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viernes, 1 de agosto de 2025

El descenso global del cociente de inteligencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En 20minutos nos traen un problema cultural de primer orden, la constatación de la pérdida global de inteligencia en las últimas generaciones. Es sencillo: cuando se hacen mediciones del "cociente de inteligencia", observan que este va disminuyendo en cada generación.

En este tipo de estudios comparativos, es esencial saber qué se está comparando, en este caso un concepto muy debatido, como es el de "inteligencia". ¿Es "real" o. como decía un estudioso, "la inteligencia es lo que miden los test de inteligencia"?

En este caso, se nos dice que

 

Un estudio clave realizado en Noruega por el Centro de Investigación Económica Ragnar Frisch, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, encontró que los noruegos nacidos después de 1975 mostraban un CI promedio más bajo que generaciones anteriores. Esta investigación, basada en datos de casi 750.000 hombres evaluados entre 1962 y 1991, evidenció que el Efecto Flynn persistió hasta mediados de los años 70. 

Desde entonces comenzó una caída de aproximadamente siete puntos por generación. Este descenso no solo se ha observado en Noruega, sino también en Dinamarca, Reino Unido, Francia, Holanda y Finlandia, lo que indica una tendencia global. Lo interesante es que el estudio descartó que esta baja se deba a factores genéticos o a un aumento en el número de nacimientos entre personas con menor capacidad intelectual.

De hecho, incluso al considerar la inteligencia familiar, se observó una disminución, lo que lleva a concluir que los factores ambientales juegan un papel más relevante en esta transformación.*

Tiene cierta lógica que, en un mundo global, la inteligencia —para bien o para mal— esté también globalizada, es decir, que como se señala en los estudios y se recoge en el texto, no afecte a países aislados, sino que lo haga en campos más amplios.

Podemos decir que la inteligencia es un músculo, es decir, que se fortalece con su uso, que se desarrolla frente al tipo de problemas que debe resolver. Tenemos la inteligencia para compensar el déficit físico, ya que el ser humano no posee ni la fuerza ni la velocidad que le permitiría sobrevivir frente a otras especies. Pero tenemos la inteligencia que nos permite aprender individual y colectivamente, aumentar nuestra fuerza y nuestra velocidad. Es la inteligencia la que nos ayuda frente a las enfermedades (la comprensión del funcionamiento de nuestro cuerpo), enfrentarnos a los peligros naturales, etc. Pero algo está pasando que hace que nuestra inteligencia personal se esté reduciendo:

En Estados Unidos, un estudio publicado en la revista Intelligence reforzó estos hallazgos al demostrar que las capacidades cognitivas también han disminuido. Utilizando datos de más de 400.000 personas, se detectó un retroceso en áreas como el razonamiento lógico, el vocabulario, la resolución de problemas visuales, las analogías y las habilidades matemáticas. *

El listado de retrocesos nos dice mucho y nos orienta en determinadas direcciones. El músculo inteligente está dejando de ocuparse de muchas cosas. Al igual que el uso continuado del coche producía mayor fatiga a la hora de caminar y tenía efectos sobre el corazón, como posibles ataques, o que las agendas para apuntar disminuían nuestra capacidad de memorizar (ya pasó con la expansión de la escritura, una memoria exterior), puede que nuestra tecnología tan avanzada en el campo de la inteligencia nos esté produciendo ese retroceso que detectan los test.

16/06/2018

Curiosamente, un repaso a los medios muestra que hace casi una década que comenzaron a publicarse estudios sobre la pérdida del CI, lo que habla precisamente de la "mala memoria mediática" que elimina los precedentes por necesidad de "novedad", por decirlo así. Sin embargo, la verdadera noticia es su continuidad, la pérdida constante, como se señala en el artículo de 20minutos citado. Algunos advierten del fenómeno en su preocupante perspectiva histórica; otros, en cambio, necesitan de lo nuevo apara atraer atención.

12/05/2023

En la noticia señalada se nos cuenta que los expertos discrepan sobre el papel de la tecnología en el descenso del CI. Para unos se trata, más que de una pérdida, de un cambio, de una transformación en la forma de usar y percibir la inteligencia.

Todos habremos observado, por ejemplo, la pérdida de la capacidad de cálculo cuando se usa demasiado a menudo una calculadora. "¡Se nos ha olvidado multiplicar y dividir!", decimos en ocasiones ante nuestros errores y torpeza. Lo que antes hacíamos enfrentados a un cuaderno con un lápiz, hoy lo hacemos ante un teclado. No limitamos a introducir los datos y señalar la operación deseada. No hace falta mucho más. Por eso se producen los debates educativos sobre el uso de dispositivos que nos "ahorran pensar". Tienen, evidentemente, consecuencias.

11/04/2023

Lo que estamos ganando en precisión, velocidad y potencia gracias a la tecnología, lo estamos perdiendo individual y socialmente como humanos. Pero no se trata solo de eso: algo para lo que no hacen falta test es, por ejemplo, la pérdida de vocabulario. Nos hemos preocupado mucho (ya no) por la ortografía, pero esto es más profundo ya que afecta al propio pensamiento y a la comunicación con otros.

El uso de correctores automáticos primero y la nueva capacidad de las IAs para escribir, traducir, desarrollar, etc. irán reduciendo nuestras propias capacidades expresivas y también las lógicas.

21/07/2025
Lo cierto es que este nuevo mundo tecnológico, económico y global no se fija en la persona ni en su capacitación o formación, sino en el coste del objeto producido y en su consumo final. No importan las personas más que como consumidores de lo que se produce. La aplicación de estas nuevas tecnologías aspira a la "solución final", la desaparición de lo humano en la producción, lo que eleva el beneficio obtenido.

La pérdida de "aquello que miden los test de inteligencia", constatada por múltiples estudios, se percibe perfectamente, con claridad en el ámbito educativo, que también se ha alejado de la persona para percibirla como un "instrumento" al servicio de la producción. Muchos no desean "aprender" ("¿para qué?", "¿qué significa eso?"...) más allá de lo necesario para cumplir en su puesto de trabajo. Ir más allá es absurdo, dicen.

