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domingo, 1 de marzo de 2015

El muro de la realidad y la fantasía política

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Regresaba del cine, de ver una estupenda película de ciencia-ficción, Ex Machina, y lo que me encontré en los titulares de la prensa no pasaba de mediocre fantasía. La diferencia entre la Ciencia-Ficción y la Fantasía es que la primera se basa en principios tomados de la Ciencia, posibilidades especulativas que desarrollan una teoría y la llevan a su extremo, mientras que la segunda se dirige hacia el fondo de los mitos, que entroncan con los miedos primarios y los deseos nocturnos. Resaltaba El País en su edición digital "Tsipras acusa al Gobierno de Rajoy de querer derribarlo" y El Mundo insistía en los suyos, "El Gobierno griego acusa a España de intentar 'derribarle' para evitar un 'riesgo político interno'": hasta el ABC anunciaba "Tsipras acusa a España de intentar «derribar su gobierno»", añadiendo un comentario " Samarás, sobre las críticas de Tsipras: «Debería darle vergüenza»". ¿No había terminado mi película? En un mundo de pantallas es difícil saberlo y algunos viven su realidad virtual como si fuera realidad a secas, van por el mundo con las gafas 3D puestas sin saber si son el centro de su propio videojuego.


Después de haberse paseado por Europa sin corbata, Alexis Tsipras y su ministro decidieron que ya estaba bien de euroturismo y regresar, como Ulises, a casa. Euronews, tras los acuerdos alcanzados, titulaba el día 21: "Le queda lo peor, convencer a la opinión pública griega que han obtenido algo de Europa". Y tenía razón. Cuando volvió a casa diciendo "Hemos ganado una batalla, pero no la guerra", según otro titular de Euronews, lo que no esperaba es que sus ilusionados ciudadanos y recién recuperada dignidad, le iban a estar esperando ya con los cócteles molotov, acusándolo de traidor. La sana costumbre de dar cien días antes de lanzarse al cuello se ha perdido, como tantas otras buenas costumbres. La respuesta de Tsipras es la introducción, como en las tragedias griegas de un deus ex machina, un agente exterior que le explique los sucesos que no le cuadran. Y le ha tocado a Mariano Rajoy.


Hasta el momento, la política europea de buena vecindad ha hecho que los frenazos y rapapolvos que se han dado mancomunadamente a los socios, siempre estuvieran envuelto en palabras amigables y sonrisas. No se trataba casi nunca de hacer daño, porque al fin y al cabo todos somos Europa. Pero el señor Tsipras tenía el papelón de regresar a casa a contarle a los griegos su videojuego y una cosa son las campañas electorales, en las que se promete de todo, y otra salir a Europa, donde la gente también ha ganado sus elecciones respectivas y no se dejan impresionar por superhéroes sin corbata.
Decía ayer The New York Times, que ve las cosas desde la distancia:

Mr. Tsipras, 40, is maintaining solidarity among his party’s 149 members of Parliament, yet he is facing pockets of rebellion among disillusioned supporters. Yiannis Milios, an economic policy strategist for Syriza, co-wrote a critique of the bailout deal, posted Thursday on his Facebook page, in which he blamed the prime minister for surrendering too much. On Thursday night, a crowd of far-left, anti-establishment protesters held a demonstration against the deal that turned violent, with some cars burned and stores vandalized.
“They are full of ideological obsessions that derive from the fact that they have historically been a left-protest party,” said Mr. Lygeros, describing the different blocs of Syriza supporters. “Now reality has hit them like a truck. They will be forced to grow up, rapidly. The question is whether they can do it in time.”*


Y creo que tiene razón el señor Lygeros en su observación. La realidad se ha encontrado con Tsipras como un camión contra un muro. La pared no se ha movido, pero él, héroe de su videojuego, ha quedado estampado. Es lo que suele ocurrir cuando planteas mal un problema y calculas mal tus fuerzas. La realidad no se mueve y sus gafas 3D han saltado hechas añicos.
Tsipras es responsable —y no es el único— de vender recetas globales cuando su poder es simplemente local. Y además el "local" se encuentra en penosas condiciones. Lo que queda por determinar es de dónde sacas Tsipras esas ideas tan peregrinas, aunque no es difícil de imaginar. La manía de algunos por estos lares de equiparar a España con Grecia tienes estos patinazos de realidad que hacen estrellarse contra el muro. Lo volvemos a repetir: la situación de Grecia no tiene nada que ver con la española, afortunadamente. Y da vergüenza que haya que decirlo porque es síntoma de que se prefiere vivir en un mundo de fantasías, de dragones y mazmorras.


