Mostrando entradas con la etiqueta autoritarismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autoritarismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de junio de 2026

La lucha por el control de la verdad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De un político se espera que no pierda los nervios en una entrevista, pero Donald Trump no es exactamente un político o lo es de una clase muy especial. La creencia en que se puede controlar todo y que los demás van a aceptarlo es propia de Trump, acostumbrado a ejercer el control y que se admita como realidad cualquier cosa que diga. Esta vez no le han salido las cosas como quería y ha estallado en la entrevista.

Gran parte del poder de Donald Trump reside en la aceptación incuestionada de los demás, que se ven obligados a seguir sus afirmaciones en silencio. Parece que ese momento de "fuerza" está empezando a volverse contra él.

Nos cuentan en 20minutos lo ocurrido en una entrevista televisiva. Tras señalar la resistencia de la entrevistadora desde el principio:

El enfrentamiento verbal escaló cuando Welker le ha recordado que no existían pruebas de tales acusaciones. Ante esto, Trump ha reiterado que las elecciones presidenciales de 2020 -en las que perdió contra el demócrata Joe Biden- fueron "amañadas" y ha asegurado, sin aportar evidencias, que actualmente se está produciendo un "fraude" en el recuento de votos de las primarias de California. 

"Hay pruebas tremendas, no hay más que pruebas. Las elecciones fueron amañadas", ha insistido el exmandatario ante las réplicas de la periodista, añadiendo sobre la situación en California que "solo hace falta mirar". Ante la insistencia de Welker por obtener datos verificables, Trump ha comenzado a descalificar directamente a la entrevistadora y a los medios de comunicación. 

"Son corruptos, igual que tú eres corrupta. Tu prensa es corrupta y 'Meet the Press' es corrupta", ha apuntado el mandatario. Finalmente, tras acusar a la cadena de ser un "canal sesgado y corrupto", Trump ha decidido dar por terminado el encuentro de manera unilateral: "Vamos a dejarlo aquí porque ya he tenido suficiente". * 

Trump vive su propia versión de la historia y los demás deben aceptarla. Es su forma de entender el poder, que es la capacidad de imponer un discurso y un contenido. Desde el principio Trump se ha movido entre la imposición y la descalificación, la amenaza y el insulto personal. Llevarle la contraria en lo que él quiere imponer como "verdadero" es arriesgado por los poderes que mueve tras las cámaras o en la prensa.

Una prensa libre es una prensa independiente con la fuerza necesaria como para preguntar, para pedir explicaciones sobre lo que se pretende que transmita. Imponer o no dar explicaciones es lo característico de las dictaduras. ¿Están preparados los Estados Unidos para aceptar que han colocado en la Casa Blanca un presidente autoritario, un presidente con el que hay que escribir "T*r*u*m*p"?

No sé bien la respuesta a esta pregunta. Solo sabemos  que son cada vez mayores las presiones y censuras o las respuestas insultantes y airadas, como la que se nos describen en el artículo citado.

En el modelo político que tiene en la cabeza el presidente no cabe la duda o plantar una versión de la realidad diferente a la suya... y eso tiene un nombre. Fueron los cómicos los que marcaron el camino, los que plantearon las discordancias entre la realidad y su versión trumpista. Es lo carnavalesco lo que canaliza la crítica al poder. Por ello fueron presionadas sus empresas y despedidos, sacados de sus programas, mientras eran señalados también como "corruptos" desde la Casa Blanca. Tampoco es casual que la mayor parte de sus pérdidas de control sea con mujeres. Al narcisismo se le añade el machismo.

Y este modelo autoritario ha seguido creciendo conforme aumentaban las críticas a la sinrazón presidencial. Trump no admite la divergencia porque tiene que hacer ver su poder, algo esencial para él, algo por encima de instituciones, equilibrios de poder, etc. No se trata de aceptar dos caras de lo que ocurre; se trata de imponer la suya y sin pruebas, como le reclamaba la periodista Kristin Welker. Lo que dice debe ser aceptado en su integridad y pedir pruebas es un desafío. El poder no necesita pruebas en la versión trumpista. El poder es la prueba. Un poder que necesita justificarse no es poder.

Esta idea está en Trump desde el principio, desde antes de llegar a la Casa Blanca. Por eso poníamos ayer el principal acento en la afirmación de Peter Hegseth, su Secretario de Guerra, sobre que "la fuerza es la paz". Es la base peligrosa del trumpismo y lo vemos en las aplicaciones de la política norteamericana. Se siente como el más poderoso y los demás deben doblegarse a su fuerza y a la que hay tras los discursos, algo esencial en su forma de sentirse.

La mayoría de esas acciones que nos parecen extravagantes, sin fundamento, son la forma de demostrar su poder. La mayor irracionalidad de lo que hace es una forma de consolidarse como más poderoso. Todo lo demás no es más que corrupción. El narcisismo de Trump le lleva a la imposibilidad de haber sido derrotado en las urnas; es superior a su sentido de la realidad, que debe ser modificada. Nunca reconocerá que fue ganado limpiamente. El asalto al Capitolio fue la aceptación por parte de sus seguidores radicalizados por su afirmación de que "le robaron" las elecciones. Volvemos al mismo punto.

Agradecemos y aplaudimos a la periodista Kristin Welker su pregunta y no haber cedido ante las afirmaciones sin pruebas. Es la forma arriesgada de demostrar la importancia del buen Periodismo. Esperemos que su intervención sirva para despejar algunos males que se han instalado en la sociedad norteamericana, que se aleja progresivamente de sus ideales de libertad y respeto democrático. En algún momento se producirá la reacción de defensa de los principios democráticos. Hasta el momento son episodios aislados del valor de actores y actrices, de periodistas, etc. que se atreven a llevar la contraria a esa falsa realidad que trata de imponerse en los discursos del trumpismo. La lucha por el control de la "verdad" es dura y es esencial para el presidente y los que le siguen. Es la base sobre la que justifican sus actos.


