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martes, 30 de septiembre de 2025

De ministra a actriz, la IA reina

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Albania ha hecho lo que muchos habrán pensado, pero nadie se ha atrevido a hacer: crear una "ministra" con Inteligencia Artificial para tratar de reducir la corrupción del país.

Le han puesto por nombre "Diella" y si no te dicen que está hecha con IA no se nota la diferencia a primera vista. En la Deutsche Welle nos dan cuenta del escándalo entre los políticos de la posición y los debates sociales, con filósofos incluidos que especulan sobre los que pueda ocurrir con la democracia en general y con la ministra en concreto.

Por ahora se sigue debatiendo y las cuestiones tenidas en cuenta son diversas: 

"Diella no duerme nunca, no necesita que le paguen, no tiene intereses personales, no tiene primos, y los primos son un gran problema en Albania", recalcó el primer ministro, cuyo país ocupa el 80º puesto de 180 en la clasificación sobre corrupción de la oenegé Transparencia Internacional.

Según reportó la agencia dpa, Rama agregó que la IA "reuniría a los mejores talentos del país, a los albaneses de la diáspora y a expertos extranjeros" y "transformaría las instituciones en plataformas de desarrollo de IA".

Durante una sesión parlamentaria, Diella habló por video, presentándose como la "ministra de estado para inteligencia artificial", diciendo que su misión era facilitar el trabajo gubernamental diario.*

No sé si convencerá. Algunos temen que no tenga primos, pero tenga "sesgos", es decir, que como tiene que aprender de los humanos estos no sean los mejores maestros y acabe teniendo familia o algo así.

Hay que estar muy hartos de las discusiones interminables y sin sentido de la política (mal ya universal) para lanzarse a esta utilización de la IA. Pero vemos muy lanzado al primer ministro y muy a la defensiva a la oposición. Si funciona, será un dinero bien invertido. Pero sí es cierto que tendrá efecto sobre la forma de ver la política y, en última instancia, a los propios seres humanos.

El caso es de ciencia-ficción. La cuestión es hacia qué tipo de gobiernos vamos si se demuestra que los humanos acabamos pervirtiendo las instituciones que deben gobernarnos y acabamos dejándolo en manos de la IA.

Pero esto de la IA es polémico en muchos campos. En el Cinemanía de 20minutos, Daniel de Partearroyo titula un nuevo sobresalto de la IA: "Tilly Norwood, la primera actriz 100% creada por IA, pone en alerta a Hollywood: lluvia de críticas contra "la próxima Scarlett Johansson""**. En el artículo nos da cuenta esta vez del nacimiento de una futura estrella de las películas:

El nombre de Tilly Norwood ha resonado durante este fin de semana en todas las conversaciones de Hollywood, pero no como sucede otras veces con la eclosión de una nueva estrella que la industria convierte en su nueva obsesión. Esta vez se trata de una actriz creada enteramente por Inteligencia Artificial. 

Tilly Norwood no existe nada más que en los códigos de la empresa Xicoia, una división especializada en inteligencia artificial del estudio Particle6, propiedad de la productora Eline Van der Velden. Ella asegura que han tenido varias reuniones con agencias de talento muy interesadas en contratar los servicios de la actriz. 

"En los próximos meses anunciaremos a su representante", anunció Van der Velden en un evento recogido por Deadline. La productora asegura que la predisposición de los estudios de Hollywood a emplear esta tecnología en proyectos de alto calibre se ha ido acrecentando, dejando paulatinamente atrás posturas más reacias. **



Parece, según lo contado, que los estudios le dan trayectoria a la nueva estrella. No piensan lo mismo los actores que, como en el caso anterior, ven peligrar su futuro.

Hasta ahora el cine tenía en la rivalidad entre actores reales y de animación un conflicto llevadero ¿Es Tom Hanks mejor que Mickey Mouse o Bugs Bunny? Ya en aquella película experimental de Robert Zemeckis, "¿Quién engañó a Roger Rabbit?", se ponían las cosas tensas entre actores y dibujos, pero esto es ya otra cosa.



Ya hubo algunos conflictos cuando se empezó a usar la voz clonada de actores conocidos en nuevas películas para las que no eran contratados. La industria siempre ha sido un poco pirata, Empezarán ahora los conflictos con el entrenamiento a base de películas ya existentes.

Lo cierto es que la formación artística de los actores ya no tendrá que pasar por el Actor's Studio. Ya había casos en los que se podía clonar la cara de unos actores cambiándola por otra. Ya no son solo las voces, sino los actores al completo. ¿Habrá pronto un premio Oscar para esta modalidad de actores? Seguro que sí, como que habrá plantes de los actores reales. La imagen de Tilly Norwood que ha trascendido preocupará a más de uno por su "naturalidad" y posibilidades. Pasaremos del "Star system" al "IA system" como esto les funcione.

Como en la política, también se abren aquí muchas dudas. La IA comienza a ofrecerse como una alternativa a demasiadas cosas. En el siglo XVIII hubo quienes se rebelaron contra las máquinas. No sirvió de mucho. Veremos ahora.

 

 

* "Albania nombra ministra con IA: expertos alertan riesgos" DW 23/09/2025 https://www.dw.com/es/revolución-digital-llega-a-gobiernos-albania-nombra-su-primera-ministra-creada-por-ia/a-74113153

** Daniel de Partearroyo "Tilly Norwood, la primera actriz 100% creada por IA, pone en alerta a Hollywood: lluvia de críticas contra "la próxima Scarlett Johansson"" 20minutos / Cinemanía 29/09/2025 https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/actriz-tilly-norwood-creada-ia-alerta-hollywood-criticas_6373165_0.html

domingo, 28 de julio de 2024

La huelga de los duplicados

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La BBC se hace eco de una disputa en la que está implicado el uso de la Inteligencia artificial. Con el titular "Actors go on strike over video games AI threat", se centran en el conflicto abierto sobre diversos aspectos del mundo de los videojuegos y su relación con sectores del arte y la interpretación y, más allá, relacionados con los derechos de la persona sobre su propia imagen.

