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lunes, 15 de enero de 2024

La tos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

"¡Una mascarilla, por favor, una mascarilla!" Quien se expresaba así de desesperada era una compañera de Facultad que realizaba su examen final en el aula junto a la mía. "¡Tengo un alumno en el examen que no para de toser! ¡Cómo se le ocurre venir así al examen!" Rebusqué en mi maletín y no encontré esas mascarillas. La mía la llevo en el bolsillo, pero una nueva habría tenido que ir al despacho. Mi compañera llamó por teléfono a otra que estaba en la Facultad y le subieron una. Puede verla en la puerta del aula, con su mascarilla puesta, a distancia suficiente, lejos de las toses, que yo escuchaba desde mi clase.

Ayer, en un descanso de la final de un torneo de Snooker, pusieron cuatro anuncios seguidos de remedios contra la tos. Creo que no hay mejor indicador de por dónde van las empresas del ramo: oferta a raudales de cualquier cosa que atenúa, calme, elimine la tos. Todos prometen aliviar los síntomas, ir directos al problema, etc. Me imagino que lo notarán en la Bolsa.

A diferencia de otros síntomas, la tos nos delata. Obviamente, la tos puede estar causada por diferentes males, pero esa tos que resuena y resuena, que nos hace volver la cabeza y alejarnos un poco o salir corriendo horrorizados, como era el caso de mi compañera de facultad, da igual cuál sea su origen —catarro, gripe con cualquier letra, Covid...—; simplemente, huimos lo más lejos posible.

Conozco personas que, en cualquiera de las oleadas de Covid, han seguido con la tos cuando otros síntomas ya habían desaparecido. La tos sigue y cuesta erradicarla. La tos, además, acaba agotando físicamente, es un esfuerzo que nos consume energía, nos impide descansar y acaba haciendo doler distintas partes del cuerpo.

Eva Cezón nos recuerda en su artículo de RTVE.es que "hemos olvidado mucho de lo aprendido en la pandemia". En el comienzo de su texto explica:

Personas tosiendo en el transporte público o imágenes de las urgencias saturadas. Estamos teniendo flashes de aquella pandemia que nos obligó a aislarnos y que nos vuelven a recordar que los virus de transmisión aérea, como es el caso del SARS-CoV-2 (causante del coronavirus) y la influenza (causante de la gripe A), conviven con nosotros y sobreviven de invierno a invierno.

Basta con ir en un autobús o a un bar para detectar algunos escenarios de los repuntes de contagios: espacios cerrados y mal ventilados. Cada vez que hablamos, tosemos o cantamos, exhalamos algo más que aire: esparcimos multitud de gotículas, pequeñas partículas de líquido de diferentes tamaños. Las más grandes caen al suelo, sin embargo, las más pequeñas, conocidas como aerosoles, permanecen más tiempo. Son gotitas tan pequeñas que por el poco peso que tienen se quedan dando vueltas en el aire hasta que se secan.

"Hay poca cantidad de virus por cada gotita, pero al estar tanto tiempo en el aire llegan muy lejos: ahí está el problema", explica la científica del CSIC, Margarita del Val, a RTVE.es.*

Esas "gotículas" son como los "pélets", como los "microplásticos" pero que nos contaminan esta vez el aire. Miramos mucho al mar, lo que está muy bien, pero nos olvidamos de que lo que necesitamos de continuo es el aire. Hemos estandarizado lo que es el "aire limpio" y nos olvidamos de que no solo tosemos, sino que estamos continuamente mandando el aire a otros. Respiramos un aire común.

La queja del artículo es precisamente ese olvido de la ventilación. Me dice una amiga que a sus hijos en la escuela les tienen con las ventanas abiertas en clase. Lo que pudiera ser considerado como "crueldad frigorífica" no es más que prevención. Hay que abrir ventanas, es cierto, pero habrá que tomar medidas para evitar que los niños vayan cayendo uno tras otro a golpe de enfriamiento. Y no es fácil controlar a los niños. Pero los adultos son otra cosa. No olvidar lo que hemos aprendido en esta época de frío significa  mantener corrientes de aire, ventilar, evitar que el aire se vaya acumulando con todo lo invisible que dejamos en él. Por eso la tos, esa tos escandalosa, nos recuerda que echamos al entorno respiratorio muchas cosas, algunas peligrosas.

En el texto se nos recuerda que los edificios que hoy consideramos que ahorran energía es porque son estancos, es decir, con muy poca ventilación. Puede que la factura energética sea menor y que consumamos menos, pero lo cierto es que aumenta otra factura, la de las enfermedades respiratorias.

Un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud detectó que los trabajadores en ambientes mal ventilados tienen un mayor riesgo de sufrir enfermedades respiratorias como asma y rinitis. También destacó que los que pasan largas horas en espacios interiores sin una buena ventilación pueden experimentar síntomas como fatiga, dolor de cabeza y mareo.

Esto es lo que se conoce como el síndrome del "edificio enfermo", el conjunto de sintomatologías y enfermedades originadas o estimuladas por la contaminación del aire en los espacios cerrados. Son contaminantes no solo microbiológicos, como los virus que se transportan por los aerosoles, también químicos procedentes de estufas, productos de limpieza, etc.

