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domingo, 7 de octubre de 2012

ERE: el país desértico o el autoprofeta

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De todas las palabras que componen el texto* sobre el ERE del diario El País hay tres afirmaciones que sorprenden sobremanera en boca del que fuera su director y actualmente Presidente ejecutivo de PRISA y del periódico, Juan Luis Cebrián:
1)  "No podemos seguir viviendo tan bien";
2) “En un momento en que la democracia española está siendo atacada, EL PAÍS debe seguir jugando un papel fundamental”;
3) "La tercera edad en periodismo comienza a los cincuenta años"
La primera de las afirmaciones ha sido —convertida en titular mayoritario— la más citada por todos los medios que se han hecho eco de un ERE en el que se van a despedir a 138 personas de las 440 en plantilla, un tercio.
La contestación ha sido inmediata por el Comité de Empresa que ha señalado que el Consejero y antiguo director del periódico ganó en 2011 la cantidad de 13 millones de euros. La afirmación "no podemos seguir viviendo tan bien" suena a sarcasmo, a burla prepotente y cínica de alguien que no ha vivido nunca mal y que probablemente nunca ha vivido tan bien. Una auténtica obscenidad y, sobre todo, unas palabras que los trabajadores del diario no se merecen como justificación de los despidos y bajadas de sueldos.

La segunda de las afirmaciones —la democracia española está siendo atacada— es, en el mejor de los casos, sorprendente. Quizá sea una exclusiva del señor Cebrián en recuerdo de aquellos tiempos en que el espíritu periodístico habitaba en algunos de esos palacetes empresariales que tiene por corazón. No explica quién ataca la democracia española, desde cuándo está en peligro, qué puede hacer El País por ella, en fin, alguna idea que nos saque de la angustia en la que nos ha dejado a todos. A lo mejor se ha contagiado de sí mismo y cree que "la democracia es vivir bien" y la dictadura es "no poder seguir viviendo tan bien", como señalaba en el punto primero. A lo mejor, de tanto repetir aquello de que "El País nació con la democracia" ha pensado que si el diario desaparece también lo hará la democracia. ¿Está la democracia debilitada cuando está en crisis El País? ¿Depende nuestra salud democrática de los problemas del periódico? A lo mejor en su cabeza se ha producido una asociación megalómana de este tipo. Quizá nos lo cuente en El Huffington Post.

La tercera afirmación es un insulto a la inteligencia, sobre todo, a la de la profesión. No es más que el camuflaje al recortado de los sueldos de las personas que llevan más tiempo en la empresa, con más derechos adquiridos y cantidades más elevadas. No debe engañarse nadie sobre su apuesta por la juventud; nunca ha existido. El País, como casi todos los demás periódicos, está lleno de cientos de jóvenes mal pagados en prácticas, de becarios. El propio comité de empresa ha tenido que salir al paso de la imagen distorsionada del periódico señalándole la cantidad de jóvenes —por debajo de treinta años— que hay en el periódico pero que no aparecen en las cifras que ha dado por la sencilla razón de no tener contratos laborales:

Para Cebrián, la tercera edad en periodismo empieza a los 50 años. “El tema más preocupante es que la edad media de la plantilla es de  53 años”, ha subrayado al recordar que 189 personas superan los 50 mientras que solo 10 están por debajo de los 30. “Esto afecta a los perfiles profesionales y al modelo de periódico que queremos hacer”, ha añadido. Desde el comité le hemos recordado que la empresa cuenta  con profesionales jóvenes que no entran en su estadística porque no tienen un contrato laboral (colaboradores a los que nunca se les ha querido contratar pese a que realizan tareas estructurales).**


El único "perfil" problemático es el del propio Cebrián, como se ha ido demostrando con el tiempo. Los problemas de la plantilla del diario son los que la propia empresa ha acumulado en estos años con él al frente. En cuanto al "modelo", mejor no preguntar.


Poner la "muerte profesional" del periodista en 50 años es de un descaro inaudito ya que significa echar, por "inútiles", a aquellos que quedan de la época en que se hacían contratos (verdaderos contratos, la prehistoria empresarial) y acoger a la mano de obra barata, con un mercado abundante de desempleados a los que se explota con la excusa de que no tienen formación o experiencia. El tiempo que durarán en el periódico —con todos los medios haciendo prácticamente lo mismo— es el que resulten rentables antes de ser sustituidos por otros más baratos. Lo dijimos hace meses: Cebrián no había anunciado la muerte del periodismo, sino la muerte del sueldo del periodista. [ver entrada] Todo adquiere coherencia. Las profecías sobre la muerte del periodismo realizadas por Cebrián se cumplen siempre. Él se encarga de ello.