Este último concepto, el de "imagen", pasa a ser esencial en una sociedad como la nuestra, cada vez más centrada en la apariencia. Nuestra sociedad es "mediática", lo que significa que no llegamos a los otros directamente, sino por algún tipo de "mediación". Esto supone la distinción entre lo que es y cómo se representa para ser canalizado a través de algún tipo de signos.

La posibilidad de que otros "nos usen", es decir, usen nuestras representaciones, se amplía rápidamente con los nuevos desarrollos tecnológicos. Ahora son los videojuegos el terreno de lucha, como nos explican en la BBC: 

The industrial action was called by the Screen Actors Guild-American Federation of Television and Radio Artists (Sag-Aftra), which last year paralysed Hollywood with a strike by film and television actors.

The performers are worried about gaming studios using generative AI to reproduce their voices and physical appearance to animate video game characters without providing them with fair compensation.

"Although agreements have been reached on many issues... the employers refuse to plainly affirm, in clear and enforceable language, that they will protect all performers covered by this contract in their AI language," Sag-Aftra said in a statement.

“We’re not going to consent to a contract that allows companies to abuse AI to the detriment of our members," it added.

However, the video game studios have said that they have already made enough concessions to the union's demands.* 

Las interrelaciones entre los diversos campos en un mundo transmedia hacen que estas formen parte de sus intenciones de diversificar los productos de consumo, por ejemplo, de una película se saca un videojuego, una novela gráfica, etc. Para mantener su unidad no basta con la narrativa, sino que cada vez tiene más importancia la unidad audiovisual, lo visible y audible. Esto se traduce en la necesidad de mantener la imagen de los personajes constante, es decir, la constancia de los actores, de su visión y sonido, sus caras y sus voces. Se personaliza como forma de identificación,

El problema surge cuando las compañías pueden usarlas sin contar con ellos. La Inteligencia Artificial se encarga de crearla, de dar la réplica perfecta de sus caras, expresiones y voces características. Pueden extraerlas del material previo. Unos minutos de grabación de sonido y puedes duplicar la forma de hablar de cualquiera.

Copiar las voces es sencillo hoy. Podemos hablar ante un micrófono y que lo que salga por el altavoz se reconocible como la voz de alguien, vivo o desparecido. Podemos usar la voz de Rex Harrison, Paco Rabal, Bob Esponja o el pato Donald, según nos plazca. La imagen es más compleja, pero igualmente podemos crear la de cualquier persona que haya pasado por una pantalla o de la que existan registros gráficos.

Hace poco tratábamos aquí sobre el negocio de "clonar" a los seres queridos para que cuando fallezcan sigan con nosotros, hablándonos desde las pantallas de televisores, ordenadores o teléfonos, manteniendo el contacto.

Esta vez lo que preocupa a los actores es que se usen sus imágenes y voces del cine y la televisión  en productos sin pedirles permiso o negociando a la baja. El destino de estos "dobles" es el mundo de los videojuegos, el primero en volumen de negocio en el entretenimiento ya desde hace tiempo.

Una película o una serie de éxito necesitan mantener cierta unidad visual cuando pasa a ser parte del lucrativo mundo de los videojuegos online. Los jugadores han sido antes espectadores o lo serán después. Los actores y actrices exigen ahora que esto se tenga en cuenta y no que se considere como parte de contratos anteriores.

La cuestión va más allá del negocio. Introduce una ampliación del concepto de sujeto, de lo que le hace ante sí mismo y los demás. Es un asunto de enorme alcance y que puede afectar en muchos aspectos de la vida.

Los videojuegos y el mundo de la ficción, del cine y la televisión a la radio, etc. usan representaciones que son insertadas como signos en textos. Esto no solo se hace en el mundo regulado de las empresas del sector; también se puede hacer fuera, dado que la mediatización nos rodea haciendo que las relaciones con los otros dejan de ser directas.

Los recientes y frecuentes casos de "deep fake", en los que la imagen de personas son insertadas en imágenes de todo tipo, son claro aviso de que esto no es solo cuestión de actores, Es solo una de las posibilidades. Al menos es una de las cuestiones que se pueden discutir en una mesa de negociaciones. Lo malo son los casos en los que somos manipulados —nuestras caras, nuestros cuerpos, nuestros gestos, nuestras voces...— sin ningún tipo de conocimiento y, peor, con el ánimo de perjudicarnos.

Hoy lo hacen hasta los niños. Les bastan las herramientas que dejamos a su alrededor. El caso de la BBC es un caso de derechos y de pagos. Para el resto, la cosa es más compleja. Ya no se trata solo de que se pierdan puestos de trabajo. Esto va más allá. Pero eso no parece importar a los que se benefician de ello.

Los duplicados se ven como nosotros, hablan como nosotros, pero no tenemos control sobre ellos, sobre lo que dicen o hacen. No son nosotros, aunque lo parezcan. A través de ellos se puede abusar de nosotros. Los actores plantean solo una parte del problema del uso de la IA.

 

* João da Silva "Actors go on strike over video games AI threat" BBC 26/07/2024 https://www.bbc.com/news/articles/c4ngy53qyq8o

martes, 7 de noviembre de 2023

La (otra) guerra de los clones o la huelga de Hollywood

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El sindicato de actores de los Estados Unidos lleva más de cien días en huelga, lo que ha paralizado muchas series televisivas y retrasado muchos proyectos. En RTVE.es nos dicen que la huelga, que hasta no hace mucho implicaba también a los guionistas, ha costado ya 6.000 millones de euros y el despido de 45.000 personas en el sistema anclado básicamente en California.

De entre todos los motivos y reivindicaciones alegados en este caso, hay uno que destaca por su novedad: 

El tema de la IA para crear dobles digitales de los intérpretes, ha sido uno de los temas más sonados y de mayor conflicto a lo largo de la huelga que ha mantenido paralizado a Hollywood por meses.

