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martes, 25 de mayo de 2021

Marruecos y los discursos emotivos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Cada vez que Marruecos da una explicación es peor. Cada vez que uno de sus ministros toma la palabra podemos comprobar cuál es la auténtica dimensión de esta crisis, cuyo origen está en la misma naturaleza de su sentido del poder, es decir, el desprecio profundo hacia su propio pueblo y el uso de su miseria como herramienta política.

Si Marruecos hubiera utilizado un mecanismo diplomático "normalizado" para protestar ante España por la inclusión en un hospital del líder del Frente Polisario, se podría entender. Hay una situación complicada desde hace meses entre Marruecos y el pueblo saharaui, una situación envenenada desde que Donald Trump se metió por medio reconociendo la soberanía de Marruecos sobre el Sahara, algo que hizo sin contar con las resoluciones internacionales, como era habitual en él. Lo hizo para pagar los apoyos al traslado de las embajadas de la capital Tel Aviv a Jerusalén, un asunte delicado que fue derivando hacia lo que hemos ido viviendo estos días en Gaza.

Marruecos ha seguido una línea de envalentonamiento en sus acciones y respuestas que, hace días se nos explicaba en los medios, su disposición a albergar bases norteamericanas. La moneda de cambio esta vez son la bases, pero la intención es claramente asegurarse que bajo la sombra norteamericana van a poder hacer lo que quieran, especialmente asegurarse el poder.

Pero lo que el gobierno de Marruecos está mostrando es un desprecio hacia su pueblo y, especialmente, una crisis social y económica que trata de redirigir hacia España. Abriendo las puertas de la frontera, lo que Marruecos muestra con claridad es que la gente se quiere ir. Jugar con esto es muy peligroso. Mientras los que estaban acampados en los montes cercanos no eran de Marruecos, se podía establecer una diferencia, por muy aparente que fuera. Pero ahora son los marroquíes los que quieren irse de un país sin futuro para su juventud. Mucho me temo que esto pueda ser un error que, cuando sean plenamente conscientes de los posibles efectos en cadena que se puedan ir acumulando.



Recogidas por RTVE.es, las declaraciones del gobierno de Marruecos muestran un grado de cinismo realmente notable, pero —sobre todo— una forma de hacer política que es difícil de entender hoy en sus relaciones con un país fronterizo:

 

El ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Naser Bourita, ha reprochado a España el ser responsable de "crear" la crisis abierta por la presencia en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para luego querer que la asuma Europa.

"España no consultó a Europa antes de tomar decisiones que afectan a los intereses de Marruecos. España no consultó a Europa antes de incumplir los criterios Schengen para aceptar la entrada fraudulenta de una persona buscada por la justicia española. España ha creado una crisis y quiere ahora que la asuma Europa", ha afirmado Bourita en una entrevista concedida el domingo a la emisora francesa Europa1.

Ghali se encuentra actualmente ingresado en un hospital de Logroño y está citado por el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz el 1 de junio para declarar en relación a varias querellas contra él.

Bourita se ha referido a Ghali para "contextualizar" la crisis entre Marruecos y España: "Hay un contexto de crisis bilateral entre Marruecos y España (...), una crisis que nada tiene que ver con Europa, una crisis que fue creada por una decisión nacional de España sin consultar a sus socios europeos".

El titular de Exteriores marroquí cree así que "hay un intento de desviar el debate, de centrarse en una cuestión migratoria mientras que el fondo de la crisis es un acto de injusticia de España hacia Marruecos, hacia su gente y hacia sus intereses estratégicos".

En cuanto a la situación meramente migratoria, Bourita ha pedido "alejarse de los discursos emotivos". "La primera verdad es que Marruecos no está obligado, no tiene vocación u obligación de proteger fronteras que no sean las suyas. Marruecos no es ni el gendarme, ni el conserje de Europa para proteger las fronteras que no son las suyas", ha afirmado.* 



Es sorprendente el grado de desvergüenza que se manifiesta. Que se intente reducir a un conflicto bilateral España-Marruecos algo que, con claridad, afecta a la Unión Europea, entra dentro de esta lógica partidista que el ministro marroquí quiere imponer como lectura.

Si el gobierno español ha pecado de algo ha sido de ingenuidad al pensar que Marruecos no iba a hacer algo en cuanto que salió a la luz la tontería del "enfermo camuflado". Pero el problema de España con Europa —si es que lo hay— no tiene nada que ver con el mucho más grave creado en la frontera al abrir los policías marroquíes la frontera dando paso a la gente para que saliera hacia otro país. No hay "desvió de la atención" hacia la cuestión migratoria; es sencillamente que al gobierno de Marruecos no le importan los emigrantes, es decir, su propio pueblo al que lanza a la muerte ahogados o si se hubiera producido algún tipo de reacción defensiva más allá de las tomadas, es decir, si se hubiera tomado el "salto" como "asalto". ¿Era eso lo que buscaba el gobierno marroquí? Probablemente, pues habría creado una situación imprevisible en sus consecuencias, que él probablemente se habría mostrado como el único que podría pararla.



La sorprendente idea, expuesta en el texto anterior como "primera verdad", sobre que Marruecos "no está obligado, no tiene vocación u obligación de proteger fronteras que no sean las suyas" trata de soslayar que quien abre las fronteras (las suyas) es la Policía marroquí y que quienes se pasan al otro lado son marroquíes y subsaharianos desde dentro de sus propio espacio. ¿Tampoco le compete lo que ocurra con sus ciudadanos? Evidentemente —y este es nuestro argumento desde que comenzó la crisis— lo que se produce es un desprecio absoluto por sus propios ciudadanos, más allá del desprecio por las fronteras o la soberanía española, algo con lo que Marruecos siempre ha jugado y lo seguirá haciendo porque le funciona.