La excusa "digital" es de tal desfachatez que no merece la pena ni ser mencionada. La de la "edad", tres cuartos de lo mismo. Ambas no pueden cubrir el profundo fracaso de una generación de editores y responsables de periódicos que no entendieron que eran ellos mismos los que alejaban a los "lectores de prensa" al transformar los medios es espacios comerciales y circenses, en centros de ocio en vez de en centros de información, que exigían a los periodistas transformase en animadores culturales y administradores de redes sociales.

La información no es un producto directo. Como el arte gastronómico, requiere la educación del paladar, del buen gusto del receptor, despertando algo que se llama "interés", no la "atención" que es un proceso muy distinto. Se ha seguido el camino del "fast food". 
No es lo mismo "despertar el interés" que "llamar la atención"; han matado el interés de tanto llamar la atención.  El interés —es lo que no han entendido— es interés por el mundo, por mejorar el conocimiento que tenemos de él, por conocer sus entresijos. Se logra con más y mejor información, no escribiendo cortito y con titulares llamativos, con sensacionalismo y tremendismo político o económico, deportivo o del "corazón".
Todas las brillantes teorías que Juan Luis Cebrián y otros de la misma quinta elaboraron como gurús de los medios de comunicación durante dos décadas se han mostrado y demostrado erróneas. Las pruebas las aportan ellos mismos con sus resultados negativos. Todas sus medidas no han resuelto nada y han acelerado el desastre mediático. Todas han llevado a lo contrario de lo que proponían: superar la llamada "crisis de la prensa", ahora camuflada con la "crisis general". Lo dudoso es si no han sido ellos los que la han creado y acelerado tomando direcciones equivocadas, cegados por la luz visionaria que creían atisbar en un mundo perfecto para los medios, la Sociedad de la Información. No han creado la crisis económica, pero sí la de los medios, que han llegado debilitados al maremoto general.
Con menos profesionales, con gente sin experiencia —aunque tengan buena voluntad— no es fácil hacer un periódico que logre despertar el interés, que mantenga los niveles de calidad para su resurrección de entre los muertos estridentes. La salida es convertirlo en un circo en el que los titulares agresivos despierten las ganas de bronca de los que participen en los foros. ¿La democracia atacada? Es "la espiral del superlativo", como la calificó acertadamente su antigua Defensora del Lector, Milagros Pérez Oliva. [ver entrada]


Hace mucho tiempo que la gente no "vive bien" en los periódicos, incluido el suyo, señor Cebrián. Hace mucho tiempo que se tienen que tragar los sapos informativos de cada día a falta de otras mejores cosas que llevarse a los teclados. El ERE no va a mejorar el periódico, va a prolongar su agonía entre intentos desesperados de llamar la atención a toda costa. Más superlativo. No va a superar ninguna crisis; van a ahondarla. Vivir de lo que da un periódico no es hacer periodismo.
Hay profetas que acaban en el desierto. Otros convierten en desierto lo que les rodea.

* "EL PAÍS anuncia una reducción de plantilla para superar la crisis" El País 5/010/2012 http://elpais.com/elpais/2012/10/05/actualidad/1349440803_055279.html
** "Comunicado del Comité de Empresa del diario El País" El cuarto poder http://www.cuartopoder.es/wp-content/uploads/2012/10/Comunicado-del-Comit%C3%A9-de-Empresa-de-El-Pa%C3%ADs-ante-el-ERE-anunciado-por-Cebri%C3%A1n.pdf