A pesar de que este síndrome puede presentarse en edificios de construcción antigua, su proporción es mayor en edificios de nueva construcción o rehabilitados, según apunta la organización. En el mundo, hasta un 30% de estas edificaciones se consideran "enfermas", según la OMS.*


 

No se puede tener todo, pero sí quizá buscar un equilibrio. La búsqueda de beneficio por parte de unos (los que construyen casas más pequeñas, con techos bajos) y de ahorro por parte de otros (menos gasto en calefacción) acaba teniendo sus efectos.

La ventilación era una de las cuatro medidas clave contra las enfermedades respiratorias contagiosas. Es muy sencillo: tenemos unos orificios por los que entra y sale el aire. Nos tragamos lo que otros echan y echamos lo nuestro a los demás. Si la cosa se complica con epidemias como las que padecemos, hay que tomar medidas, esas que se nos dice que olvidamos.

¿Qué es aprender de una crisis? Pues, en este caso, que arquitectos, constructoras, ayuntamientos, instituciones, etc. aprendan que se pueden hacer muchas cosas para mejorar la ventilación de los edificios y que la ventilación pueda realizarse de forma periódica. Aprender es saber cómo gestionar los lugares con grandes concentraciones de gente, como el transporte público, las aulas, estadios, etc.

Hemos hablado en estos días pasados del regreso de la mascarilla. Bienvenida sea. Por no recibir elementos que nos hagan enfermar o por no echárselos a otros, la ventilación es otra de esas cuatro medidas básicas (más la higiene y las vacunas). Del frío es más fácil protegerse que de aquello que hay en el aire si no ventilamos. 

La tos, detectada en los transportes públicos, en aulas, reuniones, hostelería, etc., es un aviso, una señal de alerta. Durante la pandemia nos enseñaron eso de toser sobre el antebrazo. Hoy eso nos parece insuficiente. La cantidad de anuncios y productos anti tos que se nos ofrecen en las emisiones televisivas nos confirma que "hay mercado". Mala señal. 

* Eva Cezón "La ventilación, tarea pendiente contra los virus respiratorios: "Hemos olvidado lo aprendido en la pandemia"" RTVE.es 13/01/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240113/ventilacion-tarea-pendiente-virus-respiratorios/2470770.shtml


jueves, 12 de enero de 2023

Entrando en el cuarto año

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En España no le hemos hecho la guerra al coronavirus; se la hemos hecho a la mascarilla, tomando el efecto por la causa. El problema era siempre qué hacer para no tener que llevarla, considerada un obstáculo, una mala señal. Los mensajes que la estigmatizaban iban desde el resaltado de los psicólogos infantiles diciendo que los niños podían crecer con problemas emocionales al no poder observar las reacciones faciales a los dentistas que veían el declinar de los blanqueados por llevar la boca tapada, pasando por los dueños de las discotecas y locales de ocio nocturno que las veían como un impedimento a esa confraternización universal que se produce al ritmo de la música con una copa en la mano. Sí, la mascarilla era un obstáculo. Ya solo verla te recordaba que algo malo pasaba. Muchos, decían, se vacunaban para "no tener que llevar la mascarilla" y poder "salir de marcha con tranquilidad". Son expresiones oídas con frecuencia en esos barridos informativos a pie de calle.

Pero tenemos de nuevo la mascarilla en primer plano ante las perspectivas de nuevas complicaciones. Con lo que estamos de nuevo en la división social. Por un lado están los que se encuentran en grupos de riesgo y, por otro, aquellos que consideran que llevan sobreviviendo tres años, que lo pasaron y no han tenido secuelas y los que no están dispuestos a seguir con la mascarilla pase lo que pase.

De nuevo, tenemos el conflicto social, el entender que ponerse la mascarilla no es una decisión personal exclusivamente, sino que puede tener consecuencias para los demás. Pero eso no siempre se quiere entender.

En RTVE.es recogen las palabras de responsables de la Organización Mundial de la Salud con mensajes nuevos que suenan ya como parte del pasado:

 

"Después de tres largos años de pandemia, con muchos países lidiando con sistemas de salud sobrecargados, escasez de medicamentos esenciales y una fuerza laboral de salud agotada, no podemos permitirnos más presiones sobre nuestros sistemas de salud", ha enfatizado el dirigente europeo de la OMS.

“No podemos permitirnos más presiones sobre nuestros sistemas de salud“

Dicho esto, ha pedido a los países de Europa y Asia central redoblar sus esfuerzos para implementar estrategias efectivas comprobadas y evitar ser complacientes. "Esto significa reinvertir urgentemente y volver a comprometerse con una vigilancia virológica y genómica mejorada, incluida la vigilancia de aguas residuales, según sea factible. Esto significa invertir y salvaguardar el personal sanitario, cuya precaria situación en muchos lugares podría socavar la prestación eficaz de los servicios de salud", ha añadido.

Ciencia, vigilancia y responsabilidad, claves para controlar los contagios

Finalmente, Kluge ha aconsejado aumentar la aceptación de vacunas en la población general, administrar dosis adicionales de vacunas a grupos prioritarios, ventilar espacios públicos y concurridos como escuelas, bares y restaurantes, oficinas al aire libre y transporte público, y proporcionar terapias tempranas y apropiadas a pacientes con riesgo de enfermedad grave.*

Resulta sorprendente (no tanto) que eso que se dice en el texto —" implementar estrategias efectivas comprobadas " — sea la forma refinada y comprimida de lo que se nos dice después: vacunar, dosis adicionales a los que estén más expuestos a riesgos, ventilar espacios públicos, oficinas y transportes, atención a los casos para evitar que vayan a más. A esto se le añade el cuidado del personal médico, expuestos a situaciones de estrés después del tiempo transcurrido en tensión laboral y emocional. Esto no es nada nuevo, se nos ha repetido mil veces, pero el deseo de no creerlo es fuerte, al igual que los intereses de los que ven en las medidas de protección un riesgo para sus negocios, es decir, los basados en las concentraciones de personas, sea un local deportivo, un restaurante, una discoteca o un espacio educativo, por poner ejemplos claros y cotidianos.