La monstruosa idea de que las personas puedan estar "sobre educadas" aparece de vez en cuando y nos reenvía hacia lo "práctico" que es cada vez más atender las necesidades de la máquina. La persona y su trabajo se han disociado en beneficio del segundo.

Lo que los estudios detectan se corrobora en la vida diaria. Es cierto que se ha producido un fuerte cambio, lo que no quiere decir que esto sea positivo en muchos aspectos. Pero quizá esto no preocupe ni a los que se benefician económica o políticamente, ya que las perdidas señaladas, especialmente las del sentido crítico, hacen más fácil la manipulación en todos los órdenes.

Esto que nos dicen ahora los estudios fue expresado por autores que van de Ortega y Gasset a Marshall McLuhan, por señalar la idea del "hombre masa" o del "hombre eléctrico", con sus diferencias, o más recientemente los avisos de Yuval Noah Harari, en sus 21 avisos para el siglo XXI (2019). Las limitaciones se van haciendo más concretas y cada generación acumula sus pérdidas y educa a la siguiente. No solo transmitimos el conocimiento; también la ignorancia.

No creo que seamos "cada vez más tontos", sino que se nos educa conforme a otros intereses y fines, que la tecnología no está al servicio de la persona sino de otros intereses a los que importamos poco. Sí, ha cambiado la idea de "persona inteligente" porque ha cambiado también el de "persona culta" y los medios nos alimentan con demasiado entretenimiento improductivo. Hemos borrado el "pasado", sustituyéndolo por la idea de "temporada pasada"; viajamos para conocer lo que se nos ha preparado para que conozcamos, etc.

Entro en la biblioteca de una prestigiosa universidad hispana que me ofrece una selección de buenos textos. Cuando descargo uno de ellos, encuentro que es una grabación, que alguien lee por mí, que solo debo sentarme y escuchar. No comprender la diferencia entre "escuchar" y "leer" es ignorar las consecuencias.

Podemos discutir sobre "qué es la inteligencia" o "qué miden los test", pero no podemos ignorar los efectos en la vida diaria y la necesidad de comprender cómo funcionan o a qué se deben. El problema es que el que tiene un CI más bajo que las generaciones anteriores siempre se considerará "normal" en un mundo "normal" haciendo lo que hacen "todos". ¿Dónde está el problema?

El mundo global que se nos ofrece hoy es, a la vez, rutinario y sorprendente, vulgar y entretenido. Todo se encuentra en nuestro teléfono que nos acompaña y vigila las 24 horas del día. Todo se ha vuelto más "inteligente"... menos nosotros.  

16/08/2023

* "¿Los seres humanos son cada vez más tontos? El descenso del coeficiente intelectual alarma a los científicos" 20minutos 31/07/2025 https://www.20minutos.es/ciencia/seres-humanos-son-vez-tontos-descenso-coeficiente-intelectual-alarma-cientificos_6233330_0.html 

lunes, 16 de diciembre de 2024

La trampa de la IA

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Leo en 20minutos un breve artículo en el que un profesor da consejos sobre cómo detectar si sus alumnos hacen sus trabajos con programas de Inteligencia Artificial*. Ha colgado un vídeo en el que explica con detalle cómo detectar las trampas: ha dejado texto invisible que el programa de IA lee, pero el alumno no. 

Es uno de los múltiples trucos que aparecen desde hace una temporada, desde que se puso al alcance de todos programas que permiten presentar trabajos como propios sin haber tenido que aprender nada, sin esforzarse lo más mínimo.

Me pregunto si los docentes de todo el mundo dedican algunos momentos para reflexionar sobre lo que todo esto supone, lo que afecta a su trabajo y a la forma de llevarlo a cabo. Supongo que sí, que habrá momentos en los que uno no sabe lo que hace en el aula ni qué se espera de él.

La docencia es una maravillosa tarea que es cada vez más estética, es decir, cada vez tiene menos sentido funcional. Uno pensaba que era una forma de ayuda, de estar ahí para permitir la mejora del alumno, despertar su interés por las muchas cosas que nos rodean, sacarlo de la inercia y desarrollar su sentido, etc. Uno se veía como un caballero combatiendo con su lanza en ristre al dragón de la ignorancia. Todo esto se ha acabado. Ahora te percibes como un molesto obstáculo entre una persona que te mira por encima del hombro porque nunca serás rico y un título de diferente nivel.

Es cada vez más raro encontrar a alguien motivado en aprender. El entorno te arrastra y el que tiene ganas de estudiar y lo confiesa sufre las burlas de sus compañeros que le consideran tonto por perder el tiempo cuando tiene a su disposición todo tipo de herramientas para dedicarse a otras cosas más entretenidas, pues no se trata de otra cosa en muchas ocasiones.

La motivación docente requiere cada vez más esfuerzo, energía. Desgraciadamente, la mayor parte de la inversión se produce allí donde puede ser rentable, es decir, hacia uno mismo, hacia la auto promoción. Si el alumnado no se preocupa por ellos mismos, ¿por qué ha de hacerlo el docente?, señalan algunos desde sus actividades que les sirven para ascender en el escalafón.

Si el alumno que estudia sufre el ridículo de sus compañeros, el docente que lo hace sufre en ocasiones el de sus propios compañeros. "No dediques tanto tiempo a los alumnos y dedica más tiempo a lo que te hace ascender", le dicen.


El mundo que nos rodea nos tienta a unos y otros de diferente forma. El principio de rentabilidad y mínimo esfuerzo se ha extendido. ¿Para qué aprender en un mundo que recorres conectado a Google, con las respuestas actualizadas en la pantalla de tu teléfono? ¿Para qué enseñar a gente que piensa que no lo necesita?

Aprender solo tiene sentido, piensan algunos, si te vas a presentar a algún concurso televisivo. Lo demás es perder el tiempo, perder la juventud, perder... lo bueno que la vida te ofrece a un cómodo click de distancia, viajar a países de los que desconoces casi todo solo porque hay una buena oferta, etc.

