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martes, 5 de agosto de 2014

El poder a medida

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cada vez es más frecuente ver la resistencia que ciertos dirigentes políticos manifiestan para dejar libres los puestos de poder. Tenemos ejemplos en todos los niveles, claro —de las alcaldía a las secretaría generales—, pero me refiero especialmente a las presidencias y ejecutivos de algunos países. Cuando llega el momento, tras haber agotado los mandatos que las constituciones suelen prever para estos casos, limitando las posibilidades de permanencia, vemos cómo muchos mandatarios se resisten a dejar su poder acumulado en manos de otros.
La limitación de mandatos no es un impedimento molesto, sino una garantía de que existe renovación en el poder, un aviso que el tiempo excesivo en los cargos públicos no es bueno por muchos motivos. Es importante en los sistemas democráticos que se comprenda que el poder tiene un tiempo. La tentación de perpetuarse revela que no es la vocación de servicio la que es prioritaria en el ejercicio del poder sino la satisfacción de otro tipo de intereses, desde psicológicos a económicos entre otros. Dice mucho de un país y de su funcionamiento dos cosas: la independencia de su administración y la renovación del poder en todos sus niveles. Los que aspiran noblemente al servicio de sus sociedades saben que la renovación forma parte de ese acto de servicio por pura higiene social democrática. Hay un tiempo para todo y para cada uno. Ir más allá no es bueno.
Sin embargo, cada vez es más frecuente que nos encontremos con lo contrario. No se trata solo de las dictaduras camufladas con trucadas elecciones, como hemos podido ver en los países árabes. Empieza a ser más habitual en aquellos lugares en los que los  matrimonios, por ejemplo, se suceden en los puestos de gobierno, o los intentos de modificar las constituciones para poder seguir en el poder.


El caso de los relevos entre Vladimir Putin y Dimitri Medvedev es paradigmático de esta forma de perpetuarse. Creo que nadie tiene dudas a estas alturas sobre lo que da de sí el espíritu democrático de Vladimir Putin. En diciembre de 2007, cuando se preparaba la maniobra del intercambio de puestos, The Economist señalaba:

As for Mr Putin, he seems still to be keeping his options open. If he becomes prime minister it is hard to imagine him answering to Mr Medvedev. Whatever the form, Mr Putin will be more popular and more powerful than his protégé. Under the constitution, the president has control over the army and the security services, but this could easily be changed by a parliamentary vote. In any event Mr Putin is unlikely to part with power. More surprises could be in store, even the revival of a once-touted plan for a union with Belarus that might let Mr Putin stay president.
The Kremlin's machinations have revealed a simple truth: that the authoritarian system created by Mr Putin in the past eight years does not allow an orderly transition of power from one elite to another. Kirill Rogov, a political analyst, points out that elections, which in a democratic society act as a mechanism for rotating power, have in Russia become a mechanism for preserving it.*


Creo que se apunta aquí el núcleo del problema, que no es otro que el asalto al poder y las instituciones de los estados que, lejos de ser más democráticas, se convierten en herramientas para el beneficio y enriquecimiento de unas elites que crecen a su sombra y que se van ramificando. Se convierten en "sistemas autoritarios", como bien señala el articulista, y la democracia se va convirtiendo en algo meramente formal. La reciente condena a Rusia en La Haya por la desposesión de sus empresas del multimillonario opositor a Putin revela la creación de un estado mafioso —con múltiples instituciones comprometidas para conseguir ese fin— que se va gangrenado. La red se va extendiendo, repartiendo prebendas entre los favorables y desposeyendo a rivales y opositores. Pronto, el que quiere prosperar ha aprendido cuál es el mecanismo para hacerlo: sumisión, disposición a hacer lo que se le pida. Y es necesario que dure.
Los distintos sectores del estado se van adaptando a la nueva situación y la corrupción social se acaba imponiendo. Es un mecanismo selectivo: los opositores o los tibios son eliminados y van quedando los acólitos y sicarios, que pueden rivalizar para ser los favoritos, el núcleo duro del poder, la camarilla. Pronto las instituciones se vuelven inútiles porque dejan de servir para sus funciones de control y vigilancia; se transforman en parte de la maquinaria y el estado deja de funcionar, al menos en favor de todos. El estado es un castillo que hay que asaltar primero y en el que atrincherarse después. Con funcionar bien Policía y Judicatura es suficiente. Las protestas se acallan, los enemigos desaparecen o se exilian.


Cuando se ha llegado al interior del castillo y se dispone de todos sus recursos, abandonarlo se convierte en una opción extrema, un desastre para todos los que han confiado en que aquello duraría siempre. Se inicia entonces el despliegue de los mecanismos, más o menos descarados, para asegurarse el poder personal y el de la elite que se ha creado. Lo que en las dictaduras se da por natural —la perpetuación en el poder— en las democracias se tiene que revestir con demagogias y trucos legales, de propaganda populista, para que los pueblos sientan el miedo de perder a esos líderes que les transmiten sus fantasías de poder. Ellos son insustituibles; en ellos se han concentrado las pasiones, los valores, todo aquello con lo que establecer la empatía que ayude a superar las frustraciones, las promesas de recuperar el pasado perdido ya sea el esplendor de la Unión Soviética, del imperio otomano o el de civilizaciones desaparecidas hace milenios. Sorprende lo fácilmente que son manipulables los pueblos que creen en la edades de oro y en su regreso de manos de estos líderes.