Se nos muestran imágenes de urgencias colapsadas, se nos habla de pacientes que están aparcados hasta cuatro días antes de poder ser llevados a planta, etc.,  pero no se habla de las medidas que se ignoran y que podrían mitigar los flujos hacia las urgencias.

La política del "ha llegado el tiempo de las sonrisas", de Carolina Darias, anunciando pomposamente la retirada de las mascarillas, a las que hubo que volver parece que sigue vigente. Pero esa guerra al virus se convierte en parte de la guerra política general, donde volver a la mascarilla sería como una especie de fracaso que podría ser explotado por la oposición.

¿Qué es "volver a la mascarilla"? Nos lo han dicho y recomendado, esas cuatro medidas que se siguen ignorando: mascarilla, distancia, ventilación y vacuna. Es lo básico antes, mientras y ahora. No salva la cuarta, que la elevada vacunación española mitiga los efectos. Pero todo ello está sujeto al azar de que pueda surgir una variante peligrosa al aumentar el número de casos, una variante ante la cual la vacuna no fuera eficaz.

Dentro del autoengaño, la vacuna sirve para todo y dura siempre. Sabemos que no, pero es incómodo tener que aplicar las consecuencias. Las autoridades de los sectores —políticos, educativos, etc.— no están dispuestas a desgastarse haciendo una política restrictiva o de mayor vigilancia. Por ello, el grado de incumplimiento allí donde es exigida la mascarilla crece, pese a las noticias sobre colapsos y riesgos de nuevas variantes.

El artículo de RTVE.es se cierra así:

"Estas medidas también pueden reducir el impacto de otras infecciones respiratorias, en particular, la gripe, con las que nuestros servicios de salud están luchando en este momento. Ciencia, vigilancia, responsabilidad: todos estos deben unirse cada vez más, ahora que entramos en el cuarto año de la pandemia para garantizar un futuro para todos", ha zanjado.

"Cuarto año" es más preciso que ese "pospandemia" que se usa acrítica e interesadamente por políticos y medios. No, la pandemia no ha terminado.

Las perspectivas son malas. Los medios hablan de "cifras anteriores a la pandemia", como si esta hubiera desparecido. No lo ha hecho, solo ha estado oculta tras expresiones como "gripalización", eliminación de los datos para menores de 60 años, etc. En mi contacto con gente joven por mi condición de docente, es raro el día que no me llegue noticia de algún contagio. Es cierto que no suele tener consecuencias graves, pero en este tipo de enfermedad, la consecuencia más grave es la que generalmente no vemos, el contagio a otros hasta que llega a alguien para quien sí es grave el contagio. Son finalmente esos que ocupan las camillas, apilados en urgencias.

Aplaudimos cada día, cada tarde, el esfuerzo de los sanitarios, pero la respuesta política ha sido otra. El esfuerzo no ha servido de mucho; no ha logrado cambiar la política sanitaria ante un futuro que se prevé complicado por el propio envejecimiento de la sociedad española y las apariciones anunciadas de nuevas enfermedades contagiosas debidas a la globalización y a la movilidad mundial, que convierten a España en país de enorme riesgo por ser cruce de caminos y destino turístico para sobrevivir la economía.

Se nos dijo que había que controlar la pandemia para evitar que los hospitales se colapsaran. Ese era el argumento. Hoy todos los medios nos hablan de una Sanidad puesta en pie de guerra por las reivindicaciones de todo tipo, del desbordamiento a la falta de personal, pasando por los salarios. Evidentemente, no se ha cumplido el principio de crecimiento para poder atender los casos. Y esto se hace tangible en cuanto aumentan los casos. Si no se realiza prevención, difícilmente se podrá mantener la atención. Y es la prevención social la que muestra nuestra percepción de la propia enfermedad, sus condiciones y efectos. Negarla solo lleva al desastre en forma de desbordamiento, al colapso. Con más pacientes en urgencias, con más tiempo de espera por falta de personal o de espacio, las muertes aumentan, así como la gravedad de las enfermedades no atendidas adecuadamente. Las estadísticas ya recogen esos excesos de mortandad.

No querer ver la realidad o no hablar de ella, no la elimina. 

* "La OMS recomienda a Europa usar mascarillas en interiores y transportes públicos por los casos de COVID en China" RTVE.es / Agencias 11/01/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230111/oms-recomienda-mascarillas-interiores-transportes-europa/2415190.shtml



sábado, 30 de julio de 2022

Lo esencial y lo accesorio en la viruela del mono

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A vueltas de nuevo con la Viruela del Mono, de la que seguimos en cabeza mundial, otro triste récord que apuntarnos. No vamos a insistir demasiado en que en toda enfermedad de transmisión, lo importante es establecer las prácticas, escenarios, situaciones, etc. en las que se transmite, es decir, se producen los contagios.

Las quejas de grupos sociales porque dicen que "se les estigmatiza" son realmente absurdas si eso es lo que dicen los datos. Con ellos en la mano, que cada uno asuma los riesgos que quiera porque está informado.

