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jueves, 3 de julio de 2025

Sobre el arte de echar la culpa a otros

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Al arte de no ser culpable de nada, personal ("no me reconozco") o institucional ("nadie nos puede dar lecciones de contundencia"), hay que añadir uno más en el que España muestra maestría: echar la culpa a los demás. Aquí pasa de todo, pero no llegamos a saber qué ha ocurrido o, lo que es peor, asistimos al ejercicio gimnástico de pasarse la pelota de unos a otros.

El caos de ayer en Barajas con miles de pasajeros perdiendo sus vuelos mientras esperan a que les revisen sus pasaportes ha sido otro bonito ejercicio de este arte. En un sentido, todos son culpables, pero en otro nadie lo es. Cada uno le echa las culpas al otro, nadie asume el problema como suyo y mira hacia el siguiente. Las compañías echan la culpa a la Policía; la Policía dice que tenía suficientes efectivos y le echa la culpa a un "problema informático". La cosa queda entre las compañías, AENA y la Policía.  Algunos cuentan ante las cámaras cómo su avión salía con sus maletas dentro mientras que ellos hacían cola. ¿Quién tiene la culpa? La cuestión es crucial, pues las reclamaciones tendrán que atenderlas los que resulten responsables de ese caos que ha hecho perder miles de vuelos.

Si pasamos al tren, otro caos que llega hasta el punto de lo inexplicable y asistimos al mismo peloteo de responsabilidad. Unos echan la culpa a la antigüedad de los trenes franceses y sus problemas con las catenarias; otros echan la culpa al "estado" de la línea, cuyos responsables dicen haber invertido setecientos millones de euros y buscan otros culpables ante "lo inexplicable". En este caso, se insinúa con la boca chica, ante lo raro, un posible sabotaje. Otros días el caos se produce por un "robo de cobre", que deja la línea inutilizada.

Los pasajeros de Barajas estaban al menos a cubierto. Los usuarios del tren, en cambio, quedaran tirados en mitad del recorrido, en plena ola de calor, sin alimentos, sin energía, unas catorce horas, tiempo en el que se puede ir y volver a París, por ejemplo. La excusa para dejarlos allí tirados es lo variado de su situación, nos dicen, unos con maletas y otros con poca movilidad. Por esta buena causa, los pasajeros no solo se quedaron  tirados sino que se sintieron abandonados.

Ante esta situación de fallos continuados, el arte de echarle la culpa a otros se vuelve esencial, no solo por la cuestión económica de las indemnizaciones que tendrán lugar, sino por la cuestión reputacional. El mundo se puede hundir, pero tú lo niegas todo.

El arte de encontrar excusas y echarle la culpa a otros se está convirtiendo ya en un perfil profesional en comunicación de empresas, partidos e instituciones, Esto es lo que RTVE.es recoge sobre lo que ha pasado en Barajas:

Cientos de pasajeros se han agolpado en la terminal 4 de Barajas para pasar el control de seguridad a lo largo de la mañana, una situación complicada como consecuencia de la falta de efectivos policiales que realicen esta tarea. La mitad de los puestos de control están vacíos, lo que ha originado 60 minutos de media de espera para pasar el control.

Según Interior, es una situación temporal que se ha debido a la acumulación de vuelos en un espacio de tiempo muy breve y a la coincidencia con un problema informático puntual en el acceso a las aplicaciones que utiliza la Policía Nacional que ha sido subsanado entorno a las 15.00 horas.

Fuentes del Ministerio de Transportes han informado de que el incidente no tiene nada que ver con el Ministerio ni con AENA. Han explicado que no hay ningún caos en la gestión del aeropuerto. Han comentado que la situación corresponde únicamente a un problema de falta de personal policial en la gestión de llegadas de viajeros en el control de pasaportes. Este ámbito corresponde al Ministerio del Interior.

Desde Aena evitan hablar de colapso y aseguran que están trabajando en colaboración con la Policía para restablecer el flujo habitual de pasajeros y evitar mayores problemas. Aconsejan a los viajeros acudir con al menos dos horas de antelación al aeropuerto para evitar contratiempos en este comienzo del verano y de las vacaciones para muchos. Además, han afirmado que la situación no afecta a los vuelos en España ni en el espacio Schengen.