domingo, 29 de abril de 2012

El canto del cisne del periodismo o la muerte del sueldo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Creo que hay un error interpretativo, un problema de percepción. Los que han decretado “la muerte del periodismo” se referían en realidad a “la muerte del sueldo del periodista”. Te dicen que el mundo ha cambiado, que han pasado cosas, etc., que es lo mismo que le diría un mamífero a un dinosaurio. Podría parecer una muerte accidental, pero ya hay unos cuantos cadáveres en la morgue esperando a los forenses. No es casualidad ni mala suerte. Más bien el fracaso de las estrategias desarrolladas hasta el momento por los mismos que se presentaban como gurús. Los cierres y recortes se suceden a tono con el clima del país. Los empresarios de la información aprovechan el río de sangre para navegar en sus yates. Pero algunos teorizan y eso ha causado indignación.
A pesar de lo que diga el señor Juan Luis Cebrián*, antiguo director de El País, y hoy Presidente y Consejero Delegado de PRISA., el Periodismo no ha muerto. ¡Para nada, desde luego! Los que sí que se han muerto son los empresarios y directores de periódicos como es debido porque han perdido el sentido de su función. Los periodistas siguen siendo periodistas… si les dejan. Pero hace tiempo que se perdió el rumbo sobre cuál era la tarea que debían cumplir los medios y, como es lógico, los que allí trabajan. Se olvidó interesadamente la especificidad de la empresa informativa respecto a otro tipos incluyéndola en la norma simple y general de que una “empresa es para ganar dinero”. Lo importante aquí, como en tantas otras cosas, es el camino escogido para ganarlo.


La entrada de la “mentalidad gestora” en los medios antepone el rendimiento económico a la información estableciendo una falsa dicotomía. La absorción de las empresas periodísticas dentro de conglomerados mediáticos que apostaban por aquello que producía más beneficio al margen de cualquier otra consideración se ha demostrado absolutamente errónea en su planteamiento y desastrosa en sus consecuencias porque el buen periodismo es muy necesario y hoy más que nunca.

La queja esgrimida de que la sociedad se ha transformado tecnológicamente olvida que ese cambio se ha impulsado desde el mundo empresarial, que vio la posibilidad de mayores beneficios cambiando el sector de la información. Ahora les resultan más rentables unas cosas que otras. Y entonan cantos del cisne por el periodismo convertidos en raperos de mal agüero. Justificar los errores propios mediante la “pérdida de prestigio” (según las palabras de Juan Luis Cebrián) de la profesión periodística es de bastante mal gusto cuando se ha llevado a la profesión periodística al borde del circo para justificar las demandas de la publicidad de públicos mayores. No me extraña que los trabajadores del diario, enfrentados a un ERE pidan su cabeza privilegiada. Señala el señor Cebrián:

En ese nuevo entorno, el papel del periodista ha cambiado. Según Cebrián, para degradarlo. “Los diarios ya no vertebran la opinión pública. Y eso genera gran vértigo. Sigue teniendo un papel, pero ya no ese cuarto poder de los años cuarenta o cincuenta”. En su opinión, se ha producido una pérdida del papel de intermediación de la prensa entre la sociedad y el poder. Hasta el punto de que “la pérdida de prestigio de la democracia tiene que ver con la de los medios y viceversa”.*

Antes fue la muerte de CNN+, otro experimento fallido de los estrategas

No sé qué entiende el Consejero Delegado de PRISA por “vértigo”, pero me imagino que es algo que oscila entre la náusea sartreana y la montaña rusa del parque de atracciones, que viene a ser, en clave metafórica, la travesía que han hecho recorrer al Periodismo en sus aventuras empresariales mediáticas. Han transformado a los lectores en consumidores de medios y han convertido a los medios en circo y espectáculos. 

Los nuevos socios
La búsqueda de audiencias mayores en un marco global condenaba a los medios a transformarse en espectáculos cada vez más banales y vacíos. La única forma de evitarlo era apostar por una pedagogía de los medios que enseñara su valor, formara a los lectores en el valor de la información en una sociedad democrática como configuradora de la opinión pública y controladora de los partidos. Se hizo lo contrario. No es la degradación de los medios lo que arrastra a la democracia, ni la degradación de la democracia la que arrastra los medios, como dice el señor Cebrián. Es la degradación de la idea de formar ciudadanos (personas conscientes), que es consustancial a la democracia, para no convertirla en un circo de votantes ignorantes en el que los medios se subastan al mejor postor político o empresarial como forma de conseguir privilegios en distintos ámbitos según a quien le toque el poder.
Si el binomio “política-medios” no ha funcionado bien y se han arrastrado mutuamente es porque no han cumplido ambos las funciones sociales que se esperaban de ellos. Esto es bastante distinto a lo que parece querer decir el señor Cebrián y es responsabilidad de las líneas emprendidas por las empresas y no por la mayoría de los profesionales, que deseaban poder hacer sus informaciones con libertad y honestidad que son los valores que reconocen los lectores. De otra forma, unos se alejan porque no les interesa y otros porque no les convencen. Han proliferado los medios ciudadanos porque no se sentían identificados con los medios profesionales. Esa es la crítica que se hizo a los medios desde el 15-M.