Por parte del gobierno español, no se puede ser más torpe. Es cierto. Pero eso es cosa nuestra, como lo es resolver esa crisis, no en los términos que le interesan a Marruecos, sino en los que nos interesan a nosotros, tratando de evitar lo que el gobierno marroquí busca: un incidente de sangre o una situación de extrema tensión.



Es interesante cómo se habla de "alejarse de los discursos emotivos", porque revela que se produce un efecto inesperado: Marruecos no esperaba que los acontecimientos "emotivos" despertaran una corriente de solidaridad por parte de muchos ciudadanos españoles ante lo que han visto estos días. Probablemente esperaba justo lo contrario, poder mostrar imágenes de cruentas cacerías de inmigrantes y sangre, una sangre que se vuelve contra ellos con los ahogados. ¿Son esos los discursos "emotivos" que hay que evitar según el ministro marroquí? Las imágenes del abrazo de la cooperante de Cruz Roja o del bebé rescatado por el guardia civil han hecho daño al gobierno de Marruecos y le hacen llevar su estrategia hacia otros puntos, los que quieren convertir a España en enemigo de Marruecos, sembrando ira. Sin embargo, la ira que se percibe es contra su propio gobierno, que ha quedado en evidencia en cuanto al desprecio por las vidas de sus "súbditos".

Esto no se ha quedado aquí, sino que esas imágenes impactantes, las emotivas, han tenido efectos en diversos países en los que han sumado las de los policías abriendo las verjas y las de los bebés, niños y adolescentes lanzándose desesperados al mar o por encima de una valla, jugándose la vida. No es de extrañar que molesten estas imágenes y estas lecturas al gobierno de Marruecos.



Hay un hecho incontestable: la gente huye de Marruecos. No pueden ir hacia el sur ni al este u oeste; solo les queda el norte y el norte son España y Europa. Ya no son los subsaharianos que llegan desde regiones pobres y sometidas a violencia. Son marroquíes.

Los intentos de Marruecos de desligarse de una crisis con la Unión Europea, por un lado, y de los efectos de los "discursos emotivos" por otro, no funcionan porque tú no les dices a los otros cómo deben interpretar tus acciones, aunque lo intentes. Las amenazas son y serán una constante pero eso le hace quedar en evidencia ante Europa que ha quedado estupefacta ante el descaro de sus acciones y lo que ha producido.  

Marruecos ha quedado en un nivel de política primaria y dictatorial, desfasada para los tiempos que corren en un país que tiene unas intensas relaciones con la Unión Europea. Creen que los lazos con Estados Unidos o las compras de material (sobre todo militar) es suficiente para poder tener manos libres. Medios extranjeros hablan de "blackmail", de chantaje, directamente en sus titulares.

Ha intentado otra jugada, la de dar voz a algunos empresarios españoles en Marruecos, que han salido a los medios. Tampoco ese es un buen camino, pero lo intentan. Hacer negocios en Marruecos conlleva muchas servidumbres y amistades necesarias. Veremos cómo evoluciona esto.



Si Marruecos persiste en esta política, la tensión se va a trasladar a su propio interior. Pondrá en aprietos a España, de eso no hay duda, pero no sé si está calculando lo que le puede pasar dentro. Marruecos pasó de puntillas por la "Primavera árabe", librándose del contagio que comenzó en Túnez. El deseo de huir es reflejo de la miseria que se vive, de la ausencia de expectativas. Estas tendrán un límite si se sigue produciendo una crisis que solo el pueblo padezca y al que se deja sin salida. El cambio de los subsaharianos a los marroquíes es muy drástico. Esos jóvenes, nos cuentan, esos niños que cogen una mochila y salen corriendo a jugarse la vida dicen mucho de la situación del país.

¿Cuánta desesperación hay que tener para lanzarse al agua con un bebé de un par de meses, cuánta? Indudablemente, mucha. La gran pregunta es cuántos más hay así, desesperados, y cuánto tiempo van a poder ignorarlos los presuntuosos y acomodados miembros del gobierno de Marruecos. ¿Irán durante mucho tiempo en dirección a la frontera o decidirán un día otro camino?



* "Marruecos acusa a España de "crear" la crisis y querer ahora que la asuma Europa" RTVE.es / Agencias 25/05/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210524/marruecos-acusa-espana-crear-crisis-migratoria-querer-asuma-europa/2092629.shtml




lunes, 19 de agosto de 2019

No hay partidismo con el sufrimiento

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las situaciones que se prolongan demasiado acaban enquistándose y creando una lucha que las trasciende. Es lo que está ocurriendo con el barco Open Arms, de una ONG española, fondeado a pocos metros de la arena de la playa italiana.
Desgraciadamente, las personas que lo sufren no pueden evitar lo que les ocurre ni pueden, tampoco, evitar que otros les utilicen.
Los que están encerrados frente a la costa no entienden nada, solo sufren la tensión y las circunstancias, ambas tienen un límite psíquico y físico, ambos ligados. Lo único que esperan es una autorización para poder acabar con este tiempo extra a su ya larga odisea de atravesar un continente convertido en una trampa de violencia y explotación. Lo que vemos es la punta del iceberg.
El Open Arms es en este momento un lugar de sufrimiento humano y un campo de juego en el que están luchando legal, verbal y políticamente muchos. La presencia mediática constante es una forma de atraer la atención, pero también juega en el sentido negativo contrario: nadie quiere perder ante el mundo esta batalla.


