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jueves, 17 de septiembre de 2026

Siempre nos quedará Canadá

 Joaquín Mª Aguirre

Cada vez hay más fichas en marcha sobre el tablero mundial. Una vez visto lo que da de sí "el amigo americano", con Trump al frente, la política mundial se basa necesariamente en agrupaciones fuertes que le puedan hacer frente. Si la base de la política norteamericana, dicho por el propio Trump, es la "fuerza", la capacidad de imponer al margen del derecho y las alianzas previas, se trata entonces de ser fuertes, de tener aliados que nos refuercen y poder plantar cara.

Canadá ha plantado cara a Trump, a su vecino del sur y del norte (recordemos Alaska). Trump ha incluido a Canadá en sus mapas enfermizos, en sus ensoñaciones coloniales y expansionistas. Pero Canadá se resiste activamente y devuelve los golpes sin dejarse intimidar. Los llamamientos a que las empresas abandonen Canadá y vayan al otro lado de la frontera exentas de aranceles no ha tenido mucho éxito, que sepamos, pero las amenazas siguen bajo el signo del capricho, de la arbitrariedad.

Ahora le han dado un golpe a Trump que este, en su soberbia, no se esperaba: la alianza con la Unión Europea. En 20minutos se nos dan algunos detalles de este proceso:

...ese pacto, que todavía tiene que concretarse en fondo y forma, es un aviso para Trump. La UE ha cambiado de aliado al otro lado del Atlántico, y las cifras lo avalan. Las relaciones comerciales entre la UE y Canadá se basan en el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA), en vigor desde 2017, y que permitió entonces eliminar el 98% de las barreras arancelarias. Asimismo, ambas partes representan una población total de unos 490 millones de personas. Constituyen conjuntamente casi una quinta parte del PIB mundial y aproximadamente el 19 % del comercio mundial de bienes y servicios.

En 2025, el comercio de bienes entre el bloque comunitario y Canadá ascendió a casi 82.000 millones de euros. La UE fue el segundo socio comercial de Canadá y representó el 8,7% de sus intercambios. En sentido contrario, Canadá fue el duodécimo socio comercial de la Unión.*


Las infiltraciones de Trump en la Unión Europea no lo pondrán fácil, habrá resistencias, pero si los trumpistas camuflados de la Unión no son conscientes de los peligros que asumimos cada día con Trump al frente de los Estados Unidos, pronto pueden empezar a ser tildados de cómplices.

¿Cómo se puede establecer esta alianza? Por lo pronto plantando cara. El hecho de hacer frente común tiene un efecto sobre las políticas trumpistas de la amenaza, mostrar la capacidad de resistencia y cada día ganado es una victoria. Canadá necesita de aliados y la Unión Europea necesita asegurarse nuevos mercados que la liberen de la dependencia.

No sabemos cómo se concretará este nuevo estado de relaciones, pero ya es una importante decisión saber que estamos en el mismo bando que Canadá.

Las reacciones de Trump no se han hecho esperar y en la dirección imaginada, según nos cuentan en RTVE.es:

La primera reacción del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sido amenazar con imponer grandes aranceles a Europa o incluso dejar de comerciar directamente con el bloque si Canadá es nombrada miembro especial de la Unión Europea.

Trump ha señalado en una rueda de prensa en Carolina del Norte que la eventual integración de Canadá a la UE sería un "acto hostil" y ha asegurado que impondría "serios aranceles" para frenar a Europa.**


Es Trump quien define qué es "hostil" y qué no lo es. Define quiénes son "enemigos" y cuáles son las sanciones que merecen. Cuando se le escapan y resisten, las reacciones son siempre las mismas tratando de evitar que se trasmita la sensación de impunidad. Por eso es este tipo de acuerdos lo que le pone más nervioso.

En el mismo texto de RTVE.es se nos confirma la respuesta esperada:

Trump ha firmado este miércoles un memorando presidencial a fin de excluir productos canadienses de las contrataciones del Gobierno federal, dando seguimiento a la amenaza que lanzó la una semana antes, en plena escalada arancelaria con Ottawa.

"Hoy (miércoles), el presidente Donald Trump ha firmado un memorando presidencial para identificar y tomar medidas a fin de excluir productos de origen canadiense de las contrataciones del gobierno civil federal, en respuesta a las medidas de Canadá que han negado a las empresas estadounidenses el acceso a los mercados de contratación federales y provinciales de dicho país", reza la nota aclaratoria publicada por la Casa Blanca.**

Evidentemente, las notas de la Casa Blanca no mencionan quién empezó esta guerra arancelaria. Son una reacción indignada a la escapatoria buscada por Canadá que se ampara en la Unión Europea y de Europa que se fortalece más allá de sus fronteras creando una interesante colaboración para ambos.

Ahora que hay tanta discusión sobre mapas y fronteras, está bien recordar como ha hecho la Unión por boca de Ursula von der Leyen, que lo que une es el modelo democrático, algo que nos distancia de los Estados Unidos, volcado hacia el autoritarismo de Trump.

