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domingo, 9 de octubre de 2022

El puente volado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La destrucción del puente que une los territorios rusos con la Crimea anexionada en 2014 es un punto importante en esta extraña guerra no declarada y que ha tenido efectos en todo el mundo y en todos los sectores, condicionando la vida de millones de personas más allá de los que viven en las zonas atacadas.

Como hemos señalado en otras ocasiones, Putin ha metido a Rusia en una guerra que no puede ganar y no puede permitirse perder. Este episodio, por más que lo califique como "terrorismo", forma parte de esta situación de indefinición.

El golpe al puente es, además, una muestra de que la guerra no se acabará cuando Putin lo decida, sino cuando los ucranianos decidan que han recuperado un territorio del que los rusos no se pueden retirar y cuyos riesgos son cada vez más evidentes. Cuando uno ocupa un espacio de esta forma, sabe que no habrá paz hasta que se vaya.

Todo el delirante montaje realizado por Putin —primero me piden que les defienda; después hacen un referéndum de petición de ingreso en Rusia; tercero, les aceptan y ya son rusos— es tan burdo e irresponsable que solo puede conseguir fracasar. Como el proceso es tan delirantemente burdo, el hecho de que nadie, con la excepción de los rusos, se lo crea dice mucho sobre el concepto que Putin tiene de lo que es ser una superpotencia en el siglo XXI.

La única persona a la altura de Putin en esto del poder ha sido y es Donald Trump. El ex presidente de Estados Unidos tenía una visión omnipotente del poder: si tienes poder puedes hacer todo. Y una pregunta: ¿para qué quieres ser poderoso si no usas el poder? No sé quién aprendió de quién, pero lo cierto es que la visión que Putin tiene del poder es muy parecida, una fuerza que se debe manifestar. La gran diferencia, claro está, en que los Estados Unidos las instituciones democráticas ponían freno a los desvaríos de Trump, al menos a muchos de ellos. A Putin, en cambio, nadie le ofrece resistencia. 

Insisto en que miremos con detalles las caras de los militares mientras escuchan hablar a Putin, cuando están bajo su mirada más dura. Se les ve temblar, que les falta aire. Alexander Solzhenitsyn, el premio Nobel de Literatura, describía momentos similares en su obra Archipiélago Gulag para referirse al miedo aterrador ante Stalin. La mirada acerada de Putin hace derretirse a esos rudos militares.

Putin sigue con las destituciones de militares. Mal camino porque va creando un grupo de agraviados y de futuros agraviados que se irá agrandando. El miedo une mucho. Unos intentarán no fracasar a la mirada del jefe. Pero tiene que haber en ese ejército ruso personas que saben que esto es una locura y que no va a ningún lado más que a empeorar la vida de los rusos. El hecho de que los europeos nos resfriemos este invierno por las bajadas de las calefacciones no es ningún consuelo para los rusos que ven cómo su vida cambia, se empobrece y se cierra sobre sí misma. Todo eso va contra Putin hasta llegar a un punto de conflicto interior irreversible.

Los lazos de las personas hacen que sus vidas estén vinculadas y la información circula por ellas, por lo que la propaganda empieza a perder eficacia ante los datos de primera mano. Los que se van no solo dejan un hueco, sino algo en qué pensar. Por eso la represión creciente solo hará despertarse el sentido de la realidad que una dictadura distorsiona.


La causa de Ucrania es una fabricación de la propaganda. No creo que sea algo que esté en la mente de los rusos como una idea permanente. Cuando la realidad se aleja cada día más de la imagen propagandística, cuando entra en flagrante contradicción con la versión oficial es cuestión de tiempo o de intentar aislar completamente a la gente, algo muy difícil hoy en día porque siempre hay grietas.

