sábado, 15 de diciembre de 2012

La crisis informativa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se recoge estos días en nuestros diarios la presentación del informe anual sobre el estado de la Prensa realizado por la APM (Asociación de la Prensa de Madrid)*. Los datos son demoledores y las cifras han desbordado el nivel de lo preocupante. 2012 ha recibido por la presidenta de la APM, Carmen del Riego, la valoración de "año negro". Y no es para menos. Como todo informe profesional, lleva su acento puesto en la situación de las empresas y los trabajadores del sector, los datos de inversión y de desempleo. No hay ninguno bueno y todos ellos reflejan un mundo en crisis profunda. Solo crece la inversión publicitaria en el Internet, que era la segunda más baja después del cine, que —al igual que la vallas exteriores— no puede ser considerado un medio "periodístico". De todo lo que se ha perdido en inversión, solo una pequeña parte ha ido a los medios digitales, que es donde se ha producido el crecimiento del 171%, pero de una cifra muy baja.


La crisis económica evidentemente tiene mucho que ver al disminuir el dinero disponible de los anunciantes. Parece que la publicidad no está siendo la herramienta que tradicionalmente se usaba para tratar de aumentar el consumo y los medios ser resienten de ello. También ha bajado la eficacia publicitaria de los propios medios por su proliferación y fragmentación. Ya no solo compiten las cabeceras, emisoras o canales entre ellos; compiten con otras muchas formas de demanda de "atención" que se reparten por todo el campo del ocio y el entretenimiento, el verdadero negocio de la sociedad de la información.

Gráfica de El País*
La pérdida de valor de la información es consecuencia directa del valor que la propia sociedad le otorga. Hasta ahora, todo ha ido en detrimento de la propia información que ha derivado hacia el espectáculo y sus formas y maneras. Lo que se hace para atraer audiencias, destruye el valor de la información modificando su esencia. Es más fácil responsabilizar a la crisis económica de los desastres sin tratar de investigar y comprender si todo lo que vemos es consecuencia directa de ella o si hay otros factores particulares. Por decirlo así: es como la crisis económica general a la que se le achacan las crisis particulares resultado de las incompetencias y errores cometidos.
Me preocupa que —como ocurre también con la crisis económica— sirva de excusa para que algunos impongan sus análisis y recetas sin entrar en los detalles significativos y causas reales.
La crisis de la "prensa" tiene que ver, sí, con su incapacidad de crear un negocio rentable que mantenga el servicio, por un lado; pero también tiene que ver con la pérdida de valor de la información por efecto de la deriva de la propia información o, mejor, de la forma de hacerlo. La información ha perdido valor porque ha dejado de ser "valiosa" o, mejor, ha dejado "ser valorada". No se trata tanto de la calidad de la información, sino de la "necesidad" de información. La necesidad está en función de nuestros propios intereses que son cada vez más inducidos externamente, redirigidos hacia los objetos, personas o temas que interesan a terceros. Los medios sucumbieron a la tentación de cambiar de objetivo. En vez de pensar en cuáles eran los intereses y necesidades de los públicos, muchos se han dedicado a invertir el proceso: hacer que les acaben interesando cosas que no les interesaban. Les ha parecido que así se ganaban los favores económicos de los anunciantes y demás poderes de turno, convirtiendo gran parte de su superficie informativa en muestrario, catálogo o proclama. La consecuencia es la desconfianza y el recelo.


Las críticas que desde el "15-M" se hicieron a los medios de comunicación dieron un mensaje que los propios medios fueron incapaces de entender: no sentimos que los medios nos informen de lo que realmente necesitamos saber; sentimos que nos informan de lo que a otros les interesa que sepamos. No lo entendieron. La respuesta de algunos fue disfrazarse de populistas de lujo.
La crisis de la información forma parte de una más amplia crisis política. No podía ser de otra manera porque la información es parte de la política en un sentido profundo y no solamente en el partidista, como algunos han interpretado. La crisis del sector es reveladora de un deterioro de la valoración de la propia información, ya sea por ineficaz o por descrédito. Podemos justificarla desde la crisis económica, pero eso no es más que una parte, la que se analiza como condiciones laborales y económicas de la profesión.


La profesión ha manifestado en los últimos tiempos la necesidad de recuperar su independencia informativa, su conciencia personal y profesional como herramientas de trabajo al servicio de un público al que habrá que recuperar por su propio bien, pues de otra forma vivirá al vaivén de la apatía o de la manipulación permanente.
Un dato nos dan en el informe: el aumento de un 2'5% de personas matriculadas en las Facultades de Ciencias de la Información. Para algunos puede ser una locura con el panorama que se ha descrito. Para otros es un reto formativo, pues trataremos de convencerles, a lo largo de los años que estén entre nosotros, de la importancia esencial de su trabajo para el resto de la sociedad y de la necesidad de que intensifiquen su formación intelectual, más de lo que podamos ofrecerles, para poder comprender mejor un mundo que tendrán que poder explicar a los demás. Es necesario encontrar un modelo informativo —empresarial, profesional y cíudadano— que armonice las funciones que en cada caso son prioritarias: el beneficio, la conciencia, la participación.

Desde el punto de vista de la información, la salud de un país se mide tanto por la calidad de sus cabeceras como por el interés de sus ciudadanos por mantenerse informados correctamente de lo que les afecta en cuanto tales; se mide por el papel formativo que los medios realizan aumentando la calidad política e intelectual de su entorno mediante informaciones realizadas con respeto, conciencia, compromiso y rigor; y se mide por la exigencia constante de calidad por parte de la ciudadanía que entiende que no podría cumplir sus obligaciones ni tomar sus decisiones sobre lo público sin la información correcta. Hacen falta buenos medio, buenos profesionales, buenos públicos. Hasta ahora ha primado la cantidad.
La crisis económica afecta a los medios, indudablemente. Pero hay otra crisis que es necesario atajar aunque las cifras fueran otras: la de la deriva de la información y de los propios medios hacia orillas distantes. No basta con que las cifras sean buenas.

* "La crisis se lleva por delante casi 200 medios de comunicación" El País 13/12/2012 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/12/13/actualidad/1355414252_725575.html






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