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viernes, 10 de julio de 2026

Tiempos de espectáculo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ya saben, si no te ven no existes ni tú ni tu idea, la que sea. Son tiempos de espectáculo, de tratar de controlar lo que haces y cómo lo muestras. Hacer pasa a segundo término; mostrarse es más importante.

Tenemos dos noticias que ponen en el centro del debate estas formas de hacerse ver y de su eficacia.

La primera de ellas nos habla de la exigencia de devolución de dinero por programas contra violencia de género que se han invertido por pate de los receptores de forma un tanto extraña para unos y de forma adecuada para otros. Por ejemplo, en pintar bancos y papeleras de color morado en un parque de una localidad, celebraciones que poco aportan contra la violencia que es de lo que se trata.

Los ayuntamientos se defienden diciendo que pintar bancos y papeleras sí es eficaz y que el gasto está bien hecho. Podemos discutir sobre si este tipo de medidas son eficaces, pero siempre habrá otras necesidades que sí podrían ser cubiertas con aplicación directa sobre las ya víctimas o las que lo serán de inmediato.

No creo que el banco y la papelera frenen demasiado el problema, pero es visible, espectáculo, además de un gasto que tiene sus aprovechados, sin duda. Quien tomó la decisión de comprar pintura o cualquiera de las demás decisiones de lo que podemos llamar "espectáculo" no lo hizo inocentemente. El espectáculo es, por definición, "visible" y siempre podrán alegar que ha sido "útil" frente a medidas más "discretas" y seguro eficaces para tratar de paliar el problema.

Ya proliferean las empresas que venden su mobiliario como "contra las desigualdades" aprovechando el filón de las compras con las subvenciones. Ahorran a los ayuntamientos dedicar tiempo a otras soluciones sobre cómo gastar. Esto es sencillo, nada complejo y se ha cubierto el expediente.

Aquí, el ministerio —como ya hemos señalado— exige la devolución de la parte de las ayudas que considera mal empleadas, pese a algunas "explicaciones". En "Qué" nos explican el alcance del caso: 

En concreto, entre los gastos inadecuados se han encontrado patrones como talleres de manualidades, sesiones de zumba o actividades festivas. Fuentes ministeriales subrayan que no se trata de casos aislados, sino de prácticas repetidas en cientos de entidades locales. El ministerio no ha hecho pública todavía la relación completa de los ayuntamientos afectados.

La ministra Ana Redondo ha sido clara: se reclamará hasta el último euro que no esté debidamente justificado. Su departamento ha reforzado los equipos de auditoría, lo que ha permitido sacar a la luz irregularidades que, en años pasados, podrían haber pasado inadvertidas. El resultado es una cifra récord de reintegro que supera con creces los importes recuperados anteriormente.* 

Vamos a ver qué se consigue en este proceso, primero de redefinición de objetivo, es decir, señalar qué es útil y qué no contra la violencia de género, y después para la devolución del dinero. Lo primero será un apasionante debate semántico político, lo segundo un duro proceso para rascarse el bolsillo.

Nos parece adecuado que esto se produzca dada la gravedad del problema y la costumbre de gastar de cualquier manera en beneficio de amigos ingeniosos.

Pero nos llama la atención en la prensa otro debate sobre inversiones. Si antes era el Ministerio de Igualdad el que cuestionaba la eficacia de la inversión para limitar la violencia de género y apoyar a sus víctimas, ahora se trata de cuestionar al propio Estado por sus inversiones. Nos referimos a otra forma de entender el espectáculo. En VerificaRTVE enfocan el tema sobre el gasto realizado en una campaña de celebración de los 50 años de democracia:

Nos habéis preguntado a través de nuestros servicios de WhatsApp y correo electrónico si es cierto que el Gobierno ha gastado 20 millones de euros en lanzar una línea de ropa llamada 'Dmocracia' "para luchar contra el auge de la extrema derecha". Es falso. El coste de la campaña ronda los 380.000 euros, tal y como confirman a VerificaRTVE desde el Comisionado para la 'Celebración de los 50 años de España en libertad', de la que forma parte la iniciativa, y desde la empresa de publicidad contratada para su desarrollo, BBDO.

"No puedo más con este país tronco, NO podemos llegar a fin de mes y el gobierno se gasta 20 millones de € para crear una marca de ropa para luchar contra el auge de la extrema derecha", dice un mensaje compartido en X más de 2.000 veces desde el 7 de julio por el que nos habéis consultado. La publicación adjunta el vídeo de lanzamiento de la línea de ropa. Otros perfiles en redes sociales difunden la misma grabación o fotografías de la campaña, pero cambian el coste de la línea de ropa, que cifran en 14,2 millones o 15 millones de euros.

El vídeo compartido forma parte de 'DMOCRACIA: una campaña de comunicación bajo el lenguaje de la moda', cuyo eslogan principal es: "Cuando te vistes, te posicionas". Se trata del lanzamiento de una línea de ropa que no está a la venta y que es una de las estrategias comunicativas para dar a conocer la iniciativa 'España en libertad. 50 años', lanzada por el Gobierno. En el perfil de Instagram puedes ver los vídeos e imágenes de la campaña de ropa, incluido el que comparte el mensaje y que protagoniza la creadora de contenido Marina Rivers.**


Igual que algunos cuestionan desde el Ministerio la eficacia del "zumba" o la pintura morada en los bancos y papeleras, es ahora el momento en que se preguntan sobre el coste de la campaña. Insistimos en esto último porque lo que se cuestiona realmente es el coste y menos la eficacia. La normalización del espectáculo hace que se vea como "normal" ("eficaz" es otra cosa) y que se busque llamar la atención de los medios, que pasa a ser siempre el objetivo final.

La defensa no es la "eficacia", sino lo falso del gasto que se les ha atribuido, lejos de esos 20 millones. En el fondo hay también dos luchas: la política en la que unos atacan a otros, en este caso, por el gasto atribuido y la lucha por conseguir audiencia a través de un elemento distinto, la moda o el uso sorprendente de ella al "desfilar" en espacios políticos, como el Congreso de los Diputados o el Senado.

¿Se combate así el auge de la extrema derecha? La pregunta es paralela a la de los casos de las campañas contra la violencia de género.

Lo que parece cierto es que todos, de una forma u otra, confían en el espectáculo confundiendo eficacia y visibilidad. Para lo primero se necesita inteligencia y buena programación, buen análisis de los problemas; para lo segundo, con el exotismo, la extravagancia puede valer.