Cuando viajo cada día en el tren me reconforta ver a algunos chicos y chicas (más chicas) con sus apuntes sobre las piernas memorizando sus asignaturas. Lo que antes se consideraba un mal método de estudio, la memorización, se convierte ahora en lo menos malo, pues al menos no interviene la Inteligencia Artificial que todo lo sabe y trabaja por ellos mientras que le dedican su tiempo a cosas transcendentales.

Si creyera en conspiraciones universales pensaría que existe una empeñada en volvernos a todos tontos. Que estemos empeñados en saber menos cuando poseemos las herramientas para ser mejores y saber más, parece indicarlo. Los tentadores nos dicen cada día que no nos molestemos en saber, que dediquemos nuestro tiempo a consumir, a consumirnos a nosotros mismos.

"¡Allá ellos!", dicen algunos, "ya se enterarán del tiempo perdido". No sé si eso es un consuelo o una falta de responsabilidad. Creíamos que la enseñanza era una actividad maravillosa, gratificante, buscadora de la mejora personal y social. Ahora te ven como una especie de incordio que les habla de cosas que no les interesan nada y que olvidarán según salgan del aula.

Vivimos en un mundo rápido, un mundo en el que no se valoran las consecuencias, sino las llamadas "oportunidades". Todo vale hasta que se prohíbe o se nos muestra el desastre. Vieron una buena "oportunidad" en la IA en la educación; da igual qué consecuencias tenga. También muchos sectores —especialmente en la educación a distancia— han visto la posibilidad de ampliar el negocio con la IA, así hace falta menos personal educativo.

Hace mucho que pienso que tan solo un buen alumno o alumna justifican las horas, los días, los años, que la frase "profesor, no entiendo bien esto" nos suena ya extraña y nos conmueve por inesperada. 


* "La trampa de un profesor para saber si sus alumnos usan IA en los trabajos de clase: "Es imprescindible mencionar a Rick Astley"" 20minutos 14/12/2024 https://www.20minutos.es/gonzoo/noticia/5663977/0/trampa-profesor-saber-alumnos-usan-ia-trabajos-clase-rick-astley/

martes, 18 de junio de 2024

La industria de la ilusión de la vida eterna

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ocurrió hace apenas un par de meses y le doy vueltas de vez en cuando. Me dirigía a hacer la compra cuando al cruzarme en la calle con una mujer que hablaba por teléfono escuché: "—Sí... Estoy en la calle con los niños". Los "niños" eran un par de perros cuya correa sostenía con la otra mano mientras hablaba.

¿En qué sentido hablaba de "niños"? No me pareció percibir algún juego de palabras, algún doble sentido, sino una normalidad cotidiana, una forma habitual de referirse a ellos. Esto, en una país cuyo índice de natalidad está por los suelos, me pareció significativo, de un proceso de sustitución del llenado de un hueco emocional que los animales, todo tipo de mascotas, cubren.

Cuando me trasladé a mi residencia actual hace treinta años, estaba llena de niños y de mujeres embarazadas. Hoy, camino de la estación, veo más gente sacando a los perros que llevando a los niños al colegio, ¿El signo de los tiempos?

Hoy leo en RTVE.es el titular " El negocio de la clonación de mascotas en España: una clínica en Marbella clona a tu perro por 55.000 euros". Allí se nos explica: 

La clonación de animales se trata de una práctica habitual en el caso de los caballos, cuyos fines suelen ser económicos. Sin embargo, una clínica de Marbella ha abierto el abanico y ofrece ya la clonación de animales de compañía como gatos y perros por unos 55.000 euros. Sin embargo, pese a que el método sea legal en España, los expertos plantean serias dudas desde un punto de vista ético y moral.* 

Y un poco más abajo en el texto, en el epígrafe titulado "un negocio en auge", se señala: 

La clonación de animales de compañía se ha convertido en un negocio en auge en países como Estados Unidos, China o Corea del Sur, a los que ahora se suma España. En 1996, un grupo de científicos del Instituto Roslin de Escocia consiguió clonar un mamífero a partir de una célula adulta por primera vez en la historia. Nacía así la oveja Dolly, que se convirtió en un hito científico y abrió la puerta a un mundo nuevo, el de la ingeniería genética.

Desde entonces, la clonación de animales se ha popularizado y es una práctica habitual en el mundo de los camellos o los caballos, que puede llegar a costar unos 75.000 euros. El embriólogo, fundador y director ejecutivo de los centros de reproducción asistida Grupo OVO, Enrique Criado, ha comentado a EFE que lo que motiva a la clonación de mascotas es la conexión emocional. *


 

Hace unos días hablábamos aquí de la "clonación" mediante Inteligencia Artificial de los familiares fallecidos, de cómo nos abrían la posibilidad de seguir escuchando su voz clonada, de ver su imagen clonada, de dialogar con pantallas en las que podemos verlos, casi tocarlos.

Los vacíos se llenan con construcciones artificiales, de diseño. Su función es llenar huecos, pero —sobre todo— mantenernos dentro de una ficción en la que nada se pierde, todo se puede conservar. No tenemos hijos, pero podemos llenar el hueco con mascotas y cuando estas desaparecen podemos clonarlas.

Esa "conexión emocional", de la que se nos habla respecto a las mascotas, se mantiene como una adicción, como algo de lo que no podemos prescindir y, lo peor, que se puede mantener como negocio. Esto implica que se nos enseñará a depender, a intentar retener lo que, como vida, se escapa de nosotros. La vieja idea de la resignación, de entender que todo tiene un final, es sustituida por la comercial idea de que puedes retener cualquier cosa... si la pagas. Se crea todo un negocio alrededor de las mascotas —de restaurantes que te permiten entrar con ellas (no con molestos niños) hasta la clonación—, como se crea alrededor de la muerte de familiares intentando vencer ilusoriamente a la muerte o la separación. Podemos "comprarlos" para seguir a nuestro lado en un mundo en el que la soledad es cada vez mayor.  Cada debilidad, cada necesidad... provoca un hueco de mercado.

Hay medios que tienen ya una sección fija sobre mascotas. En ellas se nos ofrecen consejos de todo tipo llenado nuestra necesidad de información y, especialmente, haciéndonos sentir esa conexión emocional de sentirnos cerca de nuestros "niños", ya sean perros, gatos o loros. Hacia cualquiera de ellos se nos dirige con intensidad emocional para desvivirnos, para sentirnos próximos a ellos, que son únicos.