En estos momentos, el caso del Open Arms se usa para el debate o lucha política en España, Italia y la Unión Europea. Es tema de conflicto entre gobiernos, partidos políticos e instituciones. Los argumentos o los silencios forman parte de este conflicto que se eterniza y sirve para echarse pulsos unos a otros.
La Vanguardia nos trae hoy un ejemplo de cómo están los ánimos:

El diputado de Ciudadanos Marcos de Quinto ha generado un fuerte revuelo en Twitter al cuestionar la situación de urgencia del Open Arms. El político y exdirectivo de Coca Cola afirmó que en el barco hay “bien comidos pasajeros” y relacionó los rescates con las mafias que trafican con personas. Con estas palabras intentaba afear a la “piadosa teocracia izquierdista” que se preocupe de ciertos temas y no haga caso a la “hambruna del éxodo venezolano”.

Open Arms
“El mayor drama lo viven aquellos que no pueden “pagar pasaje” a las mafias y están condenados a permanecer en Libia. ¿Por qué no preocupan tanto?”, seguía en otro mensaje. La serie de comentarios le ha valido cientos de respuestas y reprobaciones, insultos incluidos, lo que ha encendido todavía más los ánimos en la red social. “No estoy acostumbrado (ni me quiero acostumbrar) a que la gente me insulte”, señalaba después, con otros mensajes en los que se devolvía e insultaba y criticaba a otros, como el portavoz de Facua, Rubén Sánchez.*


No vamos a insultar al señor de Quinto; solo decirle que no estamos de acuerdo con su comentario o, si se prefiere, que es poco oportuno, como se ha podido comprobar por la respuesta de su partido cuando han sido preguntados. Les ha complicado la vida y se la ha complicado él mismo. Nadie se debe acostumbrar a que le insulten.
Desde mi personal punto de vista, se ha equivocado —no por dar su opinión, que es muy libre—, sino por mezclar la cuestión del "éxodo venezolano", que es una cuestión muy diferente. El sufrimiento real de los venezolanos no va a reducirse ni a ganar en su causa por las comparaciones con los que están  a unos cientos de metros de una costa que les parece inalcanzable, metidos en un tour de force con países e instituciones privadas y comunitarias.

El drama del Open Arms es una cosa trágica, un problema que nos afecta a todos en la dimensión humana y en la institucional europea. Son peras y manzanas, no se trata de un concurso de a ver quién sufre más. No. Todas las situaciones tienen su especificidad y el sufrimiento es el que es. No hay un ranking para estas cosas. Solo hay, desgraciadamente, simpatías que nos hacen percibir a los seres humanos, iguales, de forma distinta. Es un error hacerlo en este caso.
Tampoco creo justificado el hablar de "bien comidos", un desprecio innecesario. ¿Sería mejor si pasaran hambre? ¿Si murieran algunos, si se declarara una epidemia? No lo creo y es un camino peligroso solo pensarlo. Sobre todo, poco humanitario.
Todos nos damos cuenta que se trata de un problema de enorme complejidad institucional. Solo hay una cosa clara, el sufrimiento y el deber de evitarlo. Decía Camus en su El hombre rebelde (1951), recordando su propia obra: "El mal que sufría un solo hombre se hace peste colectiva". El sufrimiento que no se repara se convierte en epidemia moral. La indiferencia es el peor lastre, el peor vicio para cualquier sociedad.
Las palabras de alarma por la invasión africana de Europa por parte del padre de Marine Le Pen, Jean-Marie, todavía resuenan en Francia, pese a ser dichas en la campaña de 2014: «Monseigneur Ebola peut régler ça en trois mois» (Le Figaro 14/05/2014). Sí, ¡"el señor ébola lo puede arreglar en tres meses"! Igual el señor mar tragándoles.


Cuando un barco egipcio con emigrantes se hundió camino de Italia, un diputado declaró que, por él, podían morirse todos porque se iban del país (un insulto) y se llevaban el dinero (un crimen). Murieron 500, sobrevivieron 37. Fueron 190 de Somalia, 150 de Etiopía, 80 egipcios, y unos 85 de Sudán, Siria y otros países. El diputado del parlamento egipcio dijo que se lo merecían. Los únicos multados fueron ser supervivientes cuando regresaron a Egipto. Se les acusó de haber traspasado fronteras ilegalmente. No se juzgó ni a los dueños del barco, ni a los contrabandistas ni a nadie de la organización y si se hizo fue en rebeldía y están libres.
Reuters 6/12/2016
El plan de Salvini es que se aburran y se vuelvan o se hundan. Él no lo dirá así, pero ¿qué otro efecto tiene dejarlos indefinidamente en el mar, tratar de evitar que otros los recojan? Que elija el destino. Pero el mundo no funciona así.
El que te recoja un barco es un arma de doble filo. Significa que estás a salvo, sí, pero también que tu sueño de entrar en Europa de forma rápida se ha esfumado. Ya no puedes desembarcar de noche en una playa y perderte. El circuito clandestino queda interrumpido. Las ONG salvan, pero no son las que te entregan a domicilio. Quien te recoge se hace responsable, por lo que las ONG se enfrentan a lo que ha hecho Salvini, declararlos "cómplices" de los traficantes. Por eso se han lanzado al mar tras los que se iban directos a la playa a pocos metros; por eso no los pueden dejar salir del barco. Por esos son ellos ahora, con sus decisiones, los responsables.


Podemos discutir de leyes, pero no podemos discutir de vidas humanas o sufrimiento. No podemos utilizarlos, unos y otros, en conflictos políticos partidistas, porque esto está por encima de eso. Y si lo politizamos, acabaremos deshumanizándonos, acabaremos víctimas de la peste moral.
Pero esa no le preocupaba al cristiano Le Pen ni al musulmán diputado del parlamento egipcio. No caigamos en los errores que nos degradan, que nos hacen peores, más egoístas. El sufrimiento no debe ser causa de juego ni tiene partido, tampoco de manipulación por nadie aunque muchos lo intenten. 
Y, por favor, no nos hagamos partidarios de un exilio o de otro, los míos y los tuyos. Eso es una infamia porque les acabará perjudicando.