Putin ve dos cosas: que los ucranianos no se rinden y recuperan espacios, primera; y que cada vez le queda menos margen de maniobra para "soluciones" sin retorno. Nadie se ha equivocado tanto en sus cálculos. Hoy la media Europa que no estaba en la OTAN pide estarlo. Va a pagar con creces cada centímetro de territorio anexionado. Sabe que no se va a parar nadie en la presión sobre Rusia, lo que se acabará volviendo contra él en algún momento. ¿Va asumir el riesgo de usar armas nucleares? ¿Va a querer ser quien desencadene una III Guerra Mundial? ¿Cree que le va a seguir alguien en ese paso?

El puente destruido es un símbolo. Lo era para Putin y lo es para los ucranianos, aunque con signo distinto. La normalización de la invasión y la anexión que representaba se ha venido abajo con la explosión de sus pilares.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Putin y la negación de la causalidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La virtud de Putin no es la del seductor. Su verdadera fuerza es que puede sostener ante millones de personas su versión de la realidad sin que nadie se atreva a llevarle la contraria. El mundo es como dice o se deberá atener a las consecuencias.
The Washington Post analiza su intervención ante los medios esta misma semana y recoge sus palabras:

“This is not the price we have to pay for Crimea,” Putin said last week. “This is actually the price we have to pay for our natural aspiration to preserve ourselves as a nation, as a civilization, as a state.”*

Es realmente asombroso tener que escuchar estas palabras, no a un lidercillo nacionalista de cualquier rincón del globo, sino al amo y señor de los destinos directos del país más grande del mundo e indirectos de otros cuantos, que se ven afectados por sus decisiones. En el primero sería disculpable como carencias acomplejadas y delirios de grandeza; en alguien como Vladimir Putin, con ese poder en sus manos y bajo sus botas, realmente asusta.


Putin está negando las evidencias y la causalidad y eso es malo para quien conduce un camión de gran tonelaje por la carretera de la Historia. Rusia lo es. Cuando los líderes de los países empiezan a decir a sus ciudadanos atormentados que lo males que padecen son fruto de una conspiración universal para evitar su grandeza, malo. Hoy escuchamos ese mismo discurso conspiratorio en algunos países en los que se juega con los sueños ilusos (no ilusionados) de sus ciudadanos y se esconden las torpezas de sus líderes. No, Putin no es el único, pero sí el más peligroso.
Si alguien tiene alguna duda sobre lo ocurrido en Ucrania y la anexión cínica y chulesca de Crimea, de su sorna disfrazando soldados, camiones y blindados mientras invade el país vecino, está en su derecho, pero también se arriesga a que no se le tome en serio. Putin invadió y se anexionó Crimea porque aquello ya era una base militar que le permitía el control de la zona. Por el mismo motivo, los habitantes de Kaliningrado, Königsberg desde 1255 en que fue fundada, es el puerto ruso para el que hay que atravesar otros países. La ciudad en la que nacieron "rusos" ilustres como Kant o E.T.A. Hoffmann es rusa porque es el único puerto que no tiene sus aguas heladas durante el invierno y Rusia se quedaría sin su flota del Báltico. Eso lo convierte en "ruso". Se echó a los que estaban y se rusificó con población traída de la madre patria. Lo demás es literatura romántica.


Nadie debería tener dudas porque las disipó el propio Putin cuando quiso presentar ante su pueblo y el mundo que la grandeza de Rusia era invadir y humillar a su vecino y anexionarlo en un par de días, avanzar en la Gran Rusia. Ahora, en cambio, a Rusia se la frena para evitar su grandeza.
La acción combinada de las sanciones económicas y la bajada de los precios del petróleo están haciendo estragos en Rusia, con un rublo a la mitad de su valor y una inflación galopante que hace que la gente se pregunte. Los rusos ya no se quedan boquiabiertos ante los televisores y los discursos triunfantes; ahora se hacen preguntas ante los precios en los mercados.
Hace unos meses, Putin presumía de sancionar a Europa con la limitación de las importaciones de alimentos frescos. Lo hacía divertido, seguro de sí mismo y de que Europa no es más que un amasijo de intereses. Antes ya se había divertido con la amenaza de dejar sin gas a Ucrania y a Europa. Se fue de gira a hacerse fotos y firmar acuerdos a la baja por el mundo. Los demás los firmaron porque sabían que Putin lo necesitaba y sacarían precios ventajosos.