Tal y como han publicado múltiples usuarios de redes sociales, las colas para pasar por este control son de horas, con cientos de turistas esperando para poder cruzar la frontera dentro del aeropuerto.*

 

Sorprende ese "únicamente" aplicado a la responsabilidad del otro. ¿No deberían programarse los vuelos en función de lo que se puede absorber o viceversa, no debería destinarse la Policía en función del mayor o menor número de vuelos? Parece que sería lo lógico, aunque sea la falta de lógica lo que produciéndose en el sistema.

Lo importante es que todos no te señalen como responsable. De ahí la importancia del fallo informático y ese sabio consejo: que los viajeros estén dos horas antes. Al final tendrán ellos las culpas por precipitarse o esperar al último momento.

¿Recuerdan el "gran apagón"? Es el mejor ejemplo de cómo nadie es responsable de algo tan desastroso. Después de tanto tiempo pasado, las excusas liberatorias de responsabilidades son múltiples y los informes de cada uno apuntan a los otros.

"Experto en Excusas" será un perfil profesional cada vez más demandado en una sociedad que no invierte en mantenimiento, que reduce el personal en beneficio de los inversores y que descubre cuando se producen los desastres lo malos que son los materiales baratos, las chapuzas de trabajar sin la formación adecuada y, especialmente, que la modernidad está en la anticipación, que es la que marca la respuesta. Innovar y renovar, mantener, cuidar... es el signo de una sociedad que funciona y avanza. Los pasajeros tirados en una vía, el colapso en estaciones y aeropuertos son realidad y también metáfora de  nuestra España.

Lo ocurrido en Barajas, lo que ha pasado con los trenes, es sencillamente una vergüenza que se pueden repartir los que lo niegan todo. 

 

* "Cientos de pasajeros se agolpan en el control de seguridad de la terminal 4 de Barajas por un fallo informático" RTVE.es 02/07/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250702/cientos-pasajeros-se-agolpan-control-seguridad-terminal-4-barajas/16648787.shtml

miércoles, 30 de abril de 2025

Tras el gran apagón

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El espectáculo de nuestros políticos discutiendo sobre lo que no saben ya no es noticia, sino un capítulo más al que arrastran a los que pueden. En primer lugar a los medios, a los que necesitan para expandirse y llamar la atención.

La escala del delirio va desde la insinuación a la afirmación, todo ello aprovechando el margen que el desconocimiento permite. Lo ocurrido es muy grave, pero mientras no se entiendan las causas, la producción de titulares depende de la osadía y el desparpajo, de la seriedad impostada, de la imaginación recurrente. Para algunos es lo imposible; para otros es la confirmación de todo tipo de avisos apocalípticos lanzados desde sus púlpitos y micrófonos. En este sentido, el gran apagón, como ya se le conoce, es una especie de test de confirmación de las ideas (por llamarlo así) previas. La "realidad" encaja a martillazos en el programa de cada uno.

Y esto se produce, en gran medida, debido a dos factores, el primero, lógicamente, la falta de respuestas a las preguntas, que genera nuevas preguntas sobre la falta de respuestas (como ¿qué ocultan?). El camino queda expedito a la imaginación insinuante y al dedo acusador. Mientras no se sepa nada, todos son culpables a los ojos de sus rivales.

Los políticos no quieren abandonar el centro del escenario y recuperan su protagonismo con cualquier cosa que puedan lanzar a la cabeza de sus contrarios. Esta es la fase en la que nos encontramos. De nuevo, el objeto de los discursos son los otros, ya sea porque no responden como deben, porque no están a la altura, mienten, etc. etc.

El segundo factor es el divorcio comprensivo entre los técnicos y expertos y el gran público, con los medios en su función intermediaria. Las cosas no son sencillas y no es fácil entenderlas. En este tipo de situaciones tecnológicas, los expertos no suelen serlo en la divulgación asequible. 