* "Marcos de Quinto enciende Twitter por los “bien comidos pasajeros” del Open Arms" La Vanguardia 19/08/2019 https://www.lavanguardia.com/politica/20190818/464139728192/marcos-de-quinto-twitter-open-arms-ciudadanos.html

miércoles, 13 de junio de 2018

¿Y luego?


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Esa es la pregunta que nos transmiten desde el buque Aquarius, salida de la boca de un inmigrante. En realidad, es la misma pregunta que se hace todo el mundo en la mismas instancias: ¿y luego? No es la misma pregunta en boca de los que están en un barco, que los que esperan en el puerto su llegada, que las autoridades españolas que les recibirán; hay un ¿y luego? de ayuntamientos, autonomías, ministerios... hasta llegar a los centros de decisión europeos, a Bruselas o donde toque, en el que el "¿y luego?" se puede afrontar, perder o debatir para que cese en algún momento.
El único que lo tiene claro es Salvini, que ha cantado "Vittoria!!" en un tuit que le convierte en héroe y villano simultáneamente. Para él la cuestión clara era poder dejar de preguntarse por ese "¿y luego?" molesto que va convirtiendo la vida de unos y otros en pesadillas con distinto grado de riesgo e incomodidad. Es ese dejar de preguntarse el que le ha dado el éxito en la elecciones italianas y al que se apuntan los distintos extremismos europeos para conseguir votos. Pero nada de ello es óbice para dejar de preguntarse por lo que ocurrirá después en cada paso del proceso.
El gobierno español, que ha sido generoso en su prestación de ayudas a los necesitados, invoca el derecho a la vida y la necesidad de que alguien responda ante una situación. Pero ya se nos dice que es un hecho puntual, una situación extraordinaria tras la cual se irán viendo cuándo comienzan los "¿y luego?" de los ayuntamientos generosos que se han ofrecido a las acogidas humanitarias, que aplaudimos desde aquí.
Pero es solo la parte final de un problema que no se acaba con lo humanitario y que tiene su origen en muchas cosas que no podemos controlar, cambiar o resolver. Gadafi "amenazó" a Europa con el arma de la emigración y hace tiempo que comprendemos qué quería decir. Las costas controladas por las mafias en un país inexistente que nadie controla son el punto del salto a lo que la geografía ha convertido en destino: Malta e Italia. Del este y del oeste, del lejano Pakistán, llegan las oleadas con la esperanza de salir del horror o simplemente prosperar.


Los avisos del gobierno español son un acto inútil. ¿A quién se advierte? ¿A los que se lanzan al mar, a las autoridades europeas, a las italiana, a al-Assad, a las mafias...? La necesidad es la necesidad y se comprende, pero... ¿y luego?
La alegría que produce ver a esas personas en lugar seguro en vez de recoger sus cadáveres en las playas se esfuma pronto ante la responsabilidad que implica. Entonces la alegría se transforma en preocupación porque no hay una salida satisfactoria para casi nadie: la acogida tiene límites económicos y temporales, el internamiento en campos de refugiados los tiene también morales, la inacción nos deshumaniza...
La situación es compleja porque es el resultado de situaciones que no creamos y sobre las que no siempre se puede actuar. Por más que nos sintamos responsables hay cosas que no están en nuestras manos resolver. Los pagos a terceros países, como se ha hecho con Turquía, pueden acabar siendo chantajes, como con Gadafi en su momento.
Por mucho que la Unión Europea se reúna y discuta, no todo está en su mano. Por muchas medidas absolutamente necesarias que se tomen, quedará el ¿y luego? que ahora resuena en los que vienen camino de España.
Dice el diario El País que «Argelinos y marroquíes estaban desolados. Nasser decía el lunes que él y sus colegas habían decidido tirar para Europa por la ruta libia (larga, cara y muy peligrosa) porque “la frontera de Marruecos con España es muy difícil y si te pillan te devuelven”.» Temen el ¿y luego?
Europa teme al temor. Teme a los que, como en Italia o en Alemania, se han aprovechado del miedo al extraño, al que llega de fuera, algo que va con los genes, para irse encaramando al poder. Están los que tienen miedo y los que temen a los temerosos, manipulados por nacionalistas y xenófobos. Saben que el móvil del miedo es poderoso.
Lo importante ahora es coordinar los ¿y luego?, que se pueda ir pasando de uno a otro con el menor riesgo posible. No todos los problemas tienen solución y no todas las soluciones están en nuestras manos. Mientras tanto hay que hacer lo que sí se puede, lo más humanitario a sabiendas de que serán parches mientras los focos sigan vivos, mientras sea negocio de muchos que vuelven a vivir del tráfico humano, que mandan fuera a los que son problemas dentro.
Pero eso es vivir, eso es gobernar, tratar de contestar con determinación esa pregunta infernal: ¿y luego? La respuesta nos marcará como personas y como países. 