La última identificación de escenario y prácticas había sido en una sauna madrileña, en la que un cartel en la entrada confirmaba la "seguridad" del lugar. Fue cerrada, como no podía ser de otra forma. La última la hemos tenido hace unos días, cuando se han identificado más de diez contagios en un local de tatuajes en Cádiz. El Diario de Cádiz se pregunta en titulares "Viruela del mono en Cádiz: ¿Por qué ha habido un brote en un local de tatuajes de San Fernando?" y nos cuenta: 

El brote de viruela del mono en San Fernando con 12 contagios, de momento, ha activado todas las alarmas en este municipio isleño. El foco de las infecciones está situado en un negocio de tatuajes, que ya ha sido cerrado por la Consejería de Salud. 

De momento, no se han confirmado más contagiados y las autoridades esperan que no vaya a más. Ahora, se están abriendo investigaciones para esclarecer la causa de este brote en el local de tatuajes.

A la espera de conocer la explicación oficial de las instituciones, sí que hay una serie de consejos y recomendaciones por parte de profesionales sanitarios para evitar contraer esta enfermedad. 

¿Cómo se contagia la viruela del mono?

Esta enfermedad infecciosa que ya suma en España un total de 3.125 positivos, el país europeo con más, se propaga por el contacto estrecho. En el caso del local de tatuajes, alguna persona infectada propagó esta enfermedad y se fue transmitiendo entre clientes.

Una persona con viruela del mono puede infectar mientras tenga síntomas y entre la semana dos y cuatro, según la OMS. Esta enfermedad puede contraerse a través del contacto físico, algo casi obligado en un local de tatuajes, con las erupciones y costras que aparecen en el cuerpo y con fluidos corporales como pus, sangre o saliva. 

Y no solo con el contacto físico, también a través de objetos. La ropa o los utensilios usados por una persona infectada pueden servir para hacer caer a otra. Por lo que en caso de convivir con un positivo, si no es posible abandonar el hogar, es necesario esterilizar todo lo que toque el contagiado.* 


Pese a llevar ya unos años sumergidos en una crisis sanitaria, la manera de informar apenas ha cambiado, induciendo a polémicas inútiles y absurdas como forma de atracción del público. Se confunden en la mayoría de los casos los efectos con las causas, creando falsas seguridades sobre los cambios de escenarios. Se supone que si uno hace lo mismo en otro sitio, no pasará nada, lo que no es cierto.

Cada día descubrimos un lugar o actividad nueva en la que se producen los contagios. En este caso ha sido un local de tatuajes, ya que es una práctica de contacto de elevado riesgo ya que implica la manipulación de la piel con una serie de instrumentos que pueden no estar correctamente desinfectados. Pero podría ser perfectamente en muchos otros espacios y actividades diferentes.

En toda enfermedad que tiene incidencia por la transmisión social, la prevención a través del sentido común es esencial. Si creo que solo en saunas y locales de tatuaje me contagio, estoy preparando el terreno para contagiarme en el nuevo espacio que descubriremos mañana. Es cuestión de tiempo.

Es necesario separar lo circunstancial de lo esencial para percibir dónde está el foco real del contagio y extrapolarlo a las actividades que podamos realizar. Sin embargo, pese a todo, los medios se dedican a fijarse en lo circunstancial antes que en lo esencial.


La explicación es clara: lo circunstancia es lo que se percibe y lo que se puede recoger y transmitir. Los medios tienden a favorecer lo excepcional frente a lo normal; es parte de su naturaleza. Di la misma forma, la noticia está en el salto de la sauna al tatuaje, aunque los contagios respondan a la misma lógica.

En el COVID da igual que el que se contagie sea Boris Johnson que Donald Trump o que un ciudadano común que viaja en el metro. Nos puede afectar en lo social, impactarnos más o menos por el revuelo mediático, pero lo cierto es que el mecanismo biológico es absolutamente el mismo. Uno se contagiará en el transporte público por no mantener las distancias, el otro por dar la mano a un jefe de estado; al coronavirus le da exactamente igual. La larga mesa de Vladimir Putin no es la de Charles Foster Kane en Xanadú. Es poder, sí, pero sobre todo distancia por seguridad.


El temor a causar estropicios económicos (que no vaya nadie a las saunas, que no se haga nadie tatuajes, que haya estigmatización de las personas, etc.) es un elemento circunstancial. Son las administraciones y nosotros mismos los que debemos exigir la seguridad o, sencillamente, no realizar la actividad si vemos que allí no se dan las circunstancias. No se trata de tener miedo a todo, sino de ser siempre vigilantes. Si no lo hacemos nosotros, ocurrirá siempre algo si se dan las circunstancias que lo posibiliten.

Si usted piensa que como no frecuenta saunas o no se hace tatuajes está libre de peligros, se equivoca. Lo importante no es eso, sino el contacto, que puede ser de muchos tipos evidentemente. Higiene y distancia, vigilancia de lo que hace; controle los tiempos y contactos más allá de cualquier otra circunstancia.

No empeñamos en que nos pongan una etiqueta en la entrada de cualquier sitio que diga "es seguro", pero poner el cartel, como ocurrió con la sauna madrileña (con un "Madrid es seguro"), no sirvió de mucho. Más bien al contrario. Nos gusta más confiar en los demás que vigilar nosotros mismos. Así nos va. Ayer se notificó la primer víctima mortal en España y, como señalamos, vamos a la cabeza de contagios. 