Los polacos hicieron su campaña para poder dar salida a sus manzanas, contentos de dar en las narices al país que les sometió durante décadas. Europa se reorganizó como pudo para ayudar a compensar las sanciones rusas a la agricultura y alimentación, que son los productos que Putin escogió adecuadamente para hacer un daño rápido y que las protestas contra las sanciones a Rusia empezaran a moverse por los afectados. En algunos sitios, especialmente España, se quemaron algunas banderas europeas, pero la cuestión no fue a más. El pulso lo va perdiendo claramente Rusia; la salida de capitales y depreciación de la moneda lo muestran claramente.


La situación actual de Rusia es complicada además de por las sanciones, por los efectos de salida de capitales y la multiplicación del pánico, que no necesita que el estimulen mucho. Putin les ha prometido grandeza futura y recuperación de la economía en dos años. Los rusos no lo tienen claro.
Lo malo es que necesitarán mucha estimulación para aceptar el discurso conspiratorio. Puede que los rusos que están mirando fijamente los precios de los alimentos en el mercado se empiecen a preguntar qué diablos se les ha perdido en Crimea o si los que están en las autoproclamadas repúblicas en el este de Ucrania no se estarán aprovechando de ellos. La psicología del que comienza a pasarlo mal empieza a racionalizar su desgracia. Putin les apunta hacia el enemigo exterior, pero habrá otros que vean en Putin y Crimea el origen de un conflicto que no les trae ventajas a las personas corrientes, sino solo estrategia militar.


Y también esto le ha salido mal. Su ofensiva ha tenido la virtud de lograr lo contrario de lo que se proponía. Como bien se señala en el artículo de The Washington Post: «In reality, Western diplomats say, NATO membership for Ukraine was never on the table, particularly because a majority of Ukrainians opposed it. But ­Russia’s March annexation of Crimea wound up reinvigorating the alliance.»* Es el miedo a las acciones arbitrarias de Putin lo que ha hecho reforzarse a la OTAN y aumentar los efectivos en defensa.
No creo que Putin piense realmente que no es el precio por Crimea, sino una conspiración universal para evitar que Rusia sea más grande. Si así fuera, será difícil convencerle de lo contrario. Se juega mucho. Pero es un síntoma de que se le están acabando las razones. Más allá de esa explicación no queda nada que decir. Y eso no es bueno.



* "For Putin, a year of successes and failures — on Ukraine, NATO and the West" The Washington Post 20/12/2014 http://www.washingtonpost.com/world/europe/for-putin-a-year-of-successes-and-failures--on-ukraine-nato-and-the-west/2014/12/20/a816efc2-87a8-11e4-b9b7-b8632ae73d25_story.html?hpid=z5






domingo, 6 de julio de 2014

Ucrania, un paso más

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En Ucrania se van cerrando etapas camino de una estabilización que pueda ser llamada paz, aunque es probable que haya que hacer distintos enjuagues semánticos en el futuro. La maniobra de Putin para distraer la atención de la anexión de Crimea creando un foco de conflicto se ha saldado finalmente con su consideración como "traidor" a la "causa rusa", que era el fin inevitable. Sigo pensando —y creo que los hechos han ido por ese camino— que a Putin no le interesaba el conflicto, pues perdía clientela y no ganaba más que hacer a Rusia, el país más grande del mundo, unos cuantos kilómetros cuadrados más grande. En cambio, sus problemas se hacían enormes en comparación con sus logros. Las cuestiones políticas y económicas se le estaban poniendo complicadas en cuanto al aislamiento internacional y las sanciones, propias y ajenas, es decir, salidas de capitales y limitaciones en muchos sectores. Moscú empezó riéndose de las sanciones, pero cuando ha hecho números, las risas se acabaron.