* "España, paraíso o condena" El País 13/06/2018
https://politica.elpais.com/politica/2018/06/12/actualidad/1528827269_774477.html

jueves, 11 de febrero de 2016

Europa y las crisis propias y ajenas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Tras la reunión de los seis socios fundadores de lo que hoy llamamos Unión Europa, el ministro italiano ha hecho el repaso de las amenazas señalando la crisis de los refugiados como la principal actualmente. Sin embargo, antes de que Europa se sintiera amenazada por los que vienen de fuera, lo estaba por los que están dentro. Quizá el signo de Europa sea estar amenazada, algo que no es bueno porque acaba generando un sentimiento poco sano para el desarrollo. Demasiada amenaza causa estrés.
Formarse a base de crisis impide un crecimiento consciente, dirigido, y nos sumerge en un crecimiento ante obstáculos que tiene un carácter negativo, problemático. Si nos formamos a través de crisis, de reacciones a lo que nos llega desde fuera o desde dentro como una "amenaza", será el miedo el argumento que se use con más frecuencia. De hecho, ya ocurre. Es muy fácil para nuestros políticos europeos (y nacionales) usar el argumento de las catástrofes cada vez que quieren conseguir o evitar algo. La advertencia siempre es sobre lo que ocurrirá si se produce aquello que actúa como motivación negativa, como un refuerzo para la acción.


Europa ha tenido que sortear a los antieuropeos y a los euroescépticos, que consiguieron una amplia representación en el parlamento en el que no creían —o, mejor, que querían dinamitar— para enfrentarse ahora a las nuevas crisis que nos amenazan.
Es indudable que estamos ante una crisis humanitaria, pero ¿es una crisis europea? No a menos que se quiera que así sea. Se percibe una crisis europea porque ante cualquier crisis Europa se resiente. Y los motivos son los mismos que la crisis de los euroescépticos: la falta de una idea consolidada, fuerte, sentida, de Europa. Al igual que en las crisis anteriores, algunos quieren hacer creer que es la idea europea la que ofrece debilidad ante las nuevas situaciones.
En su obra El espíritu de la Ilustración (2014), Tzvetan Todorov cita unas palabras de Jean-Jacques Rousseau, pertenecientes a su Consideraciones sobre el gobierno de Polonia (1771): «Digan lo que digan, hoy en día ya no hay franceses, alemanes, españoles, ni siquiera ingleses. Solo hay europeos» (119). Las palabras de Rousseau son anteriores a la exaltación nacionalista que verá el siglo XIX, con la Historia y la Filología como apuntalamientos. Pero la idea de Rousseau tenía su consistencia y no era una simple ilusión. Era más bien un deseo de europeidad, que no surge espontáneamente sino como manifestación de la voluntad de quienes lo fomentan y propagan.


Mientras que los nacionalismos vendieron el carácter natural de la naciones —otra de las construcciones románticas— para fundamentar sus límites o sus aspiraciones imperiales, el espíritu europeísta estaba más del lado del cosmopolitismo de las repúblicas letradas, es decir, que lo que se oponía a la sangre y a la geografía era la "cultura", que no llega de la naturaleza espontáneamente sino que es el resultado de poner los ladrillos mediante los que se construye la casa común.
La definición de las naciones alcanzó el máximo de mitificación en el siglo XIX, que se prolonga hasta hoy cuando se invocan los mismos mitos fundacionales. Y fue en detrimento de la idea ilustrada que preconizaba un universalismo de lo humano y el deseo de unirse a quienes compartieran esa visión. 

Evidentemente el "universalismo" tiene su propia mitificación pero tiene la ventaja de necesitar ser construido racionalmente, con esfuerzo, argumentado, frente a la aparente naturalidad de lo nacional, que se da por hecho. Por nacer, ya eres de una nación; la cultura, en cambio, es labor de una vida de esfuerzo. El nacionalismo es una forma de creacionismo político. Estima que las naciones fueron creadas en unos tiempos originarios que se tratan de fundamentar en raíces (otra metáfora natural) cada vez más profundas, es decir, remotas en la Historia. Por eso, como decía el joven Werther, Ossian había sustituido a Homero en su corazón, frase reveladora de ese cambio de orientación de un pasado mitificado centrado en la cultura (el mundo grecolatino y el clasicismo consiguiente) a un pasado mitificado, romántico, que establece diferencias, el nacional, donde el bardo Ossian sustituye a Homero, padre y raíz poético intelectual al margen de cualquier país. Grecia era de todos; las naciones, de cada uno. Las naciones nacen; Europa se hace.
A la definición de la identidad religiosa medieval le sigue la identidad cultural grecolatina surgida del Renacimiento, que acaba fragmentándose en las identidades nacionales. De ahí esa expresión "europeos" que Rousseau utiliza y que, siendo la misma palabra, encierra un sentido distinto al de una europeidad que está en construcción frente aquella que se enfrentaba a su disolución.
Lo peor que le puede ocurrir a la Historia es ser interpretada de forma maniquea. La Historia es la expresión ordenada de los errores, calamidades y aciertos de aquellas unidades (culturas, pueblos, naciones, etc.) a las que queremos dar identidad. Lo que es tiene su historia; lo que no es, no la tiene. Y viceversa: sin historia no se es. Hoy podemos comprenderlo perfectamente en muchos dramas identitarios teñidos de sangre.
Pensar que el drama de los refugiados sirios, huidos de una horrenda pseudo guerra civil de cinco años, es el causante de los problemas de Europa es un error. Puede ser una muestra de la falta de decisión, organización, eficacia, etc. de sus instituciones. Pero esto no debería afectar a la europeidad en sí, sino ayudar a conseguir alcanzar los niveles de eficacia, organización, etc. adecuados para resolver los desafíos. El problema no son los refugiados sino nuestra interpretación de los problemas.
El problema de los refugiados no es "problema" de la identidad de Europa. La identidad europea no se debe poner en cuestión por la forma en que se pueda resolver un problema que no es el nuestra identidad, sino el de la supervivencia de millones de personas huyendo de una guerra terrible. De ahí que sean los enemigos internos y externos de la europeidad y de Europa los que sacan más provecho de los problemas que nos afectan.
Los problemas se deben distinguir con claridad para resolver aquellos que se pueden resolver y exigir, presionar, etc. para que se resuelvan los que no estén directamente en nuestra mano. Este problema comienza por el deseo de permanecer en el poder a cualquier precio del presidente sirio, que se siente respaldado por una serie de países que temen perder su influencia en la zona o que otros la ganen. Mientras ese problema no se resuelva, cada día miles de personas llegarán a Europa, cuya identidad nada tiene que ver con esto sino con la forma en que esta segunda, los refugiados, parte se gestiona. Los refugiados sirios no solo vienen a Europa; están repartidos por los países vecinos al conflicto en condiciones lamentables.

