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miércoles, 23 de febrero de 2022

Intrapolítica

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Era inevitable. Si lo que "triunfa" en política es el género peleón, el enfrentamiento a cara de perro con el contrario, la palabra hiriente y la negación del diálogo, era cuestión de tiempo que los colmillos se volvieran contra el propio partido. No se puede pretender criar mastines y que se comporten como pekineses.

Hasta el momento, los partidos han mantenido la norma de morderse en privado y reservar los gestos agresivos —confundidos con la firmeza— para el exterior. Pero siempre se puede perder el control cuando se está en la gresca diaria, con la adrenalina subida y sin forma de hacerla bajar.


La llamada "crisis del PP" es también la de un modelo político que no es exclusivo suyo. Los partidos políticos son "feudales" favorecidos por la estructura tripartita nacional-autonómico-municipal, una forma de repartir poder, pero también una peligrosa forma de acapararlo.

No me ha gustado nunca la expresión "barones" aplicada a los que finalmente han ejercido como poderes reales, con capacidad de control hacia abajo y hacia arriba. Es una fórmula que acaba siendo conflictiva, como hemos podido ver en el caso madrileño, donde la autonomía contiene una ciudad como la capital de España y se acaban produciendo disputas a tres banda, presidencia autonómica, presidencia del partido y alcaldía de Madrid, tres campos poderosos que hacen aspirar a sus cabezas a querer un poco más. En otras Comunidades, el panorama puede ser distinto, oscilando las tres partes en sus repartos y formas de equilibrios. Las Comunidades uniprovinciales tienden al conflicto, como el caso extremo de Madrid. Mucho poder y poco espacio, un aliciente para la agresividad y los conflictos.

Los "barones" se juegan mucho con lo que ocurre fuera de sus fronteras territoriales, pues la expansión de los conflictos les puede condicionar su propia situación, como hemos visto con el inicio de conversaciones para formar gobierno en Castilla y León, afectadas por la debilidad actual del partido.

Sorprende la rapidez con la que han "enterrado" a Pablo Casado para evitar el desangrarse en sus feudos. Son los que han mostrado dónde reside el verdadero poder en los partidos que mantienen esta estructura feudal. Su posición hace que los barones tiendan a la calma, pues tienen que administrar un "territorio" real, a diferencia de los cargos nacionales. Ellos se labran su fortuna sobre un territorio delimitado y cosechan según sus propias guerras. Que se abran nuevas les perjudica porque les hace intervenir en algo que no pueden controlar, por lo que solo les queda "dinamitar" el edificio y tratar de reconstruir uno alejado de los conflictos.

Pero la Autonomía madrileña es un espacio pequeño y donde se concentran demasiadas instancias de poder, no solamente políticas, sino otras de diverso orden y poder real, como es el centro de decisión económica, algo que no se debe olvidar, y el mayor poder mediático. En Madrid, todos los despachos están cerca.

La oposición, como ya señalamos el otro día, no entiende de retrocesos o cierres en falso. La presentación de peticiones de investigación por la Fiscalía Anticorrupción ya se ha producido y lo que tenga que salir saldrá. La desaparición de Casado no borra el pasado, los hechos. Por mucho que quieran mirar al futuro, están evitando mirar lo que ocurre debajo de la mesa. Pero eso ya lo están haciendo otros. Como bien ha dicho el dimitido Teodoro García Egea en su despedida, ¿qué deben hacer los partidos cuando les llegan informaciones sobre irregularidades? Por mucho que se hayan equivocado en la estrategia, forma de actuar y cálculo de sus fuerzas, la cuestión queda sobre la mesa y seguirá condicionando la vida del Partido Popular.

Pero más allá del propio partido, las estructuras de los partidos nacionales han dejado ver sus límites y limitaciones. Se ha podido apreciar lo que tantos fines de semana de sonrisas y disparos en todas direcciones no han podido tapar, la incapacidad de gestionar problemas cuando salen a la luz.

El Partido Popular lleva viviendo situaciones de conflicto desde que se empezaron a crear problemas autonómicos, problemas debidos a la necesidad de pactar con otras fuerzas de una forma complicada y jugando a diferentes bandas, Pero no es sencillo atacar en una autonomía a quien puede ser tu socio en otra, gobernar en una con quien estás hundiendo en otra.


Si lo ocurrido es resultado de unas comisiones para beneficiar a la familia o si esto ha sido la excusa ante movimientos en diversas direcciones habrá que esperar a verlo un tiempo.

Por lo pronto, lo que queda es lo conflictivo del modelo de poder y, especialmente, lo conflictivo de los modos de liderazgo, buscar la notoriedad a golpe de efecto mediático. Es este estilo bronco de ciertos dirigentes —curiosamente encarnado por mujeres en prácticamente todo el espectro político— el que atrae la atención mediática. Aquí comentamos el papel de ciertos medios en esta crisis, tomando parte de forma insólita hasta el momento. El argumento de algunos ha sido no retroceder en lo que se había considerado una línea clara hacia La Moncloa, acabar con el "sanchismo". Mientras, Vox presentaba a Abascal en el mitin de Valladolid como el próximo "presidente".

La política española es demasiado agresiva, poco dialogante y excesivamente mediática. Las actuales circunstancias y complejidades exigen que los "asuntos de estado" sean posibles motivos de encuentro para poder avanzar y no un tejer y destejer continuo donde el centro de las campañas es deshacer lo que otros han hecho.


Un caso de comisiones familiares se convierte en una cerilla que se deja caer sobre los charcos de gasolina que rodean al surtidor. Puede que los "barones" intenten salvar sus feudos y evitar que lo ocurrido les arrastre. Pero tendrán que tener en cuenta "qué" están salvando realmente y los precedentes que sientan en esa próxima "reencarnación" que ya todos prometen. Eso, evidentemente, es su plan. Pero tiene poco que ver con lo que va a rodear el caso y, sobre todo, su resolución, algo que queda ya fuera de su alcance.