La reunión hace unos días de Ucrania y Rusia con Francia y Alemania ha sido importante para ir canalizando la situación hacia una resolución que no puede ser otra que el avance de las tropas ucranianas hasta completar su territorio. Solo así puede darse paso a las medidas políticas, nacionales e internacionales. Hicimos hace mucho tiempo la pregunta de hasta qué punto Moscú controlaba a los llamados "prorrusos" y se ha visto que era la cuestión clave. Mientras los intereses de Moscú se beneficiaban, la situación permanecía abierta; pero hace tiempo que a Rusia dejó de interesarle la "cuestión ucraniana". Pero la retórica nacionalista empleada por Putin para justificar la anexión descarada de Crimea —lengua y raza— fue creída por los habitantes separatistas de la región. Milagrosamente aparecieron armados hasta las cejas y con un armamento capaz de enfrentarse a un ejército poco fiable, con el riesgo de que ocurriera como en Crimea, que se pasara al otro bando, indicador de lo trufado que Rusia lo tenía. 


La humillación de la salida de los soldados fieles a Kiev de unos cuarteles tomados por los rusos recién llegados y los que allí habitaban. La vergüenza de la deserción del almirante Berezovski, comandante en jefe de la marina de Ucrania, entregando el mando a las nuevas autoridades secesionistas, quedará como un ejemplo de maquiavelismo y de penetración de Rusia en las estructuras de sus vecinos. Rusia tiene Crimea porque hace mucho tiempo que, en la sombra, se le había entregado. Ese es el favor que Moscú le debe a los Yanukóvich y compañía.
Ahora está por ver cuál es la retórica que Putin empleará para justificar que aquellos "rusos" que alentó queden ahora en zona  ucraniana. El diario El País nos cuenta:

El jefe de la autoproclamada república popular de Donetsk, Dennís Pushilin, criticó hoy al presidente ruso, Vladímir Putin, por renunciar a intervenir con sus tropas en el sureste de Ucrania en apoyo a los separatistas y afirmó que el jefe del Kremlin les dio esperanzas y después les abandonó.
"Qué decir. Nos dieron esperanzas y luego nos abandonaron. Fueron muy bonitas las palabras de Putin sobre la defensa del pueblo ruso, de 'Novorossia' (como se denominan los separatistas), pero sólo fueron palabras", lamentó Pushilin en la red social Twitter.*


Era cuestión de tiempo y la esperanza de Putin de que fueran los demás los que resolvieran los dos problemas, el de Ucrania y el de la imagen de Rusia, por no decir la propia, no se producía. Ha costado muchas vidas entender que Putin jugaba con ellos y que no se le iba a dejar seguir con sus planes. Los paseos de las tropas por la frontera y demás golpes de efecto para la galería no podían ocultar que pasar esa frontera era demasiado arriesgado para los negocios rusos. Si Europa necesita comprar gas ruso, Rusia necesita venderlo y el acuerdo con China, quizá la mayor beneficiaria por los precios a la baja del gas ruso. El diario El Mundo contaba en su momento:

Las partes no revelaron el precio al que Rusia venderá el hidrocarburo, un tema que se había convertido en los últimos días en el principal escollo de la negociación y en un motivo de orgullo para Putin, que aseguró repetidamente a sus compatriotas que se lograría un buen acuerdo.
Los datos globales del contrato permiten deducir, sin embargo, que China pagará alrededor de 263 euros por cada 1.000 metros cúbicos, por debajo de lo que Europa abona a Moscú (unos 278 euros), pero por encima de lo que desembolsa Pekín a otros suministradores de Asia Central (en torno a los 256 euros), de acuerdo a datos de Bloomberg. Los chinos llevaban la mano ganadora en la negociación debido a las prisas rusas por alcanzar un acuerdo.**