Este proceso se dirige finalmente —todo un mercado por delante— hacia la clonación, la constatación de que no podemos vivir sin ellos, la errónea idea de que podemos "retenerlos", tenerlos para siempre junto a nosotros.

Evidentemente esto no es cuestión de los perros o gatos, sino de nosotros. Es a nosotros a los que se nos envuelve con esa sensación emocional que nos deja vacíos tras la pérdida de la mascota que ha llenado nuestros propios huecos y carencias.

Da igual que se nos explique por parte de los expertos que el animal clonado no es "nuestro" animal anterior, que se le puede parecer, pero que no todo está en los genes, que la epigenética cuanta, que vivirán otra vida, con experiencia distintas. Todo está en nuestra cabeza, en cómo se nos dice que debemos interpretar el mundo.

Me da la impresión de que estamos educándonos mal, que esta sociedad del consumo ilimitado, sin fronteras, donde puedes obtener cualquier fantasía si eres capaz de pagarla, no nos enseña a ir hacia la muerte, como diría la poeta Ana Blandiana, nuestra reciente premio Princesa de Asturias, de la que me acuerdo ahora: 

Sé hacer muy pocas cosas:

Ni melocotones como los melocotoneros,

Ni uvas como la vid,

Ni siquiera nueces

Como los nogales de amarga sombra

Con su tenue susurro de hojas;

Pero una cosa sé hacer

Con singular destreza:

Sé morir. 

("Un paso más", en El ojo del grillo (2024), Col. Visor de Poesía, p. 109. Trad. Viorica Patea y Natalia Carbajosa)

¿Estamos aprendiendo a morir? Esta idea de que todo se puede "retener", "fabricar", "producir"... ¿es sana? La industria de la ilusión de la vida eterna, aplicada a seres queridos de cualquier naturaleza y pelaje, del padre, madre, marido, esposa, hijos, mascotas, etc., avanza con toda su enseñanza.

El artículo se cierra con las palabras de un experto:

Para Macip, que es licenciado en Medicina y doctor en Genética Molecular y Fisiología Humana, clonar a una mascota supone "gastar el dinero en algo que no tiene ninguna utilidad real", pero admite que, si es legal, "cada uno con su dinero puede hacer lo que quiera". *

Eso se llama "mercado". Ya solo se trata de convencerte de "lo que quieres". La industria de la ilusión de la vida eterna antes se llamaba "religión". Ahora la puedes encontrar en las páginas amarillas o en cualquier buscador. 

 

* "El negocio de la clonación de mascotas en España: una clínica en Marbella clona a tu perro por 55.000 euros" RTVE.es / Agencias 17/06/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240617/negocio-clonacion-mascotas-marbella-espana/16151080.shtml

martes, 24 de enero de 2023

La violencia no es "cosa de chavales"

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El modelo de sociedad que hemos creado y en el que vivimos genera un cierto sentido de impunidad. Lo favorecen muchas cosas, pero es especialmente significativa la generación de inconsciencia, el sentido de impunidad y el arrastre del anonimato producido por el sentido grupal. Hemos producido un movimiento polarizado que lleva a una extrema individualidad, que produce una serie de fenómenos, y, a la vez, un fuerte sentido grupal que nos arrastra y en el que nos replegamos para disolvernos en el anonimato. Esto nos lleva a un extremo narcisista y de obsesión con la imagen individual (que genera enormes crisis de identidad, de sentirse poco atractivo), por un lado, y por otro a fenómenos grupales que van de las violaciones en grupo a los mensajes de acoso amparándose en el anonimato o  al bullying directo en escuelas y barrios.

Todo esto viene a cuento por un ejemplo más que nos trae el diario ABC, firmado por Miriam Villanueva desde Bilbao, que lleva por título "El joven al que todos pegan y nadie hace nada para evitarlo", ya de por sí elocuente, claro del problema. La historia que nos trae es la siguiente:

«Por favor, hablad con vuestros hijos». Es el llamamiento desesperado de una madre de la localidad vizcaína de Amorebieta. El mensaje lo ha publicado a través de las redes sociales, y también ha acudido en persona a los colegios de la zona para hablar con sus directores. Es la única manera que ha encontrado para conseguir que los jóvenes del municipio, de poco más de 19.000 habitantes, dejen de hostigar a su hijo. Su mensaje de auxilio ha provocado una reacción multitudinaria entre los vecinos, que este fin de semana no han dudado en mostrarle su solidaridad.

Haitz tiene 18 años y sufre una discapacidad intelectual. Desde hace cuatro años las cuadrillas del municipio parecen haber encontrado en burlarse de él una forma de entretenimiento. ABC se ha puesto en contacto con el entorno de la familia, que ha preferido no hacer declaraciones porque aseguran sentirse abrumados por la repercusión que ha tenido el caso, aunque la madre ha plasmado lo ocurrido en redes sociales.

Lo ha hecho precisamente después de vivir un episodio de «acoso» e «insultos» que le hizo temer por la integridad de su hijo. Según relata en un grupo de Facebook que reúne a vecinos del municipio, se encontraba «tomando algo» en un bar del pueblo cuando su hijo decidió ir «a por un kebab». «Cuando ha vuelto he visto que había una cuadrilla de por lo menos 20 chavales siguiéndole y acosándole», asegura.*


Haiz es la diversión gratuita del pueblo. La historia de Haitz no es única. Refleja los dos elementos señalados, la necesidad de sentirse superior mediante la dominación de otros a los que se percibe más débiles y demuestra, en la otra línea señalada, que la violencia sobre otros sale gratis porque aprenden rápidamente cuáles son los elementos protectores, en especial, como se señala en el artículo, la minoría de edad, convertida rápidamente en inmunidad ante cualquier agresión o violencia de cualquier tipo. El menor es irresponsable y se da cuenta pronto para ponerlo en práctica.