* "Trump abandona cabreado y entre gritos una entrevista con la NBC e insulta a la periodista: "Eres una corrupta"" 20minutos / EFE 7/06/2026 https://www.20minutos.es/internacional/trump-abandona-cabreado-entre-gritos-una-entrevista-con-nbc-insulta-periodista-eres-una-corrupta_6980317_0.html



sábado, 21 de marzo de 2026

La libertad informativa y la censura

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El trumpismo acaba de recibir un duro golpe en su línea de flotación. En estos tiempos, es esencial para su existencia y eficacia el control de la información y de los informadores. A los mecanismos de censura automáticos, los aplicados desde la tecnología y la difusión de la información —como los "sombreados" de información, la aplicación de algoritmos selectivos o eliminación directa de los mensaje en la redes— le siguen aquellos realizados desde la administración en ejercicio de fuerza directamente sobre los informadores.

Las maneras autoritarias de la presidencia se han extendido por todo su entramado administrativo intentando controlar la información. A los insultos directos sobre los informadores en ruedas de prensa y declaraciones (especialmente sobre las periodistas dejando al descubierto además del narcisismo el machismo creciente) se suman las prohibiciones de acceso a la información a medios y personas en distintos accesos, esta vez en la Secretaría de Guerra. Es aquí donde los jueces han puesto freno, tal como se nos cuenta en RTVE.es: 

A mediados de octubre del año pasado, decenas de reporteros entregaron sus credenciales y abandonaron el Pentágono. Lo hacían en señal de rechazo a una nueva normativa por la que eran sometidos a una autorización previa de información por parte del secretario de Guerra. Estas nuevas reglas permitían expulsar a periodistas que publicaran información no aprobada: una restricción grave a la labor de los medios de comunicación. Organizaciones periodísticas de todo tipo prometieron seguir informando pero advirtieron que estas medidas representaban una amenaza al periodismo independiente. La imagen de los reporteros abandonando el Pentágono cobró relevancia en redes sociales y medios de comunicación.

Apenas medio año más tarde un juez federal de Estados Unidos ha declarado este viernes ilegal la norma del secretario de Guerra, Pete Hegseth, que restringía el acceso de la prensa a sus instalaciones, al considerar que violaba la primera Enmienda.

Paul Friedman, juez del Tribunal de Distrito de Washington, ha sostenido que la normativa otorgaba al Pentágono un poder excesivamente amplio y arbitrario para retirar acreditaciones a reporteros, sin criterios claros ni mecanismos de apelación.* 

Esa distinción de "independiente" es algo que se queda corta. No debemos asumir esa gorma de clasificar a los medios que el propio poder asume y exige como "conmigo o contra mí". El periodismo que no es independiente no es periodismo, es otra cosa, es propaganda disfrazada.

El verdadero periodismo es independiente en su función social. En tiempos en donde la independencia se considera un problema, como los actuales, lo que se hace es reducir la consustancial independencia por medios tan burdos como los de la Secretaría de Guerra o los que los poderes financieros ejercen sobre los medios restringiendo su capacidad de informar e imponiendo direcciones que le sean favorables. Se promueve a determinadas personas afines al poder a la dirección de los medios, dejándolos bajo un control absoluto.

Aquí hemos comentando cómo un determinado país ha logrado entregar los medios a la presidencia como "regalo" asegurando así que solo se muestre una parte de lo que ocurre en él, eliminando la crítica o, sencillamente, la imagen de la realidad sustituyéndola por una fantasía colorista. Eso no es Periodismo.

Que en Estados Unidos se plantee algo similar como objetivo no deja de ser una acción más en la ruta del totalitarismo encubierto, como las guerras lo son del imperialismo camuflado.

La deriva estadounidense es grave y acelerada, extremándose en los momentos críticos. Cuando mayor es la crítica, aumenta la represión, los impedimentos para informar y crece la manipulación mediática, una herramienta esencial de acción sobre la ciudadanía convertida en audiencia expuesta en un universo mediático.

Con una estructura en dos pasos, el de la información vertical (control de los medios de forma activa, positiva o negativamente) y el de la difusión horizontal para el que se controlan las redes y se crean instituciones para duplicar sus efectos, como la red universitaria de extrema derecha que cubre todo el país y cuyo líder fue asesinado.

¿Se recuperará el país de esta presidencia, volverá a promover valores acordes con su esencia democrática? Es la gran pregunta. Se está viendo que los mecanismos de defensa de la caída interna de los valores, sustituidos por una retórica patriotera, mítica y reaccionaria están más incrustados de lo que se pensaba y que hay mucha gente detrás, tanto votantes como instituciones ocupando el tejido social.

Los jueces van frenando, como ocurre en este caso, los intentos de control absoluto, de una combinación de aplausos y silencios, pero puede que pronto no sea suficiente. Cada vez hay menos dudas de que lo que ocurre es un fenómeno de enorme profundidad que nos arrastra a todos, dentro y fuera del país.

Lo preocupante es la falta de respeto a los principios democráticos. Cada vez que los jueces tumban alguna acción del gobierno, se comienza a buscar la forma de volver a sus efectos mediante otras, Es decir, no ha sentido alguno de que se vulneran las normas y principios de la democracia sino que se busca una manera de volver contra ellos. No hay espíritu de enmienda sino voluntad de volver a saltarse los principios buscando huecos legales para infringirlos de nuevo. Esto es cada vez más imitado en otros países al ver que les funciona. La voluntad autoritaria crece. 

 

* Miguel A Castro Uceda "Un juez de EE.UU. anula la política del Pentágono que limita el acceso a la prensa independiente" RTVE.es 21/03/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260321/juez-eeuu-anula-politica-del-pentagono-limita-acceso-a-prensa-independiente/16991040.shtml

sábado, 31 de enero de 2026

El hoy de los Juan Nadie

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ayer noche tuvimos la ocasión de recuperar en una de estas sesiones trimestrales que me piden la magnífica película de Frank Capra "Juan Nadie" (Meet John Doe 1941). Las obras de arte nos abren puertas entre el presente y el pasado en nuestras mentes. Vemos lo que nos decían antes y lo confrontamos con nuestras experiencias y conocimientos en el presente. Nuestra mente asociativa establece comparaciones, conexiones, similitudes sin que lo podamos evitar. Así funciona nuestra mente y así funciona la cultura, acumulando y comparando.