* "Viruela del mono en Cádiz: ¿Por qué ha habido un brote en un local de tatuajes de San Fernando?" Diario de Cádiz 26/07/2022 https://www.diariodecadiz.es/vivir_en_cadiz/Viruela-mono-cadiz-San-Fernando-brote-local-tatuajes_0_1705330153.html

domingo, 24 de julio de 2022

España lidera los contagios de la Viruela del Mono

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Por si no teníamos bastante, ahora somos el país puntero en "Viruela del Mono". La OMS la acaba de declarar "emergencia sanitaria internacional", lo que es un nivel preocupante. Pero más allá de la emergencia, nos debería preocupar que seamos el centro, nos guste o no, de los contagios, lo que debería llevar a preguntarnos qué extraña fatalidad es la que hace que estas cosas ocurran, es decir, nos ocurran a nosotros, aquí.

Podemos optar por creernos las fakes news que hablan de conspiraciones farmacéuticas para vender vacunas, lo que es poco recomendable. Es preferible, en cambio, tratar de identificar cuál es nuestro perfil, el que resulta tan atractivo, no para los virus, sino para los portadores, pues de eso se trata.

Cualquier enfermedad que se contagie depende de las variables sociales de cada espacio específico. Pensemos un ejemplo sencillo, un país en el que no fuera costumbre estrecharse las manos (Japón, por ejemplo) o que la distancia de conversación fuera mayor que la de países en los que tenemos la costumbre de abrazarnos y tocarnos mientras hablábamos. Es evidente que aquellos que están más tiempo en contacto y este es más próximo, tienen más posibilidades de pasárselo de unos a otros. Son simplemente números: distancias de proximidad, de intensidad de los roces o contactos, de tamaño del espacio, de la frecuencia de contactos, etc.

Mientras pasaba la calurosa tarde de ayer sentado en una mesa de cafetería escribiendo con mi ordenador, pude apreciar un reencuentro vacacional entre dos amigos. Por supuesto, los dos iban sin mascarilla. Rápidamente se abrazaron y pese a la incomodidad de uno de ellos, el otro le pasó el brazo por el cuello y traducía sus efusiones en restregar la mano suelta por el pecho del otro. El tono de la voz era alto, como corresponde a dos escandalosos españoles, que hablan para los que se encuentran en un radio de diez metros, que sería la distancia a la que yo estaba. El encuentro duró unos tres o cuatro minutos, en el que se intercambiaron todo tipo de abrazos, toques y palabras. Después, cada uno se fue por su lado. En otros países del mundo esto habría sido de una manera diferente, pues depende de las costumbres sociales, del sentido de la intimidad, de las distancias, etc.

Sea por lo que sea, lo cierto es que estamos en el centro de la "Viruela del Mono"; somos el espacio donde más casos se han detectado, según nos confirma RTVE.es: 

En Europa se han detectado 8.697 casos confirmados de viruela del mono desde el inicio del brote, según el último informe del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (ECDC). España es el país que más positivos ha notificado (3.125), seguido de Alemania (2.191) y Francia (912).

Algo por detrás han quedado Países Bajos (712), Portugal (515), Italia (374), Bélgica (312), mientras el resto no llega al centenar. Son  Austria (91), Suecia (77), Irlanda (69), Dinamarca (48), Noruega (46), Polonia (40), Hungría (32), Eslovenia (27), Grecia (20), Rumanía (19), Malta (17), Chequia (14), Luxemburgo (14), Finlandia (13), Islandia (9), Croacia (7), Estonia (4), Bulgaria (3), Letonia (3) y Eslovaquia (3).*

 

Sorprende grandemente la desaparición en el listado del país que más casos tenía, por delante de España, del Reino Unido. Inicialmente estábamos en un listado encabezado por Reino Unido, seguíamos nosotros en la segunda plaza y los terceros eran los portugueses. El uso de "Europa" si se quiere decir "Unión Europea· puede ser la fuente de la exclusión. No acabamos de acostumbrarnos a una Unión sin Reino Unido, pero menos todavía a una "Europa", en la que evidentemente sí se encuentra. Lo cierto es que no se puede prescindir de los datos de Reino Unido porque son determinantes.

El 10 de junio, el mismo medio nos decía:

Reino Unido es el país europeo con más casos de viruela del mono, donde se han detectado 302 personas positivas. Le siguen España, con 253 contagios confirmados, y Portugal, con 191.

En nuestro país, la mayoría de los afectados se han localizado en Madrid, aunque también se han registrado casos en Canarias, Cataluña, Andalucía, País Vasco, Aragón, Galicia, Comunidad Valenciana y Navarra. ** 

En The Washington Post también se recogía ayer, 23 de julio, información sobre los números de contagios y esta vez sí se incluye a los británicos, sin que por ello perdamos el triste liderazgo: 

Spain leads the world in confirmed cases, with more than 3,100 infections, according to tracking by the U.S. Centers for Disease Control and Prevention. The United States has the second-highest tally, at nearly 2,900 cases, with Germany and Britain each reporting more than 2,200 infections.***

 

El hecho de que "desaparezcan" los ingleses de la lista puede ser un descuido o un intento de "calmar" las presiones del sector turístico, que siempre dice sentirse afectado por todo lo que sea poner "límites" a los británicos. Tras las olas de coronavirus, que no decaen, la manera de informar sobre salud necesita de un cierto repaso. Hace unos días en un noticiario televisivo se decía que había "buenas noticias" sobre la pandemia, que se reducían los contagios y los ingresos, que, eso sí, había aumentado el número de muertes. Ante esta forma de explicar las cosas y de valorarlas uno no sabe bien cómo reaccionar, aunque se va pasando de la sorpresa al enfado progresivamente. Puede que la "buena noticia" de las muertes sea fruto de un perverso sentido del humor que estamos desarrollando por tantos casos.