Se abre de nuevo en Turquía el caso de Recep Tayyip Erdogan, otro dirigente autoritario con ganas de perpetuarse en el poder. En la constitución turca la figura presidencial —cargo al que aspira en unos días Erdogan—, como ocurre en muchos otros países, tiene un valor de representación y algunos poderes limitados, frente a los poderes ejecutivos del presidente del gobierno, cargo que hasta ahora ha ocupado Erdogan. Durante su mandato ya se ocupó de modificar el sistema de elección presidencial, que será directo, en lo que todos han visto una maniobra para justificar el abandono del rol tradicional de la presidencia y convertirse en parte activa del poder. Erdogan quiere seguir mandando. Mientras Erdogan ha sido primer ministro, en ese cargo se centraba el poder; ahora, cuando pasará a la presidencia previsiblemente, quiere ampliar los de su nuevo cargo para no perder su control del país y de todos sus resortes. Es el poder hecho a medida.
Euronews preguntaba a los expertos turcos sobre la maniobra de Recep Tayyip Erdogan y si tiene posibilidades de prosperar ese cambio de rol de la presidencia:

“Podemos decir que sí o que no dependiendo de quién gane las elecciones, porque uno de los candidatos ha dicho que si gana irá más allá de los poderes presidenciales dados por la Constitución ya que, en su opinión, el presidente tiene autoridad ejecutiva.
Para él, el presidente es el jefe del Ejecutivo aunque la Constitución establezca que sólo es el jefe del Estado. Erdogan quiere cruzar esa línea. Ha dicho que quiere seguir manteniendo las funciones que tenía como primer ministro si es elegido presidente. Esto va en contra de las funciones tradicionales y la tradición presidencial. Y en la Constitución no hay lugar para ello”, explicó el profesor Ersin Kalaycioglu.
Turquía se rige por una Constitución que entró en vigor en 1982, tras el golpe de Estado militar del 12 de septiembre de 1980.
Esta Constitución establece una república parlamentaria basada en la división de poderes. El jefe del Estado tiene sobre todo un papel de árbitro, un derecho a veto limitado y el poder para nombrar algunos burócratas.**


Si gana Erdogan —que lo hará— la política turca habrá iniciado un camino complicado que supone la consolidación de la persona frente a las instituciones y el Estado. Es la base del autoritarismo y recurrirá, una vez iniciado el camino, a todos los mecanismos necesarios para no perder el control. Por si no fuera suficiente con su forma autoritaria de ejercer el `poder, el hecho mismo de desbaratar el estado para acomodarlo a su permanencia supone un paso más allá, una frontera que se cruza, la de la manipulación constitucional, que abrirá nuevos conflictos.
En otra de sus noticias, Euronews señala que tras cerrarse los colegios electorales en el extranjero, la población turca en Alemania —la más grande en el exterior, compuesta por 2.800.000 turcos— ha tenido una abstención del 92%. Solo votaron 114.000***. Es un síntoma claro del distanciamiento de los que tienen una perspectiva exterior de lo que ocurre en su país.


Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan son dos ejemplos claros de personalidades autoritarias, de personas que necesitan personalizar el poder antes que institucionalizarlo. La fascinación que ejercen —dentro y fuera de sus países— es la del poder que no se detiene, que logra lo que desea. Para ambos, la presidencia del país no es meramente decorativa, sino una salida legal a su afán de continuidad, de perpetuarse. Cuando se agotan las posibilidades de relevos o sencillamente se agotan los mandatos, las campañas suelen ser para modificar la duración de las legislaturas o la ampliación de dos a tres. Todo lo que haga falta para seguir.
En 2007 el presidente venezolano Hugo Chávez intentó también su reforma constitucional para poder seguir. No consiguió lo que quería por un pequeño margen de diferencia: 50'7% frente al 49'2%. El diario El País nos contaba lo que ocurrió:

El presidente pretendía el cambio de 69 artículos de la Constitución de 1999, una reforma que le habría dado un poder casi sin límites. Para empezar, habría permitido reelecciones ilimitadas para el presidente y ampliaba de seis a siete años el mandato presidencial. Además, le daba el control de las reservas de divisas extranjeras, del banco central, de la ordenación territorial del país y mayores poderes para expropiar propiedades o censurar medios de comunicación en situaciones de emergencia.****