Parte del trabajo político consiste en entender la realidad para poder controlarla. El realismo es una cualidad necesaria en un político. No se deben confundir los ideales con las fantasías. El problema es cuando generas, como Tsipras, una expectativas fantasiosas sobre la realidad y arrastras a todos seductoramente hacia un vívido mundo irreal en el que te interesa que los demás crean. Lo que acabas generando es una alucinación, no una ilusión colectiva. Los griegos han creído que con elegir a Tsipras su mundo fantasioso se iba a hacer realidad. La alucinación ha durado poco y el despertar ha sido violento.
The New York Time introduce una variable interesante sobre lo que se dice a los griegos:

“If we cannot change economic policy through elections, then elections are irrelevant,” said Georgos Katrougalos, the administrative reform minister in the newly elected Greek government. “Elections are irrelevant and it is useless to vote.”*


El señor Katrougalos, recién llegado al gobierno, se equivoca. Las elecciones son irrelevantes cuando, gobierno tras gobierno, Grecia no ha conseguido plantar cara a sus auténticos problemas, que derivan precisamente de la inoperancia política griega. Las elecciones en Grecia han dado como resultado el triunfo de la demagogia populista, xenófoba y nacionalista, que son los partidos que han acaparado sus votos. Los populistas, los xenófobos-racistas y los nacionalistas tienen una cosa en común: le suelen echar la culpa a otros, ya sea porque el pueblo es bueno o porque los extranjeros son malos. Han decidido que la culpa de todo la tiene Europa y no los errores acumulados y en los que los políticos no se atreven a entrar. Mientras sea más rentable para conseguir los votos actuar así, Europa tendrá problemas porque se hará difícil la convivencia.


Pero ahora el señor Tsipras, cuyas jugadas llegado al gobierno han sido coquetear con la Rusia de Putin, exigir el pago de la deuda nazi a Grecia y echar una mano a Pablo Iglesias, se encuentra no entre la espada y la pared, sino, como dicen en The New York Times, estampado contra ella. Y la solución, no deseando enfadar más a Alemania, ni desamigarse con Italia y Francia, es arremeter contra España y Portugal, conspiradoras contra su gobierno.
Por si tuviéramos que aguantar pocas tonterías locales, poca demagogia, el señor Alexis Tsipras se nos cuela en la campaña española acusando a Mariano Rajoy (supongo que habrá sido él personalmente o a lo mejor fue Soraya) de intentar derribar al gobierno griego. La película fantástica de Tsipras es la siguiente, según el diario El Mundo:

En la primera reunión del Comité Central de Syriza tras el triunfo electoral del pasado 25 de enero, Tsipras aseguró que aún antes de empezar las negociaciones las "fuerzas conservadoras en Europa, en cooperación con el Gobierno de Samarás, nos habían tendido una trampa", con el fin de que la izquierda fracasara nada más asumir el gobierno.
Con ello aludió a que el conservador Andonis Samarás había firmado una prórroga de tan solo dos meses del rescate para lograr que un Gobierno de Syriza fracasara.
Según Tsipras, el objetivo era causar una crisis financiera y el colapso inmediato del Gobierno.
Lo que no habían previsto estas fuerzas, añadió, era que Syriza acabaría logrando casi la mayoría absoluta en las elecciones, que se iba a formar un Gobierno en tiempo récord y que iba a obtener semejante respaldo ciudadano en las negociaciones.
El líder de Syriza sostuvo que el temor manifestado por Francia, China y Estados Unidos ante la inestabilidad política que podría haber generado una caída del nuevo Gobierno sirvió de ayuda para sacar adelante unas negociaciones.
Según el primer ministro, en las negociaciones España y Portugal, "por razones políticas obvias, trataron de llevar a Grecia al abismo, asumiendo el riesgo de una evolución incontrolada, con el fin de evitar un riesgo político interno".**


