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lunes, 16 de marzo de 2026

El algospeak

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Habrán observado que desde hace algún tiempo la gente escribe de forma muy rara. Por ejemplo, en RTVE leo un titular "¿Cómo contar la gu3rr4?" La idea general creo es que hay ciertas palabras que los algoritmos buscan y oscurecen en las informaciones.

Busco en la red y la IA de Google me explica:

La censura de palabras en redes sociales (TikTok, Meta, YouTube) busca limitar la visibilidad de contenidos sensibles, violentos, racistas o inapropiados para anunciantes. Los algoritmos penalizan estos términos, provocando "shadowban" (reducción de alcance). Para evitarlo, se utiliza el "algospeak", que sustituye palabras clave por códigos o eufemismos.

Las palabras claves, pues, son ese "shadowban" y "algospeak", que sería el remedio casero para evitar esa forma de censura que no lo parece a simple vista, ya que apenas puedes controlar el alcance con pruebas de que te lo están haciendo.

La BBC va más allá y nos da una lista de palabras que no es conveniente usar en las redes porque puede ser censuradas o, al estilo señalado, hacer que no tengan "visibilidad" Las redes viven de que otros te vean; si publicar es hacer público, el "shadowban" es la censura que no toca tu texto, solo impide que otros lo vean. Como se puede observar, un sucio juego lleno de trampas donde se usas los más tontos argumentos para ocultar la censura de toda la vida. Aquí el dueño del terreno —la red de turno— decide qué o quién es visible y quién no.

Los europeos estamos vendidos a este sistema vergonzoso que nos deja en manos de los dueños, es decir, de los estadounidenses, antiguos defensores de la libertad y que hoy se entretienen buscando nuevas fórmulas para censuraros o rodearnos de silencio.

El recurso que nos queda es darle patadas al diccionario, inventar palabras imposibles, como ese engendro "gu3rr4", que trata de esquivar la censura o el silencio reductivo.

Este blog empezó a sufrir censuras directas más descaradas que el "shadowban". Han sido de varios tipos, desde la desaparición de texto subido a la página hasta el avisar que se reducía su distribución. En algún caso decían que era obra del algoritmo, que había detectado algo contrario a las normas de la red en cuestión, por ejemplo, usar "imágenes violentas". ¿Hay alguna guerra que ofrezca imágenes pacíficas?

Los lectores de este blog saben que la mayor parte de las imágenes proceden de la propia red, muchas de titulares de medios como la BBC, RTVE, The New York Times, 20minutos, Reuter, etc. Supongo que si me crean problemas para la inclusión de esas imágenes habrán hecho lo mismo con los originales de los medios, a los que les habrán aplicado el "sombreado" de sus noticias reduciendo su alcance.

En ocasiones —lo dijimos en su momento— te remiten a un "servicio humano", con el que te puedes poner en contacto si tienes alguna duda o crees que se te ha perjudicado indebidamente. No sirve de mucho.

El aumento en medios importantes de estos "palabros" de escape supongo que es un indicador de la expansión de estos manejos controladores. Estamos en tiempos de una "guerra" (o gu3rr4) no declarada y de la que solo se puede reproducir lo que beneficia al "boss" (ya saben quién es).

Europa necesita no depender de muchas cosas de los Estados Unidos, no solo del petróleo o las armas. Necesitamos poder expresarnos a través de algún tipo de redes que no puedan sernos censuradas de una forma u otra. Necesitamos redes independientes, libres, seguras. 

Lo que nos han ofrecido es realmente una trampa informativa, la creación de dependencia y control. No aprendemos nunca. Ya saben: si ven algo escrito de manera rara, no piensen que el autor desvaría. Ya saben por lo que es.

sábado, 27 de febrero de 2021

Cambios de palabra

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Los teóricos de la comunicación llamaron la "Gran División" a la existente entre el mundo oral y el que surge con la aparición de la escritura, un sistema que permite conservar, compartir a distancia y temporalmente. Frente a la temporalidad y la necesidad de la copresencia de lo oral, la escritura creó un mundo nuevo en el que se produjeron muchos e importantísimos cambios. El mundo se fue poblando de "escribas" y "dictadores", los que escribían y los que lo dictaban lo que había que escribir. 