En el caso de Juan Nadie nuestras mentes se dirigen en ese viaje de ida y vuelta hacia lo que vemos en la pantalla y lo que vemos cada día en nuestro presente. Muchas veces pueden ser casualidades, en otras, como en la película de Capra, nos encontramos con problemas enquistados, crisis recurrentes, con situaciones no resueltas que están en el origen de los conflictos.

La película está fechada en 1941, el año en el que Estados Unidos entre en la II Guerra Mundial tras el ataque de Japón en Pearl Harbour. Es, por lo tanto, un momento de máxima tensión internacional y el cine lo refleja en esta comedia que acaba en tragedia. Juan Nadie es un "invento" surgido de la venganza de una periodista despedida en la renovación de un periódico. La película comienza con el cambio de rótulo en la entrada el viejo periódico. Se borra la expresión "libertad de prensa" y sigue con los despidos por parte de la nueva dirección. La venganza de la periodista Ann Mitchell (Barbara Stanwick) es una carta falsa firmada por un tal Juan Nadie, que amenaza con suicidarse en Nochebuena como protesta al giro egoísta que ha tomado una sociedad llena de desempleados, gente empobrecida tras el "crack del 29". Para sorpresa de todos, se presentan todo tipo de mendigos callejeros diciendo ser los autores de la carta ante la idea de que se les ofrecerá un trabajo. Creen que la farsa resultará rentable para aumentar las tiradas y le dan la "personalidad" de Juan Nadie a Long John Willougby, un exjugador de béisbol lesionado que vive con otro mendigo bajo los puentes, "El Coronel".

Pronto la trama va creciendo y el fenómeno social que supone el sensacionalismo morboso de su suicidio navideño desborda todas las expectativas. El mensaje de Juan Nadie pasa a ser una reivindicación del "hombre común" con una filosofía reivindicativa de la amistad, la solidaridad y el alejamiento de los políticos como seres ineficaces que solo luchan por el poder y por el enriquecimiento propio.

"Juan Nadie" es una película sobre la manipulación combinada de la política y de los medios, que actúan al servicio de los políticos, que crean polémicas y enfrentamientos con el fin de atraer la atención. Detrás de cada medio hay un grupo o partido

¿Les va sonando? Pues el resto de la película les sonará más todavía.

En un mundo como el actual, un mundo totalmente sometido a la información, lo que era motivo de crítica a finales de los años 30 es hoy normalidad. Lo que pretendían entonces y por lo que creaban complejas estrategias desde el poder conectado a los medios, forma parte hoy de la disputa diaria en la que unas cadenas y medios se acusan unos a otros de estar al servicio de intereses políticos y económicos.

Recomiendo que busquen esta película y la vean como más allá de una de las comedias que de Capra que nos dan por navidades. Capra y sus guionistas supieron usar los géneros para trasladar un mensaje claro sobre el estado de la sociedad, algo que los estudios quisieron evitar con la idea de que la gente que vive en situaciones problemáticas —como ocurría entonces en el caos, la pobreza, etc.— quiere olvidarla. La respuesta mayoritaria de los estudios fue "la fábrica de sueños" en vez de la lupa analítica sobre las situaciones en las que se encontraban sumido.

Juan Nadie es un análisis con escalpelo de deseo de poder frente a la sencillez de los "Juna Nadie" que componen la sociedad norteamericana. No se trata de crear mitos sino de aceptar realidades, la de la vecindad: si se trata bien al que vive junto a ti, si derribas cercas y muros con un saludo, el mundo cambia.

Es imposible no escuchar las palabras de D.B. Norton (Edward Arnold), el magnate que quiere todo el poder y que no difiere de lo que está ocurriendo en la Europa de nazis y fascistas, sin compararlo con palabras que escuchamos hoy. No es posible contemplar en la pantalla sus tropas paramilitares sin pensar en lo que vemos hoy en las calles de Mineápolis u otros espacios bajo vigilancia.

Con todas las distancias que queramos, siguen perviviendo las viejas perversiones y maldades políticas, las ambiciones de poder absoluto, las camarillas de intereses económicos, las compras de medios para hacerse con el discurso central con el que manipular a la gente.

Juan Nadie es, como hemos señalado, una película sobre la manipulación, sobre un mundo lleno de "fakes", de falsedades manipuladoras para hacerse con la opinión pública. Los Juan Nadie del mundo son un valioso tesoro de votos, de posibilidades de consumo dirigido. Son las víctimas a las que dora la píldora para hacerse con su fuerza basada en el número, en su buena fe. Son una fuerza por explotar con la astucia y herramientas adecuadas, esencialmente los medios controlados.

La película encantó a los asistentes al cineforum, que aplaudieron al final. Después se produjo un entretenido debate, lleno de ideas y coincidencias. Si tienen ocasión, vean "Juan Nadie". Es algo más que una buena película, algo a mitad de camino entre el pasado y el futuro; una película que nos habla cara a cara y nos ayuda a comprender mejor lo que nos rodea.

 


Ficha:

Juan Nadie (Meet John Doe) 1941

Director: Frank Capra

Guionistas: Richard Connell, Robert Presnell Sr. y Robert Riskin

Intérpretes: Gary Cooper ('Long John' Willoughby), Barbara Stanwyck (Barbara Stanwyck), D.B. Norton (Edward Arnold ), Walter Brennan (The 'Colonel'), Spring Byington (Mrs. Mitchell), James Gleason (Henry Connell), Gene Lockhart (Mayor Lovett), Rod La Rocque (Ted Sheldon)...