Chávez culpó a la abstención. Pasó de tener siete millones de votantes a quedarse en cinco. Es la señal más evidente de que sus propios votantes no acaban de ver claro aquel protagonismo más allá de la escenografía populista. Chávez dijo que "por ahora" dejaba las reformas, que ya se vería más adelante.
Desgraciadamente, cada vez vemos proliferar más líderes con deseo de perpetuarse, de ampliar sus poderes o de ambas cosas; líderes con misiones inacabadas, con visiones de futuro más allá de los límites de mandatos. Pero este poder acaba siempre en autoritarismo, en corrupción por falta de regeneración y en la necesaria negación de la realidad para que todos sigan viviendo en el mismo sueño que acaba convirtiéndose necesariamente en pesadilla social, en enfrentamientos, en apatía.
No hay país o institución que esté libre si baja la guardia, si no ve —a su escala—, que estos vicios pueden atenazar su desarrollo, matar su ilusión, pervertir sus principios. El sueño de una mítica fuente del poder eterno está en la mente de muchos.



* "Enter Putin two" The Economist 13/12/2007 http://www.economist.com/node/10286554
** "Turquía: ¿Hacia un sistema presidencial?" Euronews 5/08/2014 http://es.euronews.com/2014/08/04/turquia-hacia-un-sistema-presidencial/
*** "Los turcos en Alemania se borran de las presidenciales" Euronews 4/08/2014 http://es.euronews.com/2014/08/04/los-turcos-en-alemania-se-borran-de-las-presidenciales/
*** "Venezuela dice 'no' a la Constitución de Chávez" El País 3/12/2007 http://internacional.elpais.com/internacional/2007/12/03/actualidad/1196636401_850215.html





miércoles, 30 de enero de 2013

El thriller o la verdadera foto del falso Chávez

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País ha conseguido lo que parecía imposible, casi un milagro: poner de acuerdo al gobierno y a la oposición venezolanos. La falsa foto de Hugo Chávez entubado en Cuba pasará a la Historia del Periodismo español y de la concordia en Venezuela. Pocas veces ha sido tan amarga una "exclusiva"; pocas veces ha salido tan caro un regateo.
El hecho de que la foto sea falsa es importante, evidentemente, pero no lo es todo. Aunque la foto fuese verdadera, la justificación de su publicación es dudosa, aunque sea siempre desde los resbaladizos senderos de la "ética" profesional, algo que en estos tiempos algunos prefieren discutir después de haber ganado dinero. 
El orgulloso etiquetado de "exclusiva" dado a la foto se convierte en una pesada carga para un medio que ha puesto su propio prestigio en juego y del que difícilmente se recuperara. Los argumentos de disculpa y justificación suenan vacíos en las propias palabras del periódico, que ha tratado de explicar su decisión:

La conclusión a la que se llegó es que la imagen era pertinente en un momento en que el estado de salud del presidente venezolano es motivo de gran polémica y encendido debate político en su país por su ausencia en la toma de posesión tras las elecciones presidenciales y ante la falta de transparencia de las autoridades.
La imagen publicada no contenía elementos extraordinarios o ajenos a los propios de cualquier enfermo en una situación similar, pero sí constituía, a juicio de los responsables de la Redacción, un documento de interés informativo.*


Pobreza y oscuridad de los argumentos que violan principios de intimidad, respeto a un enfermo y especialmente, no son indicadores del estado de nadie ya que no ofrecen posibilidades de identificar su momento. Podrían ser de otros momentos de la enfermedad, alguna operación previa, etc. La justificación del "interés informativo" no se sostiene porque no revela nada que no se sepa: que está enfermo lo saben todos.

La publicación de un enfermo intubado y convaleciente en un hospital fue largamente debatida por los responsables del periódico. El Libro de estilo de EL PAÍS establece que “las fotografías con imágenes desagradables solo se publicarán cuando añadan información”.*

¿"Desagradables", para quién? El argumento del invocado Libro de Estilo no lo precisa. ¿Dice algo sobre el "derecho a la intimidad", sea agradable o no a los demás? La ética no tiene que ver con lo "agradable"; es otro campo. Chávez es un político que abusa de su protagonismo en los medios, pero eso no excluye su derecho a una intimidad respetada como "convaleciente". El hecho de que no sea él, no cambia nada en ese aspecto porque creían que la foto era suya. El País ha sido víctima de un engaño, pero del engaño al que le llevó una decisión éticamente equivocada. La ética les podría haber salvado del ridículo si hubieran decido respetar la intimidad de "Chávez".


En La Sexta, el rival de El País saca provecho**. El director de El Mundo cuenta cómo les ofrecieron a ellos la foto, les pidieron 30.000 euros —les pareció cara, señala, aunque eso "no era lo importante"—, cómo se reunió con su equipo directivo —"mini sanedrín" lo llama, "uno podrá equivocarse, seis no", dice— y cómo la desestimaron porque no había una "historia". "Si es la foto y punto", dice, "pues que se quede en punto". Por una "historia", explica Pedro J., entiende el relato de cómo, dónde, lo que costó sacar la foto de Cuba, etc. Califica todo ello como "el thriller".