Infobae

El anuncio de conferir el estatus de estado asociado, sea esto lo que sea, es una buena noticia en un océano de malas prácticas por parte de quienes deberían usar otras fórmulas más acordes con sus principios básicos, los que se están perdiendo por el camino de la presidencia norteamericana.

Son ya muchas las voces en Estados Unidos que avisan de la degradación democrática, de la construcción sobre la fuerza imperialista. Se cuentan los días para llegar a las elecciones de medio mandato y ver el efecto de todo esto sobre el poder, que es el auténtico centro. Si se produce un descalabro, nos dicen será por la creciente inflación una elevación constante y disparada del coste de la vida. Triste que sea el bolsillo el que desplaza las ideas y principios, pero es el escenario que Trump quería.

Cuantos más frentes simultáneos tenga abiertos Trump, más peligro hay de que colapse y pierda el control. El problema son los efectos planetarios que pueda tener el caos. Por eso, mantener nuestro campo fuerte y bien ordenado es muy importante. 

* Emilio Ordiz "Von der Leyen diagnostica una UE "fuerte y débil" al mismo tiempo, reivindica la IA y anuncia una alianza histórica con Canadá" 20minutos 16/09/2026 https://www.20minutos.es/internacional/directo-debate-estado-union-europea-2026-video_7037272_0.html

** "Von der Leyen abre la puerta a Canadá para convertirse en miembro asociado de la UE y Trump amenaza con aranceles" RTVE.es 17/09/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260917/ue-canada-miembro-asociado-trump-amenaza-aranceles/17228286.shtml

jueves, 8 de agosto de 2013

Un canadiense excéntrico

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mark Carney viene de un país extraño, un país cuyo sentido universal parece que hagan chistes sobre él en las series estadounidenses. No llegan muchas noticias de Canadá; alguna sobre disputas lingüísticas o tensiones separatistas cuando hay elecciones y poco más. Mark Cartney, canadiense, ex Goldman Sachs, ha aterrizado en el Banco Central de Reino Unido y les ha dicho una cosa muy rara a los británicos. Nos lo cuenta el diario El País:

El gobernador del Banco de Inglaterra, el canadiense Mark Carney, dijo hoy que hay que cambiar la "cultura" de las entidades bancarias para que presten atención al lado "social", a fin de crear empleos y ayudar a las empresas a invertir.
"El asunto cultural es fundamentalmente importante. Tiene que haber un cambio en la cultura de estas instituciones. Es algo sobre lo que he hablado en el pasado cuando estaba en Canadá (donde fue gobernador del Banco Central), y se aplica también aquí", señaló.
"Yo creo que las finanzas pueden desempeñar una función social y económica útil", puntualizó el nuevo gobernador.
En su opinión, el sector financiero debe concentrarse en la "economía real", en la creación de empleos e impulso de la economía.
Según Carney, la pérdida de esa "concentración" en la economía y la sociedad hace que las finanzas sean "inútiles socialmente".*


Ese cambio de "cultura" contrasta con la opinión de la sabia empleada de mi sucursal, quien me dijo una vez que "los bancos están para ganar dinero y que unos lo hacen mejor que otros", que es como decir que hay robos mal hechos y otros bien hechos en los que no se dejan huellas. El diario El País dedica hoy su editorial —"Quejas sin respuesta"— al auténtico escándalo de que la banca española desatienda las reclamaciones de sus clientes, incluso las justas, desoyendo las resoluciones. Piden la intervención del Banco de España para que la banca atienda y deje  esa actitud impresentable de hacer oídos sordos a las sentencias que no le dan la razón. Están acostumbrados, según parece, a hacer lo que quieren sin que nadie les pueda decir nada, a ignorar las reclamaciones que tienen que atender.


La "doctrina Cartney", vamos a llamarla así, tiene mucho de osadía —ya le recibieron de uñas algunos en Reino Unido— porque decir estas cosas en una manifestación delante de mi sucursal puede ser un desahogo folclórico, pero decírselo a la BBC desde su puesto del Banco de Inglaterra es otra cosa. Decirlo cerquita de la City, en un país que ha ido perdiendo su tejido industrial centrándose en el mundo financiero, en la especulación mundial, en el que se refugian los que se sienten presionados en sus cuentas bancarias —menos Depardieu, que se va a Rusia—, el país en el que los banqueros juegan con el LIBOR (London InterBank Offered Rate) como el que juega al bádminton —es decir, pegándole fuerte para arriba, que ya caerá—, etcétera, etcétera, pues tiene un gran mérito provocativo.