Casado y Díaz Ayuso, amigos del alma, nacidos en una misma camada, se han mostrado finalmente incompatibles y feroces. Atrás quedan sonrisas, abrazos y piropos, promesas de apoyo. Hay una "intrapolítica" como decía Unamuno que hay una "intrahistoria". Y esta no es nada ejemplar. La mano que hoy se hace contigo un selfie sonriente es la misma que te apuñala. Los medios se recrean recogiendo imágenes de la buena amistad de Casado y Diaz Ayuso, una historia gráfica de buen rollo.

Quien hizo sus cálculos en esto, falló estrepitosamente.


lunes, 21 de febrero de 2022

El golpe

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La tensión en el PP va a más y o a menos, como algunos —y solo algunos— querían. En este contexto, Pablo Casado ha dado un mal paso estratégico al dar por buenas las explicaciones ofrecidas. Esto hubiera bastado ante otro rival, pero el estilo bronco de Díaz Ayuso lo ha tomado como una oportunidad para ganar terreno rápidamente en el campo de batalla.

La manifestación del otro día ante Génova pidiendo la cabeza de Pablo Casado y Teodoro García Egea es un movimiento que tiene poco de espontáneo y muestra las técnicas populistas de Díaz Ayuso y los que están detrás en un doble movimiento de tenaza, la calle y los medios.

El editorial del diario ABC, con el titular "Casado, una dimisión obligada", no deja espacio a otro tipo de reflexión más que pedir la cabeza del presidente del partido y de la directiva nacional: 

La guerra civil en el Partido Popular se ha hecho tan insostenible y carente de salidas negociadas que Pablo Casado debe dimitir como presidente nacional del partido en las próximas horas. Ya no se trata de que sea mejor o peor candidato, sino de que no ha sabido resolver una crisis que ya ha contagiado al partido, a las bases, a la militancia y a millones de votantes en toda España. No es un episodio que afecte a Madrid. Es la marca electoral la que irreversiblemente seguirá marcada e inutilizada mientras Casado continúe en ella. Ese es el sentir de la inmensa mayoría de los dirigentes territoriales del PP, que exigen un cortafuegos definitivo y drástico como único remedio para salvarse de una sangría.

Es el partido lo que está en juego. Esto ya no va de liderazgos, y cualquier salida negociada de Teodoro García Egea ha quedado desfasada por los acontecimientos, por la incomprensible tardanza de Génova en atajar el conflicto, y porque todo se ha revelado absolutamente inútil y dañino.

Lo ocurrido en Madrid ha extendido por toda España un divorcio real de las bases con su presidente, que por el bien del partido debe renunciar en cuestión de horas. Ya no se trata de intentar recabar apoyos autonómicos, seguir midiendo fuerzas en su pugna con Díaz Ayuso, o buscar soluciones creativas de intercambio de cromos en forma de dimisiones. El perjuicio causado es mucho mayor del que ni siquiera hace tres días podía preverse. Cuando más de 4.000 personas se personan ante la sede del PP exigiendo su dimisión no se trata de un teatro preparado para seguir convulsionando el partido. Es la evidencia de una indignación real que comparten muchos militantes en todo el territorio español. La ingratitud de la política y la vertiginosidad con que hoy en día los militantes y votantes exigen respuestas hace ya incompatible que se pierda un solo minuto más en el PP.*

 


Lo que sigue es la petición de un congreso nacional extraordinario en el que rematar la faena acabando con la dirección del partido. Sorprende la clarividencia del editorialista en la extensión de su análisis a toda España. La idea de la "indignación real" y de la defenestración de la directiva excluye a la principal causante del desaguisado.

Si Casado ha cometido un error grave ha sido precisamente el de creer que aceptando las explicaciones de Díaz Ayuso el asunto se iba a detener. No lo hace porque la propia Díaz Ayuso no está interesada en ello, por un lado, y porque por mucho que Casado "acepte", las investigaciones están en marcha, por lo que se decidirá en los tribunales finalmente quién estaba en lo cierto. Pero mucho me temo que todo esto pase a un segundo término en la clave interna del PP, donde no hay que confundir la lucha y la excusa. La lucha es más amplia que la excusa para el estallido.

El editorial de ABC se posiciona claramente en un bando, contra Casado, en uno de los casos más flagrantes de partidismo informativo que se han visto en estos lares:

Su fallida embestida a Díaz Ayuso lo ha privado de margen de maniobra. Apostó a todo o nada, y perdió desde el momento que se presentó ante los micrófonos de la cadena Cope mal preparado, mal informado, mal asesorado y mal documentado. Y fiándose de unos datos bancarios y fiscales sobre el hermano de Díaz Ayuso que nunca debieron haber llegado a sus manos. Casado tiene que oír tanto el clamor de los indignados de su partido como el silencio de los que no le apoyan. Debe irse, hoy, ya, mejor que mañana.

Es difícil ver a un diario con este grado de propaganda política hacia una persona en una confrontación como es el caso. ¿Qué quiere decir "que nunca debieron llegar a sus manos"? Todo forma parte de la elevación de la figura de la presidenta madrileña a las cumbres del victimismo. La teoría de la conspiración, en este caso del "espionaje", contra ella ha sido su principal arma de defensa: celosos de su éxito, las fuerzas oscuras del PP han trabajado para derrocarla. Este es el argumento que desde el principio han elaborado sus equipos de defensa y ataque. Por eso Casado ha hecho mal en aceptar de mala manera las explicaciones que le dejan en mal lugar. Es la forma de decir que "no había nada" en lo que no está claro todavía y que se seguirá investigando por parte de otros grupos políticos y la fiscalía.

El editorial se adelanta a los hechos para exigir la eliminación de Pablo Casado con el argumento del daño al PP en las futuras contiendas:

Casado ha perdido la confianza de su propio partido, y cunde el pánico a que cualquier opción que tuviese el PP de ganar las elecciones a Pedro Sánchez se haya disipado. Su intervención en la Cope días atrás no fue la de un líder pacificador del partido, dispuesto a encabezar una solución. Solo ofreció la sensación de dirigir un equipo débil cuya única salida posible es renunciar definitivamente a su proyecto y dar paso a uno nuevo. Todo el partido ha quedado en ‘shock’, todo el partido está contaminado, y es todo el partido el que se juega su futuro.

