representa una forma más de manipulación, intentar decirte cómo debes interpretar la barbaridad, la insensibilidad, la ofensa. De nuevo se muestras esas artes dobles de la ofensa gratuita y de la matización imposible, formas con las que se trata de evitar lo que forma parte de la política responsable, el arte de la dimisión.

No recuerdo si alguien ha dimitido por decir tonterías. Las tonterías, en realidad, forman ya parte integral del arte de la política, de su dinámica reducida a comunicación. En una parodia cómico-mediática de Felipe González y José María Aznar, bien reproducidos con ayuda de la tecnología, el uno preguntaba insistentemente al otro "si sabía qué echaba de menos en la política". Tras varios intentos fallidos, la respuesta era los micrófonos, algo que más allá de la broma, es una verdad sólida.


Desde hace días aparecen en la prensa artículos preguntándose por la aparición de políticos en las tertulias televisivas, un género barato de rellenar la programación y mantener vínculos con el poder y con la oposición. Esta nueva tendencia parece preocupar a los periodistas que ven cómo les ganan terreno tertuliano y se alteran los límites de la "división de poderes", los periodistas a un lado y los periodistas en otro.

Nuestros medios no han logrado, pasados los años, romper la tendencia oficialista a meter a los políticos dentro de los medios, pero según sus propias reglas. El periodista era quien preguntaba y el político quien respondía. Esto ha llevado a unas distorsiones patentes en el flujo de la comunicación: el periodista tiene preguntas, el político respuestas. Después los roles, según se pertenezca a gobierno u oposición, determinan las preguntas ("El presidente, ministro/a ha dicho XXX, ¿qué opina?") y, evidentemente, las respuestas. Todo ello da lugar a esas curiosas recuperaciones de lo dicho cuando se forma parte del gobierno o de la oposición, como le acaban de recordar al presidente del gobierno, Pedro Sánchez: pidió la dimisión del entonces presidente Rajoy cuando el precio de la luz subió un 8% y ahora no dimite con una subida superior al 200%.

La proliferación de políticos que pasan desde las filas de los partidos a los platós televisivos (casi nunca a los medios escritos, de los que suelen huir) es algo evidente. Les permite hacer lo que mejor saben, hablar y discutir en ese juego interminable. En otro sentido, evitan ser olvidados, el gran problema del político en una sociedad mediática donde un día eres célebre por un exabrupto que se convierte en meme, y al día siguiente solo te suena su cara.



El paso del ministerio o del escaño al plató es preocupante porque aumenta el grado de enfrentamiento político —esa falsa teoría del equilibrio en los medios— y sobre todo extiende su presencia más allá de sus propios escenarios. El político en activo reclama toda la atención; el político inactivo vive una segunda vida que le permitirá, cuando renueve su popularidad, regresar al paraíso del que ha sido expulsado. Según los motivos de la salida, la incorporación a los medios puede buscar incluso defensa ante los que le pudieran perseguir, ya que tener un micrófono delante le da un cierto poder y le permite contestar a esa crucial pregunta "¿qué opina de...?". Si el ex líder político consigue convertirse en líder mediático o simplemente en voz que es escuchada, eso le puede dar cierta seguridad ante los enemigos que haya podido dejar a su paso, que seguro no son pocos. Envidias, recelos y venganzas forman parte de la vida cotidiana y sonriente de los partidos políticos.

Hay políticos que han salido de ese mundo y discretamente se han incorporado a su vida anterior (si es que la tenían). Que los medios les busquen o ellos busquen a los medios implica un retroceso. Lo que necesita la vida política española es una mayor presencia "social", por un lado, y profesional por otro. El periodista que opina de todo se está agotando en los medios audiovisuales, quizá por eso se incorpora a los políticos.


Es frecuente encontrar de políticos antiguos colecciones de "artículos" y también de "discursos". La presencia constante en los medios, por el contrario, ha logrado que esos artículos —salvo algún extraño, como Castells, asiduo de La Vanguardia— desaparezcan. Nuestros políticos no escriben, solo hablan. Eso nos muestra que el político prefiere la pelea en corto e inmediata, aquella que el viento se llevaría de no existir grabaciones.

Toda esa improvisación e incontinencia verbal da lugar a respuestas absurdas, insensibles, como la de ministra Maroto hablando de "turismo" cuando hay que hablar de otra cosa en relación con lo que están viviendo en La Palma. Mucho me temo que el presidente se rodeó de personas de un mismo perfil político en varios ministerios, de un mismo tipo de políticos que se basan en los mismos principios comunicativos.

No necesitamos políticos que nos consuelen con palabras y promesas, con sonrisas y beneficios futuros de la desgracia. Necesitamos políticos que hablen menos y hagan más, a ser posible bien. Desde que los políticos acuñaron el axioma "si piden tu dimisión, es que lo haces bien", es inútil pedir dimisiones, que forman ya parte del juego de los enfrentamientos. Se piden tantas dimisiones que deja de ser efectivo. Las dos fórmulas que  quedan son el "cese", que solo se hace como "reforma general", y la dimisión por dignidad, en la que es el propio político el que reconoce su error. Este caso es todavía menos frecuente. Por eso el arte de la matización, del desmentido, del "donde dije digo, digo Diego", forma parte esencial de la formación de los nuevos políticos.



Con sus polémicas declaraciones, Reyes Maroto se asegura un puesto futuro en los medios, diciendo cosas como estas, sembrando polémicas, que es de lo que viven muchos medios y, desde luego, los políticos salidos de los nuevos modelos.

Antes acababan en los consejos de administración de las grandes empresas. Deben estar ya llenos y ahora son los medios los que los acogen. Un mal paso.

Mi solidaridad de corazón con la isla de La Palma, con todos sus habitantes ante este desastre y esta falta de sensibilidad.


 

* "Críticas a Reyes Maroto por decir que el "espectáculo maravilloso" del volcán puede servir de "reclamo" turístico" RTVE.es 20/09/2021  https://www.rtve.es/noticias/20210920/criticas-reyes-maroto-espectaculo-palma-reclamo/2172480.shtml