Escribir durante muchos siglos fue un arte que se consideraba reservado a una casta o grupo, lo que incluía a los escribas egipcios, los monjes cristianos de las órdenes encargadas o los secretarios privados o públicos. La imprenta supuso un gran avance, pero no ha sido —en Occidente— hasta la llegada de los ideales de la Ilustración en el siglo XVIII cuando se planteó de forma eficaz un deseo de extender la lectura y escritura como objetivos sociales. Pensar que "todos" debían educarse en el arte de la escritura y la lectura supuso una revolución política, pero sobre todo una transformación radical de la sociedad, dotando de unas herramientas fundamentales con importantes consecuencias sociales y cognitivas.



El hecho de poder acceder a un mundo más allá de lo que vemos a través de la lectura es un proceso que marca la psique de la persona y les permite acceder a unos niveles de conocimiento desconocidos hasta el momento. Los pequeños universos de la oralidad se transforman en amplias vías para acceder al conocimiento, permiten una mayor libertad formativa y nos permiten tener una imagen del pasado a través de la herencia escrita frente a la necesidad presencial de lo oral, que tiende a actualizarse ajustándose al momento. Con la escritura no solo comienza nuestra historia, como testimonios que permanecen, sino la misma historia, convertida ahora en un discurso fijado, en una disciplina que busca la creación de identidades.

La CNN nos traía el día 24 una noticia titulada "The hot new thing in tech: speaking into your phone"*, firmada por Kaya Yurieff y Rishi Iyengar. En ella se nos habla de una nueva tendencia vinculada con los dispositivos electrónicos y digitales, los mensajes de voz. Dejamos de escribir cartas y llegaron los emails. Estos nos resultaban demasiado largos y comenzamos con los "sms", cuyas dos características principales son el "short" y la sustitución de las palabras por emoticonos, que sustituyen a las pocas palabras que utilizamos ya. La noticia nos habla de la nueva tendencia, que todos habremos experimentado, de recibir "mensajes de voz".



La noticia nos da explicaciones variadas, girando la mayor parte de ellas en conexión con la pandemia y el aislamiento o distancia que supone para muchos. La gente preferiría "dejar mensaje orales". En efecto, el componente afectivo de la voz es importante frente a la impersonalidad del mensaje escrito

Pero creo que hay algo mucho más allá, algo anunciado pero pocas veces admitido, la disolución de la era de la escritura y la creación de lo que se llamó "oralidad digital" o "nueva oralidad".

Desde hace muchas décadas, desde el comienzo de la Era Industrial, la dirección del desarrollo está marcada por los intereses de la industria, convertida en el motor de la innovación. La Ciencia tiene efecto indirecto, pues no es el conocimiento lo que nos mueve sino su traducción aplicada a la tecnología que manejamos. El mensaje de voz tiene tras de sí toda una serie de descubrimientos que adquieren nuevo valor tras su aplicación, es decir, tras su conversión a dispositivos, aplicaciones a situaciones concretas, resolución de problemas, etc. Generalmente desconocemos la "ciencia" que hay tras nuestros objetos cotidianos. Los objetos y la tecnología aparecen en nuestras vidas para resolver problemas o para favorecer determinadas tendencias. En un entorno competitivo, lo que dirige el mundo son los intentos por establecer esas tendencias que implican usos y desarrollo. 

La noticia de la CNN está "sabiamente" incluida en la sección de "business" porque se percibe como una cuestión tras la que se encuentran empresas que se verán favorecidas dando satisfacción (o creando) a determinadas tendencias de las sociedad, que es interpretada como "mercado". Pero a nosotros nos interesa llevar hacia la "cultura" y el cambio social, a las consecuencias que esto tiene en nuestras líneas básicas de desarrollo y cambio.



Hace mucho tiempo que estamos observando un cambio en la tecnología base de las comunicaciones. Con "tecnología base" me refiero  lo que J.D. Bolter y otros, como Walter Ong, definieron como "tecnologías de la palabra", es decir, aquellas que se crean alrededor de algo profundamente humano, la palabra. La palabra es administrada desde su condición de pensamiento y voz. Estas tecnologías van desde las nemotécnicas hasta nuestros mensajes de voz, pasando por la escritura manuscrita y tipográfica.