Y esto es demasiada película, incluso para un Comité Central. Las tonterías de Tsipras hacen dudar de que realmente alguien con una imaginación como la suya sea la persona más adecuada para sacar a Grecia del desastre en el que se encuentra. A los anteriores gobiernos griegos, incapaces de afrontar sus problemas, se suma ahora el de Tsipras que esparce su demagogia más allá de las fronteras, hasta los confines ibéricos de Europa. La hipótesis de Tsipras se basa en que si él triunfa en Grecia (sí, he querido decir "él"), Mariano Rajoy caería del gobierno; si fracasa, en cambio, Mariano Rajoy tendría más oportunidades de sobrevivir al hermano gemelo de Tsipras, Pablo Iglesias. Esta especie de entrelazamiento cuántico entre Iglesias y Tsipras es un extraño fenómeno de la naturaleza. Si los griegos se quejan de que lo que ocurre en Grecia se cuece fuera, nosotros, los españolitos, deberíamos quejarnos de que nuestro destino está ligado al de un señor como Tsipras. Yo, al menos, me niego. Por mí, como si se tira de la Acrópolis. Si a los aburridos discursos de por aquí hay que incluir ahora al señor Tsipras, apañados estamos.


A diferencia de la fantasía de dragones y mazmorras, los que parten de la Historia o de la Ciencia para sus interpretaciones de la realidad tienen más posibilidades de hacer diagnósticos realistas. El columnista de The Financial Times, Gideon Rachman titulaba su artículo del día 29 de enero, hace hoy un mes, "Syriza and woodoo economics", en el que tras explicar que los economistas de Syriza son una versión izquierdista de los economistas de Reagan con sus creencias sobre la inversión y vaticinar su fracaso por la debilidad griega, cerraba su artículo así:

Unfortunately, much of the European left seems to have temporarily lost the ability to reason – amidst the excitement of seeing the radical left take power in Athens. (Read this article, by Owen Jones, for example) Alexis Tsipras, the new Greek prime minister, is being written about as if he is a cross between Salvador Allende and Rosa Luxemburg. If and when the Syriza experiment fails, the left will be ready with a new “stab-in-the-back” theory. It will be the fault of the Germans, or the bankers, or (inevitably) the CIA. Nothing to do with the “rat-a-tat efficiency” with which Syriza has set off down the path of financial ruin.***


Según parece nos ha tocado a nosotros, los españoles, ser los autores de la puñalada, actuar como sacerdotes voodoo y clavar alfileres en el muñecote de Tsipras. Somos su deus ex machina mal que nos pese. Tsipras no tiene intención de sacarse los ojos como Edipo; prefiere sacárselos a los demás, tengan culpa o no.
A la división norte-sur, católica-protestante, soleada-fría, etc. habrá que añadir otra relevante: la fantasiosa-realista. Europa se debe fundamentar en la solidaridad, pero también en la inteligencia. Solo la inteligencia y el sentido común pueden hacer que vivir juntos sea una meta y una posibilidad. Pero señores como Tsipras y unos cuantos más, empeñados en hacernos saltar por los aires a todos, nos lo ponen difícil.
Mientras, en una sórdida y oscura cueva, rodeado de frascos, pócimas y agujas alguien se ríe.


* "Lawmakers (Just Not Greece’s) Approve a Bailout Extension" The New York Times 27/02/2015 http://www.nytimes.com/2015/02/28/world/lawmakers-just-not-greeces-approve-a-bailout-extension.html?ref=world&_r=0
** "El Gobierno griego acusa a España de intentar 'derribarle' para evitar un 'riesgo político interno'" El Mundo 28/02/2015 http://www.elmundo.es/internacional/2015/02/28/54f1b8cc22601d9e778b457b.html
*** Gideon Rachman "Syriza and voodoo economics" Financial Times - Blog The World  http://blogs.ft.com/the-world/2015/01/syriza-and-voodoo-economics/