Se ha destruido la idea de “lector” sustituyéndola por la de “consumidor de información”; se han cambiado la idea de “noticia” por la de “contenidos”, que implica una consideración muy distinta de lo que es contable y porqué. Se ha informado para vender y no porque hubiera que informar. Se busca llamar la atención y no atraer el interés ciudadano. Se necesitaba apostar por lectores cultos y por la extensión de la cultura como forma de profundizar en una sociedad democrática consciente. Lo que se hizo —en general— es lo contrario: apostar por una extensión mediática basada en el embrutecimiento chabacano del puro consumo informativo, en el que las redes sociales han sustituido ya a los medios tradicionales.

La publicidad abandona los medios menos rentables y se dirige a buscar la eficacia en donde se producen las concentraciones de atención. El señor Cebrián ha dicho:

Mientras que la publicitad crece en América, en España y Portugal no ha hecho más que caer en los últimos tres años. PRISA mantiene mercado en ambos continentes y, con esa experiencia, Cebrián alerta de la burbuja que se desinfla en Europa y que ahora está en auge en América.

Está bien que alerten de los males. Pero me temo que serían muy discutibles las causas y los causantes de esos males. La deslocalización empresarial no es la deslocalización informativa, que está vinculada a sus públicos. No es lo mismo un fábrica de zapatos que un periódico, por obvio que parezca. Solo plantear las diferencias entre mercados informativos emergentes (por llamarlos así) y los que están en crisis, muestran perfectamente la óptica desde la que se plantea la cuestión. Si la publicidad no fluye es también porque se está dirigiendo a las cestas en las que estas mismas empresas están diversificando sus huevos. han jugado a todas las barajas hasta que ha dejado de ser rentables para ellos algunas.
Hace muchos años que esto comenzó. Se fueron sacrificando los fundamentos del periodismo, su engarce y compromiso con la sociedad, que pasaba a ser vista como un mero mercado. El periodismo es una profesionalización de una función social: la necesidad de estar bien informados mediante la reducción de la creciente complejidad del entorno. El mundo se hace más complejo por su interconexión y necesitamos tener información sobre lo que ocurre y por qué ocurre. El enfoque mercantilista de la información, por el contrario, cree que un medio es un instrumento para concentrar la atención y aprovechar para venderles algo, incluida la propia información.

La ausencia de compromiso informativo característica de los que solo piensan en términos de “resultados” acaba determinando la vida de los medios y de dónde resulta más rentable invertir el capital. Los trabajadores sobran. Es lo que ha logrado la admirada Arianna Huffington.
La importancia que hemos estado concediendo a la campaña en favor de convertir a Arianna Huffington literalmente en “musa de la izquierda liberal”, según el diario El País adquiere ahora claridad ante la perspectiva de un ERE que recorte la plantilla en el periódico.
Como ya señalamos [ver entrada], el éxito de Arianna Huffington no es hacer un medio sin periodistas, sino tener periodistas sin sueldo, pues no en otra cosa se ha basado su “éxito empresarial e informativo”, el fenómeno comunicativo del siglo XXI, según el diario. Las manifestaciones en Estados Unidos contra la reina de la visibilidad como pago han sido de gran alcance. El País celebró como una victoria propia la sentencia en la que el juez “tumbó” (fue la expresión usada en el titular) las pretensiones de recibir alguna remuneración por su trabajo al venderse The HuffingtonPost a AOL por más de trescientos millones de dólares. Ahora se ven las intenciones.