Todo lo relacionado con esta transmisión de palabras, portadoras de conocimiento y sentimientos, es especialmente importante para nuestra cultura como transmisión e intercambio, pero también como memoria colectiva a la que se puede acceder. Si pensamos la distancia existente entre las reservas sobre el conocimiento antiguo y la expansión de una Wikipedia, veremos que el mundo ha dado un giro de enorme trascendencia. La palabra nos ha dado la identidad personal al permitirnos percibirnos a nosotros mismos en el discurso interior; nos relaciona con los demás a través de las forma de conversación y deja recuerdo nuestro que puede ser recuperado del pasado.

Hemos vivido la era de la palabra escrita, pero algunos teóricos de la comunicación nos señalan que esto está cambiando, que esa palabra escrita y sus tecnologías se están desmembrando por efecto de las tecnologías electrónicas primero (la telefonía, la radio y la TV) y las digitales posteriormente.



¿Vamos camino de una civilización nuevamente oral, pero esta vez planetaria? ¿Vuelve la imagen como elemento comunicativo con valor por encima de la palabra? hay síntomas claros de que estamos regresando a la "tribalidad" augurada por Marshall McLuhan y la "aldea global". Vivimos en un mundo entre palabras grabadas, copresenciales, donde se combinan multitud de tecnologías de transmisión y almacenamiento, es decir, de comunicación y memoria, donde podemos hablar a distancia, conservar los que antes desaparecía y hacer hablar a lo que no tenía voz.

Tenemos, por ejemplo, dispositivos que nos hablan leyendo directamente lo que antes estaba escrito. Los "libros" no solo se desmaterializan separándose del soporte sino que pueden ser ahora escuchados mediante distintos tipos de programas y dispositivos. Dispongo, por ejemplo, de un pequeño scanner de lápiz que manda el texto a mi teléfono, desde donde no solo puedo escucharlo sino también traducirlo, es decir, escucharlo directamente en un idioma diferente al que estaba escrito. Este dispositivo sustituye históricamente a los "copistas", a los "lectores" y a los "traductores". Obviamente también  puedo redistribuirlo una vez extraído de su soporte original, el papel. Es solo un pequeño ejemplo de cómo se han transformado el mundo de las tecnologías de la Palabra.

Volvemos a preguntarnos ¿se está cerrando la era de la palabra-escritura?


Ayer, mientras hacía tiempo, hice un recorrido por la escueta librería del hipermercado. Me encontré con una versión en forma de "comic" de la obra "Sapiens. De animales a dioses", un best seller mundial de Yuval Noah Harari. Me hice con él mientras pasaba el tiempo de espera. Leí el libro hace tres o cuatro años y despertó muy curiosidad cómo lo habían desarrollado en forma gráfica, algo por lo que están pasando muchos autores, de los clásicos a los más novedosos. ´La obra evolucionaba a través de interlocutores, es decir, de personajes que actuaban mediante diálogos con el propio autor, que pasaba de ser una "voz" en el texto a ser un "personaje" mediador, alguien que respondía preguntas y explicaba a otros las cuestiones clave. Toda una serie de convenciones gráficas estaban en marcha para representar en el propio texto la transmisión de informaciones. El "cómic" es una forma híbrida que toma técnicas de la pictografía más básica, del cine, las convenciones icónicas, etc. Lo hace junto a la palabra, que era la base del diálogo que se establecía entre el lector y las voces de los autores. En el libro, el autor me habla a través del texto, mediante una voz directa que le representa. En el cómic se me convertía en espectador de unas conversaciones que el autor mantenía con personas de su propio universo gráfico. En otras ocasiones hablará directamente a los lectores, pero dejará de ser solo una voz para tener esa representación que percibo a través de los dibujos que lo representan.



Cualquiera que esté en cualquier nivel educativo sabe que año tras año se van produciendo mayores diferencias entre el alumnado en lo que respecta al manejo de la tecnología de la escritura y de todo lo que a través de ella se vincula. Nuestro mundo vive cada vez más dentro de otros tipos de tecnologías comunicativas y estas son cada vez más condicionantes precisamente porque nos rodean formando una especie de burbuja informativa en la que nos movemos, un ecosistema informacional.