En esto han vuelto contra Casado sus propias argumentaciones. Casado ha estado hablando de la inevitable llegada del PP a La Moncloa. Es uno de esos argumentos retóricos y absurdos, la creencia en ciclos, destinos, etc. que hacen inevitable la llegada al poder. Ganar en Madrid se convirtió en una insignia del PP, al que iban a suceder un éxito tras otro. Sin embargo, eso depende de muchas otras cosas.

Si Casado era la cabeza visible de la victoria, tras del debilitamiento de las expectativas (anunciado por las encuestas y mostrado en los resultados de Castilla y León), se producen los conflictos internos sobre la forma de llegar a La Moncloa. Ya no vale lo que antes valía. El final del demoledor editorial es rotundo: "El Partido Popular está en una nueva fase. El tiempo de este equipo que sucedió al de Mariano Rajoy se ha agotado. No hay solución de continuidad. Casado debe marcharse hoy mismo." 

En RTVE, la interpretación, en cambio, es más salomónica. No dan la batalla por ganada a Díaz Ayuso, como hace el editorial de ABC. Eso sí, señalan la evidencia el peligro de cara al futuro por el daño causado: 

"Ninguna de las dos partes enfrentadas ya es la solución y esto solo lo salva una tercera vía", han asegurado a TVE voces del PP, que añaden que ambas partes "tienen responsabilidad" pero "¿quién vela por la imagen del partido?", se preguntan.

Sobre la manifestación de este domingo, voces críticas de peso afirman que es "muy gráfico lo de hoy. No es que Casado ya no pueda salir de la sede sino que ni siquiera puede entrar" e interpretan que el cierre del expediente a Ayuso supone que la dirección "se ha echado atrás".

Estas fuentes afirman que  "casi todo el mundo en el partido da por hecho que habrá congreso".

Por contra, los barones y dirigentes del partido se han mantenido en silencio, salvo el presidente del PP de la Región de Murcia y jefe del Ejecutivo autonómico, Fernando López Miras, quien ha defendido a García Egea y ha asegurado que no debe dimitir, ya que ha hecho un buen trabajo rearmando al partido, y ha subrayado que Casado es el único presidente y alternativa.**

 


Lo que se debate en el PP es algo más que una cuestión entre egos, que son el continente y no el contenido. El estallido de la dirección contra Díaz Ayuso se produce precisamente tras las tensiones creadas por las elecciones en Castilla y León. La falta de una mayoría contundente que permitiera gobernar hace que se pongan sobre la mesa distintas posibilidades. Paga entonces el PP sus maniobras para la destrucción de Ciudadanos, que se ve reducido en todos los ámbitos... para beneficio no del PP sino de Vox, que es el partido que crece condicionando el propio desarrollo del PP, al que no le queda margen de pactos, obligados a dirigirse hacia el partido de la ultraderecha.

La única voz que se escucha a favor del pacto con el partido de Abascal es la de Díaz Ayuso. Pocas horas después, estalla el conflicto cuyas consecuencias vemos ahora.

La dirección del PP ha estado en guerra abierta con Vox tratando de evitar que el peso creciente de la ultraderecha marque una distancia con lo que es un partido democrático y europeísta. Apoyar o apoyarse en Vox tiene unas consecuencias claras, como lo manifiesta lo que Abascal puso sobre la mesa en la noche misma del recuento. Es el mismo Vox que se manifiesta en Europa junto a Hungría y Polonia, los dos países sancionados por la Unión Europea por sus déficits democráticos, por su retroceso en el Estado de Derecho, como acaban de dictaminar los tribunales europeos. Esta es la derecha populista y reaccionaria que pide retirar la normativa de género por considerarla una "ideología". Es la ultraderecha que hace encuentros con Marine LePen y otros dirigentes de la misma ralea. Con esas alianzas, ¿cómo estar en Europa?

Pero ese es el modelo del pragmatismo populista de Díaz Ayuso, lo que encandila a esos seguidores que la reivindican en la calle pidiendo que sean ellas, Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo, las que lleguen al "poder". La campaña callejera ya la señala como "presidenta"; es el momento de mover todas las fichas para dar el golpe de mano y hacerse con la dirección del partido, y a la vez deshacerse de sus enemigos.

Sorprende así la radical postura del diario ABC, al que el incidente le permite eliminar de un plumazo a toda la directiva del PP, a todos los que siguieron después de Mariano Rajoy y de los que la propia Díaz Ayuso forma parte.

Los que piden una "tercera vía", en cambio, buscan no verse absorbidos por lo que Díaz Ayuso representa. Ha sido una pieza movida con habilidad para llegar al poder de Madrid, una comunidad que no logra librarse de sus constantes parásitos y fantasmas. Parece que nada crece aquí sin ellos.

En otro punto del espectro informativo, el diario El País, en su editorial, explica:

El presidente del partido acude a la misma sede nacional del PP ante cuyas puertas se manifestaron ayer unas 3.000 personas pidiendo su dimisión, la dimisión de García Egea, y reclamando que Isabel Díaz Ayuso ocupe su lugar como lideresa del partido y candidata a La Moncloa. Una intensa campaña en las redes sociales había extendido durante las últimas horas la convocatoria ante las sedes populares de toda España, pero solo en Madrid las protestas de apoyo a Díaz Ayuso tuvieron éxito. El trumpismo español —muy concentrado en la capital como pudo apreciarse ayer— se revuelve contra el dirigente elegido en primarias por la militancia del partido hace cuatro años. Cualquier otro candidato que se postule a poner remedio a la implosión popular habrá tomado buena nota de hasta qué punto ha llegado la alimentación del monstruo populista en su seno. El partido del orden dirimiendo en la calle sus conflictos orgánicos sin que la beneficiaria de la agitación callejera —el nombre de Díaz Ayuso figuraba en la convocatoria anónima— hubiera desautorizado el aquelarre. La pérdida de institucionalidad alcanza de manera abrasiva desde ayer al Partido Popular, contagiados sus dirigentes de los modos que exporta la derecha radical norteamericana. La degradación de la conversación pública española tiene mucho que ver con el uso permanente que los portavoces populares han hecho de las hipérboles, los insultos, las descalificaciones personales y la desinformación. Esa escalada verbal que alegremente han aplicado a sus adversarios políticos se la están dedicando ahora entre ellos y la reciben, asombrados, de algunos de sus soportes mediáticos habituales.*** 