El caso adquiere su importancia a la vista de lo que vaya a ocurrir con El País y su propia competencia, El Huff español quizá debería pasar a llamarse El Puffington. Que el modelo sea no pagar a los profesionales y sustituirlos por blogueros felices porque tienen otras profesiones con las que mantenerse vivos, acaba siendo coherente con los discursos negativos del Consejero Cebrián. Al final, según esta filosofía y planteamiento empresarial tan celebrado, los que participan en el circo mediático se deben considerar contentos con que se les permita saltar a la pista. Quizá el Consejero Delegado no le ha explicado bien a los trabajadores el inmenso honor de escribir en el periódico y el valor meramente simbólico de sus sueldos.
Con esto se confirma que si la profesión está en las noticias, el negocio está en los flujos de información, siendo indiferente cuál sea su motivo u origen. Como titulaba con gran sinceridad The Huffpost: “Not Our Problem”. El escueto titular era la respuesta a Rupert Murdoch, que había acusado a The HuffingtonPost de tener unos pocos periodistas en plantilla y “robar” las informaciones a los otros.
Confirmamos, pues, que sobre lo que el señor Cebrián está teorizando es la muerte del sueldo, como tantos otros empresarios que han basado su éxito económico y su ruina moral en becarios y puestos precarios de trabajo. La deriva de estos últimos años no ha sido hacia el periodismo de calidad sino hacia el de precariedad, reduciendo las posibilidades de informar mejor a una sociedad que creciera en paralelo con la propia información. Eso no le ha importando a nadie. Hay que pensar menos en el poder y más en los ciudadanos
Allí donde crece la información —no solo el negocio— es donde existe el interés por lo que ocurre en el mundo. Hace ya mucho tiempo que la información es la excusa y no el objetivo. No es culpa de los profesionales, sino de aquellos cuyas estrategias han fallado estrepitosamente.

* "Cebrián afirma que la prensa ya no vertebra la opinión pública". El País 22/04/2012 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/04/22/actualidad/1335120279_956448.html




domingo, 8 de abril de 2012

La musa (o tú agrega)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El intento por parte del diario El País de convertir a Arianna Huffington en la nueva Melina Mercuri, la nueva Bernadette Devlin, la Jane Fonda del siglo XXI, solo es explicable como parte del proceso promocional de la aventura que el diario madrileño ha emprendido con el lanzamiento de El Huffington Post anunciado para junio. Con motivo de la publicación de su nuevo libro, el diario nos cuenta:

El último libro de Arianna Huffington desprende aromas a 15-M. O, mejor dicho, a Occupy Wall Street, el movimiento de los indignados neoyorquinos. El viaje ideológico de esta exitosa empresaria de la comunicación, que a mediados de los noventa fue ferviente militante conservadora y ahora es una musa de la izquierda liberal, sigue adelante.*

De seguir así —como nos avisa el diario—, pronto será conocida como la Patty Hearst de las comunicaciones, abandonando sus millones y dándose a la militancia revolucionaria armada. El salto de musa de la izquierda liberal a tomar la bandera del motín y encabezarlo no es tan grande.
Lo de “musa” es relativo ya que las cosas que Arianna Huffington cuenta en la entrevista no son ninguna novedad y se pueden leer en cualquier libro posterior a 2007. Que los políticos han favorecido a los banqueros y que se ha arruinado a las clases medias, que han crecido las diferencias sociales entre los más ricos y los menos, etc., son ya hoy tópicos reconocidos, puntos comunes en cualquier discurso medianamente objetivo sobre la situación de los Estados Unidos.
Lo interesante del caso no es cómo es Arianna Hufftington —ella sabrá—, sino cómo nos la presentan. Lo realmente interesante es saber cómo logra el diario conjugar el "modelo" que supone el Huffpo con las audiencias que el periódico se ha lanzado a captar tras la crisis (y antes) del diario Público. Las lágrimas de cocodrilo que los medios lanzan cuando alguno desaparece, no debe ocultarnos la feroz competencia por hacerse con las audiencias de los demás. Y el mejor exponente empresarial del "todo por la audiencia" es Arianna Hufftington. El excandidata a gobernadora tenía como lema "arregla el sistema" y ella se ha arreglado el suyo, desde luego. De eso no hay duda.

Exmujer de un magnate del petróleo y excandidata a gobernadora de California, hace siete años, en 2005, fundó la web The Huffington Post, el gran fenómeno mediático del nuevo siglo, un éxito de audiencia sin precedentes. Política, famosos, incorporación de legiones de blogueros, mucho debate, conversación abierta en la red y marketing viral fueron las claves de su fórmula maestra. En tan solo seis años, en mayo de 2011, arrebataba el liderato de los diarios en Internet a The New York Times.*

Ya lo comentamos hace unos días [ver entrada], el modelo Huffington es una aventura complicada para los medios europeos. La constante mención a cómo el Huffington Post ha arrebatado el “liderato” a The New York Times ignora que, por encima de las audiencias, el diario neoyorkino sigue estando a años luz informativamente hablando de lo que el Hufftington ofrece y que supone una apuesta distinta. Basta con ver las primeras páginas y los titulares de ambos medios para darse cuenta de por dónde camina cada uno de ellos.