La tendencia, efectivamente, es a una nueva oralidad electrónica que no necesita de la memoria, que era su correlato esencial, y una escritura cada vez más pictográfica o icónica, menos abstracta y menos fonológica, por paradójico que parezca. El uso de los emoticonos lo muestra al sustituir las palabras y reducir nuestro vocabulario y nuestras formas de expresión.

Esto está cada vez más presente desde el principio de la vida y las nuevas generaciones se ven inmersas en entornos nuevos, produciéndose unos abismos generacionales cada vez mayores. Cada grupo de edad queda marcado por sus tecnologías comunicativas, rápidamente cambiantes. Contenidos y sus vehículos se han acelerados y nos vinculan a un presente continuo, que rompe barreras con el pasado, que debe ser "traducido" a los nuevos formatos comunicativos (como el cómic de Y-N Hariri) para adaptarse a la redes que se crean para las interacciones.

Si la Ilustración supuso un movimiento descendente, desde las élites ilustradas extendiendo el conocimiento mediante las tecnologías de la lectura y la escritura apoyadas en la imprenta, hoy nuestras tecnologías son mucho más agresivas y absorbentes ya que buscan la creación de fuertes lazos emocionales, como los creados por la vieja oralidad.



La nueva oralidad es también intensiva y emocional, busca constantemente la creación de lazos emocionales y la creación de un estado receptivo constante y adictivo. Esto afecta a una gran cantidad de campos ya que produce una psique —individual y colectiva— difícil de satisfacer, en permanente estado de excitación.

Necesitamos ir más allá de los meros estudios económicos y adentrarnos en los campos más amplios de un mundo globalizado y mediático, cambiante en tecnologías de la palabra. Hay que regresar al estudio de los efectos de los medios y de sus efectos. Necesitamos más estudios y, sobre todo, visiones globales de un mundo que va por delante de nosotros, que nos sentimos arrastrados.

Muchos fenómenos que vemos hoy —sospecho— están vinculados con este tipo de situación individual y colectiva, de la misma manera que el traslado de las poblaciones del campo a las ciudades para favorecer la industrialización provocó un cambio notable en las mentalidades, en la forma de ver el mundo y vernos a nosotros mismos. Vamos muy deprisa y no somos conscientes del camino que recorremos, que solo se nos revela cuando miramos hacia atrás y vemos sus efectos.

Los mensajes de voz, los emoticonos, las conversiones a cómic de texto escritos, el impacto de lo audiovisual, la emergencia de los podcast, etc. son síntomas pequeños de grandes movimientos de desplazamiento del lugar central de la lectura y la escritura tal como las hemos conocido. La cuestión es que al debilitarse su centralidad desaparecerán muchas otras cosas, que serán pronto sensorialmente inaceptables, dificultosamente percibidas y confusamente entendidas.

A nadie le importará porque el mundo en el que estamos funciona ya con otra mentalidad.

 

 

* Kaya Yurieff y Rishi Iyengar "The hot new thing in tech: speaking into your phone" CNN 24/02/2021 https://edition.cnn.com/2021/02/24/tech/voice-messaging-pandemic/index.html

viernes, 27 de septiembre de 2013

85 millones de visiones únicas de la verdad o lo que cabe en las palabras

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer se celebró el Día de la Lenguas o, al menos, los medios nos dieron cuenta de su existencia. Nada contribuye más a la concreción de las lenguas que los diccionarios, un intento de ponerle puertas al campo. Nada hay más complicado que una lengua puesto, precisamente, que son las complejidades de las lenguas las que nos permiten expresar y percibir las complejidades del mundo.
El Lenguaje, como capacidad humana, está en el centro de nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos. Es una capacidad que nos permite realizar dos funciones, una clasificadora y otra comunicativa. No sabemos demasiado bien el orden de estas dos funciones y hay diferentes teorías sobre su origen. El lenguaje nos permite etiquetar el mundo, establecer categorías que nuestra mente puede ordenar y clasificar conforme a criterios que el mismo lenguaje elabora. Las palabras encierran porciones de realidad desde múltiples ángulos y acumulan sobre lo nominalizado rasgos y matices. Todo lo que hemos convertido en lenguaje puede ser operado por nuestra mente para pensarlo, especular sobre ello, proyectarlo hacia el futuro e incrustarlo en las series históricas que establecemos como nuestro pasado. No sabemos si el mundo surgió al conjuro de la palabra, como quieren las tradiciones religiosas, pero sí que el mundo lo encerramos en ellas.