En el caso de la "viruela del mono", The Washington Post incide en dos elementos han señalado desde las instituciones sanitarias: 

“With monkeypox cases continuing to rise and spread to more countries, we now face a dual challenge: an endemic disease in Africa that has been neglected for decades, and a novel outbreak affecting marginalized communities,” Josie Golding, head of epidemics and epidemiology at the global health organization Wellcome, said in a statement. “Governments must take this more seriously and work together internationally to bring this outbreak under control.”


 

Lo que anteriormente se ha dejado como algo "africano", poco preocupante, se convierte en gran preocupación cuando sale de allí y se esparce por el mundo. Que los tres países más afectados sean España, Estados Unidos y Reino Unido, debería ser estudiado desde una perspectiva social, tratando de establecer cuáles son las líneas de transmisión. Sin embargo, la mezcla con los elementos referidos a las prácticas sexuales o íntimas, que parece ser el origen de muchos de los contagios, como se pudo ver en la sauna clausurada en Madrid, tienden a oscurecer el asunto. Las protestas de las comunidades estigmatizadas son claras, pero tampoco se debe obstaculizar el conocimiento de las formas de transmisión, sean estas las que sean. Pero el crecimiento de algo que se ha advertido ya sobre cómo se transmite y que se han establecido claramente espacios en los que se han producido los contagios, debería aportar información de seguridad para los posibles afectados y limitar los contagios. Sin embargo no es eso lo que está ocurriendo.

El caso es distinto al del COVID-19, un virus desconocido para el que ha habido que crear todo porque no sabíamos nada. La viruela del mono, por el contrario, es una vieja conocida en determinados países que nuestros hábitos sociales y viajeros están desperdigando por lugares en que antes no se manifestaban. Hay vacunas y se están aprobando vacunas de la viruela a las que se ha ampliado el espectro defensivo para hacerlas más eficaces. Pese a todo, los cuidados deben ser extremos, algo que parece no tenerse en cuenta.

Puede que el efecto de los confinamientos anteriores nos esté jugando una mala pasada y que el ansia reprimida de viajes, encuentros, etc. nos está haciendo bajar la guardia más de lo prudente. Lo cierto es que, como se señala en TWP, es la velocidad con la que se transmite lo que preocupa. Quizá los negocios perdidos de los viajes han hecho buenas ofertas y los centros de encuentro se presentan más poblados y activos que de costumbre. Sea por lo que sea, hacen falta sociólogos y estadísticos que rastreen y expliquen estos itinerarios que acaban trayendo a nuestro país la viruela del mono. como un espacio de convergencia de los contagios. Aunque puede que a algunos no les guste.

Como nos enseña la experiencia, la gente no va a los lugares más seguros, sino a aquellos en los que les dejan hacer lo que quieran. 

* "La EMA recomienda el uso de la vacuna tradicional de la viruela contra el virus del mono y se incluirá en el prospecto" RTVE.es 22/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220722/ema-viruela-mono-vacuna/2390632.shtml 

** "Mapa de la viruela del mono en el mundo: Reino Unido, España y Portugal son los países con más casos" RTVE.es 10/06/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220610/viruela-mono-casos-mundo-espana/2350582.shtml

*** Fenit Nirappil "WHO declares monkeypox a global health emergency as **infections soar" The Washington Post 23/07/2022 https://www.washingtonpost.com/health/2022/07/23/monkeypox-who-global-emergency/



domingo, 22 de mayo de 2022

Hechos, datos y lo políticamente correcto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los hechos dicen que casi todos los casos dados en España de la Viruela del Mono han sido hombres. Hay un caso en estudio de una mujer en Extremadura. Algunos de los focos de contagio de los hombres han sido fiestas gais y una sauna gay. Los expertos nos dicen que no es una enfermedad de transmisión sexual y mucho menos una enfermedad de "homosexuales".

Los hechos son los que son y los casos son los que son. El hecho es que se trata de una enfermedad que se transmite por contactos personales intensos, no circunstanciales, y que los brotes han tenido lugar en determinados espacios y eventos a los que rápidamente se ha identificado.

En RTVE.es, con el titular, "Siete comunidades estudian casos del viruela del mono: "La transmisión ha sido más alta de lo esperado"", los vínculos entre la enfermedad

Esta es la primera vez que se notifican cadenas de transmisión en Europa sin vínculos epidemiológicos conocidos con África occidental o central y que la mayoría de casos que han ido detectándose estos días en España y otros países se ha dado en hombres que han mantenido relaciones de riesgo con otros hombres.

Sin embargo, y "a tenor de la información disponible en estos momentos, se hace patente la importancia de prestar una especial atención a la población afectada sin descartar la posibilidad de aparición de nuevos casos en otros grupos de población", asume el órgano técnico del Ministerio de Sanidad y las comunidades, que apela a "abordar el estudio de estos casos evitando cualquier estigmatización del colectivo LGTBI+".

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha advertido sobre la posibilidad de que la viruela del mono se extienda entre humanos con la llegada del verano, fiestas y eventos multitudinarios que se celebran aprovechando el buen tiempo. * 

Las cifras que se daban hace dos días están muy por debajo de las últimas que se nos dan. Las primeras voces explicando lo poco probable de su extensión son desmentidas por los casos, que siguen creciendo. Los expertos, además, explican que la estigmatización puede hacer que los casos tiendan a no declararse y se agrave la situación extendiéndose el número de contagios.