La fórmula que el diario El País califica como “maestra” —“Política, famosos, incorporación de legiones de blogueros, mucho debate, conversación abierta en la red y marketing viral”, en su propia descripción— es un avance hacia fórmulas que acaban con los enfoques informativos tradicionales. Algunos dirán que los enfoque informativos tradicionales ya están muertos y es probable que sea cierto en algún sentido. Pero el modelo Hufftington es el de la consecución de audiencias, no el de la información.

El diario El País utilizó el verbo “tumbar” referida a la acción del tribunal, para titular la información en la que se notificaba el rechazo de las demandas de los blogueros, trabajadores voluntarios sin ánimo de lucro, algo reservado exclusivamente, según dejaba claro la sentencia, a Arianna Hufftington y sus accionistas. Pero los trabajadores sí querían obtener algo del beneficio que Arianna obtiene con el trabajo ajeno. Son múltiples las protestas y las críticas realizadas al modelo —al "fenómeno mediático del siglo", como lo llama El País— y a la musa Hufftington. Ignorarlo no es bueno ni objetivo. Tampoco descalificar a los trabajadores, a los freelances que contribuían a la entrada de dinero en la arcas de la "plataforma agregadora".
Este hecho —el tumbado judicial de las pretensiones de cobrar por tu trabajo— no podía dejarse fuera de la entrevista —aviso para navegantes— y la cierra:

Entra un mensaje en su Blackberry al final de la entrevista. Sus abogados le informan de que acaba de ganar el pleito que le montaron hace un año el ejército de blogueros impagados de su plataforma. En abril de 2011, un grupo de los que contribuyen sin cobrar a The Huffington Post demandaron a Arianna Huffington reclamando una parte del pastel tras la venta de la plataforma a AOL. Solicitaban 72 millones en concepto de compensación. Huffington sigue pensando que para la mayoría de sus blogueros es normal no cobrar porque la plataforma les da visibilidad. “No es distinto de cuando vas a una televisión o a la radio para participar sin cobrar”. Y se mantiene firme en sus postulados sobre la agregación de contenidos. The Huffington Post se nutre de muchas noticias generadas por otras webs, de las que publica un pequeño avance, y enlaza para que la gente pueda leer el contenido original. “Esto es la economía del enlace. La agregación es una parte muy importante del futuro”.*

Y es aquí cuando se nos muestra la faz solidaria de la amiga  del 15-M, del Occupy Wall Street, que es Arianna Hufftington, la musa de la izquierda liberal. Los blogueros no buscaban “compensación”, sino ser pagados por su trabajo. Esta venta de visibilidad, sitúa a Arianna más cerca del 1% que del 99. Y a los otros, los que trabajan para que ella sea más rica y pueda seguir inspirando e inspirándose, los deja en esa clase en vías de extinción por la que ella se lamenta.


La “economía del enlace”, como con gracia la describe la musa informativa, no es más que una fórmula parasitaria que los tribunales no pudieron parar en su momento más que en parte. Presupone que los demás elaboran las informaciones y tú das “un pequeño avance”, ya que es lo que la ley les permite sin tener que pagar por ello. Es la lucha que todos los medios de calidad han mantenido con aquellos que se aprovechaban de su trabajo. De esta forma, estos nuevos medios de la “agregación” se convierten en “portales” —en “índices” resumidos de los demás—, algo que no admitirán. Se saca el máximo rendimiento económico por la concentración de atención (gracias a la publicidad) con el mínimo esfuerzo. ¡Brillante y progresista! Pero que no se dé una vuelta por un campamento de “ocupas”, por si acaso.
La calidad la tiene el que es enlazado, no quien enlaza. La profesionalidad, quien paga a sus trabajadores y no el que se aprovecha del trabajo ajeno.

