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sábado, 23 de junio de 2012

La defensa Breivik

Joaquín Mª Aguirre(UCM)
El criminal de Oslo y la isla de Utoya, Anders Breivik, reivindica su cordura. Esa es su línea de defensa y la de su abogado. Como se pudo adivinar desde el principio, Breivik no está dispuesto a que su “heroicidad” quede registrada por la historia como los actos de un criminal loco, de un enfermo. Y eso impulsa a los demás a considerar más plausible su locura. Por eso hay que escuchar a su abogado, del que nadie duda que esté cuerdo y dice lo mismo, que Anders Breivik no está loco, que actuó por “necesidad”. La CCN mexicana nos lo cuenta así:

Lippestad argumentó que Breivik eligió a sus objetivos por motivos políticos y que no atacó a gente no política, como al capitán del barco que tomó para llegar a Utoya y los niños más pequeños de la isla.
El abogado dijo al tribunal que compartía la opinión del fiscal de que los ataques, a los que llamó "un cruel acto de terrorismo", eran demasiado horribles para ser verdad.
Pero dijo que la cuestión clave para su cliente era saber si actuó bajo el principio legal de la "necesidad".*

La “necesidad” es trasladar la maldad de las ideas atrincheradas en la mente de Breivik a la sociedad noruega en su conjunto. El abogado del criminal quiere presentarlo como un cirujano al que le toca realizar una desagradable amputación para evitar la gangrena. Imaginamos que el letrado cuenta con el beneplácito de Breivik o que, posteriormente, ha sido seducido por sus discursos sobre el estado de la sociedad. 


Cuanto más desproporcionada y delirante sea la defensa de Breivik, más tentados estarán los jueces a considerarlo como una locura; cuanto más niegue la locura Breivik, más tentados estarán a considerarlo enfermo. Breivik defiende su cordura, que es la de sus crímenes. “De los que me han examinado, en total 37 personas altamente cualificadas, de esas 37 personas, 35 no han encontrado ningún síntoma”**, ha señalado Breivik satisfecho al tribunal, según recoge La Vanguardia.
El argumento de la “necesidad” es el que le permite salvar todas sus piezas personales y políticas, el que le salva de sí mismo, ya que le muestra como un salvador y no como un destructor de su país. Para él, sus actos no son más que el sacrificio heroico que realiza alguien que ama profundamente a su patria. Los equivocados, los que deberían estar sentados en un banquillo, son todos aquellos que han querido convertir Noruega en un estado “multicultural”, un país repleto de musulmanes.

El criminal  y meticuloso recorrido de Breivik por la isla de Utoya

Breivik relató hace meses —y aquí lo comentamos— cómo se había sometido a un intensivo tratamiento de deshumanización, de anulación sentimental para poder realizar la tarea de exterminio sistemático de personas a las que disparaba a pocos centímetros, mirándolas a la cara, impasible, guiado por la luz interior de su sacrificio por la patria. Fue una labor meticulosa. Se lavó el cerebro a sí mismo hasta convertirse en una máquina.
No debemos confundir deshumanización con locura, ya que sus acciones fueron elegidas previa y fríamente. Fue con posterioridad y por decisión propia cuando Breivik fue perdiendo lo que hubiera repugnado a una persona en condiciones normales. Pero el hecho determinante es que si Breivik era una máquina de matar, se había programado a sí mismo.
En su momento comentamos que se llegaría al punto de tendríamos que elegir entre la locura y la maldad, entre considerar que todo ha sido fruto de la mente de un enfermo o que lo ha sido de “ideas” equivocadas que niegan a otros la existencia. La insistencia en presentar a Breivik como un activista político confirma que él quiere pasar a la historia como un ser lúcido y condenado por ello; quiere convertirse en un “preso político”. Nuestra experiencia nos dice que se busca siempre la salida que esquive las condenas, que los acusados prefieren declararse locos antes que ser condenados. Pero eso no vale para Breivik que ha antepuesto, dentro de su visión heroica de sí mismo, las ideas a su propia persona.