Esto es lo que escribía José Alvear Sanín, en 2009 —en pleno estallido de la crisis financiera—, en el diario colombiano El Mundo, , bajo el significativo título "¿El fin de Inglaterra?":

La liquidación del Imperio significó un doloroso reacomodamiento para pasar de primera potencia a una posición secundaria en el mundo. Luego, con la transformación tatcherista, pareció detenerse la decadencia económica, pero el neoliberalismo más hirsuto agotó pronto sus aspectos benéficos como revulsivo porque, en vez de conducir a una recuperación industrial, produjo una mentalidad cortoplacista para el rápido lucro especulativo, seguida de un empobrecimiento general de los estratos menos favorecidos, con eliminación en buena parte del Wellfare State. 
Se redujeron los impuestos al capital y se desreguló la actividad bancaria hasta los extremos que han significado el desplome actual de esa industria. Se desmanteló el viejo aparato industrial. Casi todas las grandes compañías se vendieron a multinacionales extranjeras, antes de traspasar la propiedad de buena parte de la electricidad, los acueductos, los aeropuertos y las terminales marítimos a empresas foráneas.**

Cuando Alvear Sanín terminaba de describir las cifras de los efectos de la desindustrialización y de la conversión en un país de finanzas, dedicado al cortoplacismo, la búsqueda del dinero fácil y la inversiones allí dónde se obtenga la máxima ganancia sin importar otros factores, introducía una solitaria línea en la que señalaba: «Solamente Estados Unidos y España acusan cifras peores en ese capítulo. »** Nosotros, siempre con los grandes. 
El diario El País de hoy mismo nos trae otra noticia: las protestas por la desindustrialización de Andalucía. Titula el diario: "Andalucía pierde 16.000 operarios de la industria en solo un año"***. A través de los dramas personales de los desempleados o de los especialistas de la industria empleados en ocupaciones como vender pescado, nos va describiendo la lenta desindustrialización de Andalucía, pero que puede extenderse al resto del país, que muere lentamente por la falta de financiación a la economía real, por los miramientos de los que fomentaron la especulación de las burbujas, por los que apostaron todo al ladrillo, que era lo que permitía ganar por los préstamos a todos, a constructores y a compradores de casas, amparados en unos políticos no supieron o no quisieron —advertidos desde fuera estaban, desde luego— frenar ese modelo pensando, como es característico de la euforias financieras, que nunca se pincharía el globo.


La banca es rescatada, pero no lo es la industria, que debería recibir los efectos de ese rescate. Europa concede dinero que volverá a las arcas de los deudores, sus propios bancos, pero no quiere competidores industriales. Los que debemos querer competir somos nosotros, hacerlo desarrollando de nuevo la industria. El fiasco de los "astilleros" de estos días, con la devolución de las ayudas europeas, nos advierte claramente que hay que ir con pies de plomo, no sean que corten las alas. El esfuerzo industrial lo debemos hacer nosotros, agrupando fuerzas, potenciando iniciativas, creando alternativas, algo que no se ha hecho durante décadas de desidia en este sentido. La desindustrialización es lo que hay que evitar a todo trance —es lo que están haciendo países como Estados Unidos, que ha aprendido algo de la crisis— porque es el centro del empleo estable, lo que permite sortear las crisis con exportación, permite la innovación y el desarrollo científico e investigador. Sin industria no hay futuro. Y la industria necesita del crédito.


La recomendación de Mark Carney de que la banca invierta en la economía real, que los créditos vayas a las empresas e industrias, no es una excentricidad canadiense: es el futuro de este o de cualquier país que sienta que sus autoridades no están como florero neoliberal, esperando a que se reconstruya por efecto de la mano invisible, sino por las acciones inteligentes y eficaces sobre el sistema, redirigiendo los esfuerzos allí donde se pueden consolidar sectores industriales generadores de estabilidad y no en nuevas especulaciones, vendiendo a precio de risa a los que vienen a comprar en los saldos nacionales. Desde todas partes manifiestan el temor porque el crédito no fluye hacia la economía real. Y la banca espera a ser ella la que decida cuándo, cómo y a quién. En otras circunstancias sería lógico, pero teniendo en cuenta su responsabilidad en esta crisis y, especialmente, lo que se ha sacrificado por sanearla, creo que apelar a su responsabilidad —como la quieran llamar: ¿social, nacional, ética...?— no es demasiado. El modelo ha cambiado; debe cambiar.


Es el único valor que los españoles esperamos de nuestros políticos. Y, desgraciadamente, sus propias formas de selección no dan el tipo adecuado. La única política parece ser, como en las subastas, que los precios caigan tanto que les resulte atractivo a los demás comprarnos. Ya lo dijo Donald Trump.
Creo que necesitamos también algún canadiense excéntrico o, en su defecto, tomar nota. 

* "El gobernador del Banco de Inglaterra cree que los bancos deben centrarse en el lado "social"" El País 8/08/2013 http://economia.elpais.com/economia/2013/08/08/agencias/1375951087_444308.html
** "¿El fin de Inglaterra?" El Mundo.com 4/02/2009 http://www.elmundo.com/portal/pagina.general.impresion.php?idx=107140
*** "Andalucía pierde 16.000 operarios de la industria en solo un año" El País http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/08/07/andalucia/1375891496_442370.html