Tras los infructuosos intentos de hacer comprender qué pasó en esos cinco segundos fatídicos, los medios se redirigen hacia algo más fácil de entender: las indemnizaciones por los daños causados. Las imágenes de los helados derretidos o las palabras de la señora que dice haber tenido que tirar un kilo de filetes son ya perfectamente cotidianas y por ello comprensibles. La ausencia de motivos del apagón nos redirige a lo que han titulado ya como "el día después del apagón" en donde lo cotidiano desplaza a los incomprensibles expertos que piensan que se van a ocupar de ellos sin que les ofrezcan causas fáciles de entender.

En estos días, en un programa televisivo de un canal extranjero, los presentadores trataban de explicar el "espacio-tiempo" y cómo el universo surgió de la "nada". No sé porqué me acabo de acordar de esto, pero me recuerda a los problemas de explicar algo sin duda más sencillo, nuestro apagón. ¿Entrará nuestro apagón en este tipo de programas en los que te surgen más preguntas que respuestas, siempre insatisfactorias?

Algunos lo sitúan ya en el camino de las penalidades, estableciendo una sucesión que incluye danas, volcanes, incendios y ahora apagones. Es el camino de la fatalidad; algo habremos hecho, piensan.

Nuestro apagón ha logrado eclipsar al cónclave papal, a los aranceles de Trump, a las elecciones en Canadá y casi a cualquier cosa, con la lógica excepción del deporte. Las preguntas de hoy son ya sobre el "largo puente" y sus millones de desplazamientos. Los medios se preguntan si el apagón afectará a los trenes y a sus viajeros del largo fin de semana. El problema se refine y pasa de las causas a los efectos.

Abascal, siempre didáctico, señala que el apagón fue para distraer del asunto del hermano de Pedro Sánchez; otros siguen apuntando a un ciberataque. Curiosamente nadie ha mencionado a los extraterrestres, algo que en Estados Unidos se daría casi por seguro. Trump le habría echado la culpa a los inmigrantes y a la administración demócrata anterior.

Necesitamos saber qué ha pasado para que no ocurra de nuevo, al menos, esto. Necesitamos también que nos lo expliquen con claridad, aunque eso se irá diluyendo. Las instrucciones como "quédense donde estén" o "no usen el teléfono", por ejemplo, se respondieron con grandes atascos y con estar usando el teléfono de forma constante aunque improductiva. Muchos son los perjudicados y también unos cuantos los favorecidos, como nos dicen de las ferreterías o de los vendedores de radios a pilas, que agotaron las existencias en cosa de minutos; los que vendían bocadillos agotaron el pan y estiraron el jamón.

¿Lo entenderemos algún día? ¿Nos aburriremos de escuchar explicaciones que no entendemos? Quizá tengamos que repensar el "kit" y ajustarlo a lo imposible que ocurra.

martes, 29 de abril de 2025

A las 12 y 33 h

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo sabemos con toda exactitud, con la máxima precisión: todo comenzó a las 12 horas y 33 minutos, aunque algunos señalan que fue a los 32 minutos. No sabemos nada más, aunque el presidente —circunspecto y bajando la mirada— asegura que "no se descarta ninguna hipótesis". Lo dice como prueba de seriedad, pero lo cierto que las hipótesis están en la calle y en los medios. La TV francesa titulaba sobre las causas del apagón y lo hacían con "cara de proximidad", un concepto nuevo, pero que seguro que todos entienden. Luego dieron paso a la noticia de la adaptación de un nuevo cómic de Asterix al cine. La cara ya era otra.

En la universidad tuvimos suerte. Había convocada una huelga contra las políticas universitarias de la presidenta Díaz Ayuso y apenas hubo gente en las facultades (al menos en la mía); solo los cantos de los piquetes llamando a manifestarse al vacío. Si llegan a estar las aulas medio llenas (suelen estar medio vacías) habríamos tenido un dantesco espectáculo, pues las autoridades decidieron que había que cerrar las facultades a las 4 de la tarde. Esto significaba dejar en la calle a una parte importante de los que estaban por allí, como en mi caso. 


Nuestra universidad madrileña acoge cada día a miles de estudiantes que viven fuera de Madrid, que llegan en tren desde las ciudades y provincias cercanas. Yo mismo me habría quedado tirado, pues debo coger un tren y el metro cada día para llegar de mi casa al despacho. Me veía durmiendo en el despacho, pero finalmente un compañero me dijo que vivía en el siguiente pueblo, Colmenar, y que me dejaba en casa. De no ser así, habría tenido que esconderme en mi despacho.

