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lunes, 14 de octubre de 2024

Mayra, hasta aquí puedo vivir

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hoy los medios nacionales abren con la muerte de la presentadora Mayra Gómez Kemp, una persona querida que formaba parte de la memoria de una generación. No tenemos estudios sobre cómo funciona esto, pero el hecho es que era una de esas personas que forman parte de tu vida aunque no lo sepas. Actores y actrices, cantantes y músicos, presentadores... personas como Mayra forman parte de un fondo de vida que se funde en la memoria y que se actualiza con la inesperada noticia de su fallecimiento.

La noticia nos llega arropada por imágenes de toda una vida, la suya y la nuestra. Estaban ahí, lo estaban aunque no miraras, aunque no siguieras con detalle sus programas, vieras sus películas. Con su fallecimiento, descubres que estaban ahí. Lo descubres en esa intensidad de la escucha de la noticia. Son un recordatorio de que tras esas imágenes, tras esos sonidos hay personas que viven, que sufren.

Sobrecoge la antesala de su fallecimiento, su último ingreso hospitalario hace apenas unos días:

El pasado 4 de octubre saltó la noticia de que había sido ingresada de urgencia en el hospital tras sufrir una aparatosa caída en su domicilio donde estuvo alrededor de 20 horas tendida en el suelo. Tras ser dada de alta en el hospital, la veterana presentadora confesó en el programa Ni que fuéramos que "fue tremendo, fue una noche toledana, todas esas horas en el suelo. Una vecina fue a llamarme y al ver que no contestaba, saltó la puerta y dio la voz de alarma. Gracias a Dios estaba inconsciente, estaba sin fuerza, no me podía levantar. Estoy mejor pero todavía me falta mucho por descansar. Estoy agotada".*

Dicen los medios que se estaba recuperando de este accidente doméstico cuando le ha llegado la muerte. Y un poco también a todos nosotros ya que formaba parte de ese fondo que mencionamos. Pensamos que morir es un acto físico, algo orgánico, pero hay otro tipo de muerte la de los trozos de memoria que forman parte de nosotros.

Hay una memoria común, la que compartimos a través de los grandes medios. En la España fraccionada por los múltiples canales y plataformas de redes sociales es difícil imaginar la experiencia unitaria de una sola televisión, lo que suponía poder compartir de forma colectiva lo que se había visto por millones a la mañana siguiente. Era una experiencia común.

Recuerdo en mis primeras clases a mediados de los ochenta hablar de una película o de una obra de teatro que se había podido ver la noche anterior. Era una experiencia común que el medio posibilitaba. La llegada de las televisiones privadas y autonómicas, no hablemos de la llegada de internet, fraccionó la experiencia y rompió ese sentido de unidad de la memoria compartida. Tenemos más información, pero estamos menos unidos. No se trata de la superioridad de un sistema u otro, sino de constar el efecto y la experiencia.

La muerte de Mayra Gómez Kemp afectará a muchos y dejará indiferentes a muchos otros, que no sabrán quién era. Las experiencias están ligadas a nuestra propia vida y afectan a los que se ven afectados. Los habrá que descubran quién era en sus necrológicas. Son los efectos de nuestra atomización histórica, de las grandes barreras generacionales intensificadas por esa aceleración de la que habló Alvin Toffler. Por eso precisamente se hacen más intensas las emociones de la desaparición de esos momentos y personalidades.

Hace pocos días vi en el cine el documental sobre la vida de Christopher Reeves, el que fuera el rostro de Superman para una generación, cumpliéndose ahora 20 años de su fallecimiento. Fui el único asistente, estaba solo. La chica que entró para limpiar la sala me preguntó. No sabía quién era Reeves. "—Mi madre es muy fan de Superman", me dijo. Pensaba que era una reposición. Aquello le pillaba muy lejos; era el mundo de su madre, no el de ella.

La muerte de Mayra también pillará lejos a muchos. María Casado no ha podido evitar llorar en directo tras la emisión de la síntesis de su vida. Probablemente Mayra formaba parte de esos recuerdos de primera infancia, alrededor del televisor viendo el "1,2,3..." o algún otro programa.

Cada vez que uno de estos recuerdos apagados se actualiza por un fallecimiento, muere algo propio. Es también un recordatorio de que el tiempo avanza inexorable, que queda menos tiempo. Eso es parte también del efecto dramático que tiene en nosotros.

Ahora escucho de otra manera las canciones del recientemente fallecido Kris Kristofferson. Provocan una reacción distinta, más allá de la nostalgia, algo emocional, corporal.

Descanse en paz Mayra Gómez Kent, que nos alegró la vida y la llenó con sus actos. Hoy la lloramos y nos emocionamos muchos. Estuvo casi 20 horas tirada en el suelo de su casa. Muchas cosas, entre el dolor, debieron de pasar por su cabeza.

Hasta aquí puedo vivir... 

* Luis Fernando Romo "Mayra Gómez Kemp, la 'reina' de los concursos que superó tres cánceres, un aborto y vivió un romance de novela con Alberto Berco" El mundo 14/10/2024 https://www.elmundo.es/loc/famosos/2024/10/14/670bc6bce85ece2e098b458d.html

domingo, 15 de septiembre de 2024

Casi Sinatra

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Estos días hemos estado dándole vueltas a esto de los "fake", ya sea en su versión "deep fake" o en la de "fake news" (¡la maldición del inglés!). La primera, recordemos, nos impide saber si lo que vemos es realidad o recreación, como esas fotos de Trump en las que tenemos que ver si hay un sexto dedo en una mano para decidir si son reales o no; las segundas van a otro tipo de falsedades, la informativas, que traen de cabeza a los medios serios porque no saben si lo que les dicen es cierto o tan solo un bulo lanzado por una máquina "inteligente" aparcada en las afueras de Rusia, con o sin participación humana directa. Las noticias —lanzadas por la pareja republicana— sobre que los haitianos de una población norteamericana se comen las mascotas, entran en esta categoría.

Las cosas que cuentan los de Maduro son también "fake news" oficiales, pues en esto de mentir ya no hay distingos entre lo oficial, lo oficioso, entre lo institucional y lo que va por libre. Primero se lanza el bulo y luego se mete la "realidad" a martillazos, por utilizar la expresión nietzscheana. Si dispones de un "aparato institucional" de certificación, como en el caso de Venezuela, las mentiras salen de la nada y acaban convertidas en documentos oficiales firmados por jueces, ministros, etc. La mentira se convierte en verdad mediante estos mecanismos.

Metido en estos y otros deprimentes asuntos decidí usar el método psicológico barato, es decir, irme a unos grandes almacenes y regalarme algo, un CD, una película, un libro... Funciona generalmente y se llama gratificación consumista aplicada o algo así.