Breivik, en términos ajedrecísticos, no es el “rey”, que sería la “ideología”; él es un peón que puede sacrificarse. Esa decisión ya la tomó cuando preparó sus crímenes. No había plan de huida. Breivik sigue jugando con blancas, imponiendo a los demás sus escenarios a los que deben ajustarse. Acto primero, los crímenes; acto segundo, el juicio. Habrá que esperar a ver cuál es su siguiente movimiento, porque lo tendrá.
La sociedad, mientras tanto, da ejemplo de cordura y se distancia de Breivik y de su ideología racista y xenófoba. Breivik no pretendía acabar con sus enemigos; solo dar un toque de atención, con setenta y siete muertos. Y eso lo ha hecho. El posible veredicto de locura para Breivik no debería ocultar que su ideología no surge de los genes o de una infancia difícil. Breivik llega a ella porque la tiene delante, en mitad de su camino, disponible para sumergirse en ella. No es una fantasía de un loco, por más que él lo esté. Es un cáncer social que puede extenderse. Ese era su objetivo principal.
Tanto enfermo como cuerdo, Breivik es irrecuperable. Es dañino en todos los sentidos. Y ahora, desde la soledad de su celda penitenciaria o desde el aislamiento de su habitación en un psiquiátrico, contará los días que faltan para que su proyecto de una Noruega limpia de todos aquellos que la contaminan prospere. Ya sea por locura o por maldad, es un hombre satisfecho. Ahora, el mayor peligro de Anders Breivik es su sonrisa y lo que se esconde tras ella.

* "El abogado de Breivik pide su absolución y que lo declaren cuerdo" CCC México 22/06/2012 http://mexico.cnn.com/mundo/2012/06/22/el-jucio-de-breivik-por-la-muerte-de-77-personas-en-noruega-termina
** "Breivik dice que está cuerdo y su veredicto se conocerá el 24 de agosto" La Vanguardia 22/06/2012 http://www.lavanguardia.com/internacional/20120622/54315304834/breivik-cuerdo-veredicto-conocera-24-agosto.html



domingo, 31 de julio de 2011

Un mar de flores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La respuesta de los noruegos a los horrendos crímenes de su ciudadano más deleznable ha sido cubrir Noruega con un mar de flores. El país ha reaccionado en la dirección contraria que esperaba el asesino, que reclama en estos momentos la dimisión del primero ministro para declarar todos sus planes ante sus interrogadores.
La respuesta de Noruega es la de un país sensato en los que, como en todo país sensato, puede vivir un loco. Lo malo de la proporción entre locos y cuerdos es que es terriblemente desigual en sus efectos. Pero el ánimo de muchos siempre vence a las exaltaciones de unos pocos. A las palabras sigue el valor de los gestos de paz y manifestación decidida de no dejarse arrastrar por la locura asesina. Si buscaba adhesiones a su gesta criminal, solo ha conseguido rechazo.
Las sociedades tienden a olvidar con demasiada frecuencia la fragilidad de las libertades que disfrutan. Nos acostumbramos tanto a usarlas que forman parte de nuestra vida, frente a aquellos que tienen que realizar verdaderos esfuerzos para poder disfrutar de una mínima parte. Los criminales nos recuerdan que nosotros no lo somos. Los asesinos nos recuerdan con sus actos cuánto aborrecemos la violencia.