Antes de salir vi un despacho abierto. Allí dos jóvenes profesoras trabajaban sin descanso con sus ordenadores enchufados a la red eléctrica (por alguna extraña razón, algunos enchufes tenían corriente). Ellas pensaban que era cosa de la huelga convocada, que el resto de España funcionaba. "No, es en toda España. Terminad que os cierran". "¡Gracias!", me dijeron un poco desconcertadas.

Se habla mucho de las urgencias médicas, del tráfico, etc. pero no se habla nada de lo que puede apreciar, de la búsqueda desesperada de un servicio en el que orinar. "¡Cuidado que cierran en dos minutos! ¡No te vayas a quedar encerrado!", les advertía a los que llegaban y trataban de encontrar un espacio donde desahogar la vejiga. Este tema no se ha tratado como debe. Tampoco el de esa gente que pasaba horas en las colas del autobús o caminando por los bordes de la carretera; esa gente que te preguntaba en los cruces si les podías llevar: "Voy a Villaverde", te decían. "Lo siento, vamos en otra dirección".

El presidente dice que no descarta ninguna hipótesis; la gente, en cambio, lo tenía todo muy claro. La culpa era de Putin. No había noticias, pero sí bulos y más bulos. Todos apuntaban al mismo sitio. Lo primero que te contaban era que el ataque había sido por toda Europa. Te citaban de Finlandia a Alemania, pasando por Holanda y Francia. Todo eso era seguro, fiable, decían.

Encender la radio de un coche hizo que se arremolinaran personas que trataban de escuchar las noticias, pero estas era pocas y no aclaraban nada. Tenía razón Ignacio Ramonet: la televisión y la radio sustituyen la explicación por la "mostración". Informar es ya mostrar. En este caso, se traslada una cámara a la estación de Atocha o Chamartín y se nos muestra lo que ocurre allí. Carecemos de información, pero vemos en directo lo que pasa. Luego se nos dice que no caben para pasar la noche, se nos muestran los casos más patéticos... pero no hay explicación.

Si toda Europa estaba apagada, el caso ya no era ibérico. En el tiempo que estuvimos escuchando la radio del coche, con accesos intermitentes a los móviles según los operadores, no se puede decir que tuviéramos información, solo pseudo explicaciones de gente que intentaba interpretar los que los "especialistas" en energía intentaban transmitir sin saber lo que realmente pasaba, pues lo más que teníamos era que "no se descartaba ninguna hipótesis", que era el mantra oficial. Lo que llevó a algunos hacia el apocalipsis, a beber la última cerveza, una más por si acaso.

Desde el aparcamiento prácticamente vacío de la Facultad veíamos el monumental atasco de la salida a la carretera de La Coruña. La recomendación que se hacía oficialmente era "quédese donde esté", algo fácil de decir pero difícil de aceptar. Incluso la Universidad nos echaba de donde estábamos. Muy mal nuestras autoridades universitarias llevando la contraria. En fin...

Los medios muestran los efectos, pero las causas siguen entre el "megáfono de los bulos" y "el silencio prudente". Algunos de los expertos consultados dicen que se pueden tardar meses en saber qué ocurrió, dada la cantidad de información que deben analizar en la caja negra del sistema eléctrico.


Con el precedente de Mazón y su dana, las autoridades se han movido rápidamente, que es una forma de seguir acusando a los dirigentes valencianos. Se trata de mostrar "eficacia" y "rápida respuesta" ante los problemas. Algunas autonomías le han pasado el marrón al gobierno central con lo del "nivel 3" de emergencia. Se curan en salud ante la posibilidad (una realidad) de que esto se use políticamente.


Esto lo podíamos ver con claridad en los programas informativos de las televisiones en los que las filias y fobias de siempre se adecuaban al "gran apagón", como han coincidido en llamarlo prácticamente todos los medios.