Según han reportado algunos medios especializados, en la última propuesta la AMPTP abordaba el tema de la IA ofreciendo un aumento de los salarios a los profesionales que permitan ser replicados virtualmente. Sin embargo, no se comprometía a dejar de entrenar sus sistemas de IA.

No obstante, el SAG-AFTRA ha abogado por un modelo regulado con cláusulas específicas que los protejan ante este tipo de prácticas.

 

En resumen, lo que el futuro nos depara es unas películas sin actores, programas de televisión presentados, por ejemplo, por un Bogart en sus mejores años o un Fred Astaire con nuevos números coreográficos y a todo color. La animación ya no serán Mickey y Donald, sino de seres reconocibles o no, sacados del pasado o de un presente más barato.

En el mundo del cine, hasta el momento, los "dobles" eran las personas que se parecían a los actores caros, aquellos cuya lesión en acciones difíciles podía disparar el presupuesto. Eran los llamados "dobles de acción" o "especialistas". Pero ahora se trata de otra cosa diferente, de la creación de actores exprofeso o de imitaciones tan perfectas que las podemos dejar actuar con total confianza.

Los dobles digitales son para el mundo del cine y la TV lo que las máquinas automatizadas en las fábricas, una forma de ahorro de puestos de trabajo. La industria lo da por hecho y por eso apuestan por las cláusulas de autorización a la réplica virtual, como se señala en el artículo. Trabajas una vez y se crea contractualmente el derecho a usar tu imagen, tu voz, tus gestos, etc. hasta que los espectadores se aburran de ti.


Recordarán la expresión los "replicantes" en Blade Runner, la película de Ridley Scott basada en un relato de Philip K. Dick, "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?". Por ahora no caminarán por las calles, sino que desfilarán por las pantallas. Por ejemplo, el citado Bogart podría aparecer en "El halcón maltés II", una jovencita Judy Garland en "Más allá del arcoiris", un Gene Kelly en "¡Ya está bien de lluvia!" o un Pepe Isbert en un "¡Adiós, Mr Marshall!" o un "Yanqui Go Home!", título aún por decidir.

En el filme de Scott los actores hacían de clones. La cuestión ahora es la inversa: los clones harán de actores. No se trata de crear nuevos actores virtuales, sino de clonación, es decir, de copia y reproducción de lo existente. Imagen y voz, gestos, pueden ser reproducidos a la perfección. El actor solo es la materia prima inagotable con la que se pueden producir nuevas películas.

Unos actores o actrices de éxito en la primera temporada ofrecerían material virtual analizando todos los capítulos como para seguir temporada tras temporada hasta que dejaran de tener gancho con el público. Probablemente se les podrían aplicar algoritmo de envejecimiento y voz carraspeante de fumadores si el guion así lo exigiera.

¿Ciencia ficción? ¡Qué va! El futuro cada vez le deja menos espacio al presente y de la idea al hecho solo transcurren unos meses. Así de rápido va todo.

Las productoras ven un filón de ahorro en ello, pero ¿no estarán matando la gallina de los huevos de oro? ¿Qué vamos a ver al cine (los que todavía vamos)? Pues en cierto sentido, el trabajo de los actores bajo la cámara. Son ellos los que transmiten su humanidad a los personajes que han escrito otros. Aunque bien pueda ser que en poco tiempo otro algoritmo sustituya a los guionistas y estos queden para dar algunos retoques a lo que la combinatoria de acciones haga en otra máquina.


La revolución industrial cambió el mundo cambiando el trabajo. La máquina hacía lo que varios o muchos hombres realizaban. Se fue avanzando en eso. En realidad lo que llamamos progreso es una sustitución de lo humano e imperfecto por lo maquinal y preciso. Las máquinas se ajustan; los seres humanos envejecen.

En la clonación de los actores hay un principio utilitarista que niega la esencia individual del arte, nuestra forma de expresión en diferentes ámbitos. Las máquinas no necesitan la genialidad, quizá porque carecerán de ella. Sí pueden, en cambio, imitarla cuando esta se produce. Por eso a la industria solo le preocupa la primera vez, es decir, que lo bueno que hagas se pueda reproducir sin contar contigo. Cuando un actor, cuando una actriz tienen éxito sube su caché. Ahora, una vez clonados, pueden aprovecharse de su éxito sin contrapartida.

Eso de las contrapartidas está sobre la mesa de las negociaciones. Los nuevos sistemas de plataformas digitales necesitan ser alimentados las 24 horas del día 365 días al año. Hasta ahora se basan en la reproducción de las temporadas enteras de series de los últimos veinte años y a veces más. El filón de seguir reponiendo "Friends", por ejemplo, hace que se llenen cientos y cientos de horas de programación. De eso se quejan también todos los involucrados: directores, guionistas, actores... Su trabajo sigue produciendo beneficios cuando está de sobra amortizado y ellos no reciben apenas nada. Quieren negociar esto y recibir por lo que es una repetición de su trabajo alguna compensación, que es lo justo.

Pero la cuestión de los dobles virtuales va más allá. Los actores poseen un bien, que es ellos mismos. Ellos son la herramienta de trabajo y el resultado de la misma. Eso se recoge en una pantalla y se somete a un lenguaje, el visual, el cinematográfico o televisivo. El resultado es ese filme o programa. Si yo puedo producir películas sin ellos, pero con su imagen, el arte resultante es extraño o al menos diferente. Cuanto más preciso sea el resultado, más extraño o alienado será. Cuando seamos incapaces de distinguir en pantalla al Bogart genuino del Bogart virtual, el clonado, se habrá producido un cambio sustancial. Todo arte es fingimiento, pero ese fingimiento es el trabajo real del artista. Cuando no hay artista, ¿hay arte o solo lo imita? ¿Sueñan los espectadores con actores eléctricos?, podríamos preguntarnos.