Música: Dimitri Tiomkin

Productores: Farnk Capra y Robert Riskin

lunes, 8 de septiembre de 2025

La amenaza sobre Chicago

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Puede que haya una gran movida en Estados Unidos, en lo0s bastiones demócratas, lugares que han mostrado su resistencia y solidaridad ante las amenazas del presidente Trump. Estas amenazas se fundan en la descripción inicial de un estado casi apocalíptico, incontrolado, que requiero de la intervención de fuerzas externas a las ciudades, como el mismo ejército o la Guardia Nacional.

Esta vez la amenaza se cierne sobre una ciudad importante, como es Chicago. La posibilidad de que la ciudad sea tomada por las fuerzas militares y se produzcan deportaciones masivas de sus habitantes es tomada muy en serio por sus autoridades locales y por otras instituciones.

En Independent en español se recogen las medidas preventivas que recomiendan a los ciudadanos:

El reverendo Marshall Hatch instó a los feligreses de una destacada iglesia afroamericana en el lado oeste de Chicago a portar identificación, mantenerse conectados con la familia y protestar en un momento que la ciudad se prepara para una esperada intervención federal.

"Necesitan empezar a decirle a la gente dónde están, para que no desaparezcan", dijo Hatch durante los servicios del domingo en la Iglesia Bautista Misionera New Mount Pilgrim. "No vamos a desesperarnos. No vamos a sentirnos amenazados. No vamos a rendirnos ni a ceder ante el fascismo y el autoritarismo".

Al tiempo que Chicago se prepara para una represión de la aplicación de la ley de inmigración y un posible despliegue de la Guardia Nacional, las iglesias de toda la ciudad intensificaron su respuesta desde el púlpito. Algunas trabajaron para calmar los temores sobre la detención y deportación, y otras abordaron la posibilidad inminente de más presencia policial en las calles de la tercera ciudad más grande del país.

El presidente Donald Trump ha amenazado con una intervención federal en bastiones demócratas, advirtiendo recientemente que se podría usar una fuerza apocalíptica en Chicago para combatir el crimen y aumentar las deportaciones. Ha citado repetidamente los planes esperados ante las feroces objeciones de las autoridades locales y muchos residentes que lo consideran innecesario e indeseado.*.

La situación, como puede  apreciarse, está en su límite crítico, donde la intervención de las fuerzas federales sobre las locales puede llevar a acciones y resistencia con uso de la fuerza.

Advertir a los ciudadanos de orígenes diversos que lleven su documentación encima o que estén siempre localizados es un intento de evitar algo que se ha estado produciendo hasta el momento con la administración Trump en el poder. Los ciudadanos pueden "desaparecer" y reaparecer después fuera del país, en cualquier lugar al que sean deportados. De ahí las recomendaciones de estar documentados y localizados.

Las llamadas a la resistencia son la manifestación de una voluntad opositora clara. Chicago, dicen, no está dispuesta a perder su población a manos del trumpismo, como parte de la guerra declarada contra los demócratas y los que son considerados una especie de "plaga" responsable de todos los males de Estados Unidos, los migrantes.

Las amenazas de Trump son tomadas en serio y ponen a prueba los sistemas jurídicos y los derechos de las personas, que son vulnerados por una política de hechos consumados. Para Trump es la fuerza la que actúa tras sus estimaciones de "peligros".

Esta vez, el Departamento de Seguridad Nacional planea usar una base militar al norte de la ciudad y ha alertado a las autoridades de otro suburbio que usarán un centro federal de procesamiento de inmigración allí para una operación que potencialmente durará 45 días. Por su parte, Trump ha advertido que podría enviar tropas de la Guardia Nacional a Nueva Orleans antes que a Chicago.

Trump ya ha desplegado la Guardia Nacional en Los Ángeles y Washington, D.C., donde también ha federalizado la fuerza policial. Un juez federal ha dictaminado que el despliegue en Los Ángeles es ilegal.* 

Resulta difícil asociar todo esto con la idea de los Estados Unidos convertido en un estado policial autoritario bajo la dirección de Trump. La invocación constante de la excepcionalidad de las situaciones y la aplicación de leyes de urgencia, muchas veces olvidadas en el tiempo que resurgen ahora como amenazas constantes. La criminalización de los migrantes, transformados por Trump en delincuentes simplemente por su origen, adquiere nuevos tintes ante la "toma" de las ciudades por parte de las fuerzas federales.

Es una medida autoritaria más como lo puedan ser los aranceles de "castigo" o el bombardeo de lanchas en los que no se da opción a juicio alguno. Trump decide como juez y actúa como verdugo. Ha usado en su cuenta de la red social propia una frase de la película "Apocalypse Now!" para mostrar su visión de lo que está creando. ¿Infantilismo, sadismo, narcisismo...? Probablemente una mezcla de todo ello, algo que sale a la luz sin embargo alguno.

Su vicepresidente JD Vance sigue sus pasos y justifica el uso de la fuerza diciendo que "le importa una mierda" cómo se llame a lo que están haciendo. Es la continuidad con Trump mediante la que ya apuestan los candidatos a sucederle en el caso dudoso de que no quiera pisotear más normas y trate de continuar en el cargo.

Declarando como "antiamericanos" a los que se les oponen; invadiendo las competencias locales; enviando fuerzas militares a las ciudades, etc.,  ¿Cómo y cuándo va a recuperarse Estados Unidos de todo esto?

Veremos qué ocurre con Chicago en los próximos días. 


