Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Trump
necesitaba la llamada "cena de corresponsales", un evento tradicional
que se suspendió por el intento de atentado contra el presidente. Siguen
sorprendiendo las imágenes de la facilidad con la que se produjo el intento se
realizó, simplemente corriendo hasta que le frenaron. Pudo registrarse con las
armas en el hotel en el que iba a realizar la cena. Pero eso es ya historia.
Nuevo es, en cambio, el segundo acto, la celebración de la nueva "cena de corresponsales" y lo que le ha rodeado, básicamente dos hechos: 1) los insultos a la prensa; y 2) lo que algunos medios califican como un "chiste", el anuncio de su próxima candidatura presidencial, algo que va contra la Constitución de los Estados Unidos. Una columnista de The Washington Post, Maura Judkis, la califica como "la segunda cena de corresponsales más rara" a la que ha asistido.
Pero Trump la necesitaba. No creo que nadie se la haya reclamado. Es cosa suya. Los dos puntos señalados son claros: se trata de responsabilizar a la prensa de sus "problemas" —nacionales e internacionales— y de seguir insistiendo en lo de su candidatura. El argumento es que ya "ha ganado tres elecciones" y esta sería la "cuarta", que América le necesita y él es muy patriota, un devoto patriota. Como se puede apreciar, en las "tres elecciones ganadas" hasta el momento Trump sigue incluyendo su derrota ante Joe Biden. Sigue afirmando que fue el ganador por dos motivos.
El primero es su ego, que le impide aceptar una derrota. No tiene pruebas, pero tiene a Dios y la voluntad divina, la Historia, etc. a su incuestionable favor. Trump lo cree y trata de que los demás lo crean; es su forma de movilizar a su retrógrado electorado, al que motivan estas cosas.
El segundo es ir poco a poco haciendo que se acepte es tercer o cuarto mandato, según se cuente. Trump lleva tiempo, mucho tiempo, planteando su presentación a la presidencia. Lo primero es que lo desea; a la vez, está introduciendo cada vez con más frecuencia el tema convirtiéndolo en normalidad e inevitable.
Como es poco probable que trate de cambiar la Constitución, es más fácil recurrir a lo excepcional, es decir, a algo que le impida "salir" de la Casa Blanca. Habrá tiempo de verlo, si se decide por esta vía de permanencia.
Es sorprendente que estemos hablando en estos términos de algo que ocurre en los Estados Unidos, en la Casa Blanca, hasta no hace mucho modelo de democracias para muchos países. Pero lo mandatos de Trump, se cuenten como se cuenten, han sido un ataque directo a la credibilidad democrática del país, mostrando más bien los excesos del autoritarismo, el imperialismo, y la conversión del resto del mundo en piezas con las que jugar abusando del poder económico y militar estadounidense.
Ahora mismo, Trump juega con el destino del mundo como si este fuera un tablero de ajedrez en el que un único jugador ensayara sus propias jugadas. Hemos comprendido que lo que ocurre o hacen en los Estados Unidos puede ser un juego peligroso en el que somos piezas decorativas para que el inquilino de la Casa Blanca nos mueva a su capricho, ya sea con aranceles o con cualquier otra herramienta. Nos mueven y nuestra capacidad de respuesta es limitada, ya sea por inevitable o por miedo a consecuencias peores. El mundo es ya blanco o negro a los ojos de un tipo con pocos escrúpulos y conocimientos limitados que se ha rodeado de personas que no le lleven la contraria en cualquier terreno, de los antivacunas a la guerra en Oriente Medio.
Los efectos son terribles, como ocurre con la expansión —apoyados desde la Casa Blanca— del trumpismo o simpatizantes, una ultraderecha rampante por toda América. Han descubierto los beneficios políticos y económicos de ser amigos del poderoso Trump, al que doran la píldora asegurándose el apoyo estadounidense y un trato de favor económico o militar. Lo ocurrido en Venezuela ha marcado las posibles respuestas y la línea que seguir. Los efectos, cada vez más ultraderechistas en el poder en Latino América apoyándose unos a otros.
Pero todo tiene unos límites que, una vez desbordados, suponen dificultades de control; más dura será la caída, decimos. La expansión simultánea a diferentes campos es un riesgo, como vemos en la guerra de Irán y la dificultad de controlar a Israel. Ahora se da un paso más con el uso del uranio por parte de Arabia Saudí, otro aliado.
Estados Unidos, con Trump, ha dejado de ser un referente positivo y nos muestras los peligros de las alianzas que se vuelven contra ti. Europa necesita entenderlo bien y tomar medidas.
Trump en la cena de corresponsales ha realizado un pequeño avance sobre las direcciones que toma. Atacarle en los medios no es un ejercicio de crítica, sino "un peligro para la democracia y la libertad de expresión"; la democracia, en cambio, consiste en permitirle seguir ocupando la Casa Blanca de forma indefinida para "salvarla" de sus enemigos, los del bando demócrata.
La gorra con el lema "Trump 2028" no es un chiste; es algo más. Trump la ha lanzado al aire y a los medios. Pronto veremos las gorras circulando por los Estados Unidos en un movimiento creciente.








