En un mundo donde las novelas se escribirán con IA, los acores serán reproducidos con IA, la música será escrita con IA, la pintura se realiza con IA, etc. tal como se nos aventura que ocurrirá (y ya ocurre) sobre lo que hay que preguntarse es sobre los receptores, sobre el público y sus motivaciones para acceder a todo ello. Aquí tenemos dos respuestas. La primera es optimista: el público rechazará esas creaciones sin alma, fabricadas por máquinas. La segunda es realista y se basa en la experiencia del embrutecimiento del consumo artístico masivo a través del que se busca ese terrible "matar el tiempo" y no dotarlo de sentido. Puede que el público de hace cincuenta años lo hubiera rechazado, pero el público actual es una mera prolongación de un sistema diseñado para el consumo. Se crea para él, lo que aceptará, de lo que se encargan otros protocolos que se basan los datos recogidos. Ya no se trata de acceder al público y romper sus gustos establecidos, como hace el arte convertido en provocación del sistema, sino que se trata ahora de darle un placer básico satisfaciendo sus demandas. Aunque puede que no sea todo el público y algunos prefieran ver las viejas películas con "humanos", la mayoría apostará por los clones actualizados.

El olvido de las viejas películas es una enfermedad cultural grave, como lo es el de las obras literarias que nos muestran un mundo que no es el nuestro. Nuestro narcisismo es tal que solo queremos un selfie absoluto, multidimensional. Estas clonaciones permitirán una nueva forma de empatía, una forma distinta de producir películas controladas por una industria insaciable y a la que le interesa una parte del arte: la taquilla.

Podremos, por ejemplo, votar para que una película la "interprete" nuestro actor o actriz favoritos. Incluso podríamos, pasado un tiempo, disponer de menús para elegir entre varios actores en la película que podamos ver igual que ahora elegimos el idioma en nuestros discos digitales. ¿Por qué no? Todo lo que vende es posible y deseable.

La cuestión paralela es ¿irán los snobs al teatro? O quizá ¿existirá el teatro? ¿Tendremos interés en ver alguien que crea en directo? Las artes forman un sistema y lo que ocurre en un sector modifica de una manera u otra a los demás.

Por mi parte, me comprometo a no ver esas nuevas películas sin actores reales. Aunque no creo que sirva de mucho. Ya hay películas en las que los actores son "doblados" en las acciones, "rejuvenecidos" digitalmente, etc. No, no es ya ciencia-ficción. "La guerra de los clones" está empezando.


 

* "El Sindicato de Actores de EE.UU. mantiene diferencias con la propuesta de los estudios en puntos como la IA" RTVE.es / Agencias 7/11/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231107/sindicato-actores-eeuu-mantiene-diferencias-propuesta-estudios-puntos-como-inteligencia-artificial/2460233.shtml


jueves, 9 de octubre de 2014

Jennifer Lawrence tiene razón

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se pregunta Jennifer Lawrence en qué mundo vivimos. Hace bien en preguntarlo. Si todos hiciéramos lo mismo, puede que llegara un momento en el que hubiera que dejar de preguntárselo. Le tengo una inmensa admiración como actriz y esperanza por los momentos de felicidad que nos puede dejar a todos en el futuro ante una pantalla. Es una actriz que aúna temperamento e inteligencia, técnica y pasión. Es algo que percibes cuando la ves en la pantalla, su trabajo apasionado en la interpretación, la construcción minuciosa de papeles distintos. Alguien que puede componer dos papeles tan diferentess como los que ha interpretado en "El lado bueno de las cosas" (Silver Lining Playbook 2012) o "La gran estafa americana" (American Hustle 2013), hacer de Misty en X-Men o de campeona en "Los juegos del hambre", tiene mucho mérito y merece todo el respeto, como han hecho sus compañeros de la Academia premiándola con un Oscar y varias nominaciones con solo 24 años.
Ver a Lawrence en papeles interesantes es una delicia y ese esfuerzo profesional se agradece. No hablo del "fan", sino de las personas que, tras la ilusión del personaje, recuerdan que detrás hay una persona que ha trabajado duro para que nos olvidemos de que existía el actor. Esa es la paradoja del actor que su trabajo consiste en anularse él para dar vida a otros. Lawrence lo consigue y tiene un camino por delante en el que puede dejar interpretaciones memorables.


El robo de unas fotos íntimas de su "nube" la ha puesto en una situación humillante a la que se ha enfrentado directamente. Me imagino que a la ira del robo de las fotos y su lanzamiento por las redes le seguirá otra más fuerte al escuchar los comentarios de algunos. Están los del "que no se las hubiera hecho" y los del "los actores vive de eso", dos teorías que se escuchan con frecuencia cuando suceden cosas de este tipo. Ambas son teorías insultantes, fatalistas y exculpatorias de los que se dedica a este tipo de actividades. Son el complemento perfecto de los ladrones de intimidad. Los primeros desprecian a la persona; los segundos a la profesión. Van dejando sus sentencias filosóficas con satisfacción al ver que sus leyes se cumplen. Es una versión de otros argumentos que también se escuchan con frecuencia: la violaron por cómo iba vestida o porque fue por donde no debía. Responsabiliza a la víctima y convierte el crimen en algo necesario derivado de quien lo padece.


Lawrence, que ha demostrado inteligencia sobrada, pone el acento en el punto clave: "No es un escándalo; es un crimen sexual". Tiene razón. Y va más allá: los que ven esas fotos robadas participan de una violación colectiva. Son responsables también. Una foto robada es un crimen que se repite una y otra vez, se le niega el derecho a esa persona a decidir sobre su imagen.
El País anticipa la entrevista en Vanity Fair con la que ha roto el silencio sobre esta cuestión:

“Esto no es un escándalo. Es un crimen sexual. Es una violación. Es asqueroso. Porque sea una figura pública, porque sea actriz, no quiere decir que vaya buscando esto. No es parte de la profesión. Es mi cuerpo y debe de ser mi elección”, afirma con claridad. En esta misma entrevista, que saldrá publicada en el número de noviembre, la ganadora del Oscar por El lado bueno de las cosas hace un llamamiento a un cambio en la legislación que penalice estos crímenes. “Tienen que cambiar las leyes y tenemos que cambiar. De ahí que las páginas web también sean responsables”, subraya. Nadie se libra. Como añade la actriz, cualquiera que mire esas imágenes está perpetuando la ofensa sexual. “Se cubre de vergüenza”, añade. “No puedo creerme que vivimos en un mundo así”.*