Hoy los medios despiertan llenos de historias emotivas y emocionantes sobre lo que te tocó en el gran apagón. Es la hora protagonista de los que quedaron atrapados en trenes, ascensores, atascos y otros espacios-trampa. Los medios les piden que cuenten sus horas de angustia, su descubrimiento del apagón, cómo se enteraron, sus reacciones. "Todos recordaremos qué nos pasó en este día", nos asegura un presentador televisivo.

Los expertos complican las cosas cuando nos dicen que no debe haber solo una causa, sino al menos dos. Con una, el sistema responde y se defiende; con dos falla la respuesta ante la primera. Tiene su lógica, pero esperemos a la explicación. Desde la Unión Europea ha descartado un ciberataque, por lo que quitan la ilusión a muchos de haber sobrevivido a Putin.

Por ahora sabemos que "fuimos desconectados" (aunque no sabemos por quién), que se "perdieron" en cinco segundos (algunos hablan de cinco minutos) el equivalente al sesenta por ciento del consumo del momento (¿se perdieron?), que no hay que buscar una causa, sino dos y... poco más. Bueno, sí, que no se descarta nada, aunque no se explique que sería "todo".


El hecho de que lo más afectado hayan sido el metro y los trenes deja nuestro gozo en un pozo, pues eran los medios menos contaminantes y más seguros... hasta que se va la luz. Hemos vuelto a lo del "kit" y aun canto a lo analógico. Hemos redescubierto el valor del dinero en efectivo, lo que es subir escaleras y y lo tranquilo que se va leyendo en el Metro, entre otras cosas.

Cuando llegué a casa me cogí un libro y me baje a la avenida soleada. Me senté a leer. Como no tenía mi mp3 que me libera de escuchar las conversaciones callejeras, escuchaba a la gente pasar caminando y comentando entre ellos posibles causas, momentos en los que les ocurrió e intentando conectar con el móvil a algún centro de información, conectar con la familia, etc. De repente, dos ancianitas dijeron "¡Ya ha vuelto la luz!" mientras señalaban a un semáforo cercano que había recuperado sus luminosos colores.

Nada da más sensación de seguridad y orden que un semáforo, un instrumento para sobrevivir al caos, que es lo que se vivía en ese día, el del gran apagón, el día en el que todo cambió (esperemos) a las 12´33 horas.

viernes, 5 de noviembre de 2021

¡Que se acaban, oiga, que se acaban!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hace unos días hablábamos aquí de "ecoansiedad", término desarrollado en la web de RTVE. Unos días antes hablábamos también de un "apocalipsis carencial" interpretando que los mensajes de que nos iba a faltar de todo —desde el microchip del coche, que no llega, a los juguetes navideños pasando por todo tipo de carencias. El repaso de la prensa nos muestra que sigue siendo un problema comunicativo o si se prefiere una muy rentable de informar.

Frente a los hechos, el futuro tiene muchas ventajas. En Antena3, en estos instantes, la cima de "Las más vistas" es "Lo que debes comprar para el gran apagón en Europa". En la página principal de la misma web existe una sección de encuestas en la que la segunda nos pregunta: "¿Cree que estamos preparados para un apagón?" En la web de RTVE, por contra, en su sección de "VerificaRTVE", se nos advierte "Apagón en España: cuidado con estas informaciones alarmistas".


Hace unos días, una reportera desplazada a una tienda nos mostraba aparatos que la gente compraba ante la proximidad del apagón. Nos enseñaba lo que creo que era una especie de hornillo solar para que no nos falte de nada sobre el prometido apagón que tanta atención atrae.

Hasta no hace mucho las expresiones "¡se ha ido la luz!", "¡se han fundido los 'plomos'! o "¡ha saltado el automático!" formaban parte de nuestra vida cotidiana. Bastaba alguna tormenta o que la gente encendiera más cosas de las debidas para que nos quedáramos sin luz. Una tormenta fastidiosa podía dejar sin luz a un barrio o a una ciudad. Hasta no hace mucho tiempo, la televisión decía que el apagón producido en Madrid se había iniciado en mi pueblo, que como pueblo nuevo era manifiestamente mejorable en esto. Más de una vez perdías tu trabajo del ordenador por una maldita subida de tensión o te levantabas con la luz en fuga.