sábado, 31 de enero de 2015

La frase inmortal

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Antes los grandes momentos se inmortalizaban en una frase, lo que había dicho Napoleón al ver las pirámides o lo que dijo cuando Goethe salió de la estancia en la que ambos que se encontraron. Cosas así. Pero muy mal debe estar el mundo cuando la gente se sienta a dialogar y no solo no hay acuerdo sobre lo que se ha discutido, sino serias dudas sobre la frase con la que inmortalizar el momento. La inmortalidad ha quedado para la Marvel; a nosotros solo nos queda la efímera guerra mediática de las cabeceras de los informativos.
Lo primero que vi en la mañana fueron las caras de circunstancias que Euronews nos mostraba al finalizar la reunión entre el ministro griego de Economía y el presidente del Eurogrupo. Se dieron la mano porque el griego, que maneja menor la propaganda, le forzó a estrecharla. El holandés aprovechó el momento para decirle algo que las cámaras no captaran y los micrófonos no recogieran, lejos de los formalismos diplomáticos. Y es aquí donde comienza la controversia:

“Acabas de matar a la Troika”. Según la prensa griega así se ha despedido el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, del ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis. Sin embargo, Bruselas asegura que la frase exacta ha sido: “Esto fue un gran error”.*


Tal divergencia, primero acústica y luego semántica, es un mal augurio de la que se avecina. Es más: la divergencia es en sí misma un vaticinio. Creo que jamás he escuchado una discrepancia mayor ni más interesada en la interpretación de algo. Indudablemente, lo que la prensa griega reproduce y Bruselas dice que dijo, obedecen a motivaciones muy distintas. De forma particular, me creo la versión de Jeroen Dijsselbloem  y no la de Yanis Varoufakis. Tiene mucho más sentido en el contexto en el que se desarrolla el encuentro. En lo que parece que sí hay acuerdo es en lo que dijo Varoufakis como respuesta: "¡Guau!".
"Acabas de matara a la Troika" es una frase que no se corresponde, en primer lugar, con la cara del holandés ni con los hechos. Es segundo lugar sería absurdo que la muerte de la Troika la decidiera la parte griega. La Troika, si se muere, no lo hará por el efecto verbal, casi mágico, de Varoufakis. Guau no es una palabra mágica, solo una impertinencia. La frase es claramente para el consumo interno griego, no representa lo dicho por el holandés en nombre de Europa, sino lo que le hubiera gustado al griego que hubiera dicho. La pretensión de los políticos europeos de convertirse en mata gigantes cada vez que se presenta a las elecciones comienza a ser cansina. Todos usan en sus campañas nacionales la pretensión de "doblegar" a Europa o Alemania, si quieren personificar. Eso vale para Hollande, Tsipras o nuestras versiones locales.
La negativa griega y su deseo de negociar con los "países" es un intento claro de sembrar la división en Europa y encontrar gobiernos a los que les pueda interesar hacerse una foto populista para salir adelante de sus propias miserias ante la opinión pública. Más en concreto: la erosión de predominio alemán. No es de extrañar que haya sido François Hollande, el gobernante más impopular en país propio, el que haya mostrado simpatías hacia la nueva Grecia. Hollande necesita recuperar algo del prestigio perdido, que es mucho, ante su electorado. Probablemente sea una de las jugadas más absurdas que haya hecho en su vida política y solo conseguirá debilitar la idea de Europa, haciendo ganar posiciones a su querida Marine LePen, la inesperada admiradora de Grecia y de todo lo que haga hundirse a Europa. ¡Hollande no aprende nunca!


La política griega ha entrado en una extraña senda que nos afecta a todos. Grecia es el principio y el final de la crisis europea, un punto crucial sobre el futuro común, un problema que no se acaba de resolver y que sirve para poner en cuestión la eficacia del funcionamiento conjunto del sistema, de sus instituciones y sus decisiones.
Me preocupaba la coincidencia griega de la izquierda y la derecha nacionalista, a cuyo frente han dejado el ministerio de defensa, algo con lo que todo ultranacionalista sueña en sus noches de descanso, banderas y fanfarrias incluidas. Me preocupaba también lo jaleada que ha estado la formación de izquierda radical y antieuropea desde el Frente Nacional francés por boca de Marine Le Pen, para la que todo lo que sea malo para Europa es bueno para ella y su formación.