Sin embargo, cuando ocurren situaciones tan terribles como las vividas estos días por los noruegos y, con ellos, todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo, debemos recordar esta precariedad, este olvidado privilegio de ser libre en una sociedad democrática en la que puedes manifestar tu opinión junto a personas que son muy distintas a ti sin necesidad de odiarlas y desear su exterminio.
 El problema de la violencia  se combate con unas medidas; las causas que llevan a la violencia con otras. El racismo, la xenofobia y la intolerancia religiosa, son fantasmas que toman cuerpo en cuanto se comienza a prestarles el cuerpo terrenal de nuestra desidia. Cuando se mira hacia otro lado, los problemas crecen. La respuesta siempre es más y mejor educación para evitar que surjan estos criminales y, si surgen, que exista la firmeza para rechazarlos. Es importante la eficacia, la excelencia, la formación, etc., pero damos demasiado por supuesto que los sentimientos de ciudadanía, los de respeto y convivencia, surgen de forma espontánea solo por escribirlos en las constituciones y comentarlos, en el mejor de los caos, una vez al año.
La “ciudadanía” no es un ejercicio escolar. Eso es solo una parte. Es sobre todo demostración y ejemplo, la vida que queremos y se concreta en pequeños detalles. Los noruegos han recordado brutalmente sus valores y se han reafirmado en su voluntad de continuarlos activamente. No se retiran, pasado más de una semana, de unas calles en las que unos y otros se abrazan y hacen gestos públicos de solidaridad. No son momentos para quedarse solo en la oscuridad de una habitación, sino de buscar lo que nos convierte en comunidad y no solo en un país-empresa. El error del nacionalismo, como invento emocional romántico, es pensar que se trata de una cuestión de sangre, una fusión de genes y tierra. Querer a un país es una metáfora; es querer lo mejor para sus gentes, para todos los que lo han hecho suyo con su presencia y esfuerzo, como lugar de trabajo o como refugio, y contribuyen a su bienestar general. Un país sin gente no existe, es solo un solar vacío. Por eso la aventura criminal de demostrar su amor patrio a través de la muerte de sus compatriotas es la evidencia de la doble locura del asesino, por matar y por matar en el nombre de su país a sus propios ciudadanos.
El mar de flores de los noruegos los noruegos expresa su dolor por los muertos y su firmeza, personal, social e institucional, para continuar con su proyecto de vida en común.

jueves, 28 de julio de 2011

Uniformes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las fotos uniformado del asesino de Oslo nos dan parcialmente cuenta del funcionamiento de su mente. En todas las fotos que se nos han mostrado, aparece siempre envarado, en poses y posturas artificiales. Es un ser antinatural, que se refugia en la artificialidad del uniforme para ocultar su interior, que resulta distante y opaco.
El gran escritor Hermann Broch escribió en su obra Pasenow o el romanticismo, parte de su trilogía Los sonámbulos:
El hombre que lleva el uniforme está imbuido hasta las cejas del convencimiento de que está consumando la forma de vida propia de su tiempo y también con ello la seguridad de su propia vida.
[…] un auténtico uniforme proporciona al que lo lleva una delimitación muy clara entre su persona y el mundo circundante; es como una rígida funda, en la que el mundo y persona chocan viva y claramente entre sí y se distinguen uno de otra; la verdadera misión del uniforme es mostrar y establecer un orden en el mundo y rescatar lo que tiene la vida de fugitivo y efímero, al igual que esconde lo que tiene de blando y fugitivo el cuerpo del hombre, cubre su ropa interior, su piel y el centinela de guardia tiene que ponerse guantes blancos.(22-23)*

De militar, de masón, hasta con su abrigo de ejecutivo, el asesino se enfunda en un uniforme. Percibimos la artificialidad de todas las fotos, su falta absoluta de naturalidad. No está vivo, es un autómata que se ha vestido con las ideologías reaccionarias que le han resultado más próximas a sus odios. Como autómata, odia lo vivo. El objeto de su odio son las personas que encarnan exactamente lo opuesto a él. Ha asesinado lo que no ha podido, sabido o querido ser. Sus víctimas, nos confirman hoy, están entre los catorce y los diecisiete años.

El uniforme, como muy bien expresó Broch, es un dique frente a lo exterior, es lo que evita que la mente se les desparrame y la transforma en una fuerza dirigida hacia un fin, la destrucción al servicio de una causa a la que se agarran, sobre la que pasa a girar toda su vida. La obsesión les da coherencia, unidad, uniformidad a sus acciones.
Cuanto más rígidas son las ideas, cuanto mayor es el fanatismo que llevan, con más seguridad se expresan, más cómodos se sienten en ellas estas personalidades necesitadas del orden. La seguridad es algo que les viene de afuera a dentro, los uniformes les calman y les dan sentido. Son las manos que modelan la blanda arcilla de sus personalidades absolutamente dispersas.
El peligro de enfrentarse a las patologías es olvidar las patologías sociales, las ideas enfermas que son las que les dirigen a matar un objetivo u otro. Puede que la idea del crimen se corresponda con facetas trastornadas de la personalidad, pero eso no debe ocultar que la fuerza de esas corrientes se dirige por los cauces preexistentes en los que el flujo va cogiendo fuerza.
Es demasiado peligroso, a la vista de lo ocurrido, dejar sin atención todos estos fenómenos xenófobos que se diluyen en la normalidad de nuestras ciudades, ante la indiferencia social. En varias ocasiones hemos señalado el crecimiento de este tipo de sentimientos en la deriva discursiva que la crisis económica va creando. Es peligroso el movimiento de deriva de los partidos moderados para que no les coman el terreno los nacionalistas o los ultranacionalistas.  Los extremos políticos atraen a los extremos patológicos; las ideas enloquecidas atraen a los locos. Algunos llegan, como hemos visto, a construir en su mente enferma un sistema que pronto adquiere la consistencia patológica que perciben en su entorno. El perturbado comienza a ver que su mundo interior caótico se ordena con los mensajes que le llegan de fuera, que el odio que llevan dentro se dirige hacia un blanco exterior y comienza a dar por buenas las peticiones que llegan de fuera. Lo que antes era locura, ahora es causa. Lo que eran sus odios personales, ahora le convierten en un cruzado. Ha encontrado en la sociedad el mecanismo justificador de sus deseos.