Aceptamos que estamos en la Sociedad del Espectáculo y que las formas parten del encapsulado mediático, de la sorpresa, para luchar por la atención. Pero el gasto es limitado mientras que los problemas crecen. Son problemas reales, algo que no se resuelve solo con ingenio. El problema es que estamos aceptando esto como una forma de solución de... nada.

Esta es la imagen que nos llega hoy desde Reino Unido. Es del rival del extremista Nigel Farage. Sobran las palabras.


* Lorena Martín  "Igualdad reclama 12 millones a ayuntamientos por mal uso de fondos contra la violencia machista" Qué 7/07/2026  https://www.que.es/2026/07/07/mal-uso-fondos-violencia-machista/

** Mª José Artuch y Carmen Hernaiz "Es falso que el Gobierno haya gastado 20 millones de euros en crear la marca de ropa 'Dmocracia'" RTVE.es VerificaRTVE 9/07/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260709/falso-gobierno-gastado-20-millones-marca-ropa-dmocracia/17150109.shtml

jueves, 2 de julio de 2026

Espectáculo o la guerra del contar

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Acertaron los que hablaron, como hizo Guy Debord, de sociedad del espectáculo. Lo que significa que se hace, se habla, existimos cuando nos mostramos. El "Ser", lo metafísico desaparece en favor de lo "representando". Si "ser" es un acto propio, en el espectáculo todo depende de ser contemplado, percibido, incluso ser aplaudidos o silbados es lo que determina nuestra existencia, algo que toma sentido de fuera (el aplauso, la mirada) hacia dentro. ¿"Pienso, luego existo"? ¡Qué anticuado! ¿A quién le importa eso? No hace falta pensar; siempre hay alguien detrás, el Gran Guionista, que nos escribe todo: qué decir, sentir, mostrar, cómo reaccionar. Ser espectáculo o, sencillamente, no ser; partículas errantes sin capacidad de ordenarnos ante la mirada del otro, mediada por el ojo de una cámara, por un micrófono.

Hoy todo necesita ser organizado y presentado como espectáculo. Lo vemos cada día en cómo se organiza y presenta todo. Lo hemos visto en una visita papal repleta de actos musicales, lo vemos en guerras y terremotos. Cada día.

Más allá del sentido o del sinsentido, está la representación, la forma en que manifiesta a terceros, el momento en que pasa a ser espectáculo. Los sistemas periodísticos de verificación examinan con lupa (con instrumentos tecnológicos, con programas, con anti algoritmos) comprueban las imágenes tratadas con IA, imágenes manipuladas por unos y otros para conseguir que el espectáculo actúe a su favor y los "likes" se buscan con determinación. Nos dicen que hay imágenes creadas por IA para contarnos el terrible terremoto de Venezuela, las guerras de Oriente Medio.

No se trata solo de mostrar lo que pasa; se trata de actuar sobre lo que pasa. ¿El motivo? La Gran Guerra tras las otras guerras. Es la guerra del contar, la que necesita de la textualización conveniente para conseguir un objetivo, la audiencia, una guerra que afecta a los medios y a los intereses detrás.


Esta sociedad del espectáculo se basa en la doble acción de la promoción y la autopromoción. La primera nos lleva a fijar los temas, los protagonistas. Se selecciona aquello que nos va a hacer quedarnos prendidos/prendados de lo que se nos ofrece, ya sea un Papa, un presidente, una víctima, un asesino, un enfermo. Todo ello forma parte de la vida exterior, pero no nos sirve así, en bruto, en el duro mundo de la competencia por mostrar. Todos nos lo ofrecen, pero alguien se llevará el gato al agua. La autopromoción es la promesa de emociones cuando nos selecciones, al que nos elija como fuente de emociones y sorpresas.

Es un mundo aburrido y lleno de posibilidades de saturación informativa. Es lo que más consumimos, información. Por eso la competencia es brutal y deformadora. Brutal porque vale todo y deformadora porque acaba destruyendo nuestro sentido de la realidad.

A la competencia de los medios, a la competencia de los poderes por imponer su discurso, se le añade otro factor: el "fake", la distorsión de la contra información. La apertura social no es solo a la información, sino que se han creado herramientas con las que competir/luchar en el universo mediático informativo. 

A la verticalidad de los medios tradicionales, se le ha superpuesto la posibilidad de la producción informativa horizontal, las redes y las crecientes herramientas para abandonar el papel pasivo y lanzarse a la producción de contra información haciendo guerra / competencia a los medios estándar. Lo del "prosumidor" se ha quedado corto. A la lucha mediática se le suma la lucha múltiple, el ego narcisista de personas y grupos cuyo entretenimiento u objetivo es moverse por el sistema creando focos de información falsa y redes de distribución.

Proliferan, como señalamos, fuentes falsas, distorsiones de lo que los medios ofrecen, nuevas formas de espectáculo. Los medios tienen que dedicar recursos humanos, económicos y tecnológicos para evitar convertirse en difusores de imágenes y noticas falsas. Cada día oímos sobre esto y vemos como los sistemas de verificación de noticias, imágenes, vídeos tienen que ampliar su radio de acción. Pero están condenados a perder esta guerra en la sociedad del espectáculo por su dependencia de las audiencias para sobrevivir.

La imagen de la BBC que encabeza el artículo, nos muestra a un Donald Trump rodeado de ciudadanos afroamericanos. Es falsa, nos dicen, solo una maniobra para tratar de captar votos. Un pequeño ejemplo de lo que hoy se hace y desde qué instancias.

Parece que no se le ocurrió a nadie que la proliferación de medios llevaba a un abaratamiento de la información, pero también a una disminución del pastel publicitario al tener que repartir sus recursos. Los medios luchan entre la idea de adquirir más seguidores y no abandonarse al espectáculo con lo que esto conlleva de distorsión. Está claro qué tendencia ganará: la del espectáculo, la del todo por el público. En la Sociedad del Espectáculo se han desviado los objetivos informativos y han triunfado los de poder y los económicos.

Estamos asistiendo a grandes cambios en medios importantes que han tenido que abandonarse al espectáculo, a dejar de ofrecer información relevante en beneficio de noticias absurdas, llamativas y baratas. Incluso se han originados "castas" de protagonistas triviales pero de interés. Se nos informa con "profundidad" de sus amores, disgustos, separaciones, vacaciones y regresos, vestidos, maquillajes, etc. Lo trivial ha ascendido a primera plana, mientras que lo esencial se espectaculariza o se arrincona. 