Tras hacerme con un disco del brasileño João Gilberto para dejarme arrastrar por el ritmo de la bossa hasta el olvido, mi mirada curiosa se dirigió un poco a la izquierda, a los estantes colindantes. Allí me trajo la atención una caja de CD en la que resaltaba "Frank Sinatra. The best LPs 1954-1962. 16 original albums". De esa colección de cajas de 10 CD tengo bastantes, de Ella Fitzgerald a Osar Peterson, de Coleman Hawkins a Dave Brubeck, ediciones a muy buen precio y que como aficionado al Jazz valoro por lo que tienen de recuperación de una música. Puede que algún lector de este blog conozca otro, "Blog All Jazz", en el que comparto la música que me gusta con los que la quieren escuchar.

Pero, a la novedad de ver la caja dedicada a Frank Sinatra, se le añadía algo más: quien estaba en la portada ¡no era Frank Sinatra! Lo que había sido una primera intuición, un sobresalto en la memoria visual, que hizo que pasaran por mi mente todas las posibilidades de coincidencia, globales y parciales. ¡No, aquel señor con sombrero no era Frank Sinatra! ¡No sé quién era, pero no era el viejo ojos azules!

En el tren de regreso pasaron por mi mente las imágenes de Frank saliendo del barco y saludando a Nueva York (Un día en Nueva York 1949), de duro en Como un torrente (1958) El detective (1968) o El hombre del brazo de oro (1955), en sus discos con Tommy Dorsey, con Gordon Jenkins, con Bill May...

Por mucho que intentaba situar aquella imagen de Sinatra en su vida, no lo lograba. Ni aquellos eran los ojos azules del "viejo ojos azules" ni su mirada ni sus arrugas y sobre todo ¡aquel sombreo! Sinatra tenía muy a gala sus sombreros, pero aquel sombrero le habría hecho salir de la tumba y arrojarlo por la ventana.

No dudo de que el contenido de la caja incluyera esos 16 Lps prometidos. ¡Pero aquel no era Sinatra! ¿Ante qué tipo de "fake" nos encontramos?

Veamos las posibilidades que se abren. La primera es que a quien hizo el dibujo para la portada de la caja le dieron la descripción por teléfono y solo sabía de un señor con sombreo. La segunda es que le importaba poco el concepto de "parecido" y pensó que con el sombreo se le identificaría como Sinatra de la misma forma que un bombín podría identifica a Charles Chaplin, algo que evidentemente no ha funcionado. Lo que resulta evidente es que quien hizo el retrato no conocía a Sinatra. La pregunta se dirige entonces a las manos por las que pasó desde el despacho del dibujante hasta la estantería de los grandes almacenes, a su sección de música, allí donde lo encontré y me saltaron las neuronas. 

¿Cómo es posible que haya pasado por delante de tantos ojos, de alguien que alguna vez habrá visto a Sinatra en fotografías, películas, discos de su dilatada carrera artística. La tercera posibilidad es la ceguera cultural, el olvido masivo de todo lo que no haya pasado en las últimas veinticuatro horas, el pasado profundo desde el hoy absoluto en el que vivimos.

Me llegaron algunos recuerdos sobre cosas como estas. Esas páginas de fans  en Instagram o cualquier otra red en la que entre una serie de fotografías de las actrices o cantantes de repente aparece una que nos es ofrecida como de esa persona. Y tú miras y remiras porque hay algo que no te casa, que no te acaba de convencer. Miras los comentarios y entre los mayoritarios con "¡preciosa!" o "¡bellísima!" o "¡te amo!", ves algunos comentarios que dicen "¡no es ella!" o "¡de dónde has sacado esa foto, tío!" o similares. Por cada persona que ha visto que no era quien decían que era, hay cincuenta que lo han dado por bueno. ¿Nos falla la capacidad de reconocer o distinguir? ¿Aceptamos lo que se nos dice o muestra sin más?


Es como el "deep fake" pero en sentido contrario. Si en el primer caso no ofrecen una imagen imposible de distinguir, en el segundo nos dan por bueno un Sinatra que nunca existió. Puede que el sombrero fuera real, pero no en la cabeza de Frank.

Me salta la duda si la portada estará hecha con IA. Si ha sido así y es la base del ahorro por delante, no ha salido demasiado bien. Repaso decenas de fotos del verdadero Sinatra y veo algunas que, por la pose, ángulo, podrían haber "alimentado" a la IA. Sea lo que sea, fatal.

¿Qué nos espera por delante? ¿Obamas sin Obama, sinatras sin Sinatra? Lo del Sinatra sin Sinatra me parece más complejo porque para engañarte con Obama debes saber quién y cómo es, pero para todo aquello un poco distante nos pueden engañar ante la mezcla de incultura y olvido, algo más peligroso pues permite una manipulación infinita.

No hace falta ser un lince para entender que cuanto menos sepamos del mundo —pasado y presente— somos más fácilmente manipulables. El desinterés por todo lo que no sea presente nos hace presa fácil de cualquier mentira, falsificación o valoración.

miércoles, 28 de febrero de 2024

La memoria del cordero

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Escribía Nietzsche que el ser humano envidia la felicidad del cordero porque este no tiene pasado con el que lidiar, no tiene historia que dejar atrás ni reproches por lo ocurrido o hecho. Cada día es un nuevo comienzo y eso es algo por lo que muchos darían lo que tienen. Pero eso es difícil. Ya lo era por la memoria colectiva, que tiende al reproche en cuanto que tiene ocasión; también por el remordimiento personal, la forma en que tenemos de torturarnos por lo que no podemos olvidar. Pero hoy con una memoria colectiva respaldada por miles de documentos en los medios de comunicación, las búsquedas en Google, cámaras por todas partes y redes sociales difundiendo versiones de nosotros mismos, retratos construidos por nosotros mismos, por nuestros amigos y enemigos, es difícil olvidar. Cada vez somos más seres históricos, aunque sea con un recuerdo azaroso que va y vuelve según interese a unos y otros.

El solemne discurso de José Luis Ábalos, tan sentido, con ese tono trascendente, tenía mucho de soberbia. Reproches a la falta de compañerismo y a la injusticia del sistema que hace pagar a unos por lo que otros hacen. Ábalos, nos dice, no quiere pasar a la historia como un "corrupto" cuando dice que no lo es, que los jueces no le implican. Pero las "manos derechas" están siempre pegadas a un cuerpo, en este caso, el suyo, aunque como dice el Evangelio de San Mateo, "que tu mano izquierda no sepa qué hace tu mano derecha". Puede que sea recomendable para el evangelio, pero desde luego no lo es para la política.

Algunos titulares destacan que el que "fuera mano derecha de Sánchez" ha sido cortado por lo sano. Ábalos, por el contrario, no ha sabido hacerlo a tiempo. Desde el PSOE se intenta un imposible entendimiento por parte del defenestrado de que lo que están haciendo es por su bien y por el de todos, aunque esto sea difícil de entender. El ministro Oscar Puente ha tratado de hacer didáctica con el asunto:

En su intervención, ha aprovechado para subrayar que desde el PSOE no tienen razón de atribuirle a Ábalos un comportamiento ilícito. "Nadie en el partido le está acusando de corrupción", ha reiterado el ministro, quien, sin embargo, ha sostenido que "un buen socialista" no puede irse al Grupo Mixto. "Tiene que tomar una decisión que esté a la altura de su trayectoria como político y esta, desde luego, no lo está", ha sostenido.