* Sophia Tareen "Iglesias de Chicago piden resistencia pacífica ante posible intervención federal" Independent en español 7/09/2025 https://www.independentespanol.com/noticias/america-latina/iglesias-de-chicago-piden-resistencia-pacifica-ante-posible-intervencion-federal-b2821908.html

miércoles, 27 de agosto de 2025

La deriva autoritaria y el sentido común

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Con una doble titulación, primera página e interior de la edición web del diario El País— "Trump da un nuevo salto en su deriva autoritaria y populista en EE UU" / "Tropas en Washington y destituciones en la Reserva Federal: Trump abraza la deriva autoritaria en Estados Unidos" —, Macarena Vidal Liy pone el acento en la transformación de la política norteamericana con Trump en el poder, una cuestión que empezó folclórica y que poco a poco se va adueñando del país. El comienzo del artículo nos define la situación: "El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegura que no es un dictador, solo “una persona con mucho sentido común”.* En una sola frase queda definida la raíz del problema.

La política de "sentido común" es justo lo contrario de lo que es una política democrática, que es precisamente la que trata de zafarse de esa obviedad que excluye el diálogo. Eso es lo que se entiende por "sentido común", lo que ve innecesario cualquier tipo de debate porque "sabe" qué es lo "correcto". La base de la democracia es precisamente el error que debe ser sometido al escrutinio general como "garantía" de que varias mentes piensan mejor que una, de ahí la existencia de parlamentos, cuyo origen es precisamente hablar entre todos, "parlamentar".

Por eso el "sentido común" y la "discusión demagógica", por llamarlo de alguna forma, son enemigos claros del pensar y de sentir democráticos. Tanto la discusión "sin sentido" como la imposición del "sentido común" son enemigos del pensar democráticamente. En el caso de Trump, es el anticipo del absolutismo, enemigo de la democracia; en el otro caso, es el anticipo del caos, que esconde varios y diferentes "sentidos comunes", es decir, la imposibilidad del diálogo real, de un debate productivo.

El sentido común de Donald Trump no es más que la confirmación del autoritarismo político que le vemos practicar cada día, con decisiones insólitas que están llevando a la transformación de la vida y forma de pensar norteamericanas. Estados Unidos ha dejado de ser un modelo democrático para ser un modelo de "sentido común".

De una forma eufemística se habla de "intervencionismo", como en el mismo artículo citado: "Los despliegues de militares en las ciudades, la mano dura en política migratoria y las alusiones a las figuras de dictadores agravan su giro intervencionista"*. Pero el "intervencionismo" es otra cosa. En el caso de Trump supone la negación del otro, es más, su criminalización. Persona, ciudades, instituciones... son declaradas primero como "terroristas", "criminales", etc. para después ser sacadas del mapa. Esto es más que intervencionismo; es el aperitivo de una forma dictatorial, a la que evitar su verdadero rostro solo favorece a Trump y a los que están detrás.

En su primer mandato, Trump llamaba a Abdel Fatah al Sisi, el presidente egipcio, "su dictador favorito". Ya anticipamos que era algo más que un chiste. De la misma forma, Trump se preguntaba al comentar el filme "Ciudadano Kane", "¿de qué sirve el poder si no puedes hacer lo que quieres?". Ese "lo que quieres" tiene su apoyo en el "sentido común", que además de no ser "común", excluye a los otros. En el fondo y en la forma, lo que se hace es maquillar lo dictatorial.

14/09/2019

Más allá de los Estados Unidos, Trump se encuentra a sus anchas entre los diversos dictadores claros y figuras autoritarias que también actúan bajo el mandado del "sentido común". Los dictadores se sienten alentados y hasta protegidos por los Estados Unidos de Trump y les basta hacer cualquier gesto ridículo —como pedir el Nobel de la Paz para él—, hacerse fotos sonrientes a su lado, etc. Esto está complicando un poco más la vida internacional y, especialmente, la de los pueblos bajo su yugo, que ven cómo sus dictadores se ganan el apoyo norteamericano.

Ya hay algún dictador que aprovecha su control del poder para eliminar las restricciones sobre el número de mandatos al frente del país o aumentando la duración de estos. Recordemos que un truco similar le permitió a Putin alternar entre presidencia y jefatura del gobierno. Veremos qué ocurre cuando a Trump le toque salir de la Casa Blanca. Ya ha dado algunas pistas.

Podemos hablar de "deriva", de "intervencionismo". etc. pero la realidad es la que es y el camino una serie de pasos en una misma dirección. Por lo pronto, marines y guardia nacional son llevados a las calles de las ciudades norteamericanas poco favorables, decretadas como zonas de riesgo, zonas de delincuencia, caóticas, etc.  Expulsiones de migrantes y criminalización de países enteros... Todo de "sentido común", claro. 

 

* Macarena Vidal Liy "Trump da un nuevo salto en su deriva autoritaria y populista en EE UU" / "Tropas en Washington y destituciones en la Reserva Federal: Trump abraza la deriva autoritaria en Estados Unidos" El País  27/08/2025 https://elpais.com/internacional/2025-08-27/tropas-en-washington-y-destituciones-en-la-reserva-federal-trump-abraza-la-deriva-autoritaria-en-estados-unidos.html

domingo, 3 de agosto de 2025

Las nuevas formas autoritarias

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Si ayer hablábamos del absolutismo de Donald Trump y de su influencia como modelo en otros lugares, corresponde hoy tratar de ver cuáles son los cambios que se están produciendo en el "poder" para ajustarse a una nueva realidad social global.

Creo que no hay duda que en las últimas décadas se han producido cambios radicales en la sociedad, incluyendo la forma en que ella misma se percibe, en cómo ve sus relaciones y metas. Estos cambios nos van llevando a una crisis del modelo democrático, que se ve debilitado de diversas formas.

El anuncio en la prensa de estos últimos días sobre la aprobación de la reelección ilimitada de Nayib Bukele nos sirve para una de las primeras normas protectoras de la instauración de un poder absoluto. En la página de Directorio Legislativo, encontramos un preciso análisis de lo que supone el "reinado" Bukele en El Salvador: 

Desde su llegada a la presidencia el 1° de junio de 2019, Nayib Bukele, ha profundizado su poder político a costa de estrategias que han erosionado el estado democrático y de derecho. A principios de este año, el oficialismo logró alcanzar la mayoría calificada en la Asamblea Legislativa, lo que le ha permitido aprobar leyes sin negociar con la oposición y renovar en su totalidad a la Sala en lo Constitucional cuyos fallos le habían sido adversos. El impacto de esta medida no tardó en verse, cuando los nuevos jueces habilitaron la reelección presidencial pese a que está expresamente prohibida por la Constitución. 