Nos extraña el crecimiento de la violencia de género, de las violaciones en grupo, contra los inmigrantes, racismo, etc. pero es lo que aprendemos en esa educación paralela que se produce en el interior de los grupos que pronto se organizan. No hay mucha opción: perteneces a uno de ellos o acabará siendo víctima solitaria de acoso; se reirán de ti, te zarandearán porque nadie intervendrá para frenar la diversión. Las instituciones educativas señalan a los padres y las familias lo hacen a los centros educativos.

En el mismo artículo se nos cuenta cómo las denuncias desesperadas de la madre, su llamamiento a la dirección y profesorado de las escuelas han tenido una respuesta por parte de estos, al igual que la reacción solidaria de la población. Palabras.

En el texto se nos explica:

Muchas de las familias que se acercaron hasta la céntrica plaza de Amorebieta lo hicieron alarmados tras enterarse de la situación en los centros escolares donde estudian sus hijos. «Esto se ha convertido en un juego para los chavales, pero para la familia es una situación dolorosa e insoportable que se está alargando en el tiempo», puede leerse en la carta que ha enviado la ikastola Andramari, uno de los centros educativos a los que acudió la mujer en busca de ayuda, a todas las familias.

En ella explican que ya están «trabajando» con los alumnos para «impulsar la convivencia» y piden también un esfuerzo a los padres. «Entre todos podemos evitar que situaciones como esa se repitan», añaden. Entre los asistentes a la concentración también estaba Aitor San Millán, uno de los directores del centro. En declaraciones a la radio pública vasca, se mostró especialmente preocupado por cómo la violencia se está normalizando en las relaciones entre los jóvenes.* 


Hay varias cosas en esos dos párrafos. La primera es la expresión "un juego para los chavales", que nos dice mucho más de lo que nos quiere mostrar. Los dos términos, "juego" y "chavales" son formas atenuadas del problema real: se reduce a algo que se realiza por personas que no son conscientes de lo que hacen. Esto es un tremendo error y pagamos las consecuencias.

En diversas ocasiones hemos señalado el profundo error de pensar que "niños", "jóvenes", "chavales", representan a seres distintos que, una vez llegados a un punto, se "transforman" como por arte de magia en ciudadanos ejemplares, justos, magnánimos, solidarios, etc. Pero nada más lejos de la realidad. Somos los mismos y lo que hemos aprendido a hacer —porque nos ha causado "placer", sentirnos superiores, etc.— se trasladará a otras situaciones. Somos los mismos en procesos de cambio. Para unas cosas la infancia es importante y marca; para otras, en cambio, son "juegos de chavales", algo intranscendente y que si causa dolor a otros es solo porque todavía no entienden lo que hacen.

El otro aspecto es la "normalización" de la violencia. ¿Es también un juego de chavales? Ha habido demasiadas décadas de justificación de violencia de "chavales" como para que no tenga efecto. La violencia se justifica en muchas ocasiones; todos los días tenemos ejemplos. Pero lo que te lleva a usar la violencia que se justifica no siempre necesita justificación; el violento lo es. Todos los juegos políticos, sociales, etc. que queramos hacer no pueden esconder esa evidencia. La violencia es una opción. El que la elige, puede hacerlo más veces; encontrará natural resolver violentamente lo que se le presente en su vida. Los que hablan de "juego de chavales" están atenuando la violencia y lo que representa en este caso, pero también aplicables a otros. No hay justificación, no hay juego, no hay chavales. Hay violencia, abuso, sadismo.

El acoso a Haiz es un deporte del municipio. Se ha convertido en una práctica ritual acosar al joven. El aumento de los casos de suicidio entre menores por acoso ha aumentado en sus dos cifras, las de intentos y la de realizados. De igual forma aumentan los casos de problemas mentales, con pensamientos negativos, angustia, ansiedad. Tenemos el récord en consumo de ansiolíticos. Todo forma parte del mismo sistema, nuestra sociedad. No son aspectos desconectados, sino que todo acaba en el mismo espacio. 

El que se acostumbra a maltratar, acosar, insultar, etc. impunemente recibe una educación negativa, realiza un aprendizaje perverso de lo que hará consciente o impulsivamente en el futuro. Puede que hasta se sorprenda por su propia respuesta, que saldrá de él como un automatismo. Lo que hacemos una vez lo podemos hacer dos. Las probabilidades aumentan.


Las manifestaciones de pesar de la sociedad forman parte de su intento de conservar la autoestima y de decirse que esas cosas no deben ocurrir, pero ocurren. Y ocurren con lo que permitimos y los que aprenden de nosotros. Hemos convertido el espacio de la infancia y adolescencia en un espacio crítico, en el que el acoso se normaliza porque no hay deseo, por parte de unos, ni capacidad por parte de otros para oponerse. Nos hemos convertido en unos de esos institutos que veíamos desde hace veinte o treinta años ("Hemos sobrevivido al instituto!" exclamaban aliviados los protagonistas de Buffy al término de su tercera temporada, la que cerraba su etapa en secundaria, un instituto situado simbólicamente en la "boca del infierno").

Lo malo de estos casos es que cuando se producen ya no hay remedio, el mal está hecho. Son el resultado de un proceso de esos mecanismos de "superioridad" (identificado como violencia contra otros) y de grupo, las "manadas", nuestras modernas Fuenteovejuna negativas. Las familia, como señalamos, miran a las escuelas y las escuelas a las familias. Nadie se siente responsable. Todos lo somos.

La escuela, nos dicen, está para enseñar; los valores ya se enseñan en casa, es cosa de cada uno. Este es el resultado, la incapacidad de construir algo sólido y compartido en una sociedad en la que cada vez vemos más violencia e incapacidad de diálogo porque ha hecho del conflicto su centro y motor. Hay aspectos solidarios, sí, pero esos no tapan lo que los que no lo son aprenden y realizan. Demasiados ejemplos negativos a nuestro alrededor; demasiada complacencia.

Los que hoy acosan a Haiz mañana lo harán con otros. Ejercerán su violencia sobre inmigrantes o sobre cualquier persona sobre la que se sientan capaces de organizar eso que les causa placer, una forma de violencia gratificante para su ego frustrado por tantas cosas. Ejercerán la violencia doméstica, la machista fuera de casa. Los inferiores serán inmigrantes, refugiados, mujeres... Ellos son superiores y los demás están para que ellos se diviertan. Son "juegos de chavales"; ya crecerán.