Puente ha considerado que Ábalos "se equivocó eligiendo y vigilando", especialmente tras haber escuchado declaraciones de este fin de semana en las que el hasta ahora diputado socialista reconocía que fue advertido: "Mucha gente le advirtió. Si no tomó decisiones, se hace responsable políticamente del comportamiento de esa persona".*

Creo que ese punto soberbia, que Ábalos sostiene frente a su propio partido, puede explicar algo de lo ocurrido, especialmente cuando se explica que estaba "advertido", pero puede que, como ocurre a veces, la advertencia sea contraproducente y provoque una reacción en dirección contraria por aquello de "¿quién me va a dar lecciones a mí?"

Ahora el PSOE tiene abierta una situación crítica que dentro de nuestra guerra política sin tregua será "aprovechada" por casi todos para hacer un canto a la honestidad... a la espera de que salte el siguiente caso. A ver a quién le toca.


Con Ábalos atrincherado en el grupo mixto "defendiendo su honor", según sus propias declaraciones en ese sentido discurso, el PSOE va a tener que andar con pies de plomo cada vez que el caso vaya avanzando. "Defender su honor" supone que el exministro socialista se defenderá de los que abogan por la "transparencia" y quieren que la responsabilidad acabe en él. Pero la oposición ya pide más cabezas y más altas, apuntando a la cima. Y aquí, son palabras mayores, empieza a funcionar el instinto de supervivencia. Ya no hay "grupo", solo manada eliminando al más débil.

Lo que pueda decir José Luis Ábalos es complicado porque los ataques que le haga la oposición no serán los mismos que le hagan desde sus antiguas filas. El PSOE, una vez que Ábalos no ha aceptado lo que se le exigía, tiene que andar con tacto, con pies de plomo, porque esa defensa del "honor" puede ser muy amplia y sin miramientos. Es un claro "moriré matando".

¿Tienen fin el "caso Koldo" y el ahora "caso Ábalos"? ¿Logrará José Luis Ábalos desprenderse del peso fatal de la historia en cualquier versión, judicial, fotográfica, hemerográfica...? ¿Hasta dónde llevarán las investigaciones europeas y españolas en marcha?


Como le ha dicho su ex compañero, el ministro Óscar Puente, no se trata de enriquecerse ilícitamente, sino de no haber vigilado y controlado a los que tenía en su esfera más cercana, los que han actuado en su nombre aunque él no lo supiera y no lo hubiera consentido. Es una responsabilidad, como se dice habitualmente, política, un concepto que si un político de experiencia —que seguramente habrá aplicado a otros— no entiende es que ha aprendido poco realmente.

La historia, cuando no la escribe uno, suele ser molesta, como decía Nietzsche. La cuestión está en que, una vez fuera del poder, no es sencillo escribirla. Si la idea de José Luis Ábalos es dar espectáculo veremos en qué queda la cuestión. La cuestión no es hacer desaparecer la historia, algo difícil en estos tiempos. La cuestión, como siempre, es quién la escribe. Ábalos la quiere escribir él, pero puede tener las cosas complicadas. 

La cuestión clave es cuántos frentes reales, cuántos competidores va a tener Ábalos para reescribir una historia complicada. Es decir, quién le dará el último golpe.


* "El Gobierno asegura que Ábalos "no es coherente" y señala su responsabilidad política: "Culpa de elegir y de vigilar"" RTVE.es 27/02/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240227/gobierno-abalos-responsabilidad-politica-personal-corrupcion/15988286.shtml

sábado, 10 de febrero de 2024

La memoria de Joe Biden

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Sin duda, algo pasa en la política norteamericana, no ya en un partido, sino en el sistema mismo, algo que impide que las elecciones que se realicen sean para obtener los mejores dirigentes. El caso de Donald Trump es una demostración palpable: alguien que se presentan como "anti-sistema", como un "hombre hecho a sí mismo", apoyado por las fuerzas radicales religiosas, etc. La realidad es que Trump es un producto del "sistema norteamericano"; que no se hizo a sí mismo sino que hijo de un especulador inmobiliario del que heredó negocios y millones de dólares y que es, finalmente, un mujeriego enfrentado a demandas múltiples por acoso sexual, que cambia de esposa para fotografiarse con ellas, etc. ¿Cómo puede ser el candidato que arrasa en las elecciones primarias republicanas el hombre que promovió un asalto armado al Capitolio cuando perdió las elecciones?

Pero las cosas se complican por el lado de Joe Biden, aunque de una forma distinta, los estragos de la edad en su memoria. Los medios internacionales se han hecho eco de sus lapsus, caídas, confusiones, etc. Lo último en salir a la luz es el informe realizado por un fiscal en el caso de los documentos secretos "olvidados" en su casa.

Esto inicia un contraataque por parte de los republicanos contra el candidato a la reelección. Las peticiones de que se retire aparecen en el inicio de la carrera por la nominación demócrata.

En RTVE.es señalan que

 

Las peticiones de los legisladores republicanos llegan después de que un informe del fiscal Robert Hur sobre los documentos clasificados que aparecieron en el despacho privado de Biden haya sugerido que el mandatario demócrata es un "anciano con buenas intenciones y mala memoria".

Como se recoge en el informe, el líder estadounidense tiene amplias lagunas en el recuerdo de su carrera política y ni siquiera se acuerda de cuándo murió su hijo Beau, fallecido de cáncer en 2015; algo que el mandatario demostró, según el informe, durante los interrogatorios que se le hicieron en 2023.

La descripción de "anciano con buenas intenciones y mala memoria" es el peor retrato que se puede hacer de Biden como candidato a la Casa Blanca. Plantea algo de lo que no se puede dudar que irá a más, como ley de vida.

Para acabar de arreglarlo, Biden sigue teniendo lapsus:

Biden, por su parte, defendió el jueves en una rueda de prensa en la Casa Blanca que su memoria está en buenas condiciones, aunque ese mismo día se refirió al presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi, como el "presidente de México".*

Si no hay, no hay. Por mucho que se empeñe el Biden lúcido en negar al Biden desmemoriado, esto se produce delante de cámaras y micrófonos. Cuanto más convoque a la prensa para decirles que recuerda bien más probables serán los errores de memoria y se volverá a producir lapsus.

Es lo mismo que su empeño por subir atléticamente las escalerillas de los aviones. Cuanta más prisa se da, más fácil es que se caiga, como así sucede. Lo que pretende ser una demostración, se acaba convirtiendo en una constatación de que hay algo que falla, la edad.

Desgraciadamente, ni el presidente de los Estados Unidos se puede librar de los estragos de la Naturaleza. Lo que hay que evitar es que esos estragos se conviertan en problemas para los Estados Unidos y para el planeta en su conjunto, dado el carácter de superpotencia.

Algunos podrán pensar que llamar a Abdelfatah al Sisi como "presidente de México" podría ser hasta una venganza por parte de Biden contra el que Trump llamaba "su dictador favorito", el único presidente activo que quiso fotografiarse con él en Naciones Unidas cuando Trump solo era un candidato, un paria político que aspiraba a la presidencia. Los egipcios, que les encantan esas cosas, presumían por haber sido los primeros en felicitarle.