Desde nuestra perspectiva de europeos, estas situaciones trágicas deberían servirnos, como hay muchos casos por todo nuestro continente, para ver los valores solidarios que emergen. El que los medios se centren en el aumento de la violencia y la xenofobia no quiere decir que sea lo único que haya, que sea la respuesta europea. Esa respuesta es la de quienes aprovechan cualquier otra situación —como la crisis económica anterior— para atacar a la idea de Europa y de unos valores comunes dentro de un espacio en el que se equilibren las identidades nacionales con el ideal comunitario. Me quedo con los miles de personas que se manifiestan en el apoyo a la idea de universalidad, que es también la humanitaria, es característica de esa Europa que hay que reforzar frente a los que buscan levantar barreras contra los demás europeos y los que llegan de fuera. La xenofobia de algunos ya la han ejercido, antes que con sirios e iraquíes, con muchos ciudadanos comunitarios de países a los que desprecian (en realidad de todos los que no son ellos mismos).
El terrible drama de los refugiados es un reto, pero no un reto a nuestra identidad, sino a nuestra humanidad. Lo que debemos demostrarnos precisamente es que somos capaces de sobreponernos a estas circunstancias. No seremos más o menos europeos, sino más o menos humanos según nuestras acciones.
Al final, lo que queda es la conciencia y la moralidad, el saber que se ha hecho lo que estaba en nuestra mano, lo que hemos podido, con mayor o menor eficacia pero con el firme deseo de aliviar el sufrimiento ajeno. Egoísmos ya tenemos bastantes para necesitar desarrollar otros nuevos.
La ventaja de la construcción de la identidad europea es que no es diferencial, donde solo nos preocupamos de ser distintos. De eso se ocupó el nacionalismo. Debe ser una identidad especular, es decir, la que surja del espejo de nuestros defectos y nuestra capacidad de ir limitándolos para hacer una Europa mejor, más humana e inclusiva. Hay luchas que se ganan contra el mundo, pero las más importantes son aquellas en las que nos vencemos a nosotros mismos.



* TODOROV, T. (2014). El espíritu de la Ilustración. Galaxia Gutenberg, Barcelona.

  

miércoles, 21 de octubre de 2015

Europa no es una isla

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las crisis que vivimos, como el dolor, nos hacen conscientes de nuestros cuerpos, de aquello que nos afecta. Primero ha sido la crisis económica, que nos ha puesto a prueba como solidaridad interna. La crisis de los refugiados nos está poniendo también a prueba, esta vez como solidaridad exterior y consciencia de los límites de nuestras fronteras y su sentido.
Lo que desde una perspectiva cultural nos parecía distante de nosotros, merced a esta crisis, se nos ha revelado de una proximidad máxima, como una continuidad. Los otros ya no están lejos, sino a tiro de barca, a una distancia que puede cubrirse por vías diversas.
Europa se nos revela entonces "mediterránea" y se reabren los caminos que durante siglos, para bien (el comercio, la cultura...) y para mal (las guerras, las invasiones...). Con los caminos se reabren también los miedos y las prevenciones.


La crisis de los refugiados es una crisis también europea. No es solo una cuestión de los lugares donde ocurren las tragedias primeras, que son las guerras que los desplazan. Y nuestra respuesta ante ella nos define y marcará. Los errores que se cometan harán de nuestro espacio un lugar  de convivencia o una isla insolidaria. Y Europa no es ni puede ser una isla.
El diario El País trae hoy un editorial de un título directo: "Parar la xenofobia". Su comienzo ya plantea con rotundidad el peligro en que nos encontramos:

La prolongada y difícil crisis de los refugiados está sirviendo de combustible para el crecimiento de los movimientos xenófobos y los populismos de extrema derecha en Europa. Así se ha constatado en elecciones celebradas en países como Suiza y Austria, y la misma tendencia señalan las encuestas de países como Polonia y Suecia.
Hay que hacer frente a estos movimientos antes de que sea demasiado tarde. Mientras el río humano de los refugiados se dispersa penosamente por rutas alternativas a medida que se le cierran las fronteras, la sensación de desbordamiento va calando en la opinión pública europea.*


Tras esta constatación, se hace un repaso ese despertar contradictorio del sentimiento europeo. Por un lado los de la Europa aislada, al defensiva, insolidaria; por otro, los que entiende que Europa no puede estigmatizarse ante sus propios ojos como un ente indiferente ante la desgracia y el sufrimiento ajenos. Cuando el editorial dice "hay que frenar" está expresando un deseo más que plantear una estrategia eficaz, que es la que se debe hallar entre todos los países implicados.
La crisis de los refugiados tiene muchas dimensiones y muchas aristas que se deben tener en cuenta. Si Europa no toma la iniciativa para poder hacerla factible y tratar de resolverla de una manera eficaz e inteligente, la crisis se volverá contra ella en dos niveles muy claro: primero, resquebrajará —ya lo está haciendo— las relaciones entre los países que forman la Unión, en la que algunos se están mostrando de una intransigencia y autonomía sorprendentes; y segundo, establecerá una relaciones perversas con la periferia, haciendo un gran favor a los enemigos de Europa que desean verla fracasar para poder salir triunfadores en origen. Es esta última posibilidad la que tiene un mayor peligro de cara al futuro pues hipotecará, ocurra lo que ocurra, las relaciones.