Por el momento nada parece hacer mella en la elevada popularidad del presidente que en su cuenta de Twitter se autodefine como “el dictador más cool del mundo mundial”. Es más, esto sirvió de argumento a los nuevos jueces de la Sala para argumentar que “las reglas en la alternancia están dirigidas a superar los casos de presidentes que no gozan más de la aprobación del pueblo”. Con todo, las últimas semanas mostraron escenas – hasta ahora inéditas – de descontento social que podrían anticipar un cambio en el clima local. * 

El caso de El Salvador con Nayib Bukele nos muestra una forma en la que se unen las características del gobierno dictatorial con las nuevas formas de tratar con la ciudadanía, a la que se somete con una serie de procesos de procesos comunicativos de modelado.

El artículo establece las líneas principales de las que Bukele se ha servido para intentar perpetuarse en el poder, Son tres básicamente: 

1) Seguridad y regulación de la pandemia: puntos de quiebre en la relación entre los tres poderes del Estado

2) El oficialismo alcanza mayoría propia en la Asamblea y avanza sobre el poder judicial

3) [...] las restricciones al acceso a la información pública*

 

En el primer enunciado se nos relata cómo las restricciones que la pandemia provocó sirvieron para un recorte de libertades y el control del Ejecutivo sobre el resto de los poderes y la pérdida del equilibrio institucional dando más poder a la presidencia.

Desde el Ejecutivo se va favoreciendo el crecimiento de la tendencia oficialista, que se va esparciendo por las diversas capas del  poder y la administración hasta hacerse prácticamente única y necesaria.

La campaña contra la información crítica es fundamental para silenciar cualquier oposición. La información pública oficial deriva en propaganda populista y personal del líder mientras que la crítica se convierte en "desestabilización" y hasta "terrorismo".

Cada una de esas líneas tiene diferentes desarrollos, pero todos en la misma dirección: aumentar el poder presidencial. A esto ayuda el modelo político presidencialista americano que, de norte a sur, domina el continente frente a otros modelos más democráticos, como los europeos.

Hemos tenido ocasión de ver estas fases del proceso en el mandato de Donald Trump. En abril de este año, en RTVE pudimos leer un reportaje sobre la evolución del presidente argentino Javier Milei con el titular muy claro: "La guerra de Milei contra la prensa: "No concibe que se le discuta, se le investigue o se le critique""**, que nos remite de nuevo al modelo impuesto por Trump desde la Casa Blanca.

En aquellos países que han vivido dictaduras, las referencias a Trump adquieren un nuevo sentido de apoyo y vuelta a las viejas formas. Podemos leer en el artículo sobre Milei: 

El presidente de Argentina, Javier Milei, ha declarado la guerra a la prensa. Ha retirado la publicidad oficial de los medios y veta a periodistas, les insulta o les ignora. En 15 meses al frente del país no ha dado ni una sola rueda de prensa, solo entrevistas a medios afines a su Gobierno y siempre a hombres.

"Presidente, presidente", le gritan los fotógrafos para que el mandatario se acerque a ellos tras terminar su discurso en el Congreso. El Javier Milei de ahora prefiere pasar de largo. "No necesitamos periodistas mentirosos pagados por el erario público", sentenció el presidente.

Sin embargo, el Javier Milei de antes se forjó precisamente delante de las cámaras. Se hizo famoso como tertuliano, faltón y deslenguado y, de los platós, saltó a la política.**


Milei es una copia del "modelo Trump", parece haber seguido sus pasos y repetir sus situaciones, sale de un fondo comunicativo parecido. Para ellos, la política es espectáculo. Controlan los medios y tratan de hundir a los rivales y silenciar las voces críticas. Del insulto a la amenaza, todo vale. El acoso a ellos y sus familias es constante, como revela el periodista argentino Fabián Waldman hoy mismo en RTVE.es *** en la entrevista que le realiza María Gómez Mejía: 

Tuve que modificar algunas cuestiones familiares, cambiar las redes sociales, inhabilitarlas para mis seres queridos y luego estar cuidándome en un principio de lo que podía acontecer en la calle a causa de la agresión que día a día sufría por parte de la presidencia y de su vocero, que por suerte no ha pasado a mayores. Sí ha sucedido con otros colegas, por ejemplo el periodista Roberto Navarro, titular de un medio opositor al Gobierno, que directamente fue golpeado, o fotógrafos como el caso extremo de Pablo Grillo, quien fue directamente apuntado por un miembro del gendarmería.***

 

Por otro lado, los países que han vivido dictaduras caen con facilidad en la demagogia cuando se enfrentan a crisis. Las dictaduras no sobreviven sin el apoyo de una parte importante de la población. Son los que están dispuestos a aceptar modelos "pragmáticos" porque creen que las democracias degeneran en caos y aceptan mejor modelos rígidos. Lo ocurrido en país del antiguo Este europeo y su elección de líderes autoritarios (como en Hungría) o en la mismísima Rusia de Putin, nos los muestra con claridad. Esto nos lleva a una cierta desilusión (los datos en España también lo apuntan): la democracia se ve como una forma "débil" y hay cada vez hay más gente joven que no ve con malos ojos gobiernos autoritarios, que son los que según ellos garantizan las soluciones y la "mano firme", Por eso el mal ejemplo democrático —corrupción, intereses ocultos, etc.— hace daño a la democracia y debilita su atractivo.