Que la superpotencia mundial tenga que elegir entre un malvado de buena memoria para lo que le interesa y un "anciano bien intencionado" que sigue pensando que Angela Merkel está al frente del gobierno alemán, que el presidente egipcio lo es de México o que no recuerda sobre la muerte de su hijo, es triste y preocupante.

Joe Biden y el presidente egipcio

¿Por qué no funciona el sistema y propone candidatos con posibilidades reales de alcanzar la Casa Blanca? ¿Funcionan realmente las primarias, los caucus? En un país con millones de habitantes, ¿es posible que no haya nada mejor que ofrecer a sus votantes y al mundo?

Mientras, en algunos centros de poder repartidos por el mundo se ríen del caso, de la democracia y de nuestra ingenua fe en que las cosas funcionan solas. Todo demasiado sofisticado. A Trump le están votando en masa los republicanos; Biden sigue adelante sin más obstáculo que él mismo. Pero la preocupación aumenta no solo por el hecho electoral en sí, cómo puedan aprovechar sus desatinos, si no por lo que sucederá después si Biden ganara. Por ello no es de extrañar la creciente preocupación en los medios más cercanos a los demócratas sobre lo acertado de su elección como candidato.

¿Va alguien a convencer a Biden del riesgo de lo que puede ocurrir de aquí a noviembre? Quizá algunos piensen que es un riesgo menor que ofrecer una candidata como la vicepresidenta Kamala Harris, mujer y negra, para la presidencia de los Estados Unidos. 

The New York Times hoy

* "Legisladores republicanos instan al gabinete de Biden a su inhabilitación tras el informe sobre su "mala memoria" RTVE.es /Agencias 9/02/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240209/legisladores-republicanos-biden-inhabilite-presidente/15964132.shtml

lunes, 5 de diciembre de 2022

Leer de otra forma

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Repaso algunos materiales para incluir en las clases, donde me gusta que cada lectura nos sirva de entrada a temas y autores, a problemas que se nos plantean y que muchas veces ignoramos, dando por hechas las cosas. Es un ir demasiado deprisa que arruina ese recorrido por ese paisaje que es un texto. En un mundo apresurado, perdemos demasiadas cosas.

Releo un texto sobre la lectura de Siri Hustvedt, contenido en Vivir, pensar mirar (2013) y me llama la atención una frase: "Tuve que hacerme mayor para reírme con La metamorfosis". El texto está escrito en 2011 y forma parte de una serie de escritos muy variados, como el propio título sugiere. Pero quizá la frase de Hustvedt nos indique que no hay tanta separación como palabras y diccionarios nos dan a entender y que precisamente vivir es un concepto que integra todo lo demás, el pensamiento y la mirada, que no es posible en nuestra realidad separarlos. Solo nuestra capacidad de abstracción, de sacar las cosas de la complejidad vida y dejarlas sobre el papel, escritas, reducidas a conjuntos de letras conectadas con ideas, puede llegar a creer que las cosas se nos ofrecen separadas cuando en realidad forman parte de experiencias unidas.

Hustvedt está tratando en ese texto, entre otras cosas, de delimitar la lectura y como contraste de esa experiencia la relectura, un proceso no demasiado pero siempre fascinante. Nos habla de cómo recordamos a veces de forma caprichosa lo que hemos leído, de cómo fundimos textos en el recuerdo, de cómo no encontramos en el texto releído nuestro pasaje favorito porque proviene de otro libro.

Empeñados en los aspectos comerciales de la lectura, en las cifras de ventas, nos olvidamos de la singularidad que supone el lenguaje cuando este se almacena en textos que nos permiten vivir distintos tipos de experiencias y de la experiencia misma que supone leer. El valor de la relectura es precisamente hacer manifiesto ese "hacerse mayor" al comprender nuestra incompletitud constante, nuestra necesaria acumulación de experiencias para poder entender, para poder acceder al mundo que el texto nos ofrece, siempre nuevo. Nos hemos fijado demasiado en el río en el que no nos podemos bañar dos veces y nos olvidamos que tampoco somos los mismos la segunda vez que nos introducidos en el agua. Empeñados en nuestra constancia, no nos percibimos como seres cambiantes, diferentes en el tiempo en función de nuestra capacidad variable de ser, una fotografía estática de nosotros mismos, pero una ilusión nada más. La relectura permite percibir esto, cómo quien se enfrenta al texto por segunda vez no es el mismo que lo hizo la primera si la experiencias vividas por medio nos han cambiado.

La observación de Siri Hustvedt tiene muchas implicaciones, más allá de la reflexión. Las tiene, por ejemplo, en la educación, donde la lectura es esencial. Educarse no solo es aprender para siempre, como algunos pretenden guiados por un infantil pragmatismo que considera inútil volver a lo "mismo", que nos considera como cajas en las que se meten conocimientos y que son recuperados.

La incomprensión que vivimos con las Humanidades proviene en gran parte de este error, el de pensar que los textos quedan tan estables como el Principio de Arquímedes, que cuando volvamos a ellos serán los mismos. Hay cosas estable, mientras que en la esencia de otras está su dimensión temporal, viva, cambiante.

El gran error de las Humanidades educativas (muchas veces propiciados por los mismos que las enseñan) es pensarlas en términos de "educación" y no en términos de autoconfiguración de la persona, es decir, de separar "vivir, pensar, mirar", por reutilizar el título de Siri Hustvedt.

Convertir en "contenidos" la experiencia de la lectura es un enorme error que estamos pagando. La ilusión de la estabilidad nos engaña anulando precisamente la capacidad de los textos de convivir con nosotros. No solamente no los comprendemos en el sentido de hacerlos nuestros, de cada uno de forma diferente, sino que imponemos un sentido a través de su clasificación, evaluación y análisis por parte de las "autoridades competentes".

Según este planteamiento, Siri Hustvedt no debería haberse reído nunca con La metamorfosis. Escribí hace muchos, muchos años, un artículo titulado "La risa de Kafka", dando cuenta de la extrañeza de Max Brod, amigo y biógrafo de Kafka. Brod manifestaba su sorpresa porque su amigo Franz hiciera lecturas riéndose abiertamente de las vicisitudes por las que pasaban sus protagonistas. No lo entendían.

Siri Hustvedt pudo acceder finalmente (o por ahora) al sentido que Kafka daba a sus situaciones, de El Proceso y El castillo a La metamorfosis. Debió esperar a que pasara el tiempo para que, a través de la lectura, descubriera que el Kafka que había leído era una mezcla de su inexperiencia y de los comentarios escolares que le rodeaban.

Una parte de nuestra inmadurez contemporánea la percibimos precisamente en nuestra concepción acumulativa de la educación. Mucho de lo que se aprende se olvida porque no se vuelve sobre ellas o, lo que es peor, se conserva una memoria equivocada, incompleta o inmadura de ellas.