Pedro J. Ramírez explica que, para "no dejar solos a sus colegas con lo de la exclusiva", que esa misma foto "se publicará mañana en la portada de El Mundo". Armado con su "tablet" muestra a los espectadores de La Sexta la foto del "falso Chávez" que tantos disgustos ha dado, que tan cara ha salido a sus competidores. Esta vez la "historia" que se adjunta es la entrevista con el dr. Mandujano, el cirujano que realizó la operación al "falso Chávez", un paciente mexicano que pasó por un quirófano hace cinco años.
"Les van a acusar de recochineo", le dice el entrevistador al director de El Mundo. "No, no, no", se defiende. "¿Es indiscutible que este personaje se ha convertido en un personaje mundial?", se pregunta. "Nadie podrá discutir que ha adquirido, a pesar suyo, un interés informativo". Sí es discutible.


El "interés informativo", a pesar de lo que diga Pedro J. Ramírez, no está en entrevistar al Dr. Mandujano y que nos hable de su antiguo paciente. En sus ojos brillantes se ve la risa interior, el "recochineo" que efectivamente percibió el entrevistador. El diario Excélsior de México nos cuenta que el "recochineo" de Pedro J. Ramírez con la foto comenzó antes de su salida:

Dos horas antes de que El País publicara la fotografía en su sitio web el director del diario español El Mundo, Pedro J. Ramírez publicó en su cuenta de Twitter: “ah, por cierto, ayer nos quisieron vender una foto de Chávez entubado. Dijimos no. Cuando la veáis en otro medio ya diréis si acertamos”. Horas después detalló por la misma vía las razones  por las que rechazaron la foto.***


¡Apasionante mundo de la información! Hoy por ti, mañana por mí. ¡Blancos caballeros montados sobre briosos corceles, llevando en sus anudada en sus brazos la prenda que su dama, la adorada Verdad, les ha dado! ¡Adelante, adelante, Percevales!
Para completar el "círculo de la verdad", aparece un nuevo personaje, el periodista italiano Tommasso Debenedetti, empeñado en lanzar bulos y falsas noticias como prueba de la falta de control de los medios:

“La falsa foto de Chávez, que tomé de un video de YouTube, la envié la semana pasada a una agencia de Costa Rica, a la agencia estatal venezolana y a Prensa Latina (cubana) y nunca me imaginé que iría a terminar en la primera plana de El País”, declaró Debenedetti a Notimex.
Debenedetti confirmó que ninguna de las tres agencias latinoamericanas publicó la foto en cuestión y que por “extrañas circunstancias” apareció en la primera plana de “un diario tan importante como El País”.
Señaló que al enviar la imagen se hizo pasar por el ministro venezolano de Cultura, Pedro Calzadilla, y que su intención fue la de verificar la rigurosidad de los medios cuando deciden publicar material fotográfico.****


¡Terrible ironía! El diario El País entrevistó a Debenedetti en junio de 2010 y lo tituló "Me gusta ser el campeón italiano de la mentira". Debenedetti ya es "campeón de Europa".
El recorrido de la foto, esas "extrañas circunstancias" que menciona el autoproclamado autor del envío, es lo que constituye el oscuro mundo subterráneo de la información y de la manipulación, de los negocios y las luchas políticas e informativas, a veces difíciles de diferenciar porque, sencillamente, son las mismas. El "thriller", que diría, Pedro J.
Con todas estas acciones con las que se satisfacen rencillas, odios personales, viejas cuentas nunca saldadas, quien padece es el mundo del periodismo, la profesión misma, que es la que ejercen los de uno y otro medio, de cualquier medio del mundo. Cada mentira, cada foto que se coloca en un medio sin justificación o con justificación retorcida es una piedra en el tejado de la Información y de todos los que han dedicado su vida y vocación a ella. A los que solo buscan poder o dinero les da igual; si no es en esta, será en la próxima.


El diario El País ha hecho algo más que equivocarse. Ha hundido un prestigio que solo él repite y que es aprovechado por sus enemigos, rivales o ambos. La trascendencia política del caso es importante y el papel que el diario buscaba en sus planes de expansión americana se tendrán que modificar necesariamente. Ya se han ocupado de hacerlo. El mismo Excélsior mexicano señala algunas reacciones, además de las unánimes contra El País en Venezuela:

La presidenta argentina, Cristina Fernández, consideró que es “una canallada” la foto falsa de su homólogo de Venezuela, Hugo Chávez, que publicó el diario El País.
“En la portada de El País vi una foto. Me corrijo, eso no es una foto. Es una canallada”, opinó la mandataria en su cuenta de la red social Twitter.
“Prensa canalla. No se me ocurre otro adjetivo. Es igual en todas partes”, comentó Cristina.
“Nos sumamos a la denuncia internacional, a la indignación y al rechazo internacional por la infamia del diario El País”, dijo a medios oficiales la primera dama nicaragüense y coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía del gobierno sandinista, Rosario Murillo.