El análisis del diario nos muestra otra perspectiva diferente a la de ABC —y El Mundo, en una línea similar— y las referencias al "trumpismo" y sus formas describen ese comportamiento que finalmente se ha ido adueñando de un sector del electorado radicalizándolo. La manifestación de la calle Génova tiene mucho de orquestado —es evidente—, como lo tienen las presiones en redes sociales o los medios afines que sobreviven gracias a la necesidad de fuentes de modulación informativa. La supuesta espontaneidad de Díaz Ayuso no es más que la interfaz populista que así la quiere presentar.


Son muchos los que han contribuido a la radicalización de la sociedad española. Lo han hecho de muchas formas. La eliminación de una posibilidad centrista, liberal, que pudiera moderar a derecha e izquierda con sus entradas en el poder, tal como hacían en su tiempo los Liberales británicos o algunos partidos en Alemania, se nos escapa en la España del voto fragmentado y radicalizado a derecha e izquierda, una España en la que es posible que partidos antidemocráticos, separatistas, ex partidarios del terrorismo, etc. entren en las quinielas del poder y en las alianzas de gobierno.

La radicalidad llama a la radicalización progresiva. El episodio madrileño es un intento más de hacer avanzar esa radicalización. Los partidarios de Díaz Ayuso han comprobado que el llamado "efecto Ayuso" no funciona en otras demarcaciones, pero quieren ampliarlo a las conexiones con Vox, un peligro real. El uso de grandes palabras —"patria", "libertad", "familia", etc.— no es garantía precisamente de grandes principios y ese es el camino del populismo.

La necesidad de un partido realmente liberal y no solo liberalmente económico es importante. Una democracia necesita cierto tipo de equilibrio y de opciones equilibradas para poder ser estable. Lo que nos están trayendo con estas luchas no es eso precisamente.

Para Díaz Ayuso y los suyos, la mejor defensa es un buen ataque. La aparición de pancartas y camisetas pidiendo su posición al frente del Partido Popular, proclamándola "presidenta" y llevándola a La Moncloa nos muestra un dudoso grado de espontaneidad y, por el contrario, una bien elaborada campaña para hacer retroceder a la dirección del partido, primero, para destruirla después. Es todo un golpe —callejero y mediático— diseñado con eficacia  y con el deseo de llevar el daño lo más lejos posible para que las reacciones vayan contra la dirección dinamitándola. ¿Lo logrará?

Sabiendo cómo trabajan Díaz Ayuso y los suyos, nadie querrá exponerse demasiado hasta llegar al congreso nacional extraordinario donde se puedan zanjar los asuntos con menos exposición. Los partidarios de una tercera vía que liquide el asunto deben ser discretos y no exponerse demasiado.

El Mundo

* "Editorial de ABC: Casado, una dimisión obligada" ABC 20/02/2022 https://www.abc.es/opinion/abci-editorial-abc-editorial-abc-casado-dimision-obligada-mismo-202202201451_noticia.html

** "Mas de 3.000 personas arropan a Ayuso y piden la dimisión de Casado y Egea frente a la sede del PP" RTVE.es 20/02/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220220/crisis-pp-cientos-personas-piden-dimision-casado-egea/2292900.shtml

*** Editorial "La pelea del PP baja a la calle en Madrid" El País 21/02/2022 https://elpais.com/opinion/2022-02-21/la-pelea-del-pp-baja-a-la-calle-en-madrid.html

lunes, 25 de noviembre de 2019

Las viejas ideas del joven Casado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Muchas veces el partidismo nos hace decir cosas que no debemos o, si se prefiere, decimos lo contrario de lo que los otros dicen porque si ellos los dicen es que está mal. Es ir en contra por estar en contra de quienes lo dicen. Esto es absurdo y va contra el sentido común, es pura obcecación.
Me temo que esto le está pasando a la ultraderecha y a la derecha españolas que no quiere perder el tren de la queja. El ABC se congratula en titulares del buen papel que ha hecho el "joven político" Pablo Casado ante el club popular europeo. Nos cuenta que ha arremetido contra diversos muros. El primero de ellos ha sido el del "nacionalismo", agradeciendo el apoyo frente al secesionismo catalán; el segundo es el del "populismo". Ya del segundo pone como causante a la "inmigración", lo que es mucho suponer y sumarse a discursos que rápidamente se entienden mal. Hay mucho de demagogia y de confundir sin más efectos y causas. Pero de esto también se vive, incluido el "populismo" y ahora el "antipopulismo".
Pero me interesa especialmente el tercero, según ABC, por boca de Mariano Calleja, autor del artículo:

El tercer muro que hay que derribar, según Casado, es el del identitarismo. Se refirió a dos identidades: la «religión verde», que afecta a todo lo relacionado con el cambio climático, y la que tiene que ver con la ideología de género. Se trata de «identidades» o verdades que desde la izquierda se intentan imponer como absolutas. El líder del PP rechazó las lecciones medioambientales de los partidos de izquierda, y las relativas a la defensa de los derechos de las mujeres, porque los populares siempre han estado, dijo, a la vanguardia en la defensa de la igualdad de oportunidades. Puso como ejemplo los casos de Merkel, Loyola de Palacio y Ursula Von der Leyen.*



Se equivoca plenamente Pablo Casado al considerar que estos dos discursos "identitarios, como los llama, son patrimonio de alguna ideología. Deberían ser parte del más amplio consenso social porque ambos son pre políticos y muy peligroso ignorarlos por las dramáticas consecuencias más allá de lo político. Llamar a esto "identidades" es simplemente una barbaridad. Pero también le da una "identidad" a la contra a las ideas de Casado.
Considerar "muros" de la izquierda el cambio climático y el discurso anti patriarcal es el mayor error estratégico que Casado ha podido cometer y solo se puede entender como los efectos secundarios que el acercamiento a la ultraderecha le han dejado tras las fases oscilantes por las que ha pasado durante la campaña electoral última.