Peor todavía es cómo se usa el espectáculo para tapar lo crítico. Un mundial de fútbol, por ejemplo, puede ser usado para evitar primeras planas comprometidas para partidos o personas.

Los efectos de todo esto sobre las audiencias son terribles e incalculables. Jamás se nos ha embrutecido de forma tan programada y eficaz. Se ha perdido el valor crítico de la información, la resistencia a los discursos manipulados desde el poder. Las dictaduras han aprendido a invertir en medios, a establecer filtros informativos; las democracias copian poco a poco a las dictaduras. Todos van a la misma escuela de comunicación, los creadores del espectáculo.

Cada vez es más difícil encontrar información fiable, pues dependemos de la credibilidad de los medios y esta disminuye cuando aumentan sus deudas. Desplazan a los rincones de las páginas lo relevante y nos atiborran de trivialidades, de autopromociones. Generan desinterés en aquellos que se hartan de intentar comprender cómo funcionamos, qué ocurre en el mundo realmente

Las reducciones de corresponsales significan, por ejemplo, dependencia de terceros para informar sobre el terreno. El informador mismo busca convertirse en estrella del espectáculo mediante un estilo propio, agradable o crudo, de informar. ¿Recuerdan el caso del reportero que se manchaba la ropa de barro para hablarnos del desastre desde el que informaba? Un signo más de los cambios.

Estamos en la lucha por el relato, por hacerlo atractivo, por tapar los problemas o los delitos. ¿Los hechos? Un simple inconveniente. Solucionable.

 

jueves, 18 de junio de 2026

El espectáculo de los muertos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La conversión de todo en espectáculo es el signo de esta época. Lo que se hace se hace para ser encapsulado y difundido a una ciudadanía transformada en "público". "Veo luego existo", sería la nueva fórmula, pasando del "pienso" inicial innecesario en este tiempo. ¡Pensar!, ¿para qué? ya lo hacen otros por ti.

La reciente visita del Papa a España es un ejemplo de cómo tratar cualquier acontecimiento como un espectáculo. Todavía me pregunto qué pintaba Bad Bunny en todo esto. Nuestra vida política, la española, es un gigantesco y aburrido espectáculo que acabará con su traca valenciana en cualquier momento.

El espectáculo nos convierte en público y a otros en estrellas moldeándolos según los dictados de los profesionales de la publicidad, de la comunicación. Los sectores se especializan en un estilo comunicativo que es llevado al extremo, un modelo que aplican a los casos convirtiéndolo el "producto" informativo.

Los conocimientos que la tecnología nos permite obtener sobre los hábitos  de consumo son aplicados a la comunicación. Ya sea de forma masiva o personalizada, se crean fórmulas para dar "interés" a lo más trivial en detrimento de aquello que pueda perturbar la siesta comunicativa o despertar el sentido crítico. Personas, situaciones, espacios, etc. son convertidos en "temas" con los que se nos bombardea en feroz competencia por nuestra atención. Esa atención se transforma en compras, adhesiones, votos o simplemente en movimiento ante nuestra mirada aburrida. Usted se preocupará por separaciones, encuentros y reconciliaciones de personas sin trascendencia. Su universo va del trabajo al ocio banal, contemplativo, al espectáculo. Rodeado de estímulos le ofrecerán lo insólito y lo repetitivo, lo nuevo y lo adictivo.

Leo en 20minutos un nuevo paso en esta conversión del mundo en espectáculo. Su titular es "El Cementerio de la Almudena abre sus puertas las noches de verano para 'revivir' las historias de quienes allí descansan". En el texto nos dicen:

A la hora en la que el calor del verano empieza a dar una tregua a Madrid, el Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena abrirá sus puertas para ofrecer una ruta entre historia, patrimonio y personajes que vuelven a cobrar vida. Regresan por cuarto año consecutivo las visitas teatralizadas nocturnas, una propuesta cultural organizada por Servicios Funerarios de Madrid (SFM) que, tras cuatro ediciones con entradas agotadas en minutos, se ha convertido en una de las citas más singulares y demandadas del verano madrileño.

La experiencia se celebrará entre el 24 de junio y el 6 de septiembre, con grupos reducidos de hasta 30 personas y recorridos de unas dos horas y media. Las entradas salen a la venta este jueves a través de la plataforma oficial de reservas de SFM, según informan fuentes municipales. En las anteriores ediciones las entradas volaron en cuestión de minutos por el interés de los madrileños de descubrir en primera persona cómo, durante unas horas, la Almudena deja de ser un cementerio para convertirse en un escenario.*


Como se nos dice, la conversión de un cementerio en escenario, su éxito y la prisa por hacerse con entradas antes de que se agoten hablan por sí solos. Te mueres, te entierran y montan sobre tu tumba el show en el que alguien (un vivo) te interpreta para deleite de los que han pagado tu entrada. Tal cual.

Un historiador de los de antes, de esos que todavía leemos, llamaría a esto "decadencia". Creo que es un término demasiado serio para estos tiempos pantallescos en los que la vida se capta con un teléfono móvil y luego la editas en casa para deleite de tus seguidores en redes sociales.

¿Nos damos cuenta de lo que representa que algo tan profundamente insertado en nuestras vidas y cultura, como es la muerte, se convierta en show nocturno para deleite? 

Lo han llamado "cementerios vivos" para distinguirlo de los "muertos vivos" y evitar rechazos centrando el peso en el espacio. Supone convertir el espacio en escenario y a los muertos en personajes bufos. Por las noches el cementerio se llena de carcajadas; por el día de llantos. Tiene que haber de todo, ¿no?


T.S. Eliot, en su poema Los hombres huecos, auguraba que el mundo no acabaría con una explosión, sino con un quejido. Hoy nos diría que el mundo se acabará con un bostezo, el único gesto que producimos con naturalidad y de forma habitual. La sociedad del espectáculo no perdona, Los ríos que son la vida, que nos dijo otro poeta, se han convertido en cálidas piscinas clorificadas para deleite de los que se las pueden permitir. Sí, hay espectáculo para todos los bolsillos y apetencias. 

La foto que acompaña a la información lo dice casi todo: ¡un Forges resucitado y zombi! Estos resucitados necesitan convertirse en zombis clásicos de serie B para que todo cuadre y la experiencia sea la apropiada, entre lo irreverente y lo cinematográfico cutre. Otra foto nos muestra a una Lola Flores zombi (la identificamos por la flor en su pelo), marchosa después de todo el día quieta.