Antes de su desembarco latino, ya le han segado la hierba debajo de las patas. El País se ha hecho un flaco favor. A quienes realmente se lo ha hecho es a los que consideran, como hace Cristina Fernández,  que la prensa "es igual en todas partes" y les servirá de apoyo en sus cruzadas anti prensa. Ya tiene con quien compararlos cada vez que abran la boca y no le guste lo que dicen. Les ha dado argumentos; invocará la falsa foto y las "conspiraciones" tras ella. La oposición venezolana misma ha tenido que condenarlo por temor a que se pensara que ellos estaban envueltos en el montaje periodístico. Así de cruel es la política; más que el periodismo.

Era cuestión de tiempo. Es otro episodio más en el camino de lo que su propia Defensora del lector, Mercedes Pérez Oliva, llamó hace tiempo "la espiral del superlativo" o por lo que su propia columnista, Elvira Lindo, tuvo que desahogarse en sus mismas páginas hace poco tiempo y reflexionar sobre la suerte del periodismo y sus efectos sobre los públicos. 
Veo, con pena, que en varios medios que cuentan la noticia de la falsa foto entrecomillan la palabra "prestigioso" para referirse al diario. Le costará a El País salir de las comillas. Es el proceso de conversión del periodismo en periodismo de "portadas". Esa especie de Jeckyll y Hyde, con El Huffington como colega siamés, tendría en algún momento un "desliz sensacionalista" y unas consecuencias informativas y políticas. Ese momento ha llegado. El País y el Huff intercambiaron sus portadas y les salió mal.



* "La foto que EL PAÍS nunca debió publicar" El País 24/01/2013 http://internacional.elpais.com/internacional/2013/01/24/actualidad/1359060599_118030.html
** Vídeo "Ramírez sobre la falsa foto de Chávez: "Nos la ofrecieron pero no tenía historia detrás"" La Sexta Noche 27/10/2013 http://www.lasexta.com/programas/sexta-noche/entrevistas/ramirez-falsa-foto-chavez-nos-ofrecieron-pero-tenia-historia-detras_2013012600123.html
*** "Foto falsa enfrenta a Venezuela y al diario El País" Excelsior 25/01/2013  http://www.excelsior.com.mx/2013/01/25/881045
**** "Hugo Chávez: "Campeón italiano de la mentira" se atribuye foto falsa de El País" Perú 25/01/2013 http://peru.com/actualidad/internacionales/hugo-chavez-campeon-italiano-mentira-se-atribuye-foto-falsa-pais-noticia-117709






sábado, 5 de mayo de 2012

La deslocalización china

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De forma directa, el diario El Mundo titula: “Las empresa chinas se van a África”*. Los chinos han aumentado su nivel de vida y les resulta más rentable producir en el más empobrecido y abandonado continente africano que en casa. La lógica capitalista no deja de ser ni lógica ni capitalista aunque la lleve adelante un gobierno teóricamente comunista.
El despliegue chino se está realizando en todos los ámbitos: en la explotación de las materias primas en donde se encuentren, en la formación de técnicos por todo el mundo y ahora en la captación de mano de obra más barata trasladando sus fábricas. Materias primas, capital intelectual y proletariado a distancia mediante la deslocalización.
Una parte importante de las cosas que ocurren en el mundo se deben a los movimientos chinos sobre el tablero global. Es lógico que así sea primero por su tamaño, después porque están actuando por todas partes, poco a poco, desplegándose tácticamente. Aprovechando los recelos y heridas abiertas por Occidente —Europa y Estados Unidos—, China va tomando posiciones allí donde no quieren saber nada de nosotros.


El caso de América Latina es claro. El papel de China —directa o indirectamente— en la expropiación argentina de YPF está pendiente de aclarar. Pocos días antes de la expropiación surgía la noticia de la oferta de Sinopec (China Petrochemical Corp.) a Repsol para comprar el 100% de YPF con una oferta de 15.000 millones de dólares. Repsol lo estimaba en 18.500. Desde 2009 había ofertas de otras compañías chinas para comprar parte de YPF. La oferta se hace en los momentos en los que los rumores de la nacionalización son inminentes. Un buen momento para comprar a la baja. Los rumores habían hecho bajar las acciones de YPF en el mercado. Cuando se expropió el 51% que la compañía española tenía, los chinos de Sinopec adoptaron la postura típica de la negociación: antes nos interesaba, ahora ya no tanto. Está por ver si los "brujos" de Cristina Fernández acertaron. Que el gobierno de  Fernández haya creído más rentable negociar con China que dejar que lo hiciera Repsol es algo que veremos qué costes tiene para todos, incluidos los argentinos. Veremos en manos de quién acaba ese petroleo y ese dinero.
En 2005, analizaban así las relaciones entre Venezuela y China desde la política desarrollada por Hugo Chávez:

Venezuela, quinto exportador de petróleo del mundo, está inmersa en un esfuerzo masivo para diversificar sus ventas petroleras al extranjero y la inversión foránea, mientras al mismo tiempo busca reducir la dependencia política y económica de Estados Unidos. Los últimos meses han estado llenos de actividad, pues Venezuela está expandiendo sus asociaciones comerciales internacionales y renegociando contratos de recursos estratégicos. Chávez ha extendido su mano hacia gigantes comerciales rivales de Estados Unidos, tales como China, India y Rusia, así como a estados forajidos, marginados como Irán, Libia y Cuba. Al fortalecer vínculos internacionales, espera protegerse contra una posible intervención de Estados Unidos y abrir el país a una guerra de ofertas de inversión a cambio de sus valiosos recursos petroleros.
En octubre de 2004, Iván Orellana, representante de Venezuela ante la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), declaró que Venezuela está buscando nuevos clientes para su petróleo. El precursor de este esfuerzo de multipolarización es China, la superpotencia asiática emergente. Beijing ha dado grandes pasos en los últimos años para salvaguardar su seguridad energética. A fin de satisfacer futuras demandas energéticas, China busca con avidez asociaciones conjuntas y participaciones en operaciones mineras y petroleras en todo el mundo.**




La conversión de una parte del mundo en fábrica china y de otra en mercado chino tendrá consecuencias para la propia China que se verá arrastrada por los mismos conflictos que ella ha desatado en el resto del planeta: la desindustrialización de los países al convertirse en la alternativa de producción más barata. China elige África porque es más barata la mano de obra y se puede beneficiar de producir allí y del rechazo al occidente colonial. China no ha sido colonialista en su historia —hasta el momento— y no está en el foco obsesivo de antipatía que muchos tienen colocado sobre Europa y Estados Unidos, como ocurre en los países árabes y Latinoamérica, por ejemplo, sufridores de los colonialismos europeos y estadounidenses. A Cristina Fernández le basta con agitar los demonios coloniales para obtener el aplauso fácil, ya sea contra España o contra Reino Unido. Es algo que tiene en común con gobernantes anteriores. 
Es ahora cuando China está saliendo de su muralla y, como era previsible, están empezando a despertar recelos [ver entrada: El nuevo ¡China go home!] contra lo que supone su llegada a ciertos países por sus efectos deformantes sobre la economía. China no es una ONG. Va allí dónde le interesa para su propio desarrollo. No le interesa “África”; le interesa la mano de obra barata africana. Esta por ver si el "win-win" proclamado, el "todos ganamos", es posible o tan siquiera creíble.



Recoge el diario El Mundo en el artículo citado fuentes del Banco Mundial:

“Ha llegado el momento de que África profundice en la manufacturación y se apodere de unos 85 millones de empleos potenciales, ya que los salarios reales están creciendo en China y las empresas de este país buscan fuera para recolocarse”. Así describe el Banco Mundial la oportunidad de la región subsahariana para crecer en un futuro muy próximo a costa de Asia.
En el informe 'Todo sobre empleos: de Asia a África', el Banco Mundial advierte de que la deslocalización de las industrias ligeras de manufacturas chinas a África puede servir como plataforma de lanzamiento para la "largamente retrasada" transformación económica del continente.*


Las posibilidades globales se reducen y quedan limitadas por los recursos naturales, primero, y el coste de la mano de obra después. China es consciente de que la forma de compensar la desindustrialización que emprende al deslocalizar empresas es crear expectativas a su propia población. Y eso solo es posible transformando su propio modelo y dedicándose, además, a la investigación y la innovación. La creación de centros tecnológicos e investigadores es un paso adelante: da salida a sus ciudadanos formados, reduce la dependencia del occidente investigador y podrá llegar a crear propia industria independiente que pueda exportar con un “made in África”  pero “pensado en China”. Para eso los chinos han enviado a sus estudiantes por todas las universidades del mundo. Una vez formados, ocupan los puestos en sus empresas y en las empresas que están creando por medio mundo, especialmente en América Latina y en África. Extraen materias primas y crean empresas conjuntas, además de convertirse en abastecedores de esos incipientes mercados. Ellos cubren todo el ciclo.

Cuando todo esto ocurra, se habrán abierto y cerrado algunas posibilidades históricas. Se habrá creado el más complejo sistema de interdependencias de la historia de la humanidad, algo que nunca se habría podido soñar y, lo que es peor, controlar. A la sociedad económicamente global, se añadirá la comunicativa, que será en su conjunto un sistema hipersensible.
La actual locura económica puede entenderse como una manifestación de la manipulación de la economía o, por el contrario, como la incapacidad de controlarla. Las herramientas de que se dispone son imperfectas —como se demuestra cada día— porque no se llega a comprender el propio funcionamiento del sistema. Existen tal cantidad de variables que es prácticamente imposible establecer cualquier modelo que lo represente medianamente. Hemos climatizado la economía: los pronósticos son pura especulación más allá de tres días. Y estas tormentas y ciclones económicos arrasan un país o un continente en meses.
Estamos creando un mundo impensable e ingobernable.