Una característica de interés es el apoyo de estas nuevas formas dictaduras por parte de los Estados Unidos. Para mantenerse en el poder con más seguridad o solidez, se produce un alineamiento con los Estados Unidos de Trump. Lo hemos visto con claridad con Javier Milei y con Nayib Bukele. También lo hace Benjamín Netanyahu con claridad. Saben que esto les trae personalmente bastantes "beneficios". El apoyo de Trump les hace ganar fuerza y "prestigio" en sus países, que se consideran beneficiarios. En caso contrario, tenemos el de Brasil con sanciones arancelarias y demás porque no se ha respetado al aliado del golpista Bolsonaro. Esto lleva, además, a los amenazados a buscar el apoyo de Rusia, con lo que se está repitiendo el mundo de bloques anterior.

Desde aquí insistimos con frecuencia en la necesidad de reajustar democráticamente los partidos y las instituciones de la democracia. No hacerlo se ve en lo que ocurre en otros lugares también: la pérdida del sentido democrático, la creencia en que se pueden vulnerar las leyes o en que vale todo o que la mentira es la norma porque lo que importa es llegar al poder da igual cómo.

Los ejemplos de cómo llegados al poder democráticamente comienzan a actuar en contra de la democracia son muchos. Se copian unos de otros al haberse reducido las diferencias por la globalización y porque nos hemos dotado de unas herramientas comunicativas muy poderosas y manipulables. Cualquiera puede hacer uso de ellas en su beneficio. Por eso el control de los medios y las redes sociales es esencial para estos nuevos gobiernos y líderes autoritarios. La batalla por imponer la "verdad" propia y silenciar las críticas es constante.

Los nuevos dictadores quieren aparentar libertad, eficacia y ser amados eternamente.  

 

* "Cómo Nayib Bukele se está convirtiendo en “el dictador más cool del mundo mundial”" DL (Directorio Legislativo) s/f https://directoriolegislativo.org/es/como-nayib-bukele-se-esta-convirtiendo-en-el-dictador-mas-cool-del-mundo-mundial

** "La guerra de Milei contra la prensa: "No concibe que se le discuta, se le investigue o se le critique"" RTVE.es 4/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250404/guerra-milei-prensa-no-concibe-discuta-investigue-critique/16521749.shtml

*** María Gómez Mejía "Fabián Waldman, periodista argentino crítico con Milei: "Los periodistas en la Casa Rosada estamos estigmatizados"" RTVE.es 3/08/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250803/fabian-waldman-periodista-argentino-critico-milei-periodistas-casa-rosada-estigmatizados/16632720.shtml

martes, 4 de marzo de 2025

Política no o los Oscar del silencio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La Sexta comentaba ayer el silencio en los Oscar, Lo que muchas veces es un espacio de reivindicación de causas y críticas había mostrado un extraño silencio en unos tiempos especialmente revueltos. Lo que se esperaba movidito quedó en nada.

Las explicaciones dadas a este silencio, según explicaban en la cadena televisiva se debería a una serie de advertencias a los profesionales mediante el envío de cartas, la selección de presentadores de bajo perfil político (hablaban directamente de "apolíticos") y otros tipos de formas de asegurarse una gala sin incidentes ni sorpresas. Temían, nos decían, que de hacer lo contrario, podían tener respuestas negativas no solo a la gala en sí, sino a las películas cuyos elencos se mostraran críticos.

Una nueva muestra de cómo están las libertades en el llamado "país de la libertad". Los memes sobre una avergonzada estatua de la libertad han proliferado.

Hace unos días hablábamos aquí de las reacciones en el Washington Post, donde Jeff Bezos y sus directivos habían ordenado también líneas "tranquilas" alejándose de la crítica presidencial. Gran parte de los periodistas y directivos había amenazado con irse.

Cada vez se va percibiendo más el clima de amenaza con el que los que apoyan a Trump. La Casa Blanca se está encargando de mantener un entorno mediático cada vez más cerrado y restrictivo.

Ayer escuche lo que aquí llevamos repitiendo tiempo: Trump se ha rodeado esta vez de "ejecutores" y no de asesores, como la primera vez que trataban de disuadirle de que realizara determinadas acciones que consideraban nefastas por lo que podía suponer. Los que ahora rodean a Trump son sumisos o fanáticos. De esta forma se asegura que puede hacer lo que quiere sin que nadie le frene.

Si a esto se le suma en silencio que va ganando en los medios que acaba controlando, las perspectivas para los Estados Unidos no son buenas, por más que muchos las acepten encantados y hablen de "patriotismo".

Sin freno y sin crítica, queda un Trump desatado, público de sí mismo, que puede acusar a Zelenski de "buscar la III Guerra Mundial" y quedarse tan ancho, cortando la ayuda militar en seco, como acaba de hacer, además de dar facilidades y bendiciones a  Putin. Puede hablar sin rubor de que la mejor garantía para Ucrania es que pase a ser una posesión económica norteamericana.

Sin nadie que le diga nada, sin nadie que le frene, el mundo reacciona incrédulo ante los nuevos Estados Unidos de Donald Trump, un mundo silenciado en el que solo resuena las estridencias presidenciales y de algunos de sus acólitos políticos, económicos y mediáticos.

¿Tendrán que recurrir muchos estadounidenses a informarse de lo que realmente pasa en su país, de las consecuencias de las acciones presidenciales, a través de la prensa extranjera, como ocurre siempre en las dictaduras? Pues ese empieza a ser el panorama.

Lo visto en Ucrania y en Gaza, las dos guerras abiertas que involucran a los Estados Unidos, muestran la arbitrariedad estando del lado del genocida en un caso y dejando abandonado al que no quiere ceder sus tierras o recursos ni a empresas ni a invasores.

El silencio que busca Trump es para que voz sea lo único, una visión interesada y unilateral que acabará desatando una reacción anti norteamericana ganada a pulso, día a día, con cada acción, cono cada insulto, con cada desprecio.

La silenciada ceremonia de los Oscar es solo un ejemplo de lo que Trump está haciendo en otros sectores, como los despidos en las administraciones, los recortes a los programas que pueden albergar gente contraria, etc. 