Se trataba de hacerse una fotografía y hoy, en un mundo de mercados globales, las fotos salen caras si te están aislando internacionalmente. Putin ha compensado la pérdida de mercados, pero no por ello deja de perder. Las fotos duran lo que duran.
Pero con todo esto, en mi opinión lo decisivo en los próximos tiempos es la actitud de los llamados "prorrusos". ¿Qué queda de los "prorrusos" cuando Rusia te da la espalda? Aquí Kiev deberá hacer un ejercicio político de primer orden para que la región no se considere "invadida", sino que adquiera un protagonismo suficiente como apara acallar el sonido de la disidencia separatista más radical. Se corre el peligro que el problema se enquiste y se acabe produciendo una especie de OAS como la que se organizó en Francia tras la descolonización de Argelia. Si esto ocurre, supondrá un problema para ambos países, que se verán obligados a combatirlo.
La BBC señala:

Por lo menos 110.000 personas han abandonado Ucrania hacia Rusia, en lo que va del año, la mayoría de estos de las regiones orientales del país, señala la ONU.
Otras 54.000 han sido desplazadas internamente, añade la organización.***


Lo que ocurra con ese "ejército" creado para independizar la región es relevante. Han mostrado que no les causa problema tomar las armas, que no se pliegan a órdenes ni razones, y puede que algunos de ellos no se contenten con su destino final. Kiev debe dar una salida a los que se quedan y Moscú debe hacer lo mismo con los que se van, controlando los que queden en su territorio. De otra forma se corre el riesgo de la violencia, de una ETA, saboteando el paso del gas ruso, por ejemplo.
El que la bandera ucraniana está ya ondeando en Slaviansk es un gran paso para la pacificación del país, para que puedan comenzar a reformarlo políticamente, librándose de la corrupción que el propio presidente Poroshenko ha denunciado y que una mayoría de los ucranianos desea.


Ucrania necesitará mucho apoyo y ánimo para emprender su camino hacia el seno de Europa. Ellos lo ven como un paso decisivo hacia la democracia que quieren, tal como otros países han contemplado su adhesión. Las palabras de su presidente el otro día, durante la firma de los acuerdos con la UE, fueron emotivas: solo pedimos, dijo, que se nos diga que cuando reunamos las condiciones estaremos en Europa. Para Europa es poco, para nosotros mucho.
En estos tiempos de euroescépticos, nacionalistas y demagogos populistas, es importante recordar que Europa es un gran proyecto que muchos ven como un futuro ilusionante. Y así deberíamos verlo todos y actuar en consecuencia para su mejora. Europa no se hace sola, nada es regalado. Y Ucrania lo ha aprendido de la forma más dura.



* "Los prorrusos acusan a Putin de haberlos abandonado en la batalla de Slaviansk" El País 5/07/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/07/05/actualidad/1404549644_347266.html
** "China y Rusia firman un histórico acuerdo de gas natural en Shanghái" El Mundo 21/05/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/05/21/537c7951ca4741314f8b4572.html
*** "¿Batalla decisiva? Kiev fuerza el retiro de rebeldes prorrusos de Sloviansk" BBC 5/07/2014 http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2014/07/140705_ultnot_ucrania_sloviansk_rebledes_men.shtml








jueves, 20 de marzo de 2014

La bota rusa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La jugada de Rusia ya está aquí. La recogió La Vanguardia a través de Europa Press y coincide con lo que señalábamos que sería la estrategia rusa: dejar que sean los demás los que presionen a Ucrania en la dirección que a Rusia le interesa.
La estrategia rusa ha sido la misma desde el principio: hacer creer que ella es la solución y no el origen del problema. Esto implica un grado de cinismo tal que es difícil de soportar sin que el estómago se resienta. Pero así hacen Putin y Rusia su política. Para aceptar los planteamientos rusos hay que aceptar cosas como que miles de soldados con el rostro tapado repartidos por Crimea no eran rusos, que los uniformes se compraron en las tiendas o que los miles de banderas rusas las tenían los ucranianos debajo del colchón esperando que llegara el momento de sacarlas.
Putin ha dicho, en una muestra más de su conversión a la fe, que Crimea es "tierra santa" para Rusia. No es la primera vez que rusos y rusófonos deciden que su tierra es santuario, un argumento muy socorrido.