Hemos alejado las lecturas —especialmente las literarias y humanísticas— de su verdadera función formadora en el acompañamiento a lo largo de la vida. Las hemos convertido en algo que se usa y se tira, creyendo que así se hace espacio para lo siguiente. ¡Un gran error que pagamos con creces! El furor de lo nuevo consumible nos devora a nosotros mismos arrastrados por ese impulso hacia adelante.

Las palabras de Siri Hustvedt nos advierten que mucho de lo que dejamos atrás lo tenemos todavía por delante; que leer, como tantas otras cosas, se construye sobre la experiencia del momento y que esto es solo un tramo de nuestra vida. Muchos escritores, entre ellos M. Proust, nos lo enseñaron. Pero no los leemos o lo hacemos a destiempo y mal. 

Vivir, pensar, mirar... no están tan separados como algunos creen. Quizá merezca la pena estrechar lazos. Lo que hay en juego es importante, nuestro propio crecimiento.


—Hustvedt, S. (2013). Vivir, pensar mirar. Ed. Anagrama.

viernes, 24 de junio de 2022

Sobre la deshumanización educativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La lectura de la obra de Mayka Lahoz, La trama de la memoria (Tusquets 2022) nos ofrece un extraordinario viaje a través de nosotros mismos en un ensayo que merece todos los honores que se le puedan tributar por su lucidez, estilo y oportunidad. Es un trabajo que merece una detenida lectura porque necesita de la reflexión en cada párrafo, en cada página de este texto singular. Es una radiografía de lo humano en sus dimensiones más profundas que son sobre las que se cimenta nuestra construcción como humanos y como personas, lo general y lo específico que hace de nosotros seres únicos, diversos y en constante construcción y reconstrucción. Desde una base existencial hermenéutica o desde una hermenéutica existencial, Lahoz va desgranando lo que nos hace ser ante los otros y ante nosotros mismos, con nuestras paradojas que el tiempo alimenta.

Una de las dimensiones que se van explorando en la obra de Mayka Lahoz y que va ganando importancia conforme avanzan sus páginas es la cuestión educativa, algo cuyo debate se ha ido desplazando de su esencia y objetivos primeros a unos debates mecanicistas, economicistas y burocráticos que padece una serie de males que nadie se atreve a afrontar desde su interior y que se hace necesario abordar.

La educación va surgiendo en determinados momentos del texto, como no podía ser de otra manera dado su carácter básico en nuestras vidas. Hemos confundido la educación, como transmisión y formación, con el "sistema educativo", organización modeladora que recibe unos fines exteriores y que ajusta a ellos a las personas. El objetivo no es hacer que las personas se encuentren consigo mismo, sino que se ajusten a lo exterior, a las necesidades del sistema. Esto es, a mi entender, una fuente de distorsión de la persona que deja de ser un objetivo para convertirse en un medio del sistema para alcanzar sus necesidades o cubrir sus carencias.

En la obra de Lahoz, la experiencia es la que modela al ser humano a través, por ejemplo, del dolor, connatural al sentir y por ello al vivir mismo. La educación, por el contrario, se ha convertido en la inculcación de un conocimiento exterior para cumplir unas funciones y objetivos del sistema. Este desequilibrio lo vive cualquiera que esté en la enseñanza y vaya más allá de las instrucciones que llegan "de arriba" y que se siguen acrítica y pasivamente convirtiendo a los docentes en meras piezas de transmisión para el cumplimiento de lo que se ha marcado. La robotización de la docencia a través de todo tipo de protocolos y protocolos está deshumanizando la enseñanza en cuanto a la relación entre los miembros del sistema. El fin es una mal entendida "objetividad" que convierta a cualquier docente en otro docente y a cualquier alumno en otro alumno más. Hoy vivimos un mundo curioso en el que las máquinas pueden dirigir la formación de las personas mediante la inteligencia artificial gracias a programas de auto aprendizaje asistido y en el que los humanos ayudamos a las máquinas a "aprender" mediante el control y corrección de sus aprendizajes (deep learning).

El mundo de la enseñanza se nos ha llenado de "distantes" objetivos, de burócratas obsesionados con formularios, de equidistantes emocionales, de aspirantes a máquinas de segunda mano y de "protocolarios" inseguros. El efecto de todo esto es un sistema cada vez más despegado de sus fines humanos y más plegado a las necesidades del sistema, considerando que el ser humano solo necesita saber aquello que le permite trabajar con el mejor rendimiento posible. Hemos llega a convertir la "eficiencia" en un valor educativo porque no medidos los "éxitos" del sistema más que desde la empleabilidad, como reza la publicidad de la universidades que cifran el éxito en este parámetro. De esta forma, la educación solo sirve para encontrar empleo, algo que es medible y por lo que debemos rastrear a los egresados de nuestras universidades para luego poder contárselo a las autoridades competentes que nos gratificarán con algún tipo de puntuación.

No nos interesa, en cambio, los valores de las personas o sus padecimientos que les puedan arrastrar a depresiones, estados de ansiedad, incluso suicidios, ya la primera causa de mortalidad entre nuestros jóvenes.

Lo más sorprendente es la aceptación que todas estas prácticas de protocolos y evaluación constante de rendimientos han tenido en la propia profesión docente. Quizá porque ella misma está sujeta a constante evaluación y sometida a protocolos, quizá porque sean los adeptos a esta forma del mundo los que llegan más arriba e imponen desde sus alturas olímpicas está visión deshumanizada de la educación, precisamente la más necesitada de humanidad ya que son personas las que salen de la empaquetadora final. El único argumento que se esgrime cuando alguien tiene la osadía de preguntar sobre las razones es que es "lo que quieren arriba", siempre bajo amenaza de ser evaluados negativamente. El sistema ha generado su sistema de recompensas y castigos dentro del mejor conductismo mecanicista.

En su quinto capítulo —"Memoria y dolor. Tragedia y sabiduría"—, que comienza con una cita de Cioran —"El dolor impide el adormecimiento en la felicidad; disuelve y rehace el mundo. Por eso se pierde el Yo; por eso vuelve a empezar."— reivindica la humanidad del dolor y del sufrimiento, algo a lo que la persona está sujeto como ser sufriente y reivindica el valor experiencial: "...motivo por el cual la educación debería hacerse cargo de manera reflexiva, como receptividad conmovedora, del discurso de nuestras vidas, sobre todo en lo que a sus aspectos negativos se refiere: vivencias personales, deseos, aspiraciones, intereses, victorias, frustraciones, inseguridades, miedos, prejuicios, problemas, afrentas, ultrajes, esperanzas, proyectos... Para ello debería dar primacía a la capacidad de escucha entre educador y educando, y no tanto a una serie de actuaciones y de interacciones racional y deliberadamente instauradas por el primero, encaminadas a la consecución de una formación o de un devenir objetivos, eficaces, positivos y evaluables por parte del segundo." (pp. 168-169)

Centrar la educación en el rendimiento y no en la persona, en sus dimensiones humanas, no ayudarles a integrar la experiencia en su propia vida, es crear seres artificiales y, sobre todo, inmaduros, incapaces de enfrentarse al mundo que les aplaude (y envidia) cuando triunfan y les ignora (y desprecia) cuando fracasan.