El hecho de que el diario haya colocado esta noticia en la sección "Estilo" ya es bastante reveladora de nuestra incapacidad para valorar los acontecimientos de este tipo. ¿"Estilo", de quién? Contradicen así su propio titular en el que Lawrence afirma que no es un "escándalo" frívolo sino un "crimen sexual". Pero vivimos en un mundo así de incongruente. No deberíamos, pero lo hacemos.
Los mismos que se rasgan las vestiduras por el espionaje masivo, las escuchas de teléfonos, etc., deberían entender que todas son fruto del aplastamiento de la intimidad que es, a su vez, resultado de pisotear la individualidad y sus derechos. El gran éxito de este mundo absurdo es hacernos creer en el individualismo cuando lo que se ha dado es el proceso contrario. Al igual que se dice que el éxito del diablo es hacernos creer que no existe, el éxito de los déspotas es hacernos creer que somos libres. "Los juegos del hambre" no son tan exagerados como parecen; se le da a la gente lo que quiere. Es barbarie de luxe.


Me ha impresionado la sinceridad de Lawrence. Ha explicado —no tenía por qué— el origen de las fotos y sobre todo ha explicado que hubiera dado el dinero de cualquier película porque esas fotos no salieran, solo por evitarse tener que hacer la llamada a su padre para explicarle el asunto.
Nos dicen en el diario:

La actriz reconoce que temió por su carrera pero lo más duro de este crimen, agrega Lawrence, fue hablar con su padre. “Cuando tuve que hacer esa llamada a mi padre para explicarle lo que había sucedido… No importa cuánto dinero gane por Los juegos del hambre. Te puedo prometer que si te dan la opción entre una cantidad de dinero así o hacer esa llamada para decirle a tu padre que algo así te ha pasado, no vale la pena”, agrega la intérprete. Según la revista Forbes, la fortuna de Lawrence está en los 34 millones de dólares (26,8 millones de euros) lo que la sitúa este año como la número 12 entre las estrellas mejor pagadas de la industria.
Aunque el FBI continúa investigando cómo llegaron estas y otras muchas fotos de otras estrellas a la red, obtenidas al parecer de sus iCloud privados, Lawrence asegura que no espera mucho, que ha conseguido hacer las paces con este incidente y continuar con su vida. Incluso se permite bromear sobre esa incómoda llamada a su padre cuando añade en la misma entrevista que “afortunadamente” Gary Lawrence estaba jugando al golf “así que estaba de buen humor”.*

La naturaleza humana es penosa en muchas ocasiones. Hay cierto gusto por humillar a las personas que triunfan y más si son jóvenes. Lawrence no le debe nada a nadie y se ha merecido el puesto que tiene ahora mismo. Tiene un largo camino interior para intentar comprender ese deseo de hacer el mal por el mal que lo sucedido con estas fotografías le han supuesto. Dice que ha dejado de llorar por la rabia, que sigue adelante. Y así debe ser por su bien y el de todos los que disfrutamos de sus interpretaciones.
La única "compensación", si se puede decir así, que tiene un actor por esto es la experiencia de un grado superior de indignación y rabia que no había alcanzado hasta el momento. Tendrá un recuerdo que evocar en las situaciones extremas de próximas películas y podremos ver la ira y el dolor en sus ojos. Pero, aún así, no compensa.



* "Lawrence: “No es un escándalo, es un crimen sexual”" El País 7/10/2014 http://elpais.com/elpais/2014/10/07/estilo/1412701030_253903.html





lunes, 13 de enero de 2014

Actores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La de actor es una de las profesiones más extrañas porque es la vocación por ser otro, por desalojarse uno mismo del cuerpo y acoger extrañas voces que otros crean.  ¿A quién le podría interesar un trabajo así? Algunos sostienen que ese vacío se compensa con el narcisismo que requiere la contemplación de uno mismo como campo de trabajo. No lo sé. Al fin y al cabo, el actor no es un poseído, sino un constructor. Siempre se ha debatido si su trabajo es racional o profundamente emocional, un controlarse o un dejarse llevar. Los "métodos" existentes parten de una idea u otra, del actor marioneta o del actor arrebatado, del control o del impulso.
Me imagino que aunque podamos meterlos en un mismo tarro, los actores —como cualquier en cualquier otra profesión— son muy distintos entre ellos. Hay actores que solo se pasean por las pantallas y escenarios, con pequeños cambios. Otros en cambio se transforman de arriba abajo.
La película Agosto (August: Osage County, John Wells 2013) contiene un recital interpretativo, llevado con auténtico mimo. Da gusto sentarse dos horas frente a una pantalla y simplemente observar. Nos podemos meter en la obra y escuchar sus palabras y parlamentos llenos de palabras vulgares de seres vulgares realizando acciones vulgares. Pero basta con observar, con eso ya se consigue mucho. Se disfruta simplemente por ver cómo Meryl Streep (su personaje es Violet Weston) pasa las páginas de un libro de su marido o cómo Julianne Nicholson (Ivy) recuesta su cabeza sobre el hombro de Benedict Cumberbatch mientras este toca al piano la pieza que le ha compuesto, un escena deliciosa. Son detalles que el actor busca para dar sentido y carne a su personaje, que llega hasta él sobre hojas de papel. Todos esos detalles se cosen tratando de que no se vean las costuras.