Los Servicios Funerarios madrileños tienen ya su espectáculo. ¡Un aplauso para los muertos! ¡Y a mí que me incineren!


* Belén de Marcos "El Cementerio de la Almudena abre sus puertas las noches de verano para 'revivir' las historias de quienes allí descansan" 20minutos 18/06/2026 https://www.20minutos.es/madrid/cementerio-almudena-abre-sus-puertas-las-noches-verano-para-revivir-las-historias-quienes-alli-descansan_6984619_0.html

domingo, 7 de septiembre de 2025

La bronca infinita

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La pregunta es necesaria: ¿hay algo con la que no se líe en España? A las dos Españas de toda la vida se une una tercera, la que se aburre de tanta disputa, de este canal monotemático con el que nos inundan ojos, oídos y alma cada día, cada hora, cada minuto.

La discusión es el arte que se ha convertido en el centro de la acción política y, por ello, el que determina el "perfil político", donde se centran los "valores" que se exigen a los que se presentan ante micrófonos y cámaras.

Algunos políticos están empezando a distanciarse de esta esencialidad de la polémica y del insulto y esbozan el principio "no voy a entrar a discutir" o similares, ya sea porque han comprendido que el número de personas hartas crece cada día o sencillamente porque no es su forma de ser, algo raro estando en política.

Dice la filósofa Victoria Camps en el diario El País que “La libertad reducida a puro egoísmo no es libertad”, pues la política reducida a pura discusión tampoco lo es, solo es una forma fácil de llamar la atención.

La "atención" se ha convertido en la gran obsesión de los políticos, que se han dejado convencer por sus equipos de comunicación, una perversión como otra cualquiera. Desde hace tiempo, los estudiosos hablan de algo llamado "economía de la atención", es decir, de la necesidad de ser mirado frente a todos los estímulos que se disputan ese privilegio, una lucha feroz por conseguir retenernos. Nuestra atención es, pues, el objetivo. Para mantenerla son necesarios todo tipo de trucos, entre los que el más manido es la polémica, el insulto, la disputa, la pelea abierta. Se trata de generar un sonido bélico, para el que es necesario el "otro", el "enemigo", la "oposición", etc. frente a los que se mantiene un tono agresivo constante.

Los políticos, empeñados en ello, centran sus discursos en destripar a los otros, en atraernos mediante el apocalipsis constante del que nos advierten. Tiene que haber problemas para que ellos sean la solución. La cuestión se planeta entonces entre los problemas reales de la sociedad y estos otros, los políticos, que son muchas veces mera retórica, ya rutina.

Existen cada vez más problemas reales que quedan en la sombra o que, por el contrario, son reducidos a esa situación de enfrentamiento, incluidos en el programa de conflictos. Algo así está pasando con la Justicia, cuyos problemas reales —lentitud, insuficiencia de medios y de personal, burocracia, etc.— no aparecen en los programas y sí en cambio la cuestión de cómo afecta a los políticos, si asisten o no a un acto, etc.

Podría hablarse de muchos otros sectores que sufren el mismo proceso. Solo salen a la luz cuando se convierte en material de disputas para los grupos. El arte de la problematización política de las carencias pasa a ser esencial y, más si, como es el caso, afectan personalmente a algunos políticos. Su defensa es llevar a primer plano la polémica, crear una cortina de humo de sospechas, recelos e indirectas.

Hay en España cada día más problemas reales, problemas que afectan a los ciudadanos. Cuestiones como la inestabilidad laboral, la vivienda, la sanidad, etc. nos afectan a todos, pero quedan ocultos tras el ruido de los políticos para atraer la atención sobre ellos y sus intereses.

La dimensión mediática de la política moderna obliga a convertir todo en espectáculo, como ya advirtió Guy Debord en su obra clásica. En la primera observación de La sociedad del espectáculo ya se nos dice: "Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación."

La política es representación de un producto de esta sociedad en la que el espectáculo debe continuar, una sociedad dirigida a ser consumida a través de imágenes de todo tipo, de la prensa a las redes sociales pasando por la televisión, la radio o cualquier otro medio. Consumimos la "política" como lo hacemos con los anuncios, seriales, etc.

El género textual de la política, su programación, es el conflictivo, una especie de canal temático boxístico centrado en las peleas y discusiones que nos ofrecen. El ejemplo de la entrevista en RTVE del presidente del gobierno ha generado con una sola de sus frases, la referida a la Justicia, un río de contestaciones que mantienen el "espectáculo" vivo. De juristas a analistas del lenguaje corporal, pasando por políticos de todos los grupos se han visto en la necesidad de seguir la discusión propuesta.

Mientras tanto los problemas que nos afectan a todos diariamente quedan aparcados a la espera de ser incluidos en esta suerte de bronca infinita. No significa que se resuelvan, algo que entra en otra dimensión de la política. Simplemente que serán convertidos en material para mantener viva la hoguera de la discusión.

Seis minutos de broncas: el vídeo que resume el tenso clima político en España - La Vanguardia

¿Son conscientes los políticos de que esta forma de actuación produce una reacción negativa, que tiene un coste en rechazo de gente que dejará de votar o que optará por facciones radicales que se aprovechan de la falta de eficacia demostrada? ¿Son conscientes del desinterés que generan en una parte cada vez mayor de la población, especialmente entre los jóvenes que acaban radicalizados y por libre?

La política ya no atrae a los mejores de cada campo capaces de aplicarse en la solución de problemas comunes. La explosión de la corrupción y lo alto que llega nos avisa del tipo de atracción que genera, del tipo de gente que selecciona, de sus perfiles. 

Esto no es único de España, lo que no debe ser ni excusa ni consuelo. Tenemos lo que tenemos por muchos motivos, pero también tenemos la obligación y el derecho de reclamar otra forma de hacer política.

Si, como decía Victoria Camps, el egoísmo no es libertad, tampoco la bronca extrema es "democracia". Las sociedades verdaderamente modernas avanzan asentando libertades comunes, no negando a los demás. En este sentido, vivimos un retroceso que concibe la política como una lucha constante en donde nada está asentado, una forma de polarización creciente mediante la cual los políticos pretenden asegurarse ese público para su espectáculo.

jueves, 8 de mayo de 2025

La fumata binaria o el signo de los tiempos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La conversión de cualquier cosa, evento, etc. es espectáculo es un signo de nuestros tiempos. La distancia entre unos eventos tan formalizados como es la elección de Papa permite una mejor comprensión de cómo cambia la mirada sobre ellos. Quien hablo de la "Sociedad del Espectáculo", Guy Debord, allá por el lejano y cada vez más próximo 1967, lo hizo con anticipación y acierto.