* "¿Norteamérica tercermundista? El País 8/04/2012 http://internacional.elpais.com/internacional/2012/04/04/actualidad/1333540150_907119.html

Portada de hoy de The Huffington Post

domingo, 1 de abril de 2012

Los cándidos blogueros y The Huffington Post

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Un tribunal norteamericano acaba de desestimar una demanda —por valor de 105 millones de dólares— presentada por un grupo de de blogueros contra The Huffington Post. Los blogueros pretendían recibir algo por la venta del periódico a AOL cuyo importe ha sido de más de trescientos millones de dólares. Ellos reclamaban una parte del pastel alegando que habían contribuido con su trabajo al aumento de valor del periódico y les parecía justo que una parte de ese dinero fuera a sus bolsillos.
El eje de la argumentación jurídica está en el concepto de “enriquecimiento injusto”, que es cuando una parte se enriquece a costa de otra y no existe equidad. No hay duda de que el Huffington Post se ha enriquecido por el trabajo de los blogueros, esto lo reconoce sin duda el tribunal. La cuestión está en que, como se señala, no existe ninguna prueba aportada de compromiso por parte de la empresa de remunerar por su trabajo a los blogueros. La empresa dejó claro que no les iba a pagar por su trabajo, aunque supusiera un beneficio para ella. Ellos sabían las condiciones:

Moreover, equity and good conscience plainly do not support the plaintiffs in this matter. No one forced the plaintiffs to give their work to The Huffington Post for publication and the plaintiffs candidly admit that they did not expect compensation. The principles of equity and good conscience do not justify giving the plaintiffs a piece of the purchase price when they never expected to be paid, repeatedly agreed to the same bargain, and went into the arrangement with eyes wide open. (p. 12-13)*

Cándidos y con los ojos abiertos, sin engaño. La sentencia también deja claro algo: The Huffington Post ni aspira a la equidad ni a tener una buena conciencia. ¿Qué es eso? Solo existen los contratos y allí no pone nada. Esto es una empresa y no la Beneficencia.

El modelo de negocio del Hufftington Post está muy claro. Es lo que podríamos calificar como neoliberalismo informativo bajo la apariencia de socialización de la información. El debate sobre la profesionalidad de los medios se soslaya por inútil y se aplica el viejo principio de si no puedes vencerles, únete a ellos. Solo que aquí se invierte el sentido de la unión: son los profesionales —la empresa— los que reclutan a los aficionados. Hay que decirlo claramente: esto no es solo un modelo informativo, es básicamente un modelo empresarial.
La base del modelo exitoso es que existen personas que escriben fuera de estructuras informativas, una dispersión, que al agruparse puede producir un beneficio por las concentraciones de lectores. El Hufftington crea un espacio “deseable”, con el que concede “visibilidad”, y lo rentabiliza. Eso convierte al Hufftington en una red social especializada en la que se ofrece un espacio a sus miembros y se rentabiliza el tráfico producido.
Toda la reflexión de la sentencia gira sobre los conceptos de “exposición y visibilidad” confrontados con el de “remuneración”. The Huffington Post ofrece visibilidad y la rentabiliza obteniendo un beneficio, su beneficio. Los términos son de gran importancia porque afectan al modelo informativo y al desarrollo y viabilidad futura de los medios.

Los medios son estructuras informativas y empresariales estables integradas por profesionales contratados que reciben una remuneración por su trabajo. Una parte de la información es esporádica y puede ser remunerada o no ya que se puede dar la circunstancia de que el beneficio del que escriba sea dar a conocer sus puntos de vista o ideas. Esa persona busca la visibilidad de la publicación y puede sentirse compensado por ella. En otras ocasiones, son los medios los que solicitan una colaboración esporádica a determinadas personas y pueden ofrecer una remuneración a cambio.
El caso del Huffington Post es distinto ya que no se trata de colaboraciones esporádicas, sino estables, un trabajo continuo. Desde el punto de vista legal, la sentencia dice que la empresa editora nunca prometió remunerar a los participantes en el medio, a los demandantes que reclaman su parte del beneficio producido. Los  blogueros demandantes esperaban beneficiar a 9.000 blogueros participantes. han quedado frustrados en su pretensiones. Cuanto mayor sea el éxito del Hufftington (y más dinero recaude), menores serán las probabilidades de cobrar por el trabajo, ya que aumenta la visibilidad, que es el pago que recibe quien escribe. Interesante.