La otra función, la comunicativa nos permite, el intercambio dialógico con los otros, construir un mundo ordenado compatible socialmente. Y también manipularnos a través del lenguaje, tratar de imponer nuestras visiones del mundo, nuestros propios órdenes y valores mentales a los otros. Si cada uno tuviera su propia lengua, viviríamos encerrados en nuestras versiones del mundo, difícilmente comunicables, y tendríamos serios problemas con nuestra sociabilidad, que por el contrario se ve favorecida por la comunicación.

Los diccionarios son las herramientas que utilizamos para guardar esa lengua común y tratar de mitigar los riesgos inevitables de nuestra subjetividad en el uso de las palabras y de sus cambios históricos. Las lenguas cambian sus sentidos e incorporan nuevos términos. Los diccionarios son mecanismos estabilizadores a los que les concedemos poderes ejecutivos y hasta legislativos. Pacifican las relaciones verbales cuando surgen las palabras oscuras al establecer la "corrección" en el uso o el sentido de los términos empleados en las dificultades naturales de la comunicación.
Los diccionarios son obras importantes, monumentales. Sin embargo, apenas se usan. No lo digo como una queja, sino como una constatación. Y no se hace porque llevamos una especie de diccionario interno con los sentidos de las palabras que usamos cada día, una memoria semántica que administra nuestras relaciones lingüísticas con los otros y nuestra enciclopedia mental. Dentro de nosotros hay un lingüista y un bibliotecario que, con frecuencia, manda silencio.
Cuando se estudia el uso práctico de la lengua en un período concreto en el tiempo, se pueden percibir situaciones en las que se viven momentos de confusión semántica. El mundo se vuelve complicado y las palabras adquieren significados extraños o divergentes para los que las usan. Son momentos en los que se constata que los verdaderos diccionarios son las personas y se desvela que existen una terrorífica batalla cuyo campo son las palabras. Es la Batalla del significado.


La escritora egipcia Amira Hanafi ha decido plantearse un reto: un diccionario de la Revolución. Hanafi ya ha trabajado anteriormente en sus novelas —en realidad, es lo que hace todo literato verdadero— sobre las relaciones entre las palabras y el mundo. Lo hizo ya en la novela "Forgery", publicada en Estados Unidos, y en ella construía un mundo relaciones a partir de una palabra "Finkl", que le servía como eje de ese mundo que emergía ante su invocación. La palabra actuaba como un hilo formando un tejido, pues no es otra cosa lo que significa texto: hilos de palabras que tejen el mundo mismo con sus vínculos.

En una entrevista durante la promoción de su novela, Hanafi señalaba "Forgery is, in one sense, about what gets documented, which events get distilled into language and made available to shape a sense of history."* Es esa preocupación por las manifestaciones de la lengua, por la textualización del mundo, por cómo queda unido y dotado de sentido gracias a los mecanismos lógicos del lenguaje, lo que lleva a la autora a indagar sobre las palabras que la Revolución usa y que son campo de batalla en la construcción de los textos que la definen. En otra de sus obras, Minced English, Hanafi ya había ensayado la forma del diccionario tangencial, de la indagación de las palabras desde perspectivas especiales, como recolectoras de sus propios significados.
La noticia de  la preparación del diccionario nos la trae Egypt Independent y nos anticipa algunas cuestiones sobre su intención:

“A Dictionary of the Revolution” aims to give new definitions of a lot of terminology, which are currently being used on a daily basis in the media, official statements and side conversations in cafes and streets.
“Feloul,” “third party,” “counter-revolution” and “Kentucky,” are among the terms tackled in the book.
In the creation of the book, Hanafy uses what she calls “Revolutionary vocabulary cards.” Using those cards, she is asking Egyptians for their stories related to the terms the book tackles, so that they can take part in defining the terms.**