Las imágenes del cónclave, de los participantes, de los espectadores, del Vaticano mismo, nos permiten comprender de primera mano nuestra situación al otro lado de la pantalla o, teléfono en mano, siendo el milésimo ojo que lo recrea y transforma en espectáculo.

Hace unos días, una imagen circulante nos mostraba una realidad tras la ficción: la figura del Crucificado rodeada de manos con teléfonos. Algo más que un chiste; una pos realidad que nos contrasta con lo simbólico convertido en espectáculo.

Con su estilo esquemático y directo, numerado, tratando de huir el espectáculo mismo, la primera página de Debord nos da sus cuatro primeros puntos: 

1    Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación.   

2    Las imágenes que se han desprendido de cada aspecto de la vida se fusionan en un curso común, donde la unidad de esta vida ya no puede ser restablecida. La realidad considerada parcialmente se despliega en su propia unidad general en tanto que seudo-mundo aparte, objeto de mera contemplación. La especialización de las imágenes del mundo se encuentra, consumada, en el mundo de la imagen hecha autónoma, donde el mentiroso se miente a sí mismo. El espectáculo en general, como inversión concreta de la vida, es el movimiento autónomo de lo no-viviente.   

3    El espectáculo se muestra a la vez como la sociedad misma, como una parte de la sociedad y como instrumento de unificación. En tanto que parte de la sociedad, es expresamente el sector que concentra todas las miradas y toda la conciencia. Precisamente porque este sector está separado es el lugar de la mirada engañada y de la falsa conciencia; y la unificación que lleva a cabo no es sino un lenguaje oficial de la separación generalizada.   

4    El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes. 

Da miedo pasar a la página siguiente.

La conversión del cónclave papal en espectáculo, con los medios tratando de explicar el incompresible retraso ante el público expectante, las "quinielas de papables", los antecedentes históricos saltando del color al blanco y negro, de la televisión a las fotos, de las fotos a pinturas y grabados en el confín de suceso, los comentarios de los viajeros —niños, adultos, ancianos... seglares y religiosos— cuando son puestos ante las cámaras televisivas, las formas de prevenir filtraciones, el exotismo y colorido del ritual, la disposición de la Capilla y sus detalles... todo ello forma un espectáculo cuya combinación lo hace único. A diferencia del Festival de Eurovisión, a diferencia de las finales de la Champion —los grandes rivales— los espectadores se adentran en lo insólito, en el espectáculo en el que, como titulaba RTVE hace unos minutos, "media humanidad está pendiente" de los resultados. Los presentes en la Plaza pasan a formar parte del mismo espectáculo, logran su deseo. Es el final del espectáculo en que se convierte un suceso encadenado que comienza con la enfermedad del Papa Francisco, sus idas y venidas de urgencias, el fallecimiento, los funerales y ahora la elección del nuevo pontífice, con detalles como la visita de JD Vance, el vicepresidente norteamericano, que iba a mostrar su amor a Francisco mientras deporta orgulloso a los inmigrantes, o la vanidad de Trump colgando en su red social la imagen de su "elección virtual" como Papa. Todo ello constituye un largo programa cargado de "novedades", un suceso lleno de giros inesperados que los medios dramatizan en su constitución del espectáculo.

Como objeto fetiche capaz de concentrar la atención en las pantallas, la chimenea binaria —fumata blanca, fumata negra—, pasa a ser un signo perfecto, capaz de condensar toda la emoción. Es como dice Debord en su apartado tercero, "el punto que concentra todas las miradas". La aparición del humo negro ha desencadenado un "¡oooooh!" espontáneo al que seguirá pronto un animado "¡aaaaah!" cuando la fotografiada chimenea lance al mundo y a las cámaras que le dan forma el esperado humo blanco.


Una vez tengamos el humo blanco, quedarán la presentación del elegido y como epílogo la ceremonia final del nombramiento. Será el cierre del espectáculo y los medios tendrán que buscarse otra cosa.

¡Quién le iba a decir a los autores de la película Conclave (Edward Berger 2024) que la vida les imitaría! Vance lo vería como otra "señal divina".

Nos dicen que Roma se ha puesto por las nubes, que no se encuentra lugar barato. Es el efecto de concentración del espectáculo. Todos ellos son necesarios como parte de él, para que sintamos no estar allí, delante de las cámaras, y no detrás de las pantallas. 

— Debord, Guy (1967) La sociedad del espectáculo. Trad. de José Luis Pardo.

jueves, 11 de julio de 2024

No es verano para serpientes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿Recuerdan la expresión periodística "serpientes de verano"? Era un término que se usaba en el mundillo informativo para referirse a aquellas  noticias "exóticas" que se fabricaban en los veranos españoles cuando todo se paralizaba porque llegaba el periodo vacacional. ¡Aquello sí que eran vacaciones! ¡Todo parado! Así que los periodistas tenían que inventarse aquellas noticias extravagantes, las "serpientes", para seguir vendiendo periódicos.

El origen del término parece estar en un verano en el que alguien dijo haber visto una enorme serpiente por entre los matojos secos de algún pueblo levantino. Las entrevistas a personas que decían haber visto "algo" que se movía nos llenaban el verano. ¡Qué tiempo!

Las "serpientes de verano" serían hoy las "fake news" con la enorme diferencia de que aquellas se centraban en los tórridos veranos y hoy se extiende por todo el año. Se ha producido una peligrosa "veranización" (perdón por el palabro) de la información durante todo el año, que se nos llena de peligrosas serpientes, una expansión de serpiente, mordedura y veneno contra la que no sé si estamos preparados.

Hoy hay que vacunarse para acceder a los medios; hay que ir a terapia y tomar antidepresivos. La otra alternativa es fabricarse una burbuja —la deportiva, la jet y la pseudo jet...— que son fenómenos de diverso tipo que te permiten encerrarte, aislarte de todo esto, de esta veneno repartido con aspersor que recibe diversos nombres según cada facción, términos tales como "el ventilador del fango" y otros similares.

Padecemos todos los días, a todas horas, este veneno de las serpientes que se esparce sin piedad intentando captar nuestra atención, convertirnos en sumisos adictos a esta forma que la vida informativa a la española ha adoptado.