Pero ahora, esto que comenzó llegan de la Austria militar, como otra advertencia sobre los riesgos de sufrir apagones europeos, varias veces al año añadían. Eso significa que los austriacos pasan de los apagones o viven en perpetua tensión por si se quedan sin luz.

Cuando veo todo esto sobre lo que nos puede fallar y faltar en caso de apagón europeo y sobrevenido, me acuerdo de aquellos mercadillos (hace tiempo que no voy) en los que los vendedores repetían "¡que se agotan, oiga, que se agotan!" pese a tener sus artículos amontonados. No sé si funcionaba o no, pero me imagino que algún efecto tendrá si se repetía tanto.

Al igual que hacemos hoy, no hay mayor estímulo para las ventas que la idea de que algo se agota. El miedo a que algo nos falte nos hace comprar y guardar, como se suele decir, "para cuando no haya". La mentalidad carencial es un estado variable según las personas. La gran mayoría hace de la prevención su estrategia. Son lo que compran dos botes de lo que sea para no quedarse sin nada cuando se termine el primero, que reponen siempre para tener uno de reserva. Ves a gente llevarse cantidades variables en los supermercados. Los que se lleven uno, dos, tres o más botes de algo frente a los solitarios compradores que no temen quedarse sin ellos porque consideran que siempre habrá en los estantes. Es pura psicología, puro comportamiento traducido en compras.


Y los que venden lo saben. Sabe, por ejemplo, que amontonar demasiados botes de algo no es bueno. Que si dejamos unos pocos habrá gente que piense que se agotan rápidamente y se lleve "por si acaso".

Ahora, cuando voy a pagar en la caja, la cajera me pregunta "¿ha encontrado todo lo que buscaba?". Me explica que es para que la próxima vez que vaya lo encuentre. Cuando le digo lo que no encontré me responde que es cuestión de stocks. Sé de sobra que en este hipermercado, hay cosas que aparecen una vez y no vuelven a traer por los motivos que sean. Pero ellos insisten en que la próxima vez encontraré lo que esta vez no encontré.

En Antena3 nos hablan de lo que se agota para las Navidades y se nos dice que los ayuntamientos y comercios han adelantado en algunas poblaciones la decoración navideña para estimular las compras, que el año pasado fue un poquito flojo. Señalan: 

La gente se está adelantando, también para asegurarse de que, para las fiestas, no faltará de nada en sus casas. La crisis en la cadena de suministro global está dejando algunas tiendas más vacías de lo normal.

En algunos supermercados se ha agotado alguna marca de turrón y en muchas jugueterías los encargos se están disparando. “Se están adelantando en las compras”, asegura Rosario, encargada de una tienda de juguetes en Sevilla. Hay miedo a que algunos regalos no lleguen a tiempo o a que algún lote se agote y no se reponga. De hecho, asegura Rosario, los juguetes están llegando con mucho retraso. “Estamos recibiendo paquetes ahora que deberían haber llegado hace dos meses”, reconoce.

Pero, aparte de los retrasos, también preocupan los precios. Este año, muchos artículos serán más caros porque los costes del transporte se han disparado. “Hace un año, traer un contenedor de Asia a España costaba entre 2.000 y 3.000 euros. Ahora mismo está entre 15.000 y 20.000”, asegura José Antonio Pastor, presidente de Asociación de Fabricantes de Juguetes. Eso, sumado al encarecimiento de las materias primas, repercutirá inevitablemente en el consumidor final.*

 


¿Es el miedo al apagón apocalíptico compatible con el estallido navideño de luz? ¿Compra la gente compulsivamente y con esto se agota todo y, además, se elevan los precios por la demanda excesiva? Es decir, ¿nos estamos disparando en el pie o nos están disparando ellos?

Si el año pasado no se vendió tanto por temor a la pandemia, que promovió un enorme ahorro en los hogares, este año está saliendo ese dinero al exterior por la inflación que causamos con nuestra demanda concentrada y compulsiva. El miedo a apagones, a carencias de productos o de cualquier servicio está disparando las compras y, como dice la noticia, ya se han agotado algunos turrones y juguetes. A eso hay que juntar eso que "no encuentro" cuando voy al supermercado, que me recuerdan cuando voy a pagar. La próxima vez que vaya, me acordaré y me llevaré dos. Eso esperan.