"Sentido" y "carne" surgen ambas cuando el trabajo del actor es consistente con su papel y el papel es bueno. Lo vemos encarnado cuando la interioridad se expresa exteriormente, se convierte en conducta, lo que percibimos. Es cuando percibimos la vulgaridad del personaje y no la vulgaridad del actor. O su inteligencia.
Agosto es originariamente una obra de teatro —de Tracy Letts— como gustan en los Estados Unidos, de psicoanálisis de la familia. Son los receptores de la tradición decimonónica de destripamiento de las relaciones familiares que comenzó con las novelas y siguió en el teatro, especialmente el nórdico y el ruso. La familia es el gran teatro del mundo, el lugar de los dramas. Por eso Freud tuvo tanto éxito allí y fue tan influyente el naturalismo en Estados Unidos, la mezcla de herencia y ambiente y la familia son las dos cosas. Tanto o más que los genes interesaban los traumas y cómo estos pasan de padres a hijos y se viven entre hermanos. El escenario es un diván para el análisis de las relaciones familiares. Tennessee Williams, Arthur Miller, Eugene O'Neill... buscaron la explicación de la conducta individual, por influencia o rechazo, en la familia. El odio, la inseguridad, la autodestrucción, la violencia... se transmiten; las frustraciones se pagan con los más cercanos.


El teatro norteamericano hizo sus propias tragedias cotidianas indagando en el interior familiar recogiendo a sus autores más admirados, los Ibsen, Strindberg, Chejov, que fueron los que se atrevieron a llevar sobre las tablas las miserias de la burguesía decimonónica haciendo lo que los griegos habían hecho con sus familias reinantes y Shakespeare recogió mostrándolos en su desnudez. Las de hoy son tragedias sin nobleza, donde no hace falta recurrir a los dioses para justificar el castigo.
Algunos han intentado incomprensiblemente colar Agosto como una comedia. "Me han dicho que te ríes", fue lo que me comentaron en el cine al entrar. La tragedia ya no vende entre tanto Resacón y efecto especial. En la sesión a la que fui, la del estreno de la sobremesa, algunos despistados se reían en algunos momentos. Reírse aquí es un malentendido. El humor que hay es el de la mala baba, el del deseo de machacarse en el ambiente familiar, la broma hiriente del que conoce las debilidades del otro por haberle criado. No hay humor en la obra, aunque pueda haberlo en los personajes. No nos piden que nos riamos, sino que veamos lo ridículo y la maldad de sus pretensiones.

Como todo lo que ocurre en un buen drama sobre un escenario, es a la vez natural y excesivo. Es la concentración estética la que hace estallar en un momento determinado los conflictos que llevan toda la vida rondando. Y son los actores los que lo hacen creíble, soportando la terrible presión que se acumula en sus relaciones. Tienen que hacer creíble la explosión de su polvorín particular.
La queja tradicional de que no se escriben papeles para mujeres no es cierta este año. Agosto es sobre todo una obra de mujeres. Otro de los grandes papeles del año es también el de Cate Blanchett, en Blue Jasmine, el reencuentro de Woody Allen —uno recuerda su Septiembre al ver este Agosto— con una realidad no turística. Otro gran papel femenino y otra gran interpretación. Los hombres están pagando con creces el éxito del cine de acción y su pretensión heroica de cartón piedra. Da mucho más de sí la decadencia que el cómic; es mucho más catártica.
Blanchett —como Streep— es otra actriz camaleónica, capaz de hacer cualquier papel dotándolo de sentido, de ponerse dentro de la piel de cualquiera o de crear la piel que lo humanice. Puede hacer de villana en Indiana Jones y saltar al Señor de los Anillos o ser más Dylan que Dylan, en I'm not there (2007), una de esas exhibiciones fantásticas que les da por hacer a los grandes actores de vez en cuando.


El plantel que se ha reunido para hacer Agosto es una brillante selección, muy ajustada, con algún pequeño desajuste sin más importancia. Y el encargado de la dirección de manejarlos es un hombre de experiencia televisiva, John Wells, algo no demasiado descabellado por el tipo de obra que requiere largas secuencias con muchos personajes presentes. La televisión ha dejado de ser la hermana menor. Lleva una década acogiendo a los mejores guionistas que se concentran en los personajes y no en las explosiones y está forjando buenos realizadores. Algo que ya ocurrió a finales de los cincuenta con aquella generación que se curtió en los platós televisivos de Estados Unidos, la de los John Frankenheimer, Martin Ritt, Arthur Penn, Robert Mulligan, Stanley Kramer, Sidney Lumet y Robert Altman, como nombres más ilustres. Hace años los que daban el salto al cine eran los realizadores de videoclips, adecuados para las películas de acción, maestros del montaje. Las televisiones han cambiado mucho en eso y ofrecen ahora el otro extremo. A los tres minutos del videoclip contraponen las treinta horas del serial, por lo que la experiencia que se desarrolla es otra, otros los acentos. 

Y lo mismo puede decirse de los actores. Muchos de los que aparecen en Agosto son habituales de las pantallas televisivas. Se han curtido en las series y dan el salto a la gran pantalla. 
Dice John Wells, en el diario El País, que todo el mundo le pregunta lo mismo:

Me han hecho esta pregunta muchísimas veces. Todos quieren saber qué le dices a Julia Roberts o a Meryl Streep. O cómo diriges a Sam Shepard. Yo siempre contesto lo mismo: ‘No puedes’. Lo que intentas es ser una especie de coordinador, un director de orquesta que no se mete en la partitura sino que trata de mejorar los arreglos.*

Tiene razón. Es más útil dejar que actores como estos se arreglen entre ellos sobre la realidad que van a recrear ante la cámara. Su trabajo es considerable en un película en la que, como bien señala, si sale bien será mérito de los actores y si fracasa culpa del director. Con un guión de una obra que ha sido Pulitzer, realizado por el mismo autor, aclamada por todo el mundo, y con ese elenco, puedes centrarte en otras cosas. Sabes qué puedes tocar
El actor moderno no puede acogerse a la musicalidad del verso, a los ritmos poéticos, como ocurría en el teatro clásico. Su trabajo es muy distinto, no es un teatro de la palabra, sino integral, en donde las rimas y metáforas son sustituidas por las obscenidades, los monosílabos y los gritos, a veces por discursos coherentes. Es más complicado porque todo se viene abajo si no hemos creado un personaje adecuado conjugando acción y motivación. Al actor no le queda el recurso de las grandes palabras; su tarea es que el público perciba todo aquello como realidad, que se olvide que está ante una pantalla o un escenario.