* "Las fábricas chinas se marchan a África". El Mundo 5/05/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/05/04/economia/1336156168.html
** "China y el petróleo venezolano: ¿Una buena mezcla?" VenEconomía Vol. 22 nº 5 - febrero 2005. http://www.veneconomy.com/site/files/articulos/artEsp4107_2829.pdf






miércoles, 29 de febrero de 2012

Patria, padre, santo patrón

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La imagen de un Hugo Chávez situado junto a Simón Bolívar y Cristo con la que El País* nos sorprende hoy es profundamente reveladora de la situación de Venezuela y, más allá, de una forma de entender y hacer la política.
El encadenamiento de “liberadores” y “salvadores”  religiosos y políticos nos muestra el carácter mesiánico adoptado por Chávez en su propia persona. La exaltación constante de la  figura de Simón Bolívar no era más que una forma de exaltar la suya. En su peculiar síntesis política y religiosa, Chávez es la última figura enviada a la Tierra por la Divinidad: Cristo, Bolívar y él. Hugo Chávez ha conseguido convertirse en una figura cuya aparición no es fruto de la decisión de un pueblo, sino de la Historia misma, una Historia con un sentido transcendental de liberación cuyo final es él. Religión y política coinciden en su persona, Bolívar, Marx y los evangelios, todo apunta hacia él.


Desde el punto de vista político, la justificación de su presencia en la tierra es la liberación de los pueblos americanos y, como el fundamentalismo que trata de reconquistar los imperios perdidos, Chávez tiene en mente la “patria americana” que su doctrina bolivarista anhela. Para Chávez, como para cualquier profeta, las fronteras no son más que absurdos obstáculos terrenales a la misión divina encomendada.

Cómo los delirios personales se convierten en obsesión colectiva es uno de los grandes misterios sociales. La sintonía con Muamar El Gadafi no era casual, pues obedecen a un mismo patrón psíquico y político, el deseo de poder y adoración. Hay mesías discretos y los hay exhibicionistas. Los mesías políticos necesitan del amor y del temor intensos, necesitan la conexión sentimental con sus pueblos. Por eso la enfermedad que le aqueja es ocasión de vínculo y exaltada como una forma de demostrar al mundo que está por encima de él. La leyenda que corona el mural reza: “¡He resucitado! Patria, Socialismo o Muerte. Venceremos”. Increíble síntesis de las tres figuras en un enunciado. Tres personas y un solo mensaje.
La trinidad chavista —Cristo, Bolívar, Chávez— busca convertir su propia enfermedad en Calvario en prueba de la excepcionalidad del mandatario, ya sea venciendo a la muerte, ya sea legando el ejemplo del martirio en el que se convierten sus sufrimientos. La enfermedad es prueba, sufrimiento por la causa. Los autores del mural traducen en imagen el sentimiento mesiánico y salvífico de su figura. ¡He resucitado!


Esta forma de hacer política aleja de una sociedad madura. Este tipo de socialismo envuelto en mesianismo, en autoritarismo porque quienes se oponen a él o a sus ideas van en contra de la Divinidad, es puro fundamentalismo emocional, lo último en que debe convertirse un sistema político, en la apelación constante a la irracionalidad como motor de las acciones. Un sistema así no busca el crecimiento de un pueblo sino su sumisión emocional y primaria a una figura que se presenta como el “padrecito” de la patria, como el enviado en cuyas manos está el destino depositado. Patria, padre, santo patrón.

Hace unos días criticábamos aquí los “desayunos” de Rick Santorum con Dios como una forma de manipulación mesiánica intolerable por degradante en un sistema democrático. Chávez va más allá y se convierte en el intérprete y depositario del cristianismo y del bolivarismo, que no son más que versiones temporales, a su juicio, del mismo mensaje que él aplica hoy al país. Mezcla de cuartel y monasterio, Venezuela vive la exaltación de esta figura sin límites en sus planes, sin fronteras en sus intrigas, sin pudor en su narcisismo. 
En las sociedades autoritarias, los retratos de sus presidentes salen de los despachos oficiales e inundan las calles mirando a sus ciudadanos  como santos patronos a los que hay que reverenciar y cuya mirada está fija en ti en todo momento. Presencia obsesiva, logran así la omnipresencia divina a través del mural y del cartel.
La fractura mental que ha producido en la sociedad es grande porque no hay término medio. No existe más que conmigo o contra mí.

* "Chávez supera una tercera operación en Cuba y está en "buena condición física"" El País 28/02/2012 http://internacional.elpais.com/internacional/2012/02/28/actualidad/1330458392_048833.html




martes, 8 de marzo de 2011

El cielo, la tierra y la espada de Bolívar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La situación de Libia está planteando una serie de problemas militares de corte clásico. Nos referimos a la relación existente entre el dominio del aire y la ocupación terrestre. Hace unos días, el Secretario de Defensa norteamericano advertía que la creación de una zona de exclusión aérea supone la destrucción previa de los radares, sistemas antiaéreos, etc. del ejército de Gadafi. Es en el aire en donde está su fuerza. Pero lo que Gadafi puede bombardear es su propio espacio y su fuente de poder. Esto implica que con cada bombardeo que realice está destruyendo sus propios recursos, está forzando la intervención internacional y perdiendo los pocos apoyos que pueda tener en el mundo. Cada gesto de fuerza aumenta su debilidad.