Si algo resulta evidente de todo esto es que la proximidad real a los conflictos impide la indiferencia. No podemos inhibirnos de algo que, nos guste o no, nos afectará de muchas maneras si no se soluciona. En esto, el papel de Europa tiene que cambiar ante lo que es un desafío entre las dos potencias que han asumido su propio pulso en la zona, Estados Unidos y Rusia. Queda claro que sus intereses, difieren bastante de los europeos, que no tienen ni las distancias ni las maneras de las potencias que se desafían en terrenos ajenos.

Resulta también interesante que algunos países europeos que manifiestan muy poca solidaridad en esta crisis sean los mismos que han tenido muy poca solidaridad en el caso de Ucrania y las sanciones a Rusia por la invasión, como ocurre con Hungría. Resulta también sorprendente que el caso de los refugiados se intente resolver apoyando a la crítica Turquía de Erdogan, confiándole un problema que ella ha contribuido en gran manera a crear y en la que tiene una participación tan oscura como los bombardeos a los kurdos y la política seguida hasta el momento respecto al Estado Islámico. Erdogan siempre cae de pie. Es chocante que en su momento de máximo autoritarismo y cuando ha perdido las mayorías que le permitían la impunidad política y las limpiezas de la oposición y la prensa, reciba una inyección económica, una responsabilidad delegada de Europa para la gestión de los refugiados y una promesa de acelerar la integración en la Unión. Y todo esto después de un atentado del Estado Islámico con cien muertos en las calles de Ankara. No sé si es el lugar ideal para que los refugiados se sientan seguros. 
Con todo, lo más peligroso para la propia Europa es el renacimiento de aquello que la Unión trató de enterrar: la xenofobia. Debemos recordar aquí que no ha comenzado con la crisis de los refugiados, sino que es muy anterior y antieuropea. Lo que se ha hechos es canalizarla hacia los refugiados, pero en realidad va contra la propia Unión Europea y la idea de una Europa de amparo.


Los movimientos xenófobos van contra Europa. Por eso están alcanzando mayor poder allí donde ya estaban implantados. Recordemos las actitudes de Suiza frente a la inmigración hace un par de años; igual sucedió en Austria, etc. No son los refugiados los que han hecho surgir la xenofobia, no. Está ahí latente y se manifiesta haciendo sus propias lecturas interesadas de las crisis. Cambian su discurso para conseguir más apoyos, pero son los mismos y con los mismos objetivos. Lo peligroso es que en estos cambios de discursos van consiguiendo más apoyos entrelazando unos con otros.
El editorial de El País se cierra con estas conclusiones:

Estos movimientos cuestionan la esencia misma de Europa, basada en valores de tolerancia y en la superación de los conflictos por la vía del diálogo y la concertación. Ahora quieren sacar provecho de una coyuntura inflamable y extremadamente complicada, con un odio al extranjero que sus elementos más extremistas convierten en violencia, como el atentado contra la candidata de Colonia o los ataques que sufren los centros de refugiados. En las últimas semanas, alcaldes de ciudades que se han mostrado dispuestas a acoger refugiados han sido también amenazados.
Ni Europa puede inhibirse, ni este es un problema interno de Alemania. Lo es de toda Europa, y la mejor forma de parar a los intransigentes pasa ahora por ayudar a Angela Merkel en su política de acogida y colaborar con ella para encontrar una salida conjunta y solidaria a la crisis de refugiados.*

Coincidimos plenamente con esta idea. Hay que evitar descargar sobre Alemania la responsabilidad de esta crisis (o de cualquier otra) que tiene las dos caras, una práctica y otra moral. La importancia de resolverla desde las dos dimensiones es una necesidad para la consolidación de la propia Unión. Habrá que analizar si algunas conductas, como se están produciendo, son compatibles con lo que de Europa esperamos los europeos en la medida en que nos afecta a todos y es responsabilidad de todos.
Esta crisis, de una extrema complejidad desde su mismo origen, se está manipulando dentro de Europa y desde fuera de ella. Por eso es esencial resolverla de forma conjunta y digna. Pero ahora lo esencial, efectivamente, es parar la xenofobia, demostrar que la cara de Europa es otra.
No, Europa no es un isla, no puede cerrarse ante lo que ocurre en su entorno. No puede hacerlo física ni mentalmente.




* "Parar la xenofobia" El País 21/10/2015 http://elpais.com/elpais/2015/10/20/opinion/1445364567_264156.html




miércoles, 26 de agosto de 2015

Inmigración y electoralismo o los falsos patriotas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Donald Trump ha conseguido arrastrar a los demás candidatos a tomar posiciones más radicales en la cuestión migratoria con el sur. Su propuesta de construir un muro en la frontera y la deportación de 11 millones de emigrantes es lo que ha puesto encima de la mesa para arrastrar el debate a su terreno bronco.
La prensa norteamericana destaca la expulsión de su rueda de prensa del periodista hispano Jorge Ramos, un ganador de un Emmy y considerado de las personas más influyentes por la revista Time. Tras denegarle la palabra en una pregunta sobre inmigración, Trump hizo que un guardaespaldas le sacara de la sala donde se daba la conferencia. The New York Times señala el diálogo cuando Ramos regresó:

About 15 minutes after his ejection on Tuesday, Mr. Ramos returned, and he and Mr. Trump engaged in a long back-and-forth about Mr. Trump’s immigration proposals, frequently talking past each other.
Mr. Ramos said that building a border wall would be futile because 40 percent of undocumented immigrants arrive by plane. “I don’t believe it,” Mr. Trump said.
“How are you going to deport 11 million?” Mr. Ramos asked.
“Very humanely,” Mr. Trump said.*


El descaro y la prepotencia de Donald Trump no tienen límites. El problema es que está consiguiendo arrastrar a los demás, como señala el propio The New York Times en un editorial de hoy. Lo dedican a aconsejar a Jeb Bush para que deje de cometer errores en su campaña y Trump siga ganando terreno. La perspectiva de un Trump triunfador en las primarias republicanas y de una campaña por la presidencia contra el candidato o candidata de los demócratas debe poner nerviosa a mucha gente. La sola perspectiva de un Trump candidato oficial es preocupante y mostraría la debacle interna de los republicanos. Después puede ocurrir cualquier cosa.


