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martes, 4 de agosto de 2020

Un golpe de calor

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Morir abandonado en la puerta de un centro de salud por un "golpe de calor" es el contrapunto de la queja de los que han muerto solos, sin que nadie les tomara la mano o les mirara a los ojos. El coronavirus mata; pero nosotros hacemos algo mucho peor, despreciamos a los muertos o a los que van a morir. La palabras de ayer, "Sinceramente, no me importan los muertos" se puede entender con cierta ambigüedad en el sentido de despreciarlos a ellos o en el de despreciar las propia muerte, Ninguno de los dos sentidos es bueno, pero son palabras dichas en una playa.
El abandono en la puerta de un hospital por tu propio patrono ha logrado colarse entre las muertes y supera el horror con el que nos relacionamos. Han salido en televisión los portavoces de los sindicatos: "los temporeros son víctimas". Recordarán que aquí le dedicamos hace unas semanas un escrito precisamente por el cariz discriminatorio que estaba tomando el asunto en los medios. Lo centrábamos en otra expresión dicha como de pasada en la televisión: "con lo que tenemos por aquí". Los montajes de las imágenes acaban mostrando figuras de extranjeros en las calles, en las plazas. La cámara actúa como dedo acusador. Son ellos.


Los mismos dedos que hemos tenido contra los de "Madrid", los de "Lleida" o de cualquier otro sitio hacia el que se han dirigido las sospechas de ser los "causantes", los que traen de fuera el mal.
La situación de los temporeros ha sido ignorada durante mucho tiempo. Como ocurre en otros países, mantener activa la ilegalidad de los trabajadores permite una situación que difícilmente sería aceptada por otros. Es el "lo tomas y lo dejas", situaciones de abandono que han quedado en evidencia cuando se ha planteado el problema de la pandemia. Entonces descubrimos que no se pueden quedar en casa porque no la tienen, no pueden mantener las condiciones de higiene porque no tienen ni agua y que no pueden mantener las distancias sociales exigidas porque viven hacinados en barracones, en sombrajos.
Es la forma de hacer rentable el producto y son el principio de la cadena, los más débiles. Todos nos hemos congratulado de lo bien que ha funcionado el sector alimenticio, que no nos ha faltado de nada. Pero sí nos ha faltado algo: información sobre cómo se consigue.


La situación no es sencilla. Siempre habrá una excusa: "¡encima que los acojo!", "¡mejor que estén aquí que por ahí vagando!", "¡si se echa a perder la fruta, se encarecerá el mercado!"...
A principios de abril, ya estaba la cuestión encima de la mesa. La Vanguardia hablaba del problema enorme que sería para el sector agrícola quedarse sin la mano de obra necesaria. Todo provenía del cierre de fronteras y el confinamiento. Se señalaban alternativas:

Ante esta emergencia, los colectivos de campesinos catalanes y las patronales del sector han montado por su cuenta campañas de captación de estudiantes de escuelas agrarias y ciudadanos en paro, así como sus propias bolsas de trabajo para captar temporeros.
Desde principios de esta semana, el Servicio de Ocupación de Cataluña (SOC) ha habilitado también otra bolsa de trabajo para la cosecha de 2020, que según fuentes de la conselleria de Treball ya acumula cerca de 1.000 peticiones.
Sin embargo, los agricultores coinciden en que la administración debería ir más allá y otorgar, aunque sea de forma temporal, permisos de trabajo a inmigrantes indocumentados que solicitan empleo para que puedan incorporarse a los campos.
Desde Asaja y Unió de Pagesos también reclaman corredores sanitarios para los trabajadores que llegan de otras partes de España y Europa, que otros años han ayudado en la recogida.*


Los que "tenemos aquí" era, en realidad, "lo que necesitamos aquí". La queja por su presencia es una forma ruin de expresarlo. Queremos tener de todo, pero no queremos tener a todos. La fruta se recoge, pero no queremos a quienes lo hacen.
La muerte del temporero abandonado en la puerta de un centro de salud y trasladado a un hospital es un hecho cruel, un recordatorio de que lo bueno para unos puede ser un infierno para otros.
En estos días de fuertes subidas de las temperaturas se nos advierte que por el fuerte calor no debemos salir en los momentos de más calor. Por "salir" se suele entender no pasear, quedarse a la sombra, no hacer ejercicio, etc. Acabamos de descubrir que hay personas para las que esto no cuenta. Da igual el calor que haga, deberán seguir trabajando para que nosotros tomemos fruta fresca a la sombra, tranquilamente.