Ahora me preocupa otra pieza del puzle: el acercamiento a Rusia de Grecia, que se ha manifestado en el intento de boicot de las nuevas medidas de presión al gobierno de Putin por su cínica política en la castigada Ucrania. Rusia se encuentra en un momento crítico y la forma que Vladimir Putin tiene de descargar el peso es mantener testimonio de su fuerza abriendo nuevos frentes. Si Europa le presiona en lo económico y le aísla en lo político, Putin actúa en la forma en que pueda hacer daño a Europa: manteniendo abierto el frente bélico en Ucrania como demostración de fuerza y estableciendo alianzas estratégicas y comerciales con aquellos presionados mediante sanciones.
Es lo que Putin ha hecho, por ejemplo, en el caso de Egipto. Cuando aumenta la presión sobre el gobierno egipcio y se producen embargos de armas, Putin manda sus vendedores a El Cairo. Promete armas y recupera mercado ganando espacio de influencia. Lo mismo ha hecho con las ventas de trigo a Egipto que le permitan consolidarse en el terreno y la promesa de abrir un flujo de turismo con el que compensar las pérdidas egipcias.
En todos los conflictos que se abran con Occidente —Estados Unidos y Europa— Vladimir Putin hace personarse a Rusia como aliado posible, vendedor con buenos precios, vendedor con malas prácticas. Putin sabe que nada tienta más que unos buenos precios, unos precios que ya se pagarán en el futuro, pero que crean problemas en el presente al resto. Lo trató con la prohibición de productos perecederos europeos en Rusia para sublevar en casa a los afectados y crear problemas a los gobiernos que apoyan las sanciones por la invasión y anexión de Crimea y la sublevación del Este de Ucrania, que permanecerá en guerra mientras él lo desee. Es su forma de decir que él puede abrir frentes donde, cuando y como quiera. Si Vladimir Putin ha empezado a lanzar sus tentáculos sobre Grecia, la Unión Europea puede empezar a prepararse a nuevos acontecimientos y posturas más radicales.
Señalan en Euronews la nueva actitud del gobierno griego:

El nuevo Gobierno griego se ha quejado de que la declaración de los líderes europeos sobre Rusia se había publicado sin su acuerdo.
“Grecia está trabajando para restaurar la paz y la estabilidad en Ucrania y al mismo tiempo está trabajando para prevenir que se abra una grieta entre la Unión Europea y Rusia. Ahora voy a negociar”, ha dicho el nuevo ministro griego, Nikos Kotzias.**


¿Una grieta? Mucho me temo que Grecia ha votado algo más que unos problemas económicos. Lo que los antieuropeístas y euroescépticos no han conseguido en el Parlamento Europeo pueden intentarlo mediante los sistemas de boicot en las decisiones en otros órganos. Grecia puede ser la primera embajadora de Rusia en Europa. Está por saberse si es un farol para presionar por el otro lado, el económico, o se trata del programa oculto o increíble. Grecia juega sus bazas pensando que Europa va a tratar por todos los medios de mantenerla dentro del Euro y de la Unión. Si esta percepción es correcta y lo manifestado hasta el momento por todos los países es verdad o solo un deseo para animarla a cumplir sus compromisos, podría verse pronto si se dedica a boicotear en nombre de una "paz" con Rusia. Extraña prioridad para un país al borde de la bancarrota.
El diario El Mundo señalaba respecto a la actuación griega:

La tesis oficial es que lo ocurrido es únicamente un desencuentro producto de cuestiones formales. Del desajuste y los problemas de entendimiento con un Gobierno en formación que apenas ha tenido tiempo de formarse y ocupar los despachos. Pero la oficiosa es que detrás del desencuentro hay decisiones políticas. Bien como primer paso de lo que será una larga renegociación con las instituciones europeas por asuntos económicos, bien por discrepancias de fondo y un cambio de alianzas. Por lo que el encuentro puede ser tenso y el preludio de una etapa de poco entendimiento.
"Lo que ocurrió ayer es un desajuste interno en la delegación griega. Lo de ayer puede responder a la precipitación con la que el cambio de poderes, el relevo, se ha producido", quiso quitar hierro Margallo. Sin embargo, las dos primeras horas de reunión han demostrado que el desencuentro va mucho más allá de cuestiones técnicas, formales o de plazo, y que son de fondo. Políticas. Y que abarcan a la totalidad de afrontar las relaciones con el vecino del este.***


Si Rusia consigue que sus —vamos a llamarlos así— "simpatizantes" comiencen a boicotear las decisiones y líneas políticas desde distintos frentes: Francia con el Frente Nacional o el alter ego español (por definición propia) de Syriza, más los otros grupos aspirantes al cambio europeo, la Unión dejará de serlo pronto ante una crisis muy superior a la del "euro", que será solo una anécdota ante la gran crisis política.
El choque de los ultranacionalismos, nacionalismos y populismos contra la idea de Europa en ambos frentes, político y económico, solo beneficiará a una Rusia que se siente debilitada por las sanciones derivadas de sus propias actuaciones. La intensificación de las respuestas rusas en diversos frentes hacen ver que no siente precisamente que esté ganando el pulso a nadie. Putin creyó que el invierno doblegaría a Europa y dentro de nada está ya aquí la primavera. Se sobrevivió.

El diario El País también recoge en sus titulares la sorpresa de muchos ante la entrada en tropel de un gobierno que ha ganado, sí, pero que tiene que gobernar en coalición con un socio extraño, pero el menos extraño, con el que lo único que le une es su antieuropeísmo. "Tres desafíos de Syriza en cinco días"**** es su titular haciendo referencia al choque frontal respecto al papel de la Troika, el rechazo a las sanciones a Rusia y, otra señal, la primera reunión con el embajador ruso en vez de como era habitual con el norteamericano, dada las relaciones con USA y la importante base militar existente allí.
Tres gestos y el aviso de que Grecia no se quiere presentar como una víctima, sino como un belicoso interlocutor con amigos en el otro lado de las trincheras. Si Grecia quiere practicar el quintacolumnismo, el espacio político se va a enrarecer bastante. No solo allí, sino aquí. Curiosamente, la primera víctima del gobierno griego será Ucrania si Grecia boicotea o "suaviza" las sanciones a Rusia. ¡Misterios de la política internacional!
El homófobo Putin, el autoritario Putin, el belicista Putin, el devoto Putin, el nacionalista Putin, el capitalista Putin, ejerce una extraña fascinación en personas que dicen defender lo contrario. Cosas más raras se han visto o, como diría el ministro griego de Economía en sintética frase inmortal, "¡guau!".


* "Grecia: “Acabas de matar a la Troika” o “Esto fue un gran error”" Euronews 29/01/2015 http://es.euronews.com/2015/01/30/grecia-acabas-de-matar-a-la-troika-o-esto-fue-un-gran-error/
** "Los ministros de Exteriores debaten imponer más sanciones a Rusia" Euronews http://es.euronews.com/2015/01/29/los-ministros-de-exteriores-debaten-imponer-mas-sanciones-a-rusia/
*** "Grecia no vetará las sanciones a Rusia a cambio de que sean más leves" El Mundo 29/01/2015 http://www.elmundo.es/internacional/2015/01/29/54ca49b122601d57488b457b.html
**** "Tres desafíos de Syriza en cinco días" El País 30/01/2015 http://internacional.elpais.com/internacional/2015/01/30/actualidad/1422637002_744060.html