Hanafi, como le ocurría a Gustave Flaubert —su Diccionario de ideas comunes es un ejemplo—, tiene una metaconciencia de la palabras. Ha comprendido que lo interesante no es su definición "oficial", sino el variado sentido particular que las gentes les dan en situaciones concretas; que las palabras parecen majestuosamente neutrales en los diccionarios pero que en realidad se usan como tendenciosos objetos para la interpretación de la realidad al etiquetarla y como manipuladoras herramientas para ganarse el favor de los otros. Su diccionario no tiene vocación eterna sino el valor de la instantánea que recoge a uno con los ojos cerrados y a otro con la lengua fuera, la foto imperfecta pero reveladora de un momento que se escamotea.
Hanafi señala:

“I am not interested in writing one non-complex narratives of the revolution story,” she explains. “You can say that I am not interested in the ‘truth’ in itself as a definition , but I'm interested in the truth that the people believe in.
 “Egypt’s population is more than 85 million people. This means that there are 85 million unique views of the truth.”
“At some unique moment, it seemed that the vast majority of Egyptians agree on what the country needs,” she reminisced. “But what is happening now in Egypt is a form of conflict and confrontation between many of the facts, and I'm interested in, through this project, documenting this complexity at the current moment.”**


Son esas "85 millones de visiones únicas de la verdad" la que trata de documentar, la diversidad que se esconde tras las mismas palabras monolíticas que los diccionarios parecen estabilizar. La confusión de Babel se mantiene bajo la apariencia de la sólida de la palabra. La palabra es la punta visible del iceberg del deseo sumergido. Es el elemento compartido que se lucha por hacer individual. El artista lucha por darle un sentido propio, el que aspira al poder combate por imponérselo a los demás.  Es la voluntad de verdad, el deseo de controlar los significados. ¿Y qué mejor momento para describir esa batalla que una revolución? La revolución es un estado confuso entre dos órdenes; supone la lucha por la reescritura. El orden, en cambio, es la estabilidad interpretativa, el triunfo de uno de los combatientes que logra imponerse.
Al final, la Revolución será lo que signifique lo que se diga de ella.



* "How To Get Lost in a Text: more from Amira Hanafi" Lantern Daily 26/01/2011 http://lanternprojects.com/daily/?p=8444

** "A Dictionary of the Revolution: a popular documentation" Egypt Independent 24/09/2013  http://www.egyptindependent.com/news/dictionary-revolution-popular-documentation






jueves, 5 de septiembre de 2013

Ha nacido una palabra

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¡Que se reúna la Academia! ¡Que paren las máquinas!¡Que detengan la edición del Diccionario! ¡Ha nacido una palabra!
El otro día entrevistaban a un académico de nuestra Lengua (y la de otros) que decía que la Academia jamás había inventado una palabra, que todas y cada una de las que entran en el Diccionario lo hacen por la vía del uso. Es cierto, pero es una verdad a medias porque hay algunas que hacen más cola que las de primero de mes para sacar el abono transporte;  también es verdad a medias porque algunas con poco uso se cuelan rápido y otras con mucho uso, pero poca recomendación, se quedan fuera hasta que se mueren como pez fuera del agua.
Los españoles no confiamos en muchas instituciones, pero sí en los diccionarios —incluso los que leen poco— y se escucha mucho eso de "¡no existe porque no viene en el diccionario!" confundiendo que una cosa es la existencia y otra la legalidad, como bien saben esos a los que les dices que no se puede girar ahí y te contestan "¡mira como sí se puede!" mientras dan el volantazo.

Acabamos de asistir al nacimiento de una palabra como a veces nos cuentan los astrónomos que ha nacido una estrella, como un destello minúsculo en el cielo, una luz que va creciendo en intensidad y que pronto, en términos cósmicos, será sol de algún sistema irradiando vida, incluso vida inteligente en algún momento de este universo o multiverso, que se expande o se contrae, según la teoría que aceptemos o la actualización de nuestra enciclopedia. Sí, ha nacido una palabra como nacen las estrellas.
A veces se trata de palabras nacidas en el laboratorio, como me contaron que ocurrió con "jeriñac", término resultante de un concurso nacional muy bien dotado, con perdón, para la época. Me lo contaron como ejemplo de no  sé qué en una clase de la carrera y se me quedó, como todas las cosas inútiles, para el resto de los tiempos. La recuerdan todavía en Jerez porque de allí surgió la idea de no usar palabras gabachas, como "cognac", o de esos adoptadores de gibraltareños, como "brandy".
En 1950, el Consejo regulador de Jerez convocó un concurso para que españoles y genios de otras latitudes con conocimientos de español presentaran propuestas para denominar al "jerez". El éxito de la convocatoria, ante las perspectivas de las 10.000 rubias de entonces de premio, estaba garantizado:

Una avalancha de cartas comenzó a llegar desde todo el país y norte de África. Una de ellas incluía hasta ¡noventa denominaciones! Y fue tal el interés que despertó el concurso que se contaron más de 30.000 voces para bautizar con un vocablo nuevo un producto antiguo. Hasta el jurado llegaron términos de todo tipo: 'Extremo derecha', 'Jody', Jerezsolvín', 'Ballena', 'Pepe' o 'Banderillero'. De esas 30.000, fueron seleccionadas 533 en tres razas, cuenta el irrepetible José de las Cuevas en el libro 'Historia apasionada del Brandy de Jerez'. "Primero: Los mestizos de Jerez y coñac (algunos escalofriantes): 'Xeriñac', 'Jerinac', 'Coñajer', 'cojer', 'Jernac', 'Joñac', 'Jercó'... Hubo incluso sus pinitos históricos: 'Astiñac', 'Ceretñac'..."
La segunda, los mulatos de Brandy y Jerez. Más numerosos en cantidad, pero exactamente igual de feos: 'Jerebran', 'Jerendy', 'Brandixer', Xebrand', 'Xibrany', 'Brendano', 'Jerezandy'. "La tercera especia pretendió escapar del cerco por los aledaños. Agotaron los segundones de la viña y del alambique: 'Jerein', 'Jerezvid', 'Jeruva', 'Calduva', 'Bijerez', 'Destiljerez', 'Jerlicor', 'Jerezvita', 'Vinardiente', 'Pirosin', 'Cherquemado', etc..., etc...
El 3 de julio de ese año, el jurado, que componían Julio Casares, José María Pemán, Manuel Barbadillo, Manuel de la Quintana, Ramón García Llanos y Antonio Muñoz anuncian el fallo: Será 'Jeriñac' el término premiado, cuyas 10.000 pesetas se repartirán seis concursantes que enviaron esa propuesta, uno de ellos el recordado jerezano Juan de M. López de Meneses. Al tiempo, el fallo recomienda al Consejo el uso de la palabra pero sin la 'ñ' "por la extrañeza que pueda causar fuera de España".*


Pero "jeriñac", "jerignac" o "jerinac" eran unas palabras artificiales y amaneradas,  de laboratorio, pervertidas por la codicia del premio, palabras destinadas al fracaso y al escarnio, según confirman las crónicas, materia prima de chistes espirituosos.  No, no es vía noble el concurso para la creación de palabras.
Las palabras deben nacer, como le gustarían a Martin Heidegger, revelando algo del mundo, acogiendo la experiencia del Ser inmerso en los flujos de la existencia de la cual es consecuencia —o algo así—. La palabra es destello, iluminación. Debe nacer numinosa, fruto del azar y la necesidad, sin que se comprenda muy bien cómo llegó al mundo, cómo llegó a nuestros labios tal como las abejas fueron a los labios de Virgilio,  como comentan sus biógrafos, a degustar su dulzura.
La palabra nace inocente, revelando el mundo, pequeñita. Emociona contemplar esa nueva energía entre tanto término caduco, desgastado por el uso, como decía Mallarmé.
Sí, ha nacido humilde, en un modesto pie de foto, necesitada de atención y algo de vista. Algunos pensarán que nació por casualidad; otros, en cambio, dirán que no existe el azar y que solo ocurre que desconocemos cómo llegó hasta allí y que si el Demonio de Laplace pasara por el lugar en ese momento nos lo explicaría con todo detalle y quedaríamos convencidos.