Más allá de la Inteligencia Artificial, la "realidad" se fabrica en moldes que se nos adaptan que saltarnos al cuello y dejarnos el veneno informativo en cualquiera de sus modalidades. Vivimos en tiempos de fe absorbente. "¿Qué vieron los niños de Fátima?", se preguntaban hace unos días en un titular. Íker Jiménez se queja de que en YouTube le han censurado un programa lleno de intervenciones negacionistas sobre la COVID: "en televisión —nos dice— no pasan estas cosas". Los negacionismos son también "serpientes de verano" cargadas de veneno, formas de atraer la atención con peligrosos efectos secundarios. Es fácil pasar de negar los virus y, en cambio, afirmar conspiraciones —terrestres o extraterrestres— que nos creemos con cierta superioridad.

En 20minutos tengo la otra vuelta de tuerca deportiva. Si el deporte no fuera ya bastante adictivo —-¡verano de Eurocopa y Olimpiadas!— hay que darle otra vuelta venenosa. El titular ya nos atrapa paralizándonos con la efectividad de su veneno serpentil: "La vidente María Rosa Cobo, de '¿Quién quiere casarse con mi hijo? y 'Paquita Salas', clava el resultado del España Francia y predice la final"*.

En esta España nuestra en la que tenemos de vuelta monjas heréticas, ex cantantes acosados por el estalinismo (¡manda narices!), esposas hermanos influyentes, separatistas  de siempre y nuevos (el "Lexit"), artistas internacionales invitados a nuestro show (como Milei) y un larguísimo etcétera de casos con los que no aburrirse (pero sí avergonzarse), la descripción de la vidente me deja fascinado: 

Actriz, vidente y tarotista, a María Rosa Cobo la conocimos allá por el 2015, cuando participó en la quinta temporada de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, el programa de citas de Cuatro donde acudió a buscar el amor para su hijo, David. 

Más adelante, pudimos verla en la serie Paquita Salas, donde apareció en tres episodios haciendo de ella misma, como una más de los muchos cameos que aparecían en la serie de Los Javis. 

Sin embargo, su día a día discurre entre rituales de amor, dinero, salud y consejos, horóscopos y consultas de videncia y astrología, según su canal de YouTube y para quien contrate sus servicios y crea en esos asuntos. 

Pero ahora se ha hecho popular por su participación en el programa Socialité Club, un espacio de Divinity en el que la presentadora, María Verdoy, le pide predicciones e información sobre las cuestiones del horóscopo y demás esoterías. 

En esta ocasión le preguntaban horas antes por el resultado del partido entre España y Francia en la Eurocopa. Lejos de dar una respuesta ambigua, se arriesgó a dar una predicción exacta. 

"Si mi percepción, mi intuición y experiencia no me engañan, no me traicionan, España mete dos y Francia, 1", decía María Rosa. "Este momento puede ser zapeado en todas las televisiones del mundo, cuando veamos que María Rosa ha acertado", decía Verdoy, que a continuación pedía aún más, preguntando si España ganaría la Eurocopa.

"Sí y si no, me encargo yo, les hago un yu yu yu [hechizo] y ganan", respondía con el ánimo alto la vidente.*


 

Leo y releo. ¿Fake News verdaderas? ¿Periodismo adivinatorio? ¿Chiripa?

La trayectoria de madre amantísima a la búsqueda del amor para su hijo (¿qué pasa con el hijo, no ha heredado nada?) a madre patriótica de la selección, a la que no solo augura un triunfo sino que amenaza al futuro si no cumple con España, es un ejemplo de navegación por los medios, de ascenso trabajado al segundo. Lo próximo, si de dan prisa y no la fichan otros antes, sería ministra portavoz.

Esta España espectáculo, zoológico (casa de fieras, el viejo término, le pega más), llena de videntes en todos los campos (con mejor o peor fortuna), es la que no solo se ha convertido en residencia de turistas que se lo pueden permitir sino en el espacio festivo que no cesa. Fallas, sanfermines y demás me parecen metáforas de nuestras vidas.

¡Cuidado con las nuevas serpientes que corren a nuestros pies! Antes llegaba el fin del verano y lo real arrinconaba las fantasías. Ahora con uno o varios mundos alternativos, de Íker Jiménez a la vidente que empezó buscando novia a su hijos pasando por todo tipo de imaginaciones, lo que ha desaparecido es el sentido de la realidad. Y con él se han ido el de la vergüenza y la mesura.

En un mundo saturado de información, aburrido de tantas cosas, el problema de las serpientes se invierte. El problema ya no es la ausencia, sino la abundancia, el exceso. Partidos, empresas, instituciones... videntes necesitan de nuestra atención, recuperarla en la vorágine informativa. 

 

 

* "La vidente María Rosa Cobo, de '¿Quién quiere casarse con mi hijo? y 'Paquita Salas', clava el resultado del España Francia y predice la final" 20minutos 10/07/2024 https://www.20minutos.es/television/vidente-maria-rosa-cobo-quien-quiere-casarse-con-mi-hijo-paquita-salas-clava-resultado-espana-francia-predice-final-5529916/

miércoles, 14 de febrero de 2024

Ver o no ver, el mundo como espectáculo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Creo que se está dividiendo el mundo en dos grandes partes, los que lo viven como problema y los que lo ven como espectáculo. Los primeros ven el mundo como algo imperfecto que nos hace vivir entre inquietudes y alegrías, entre soluciones y fracasos, como una montaña por escalar que nos ofrece la posibilidad de cambio en alguna dirección. Los segundos, en cambio, parten de un aburrimiento profundo del que solo les saca algo especial, algo que les rompe la monotonía, el ritmo aburrido de la vida.

Cuando vi por primera vez el vídeo del ataque a los guardias civiles por parte de los narcotraficantes las imágenes captaron mi atención y apenas vi nada más intentando darles un sentido. Conforme las imágenes se fueron repitiendo, los demás sentidos se abrían y fui percibiendo el sonido, al que pronto di forma. Eran voces jaleando la acción criminal. Pensé que eran figuraciones, un mal entendido, una falsa apreciación. Pero, con cada escucha, las voces se hacían más claras, su júbilo ante la acción criminal se convertía en obvio y no podía dejar de ser escuchado.

Esto se ha convertido en un anexo al asesinato, un coro que jalea al delincuente. En RTVE.es se nos explica reduciéndolo a la frialdad de la jerga jurídica:

La Fiscalía de Andalucía ha abierto un expediente para investigar los gritos de apoyo a los narcotraficantes de Barbate que el pasado viernes asesinaron a dos guardias civiles mientras una narcolancha embestía a otra de la Benemérita.