En la sentencia, respecto a las argumentaciones de los demandantes, el juez también ha señalado que no tienen obligación de decirles el número de visitantes que atraen ni el beneficio que estos producen a la empresa porque tampoco existía ese compromiso explícito; señala que los demandantes podían hacerse una idea gracias a los indicadores de visitas y los “me gusta”, etc., incluidos en la página. La sentencia señala que el Huffington nunca ocultó su ánimo de lucro y, esto es importante, su inexistente deseo de compartir sus beneficios con los demás. La demanda, dice el Tribunal, basada en que no sabían que su trabajo iba a producir tanto beneficio al Hufftington, no es procedente porque eso está implícito en los objetivos de la empresa, ganar todo lo que pueda.
En resumen, el eje es que nadie ha sido engañado porque no se había prometido nada. No es engañar que una empresa se lleve todo el beneficio y nada los que trabajan allí (no los trabajadores, que son solo legalmente los contratados); no es engañar que una empresa busque ganar el máximo. Y todo es cierto, claro. Sin promesa, no hay incumplimiento.
Sin embargo, el caso tendrá transcendencia por varios motivos. El primero de ellos es que deja al descubierto —para bien y para mal— el funcionamiento, el truco empresarial sobre el que se basa: el que organiza se lo lleva todo. La candidez de los primeros ya no será igual con los segundos. El siguiente punto es que el Hufftington está expandiendo su modelo por Canadá y Europa a través de diarios que tienen su prestigio consolidado, Le Monde y L’Espresso. En España es el diario El País el que ya ha anunciado la creación de su propia versión del Hufftington dirigido por Montserrat Domínguez. El diario tiene ahora mismo más de ciento treinta blogs, una mezcla de profesionales del propio medio y otras personas colaboradoras. ¿Busca una etiqueta Huffington o será algo nuevo?
No es la primera vez que la empresa recurre a etiquetas exteriores, como ocurrió con CNN+, política que confieso no haber entendido nunca porque limitaba la expansión informativa hacia Latinoamérica ya que allí tenía la exclusiva la “CNN en español”, controlada por la empresa de Turner. Se compró una etiqueta y se perdió un público.
El artículo promocional con el que hace unos días el diario El País notificaba la futura dirección de Domínguez señalaba:

El Huffington Post, una compañía participada al 50% por PRISA Noticias, editora de El PAÍS, y The Huffington Post, tendrá un equipo de redacción propio que combinará la experiencia de los medios de PRISA, grupo líder de comunicación e información, con la fórmula que une contenido original con una gran red de blogs, agregación de noticias y la participación masiva de los usuarios, por la que es globalmente reconocida la marca Huffington. El Huffington Post abrirá una ventana diferente de informaciones y opiniones sobre la actualidad en política, tecnología, cultura, espectáculo y formas de vida.**

¿Ventana diferente? Veremos los resultados de la aventura informativa, que tendrá trascendencia en sus resultados. En un sistema mediático tan delicado como es el español, cualquier paso en un sentido u otro tiene repercusiones y este lo tendrá, el primero de ellos sobre la propia edición digital de El País. Pero las empresas son así: lo que sueltan con una mano esperan recogerlo con la otra. Esperemos que nadie tenga que saltar por la ventana diferente o quedar manco.


El modelo Hufftington, queda transparente tras la sentencia; se basa en la reducción de costes con plantillas mínimas, las aportaciones gratuitas de los blogueros o “colaboradores” y el factor “red social”, es decir, el aprovechamiento de los contactos existentes por parte de los participantes y la difusión viral. Es un cambio importante en el modelo informativo, desde luego.
El modelo Hufftington fue criticado por los profesionales que veían una forma de negocio extraña que producía una desprofesionalización y la aparición de figuras distanciadas de la información y próximos al marketing dirigiendo y controlando el medio. Como empresa funciona, es decir, gana dinero. Y no lo comparte. El intercambio de visibilidad por trabajo es una fórmula que veremos lo que da de sí. 

* Sentencia: UNITED STATES DISTRICT COURTSOUTHERN DISTRICT OF NEW YORK. 
 JONATHAN TASINI, MOLLY SECOURS, TARA DUBLIN, RICHARD LAERMER and BILLY ALTMAN, individually and on behalfof all others similarly situated,Plaintiffs,- against - AOL, INC., THE HUFFINGTON POST.COM,INC., ARIANNA HUFFINGTON AND KENNETH LERER.  http://es.scribd.com/doc/87385300/Tasini-HuffPost-Nysd-Uscourts-Gov-Cgi-Bin-Show-Doc-Pl-Caseid-377767-de-Seq-Num-124-Dm-Id-9841006-Doc-Num-33

** "Montserrat Domínguez dirigirá 'El Huffington Post'" El País 14/03/2012 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/03/14/actualidad/1331745668_965308.html