Señalamos en un texto anterior la extrañeza que nos causaba que, odiando al Islam, dirigiera sus armas contra sus compatriotas. Es a ellos a los que odia; son lo que él no ha podido o sabido ser. Es la alegría de esas personas lo que no soporta, su tolerancia y deseo de convivencia. El Islam es solo la excusa que le sirve para articular su discurso de odio. Tenía el odio y encontró la causa en la que volcarlo.
Nos podía haber tocado a nosotros, blanco también de sus odios. Y en cierta forma, también nos ha tocado. Porque bajo sus armas han estado todos los que tienen deseos de construir sus relaciones sociales y culturales lejos de cualquier fobia, los que desean una sociedad construida sobre la convivencia posible de las personas de buena voluntad. Muchas personas habrán comprendido que es tan injusto considerar a este asesino como "cristiano" como clasificar a otros asesinos como "musulmanes" por el simple hecho de que ellos cometan crímenes en su nombre. Cualquier cristiano coherente, como cualquier musulmán coherente, rechazará los crímenes que se cometen en el nombre de su fe. No se gana el paraíso provocando infiernos.
Cuando cualquier religión, ideología política o cualquier otro sistema de ideas se convierte en “uniforme”, pasa a ser un peligro. El uniforme reviste de santidad o de heroicidad a lo que nos es más que una acción criminal. Por eso es esencial mantener la firmeza de los discursos abiertos, evitar la tibieza o la ambigüedad porque las circunstancias lo aconsejen o se puedan perder votos. El aumento de la deriva nacionalista europea por la crisis económica es el caldo de cultivo de futuros peligros. Los pagaremos todos si no se frenan dejando firmes y claros los principios.
El asesino vestirá, durante muchos años, un nuevo uniforme, el de presidiario. Lo peor de todo es que sentirá un placer extraño cada día al ponérselo. Para él será el hábito de su santidad.

* Hermann Broch (1974): Pasenow o el romanticismo. Lumen, Barcelona.

El alcalde de Oslo recordando a la víctimas


lunes, 25 de julio de 2011

La locura de la intransigencia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El rápido análisis que se está haciendo del escrito manifiesto de 1.500 páginas que el asesino de Noruega permite confirmar los elementos que habíamos señalado desde los primeros momentos. Su cita detallada de los blogueros norteamericanos anti-islam*, que comenta The New York Times, y su mención de ciertos detalles de la política española y de sus personajes, tal como recoge nuestra prensa, nos adentran en la idea de un personaje hiperinformado, una esponja de las toneladas de informaciones a las que la red permite acceder. Solitario en un sentido, en otro es un eco perverso de miles de fuentes.
La hipótesis del grupo se ha ido disolviendo y a los detenidos del fin de semana los han soltado sin cargos. El asesino mantiene la soledad de su acto, la heroica grandeza del cazador solitario. La pretensión de presentarse a declarar con uniforme no es más que un dato más de su personalidad. Las fotografías en las que aparece como “universal soldier” forman parte de las proyecciones que su psique necesitaba para encarnar el ideal que representaba ante sí. El no haberse suicidado tras la matanza se funda en la necesidad que tiene de transmitir su mensaje al mundo. Este tipo de asesino trata de convencer a los demás de la necesidad de sus acciones, de mostrar cómo son capaces de percibir, desde su finura clarividente, los males que los demás no perciben en su ignorancia. Es un asesino didáctico, un avisador de los desastres, un profeta criminal.