La persona encargada de ese trabajador será acusada de no darle de alta. Es un ecuatoriano responsable de la subcontrata encargada de llevarlos a la finca a trabajar. Un método cómodo para eludir responsabilidades en la cadena. Me los traen y yo no pregunto; si enferman, se los llevan. Investigan ahora las condiciones de la finca donde trabajaban. La Opinión de Murcia dice que "el doloroso suceso ha conmocionado a los vecinos de Lorca". Tienen que producirse estos casos para que alguien se dé cuenta de lo que tiene delante. 
Hay muchas formas de morir, pero algunas nos afectan más por lo que revelan de nosotros. ¿Costaba tanto dejarlo dentro del centro de salud, no abandonarlo como un fardo? Es la cadena del miedo.
Descanse en paz, Eleazar Blandón, jornalero nicaragüense, de 42 años, muerto por un golpe de calor y abandonado en la puerta de un Centro de Salud. Estamos perdiendo mucha humanidad en nuestro camino.



* "Las restricciones por el coronavirus ponen en peligro la campaña de la fruta" La Vanguardia / EFE 4/04/2020 https://www.lavanguardia.com/economia/20200404/48304080271/recogida-fruta-coronavirus-temporeros.html
** Lola Álamo "Queda en libertad con cargos el jefe del fallecido por golpe de calor" La Opinión de Murcia 04/08/2020 https://www.laopiniondemurcia.es/municipios/2020/08/04/queda-libertad-cargos-jefe-fallecido/1134516.html


domingo, 23 de octubre de 2011

Aquí no asoma nadie

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras escribo estas palabras en mi habitación de El Cairo, la televisión del hotel me muestra las quejas de los ciudadanos de Lorca, la ciudad que tembló, y que ahora tiembla de nuevo, pero esta vez de rabia. Hay edificios sin demoler, con gente en peligro viviendo en su interior, porque no han llegado los recursos para que puedan acceder a un alquiler. Por aquí han venido todos, dice una vecina, y na’. Todo es una mentira, repiten.
El caso de Lorca es un ejemplo de lo que nos pasa. Los agujeros de las casas dan a la calle y ellos siguen ahí, esperando olvidados a que los políticos se dejen de discursos y lindezas y se dediquen a solucionar los problemas que tienen delante. Muchos se han quedado con el agujero, pero si casa, es decir, en la misma calle, con la casa derribada porque era un peligro. Otros sin casa, pero con hipoteca. Varias familias se han refugiado juntas en las casas de campo, en convivencia obligada. Ya han pasado cinco meses y cada uno sigue como puede, entre apuntalamientos, rezando porque no se vuelva a mover la tierra.
La gente, dicen, ha recibido ayuda de la solidaridad ciudadana; del Madrid, que fue a jugar un partido para recaudar fondos; galas benéficas con cantantes que echan una mano… Poco más. Todo ha quedado en los papeles oficiales y por el camino. Como el Guadiana, las ayudas se sumergen y esperan a reaparecer en momentos mejores. El reportaje de RTVE indigna realmente. Hace ver la falta de operatividad de unos políticos que solo visitan y dejan en manos de las instituciones administrativas la solución que no llega. Sin fondos o motivación, a veces ninguna de las dos cosas, poco hacen y poco se puede hacer, porque cada uno va por un lado. Funciona mejor, nos dicen, la solidaridad. Triste y aleccionador. Suma y sigue.


No sé si las caravanas electorales pasarán esta campaña por Lorca, pero, como no han recogido todos los cascotes, yo no me acercaría mucho, por si acaso, no vaya a ser que tras cinco meses de jornada de reflexión sobre el asunto, hayan llegado a conclusiones peligrosas.
Aquí no asoma nadie. Esa es la frase que define la situación. Vinieron a hacerse las fotos y ya no volvieron. ¿Para qué?
El siguiente reportaje de la televisión de todos me ayuda a superar el trago del anterior. “Alguna gente buena” nos muestra a gente que dice ser tan egoísta que ayuda a los demás porque se siente bien haciéndolo. También es aleccionador y muestra la distancia que hay entre una clase política que ha perdido el rumbo de tanto mirarse el ombligo y el resto. Una de las participantes da con la clave sencilla. Distingue entre el “marco legal”, en el que otros se escudan, del “marco moral”, que es el que ellos han decidido utilizar.
Las ayudas no llegan a Lorca porque llegan antes los fotógrafos y es suficiente para algunos. El día en que no se deje entrar a un político en un pueblo afectado de un desastre si no viene con las ayudas en la mano, habremos comenzado a instruir a estos habladores en los principios de la eficacia, ya que la gente tiene claros los de la solidaridad.
Aunque Sarkozy no anime y Merkel nos perdone, nosotros no debemos hacerlo.