Putin parte del principio de que Europa y USA se ven metidos en este embrollo de mala gana. Fue lo que le dijo también a Obama, que Ucrania no merecía una discusión entre Rusia y Estados Unidos. El juego es que sean Europa y USA los que presionen a Ucrania para evitar el conflicto. Putin ha arrojado Ucrania —lo que queda de ella— a Occidente y le irá quitando pedazos ante la desesperación ucraniana que se verá más presionada para no lanzarse a una guerra suicida con una potencia armada como Rusia. La insistencia hoy mismo de "encontrar una solución diplomática" por parte de Estados Unidos es una muestra del funcionamiento de la estrategia de Putin, que disfruta con el espectáculo y gana la admiración de los suyos por su astucia.


Los soldados reclutados entre jóvenes y reservistas no van a ofrecer demasiada resistencia al ejército ruso. Las humillaciones a las que se somete a los soldados ucranianos en Crimea, a los que han resistido en sus acuartelamientos, son formas de guerra psicológica para menguar la resistencia ucraniana. Se airean las deserciones y se nos dice que se pasan a Rusia porque "se les sube el sueldo". Pocas veces se ha asistido a un espectáculo de humillación tan infame como el orquestado por Putin contra el pájaro que abandona el nido ruso. Putin quiere ser ejemplar.
Es en este contexto en el que se debe comprender la nota que La vanguardia transmite de Europa Press desde Moscú:

El Gobierno de Rusia ha propuesto este lunes crear un grupo internacional de "apoyo" a Ucrania para "presionar" a las autoridades y los ciudadanos ucranianos para que acepten los resultados del referéndum de secesión de Crimea, en el que el 96,77 por ciento de los votos emitidos respaldan la entrada en Rusia.
En respuesta a las peticiones internacionales para crear un grupo de "contacto", el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso ha propuesto en un comunicado el lanzamiento de un "grupo de apoyo" que "presione" a los ucranianos para el "reconocimiento" del resultado de la consulta, rechazada desde el principio por el Gobierno de Kiev, y para poner en marcha el acuerdo de transición que firmó el 21 de febrero pasado el entonces presidente ucraniano, Viktor Yanukovich, con los líderes opositores.
El grupo que defiende el Gobierno ruso emplazaría a Ucrania a aprobar una nueva constitución que dé más competencias a las regiones y le pediría que mantenga la neutralidad política y militar tras la consulta secesionista de Crimea, según informa la emisora 'Voz de Rusia'. "La situación actual en Ucrania no ha sido provocada por nosotros aunque ha derivado en una profunda crisis que ha afectado al estado ucraniano, ha polarizado a su sociedad y ha agravado las diferencias antagónicas entre las diferentes partes de país", ha explicado el departamento que dirige Sergei Lavrov.
"Los esfuerzos de la comunidad internacional deberían ir dirigidos, precisamente, a ayudar a resolver estas diferencias", ha añadido.*


La estrategia rusa es poner sobre el tablero de Europa lo que los representantes europeos aceptaron en plena crisis y que los ucranianos del Maidan se negaron a aceptar después: la continuidad de Yanukóvich y la prolongación de la crisis hasta una elecciones que serían manipuladas desde el poder con la ayuda de Rusia. Lo hecho en Crimea no deja demasiadas dudas al respecto.

Putin sabe que esa propuesta no se va a aceptar, por lo que pondrá en marcha su segunda fase: la creación de otras repúblicas autónomas en el Este, con la ayuda rusa. La excusa son los rusófonos, a los que ya ha señalado que protegerá cuando se lo pidan. Para ellos pedirán autonomía absoluta dentro de Ucrania hasta que llegue el momento de ir más allá. Lo que queda en el aire es la tercera fase: en función del comportamiento que tengan Europa y Estados Unidos —y la misma Ucrania—, Putin aplicará el mismo procedimiento de Crimea: sublevación, declaración unilateral de independencia, referéndum y adhesión a la federación rusa. Ya ha advertido que no tolerará que Ucrania forme parte de la OTAN, que es dejarla en la indefensión militar, aislada, para poder dar el golpe definitivo cuando lo estime conveniente. El castigo a Ucrania es la división de su territorio, la humillación de saber que Rusia no solo era vecina sino dueña de parte de su país convertido en colonia. La bota rusa avanza implacable.
Cuando ocurrieron los acontecimientos de Siria hablamos de la "pax rusa". Este es un episodio más de demostración de fuerza por parte de una Rusia que impone su política allí donde se le deja, que decide a quién se salva o a quién se invade.