La inclusión del término "relaciones de riesgo" en la información, no es muy afortunada, venga de donde venga. Ya que el riesgo es otra cosa para el que mantiene relaciones, especialmente si son relaciones sexuales. No hay relación más intensa que la relación con contacto físico. Por lo que entiendo, el contagio de la viruela podría darse igualmente en un combate de lucha grecorromana. Es el contacto, no el sentimiento lo que contagia, haciendo pasar de uno a otro. Evidentemente, cuanto más intenso sea el contacto y con más personas, las posibilidades de contagiarse y contagiar son mayores. 


Es lo mismo que se ha hecho con el COVID cuando se ha hablado de "grupos burbuja" o se hablaba de "convivientes", personas con los contactos reducidos al mismo grupo, pareja, aula, etc. Las enfermedades contagiosas siempre tienen en el aislamiento o en los contactos reducidos un factor favorable, mientras que con la diversidad y multiplicidad se favorece lo contrario.

En La Vanguardia leemos:

La viruela de los monos puede afectar tanto a hombres como a mujeres independientemente de su orientación sexual, han informado esta semana especialistas en enfermedades infecciosas y salud pública. Puede transmitirse por gotas respiratorias relativamente grandes que tienden a caer al suelo a poca distancia, por lo que el contagio requiere un contacto estrecho. Ni está demostrado ni se descarta que pueda transmitirse por vía sexual, ha informado la OMS, dado que una relación sexual requiere un contacto estrecho que puede permitir la transmisión respiratoria.

El motivo por el que el episodio actual en Europa afecta sobre todo a hombres que tienen sexo con hombres es que en este colectivo se han producido episodios de contagio múltiple.

“Una proporción notable de los casos recientes en el Reino Unido y Europa se han detectado en hombres homosexuales y bisexuales, por lo que los animamos especialmente a que estén atentos a los síntomas y busquen ayuda si están preocupados”, ha declarado en un comunicado Susan Hopkins, directora médica de la agencia UKHSA.** 

No hay maldición. La naturaleza se ha limitado a aprovechar lo que la cultura, en este caso, en forma de celebraciones o saunas ha favorecido de forma circunstancial. Los que piensan que es solo una enfermedad de "hombres" y más específicamente de "hombres gais" se equivocan porque eso es solo el inicio de los brotes. Lógicamente, en este tipo de contagio próximo, los contagiados son los que tenemos más cerca. 

La coexistencia física y mental de esta forma de viruela con el coronavirus no nos hace demasiado favor, pues tendemos a interpretar una, la viruela, en claves de la otra, el coronavirus. En la COPE se recoge un debate entre el doctor César Carballo y el bioquímico Marcos Gallego, que opina en sentido contrario sobre las similitudes: 

Carballo ha asegurado que de momento es muy pronto para dictar sentencia sobre la gravedad de la enfermedad, ya que la cepa del virus que está circulando por España, Portugal y Reino Unido aún no ha sido secuenciada. El doctor Carballo concluía asegurando que la situación es muy parecida a la que se vivió al comienzo de la pandemia, cuando políticos, expertos y muchos medios de comunicación quitaban importancia a los casos y aseguraban que la situación estaba comprobada.

“Nos recuerda a lo que nos pasó por el COVID al principio, en marzo de 2020”, ha admitido el médico, quien ha lamentado: “No tenemos información, nadie nos ha dicho nada, no sabemos cuál es el caso sospechoso, tienes que ir a la prensa, a evidencias”. 

Ante esta tesitura, Marcos Gallego ha respondido de manera cortante: “El virus de la viruela del mono no tiene nada que ver con el del covid”. Afirma además cuatro razones distintas por las que no tiene ningún punto de comparación con la devastadora experiencia del COVID 19: “1. No es nuevo. 2. Hay vacuna. Es la vacuna normal de la viruela. 3. Es un virus ADN. No ARN. Casi no muta. 4. Es mucho menos transmisible que el covid. 5. Normalmente no se da transmisión asintomática”, ha enumerado.*** 

Los cinco factores apuntados por Marcos Gallego son claros y distintos respecto a lo que supone el COVID-19 y sus variantes respecto a este de la Viruela del Mono. Uno importante y decisivo es el que va en primer lugar: no es nuevo.

Una enfermedad nueva, con un virus que cambia constantemente en función de su extensión, es un desafío y, sobre todo, un desconcierto. Lo hemos comprobado. La Ciencia ha trabajado como nunca para encontrar soluciones en un tiempo récord ante algo que se desconocía. Cada paciente era un paso hacia la comprensión desde un mínimo. Pese a los más de seis millones de muertos y los más de quinientos sesenta millones de contagiados, cifras actuales, hemos conseguido frenar su gravedad con vacunas. No hemos conseguido todavía una vacuna contra la inconsciencia de algunos ni contra la irresponsabilidad o el egoísmo, pero sí contra el COVID-19. Ahora los efectos están en nuestras manos con la mejor vacuna, la prudencia, que es convertir lo que sabemos en acciones sensatas.