Esa "receptividad conmovedora" es un concepto básico, algo que crea el lazo con la propia experiencia, el que abre el camino propio, el diferencial que nos lleva a nosotros mismos al hacernos y reconocernos.

Hace unos días tratábamos aquí un artículo de La Vanguardia con el titular "Cómo educar a los niños en un mundo de mentirosos de éxito" (16/06/2022), firmado por Eva Millet. El titular plantea con claridad el sentido de "educar" en un mundo en lo que se valora es el éxito y se perdona la mentira. Mayka Lahoz se plantea otra cuestión, cómo educar a ser humanos en un mundo que olvida que somos personas, que somos distintos, que sufrimos, que caemos y debemos poder levantarnos, que debemos tratar de llegar a comprendernos en nuestras contradicciones, en nuestras múltiples capas contradictorias, entre máscaras contradictorias.

No me gusta el sistema educativo que veo; no me gusta el empeño de muchos en crear este sistema protocolario que reduce a la persona a una serie de datos que sirven para la propia promoción del sistema. Hay muchas excusas para hacerlo así, pero son poco convincentes. La única que se acaba entendiendo es esa reducción de los miembros del sistema, que deben aceptarlo para su propia promoción. Todo se debe poder explicar en un gráfico, input y output; la ilusión de precisión la dan los números decimales, las barras de los gráficos y la jerga usada.

De todas las instituciones sociales, la educación es el centro ya que se ocupa de las personas y las acompaña en su trayecto vital. Todo lo que nos haga similares, nos trate de forma similar, ignora nuestra diversidad y nuestra propia diferencia, produce el sufrimiento igualitario mediante el cual las personas son convertidas en parodias de sí mismas, de lo que podrían ser si no les impusiera el molde igualador.

Escribe Mayka Lahoz: "La educación es relacionalidad, compromiso encuentro personal, escucha, comprensión, vivencia responsable de uno mismo, del mundo y de los otros. Es, en definitiva, interés por el misterio que cada un de nosotros representamos, y que contrasta fuertemente con el frío desinterés de la ciencia objetiva. Y ese interés se traduce en una doble praxis: por un lado, la vivencia activa por medio de las experiencias pedagógicas, y, por el otro, la reflexión, la teorización hablada o escrita no ya solo en torno a esas experiencias vividas, sino también en torno a las condiciones que las han configurado. Dicho de otro modo: urge construir una educación responsiva, sensible al contexto específico que conforman las diversas historias personales." (149)

En estos tiempos en que sientes frustración por la deriva educativa, por el desprecio fabril al que se ha llegado en ella, el libro de Mayka Lahoz (ha sido profesora de Teoría de la Educación, nos dice la solapa de la obra) es un respiro en un mundo cada vez más distante en aquello de lo que debería sentir proximidad. Hay una reivindicación a lo largo de la obra del papel de las humanidades.

Desde hace años no dejo de sorprenderme cuando los alumnos me hacen una pregunta "¿puedo poner lo que pienso?". Mi respuesta es siempre la misma: "¡es lo único que me interesa!". Pero la monstruosidad de la pregunta debería hacernos reflexionar sobre cómo perciben los alumnos el entorno en el que se forman, esa falsa y absurda "objetividad" que todo lo mecaniza.

Algunos pensarán que hoy nos hemos salido de la "actualidad". No. Ningún problema es más actual, más presente, más doliente que el educativo. Para algunos se acaba encontrando un colegio cerca de casa o entrando en la facultad que has solicitado. Pero eso es anecdótico. Necesitamos reflexionar sobre la educación, no desde los éxitos laborales sino sobre el desarrollo de las personas, sobre algo más interior y sensible. La felicidad no se puede medir, pero si vivir. Mientras nuestros objetivos sean convertir a las personas en partes del sistema productivo y no nos preocupemos porque se (re)conozcan ellos mismos estaremos incumpliendo la finalidad de la educación, seguiremos construyendo sociedades en las que se nos hace cada día más difícil, más angustioso vivir. 

Cioran, Ricoeur y Gadamer

Lahoz, Mayka (2022). La trama de la memoria. Una filosofía del recuerdo y del olvido. Tusquets, Barcelona.

 

miércoles, 15 de junio de 2022

El ser digital

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Desde hace décadas, nuestra vida se desarrolla a través de Internet. Tenemos una personalidad digital, una presencia que gestionamos a través de distintas plataformas en las que acumulamos datos, relaciones, etc. "Ser" es "ser digital". Todo ello, en apariencia, nos da una facilidad para construirnos o representarnos en pantallas bajo nuestros ojos o la mirada de otros.

Cada cierto tiempo recibimos noticias de que desaparecen sistemas operativos, programas, aplicaciones, dispositivos, etc. Son decisiones que se acortan en el tiempo y cada vez se producen con más frecuencia. La tendencia de los "usuarios" a mantener la estabilidad se enfrenta a la tendencia empresarial a la innovación, al cambio en los sistemas que nos permiten usar. Dichos cambios, además, se producen muchas veces por la tendencia a la competencia entre empresas que quieren controlar doblemente, por un lado respecto a sus rivales en un campo determinado, y por otro el deseo constante de controlar más nuestra propia vida haciéndose indispensables y dejando nuestra capacidad de decisión.

La Vanguardia titula "Microsoft jubila mañana Internet Explorer: aún lo usan 70 millones de personas (y el Congreso de los Diputados)" en un ejemplo de lo que decimos. "Jubilar" es un término demasiado humano, con demasiadas connotaciones humanas. Más real es la expresión, "dejará de dar servicio de apoyo". La actividad digital se basa en la compatibilidad de una serie de programas con un sistema operativo. Quien controla el sistema operativo controla la vida digital de los usuarios, que es hoy su vida personal y su vida social. Puedes usar lo que tu sistema operativo te permite instalar y esto durará mientras sea compatible.

La era digital es una sucesión de estados que se van perdiendo en gran medida por la obsolescencia. ¿Ha tratado de encontrar ciertos documentos, fotografías, grabaciones, etc. que se realizaron con otros dispositivos? El caso de los teléfonos es claro. ¿Cuánta información queda en ellos? ¿Cuántas personas ven su vida trastocada por desapariciones o sustituciones? Le dirán que lo clone o que mande a "la nube" la información, pero ¿lo hacemos?

Muchas veces veo a gente haciendo cola en el centro comercial. Se suele producir tras los periodos vacacionales. Las colas se forman en las máquinas que permiten pasar a papel las fotografías realizadas con cámaras digitales y teléfonos que cumplen la misma función. Mucha gente quiere seguir pudiendo abrir un álbum y contemplar sus fotos. Ya no es buscar entre miles de fotos acumuladas en memorias y dispositivos.

La gestión de la vida digital no es sencilla por la cantidad de información que acumulamos espoleados muchas veces por las propias compañías que nos animan a ello. El gesto del teléfono móvil —muchas menos cámaras— en cualquier incidente o detalle nos hace ver las cantidades ingentes de información que cada día se producen en el mundo. Cada cierto tiempo se produce algún tipo de desaparición que se lleva parte de nuestra memoria digital.