¿Realmente quiere Casado que el "centro" español sostenga el mismo discurso que Donald Trump? ¿Es capaz de asumir el "negacionismo" climático? ¿Es capaz de seguir diciendo que no existe una violencia machista, en esta y otras sociedades, que necesita ser combatida? Si así lo hace se hará responsable de los múltiples efectos del cambio climático —irá además contra las evidencias científicas, aunque esto ya lo hizo Mariano Rajoy y un primo suyo que sabía de esto— y se hará cómplice de cada muerte o discriminación. ¿Está preparado para hacer el ridículo como VOX en las condenas, quedando aparte y diciendo que las víctimas no son mujeres, sino una casualidad?


¿Qué tendrán que ver "los casos de Merkel, Loyola de Palacio y Ursula Von der Leyen" con la condena de la violencia y el reconocimiento de sus causas profundas? ¿Recomendará, como hizo Trump al llegar a la casa Blanca, un tipo de mujer, una forma de vestir y de comportarse?
Se muestra así que no es capaz de distinguir el envoltorio del contenido de la caja. Tanto el cambio climático como la violencia contra las mujeres existen y negarlo no es más que una forma estúpida de marcar diferencias. Es más, así solo consigue dejar el espacio de lo obvio y el sentido común a sus adversarios, que estarán felices por del doble regalo: 1) por dejarles a ellos las reivindicaciones en exclusiva; y 2) por negarse a condenar lo que todos deberíamos condenar sin un color determinado. Es tan infantil el planteamiento de Casado que los populares europeos se habrán sentido intrigados por la conducta del "joven político".


Los muros de Casado se caen solos. No necesitan de muchas trompetas ni castañuelas. "Casado urge a Europa" es demasiado decir a la vista de lo corto de sus exigencias. Creo que tiene un problema serio en los discursos y es que no se puede jugar a todo a la vez, unos días a la derecha, otros a la ultraderecha y otros al centro por temor a que se le escapen votos. De no remediarse acabará siendo el joven Gundisalvo.
Es una pena que por presiones "medioambientales",  no consigamos tener los partidos modernos que necesitamos y que todos sigan viviendo de rentables tópicos. No se puede negar a estas alturas del siglo XXI ni el cambio climático ni la violencia de género diciendo que son "tópicos de la izquierda". Nos merecemos un poco más de inteligencia porque es mucho lo que nos jugamos en los dos terrenos.
Discutan pero, por favor, no retrocedan.


* "Casado urge a Europa a derribar los muros del nacionalismo y el populismo" ABC 22/11/2019
https://www.abc.es/espana/abci-casado-urge-europa-derribar-muros-nacionalismo-y-populismo-201911220207_noticia.html

lunes, 6 de agosto de 2018

Los tres problemas de Casado


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los frentes que tiene ahora mismo abiertos Pablo Casado son tres: a) cómo gestionar su aterrizaje en la presidencia del Partido Popular; b) la percepción preocupada desde Europa de que trata de llevar al PP hacia una narrativa neoliberal y populista; y c) el culebrón del máster universitario. Son  tres cosas distintas, pero al convivir en el mismo cuerpo y espacio-tiempo las unas interactúan con las otras.
Es sorprendente la salida hacia adelante de Casado cuando era el candidato más débil por la tercera cuestión. ¿Pensaba que quedaría aparcada? Más bien lo contrario. Los titulares del diario El País son "La juez aprecia “indicios de responsabilidad penal” en Pablo Casado y eleva su caso al Supremo" (caso C), "Las claves del máster de Casado" (caso C), "El riesgo populista en España por la tensión migratoria pone en alerta a Bruselas" (centrado en Casado, caso B), "El PP de las trolas" (casos A y B). En el diario El Mundo es todavía peor.
La sorpresa por la elección de un líder tan débil es menor en la interpretación de Manuel Jabois, en el último artículo mencionado, "El PP de las trolas". Los enemigos creados por Soraya Sáenz de Santamaría a lo largo de los años se unieron para perderla de vista o, como se dice en el texto: «Más que mirar al futuro, se había mirado al pasado: unos para vengarse de él y otros, como el aspirante, para prometer no repetirlo.»*. No le va a ser fácil gestionar esto. porque ha sido una forma extraña de renovación elegir a un presidente que ya está en los titulares por causas legales.


La Historia dice que es más fácil caer por un precipicio cuando alguien te empuja. Los fondos de los precipicios están llenos de incautos que siguieron la sugerencia de mirar hacia abajo. También nos dice que la forma más sencilla de quitar a alguien de en medio es aprovechar sus propios errores. La cuestión de los "estudios rápidos" ya se ha cobrado una víctima importante en el PP, también una de las posibles candidatas a la dirección del partido en caso de relevo, la ex presidenta de Madrid. Veremos en qué queda el asunto en los tribunales, pero sí hay una cuestión segura: va a tener que vivir toda su vida política con ello. Esto supone una enorme debilidad para el Partido Popular cuando lo tiene al frente. No hay más que mirar la prensa para comprenderlo.
Lo preocupante es que obligará a Pablo Casado a intentar desviar la situación con otros motivos —el modelo Trump de distraer— y eso tiene un coste político, como hemos podido apreciar en sus salidas sobre el tema de la inmigración. Era lo más fácil, pero también lo más caro. Ya lo está viendo en las recepciones en la calle.
Preocupante también es que lo que no se dice como gobierno se diga como oposición, lo que resta credibilidad y más parece oportunismo. Hay intereses en que el Partido Popular haga un giro populista y nacionalista; lo hay a la vista de ciertos artículos aparecidos ponderando a los populistas europeos, como el austriaco y tratado de comparar a Casado con sus líderes.