El hecho de tener una vacuna contra la viruela es importante porque esa lucha se hizo hace tiempo y se ganó en lo que se pensaba como la última batalla. Pero está claro que todo vuelve porque el mundo es inabarcable y mal repartido, quedando siempre huecos olvidados en los que se mantienen los peligros al acecho. Nuestra forma de vivir, nuestras concentraciones y viajes ponen las cosas más fáciles a este tipo de enfermedades viajeras. Habrá otros factores, pero está claro que el principal son nuestros movimientos esparciendo rápidamente lo que pasa de ser local a mundial en muy poco tiempo. Cuando nos queremos dar cuenta, tenemos focos repartidos por medio mundo.

Que se necesite mayor intensidad del contacto para contagiarse que con el COVID también es una señal de que es poco probable contagiarse estando en espacios en los que no se produzcan esos contactos porque no es el espacio lo que contagia, sino lo que se hace en ellos. De ahí la queja del dueño de la sauna Paraíso, la clausurada en Madrid: "lo harán en otro lado".


La carencia de la figura del asintomático es decisiva. El hecho de que todo contagiado sea "visible" y esté "afectado" es esencial desde el punto de vista social. Ya no tendremos la figura del irresponsable que, al no tener síntomas, sigue su vida contagiando a otros. No es políticamente correcto decirlo, pero es una realidad. Tampoco han ayudado mucho las medidas últimas que, confiando en la menor gravedad con las vacunas, han eliminado prácticamente cualquier restricción, animando a considerar el COVID como una "gripe". Pero con la Viruela del Mono es distinto. Los síntomas aparecen rápido y son visibles, muy visibles. Eso reduce los riesgos de la fase invisible de la enfermedad.

Con lo que estamos viviendo estos últimos dos o tres años, con avisos anteriores, deberíamos tener algo claro: si no nos anticipamos a las causas, esto va a ser una epidemia o pandemia detrás de otra. Tiene que realizarse una labor pedagógica importante sobre estos cambios que hemos introducido con nuestra movilidad y los efectos que el cambio climático está produciendo en el mundo de los virus. Ya no se habla tanto del estrés animal por la reducción de su medio ambientes y cómo esto favoreces las transmisiones entre animales y humanos, como se vio con los murciélagos de los que nadie se acuerda ya en los inicios del coronavirus.

La investigadora Margarita del Val lo señala en Antena 3:

La investigadora del CSIC Margarita del Val ha apuntado esta semana que, aunque la incidencia informativa sobre el coronavirus haya disminuido, no quiere decir que la pandemia ya no exista y tengamos que relajarnos del todo. En su opinión, "atravesamos un momento muy difícil debido a la falta de datos". "Tenemos que aprender y no olvidar que igual que con el cólera se evitaron muchas muertes al potabilizar el agua, ahora tenemos que pasar a limpiar el aire, porque así bajará la transmisión del SARS-CoV-2 y de otras enfermedades respiratorias, vamos a lograr menos bajas laborales y más concentración", comenta Del Val.

Margarita del Val asegura que la próxima pandemia podría venir por el aire, por lo que es muy importante su limpieza "como han hecho en los colegios y universidades con medidores de CO₂". "Queremos que se pongan unas normas para saber cuándo el aire está muy respirado por otras personas y, por lo tanto, es probable que me contagie de cualquier cosa", ha señalado en la primera Cumbre Internacional sobre Gestión de Pandemias celebrada en Valencia.

Esta falta de datos genera un desconocimiento sobre lo que está por venir, la investigadora del CSIC asegura que "cuando vengan las navidades, con nuestro comportamiento habitual, nos contagiaremos de otras enfermedades respiratorias y de Covid".**** 

La petición es muy sensata y es hora de invertir en prevención, ya sea de limpieza del aire como de la desinfección de espacios y la creación de protocolos para las concentraciones de personas, como exigencias de ventilación, purificadores de aire, límites de aforos, etc.

Hay que invertir en ciencia, que es la que nos protege, incluso de nosotros mismos. Y hay que ser más conscientes, menos relajados para no perjudicar los negocios de algunos. Hay que normalizar la prevención para evitar estos procesos que parece que se encadenan unos con otros. Muchos lo llevan advirtiendo desde hace mucho, pero es preferible no escuchar. Es lo peor que podemos hacer.

Más inversión en investigación, más inversión en medidas, más didáctica nueva sobre la prevención y más mentalización a que es nuestra vigilancia la que puede evitar el próximo caso o, al menos, responder antes y mejor. 

 

* "Siete comunidades estudian casos del viruela del mono: "La transmisión ha sido más alta de lo esperado"" RTVE.es 21/05/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220521/siete-comunidades-detectan-ya-casos-sospechosos-viruela-mono/2350644.shtml

** J. Corbella & C. López "La OMS pide que no se estigmatice a nadie por la viruela de los monos" La Vanguardia 22/05/2022 https://www.lavanguardia.com/vida/20220522/8283906/oms-pide-estigmatice-nadie-viruela-monos.html

*** "Un bioquímico responde tajante al doctor Carballo tras sus palabras sobre la viruela del mono: "Nada que ver"" COPE 21705/2022 https://www.cope.es/actualidad/sociedad/noticias/bioquimico-responde-tajante-doctor-carballo-tras-sus-palabras-sobre-viruela-del-mono-nada-que-ver-20220521_2096192

**** "La alerta de la investigadora Margarita del Val tras el coronavirus: "Tenemos que pasar a limpiar el aire"" Antena 3 21/05/2022  https://www.antena3.com/noticias/salud/alerta-investigadora-margarita-val-coronavirus-tenemos-que-pasar-limpiar-aire_202205216288da83cd15240001034ac7.html