La nueva palabra es poética, es técnica y reúne un alto valor semántico y descriptivo. Yo ya la he incorporado a mi lexicón mental y la incluiré en mis conversaciones o escritos en cuanto tenga ocasión, que me imagino que será muy pronto. A ver si conseguimos verla en el diccionario para riqueza de la Lengua común.
Ha nacido, además, en un entorno decadente en el que las palabras ya no significan lo que significan, no revelan sino ocultan, desgastadas por su mal uso. Ha venido a un mundo, sí, en el que se encuentran párrafos como este:

Zaragoza ha difundido esta tarde un escueto comunicado en el que asegura que renuncia a ese cargo “para no perjudicar a mi partido y de acuerdo con el primer secretario del PSC”, Pere Navarro. Fuentes socialistas explicaron que el abandono es provisional, "hasta que se esclarezca su participación en el caso", aunque el comunicado no se refiere a la provisionalidad de la decisión.**

Algunos habrán ya adivinado que se trata del espinoso asunto que surgió de aquella comida político-sentimental en la que además de los cubiertos habituales estaban —"encubiertos" y posteriormente "descubiertos"— los micrófonos de la agencia de detectives Método 3, uno de esos episodios ejemplares de la vida política que nos gastamos últimamente. Ahora ha salido a la luz que D. José Zaragoza —exsecretario de organización del PSC y dimisionario de la ejecutiva federal del PSOE—, supuestamente, encargó a la agencia que investigara al alcalde de Badalona, para determinar su residencia, según nos informa la prensa.


Gastar las palabras es decir que se dimite "para no perjudicar" cuando ya se ha perjudicado; lo es también llamar "abandono" a una salida vergonzosamente forzada y forzosa; igualmente lo es llamarlo "provisional" y hablar de "esclarecer" lo que se ha negado hasta el momento. Aquí dimite todo el mundo por no hacer daño cuando el daño ya está hecho. Este desgaste de las palabras se vuelve más intenso cuando leemos: «La renuncia de Zaragoza se produce horas después de que el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba haya calificado esta mañana de "repugnante" el espionaje político y haya anunciado que si se confirma que el PSC ordenó el espionaje, "tendrán que tomar decisiones".»* Cuando los textos se llenan de comillas, es que algo ocurre en el mundo, que las palabras ya no lo describen bien o que no nos atrevemos a llamar a las cosas por su nombre. Algunos dicen que pedir a los detectives que verifiquen un domicilio y hagan guardia frente a él —como aparece en los correos electrónicos— es "poco espionaje", pero evidentemente es también jugar con las palabras, más comillas.

Y es en este lodazal de la política, en este estercolero diario de "sobres", "sobresueldos", "papeles", "institutos" y demás palabras entrecomilladas, en el que la palabra nace con su sentido revelador, bajo la foto solitaria del señor Zaragoza, dimisionario avant la lettre. No surge de un concurso artificial, como la olvidada "jerignac"; lo hace de forma que hubiera encantado a Flaubert —le mot juste—, a Breton, a Joyce, a Freud —que le hubiera dedicado un capítulo vibrante de su Psicopatología de la vida cotidiana—, hasta a nuestro Ramón le hubiera encantado y lamentaría que no se le hubiese ocurrido a él y habernos hecho una greguería.
La palabra recién llegada —¡saludémosla!— es: jejecutiva. ¿Cabe mayor síntesis, mayor expresividad, mayor condensación, que ese cambio de valor —casi de inversión nietzscheana, de carnavalesco bajtiniano— por el simple añadido de una jota traviesa? Cada vez que vean ustedes a estos políticos, unos y otros, que nos abruman y desesperan, reunidos, prestos a tomar decisiones que nos hacen temblar por lo que de allí saldrá, perjudicados porque nos afecta o porque no nos afecta, repítanse para sus adentros: "¡vaya, ya se ha reunido otra vez la jejecutiva!". Se sentirán algo liberados.


Cuando se abusa de las palabras, retorciéndolas, vaciándolas de significado, ellas se vengan así. ¡Benditas erratas que nos hacen pensar y, en ocasiones, reír!

* "Jeriñac, el concurso más tonto del siglo" Diario de Jerez 1/07/2012 http://www.diariodejerez.es/article/jerez/1296734/jerinac/concurso/mas/tonto/siglo.html

** "Zaragoza deja la ejecutiva del PSOE por el espionaje de Método 3" El País 4/09/2013