En el tiempo que he escrito esto, una noticia ha superado a la anterior en "Las más vistas": «Fernando Valladares, en "¿Lo hablamos?": "El gran apagón es inevitable y debemos estar preparados"». ¡Vaya por Dios!


Como sigan insistiendo, guardaremos turrones y juguetes para varias navidades seguidas. Todo por si acaso. Si nos siguen metiendo miedo sobre una Europa oscura (una especie de nueva glaciación que deberemos afrontar sin televisión), si nos siguen diciendo que los supermercados serán una especie de páramos por los que pulularán jabalíes y otras especies en busca de restos con los que alimentarse, y que tras esos estantes tribus de humanos escondidos tenderán trampas a esos jabalíes para regresar con la caza al fuego del hogar antes de que anochezca, etc. conseguirán que se cumplan las profecías apocalípticas precisamente porque seremos nosotros los que hagamos que falten los productos, que se encarezcan más de lo debido.

En unos medios nos asustan, en otros nos calman. ¿Poli bueno, poli malo? Pasamos del que nos deja helados al que nos tranquiliza para compensar este ejercicio imaginativo de saber cuándo, cómo, etc. del apagón que traerá las tinieblas. Nadie nos explica si serán cinco minutos, cinco años o cinco siglos. Da igual el miedoso se pone siempre en lo peor. Nos dicen en los informativos que se está vendiendo más leña que nunca. ¡Pobres árboles! Todo es una cadena y cada acto se descompone en miles de acciones anteriores, es el "efecto confeti", más que el "mariposa". Todo afecta a todo, por una vía o por otra, y el apagón afecta a todo.


En los Estados Unidos hace muchos años que muchos amontonan víveres y armas por si pasa algo así. Es un algo que va de una traición del gobierno federal a una invasión rusa o la llegada de extraterrestres hostiles. Ocultos en sótanos o en zulos enterrados en los bosques, los norteamericanos  temen un futuro apocalíptico y beligerante a lo Mad Max. Esta moda parece que se nos está pegando en diferentes términos pero con un mismo fondo temeroso. Nosotros acumulamos turrones y espirituosos ante la fatídica falta de almendra o de cristal o de azúcar o de tapones, que ya no hacemos con corcho extremeño, sino que llegan en un barco que se ha quedado atascado en el Canal de Suez en medio de una mala maniobra a cargo de una capitana inexperta, como la machista prensa egipcia trato de justificar echándole la culpa a una mujer, que —ya sabemos— son causa de desgracias y hundimiento de los imperios. Esto vale para Eva, para Helena de Troya y para alguna joven hermosa que causó el hundimiento de una dinastía china obnubilando al emperador de turno.

El miedo, los temores a que nos falte de todo son la peor pesadilla en un mundo consumista como el nuestro. Ese miedo es usado como principal motivación en casi todo, de la política (¿qué hacen todos los partidos sino sembrar el miedo al "otro"?) al papel higiénico pasando por el turrón y los juguetes. ¡Que se acaban, oiga, que se acaban! Muchos de estos miedos son manipulaciones para liquidar lo que hay en almacenes, justificar subidas y dejarnos aterrados ante las noticias del día. Y hay que tener mucho cuidado con el miedo que creamos porque nunca se sabe cómo acabará.

Curiosamente nadie se ha preguntado cómo afectará el "gran apagón" al "ocio nocturno", una pregunta interesante, teniendo en cuenta que es lo que más nos preocupa desde hace dos años. A lo mejor algunos se pasan varias noches de ocio en previsión de que el apagón obligue a cerrar. "¡Que se apaga, oiga, que se apaga!" gritarán algunos en las puertas de sus locales nocturnos invitándonos a entrar antes que la oscuridad se lo trague todo.

 


* Jara Laliena  "Ya es Navidad…casi dos meses antes: luces encendidas, balcones adornados y turrón agotado" Antena3 Noticias 4/11/2021  https://www.antena3.com/noticias/economia/navidadcasi-dos-meses-antes-luces-encendidas-balcones-adornados-turron-agotado_2021110461842f3710944100018bcc1b.html