martes, 27 de enero de 2015

La baza griega

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El primer signo de que ocurría algo raro lo dio Marine Le Pen al manifestar su apoyo a Syriza en la batalla electoral griega. Le Pen ve en Syriza lo que otros ven y lo dice: un desestabilizador europeo. Si todos dan por supuesto que Syriza complicará la política europea, a Le Pen le parece bien. A ella le parece bien, por supuesto, cualquier cosa que debilite a Europa y la desestabilice; es su gran enemigo, la bestia negra que le sirve para ascender en las encuestas. Los apoyos a Syriza por parte del Frente Nacional tenían coherencia, desde ese punto vista, el de Syriza como mal europeo.
Pero es el segundo signo el que ha acabado de intrigar a los demás: la rápida alianza de Syriza con la derecha nacionalista griega. De las tres derechas que en estos momentos tiene Grecia, Tsipras ha elegido pactar con la del medio. Grecia tiene un partido conservador europeísta, una derecha nacionalista y una ultraderecha nazi, Amanecer Dorado. La derecha moderada y la ultraderecha nazi son los que han quedado en segundo y tercer lugar en las elecciones griegas. El partido de los Griegos Independientes, el que ayudará a Syriza a formar gobierno (ya tienen las carteras repartidas, según el diario El País) es el que ha quedado en sexto lugar. Además de los señalados, está un centro liberal, To Potami, "El río", un partido nuevo. El hundimiento es el del partido socialista, el PASOK, que se había dividido, con un intento más del Papandreu de turno de salvar su papel en la historia política griega. Por la izquierda está también el Partido Comunista, el KKE.
En término numéricos, el parlamento griego está así: Syriza 149 (99 más 50 de bonificación), Nueva Democracia 76, Aurora Dorada 17, To Potami 17, KKE 15, Griego Independientes 13, PASOK 13. Hay más pero no han logrado superar el 3% de votos para entrar en el parlamento. El PASOK es el que han entrado último, con el 4'68% de los votos. Syriza ha obtenido un 36'34% y Nueva Democracia 28'71%.


Las dos sorpresas, el apoyo de la ultra derecha francesa y la alianza con la derecha nacionalista por coincidencia de planteamientos en cuanto a "la deuda y al diálogo con la Troika", según el diario El País, no son más que circunstanciales. No es ahí donde radica lo principal, aunque sí lo más llamativo.
Desde hace tiempo, existe en España la tendencia a compararnos con el "caso griego". Cuanto más se observa Grecia, menos nos parecemos. Pero cuando es el oído el que sustituye a la vista, los parecidos aparecen por todas partes. Hay demasiado interés en encontrar parecidos y poco sentido común.

La estrategia de esto ha sido clara y es una mezcla de intereses de lo más llamativo e interesante. Ayer se dio un hecho histórico en España: el líder del PSOE, Pedro Sánchez, reconoció que España estaba mejor de lo que estaba aunque, matizó no tan bien como dice el gobierno, cuyos datos de mejoría estaba dispuesto a asumir. ¡Por fin se ha dado cuenta el Partido Socialista de que cuanto más insista en la crisis, más dirán que nos parecemos a Grecia y que cuanto más lo hagan más se hunde su partido! El momento —y lo decimos sin demasiada ironía— ha sido realmente histórico y supone un cambio de rumbo.
Hace una semanas titulamos una entrada de este blog con la pregunta "¿Es usted griego?". La pregunta, por extraño que parezca, no tiene una respuesta clara para algunos que, desde el principio de la crisis —en una galaxia muy, muy lejana—, han jugado la baza griega. Desde el principio de esta lejana griega se fue asentando entre nosotros gracias a los sutiles planteamientos unas "vidas paralelas" entre Grecia y España, que el tiempo se ha encargado de aclarar pero que los cerebros confundidos necesitan más evidencias.

Remontándonos en la historia —memoria a mi pesar— de estas cosas que escribimos aquí, lo hacemos hasta la campaña electoral de Barack Obama. "España y el mal ejemplo", titulábamos entonces. Nos quejábamos de que cada vez que alguien decía lo que no quería hacer, ponía el ejemplo de España. Éramos el "mal ejemplo" mundial, al que todo el mundo recurría para ejemplificar lo que no querían para su país.
También François Hollande llegó al Elíseo diciendo que se iba a comer a Europa, meter en vereda a Merkel y al BCE. Hoy Hollande es el presidente más desprestigiado de la historia de Francia, Francia está con electroencefalograma plano y la ultraderecha hace las maletas para entrar en el Palacio presidencial. España crecerá al tres por ciento. Los titulares de hace unos día eran los elogios a España en Davos. Ya nos somos el mal ejemplo.
Si nuestra vida política no fuera tan mezquina y rastrera, los sacrificios de todos los españoles en estos años serían un motivo de unión. Nada une tanto a una sociedad como los sacrificios, que es donde se mide la cohesión. Sin embargo se niega el esfuerzo realizado para ese sacrificio porque muchos han jugado la baza griega.