El hecho de que España encabece la lista de acoso escolar en Europa es algo más que un dato; es un destino. Es la garantía de una deformación futura, de una distorsión social, en el que la violencia se habrá normalizado porque formará parte de nuestra experiencia básica. Lo que suponga en la maleta mental de cada uno se verá con el tiempo en víctimas y acosadores.

El título del artículo —"El joven al que todos pegan y nadie hace nada para evitarlo"— es triste y en muchos sentidos verdadero. Deja en evidencia que Haiz es una víctima doble, de quienes le pegan y de los que lo contemplan pensando que es cosa de chavales, que se pasará con la edad. Hay tragedias que empiezan así. Nos hablan del repunte del acoso escolar tras la pandemia; también lo estamos viendo en la violencia machista. Es la siembra de años.

Si tenemos que explicar a alguien que está mal acosar, perseguir y golpear a un joven discapacitado hay algo que falla en el resto del programa. 

* Miriam Villamediana "El joven al que todos pegan y nadie hace nada para evitarlo" ABC 24/1/2023 https://www.abc.es/sociedad/nino-pegan-evitarlo-20230124202306-nt.html

domingo, 30 de junio de 2019

Chucky aprende o la cadena de montaje educativa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La nueva y divertida versión de "Muñeco diabólico" (Child's Play, Lars Klevberg 2019) estrenada el viernes en nuestros nos muestra a un autómata asesino (como en todas las versiones) con las novedades esta vez que Chucky ha salido de una explotadora cadena de montaje en Vietnam, está conectado a la "nube", tiene acceso a todos los dispositivos de la casa y aprende de los que le rodean. Es un Chucky 5G. Ya no hace falta recurrir a los espíritus. El muñeco es tan diabólico como el sistema que le ha creado da de sí. Un Chucky interconectado es más terrible que un Chucky poseído.

La celebrada película "Nosotros" (Us, Jordan Peele 2019) también ironizaba sobre las casas automatizadas y sus fallos en los momentos decisivos. No servían de mucho los asistentes automatizados. Una bonita voz no garantiza un buen servicio.
El excesivo protagonismo de las máquinas, desplazando el contacto, las interacciones humanas, está empezando a provocar una reacción en muchos sectores. Los procesos de automatización son cada vez más intensos y desplazan a las personas. En ese mismo cine, nos ofrecen en la entrada una aplicación especial para no tener que pasar por taquilla. Ya se pueden sacar las entradas por internet, claro, pero esta es otra vuelta de tuerca. Pero yo quiero poder charlar con mis amigas taquilleras y comentarles qué tal estaba la última película. No podré hacer eso y no instalaré en mi teléfono la app que me ofrecen. Tampoco la del lugar donde como un par de veces por semana. Por si quiero pedirlo a través del teléfono, me dicen. Vivo enfrente. Prefiero, de nuevo, charlar con las personas. Mi vida se construye con palabras, dialogando.
No es el "futuro"; son dos sistemas en competencia por hacerse con parte del negocio. Lo malo es que ese negocio es a costa de las reducciones del material más caro y débil, las personas. Nos advierten que los lugares de trabajo se desmaterializan, que se puede teletrabajar (ya no tienes que salir de casa para realizar tu trabajo). Ellos se ahorran el espacio, tú el transporte. El cine también dio una descripción irónica en La asesina de la oficina (Office Killer, Cindy Sherman 1998).
El diario El País nos trae una nueva noticia de rebelión contra las máquinas con el siguiente titular "Rebelión contra Zuckerberg en colegios de EE UU". La cuestión no es nueva y se puede rastrear en la prensa norteamericana desde noviembre del año pasado en que comenzaron a protestar las familias. Nos cuentan:

La protesta empezó en Cheshire, (Connecticut, Estados Unidos) uno de esos condados residenciales que atraen a las familias por la calidad de sus escuelas públicas. La oferta era golosa. Un nuevo modelo para las clases, la última tendencia en educación. Serían pioneros. Habría ordenadores gratis para todos. Lecciones a la medida de cada alumno, enseñanza personalizada para maximizar cada potencial. Silicon Valley llegaba a las escuelas de este tranquilo distrito de la costa Este. Pero no tardaría en irse por donde había venido.
“Era un programa piloto llamado Summit Learning. Cuando empezamos a ver cómo funcionaba, nos rebelamos. Comenzó en grupos de padres y pronto se convirtió en un movimiento en toda la ciudad. Apenas había interacción entre profesores y alumnos. Los padres se empezaron a preocupar por qué pasaba con la información de los niños que se metía en el sistema”, recuerda Mary Burnham, educadora, que fue una de las líderes de la movilización. “Recogimos firmas, pero al principio los colegios no nos escuchaban. Entonces un padre vio que los niños habían tenido acceso a contenido inapropiado, explícitamente sexual. En un día, se sumaron 500 firmas. El distrito escolar ya no podía ignorarlo más. Al volver de Navidad, ya habían quitado el programa”, prosigue.*


La queja va en tres direcciones: 1) la falta de interacción; 2) qué se hace con la información generada; y 3) el acceso a contenidos sexuales. En una sociedad puritana como la norteamericana, el paso definitivo ha sido el tercero, pero no nos dejemos engañar. Es el más fácil de solucionar y el de efecto más relativo ya que todos esos jóvenes disponen también de acceso a todo tipo de materiales desde sus propios dispositivos, ordenadores o teléfonos inteligentes. Pero el sexo siempre se vende bien, especialmente como excusa. Si los dos primeros argumentos falla, el tercero no.
Son mucho más preocupantes, desde el punto de vista educativo, los dos primeros puntos. La falta de interacción y la producción de información y su acceso a ella.
En cuanto al primero de ellos, la interacción, las instituciones educativas y las políticas han derivado hacia un modelo educativo básico enfocado hacia el trabajo (un bien escaso) prescindiendo de las personas. Somos piezas en el sistema productivo y la dimensión humana se ha reducido al par consumo / producción. Desde el punto de vista político, lo que importan son los cálculos para la sostenibilidad del sistema, ya sea por el problema inicial de la formación, el segundo de la ocupación y el tercero de la jubilación. El sistema ha visto en los sistemas automatizados un gran negocio para la formación (infancia, juventud y reciclado), en el segundo a través del teletrabajo o de la sustitución de la mano de obra por automatismo; y en el tercero ve una gran oportunidad de negocio en la asistencia y monitorizaciones a distancia.