Aunque Gadafi pueda vencer la resistencia mediante los bombardeos, después debe ocupar las plazas. Aquí surge su segundo problema. No tiene ejército suficiente para ocupar y mantener los sitios. En algunas guerras, de carácter tribal, la ocupación se evita con el exterminio, ya que no se trata de ocupar un espacio, sino de hacer desaparecer al enemigo de él. Esa es la base del genocidio, borrar al otro del mapa. Esto en Libia tampoco es una solución pues, de nuevo, estaría actuando contra sus propios intereses.

La insistencia en que sus opositores son miembros de Al Qaeda no es más que un intento absurdo de negar la evidencia: son los propios libios los que se han levantado contra él y su régimen. Ni la mente megalómana de Gadafi ni su estrategia militar le permiten aceptar esa realidad, que está ante un levantamiento de su pueblo. Esto es esencial porque le permite utilizar sus recursos solo hasta cierto límite. Gadafi intenta proyectar la absurda imagen de que es el defensor del mundo occidental al frenar el terrorismo de Al Qaeda y evita enviar la imagen del dictador que masacra a su pueblo con bombardeos y mercenarios. Estas burdas patrañas, como es evidente, han fracasado.

Hoy por hoy, las ciudades que se han levantado pueden ser bombardeadas, pero difícilmente tomadas más que circunstancialmente. No es lo mismo entrar en una ciudad que mantenerla. Cada ciudad que tome, deberá quedarse con una parte de tropas, infantería y carros de combate, que hará que se debilite su potencial de ocupación de otras. Cuando ocupas, divides. Libia es un país de una gran extensión y las distancias entre ciudades son difíciles de mantener en términos de ocupación. Las tropas de Gadafi son ahora atacantes. Si toman una plaza, pasan a ser defensoras y el enemigo estará en el interior y el exterior.

La aviación abre el camino a la infantería. Los bombardeos vencen las resistencias terrestres para que la infantería vaya conquistando las calles. Ese es el modelo clásico. Pero es el que precisamente Gadafi no puede permitirse. No pueden aplastar ciudades desde el aire ni ocuparlas posteriormente. Los rumores permanentes sobre el reclutamiento, incluso forzoso, de todo tipo de mercenarios para sus fuerzas muestran esa necesidad desesperada de fuerzas de ocupación de las que carece. La incorporación de mercenarios extranjeros ha buscado también un segundo efecto, la creación del terror entre la población. Las deserciones de los militares libios han sido constantes desde el principio. Muchos de ellos no han estado dispuestos a atacar a su pueblo y esto se ha compensado con las fuerzas reclutadas por dinero.

La estrategia de Gadafi es buscar una salida que le permita sentarse a negociar y la creación de algún tipo de apoyo exterior para intentar hacerse con la situación. En ese sentido se debe entender la esperpéntica intervención de su amigo personal Chávez, en el de ofrecerle un punto de apoyo sobre el cual tomar impulso para coger aire. Gadafi está acostumbrado a sobrevivir a los aislamientos. No le preocupan mientras siga en el poder. La estrategia del control petrolífero puede volverse contra él también. Las amenazas de cerrar la salida de petróleo, con el encarecimiento consiguiente, puede decidir la intervención exterior antes que frenarla.

El aislamiento de Gadafi es un hecho porque ningún país va a atreverse a mantener relaciones con un dictador que ha masacrado a su propio pueblo. Ese aislamiento se extendería además a muchos países árabes, en pleno proceso de democratización, y en especial a sus propios vecinos, Túnez y Egipto. Es demasiado incluso para alguien al que Hugo Chávez regaló la réplica de la espada del Libertador, Simón Bolívar, la espada oro y de los 1.433 brillantes, testimonio de agradecimiento del Perú a Bolívar. Gadafi, modelo para Chávez, parece no serlo para su propio pueblo. No sé qué pensaría Bolívar del destino libio de esa réplica. Por lo pronto, la oposición venezolana ha exigido a Chávez que retire los honores concedidos al dictador libio en 2009 y la devolución de la espada por mancillarla. Esto inspirará seguramente otro buen programa radiofónico o televisivo del presidente venezolano. Él ya lo dijo el otro día: "Ni cobarde, ni veleta", para describir su posición respecto a lo que hace Gadafi en su casa.

Gadafi controla hoy el cielo, pero el pueblo está en la tierra. Su margen de maniobra se ve reducido cada día, interna e internacionalmente. Mustafá Gheriani, portavoz del Consejo Nacional libio, ha señalado que Gadafi es un “lobo herido” y tiene razón cuando le ha llamado “lunático” imprevisible. Sabemos que acabará, pero no a qué coste.

Cuando no les quedan jugadas que realizar, los buenos jugadores abandonan la partida. Los malos jugadores intentan tirar el tablero.