Cualquier comparación con Grecia es un insulto para los griegos, que firmaban nuestra situación actual con lágrimas de agradecimiento en los ojos. Es la falta de un discurso unificado respecto a la crisis lo que ha permitido que se juegue la baza griega, que era la más fácil y demagógica. Solo en una mente retorcida y ausente de sentido de la realidad puede habitar la idea de que nuestro estado está por debajo de Grecia y que hay que seguir el mismo camino para recuperarse. No sé si Syriza tiene sentido en Grecia, sí tengo claro que nos somos Grecia. Ni deberíamos tener interés en serlo.
Quienes se han quedado desfasados históricamente son los que siguen repitiendo los mismos argumentos que hace unos años, los que ignoran que la palabra "deuda" no significa lo mismo ahora que hace dos o tres años, los que ignoran lo que significa tener una prima de riesgo en 700 puntos o tenerla por debajo de 100. La prima de Grecia, a día de ayer, era de 847; en 2014 ha llegado a estar a 1.041.  El 8 de marzo de 2012, la prima de riego griega llegó a estar a 3.816 puntos.


Me alegra que Pedro Sánchez se haya dado cuenta de que sus discursos tenían que cambiar y que corre el riego de seguir el camino griego del PASOK si continúa en esa dirección. La negación de la crisis llevó al desastre al PSOE; el "optimismo antropológico" de Rodríguez Zapatero hizo que su propio partido lo enterrara en vida, conscientes del desastre al que les había llevado. Basta con ir a la hemeroteca reciente, aunque parece que han pasado siglos. Luego alguien decidió que había que resucitarle y negar la mayor, con los consiguientes riesgos para la interpretación de la realidad y su evolución.
La preocupación es ahora "Podemos". Y el partido socialista se encuentra ante la tesitura de tener que seguir proclamando unos discursos que engordan a sus adversarios o tratar de aprovechar la realidad que tiene delante, que le exige que vayan en otra dirección. Creo que la respuesta está implícita en el discurso de Pedro Sánchez de ayer en el Foro de ABC-Deloitte.



La sociedad española ha hecho esfuerzos y sacrificios. Lo que le pide a los políticos españoles es que también los hagan. Las exigencias se dirigen hacia el fenómeno que más les preocupa ahora mismo que es la injusticia profunda de la corrupción. Cuando se piden sacrificios a una sociedad, esta lleva mal que hay existido privilegiados que se han beneficiado mientras ellos sufrían. Duelen los oídos al escuchar las cifras que algunos se han embolsado por pertenecer a la parte de la clase política que no ha tenido escrúpulos en lucrarse. Eso es lo que no se perdona y se exige una actitud firme. Si el PSOE y el Partido Popular hubieran manifestado una actitud firme y ¡conjunta, por favor!, ante la corrupción de sus miembros y protegidos, no habrían provocado la erosión mutua que hoy les debilita frente a la opinión pública.

La corrupción es una asignatura doble. Hay que combatirla, por un lado, y por otro lado hay que denunciarla conjuntamente para evitar que el sistema se deteriore. No hay un éxito de Grecia. Sus resultados, por el contrario, muestran el fracaso de una clase política que ha sido incapaz de encontrar soluciones conjuntas a un problema, gobierno tras gobierno, de un color y de otro. Lo que queda es un país profundamente inestable,  con una alianza forzada anti natura, con partidos más radicalizados, unos racistas y xenófobos, otros antieuropeístas, etc. Un panorama desolador para afrontar su terrible crisis. ¡Ojalá les vaya bien!, porque como fracasen, la desolación será inmediata y los efectos de radicalización imprevisibles. ¿Qué baza les quedará entonces, qué esperanza?