* "Rusia propone crear un "grupo de apoyo" que presione a Ucrania para que acepte la secesión de Crimea" La Vanguardia 17/03/2014 http://www.lavanguardia.com/internacional/20140317/54403159337/rusia-propone-grupo-apoyo-presione-ucrania-acepte-secesion-crimea.html?rel=rosEP







lunes, 17 de marzo de 2014

Consecuencias

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los previsibles resultados del referéndum de Crimea cierran el segundo acto del drama ucraniano. El primero fue la salida de Yanukóvich del poder, su rápida desaparición y la constitución de las nuevas autoridades. Tras estos dos actos, acciones y reacciones, se abre un incierto tercero en el que la acción sale de Ucrania y Rusia entrando en escena la comunidad internacional, un extraño agente coral con melodías distintas superpuestas.
Es el momento de las "consecuencias", por usar el término del presidente Barack Obama, una oscura, críptica, fórmula para referirse al futuro del conflicto. Pero Obama no siempre suele ser claro y a veces con poca fortuna. Es de suponer que esas "consecuencias" estén previstas y sirvan además para su fin. Y es aquí donde se pueden producir errores de cálculo. No sería la primera vez.
Desde este momento, la acción del drama se reparte en múltiples escenarios. No habrá solo "consecuencias" sino "consecuencias de las consecuencias" y así sucesivamente. Nadie puede ser tan ingenuo como para pensar que Vladimir Putin va a aceptar las sanciones de forma sumisa y obediente. Si se trata de demostrar la fuerza de Rusia, Putin hará mayores demostraciones en función de la presión que sobre él se realice, y para eso hay que estar preparado porque juega fuerte.


Creo que la estrategia más clara para Putin es amenazar con seguir desestabilizando el resto de Ucrania con la historia de los hablantes de ruso. Pasar las fronteras con ejércitos sin etiquetar y seguir diciendo —pocas veces se ha visto tanto descaro— que Rusia no tiene nada que ver. Las gracias que le daban anoche al presidente Putin desde el escenario montado para celebrar el resultado del referéndum hacen ver que algo tuvo que ver.
Putin sigue vendiendo eficacia y desprecio, algo que se coloca muy bien en las masas rusas, que añoran sus tiempos imperiales de superpotencia. Nos cuenta The New York Times:

Last week, in the midst of the Crimean crisis and on the heels of the Sochi Olympics, Mr. Putin’s approval rating had increased to 71.6 percent, the highest point since he returned to the presidency in 2012, according to a poll released by the All-Russian Center for Public Opinion last week.*



Putin aprovecha para barrer a la oposición, que es silenciada. El zar regresa vencedor a recibir su ración de gloria.
En otro de sus artículos, en cambio, nos habla de las dificultades de los demócratas para recaudar fondos en las elecciones parciales que se están realizado en algunos estados:

“The state of Democrats is very much tied to the state of the president, and in that regard, these are far from the best of times,” said Geoff Garin, a Democratic pollster.*


La crisis de Crimea, es decir, la crisis con Rusia puede servir para dejar en evidencia de nuevo el liderazgo americano tras la crisis siria del verano pasado, en el que Putin le desmontaron la operación internacional. Si Obama no gestiona bien esta crisis, las "consecuencias" pueden ser muy distintas a las que tenga en mente. Los republicanos siguen avanzando entre las debilidades que muestra y todavía le siguen sacando provecho al fiasco de la puesta en marcha del "Obama-care", una demostración de ineficacia que todavía levanta ronchas.