Los detalles sobre España** que nos cuentan son dignos de reflexión y deberían hacernos pensar en el tipo de caldo de cultivo que estamos creando. El asesino ha acusado directamente al presidente Zapatero de estar colocado en el gobierno por el terrorismo de Al Qaeda, en referencia a las acciones terroristas del 11-M en Madrid. También interpreta el nombramiento de la ministra Carme Chacón, entonces embarazada, como un signo de debilidad, casi un insulto, para con el Ejército español, al que se estaría desarmando ante la invasión islámica. La llegada de la inmigración no sería más que la confirmación de la penetración de un ejército invisible. Rodríguez Zapatero sería una especie de traidor, un nuevo “conde Don Julián”, favorecedor con su traición al cristianismo de la imposición del Islam en España y posteriormente en Europa.
Ejemplo de blog de tarado salvapatrias. No es Noruega
Lo grave de todo esto es que no son las fabulaciones de un noruego psicópata, sino la recolección de muchas barbaridades y desmesuras que nosotros mismos producimos al hilo de nuestras bregas políticas y despropósitos verbales. Todas estas estupideces pueden ser rastreadas por nuestras webs con solo ponerlas en google. Las encontraremos en webs y blogs de tarados neonazis, jóvenes salvadores de la patria en peligro, bautizadores a la fuerza, redentores de almas descarriadas por los equivocados caminos que nos desviaron de Covadonga o Trento. Pero, desgraciadamente las encontraremos también en las burlas, en las ironías y chistes, a los que hemos reducido el debate político en nuestro país. Lejos de preocuparnos por la solución de problemas reales, por debatir sobre economía cuando tenemos un problema económico, seguimos ahondando en descalificaciones. Es el resultado de tener políticos sin trasfondo, incapaces de debatir sobre problemas más allá de este tipo de refriegas verbales descalificadoras.
Esa visión distorsionada de la historia y de la realidad, esas barbaridades e ignorancias mezcladas y difundidas sin que nadie las repruebe, esos comentarios, racistas, xenófobos, machistas, retrógrados, etc., que salpican foros, que se acumulan en el tiempo y actúan como refuerzo de locos solitarios que un día ven con claridad lo mal que está el mundo y deciden cambiarlo llevándose por delante a decenas de personas.
Todos los que han sembrado el odio —en serio o como gracia—, ven ahora ante sí el fruto de sus palabras sin medida. Las palabras son bombas de relojería cuando caen en las mentes de los locos o los clarividentes. Su locura no debe ser la nuestra. Construir muros con los que arrinconar y estigmatizar a los que no piensan como nosotros acaba produciendo estos dictadores de la acción, estos escultores de la historia a golpe de masacre.
La reedición de la "leyenda del traidor D. Julián"
Los “yo no quise decir”, los “no pensaba”, los “cómo me podía imaginar” no son más que los lamentos de los que no entienden que la violencia verbal acaba engendrando violencia, que acaba estallando en manos de locos. Hace falta otra forma de hacer política, pero también hace falta otra forma de hablar de política, de pensar en ella y de hacer pensar. La gestión de las emociones en vez de las ideas tiene estas consecuencias.
Las preguntas necesarias son quién le enseñó esa forma de “ser cristiano” a ese asesino; quién le enseñó “historia” a ese ignorante; quién le enseñó “política” a ese fanático. Somos el resultado de lo que nos rodea activa o reactivamente. Nuestro carácter se forma en nuestras luchas y en nuestras adhesiones día tras día. Mientras se enseñe intransigencia, habrá asesinos como estos. Hay que vigilar los coros que acompañan a los solistas.

* “Killing in Norway Spotlight Anti-Muslim Thought in U.S.” The New York Times 24/07/2011 http://www.nytimes.com/2011/07/25/us/25debate.html?hp
** “El autor de la matanza de Noruega comparece esta mañana ante el juez” El País 25/07/2011 http://www.elpais.com/articulo/internacional/autor/matanza/Noruega/comparece/manana/juez/elpepuint/20110725elpepuint_2/Tes

No matarás

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El que mata en el nombre de Dios lo expulsa de su corazón.
El que mata en el nombre de Cristo lo clava en su cruz.
El que mata en nombre de la Libertad vive encerrado en una celda.
El que mata en nombre de la Democracia acaba con el diálogo.
El que mata en nombre del Amor se condena a la soledad.
El que mata en nombre de la Justicia no es más que un verdugo.
El que mata en nombre de la Historia se queda sin futuro.