Soy editor de una revista digital pionera, Espéculo, creada en el año 1995, una época en que debía explicar a los colegas qué era internet y qué era una "revista digital". Son millones las visitas acumuladas y varios miles de artículos, pues rompimos las barreras del tamaño de los archivos y la cantidad de ellos por número.

Con motivo de la salida del número actual, dedicado a la memoria de la feminista y novelista egipcia Nawal El Saadawi, ya me advirtieron de que en algún momento habría que mover aquello, que si no se había hecho antes (como se hizo con otros) ha sido precisamente por su carácter histórico y millonario en accesos.

Un día que debían estar revisando el servidor donde se aloja la revista me dijeron al llegar a la Facultad que un profesor de una universidad andaluza había llamado desesperado ante el temor que le había causado no poder encontrar su artículo. Afortunadamente, aquello duró un par de horas, pero el terror estaba allí. Era el miedo a que todos los documentos que enlazaban con su artículo quedaran unidos al vacío, que no llevaran a su trabajo sino a la nada digital, un no retorno de información.

Probablemente haya muchos profesores, por seguir con nuestro ramo, que tengan pesadillas en las que sus artículos son eliminados de los servidores, que estos desaparecen y los vuelven ilocalizables. Una pesadilla académica. Aunque se guarden, quedarían inaccesibles al resto.

Una de las causas que más afectaron al desarrollo inicial de las publicaciones digitales fue precisamente su falta de estabilidad. Entre el océano de servicios de alojamiento inicial, muchos desaparecieron por causas económicas, por ser poco rentables, llevándose por delante todo lo publicado en ellos. Algunos pudieron trasladarse a otros espacios, pero no todos pudieron. Eso llevó a avanzar en dos líneas, la de la conservación (con instituciones haciendo copias en sus bibliotecas, como la del Congreso de los Estados Unidos) y otra en cuanto a la estabilidad institucional de los servidores oficiales (universidades, por ejemplo). Sin ello, apenas habríamos avanzado.

Hoy, todo se ha acelerado. ¿Nos hemos acostumbrado a vivir con el riesgo de perder el pasado con cada cambio de ordenador, teléfono o servidores? Quizá la respuesta sea unas generaciones con un sentido volátil de la memoria. 

martes, 15 de junio de 2021

La memoria y el coronavirus

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Conforme la pandemia se iba extendiendo y con ella los confinamientos, los expertos nos han ido dando consejos sobre nuestras preocupaciones y actualmente, ya con un periodo extenso de vida alterada son capaces de ofrecernos análisis de los efectos que han producido en nuestras vidas.

Los primeros consejos que nos daban, recuerden, eran los de hacer ejercicio y comer saludable. Era lo lógico pues los primeros efectos provenían de los relacionados con la movilidad. Me imagino que todos habremos visto o escuchado sobre cómo aprovechar el poco espacio disponible para realizar ejercicios que nos ayudaran a paliar los efectos de la falta de actividad. La primera preocupación venía de ahí. Comer sano se volvía esencial si a la falta de movilidad y al aburrimiento consecuente se le añadía el comer como forma de paliar la ansiedad generada.

Han aumentado los programas televisivos sobre ejercicio físico, sobre cocina y sobre mascotas, el elemento que completa el cuadro. Las mascotas —perros y gatos habitualmente, pero extensivo a todo tipo de animales— se convertían en otra forma de alivio de la soledad, el aburrimiento y el estrés generado por el encierro.

Ahora, pasado un tiempo, mucho tiempo para una situación así, una alteración profunda de la vida cotidiana, marcada por miedos y tensiones (sanitarias, laborales, económicas), por la reorganización de espacios y tiempos, modificación de las relaciones y comunicaciones, etc. los efectos que se miden son otros.

La BBC nos trae hoy un interesante artículo firmado por Claudia Hammond, una especialista en el campo de la memoria, titulado "Covid-19: Has the pandemic harmed our memories?". Hammond comienza observando que a raíz de un artículo suyo en la misma sección, Future en la BBC, estableció contacto con Catherine Loveday, profesora de Neurociencia Cognitiva en la Universidad de Westminster, para hablar sobre ello e indicarle que estaba realizando un estudio sobre esta cuestión. Ahora, gracias a la generosidad de Loveday, la autora del artículo ha tenido acceso al resultado del estudio, antes de su publicación académica, sobre cómo ha afectado el confinamiento al funcionamiento de la memoria. Los datos que le llegan le permiten hacer un repaso de aquellos aspectos más afectados.

Escribe Claudia Hammond sobre los datos obtenidos por Catherine Loveday:

 

The most common change was forgetting when an event or incident happened, which 55% of people said was happening to them. This suggests the pandemic has affected our perception of time, which is hardly surprising. When I examined the literature on time perception in my book Time Warped it was clear that some memories come with what's referred to as a time-stamp. When a memory is distinctive, vivid, personally involving and becomes a tale we have recounted many times since, we can pinpoint that memory exactly in the timeline of our life.*


 

Esto no solo es efecto de la pandemia. En cualquier vida rutinaria, la memoria tiende a forjar recuerdos sobre lo distintivo. Lo repetitivo es apenas recordado en situaciones normales y si ahora el porcentaje de repetición es mayor en ciertos campos, es lógico que no se formen recuerdos. Cuando un recuerdo es prácticamente igual a otro, el cerebro ahorra energía y espacio. Como bien señala Hammond, nuestra historia recordada es la de los vínculos entre elementos notables, que significan algo, o al menos distintivos. Tenemos dificultades para establecer líneas de tiempo cuando las cosas se parecen. Lo repetitivo confunde, lo inusual distingue y con ello estructura nuestro tiempo como un marcador.

Hasta ahí, no hay nada que no se supiera. Pero es en los siguientes aspectos en los que Hammond señala su sorpresa ante los resultados obtenidos:

 

I was interested to see that the next most common category where people said their memories had got worse was in remembering the right the word to say in a sentence. This is known in psychology at "the tip-of-tongue phenomenon". We all experience it from time to time and it happens more often with names.  (Usually, the name it comes back to us later on, when it's too late. "Oh yes, he's called Tom!")

Why this forgetfulness about words should have increased during Covid-19 restrictions is not clear, but it could simply be explained by the fact that many of us have been working from home alone or even distanced in a workplace, and we've therefore had fewer opportunities to talk with other people in person in the past year or so. We're out of practice at social interaction.*

 

La cuestión aquí es de grado. Evidentemente, largos periodos de inactividad comunicativa pueden implicar una "falta de forma" en el recuerdo de las palabras. El fenómeno lo observamos con los segundos idiomas. Cuando alguno de mis alumnos extranjeros regresa a España después de un periodo vacacional, lo primero que nota es ese fenómeno de las "palabras en la punta de la lengua". No las ha olvidado, sino que no surgen con la fluidez requerida. Pasados unos días su memoria recuerda las palabras en el momento necesario y a la velocidad necesaria. Efectivamente es un "out of practice".