La rebelión en los colegios que El País nos cuenta sobre la percepción de los padres respecto a los dos problemas, conocimiento y privacidad:

Los padres descontentos se quejan tanto de la calidad del currículo que ofrece como de la cantidad de tiempo que los niños deben pasar ante las pantallas, y no escuchando al profesor. “Cuando mi hijo venía a casa, yo miraba su ordenador y me daba cuenta de que había estado horas en YouTube, Facebook o Vine. Se pasaba el día ante la pantalla. Se reunía con su tutor solo una vez a la semana. Al principio los alumnos estaban muy emocionados, pero al final del curso mi hijo, que era de los mejores en matemáticas, estaba llorando porque no sabía hacer los ejercicios”, asegura Bethany Berry, una madre de un alumno del condado de Lincoln, en Kentucky, que introdujo este curso Summit en las escuelas y se enfrenta a una contestación creciente de los padres.
También hay preocupación por la gestión de la privacidad de la información que proporcionan los alumnos, teniendo en cuenta que el principal financiador de la plataforma ha creado un imperio a base de recoger y capitalizar económicamente datos de sus usuarios. Desde Summit aseguran que la privacidad es una de sus “más altas prioridades”. “Estamos profundamente comprometidos con la privacidad”, explica Catherine Madden, portavoz de Summit Learning. “Los datos de los alumnos no se venden y se usan solo para propósitos educativos. Cero excepciones”.*

La estrategia, como en otros campos, es ir adentrándose en el sector. El resto es cuestión de tiempo. La percepción de las familias de que sus hijos acceden a informaciones, pero eso no significan que aprendan, concepto que necesitaría una reformulación profunda dadas las campañas y distorsiones que se producen. Lo contando sobre el "tutor semanal" como sustituto de los profesores es un elemento clave en la construcción del sistema. No es que desaparezcan los maestros o profesores, sino que cambia totalmente su formación y función. El perfil requerido es otro.


Este perfil ya se modela en todos los ámbitos mediante los sistemas de puntuación, que premian a los que van en el sentido correcto (desde el diseño previo) y penalizan a aquel que tiende a formar su propio estilo o un currículum propio. El profesor, como el alumno, no son más que dos productos complementarios.

Por otro lado, la enseñanza online abre la entrada en el negocio de la enseñanza a muchos agentes. Todos los que pueden hacerlo se introducen en este mundo en el que se les dice que pueden vender su "know how" a través de plataformas online y profesionales que prestan su imagen e información. Se trata de virtualizar para comercializar. No hay límites.
La respuesta de los colegios norteamericanos a lo realizado por Zuckerberg y su fundación es importante. Es necesario repensar lo que estamos haciendo con la educación y no solo con sus costes, como parece que se hace.
Hay que establecer un ideal humanizado y humanizador de educación. Lo que se lleva haciendo desde hace décadas es la reducción curricular, la fragmentación de los saberes para transformarlo en "unidades", paquetes de información que puedan circular y ser aprovechadas.

Hace mucho que se perdió la idea inicial de aprovechar una nueva tecnología para mejorar el sistema y se decidió sustituirlo. Las universidades han desarrollado programas, herramientas y sistemas sin tener en cuenta los efectos reales sobre la formación. Se les dijo que se podía vender el conocimiento de esta forma. Resolvían así parte del problema económico de la financiación de la educación en unas sociedades cada vez más marcadas por la competencia y con menos lugar para la cultura, sustituida por el "entretenimiento". Hasta el mismo entretenimiento ha sido modificado para poder ser adaptado a los nuevos sistemas.
Lo que suponía que debía ayudarnos nos ha convertido en apéndices del sistema. El profesor ha pasado a ser supervisor de la cadena de montaje educativa.  Las sociedades que infravaloran o desprecia la educación pagan sus consecuencias, si no las estamos pagando ya sin darnos cuenta. Cada vez que hablamos de un problema social o cultural grave, apuntamos a la educación como solución. Sin embargo, la deterioramos al considerarla como un negocio más. No lo es. 


* "Rebelión contra Zuckerberg en colegios de EE UU" El País 29/06/2019 https://elpais.com/sociedad/2019/06/29/actualidad/1561832269_832729.html

jueves, 11 de julio de 2013

Una clase de Deleuze

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Comencé ayer a leer el recién publicado curso que Gilles Deleuze ofreció sobre Michel Foucault en la Universidad de Vincennes entre el 22 de octubre y el 17 de diciembre de 1985, un año después de la muerte del filósofo y compañero de ideas y disturbios. El primer volumen, que recoge las ocho primeras clases, nos trae la transcripción de lo que allí les dijo a sus alumnos presentes y que ahora podemos conocer los demás a través de la edición realizada por la editorial Cactus de Buenos Aires.
En la primera de las sesiones —la titulada de forma meramente indicativa "Ver y hablar. Arqueología, archivo y saber"— podemos comprobar la forma que en Deleuze organizaba la enseñanza, su técnica de trabajo con los alumnos:

Bueno, vamos a comenzar. ¿Qué hora es? Voy a comenzar siempre a las 10, 10 menos cuarto. No obstante, yo estaré a las 9. Y quisiera que aquellos que puedan también estén, o al menos aquellos que tengan que verme. Porque hay muchos que llegan entre las 9 y media y las 10, lo cual me molesta. De esta manera,, hábilmente doy un giro, ¿comprenden? Quiero decir que de 9 a 10 menos cuarto será el momento en que más trabajarán. Es decir, el momento en que, para aquellos que tengan preguntas para hacer sobre lo que hayamos hecho la vez anterior, se podrán hacer desarrollos, volver sobre tal punto, etcétera. Después, a las 10 menos cuarto, a las 10, avanzaré. ¿Comprenden? Repito, que quede bien claro: yo estaré aquí a las 9. Ustedes podrán ser 5, o 10, o 15... Con ellos volveremos sobre la sesión anterior. Se desarrollará lo que haya que desarrollar, o bien me plantearán preguntas o dirán algo, dirán que tal cosa no funciona, que hay que volver sobre tal punto, los que tengan que hacerlo. Después, a partir de las 10 menos cuarto, se hará la nueva sesión por aproximadamente una hora. Progresaremos, y cada semana volveremos hacia atrás por un momento. ¡Ay, parecen abatidos...! (14)*