En un comunicado, la Fiscalía explica que el expediente gubernativo se inicia por considerar que concurren motivos que lo aconsejan y justifican, tras el informe presentado por la Unidad de Policía Judicial Adscrita a la Fiscalía de la comunidad de Andalucía en el que se analizan frases, mensajes y expresiones que acompañan a los vídeos subidos a las redes sociales.

La fiscal superior señala en el escrito que el informe pone de manifiesto unos hechos ya narrados en los que aparecen expresiones “con apariencia delictiva que atentan contra el honor, la seguridad física, además de afectar a otros bienes jurídicos”.*


La jerga no logra hacer desaparecer los hechos en sí: el asesinato como espectáculo. El hecho mismo de las grabaciones pasa a ser cuestionado: ¿denuncia o espectáculo? ¿Qué horror o qué divertido?

Cada vez avanza más el sentido del espectáculo. En un mundo de teléfonos y pantallas, la vida se convierte en la aburrida espera a que algo "grabable y difundible" llegue a ella y te saque el del anonimato a base de millones de personas que marcan "likes" y lo difunden. ¿Ver o no ver?, es la nueva cuestión en la apática sociedad del espectáculo. Solo de estos estímulos se saca la energía vital de la que millones de personas extraerán la energía necesaria para salir del letargo. Es ese momento en el que la vida fluye porque lo que presencias sorprenderá a otros. Puede ser una caída de alguien, una monería de tu perro o el laborioso espectáculo de poner una imaginativa coreografía al éxito del momento. Son instantes que solo vales si, desde esa nueva perspectiva fáustica le pedimos al instante que se detenga y se almacene en la tarjeta de nuestro móvil para ser posteriormente compartida.

El deseo de ofrecer espectáculo, de mostrar a otros lo que no han visto, supone esos momentos en que el zombi social sale de su letargo. Mira y comparte; luego comenta: ¡qué guay! No suele haber muchas más palabras. Solo esa expresión que resume gran parte del pensamiento estético de esta sociedad del espectáculo redistribuible, del maná cutre que alimenta la ignorancia y nos permite vivir de vídeo en vídeo.

No hay mucho más. Los debates sobre los móviles, sobre sus efectos, etc. están sobre la mesa, pero no se cuestiona el fondo y, sobre todo, no se distingue qué es efecto y qué es causa. Necesitamos ver retratada esta parte de la humanidad, necesitamos que novelistas, escritores teatrales, directores de cine nos ofrezcan, como en anteriores generaciones, los retratos críticos de esta nuevas formas morales. Necesitamos un Gide (El inmoralista), un Moravia (El conformista 1951), grandes novelistas que ahonden en el nueva falta de moral o, si lo prefieren, esta extraña moral que exclama "¡qué guay!" ante una guerra, un asesinato o cualquier otro suceso trágico o que debería sacudir las conciencias. Lo necesitamos con urgencia. Es función del arte mostrarnos en ese espejo que no es necesariamente realista en la superficie, pero sí en el fondo. Necesitamos esas visiones que nos hagan enfrentarnos a nosotros mismos antes de que sea demasiado tarde y esta sociedad "Jeckyll & Hyde" pierda el sentido de su propia identidad confundiendo la realidad con unas fantasías navegables. 


* "La Fiscalía investigará los gritos de apoyo a los narcotraficantes de Barbate que asesinaron a dos guardias civiles" RTVE.es 13/02/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240213/fiscalia-andalucia-investigara-gritos-apoyo-a-narcotraficantes-barbate-asesinaron-a-dos-guardias-civiles/15968867.shtml

sábado, 2 de octubre de 2021

No vale todo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El problema se plantea con claridad por parte del analista Aaron Blake es su The Fix, en The Washington Post de ayer:

 

Misinformation has always been a problem in politics. What has changed over the last six years or so is how much one movement in particular — the one led by former president Donald Trump — has embraced it as an organizing principle. Trump and his allies have also aligned with the kind of extremist purveyors of conspiracy theories who were once given the cold shoulder in polite society.

Increasingly, though, a bit of a reckoning is taking place. Trump allies spouting wild, baseless theories and otherwise taking our political discourse down misinformation rabbit holes are confronting consequences in court or otherwise facing bona fide legal penalties for their actions.

The question, as ever, is whether it will change anything — whether those penalties will serve as the deterrent they are supposed to be.*

 

El cambio es notable porque significa que el poder ha legitimado las formas de conseguirlo, es decir, una vez que se ha llegado a la cima a través de la "desinformación", se mantiene en él por medio del mismo recurso. Biden se erigió en el paladín de la "verdad" para luchar contra Trump y ese fue el eje de su discurso de toma de posesión; una vez llegado al poder, ya se enfrenta a sus primeros casos de desinformación, como pudimos ver con las declaraciones de los militares sobre lo que ocurriría en Afganistán conforme a los planeas aprobados. Ya le dejaron en evidencia; ellos ya habían advertido lo que ocurriría.

Como señalamos en muchas ocasiones durante el mandato de Trump, su caso ya no era solo su caso, sino una forma de hacer política aceptada, una puerta abierta al futuro; el resto es cuestión de "estilos", de cómo cada uno lo lleva a la práctica. Trump consiguió que la mayoría republicana refrendara sus tropelías, con lo que el sistema quedó contaminado, asumiendo así los tejemanejes del que fuera presidente. Se muestra así el funcionamiento del sistema que se blinda con las mayorías.

Los políticos seducen a los ciudadanos vendiéndoles lo que desean escuchar y estos les siguen irracionalmente, acríticamente, cada vez en mayor cantidad. ¡Asusta pensar en los votos conseguidos por Trump cuando ya se conocían sus manejos! Pasados ya meses de las elecciones, la prensa norteamericana todavía sigue dando cuenta de las maniobras de parte de los republicanos para seguir sosteniendo que "le robaron las elecciones" a Trump. Da igual que no haya una sola prueba, una sola evidencia o sospecha fundada. Lo importante es mantener la llama de la mentira y permitir que los votantes afectados vivan su paranoia.