La Unión Europea tendrá que mover ficha también, pero esta vez las "consecuencias" también serán para ella, que aplicará sanciones y las recibirá directamente por parte de Rusia. Putin jugará esa baza hasta donde pueda.
El papel de Europa es decisivo porque Ucrania se puede convertir en un polvorín, en una amenaza constante de conflicto en las puertas mismas de la Unión. La anexión de Crimea por Rusia tendrá un efecto nacionalista que puede ser difícil de controlar y desbordar a los europeístas que puedan sacar a Ucrania de la bancarrota. Pero el clima que se está creando no es el habitual en la incorporación a la UE. Es fácil de entender que tendrá que ser un proceso muy diferente a los anteriores, con otras velocidades y con mayores riesgos, pero es la seguridad de Europa lo que está en juego con un conflicto que no se resuelve como en Crimea, una vez que han dejado de ser "rusófonos" y han pasado a ser vulgares "rusos".
La multiplicidad de intereses entretejidos con Rusia hace que algunos países se hayan mostrado relativamente tibios en sus manifestaciones. Unos porque tienen "gas" y otros porque tienen "turismo" o cualquier otro forma de relación interesada, las "consecuencias" europeas tendrán largos y laboriosos debates. El diario El País nos daba cuenta días atrás de la llamada de Barack Obama a Mariano Rajoy para preguntarle si "tenía opinión" de lo de Crimea:

España por supuesto se opone al referéndum de autodeterminación en Crimea, y más aún con la vista puesta en Cataluña, pero las posiciones españolas siempre han estado, dentro de la UE y por tanto a favor del mantenimiento de la integridad territorial de Ucrania, más cercanas a Rusia que las de otros países.
España por ejemplo no se ha mostrado en todo este proceso en ningún momento a favor de sanciones a Rusia y defiende agotar las vías del diálogo, que es lo que Rajoy planteó la semana pasada en La Moncloa a Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores ruso. Los distintos Gobiernos españoles, también el de Rajoy, han mantenido estrechas relaciones con Rusia, país con el que le unen importantes intereses económicos. Las empresas españolas aspirar ahora a lograr el contrato del tren de alta velocidad entre Moscú y San Petersburgo, entre otras cosas, y la creciente inversión rusa en España es clave para Rajoy. Obama ya había hablado antes sobre Ucrania con los presidentes de Alemania, Reino Unido, Francia e Italia.***

El turismo ruso tiene una creciente importancia y sus compras de casas en España —además de los contratos— hace que Moscú tenga más formas de presionarnos que nosotros de presionarlos a ellos. Pero hay que elegir entre ser políticos o ser mercachifles. Tenemos más posibilidades de lo segundo que de lo primero y tendrán que "animarnos".


Si Ucrania queda abandonada en tierra de nadie, sin apoyos suficientes, después de haber depositado sus esperanzas en Europa, no quedará "Europa", seremos un conglomerado de intereses, la "marca Europa", sin sustancia alguna. Podremos repetirnos todo lo que queramos bonitas historias y principios, tocar el Himno a la Alegría —que por cierto, ya no toca nadie— incluso, pero habremos perdido lo que de verdad debería definir a Europa, un compromiso con las libertades y un sentido de integración. Muchos ucranianos salieron con banderas europeas a jugarse la vida y llamaron a las puertas de Europa. Las "consecuencias" las estamos viendo.
  

* "As Putin’s Popularity Soars, Voices of Opposition Are Being Drowned Out" The New York Times 15/03/2014 http://www.nytimes.com/2014/03/16/world/europe/as-putins-popularity-soars-voices-of-opposition-are-being-drowned-out.html?partner=rss&emc=rss
** "Obama Factor Adds to Fears of Democrats" The New York Times 15/03/2014 "http://www.nytimes.com/2014/03/16/us/politics/obama-factor-adds-to-fears-of-democrats.html

*** "Obama llama a Rajoy para interesarse por su posición sobre Ucrania" El País 10/03/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/03/10/actualidad/1394491417_489250.html