En Agosto nos impresiona el drama sórdido en su pequeñez y cómo seres tan mezquinos pueden causar tanto daño. La gran pregunta —el arte debe dejarnos preguntas— es porqué las personas que deberían quererse lo hacen de esta manera destructiva. Todos entendemos fácilmente porque Edmundo Dantés, el Conde de Montecristo, quiere vengarse por lo que le han hecho. Pero no nos resulta tan fácil comprender las relaciones complejas y destructivas de una familia como la que se nos muestra en la obra. Y es ahí donde radica la labor del actor, no solo en decir su papel, sino en mostrarnos en un par de horas los efectos del historial de agravios de toda una vida. Otras obras nos muestran la vida en su discurrir, aquí solo el estallido de sus efectos en un momento determinado.
Entre tanta mediocridad de papeles. se comprende porque se puede reunir a un plantel como el que se ha conseguido para Agosto. Son papeles que les permiten cumplir esa vocación de dejar de ser ellos durante unas semanas, construir a golpe de detalle un ser creíble.


* "‘Agosto’: explosión de estrellas" El País 10/01/2013 http://cultura.elpais.com/cultura/2014/01/09/actualidad/1389298664_790483.html







sábado, 28 de diciembre de 2013

Angela Lansbury

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Acabo de ver la emoción de la actriz Angela Lansbury al recoger su Oscar honorífico. Había estado tres veces nominada al premio sin conseguirlo. Es mucho más de lo que consigue la mayoría. El Oscar no es más que una parte de su trayectoria; también ha sido dieciocho veces candidata a los premios Emmy, según algunas fuentes, el récord de nominaciones sin haber ganado nunca. El teatro, en cambio, sí la ha premiado cinco premios Tony y ha merecido tres Grammy por su participación en grabaciones de los musicales en que participó. Lansbury ha sido una institución en el teatro, especialmente en el musical, pues, además de ser gran actriz, es una magnífica cantante. Sus interpretaciones en papeles tan distintos como en el trágico Sweeny Todd o en la más festiva Mame, dan testimonio de su versatilidad musical sobre un escenario. Donde alcanzó la celebridad mundial fue a través de la televisión, con la célebre serie de diez temporadas Se ha escrito un crimen, en el que interpretaba a la señora Fletcher, una escritora de novelas policiacas metida a detective. La serie se sigue reponiendo con éxito.

Ha dado la feliz casualidad de que en estos días pudiese disfrutar de un par de sus trabajos en el cine. Ha sido una coincidencia, pero que me ha permitido apreciar el magnífico trabajo desarrollado por esta gran actriz a lo largo de su vida.
El primero de los trabajo que pude ver ha sido el que le valió su tercera y última candidatura a los premios Oscar como actriz secundaria: El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate, John Frankenheimer 1962). La película, un thriller político, nos la muestra convertida en una ambiciosa y ultraconservadora madre que ha formado parte de un complejo complot para situar a su marido en la Casa Banca. usando para ello a su hijo, que regresa de Corea convertido en un héroe de guerra. El personaje de Angela Lansbury, una especie de Lady Macbeth sureña, logra transmitirnos la ambición, el fanatismo y el deseo incestuoso que concentra en su hijo. La actriz logra dotar a su personaje de la vaciedad pública de la mujer que se sitúa en la sombra del marido candidato a la presidencia de la nación, la ambición y el poder en las escenas en que no es vista más que por sus allegados y, finalmente, el desbordamiento doloroso del drama pasional en el que ha sido forzada a destruir a su propio hijo para conseguir sus objetivos. Lansbury deja a años luz de distancia interpretativa a pesos pesados como Sinatra, Harvey o Janet Leight. Se convierte en el centro de la película.


En los extras que acompañan al DVD se encuentra un diálogo, pasados los años entre tres de los responsables del proyecto cinematográfico, Frankenheimer (el director), George Axelrod (el guionista) y el protagonistas, Frank Sinatra. Todos ellos coinciden en lo extraordinario de la interpretación de Angela Lansbury. El mensajero del miedo es hoy una película de culto, que mereció un remake en 2004 a cargo del director Jonathan Denme. La actriz encargada de repetir el papel de Angela Lansbury fue nada menos que Meryl Streep, lo que muestra que fue necesario apostar fuerte para estar a la altura del personaje que la actriz había creado. La película no tuvo gran repercusión crítica, valorándose más el film original, pero Streep recibió una nominación al Globo de Oro y otra a los premios BAFTA. A Streep le gustan los retos y de este salió bien.

El buen efecto que me causó ver su trabajo en El mensajero del miedo me hizo ver con atención su trabajo en otra película que no había seleccionado precisamente por ella. Tenía a Gaslight (George Cukor 1944) pendiente de revisión desde hacía tiempo, pero siempre se me cruzaba alguna otra película en el camino. Finalmente decidí sentarme a ver esta película que llegó a crear una frase hecha "hacer 'luz de gas'" a alguien, es decir, intentar hacer creer a una persona que ha perdido el juicio mediante mentiras y engaños. La película de Cukor es un remake de otra británica con el mismo título , de cuatro años antes, un muestra de cómo Hollywood adaptaba a sus estrellas los buenos guiones o los éxitos de otras cinematografías para impulsarlos con sus potencial de distribución mundial. Ambas películas se basaban en la misma obra teatral de Patrick Hamilton, que había saltado a la escena en 1938.
A un director de éxito como era George Cukor, se le sumaron dos grandes intérpretes del momento, Charles Boyer y una impagable Ingrid Bergman —, que recibió el primero de los tres premios Oscar de su carrera y un Globo de Oro por su actuación. Complementaba el trío protagonista, Joseph Cotten, otro gran actor, junto a unos magníficos secundarios. La propia Angela Lansbury califica como increíble que ella, una debutante de dieciocho años, pudiera colarse en el reparto de un filme destinado a ser un gran éxito, en una de esas películas que Hollywood mimaba al máximo. La obra tuvo siete candidata a siete premios de la Academia: a la mejor película del año, al mejor actor (Ch. Boyer), por su fotografía en blanco y negro, guión y Angela Lansbury como secundaria; fueron premiados Ingrid Bergman, como mejor actriz, y Cedric Gibbons y su equipo, por la dirección artística.