La reacción final de los alumnos presentes es muy significativa. Ese constante regreso a lo expuesto les parecería una pérdida de tiempo, un engorro aburrido, un no salir del agujero circular. ¿Empezar la clase dándole vueltas a lo del día anterior; volver atrás cada semana? ¿Pero a qué hora comienza la clase "de verdad"?
Uno de los grandes problemas de la enseñanza es la diferente percepción que tiene el que enseña y el que aprende. De la misma forma que se dice que no se suele entender a los padres hasta que uno tiene hijos, ocurre algo similar en la enseñanza: nadie se enfrenta de verdad a lo que significa aprender hasta que tiene delante un grupo de alumnos, hasta que se ve en la tesitura de tener que enseñar. Y entonces se plantea la diferencia entre el populismo educativo y lo que de verdad significa aprender: luchar contra uno mismo, contra la propia ignorancia. Enseñar es, además, luchar con la ajena, combatirla, tomar al asalto las mentes de otros, atrincheradas, para poder plantar la bandera de una idea, de una duda en su cima. Lo que docente se plantea con sus estrategias es cómo tomar al asalto esa fortaleza bien defendida. No es fácil, pero ninguna lucha merece más la pena.
Deleuze les plantea un método que va contra los principios básicos del alumno resistente: cree que entiende inmediatamente. Y lo hace porque padece —como todos— un autoengaño: la ilusión de la comprensión. Aunque hay diferencias en cuanto a este proceso en función de las materias, en el campo de las culturales o sociales, la ilusión implica una falta de profundidad de las cuestiones que se refuerza por la maldita manía de la simplificación. La misma organización de los saberes escolares la crea y fomenta. Creamos personas convencidas de que saben.


Deleuze, por el contrario, trata de instalarlos convenientemente en otra senda de trabajo: la desconfianza de la simplicidad, la sospecha permanente sobre nuestra compresión inmediata, que se traduce en la vuelta constante a lo dado por "sabido". "Dar por sabido" es cerrar, desconectarse de las posibilidades de algo. Por eso producimos un conocimiento de tan baja calidad, por muy buenas que sean las notas. Lo que falla es la forma de "comprender" o "asimilar". Nos quedamos con lo sencillo, con lo plano, la educación en titulares.
Después de informales sobre su forma de impartir las clases y lo que espera de ellos, Deleuze les advierte:

Les lanzo un llamamiento: confíen en el autor que estudian. ¿Pero qué significa confiar en el autor? Quiere decir lo mismo que tantear, que proceder por una especie de tanteo. Antes de comprender bien los problemas que alguien plantea, hace falta... no sé... hace falta rumiar mucho. (14)

"Rumiar" es un buen verbo para representar lo que significa un verdadero aprendizaje. Es dar muchas vueltas a las cosas, exponerlas, criticarlas y seguir dándole vueltas. Nada que se explique en nuestros textos de "autoayuda educativa" o de "management del conocimiento". Los alumnos, en el fondo, son vistos como ratones de  laboratorio en los que se verifican experimentos anteriores de la tecnocracia educativa buscando el ideal del conocimiento instantáneo, como las sopas. Se les echan los polvitos del sobre, se pone el agua caliente, se remueve un poco y, ¡voila!, un joven bien preparado listo para un mercado laboral inapetente. Aunque los rumiantes nunca han tenido buena prensa metafórica en la enseñanza, el rumiado es necesario, esencial, para la comprensión. 


La carencia de la voluntad de "rumiar" por parte del sistema educativo y sus diseñadores es notoria, en la busca de la "eficiencia" educativa y el aprovechamiento del tiempo fabril escolar. La acumulación de materias es tal que ninguna se construye más allá de la consistencia intelectual de la casa del primer cerdito. El soplo de la duda las derriba sin remedio; en ocasiones no se llega ni a la duda porque el olvido las hace desaparecer antes. ¿La solución?: no dude. Como la duda puede surgir de un ambiente en el que las cosas se cuestionan, el logro más eficaz es —al contrario de lo que Gilles Deleuze les planteaba— un entorno sólidamente convencido de sus propios logros. Es la soberbia del conocimiento plano, la arrogancia del que cree que lo que dice es cierto sencillamente porque nadie le lleva la contraria. Como en esas ruedas de prensa comprometidas, se prohíben las preguntas; con el comunicado escueto es suficiente. Ya tienen todo lo que necesitaban saber.

Y las preguntas son la base del saber y, sobre todo, de su actitud. Como saben los modestos poseedores de algún conocimiento, lo tienen porque fueron más allá de lo que les propusieron que repitieran, lo tienen porque dudaron y se plantearon preguntas. Deleuze les pide que no se queden con lo primero que piensen, que construyan, que solo creerán saber, un malentendido resultado de la falta de profundidad en la comprensión de los conceptos y relaciones. 
La reacción de los alumnos de Deleuze —¡Ay, parecen abatidos...!— hoy se traduciría en una denuncia ante alguna inspección por incumplimiento de programa, la solicitud de devolución del importe de la matrícula del curso o el vacío entre las nueve y las diez menos cuarto, con la llegada masiva de los alumnos que no tienen dudas, que solo desean que les cuenten cosas nuevas cada día —como si fuera un noticiario— para combatir el tedio y la somnolencia de esas primeras horas de la mañana.
¡A las nueve para hablar de Foucault! ¿A quién se le ocurre?


* Gilles Deleuze (2013): El saber. Curso sobre Foucault (Tomo I) [1985]. Editorial Cactus. Serie Clases. Buenos Aires. 254 pp.