Solo el que ama, respeta, dialoga y perdona es digno de servir a una causa noble.

domingo, 24 de julio de 2011

Perros blancos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme van saliendo datos del criminal de Oslo, el perfil se va dibujando. Lecturas mal digeridas y parciales, exigencias de mayor radicalidad a los que le rodean, cierto éxito social, el contemplar un mundo plano dividido entre amenazas y traidores… Todo ello constituye un retrato psicológico y, sobre todo, social del momento. Una vez más, no es un paria.
Este tipo de asesinos mimetizan en su interior los ecos sociales porque tienen un componente mesiánico esencial. Ellos rectifican el mundo. Parece ser que ha declarado que lo que hizo “era necesario”. No es un apocalipsis del final, que lleva a la inmolación personal en la destrucción, sino un apocalipsis del principio, el que ha de marcar un cambio de rumbo en la sociedad. La cita de John Stuart Mill que ha dejado en su twitter es como su testamento sobre la fatalidad que le ha llevado a asumir su responsabilidad histórica despejando el camino a los débiles. Él ha cumplido ya su misión; que los demás cumplan ahora la suya.
El hecho de que no haya volado una mezquita o una sinagoga casa con la idea de su mesianismo. Lo suyo no es la “guerra santa”. No ha atacado al Islam que odia, lo ha hecho contra los “traidores” que les amparan y acogen, los responsables de la degeneración cultural y social que contempla en su mente. En realidad, el Islam le preocupa menos que el deterioro que provoca, a su juicio, en su entorno. Como ultranacionalista, su problema no son los otros, sino los otros que vienen y, especialmente, los que dejan que esos otros lleguen. Es contra estos últimos contra quienes ha arremetido, contra sus "compatriotas traidores". En su pensamiento distorsionado, adquiere su propia lógica: si hubiera atacado una mezquita un viernes, habría provocado reacciones de apoyo y mayor permisividad. Y no es eso lo que quería provocar.

La base de todo esto no es más que la intransigencia y la cultura del odio elevadas a su máxima expresión. El crecimiento del sentimiento xenófobo y nacionalista, fundamentalista, debe hacer extremar el cuidado sobre los discursos que se desarrollan socialmente en distintos ámbitos, especialmente en los medios de comunicación y, muy importante, en la escuela. Los dos ámbitos son espacios de recepción, junto con la familia y los grupos, de los discursos mediante los que se alientan este tipo de acciones. Pensamos que son necesarios discursos directos para incitar a la violencia, pero no es así más que en una minoría de casos. La violencia se construye gota a gota, con pequeñas palabras, con chistes, con miradas ocasionales, con actos mínimos que se van acumulando hasta alcanzar la maduración tras la que ya no es posible la marcha atrás.
El director de cine Samuel Fuller dirigió una película extraordinaria, Perro blanco (1982), en la que nos mostraba a una joven que acoge y cuida un perro perdido. Pasado el tiempo, nota que el perro se muestra agresivo y ataca violentamente a los vecinos afroamericanos que pasan junto a su casa. El perro amable y tranquilo se transforma en una bestia asesina. Investigando, descubre que es un perro entrenado para “cazar negros” por los racistas. La película nos muestra la lucha para tratar de neutralizar el condicionamiento que se ha provocado al animal mediante el entrenamiento conductista del odio. Finalmente, el perro tendrá que ser sacrificado. La metáfora de Fuller sobre el racismo es clara: es el resultado de la programación social. El odio se enseña y se aprende.
La sociedad está permanentemente enviando mensajes de odio. El hecho de que nosotros los ignoremos o los ridiculicemos, no significa que no prendan en otros, aunque sea en estos psicópatas. No se necesita una mayoría para causar una masacre; basta con uno solo. Por eso es esencial la claridad de los discursos, la nitidez de los principios, la rotundidad de las condenas para que se produzca el mínimo de ocasiones en que la monstruosidad y el horror se manifiesten.