El caso de Cataluña sigue abierto y con malas perspectivas. Una falta de contundencia en las instituciones europeas puede, efectivamente, producir un brote de nacionalismo antieuropeísta, algo que hasta el momento no hemos tenido más que de forma muy marginal.
Es ahí donde, según el artículo sobre el "riesgo populista", se manifiesta la preocupación europea, que teme "perder a España", atrapada en un futuro populismo xenófobo de derechas, al estilo de lo que se ha creado estos años en Europa y que ha sabido aprovechar (y provocar) su momento. La cuestión de la inmigración es fácilmente manipulable y no hace falta echarle mucha imaginación porque ya están inventadas sus narrativas y retóricas desde hace muchas décadas.  Mientras Europa trata de inventarse como unión, los populismos tratan de reconstruir los viejos modelos.
El riesgo de que ocurra un escoramiento populista es elevado si se produce un choque con dos partidos compitiendo por el espectro que anteriormente era coto del Partido Popular. Por eso criticamos la mala idea de Casado de eliminar las corrientes, sensibilidades, alas o como lo queramos llamar. Obligan a los debates internos y siempre hay más posibilidades de evitar los desastres que con partidos monolíticos. Es la fuente de la corrupción y genera una toma burocrática de los partidos, un aparato que se adueña de ellos.


A Europa parecen preocuparle menos los populismos de izquierda que los de derecha. Quizá sea porque ve el problema en los nacionalismos más que en la cuestión social. En efecto, los mayores problemas vienen de mano de los "nacionalismos patrióticos", como ocurrió con el Brexit en Reino Unido. La superación de la crisis de Grecia, que se vio como una gran amenaza —y lo era— se desvanece con la mejora económica. Las aguas volvieron a su cauce y la preocupación se centra ya en la inmigración, un problema para Europa y una oportunidad para aquellos que la quieren ver fracasar. El problema está que ninguna "respuesta" en Europa o en sus fronteras va a solucionar los problemas de origen, que son los que causan los movimientos migratorios.
En elecciones anteriores, especialmente en Cataluña, donde fue el partido más votado, Ciudadanos mostró más "firmeza" que el Partido Popular, que se vio arrastrado no solo a hacer  sino a decir, dos momentos distintos en la política. No todo lo que se hace se dice, ni todo lo que se dice se hace. Pero hay que tener cuidado con ambas cosas porque en manos de los demás pueden complicarte mucho la vida.
La tarea de Pablo Casado al frente del PP no es sencilla. Más bien está llena de complicaciones, las acumuladas en los años de gobierno y las que el propio Casado ha añadido a las debilidades del partido. Un líder que a las pocas semanas de ser elegido queda expuesto a las llamadas de los jueces presenta una situación de gran debilidad.


El Partido Popular salió del poder por una moción de censura, pero esta fue posible por la debilidad arrastrada en la legislatura por sus pobres resultados electorales para gobernar. Era cuestión de tiempo que se deshicieran de ellos. Ahora han apostado por Pablo Casado. Ni la juventud ni el desparpajo le van a poder defender como se tuerzan las cosas en los juzgados, de la misma manera que fueron los juzgados los que dictaron las condenas que arrastraron a Mariano Rajoy y lo llevaron a la vida tranquila de Santa Pola. Lo asumió después de años. 
Los tres problemas tendrán su momento juntos o por separado, o —como dicen los cursis— aprovechando la sinergia. Es duro que ya estén pidiendo tu dimisión, pero los problemas no surgen por generación espontánea. ¡Ay, los estudios...!


.* "El PP de las trolas" El País 6/08/2018 https://elpais.com/politica/2018/08/05/actualidad/1533493610_138513.html



lunes, 30 de julio de 2018

La retro renovación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La llegada de Pablo Casado a la dirección del Partido Popular plantea algunos interrogantes preocupantes. Cualquier cambio en los partidos es saludado como un salto hacia el futuro, hacia una victoria que se muestra como inevitable. La victoria interna presagia la victoria exterior; quien gana, ganará. El mundo es de los jóvenes y eso ya es una garantía. Así lo afirman los tópicos recurrentes y manidos que se han producido con cada una de las varias defenestraciones reales o simbólicas en los partidos españoles en los últimos tiempos.
Que los jóvenes lleguen con ideas "nuevas" es mucho suponer, más bien un estereotipo sobre el liderazgo político. No voy a cometer el error simplista de pensar que los jóvenes carecen de experiencia y que los viejos atesoran sabiduría. No, la realidad nos dice que los jóvenes llegan con la capacidad de exigir porque no cargan con los errores del pasado del que carecen, y que los viejos cargan con el lastre de sus errores, de los que no se pueden librar. Ser "joven" puede ser un argumento, pero no una solución. Lo mismo es válido para la experiencia de la vejez.
Lo preocupante de Casado no es la falta de sabiduría del que carece de experiencia, sino los efectos de los tópicos sobre la política que ha acumulado en tan poco tiempo. Enseguida le han salido cantores que pretenden llevarle por el camino de los nacientes derechismos de Europa (el otro día le mentaban al líder austriaco) y ese no es buen camino para nadie.
La prensa de hoy recalca el discurso de Casado sobre la inmigración, teñido de "realismo político", nos dice, aunque "no sea políticamente correcto" expresarlo. Los políticos que presumen de decir lo que no es "políticamente correcto", eligen una mala senda. Los populistas se presentan como "no políticos", como "uno de los nuestros", alejados de los vicios de la "clase" en la que muchos, sin embargo, se han criado desde su más tierna adolescencia, como es el caso de Pablo Casado.