Lo que podría sorprender del caso (y no tenemos más datos) es el papel que las comunicaciones online pueden desarrollar en este caso. Desconozco si el trabajo de Loveday introduce esta variable, la de personas que por razón de su trabajo, por ejemplo, han tenido que convertir en verbal online gran parte del día. En este sentido, no debería haberse producido ese olvido, salvo que exista un factor que desconocemos que establezca la presencia como un factor esencial.

Es cierto que nuestra experiencia del otro no solo afecta a la visión y al oído (como es online) sino que también experimentamos la "presencia" del otro como algo unificado por el cerebro, pero no sé hasta qué punto  afectaría negativamente a la fluidez del lenguaje, tal como se señala. La "interacción social" que se señala también forma parte de nuestra vida online, de la que es un componente cada vez más importante. Los efectos de un aislamiento prolongado junto con un exceso de contacto online podría explicar algún efecto que no se ha detectado anteriormente y que podría relacionarse con eso que algunos señalan "la fatiga" ante la comunicación online.

Es probable que no todos reaccionen de la misma manera, incluso, que muchas personas hayan aumentado su sociabilidad gracias a los contactos de la red. La soledad del encierro se ha visto compensada por los contactos telefónicos y a través de videoconferencias. ¿Puede producir fatiga y que sea esta también la responsable de esa fallas de memoria? Habrá que buscar más datos.

 

Other common memory difficulties revealed by the new data were forgetting you were told something, or forgetting to do things you said you'd do. The most likely explanation for this is a lack of cues in the external environment. Instead of travelling into work, moving about in an office, going to other places for meetings and bumping into people constantly, some of us have been mainly confined in one room at home, staring at the same screen for endless online meetings. When people were getting out more, they'd pass the room where they had a certain meeting or see someone walk past the desk, the sort of cues that remind us that, yes, we need to do a report for the next meeting or tomorrow is that friend's birthday.*

 

Somos seres espaciales, unidos a nuestro entorno. No solo ocupamos una parte en el espacio, sino que interactuamos  con en el diferentes planos. Nos movemos gracias a los planos mentales que trazamos. No movernos reduce esa actividad, nos deja sin estímulos. Espacio y acciones están conectados; lo que hacemos lo hacemos en un entrono determinado. Si espacio y acciones se vuelven rutinarios, la actividad de la memoria decrece. No es que lo "olvidamos", sino lo que no se registra por su repetición. Añade Hammond:  «People who got out and about and into different buildings, or who were able to go from room to room, reported fewer memory difficulties.» El movimiento, el desplazamiento de un lugar a otro, también mantiene activo al cerebro, que necesita situarse en el espacio, calcular el tiempo, etc. Nos damos cuenta de que por un lado está lo que nuestro ser consciente percibe y por otro la constante actividad cerebral, idas y venidas buscando información ya registrada, de la que no somos conscientes.



Lo que queda claro es que es la rutina, la falta de estímulo en el día a día, el "languidecer" lo que nos perjudica a través del olvido o la bajada del ritmo. Por eso el estímulo de muy diverso tipo es necesario para vencer a esa inactividad mental que baja el rendimiento de nuestra memoria. No se trata solo de pasear o no. Supongo que estímulos como la lectura u otros que nos hagan percibir más densamente el momento también actúan. La memoria involucra, como vemos, también al cuerpo, por lo que la inactividad, la repetición del mismo espacio o entorno, la rutina, en una palabra, nos debilita.

No es nuevo, por supuesto. Lo que miden ahora los estudios es este elemento a gran escala, entremezclado con otras combinaciones peligrosas, como la de rutina y estrés. En estos meses hemos encontrado noticias sobre los efectos depresivos especialmente en jóvenes y adultos. Hemos recibido también preocupantes noticias sobre el aumento de la violencia.



Al poco tiempo de la pandemia, las pérdidas de memoria se detectaban en personas que habían pasado por la enfermedad. Ahora se trata de otra cosa, de los efectos del confinamiento y de lo que este supone en nuestras vidas como alteración, por un lado, y como rutina por otro.

La mezcla de inactividad, estrés y —¿por qué no?— abundante información que aumenta el estrés, que se produce no solo por lo que nos ocurre sino por lo que "creemos que nos puede ocurrir" hace que la pandemia esté causando más estragos de los virus. Son los efectos colaterales.



El último de los factores señalados en la investigación de Catherine Loveday recogido por Hammond le resulta sorprendente:

 

The other big factor – more surprisingly at first sight – was gender. Women were more likely to say their memory had worsened. What could account for this? It seems women had higher scores because they experience more negative changes in their work situations, their relationships and higher rates of overall stress. This fits with other studies which have shown women being harder hit by lockdowns.*

 

Los datos surgen de la investigación, pero después hay que interpretarlos e intentar establecer conexiones no siempre fáciles. Pero el hecho está ahí. ¿Por qué cada vez que hay una crisis afecta en mayor medida a las mujeres? En el caso tratado, si el confinamiento afecta a la memoria, las mujeres estarían "más confinadas" que los hombres ya sea, como señala Hammond, por el trabajo y por la familia. De esta forma, el deterioro sería mayor por una mayor intensidad del encierro y una reducción de los estímulos. En estas circunstancias, cualquier novedad aporta, pero su duración es breve porque pronto se pierde el estímulo; se vuelve a la rutina que todo lo borra.

La pregunta podemos hacérnosla de otra forma y en un contexto español: ¿por qué ha aumentado la violencia de género en estos últimos meses hasta niveles no registrados anteriormente? Desconozco si el aumento —indiscutible— del grado de violencia se ha producido en otros países en igual forma o si es un fenómeno nacional, por llamarlo así.

No podemos pensar en la "memoria" como algo separado de nuestras vidas, algo específico. Somos nuestra memoria viva y si esta se encuentra afectada, es más que probable que esté afectando a nuestro comportamiento. Si es, por ejemplo, el estrés (que sabemos tiene un efecto negativo sobre la formación de recuerdo), una situación que nos provoca cierta distorsión del juicio, ¿cómo afecta a las personas? Nos hemos acostumbrado a ver estos fenómenos como "enfermedades", cuando hay que verlas también como "comportamientos" y como comportamientos con "consecuencias".

La memoria es más que el olvido o el recuerdo; es la fuente desde la que se toman decisiones y no es algo separado del cuerpo, como si fuera algo que se conecta y desconecta de nuestro cerebro, como si fuera un ordenador. Recordar o no es un síntoma de causas complejas derivadas, parece evidente, de ese gran cambio que es el confinamiento y la crisis provocada por la incertidumbre, la pérdida de recursos, la muerte de personas próximas, etc.

De todo ello, el estudio de la memoria, de la percepción del tiempo y del espacio, la fuerza de la acción, la rutina, etc. son piezas que debemos unir.

 

 

* Claudia Hammond "Covid-19: Has the pandemic harmed our memories?" 15/06/2021 https://www.bbc.com/future/article/20210614-covid-19-has-the-pandemic-harmed-our-memories