Si Trump ve que este es el campo de mayor controversia, será el que utilice para promover más ruido camino de la nominación. Hace estar incómodos a sus contrincantes; si no entran en el juego que les propone ,se ven desbordados y desdibujados en los debates. Todos quedan débiles ante el brioso Trump.


El incidente en el que dos energúmenos atacaron a un inmigrante para confesar después ante el juez —dábamos cuenta de ello hace unos días— que se habían "inspirado" en lo dicho por Trump, debería hacer reflexionar a los partidarios de la sensatez. La criminalización de la inmigración, como hizo Trump, solo trae violencia y se acaba pagando socialmente.
The New York Times recogía el día 20 el caso:

Two brothers from South Boston were arrested and charged with beating the 58-year-old man, who is homeless, with a metal pole, breaking his nose and battering his chest and arms, The Boston Globe reported.
“Donald Trump was right, all these illegals need to be deported,” the police said one of the brothers, Scott Leader, 38, told them. His brother, Steve Leader, 30, was also charged in the beating, the police said. The Globe reported that the brothers have extensive criminal records.
Told of the attack, which also left the man soaked in urine, Mr. Trump said at a news conference late Wednesday that it was the first he had heard of it.
“It would be a shame,” Mr. Trump said, before adding: “I will say that people who are following me are very passionate. They love this country and they want this country to be great again. They are passionate.”**


El ataque y las vejaciones, disfrazadas de patriotismo, muestran que el discurso de Trump ha encontrado el eco que necesitaba en aquellos que lo deseaban escuchar. No ha ocurrido en la frontera, sino en Boston, si bien energúmenos puede haber en cualquier parte. Que Trump vea esto como "apasionamiento" es un indicador más del tono que está usando para hacer avanzar sus tesis camino de la Casa Blanca. Se levantan las banderas del falso patriotismo, las de la xenofobia.
La entrada de la inmigración en las campañas electorales no es bueno. Y no lo es porque tiende a usarse de forma populista, como lo está haciendo Trump en los Estados Unidos, convirtiendo la xenofobia y el racismo en un rasgo identitario nacional.


En España se está empezando a jugar con ello en Cataluña, de cara a la próximas elecciones. Desgraciadamente, las campañas electorales, que deberían ser espacio para el debate real, se han convertido —como hace Trump— en espectáculo. Parecen el lugar menos adecuado para el debate sensato, si es que es posible.

Es una pena que el candidato del Partido Popular, García Albiol, haya introducido en una campaña en la que todos nos jugamos mucho el discurso populista que le dio buen resultado en Badalona.
El Periodista Digital titulaba ayer "El popular García Albiol mete el espinoso embrollo de la inmigración en Cataluña en el debate del 27S". Los problemas graves que tenemos en España y, en especial, en Cataluña no son los de la inmigración regular, irregular o de paso. 
En este sentido, si ese va a ser su argumento general para las próximas elecciones, sería un gran error histórico, político y —¿por qué no?— una gran cobardía, pues sería cebarse en los más débiles, en los que no tienen ni voto ni réplica.
La Gaceta de los Negocios también titula "C's busca introducir la inmigración en los debates para parar a Albiol", señalando que Ciudadanos se ha visto arrastrado a buscar con urgencia candidatos con un "perfil" más "firme" ante inmigración para no ser dejados de lado en el discurso introducido por García Albiol. Esto no augura nada bueno.

No se debe jugar con la criminalización de los inmigrantes porque las distinciones legales no son lo que tienen en mente los "apasionados" que se dedican a perseguir o a apalear como un acto patriótico. Sean las medidas que sean las que se tomen, es preferible hacerlo como acuerdos "desapasionados" entre los grupos políticos antes que forzar a los demás a tomar posiciones, como hace Trump, que obligan a radicalizar posturas y a decir lo contrario para encontrar espacio electoral.


Lo que está ocurriendo en Alemania es un aviso de lo que puede ocurrir en otras partes, como ya ocurrió antes en Grecia, con Amanecer Dorado. Si lo de Trump nos resulta escandaloso, no lo repliquemos aquí. La sociedades no se hacen mejores apaleando a nadie, sino aumentando sus niveles de justicia y humanidad. Afortunadamente, creo y deseo, la sociedad española es bastante más solidaria de lo que algunos piensan.



* "At Donald Trump Event, Jorge Ramos of Univision Is Snubbed, Ejected and Debated" The New York Times First Draft The New York Times 25/08/2015 http://www.nytimes.com/politics/first-draft/2015/08/25/at-trump-event-univision-reporter-is-snubbed-ejected-and-debated/

** "A Beating in Boston, Said to Be Inspired by Donald Trump’s Immigrant Comments" First Draft The New York Times 20/08/2015 http://www.nytimes.com/politics/first-draft/2015/08/20/a-beating-in-boston-said-to-be-inspired-by-donald-trumps-immigrant-comments/