Radicalizar el mensaje del Partido Popular a costa de la inmigración me parece un inmenso error de planteamiento, más en estos tiempos en que se le va a jalear desde diferentes puntos para que lo haga. Hoy el espectro mediático lo ha interpretado como un preocupante populista antiinmigración (El País) o en un "salvapatrias" (ABC). El Mundo, por su parte, recoge informaciones de los grupos de activistas sociales que le califican como "lepenista" a la española. Hay para todos los gustos.
Una cosa es el beneficio electoral que te lleva al gobierno y otra el desvío hacia el extremismo, que tiene sus costes sociales negativos. La democracia no es una forma de asalto al poder, sino de mantenerlo abierto a la sociedad para la convivencia. Por ello las soluciones extremas solo acaban matando la democracia ya que, como vemos en Polonia o Hungría, por poner dos ejemplos cercanos, se usa el poder pare obtener más poder.
La solución que Casado daba el otro día para poder tener mayoría absoluta sin tener mayoría absoluta, regalar 50 diputados de "bono" al que ganara, además de una barbaridad, es tergiversar los resultados de las urnas que si dan mayoría pues muy bien; pero que si no la dan, hay que lidiar con ello. Eso es ser político realmente, ser capaz de manejarse con lo existente.
Preocupantes han sido las manifestaciones hechas sobre el funcionamiento interno del partido popular: una sola voz. Parece que Pablo Casado tiene algún tipo de fijación obsesiva con las mayorías o, lo que es lo mismo, la manía de quererlo todo controlado y silenciar las discrepancias. Es sana la divergencia cuando es leal.


Los partidos políticos no pueden ser monolíticos. Y deberíamos acostumbrarnos a que sean el primer escalón en los debates. Se antepone aquí el penoso argumento de la consabida unidad para alcanzar el poder. Las discrepancias, debates, críticas, etc., nos dicen, debilitan al partido y se pierde eficacia comunicativa. Aquí la "comunicación política", como tarea, ha hecho mucho daño, pues les ha convencido que lo mejor para alcanzar el poder (siempre esa es la meta, nos dicen) es la unidad sin fisuras. Las "fisuras", es decir, las variaciones dentro de los partidos, son precisamente las garantías de la diversidad.
Con partidos más abiertos y variados, por ejemplo, es más fácil detectar la corrupción y sacarla a la luz. Los intereses entrelazados dificultan que esto ocurra, como el propio Partido Popular ha experimentado en carne propia.
Que la primera (o la segunda) medida interna de Casado como presidente del Partido Popular sea decir que no quiere corrientes o grupos no es bueno. Es tratar de imponer la uniformidad allí donde debe haber riqueza de ideas y contrastes. Si los propios partidos no son capaces de diálogo interno, ¿cómo va a hacerlo en la política nacional? Se explica así la petición del bono de los 50 diputados al que gana. Es la forma —como vimos el otro día— de no tener que dialogar con nadie.


Convertir un partido político en un espacio de unanimidad no solo es negativo para los partidos, lo es para la sociedad en su conjunto, que pierde detalle en la representación. Internamente, lleva a acallar cualquier voz disidente o crítica con los postulados oficiales. También crea un problema de liderazgo, que se eterniza.
El aislamiento del que tanta veces se habla de los líderes políticos españoles tiene que ver mucho con esta falta de diferencia y de escuchar opiniones diversas. Al final, solo escuchan a los que les dicen lo que quieren escuchar. Miren lo que ocurre en democracias como la británica, la alemana o la francesa; hay divergencias y hasta conflictos. No se barre debajo de la alfombra.
Una sociedad democrática necesita partidos democráticos, capaces de basarse en el diálogo. Esa teoría, esgrimida por Pablo Casado (y muchos otros) de se discute cuando no hay más remedio y después, ¡todos a una! es de lo más pedestre, democráticamente hablando. Uno no hace política para renunciar a lo que piensa o para estar callado en su propio espacio. 
Otra cosa es la lealtad, que no debe ser nunca sumisión o abandono de lo propio.




domingo, 22 de julio de 2018

Bote, no gracias o a cada uno lo suyo


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Poco provecho parece haberles sacado Pablo Casado a su acelerada carrera de Derecho si su propuesta fuerte es la de regalar 50 diputados como "bono" al que gane las elecciones. Según el nuevo presidente del PP, esto llevaría  a no tener que depender de los nacionalistas o que ocurrieran cosas como las que les han pasado en la legislatura interrupta, que se puedan ir del poder por tener un gobierno en minoría.
El diario El País ha pillado a unos cuantos profesores y catedráticos disponibles en vacaciones y les ha preguntado por la propuesta de Casado. La respuesta de todos parece ser una fórmula prudente pero constante: "serias dudas". Esto de que ganar las elecciones tenga "premio" no les parece razonable a ellos, los expertos en este campo. Visto desde fuera no es más que un despropósito que demuestra que ha llegado una cabeza brillante para resolver los problemas del PP.
Las euforias de los congresos políticos suelen estar hechas para la galería. Entre ellos —de cualquier partido— se abrazan, emocionan y palmean. Recargan las esperanzas y lanzan lejos de sí las frustraciones. Este no da la impresión de que se haya recompuesto nada más que las promesas.
La propuesta en sí muestra lo difícil que es aprender en la política, especialmente cuando es tan embarullada como es la nuestra, tan de puñalada trapera y tan a cara de perro.

No sé si es cosa nuestra de siempre o ha surgido con esta política espectáculo que obliga a salir de ronda a los partidos los fines de semana. No son propuestas lo que hacen; son arengas con soluciones absurdas como la propuesta por Pablo Casado.
Ese quien gana se lleva el bote, como es la esencia de la propuesta, es la negación de la democracia. Precisamente la democracia es el arte de entenderse con lo que hay, con lo que el pueblo ha repartido en las urnas. Podrán gustarnos más o menos a cada uno los resultados, pero lo que no se puede hacer es tergiversarlos con ese "bote" para el ganador.
Nuestro problema principal es la distorsión que los políticos están haciendo de la realidad social. Ahora mismo tenemos un gobierno en el aire, que llegó al poder mediante una moción de censura "destructiva" (pese a las apariencias). Tiene menos diputados que el gobierno anterior. Su misión era eliminar al gobierno de Mariano Rajoy, un señor que es ya registrador de la propiedad en Santa Pola. Tenemos unos acuerdos entre los derrocadores que son papel mojado porque hay por medio propuestas imposibles que afectan al estado sin tener ninguno la fuerza para ello. Tenemos un gobierno provisional que hace planes a larguísimo plazo sin saber cómo lo van a sostener.
Y entonces llegó Casado con la invención de la estabilidad. Mientras nos quejamos de cosas como las que se están haciendo en Polonia con el poder judicial o en Hungría, el señor Casado propone una medida que daría mayorías absolutas a quien no las tuviera. Así se gobierna tranquilo, nos viene a decir.
Pero para gobernar con tranquilidad ya se inventó el modo: hacerlo bien y que te vuelvan a votar. Lo perverso de la propuesta del bote es que está hecho para no tener que hablar, para no tener que poner el diálogo sobre la mesa en ningún momento. Y eso es terrible... y tremendamente tonto. Los profesionales del Derecho han dicho tener "serias dudas". Han sido muy educados.
El País recoge así la propuesta:

En su primer discurso como presidente del PP, Pablo Casado ha marcado este sábado entre sus prioridades una reforma de la ley electoral para establecer un bonus de 50 diputados para el partido ganador de los comicios generales. Y ha propuesto hacerlo "sin modificación" de la Constitución: "Ya que tenemos otros 50 escaños que se pueden plantear hasta los 400", ha especificado el nuevo líder de la formación conservadora, que ha admitido que lanza esta idea con el objetivo de "no depender de bisagras nacionalistas, ni de cualquier otro partido que luego socave nuestros intereses electorales, como ha pasado en la última legislatura". Pero esta propuesta, según cinco constitucionalistas consultados por EL PAÍS, plantea "serias dudas" e incluso la consideran contraria a la Ley de leyes.*


Es una pena que la necesaria renovación del Partido Popular se haya quedado en esta propuesta: gobernar sin molestias. Es el deseo de cualquier amante del poder antes que de ofrecer soluciones.
Esto implica que el Partido Popular no ha entendido nada de cómo funciona la política ni de cuál deben ser sus fines. Es un mal general en este país. Es la pérdida de apoyo electoral el inicio de sus males, no el reparto de escaños. Casado confunde el efecto con las causas. Lo que ha sacado al Partido Popular del gobierno es: a) su incapacidad de acabar con los escándalos de corrupción; y b) la incapacidad de convertir en mejoras reales para la población las mejoras de los grandes números. Es más, el Partido Popular ha usado lo segundo para defenderse de lo primero. Es decir, la corrupción en el partido se trataba de compensar con las cifras de las mejoras económicas. Pero estas mejoras económicas se han vuelto contra él al no llegar de forma real a la gente transformada en el gran problema que arrastramos, la precariedad del empleo. Esto ha sido demoledor entre los jóvenes, es decir, los que son explotados de forma "natural" gracias a los beneficios dados para el empleo. Los beneficios de la recuperación de la economía han estado pésimamente distribuidos y esto ha contribuido al aumento de la desigualdad social.


El Partido sigue insistiendo en que recogió un desastre de país y lo enderezó. Pero las verdades en la política dura lo que duran los hechos. Los pobres y los ricos han aumentado. Son distintos en una cosa: cada uno tiene su voto. Cuando le va mal a muchos o ve que a otros les va mejor. Las explicaciones teóricas dejan de funcionar y se vota de otra manera.
Es cierto que no le han ayudado mucho desde la oposición, pero eso se compensa gobernando mejor y para todos. El chantaje de la recuperación económica no podía seguir exhibiéndose ante las reclamaciones sociales y sindicales. Y es esto lo que ha dejado de funcionar y lo ha hecho por la vía de la corrupción, de la que no han podido o sabido librarse. Es cierto que los casos en España son eternos y producen un efecto redundante, pero están ahí.
Muchas veces hemos insistido en la necesidad de un gran pacto de Estado para acabar con la corrupción. Ni unos ni otros han querido y la primera víctima ha sido el Partido Popular, metido en escándalos en comunidades, en las llamadas tramas, además de la cuestión de su financiación oscura. Mariano Rajoy y su a mí que me registren no han sabido afrontar lo que era una enorme crisis política y de credibilidad en un partido histórico.
Ahora Casado llega entre titulares, unos que realzan que es el heredero de Aznar otros que Franco metió a su abuelo en la cárcel. No sé qué quieren decir ambos titulares. No creo que eso le importe a nadie. Lo importante es que este país necesita ideas que se puedan llamar "útiles" para el bien de todos. ¿Es tan difícil? Hace falta menos retórica y demagogia y pensar en resolver los problemas reales con soluciones reales.
La solución de Casado no es una solución; es una excusa que justifica en la debilidad parlamentaria la salida del gobierno. Por más que el método haya sido discutible y demasiado oscurantista, la solución Casado no deja de ser una violación de la representatividad de las urnas mediante un bote para el que gana. La democracia no funciona así. Eso no hace más que establecer un mecanismo artificial de otorgar diputados a quien no tiene votos y quitar poder a los votos de los que tienen menos diputados.
No sé si el Partido Popular se toma en serio esa propuesta o es simplemente fuego de artificio para el final de su congreso de renovación. Pero lo que tiene que ver con la representatividad en el congreso nos afecta a todos porque es la base de la democracia.

Corremos el riesgo de que lo que no había ocurrido en España, la radicalización populista de derechas, sea el camino elegido por el nuevo Partido Popular, que se comience haciendo demagogia ahora que se está en la oposición. El populismo de derechas que se está viendo en Europa no es el ejemplo más adecuado para ofrecerlo como renovación. Puede que le sirva para mantener un electorado más radical, pero no hará más que dejar el centro limpio para Ciudadanos y PSOE.
Asegurarse un "+5" para no tener que negociar o para que no te quiten la silla es una pretensión que tiene poco de democrática en un sentido profundo: la política es gobernar para todos, lo que implica ser abierto. Esto es un portazo.
Sin el gobierno, Pablo Casado se convierte en la cabeza visible del PP. Comienza una etapa para la que no sabemos si están mentalizados o si siguen pensando fuera del espacio y el tiempo. Las alegrías que normalmente se permite uno en la oposición son en este caso muy delicadas, especialmente porque están ocupando el espacio que durante décadas ocupaban en solitario.
Quizá Pablo Casado no solo haya llegado con malas ideas, sino demasiado tarde.


* "“Serias dudas” constitucionales sobre la primera reforma planteada por Casado" El País 21/07/2018  https://elpais.com/politica/2018/07/21/actualidad/1532183430_053878.html