Dos años después de Casablanca (1942), la interpretación de Bergman está deslumbrante, pues pocas son las mujeres que han desprendido más luz desde una pantalla. En su papel tiene que pasar del amor inocente y la ilusión a la depresión, rozar la locura a la que la quiere llevar un psicópata que ha conseguido casarse con ella en busca de un botín oculto. El personaje de Paula Anquist (I. Bergman) está lleno de matices, para los que la actriz se preparó visitando clínicas mentales y observando el comportamiento de los pacientes en sus mínimos gestos.

Pero junto a esa luz irradiada por Bergman, había otra luz que no era tan fácil ver, pero que sí supo hacerse notar, la de una jovencísima Angela Lansbury. No podemos decir que "robara las escenas" porque es película es un muestra de generosidad artística, como contaba la propia Lansbury de cómo, ella —una principiante— fue recibida por aquellos dos grandes y consagrados actores en un sistema que giraba sobre ellos.
Lansbury cuenta una anécdota sobre la película señalando que fue una de las grandes lecciones de su vida. Había terminado su parte del rodaje y salió a tomar café acompañada de otra de las actrices. Cuando regresaron, Cuckor le echó la bronca porque la otra actriz no había terminado y habían estado esperando. Lansbury cuenta, con modestia, que aprendió en su primera película que hasta que el director no dice que se ha terminado, no se ha terminado.
No debió ser fácil para una principiante tener un papel en el que compartía pantalla, junto y por separado, con Ingrid Bergman y Charles Boyer. 
Si en El mensajero del miedo, Lansbury construía un personaje con varias capas, con comportamientos distintos según con quién estuviera, en Gaslight realiza una labor similar. El personaje de Nancy Oliver, la criada recién llegada a la casa, pasa del progresivo descaro que mantiene con Charles Boyer, el señor de la casa, al tratamiento que le da a la señora, Ingrid Bergman. La inteligencia interpretativa que podíamos apreciar en el personaje de la gran dama sureña, en una actriz madura, lo podemos ya percibir veinte años antes en la construcción de una descarada criada joven en un barrio londinense. 


Angela Lansbury, nieta del político George Lansbury —quien dirigió el Partido Laborista británico, antiguo liberal, reformista, pacifista y activista, defensor de los derechos de las mujeres, editor de periódicos— destacaba haciendo un papel de joven deslenguada de la clase popular. Aquella interpretación, reconoce ella misma, le abrió las puertas de su carrera. Al año siguiente, en 1945, sería de nuevo candidata al Oscar como secundaria por El retrato de Dorian Gray (Albert Lewin).

Cine, teatro y televisión han sido sus campos y en todos ellos ha recibido reconocimientos más que notables, manifestados en premios y críticas, además del favor del público en sus etapas televisivas. En la película Muerte en el Nilo (John Guillermin 1978), con un elenco de grandes glorias del cine, como Bette Davis o Peter Ustinov, o de las nuevas generaciones, como Mia Farrow u Olivia Hussey, fue candidata por su papel al premio BAFTA junto a Maggie Smith y ganó el de la National Board of Review, uno de los premios de mayor prestigio de los Estados Unidos.
Angela Lansbury es una gran actriz que ha sabido interpretar los papeles más dispares, de la matriarca sureña a La bruja novata, de la criada londinense a Jessica Fletcher, la novelista Se ha escrito un crimen, todos ellos con eficacia. Ha cantado sobre un escenario y ha interpretado comedias y dramas; ha puesto voces a películas de animación y a videojuegos. Ahora le llega el reconocimiento a toda una vida de trabajo y esfuerzo, de dedicación meticulosa a una profesión en la que ha demostrado desde los inicios su versatilidad.
Los cambios de criterios en nuestras comerciales televisiones privan a las generaciones nuevas del legado cinematográfico de los grandes actores y obras de la historia del cine, desatendiendo los criterios artísticos y centrándose en otros más rentables. Los antiguos ciclos dedicados a los actores permitían descubrir sus trayectorias y aportaciones al conjunto de un arte que ha sido central en la constitución de la cultura  en el siglo XX y que ahora entra deslavazado en el XXI, falto de identidad por pérdida de la memoria colectiva de sus raíces. El cine sigue sin entrar de verdad en la educación, junto a otras artes, y eso lo deja en manos del comercialismo desmemoriado, interesado solo en el aquí y el ahora.


Son los compañeros de la Academia los que premian ahora a Angela Lansbury con todo merecimiento. Hace un par de días los medios nos informaban del nuevo paquete de películas declaradas parte del legado cultural, que han entrado a formar parte del  Registro Nacional de Filmes de la Biblioteca del Congreso de EEUU. Estados Unidos cuida su herencia cultural y reconoce a las personas que han contribuido a construir ese legado que forma parte de su herencia más allá de sus fronteras. Una gran parte de ese legado es compartido más allá de sus fronteras, de igual forma que al él contribuyeron personas de muchos países que fueron allí a realizar sus trabajos. En Gaslight, por ejemplo, el francés Boyer, la sueca Bergman y la inglesa Lansbury aportaron su inteligencia y esfuerzo creativo a una obra que puede ser disfrutada como una pieza artística por todos. El cine hace posible conciliar tanto talento disperso. Es parte de su valor ser un arte colectivo, una suma de esfuerzos y talentos, que a veces produce momentos mágicos.
Me he alegrado profundamente al ver la alegría de la propia Angela Lansbury con el premio, al ver su satisfacción brillar en esos inmensos ojos. Habrán pasado ante ella muchos recuerdos, golpes de claqueta y bajadas de telón. Su emoción se puede compartir por cualquiera que haya disfrutado, como me ocurrió a mí hace unos pocos días, de su buen arte en la pantalla. 
Enhorabuena por el premio y gracias por su legado.