Ha habido un cambio en la política, un cambio tanto conceptual como estratégico. La mentalidad política está ahora mucho más centrada en la consecución del poder a cualquier precio y en la forma de mantenerse. El poder mismo justifica los medios empleados. No es nuevo, pero sí afecta cada vez a más lugares que ven hundida su moral democrática, su espíritu de un democracia mejor que cree una convivencia más armoniosa. Se apodera cada vez más de nosotros la idea de la democracia como espacio de lucha y de ahí se da el salto al "vale todo".

Ya no se trata tanto de hacer, sino de decir. Las pruebas no son los hechos, sino los discursos, que son cambiantes y circunstanciales, las promesas de que algo se hará, aunque no se haga. Los problemas sepultan las promesas viejas con nuevas promesas. Cualquier mentira es buena si es creída y si sirven de ello para llevar al poder. Es la mezcla de Maquiavelo con la sociedad del espectáculo.

¿En dónde han quedado los viejos congresos de los partidos, espacio de debate de los problemas, de los inicios de la democracia española? ¿Cuándo comenzaron a ser sustituidos por estos shows itinerantes, como los que nos ofrece estos días el PP, aunque todos los partidos lo hacen? ¿Cuándo vieron que no se necesitaba gente que propusiera, que debatiera posibles soluciones y que solo se necesitaba gente que aplaudiera? ¿Cuándo?

El poder de debatir se le cortó a la bases, cuya única alternativa es votar a candidatos que eligen a sus camarillas, donde se decide todo. Son esos acólitos los que reparten y se reparten los distintos espacios de poder, primero internos y después externos.

Los conflictos se reservan para las llamadas "primarias" o para congresos en los que se debate (o no) el liderazgo de segmento, autonomía o nacional, a los que se llega tras complicadas luchas internas por parcelas de poder. Pero el verdadero debate, los problemas reales de la gente, ha desaparecido.


Este proceso selectivo ha ido creando —en una forma darwinista— un perfil de políticos y de partidos que tienen poco que ver con un sentido idealista, de servicio o comprometido de la política, como demuestra el fenómeno del tránsfuga, que se produce en aquellos que se ven disminuidos en su cuota de poder o se le da la oportunidad de ampliarla pasándose a otro bando. 

En el otro extremo del transfuguismo está el cisma, la separación que da lugar a un nuevo partido encabezado por el líder rechazado, que pasa ahora a ser cabeza de ratón del nuevo movimiento. Aquí, el nuevo líder, encabeza un programa alternativo que se reivindica como puro, que recoge los ideales fundacionales traicionados por los otros. Arrastran así a los que ven más posibilidades en el nuevo espacio creado.

Lo ocurrido en los Estados Unidos suele transferirse inmediatamente a otras geografías políticas. La desinformación es un fenómeno serio que, como se ha visto, ya no es cosa de pequeños grupos, sino que  puede llegar a la presidencia de la democracia más poderosa del mundo y llevarla al extremo, manipular desde allí el mundo entero y ponerlo patas arriba. Puede que Trump haya perdido, pero su fórmula es exitosa en resultados y clara en sus principios: todo lo que hagas para conseguir y mantenerte en el poder está justificado; y un segundo principio: si no lo haces tú, lo harán los demás. Creyendo en ellos —y esto no es un acto de fe, sino que se comprueba cada día por medio mundo— el camino está claro.



De Trump a Sarkozy, condenado por segunda vez por financiación ilegal, pisoteando desde el poder democracias consolidadas que acaban deteriorando con sus acciones y sembrando el desánimo. El avance del autoritarismo hacia las lindes democráticas, como ocurre en Polonia o Hungría, otro gran tema de preocupación en países que desperdician sus libertades y las recortan. No hablemos de la felicidad de los regímenes autoritarios, que ven don satisfacción cómo los países democráticos se ven sometidos desde dentro por ese autoritarismo vocacional que estos líderes o partidos manifiestan.

Al cortar las vías naturales de crítica y renovación, esos congresos de las bases, que comienzan en asambleas de barrio y siguen ascendiendo hasta llegar a los congresos nacionales, al convertirlos en escenarios teatrales para la gloria del dirigente y afianzamiento de su poder absoluto asistido por la camarilla de turno.

No es fácil mantener una democracia si los que deben gobernarla no lo tienen asumido y buscan más el derribo del otro, un derribo mutuo, antes que esa palabra marginal del bien común. Unas sociedades que se fragmentan políticamente no son síntoma de diversidad si no de falta de metas comunes, de radicalidad y falta de capacidad de diálogo.



La política moderna no puede vivir ni de utopías ni de mentiras, sino del constante avance superando problemas reales, cotidianos, en los frentes que repercuten en los ciudadanos —sanidad, educación, cultura...—; la tendencia debe ser al acuerdo y no lo contrario. Pero es el enfrentamiento radical lo que atrae, lo que llama la atención, lo que nos hace vivir la vida manipulados entre emociones fuertes y cegueras, elevando el enfrentamiento para felicidad de los dirigentes, cuyos fáciles discursos nos prometen revanchas, exterminios, retrocesos. Lo que nos ocurre con las facturas energéticas, algo que nos afecta a todos, es un buen ejemplo de la impotencia política, de la incapacidad de encontrar soluciones, de los políticos y de cómo se pasan la pelota unos a otros.

La política, en esta sociedad de la imagen, adquiere tintes esencialmente mediáticos. Las convenciones no se hacen para los asistentes, que son parte de la escenografía, sino para los que están al otro lado de las pantallas que los meten en nuestros hogares. Prestamos demasiada atención a los políticos, a lo que ellos quieren que veamos y mucha menos a lo que necesitamos ver. ¿Sabemos cuántas horas se les dedica diariamente a ser mostrados en los medios, la mitad de las veces con el simple y único fin de atacar a los otros?

Dice Aaron Blake en su artículo citado al inicio que los que mintieron, hicieron circular teorías conspiratorias, prevaricaron o acabaron tomando el Capitolio al asalto, pueden enfrentarse ahora a las preguntas de los tribunales, que se les pidan cuentas por sus acciones. El destino de Sarkozy, inoportuno invitado, puede repetirse en otros lugares. 

No vale todo. Hay que recuperar una forma distinta de la política, plural, basada en el bien de la comunidad, una política que nos escuche y no que seamos nosotros los que escuchamos sus versiones del mundo, del bien y del mal.

 


* Aaron Blake "Pro-Trump conspiracy theorists increasingly face legal consequences" The Washington Post 1/10/2021 https://www.washingtonpost.com/politics/2021/10/01/pro-trump-conspiracy-theorists-increasingly-face-legal-consequences/