Ahora es cuando comienzan a ponerse a prueba las instituciones y las mentes críticas.

miércoles, 30 de octubre de 2024

Trump, Tocqueville y la democracia en América

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Queda poco tiempo para que se decida en las urnas (o fuera de ellas, según algunos) quién gobernará Estados Unidos. Los mensajes de Donald Trump giran alrededor de una afirmación vacía, "hacer América grande otra vez". Desde el punto de vista de la comunicación, es una sentencia que permite a sus seguidores imaginarse dos cosas, la "grandeza pasada" y la "grandeza futura", dos formas indefinidas que han de rellenar.

Todo lo que Trump señala que va a hacer, si los jueces lo permiten, va en contra de lo que hizo a América "grande", que no fue su poder militar o económico, sino ser lo que se llamó "tierra de oportunidades" en un país creado por colonos, un país abierto en el que la nacionalidad de llegada no tenía importancia porque lo importante es la salida, la americanización.

Releo en estos días la obra de Alexis de Tocqueville (1805-1849), La democracia en América. Tocqueville la publicó en dos partes, la primera en la década de los treinta del siglo XIX. ¡Qué lejos está aquella América que el viajero francés contempló y plasmó en su libro! ¡Qué lejos y distinta! Aquel proyecto modélico para la conflictiva Europa, la Europa de guerras y absolutismo, decadente, se basaba en el imparable progreso hacia la igualdad que había roto las barreras y alentado la convivencia. Lo que a Europa proponía Tocqueville no era la perfección, sino la buena voluntad, por decirlo así, el deseo de convivencia y de superación de las distancias de todo tipo existentes en el resto del mundo. ¡Qué lejos!

Guardo especial simpatía, admiración y recuerdo de la obra de Tocqueville porque fue el objeto de la primera conferencia de mi vida, en un momento convulso de la vida política española, en la que muchas voces llamaban a la divergencia, al conflicto.

La América que Tocqueville vio se situaba en el extremo opuesto. La pregunta que me surge con la relectura es si hemos terminado el ciclo de la convivencia como objetivo y se está produciendo un retroceso.

Que "hacer grande América" —un país de inmigrantes, construido por emigrantes— signifique deportaciones masivas, como Trump ha prometido, construir muros tras los que esperan gentes prestas a disparar para defenderse de los "criminales y violadores, narcotraficantes", etc., lo peor del mundo; que se convierta "América" en una forma de racismo pseudocristiano, en una copia del peor puritanismo del que muchos huían, etc. no deja de sorprendernos tras leer cada una de sus páginas y lo que se describe en ellas.

América, la tierra donde cumplir los sueños, ha construido su nuevo ideal bajo el trumpismo, en la esencia de lo contrario a lo que América representaba para el mundo. Los Estados Unidos no son ya tierra de sueños, sino una pesadilla claustrofóbica que se mira el ombligo y quiere golpear al mundo desde una nueva prepotencia llamada eufemísticamente "grandeza". El política también hay límites en el diccionario aunque a veces no lo parezca.

Más allá de su propio espacio, imitamos las tendencias norteamericanas que enganchan a los electorados radicalizándolos y llevándolos hacia los extremos en los que aumentan, convencidos de que son víctimas, que el planeta entero les envidia y quieren aprovecharse de ellos. Esto en un país que se ha caracterizado por llevarse a golpe de talonario a los mejores cerebros de cada país, fomentando la llamada "fuga de cerebros". Esa puerta, en cambio, nunca está cerrada, pare el genio no se levantan muros ni se le criminaliza, aunque haya construido bombas volantes, como las V2, por von Braun.

Kamala Harris llama a los votantes norteamericanos a "pasar página", a desprenderse de Trump, a no repetir. Pero tengo serías dudas sobre que Trump pueda ser un "final" y no un "principio", lo que sería terrible no solo para Estados Unidos sino para el mundo, un conjunto en el que se ve crecer el autoritarismo. El "árbol Trump" no nos deja ver el "bosque del autoritarismo" en el que hunde sus raíces. Hay más Trump en la recámara.

Releo La democracia en América y no deja de asaltarme la duda. Escribía Tocqueville en el prefacio:

Concibo una sociedad en la que todos, contemplando la ley como obra suya, la amen y se sometan a ella sin esfuerzo; en la que la autoridad del gobierno, sea respetada como necesaria y no como divina; mientras el respeto que se tributa al jefe del Estado no es hijo de la pasión, sino de un sentimiento razonado y tranquilo. Gozando cada uno de sus derechos, y estando seguro de conservarlos, así es como se establece entre todas las clases sociales una viril confianza y un sentimiento de condescendencia recíproca, tan distante del orgullo como de la bajeza.   

Conocedor de sus verdaderos intereses, el pueblo comprenderá que, para aprovechar los bienes de la sociedad, es necesario someterse a sus cargas. La asociación libre de los ciudadanos podría reemplazar entonces al poder individual de los nobles, y el Estado se hallaría a cubierto contra la tiranía y contra el libertinaje.

En un mundo de redes y pantallas, los ideales son sustituidos por los intereses, que son alentados de forma continua. Lo que se dilucida en las lecciones norteamericanas es más que una presidencia. La gente ya conoce a Donald Trump y sabe lo que vota. Él sabe que ellos lo saben, por lo que los límites son difusos y van a ser movidos hacia lugares insospechados.

La idea de que los Estados Unidos exporta la democracia hace tiempo que perdió su sentido y lo que Trump promete es la defensa de las dictaduras afines y un mundo bajo los intereses de grandes corporaciones con el peso de las armas y la vigilancia en un mundo controlado de las comunicaciones, con aumento general de las censuras.

La política en las democracias ha dejado de actuar como Tocqueville consideraba propio de ellas, con América como modelo. La "grandeza" se busca hoy por otros medios, significa otra cosa. Kamala Harris es una esperanza de que Trump no gane; no sabemos si esto será suficiente para frenar lo que se nos viene encima en un futuro.